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carmen vascones y más escritores ecuatorianos opinan ¿NUEVAS TENDENCIAS EN LA POESÍA ACTUAL, abril 22, 2009

Posted by carmenmvascones in ambato, Carlos Béjar (Ambato), carmen vascones, cuenca, Jorge Dávila (Cuenca), Juan Carlos Astudillo, lírica, María de los Angeles Martinez Donoso (Cuenca), Maritza Cino (Guayaquil), Miguel Donoso Pareja (Guayaquil), novísima poesía, POESÍA, poesía actual, provincia del Guayas, Rodrigo Pesantes (Guayaquil), samborondon, Sara Vanegas (Cuenca), Sebastian Lazo, Sonia Manzano (Guayaquil), Xavier Oquendo.
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Antes que nada, para dilucidar este avatar de la poesía actual o novísima debo contarles que me encontré en la encrucijada de lo formal e informal, de escoger a mi yo como unidireccional o hacer eje transversal el tema y compartirlo con otros escritores y así devolver al público lector y escucha los diferentes hilvanares alrededor de la temática que nos convoca en este trabajo. 

 

Es así, como invité a mis hojas en blanco a escritores de diferentes trayectorias y edades para encontrarnos y compartirnos en semejanzas, direrencias y por qué no hasta repeticiones que nos llevan a un mismo camino el de versiones con visiones y puntos de vistas, con discrepancias y coincidencias con un propio movimiento donde cada cual se reconoce en ese hacer único que compromete la poesía y la escritura. 

 

En mi trabajo de recopilación de criterios me integro como otra, una voz más reconociéndome en el laberinto del verso aliado a la verdad que lucha en su avatar por existir y desenmascarar a la mentira. 

 

El verso intenta ser no corruptible, pero ¿Qué es lo que corroe a los pensamientos y actos humanos para no claudicar y tampoco entregar palabras falsas, vacías y extraviadas del acto poético?

 

Escuchemos a los escritores:

 

MARÍA DE LOS ÁNGELES MARTINEZ DONOSO (Cuenca): Sobre las letras que nos tocan … (La nueva poesía en el Ecuador).  Es importante preocuparnos por el quién viene luego, eso no quiere decir una secta de adeptos o quién tome la posta exacta de los escritores mayores, o un adorar a las momias sagradas, sino una continuidad necesaria, de conocimiento y respeto mutuo. 

 

El ser joven, come el ser negro, indio, o mujer nada tendrá que ver con la calidad y no se debe esperar una mirada que afirme o rechace para seguir, esto no es negar el papel importante de la crítica, ni de los criterios. 

 

Hay que reconocer la experiencia, caminar sin prisa, pero ser nuevos es proponer, y eso nada tiene que ver con las edades, ni otras situaciones.  De todas formas la poesía novísima (como la entienden) tiene sus voces dispersas pero que caminan en la misma dirección y el renovar es posible, y se da en las letras, en la poesía ecuatoriana.

 

Estoy obligada a reflexionar sobre mis contemporáneos sin entender bien el contexto o a quiénes se refieren los ajenos, pero la generación o de-generación a la que pertenezco cuenta con mi respeto en voces como la de Javier Cevallos, María Elena López, Juan Carlos Astudillo, Sebastián Lazo, etc. (viente años y un poco más) y me asusta pensar en tantas otras perdidas que son parte. 

 

La propuesta por ahora es de cada cada uno, faltaran unos años para delimitar, pero parece claro un grupo en donde pesa más lo clásico (en las métricas y los símbolos) y otro en donde si bien existen elementos clásicos o referenciales se juega en el mundo actual, al borde de un precipicio donde la poesía es su alma (su cuerpos, da los mismo si tiene anorexia), algunos se alarman ante su muerte, ¡Cómo se fuese posible!

 

Sobre la propuesta de mis textos está en construcción… pero ahora se perfila como una preocupación por nuestra naturaleza imperfecta, un sabernos capaces también del odio, de la mentira, de la violencia, para ser humanos, es que contrariamente a pensar que es una apología del mal es una realidad ante la cual nos hemos tapado los ojos, ¿cómo diablos pensar que el viejo al que le diste caridad en la esquina, es el violador de sus dos hijos y su hija?  Pues, bien es posible, demasiado.  Urbana, cruda y con su mueca de pertenencia al hoy, de todas formas tiene una actitud hedonista, de salvación en alguna parte, creo que nos hemos lacrado mucho hablando del desamor, ese papel de victimarios nos hace decadentes cuando se convierte en farsa.

 

¿Y la literatura en sí, para qué?  La función de la literatura, si tiene alguna, es la de ampliar nuestra realidad, la literatura, el arte, es la fe que creemos perdida, aunque sea una literatura negra y pesimista el acto de escribir es una señal de vida, una muestra del pulso y no de otras salidas que conllevan al fin.  Es tan trascendente el escribir que incluso puede que haga falta un libro que invente un Dios o Dioses más cercanos en esta época de desarraigos, pensemos en Homero, La Biblia, El Corán, etc., que se nos han alejado cultural o temporalmente, hasta el punto de sentirnos otra vez solos, nada quiere decir que sea la religión la que nos interese pero sí el encontrar la fuerza para no colgarnos de una viga y morir excitados e infelices.

 

JUAN CARLOS ASTUDILLO (Cuenca):  Acerca de la nueva producción literaria en la ciudad lo que puedo decir es lo que veo.  Un grupo de lectores-escritores que de alguna forma nos encontramos y empezamos la caminata esta, la de correr entre palabras.  No es que nos una algún fin o un propósito, que no sea el íntimo y personal que tendrá cada uno, por eso, aunque bailemos con la más fea no es ni pretende una propuesta conceptual, ni mucho menos; quiere, si puede decirse, gozar de toda libertad, así cada uno de nosotros experimentamos con formas diferentes de expresarnos, en forma y en fondo…

 

Personalmente pienso que el arte es la vía más efectiva de llegar, a donde, no importa, sino que donde sea que fuere, allí estamos, y es lo que importa.  El arte – pienso – no puede ser más que una cara de Dios, o uno de Sus Lados, por eso le apuesto a la vida todas las letras que me han visitado y se han ido, como todo, y seguro que nada pasa porque sí, sino buscándose siempre la “sin razón” que se lo permite. 

 

No sé si respondía a la repuesta, ojalá, sino un resumen enanito: Escribir es comulgar, la poesía es un don, un regalo, una forma de encontrar lo que antes ni siquiera era imaginable, e imaginar es crear, crear es Ser, la vida Es.  ¿Qué más … ?

 

SEBASTIÁN LASO (Cuenca):  Mucha gracia por lo ante mencionado. En realidad alegra mi corazón el saber que las legtras se expanden, siempre supe que hay ese otro mundo, frente al nuestro al cual miramos en forma diferente.  Traducir, este mundo, se hace necesario y útil para mí, a través de la poesía lo comnprendo, lo analizo, lo exploro, aunque la mayoria de veces sea completamente incomprensible, he inexlorable. 

 

Las mujeres como siempre el nexo preferido, entre lo que hago lo que pienso y lo que escribo, nunca porrá faltar unos ojos, una espalda, caricias manos labios, siempre.  Las infaltables charlas y el café, siempre son un buen augurio, el cual nunca es despreciable. 

 

El resto ya está impreso, y aunque bailemos con la más fea, siempre nos queda la poesía.

 

XAVIER OQUENDO TRONCOSO (Quito):  La novísimo poesía tiene más vinculación con la generación “Descapitada” que con la vanuardia “tzántzica” o el movimiento revolucionario de los “espirtuales” años 60.  En la última década del siglo XX comenzamos a notar en las poéticas de los autores jóvenes, que sobresalía un nuevo instinto por tratar de encontrar un nuevo vinculo que sea sin el arrastramiento de las utopías, con el derrumbe de la historia y la despolarización del mundo, y por lo tanto de las ideas, y la orfandad, sobre cualquier cosa.  Ya que esta generación no ampara en el parricidio porque no tiene padres. 

 

Además es una generación recuperada de los clichés que los escritores revolucionarios tenían y que siguieron conservando hasta bien entrados los 80.  Hay una oxigenación de pensamiento abstracto y dolorido del occidente “negro” de las dictaduras. 

 

Es una poética más comprometida con el lenguaje que con hombres y mujeres del mundo (tomando en cuenta que el hombre es lenguaje y la patria es la lengua que uno habla).

 

LUIS CARLOS MUSSÓ (Guayaquil):  Entiendo por poesía novísima actual una que mantiene un pie en la tradición de lo que llamamos cultura, o de lo que llamamos lírica (llámese occidental, oriental, etc.) y un pie en la novedad. Una poesía que es consecuente con el mundo que le y testimonia, pero que es subversiva en lo político (es un discurso que constantemente está diciéndole algo al poder). 

 

Recordemos a Paz: la tradición es la ruptura.  La poesía del siglo X (y consecuentemente, la del presente) se ha llenado de elementos y herramientas (piénsese en el creacionismo, el Vallejo y su inclusión de palabras consideradas “antipoéticas” antes; en la antipoesía violenta de Nicanor Parra; etc. Y solamente para mencionar a América.  Incluso asume la poesía contemporánea bártulos de la crítica literaria, para leerse dentro de su propio discurso y ofrecer una línea en que prime un metalenguaje.

 

La escritura experimental ha tenido defensores en ciertas escuelas.  Creo que la idea (por parte del poeta) es adoptar un discurso propio (sea canónico o no).  Con la entrada en vigencia de una mayor fuerza de los estudios culturales en la academia norteamericana, esa línea también pasó a basar teóricamente ciertos intentos por adoptar desde otras perspectivas y con otras pinzas la POESÍA. 

Así, la asunción de la llamada poesía popular, del discurso cotidiano, de segmentos antes excluidos de la alta cultura, etc. Se contrapone a un discurso purista; y la disputa es larga en este sentido. 

 

No sé, pero en las contradicciones y en la subversión de la que hablamos más arriba, está la alta poesía (y no entiendo muy bien si de ahora o de siempre; o es que quiero entender que la de ahora y la de siempre).

 

JORGE DÁVILA (Cuenca):  ¿Qué es la poesía acutal novísima?  “Creo que es, sobre todo, una búsqueda, una experiencia en el plano de la lírica y una experimentación con el lenguaje, sus posibilidades y sentidos.  Como nunca, el poeta actual sabe que las virtualidades de la lengua son muchas, y hace que su obra resida en el poder sugestive de sus elementos. 

 

La novísima poesía es también minimalista, los poetas resumen su visión del mundo, la problemática de su ser más íntimo, sus relaciones con el todo, en pocas palabras, en breves líneas, en un discurso concentrado, y a veces feroz.  Finalmente, la poesía actual es revelación, en muchos sentidos: como el volcarse, a veces cínico, del autor en la obra;  como el transmitir un mensaje, que lo sentimos como único, como venido de una fuerza que está más allá de la escritura; como descubrimiento, continuo y no siempre grato, oscuro, hermético, de una agresividad que parece una cuchillada, si hasta puedes percibir la tibieza de la sangre que te salpica en cada verso.”

 

SONIA MANZANO (Guayaquil):  Creo que la poesía novísima ecuatoriana está artravesando por un buen momento, lo que se hace evidente en una estimable cantidad de publicaciones, cuyos autores no sólo evidencian poseer fludiez metafórica, audaz manejo del lenguaje, oportuno dominio de los recursos expresivos, sino una voluntad de romper con los cánones establecidos, utilizando como instrumento de ruptura una fuerza conceptual en la que por igual converge en la lucidez, la ilustración y la originalidad. 

 

Una buena muestra de este avance la consituye la antología de Xavier Oquendo Troncoso “CIUDAD EN VERSOS”, pubicada recientemente.  La condición de novísimos no sólo la pueden ostentar los jóvenes, también pueden poseerla autores nona genarios, de escritura increíblemente jóvenes. 

 

La edad no es una condicion sine qua non para hacer poesía nueva.

 

 

SARA VANEGAS (Cuenca): La tendencia: una poesía múltiple.  Abanico de promesas y bellas realidades.  La última poesía ecuatoriana se consolida por mérito propio, en el panorama general de la Lírica Nacional, ¡En hora buena!

 

MARITZA CINO (GUAYAQUIL): La nueva poesía ecuatoriana apuesta a los temas eternos, tratados en unos casos con exploraciones filosóficas, otros con informalidad y retomando el detalle, lo cotidiano e instantáneo.   Creo que una gran parte de los poetas guayaquileños se inclinan al planteamiento de cavilaciones conceptuales, poetizando conversacionalmente con un ir y venir de versos hondos, cargados de inovación.

 

Otra gran parte de los poetas Quiteños son mas audaces en la experimentación, en los juegos retóricos y cultistas.  Sus textos son inmediatos sin buscar necesariamente una secuencia que lidere todo el texto.

 

CARLOS BÉJAR (Ambato):  La poesía clásica es lógica, racional métrica, rima externa que se opone a la poesía libre que es irracional y onírica, tiene rima interna y verso asimétrico.

 

La libertad métrica y la rima consonante formal desaparecen en el siglo veinte como tendencia generalizada.  Se impone la elongación libre del verso y las rimas interiores.  Esta transformación que algunos denominan “verso libre” parece haber sido causada por la traducción de poemas métricos y rimados a ideomas distinto de aquellos en que fueron escritos. 

 

La imposibilidad de halar palabras equivalentes con el mismo sonido y desinencias obliga al traductor que se ciñe a la literalidad, a utilizar palabras que en el nuevo idioma ya no riman y obviamente también se produce el desajuste métrico. 

 

La poesía clásica escrita ya no traducidas que se escriben en romance castelano antiguo y pertenecen a Gonzalo Escudero de Berceo, Gutiérrez de Cetina y Fray Luis de León Sigol XV o siglo de oro de la literatura española.  Lo extraño de ellas es que a pesar de su gran libertad formal por ser de inicios, ya sientan las bases de la metrificación y la rima que donimarían el panorama poético durante los cuatro siglos venideros.

