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LAS INGENIERIAS PREHISPANICAS (entrevista a kashyapa yapa por carmen váscones) julio 27, 2010

Posted by carmenmvascones in los procesos históricos de desarrollo socioeconómico y político de la sociedad..
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LAS INGENIERIAS PREHISPANICAS

Y SU VIGENCIA EN EL TERCER MILENIO

Entrevista al Ingeniero Kashyapa A. S. Yapa de Sri Lanka

Por Carmen Váscones

¿Por qué hablar de las técnicas prehispánicas para ahora, y a unos 500 años después?

En el continente americano prehispánico, la ingeniería alcanzó un alto nivel de desarrollo.  Lastimosamente, no lo ha sido reconocido ni por su propio pueblo.  Su mayoría, ya mestizados, están entrenados a glorificar la ‘civilización’ impuesta por los conquistadores y siguen desconociendo y hasta destruyendo su propio pasado.  Sólo recién, durante las últimas décadas, ha despertado en los países de América un interés por encontrar una identidad propia, fundamentada en las culturas prehispánicas.  Esta identidad se puede fortalecer y sostener, si uno redescubre y revaloriza todos los aspectos de su cultura, especialmente, los procesos históricos de desarrollo socioeconómico y político de la sociedad.

¿Cómo sabemos que los aborígenes tenían una ingeniería?

La ingeniería se define como el arte de modificar el ambiente para la supervivencia, la comodidad, o la rentabilidad económica.  Las primeras poblaciones, los nómadas, no intentaban modificar su ambiente; cuando los cambios climáticos les dificultaba la vida, ellos se trasladaban a otra región, más cómoda.  En cambio, los pueblos sedentarios, los agricultores, especialmente, tenían que buscar formas de alterar su entorno para sobrevivir en tiempos difíciles.  Allí comenzó la ingeniería agrícola, su versión primitiva.  Para satisfacer las necesidades básicas de las sociedades agrarias aglomeradas se requerirían obras agrícolas, viales y de vivienda, de mayor envergadura.  Los grupos de elite para sostener su poder político dedicaron grandes esfuerzos para construir tales obras.  También fundaron obras monumentales, con fines religiosos para ganar prestigio entre sus sujetos.  En esta fase, los grupos de poder comenzaron a acumular recursos y la ingeniería se tornó más compleja, porque se necesitaba buscar economías.  Ahora, después de varias décadas de investigaciones arqueológicas, ya sabemos que las sociedades aborígenes disponían de todas estas fases del desarrollo, y muchas obras públicas suyas están a la vista, aunque en forma de ruinas.

¿Cómo son estas obras, hay algunos en el Ecuador?

En el Ecuador, las conocidas son el complejo de Ingapirca y las pirámides de Cochasquí.  Hay muchas otras, más bien ignoradas, como son los camellones de Cayambe, y los canales y campos elevados en la cuenca baja del Río Guayas.  Las dos primeras eran obras hechas con fines religiosos y/o militares, mientras, las últimas eran grandes modificaciones de paisajes, hechas con fines agrícolas.

Los camellones de Cayambe son lotes de cultivo, alargados y elevados entre zanjas, que en una época cubrieron cerca de 5000 hectáreas de tierra.  Como esa zona sufre de heladas inesperadas, los agricultores mantenían las zanjas llenas de agua, y el agua irradiaba calor en la noche, protegiendo de heladas las plantas sembradas en los camellones adyacentes.  No sólo eso, esta técnica también facilitaba mantener el suelo bien drenado, permitía abonar los sembríos con las malezas acuáticas en las zanjas.  Este sistema ha dado cosechas muy superiores a la agricultura moderna, que emplea insumos químicos.  Evidencias de esta antigua forma de cultivar también hay alrededor del Lago San Pablo y en el valle sur de Quito.

Los antiguos agricultores habían modificado más de 50 mil hectáreas en la Baja Guayas, con canales y campos elevados.  Estos canales, anchos y largos, abiertos a los afluentes de Guayas, admitieron las crecientes y no permitían que suba el nivel de las aguas sobre las plataformas agrícolas y de vivienda.  Las avenidas depositaban en los canales sus sedimentos, ricos en abono, que fueron transferidos a los campos en la época seca. Los canales facilitaban el transporte de canoas, y también eran buenos para crear pescado.  El sistema, incluso, podía desviar agua de exceso hacia pozas, para regar en la sequía.

¿Con qué las hicieron, qué técnicas usaron?

En la época prehispánica disponían recursos muy limitados. Sabemos que sus herramientas eran muy sencillas: nada de hierro, algunas de cobre y otros metales, pero la mayor parte eran de piedra y de madera.  Tampoco había medios de transporte sofisticados, sólo algunos animales de carga, en algunas zonas.  La mayor fuerza de trabajo la producían los obreros. Con una organización política fuerte, podían movilizar mucha mano de obra.  Otro recurso abundante, en comparación a la actualidad, era ‘el tiempo.’ Las investigaciones revelan que la construcción de muchas obras no eran de unos años, sino décadas o siglos.

