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EL PREÁMBULO DE LO FEMENINO DENTRO DE LO MASCULINO, por carmen vascones mayo 10, 2009

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Ausencia y éxtasis incitan al deseo en su plenitud simbólica empielada en el texto de la palabra, desnuda y vestida ante la mirada y escucha de esa otra: la erótica en lo otro: la muerte.

De eso la vida: madre del verso y de lo humano.

La razón sueña, y el sueño no tiene razones, sino un portador y espectador, que requiere a la espectadora y envolvente pasión cual instinto enlaza a lo humano, ahí donde se es culpable y libre, esto es, en el placer encarnado en la psique, amante del caos  y de la memoria.

La preñez humana enamora a Dios para alejarse del incesto, nace del amor entre el hombre y la mujer, aupados en la única lealtad posible la de la soledad y de  la sombra.

Quizás la de la muerte.

Quitarse la condena mortal es un invento del amagamiento del lenguaje, que cubre, devela  y se revela en ese no hay clímax,  ni ser para el uno en la creación de una sexualidad creadora, aboriginante, sin mediación  de una relación sexual.

La cópula del arte está hollada en la piedra, en la piel tatuada, en la letra, en los desechos, en los restos de los amantes y amadores de la expresión única y posible, la del lactante y actante a la vez que lindera entre la bestialidad y lo perverso, entre lo humano e inhumano; entre la marca de los deseos y mordeduras.

Testimonio o vestigio de la batalla a engendrar.

El frenesí del goce,  el puro y simple choque con la oscuridad, el instante del reflejo del Eros en el amor que ciega por la imantación de la atracción sensual hacia lo hermoso y sublime.

La obra creada es el semblante del ritual profano y sagrado.  La ofrenda humana despojada del poder aberrante y aniquilador.

El ser para la muerte retorna con una presencia eterna  a la vez grata e ingrata dentro y fuera de sí.

La trasgresión de lo masculino y femenino, revés de lo que no se es y es, de lo que se da y no se tiene, de lo que se tiene y no se da.

A pesar de que somos fieles  a lo que no se es, aún así, se creó el artificio de la fidelidad a lo que se es, esto es, el femenino para el masculino o viceversa.

Los contrarios se oponen, los iguales se desencuentran, los diferentes se diferencian…

Lo insoportable se soporta, se lo porta como un estigma de las razas: en el nacimiento del ser, su erótica amatoria primigenia.  Símbolo de vida y muerte en el aquí, allí y más allá de la palabra y de la materia.

Lo indescifrable del enamorarse y desenamorarse, los acontecimientos del encanto y desencanto.

La inevitable encrucijada del cuerpo y la imagen, la mirada y la voz en esa forma y texto del habla y la escritura.

La expresión máxima de la angustia confrontada al vacío, a la ausencia y la nada del no ser en su inalcanzable e inagotable existencia mortal y no idéntica ni al sí mismo ni al otro fuera y dentro de su psique y de lo corpóreo.

Lo suficiente e insuficiente de su trascendencia y soledad junto a su yo aprobado y desaprobado.

Todo es una tentativa de consumar el amor que no se plantea la bestia.

El desencuentro humano es un encuentro riesgoso y posible al fin de todo.

“De esos centenares no amo sino a uno.  El otro del que estoy enamorado me designa la especificidad de mi deseo”

(Roland Barthes)

Ahí el nudo y drama, hasta tragedia y divinidad de lo que se busca.  Lo que está en el otro no está de verdad en el otro ¿quién da lo que no tiene?

Volvemos a la ilusión y desilusión del amor pasajero de la pasión y del deseo, de donde deviene por causalidad y en ocasiones el arte, la poesía y la plenitud erótica.

LA POESIA FEMENINA EN EL ECUADOR

Es un trabajo estético insertado en el diálogo interior con la vida que se presenta como asombro y horror, como historia y fantasía, como silencio y grito, como testigo y testimonio.

Hay un replantear de la palabra más allá de las vivencias, del discurso e incluso del hacer creador, igual, el hombre piensa y habla porque es un ser humano.

El  hombre no tiene la exclusividad como creador del lenguaje, la mujer crea también, hasta se podría decir doblemente, pero no se trata de competencias, irónicamente, cito a un amigo que al opinar sobre las mujeres escritoras de poesía dijo “como el macho es el líder de la manada, la mujer es la vanguardia de la poesía ecuatoriana”

Ahora sí podríamos decir que la mujer hace y huella una memoria del deseo.  Tiene una escritura propia, que evidencia, traduce, traslada, y denuncia lo corroído, lo perdido y vendido.

También podríamos decir, que ella, nosotras, tenemos una posición comprometida y asumida de la palabra creadora, esto es, dar la posibilidad de volver a creer, crear y crecer en el conjunto con los otros.