 

Es así como tenemos, que la poesía que durante siglos se nutrió de significantes racionales y lógicos sintácticamente ordenados, llameremos clásica, y la poesía de oposición es la que aparece a inicios del siglo XX con una nueva manera de versificar, no solamente desde el punto de vista formal caracterizada por los elementos oníricos, ilógicos, irracionales si se quiere y que se fundamentan en las expresiones del inconsciente.  André Bretón la denomina surrealista. 

 

Y pasando a la poesía contemporánea tenemos que hurga en las raices heredadas, busca nuevos significados estéticos e incorpora además elementos lógicos de síntesis o esencias literarias, economizando masas y provocando estallidos y choques de estas tendencias para conmover los modos de percepción más íntimos del lector o del escuchante.

 

Cada tendencia o grupo de escritores parece querer fortalecer su propuesta escudándose en la seguridad del cardumen al conferir a su obra títulos que se refieren a asuntos temporales o generacionales o a maneras y modos de encarar su labor.  Todo esto es falso y conyuntural por ejemplo, ya en el siglo XIX se hablaba de modernismo y post modernismo en el XX de vanguardia y transvanguardia. 

 

¿Me pregunto si estas arbitrarias proposiciones dejan algo al porvenir?

 

La poesía nueva como tendencia actual, se inscribe en lo nuevo como aporte en los libre, donde hay cambio constante, lo que significa que siempre hay novísima poesía; hay un trabajo conceptual porque busca las esencias, por lo tanto economiza masas literarias; contrapone imágenes-esencias buscando niveles perceptivos muy íntimos en el lector, autor y escucha.  Utiliza elementos surrealistas, fusiona, interviene como mecanismo de subversión poética, y además incorpora y se instala en otras ramas de arte.

 

Si tuviera que dar un consejo a los jóvenes les diría escriban sin saber en qué, esto es, delusión, para destruir toda represión consciente y motivar el acto creativo.

 

MIGUEL DONOSO PAREJA (Guayaquil):  Los poetas de Guayaquil son más formales, conservadores, dentro de estos hay muchos de calidad como por ejemplo Mussó y Ángel Emilio Hidalgo.  Los de Quito son más experimentales por ejemplo Puma, y uno de los más interesantes entre los jóvenes es Roy Siguenza de Machala.

 

 

RODRIGO PESANTES (Guayaquil):  Nuevas orientaciones de la poesía en los últimos años: hay que partir de una aseveración que puede ser premisa valedera dentro de la órbita literaria de los últimos años.  No todo lo que se escribe en versos hoy es poesía.  Y claro no todo lo que se escribió ayer en verso tampoco fue poesía. ¿Dónde entonces están los límites?  El verso es únicamente el vehículo de la poesía. 

 

Por ahí viene el asombro verbal que camina de la mano de cierto ritmo y de algunos recursos de estilos.  La poesía que hacen los jóvenes de ahora lleva algunas afirmaciones beneficiosas como por ejemplo: la síntesis como respuesta a una sociedad llena de prisa, desde los afanes tecnicistas van limitando los espacios para el goce de la lectura. 

 

Luego encontramos una preocupación por el uso del lenguaje.  Los poetas de ayer no eran menos sensibles al valor de las palabras que los actuales, en cambio si lo fueron al significado.  La poesía actual es inseparable de la crítica al lenguaje, que a su vez es la forma más radical y violenta de criticar a la realidad.  Por eso es, a un mismo tiempo destrucción y creación del lenguaje.

 

Otro matiz de la poesía actual, es la ausencia de lenguaje tropológico y de las estrofas regulares o clásicas.  En la estructura externa prefieren el verso libre y dentro de él los detonantes verbales, los pisos connotativos, los espacios temporales y los tiempos espaciales que a veces lograron dar con la mágia poética y en otras se quedan en los simplemente verbal y enunciativo.  En las mujeres del desborde lúbrico, como una forma de liberación más que del subconsciente de los prejuicios sociales.

 

Lo valedero pensamos que en esa arista del verso no es lo que se dice sino como se dice.  Por fin creemos que la orientación hacia la problemática social o política ya no es su punto de mira sino la configuración misma del mundo en que viven.  Son entonces más universales por la proyección y más interrelacionantes con otros poetas de otras latitudes.

 

CARMEN VASCONES (Samborondón, Provincia del Guayas):  Para mí el invento de poesía “novísimo actual”, que se utiliza para referirse a la poesía nueva y que está en boga, me suena a encuesta electoral en el mercado de las editoriales; y muchas veces se cae en la trampa del consumo de nombres fabricados por marketing estandarizados de acuerdo al mercadeo publicitario.  Y según el coleccionista de nombres o liderazgo de la masa lírica.

En fin, la producción de poesía actual no es una moda, modelado, ni modelo con diseñadores de ropajes para pensar o sentir el alma o la realidad social con sus problemas.  ¿Quién tiene la última palabra? Nadie, porque, siempre habrá hacedores de versos y poemas. 

 

Anteriormente, se hablaba de vanguardias, hoy el término es “novísima”.  Pues, bien, para mí la novedad de las poesía está en su aporte, irrupción, desacralización, voz no oficial, que subvierte ordenes, que se rebela, que ausculta más allá de la ideología, moral religión, política y de las instituciones. 

 

Es la poesía, la que no está a expensas de suceder, monopolizar, destronar o decapitar el lenguaje, o figurar como superestrella frente a los otros poetas que están en el campo de batalla de la creación, no derramando sangre sino creaciones que sostienen la vida con vida, con renovaciones, destruyendo vicios, deshabitando hábitos y rutinas, desafiando y osando espacios de “goces innovadores”. 

 

Es la que embiste con remolinos de amor y belleza, que impacta, que impregna, que remueve al lector, a las estructuras de la escritura, de la lengua hablante.  Diría es demadrar lo aprendido, es un reaprender permanente, es un reto de inconformidad perpetua, es un movimiento que no cesa con la muerte del autor, porque este incluyó su huella y pulso en el verso, es un pase libre, una licencia poética que irrumpe como sorpresa ante la voz que inscribe lo que pasa por sus sentidos y actos.

 

La poesía no acepta partidos, ni urnas ni gobiernos en su estado de creación. 

Ella es una partida humana investida de impaciencia yfantasía, de serenidad y soledades, de ansiedad y esperas, de hechos y frustraciones, de amores y desamores vueltos, revueltos y desenvueltos, de realidades y posibilidades. 

 

Sólo parte hacia la vida, su presupuesto son las convivencias reales o ficticias entre su mundo y los mundos de los hechos, sucesos y perspectivas.  Destruye con creación, no con represalias, ni terrorismos, no con dogmas ni guerras ni conquistas, no tranza con la corrupción ni con la globalización, tampoco clona la palabra.

 

Ella, la poesía, son los deseos de la humanidad mediados por los voceadores de hacedores de poemas, que escogieron el camino de escriturar ese encuentro con la vida más allá de la experiencia de un presente, que traspasa la alegoría y hasta la insoportable realidad para existir en la brújula de las metáforas “vivificantes”, verdaderas y plenas de una intención increíble maravilosa y cargada de sentencias e interpelaciones, empapadas de epistemologías que dicen no ahí donde es sí o viceversa. 

 

Que hacen de frente y resistencia a la memoria, la historia y los legados de la humanidad.  Pone en imágenes los acontecimientos de la “vida real no pasados en telenovelas”, trasciende el cine y televisión, porque no tiene un noticiero amarrado a informativos de una sola vía, no tiene una última verdad ni cierre, ni epílogo. 

 

El portador de la poesía, su poeta, entra a lo prohibido reprimido, censurado, a sabienda de que se puede tropezar con otras versiones, otras historias, otras situaciones; el poeta excava, desoculta los diálogos de los cadáveres anónimos que quieren contar lo que pasó.  Se acerca a los que quieren dar a conocer sus sufrimientos, sus secretos inaguantables. 

A los que quieren desenterrar sus muertos con palabras justas. 

 

Conversa con los que no creen ya en las promesas de los gobernantes, con los que no se dejan aniquilar por demagogias, torturas, ameneza. Abraza a los seres que aman la existencia, que quieren vivir y viven en naufragios de desesperanzas, les da la mano para que arriben a sus propias huellas y orillas. 

 

Sobre todas las cosas del mundo, está la propia vida de cana uno que sustenta su sombra, su presencia y duración de pasada por el verbo como un tesoro intransferible. 

Promueve la defensa propia: una  comunidad sin fronteras sin banderas sin panfletos sin conisgnas.  La poesía es una verdad no negociable.  Si le pones precio ya eres parte de un estado embarazoso…

 

La voz del poeta es un espacio de expresión y recepción, un vínculo y puente.  Una demanda.  Es un compromiso ineludible con la denuncia de la realidad cotidiana, la injusticia, la discriminación.  Es un canto a la sexualidad humana, al amor, y al “descubrimiento del yo con ritmos y acentos propios”.

 

La poesía no tiene un público comprado ni contratado, no tiene recetas, ni menú ni “control” ni opinión de sabetodólogos.  Se plantea interrogantes como uno y otro, se pregunta qué hacer, dónde ir, se siente su propia incógnita, se cuestiona ¿Quién es? 

 

Protege al ser sin limosna, sin lástima, sin compasión, sin culpa.  Invita a ser leído, no se promueve como propaganda de “chispa de la vida, no es un ideólogo, ni tratadista, ni estadista de dolores y guerras, no es un burócrata conforme y resignado que espera ascensos oportunistas, no es vendedor ni comprador de las ofertas y demandas.  ?Dónde encontrar la palabra sin precio? El libro se compra pero la palabra escrita por el creador no es un negocio anticipado a menos que…

La palabra es la intérprete del creador, que lo diga el lector cuando sabe el valor de un libro que pone en discusión el piso del poder.  La palabra contiene su autoridad poética. Lo dicho está: el verso ejecuta al verbo.

El estado de la palabra una historia en movimiento y francamente expuesta.

 

No espera triunfar como inventor de palabras, pero si nacer a través del cuerpo del lenguaje umbilicado con la voz propia de la poesía que está volcada entre los actos humanos, la psique, la memoria, la naturaleza, la civilización y las relaciones sociales.

 

Se zambulle en la fuente de la contaminación del poder para detectar las minas de corrupción que atentan escondidas entre las cosas y las relaciones humanas.  Las saca a la luz; muestra a los seres que están dispersos, mutilados, confusos, conspirando, luchando. 

 

También acoge a los amadores, soñadores e inclaudicables, los entusiasma a seguir. 

 

Se acerca al suicida y lo calma acunando el caos y el vacío en la palabra. 

Entra al horizonte para dejarse caer en nuevos despertares. 

Se descubre, el yo que no soy del yo que soy y no sé de él. 

 

Saca los Yo del mundo del silencio.

 

La poesía pasa por el prisma de los sentidos, los pensamientos y la imaginación del poeta, busca dar a conocer lo inhumano.  Lo brutal dentro de las vivencias.  También lo hermoso de la angustia al envolvernos con el erotismo, lo sensual, o la lucha del ser por no reducirse a un charco de palabras putrefactas.

 

Entonces, “¿La idea de modernismo, de nueva o de novísima en la poesía qué mismo es?  ¿Importa quién tiene el poder de decir qué es moderno o actual?  ¿De quién lo diga?  ¿Las editoriales, del mercado, académicos, los medios de comunicación, los críticos?  ¿O los trabajadores del quehacer poético o los poetas mismos? 

 

Resulta así, que lo moderno en poesía actual corre el riesgo de ocultar, ignorar o desvalorizar e invalidar lo humano por lo humano por otro semejante, llevando a desconocer el encuentro con lo natural, simplificando el movimiento y dinámica de la dialéctica e historial social. 

Y también correría el riesgo de promocionar o resaltar lo que es de moda en el mercado comercial.  Es así que para entender, evaluar y conocer lo que es novísima poesía uno tiene que excavar y ahondar más allá de la superficie para encontrar lo que verdaderamente es de valor, para hallar el oro y no pirita decorativa de la mina que es la poesía, y que no necesita dinamitas ni explosivo alguno para adentrarse el ella”. (Roger Hollander)

 

¿Es tan dificil construir y crear afectos, incluir el humor y la ironía en la mordaza de la pasión, expandir el diálogo intra colectivo e interpersonal?  La aventura por la vida es investir, destruir y demoler para cambios, consumir, demandar, producir conocimientos y obras. 

Trasformar, proponer, plantear. 

 

La vida del escritor no puede pasar por alto la arteria del deseo. 

 

Al espíritu poético no le asusta el vacío ni la nada, ni la dictadura disfrazada en rostros, clases y gobiernos con vestidos de democracia. 

No se deja embaucar por los oropeles de la seducción y del sensacionalismo. 

 

Su oficio estriba en desarmar el arma asesina del cuerpo de la imaginación.

En su manera de escoger, decir y sostener verdades refutables de la belleza, del horror, del dolor, de la alegría, desde ese lugar y nacimiento sublime o deseperante del verso.

 

Angustia evidencia de un mundo anhelado, a descubrirse, a exponerse, a presentarse, a reclamarse.

 

Osa la gloria de la palabra como realidad de magia instalada y concebida en espacios de tiempos presentes, perdurables y creándose perpetuamente.

 

Carmen Váscones

26 de septiembre de 2004

II Festival Nacional de Poesía (Manabí, Portoviejo)

Panel: Nuevas Tendencias en la Poesía

 

    

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METODOLOGÍA PARA INVESTIGAR O UN PASO PARA PROYECTARME EN LA VIDA, carmen vascones abril 9, 2009

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Cada ser humano desde el momento que nace es una proyección de vida que fluctúa entre necesidades, deseos, sentidos y acciones que comprometen su cuerpo, su psique, inteligencia, afectos y campo social.

Y esto, está dado con mayor o menor dificultad de acuerdo al rol o función que se juega el adulto (padres, educadores u otros) frente al niño (hijo, alumno) el mismo que es un sujeto de deseo, ciudadano en miniatura en miras al “futuro”, pero que sobre todo depende de este OTRO: “asistente semejante” capaz de orientarlo o desorientarlo en la construcción, de su ser, de sus valores, de sus ideaciones y pasos que comprometen su lugar y hacer en el presente.

