jump to navigation

con texto sin dejar de contar, CUENTO QUÉ HAGO CONTIGO,de carmen vascones abril 15, 2009

Posted by carmenmvascones in biografia, carmen vascones escritora, cuento, cuento sin dejar de contar por carmen vascones, lírica, literatura infantil, pedagogía, POESÍA, relato, samborondon carmen vascones ecuador.
Tags: , , , , , , , ,
add a comment

 

 

 

El océano se detuvo ante las luces, zarpé hacia ellas, mi padre fue la proa del abismo, crucé el dintel de las resacas, el puerto olía a mis cinco años, mis miedos eran enemigos breves, entraban y salían.

 

Indago la fisura de la madera, la fatiga quedó en el trecho,  retomo los restos, anduve por el desandar de la quimera, nada se rescata, retorno como brisa tras la ausencia.  ¿Dónde está? ¿Qué extraño?

 

El regreso postergado en tantas muertes.

 

Tropiezo conmigo a cada instante, la tiniebla tiene aroma de rebeldía, una zanja atrapó el acto, empuñó la imagen, raptó el anhelo, hizo de la furia su cábala y del movimiento un frente. 

 

Cruje el vacío.

 

Y no escupen la Biblia, siguen matando al enemigo, no hay mejilla que ofrecer. La estatua de sal sirve para juegos cerca del mar. La lengua navega sobre el sepulcro, ilumina la creciente, sale entre los litigios, la travesía está entre los acantilados y los sortilegios del alba.

 

La espera enterró su mito, la grieta dejó de soñar la unción, el frenesí liberó la promesa. ¿Quién se sumerge en la palabra?

 

Mi padre parece el sueño de un roble erguido sobre el bastión de su leyenda. Tantas veces he visto su barbilla hundida en la ventana tan igual a los años en su bastón.

 

Cuantas veces lo he mirado desde lejos, el autobús pasa justo en su calle, su casa remonta lagunas de una cuna tan igual a su silencio y risa. Siempre tengo la sensación que vive el sobrecogimiento interior de un pueblo.

 

Su generación que apellida pareciera encerrada en la hacienda y las fatigas del abuelo que jamás volvió a pisar una ciudad. La tercera generación rasgó la línea de los primogénitos, ninguno devolvió a la escritura su imagen, tampoco redimieron el libro de las filiaciones. A la cuarta generación le tocó navegar el incesto estacionado en un cantón.

 

Nada puedo añadir a él, habita el enigma de su nombre. Mi lugar una generación del pase. Las madres iniciaron la jornada del atajo, la hechura del sueño se abrió como sexo pariendo. El Dios de mi padre se parece tanto a una mujer extraña.

 

Buscan los descendientes su imagen entre los huéspedes de esta quimera. Sus amores vividos han fecundado el útero de la muerte. Sus hijos son la generación del desenlace. La infancia arrancó a otro distrito, otros golpes acaecieron a los herederos.  El padre concluyó su imperativo.

 

¿En cuál cementerio reposará el nombre del principio que engendró el génesis del símbolo?

 

Consumado el asentamiento del linaje el antepasado desistió, canceló una deuda que no era suya. Dejó de estar atrapado sobre el terreno de las conmemoraciones el designio del fulgor.  De uno en uno los mortales impulsan la embestida de sus atestiguamientos.  Nupcias a la vida. Palabra y muerte.

 

Los convivientes del otro orden se dan citas precipitadas al finito. Pactan nuevas sangres. Aliadas las filiaciones a los lugares de otros orígenes. La estancia está vacía.

 

En el libro del escudo yacen incrustados los iniciadores, y, entre ellos, está aquel que se pregunta ¿quién ere su amante acaso la muerte?

 

El suscrito soltó los restos coronó la muerte con amores. Prefijos de olvidos exhalan el drama de una alianza. En la palabra padre hay un espacio de resina y urna. -Él un caos perfecto-

 

Llevo su sangre como pacto con el infierno, llevo su ternura como Cristo besando los pies de Magdalena, llevo su nombre como salvaje recogiendo la luz en la roca grabada. Su ausencia la cubro con parábolas. Hecho incienso en sus pasos.

 

Mi origen desemboca en la angustia divina: estoy sola. Habitación 110, 4 de agosto de 1997. 8:10 p.m.

 

Tallo en la luna el movimiento del caos. Someto la muerte a la belleza del nacimiento. El se acabó, no vi su muerte, no quise recibirla. Su angustia era como un hijo desterrado del vientre del deseo.

 

Cuánto quería calmarte quitarte de ese trecho, de tu sufrimiento sólo tu sabes, no estuve en tu pellejo, tu aliento desesperado luchaba sin tregua.

 

Recibía tu miedo que era mi impotencia, te abrazaba para apaciguar eso que sentías, nos quedábamos quietos con las manos juntas. Cómo aparecía tu dolor de no separarte mi vehemente y tierno, incapaz de odio ni rencor, cómo hubiera querido que te fueras sin la lucidez del último paso para que no pidas no te dejen morir. Cógeme dijiste como si fueras un niño te quedaste en los brazos de Mercedes, tu cabeza cayó en su pecho.

 

Tuve desolación verte ese instante, sentí furia, y un ahogo que me quitaba el aliento de no poder hacer nada, de enfrentarme con tu cadáver, de ya no escucharte.  No sé si era soberbia o egoísmo, quizás si lo sé, tu certeza inconfundible, tu presencia de patriarca, el hombre que conocí con su orgullo y fragilidad.

 

Un humano especial en el redil de mi historia.  Aquel que puso el espermatozoide en el óvulo de mi madre, exacto coito del engendramiento, yo tu hija atestiguo parte de esa alianza que construiste con ella. No tienes sustituto, fuiste solo tú.  Por eso la frialdad eterna no te pertenece ni a mí.

 

Me es inevitable pensar en tus gusanos que te están devorando. Imagino la putrefacción de tu cuerpo, su olor espantando la eternidad.  Menos mal que los buitres no llegan allí.

 

Ya no estás – ya no eres. Cayó tu acto. 

 

No hay próximo encuentro.  Tú sin mí yo sin ti. Aquí estoy escribiendo, ya no leerás mis  inéditos mi crítico y primer lector, te extraño. Amante padre me traicionaste, te fuiste con mi rival, siento el dolor del dolor, no tengo nada que juzgarte sangre de mí, echo tierra al vacío, escupo la nada, me lamento como nunca, lloro sin más.

 

Que problema ser mortal, cómo duele esto, este dolor como que no fuera a acabarse. Tengo partida el alma, tengo un boquete en la palabra que tienes un lugar.

 

El arco iris está fragmentado en el universo de mi memoria.

 

Ausencia de ti soledad del silencio ahí. Dios nombrarte no basta en este momento. Siento un movimiento caído en la mudanza del verbo. El dolor es una forma de no  morir.

 

Salgo del panteón y de la oscuridad, me alejo de la lápida, siento una tristeza profunda.  Te llevo como secreto. Le doy giro a mí ser, me encuentro otra: me enfrento. Veo en mi rostro la huella de la pérdida. Me visto de luto. 

 

Por no sé qué tiempo busco su rastro. Ni su sombra -disgrego- alguna vez pensé en el suicidio, no soy capaz,  me alejo de la melancolía, sepulto la idea que se cruza, qué duro sin ti, impongo mi presencia.  Te guardo dentro.

 

Mi deseo dispone de la eternidad que no soporto, tonterías de la razón magia del cómico. Para no estar extraviada en tu imagen hago toques de poesía.  Danza dentro de mis dudas como hada infantil. Siempre me faltó algo quede ahí. Me quiero liberar de mí pero en el fondo no. “Me quedo conmigo”.

 

Muerte carencia del deseo, espectro del abismo, yo de otro, resto del ser. Yo: no soy otro. Estoy libre de tu muerte. No te debo nada padre sólo te amé.

 

Alguna vez me contaste que cuando tu mujer nacía tu historia había empezado, otras lunas coqueteaban y sollozaban. No sabías qué pasaba estabas alucinado con tu deseo, pusiste sembríos en otra tierra, crecieron como girasoles desafiando al sol. 

 

Te asustaste,  huiste a otro sitio, ibas como siempre traje blanco nítido con tu cigarro infaltable, tu sombrero, el bastón fue después, estabas bello, no entendías el movimiento, la gente se encaminaba a un lugar.

 

Quiso el pueblo detenerte, peleaste como ebrio con el fantasma, oíste el cadáver anunciado por las campanas de la iglesia, te acercaste siguiendo a los otros, te encontraste con la casa de tu amigo, el difunto pertenecía a su familia. 

 

Se acompañaron hombro a hombro, medio dormido te quedaste, entre trago puro y la vida seguían llegando los conocidos. En el féretro estaba la matrona, mama tomasa la llamaban, era de riendas firmes, respetada y querida.

 

Un muerto no se va así no más.

 

Sacudiendo la borrachera del vacío pensaste un café para sacarte de encima la noche, buscaste pedírselo a quién, era un revuelto todo ese rato, por aquí por acá el cruce humano.

 

 – Ese día estaba hecho para ti –

 

Diste vuelta a tu pisada, te acercaste a la joven, le preguntaste quién eres, apenas los pezones le asomaban bajo la blusa, ni gota de maquillaje, el pelo recogido, vestido ceñido a la cintura, parecía una hermosa garza. Te  contestó, -soy la hija de Martínez-, casi refregándote los ojos, abriste la boca bien grande, ¿dónde te tenía escondida?

 

Te quedaste mudo, sacaste tu pucho y lo prendiste, de reojo y de frente siguiéndola, te trajo la taza caliente, la detienes, y como si la conocieras hace mucho tiempo, como si se tratara de un pacto hecho a escondidas, como si ella sabía  de lo que se trataba como  si nada, casi seguro y con dejo de asentamiento la desafías y la posees con tus palabras inquisitivas, parecías un As de póker perdido en la soledad del jugador. 

 

No pensaste en el riesgo, te lanzaste al ruedo, no sabía qué hacer la muchacha, te siguió el juego, ninguno de los dos se retiró, se marcaron las miradas, se hirieron con el aguijón de los sueños cómplices. 

 

Él ya maduro corrido, ella apenas saliendo del parque de los juegos, no importó nada, la prendaste poco a poco, al tenerla tan cerca de ti sacas del bolsillo un escapulario, como si fuera una sentencia, muy serio sin pedir nada, sólo decidiendo sueltas la lengua…

 

 

Un día antes de ya no verte con la luz en tus ojos volviste a ese momento, como estrofa de pasillo susurraste tu declaración de hombre enamorado con dejo de amor como si tuvieses “el alma en los labios”. 

 

“Un detente del corazón de Jesús hizo el milagro al colocarlo alrededor de su cuello, le dije que lo usara junto a su corazón, que era el lugar donde quería estar ubicado desde ese momento para siempre”

 

Te escuché atentamente detenidamente, letra a letra, te besé,  te dije al oído, tú sí que la amas, sonrió dulcemente, como retornando como que no había pasado el tiempo como que estaba con ella ahí, como que no existía nadie más, como dos palomas en el tejado de una casa, como ellos únicamente.

3

 

Tus pequeños se vistieron de flores y conejos brincones hicieron con sus manitas figuritas a contraluz prestaron  colores  al arco iris para teñir ausencia, con un carboncillo te dibujaron todito, te envolvieron en algodón, tu cabeza la cubrieron con espuma de mar, tus pies los protegieron con rondas de calor para que no tengas frío.

 

Inquietos y curiosos desconfiaban del tiempo, vieron que una manecilla del reloj se había detenido cerca de la noche, decidieron buscarte con sus muñecos más queridos, bosquejaron un camino, lo iluminaron con palitos de fósforos para que no te pierdas, sembraron semillas mágicas a los bordes, en un cerrar de ojos habían crecido árboles increíbles donde los pajaritos saltaban cantaban anidaban y ensayaban revuelos como a ti te encanta verlos, lo que ellos querían no estés tristes ni solito ni encerrado en el silencio.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

A uno se le ocurrió poner la pipa en la sonrisa de la señora luna por si acaso  quieras fumar un poquito no más, hasta que decidas volver, te abrieron todos los túneles, quitaron todas las trampas, se pusieron de acuerdo con los relámpagos, hicieron callar los truenos, dejaron la lluvia encerrada en la nube.

 

Todos se sentaron en círculo,  escribieron con sus dedos sobre la tierra un canto que empezaba  más o menos así, con la á a la b a la c a la d hasta llegar a la p.

 

Había una vez  un pájaro carpintero que picaba en la madera  y sonaba así. Pepe Pepito Pepón ¿dónde estás? se fue una pe. Pepepé no puedo pronunciar. Pepepé asómate ya y si no puedes quiero estés en mis sueños siempre conmigo. Pepepé te quiero con p.  

 

Pepepé ¿dónde estás? Pepepé a la una a las dos ya no estás? Pepepé. Pepe tu nombre el más lindo. Pepe Pepito Pepón el juguetón. Pepepé, ahí no más, toca mi turno mi nombre ya, empiezo con p empiezo sin p, pepe no soy pero pepe también ¿quién soy?

 

En vista que nunca llegaste, ellos entendieron algo ocurrió ya que tu eras  recontra puntual, se pusieron un poco triste más que triste tristísimos. Todos cerraron sus ojos, unieron sus deditos y de una sola hicieron un florón con sus pensamientos todos anudados abrazaron tu corazón en un solo latido.

 

Una gotita de lluvia cayó sobre la semilla que uno de tus pequeños había guardado, no tienes idea como creció de un salto, era una rosa roja ¿sabes cual? la del cuento, se había salido de la página porque está aburrida que nadie la visita ni hablan de ella, la tenían completamente olvidada, solo su protector la riega, y ya los dos  de verse la cara  y lo mismo siempre los tiene ni para qué contar.

 

Los chiquitos oyeron  la historia e inmediatamente fueron a buscar al principito para darle a saber la melancolía de la flor, sabes el confesó también estar así dijo no tenía amigos, ni bien dicho esto no fue más. Entre todos armaron un jardín con toda la alegría con todas las adivinanzas con toda la gracia de la inocencia  formaron un riachuelo para que el agua del río de la ciudad llegue  suavecito  a las raíces de sus sueños.

 

De tanto trajín quedaron cansados ahora principitos todos se durmieron de  un solo golpe pidiendo no sin antes estés bien donde quiera te encuentres. Ángel de la guarda dulce  compañía no lo dejes solo ni de noche ni de día…

 

Pasaron las lunas y los soles, no se hablaba de ti, tu espacio estaba ahí, tu almohada  tu cigarro tu pijama  tu fosforera  tu anillo, todas tus cosas menos tu. Nosotros sin ti. Sospechamos que algo había pasado, algo que duele  más que una sacada de muela, más que un rojo en la libreta, más que un coraje de papá y mamá, más que el mismo miedo al cuco.

 

Uno de los nuestros el mayor del clan soltó sin ton ni son que el abuelito  jamás iba a volver  a estar en casa porque la muerte  se lo llevó, nos apretujamos juntitos, no la conocíamos. Nos la imaginamos  como una bruja como una noche sin estrellas como una tierra sin habitantes como un monstruo quitándonos la imaginación. 

 

Era más que pena era dolor inmenso esto de estar sin ti de no poder olvidarte de no poder besarte de no poder abrazarte de no poder jugar contigo de no poder tenerte cerca. 

 

Sabes abuelito, creemos saber lo que te pasó, tenemos nuestra sospecha, y te la queremos  realmente contar, espero la lea alguna vez.

 

 Un día cogiste calladito y despacito la puerta de la calle saliste sin que nadie te viera ¿por qué? porque estabas muy cansado de esperar tu turno de ser ángel, no nos querías cerca porque no íbamos a entender tu nuevo estado y nos íbamos a preocupar, por eso te fuiste a esconder donde nunca pudiéramos llegar.