Si cogemos opiniones vertidas últimamente por las poetas ecuatorianas representativas en su trayectoria de trabajos tenemos:

Sonia Manzano “mi escritura, pese a estar exenta de hipocresías, no se ha despojado de ninguna máscara, pero, ¿acaso la permanencia de lo oculto no resulta más impúdica y enigmática que la misma desnudez al descubierto?”

 

 “no obstante la carnosidad que me recubre

soy el único hueso que ahora me atraganta

soy el feto terriblemente viejo

que muere por su propio tabaquismo

en las aguas servidas

de su memoria amniótica”

 

Maritza Cino “Creo que la escritura poética nos exige un reto y un tiro, un reto y un rito para liberar la palabra de todos sus convencionalismos y cánones establecidos.

Liberarla para romperla y violentarla en su esencia literal.  Liberarla para convertirla en símbolo…

Es una primera imagen insomne que nos acosa y nos persigue para desafiarnos en el desarrollo funcional de la totalidad de un texto poético que ya es parte de un proceso, de una reescritura, es decir del oficio.

 

“La mujer rompió su monasterio

contemplándose

liberó las anclas de su fuente.

 

Naturaleza de misterios,

alteró el rasgo de los siglos.

 

Convocada por la vida

gestó el renacimiento.”

 

Catalina Sojos “el erotismo es una fuerza consustancial al ser humano…Pero eso sí, mirando las cosas desapasionadamente, debo decir que es importante el rescate de un tema que ¡quien lo creyera! todavía sigue siendo un tabú…”

“Me rodea la luz como piedra

escalo

bajo la sombra dorada  de tus ojos

amarro mi extravío entre las grietas

llevando en cada afán el germen del vacío

 

todo para llegar a ti

(SISIFO)

 

Margarita Laso “Así como el  misterio humano comprende el erotismo, el lenguaje entraña también una materia de abundante eroticidad…

Si el erotismo es inconmensurable, la sexualidad humana lo es mucho más.  Y la ambigüedad de la palabra una fortaleza y un abismo”

“El arco de carnero de mi lengua no te susurra

tu cabeza alumbrada por los instintos escucha

su estela de saliva”

 

María Fernanda Espinoza “Escribo por una necesidad vital y porque es una forma de realización personal.  además, en la literatura busco mi justificación para existir y sentir que estoy aquí por una razón”

cuando vuelvas

la ceniza

devorará la huella

se posará en la memoria

hasta borrarte”

 

Aleyda Quevedo “Nunca me sentí prisionera ni de la cultura ni del género.  definitivamente mi proceso personal y literario no pasa por ahí…

La imaginación de mujeres y hombres siempre será libre, aún cuando todavía en nuestra sociedad exista el machismo, el feminismo trasnochado y la intolerancia”

“Es el tiempo de las mujeres

moviendo las montañas

los hombres parecen haber olvidado

las leyes del amor”

 

Rocío Burgos (fallecida)  El amor es universal, un todo cuerpo a cuerpo.  es tocar, besar, abrazar, succionar, conocer.

Mujer con hombre, hombre con hombre, mujer con mujer.

El amor es polimorfo perverso, es mi cuerpo perdido en el tuyo, es mi ser perdido en el tuyo.

“Habito una isla

de fantasmas

donde el péndulo refleja soledad.

 

El dolor:

una espada

rota.

 

 

Eludo

mi tristeza

en la escritura.

 

Una mujer

caza

con su ombligo

océanos

de ternura.

 

siento temor

de los remolinos

 febriles.

 

En una hamaca

urde

sus ficciones.”

Y quien les habla:

 

Carmen Váscones “Nunca me he sentido presa de mi deseo ni del semejante.  Las mujeres que me impactaron en la historia de la vida cotidiana y literaria, tenían algo en común, eran luchadoras, a contravientos se dieron un lugar, provocaron escándalos, eran protagonistas, eran seres reales haciendo de sí  sus propias historias e inventos.

Los misterios que cada una traía, eran como secretos, enigmas, eslabones, y restos del árbol del bien y del mal.  La ciencia de ellas no se reducía al fruto carne de su carne.

La sabiduría las empujó a develar otras búsquedas, empezaron a salir del paraíso, de la tierra prometida, del sacrificio y del mito, de la hoguera, del yugo patriarcal y de su cuerpo matriarcal.

Labraron otros caminos, otras posibilidades de convivencia, otros diálogos, otras escrituras.  Otras tablas de la ley.

Crecí mirando mi rostro, el de mi madre, y el que iba viendo en el espejo metamorfoseándose, vi el de las otras.  Tuve la certeza desde mi infancia de una trasgresión innata en mí.

No soy adicta al dolor, ni de fuegos que queman, ni de rejas reales o imaginarias.  Amo la libertad, es mi vanguardia para sentirme libre y serlo, disfruto de la naturaleza, de lo simple.