Podemos generalizar que los ingenieros antiguos supieron manejar muy eficientemente estos dos recursos, el tiempo y la mano de obra, para superar la falta de recursos sofisticados.  Porque, no podemos ni pensar en emular algunas de sus obras monumentales, aún con las maquinarías que disponemos hoy.  Su técnica constituyó en planificar minuciosamente la construcción según la disponibilidad de los recursos, pero desde el principio del diseño del proyecto.  La obra la dividían en varias etapas para la construcción, ajustando cada una al tiempo dispuesto por la jefatura. Diseñaban de tal manera que la obra tuviese su utilidad al final de cualquier etapa de construcción, y se pudiera edificar la siguiente sin destruir ningún componente de la anterior. Para emplear bien, el masivo ejército de trabajadores, compuesto por numerosos grupos pequeños, oriundos de distintas aldeas, también dividían cada etapa de construcción en varios segmentos o tareas; independientes, pequeñas, y sencillas en cumplir.  Cada grupo se encargaba de terminar su tarea.  Usaban equipos especializados para unificar los segmentos y terminar la etapa.

Algunas pirámides de Cochasquí muestran estas técnicas de construcción, pero faltan investigaciones profundas para esclarecer los detalles.  Afortunadamente, existen investigaciones sobre otras obras monumentales americanas, como sobre la presa Purrón de México, el templo de Uaxactún de Guatemala o la Huaca de la Luna en Perú, que nos permiten acercar a esta sabiduría milenaria prehispánica.

¿Explique lo que usted llama la sabiduría milenaria?

Un análisis profundo de las obras públicas prehispánicas nos muestra que los antepasados han respetado, casi al pie de la letra, los principios básicos de ingeniería; que son, el eficiente uso de los recursos disponibles y la efectividad de la obra.  También, ellos seguían perfeccionando sus técnicas constructivas, con la experiencia acumulada, para economizar el uso de sus recursos, y para que sean más duraderas y efectivas sus obras.  Los primeros canales que hicieron en la Baja Guayas fueron angostos e insuficientes para apaciguar las fuertes inundaciones; pero, poco a poco los ampliaron, hasta que lograron un diseño adecuado. En este proceso milenario, de modificaciones ambientales, están también inmiscuidas sus continuas observaciones de las respuestas de los agentes naturales.  Aunque no está escrita en blanco y negro esta sabiduría, si aprendemos interpretar las obras antiguas, podemos enriquecernos de la misma.

¿Cuáles son las diferencias entre las técnicas de la ingeniería antigua y las de la presente?

Las técnicas de construcción ya han cambiado mucho desde esa época, porque ahora existe una gran variedad de herramientas y maquinarias, pero podemos comparar los conceptos básicos y los contenidos filosóficos de las dos ingenierías.

La ingeniería moderna, como se practica en los países económicamente débiles, no se acata a ninguno de los dos principios básicos: no se aprovecha eficientemente los recursos locales para solucionar sus problemas, ni se busca soluciones efectivas a largo plazo.  El primero se debe a que sus diseños son muchas veces copiados de los países técnicamente más avanzados, con el fin de ‘modernizarse’ rápido, olvidándose de que esos diseños no son compatibles con las condiciones socioeconómicas, políticas, geográficas y ecológicos de sus propios países.

Por ejemplo, donde el desempleo es grave, un proyecto se lo debería diseñar, no para usar la maquinaria, sino para el uso eficiente de la mano de obra, que doblemente ayudaría a la sociedad; aumentando los empleos y reduciendo los costos.  Los proyectos modernos tampoco se empeñan en buscar soluciones eficaces a largo plazo, por los intereses políticos detrás, que sólo procuran la manera más fácil y rápida de aplacar los reclamos de la población, con obras que no duran más allá de la próxima elección.

En cambio, las obras antiguas, casi siempre, fueron diseñadas para el uso óptimo de los recursos locales.  En la costa peruana, los sistemas de riego, de aguas superficiales y subterráneas, siguen siendo aprovechados por los campesinos desde hace muchos siglos.  Sus usuarios comprenden las sencillas técnicas de su construcción, operación y mantenimiento.  La organización social local ha sido capaz de preservar y mantener sus sistemas productivos, aún en el tiempo colonial, cuando no podían contar con mucho apoyo gubernamental.  Son buenos ejemplos para obras sostenibles con recursos locales.