“En el sentido mas general de la palabra, la “investigación” es una característica fundamental e innata,  que se expresa desde el día de nacimiento.  Desde el primer minuto de su vida, el recién nacido, aparte de los “instintos” biológicos, no “sabe” nada; y, aparte de la satisfacción de  sus necesidades biológicas, virtualmente todo comportamiento está dedicado a “explorar” el mundo de su alrededor.

De hecho, hasta que pueda sobrevivir requiere un “entendimiento” mínimo y rudimentario de las propiedades del mundo objetivo.

Por ejemplo un niño que llora puede ser por  hambre, frío, falta de afecto, llora por algo y de hecho se dirige a alguien a quien le demanda atención, y es esta persona sea la madre, la nana o quien le ha asumido que va a calmar ese deseo”. (Roger Hollander)

Desde el vínculo que establece el menor o el adolescente  ya hay de por sí una demanda de atención, de intercambio, de interaprendizaje  e intervención en los diferentes campos del accionar diario.

Centrándonos en estos pequeños y jóvenes promesas del hoy y del mañana, vemos la importancia del soporte que sería en sí, el que ellos asumieran una modalidad o método de aprovechamiento para la construcción de un tiempo y espacio en la organización de su mundo interno; y este se vea reflejado en el habla, la escritura y las acciones.

Ya que, lo que se considera “error o faltas” están involucradas en un proceso  de tachaduras y equívocos que forman parte de las enmiendas para crear, pensar, y ser un sujeto dispuesto a saber sin miedo o por que hay una nota; si no porque es su responsabilidad sin orden ni mandamás, descubriéndose, donde la calificación es parte de su aporte y logros, desde el lugar donde los otros miden y afirman sus resultados juntamente con él.  Los famosos cliché estándar…

Todo esto le permitiría a la vez exponerse con confianza, objetividad en el qué hacer de sus planes y proyectos que les permitan perfilar sus deseos de lo que serán y quieren ser en el campo de sus vidas como humano, profesional e intervención en la comunidad social.

Además esta modalidad asumida de la metodología de vida y científica facilitaría un seguimiento y evaluación con mejores ajustes sin que el alumno se sienta en el paredón de la culpa o de los peores alumnos o el quedado de año, más aún, en estos tiempos de crisis tanto de valores éticos y económicos.

Considero fundamental que desde que ingresa el niño a la institución escolar debería el maestro ser soporte de la creación, la curiosidad y la introducción paulatina de un método que respete lo singular de cada sujeto infantil en esta primera etapa, además que posibilite la experiencia colectiva del manejo de la información que procesan, asimilan y desechan los niños.

Sólo así, estaremos hablando que se está permitiendo desarrollar un método de trabajo investigativo desde lo personalizado y grupal, donde el sujeto no es ajeno a él ni a su compañero de clase, donde a ellos se les permite aprender a desaprender y a aprehender a descubrir, recoger, ordenar, reflexionar, criticar, analizar, opinar, sintetizar, inducir y deducir el proceso de la información que introyecta en las diferentes áreas o contenidos académicos.

Para que así, esto no quede como una memoria archivada en el no sé del saber del olvido, sino que se signifique y tome sentido en el hacia donde voy de las búsquedas y definiciones en las construcciones de sus historias acciones y proyecciones.

Esto es, que tengan efectos y presencias su estar en 14 años de estudios entre primaria y secundaria, que se sientan dignos, responsables y con poder de sentirse orgullosos que valió la pena tantos años de paciencia y dedicación a ser uno menos del montón  y para luego dar paso al de la Universidad.

Podemos darnos cuenta que un cuarto de siglo de nuestras vidas nos pasamos en las bancas de las instituciones educativas.  ¿Hacia dónde va ese graduado con su diploma en las manos en estos días?

La Institución Educativa, el maestro, los padres y alumnos hacen una comunidad de poder, de saber y “dirección de accionar para los cambios; por lo que deberes, derechos y reforma curricular complementan el anhelo: un profesional digno, honorable y responsable.
“Queda la cuestión: ¿porqué investigar más allá de lo que necesitamos para sobrevivir?

Algunos abogarían que el conocimiento tiene valor en sí mismo (por ejemplo, alguien que estudia  matemática abstracta cuyo valor práctico es casi imposible de imaginar).

Otros ven la investigación solamente para lograr fines prácticos.  Estudiamos la historia para aprender sobre el pasado para poder crear un futuro.  Estudiamos la medicina para promover lo sano y curar las enfermedades.

Estudiamos la ingeniería para poder construir hogares para protegernos y fabricas para producir objetos necesarios o deseados.  Estudiamos la arquitectura para que esos edificios salgan estéticos tal como practico.

Por lo tanto, ambas: prácticas y teóricas son  legítimas.

El punto es que estas metodologías son elaboradas por intención, y que involucran aprendizaje, disciplina y trabajo. Brindando resultados valiosos.  Entender sobre uno mismo y el mundo donde vivimos es una herramienta esencial pare hacer cambios deseados.

Para prosperar tanto como para sobrevivir es necesaria la investigación.  Hay una sola realidad que queda debajo de todo los motivos para la investigación formal: eso es: “nada es como parece.”

Grandes desafíos para la búsqueda y encuentros de las verdades en el hacer de lo científico”. (Roger Hollander)
¿Cómo podría ser esto una meta aplicable en las Instituciones Educativas?

Pues estarían fundamentados por una metodología de  investigación aplicable, práctica, sencilla, manuable que motive tanto al profesor, alumno y por qué no a  los progenitores, y creo que aquí, está la clave.

Agrego además,  que debería considerarse en la Reforma Curricular una iniciación a la metodología de la investigación o Manual Para Investigar desde el primer nivel de básico (primaria o escuela) para que así, el alumno cuando llegue al nivel secundario no la tome como una simple materia sin importancia sino que forme parte de lo cotidiano de sus vivencias y formación académica.

En referencia al contenido de la “metodología de investigación” podemos decir y precisar que la investigación es un proceso encaminado a lograr nuevos descubrimientos que nos permiten explicar, esto involucra seguir la pista a la huella de algo para descubrir algo ¿un problema?

Algo que debe ser detectado, donde  la tarea del investigador será la de tomar conocimientos para intentar resolver, buscar posibles respuestas, es así que se podría decir que “el problema consiste en  un vacío, una laguna en el campo del saber del tema que hemos escogido” y nos obliga a plantearnos una pregunta y buscar una solución.

Y, para acercarnos a un acierto a un develamiento a la solución de una incógnita o hipótesis desde la más simple a la más compleja, tenemos que dejarnos tocar o concernir como sujetos de deseos en el corte del reconocimiento de lo que involucra al sujeto investigador deseante del saber y deseante de desocultar lo que no sabe frente al objeto de su tarea que es hacer una investigación para informarse, formarse e informar un resultado de interés para uno y los otros.

Por ejemplo: el problema es que hay 10 alumnos con notas bajas en lenguaje (ortografía, redacción u otra), primero ¿A quién involucra directamente? Al alumno, y por efecto y de hecho a los padres, profesores y a la institución donde se están formando.  ¿Qué se quiere mejorar?

El rendimiento, ¿Para qué? que no se queden de año, obvio, ¿Por qué? Dado que el requisito es optimizar el servicio que presta la Institución, ¿Cómo intervenir?

Habrá que reunirse con los profesores, orientador, hacer un diagnóstico, plan, evaluación, hablar con los alumnos y padres para desarrollar una estrategia en base a una planificación que concentre resolver el objetivo específico: mejorar el rendimiento académico en el área de lenguaje, sería importante detectar el tipo de dificultades  individuales  de los alumnos para ubicar sus necesidades específicas de reforzamiento…

Pero para que suceda todo esto es pertinente  una metodología de investigación participativa, ¿qué es esto? No es nada del otro mundo, sino de la vida diaria, que integra tres elementos ver, juzgar, y actuar, que formalizados en un lenguaje común y de y comprensión para todos se reúne en un cuerpo con cabeza, tronco y extremidades, esto es toda metodología de investigación científica implica:

1.qué significa investigar

2.métodos de investigación

3.la elección del problema

4la planificación de la investigación

5.recopilación de la información

6.organización y sistematización de la información

7.exposición de conclusiones y resultado

8.la elaboración de proyectos

9.Ahora bien, ¿Por qué?

Es importante que todos sepamos manejarnos con una metodología que facilite un proceso para lograr una acción hacia un resultado medible, visible y hasta cuantificable, porque, nos da un sentido de coherencia, organización y realidad entre el propósito, la meta y los resultados logrados, alcanzados y esperados.  Además aquí,  entra  tiempo, gastos y costos.

Una vez hecha una inversión lo que se espera es un resultado no a pérdida.

Como decíamos anteriormente sobre los 10 alumnos con el problema en lenguaje, si se  ha invertido para sacarlos del problema, el objetivo final es un logro  de mejoramiento en el rendimiento y de satisfacción  para todos.

Por lo que la relación de conducción u orientación en la adquisición de una experiencia para aplicar una metodología de vida y científica integra  no sólo un discurso académico, sino un discurso de deseo.

Esto es de provocar sujetos deseantes de reconocimientos de asistencia a la demanda y a la necesidad del asistido, en este caso el alumno que está en posición de dependencia y de aprendiz, donde el educador no debe ofuscar, taponar, cellar, clausurar, vetar u ocultar la presencia del deseo de cada uno de sus alumnos, hay que escucharlos, dejarlos preguntar, dejarlos exponerse.

El profesor es un guía, no un represor ni censurador, y esto último es igual para los padres, denle tiempo a esta muchedumbre a que tenga voz propia, a que dialoguen. El caos es un orden imperativo que se estructura y se convierte en producto si le das cabida en el sentido de algo dice para tí.  La memoria de un tú que va perfilándote sin los choques con la perspectiva. Que no te opaque el punto de vista del otro ni puyo, son espacios para interceder, intervenir, actuar sin precipitación.

Que el espacio social no sea un precipicio para la vida.

Que el saber no atore.  Que los pasos tengan una consistencia de memoria, experiencia y aporte con matiz propio, que el otro no te lo quiera borrar porque no coincide con el tuyo.  Que la proyección del saber no sea un arma para intimidar o peor, hacerlo de tarima, para creerte el mejor o supuesto superior que te hace  suponer merecertelo todo.

La angurrientería de poder y figuración descabezan el porvenir.

¿Cómo reconciliar y articular estos  frentes de los unos con los otros?

¿Cómo impregnar estos deseos en el vínculo social, en el momento de la transmisión del mando y de los poderes a través de la información académica,  de los reglamentos a cumplir, y de los que no se están de acuerdo…?

Queda esta reflexión, si hay la necesidad de un uniforme, pues hay que adecuarlo a cada cuerpo para que no resulte ni demasiado corto ni demasiado largo.

Cada cual tiene  su vara, y la medida con que mide no siempre es lo medido.

Conclusión, hay que hacer del método de investigación científica un apoyo y un facilitador, más no un molde rígido  para vivir, crear y producir.

Razón por la cual recomiendo que todo estudiante, de nivel primaria, secundaria y universitaria  haga uso de  él, igual, para los maestros y padres que después de salir de las aulas guardan en algún rincón este aprendizaje, les recomiendo desarchivarlo, y denle uso, para la vida cotidiana.

Disciplina, planificación y ahorro invertido son reglas para todos los tiempos.

(Recomiendo libro “Manual de investigación” de Miriam Muñoz)

ATRAPADA EN LA COSTILLA DE ADÀN DE CAROLINA PATIÑO, por carmen váscones diciembre 15, 2008

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En la costilla de Adán estaba el calostro de la metáfora, la infancia sin dios contradice.  Nace la vida en su propio misterio.  Más de siete días  necesita la poesía para su juego con la ausencia.  La muerte no se mira en la vida.  Ella, espejo  sin reflejo dejando un espacio para la polémica  del deseo.  Sin vergüenza ni rubor el éxodo del amor  todo desalmado lanza su dardo. Cupido no entra en la persecución. Todo efecto provocado tiene sus resultados. Cada quién tiene su fundamento. Se tuesta el barro en la intemperie.

 

El dolor aprieta el grito, confronta su existencia, el placer unas ganas  de ser, un desgano cargado de desprecio, un desafío sin atinar con la mirada, objeto cercenando el decanto.

 

La incógnita se cuelga en el vacío del recuerdo.  La poeta corta la palabra, reparte rebanada de emociones y silencios.  Se incrusta el fonema “en las mujeres sin rostro”.  El reconocimiento de  la intimidad, lechos de protagonistas desamparados en la tertulia de cuerpos batallando entre camisas de fuerzas y razones lubricadas en abismos, “aunque comparten más que carne”.

 

La voz del poema “hace saber que el momento…” Interrupción. Entrambos. Apertura.  Disyunción.  “¿el de quién?  ¿De qué?

 

Hormiguea la desnudez en la mirada.  ¿Quién es el asesino en el paraíso? ¿El sumiso banquete del insumiso?  El irreverente contrapunto con su inercia.  El sacrificio hedor femenino.

 

El paraíso en la imagen  del verbo crea su “efecto narcisista”.  La indiferencia choca con espasmos y resplandores.

 

La voz dice “estoy enamorada de una mujer” / “Soy el reflejo de todas las cosa”/  “Frente al espejo me repito”

 

Personifica su existencia, en el acto de la presencia se adueña.  La historia tiene más de un dueño.  Tiene un inicio que separa y acerca al sol y a la luna del mundo sin olimpo.

 

La versión emigra en una ola irreverente, “conmovedoramente frágil”.  El sonido del poema se hace saber.   ¿Momento de quién?

 

¿A quién se dirige la poeta?  Es tan real la vida como la muerte.  ¿Para qué empezar y terminar?

 

¿Quizás la palabra y el cuerpo necesiten una tregua para soldar cuentas de una ruta donde se encuentra una vida con su rompecabezas?

 

“Fragmentos de felicidad” auscultan en las formas y parecidos. 