Habito, investigo y participo de la realización humana, no soporto el desprecio ni la humillación, me rebelo contra el que la ejecuta, lo siento no digno.

Soy una inconforme de los actos injustos.

Para mí la palabra es un espacio de libertad, en eso mi padre fue un gestor y motivador, él nunca fue un represor ni censurador de la expresión de la belleza, nunca dejó de manifestar su deseo  y su  amor que profesaba a su mujer, mi madre.

Crecí en la expresión libre.

Que bueno, que nosotras las que escribimos poesía profanemos los secretos del placer y del pensamiento, que el tabú de lo prohibido no sea un goce que se reduce al lecho y al acto de engendrar hijos, sino, a descubrir y palpar en la huella femenina esos otros goces que hacen que digan que hablamos sin tapús, sin mordazas, sin pedir permiso a nadie.

Por ahí leí que cada mujer es una moral, acaso el hombre también no lo es.  El erotismo es la existencia de la vida y la muerte juntas, En un poema de mi libro Aguaje digo “Ser valiente/ es señalar la desnudez/en toda su fragilidad:/un recién nacido”.

Esto, acaso no es, sublime y erótico, un llamado y pedido de respeto y dignidad a esa condición humana que vemos, nos conmueve y nos lleva a darle un lugar de honor en lo único que poseemos, este cuerpo que nos acredita un paso por la tierra.

“Hago de mi palabra una mujer a cada instante”, a quién le molesta eso.  Fundamentar la vida es no desconocerla, es darle presencia, y si eso es erotismo, bien venido.

Nunca me he hecho un propósito de escribir poesía erótica, entendiéndose esta, como una exclusividad de deleite corporal e imaginario donde los protagonistas sensuales están metaforizados por un goce único, algo así como una cópula simbólica.

Si es por ahí, donde va la pregunta. No.  No escribo poesía erótica en ese plano.  Escrituro un cuerpo del lenguaje, soy una escribana, una albacea de la escritora y de la mujer que hay en mí y de las otras que surgen en mi habla y que están día a día haciendo sus historias.

La vida involucra la belleza, el candor del erotismo, pero su teatro conlleva dolor, consumismo, codificación  y un sexo de derrotas. Siempre la mujer será piedra de toque en su cuerpo, acto, letra y palabra.

Dejará qué decir, pues, ella ya no es la ausente, ni la inspiración, ni la musa, ni la amante ni la simple dama reducida a su labor de servir, callar, parir y obedecer a su marido y satisfacerlo.

Creo que hombres y mujeres generan sus géneros, sus diferencias radican en sus singularidades y posiciones entre la cosa, el objeto y el sujeto de sus usos y abusos, esto es, el goce de su estética frente al ser femenino o masculino de su creación,  historia o invento.

Claro está que esto incluye su libertad frente al contexto social, familiar y cultural, a la sexualidad  y principios que rigieron su formación, imaginación y conocimientos de lo humano, que le acompañan desde la cuna  de su historia.

Pasar a analizar  la escritura de hombres y mujeres y de sus particularidades, es entrar a al proceso de desinhibición, audacia, síntomas, creaciones y angustias que acompañan a cada creador o creadora, que se juegan en sus respectivas épocas.

Los textos hablan por sí mismos, y habrán expresiones y demarcaciones de sentires y decires donde los regodeos con las palabras serán algunos más carnales, sensuales,, reflexivos, místicos, metafísicos; y en este sentido tanto hombres como mujeres están plasmando su  matriz psíquica, y sus formas de contacto con el mundo polimorfo.

Si me preguntan ¿Tus formas eróticas implican develamiento, la caída de la máscara?

Contestaría, Creo que mis formas mortales, siempre están involucradas con el sentido de la vida, con el sentido de la muerte.  Es como que tuviera un ojo hablante que no deja pasar con facilidad la miseria a que se está reduciendo los hechos de los habitantes, que no acepta con facilidad el conformismo a que nos han reducido.

No comparto la mezquindad, ni la idolatría a la vanidad, me siento como un río subterráneo  entre la piel y la realidad, mis aguas son mis versos que humedecen el desierto del alma.

Y cuando se me agote ese río ya no tendré nada que decir, quizás sólo morir, quizás sólo reconocer que sido parte de la vida.

Carmen Váscones

4 de julio de 2001

Nota: Las opiniones de Sonia Manzano, Catalina Sojos, Margarita Laso, María Fernanda Espinosa y Aleyda Quevedo fueron sacadas de la revista “Vistazo” (julio 20/2000 y abril 26/2001).

ENTRE CUERDAS LA VOZ por carmen váscones abril 27, 2009

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 No es tanto como el autor dice, pero es tanto como lo ha podido decir.  Entre cuerdas la voz,  el compás entre los cuerpos. 