Desgraciadamente, los proyectos modernos de riego siempre se olvidan de la sostenibilidad, en su afán de incorporar la ‘alta tecnología,’ creando una relación paternalista entre la entidad proveedora y los usuarios.  Por ejemplo, el proyecto del Canal de Trasvase de Santa Elena, no sólo fomenta esta relación dependiente, sino que también obliga a los campesinos a convertirse de la noche a la mañana, en agro-exportadores, o rendirse, por el alto costo del líquido vital.

Y como vemos, en tiempos modernos, si algo fracasa, culpamos primero a la naturaleza.  Pero, paradójicamente, casi todos los nuevos proyectos de desarrollo proponen una lucha contra la naturaleza o una conquista de la misma.  Aún después de tantos y costosos fracasos no hemos aprendido que la ‘conquista de la naturaleza’ es sólo una ilusión, inventada por los vendedores de maquinarias y materiales costosos.

Los ingenieros antiguos han manejado otra filosofía frente a la naturaleza: una convivencia con su poder impredecible, en vez de conquistarla.  Por ejemplo, el sistema antiguo de controlar inundaciones en la Baja Guayas, no contempló nunca bloquear o restringir el curso de sus caudalosos afluentes, sino abrieron más canales para recibir las crecientes.

Se podía entender que la ingeniería actual desconoce por completo las técnicas prehispánicas.  ¿Qué importancia tiene el estudio de ingeniería antigua para la moderna?

La enseñanza y práctica de la ingeniería en los países latinos, desde los tiempos de la conquista, sigue siendo una trasplantación directa, de una ingeniería evolucionada en los últimos dos siglos en Europa y en los Estados Unidos.   Hasta ahora, se usan los diseños y las fórmulas de ingeniería, desarrollados en esos últimos países, cuyas bases socioeconómicas, ambientales, y geográficas, son totalmente incompatibles con las de los países latinos.  Si no, la misma ha sido impuesta, muchas veces por la fuerza del poder económico de los donantes de ayuda, a través de sus ‘expertos’ importados.  Tales ‘ayudas’ han transformado los países débiles en museos de elefantes blancos, y por consiguiente en eternos deudores.  Los técnicos locales también, formados con textos importados, se sienten más cómodos en buscar ‘soluciones’ de afuera, que adaptar sus conocimientos básicos a las condiciones locales.

Actualmente, sólo los antropólogos y los arqueólogos estudian las obras prehispánicas, para elogiar su valor histórico y para restaurarlas por fines turísticos, y raramente para algún uso contemporáneo.  Hemos olvidado que estas obras representan un tesoro increíble de sabiduría, en cuanto a cómo acomodar o modificar nuestro ambiente para lograr una mejor calidad de vida.  Si divulgamos ampliamente las bases técnicas de las obras de la ingeniería antigua, estaríamos facilitando valiosas herramientas a los técnicos modernos, para reevaluar sus formulas y diseños, que, ahora, están totalmente fuera de su contexto social y ambiental.

¿Cuáles son los efectos y perjuicios en las obras públicas actuales en América donde se ven afectados por desconocer el saber autóctono del ingeniero aborigen?  ¿Podemos sacar algunas lecciones de la ingeniería antigua para mejorar la moderna?

Los proyectos modernos producen muchos perjuicios, principalmente por la despreocupación de sus diseñadores sobre los impactos colaterales.  Actualmente se hace una evaluación de impactos ambientales, pero siempre se la hace demasiado tarde y esa información no retro-alimenta el diseño, o la hace con fines de blanquear el proyecto.

La vía rápida Cuenca-Molleturo-Naranjal, que rompió el aislamiento largo de los pueblos que la rodean, les trajo, en vez del progreso que todos anhelaban, especuladores, explotadores y pobreza.  Ahora, ni el pueblo más grande de la zona, Molleturo, cuenta con una base económica de productividad propia; ha perdido su producción agrícola (por la migración de los jóvenes y por los precios especulativos), su ganado (por los robos) y su bosque (por la explotación indiscriminada.)  Las vías trans-amazónicas de Brasil, construidas expresamente para abrir ‘polos de desarrollo’ dentro de la Amazonía, han dado resultados más negativos que positivos.  A las comunidades indígenas, dueñas de la mayor parte del territorio penetrado no les llegan ningún desarrollo, sino únicamente la colonización, que las ha dejado casi diezmadas.

En cambio, los ingenieros antiguos se preocuparon por evitar impactos negativos y planificaron meticulosamente sus proyectos. Los caminos principales Incaicos eran bastantes grandes y anchos en los desiertos; acercándolos a tierras agrícolas disminuyeron su ancho hasta 8 metros para aprovechar la mayor extensión de la tierra para su producción agrícola.   También delimitaron las vías con muros de tapia considerando como medida tope la altura humana, posiblemente para evitar daños a los campos, de parte de los viajeros.

