jump to navigation

SANGRE EN ORIENTE Y EN OCCIDENTE, bajan, bajas, bajadas, cara o cruz, carmen váscones enero 4, 2009

Posted by carmenmvascones in dios y poder, genocidio, guerra, muerte y finitud, Periodismo, POESÍA, tierra y vida.
Tags: , , ,
add a comment

¿Qué significa pertenecer a la especie humana?  ¿Es un privilegio poder decidir la vida o la muerte de los otros?  ¿Qué me preocupa?.  Tengo una emoción nirvana en mis dendritas.  Una pantalla en blanco se ha puesto mi memoria.  Hay algo de mí que no quiere metonimia.  ¿Acaso la conjugación del mundo y la pertenencia?

 

Llega la cruzada de la infancia.  El derecho y la ternura amanecieron.  La tribu definió su guerra, la princesa arriba entre balsas, flores y guajiras.  Un ritmo de encantamiento agolpa sobre música extraña.

 

El golfo sombrea de lila los sueños garabateados en el iris del malecón.  La consagración de mayo acoge los anuncios de veranos.

 

Libaciones de renacimientos predominan la entrada del Puerto.  Guardias aludidos asoman sobre la terraza.  Divisan el mar gastado y escombros de un jardín.

 

Un banquete en honor a la crónica, figura la tragedia del comentarista.  La sospecha se inspiró en la patente y la huella.

 

La fecha señaló una intima proximidad.  Indultan la palidez del héroe.  Apartó el cáliz subyugado al lecho de la dama.  Asedia la pasión entre relatos y composiciones imaginarias.

 

Los pasajes de una península traducen la estadía de los perdidos.  Hace de comentador el reo del abrazo criminal.

Anuncios

FUGAZ, (cuento) carmen váscones enero 4, 2009

Posted by carmenmvascones in Cuentos, educacuón, pedagogía, Periodismo.
Tags: , , , , ,
add a comment

 

Mi prójimo juega para exponerme al golpe.  El adversario me apunta, me enfrento, caigo.  Comprueba que estoy muerto, abro un ojo, me dice muérete de verdad, dejo de moverme, pego las pestañas, pasan inútiles segundos de pura realidad, mi compañero de juego se pone a llorar, me grita, el cuerpo está inmóvil, me zamarrea, me dice, te dije que te mueras pero no tanto. 

 

Sigo en total inercia, desespera, sale corriendo, se oyen pasos apresurados.  Las dos madres están sin entender, estoy aplastado al vacío, no hago absolutamente nada. 

 

Llora sin acierto, mi amigo, aúlla entre cortado, lo he matado de verdad. Cómo, no entendiendo, sin ver rastro de sangre, ellas comentan, aquí hay algo raro, cada una se apresura  para acercarse a sus respectivos muchachos. Mi madre me toca el pulso, está pegada al silencio, sabe de mis tretas, espera pacientemente, dejo expirar la tramoya.

 

El acostado en el suelo hace un gesto de semi sonrisa, un guiño a su madre, y se levanta de un salto, y todo actuante dice, ahora si te asusté, te gané.  Ya no lloroso el casi asesino sale corriendo atrás de su pana el casi muerto.  Esa es la infancia, juego, diversión y placer de sustos sin otra intención.

 

 

Las mujeres los miran, se alzan de hombros, mueven la cabeza y regresan a lo que estaban haciendo.

 

Las vidillas parecen ondas de viento envueltas en  jugarretas.

MARIANA LA VENDEDORA DE COCO (relato) carmen váscones enero 4, 2009

Posted by carmenmvascones in Cuentos, Periodismo.
Tags: , , , , ,
add a comment

Cuando salió a buscar la vida trajo el hambre. Caminó por los bordes del océano, se acercó a la mitad de la quebrada del poniente e hiló el horizonte en sueños prestados de la rueca.  El huso se le caía de la mano cuando apenas lo tocaba.  Ella contaba en su cuerpo los misterios marcados por el mar

.