 

Tengo entendido que allí están todos los que parten de este mundo, es un secreto ese lugar ¿tendrás alas ya?

 

 

 

4

El hombre atrás,  la cortina se recoge, el niño anuda el drama, se amontona en el retablo el argumento, los aliados hacen coro, agitan sus fantasías, el eslabón no se detiene, el deslizamiento agarra los repartos, todos cómplices, fragmentos del papel por todo lado.

 

La ficción a la par del personaje, sacan desnudo a Narciso, mofan del fantasma, persiguen el grito, le hacen morisquetas al espejo, a cada rato cambian el acto, el tótem juega con ellos,  al crimen le hacen cosquillas, a la serpiente le hacen bromas, juegan a caballo con el instinto, sacan al sueño de la cámara, le lavan la cara a las imágenes, al brujo le hacen agachar la cabeza, y que beba su poción.

Se cansaron de jugar con Dios a la escondida, nunca hay como agarrarlo, todos juntos le dicen tramposo déjate ver ahora o nunca, empezamos a contar hasta diez si no apareces …

 

Los niños recrean sus escondidas, ordenan al fantasma cada encuentro corren tras el perseguidor no se dejan coger, entre ellos se reparten la consigna, la ronda de la inocencia una y otra vez, las lunas cambian las sombras crecen, otras manos se agarran y todo empieza otra vez.

 

Los bufones entran, escenas de amores y mitos, los ropajes del episodio marcan, hacen del miedo la pirueta de lo extraño, la actuación es aclamada.

 

Acogen la repetición. Correteaderas por todas partes, embrujan a la muerte, le hacen castillo de colores al rito pagano, le sacan la lengua a la cruz, sus pasiones la ponen en garabatos, el episodio de la arcilla bajo el soplo de los niños.  El adiestrador se esconde tras el padre, al niño jesús lo pusieron en andador, expulsaron al ángel del espanto, al diablo lo bañaron porque tenía mucho calor, al cielo y la tierra lo vistieron de plastilina.

 

Los pequeños saben lo que hacen no necesitaron ir a El, ellos mismos hicieron el génesis de sus días y del primero también, no necesitaron de siete largos días para hacer a los animales, las plantas, las cosas, porque bastaba una palabra…

 

Los mandamientos no existen en el mundo de ellos.  En el nombre del Deseo: el mundo los humanos y la muerte.

 

La batalla del júbilo los rodea.

 

Recrean la hazaña, hacen del absurdo una comedia, juegan a la rayuela cuando tienen dudas enfrentan la angustia en el teatrín del lenguaje, a imagen y semejanza la diferencia y el espejo, hacen el cuento de los cuentos.

 

Sus palabras juegan a que juegan.

 

Los niños dormidos entre los juguetes, un juego yace en la boca, la culpa vestida de payaso hace de la luna una pandereta, mientras las estrellas ensayan,  el sol con sus rayos de violoncelo entona  pestañas del mar, la marejada rebota ante los castillos de arena.

 

El miedo se hizo añicos con la risa, la imagen del mundo la hunden  en el acoso de la hormiga, todos juntos van donde las ranas que huyen de las hojas del tiempo.   Un trinar los lleva a la estación  de la ternura y la fábula.

 

Un olor a nacimiento deja escapar la inocencia, mientras los niños corren juntos con el sepulturero de estas tierras.

 

Mi padre y dios  un rasgo cercano al monologo. Mi grito una incógnita del incesto.  Configuro mi nombre en la identidad con la muerte.  Divago en la primicia del ilusionista.  Mi exclamación un resto de la infancia.  -los instantes son mi posteridad- 

 

Entregada a la confesión del cuerpo.

 

Anuncios

mi cara y yo por carmen vascones enero 27, 2009

Posted by carmenmvascones in cuento, Cuentos, Ensayos, literatura infantil, POESÍA, relato.
Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,
add a comment

Porque allí detrás tendría que haber un hueco donde

poderse almacenar  el tiempo que de un momento a

otro empezaría a acumularse en su memoria,

recogiendo  el pasado de Niña, aún catalogado en

apenas media docena de palabras: antes, ayer,

anteayer, el domingo pasado…

Montserrat del Amo

 

El mundo era tan reciente, que muchas cosas

carecían de nombre y para nombrarlas había que

señalarlas con el dedo.

Gabriel García Márquez


 

 

 

 

 

Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse,

Y que forman algo así como un misterio

Federico García Lorca


 

 

 LA IDENTIDAD DEL ESPEJO: UNA INFANCIA  IRREPETIBLE:

 

MI CARA Y YO

I

Mi cara es ovalada no es redondita como dice por ahí. En mi rostro tengo dos lados. En el uno veo un ojo que me guiña como coqueteando. En el otro ni se diga se cierra sin importarle lo que hace su vecino aparenta no me mira. Creo que se pone el indiferente porque no es con él el cruce de señales.

 

Son dos ojos igualitos como uno más uno dos y nada más ni nada menos. Se miran de reojo de frente y de lado a lado sin poder dar vueltas como un dado se pasean con la mirada. Estoy aprendiendo que un lado se llama derecho y el otro lado izquierdo. Cada uno de mis ojos está debajo de dos alas que se llaman cejas como ven también son dos. Mis cejas y mis ojos están  debajo de mi frente.

 

Entre mis ojos un poquito abajo en plena mitad. Entre mis ojos y sin tocar mi boca  está mi nariz que se parece   a un triángulo puntiagudo. Tócate y verás. En el centro de mi cara  está mi nariz  preciosa.

 

Tiene dos huequitos  por ahí es donde respiro y huelo el mundo.  No exagero.  Alcanzo a oler a leguas. Olfateo a  distancia como los elefantes. A veces como canino sigo los olores  hasta tropezar  con un trozo  de pastel. Mejor ni les cuento hummmmmm.

 


II

De mi boca puedo decir  que cuando está cerrada parece una raya aplanada corta y rosada. Tiene dos labios  uno arriba y otro abajo, juegan toques de bromas boquiabiertas.    Adentro deja ver un cuenco carnudo que parece entrada hacia un túnel de garabatos de sombras y misterios.

 

Cuando la abro grandota forma un aro sospechoso como esperando una pelota chiquilina donde solo puede entrar como un rebote de pin pon, cae sobre mi lengua  el mundo del arco iris. Hecha la creída y mutante se torna mesa y raqueta. Rápido hago un saque,  para no atragantarme la echo como que nada  a la saltarina pelotita  más blanca que la luna.

 

Mi lengua  se estira hacia al frente, se recoge hacia atrás como acróbata famosa  esperando aplausos luego de arriba abajo baja sube como ascensor.  Le gusta tantear el paladar hacerle cosquilla hasta desesperarlo hacerlo picar y estornudar.

 

Usa los dientes y muelas  como resbaladera y escaleras, haciéndose la importante va muy campante  y ondulante sin saber que le darán un mordiscón cataplum.

     

III

La punta de mi lengua parece el capitán manda sin brújula ni barco y sin timón manda. Da saltones como un  ratón ladrón de queso huyendo de la trampa va rodando como carro

Chocón sin aguantón en piso de colchón de agua y jabón  con sabor a gelatina. Forma burbujas  con su pito de pez. Se lanza a maratones de viento con soplidos Juguetones de lengüetas  morisquetas y mordiscones.

 

Para despedirse del biberón como una mamantona pidió ayuda a los dientes  estos mordieron el chupón. Y se le acabó el tiempo de mamantona,  ahora con taza en mano ¿a que no saben que pide?

      

De vez en cuando se convierte en una serpiente amenazante, se estira y zumba rezumba       para que nadie se acerque ni la saque de su carrera de eres con erres sin re  ¿Qué no sabe ingenear?      


IV

Esbozo sonoro apropiándose del fonema. Boceto del sonido con su bosque incipiente  del silabario. Ofrenda palabra naciente. Voz toda.  Tocas silencios y nada. Ritual del deseo. Descanso del movimiento. Enmudece cuando quiere. Inquieta libera  fuga del horizonte. Epifanía del marasmo, toque de balbuceos.

 

El ahogo deja de ser angustia tensión de voces cuando desprende  una sola sonrisa, queda en silencio atenta al sonido.

 

A veces se siente una infanta descarada  e indoblegable ante nadie. Improvisa razones y creaciones inimitables. Compite indiferente. Descifra ausencia y presencia. Compone sin vacilación pequeño rumbo de vocales.

 

Inconfundible gozo primero habitando formas de gritos. Igual matriz de la naturaleza modula el deseo, modera su ser si le permiten quiere, puede, màs, avanza.  Es.

 

V

Se lanza toda una triunfadora arrebatadora y picarona.Gusta de concursos de fiestas y competencias. Sabe que una sorpresa  en la meta la espera. Una bandera de chocolate y una  línea de llegada de algodón de azúcar que ella tocará  con su boca única de ganadora sin igual. Toda impaciente se abalanzará  al premio. Acabará toda pegajosa empalagosa y golosa pidiendo agua.  

 

Descansa la lengua después de tanto aventón sin plantón sin ton ni son ni tontodromo para las preguntonas. Las curiosas ya ociosas perdedoras y somnolientas lenguaradas deslenguadas lenguonas y lenguaraz  dan lenguetadas de retros y muecas.

 

Al retirarse lentamente mi lengua primorosa ni corta ni larga mi lengua babosa cansada de tanto andar solo quiere un vaso de riachuelo, guarecerse en su guarida y solo dormir Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

      

VI

Cuando despierta hace casi lo que le da la gana. Se va de un lado para el otro lado. Cuando esta aburrida   se cuelga en un helado con galleta y se pasa. Lame que lame muerde que muerde hasta acabar toda melosa resbalosa y empalagosa encima del dibujo y del espejo callado.

 

Tan hablantina se está volviendo que debo tener mucho cuidado con su palabreo, cuando  juego con mi boca puedo hacer morisquetas, puedo dar muchas formas, al  llenarla de aire tengo que cerrarla rápido para que los cachetes de mi cara queden como dos globos a punto de reventar y mis labios  parezcan un anillo gordo rodeando un agujerito de cangrejo o una O encerrando a la luna dentro de una rueda de bicicleta para rodar por el espacio sin lìnea equicnocial.

 


Mis mejillas hinchadas hacen reír tanto a mis amigos, a mí, ni se diga, enseguida me desinflo y destornillo. Descanso para rato  y me ato como gato primoroso ronronero entre las faldas de la abuela que me acaricia  sin recriminarme diciéndome esto sí  esto no porque o si no…

 

Nos acompañamos solo los dos Hasta que la tarde caiga lentamente y sienta mi corazòn ante el tac tac de la puerta. Porque siempre  uno de los dos, papá o mamá llegan después a recogerme a casa de la abuela y nos vamos campante mientras preguntan què hice.

 

VII

Cuando era bebe de días de nacido hacía salir de la boca mis llantos de ser de hambre y compañía. Cuando tenía meses ya gorgojeaba, gritaba, agua pedía, hambre tenía,  lloraba sin pena hasta que atiendan mis necesidades y mis juegos, no descansaba, era un aquí estoy no me dejen tanto tiempo  solo. Desde que nací ya sonreía como un pajarito picoteando y moviendo sus alas a pleno vuelo.

 

Después hasta carcajeaba  como un jolgorio.  Más adelante como nadie gateaba. Daba pininos  muchos pasos. Palmoteaba con crayola en mano rayaba lo que encontraba. Luego todos atrás de mí porque no paraba  con mi andadera. De tocar coger romper tirar botar buscar sacar poner seguir

 

Yo no me acuerdo de eso pero me  lo han contado. Eso sí, todo así  asá, qué se yo.

 

VIII

Aún tengo mi juguete favorito, un muñeco de trapo ahora cosido por todos lados. No exagero y aunque ustedes no lo crean mi sonrisa es alegre, contagiosa,  a todos entusiasma. Si algo me pasa o no está la risa se me nota a kilómetro cuando estoy tristona bravucona vagoneta y contenta.

 

Mi boca a veces parece un suspiro cuando encanta y enamora se bambolea como una flor cerca de un gorrión  adivinándole el corazón

 Hummmmmmmmmnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn

 

IX

Mi boca saborea saliva y prueba. Gusto por gusto abro y cierro trago. Primero me tenían con pezón de mama y su calorcito. Unos meses después a punta de papillas y nada más, ahora frutillas con otros saborcillos con otras sorpresillas como milrayas en una peinilla sueno soplo y resoplo una cuchara más de bromas y maromas. Ando que quiero experimentar sin aviso, por eso me tienen vigilada todo quiero aprobarlo y reprobarlo.

 

Es muy curiosa parece una investigadora mi boquita bocota bocaza boca ensayo del conocimiento  


X

 

¿Qué me haría sin ti? A cuantos descubrimientos me has llevado. Cuantos sonidos puede hacer como una guitarra tocada  por la brisa,  sueltas tus cuerdas vocecilla suya y mía. Nosotras sin parar tarareamos sin fin. No hay quien pare tus ejercicios guturales de sílabas y fonemas. Repite que repite.

 

Hasta dar conmigo  contigo y con quién no en ese palabrero fragmentado como rompecabezas que sí que no pedazo de trozo y trazo de abrazos y regazos en un nudo de lazos.

 

XI

De voz en voz, del contacto con el otro se inició el diálogo y el deseo de que sepan de ti de mí  y de los otros ¿Recuerdan esto? ¿lo han escuchado?

 

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii iiiiiiiiiiiiOOOOOoooooooooooooooooooooooooooooooouuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu gu gu gu gu gu gu gu agú agú agú baaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

ba ba ba ba ba ba ba ba ba ba bata ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta pa pa pa pa pa

ma ma ma ma gua gua gua gua gua gua miau miau miau miau miau miau

     

Quién creyera de esos tanteos de sílabas y fonemas nació mi voz. La de quién no

 

Y así empezó el reparto de voces entre cuerdas flojas vozarrones y cantatas llevadas por ventiscas con vuelillos y veletas desde del cielo al viento hasta dar con la tierra al pueblo de chicuelos rimando en coro rondas de gritos de Pitos de estribillos de silbos y palabreros subidos de tonos entonos y tonillos.

 

XII

Sin  la ayuda de los otros me hubiese sido difícil  hablar. Hasta parezco a veces una hablista  palabreando mi infancia  que no ha perdido su jardincillo oral, que está allí entre arrullos y arrorró la voz  que me acompañó, acunó y abrazó con su palabra y cuerpo. Mis sueños de rayones  mi mundo de asombro. Mi mundo de preguntona  incorregible y  rebelde. Invento a gusto y disgusto fuera de modelos y controles.

 

Aprendí a salir de los tropiezos. A darle nombre a las cosas a  las personas a los animales. A ratos de dominio y conquistas pedía como si nada mandonamente lo que quería. Todo aparecía  como magia alguna, veces que fueron muchas. Otras en cambio  gritaba sin parar hasta berrinchaba. Ponía voz de trueno y nada asomaba. Como mis tretas no servían ni convencían tenía que dejarme como que nada y disimulaba hasta olvidarme.


 

XIII

Las palabras tenían formas, presencias, también ausencias, silencios inolvidables entre cantos y juegos de acertijos descubrí la calma la espera y el no todo.

       

Con mi boca doy besitos a quien yo quiero. Mi boca es un mago con sombrero donde saca sus secretos. Mi boca sin su lengua sería como una cueva abandonada. No sé  cómo sería sin ella ¡Imagínate! Si no la tuvieras a lo mejor todo sería desastre. Empezando por tu respiración hasta sin aliento quedarías. Sin su forma de cajita con espacio para la ventisca no habría sonido ni silabario sonajero. Sin sus cuerdas vocales no tendría ritmo, sin dientes las palabras serían pesgotes todo hecho  un montón de manchones ¿Qué cosa? hay más.