La música se abre como un tiempo apropiándose de nostalgias empecinadas en los grises inviernos.

 

Reitera la historia entre cada estrofa sus partos, conquistas y fechas.

 

 

 

 

 

¿Qué se deshoja en este himno romántico canto de todos y de nadie?  Intimidad ingenua  de verano, ciclo rotativo de intempestivas lluvias, sobre ti un pendil de luna llena.

 

Abrazándote una sombra, la de aquel que se pregunta ¿quién era su amante, acaso la muerte o el nombre tuyo que se envuelve entre la ira y la belleza de todo el ignoto ser que eres?

 

Tus pobladores se visten de celeste y sonríen en la faz de tu pasillo, creen que han robado cinco estrellas, más no saben si al mar, al cielo o a una guerra. 

 

La duda te inventa, te atormenta, te destruye. Te  devalúa. Hasta hace inventario a tu vientre.

 

Hace de ti una ambición en un límite estratégico.

 

Te parcelan como juego de ajedrez y en cada partido elige tu rey.  ¿Y sigo siendo qué?

 

Eres la reina de los peones de esta tierra, los caballos yacen desbocados en los monumentos erigidos en  tu nombre. 

 

El guardián del tiempo pregunta dónde está la perla que surgió en ti o rugió en la emboscada. 

 

Su presencia está perdida entre el Pacífico y la ostra no encontrada.

 

¿Quién te arrulla, te atormenta de pesadillas, quién te invade de basura, quién tumba tus cerros, quién tala tus árboles? ¿En qué jardín te han convertido?

 

 

Te llaman soberana de tus empeños, pregunto ¿cuáles?  Tal vez olvido y oscuridad. 

 

Y qué de las promesas para con los niños  de la madrugada que cuidan carros estacionados fuera de casinos y discotecas.

 

Qué de las niñas que venden los diarios cuando otros infantes duermen.

 

Qué de los vagabundos guareciéndose bajo los portales.

 

Qué de los muertos en  las calles, por culpa de los ebrios conductores  o de los que atascan porque van atrasados al trabajo, que sin “conciencia” alguna se cruzan las señales rojas o no respetan ningún pare.

 

Que de las protestas acumuladas en carpetas y de las frases estrelladas en las paredes de lo cotidiano; qué de todo el resto. 

 

Crímenes y robos organizados o sospechosos imperan en el poder de la violencia y del placer de la crueldad…

 

Tus empeños empeñados en los bancos de los parques y en los bancos que juegan la transferencia de tu prosperidad y felicidad.

 

Pregunto ¿Qué formó Dios en tu bello cuerpo, qué  protege tu figura, qué sueño abraza tu río, en que espejos te miras?

 

Se escuchan murmullos acompasados, se distingue el poeta, el escribano, el ama de casa, el vendedor de verduras. 

 

Todos a una voz, el coro humano repite “Guayaquil de mis cantares”. 

 

Continúa el solista y el taladrador de  las palabras continúa.

 

Qué hacen tus rubias y morenas que enloquecen de pasión, las que asoman en su balcón y mitigan negras penas; qué de las que miran con pasión el crimen que ronda. 

 

Les palpita el corazón y encienden una vela a su santo de devoción y prometen esa noche no amar para que Dios se apiade y limpie las cloacas de este mundo.

 

Qué de las que con sus ojos verde mar hacen anclar la esperanza, la hospedan en su femineidad, la tinieblan de bohemia, la embriagan de sus olores y le prometen que a la tarde siguiente del domingo irán a misa junto con su marido una vez que llegue del partido de fútbol  y si falla al cumplimiento rezará un padre nuestro para quedar libres de deudas y culpa, que la próxima no fallará.

 

Y qué de los ojos negros anochecer que nunca deja ver los cadáveres dejados en “las cruces sobre el agua”, de los indios azotados por los dueños de los cañaverales, de los estudiantes muertos por el caos, quedaron para siempre enredados en su angustia, se desbandaron entre tanto miedo contenido y odios nacidos en el dolor y desamor.

 

Todos ellos han perecido en el placer de la violencia, su protesta y rebeldía.  Su rechazo. Donde sus pasiones han encontrado repudio, resentimientos, rechazos, torturas, malentendidos, olvidos. 

 

Una página rota en el nombre del padre del hijo y de la comunidad. 

 

¿Qué han hecho de tu bandera, de tu escudo, de tu himno, de tu historia?

 

¿Y qué de los cadáveres, los de las batallas que galopan en el calendario. Los que reposan en una rosa marchita.

 

Los que se aprisionan en una servilleta guardada; el que acompaña en un hueso seco, el de una vez en un hotel, en una mirada que no llegó  a ser cita.