Moraba cerca del manglar.  Aprendió a coger cangrejos, a pescar y andar en canoa. Cuenta mi madre nació en el oficio de habitar la realidad, es lo único que sé.  De amor no me acuerdo dice mirando sus manos, apenas tengo un hijo, también otros.  Antes que nazca el barro había envuelto mi memoria y la de  mis antepasados.  Nací aquí.  En el cementerio del pueblo me enterrarán sin mucha cosa.  Así nos vamos como venimos.


Cuando todavía era muchacha traía a vender pescado, conchas, ostiones.  No había carro, vivo vía Data, había sí que caminar.  Hace rato.  Hace tiempo.  Hace cuándo.  Hasta ahora.



Después vino lo de los cocos, eso de andar de aquí para allá, todo el rato en la playa.  Con el calor  y el sol que pega.  Los bañistas quieren pero que sí que no, que les haga descuento, unos pagan no más.  A veces vendo a veces no.  Igual me gusta el trabajo, no me gusta estar vaga, ni echada esperando la muerte.


Así que sí, se me va el tiempo, se me fue, se me está yendo.  Sin que me dé cuenta. Me gusta conversar, mi trabajo es mi orgullo, hago mi plata.



Ya voy para los ochenta, a veces me canso.  Descanso en la hamaca de mi casa, pero no puedo estar sin hacer nada.  Salgo apenas me siento bien.  Y me voy con mis cocos.



Adelante Mariana me digo.



Se levanta, recoge los restos  de estopa, los mete en el saco.  Ya recibió su paga. Se arregla su sombrero, alza en su espalda la carga, en otra mano el machete.  Se aleja.



Deja su sonrisa tierna de niña alguna vez saltando charcos y mudanza.

Deja su historia con la del otro.

Deja algo para retornar.



Desaparece entre el tumulto cargando la sombra  de su joroba.

HOMENAJE A NAUN BRIONES DESDE LAS MISMAS PALABRAS DE SU PRESENTADOR Y AUTOR ELIECER CARDENAS, por carmen váscones diciembre 16, 2008

Posted by carmenmvascones in Cuentos, Lectura y Reseña, Novela, Periodismo.
Tags: , , , , , , , , , , , ,
5 comments

 

“Uno aprieta lo que le gusta, profundos pedazos, olores prendidos

  al poncho buscando una respuesta eterna, hasta los muertos

se guardan en el hogar del triunfo y la derrota”.

 

Al otro lado de la invencible línea,  se desata esta vida que guste o no es la única que tiene para el resto de la historia.  Porque la vida no es cuestión de gustos o elecciones, a uno lo paren simplemente, hasta ser lo que es, lo que será hasta el día de la muerte, “una despedida sin vueltas”.

 

No se puede ser feliz ni en la niñez porque “nacemos duro para siempre”.  La necesidad no espera, aunque todo tiene su dueño, el tener algo es merecer…

 

Ni la muerte es cosa propia, todos parecen olvido de ella.  El miedo y la oscuridad un sudor de eterna fuga.  “ser bandido es lo mejor de la vida”.  Dolor inmóvil del secreto, el que no se nombra.  Arruga sombría del tiempo, destino sitiado en el cuerpo.

 

¿Por dónde llega más pronto  lo póstumo? Nadie se salva de la vida.  ¿Cuál es  el más grande castigo que pueda dar quién al hombre?

 

El recuerdo propio es una mentira.  Engañador del recuerdo ajeno; buscador metido en la memorias de los otros.  Quieres trampear a la muerte para que no se acuerde de ti.  Le temes cual ingrato con miedo a morir, después de haberla gozado viendo caer a los otros.  Cuando ya no eres espectador sino carne para el cañón del horror: prisa sin darte tiempo para nada.

 

Laboriosa mortal, te crees justa en la agonía inexplicable.

 

Eres nunca.  Siempre una creciente rigidez posterior en tu juego solitario del todo.  Destrozas como una envidia sin misericordia.  Tu persecución es monótona e implacable.  Tu todo no vale nada en el l cuerpo.