 

XIV

A los lados de mi cara tengo dos campanitas que son el radar  para atrapar los sonidos

No sólo de los humanos sí no de todo lo que acontece  a mí alrededor. Si mí mamá me habla yo la escucho y la distingo entre mil voces. Si mi papá me habla yo lo reconozco como un sol en mi recuerdo.

 

Cuando estamos los tres Juntos alguna vez me hacen sentir que tengo un abecedario en forma de árbol en forma de triángulo en forma de corazón que no se rompe al formar otras palabras otros dibujos ni siquiera se cuartean en mis pensamientos que giran como la tierra alrededor de otras ideas y vivencias. El y ella son mi sistema solar

 

Todos somos como satélites y planetas en equilibrio para que no choque el  misterioso universo con las estrellas que salen a pasear con nuestros pensamientos alrededor de la constelación osa mayor que cuida al ave del paraíso que guarda en su canto  el corazón del origen de toda una vida.

 

Esto me lo dijo mi tía que viaja a lo desconocido. No sé cómo lo hace pero tiene siempre algo que contarme.

 

XVI

Comienzo un comienzo que se inició antes que nazca. Nadie se escapa de esa lección a veces divertida a veces  mejor me callo, pero, te digo, cuando le coges el gusto no paras, ya vas a ver esto que viene lo armé  sin preocuparme por la real academia que parece un reino sin corona, mejor así, para que no se desplume al pavo real que se pavonea sin pretención de colonizaje.  A  ver si te diviertes o sino haces el propio.  Desármalo, reúne otro escenario sin  mí, pero antes empápate de lo mío, quieres !ahí va!

 

Aventón sin avión  ala de la A Bañista con botas busca en bicicleta  boca de la B Corriendo en círculos con caracoles a la  C  Desfilando despacio con los dientes dulces de la D  Elefantes enmascarados empujan al enano al estadio de la  E  Fregando fuego en la fogata con la  F Ganando goles con globos del gato a la G Hilando  hierva con historias de hormigas sin hojas de la H Iluminando idea sin incendio de iguanas  con la I  Juntando jirafas jorobadas con joyas del joyero de  la  J Kiosco del kinder sin kermés sin  kilos de Kiko de la K.  Lagartos y loros leen libro de laberintos de ladrillos de la L  Llantas y llaves lloran lluvia de llaves de la LL Marioneta y mariposas matan moscas con monedas milrayas de la  M  Nada ni nadie nada con mi nariz de naipe con notable nudo  de la N Ñato con ñata de ñandúes y ñacurutú con ñeque y ñañería de la Ñ  Oso ocioso ojo con la ola oculta en  la ojera de la O  Perro con pico de pájaro patea pelota  con pase al pingüino  de la P Quisquilloso quejoso quita quitasol al quitador de quesos  de la Q  Rey ratón con ramos de rosas va con reina a rayuela de roscas a roer  la R  R con R   RR RR  Burro aburrido arrastra carros de ferrocarriles de la RR

 

Silva serpiente  silbo del silencio tras la salamandra de  la S Traquetea tabla con temblor de títere tragando tortuga de la T Uña del unicornio ubica uva ululando al uniforme uf del ulano de  la U  Vaso verde vacío de viento y de violín viendo violetas con veletas de la V  Walkman dice wau al walón de wapití de la W  Xilócopo toca el xilófano a la ninfa Xana con xilografía de la X  Yoyo de yerba con yema de yegua con yapa yaya en la Y Zorro zurdo del zoológico zurce zapatos con zumbidos de la Z

 

Hasta el mismo cielo dónde los ángeles recogen y pegan en la luna las letras nuevas que viajan con las ventiscas para que algún niño cuando empiece su tarea pueda leerlas solo contemplando el resplandor que desprende la hermosa figura redonda.

 

(-Ves- ahora te toca a ti)

 

XVII

Mis dos campanitas que actúan como antenas se llaman orejas, a veces parecen caracoles atrapando gorgoritos de mar y cercanía de altos y bajos, gracias a ellas escucho, oigo mi corazón de tambor  te oigo a ti. Me acurruco con  el aire, sus melodías me envuelven. La naturaleza me abraza con su canto de hojas de pajarillos de mar y sospechas de silencios y bostezos de suspiros, no se diga los cuentos, las adivinanzas, los ritmos qué no más,

 

Me gusta escucharme cuando leo en voz alta, así caigo en cuenta como leo como hablo como es mi voz, como suena, como pronuncio, como me como las palabras, como olvido hacer las pausas como ignoro el punto la coma. Punto y coma hasta el mismo punto final

 

Aprendo  a preguntar a exclamar, aclamar a declamar, a reclamar y hablar en público


Que bueno todo esto porque se me va la vergüenza voy aprendiendo  a confiar en mí a que me escuchen  con respeto ¡Hurra!

 

XVIII

Les he hablado sólo de mi cara que parece una palabra una oración una frase una composición un conjunto lleno con sus elementos insustituibles, espero no les importe haberme detenido mucho con detalles de mi boca. Ojalá  no se haga vanidosa ni empiece  a competir con los ojos ni la nariz ni las orejas. Eso si no le permitiré que abuse de mis emociones, ella sabe que es mi favorita  ¿ustedes se dieron cuenta? Ya se que está demás la pregunta ante tantos elogios y exaltaciones.

 

¿Hago bien o mal prefiriéndola? ¿Qué creen?

 

Aconséjenme para no equivocarme ¿A ustedes les pasa lo mismo que a mí? ¿Qué hacen para tratar a todos  los sentidos por igual?

 

XIX

 

Ahora que me estoy viendo en el espejo veo otros detalles. Les cuento tengo lunares unas ojeras que se ponen grandotas cuando me acuesto tarde duermo poco me despierto perezosa molestosa y lagañosa. Ni modo tengo que levantarme temprano para ir a la escuela porque o sino  puerta cerrada retada y cuidado con la próxima falta que no me hace falta porque no soy coleccionista de amonestaciones ni de sanciones ni de nada que me quite mi libertad ni mi recreo.

 

Cuanto me alegro haber jugado con mi cara. Me olvidaba contarles que  me gusta mucho mi barbilla y mentón. Mi cabello es castaño mis ojos cafés. No les he dicho a lo mejor ya se dieron cuenta soy una niña. Cuando apenas nací  me hicieron dos agujeros en mis orejas. No sé si lloré mucho no sé si fue como una picada de mosquito, pero, ahí están, para que use aretes.

     

Mi piel es color trigueña y me gusto como soy. Mi nombre no se los digo tendrán que adivinarlo. Creo que hasta aquí no más me quedo con esto de presentarles. Mi cara y mucho más. ¿Se imaginan como soy?

 

¿Me quieren dibujar?

 

¿ O ¿ por qué no dibujas la tuya?

Hasta pronto.

 


MARISOL (cuento) carmen váscones enero 4, 2009

Posted by carmenmvascones in Cuentos, literatura infantil.
Tags: , , , ,
add a comment

 

Aquel día la pequeña quiso unir el cielo con el mar.  Se le ocurrió así de pronto.

 

-¿Cómo agarrar un ángel cuando pase cerca de mis sueños?- se decía para sí.

 

Se pasaba días y días mirando las montañas, quería cruzarlas de un salto, para ella no había distancia.  Cuando menos uno se lo esperaba ya estaba envuelta en su idea anclada al otro lado del horizonte.

 

Cierta mañana sin que nadie se lo explicase el arco iris estaba como diadema en su cabecita, ni se había dado cuenta, hasta el  no sé del por qué pasó frente al espejo y vio de reojo un mundo inexplicable cerca su frente. 

 

De pronto sin más, cual idea revuelta salió corriendo, sacó lápiz y papel y empezó a pintar unas inmensas nubes, unas olas gigantes, se demoró haciendo retoques y poniendo unos códigos entendibles solo para ella. También pidió prestadas las alas al colibrí que se asomó por la ventana.  Este un poco receloso le pregunta para que, chito le dice, eso no te incumbe, me ayudas o no.  Se remilgó en sus plumas, la vio decidida a no se qué,  mejor te subes en mi lomo y te llevo si quieres,  no le quedó otra, dio vueltas hasta treparse,  como por arte de magia se hacen uno.

 

Esto que ya no es ninguno de los dos sale corriendo, se esconde en el dibujo, luego de un menos que nada de un instante aparece volando y girando sin parar hasta chocar con  el viento.

 

Se desprende el cintillo, los colores se desparraman hasta no distinguirse.  Se hace una confusión total.  Parece una oscuridad eterna el dibujo quedado en la mesa.

 

A lado de este sólo hay  unos rayos de sol cortados en trocito, también unas letras sueltas, que al unirlas decían: No me busquen porque me he embarcado en la línea imaginaria que lleva al silencio que nadie quiere romper.

 

Ahí estoy, como el resto de una estrella fugaz atando lazos de agua en el firmamento, nadie puede ver estos instantes desconcertantes.  La noche  se posa en mí para que ninguno sepa como logro unir el claro y el oscuro para siempre.

 

Les cuento, tengo una lamparita de luna que asoma en la puntita de mi nombre.  De vez en cuando sin que ninguno lo note formo una sombra igual a la que tengo detrás del  firmamento.  La hago llegar a la memoria de los que quiero.

 

Ahora convertida en hada, cambio el momento.  Sostengo la sonrisa en los recuerdos.  Acojo los alientos, los reparto entre peregrinos de nieves y danzantes de olas.

IVONNE Y EL LAGO (cuento) carmen váscones enero 4, 2009

Posted by carmenmvascones in Cuentos, literatura infantil.
Tags: , , , ,
add a comment

 

Había una vez una pequeña llamada Ivonne que le gustaba jugar cerca del lago donde estaban todos las sapos nunca visto, le encantaba chapucear con ellos, hasta que un día se le metió en la cabecita  uno sin saber que  era el príncipe del cuento que había leído no sé qué rato. Por lo que se le ocurrió que para encontrarse con él y la conozca a ella, se amasen para siempre tenía que irse a vivir al fondo del agua trasparente. 

 

Se puso a pensar y repensar cómo. Hasta que trasladó el inmenso lago a su pensamiento y también a las  requeteverdes, solo faltaba ella, y no sabía cómo. 

 

Sin que nadie se lo impida un día se puso otra vez a estar soñando que un sapito con corona la invitaba a que cruce el camino desconocido por los humanos. A lo  que muy inquieta, coqueta y soñadora le preguntó qué era lo que tenía que hacer, él muy saltón y enamoradón le dijo que lo mirase fijamente sin pestañear y ella se puso requeteseria y concentradona y sin darse cuenta quedaron sus piyamas en la cama, lentamente se desvaneció por su propia boca sin que nadie notara  porque era de madrugada y ningún gallo cantaba todavía. 

 

Lo único que se escuchaba mientras duraba este traslado era un croar infinito, tanto fue esto, que todos los de la casa se despertaron,  no sabían de donde venía todo este ruido,  se pusieron a rebuscar y buscar hasta que entraron al cuarto de la pequeña y se quedaron asombrados de lo que veían a través del reflejo de la cómoda… 

 

Si quieres saberlo, mira en el espejo de tu casa y verás el mundo del príncipe y de la princesa que construyeron un castillo al fondo del lago  dentro de una burbuja  gigante de aire que flota dentro del agua como nunca nadie ha visto, también salen a darse sus zambullidas, buscar qué comer y mirar todavía el cielo con sus estrellas.  

 

La pequeña convertida en rana sabe que nunca más  podrá volver al mundo de las razas.

 

Eso sí, luce una hermosa corona de perlas que le dio su amado.  Ambos están felices de haberse conocido, y no desean volver a ser nunca humanos.  Entre tanto van y vienen como dos encantados con su secreto.  Para envolverse en magia se han dedicado a escribir versos con gotitas de agua.

 

EL HOMBRE BARBUDO (cuento), carmen váscones enero 4, 2009

Posted by carmenmvascones in america, carmen vascones, composición, creatividad, cuento, eduación y espacio, educacion, espacio para la creación, lector, lectura, literatura infantil, pedagogía, prosa poética, redacción, relato, voz propia, voz y lectura.
Tags: , , , , , , , ,
add a comment

 

 

 

EL HOMBRE BARBUDO, POR CARMEN VÁSCONES

 

Había una vez un hombre barbudo que vivía encima de un árbol, y tenía una barba, que era tan pero tan larga que al caminar se enredaba en ella. Como era de no sorprenderse ni de hacer que no se esperaba lo que ya nos imaginábamos,  sucedió que se resbaló, golpeó, y se estaba ahogando con  sus propias barbadas.

 

 


Como siempre no falta que alguien esté por ahí fisgoneando desde algún lado. Sucedió como si nada una aparición de pronto.  Desde la ventana de una casa había una niña que se dijo para sí -este hombre necesita ayuda-. Rápido se fue a su cuarto, rebuscó en el  costurero  de su  mamá, y  con  tijeras en  manos  salió corriendo hacia donde estaba tumbado Barberín, que así se nombraba con orgullo.

 

 


La pequeña, sin preguntárselo dos veces fue corta que corta hasta toparse nariz con nariz con el hombre que tenía los ojos desorbitados como bolas de fuego.  Ni se había dado cuenta que este desconocido bufaba como animal a punto de atacar, dio un solo resoplido, sin dar tiempo da un manotazo que de un sopetón agarró la mano a la niña, y le gritó -¿qué has hecho?-.  Ella sin atinar a decir, le balbuceó, – ¿si te he salvado la vida, por qué estás así?- A lo que él gruñó   -no te he pedido absolutamente nada que nada, ahora verás lo que voy  hacer contigo-

 

 


La niña, que era  rápida para pensar y no tenía miedo, le dijo, -yo te puedo poner de vueltas tus barbas, si es por eso que estás tan bravucón y amenazante-, a lo que él, le dijo, -te doy una hora para que resuelvas lo que has destruido-.

 

 


La chiquilina regresó a su casa, cogió toda la goma que pudo y se fue a pegar los pedazos regados en la tierra.  Mientras avanzaba en la compostura, algo extraño sucede en él, que le va haciendo cambiar las expresiones de su rostro.

 

 


Indagando en su cabeza calva  podemos apreciar que cada fragmento de pelos pegados deja asomar la vida que se había ido. Este mirarse así, lo hace sollozar como niño desolado, a lo que Flor, así se llama la intrépida, una vez de vuelta, y como que no pregunta media ablandada le dice -¿qué  pasa? ¿No te entiendo, te duele algo por la caída?-.

 

 


Él la mira, calla, deja que termine, le agradece, y le pide que se aleje, que no averigüe más.  Ambos de espaldas al incidente, caminan sus rumbos, ella, no sabiendo si hizo bien o mal, pero con la certeza que estuvo en el momento preciso.

 

 


Ël descubrió que por dedicarse a huir de la rutina y dejarse nacer y crecer las barbas hasta más allá de los pies del ciempiés  y traspiés,  había quedado atrapado en su propia quijada  Había olvidado quién era.  Su memoria estaba casi perdida; y, que si no hubiera sido por esa pequeña  metiche no hubiese encontrado el camino de donde partió.


Recordó que tuvo un hogar mientras enrollaba tanto pelo gris, se acordó que tenía un baúl enterrado debajo del árbol donde habitaba hace tantos años.  Lo buscó un buen rato, hasta que lo halló, excavó lentamente con sus uñas, lo desenterró y lo abrió, se encontró con una foto, ropas desgastadas, también había un espejo,  se miró y lo comparó con la foto, eran los mismos pero dos desconocidos, que no sabían nada del otro.