 

¿Qué de las que imponen siempre su querer, fascinan al mirar, embriagan al besar, son sus labios de cereza un reclamo de dulzura, de amor, de identidad, nombre, de particularidad y señas, lugar del descanso. 

 

De vida y muerte entre tantas palabras, sacrificios y placeres. 

 

Mujeres de este puerto un eterno ignoto mar.

 

Tú ciudad, eres una mujer vestida de sueños y razones donde anhelan tus hombres vivir para nunca más sufrir, ansían llenarse de tu ternura, desean descansar en ti de su tanto andar, y sus almas quieren enterrarse en ti para siempre estar.

 

¿Dónde sus almas realmente anhelan estar, dónde sus cuerpos desean habitar? ¿De quién eres prisionera, del mar, de ti, de tu gente, de las palabras?

 

Eres fulgor, muerte y amanecer. Palpita en tu corazón el crimen, el horror, la ternura. 

 

Tus muertos y amantes yacen en hinojos cuando entierran sus silencios en ti. 

 

Anhelan sus descansos entre los que quedan. 

 

Recuerdan y nacen en tu canto otra vez. 

 

Un nuevo coro nace en ti  ciudad de mis amores.

 

carmen váscones

1/1/1989

 

 

 

 

 

 

“BREVE POLIFONÍA HISPANOAMERICANA” DE ALFONSO LARRAHONA KASTEN, por carmen váscones noviembre 30, 2008

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Lo esencial deja ver un alma Haikú, “breve polifonía” de poetas recorriendo el artificio de la creación. 

 

La imagen inmediata captada en la prisa del párpado.

 

–Entreacto- se asienta en la palabra como propietaria del escenario de una sola escena:

 

La metáfora, una imagen de plenos y planos de  sentidos.

 

 Allí la luz es oscuridad, la sombra es fuente.

 

Vernos desde la palabra sin barrote, sin realismos solitarios. 

 

La vida misma se inscribe a pesar de uno. 

 

Ella nos delata. 

 

Nos envía al singular que se vuelve la otra vereda de la sociedad: “defendiendo las causas justas”  puntualiza Julio Adriazola Palma, por qué no, para ubicar,

 

El amor acampa en las dendritas del tiempo.

 

No está preso, a lo mejor es un refugiado clandestino dándose oportunidades.

 

Se evapora como energía confusa entre nimbos y estratos. 

 

El verso transfigura el nacimiento, asemeja y desasemeja.

 

No se puede ni se debe querer domesticar la muerte, porque esta estalla. 

Si le pone bozal, o la acorralan en el cuerpo, ella se desploma y revienta en la esperanza, y aquella última no se deja tocar, se refugia en el embrión.

 

 

Este trote cansa, este no poder ser en el espacio del mundo. 

 

La palabra me recuerda que aún existo, que no me olvide de mí.

 

“Nuestro sea entonces el espíritu primitivo de la alegría”, shamana Soledad Alvarez.

 

 El cantar de lo femenino una ausencia irreducible en lo masculino. Despertar.

 

Habitante deshabitada del género que clama una caricia original sin pretexto de pecado concebido.

 

Orilla la palabra al cuerpo para que no pierda su causa y cauce. 

 

Entre tornados, ozonos, bombardeos,  balaceras al universo, cuentos ocultos, y cuentas de sangre.

 

 – La palabra se quita el peso del luto-

 

La poesía se escribe: se inscribe: el nacimiento.

 

La tierra está caliente, brama coraje.

 

No aguanta al pensamiento desierto de ética y sentido común. 

 

El sol quema a la piel, a la madera, al papel. 

 

La letra se extingue. 

 

La voz se reinventa, hace una camino de kipus.

 

El sonido sonoro persiste igual a un poema inclaudicable e insubordinado. 

 

No se deja quitar el deseo.

 

La ternura acampa en la caricia de la pregunta.

 

¿Todavía estamos a tiempo para continuar o empezar?

 

El sentimiento se deshiela en la rabia del tiempo. 

 

La palabra restaura la imagen del verbo. 

 

El acto creador no deja pasar por alto la historia humana. 

 

Lo inhumano es un accidente del desencuentro del habla y del diálogo. 

 

No hay comunicación posible.

 

Solo crearnos y empezar en el tú: te creo- me creo.

 

Celebremos la vida sin gravedad mortífera. 

 

La relatividad y la vulnerabilidad del paso por la civilización y su progreso devastador con su falta y negación de todo principio.

 

El deseo y el placer un bostezo sin codicia. 

 

La muerte no tiene máscara para la poesía. 

 

El mundo se le acerca sin temerla.

 

En el tablero del lenguaje: la vida sin ningún espejo, ni ahogos en reflejos.

 

La poesía y su arte de ser: una lectura de vida y no de enseñanzas. 