 

No sé, ¿acaso lo sé?  Seré.  Soy.  Ella sí- Ella no.  Requisa al yo caminante.  El lazo filial ausculta en los orificios de los sentidos.  ¿Hay sin sentido? ¿Sentido?

 

¿Sueño indiscreto? Mitad dentro del vacío.  “Sabotean al pudor”/ “Hasta que los mediadores dejan de existir”  Despertar. 

 

El amor se deshace en el tumulto.  Alucinante caricia.  El unicornio no tiene espacio para existir.  La muerte no acompaña.

 

Uno destroza al silencio del génesis.  Otro se oculta.  ¿Soportar lo impronunciable?

 

 

Habla para no ser menos que nadie.  ¿Quién es más? ¿Quién se vanagloria de su suerte? ¿Quién  ésta amarrado a su memoria? ¿Quién deja ver las huellas de la presión? ¿Quién se balancea entre más y menos”.  La nómina del recuerdo y un saldo en contra.

¿De quién? De la que “sueña para no morir”. De la que muere en el sueño.  De la que despierta ensarta  sueños a la muerte. Para no acabar destapando de furia al espejo.  Cuenta. Cuéntame.  Digo.

 

Ignorar o seguir existiendo, “y dos voces enfrentando el dilema”.  La constricción del deseo  tras el lado oculto del desamparo.  La huella de la infancia trazó su juego de tres en raya en el patio del tiempo.

 

Y soñar no cuesta nada  “hasta que la muerte se entretiene y rompe”  ¿Quién lo ha dicho?

 

La orfandad de un nexo placenta preguntas.  Sentimiento umbilical protesta. Coraje.  Grito.  Muros de silencios en la retaguardia.  Agarrada del sonido la palabra golpea al viento.  Oprime el abismo en la soledad sin pronunciamiento.  Asfixia la tristeza  pegada a la memoria. 

 

Desertar del cuerpo es abandono sin opción. 

 

La mujer en su itinerario lleva un dios imperfecto en toda su  desnudez. “Apacigua la nueva vida” que inunda  el pensamiento indescifrable…

 

¿Habrá respuesta exacta que sacie hasta el hartazgo? ¿Cuál quiere?

 

En lo que quedó del pasado lo innombrable. Anónima sombra sin cobijo se pierde en laberintos de caos.  En la única salida la protagonista se adhiere como dueña de la escena: 

 

Escribe con la costilla de Adán su nombre.

 

Monólogo tranquilo.  Masas de emociones se ciernen en el libro que el lector debate entre sus fantasmas y algo real.  La certeza de una realidad que al fin del cabo es vida, la que está a  lado de la poeta.

 

Cual vecina habitante de una ciudad en calma se regodea delirio de sosiego.  Aún a pesar del bullicio del porvenir exterminando la naturaleza y los encontrones humanos. Palabras de salva reinventan la historia. El canto junta. Se funde el rubor de la caricia.

 

carmen vascones

3 julio 2006

MONA RAMONA, por carmen váscones diciembre 11, 2008

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“Me trataban como a un muerto que tiene el inconveniente de manifestarse”

Sartre


Soy la conciencia amarrada a mi cuerpo.  Me sigue mi ánima, busco un testigo.  Palabras extrañas se imponen.  Me persigue el miedo.  Paso al otro lado. Ahora, estoy boca abajo, mañana boca arriba.  Quiero irme, quiero quedarme.  Estoy atada al mundo.  Diablo, ¿para dónde?  Dios, ¿estoy muerta?.



Las consultas continuaban.  Ella me buscaba.  La esperaba donde siempre.  Asistía sus intervalos que no diferencia los límites.



Ella quiere irse al cielo, no quiere quedarse en la tierra.  Pero quiere llevar el infierno sin que nadie se entere.  Ella recuerda a uno: su niño, su yo, su dios.  Su vientre vacío lo toca, pregunta, ¿dónde estás pequeño? Se toca la cara. Se busca entre sus ropas.  Dice, como lejana de todo contacto -el cementerio está lejos-.



Otro día, está en el calvario camino a la resurrección, canta, soy la mona, corazón adolorido, no sé que me duele, cariño ahógame en besos.  Canto en semana santa para ti señor.  En día de luna la virgen salió preñada, pobrecita, a su hijo lo van a matar, que huya, que no se deje encontrar.  Aleluya,  mi señor te han hecho la guerra.



Hacen la señal de la cruz, padre nuestro dónde estás, el río llora con su alma.   ¿Qué te duele otra vez?  Adivina adivinador.  Mi madre me decía boca de nadie.



Acompaño su búsqueda, sus retazos orales se desparraman en las anotaciones, su trazo mental parece un hilo descosido en la lengua.



Maldito amor, la guerra termina contigo.  ¿Por qué pienso en María concebida sin pecado original? ¿Y yo?  Que me perdone Dios por mis pecados. ¿Soy Eva del paraíso? No me distingo de ninguna.



Estoy muriendo de pena, no puedo llorar, tengo vacío los ojos.  Coqueta concepción, mi hijito se llama corazón.  ¡Mamá!  ¿Por qué me maldijo? Desde su conjuro estoy rodando por la tierra.




Vela encendida, llama desconocida, pueblo endemoniado.



No puede salir de las alucinaciones, su memoria rota no puede parchar los orificios de las palabras amputadas de raíz.  Trato de plasmar su huella demente.  Persevera su naturaleza esencial, da vuelta en sí misma.  Su endeble existencia una ficción para el otro.  Su acto es ella.  Saliva la vida ordinaria dentro de lo mundano: lo obsceno en el placer del ser.


Resistencia. Algo indecible. Aparecérseme, descubrirla, actuante del delito, descubrirme personaje sin atributos,  me invento: la creo- traduzco el pase- No se me ocurre nada y sin embargo vivir es pensar, es entrar a mí, es soñarme sin extrañarme, es darme vida sin matarme.

 


Está divina, yo tenía una muñeca, se llamaba muñeca, nadie sabía el nombre, sólo yo.  Nadie me lo preguntó.  Mi marido me la regaló.  Yo se la pedí después que murió mi hija.  Divina es la adivina divina.  Usted es puta divina. Gracia divina. Adorada divina.  Maldita divina. Despreciada diosa.  Mujer seas, sea yo.  Bienaventurada las dos en el fuego divino.  Arde mi cuerpo, y ¿el tuyo? No, no soy-. Tú tampoco. Tengo ganas de llorar, estoy en el encanto por culpa de la bruja.  Lunes.  Martes.  Miércoles.  Jueves.  Viernes.  Sábado.  Domingo siete, ni te cases ni te embarques.


 


¿Cómo devolverle su matriz mental? ¿Cómo sacarle la palabra que la llevó a la poza honda?  Compongo sus fragmentos como partituras para ser leídas por no poderlas hablar, por no poder interpretarlas.  Quizás tendré que explicarlo como caso, o como pieza literaria para argumentar esa nada sufriente e insuficiente en su vacuidad filial.


Está harta de su inmovilidad, de la soledad de su génesis, está asfixiada en la rareza de su mirada a ninguna parte. Los movimientos de sus manos apenas alcanzan a avanzar sobre los sentidos desarticulados de lo que hubiese sido un pensamiento hecho un mensaje sin interrupciones ni ecos de un fluir completamente lógico y libre de censura y del temor primordial. –Se me ocurre irónicamente, ¿acaso lo hay?-.

 


La forma del interdicto es una marca umbilical, tiene una doble función, una de inclusión y otra de exclusión.  El detalle clave está en ese juego incompleto de toda relación inicial de cada humano: uno no se elige, más hay una obligación con el ánimo y el anhelo, de no claudicar, de no abandonarse, de combatir, de no ceder.  La pasión y la aflicción arremeten. ¿Cómo se acunó la angustia? ¿Cómo se amamantó el amor para que el desplazamiento del yo no se vaya a pique?.  Pareciera que en cada dolor el mito lamenta lo imposible del deseo? ¿Qué sueño hay para cada quién? ¿Cuál se te ocurre?

 


Su voz inquiere -me dice-, no converso, aquí es la guerra, la hace toda la gente.  El soldado  va  a la  lucha  para  hacer  un solo mundo, para hacer ganar de un solo lado.  ¿Soy hija de quién si no soy de Dios?  El hombre dispone.  Mi padre y mi madre murieron en la guerra.  Si hablo ¿me matan o no me matan?

 

 


Razón imperfecta  la fuerza, revoca el sentido. El gozo implora. La elección de la lucidez desamarra la nada y la muerte. En su abismo se encuentra con la historia de una vez sin espera, la suya, nadie la va a ver, la llevaron y la dejaron abandonada, botada.  La elección fue: la posibilidad cambiante : ser un ser posible.  Un resplandor persiste en la libertad que no da sosiego.  El fracaso de un yo sin poder elegirse, sin comprenderse.  La rendija circunda al otro que muere por mí, yo sufro por ella: lloro lo que no lloraré por mí.  No hay opción.  La mejora es otra forma de finiquitar lo irreconciliable: La vida está enferma de muerte, el tiempo es su aventura o desventura.  Cual cómplice y aliada de la evidencia: el síntoma: náusea y melancolía, discordia y soberbia, en definitiva el orgullo desprovisto de distinción se refugia en  delirios y realidades sin otros. Está harta de descubrirse ante el  Otro que la inquiere, ella esta cansada de responder.

 


Yo no quiero hablar, todo el mundo me pregunta.  Todos quieren hacerme la guerra.

 


Su laberinto de identidades se escabulle como manada de palabras en la punta de su existencia.  Su lengua se desdobla, se parte, se mezcla, se iza en la muerte, se destierra, errabunda sin saberse en la duda.  Está perdida entre el muro del hospital y su cuerpo.  Su palabra rebota distinta, sin equivalencia, sin igualdad.

 


La bruja es la patria sin rostro. Cara, cruz o sello la madrecita de todos los guerreros.  Tuve que ser mujer por no ser hombre, hubiera sido…

 


Quiere romper con el silencio que la tiene en las rejas del sin sentido.

Ya no voy a estar muda.


El tiempo está destrozado en su memoria, no le da espacio para conjugar y hacer la sintaxis de sus pensamientos que avista en el carrete de su recorrido en esa entrada consigo en un posible decir.

 


Aquí me tienen muerta, yo me doy cuenta.  Yo no sé por qué me da sueño.  ¿Qué más quiere que le diga?

 


La voz de la mujer deja escuchar la desgarradura de su psique.  -Desde que murió mi primera hija tengo estos nervios.  Quiero ir a mi casa.  Estoy condenada no puedo salir-.

 


Está abandonada y sometida al simulacro  del orden y del encierro.  No ha cometido ningún crimen. Quizás ha asesinado su yo y conciencia que no soportaba o le resultaron intolerable  en el manejo del tú. O peor, la sepultaron en su propia boca.  Ella fue recluida y expatriada del mapa filial antes del nacimiento y después de él.

 


Yo me voy a ir, desde chica he sufrido, he trabajado.  Me gustaba ir a casa de mi madrina.  Aquí en este lugar es un sufrimiento.  No dejan hacer nada, ningún oficio.  Paso sin hacer nada.  Todos pelean.  Tratan mal.

 


Cierro la página de las anotaciones, escribo:

 


El argumento, es como una espiral retorciéndose sobre sí mismo, sin salida.  Hay que salir de los terrenos de la interpretación de los otros mundos. De los Otros.  Ser más yo. ¿En la palabra, en el otro o en el personaje?. Pero no todos ni ambos a la vez. Vuelvo a  los últimos datos de la paciente, leo:

 


En todo caso deberían quererme, no me quieren.  ¿Qué más quieren? Que me quieran.  Los quiero, no me quieren. Me quiere no me quiere, en singular. Me quieren no me quieren, en plural.  En  singular y en  plural  al  mismo  tiempo.  Me  quiere – me quieren. No me quiere – no me quieren.  Silencio.  Intento.  Va de nuevo.  Me…

PATRIARCADO, por carmen váscones y opiniones de eugenio gogol, roger hollander octubre 29, 2008

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PATRIARCADO

Adentrarme en la palabra patriarcado es darle cabida al cuerpo que la sostiene, tierra, naturaleza y antes matriacardo, ley oral indivisa donde el hombre estaba incluido como una sola parte de un todo. Luego, fue precisar soporte, lugar y función, y agregaría disfunción dado los efectos y resultados tanto en el contexto social, ecológico y filial.  Al crearse el estado como que hay un desembarazo, como que el señor varón recupera aparentemente un poder  que le habían quitado o le hacía falta.  Las consecuencias de esta división impone vástagos  disputándose un control sospechoso…Por qué digo esto, miro a mis alrededores y veo los géneros devorados por guerras perversas, economías globalizadas, caos, incertidumbres, delincuencia, estafas, leyes corruptibles, y amores desatando la vida y conviviéndola aún en promesas y momentos posibles de alegrías.  Pero, continuemos con el enunciado que convoca una reflexión extraterritorial y limítrofe. Para detentar esta “dignidad” implica dominio, jefatura, respetabilidad en un espacio que conlleva comodidad y tranquilidad.  El territorio esta en manos del “jefe” el tiempo que dure la vida y la preponderancia del padre sobre los otros miembros de la tribu o tronco familiar.