 

 


Sin más se encaminó al río, se metió en él, se despegaron los fragmentos, se tocó el mentón y sonrió. Se quedó con un rostro tal cual en ese momento pudo verlo en el agua,  sintió que debía volver hacia algún lugar, pero estaba cansado, nadó como desperezándose, salió con el cuerpo alicaído y arrastrando los pies,  se acostó cerca de la orilla, se durmió.

 

 

Soñó que su infancia se acercaba montada en un caballito de palo mientras la noche caía a su alrededor como abrazo llevándoselo.

LA FLAUTA DEL AGUA DE JAVIER VILLEGAS, por carmen vascones diciembre 18, 2008

Posted by carmenmvascones in Cuentos, Lectura y Reseña, literatura infantil, POESÍA.
Tags: , , , , , , ,
2 comments

 

El poeta celebra la imaginación.  La magia desborda inquieta como naturaleza en el génesis .  La creación entorna el espacio con espacios sorprendentes, donde las nubes, los animales, las frutas dejan su estela silabaria en recuentos de escenas y garabatos.

 

El niño corre divertido en la página que engendró el “atrapador” del tiempo y del juego.

 

El amor se aromatiza, evoca al pistilo,  en picos de “rondaflor” el polen danza. ¿Los pequeños desplazan al narrador o  es la misma presencia del poeta niño aliado para siempre a esa presencia que es un presente llevadero de la infancia del ser?

 

La palabra sembrada en el jardín de los sueños no asusta, permiten mirar a los ausentes sin temor.  Algo así como la vida cuidada por jardineros que cultivan secretos que no puede responder la razón.

 

El sol parece una nota brillante en el canto del gallo, la alegría llueve como pandereta girando alrededor de la luna.

 

El tiempo parece sirena montada en caballito de mar aprobando y desaprobando los ensayos de la ronda.  ¿Quién no ha jugado alguna vez en su vida? ¿Por qué olvidar?

 

“Sueño teje, sueños borda/ y la alegría del niño/ parece que se desborda”.

 

Las emociones parecen ventiscas y ventarrones saliendo por la “flauta del agua”.

 

Los habitantes del lenguaje orillan sus recuerdos, excavan en los silencios, indagan en las vivencias, sobrevuelan en letras mágicas, hablan con el campo, el río con todo y entre todos.

 

La palabra “anida en su voz la aurora”.

 

Los momentos se habitan y deshabitan con vuelos de golondrinas.  Ellas vuelven con ofrendas de barro amasadas en la  trompa del arco iris.

 

Red de cantos con plumillas de versos,  pasos  liberando al trompo del trajín que lo envuelve la piola, trotes de cansancio, y potrillos que vuelan y nadan en la memoria que empapa la alegría de la infancia.

 

¿Sabes de quién hablo? Si no, búscalos en la flauta del agua que “lleva un corazón alegre,/ tan alegre como el mío”.

 

carmen váscones

3/2/2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HANS CHRISTIAN ANDERSEN EN SUS 200 AÑOS, por carmen váscones diciembre 15, 2008

Posted by carmenmvascones in biografia, Cuentos, Ensayos, Lectura y Reseña, literatura infantil, pedagogía.
Tags: , , , , , , , , , , , , , ,
add a comment

(Dinamarca. Nace en Odense el 2 de abril de 1805 y muere en Copenhague el 4 de agosto de 1875) . Escribió más de 150 cuentos, publicó su primer librillo de cuento “Cuentos de hadas contados para niños”, 1835 ;su obra autobiográficas, “el libro de la vida”, 1833, “El cuento de Hadas de mi vida sin ficcioness” 1847, “El cuento de Hadas de mi vida”,  1858; uno de sus mejores libros de viaje “el bazar de un poeta”, 1842,otros, “Visita en Portugal” 1866, “En Suecia”, 185, “En españa”, 1862-631 “ , 1842 escribió pocas novelas entre ellas está su primera novela “ El imprivisador”, 1835, “Tan solo un ministril”, 1837, “Solo un músico” 1837, , “Las dos baronesas”, “Ser o no ser”, 1857 “Pedro el Afortunado” 1870; Aparecen sus últimos cuentos entre ellos “La llave del portal, y “La tía dolores de muela”, 1872. A partir de 1858 adquirió la costumbre de narrar de su propia voz los cuentos que lo volvieron famoso.  Sus cuentos y autobiografías han sido traducidos a casi todos los idiomas, llevados al escenario del cine y del teatro.  Su voz se hizo universo de la infancia, cambió los códigos de la literatura infantil, hizo los propios.  Murió en la casa llamada Rolighed quinta de sus amigos Melchior, cerca de Copenhague donde está enterrado.

UN ACERCAMIENTO AL INMORTAL ANDERSEN

I

Hace 200 años nace el hombre que reconcilia la magia con la realidad: su fantasía, esplendor del decir; cuento y poesía en el tocador de los labios de la palabra habitante de la imaginación. La orfandad en su pubertad no eliminó el campo de sus sueños aún a pesar de que siempre sintió un algo carecía. Eso no disminuyó ni un ápice su mente creadora.

Muere su padre en 1816, este había sido enfermizo, lo había engendrado cuando tenía 22 años y su madre algunos años más que su marido. Apenas Hans Christian tiene once años ante esta primera pérdida, quedando inconcluso sus estudios, luego su madre lavandera, que “sabía hacer las cosas”, que era alcohólica y supersticiosa según los biógrafos esto último influyó en el “nerviosismo” del escritor, se hace de compromiso en 1819, Hans Christian se separa o huye  de su lado y se lanza a un encuentro propio. Ya a sus catorce años apenas toma un giro su historia, el jovencillo se va a probar suerte en Copenhague.

El hijo del zapatero remendón será el invitado de la vida. Es importante resaltar que su imaginación fue alentada por la indulgencia y tolerancia de sus progenitores, se hizo teatros y marionetas, representaba a sus autores favoritos, en el trayecto de su sendero quiso ser cantante de ópera, danzante, pero el camino no estaba por allí. Fue autodidacta, lector de Goethe, Schiller y Hoffmann sobre todo, ambiciona triunfar como dramaturgo, tampoco los éxitos estaban por ahí. Eso no desanima su aventura y  su propia búsqueda, pasa  3 años (1819 a1822) vagabundeando e investigando y boceteando sus propósitos y formaciones. De anotación entre anotaciones va entretejiendo y sacando sus producciones poéticas, epigramas, sus tonos interiores, sus impresiones de su ser itinerante.

El viajero se reporta así mismo, se autobiografía paso a paso.


En sus andares conoce a Jonas Collin que le ayuda para la obtención de una beca para sus estudios aunque esto no le atraía, igual concluye la escuela y termina el bachiller con la promesa de no escribir literatura mientras dura aquella formación, esto dura 6 años (l822 a 1830).

Entre 1833 a 1834 se lanza a su primer viaje al extranjero, y está recorriendo, Francia, Suiza, Alemania, Austria y principalmente Italia, en Roma es avisado de la muerte de su madre.  Punto aparte. Duelo, distancia y silencio.

II

Otro prólogo prepara para su nuevo nacimiento.

Dibuja y describe, boceto y reporte, ilustra y escribe.  Viaja, se impregna, se empapa, hace cartas, diario, se hace su propio cronista.  Su fantasía crea y elabora sus propios pensamientos.  Sus modelos literarios se rompen en sus propias experiencias, innova.  Su libertad de peregrino, de figurero, de experimentador, de contador, de dibujante le va dando formas propias,  va delineando su estilo, incursiona su retrato interior y su representación y reconocimiento de la vida en el escrito donde cuenta otra vez, una vez, había. Su composición es una contraposición entre sentidos y perspectivas.  Su voz ordena una sintaxis, crea una ortografía propia de hechos que se velan y desvelan entre trazos, plumas, carboncillos y manuscritos.  Pudores y rubores de arte, relatos y vidas sintiéndolas cerca y distantes como un paisaje entre bocetos, señales y otros puntos de resplandores y fulgor.

Y entre eso, un tú esquivo y silencioso del romántico apenas delineado sin llegar a ser ni estar en el lienzo, pero que se permutan y transforman en hadas, princesas y otros roles en la escena de la letra legible del Danes.

Se anticipa lo que va a llegar a ser, todavía no se daba a conocer como el escritor que iba a irrumpir,  más en  1835 se da en serio al público con  la novela “el improvisador” y cuentos de hadas para niños  que contenía “La caja de yesca “ y “la princesa y el guisante”, y algunas piezas teatrales, va apuntalando la verdadera historia de su vida.  En su memoria y psique queda una impresión sobre el hogar: “una melancólica soledad”, poblada de inquietudes.

Emigra como ave a las invitaciones de las estaciones que lo abrigaban y aquietaban por rato como “apreciado huésped”. Cual visitante inquieto de una felicidad añorada va recorriendo y transitando entre vistazos, anotaciones y reflexiones los caminos que explora. Se hizo amigo de otro grande de su época Charles Dickens, el realismo de este asentó precedente en las bases mentales del joven escritor Hans Christian, le crea un hilo interior que desmadeja el nudo pendiente entre cabos sueltos, inclinaciones y líneas de equilibrios y desequilibrios.

Conduce sobre los rieles que conllevan su fantasía y propias realidades.


Su estilo como escritor era parte de su agudo sentido de percepción, era inmutable e indolora su descripción, era un observador innato, tenía un espíritu artístico.  Se divertía de todo lo que creaba, parecía no sufrir con su imaginación, estaba impregnado de génesis.

Cuentan que hizo numerosos dibujos para divertir a los pequeños de sus amigos, es así como en el museo Andersen se pueden ver dibujos a lápices que representan figuras sacadas de la libre fantasía y escenas con figurillas que pareen porvenir de sueños.  Su perspectiva era un espacio ocular que unía los sentidos, dejándolos salir sin represión ni censura.  En la creación no pensaba, sus ideas actuaban en el papel y en sus cuentos orales que contaba en las reuniones con sus amigos.  El pensamiento y la fantasía eran uno, a la vez y simultáneamente eran apresados en la expresión que era el espacio creativo, esto era el estilo de contar  del ser del escritor. Su talento era un pleno de siluetas, plumillas, relatos y palabras describiéndose así mismas. “Impresión gráfica”, gesto y ritmo de líneas, diseños sensoriales y sensitivos, firmeza y fuerza en el pulso, certeza y confianza, exuberancia y color que se  desplaza entre dibujo y palabras.

Anderson recortaba imagen sacada de su creatividad, ilustraba sus relatos, el mismo hacía sus dibujos.  Era el dios, padre nuestro de sus figurillas de papel, bueno en esa época el arte de la silueta era un uso corriente y a diario.  Hacía figuras, trazos, bocetos de sus fantasía y observaciones poéticas, retrataba e imprimía a sus personajes en el teatro de sus fecundaciones.  Ilustraba y dibujaba sus impresiones directamente recibidas por sus sentidos en tiempo presente, las tomaba con su flash perceptivo y directamente las pasaba al escrito hecho a mano o con crayón.  Estos dibujos, apuntes, descripciones eran referentes para sus escritos.  Sus diarios, sus reportes dejan constancia del viajero que fue.  “Todos sus escritos fueron el revivir lo antes visto”.  Su relación natural  con la vida libre de oficio y oficialidad deja sentir el impacto de su nexo con lo natural y la condición humana.

Nos deja un impacto, impresión y cortocircuito entre su escrito y la vida, luego entre el lector y la obra.  Handersen con su alma de poeta nos toca.  La obra acabada era su obra escrita, el dibujo una realidad y fantasía atrapada e impresa en el instante original de un tiempo donde fusiona eso de vivir la imagen y la palabra como una en uno.

El viajero, paisajista y noticiero deja saber en sus cuento Tía dolor de muelas que “a menudo yendo por las calles de la ciudad, me parece como si anduviese por el interior de una gran biblioteca, las casa son estanterías de los libros y cada piso es un anaquel.  Aquí hay una historia cotidiana, allá una buena comedia, …acullá literatura buena o de pacotilla.  Y puedo fantasear y filosofar sobre todos esos libros”

El hijo del zapatero remendón, es el invitado de la vida. No fue hijo de “cuna” noble, tampoco necesitó este detalle social para tener luz propia.  Él cultivó su talento, sus méritos los ganó con el sudor de su frente.


Fue su padre, Hans Andersen, culto, ateo, liberal pensador reducido a la pobreza, quién sabe por qué, se sabe se hizo de oficio de zapatero sin importarle el que dirán, era parte del gremio en su pueblo de artesanos, la necesidad y supervivencia van de la mano, entre cosida, aguja y piola, al pequeño Hans le leía cuentos de las mil y una noche, este contar le alimentaba la imaginación, y también se dio tiempo para hacerle un teatro mecánico a su único hijo, el chiquilín tenía de juguete un títere  al que le confeccionaba diferentes vestuarios con sus propios manitas, y le armaba historias van y vienen.

Su madre Anne Marie Andersdatter, fue limosnera en su infancia, sin estudios, después, dedicada al oficio de lavandera de las familias del pueblo, siempre de tarea en tarea, tenía que trabajar para el sustento, dicen tuvo una hija antes que Hans que la criaba la abuela materna, ¡hum!.  Era fanática religiosa que lindaba con la superstición, la expiación, escondía en el alcohol su trajín, desde temprana edad luchó la vida para que no se le vaya del cuerpo,  había sido demasiado real y duro.  Quizás ella le transmitió a Andersen, que la virtud y la inmortalidad es un don dado por Dios, y que si llevaba un camino decente la divina providencia le tendría “planes determinados”. De ese árbol genealógico de esta familia se tiene pocos datos, es posible que en la tierra madre del escritor se tenga más información.

Los tres vivían y dormían en un espacio muy reducido de una pequeña habitación. Cuando Hans nace su madre tiene algunos tantos años más que su marido y  su padre tiene apenas 22 años y según recopiladores de restos de rumores y escarbadas han encontrado que en el inicio del hogar incipiente la cuna para el recién llegado  fue hecha por su joven padre de las sobras del túmulo de un féretro. A los 33 años fallece su progenitor, el púber estaba con 1l años y tuvo que dejar de asistir a la escuela, antes las urgencias del sustento, entra a trabajar a una fábrica, pero inexperto, inhábil, sin fuerza física, debilucho, ensoñador,  pensando en cómo convertir lo aparente en real y cómo a lo real darle una realidad que pareciera y diera impresiones creíblemente increíbles. No daba más de lo exigido a los obreros.  Asimismo, fue convenciéndose que era lo que no era, en ese “ser o no ser”.

Será y no será.

Esta meditación y reflexión de paseante interno fue un habla que le iba revelando quién era. La misma que le  puso a desandar y andar las reglas filiales y sociales, los legados transmitidos por sus progenitores los depurará, discutirá con Dios, sensualizará el paraíso, hizo añicos el espejo para que cada uno lleve enterrada la mirada en el desencuentro con lo inmortal, contradictorio, juega con el alma, la frota en su cerebro, la corona con soledad, deshollina la tristeza como ofreciendo fósforos encendidos a la sombra para acompañarla.

Deshilvana lo justo e injusto, Corona el vacío. Cuando se creía feliz “quería apretar a Dios contra su corazón”.  Cuando carecía de alma como Ariel despeñaba la conquista: desvanecer lo mortal  como la espuma, a menos que “conquisten el amor de un ser humano”…


“Su vida eterna depende del poder del otro”

Hizo para sí, un creador sin tiranía, sin corona, sin estado, se apoyó en el maestro Jesús, lo hizo a su modo su modelo, los clavos y los silicios, son sutiles incones que dejan ver los orificios de la miseria en la esclavitud de una corona que aprieta hasta hacer sangrar el deseo, está vetada la codicia, la semejanza, está prohibido soñar.  La opción: la muerte, el vía crucis o la mutilación para liberarse de la tentación o de la opresión del rechazo.  Léase, “Los zapatitos rojos”,  “La sirena”, “La pequeña vendedora de los
Fósforos”.