 

Se escribe y pronuncia la palabra por ella misma en su propia lengua: “dulce y amadamente”…”desde que el primer hijo –en noche de tortura- se desprendió de ti como un brazo viviente” de Jorge DeBrabo estos versos significantes.

 

Tiempo de una fábula sin moraleja en la realidad de la imaginación del creador. 

 

Sin arma ni asesino, el verso apunta al centro del alma.

 

 

La escritura del cuerpo una voz íntima y desnuda de crueldad. 

 

Voces juntas: las letras, sonido imagen sin sentencia, sin crimen, sin lista negra, sin desaparecidos. 

 

Insepulta y sin omisiones saca a los desaparecidos, levanta la huella de la ternura, graba la historia en la raíz mutilada. 

 

Asienta, compacta, no pacta con la destrucción aberrante de la gloria azotada y reventada en los campos y cuerpos…

 

Indefensa morada del mundo, la naturaleza llora y rabia su dolor, sus hijos también. 

 

El oriente parece un ocaso del alma en manos de los inquisidores y exterminadores del destino.

 

¿Qué de América?.

 

Ella resiste del choque del poder.  Sus caciques ensayan su festín: más deudas y saqueos, a la memoria le quitan el mapa. 

 

Los límites son las venas y las hoyas de una raza fragmentada.

 

El placer incondicional de la libertad es un combate de células: 

 

La humanidad yace mutilada de amor.

 

Anota el poeta Escobar Galindo “para mí el fin del mundo/ sería el mundo sin ti”.

 

Tú singular que convoca a un yo con voz propia”.

 

Que no tengas temor de ser atravesado por el suspenso de una respuesta que no quiere compartir la ausencia.

 

Una vez recorrido el tiempo consentido “solo el rumor sin sentido de la muerte” Eugenio García.

 

La vida nos pertenece, es nuestra, y quien la quita hay que denunciarlo, porque se tiene una sola.

 

Ella es: “poesía: llena eres de gracia”, eso debe ser.

 

 

Para que todo andar no sea silencio amordazado ni cómplice encubridor, ni una palabra imposible

 

Para que se fundamente toda historia. 

 

Para que nadie se vuelva un extranjero ajeno, Francisco Matos Paoli lo eternizó así, “y te has vuelto un extranjero/ porque tu yo/  no resiste el recuerdo con dolor”.

 

La memoria es territorio, realidad habitada, biografía, un “romance de luna y miel…si te faltara el encanto…”

 

Según José Guillermo Vargas.  Es un “aquí estoy”, como lo dice Pablo Neruda.

 

Si la existencia tiene sentido, no tiene “sentido” llorarla una vez partida. 

 

La muerte tiene una misión que cumplir: que viva en el cuerpo la palabra que redime,  que acerca y transmite, que interpreta la compañía sin miedo ni estafa.

 

“Sola entre millones,/ divagando”…”ninguna rosa me gustó tanto/ como esa que jamás me diste”, -sin nada que agregar a esta mirada- de la  sabia Eliana Godoy.

 

La poesía junto con su ida va distraída y despreocupada de la inmortalidad en medio de la desnudez.

 

Motín de rubor y pudor en el jeroglífico de un par de ojos ciegos y desbocados por el umbral de una voz naciente:

 

 

“La causa amatoria de la vida”, Juan A. Massone.

 

La poesía es la vida que no choca con la muerte.

 

Es la imagen de la palabra que conquista su relatividad sin aniquilar.

 

Tejido dulce, salobre, hiel y sangre el enigma de la tierra. 

 

Que se invente de nuevo la humanidad. 

 

Bienaventurada sea  la palabra porque de ella será el reino de las voces.

 

La poesía, una estrella fugaz, quién no la ve no la merece, ya que no tiene ningún deseo que cumplir ni pedir.

 

Nos da la oportunidad de no dejar sin sonido el alma dentro y fuera del cuerpo.

 

Breve Polifonía es un libro hermoso, tierno, diáfano y de profunda sencillez. 

 

Esencia de  semilla germinando sin temor a la tala ni al genocidio de la globalización.

 

(525 poemas breves de 175 poetas de 18 países: Chile, Uruguay,  Argentina, República Dominicana, Costa Rica, Bolivia, México, Venezuela, Perú, Paraguay, España, Panamá, El Salvador, Cuba, Puerto Rico, Colombia, Honduras, Ecuador.) Edición del FRENTE DE AFIRMACIÓN HISPANISTA A.C. MÉXICO, 2005

EL ANATOMISTA DE FEDERICO ANDAHAZI (ESCRITOR ARGENTINO), por carmen váscones noviembre 30, 2008

Posted by carmenmvascones in Ensayos, Lectura y Reseña, por carmen váscones.
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EL ANATOMISTA DE  FEDERICO ANDAHAZI (ESCRITOR ARGENTINO)