 

El riesgo humano es vivir, la dama de las tumbas no se atreve a esto.  Muerte estas fuera del combate.  “Cosa que son el mismo polvo de la misma ceniza con que están hechos los hombres”.

 

Cautela y fatiga.  La cacería del triunfo en el recuerdo que no se agota.  Días enteros llenos de nada.  Imaginando la venganza i la soledad de siempre.

 

¿Qué ayer no existíamos?  Hoy soy mañana no estoy.  Destino a otro en el brillo de una certeza.  La vida propia vale más que la de los otros, no me arrepiento de nada.  Es irreparable.  Echarse para atrás es perder tiempo.

 

“Nunca dos muertos se parecen”.  Uno y otro rastro roto en el latido del alma fuera de la tierra.  Solitarios en sus respectivas sangre y sombras extinguidas.


Arriesgar  el porvenir para que le ganes al sueño en su cofre corporal.  Algo perderás en el camino.

 

Cada humano es un uno insoportable que quiere reventar en el silencio del péndulo.

 

La eternidad un refugio entre el cielo y la tierra.

 

Dos cuerpos aguardan movimientos iguales dados al tú de un yo.

 

“Mi fantasma una pura leyenda, una mentira para asustar, un eco de imaginación”.  Suerte taciturna del deseo.

 

Se talla la figura en la sonrisa del agonizante.  Muerte me diferencias del semejante a ti que eligió mi vida a cambio de la propia.  Todo mi horizonte marcado en el cuerpo orificiado en el presagio quedado en la quebrada.

 

Muerte le deslizas hacia el fondo oscuro de la grieta, te deslizas como jinete del instante cabalgando al relámpago que no llegó a la víspera.  Apuestas otra suerte en la meta de otro apostador.

 

“Jamás podrá matar mi nombre –mayor- porque, ya dejó mi cuerpo y corre sin que me necesite.  Deja a la ley las cosas de la ley, el segundo exacto”…

 

“Este relámpago del tiempo que acabe”.

 

carmen váscones

1983

 

 

 

HILARÉ MI NOSTALGIA EN LA POTESTAD DE UNA MUJER (Rosa Amelia Alvarado) por carmen váscones diciembre 16, 2008

Posted by carmenmvascones in Ensayos, Lectura y Reseña, Periodismo, POESÍA.
Tags: , , , , , , , , , , , , ,
add a comment

 

El hilo del tiempo juega desde el principio. En un  presente futuro la punta del verbo, confronta los extremos. La contradicción se impone como recurso para salir invicta con su libertad de ser.  Los hilos de fuego, aire, tierra y agua vanguardia del canto. Sonido de  vida en el cuerpo del poema. Se conjuga el estar y ser en el suceso y en el suceder. El puente del silencio entre el espectador y la mirada del transeúnte. El crepúsculo  cuelga al vaivén de la brisa.  Allí el agua refleja ninguna caída, hace de espejo sin ahogar la mirada.

 

 La nostalgia, nido de esencia, agua fuente, vertiente que mana la atadura y desatadura de un fin y comienzo, hay un antes del conocimiento, también un después propio e impropio,  que pertenece y deja de pertenecer.  El sentido del mundo dentro y fuera, de una en una las palabras unas y unos. Descubre la añoranza de un mí  dentro de un yo, telar de tiempos del  hilaré. “La potestad de una mujer” como lo dice Alfonso Barrera Valverde.  La letra  en “la carne se hizo verbo/ y habitó en mí/ me he dejado poseer por la poesía”. La poeta confirma, ella es de la poesía y no lo contrario. Nos invita, a que avanzamos en el “camino del viento”. El verbo “hace del amor una palabra” sin corresponsal.  “Se desprende de los sueños llorados a destiempo”. Al fin de la cuenta, nos involucra en la celebración, en ese choque de copas,   Rosa Amelia lo expresa así, “si he de brindar por algo/ que sea por un vaso/ medio lleno de vida”. No se tiene la vida entera, siempre se tiene algo del otro, los otros están envueltos en la corambre del pensamiento, es decir y no decir, andar y desandar, acompañado y solo,  conversación y silencio, palabra y ausencia.  Presencia de pases e impases.  Sentir y no sentir. Soy, eres, serás.