 

Trasladándome en la historia se nota que el papel de la mujer en este sostenimiento de la figura dominante de la autoridad patriarcal vemos que es protagónico quiéralo o no, con su consentimiento o no, ahí está ella dando cara y mano, hasta poder.  En nuestro mundo aborigen Toa fue ofrecida en alianza matrimonial como pacto político a Duchicela, tenemos a Pacha que crea su estrategia nupcial conquistado a Huaynacapac, y en esto está de por medio no solo proteger, asegurar y defender lo propio, esto es la tierra aborigen de siempre con identidad de luna y sol, barro fecundante de confederados unidos para fines defensivos, si no darle lugar al vientre que engendrará a protagonistas que moldearán sus propias convicciones, dando lugar a hechos, nexos y lazos que la historia no puede borrar ni negar ni suprimir.  La memoria de toda patria está hecha de lechos y acciones de traiciones, alianzas, tradiciones, pensamientos liberales, poderes conservadores, litigios de verdades, también del amor de dos sea con gustos y disgustos inevitables.  Como lo fue la misma conquista con sus aportes y desmantelamientos a nuestras riquezas, mujeres y hombres. La mujer siempre ha sido un punto en cuestión, se la ha querido quitar del andamio de sus logros, hasta ha bastado con mover una letra o artículo en la constitución y la sacan de sus derechos legitimados por voto masivo, qué cuenta, dejemos ahí el interrogante.  Retrocedamos en las páginas de la memoria, allí enfila la misma Libertadora del libertador, desterrada, vejada, calumniada, pero silenciada imposible, jamás. Manuéla Saénz acolitó, acompañó y vistió como soldado lado a lado con el patriarca de la libertad de América. De la independencia sabemos que América quedó dividida como “republiquetas” por los conspiradores y oportunistas, impidiendo el sueño Bolivariano, de una sola nación con una sola bandera, moneda y dirección política o lo que él sostenía el confederado de una sola patria.

 

Otra cosa es la dinámica de las épocas y del ejercicio del poder en la constitución, organización y creación del estado, el cumplimiento de la Ley y la tergiversación en el manejo de la regla y la justicia.  A veces la ley la vuelven estrecha y ajena para el pueblo, convertida en anchas consideraciones y criterios propios para libres negociaciones, para los ciudadanos cumplir y cancelar iva, acogerse a la inflación, cancelar impuestos, demandar y necesitar y someterse a la oferta o tratado de comercio libre para unos pocos perjudicando la bienaventuranza de las gentes sin posesión ni propiedades o sueldos que no alcanzan y no llegan por el desempleo.

 

La educación, la cultura, y el progreso comunitario mismo son reducidos a problemas y no a campos de soluciones prácticos y de atención inmediata.  No hay justa medida de la vara, del uniforme y del pan para cada uno de los que no están en la potestad  de la administración y legislación de lo que producen y laboran en el jornal del diario vivir.   

 

La inversión atiende la venta de imagen del país, pero la de fondo que compete al hambre, educación, vivienda, trabajo son tires y jales entre promesas, votos y turnos de candidatos y achiques de presupuestos.

 

Y qué tiene que ver esta reflexión con el patriarcado, pues, que el hombre de nuestra patria, de América y del mundo vive la contradicción de un triunfo que está envuelto en deudas, identidades endebles, agotamientos físicos en trabajos de vendedores ambulantes, estibadores, obreros, albañiles, gasfiteros, destajeros, chatarreros, campesinos, empacadores, fruteros quién más y no que va a sol tostando los recuerdos, ánimos pesimistas por las escasas fuentes de esperanzas para salir de la pobreza, sueños sin realizaciones, hombres humillados y cansados en el propio cuerpo de tanto trajín sin mejoras de sueldos ni de vida cómoda. Esta situación es de la mayoría, de todo aquel que la risa no les ha sido quitada todavía.

 

Luego hay la “clase” desclasada intermedia sin definición de su centro con título bajo el sobaco, disputándose  la carrera de llegar primero, corriendo a los puestos vacantes, trabajar sin regresar a casa a ver a los hijos, soñar y endeudarse para competir con la imagen del éxito, de salir adelante, darse una oportunidad.  Y la otra minoría que hace y deshace del poder y de las políticas sociales, de las ilusiones.  Y también hay esa otra población de todos los estratos sin verse dividida como clase, que se siente sobre todo un humano que mira así a todos y renueva, que va surgiendo y va diciendo un basta, no más, que avista y apuntala otra opción.

 

De qué patriarca hablamos en estos tiempos, si la corrupción se impone, la palabra flaquea, y nuestros hombres gritan, lloran, sufren, toman trago caro o barato, oyen el fútbol en palco o galería, salen a las marchas a protestar por motivaciones propias, prestadas y manipuladas, van al cine, transitan por las calles, se cogestionan de emociones, se violentan con su mujer e hijos, se reconcilia algunas veces, otros van a prisión o se pasan huyendo toda la vida, algunos de la mayoría no todos se encuentra en el escondite con la sombra de la amante, otros quedan en casa hamaqueando los pensamientos, cierran las calles y juegan pelota, leen el periódico o un libro, escuchan a Julio Jaramillo, bailan salsa sensualmente con su compañera en la cita puntual del gozo sin dolor,  brindis y salud.  Y muchos aman aún a su mujer, a su familia y la defienden a capa y espada de todo supuesto y real peligro.

 

¿Y qué hace que algo sea parecido a la felicidad? Es una respuesta que no tiene precio, que no tiene cálculo, que no tiene condición, que no tiene qué? Qué nos tiene con el ánimo en el hilo del anhelo, de la sorpresa, del detalle, del tú.

 

 

“Hacer un hijo es fácil, lo difícil es hacer un hombre”, ¿y una mujer?  Lo que queda claro es que ni madre ni padre pueden ocupar el lugar del otro, ni uno completa la ausencia o lo que falta, ni resuelve ni ata, ni reemplaza la muerte o desaparición.    Los hijos ni el marido ni la mujer es todo para el otro.  Un hijo necesita un padre como todos los demás infantes.  Así que ninguno de los dos progenitores puede hacer lo que le viene en gana con el vástago o con yo mando y te callas y aguantas o que te has creído a  su “pareja”, estamos en otros tiempos pero la violencia doméstica se parece a las guerras imparable de los siglos.  La rebelión, el defenderse, responder, resistir es protegerse. Lo “usual” es el divorcio o hacerle la batalla al enemigo ante la impotencia de la resistencia “armada” de un pueblo, del patriarca o de la matriarca que no quieren doblegarse, que no quieren ceder el don de mando o compartir el manejo del control y toma de decisiones que encauzan las riendas del hogar y de la civilización  que permitirían contar una historia diferente.

 

La influencia en el hijo o la hija no tiene que ser aplastante ni mortífera.  No se trata que gane el padre o la madre sobre el  hijo que no quiere ser obediente ni sumiso.  Ningún ser humano debe ser sometido a la voluntad del otro.  De lo que se trata es que triunfe la vida sobre la función del poder, esto es, servir a la realización del ser de cada quien en el encuentro con su destino.  Para que cada uno pueda convivir con la identidad de ser uno mismo y facilitarse la identificación de ser como sin dejar de ser o perderse en la envoltura de la imagen del semejante.

 

Los hijos a pesar de las “vicisitudes del amor” de sus progenitores continúan teniendo en sus deseos e ideales a aquellos, otra cosa es la distorsión, amputación, enredos, malentendidos que dejan llegar desde sus espejos y palabras los procreadores a la infancia, donde ellos  intervienen y son causas de sus formaciones y deformaciones mentales y afectivas.

 

Cuando será el día en que hombre y mujer se sienten a conversar y aprovechar la posición de fuerza y pensamientos sin masacrarse, sin estar a la defensiva, sin culpabilizarse, sin anularse ni dejarse anular; que puedan convivir en cuerpo y palabra en el espíritu del amor sea juntos o separados por el bien de la humanidad criándose.

 

¿Y en definitiva, en qué nos descubrimos que la vida nos iguala y nos deja sin reflejos, sin desprecios, sin investiduras, sin atributos, sin actuación, sin ostentación, sin poses.  Quizás la intención de saborear alguna vez algo de esa verdad sin trancas, sin trampas sin sombras, sin ley del embudo, sin deslealtad.

 

¿Qué falta, qué queda, qué se puede, qué no, qué mismo?  Quién está dispuesto a  replantear, rectificar, redistribuir, reparar a reponer a deparar las riquezas materiales, sociales, psíquicas, filiales, para ser los afortunados en la aventura y el riesgo de ser alguien y no un don nadie en el conglomerado.  Esto implica conjugar y habitar la ética  en su franca oposición a la corrupción, en la intervención de los detalles mínimos y máximos de lo que hacemos o dejamos de hacer, en ser el testigo y el testimonio del otro y mío.  Corregirnos, ayudarnos  y apoyarnos en la marcha.

 

Vivir un presente que invite a festejar el día del padre por puro placer de sentir esa presencia fundante del inicio de la vida en el cuerpo de la humanidad: una mujer.  La vida entera  donde el amor de dos trae un tercero, de afirmación, de alianza, de pacto, de filiación, de confianza.  Ese recién nacido que comienza su propia historia.

 

La  soledad del patriarca se mueve entre las imperfecciones de la vida y la artificialidad que se debate entre asuntos propios, del vecino, y de la sociedad entera. Y allí como soldado o guardiana la posición femenina en el espacio y tiempo que confronta en el asunto de su hombre y del hijo que forma en la vida conyugal  filial reconocida o no, pero que determina desde su lengua materna, deliberación de su rol, posición y diálogos de saberes no de hembras ni de mises disputándose coronas o concursos, sino de mujeres cultivando el campo compartido con el mundo masculino.

 

Dice Joyce, “la tarea de un artista es transmutar la experiencia cotidiana en el cuerpo radiante de la vida eterna”.  Será que nos falta encontrarnos en nuestro propio génesis para poder crearnos y creernos iluminación propia con creaciones más allá del plus económico sin la retención de acciones o contabilidades doble, ni intereses que devoren la cuenta de los giros de cada habitante que da para su porvenir con vida propia, para que se produzca el cambio y no entre en quiebra el destino de los ciudadanos y de la patria.

carmen váscones

psicóloga clínica, escritora

Ha publicado: La muerte un ensayo de amores, Con/fabulaciones, Memorial aun acantilado, Aguaje.

 

Al consultarles a dos amigos  profesionales activistas políticos sobre su visión del patriarcado comentaron lo siguiente:

 

Eugene Gogol: No es posible pensar críticamente del patriarcado sin considerar su opuesto.  No quiero decir el matriarcado sino lo de la liberación de la mujer.  Cierto que tenemos que reconocer las estructuras patriarcados que se encuentra en cada esfera de nuestras vidas: desde los instituciones del gobierno hasta la sociedad civil hasta la


familia.  Estas estructuras refleja la dominación masculina que ha llenado nuestro mundo, América latina  incluso, desde que se llevo a cabo sociedades de clase.

 

No obstante, para superar estas estructuras, transformando una estructura social patriarcado a una sociedad completamente humano no es tanta una cuestión de examinar o reconocer la dominación social tal como es una cuestión de enfocar en la voz emancipadora y actos de mujeres que nos ayuda a ver el camino de dos vías entre la liberación de mujeres y la libertad para toda la humanidad.

 

En contexto de América Latina me toca pensar en tal actividades como las Madres de la Plaza de Mayo (Argentina), las mujeres indígenas de Chiapas en México, las mujeres del Movimiento Sin Tierra en Brasil.  A través de sus actividades de liberación, a menudo no solo directamente involucrado con la liberación de la mujer, estas mujeres descubren sus propios talentos y creatividad, confeccionan nuevas ideas de lo que significa ser liberado, y por lo tanto desafían a la sociedad del patriarcado basado en clases.  Se vuelven Sujetos de transformación social.

 

¿Pero no hay papel para el hombre a parte de ser observador?  Cierto que sí.  Pueden elegir luchar en contra de la dominación de la sociedad patriarcal, aliarse con las actividades liberatorias de mujeres, y, de ese modo logra una dimensión más humana adentro de ellos mismos.  Para que pueden encontrarse con una relación más profunda, más gratificante con sus esposas, hijas, madres, y compañeras.  El hombre también puede entrar en el camino de liberación social y humana.

 

Eugene Gogol, EE. UU

Autor del libro “El concepto del otro en la liberación latinoamericano”, Juan Pablo Editor, México, 2002.

 

Roger Hollander. Canadá.Ciencias políticas/ artista.  El Patriarcado: en Teoría y en Práctica. Nuestra sociedad está saturada con una enfermedad de destrucción masiva que se llama “autoritarismo”.  Esta enfermedad se aparece en diferentes formas.  Una de las más ubicuas es el patriarcado.  Esta forma se expresa paralelamente con el autoritarismo que es el dominio de capital sobre la labor viva, junto con otras expresiones de desprecio e incluso de racismo.

 

En todas sus formas el autoritarismo trata de jerarquismo, o sea, el dominio de una persona o clase de personas sobre otra(s).  Digo “saturado” porque se encuentra por todos partes.  En el caso del  patriarcado, comencemos con la familia, donde reina como dictador el padre, y donde los hijos varones tienen montones de ventajas sobre las mujeres.  Desde la familia hasta la escuela, hasta la fábrica, hasta los militares, hasta el campo político, hasta lo jurídico, hasta el idioma mismo, o sea, en toda la cultura, se encuentra con este fenómeno, donde el macho hombre casi siempre domina sobre la femenina.  Esto es el patriarcado.

 

¿Cuál seria el antídoto o la contra para el patriarcado?  Lo opuesto de jerarquía es la democracia.  Hace falta en nuestra sociedad una igualdad de poder y de derechos.  Como en lo político, donde solo hay apariencia de democracia en la superficie, pero en el fondo


reinan las oligarquías, así con los géneros: aunque la mujer últimamente ha logrado algunos derechos en las leyes, en realidad queda mucho para luchar para llegar a una igualdad verdadera.

 

La palabra clave aquí es “luchar”.  Los poderes no se ceden voluntariamente.  No queda más para la mujer sino luchar para sus derechos.  ¿Pero es lucha solitaria de mujeres?  No creo.  Cada hombre vino de una madre.  Tenemos hijas, hermanas, abuelas, tías, primas, sobrinas.  Ningún hombre es una isla.  Extirpar este cáncer feo que se llama patriarcado es tarea y obligación de todos nosotros: hombres tal como mujeres.

 

CÉSAR DÁVILA ANDRADE: “EL CANTO DEL HOMBRE A SU IGNORADO SER”, por carmen váscones octubre 7, 2008

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El arquitecto de la oda, canto del hombre a su ignorado ser, nace en Cuenca, Ecuador, el 5 de octubre de 1918, para luego desaparecer envuelto en la soledad descarnada de un absoluto inmisericorde: la pasión del uno que fue otro en la descentrada palabra de su cuerpo.