 

Historia de un descubrimiento y la crónica de una tragedia en el hallazgo del Amor Veneris o Placer de Venus pareciera dejarnos como legado Mateo Colón, en el libro El  Anatomista,  uno de los cautivantes personaje de la obra y autor de uno de los “descubrimientos escondidos en los misterios femeninos” ,él de cuarenta y dos años, que  había estudiado farmacia y cirugía, que usaba el pincel como un bisturí para hacer sus “mapas anatómicos” había emprendido una investigación de Re Anatómica en l558, él que experimentaba con cadáveres de animales y cuerpos femeninos vivos y muertos para precisar sus conocimientos, estaba cerca de la condena y la horca. Los cargos que se le imputaban: herejía, perjurio, blasfemia, brujería y satanismo, además su hallazgo estaba destinado al silencio y a no ser público por considerárselo un atentado y peligro para el conocimiento mundano, cosa que no ocurrió como se verá en el desarrollo de la trama…

 

Tenemos a Inés de Torremolinos con su papel de hija mayor no bienvenida para su padre, con su femenina primogenitud, beneficiada con el abolengo y linaje pero con la desgracia de ser mujer, su padre “maldecía el vientre de su esposa que había sido incapaz de dar un varón de su sangre que al menos pudiera traer un dote”. Ella, fue entregada al matrimonio a los trece años al pariente de su progenitor. No hubo gala, ni seducción, ni amorosas cartas, ella “llevaba una cristiana castidad marital”, despojada de pasión y usaba el marido como si no tuviera, no sentía la menor atracción hacia el marido y en rigor hacia ningún hombre, al morir su marido se volcó a dios y a la crianza de sus hijas y encerrada en el monasterio que hizo construir.  Viuda y beata todo su “espíritu se volcó a la compasión, a la misericordia, a la caridad y sobre todas las cosas y a Dios… no necesitaba de otro amor que el de ÉL, no se veía privada de consuelo de un hombre, no añoraba placeres” hasta que un día el sufrimiento, la enfermedad, la cercanía con la muerte, y la  falta de consuelo en el Todopoderoso aumentó su tormento…  “Un hombre se interpuso entre su diáfana vida y la gloria eterna”, sus días de camino a la santidad acabaron, Mateo Colón que no tenía idea de lo que iba a ocurrir, acude a la cura de la agónica mujer, y ella va a ser el eslabón, precisando, el cuerpo donde hizo su hallazgo, su descubrimiento: su dulce América, “la sede del amor y el supremo placer de las mujeres, a ella le deberá gratitud por el haber podido revelar la obra divina en lo que al amor femenino se refiere”…

 

Y Mona Sofía hija del infortunio robada a los dos meses de nacida a su madre, vendida y comprada por las matronas y patrones de prostíbulos, esos fueron sus padres putativos, dormía y crecía en “la escuela de los burdeles”. Lloraba y comía como devorando la vida que le quitaban a cambio de otra. Con sus grito mostraba su inconformidad, que “era su primer e inocente signo de peligrosa rebeldía…su espíritu se tornó ingobernable, áspero y peligroso”, en su formación que recibía, el objeto inmediato era la “interdicción del amor y el placer para evitar el enamoramiento”, ella, se declaró exenta de  toda culpa y complicidad en los pecados de Eva”, a los 13 años  fue su iniciación como funcionaria pública, a los catorce años anunció su libertad, no la pidió, la dijo como una sentencia , “exijo que me otorgueís lo que me corresponde: mí cuerpo.

 

Ellas dos, Inés de Torremolino y Mona Sofía van a ser los extremos del campo de la anatomía donde el investigador gozará y sufrirá su suerte de destinatario de  amor veneris correspondido y no correspondido, serán término y fin de  la teoría inconsistente, refutable,”de lo que no deja huella ni testimonio”, dos mujeres iNnombradas en los folios del anatomista, que hicieron de vector en una ruta imaginaria del hacedor del placer efímero en la curva donde se deshace el verbo del placer y del dolor hasta el último día de la muerte. La primera, fuente de la revelación “más increíble”: el Amor Veneris  y la segunda, era la tierra que él se había jurado, como un destino ineluctable, ella era la causa de su vida y nada en el mundo podía impedir que le entregara definitivamente su corazón”, este era  un amor fracasado en el que anhelaba un lugar en su corazón, el que se sentía que tenía la llave que abría las puertas de la voluntad  de la mujer que quisiera para sí, y aquella mujer era Mona Sofía, solamente ella, a la que veía en su imaginación perdidamente enamorada de  él y convertida en la más leal de las mujeres y en la más fiel esposa.