 

La palabra no esquiva a su hacedora, la idea empuja la dirección de la veleta.  La imagen señala el lugar, quien lo ve se pierde o se encuentra con en el olvido.  “El poema canta”, pero,  ¿qué?   Lo perdido e irreparable esta cerca del recuerdo, de las circunstancias, de lo conocido,  la voz piensa en extraviarse, pero a la vez, casi de inmediato, se detiene a raya con sus propias preguntas, “más ¿cómo se vive lejos de casa?.

 

Lo conocido aguarda como vientre omnisciente aupando al embrión, como nido cobijando al vacío, como metáfora escondida en el aire. Pura corriente, entre cálida y húmeda. La estación de la memoria  no sale del cuerpo, no quiere eso de experimentar ¿cómo se vive fuera del cuerpo?, ¿quién puede hacerlo?. Lograrlo, es correr riesgo, es como asistir al duelo del propio nombre, o como lo dice la  poeta “es como dejar el alma/ colgada en algún perchero”.  El verso invistiéndose de la imagen no se siente lejos, su nostalgia es con la vida aún pegada “al olor de las cenizas”, con la historia vivida, con el olvido que vuelve, con el sentido quemando en la piel.  Así lo dice “si me voy,/ ¿a qué río diré mis cosas/ ¿a quién dejo mi intimidad más íntima?.


 

¿Qué sería esto íntimo? Acaso “las voces de la vida”, “he acumulado demasiado nostalgia”, o tal vez, esto otro, “ mi cuerpo no sirve para nómada”. O simplemente, la raíz de una matriz converge en su lengua, en su nexo, en su patria, en las casas de maderas del ayer, en la ciudad, hogar de las ensoñaciones y del poema que lleva en el alma aquello de siempre, solo de cada  quién, esto:   “el amor tiene algo/ yo no se”.   Igual hay que respirar, y el aliento propio es un desafío que no acepta desaliento. Lentamente camina, el éxodo no es su elección, se acompaña toda “sal salobre” con sus salidas residiendo en la aventura irreverente de la soledad cual cacique de la posesión del tiempo sin huirle.  No quiere irse, no quiere partir del puerto, no se siente emigrante de la ausencia. La confronta, la habita, no le teme.  Nos dice, “mi entraña nació entre los manglares y aquí me quedaré”.

 

La vida y la muerte machihembrar del deseo. 

 

Deja verso inmune  como un llamado de alerta a la deslealtad humana cuando la tentación rompe toda ética. Fiel y leal a la conciencia  y a la infancia de toda vida, sentencia y no claudica, asienta su protesta y nos dice “que la vida te devuelva/ los sueños que te adeuda”,  tierno y radical homenaje para el que se debata en ese seguir viviendo a contraviento y marea a pesar de la emboscada del ocaso.

 

La mayor nostalgia, “ tristeza de morir tan solo de muerte/ sin haber vivido siquiera”, hay que desenterrar la vacuidad del desamor.  En el ensamblaje del lenguaje, “nada es imprescindible”, no calza ningún pronombre personal ni posesivo en esta sentencia. No cabe ni siquiera el poema. ¿Qué dice el lector?. La poeta ya dijo su parte, piensa en la tuya.  ¿Qué sería lo insoportable para cada habitante de curtiembres pegadas al hueso y amordazadas de mortalidades  y memorias?