La vida un sueño imposible menos en la imaginación ni en la resurrección del personaje.

La creación nos devuelve del había una vez, a un hubiese sido, a un es posible todavía otra cosa, ya que el misterio de la muerte nos pone a raja tabla a tocar la vida con pasión y compasión a pesar de la descompensación.

Actúa como guiador de los niños que los deja acercarse, y la naturaleza era la iglesia de todos.  Por lo tanto no tuvo que ahuyentarse de su propia vida. Él traduce fuerza y poder como uno solo.  Saca de su debilidad la fortaleza. Se expía, comulga con la fantasía, el infierno arde en sus escritos que no se hacen cenizas: sus confesiones.

Saca a la luz el paraíso y el infierno dentro de la imagen. Juega al soldado sin matar, sin ir a la guerra. Describe el juego cruel del humano con la naturaleza y las especies.

Hace entrar al ave fénix al paraíso,  Desnuda el espíritu pagano del ser, los desnuda, lo hace ver su incumplimiento: promete lo que no cumple.    El paraíso está cargado de sensualidad: sin remordimiento y vacilación lo humano se goza divinamente.  La caída: no hay salvación para la codicia eterna y mundana.  La marca del placer sujeta a la muerte: el acto prohibido, llama eterna.

Avanzar es vivir, caer es morir.

El verdadero poder no es humano, es divino, y el que usan los mortales es innoble por sus abusos, este poder derrumba la creación, será acaso esto la tesis,  la teoría, la filosofía y la ciencia  del alma del poeta narrador.

El rompecabezas de la eternidad: la razón que crea.  Lo mortal goza el cuerpo que ansía inventarse una vida propia. Dentro del silencio de la vida también el de la muerte.

III

En sus inicios de muchacho trabajador todavía niño, distraía a los compañeros con sus comentarios y se convertía en hazme reír; su fantasía se imponía y su inconformidad a la rutina lo distraían. Se escabullía de la pobreza desalmada y sin “esperanza”.  Su modo de ser será quién edifique su “natural modo de andar ante la vida” Entrando a su adolescencia se construye un pequeño teatro de marionetas y se dedica a representar las obras que pudiese conseguir, tales como de Ludving Holberg, Shakespeare.


Soñaba en el tablado y las tarimas, capítulos y epílogos.  El camino lo va haciendo sin todavía enterrarse exactamente.  Su madre vuelve a casarse, en 1819,  casi desolado y abandonado así mismo. Y qué ocurre cuando su madre se hace de segundas nupcias, algo se hace incompatible entre los dos.  Hay otro que no es sangre de su sangre, hay una nueva situación que no aguanta, que lo envía a que no permanezca a su lado y  huye, a sus 14 años decide probar suerte, toma  rumbo y se dirige a Copenhague. Allí conocerá al que  ocupará un sitial importante en su sendero, cuando se hace amigo de Collins le da un lugar  especial casi de padre sustituto, se deja guiar.

En su imperativo interior lo atosigaba: el teatro, ser director,  actor, cantante de ópera, danzante.  Tenia delante sus narices  el porvenir pero se buscaba al otro lado del  espejo porque todavía no podía verse.  Quería algo diferente, portaba el misterio a develarse en su ser andante y viajante.  Era un curioso, todo le llamaba la atención. Esto no aminora su audacia de lanzarse al ruedo de su propia vida.  Se marcha con una recomendación para ser bailarín del Teatro Real, conoce músicos, se hace de amigos que le van abriendo pistas y contactos, busca oficio y no le va bien.

En el andar conoce al Poeta Guldber: le recomendó estudiar gramática, cabe señalar que la ortografía eran puntos débiles en sus escritos, un cortejo de faltas, rosarios rotos de palabras inentendibles y deberes nunca hechos, y una pereza para las planas aburridas del aprendizaje de repite, copia y lee, y sigue. Tenía aversión a los estudios, fueron momentos amargos y sombríos pero  ni modo, necesarios e indispensables. Lo autodidacto era insuficiente.  Tenía que probar a los letrados e intelectuales su saber. Cuentan sus biografías e investigadores que “su sistema nervioso fue altamente sensible durante toda su vida, tenía aflicciones, flojedad, dolores de cabeza, mareos, depresiones, y se impresionaba con facilidad.  Su fuerza mental imperiosa no espera lo lanza, lo agota, lo reenvía a no cesar. Tenía que competir consigo mismo.  entretelones, sube y baja la cortina, otra función, se abren las puertas.

Siempre tiene que haber un suceso parecido al milagro,  conoce al Director del Teatro Real, Jonas Collins, “su autentico benefactor”, lo apoya para que estudie en el Colegio Slagelseé, tenía 19 años y sus compañeros de curso l0,  esto de ser un grandulón, reflaco, desgarbado, con apariencia de feo y facha  de pobre es una   experiencia de las más duras.  Pero el que la sigue la consigue, cumplió consigo y la promesa De no distraerse escribiendo poesía y cuento a su filántropo y amigo, pero eso queda en el reservorio de sus tesoros guardados, y de los escuchas imaginarios o desperdigados en la realidad. Los niños pueden ser terriblemente crueles con sus burlas, qué no más habrá pasado en esas aulas, es posible que el para controlar ese mundito en efervescencia de los otros y el propio se dedicaba a llamar la atención como si nada contando relatos, su palabra, era su arma e instrumento y carta de presentación, domaba al espejo con su humor impíamente divino.

Luego Collins lo introduce en la “elite cultural” de Copenhague, entra a la universidad en 1928 y publica su primer libro el 1930 a los 25 años, ya era para entonces un poeta resonado, publicado varios cuentos, lo que no dejará de hacer en su vida.


A veces su exceso de vivacidad e ingenio era sospechoso, de pronto era el velo de sus ratos de abandono total, de duda y confrontación con su nada y vacío “estoy a punto de abandonarte a Ti, a quien debiera agarrarme con la fe de un niño” o esto otro “es extraño que en momentos de angustia y sufrimiento no me sea posible a Dios”, rebeldía, falta de humildad y desasosiego, e incluso la desaparición del cuerpo ante la muerte lo ve como una infelicidad, no dejarse morir es la apuesta con la vida que cada ser humano se la juega, el truco está, con qué artificio se sostiene este “talón de Aquiles”.

IV

En el Danés el humor, la “fina ironía” y lo excéntrico de su ser, es un modus vivendus, tenía que hacerle quite a ese remezón y vértigo depositado en alguna parte, que de vez en cuando supuraba. Siempre tenía anécdotas y algo divertido que contar.  Le gustaba viajar, recorrió Europa,  es Italia la que le hace engendrar su primera novela “El improvisador”, que aparece en 1835, con pocas ventas, pero mucha producción y publicaciones.  Viajar era un placer aun en condiciones difíciles, otro largo trayecto fue de 1840 a 1841, entre mar y tierra se cosecha el libro de viaje más aplaudido “el bazar de un poeta”, en el que  narra su experiencia.  Ya es un consolidado escritor, un personaje nacional e internacional de  la escritura, aspiraba convertirse en novelista y dramaturgo.

Su literatura infantil, tenía  humor, caos, ironía y dosis de una mil unas noches. A la moral le quitó la máscara, su prosa leve y popular llegaba directa, sus temas eran singularmente universales.  La leyenda, lo popular, los mitos, viajes y autobiografía eran sus referentes. Andersen Jr.   Nunca repudió, ni negó sus orígenes, tuvo orgullo de su sangre, no sintió vergüenza del oficio “humilde” de sus padres, ni del apellido que portaba, no se lo cambió. Más claro, no necesitó cuna de oro ni moneda constante y sonante  para ser alguien y hacer algo.  Sus méritos son sus escudos de honor y triunfo. La nobleza, para Andersen era “la bondad de la naturaleza humana” y este es el rasgo que debe rescatar el poeta”.

La naturaleza y las vivencias eran su arte y su género masculino y femenino graficando la voz narrativa y poética.  Y como resultado la escritura  oral, su trinidad, tú , ella y yo, o imagen, palabra y ella en mí.    Esto es como decir que en su creación el principio fue la imagen lecho del verbo, hecho uno en el cuerpo de ella: la escritura, dentro de la voz de Andersen.  Era ateo por gracia divina, sin ave concebida, sin hágase tu voluntad, sin he aquí la esclava del señor.

El poder de la  palabra de un hijo  sin descendencia y sin misterio concebido.

Contraposición de los sucesos del cuento y de las escenas. Relatar la historia no es lo mismo que contar la historia, y ésta última hacerla un cuento de vida y obra a saber la vida, de un cuento con hadas y de vidas sin mujeres en ese “cuento de hadas de hadas de mi vida sin ficciones” que el escritor refiere.

No se dejó morir en su alma cargada de fantasías, ella: nido de gracia y de creación.


Su hogar un sitio anhelado, más tarde será “una melancólica soledad” poblada de inquietudes, que lo hace emigrar como ave a las invitaciones de las estaciones para que lo abriguen y aquieten por rato como “apreciado huésped”.   El espectador excepcional, el hombre de ventura, alargó la vida sacándola del anonimato, creó una compañía de carne y hueso en la memoria. Su puesto como escritor una acción inagotable de ocurrencias y de genialidad. Andersen torneó su propia leyenda y mito, le puso suela de palabras a los andares del lenguaje.

Calzó el tiempo con magia, dibujos, historias, poesías y virtudes. El no fue hijo de la apariencia, él siguió y anotó la huella del nudo filial y social. Trabajó su pedazo de curtiembre,  la cosió en la idea para no olvidar su origen. Esa herencia, la cosió no como un remiendo ni añadido, sino que lo llevó al inventó y reponer la falta con creación y arte. Su propia carencia fue el motor de su génesis mental. Entresacaba los argumentos, perfiles de otras huellas y pisadas propias, se apropiaba de un lado y otro lado de los tejidos sociales.  No desperdiciaba ni un trocito del cuero transmitido en la memoria.  Su escritura superó al oficio de sus  padres, el remendón y la lavandera fueron sus personajes hecho uno.  Les dio un espacio y lugar en el tiempo.

En su cráneo dio volteretas a la razón, a los hechos, alargó la vida antes de que se conviertan en olvidos. Sus compañías, público, y director compartieron las venturas y desventuras.  Todos juntos  fueron su mundo y el de los otros, no los redujo a un oficio, ni función, cada uno cuenta por contar.  Cada historia es importante, son breves, se hilvanan al antojo y según le parece al dios de la palabra.  Su requisito para la actuación eran los defectos y virtudes ya que todo enseña y llega a ser algo, hasta la cosa aparentemente más insignificante.

V

La condición de la fortaleza humana es su poder de uso, su don y sabiduría que  no tiene nada que ver con la pedantería, sobradas  y falsos orgullos, ni siquiera con títulos, oficios, profesiones enmarcados. Tiene que ver esta condición con lo simple y sencillo de una “gracia concedida”. Los actuantes dejan ver en su deseo al Dios y a la bestia que portan, sus caminos envueltos y a desenrollar,  dan cuenta de la mascarada y el disfraz, ponen al descubierto la miseria y la felicidad del vecino. Son los protagonistas principales junto con otros actores interpretando sus propias vidas y representando el porvenir desoculto, original versus “una copia extraña del propio yo”, donde el animal que habita en cada uno sale como “una figura orgullosa” con el peso de la vanidad a cuesta que poco a poco se hace polvo.

En su cuento del “Humor” dice cuando “alguno de mis amigos o de mis no amigos se pasan de la raya conmigo, me voy allí, -hace referencia al cementerio- busco un buen trozo de césped y se lo consagro a él o a ella, a quien sea que quiero enterrar y lo entierro enseguida…” Al fin y al cabo es una sola vida la que se carga, y si hay que aliviarle o quitarle peso hay que tener licencia propia para desmontar de la memoria la estupidez humana y continuar. O esto otro en su cuento “El último día” “lo que de bueno hice en el mundo lo hice porque no supe hacerlo de otro modo, pero lo malo…eso sí que fue cosa mía”.


Y,  no obstante, la gracia llega como sorpresa inesperada a quién se concede un espacio sin tensión dentro de la hoguera del espejo.  La claridad de lo bienaventurado es inagotable, ¿trabajamos por ella? Eso nos los da a conocer nuestras acciones que lee y recibe mi desemejante. Al mundo que inmortalizó lo indagó, lo extrajo de la miseria humana, de lo bello; da a conocer sus modos de habitar y contradecir la existencia, los independizó de la marginalidad, y del vicio, los pone de igual a igual con los otros, el príncipe experimenta ser un porquerizo para ser amado; la princesa tiene que probar ser princesa sin saberlo; la sirenita que se enamora del humano y solo por saberse en ese otro cuerpo el de una mujer, género sin complemento hasta su vida la da en esa ley de la gravedad de la desigualdad humana,  y si precisamos el reconocimiento a ese lugar femenino cabe recordar que en la época que vivió Anderson se proclamó la igualdad  de la mujer frente al hombre. Sus héroes y heroínas son libres pensadores no derrotados, y se juegan su papeles frágiles o fuertes, cada uno tienen algo que decir, vivir, contar. A su pueblo natal los hizo cruzar al campo literario, ahí la frontera no era límite, allí reyes, emperadores, lacayos, plebeyos, burgueses y objetos son animados por sus diferencias, aberraciones, ambiciones, desprecios, incluida sus lealtades y deslealtades, y también sus gracias, desgracias y ternuras en ese decir del “dolor poético”, de ilusiones y desilusiones, de adivinaciones y divinamente concebida la palabra precisa concedida “como una melodía que uno conoce sin acertar a recordar de donde procede”. A los personajes, cual patriotas de la tierra inmortal iniciada en la palabra imperecedera de la vivacidad los hizo cruzar al escrito desde un relato con exposición oral, para que no sean un muerto sin historia, sin cuento sin moraleja, sin leyenda.  Les hizo que hablen por ellos mismos. Su campo de acción es la palabra y el verbo, puro principio de fuego y gravedad, prendía las ideas, agitaba su chispa con la espiral  de su “humor innato”, sin rodeos y sin pelos en la lengua, con su rapidez mental, con su aroma natural de impregnar su representación y presentación de la vida.

VI

Hace que el lector y la obra de él se hagan uno en otro, sin dejar de ser, pero algo cambia, conmueve, genera transforma.  Su estilo, la forma de concebir el personaje, la situación, el lugar, su descripción, el argumento, el sentido de los conceptos que intervienen depende de las “trajes” visibles e invisibles del escritor. Se expresa en la estación de su vivencia e invento, la experiencia propia, la vida diaria, los mitos incorporados, las leyendas populares, relatos orales.  Sus realidades, paisajes, y su ser viajero son los verbos de sus argumentos, ficciones y relatos. Se hizo persona, animal, cosa, lo que sea, dio magia, imágenes poéticas, sabiduría, anécdota, espíritu y animación a sus personajes y  hechos.  También, Dios, la oración y el misterio de la vida y de la muerte eran sus referentes.

El semejante y desemejante debe aprender a confiar, a veces la muerte es un alivio para la desesperación, a veces una oración es una calma para la soledad del alma, a veces la propia voluntad es una determinante para no quedarse inmóvil en el propio cuerpo.  Dios y la muerte mutan, transmutan, y permutan entre vacío y eternidades sin identidad.  Desmitifica el misterio, conversa con el silencio, siempre hay algo o alguien invisible que hace la voz de la conciencia en el alma incrédula, por falta de fe a si misma.