El proyecto ‘milagroso’ del Canal de Trasvase de Santa Elena se ha convertido en una maldición para sus pobladores tradicionales -los comuneros; muchos ahora son peones o refugiados económicos en las grandes urbes. Porque, el proyecto no contemplaba capacitar los nativos, para enfrentar la gran ola de los poderosos políticos y especuladores, quienes acapararon la zona aún antes de llegar el agua.

En vez de montar este costosísimo proyecto, si hubieran estudiado la historia de la misma península, los planificadores gubernamentales hubieran encontrado una solución para la escasez de agua en Santa Elena, menos costosa y operacionalmente sostenible.  Su gran cantidad de albarradas ancestrales, que ayudaba almacenar agua, bajo tierra, en esta zona semiárida, tenía mucha importancia para las culturas antiguas.  Una ofrenda de conchas spondylus había sido enterrada en la albarrada de Achallán, una práctica a la que se atribuye cualidades sagradas como la de atraer las lluvias.

En la actualidad, ¿quién hace uso de las técnicas prehispánicas?

Casi nadie, lastimosamente.  Aún en las comunidades indígenas, donde todavía se percibe algunos rasgos de esos conceptos, el paternalismo y el clientelismo, dominante en la política latinoamericana, han desvirtuado toda la posibilidad de aprovechar estas técnicas.  Y la presión constante de la sociedad a ‘modernizarse’ ha desvalorizado los conocimientos ancestrales.

¿Pareciera que usted esta haciendo un llamado de alerta a los constructores, ingenieros y arquitectos?

Sí, debemos reconocer que hemos errado en ignorar las lecciones de nuestros antecesores y que no nos hemos opuesto a las políticas desarrollistas occidentales, que han conducido nuestros países a la ruina socioeconómica y ambiental.  En los países con fuertes tradiciones indígenas, las condiciones socioeconómicas de la gran parte de la sociedad y de los recursos que disponen, a mí me parece que no han cambiado significativamente desde antes del ‘descubrimiento.’  Por lo tanto, las obras para desarrollar estas sociedades deben ir aparejadas con estos recursos. Y si nos preguntamos ¿cuál tecnología los aprovecharía mejor, la occidental o la autóctona, que ya tienen miles de años de experiencia?

Hago un llamado de atención a los políticos para que se preocupen del derroche que hacen a nuestros escasos recursos, pongo un aviso de alerta por las prácticas equivocadas al clonarse con la tecnología occidental; que nos hunde más en la pobreza económica, en nombre del ‘progreso.’  En el escenario de ‘dependencia técnica total’ con el occidente, ¿acaso, somos la versión contemporánea de una neo-colonización tecnológica, bajo los mandatos de los ‘emperadores’ extranjeros?  Los mismos, que siempre nos exigirán que apretemos la cintura, para vendernos más de sus novelerías. Y como siempre quedarnos atrás en esta carrera de locura para ‘alcanzar el desarrollo’ que no conocemos.

En algunos de nuestros países, ya existe y crece un movimiento que busca una identidad cultural propia, fundamentada en las culturas prehispánicas.  Entonces, ¿por qué no buscamos una identidad propia del desarrollo también, aprovechando nuestra riqueza tecnológica precolonial?

Para concluir, ¿cuál seria el peligro o la catástrofe más grande que se desataría en el nuevo milenio si sigue ignorando la filosofía aborigen del saber de la ingeniería milenaria?

Estoy hablando en nombre de todos los países del mal-llamado Tercer Mundo; más bien les llamo los económicamente pobres, aunque realmente son los verdaderamente ricos en cuanto a sus recursos.  Estamos mostrando que disponemos una ingeniería milenaria, de un lenguaje propio, de una economía auto-abastecedora, de creadores e inventores, para proteger y garantizar en presente y en futuro el pasado de todos los tiempos.  Mi misión es patentizar la huella de nuestra historia, de nuestras sociedades, de la sabiduría aborigen, y del trabajo de continuidad y permanencia.  ¿Podríamos retomar este camino y volver a soñar y verdaderamente a crear?

Pero pisando tierra y mirando la realidad, vemos, como siempre la gente piensa en que ‘lo ajeno es lo mejor;’ también quiero demostrar, aunque no es nada nuevo bajo el sol,  que la tecnología occidental es, muchas veces, una depredadora de los recursos para cualquier sociedad.  Para mí, es una perversidad económica.  Es una burla a los principios de la ingeniería.

Entonces, se ha preguntado usted, ¿cómo ellos han avanzado tanto y tan rápido?

Sí, han avanzado económicamente, a costa de nosotros.  Están consumiendo los recursos nuestros, de las colonias antiguas y nuevas.  Esto explica sus constantes incursiones políticas, para hacer y deshacer nuestros ‘líderes.’ Y cuando la situación se les escapa, también arman incursiones bélicas, bajo cualquier pretexto, como ‘la guerra de la tierra santa’ actual y de todos los tiempos.

Guayaquil, 04 de Diciembre de 2001.

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