 

La monotonía del oficio de vivir, de cumplir con la rutina, de estar con los gajes del oficio, de no poder decir no al no, y si al sí, y sin embargo, hay que dar una respuesta.  Sin poder impedir a veces que la vida duela en esas decisiones de los dilemas humanos.  “Ser o no ser/ y es que no hay dos vidas/ ni doble tiempo para vivirla”.   Vamos en el gerundio, conjugando tiempos a veces sin reconocer sus modos,  sus hábitos, sus efectos, tal vez nos escabullimos de la pesadez de los sueños cuando estos atrincheran con sus angustias.  Un espacio sin omisión cuenta “la vida se nos va/ sin pedir permiso”, sin dejar la dirección de su nueva residencia, sin importarle la falta de un adiós para los que quedan,  y a pesar  de eso:  “Vida en la mitad de la vida/ y en la otra mitad, vida”. Nos escenifica el eje de sus giros, “hallé la vida/ en la mitad de la vida/ y en la otra mitad un poema”,  Vivir es más que un verbo transitando en todo el cuerpo, es palabra, es recuerdo, es sombra,  es huella, es psique y cuerpo unidos como siameses en la palabra escindida del deseo y del acto.  “A la vida había que llenarla de vida” viviendo. Y ¿cómo?:  “Me dejé habitar por la vida/ pero no creo haber hecho/ nada heroico… / no he cambiado el curso de la historia/ ni el curso de río alguno/ simplemente he vivido/ y eso ya es bastante”, ¿quién tiene la última palabra?. 


Habrá que consentir rozarse silenciosamente y lentamente sin miedos  por la escritura.  La poética preside, “una vida solitaria vive/ prisionera de cristal/ su libertad tiene candado”, aparentemente no se ha dado cuenta que tiene la respuesta para la llave, sólo tiene que fundir la incógnita con el enigma tejido en un mantel de hilo blanco, admitir ver el rostro de la esfinge, y concluir con la estatua de sal, devolverla al mar. Poner coraje a la felicidad que aún tiene su propio tiempo para abrir y salir cuando le dé la gana. Solo tiene que “dejar entrar la luz, dejar entrar la canción que redime”, la lectura que refresca, la palabra que alienta, la ternura que acompaña, dejar tocarse por el misterio de la vida que no se deja conocer para ser solamente sentido y sentida como un triunfo de compañía y gracia humana en el andar del inventario de lo que se fue y algo falta todavía por conocer del amor y de la vida. La poesía ¿querrá dejarse tocar por el lector?.

 

El  personaje en el poema “tras la ventana” acaso quiere su indulto para congraciarse con el silencio y la palabra lecho del tiempo, quién no ha sonreído junto con alguien inolvidable alguna vez, allí, todos adeudamos una mirada y un pensamiento que no hemos dicho a nadie, acaso ni a nosotros mismos.  Querrá la luz tocar los secretos de las palabras y salir como maga.  La poeta hila la acción, su efecto un proceso de trozos enlazados y relacionados sin perderse ni enredarse en el ovillo creador.  Unida la voz al poema, hilan fino, como hilandera en su oficio.  Sin dejar de continuar, sin mostrar cansancio, sin derrotarse, lo único que quiere cuando se vaya: “ser protagonista de la última escena/ de una muerte transitoria…/ quiero cerrar mi vida/ como se cierra un libro/ dejando una página en blanco/ por si resucita un poema”.

 

La duda cual nada tatuada de rosa inconforme abre la boca diciéndose “aunque no estoy segura de irme del todo” ni de quedarse ni de venir, pero, a pesar de eso quiere “que la vida se beba/ en copa invisible/ la luz de mi destierro”. El verso traspasa la huella que no se somete al contratiempo.  La vida acampa en el arco iris.  Acaso la luna sueña su imagen en la mirada del sol.  Las sombras no envuelven al verso, la música toca sin apuros. Tan “sólo la soledad/ no tiene prisa/ no”.   Cuando tú te hayas ido hilaré mi nostalgia, cual “sobreviviente de la vida” arribará sin balanza, sin deuda. 

 

Claro está, si te lo permites, mujer naciente de ti, pueblo de tu cuerpo, dueña de ti,  has lo que quieres: Sal de ti. Tu misma lo dices: “Quisiera recordar/ más allá de lo que recuerdo/… reinventar mi tiempo/… seguir el hilo de mi vida/ hasta llegar al comienzo/ de la madeja/ quisiera conocerme/ desde antes del principio/ vivirme de nuevo/ a partir de la nada/ poetizar mi vida/ antes de la conciencia/ a lo mejor he nacido dos veces/ y descubro/ fui pájaro/ quien sabe”. Y el poema es ese presentarse permanente.