Va venciendo/se en su propio espacio: distante nada: su confesión sin testigo. “Nadie habrá/… habrá el espacio de sí mismo/ en el paso del ser al Sucesivo Oscuro. / Habrá. / Todos serán lo que es Uno y Otro/ Todos serán. / Y todos tendrán nada”. Aniquila con la lucidez y la certeza del extrañamiento de ya no pertenecer ni a la sobriedad ni a la ebriedad, ni a él mismo. “Pasó al otro lado del espejo”, a la sombra de la mirada. Estar no era su sitio. Su lugar era ser la palabra: su voz poética.

Su muerte fue un 2 de mayo de 1967 en hotel caraqueño, día cualquiera para otro, para el mundo, pero no para el gran escritor y creador, ni para la memoria de su patria, ni para la palabra contenida, expandiéndose en la metáfora de toda una vida. Ocupa su lugar, se inserta en la certeza. Dejó de confabular la muerte.

César Dávila realmente quién era él. Según sus investigadores, datos recogidos, y textos literarios, vemos a un hombre de pensamiento liberal, haciendo frente al tronco filial conservador. Le pone su propia chispa a la realidad que no comulga, marcando con esto una distancia con su entorno familiar y social, pretexto para salir e inventarse y hasta alejarse de la figura paterna. Punto y punta de toque, discordia y contradicciones en el enfrentamiento a esa imagen sin alianza afectiva. Hay una cuenta bloqueada en el lazo que lo templa. Que le tironea el recuerdo. Sentimientos destemplados entre los dos. Entre el padre y el hijo lo que se conserva y lo que se libera.

Está claro el poeta, conservador jamás. Escoge el yugo y la hoz. Hace ruptura con la infancia. Adolece del exilio amoroso. Se subleva al espacio filial. Se planteó otro ideal. Erige dentro de su cuerpo a otro. Su ansia de amor vive el silencio, la condena del exilio o del destierro le desarma el corazón. Se anima y desanima. La razón habla con metáforas deslumbrantes. Es el enamorado del amor inasible. Ronda lo prohibido: su amada e idolatrada madre. Corteja un modelo de caricia que lo subyuga hasta la indolencia. Doliente ser sus afectos. Le escribe a escondidas le hace saber de él. El único molde que no puede dejar de extrañar es el materno. Es un conservador en los afectos que lo obnubilan y no lo dejan diferenciar el otro lado de su andar. Busca amar en una a una, a la Una de todas entre todas. Ese amor universal que no se diferencia del singular. El plural femenino le recuerda un cuerpo por donde salió a respirar la vida propia. Le está vetado entrar. La palabra desafía todo límite. Depura el amor impuro. Busca una verdad que confronta la poética y la cotidiana. No todo esta dicho, en la sugerencia del verso ahonda la pasión sin sosiego.

En el poeta hay una rebelión interna que se proyecta en su escritura y en la denuncia de su desacuerdo con ese orden social anquilosado en la mascarada del partido conservador del statu quo sin dar espacio a otros para que realicen sus propias expectativas y sueños, conservan la moneda y sus dos caras sólo para sí, crean la ilusión óptica de aparecer como inamovibles y dueños de la muerte y de la vida si les place.

Devela a la ideología conservadora, agrego, en la actualidad globalización mortífera. Y, yo diría, que si hay que ser conservador, será con la naturaleza y la vida que no se repite, sin explotarlas ni depredarlas, ni privándolas entre los unos y los otros para que alcance y se reparta sus cosechas. Solo así para seguir cultivando el huerto del mundo para todos. La vida de cada uno es de uno en uno. Duélale a quién le duela.

El poeta resultado de un encuentro entre hombre y una mujer que tienen un coito, ella está en día de ovulación, la simiente cae, la fecundación y el riesgo: un hijo, ¿la dicha? quién sabe. Traerá la contra. Será, a pesar de todo.

Dicho está, nueve meses no son suficientes para nacer. ¿Quién contradice esta espera, -otro que pasó por eso, y todavía no acaba de madurar lo suficiente para caminar erguido. Le falta mielina a la evolución del hombre, le falta amor al génesis. – Faltas tú-. Nadie tiene la última palabra, qué fácil pronunciarlo, ¿quién lo dijo?

Quiere desmembrar el conocimiento, quiere hablar con lo oculto, se dirige en tercera persona a la que lo llevó en sus entrañas. La inquiere. La ausculta. Le pregunta: “Dime sinceramente que piensas de este hijo. Te salió tan extraño,”. Renunció a todo aquello que los otros ansiaban y se hundió en sí, tanto, que quizás no es el mismo”

Delibera la muerte su espacio que no cabe, se cava el horizonte en el deseo. El cuerpo sufre intrigas de incompatibilidad. Quiere salvar y destruir a la vez en la simultaneidad, toma su tiempo. ¿A quién espía? ¿Buscó alejar la idea que lo acosaba? ¿O solo fue un imprevisto previsto, visto. ¿Listo? Se alinea a la caída del todo suyo: dejarse de mirar en el espejo.

La tierra obra su deshonra: La esfinge fonema del incesto.

Quiso purificar el ser del instinto que lo acorralaba. Acaso ese final con su cuerpo puso conclusión a un acápite donde el testigo calla el repudio y el asco de lindar con uno que ama y otro que odia. El doble sin papel aniquila al personaje. Libera al autor.

En ese imposible hallar deambula “al paso de -(su)-mi débil fantasma reflejado”, “siente la nerviosidad humana de las redes”; “Quiero ver, con mi muerte, tu quimera en el agua”, “vine a diferenciarme de vosotros parientes”, “mi infancia no os perteneció; me alimenté solo, como un espejo extraviado en el fondo de un bosque”, “Padres míos,/ yo sé que vosotros, en vuestro vaso ceremonial, fabricáis, a escondidas de los niños,/ infelices pasatiempos de carne/ que os avergüenzan cada mañana”.

Se apartó drásticamente del sufrimiento: pasión incalmable. El espejo agujereado por la mirada, se despedaza en la córnea expiatoria.

“Fui llamado al confín de los mayores/ y recibí mi sombra”…”Alguien debe continuar la escritura del dedo en el polvo”, “alguien debe continuar el canto del hombre”, y sin embargo…

La poesía: voces del útero y del viento que rompe la fuente, la placenta se separa, la palabra un vórtice de agua que amortigua al cuerpo aún atado al cordón umbilical de los sueños. La idea hace un corte al huevo zigoto, luego embrión, luego neonato. El agujero es anudado. El ombligo es un punto final a la dependencia. El grito antes que la voz, el sonido dará forma a la voz.

Alma mater en la voluntad del padre: así sea- así no sea. El yo contempla su obra: el no yo. La escritura desafía al cadáver y a las interpretaciones. La lucha comienza. El recién nacido humano da su primer llanto. ¿Quién acude a su llamado? ¿Quién está a su lado? ¿Quién le provoca el deseo? ¿Quién lo sostiene? ¿Quién le aúpa la vida? ¿Quién sí y quién no? ¿Un yo sin anclaje desespera. Una vez, dos veces, ¿Cuántas?

¿Quién lo mata en palabras? ¿Quién lo salva? ¿Quién le habla? ¿Quién es él en esa voz que lo reconoce y desconoce? ¿Quién es el otro? La orfandad de un sentimiento, canto de cuna espanta al miedo cubierto de luto. Arrorro mi nene no vas a morir solo a dormir.

Respondan, respóndanme. Responde. ¿Alguien puede contestar? Sirven las respuestas o las conjeturas. Quizás. ¿Para qué? Que cada cual se responda, reflexione, si eso dice algo.

César demuestra lo contrario, otro modo de pensar, crea en un creo, la identidad incompatible busca un sitio donde erigir la figura que no lo opaque, desde el sitio donde está su manifiesto que no es peón, ni destajador, peor un subyugado, se subleva. Milita en contra de la opresión, quita la mordaza al idioma y a la lengua natal.

Da vuelta a la tradición, sale de ella, renueva su posición. En el alcohol la miseria y en la letra la salvación, que lo atraviesa como espada liberal, la llama devora la matriz inaprensible, se vacía de toda promesa, en la lírica del deseo la nostalgia dirigida como “canción a la bella distante”.

¿Quién era el poeta para el padre? Este hijo que tambaleó en el espacio sin autoridad sanguínea. ¿Era el que su padre rechazaba, el otro de la desaprobación? ¿Qué chocaba en este par de hombres? ¿Qué se disputaban?

El hijo luchó por no dejarse ahorcar por la desazón del sentimiento no correspondido. Se escondió en la sombra del perseguidor para que no lo alcance la furia del decapitador. Se aburrió de ser un topo de la realidad explicable e inexplicable. El poeta sintió el derrumbe de la infancia en la fábula de su vida. Avanzó como un ave huyendo del jebe. Más no pudo tapar el agujero del dolor ni con el más bello verso. Aquel El gran César nuestro, el que habitó la soledad del vacío, huérfano de compañía herraba en un tiempo sin movimiento.

En los episodios de su historia la textura de su búsqueda. El habitante humillado por el dolor pronunciable e impronunciable. Lo oscuro y lo claro de su visión y vivencias. Él no puede callar el dolor humano que está bajo la corteza de la memoria. La herida y el placer inconsolable tanto en su psique como en los nexos terrenales. El habitante “con algunos días sin huellas”, con impotencia y desafíos registra e inscribe al faquir de ternuras y secretos inabordables de otras emociones.

En su posición deja asentada su proclama de voces. Protesta. Nadie es para siempre jamás inmortal, hasta los dioses se desvanecen con el silencio de cualquiera. Desecha para no ser un desecho. Recicla la vida, la sustenta, la evidencia, la denuncia, la proclama, la anuncia otra, la rescata, la autentifica. La identifica.

“Toda resurrección te hará más solitario”. La esfinge no tiene alma.

La superación de su hallazgo rebasa el recorrido ordinario “en un lugar no identificado” lo identificable “de la materia real” en “sus conexiones de tierra” abriendo otra ruta “al dios desconocido” su: “yo que me queda. / Regreso a ser tú mismo. Mi señor/ con el último yo que te falta”.

La figura materna es un territorio poblado de parcelas, un cuerpo haciendo historias, llamadas a contar/se y pensar/se diferentes, referente de lucha, de trabajo, de tesón, de no claudicar. Es el movimiento sin dioses y sin paraje, sin fianza, sin préstamos, sin usureros, sin dueños ni propietarios ni dominadores de mujeres. Es la tierra con sus propios cauces y ríos. Es el orificio fecundador, de esfuerzo y regazo del otro para defender la memoria cada vez que recuerde el riesgo de encontrarse con quien la reconozca. Es el piso del abismo y de la red que solo se romperá cuando la última palabra tropiece con los labios prestados al río.

Es un bordado de hilos que sostiene una infancia envuelta entre “palabras quebradas”, y retazos, ilusiones, despertares y curiosidades. Es un nudo de remates para saciar el hambre de los hijos de la mujer que no puede enredarse en sus propios pensamientos, que no puede darse el lujo de soñarse dama conservadora porque el mendrugo tiene que ir al horno, estar pendiente que no se queme, al mismo tiempo seguir hilando, cosiendo, buscando paisajes en pieles evaporadas en el destino, hace la plata dejando el sueño a un lado, necia de vida se sostiene cabeceando el presente. Es un remate de puntadas a la tela agujereada del alba extraviada en la voz de la noche.

La ternura femenina vela el origen del deseo. Lo tiene atado al silencio que repudia: la pobreza no es alimento del espíritu.

El goce femenino lindaba con lo prohibido: en un te quiero a ti, desea una mujer ajena e imposible, ella le dice gózame desde el crepúsculo de un amor sin precio, sublime, sagrado y prohibido, que lo hace descifrar y expresar sin tabú: hay que tomarse lo que te pertenece, lo que nadie te quita, ese sentimiento sin deuda, indivisible. La apariencia de que el otro completa. Que cara es la vida cuando el precio es desprecio. No cuenta el desgaste humano en la plusvalía que depreda las ganas de vivir, quien traga el cuento de que mañana será mejor. Estar ajeno y al tanto te empuja al carajo o de una vez por todas te las juegas…

El amor intocado es todo para este escritor que ronda el vicio y la virtud con estocada aborigen. “Es que el amor de antes se me ha vuelto tan claro/ que siento que ya nada es para mí extraño”. “Y ahora, yo quisiera decirte que te amo, pero de una manera que tú no sospechaste. Verás. Ahora te amo en todas las mujeres, te amo en todas las madres, te amo en todas las lágrimas”. Y preguntar, “Dime sinceramente qué piensas de este hijo,/ te salió tan extraño”.

Como no puede poseer ese amor aparentemente perfecto y sin pecado concebido, lo hace suyo, con su propia concepción, todas en una y una en todas: Una es todas, amor único como la única amada. Goza la culpa y la libera en otros cuerpos, la quiere, la aleja y la acerca, la mira para contemplarse en su propio espejo, la hace una idea completamente luna, la distancia tantas veces puede, más, está tan cerca como su mismo día de nacimiento. La ilusión lo amamanta y lo arrulla con calostros de tristezas como diciéndole cúlpame si puedes. No puedes. Has nacido y sobrevivirás hasta cuando tu quieras que esté en ti ya que soy tu piedad, tu gloria y tu gracia mortalmente sublime. Soy tu diosa que te ofrenda al altar de las estrellas para que pongas tu cuerpo degollado bajo el firmamento algún día en una tarde que tú escojas.

Pareciera que ambos: mujer y poeta, madre e hijo arriesgaron el amor a cambio de un espacio que no lo/la venza, pero eso esta por verse. Ya está inscrito en el enjambre filial, algo, el corte, el tajo, vendrá por añadidura, solo la pregunta rebota, quién es quién, en ese espacio que pide calma como tregua al colmo del colmo. Colmarlo, es atosigarlo de lo inerte.