¿Qué es un ángel? Sino una infancia creyente y omnisciente, todopoderosa que cree y crea su propio milagro: deja que la vida vaya sin alejarse nunca, más tarde,  una forma de amortiguar la soledad o los miedos inexplicables en una dulce compañía que ruegue por uno de noche y de día hasta siempre, claro si tu quieres, y no te vuelves ateo de ti mismo. En el escenario de su creación no duda, actúa, refleja el espíritu humano, mundano y desnudo.  Los vicios son virtudes que enseñan, todo es aprovechado por su radar sensible, está atento a las minucias de las luchas de las fuerzas que contradicen, contrarían y se conllevan.

Andersen es el liberador del silencio, hizo de los remiendos un pueblo y un gremio, en su propia persona revelaba quién era y al que llevaba dentro de sí, él y su pueblo de paisanos, compatriotas y personajes advenían desde ese había una vez  de otras veces sin una vez pero que no dejaba ser una vez a contarse desde una “voz noble” la vida sin dejarse vencer, sin dejarse distorsionar, sin dejarse volver una historia sin hechos.  De lo ordinario y extraordinario nace  algo y alguien que llegó a ser contado, impreso, convertido en secreto y en papel, en registro de propiedad, en un acta.  En lo que tú quieras. Él en una de sus cartas de agradecimiento dice  “Todo hombre tiene su completa libertad de expresar sus propios pensamientos”, eso es en definitiva la verdadera de tarea de todo escritor.

Se hace un destino a través de su obra. Se siente como el agua todo lo conmueve, refiriéndose así mismo dice “todo se retrata en mi”, casi como un periodista sin quererlo, expresa de una manera rápida y sucinta la impresión recibida. Tiene una visión total a base de detalles.  Las virtudes hablan sin consejos y sin moral que enseñe.  Esos diálogos naturales sin estereotipos, sin poses, sin pretensión de inteligentes lo hacen ocupar el sitio de la eternidad, esta es, la sencillez de su maestría en ese escribir, dialogar, describir, contar y decir.  Ese cómo llega al otro, al lector, y como estar consigo mismo, como escritor, autor y ser ordinario como todos, aún siendo extraordinario, de estar siendo tocado por el reconocimiento y los efectos de saberse otro cerca y lejos de sí y de los demás, y a la vez sin dejar de ser el actuante, actor, narrador y trovador de la vida y de la imaginación sin actuarla, sino viviéndola, escenificándola y representándola. Las peripecias del mundo se cuentan así mismo.

VII

Nació en el taller de un zapatero y reivindica esta tarea, al fin y al cabo esto es humano. Su vida no fue historieta de almanaque. Andersen torneó su propia memoria, le puso suela de palabras a los andares del lenguaje. Calzó el tiempo con magia, dibujos, historias, poesías y virtudes. El no fue hijo de la apariencia, él siguió y anotó la huella del nudo filial y social. Trabajó su pedazo de curtiembre  la cosió en la idea para no olvidar su origen. Esa herencia, la hilvanó no como un remiendo ni añadido, sino que lo llevó al inventó y reponer la falta con creación y arte. Su propia carencia fue el motor de su génesis mental. Entresacaba los argumentos, perfiles de otras huellas y pisadas propia, se apropiaba de un lado y otro lado de los tejidos sociales.  No desperdiciaba ni un trocito del cuero transmitido en la memoria.


Su escritura superó al oficio de sus  padres, el remendón y la lavandera fueron sus personajes hecho uno.  Les dio un espacio y lugar en el tiempo.  Fueron su mundo y el de los otros, no los redujo a un oficio, eran la virtud y el habla. Sus personajes protagonistas principales junto con otros actores actuando sus propias obras y representando a otros con porvenir desoculto.  Los inmortalizó, los extrajo de la miseria para dar a conocer sus modos de habitar y contradecir la existencia, los independizó de la marginalidad, los pone de igual a igual con los otros.  Si revisamos a vuelo de pájaro algunos cuentos tenemos que, el príncipe se disfraza de porquerizo para experimentar ser amado como otro sabiendo que anhelaba ser aceptado como lo que era.

En el cuento la princesa y el guisante,  ella tiene que probar ser princesa sin saber que está siendo puesta a prueba su lugar de origen.  En cambio en la sirenita cuando se enamora del humano y solo por saberse en ese otro cuerpo el de una mujer, para ser aceptada se arriesga, se transmuta, pasa al género sin complemento, hasta su vida la da en esa ley de la gravedad de la desigualdad humana, rechaza ser lo que era y solo le espera la muerte.  Si precisamos el reconocimiento a ese lugar femenino cabe recordar que en la época que vivió Anderson se proclamó la igualdad  de la mujer frente al hombre. Entonces sus héroes y heroínas son libre pensadores no derrotados, donde cada uno tienen algo que decir, vivir, contar. A su pueblo natal los hizo cruzar al campo literario, los hizo cruzar al escrito para que no sean un muerto sin historia, sin cuento sin moraleja, sin leyenda.  Les hizo que hablen por ellos mismos.

Andersen es el liberador del silencio, hizo de los remiendos un pueblo y un gremio de artesanos donde había una vez  de otras veces sin una vez pero que no dejaba ser una vez a contarse desde una “voz noble” la vida de los plebeyos.  Él en una de sus cartas de agradecimiento dice  “Todo hombre tiene su completa libertad de expresar sus propios pensamientos”, eso es en definitiva la verdadera tarea de todo escritor.

Él empezó casi de la nada monetaria, más su remolino de fantasía bullía despaciosamente en el vórtice de su propia leyenda que se hacía; una vez quedado sin hogar constituido, desecho para él, se arriesgó a posicionarse y darse un lugar que no ubicaba pero que precisaba en el invento. Ni la frustración, ni el fracaso, ni la orfandad, ni la misma pobreza fueron obstáculos para la visión de lo que quería, siguió su propia pista, y se dejó apoyar, en su vida, Jonás Collin, que se hace  inseparable y amigo de toda su vida  se vuelve su ángel guardián y tutor, aparece en el momento justo y preciso, y supo darle la mano a Handersen, claro está, que no debemos pasar por alto su infancia a lado de sus padres, donde estos lo dejaron ser libre pensador y fantaseador, no lo censuraron, le acolitaron el juego con la imaginación, ese fue su pilar y su base, fue ese hogar que tuvo, que lo sostuvo fantásticamente. La imaginación será para siempre el condimento de su existencia.

Su aliento estaba investido de personajes y dibujos animados, que supo escuchar, allí, su voz interior nunca le falló, lo admitió siempre, no se dejó morir. En el desierto de la pobreza había el mendrugo faltante, pero sus sueños le hicieron rebatir la misma hambre, y eso que faltaba como  algo más,  era tarea de él, y de nadie más.


Él sostuvo el esbozo de su fantasía  en ese improvisar y permanecer en diario, libretos, más tarde libros imperecederos. El se tuvo paciencia, no desesperó ante la falta de reconocimiento a pesar de que le llegó pronto, como igual las críticas, en todos los tiempos eso es un suceso infaltable en el contexto de los letrados e iletrados intelectuales.

VIII

La literatura: su pasión que lo envolvió para siempre en la llama de la letra.

Entre deseos sensuales, angustia, dolor y batallas de sentimientos la intimidad del genio. Andersen se enfrentó al espejo, lo hizo triza, evitó alguna partícula le llegara a su corazón para que el poder de este no se le burlara, puso su imagen en su sitio, y al reflejo le hizo intimidarse en su propio destello.  Casi todo le llegó, menos el amor que lo dejó pasar, lo resguardó como un tesoro escondido en sus escritos y silencios. Es  así como al final  de su vida deja una “constancia inédita”, esa fundita de cuero con un hilillo colgada a su cuello y dentro de ella su mayor confidencia, su orgullo sin respuesta, luego retomaré este misterio para develar el nombre de la dueña de esa carta, por ahora hago puntos suspensivos, y bueno, ese detalle no cualquiera a la hora  de la hora sólo le concierne a él y a quién quería dejarle saber lo que quedó entre los dos, y  a nosotros nos envía a su obra maestra, otra cosa es que me ponga como psicóloga y eso implica tocar el ombligo de Hans Christian y saber más sobre su metáfora filial, pero hay que continuar.

Sigamos, escribió por el placer de contar, su voz un cuento bello.  El lector desnuda al escritor, así como el niño que dice lo que ve tal cual le llega sin disfraz y sin prejuicios.  Andersen era ese niño que veía lo que el otro no quería ver, ese es otro fundamento de su obra, ve lo que está allí.  La acción de sus obras, sea diario, cuento, dibujo, novela, deja escenificado el movimiento que llegó y no llegó a suceder pero que lo vivió él en su fantasía, imaginación y escritos, testimonia todo aquello que no llegó a ocurrir a pesar de que hubiese sido y no fue, o de que hubiera valido la pena de que fuese.

En su imagen lleva una cicatriz producida por una mirada sin piedad que lo fija en la huella sin retorno, en el recuerdo el aguijón, allí lo que sintió, “una sensualidad apasionada, que resiste”, que lo pone furioso, que lo hace desear abrazar, besar qué no, hasta declararse y escoger y pedir  ser recibido,  escribir cartas confusas, donde deja notar su duda sin “ofrecimientos” claros, o mejor dicho de defender su puesto, el que desea ocupar, el de novio y futuro marido, pero no sabe qué hacer para irse contra la apariencia de cómo se ve a cómo lo ven, a cómo lo quieren, o qué quiere él como hombre de una mujer.  Suya o de nadie, una frase romántica, el destino, época de mujeres con derecho de igualdad frente al hombre pero frente a las tradiciones y poderes patriarcales, la ley escrita es una, la de la acción es otra, irse contra la voluntad del nombre del padre, es drama y tragedia, ya lo dicen Romeo y Julieta.

Él metamorfoseado en un cisne majestuoso, al inicio de su vida bohemio, andante, romántico, solitario, tristón, sensible, enfermizo, no congraciado con su imagen, miedoso intrépido, ni amable, ni agradecido, ni lleno de paz, necesitado de presencias y hospitalidad, fue aclamado y celebrado su triunfo literario, pero…


“Siempre sufrió la falta de una mujer a su lado”. Su sangre ansiaba amor tanto como lo hace su corazón, escribió y alguna le contestó, otra ni se inmutó, igual las señales de sus trazos u rutas dejan resto de esas correspondencia, una de esas letras de la remitente fue encontrado en una bolsita de cuero colgada en el cuello de Andersen el día que lo encontraron muerto, dentro había una larga carta de juventud de Riborg Voigt, su gran amor de juventud. ¿Por qué dejó esa prenda a la vista de todos?

Lo no vivido y anhelado se mostraba igual que la muerte, ya no tenía que ocultarse de su secreto guardado, “su fidelidad a lo perdido” se volvía una evidencia irrefutable de su anhelo de lo que debía haber sucedido y no fue.   Solo tuvo la compañía de si mismo en el tiempo que se acortaba, al final de su vida se las arregló solo como siempre.  Pero nos queda sus diarios, sus restos de cartas, de que  el hombre se enamoró, sintió, declinó, pero eso de vivir su propio “hogar implicaba una mujer dentro de él y una familia que sostener  y un presupuesto que redondeaba toda una decisión, aquello fue postergándolo hasta convertirse en un solterón   La falta de un hogar y de una mujer que lo ame fueron su sufrimiento constante. Podría decirse que se encontró entre deseos sensuales, angustia, dolor, rehusar a la tentación, temor a flaquear, intercambios de dejos, silencios y miradas esperadas, de “sensualidad apasionada” contenida, de batallas de sentimientos que debaten la intimidad del genio Andersen  se enfrentó contra el amor que se reduce a cenizas. Lo anheló pero lo resistió, más lo volvió sublime: su creación una criatura afortunada donde habla con ella sin avergonzarse de la mirada, sin temor a mirar de frente y ser tocado por la pupila sin ser rechazado, sin tener que preguntarle al espejo si es o no el “patito feo”, ya que la respuesta está en ese  cisne que es su nombre: él  mismo.

IX

Más en su espacio interior una falta eterna: lo amado y la amada una intimidad no colmada. Acaso ese cántaro vacío creó un vicio: la escritura sin sucesora, sin rival sin amante, sin nadie.   Al final de su existencia, un remate, un cáncer hepático confabula dentro de él, se apropia de su cuerpo, esto le fue doloroso, agitado,  entresacó fuerzas de su debilidad, algo de calma, su memoria se refugió en momentos alegres, hasta que no pudo hacerle quite a la sombra que lo invadía, tenía 70 años el día de su muerte.  Fue por un instante duelo en la palabra, quizás todos sus personajes en ese momento salieron a recibirlo y lo envolvieron en la fábula del contador donde el se dejó encantar para dormir y descansar en el relato que no deja se deja escribir ni salir por la voz más hermosa para no perturbar el silencio del dios de la infancia.  Su vanidad infantil, su sentido de humor, “suave y feraz”, su lucidez, su fantasía desbordante lo protegieron como ser humano y escritor instalado en sus personajes de papel extraídos de la realidad.

La vida pasa de prisa, su hogar desecho de la infancia quedó atrás del telón de la literatura, la realidad de su historia entre invento y tinta, el escritor: huésped e invitado; y como hombre sus sentimientos eran un todo incompleto, fragmentos y suspensos de una “castidad erótica” desbordada en angustia, fragilidades y añoranzas repartidas en cuentos y conversaciones sin ediciones.


Acaso podemos decir que la realidad de su mundo es una historia incompleta , de retazos  de belleza y melancolía  dentro del secreto que guarda su corazón, esto es la debilidad de su deseo frente a lo femenino, su yo vulnerable habitante de la pasión, su eros se deslumbra del rubor. Busca una mujer natural para que acompañe su vida inteligible.

La idea del amor en Andersen es un sueño con un hogar posible de cohabitarse, casi como un cuento de hadas en la vida para que le calme su vida agitada e inigualable y sobre todo nada que ver que con la rutina del tiempo marcado con ritos, costumbres y exigencias que s e le hacían difíciles cumplirlas, había cierta comodidad y pereza frente al orden del deber, también había una incomprensión o dificultad para asumir el arte de ser esposo, padre y escritor a la vez, como que no se puede ser todo a la vez, ese temor de fallar, de faltar, de no cumplir, de fracasar.

No olvidemos que su hogar se acabó a la muerte  de su padre y vueltas nupcias de su madre, podemos decir que una desgracia trajo una dicha para la humanidad, que hubiese sido la otra vía como opción para Andersen, dejemos ahí esa elucubración, no viene al caso ni es ocasión para excavar.  Aquel viajero nada común de la fantasía y de la angustia era un incansable entusiasta del cuento de la vida en otras vidas, todas, cada una, recuerdo y relatos de dichas y no dichas sentidas, de declaraciones sin contestar, de varios rechazos, de pensamientos que hablan y de cuentos donde la heroína muere, canta, y todo contado con originalidad y simplicidad, casi como las relaciones de amigo que permitía continuar con las mujeres  de sus  fantasías.  Ellas toman papeles protagónicos, relevantes, son las actoras principales de los cuentos, se juegan hasta papel de salvadoras, también deja entrever su denuncia e inconformidad frente a la injusticia y pobreza, así tenemos el cuento de la pequeña vendedora de fósforo, nos describe detalladamente el escenario de la miseria y de la ilusión.

Salvar al personaje es hacerlo morir soñando un encuentro feliz en ese desenlace.