 

Es así, que en el trayecto de la casualidad esta dos mujeres sin enterarse de sus existencias van a jugar un “rol” en las manos y en la utopía de la conquista de la meta que se había trazado este hombre, el renacentista  anatomista, que era “la meta nada original: conseguir un preparado que pudiera apropiarse de la volátil voluntad de las mujeres”….  Pero, lo que buscaba, lo halló sin la más mínima idea, empezó a sospechar, que “tenía ante sí el más increíble descubrimiento de la misteriosa anatomía humana femenina”, la poción de amor quedó desechada y pasó a primer plano la pequeña protuberancia cerca de la abertura de la boca la matriz, la sede de esa colonia pertenecía a Inés de Torremolinos…

 

Él creyendo que para gobernar el corazón de una mujer, su mona Sofía, habría de conquistar primero el de otra mujer, doña Inés; Ahora sí, los tres, cada uno en su vía crucis van a hacerse el destino que les confiere la voz hablante del narrador y los hechos que les  conciernen y acontecen.

 

La novela  transcurre en el renacimiento donde la “historia estaba contada por la grave voz masculina” y el descubrir marcaba la era de los reconocimientos y desconocimientos que fluctuaban entre lo pagano y los sagrado, encaminados a la guillotina si las investigaciones se excedían a las verdades de las sagradas escrituras.

 

Contextuada en el aposteriori del tiempo del navegante y conquistador Colón, su ida a las indias y los pasos del colonizaje, el inicio de la novela se inaugura con esta frase lapidaria ¡oh, mi América, mi dulce tierra hallada!, Y esto ¿qué quiere decir para Mateo Colón?, El mismo que fue “un colonizador brutal que reclamaba para sí el derecho sobre las tierras descubiertas: el cuerpo de la mujer”.  He aquí el nudo y centro  que dramatiza y desencadena la construcción de una cartografía de la anatomía humana para seguir los cursos de las nuevas cartas y mapas de navegación que había emprendido este otro Colón, igual descubridor y explorador anatómico de su hallazgo, que lo bautizó con el nombre de Amor Veneris, que estaba centrado en el cuerpo de la mujer, que lo precisa como un centro oculto, como una causa, como una anomalía, como un órgano con forma masculina, que es algo parecido al alma y está situado dentro del cuerpo tal como se encarna un demonio, de ahí se entendería el oscuro proceder femenino, que en este órgano está el origen y el destino del deseo sexual en ellas. Que posee vida, voluntad e inteligencia propias que guían el proceder del ser, que es la llave del amor y del placer y otras designaciones más.   El anatomista: amo y majestad, dueño y patrón, soberano e investigador, así se sentía al creer que había encontrado la razón anatómica del amor en las mujeres, además,  se ubicaba como el propietario del secreto de la llave que abre el corazón de las mujeres, del silencio que gobierna la misteriosa voluntad de lo femenino.

 

Como una sentencia suena encontrar en el  escrito que, para la mujer existen dos caminos virtuosos: la virginidad y la maternidad y dos caminos corruptos: el pecado o la enfermedad… Que el hombre debe proceder con la mujer del mismo modo que su alma procede con su cuerpo puesto que el cuerpo del hombre es femenino como su alma masculina, la metafísica de Aristóteles y la Biblia es soporte para las definiciones y soberanías de la patria potestad en el cuerpo de la mujer.

 

Queda la huella de lo femenino como estigma en el cuerpo de las dos protagonistas en la novela, Inés quiere ser dueña de su corazón y se castra el amor veneris, para prescindir del amor y dejar de sufrir; y Mona Sofía quería lo único que le correspondía: su cuerpo, los hombres tenían un tiempo acabado en su vida, ella  estaba agarrada por el hilo de la sífilis.

 

Entre la crónica y la historia del descubrimiento hay muchas aguas por recorrer en cada capítulo, hasta llegar al mismo fin de la vida y muerte de los personajes.

 

Sólo queda al lector  adentrarse en este libro donde la inquisición, la mujer y los dioses están en manos de las escrituras masculinas, tanto del autor, como personaje y de todos los otros invitados del “sexo fuerte de la obra”.

 

Fascinarse, horrorizarse, asquearse o hacer un ¡hum!, qué interesante! Es su tarea, y lo que descifre de la obra.  Total, si no hubiera creación ¿cómo podríamos traducir lo innombrable, prohibido, condenable, repudiable?  El placer de lo oculto es un saber a saberse quiéralo o no.  Desde una epistemología del síntoma del hablante  encontramos la estructura de una sexualidad escamoteada en los artificios del arte y la enfermedad: la obra póstuma de cada vida incinerada entre escuchas, lecturas, en nombre de la palabra, no se hace tu voluntad ni aman como tu no les has amado.  Amén.

 

Libro:    “El Anatomista”, autor Frederico Andahazi, Editorial El Planeta, 1997, 277 páginas.

 

carmen váscones

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