El retazo, la parcela, la página sin uso de eso que no llena ni cabe con la madre naturaleza ni puede fusionarse porque o sino el saldo, la falta y lo que no se puede ocupar, reponer o zurcir hará su desquite. Quizás por eso lo de “espacio me has vencido”. Pregunto, quién es el espacio, quién el vencido, quién el verbo que destina el cumplimiento hágase de mí, hago de mí, hago. Deshago de ti y de mí. Un tú en contra de ti. ¿Qué espacio lo venció?

Un su/per/yó sin goce imposible sustenta al gozo quizás de lo posible: un diálogo de goces sin anécdotas de amores que diga siempre lo mismo con eterno placer. ¿Gozas? –no gozo. ¿Qué quieres? –que goces. ¿Qué? Mi goce. ¿Con quién? –contigo. ¿Para qué? –gozarte. ¿Por qué? – quiero saber de tu goce. ¿Cómo? –no lo sé. ¿Dónde? –en ti. Pero –no pienses. Entonces -¿sientes? Pienso que –calla. Quiero -¿Qué?-. Ah –Ah. Más –más-. Yo… -tú-: El y ella.

Culpable. –No- Víctima –No- Verdugo –No- Liberal –Si-

La culpa no encontró su sitio. Se declara libre del culpabilizador o tirano. La ley es un código “deshuesado” de lo femenino y masculino, descompuesto en la “materia real”.

Un hombre crece en el poeta, un hombre lamenta su búsqueda, un hombre abraza el caos, recibe a cambio un paraíso sangrante, anunciando espinas y silicios enterrados en la tierra humana, las que él no podrá sacar porque están incrustados en las razas.

Quizás allí la tristeza de Dios refleja la voracidad humana que no puede renunciar a parecerse a aquel que todo lo puede que nada tiene pero está en todas partes y lo llaman de diferentes maneras siendo Uno sobre cualquier otro uno. ¿Quién dice ninguno o nada?

Ese amor sin rendición de cuentas como que le da la ilusión de estar protegido del tirano, que lo devora en el silencio de saberse asfixiado en no dar la cara para no recibir la recriminación del rechazo. Mientras más pegado al aliento femenino, lo masculino tambalea en la cuestión de “ser o no ser”. El pecado original huele a mujer. Bendita seas.

El secreto del verso, una lujuria hermética en “la corteza embrujada” de encarnarse y descarnarse en el talón de Aquiles. El tendón del espectro no es de un animal, sino el de un humano siguiendo las huellas “en un lugar no identificado”. El uno que quiere y el otro que lo horroriza. El perfecto y el imperfecto se desprecian, el doble ataca, el uno se impone. La fractura entre los dos, un jaque mate en el cuerpo. Salve al vencido. El vencedor calla. La dama cansada del amo salva al peón.

Dávila “renunció a todo aquello que los otros ansiaban,/ Y se hundió en sí, tanto, que quizás no es el mismo…” Casi la mayor parte del tiempo la ebriedad lo consumía, no sabía como controlar ese algo que lo iba invadiendo. El horror salía por su boca como látigo golpeándole la memoria.

Se defendía con el silencio para alargar la existencia. En la penetración del tocador un reflejo lo sombreaba. Construyó y destruyó lo simultáneo, la doblez del personaje y el de carne y hueso. El escritor atrincheró en tinta la rebelión del afecto prisionero en todas y todos los momentos inconfesos, poetizados, “mi timidez de entonces me quebró las palabras”.

Aún así, sus labios tocaron la palabra inagotable.

La orfandad de sentimientos parecía hilos desprendidos del carrete que no llegaban al punto concluido, sus hermanos fallecidos tempranamente sollozaban y gorjeaban en el silabario sin usar, su hermana/ prima ida e idealizada como cáliz divino hacía de recipiente a su melancolía. Ganó a la vida, hizo suya todas las muertes, se apoderó del vacío hasta llenarlo de poemas. Se aferró al amor llamado inocente, la perversa infancia del sentir sin preocuparse por rivales, de quitarse de encima la culpa de no deberle a la muerte nada, sin pensarse juzgado ni censurado en ese perverso amor polimorfo. Pero, sin embargo era el trofeo viviente para la que lo amamantó, ya que se enfrentó a la muerte y no se dejó arrancar al fruto de su vientre. El poeta queda endeudado para siempre con ese amor que quería hasta respirar por él para que no le pase nada.

Amor enterrado en la carne sin poder desterrarlo. “Y ahora, yo quisiera decirte que te amo, / pero de una manera que tu no sospechaste. / Verás ahora te amo en todas las mujeres, / te amo en todas las madres…Es que el amor de antes se ha vuelto tan claro/ que siento que ya nada es para mi extraño” Afectos de párvulo y adolescencia quedados en los primeros juegos del jardín, en sueños e ideales fusionados al amor total sin división, uno dentro de la una. Sentimientos provincianos revoloteando en cuerpos de mariposas púberes y polen cayendo en hoyos de una sonrisa ingenua en una esquela picoteada en el recuerdo. “Las mujeres se convierten en laberintos ansiosos de semilla”.

Introduzco una reflexión ¿Cómo entra el padre a funcionar si está disfuncional en el acto del nacimiento, su posición está vetada por la postura materna? ¿y por su condición de progenitor dominador? Que hubiese ayudado, que el procreador adopte una posición, que se adapte en la adopción de lo que le confiere ser el gestor de procrear conjuntamente con su mujer, madre del hijo. Que haya un espacio libre, que venza la pugna del poder convivible que se conjugue un deseo entre un hombre y una mujer sin que atente el puesto que se asigna al hijo.

El padre y el nombramiento no funcionan si no es nombrado, adoptado y ubicado en su supuesto legible de la paternidad. La madre patenta y legitima. Dado que el amor no se insemina. El devenir de un hijo se juega en la inclusión de un progenitor que no se exilia ni se apropia del verbo que le toca vivir al hijo. Esto es Tener un nombre que no se confunda en el llamado de los padres. Que no sostenga la caña de la vida de nadie. Que no reemplace ni cubra los huecos dejados por otros. Que no llene ni colme el amor perdido. Solo que sostenga lo que porta: una vida propia con “ser en devenir”, cada quien parte y accede al mundo, al encuentro de una palabra esclarecedora. La vida es un paso dentro de un riesgo permanente. Cada humano es espacio que se habita o congestiona según sea el dado que apuesta la historia que acompaña. El hijo “paternado” no se derrumba si se le sostuvo y se le concedió espacio sin prisión subyugada al “me” del otro.

Nadie puede ocupar el lugar del otro a menos que reine el caos de los afectos y saber. El padre media y hace de corte, separa, no permite fundir y confundir, crea un espacio entre la madre y el hijo. El padre omnisciente no existe, otra cosa es que quiera parecerlo y ejecutar su intervención como si fuera un tirano o un agresor envestido de autoritarismo, perjudicando su función esclarecedora, puntualizadota. La madre no es prolongación ni completamiento del hijo, es incompleta. Nadie completa a nadie. El/ella será siempre tu madre/ padre, nunca tu mujer/ marido. El meollo de la verdad en la vida de cada quién: el conflicto de Edipo. “A la sombra de un monstruo social el hijo se deshumaniza, cargando durante toda su vida con el peso de esta aniquilación del significante padre”. (Bernard This)

La palabra nos hace nacer una vez nacidos, pero quede en claro, que, una voz nos habla para bien o para mal, ahí está el delito, “los crímenes del amor”. Cómo descubrirnos y cubrirnos con la voz y las palabras, que nos dan un cobijo de lealtad y cercanía sin correr el riesgo de ser ahogados por ellas. Solo nos queda desnudarnos y caer en cuenta la impudicia y lo púdico que nos aguanta la caña del deseo.

Extrañamente peregrina la luz sobre la letra y el cuerpo: onda adversa alquimia la idea en anhelos y en orígenes que no pueden volver a nacer, solo aproximarse a un inicio con otra vida o alejarse de todo triunfo. ¿Acaso el nacer ya es trofeo para la muerte? Como que no hay alternativa frente a “esta certeza de morirnos una tarde”. Mejor a este nido femenino hacerlo aparecer o convertirlo en un delirio sensual, en un destello de chispas robadas, en un escondite profano, en un final apasionado, en un abismo sagrado, en un placer inconfeso e inconforme acoplándose a la metáfora que precisa, que no se deja tocar. El poema no calla hace hablar para dejar decir…

La vida es una ocasión. La palabra inconfundible anuncia, aporta, hasta se adueña de la vulnerabilidad e invulnerabilidad.

En la hiancia o hendija de la imaginación el complot y la creación para el creador y autor. Su mundo irrepetible en la soledad de una sabiduría envuelta y desenvuelta en el movimiento mortal de la presencia y ausencia.

Solo el amor no es preciso.

Distinta soledad la misma sin poder conjugarse con la propia búsqueda. Dávila no entraba a su palabra, salía de ella para embestirla solo por gusto. Transitaba la apariencia, el horror y la transparencia hecha alquimia, ahí gestó la matriz del símbolo. Abrazó a la mesalina del saber que servía a su gozo supremo: la poesía. Allí sus dioses jugaban con silabarios invisibles la construcción de un ángel casi divino, allí el demonio dejaba de serlo, para recoger las cenizas de su maldición. El poeta en soledad sin testimonio se entregaba a la lectura de la creación que los hacía individuo esencial sin pretensiones de salvar el alma. Su palabra era su ser. En ese espacio venció al infiltrado, dio lugar al otro. El hombre aliado, esculpió la caverna de su cráneo con los sentidos de la metáfora.

Su frase inmortal: “espacio me has vencido” nos deja el sentir del vaho de la necropsia, el color del aguardiente: Agua y sangre. Ebrio de dolor desangra la turbulencia del enigma.

Parece que veía a la ausencia como resto doliente, como resto total, como caída sin piedad ejecutado por manos del criminal o del suicida. ¿Hay diferencia? “Pero el ser humano ha sabido ser feo”.

El horror del dolor supura en la vida. Mientras, el mundo huele a naturaleza, el animal de la razón olfatea la suerte. La jaula cae en el azar. La suerte se desecha. El mono sapiens está agazapado para asegurar su presa.

A César lo que es de César. Estaba a disgusto con las estatuas que se cruzaban, estaba harto de las trampas de los triunfantes. Su “invocación humana” no la comprendieron en el ambiente de su época.

Su experiencia original no se desintegra. Su extraña y cercana poesía, un mundo extraordinario, impúdicamente auténtico. Su voz autora y propietaria del dueño que patenta su inicio y final. La finalidad de existir a pesar del tropiezo con la inclemencia.

Jorge Dávila Vásquez dice: “necesitaba darse a conocer. Es un impulso normal en todo autor. Son pocos los artistas que no lo sienten, y narcisisticamente, se encierran en una creación que sólo ellos conocen, y en la que se recrean constantemente. Dávila no era de estos. Tenía plena conciencia de su grandeza y poder creacional, no sufría de falsas modestias”

La rigurosidad de un trabajo lo da la constancia y ese estar distante de la rivalidad imaginaria para que no empequeñezca la capacidad de producción. Para que la obra se sostenga sola. ¿Qué era la literatura para él? Era lo dicho, lo escrito, la escritura, la dicha postergada, la intimidad sin otra ni otro. Un purismo donde el cosmos se achica y la voz sale de la sombra para acogerse en una “zona franca” sin placeres mundanos. Sin la brutalidad del caos cuando no -se- puede domeñar la perforación de la angustia, cuando esta rebasa el sueño de su propio tejido. Los ideales y el alma en pena se desbordan como aguaje y desierto en las células que conforman al uno que no se puede decir así mismo, solo me conformo con ser una célula insumisa del universo.

Irreverente a lo irreducible reduce lo deducible a un “espacio me has vencido”, un dejo de culpa sin tú, solo un me has…señala el vencimiento de un me sin opción. La culpa es del espacio, el contrincante que le quitó el lugar. ¿Quién era el espacio y quién el vencido en ese me has? Allí un resto fantasmal por un instante hace del ser un encuentro con la nada. La frase ocupa un tiempo sin retorno. Nos lleva a escarbar el desgano que anuncia la abulia del ser que no se defendió de de la alucinación que rebotó en un acto desbocado en la piel.

La sabiduría huye de la poesía, la poesía goza del saber esencial. La serenidad no es madre de la metáfora. La falta se consume en versos para iniciarse en la desaprensión del dolor; pero cuando se ama a este sufrimiento no se puede tomar distancia de la tristeza y esta estalla en tormentas y desesperaciones. ¿Locura, muerte o lucidez?

La degradación del ideal cae por su propio peso, la máscara del yo rebota. Un rostro desolado espera. Calcula el tiempo que no se deja ignorar, lo apunta en una libreta. Lo fija.

La melancolía empaña la mirada, un cuarto oscuro ya no deja ver casi nada, volvamos al inicio de la presentación de mi exposición, estoy en el cuarto de ese día fatal, escenifico ese momento, veo que para César afuera y adentro es lo mismo, no le importa la diferencia, pero quiere separar el yo del no yo. La sobriedad le resulta insoportable, no hay bienaventuranza en su alma.

Camina lentamente en el círculo de su puntería, medito, se dejaba ser en el escrito, se dejaba no ser en sus andanzas: el caos y el orden eran irreconciliables, pero, “sin embargo yo sé hallar siempre… un resquicio para entrar diariamente en mi poesía y en mis narraciones. Esto me salva”, nos dirá.

Como corrector de la letra la atosiga, la aprueba y la desaprueba. En su imprenta mental atrapa el terror, da cabida al miedo y a la angustia, aguanta su pugna, despeja la mancha faltante, calma al recuerdo, al cuerpo le demora la caída. No se dejaba empujar fácilmente, no podía escapar de su mente, tampoco era su intención, era su lugar, su retaguardia. Ella siempre lo imprimía, no descansaba de su oficio dactilográfico.

Él en su metonimia versificaba: “y que cualquier tarde, pueda irme de mí mismo”.