X

¿Qué decir de sus amores?  Él define a Eros como un niño travieso que hiere el corazón, y aconseja que hay estar “en guardia contra las tretas del amor” ya que siempre va detrás de la gente. Los amores  impublicables  en su piel le dolieron en su mundo inédito,  no los imprimió en la vida real, quizás, que quedaron como textos sin remitente y sin destinatario.  Quizás los metamorfoseo  en sus “personajas” inconmovibles al sentir…

Riborg Voigt, su primer amor de juventud, le dice NO.  No le queda más que convertirla en Hada, su objeto de honor, falta y orgullo, la convierte en su amiga para siempre, le dio su alma y pensamientos en su autobiografía “El cuento de hadas de mi vida”.  Ella se transforma en el Ave fénix dentro de su alma.  Se enfrentó contra el amor que se reduce a cenizas. Lo anheló pero lo resistió, más lo volvió sublime: su creación una criatura afortunada donde habla con ella sin avergonzarse de la mirada, sin temor a mirar de frente y ser tocado por la pupila sin ser rechazado, sin tener que preguntarle al espejo si es o no el “patito feo”, ya que la respuesta está en ese  cisne que es su nombre: él  mismo.


Esas hadas que se retratan en su ser, y en las confidencias de aquel viajero de la vida se quedan en el camino como un dibujo de siluetas en ese abrazo que tanto él anhelaba y deseaba sentir.  En fin solo tenemos sus cuentos para deleitarnos con sus personajes femeninos y ese resto real que devela su secreto, una carta de Riborg dentro de  una bolsita de cuero descansando sobre su pecho.  Pidió ser quemada la carta, pero esto no se cumplió, en el fondo y la superficie de su piel su deseo íntimo fue la contrario, se sepa, y esta mujer y hada a la vez se inmortaliza en esa lealtad consigo y “fidelidad a lo perdido”.

¿Qué hubiera sido de Andersen si consumaba la realización de sus anhelos?.

Como lectores nos hacemos egoístas, nos quedamos  con el cuento maravilloso de su obra y continuamos el ensayo de la creación y el génesis inacabado en el éxodo del cuerpo  y del rubor del paraíso.  Y aquí hay que hacer un apéndice frente aquel rumor de folletín donde otras lenguas cuestiona la opción sexual e identidad de Andersen, al decir que sus amores no eran ellas si no ellos, los hermanos.

Será acaso esto una calumnia, una difamación, una sospecha, una falsa pista, si nos vamos a su infancia, y según los datos recogidos él tenía un nexo de fascinación con su padre, hubo magia, complicidad, invento y cercanía afectiva, hasta era un padre joven para un niño talentoso, avivado por la frescura de ese progenitor para atender y saciar la fantasía. Por lo que podemos afirmar es que   hubo correspondencia con su progenitor en la infancia y de adulto no tuvo  lo mismo con las mujeres que se ilusionaba, hubo un desajuste de afectos. Acaso los hermanos de aquellas eran un paño de lágrima mudo, un amigo para estar cerca de ellas, solo ellos lo saben y lo que deja escrito en sus diarios y de lo que podemos entresacar  en “intríngulis” como él mismo lo dijo.

A este repasar del contador  sobre su vida íntima, no podemos hacerla un chisme, ni un cuchicheo, ni un noticiero, ni una comidilla su vida personal. Fue criado como hijo único, estudió con compañeros menores a él, a veces parecía un bufón, comediante, un solitario deseoso de compañía.   ¿Quién puede juzgar los amores consumados o no?

Entonces, el amor que sintió por Riborg, Louse, Sophie, Jenny se tradujeron en bellos cuentos de hadas y novelas llenas de ternuras y una dosis de amargura en la mariposa que no podía decidirse por ninguna de las flores hasta que fue demasiado tarde. No hay discriminación, ni desigualdad, ni debilidad femenina en sus personajes mujeres, pero si, hay una dosis de ironía frente al qué hacer de la mujer en su rol, tarea y función, hay situaciones  donde  el personaje   tiene  que liberarse de su  dominio egocéntrico.  O salvarse  de las manos de su autor si es que puede…

Encontrarle sentido a la inutilidad del oficio y del objeto reducido a cumplir “oficios” o tardes de tertulias, o dar a conocer la rutina de la pobreza en ese “saber hacer las cosas” y qué más.

Entonces ¿Qué decir de sus amores? Quizás, que fueron impublicables, porque no los imprimió en la vida real, quizás, que quedaron como textos inéditos sin remitente y sin destinatario.

Esas hadas o brujas, mujer a pesar de no ser el destino del deseo del hombre que traspasó la barrera del deseo: inmortalizarse en la vida de la historia de la creación. Ellas se retrataron en su ser, y en sus confidencias con aquel viajero de la vida se quedaban en el camino como un dibujo de siluetas en ese abrazo que tanto el anhelaba y deseaba sentir.  En fin solo tenemos sus cuentos para deleitarnos y sorprendernos con sus personajes femeninos en todos los roles que hablan y describen no sólo el desamor sino la realidad de la palabra femenina y masculina sometida al silencio de una libertad sin compensación.

Desmadeja el cuerpo femenino de sus encantos para dar a conocer su regodeo y fortalezas en el mundo de los opuestos, hombres y mujeres con sus propios  sometimientos a la hora de elegir al otro.

Si retomo el suspenso al inicio de este ensayo, y voy al día de su muerte lo veo solo, agonizando, quizás tocando, la bolsita de cuero con la carta dentro, sin poder decirle a la dueña de esas letras ni un  adiós, sin poder llamarla para hacerle saber su último secreto, sin poder abrazarse a  ella, para que lo haga sentirse acompañado, para que le sostenga la ilusión de una imagen de dos, y sin embargo deja esa evidencia de su deseo más profundo, de lo que pudo haber sido y no fue, de su propia expulsión, soledad, sin esperanza, ni porvenir  para la tarea del amor.  Y quién sumó a todas, de quién era la carta,  quién la única de todas, solo ella, su nombre es Riborg Voigt, el amor de su juventud, a ella se le declaró, ella el puntal y espino de su amor inalcanzable, ella habitó el hogar de su alma como un sueño e ideal, aún dándole un no ella está con él por siempre en su pecho hecho un aliento de ansias de amor, quiso decir, lo dijo, ya no tenía nada que perder.

Su suerte y destino estaba hecho, no había más.  Solo nos queda respetar su última decisión, y admirar su valentía, de no avergonzarse de sus sentimientos y de hacerlo saber, sin esperar nada a cambio.  Todo lo había dado, más la caricia del amor queda como el misterio que se llevó a la tumba.

Han pasado 200 años y él está ahí radiante e imperecedero.  Continuemos y aprovechemos a paso firme en sus aportes.

XI

En cambio a la/su madre en el personaje de la lavandera del cuento “no servía para nada” se la siente mas ligada al principio de la realidad, de las necesidades, decir del fanatismo religioso es exagerado, eso era lo que se imponía para el control de la conciencia, velo, juicio y misa con devoción, también era aferramiento ante la desesperanza de un destino sin salida, haciendo las cosas, trabajando en casas ajenas y en la propia, cansada, quizás hasta brusca en ciertos momentos, pero eso no quita que le dio tiempo y ternura al chico. El contacto estuvo más entre padre e hijo, eso se siente en la expresión de dicha al mencionar con cierta libertad o que aprendió cuando lo deja como acta de reconocimiento en el cuento “Buen humor” “mi padre me dejó en herencia el mejor bien que se pueda imaginar: el buen humor”.


La facilidad de intimidar y no dejarse azotar por el látigo de la lengua humana estuvo del lado paterno. Con la madre  una relación cercana y lejana, untada por retazos y zurcidos, remendadas y  dale la vuelta al cuello para que no se note el agujero, mudas oliendo a aseo, prendas limpias para el niño amamantado con gorjeos de cantos, esperas y arrullos del duérmete mi niño, del ya vengo, de come hoy, ya voy, no quiero que tengas esta vida, lo mejor para ti,  risas de esconde y dónde estás, y otras emociones condicionada por la dinámica familiar, era alcohólica, qué significa esto para un niño, para ella, y para el contexto del pueblo… una borracha pueblerina que bebía de pucho en pucho cuartillos  de licor barato que se mandaba  para reforzar la fuerza que se iba como nada.  No es una justificación, pero es un chelín con una dosis de sufrimiento encerrado en una botella que se vacía y se repone mientras la hermosura se desvanece en el cuerpo repleto de deseo y descanso, que sentía la vida  “como una cuchillada en el corazón” desolado por los infortunios entre el crédito y descrédito de una cruz que no redime.

Dios tiene que ser algo más que misericordia, resignación, y piedad.

Abramos las puertas de las letras y dejemos entrar a la lavandera  del cuento “no era buena para nada”, podemos ver a una mujer, ¿-Anna-?, con una vecina, ambas, lavando, combatiendo el agua fría entre horas y horas de refriego, la primera, calentado el cuerpo con trago puro, para aguantar el agua fría, con fatiga quejándose dentro de sí “trabajo tanto, que la sangre casi se me sale por las uñas”.   Conversando y compadeciéndose entre una y otra, y a la vez mirando al horizonte para aminorar el bulto de ropa que la  espera y animándose  en  este  esfuerzo, con un “pero no importa, con tal que pueda criarte y hacer de ti un hombre honrado, hijo mío”, y remoja otro bulto y sigue dale que dale. Quién puede decir que esta “madre no vale para nada”. Esto  tiene que haber producido escenas tristes, puntos de evasión, desencuentros con la felicidad en la vida de todos y en especial de un infante armando su historia. Que quiere decir el cantante, “la vida no vale nada sino es para merecerla”, y quién es quién para juzgar, esta vida vale y esta no.  Cada uno se la merece, y esta chulla vida no tiene precio.  Quien diga lo contrario es un desnaturalizado sin nada que vivir ni dar.  Y el que la quiere comprar es un perverso.  Y el que cree que la de otros es un desecho, hay que desecharlo.  Cada humano rinde cuentas, otra cosa es que la merezca o no la merezca, de eso se encarga él mismo, el juicio final está en el comienzo de cada nacimiento.  Jesús fue juzgado por el poder de unos cuantos tirados a todopoderosos en la vanagloria de la omnipotencia: la prepotencia aplastante.  Andersen lo reflexiona así, “la expulsión de Dios fuera del cristianismo por parte de un nuevo buen Dios”.

La tormenta de la doctrina y del adoctrinamiento sobre el cuerpo físico y el espíritu humano.

Estalla el poder sobre la codiciada paz: la muerte sin remedio en una mente “sin aclararse” o demasiada clara para ejecutar.   La “voluntad inmutable”, dentro de “un pecador, frágil y vano” sufre la adversidad de los designios, “que Dios no puede cambiar”: “No llego a soportarme a mí mismo”.


La voz de la madre se deja escuchar en su monólogo cuando es atravesado por la pena de no acostumbrarse así mismo,  entre lo que intenta hacer y no intenta hacer, de ese esperar y no esperar del futuro, y como un niño “mal criado se queja ¿quién me escucha? ¡Nadie! ¡Nadie!.  Dios no le responde, el se responde “bien sé, que como un niño, tengo que pedir su perdón, ya que me está castigando; ten bondad oh Dios, perdóname ya, pero no quiero pedir imposibles.  Sé bien que en el   curso  del tiempo debo de sucumbir”, esto lo escribe  un 14 de noviembre de 1860, para entonces tenía  45 años.

XII

Su infierno era su reino de salvación literaria pero su vida era como un pecado inconfeso amordazada entre la castidad,  sus deseos sexuales, entusiasmos amorosos, enamoramientos y pasiones desperdigadas en un erotismo de pasiones consumadas entre fantasías, diarios, observaciones y cuerpos intocados.  Casi como el personaje de la lavandera y el amor prohibido, callado sin confesar, sostenido en el sufrimiento de un placer cargado de silicios para cumplir el veto de la no realización.  Ella le comparte a su amiga lo que cree que la otra no sabe y le dice “yo era joven, alborotada y fogosa pero honrada, eso si que puedo afirmarlo ante Dios,  El  mozo era alegre y animado y muy bien parecido…Era hijo de la casa y yo sólo una criada, pero nos prometimos fidelidad, siempre dentro de la honradez.  Un beso no es pecado cuando dos se quieren de verdad.  El le confesó a su madre: para él representaba a Dios en la tierra y la señora era tan inteligente, tan tierna y amorosa…Antes de irse me puso en el dedo su anillo de oro.  Cuando hubo partido, la señora me llamó… Me habló con seriedad y no obstante con dulzura, como sólo el bondadoso Dios hubiera podido hacerlo, y me hizo ver la distancia que mediaba entre su hijo y yo, en inteligencia y educación, y ahí está el obstáculo.

Yo respeto a los pobres –prosiguió-; ante Dios muchos de ellos ocuparán  un lugar superior al de los ricos, pero aquí en la tierra no hay que desviarse del camino, si se quiere avanzar…” por la condición social,  de pertenecer a otra clase, más la lavandera sigue contando a su amiga y le dice “yo me he matado trabajando, he luchado y sufrido por este hijo, he fregado escaleras y lavado ropa, basta o fina, pero, Dios ha querido que llevase esta cruz.  El me redimirá y cuidará del pequeño…”

El creó un campo vasto de originalidad y escritos, pero no pudo sembrar el amor en el cuerpo de una mujer ni hacer germinar el dominio del árbol del bien y del mal. Se impuso el artista, el hombre enamorado se quedó indeterminado, cómo deseaba ser amado Andersen, unos dicen “que deseaba igualmente ser amado como se ama a Dios y la salvación eterna”; en cambio en el amor de la lavandera del cuento “no era buena para nada”,  marca la distinción “ él era hijo de la casa y yo solo una criada”, un beso y un anillo de oro deja al marcharse el enamorado impotente de salir de los cánones,  ella lo “llevaba pendiente del cuello, sobre el corazón aquel anillo.. de día no podía ponérmelo en el dedo, pero lo hice en la noche al acostarme, besándolo tan fuertemente que la sangre me salió de los labios.  Después lo entregué a la señora”.

Lo cierto dónde está, hay que ceder y renunciar, luchar sin poder ganar.


Domina la clase, la posición y la condición,  más la singularidad de un amor quedó en un anillo devuelto, sin compromiso, sin petición de mano, sin bodas, sin sueños.  En ese terreno a la madre y al  hijo los une los trapos sucios que se  lavaron en casa, el hijo de la lavandera no podía solicitar la mano de una dama, el origen humilde camuflado en un imposible amor, lo deja sollozando y haciendo cálculos de  cuanto debe ganar  para entrar a un honrado hogar y solicitar la mano de la amada. Dios no estuvo de su lado, las madres de sus  pretendientes y las amadas mismas fueron como la dama –madre del joven- del cuento, veían como un desatino el encuentro de Andersen con la prometida anhelada.  Se dieron No sucesivos. Victima y victimario empalidecían pero no perdían la compostura, la amistad se imponía como única alternativa, aunque “la cuchillada en el corazón” estaba en el poeta Danés.

XIII

Y se consolaba el solterón con cierta desaprobación y resignación de un  “no hubiera sido bueno para ella.  Ahora ya no me  casaré nunca.  Ninguna jovencita crece ya para llegar a ser mía”.  ¿Dinero y amor para ser feliz? Parece que no hay amor que calce anillo al dedo.  Hagamos un escenario para el anillo y la carta dentro de la  fundita de cuero, -acto y única escena-, se unen entre la ficción y la realidad. –ella besa el anillo, y él besa la carta-La lavandera devuelve la joya que en prenda del amor le había dejado el joven rico y se lo devuelve a la madre, y el escritor devuelve una carta que la dama le había dado, a los dos estas cosas reales no les pertenece, cada uno en su sitio, juntos desde la  carencia y lo no realizado.

Madre e hijo, dos angustias saldando cuentas: La situación: dos joyas muertas y paralizadas  como resto de algo en alguien: de un amor no correspondido.  Entre alegoría y realidad el cuento del desamor y la memoria del dolor, dominan como “el terrible sentir el vacío de este mundo de la aristocracia. Escuchar como en todo atropellan la ley de un modo decisivo y sin vacilar, con ignorancia y estupidez” y réditos para los elegidos entre si.