 

 Presenta la acción proyectándose  hacia  la vida viva.

 

carmen váscones

25/09/05

LA FRAGANCIA DE UNA PLANTA DE MAIZ DE MARTÍN PRIETO, por carmen váscones diciembre 16, 2008

Posted by carmenmvascones in Ensayos, Lectura y Reseña, Periodismo, POESÍA, teatro.
Tags: , , , , , , , ,
add a comment

 

La experiencia de la ausencia como un movimiento en los desencuentros de la razón y la realidad.  Ocupar y desocupar un espacio literalmente hablando para desaprender lo objetivo y subjetivo. 

 

Al pie de la letra un página huella su nomenclatura  cada vez que la voluntad del aprendizaje se escurre de la psique  y de la ficción para aparecer y desaparecer desde el decir poético.

 

La escritura no se evita  en la memoria, se caza y pesca la situación de la vida.  La quiebra de la perfección en el  nombre propio del anonimato psíquico: la poesía nombra de nuevo la composición del intervalo  entre el vacío y el ser.  Con las yacimientos ¿a posterior o a priori?

 

Acontecimientos:

 

Un desastre enfrente de la mirada como tiempo perforando los cuerpos, como fin de un vínculo.  Como los ojos que se miran hablando del otro.

 

Separaciones:

 

Casos   en  tribunales; afectaciones laborales; emociones empañadas de incompatibilidades;

ómnibus atestados de subempleados, desocupados, de humillados; también la silueta de aquella  recogiendo unas piernas/ que hasta…/ serían la cima de su cuerpo/ y no se conforman ahora con ser la base: la base del cuerpo/ de una picapleitos de más …”

 

 En hilera entre otros  también los profesores “como caras de multitudes pintadas… / en el banco cobrando el sueldo…/caras incompatibles con el oficio y con la profesión”. 

 

Trabajando:

 

“Si voy a producir una cosa por  el entendimiento/ voy a leer/ voy a comparar/ voy a escribir/ voy a …”

 

La distracción un lugar común que se “pasea vacante, por las inmediaciones” de las huellas  que delatan los aguijones mentales que interrumpen de rato en rato.

 

No es nada, es algo, es de alguien.

 

¿Dónde se hace el poeta, dónde está el poema, dónde está el remitente, acaso hay destinatario? Alguna vez. Alguna ocasión.

 

Cómo encontrar encantador un instante habitual e irrepetible y ocasional, si no hay nada

que  llenan los huecos de una vida vacía.”


 

Un silencio de morgue bajo la memoria  y los sentidos espectadores  de lo finito en la pereza de la existencia.

 

Un silencio recorriendo sobre cuál última vez. Un silencio sobre la identidad que si era el otro: la otra. 

 

Un silencio sobre el féretro de los días que busca y sorprende al que no está en el turno de la partida.  Y un dejarse “ayudar silenciosamente” a llevar al deudo a …

 

“Claro: vaya uno a saber si es verdad que se ayuda,/ Y si es verdad, cómo,/ pero qué noble esa mano sobre la rodilla/ y qué noble el mundo en detenerse/ y qué noble en volver a girar.”

 

Se desarma el tiempo, el movimiento gira, el sonido escribe.  ¿A quién pertenece? ¿A quién se dirige?¿Quién elige?.  ¿Qué sucede?.  ¿A quién le interesa?.  ¿A Quién corresponde?.

¿Quién está aquí?

 

“Que descanse de mí, que yo/ descanse de mí,/ materia disuelta/ en el aire del prójimo.”

 

El poeta mancha la página, la página dibuja una fábula, está naciendo “la fragancia de una planta de maíz”.

 

Martín aprieta la gramínea de la imagen : El dolor y el amor y todos los giros de una vida en uno.

 

Los signos de la voz apuntan el devenir  antes de salir pronto.

 

“Yo había empezado muy joven a escribir/ y me llevó toda una vida arrepentirme de eso.”

 

Carmen váscones

23/3/2003