La estampa de la nada en la hoja que salta dejaba ver el brinco, esto es, lo que escapaba a la mirada y a la misma escritura. Él, el primer vástago de su árbol único. Estuvo en lo que han llamado o designado sus etapas cromática, experimental, y hermética, yo diría subió y bajó a los vagones de su tren conciente e inconsciente, conoció los límites de cada estación. Jugó con el turno de ser pasajero de su imagen y creación. Ahí tanteó un espacio para experimentar la voz, para demostrar que su hora no había llegado para dejarse vencer. Para enfrentarse con el cuerpo y la palabra de su vida tanto poética como del simple terrestre ausculta y comprueba su propia lucha, su duelo a muerte con la decodificación del vacío. Haciendo que la orfandad original de este espacio ocupe un puesto o tal vez una forma para resistir. El escritor en la realidad ensaya su aparición y desaparición.

La infancia no pertenece al alma mater, ni al agotamiento de la naturaleza. La infancia un pretérito pluscuamperfecto. ¿y si yo hubiera sido aquello? ¿Qué? El colmo versus lo incalmable.

La infancia una fábula sensual jugando a la quemada con la nodriza del tiempo. Edipo no se mira al espejo para no encontrase con los ojos de su madre invitándolo al festín de los juegos filiales donde la codicia no tiene límite.

El poeta se atreve al encuentro con la otra mirada, guarda las apariencias, declara su pasión a la forma sublime: la imagen recreada en su fantasía. Sublime gozo de hijo y de escritor. Consagra su escritura y su deseo en carta a una madre, diciéndole así sin rodeos “ahora quiero decirte que te amo, /pero de una manera que no sospechaste/ Verás. Ahora te amo en todas las mujeres”. Posee el todo de todas: toda una contiene a todas. Y fueron uno. El dentro de ella. Uno en una…

Él es uno: sin espacio concedido. Ante su padre: él es nadie, lo desconoce y se adecua a estar todo con toda ella, concibe un puesto sin espacio propio, vence el límite que lo desbarranca toda una vida. Ella: todas ellas son una…

La poesía “su amor sensual” la materia que condensa su existencia, todo aquello que no se ve a simple vista, de lo que recuerda que hay, que existe a pesar de él. El mismo: el porvenir del creador. Enigma y esfinge. Mujer y madre. Palabra y escritura. Voz y boca. “hembra y varón en un lecho redondo”. La preñez. La imagen curva y completa de la mujer esclava del señor: el retoño dentro del vientre y cuerpo prohibido.

El vientre del poema recuerda “nadie es dueño de su cuerpo” aunque “atravieso la hoguera de la resurrección” y sin embargo, no todo está dicho. Vida y amor terminan como lo amado en la amada.

La adversidad de la gloria en el cuerpo insalvable.

Los versos redimen toda vida. Lleva tu “invitación a la vida triunfante” “en el instante en que la muerte se alza…”

No se puede hacer desparecer la realidad insoportable, tampoco el poeta quiere destruirla, quiere concebirla, busca un punto en la naturaleza para atar los cabos dispersos de los “pasos rotos”, y disponer de un pase para “fundirse” a su anhelado purismo a un deseo de redención y salvación más allá de toda masa parecida a lo humano. Un espacio indiferenciado de todo, fuera de toda comprensión e incomprensión, de toda “batalla despojada de palabra”, desterrad del silencio y de una escucha rechazada e imposible. Un espacio sin pudor. Y sin embargo sublime y transfigurado. Pedía lo imposible de concebir y habitar.

Sin poder escapar de sí trasnocha entre insomnios, desgastes, bohemias y la perplejidad ante el tugurio donde el alma no reposa. La cercanía y la distancia consigo abrieron el eslabón que faltaba para consolidar y acabar con una presencia que obnubilaba a la otra. Tal lo dice: “Muero en tu eterna vida” y “amo tu infinita soledad simultánea”.

El oráculo está agonizando en el cuerpo de Edipo. Los progenitores tiran al fuego la duda para que no se note al culpable. Le queman los pies a Electra para que no guíe a su padre ciego. El olimpo no tiene infancia por eso está prohibido a los mortales.

Una relación sin espacio cohabita lo pagano y sagrado a la vez. La bestia bienaventurada se come el verbo. No sabe del pecado original. La torpe ternura hociquea la presa.

Cual habitante de la geografía corporal busca la historia de su identidad en su patria de poros sin conquista, su palabra liberada de encomenderos y opresores. Advirtió, se puso así mismo como el todo, la parte y contraparte denunciador y salvador de la elegía en el “Boletín” del continente en la descripción del subyugado en las mitas, en la ceremonia de la explotación entre rezo y látigo, mitas, y huasipungos.

Da un giro en la evocación del sufrimiento impuesto para no gozarlo si no expulsarlo de aquel adviento, para atar al sol y a la luna al cordón umbilical del gameto de arcilla y barro cocido en hornos aborígenes con otros partos y otros dolores, de palabras con otros principios por el resto de los días en el mundo que se nació.

Para que no decaiga la aurora de todo origen, hasta del suyo, que contiene en su voz la “epidermis” de los que no quieren ser estatua ni héroes del consumismo, ni de conquistas, ni de expansionismos, ni de ídolos petrificados en falsos triunfos.

El poeta buscaba el desencuentro con el narcisismo. Cansado de estar muerto en vida mata el reflejo del dolor: la furia edípica arremete a eternidad sin identidad. El mortal se desborona en la melancolía del sol.

Tras la luna solitaria una muerte sin mar.

El río desemboca sin enterarse del ocaso. La experiencia del ser a través del deseo que destroza si no se le da espacio, peor si no se lo toma en cuenta o se lo endosa a la cuenta faltante.

Descoloniza la metáfora de toda máscara, riega un río de libido cósmico como calostro lácteo amamantando la ilusión de la vida succionando a la diosa. Dios tiene pecho femenino. De sus pezones las razas se prenden para creerse aún así mismo creadoras y creadores. Quiere encontrarse con Él: aquel mismo yo.

Del lado paterno era “un lugar no identificado”, inconexo aún a pesar de la “materia real” e innegable, pero cuando la palabra no autentifica lo que dice la partida de todo nacimiento, cuando la falla se desliza en el lenguaje que acuna el canto de la impiedad. Cuando se mancha la palabra que autentifica el límite entre yo y ese otro yo, que no soy, pero es en mí.
Se destapa el hambre del verbo ser entre un sí y un no. Dos, uno y uno sin doble, sin apariencia. No soy él. Él no soy yo. Pero, quiere que sea.

Nunca se doblega el deseo cuando se sabe quién es, otra cosa es la conspiración de la culpa que goza la acusación de desobedecer. No al mandato del padre. Si al mandato del poeta. Puede, quiso.

Dejó sin argumento a la muerte. La vida esquivó el cansancio.

Las doctrinas no dejan saber de la sabiduría. En el sepulcro del río la vida no se deja asfixiar. Irónico. Lo maravillosos del horror es que nos deja ver lo oculto. La creación crea una devolución: El perfecto humano destruye. Fascinante guernica y oximorom. Sin embargo, tan miserable realidad, a quién le ha caído el golpe. Solo pensarlo me duele ¿y el que la recibió?

Pasa. Pasó, toda la vida como extranjero y peregrino de sus sentimientos, los conoce y los desconoce, los quiere y los repudia, echándolos y llamándolos, y sin poder desocuparse del invasor que está adueñándose de su fragilidad y de sus registros: él mismo que le está quitando la más dulce ofrenda que aguarda en su alma si acaso la tiene, su amada Ofelia o la muchacha y doncella Teresa, “ternura inmensa que, a veces se hace pena.” O su misma
prima inmortal, aquella María Augusta, su divino cielo e infierno a la vez.

No pudo desasirse del fardo de la pesadumbre, de la timidez del hijo inconsolable, de la costura del dolor, de aquel niño liberándose de la fábula de la virgen en el arco del fuego donde “supo que la inocencia es un infierno sin calor/ en cada cuerpo es un deseo/ de la blancura de la ignorancia./ Que la pureza enflaquece a las almas y las atonta dulcemente, para finos espantos/ disfrazados de amor,/ ¡Oh, la necesidad de una huella animal/ en el secreto pomo del corazón!/ Supo…/ Que en la esperanza, arde la bestia incesantemente/ porque a los dioses les advierte el fuego. Y supo que esa Virgen era su misma Alma, beoda de las siete esclavitudes”.

Más la ausencia lo seduce con su velo transparente dejándolo desnudo e indefenso y con ansias de completarse en ella. Entró a su vida acabando su propio combate.

Exterminó al rival y opositor de sus pisadas, como el último combatiente despeja tribulaciones de soledad, desobedece a la razón, la lucidez un espejismo, está cansado, enfurecido y triste de tantas guerras sin paces con soldados sin retornos, está resignado a darse de baja, a lo que sea y tenga que suceder, hace su último ataque. Se apropió y le dio pertenencia a su única vida desalojándola, deshabitándola. La derriba de un solo tajo: el sobrio aniquiló al ebrio. Escogió al que quería que perdurare. La imagen del escritor que hizo, no la del hombre que portaba un cuerpo que se iba. Sólo, sin espía, sin testigo presencial, estuvo en su decisión sin mirada ajena ni propia a ese acto incalmable del encuentro con la huella donde ya el espacio no tiene asidero ni proyección para el vencedor y vencido.

El poeta a lo único que no pudo entrar es al resquicio terrenal de su ser para el otro: a su propia vida fuera del papel. Abordó la palabra con él y sin él, sin dejar de estar. El poeta no ha muerto, aún nos habla, y lo seguirá haciendo. He aquí entonces, su nombre imborrable, insustituible y único. Él, el hombre: aquel inconforme de su corteza poética. Dejó una plegaria de vacíos en el absoluto desgarrado en la materia de la vida. Inmóvil silicio de especulaciones aquietando la melancolía. Demorando el duelo para no vestir de luto antes de tiempo.

La palabra: vida tan sin muerte.

“Si tan solo el hombre no es más que la creación de la imaginación”. Esta sentencia no quita que a pesar de que lo mortal resulte ordinario, incluyendo a la infancia como paraíso de predicción, ya que no somos inocentes, porque saber del sexo es saber de la muerte, y lo inmune se pone en el talón de la fragilidad. La palabra como una mujer duele al parirla. Hay que engendrarla sin sentirla un engendro. El poeta de todos los tiempos dice “siento que me duele la memoria”. Agrego, como un espejo vacío de imagen.

Lo humano corre riesgo de romper antes de tiempo el agua fuente del invento.

El límite oral rodea al mamífero prendado de una presencia extraña: la muerte da de lactar a la vida a pesar de todo. Los hilos del caos ajustan al animal, “en el dolor más antiguo de la tierra”, la señal del sonido humano hace el milagro de la alegría: dos humanos se abrazan.

La experiencia de sus aproximaciones los hace resurgir de sí, salen a sentirse. Se saben. Más que suficiente. Sinceramente uno solo consigo mismo: me sé. Solo en el cuerpo dueño de esa mente, o recuerdo, el enigma deja de ser. Para dejarse poseer por la palabra de su portador para arribar en puras presencias.

Lo buscado estaba dentro del buscador. Solo el eco no sabe. Lo buscado se apropia del buscador. El buscador está solo en la matriz de su creación: el idilio con la poesía lo redime de la carne. El crepúsculo transmutado en lo femenino: lo materno: alma pagana e inmaculada en el cuerpo de una mujer. Todamante. Apasionadamente. Descarnadamente.

El verbo se hizo verso porque “alguien debe continuar con el canto del hombre”, del amado amante. Solo así el poeta nacerá, resucitará, se transmutará en misterio de resplandor, de fascinación de algo que dice y quiere decir algo que es y sin embargo no es esto ni aquello, solo ensayo del gozo sobre el deseo en el huerto del cuerpo.

He aquí lo que no cesa, lo que no se deja atrapar, lo que resiste, lo que se impone a todo fin, a todo dogma, lo que se aleja de la fe y sin embargo parece un milagro. Lo que no se pronuncia pero se pronuncia. Lo que evidencia que “alguien debe seguir” para que la figura no se desfigure en las figuraciones del figurero cuando figura la imagen de la vida. Esto es “alguien debe continuar la escritura del dedo en el polvo”.

Algo es uno. Algo es nada. Algo es alguien. Algo de mí digo. Dices. El disfraz de la perfección es la razón casi pura. Depurada. Gozo impuro. La evidencia del amor es un ser humano escaso. Escasamente. Escasez total. Escasos. Difícil “unir la humanidad con lo casi deshumanizado”. Los que ya son “hombres póstumos”.

César Dávila Andrade, el Fakir, el Shamán del símbolo y de la metáfora. El sacerdote de la palabra. El mortal divinizándose. El enamorado irreverente. El hijo descarado. El verso descarnado. El verbo voz palpable. El sufriente del ser. El sublevado del deseo. El ángel degollado. El creador renovador del morfema.

carmen váscones
/2/ 10/ 2008

BIBLIOGRAFÌA CONSULTADA

1. – Obras completas I y II de César Dávila Andrade. Pontificia universidad católica del Ecuador, sede Cuenca, banco central del Ecuador, 1984

2. Colección de poesía ecuatoriana, La rosa de papel, César Dávila Andrade, # 3, Edita. Casa de la cultura ecuatoriana, Benjamín Carrión, Núcleo del Guayas.

3. La muerte y otros solaces en César Dávila Andrade, por Jaime Montesino, Revista el Guacamayo y la serpiente, #2, CCE, Núcleo del Azuay, Artículos,1983

4. Muerte y transfiguración en la poesía de César Dávila Andrade, revista el Guacamayo y la serpiente, #27, 1987

5. El símbolo y la parodia en César Dávila Andrade, por Gala Vaca Acevedo, El guacamayo y la serpiente, #28, 1989

6. César Dávila Andrade, Combate poético y suicidio, por Jorge Dávila Vasquez, Publicación de la facultad de filosofía, letras y ciencias de la educación, universidad de Cuenca, 1998

7. Ensayos dedicados a Cesar Dávila Andrade, escritos por J. E. Adoum, Diego Araujo Sánchez, María Augusta Veintimilla, María Rosa Crespo, Jorge Dávila Vásquez, Antonio Sacoto, El guacamayo y la serpiente, #35, 1997