El dibujo de un joyero de  lo femenino y lo masculino a media y medio acabado. Un decir dentro de aquel y aquella, un “no sé nada de nada”, como  expulsados  del paraíso entran a formar parte del mito de un éxodo sin tierra prometida, ellos hablan de ello, la evidencia se desdibuja como alucinación. El delirio no acude al eclipse, otro hubo que evitó la defunción del porvenir- padre, Hans- madre Anna- hijo Hans Jr.-  Todos sin opciones.

Lo sincero triunfa sobre todo las cosas, y qué es esto de sincero, una verdad a media perfilándose a “imagen y semejanza del creador”, cercar de una prójima en el tocador de sus escritos, eso, otra realidad no realizada del anhelo del hombre. Sufrimiento y gozo sobre la razón y un posible pero imposible romance, quiere compañía, esposa, familia, pero eso era la vida real, al otro lado de la hoja, atrás del espejo no llega, la cita no se concreta. Solo en su deseo el más famoso de todos  sobrellevando estoicamente  ante el mundo sin dejar notar el desencanto.


Ellas le decían no a su pedido de enamorado, y él continuaba sin “rencor”,  manteniéndose cercano a las damas de sus ansias quizás para no perderlas de vista para siempre, quizás como una forma de no dejarse olvidar, quizás como una forma de mostrarse con dignidad, quizás como una forma de protestar sin sentirse apabullado por la desazón del rechazo.

Una palabra de aquellas elegidas, no bastaba, se nota en sus diarios ese revuelo de sus ansias por toda su sangre y letra.  Queda en los manuscritos las evidencias del deseo erótico y de ternura sin la presencia esperada. Sin primicia y sin anfitriona los ensayos de amor del principiante. Su angustia parece  una oración sin esperanzas en el papel sin ningún recuerdo cómplice que lo haga decir sólo mía.

Solo suya era la vida animada que la calzaba como anillo al dedo, hasta la misma perfección y secuencia. Evoca, pormenoriza,, compara, sitúa, describe, hace y escribe la historia; existencia, fábula y final juntos, lo sospechado e insospechado se ven y no se ven, no se dan cuenta, se dan cuenta y caen en cuenta, qué gratifica y qué no, conformismo e inconformismo.

La felicidad no está tienes que hacerla.

Y hay algo más en el universo de la vida, el traje que llevamos es un momento para el estreno, pero eso otro, lo incómodo, lo que nos pone fuera de sí, lo que nos hace sentir el rechazo. La no aceptación, es como un dolor sin ubicación aunque obvio es ese sentir indescifrable que está en alguna parte con la imagen que nos conmueve, lo inmóvil se desprende, el espejo se rompe y lo podemos reponer, pero a cada uno de nosotros no lo podemos desintegrar porque no lo podemos reemplazar, eso de ser único es la ley de la gravedad. Convivir conmigo o el uno que se porta es habitarse sin hábitos ni apariencias, pero no cabe duda que siempre podemos mirar más allá de nuestra narices y llegar más lejos que nuestra mirada; parece que esa es una lección que nos deja nuestro querido Andersen. Ama la naturaleza, la retrata puramente, no se deja aburrir por la banalidad, es drástico con el vicio y el exceso, las increíbles aventuras fluctúan entre el bien y el mal, como decir no todo se te realiza, pero todo exceso tiene su precio, esto es, el que te juegas en esa demanda.

La dicción, la maldición y el mal decir son contrapuntos y ocasiones para lo maravillosamente fabuloso.  El poder que no desaparece, el poder que transgrede, el poder de la palabra misma fuera del registro de la especulación y del manoseo.  En su vida nada común, un vagabundo y paria  se pierde en el tumulto  que  le incomoda por las impertinencias frente a lo aparente, lo real y los detalles estorban e incomodan cuando no son necesarios nombrarlos.

Su punto de partida es su imaginación en marcha que aprovecha los recursos del ambiente, lo cotidiana, los hechos, su drama no es moralizante, son emociones veladas, entramadas en el alma del personaje, el narrador no se complace en el sufrimiento ni en la maldad.


Más bien hay perseverancia y ánimo de salir, concluir o llegar algún lado, ha veces hasta soluciones drásticas, como el cuento de la niña con los zapatillas rojas que le es imposible sacárselos, y decide para terminar con ese andar que no era de ella y la tiene extenuada decide ir a ver al verdugo para cortarse los pies, menos mal que al fin y al cabo es un cuento o a lo mejor es su forma de desquite sutil frente a esos no que recibió en su vida, quien sabe,  Evocación, fascinación, resonancia su obra y su vida.  Él mismo era un sujeto que no podía pasar sin despertar curiosidad, no podía pasar desapercibido, llamaba la atención quiéralo o no.

Quería ser respetado en lo que él consideraba digno de él.

Era objeto de mofa, de burla, y ser blanco de esos lanzas humanas no le gusta a nadie, peor a Andersen hipersensible y tenía que protegerse de la vulgaridad, desprecio y soberbia humana. Quizás la soledad era su escondite y refugio de esa mirada de desaprobación, esto no quita que tuvo sus espacios donde disfrutaba sin sentirse en la mira que lo perturbe o incomode.

XIV

Arrea el tiempo como cochero yendo delante de la muerte  sin su consentimiento, sin su aclaración, sin su merecimiento, sin su reproche, cumplir como  una tarea sin sentirla, como un cuerpo sin cofre para guardar el sueño. El rastro de la huella donde hubo algo, ¿dónde está?.

¿Quién no deja algo que no puede llevarse hasta la muerte?: lo que el otro no puede entregar, ni quiso recibir.  Simplemente ese deseo no pertenece aunque perdure en el tiempo como lo “amado inmóvil”.   Romper el encanto es doloroso, la desilusión es una opción, atraparse en la melancolía es cerrar el túnel en el morbo de un afecto no consumado, es aniquilarse. Hay senderos, hay que hacer el camino andando, como lo dice el poeta Machado.

La tesis, antítesis, y la hipótesis sin síntesis de Andersen:  “no quisisteis ni lo mejor ni loca si mejor que había en mí y tampoco aquello que todos pueden imitar”

la madre: está del lado de Dios, creyente, realista sin tiempo para soñar, su oficio: la pulcritud, cargando la tina al río, reparación ropas, zurciendo medias, recogiendo retazos; su debilidad, rodearse de supersticiones; su fortaleza, quiere su hijo sea redimido por lo divino para que no pase lo que ella pasó; enseñó  al hijo coser los trajes de  su único títere; su herencia: saber hacer las cosas bien y dejarlo experimentar su curiosidad. La mirada escudriñadora del ojo ajeno: no era buena para nada por su alcoholismo para muchos; su antítesis: dejó un genio que cobijó su mundo y el de los otros.


El padre:  está al otro lado de Dios, ateo, de pensamiento liberal, reparando el desgaste, remendando la ficción de la próxima pisada, creativo: con desecho de un ataúd hace la cuna para su único vástago, con entusiasmo construye el teatrín para la fantasía del titiritero, deletrea y repasa el abecedario con el pequeño Hans mientras este escapa a la naturaleza de la fantasía y del paisaje, lee o cuenta pacientemente las mil y una noche mientras cubre el orifico del zapato, se asoma al humor como noticiero en “intríngulis” y ocurrencias cómplices; da remaches, cosidas y pegadas de suelas para asegurar la pisada; su identidad: un noble culto pobre desvergonzado del pueblo orgulloso de su oficio de zapatero remendón.

El hijo: su antítesis: ateo por gracia divinamente concebida, desafía y cuestiona dogmas y  lo absoluto. De su padre y madre lleva impresa en su memoria el aliento de la imaginación. Atravesó el horizonte con ficción, realidad y fantasía. Su debilidad: no era fuerte en ortografía ni resúmenes. Su tesis: no seguir modas ni moldes; su hipótesis: la única nobleza que reconoce es: “la bondad de la naturaleza humana”; su síntesis: no la tuvo, el paseante y huésped de la realidad no se resumió, ni se preocupó de poner en cuadros sinópticos, esto de esquematizar el mundo no iba con él. No tuvo hogar fijo.  Su don: su voz creadora en los escritos. Su mayor atributo: su verdad y nobleza.  Su legado: su obra maestra: su literatura y su vida misma que colman, calman y envisten al poder del arte a no dejarse derrotar por la orfandad del espejo ni por la opresión de la imagen en un yo sin excusa ante el riesgo del amor y del desamor. El vacío es creador, por lo que no hay que tenerle miedo cuando se destapa para dejarse saber y sentir. Quien se aleja teme, quién se acerca confía.

Quien toma espacio es prudente para no caer dentro.

De una vez por todas hay que tomar distancia del fantasma para que el caos no se pierda en evasiones, ni en precipitosas caídas. Tener claro que la carencia no tiene respuesta. Hay que aprender a partir y alejarse de ese sentimiento de inferioridad atrincherado en el ser del no ser.  Anderson es uno en su vida y obra.

XV

Sus padres mueren jóvenes, Anderson tiene la dicha de llegar a los 70 realizándose a pesar de él.   No tuvo un final de cuento feliz en el amor, no tuvo una muerte en paz aunque el reposo anhelado va llegando.  Es irónico, su madre alcohólica y a él lo sorprende un cáncer hepático, ¿de qué hace síntoma? ¿cuándo el virus lo toca? su capacidad para ser inmune a la célula cicatricial, el tejido de su cuerpo sufre los estragos de la vulnerabilidad, algo atravesó la barrera de su vejez, algo no razonable hizo un tejido desordenado y torpe. Sin piedad, sin misericordia sin importa qué, lo inmóvil se múltiplo, casi como el No tajante que recibió y dieron a su petición de enamorado, ahora una velada desconocida se suscita sin opción, el virus se propaga como ese afecto cargado del sin sabor del bienquerer, esa emoción ebria de soledad, de desamor, e inamovible como una estatua petrificada entre el rechazo y el dolor aún pegado al tejido de “dos ojos” que no devolvieron reciprocidad.


Es como que Andersen hubiese estado llamando un final que no era capaz de dárselo él mismo, o que no lo localizaba en sus pensamientos, esta ocupado en el tiempo del viajero, del descanso y del aislamiento, al final de su vida salía menos y pasaba con su `propia compañía.  El mundo podía arreglárselas sin él.

Su destino se jugó antes de nacer, el que iba a ser fue

No se dejó  morir.  Su deseo se impuso desde el mismo vientre materno.  ¡Que bueno!  Intimidó al virus y no le permitió se acerque, el geniecillo todo un embrión lo congeló con su presencia, que bueno que se detuvo y no atravesó la barrera feto placentaria, que bueno el neonato se permitió cumplir los ciclos del enigma: gatear, caminar, ayudarse con su propia vida,  luego morir, no sin antes haber sido útil y dejado algo para alguien.  En eso su padre y aún su misma madre les dejó que creara y creciera con su arma con qué combatir al a la realidad, al fantasma y a la muerte: el humor y la imaginación  que no lo abandonaron jamás por más enfado y ánimos tristes que lo atosigaren.

El escritor, el autor, el hombre vivió lo suficiente para contar.

Los temas de su literatura afrontan al ser en su avatar de la realidad sin equilibrio exacto.  Su creación, es una balanza justa cargada de referentes reales, fantasías, escenarios,  mitologías.  En definitiva este gigante escritor es el jardinero de las voces de un mundo subjetivo, que según sus propias palabras estas voces “nunca pueden llegar a ser un defecto en un poeta, puesto que ello en sí expresa la totalidad de poesía que este poeta lleva dentro de sí”. Este solterón, compañía de sí mismo rechazaba todo dogma. Confronta razón y sentimientos. Es difícil elegir entre lo uno o lo otro, van juntos, o a veces uno tras el otro, casi imposible fundidos, pero es inevitable sentir esa dinámica a saberse.

Malgastamos el tiempo en ese avatar de los idilios, del triunfo y del desprecio, otras veces pretendemos sin acercarnos, otras renunciamos sin arriesgarnos, otras se  pierde la razón, y otras alguna vez un final feliz, pero siempre este avatar es de dos o más de uno, según el asunto y el cuento echado a contar o a perderse o a no poder vivirlo ni escribirlo.  En otras historias  contrapone la nobleza de sangre con la nobleza de intelecto, deja ver la desnudez con toda su impudicia, con toda su estafa, con toda su vergüenza.

Llegar hasta el final es un desafío, realizar deseos y ambiciones son metas, por qué no, la elección es un impulso, vocación y meta, una misión con uno mismo.  Reparar y seguir sin reparos.  Enmendar en la continuidad y darse un lugar, no importa dónde es el sitial, siempre es uno, otra forma de no rehuir al uno que somos.  Acaso la misión es dejar una huella, esta alcanza su distancia de acuerdo a la fuerza con que la marchemos.

Cumplir el deseo exacto es una imposibilidad, pero en los cuentos de Anderson esto parece fácil, casi sin obstáculos, hay un placer de realización sin preguntarse que implica o que consecuencias conlleva, el fin es un medio de la trama del cuento, la moraleja y el mensaje es tarea para el lector.


La felicidad no está en la corona, ni en el triunfo, ni en el amor, ni en el alma eterna, está allí donde no suponemos, y el cuento da a saber sus detalles en cada historia y circunstancias del personaje.  También la felicidad de saber el secreto puede ser mortífera, pero en el escenario del papel el narrador se arriesga, nada pierde, de eso se trata, crear el suspenso, meterse hasta el tuétano y salir indemne, al fin y al cabo es un cuento, y solo quién sabe hacerlo puede sostener el placer de eso inexplicable que solo se logra en la acción  sublime del misterio.  El director de su obra sale invicto junto con el lector, los personajes en sus escenas esperan al próximo visitante a que abra la página.

XVI

Poco a poco el declinar de un cuerpo se anticipa lentamente. En 1860, el 4 de septiembre, Anderson dice en sus diarios “a menudo tengo el deseo de una muerte repentina”, el día 5 del mismo mes,  “mi mente no quiere aclararse, el 28 de octubre escribe “soy un pecador, un ser frágil y vano.  Me   han  sido concedidos demasiados dones preciosos, y ahora debo sufrir la adversidad”, luchaba con la voluntad inmutable que le adjudicaba a Dios, esto le hacía no soportarse así mismo, se debatía entre angustia y tristeza y sufrimiento, ánimos que le acortaban la línea del futuro, en estas fechas está con sus 55 años.

Aún le quedaban 15 fructíferos pasos de vida de viajes, de publicaciones y de reconocimientos.  La llave aún abre el misterio, allí el virus no se atrevió. Su voz se hace una cuenta de cuentos, diarios, novelas, y repartos.  Vida propia.  El escritor libera la evidencia,  sobre el objeto perdido adviene nuevas creencias, crea sobre la cosa misma: la causa de una   infancia deja una generación sin precedentes.  Empujó al hombre a su propio riesgo. El aliento a la imaginación hizo el horizonte, el soplo filial llegó como libre conversación entre eternidad e historia configurando el deseo  ajeno y propio.

Su vida la obra y los otros. Presencia: ausencia de lo amado; Ausencia: lo no sucedido; Falta: El y ella; Presente: falla, retorno y repetición; Ideal: amor imposible; Síntoma: sufrimiento, sustituto y sin razón; Cura, cuento y expectativa: no será igual a ella, no será igual a él, será como el otro: bienaventurado seas.

Arriesgó a ser: Uno para siempre en su contar único.

El objeto perdido en su trance juega a reportero y protagonista en la palabra divina.  Hágase tu voluntad, no se haga tu voluntad.  Lo que se quiso que sea no fue. Lo que no fue quiso que sea.

La causa se convierte en el debut de un estilo seguro de la realidad, de la ficción y de la fantasía: su sede de los sucesos a confabularse y contarse.  Lo inexistente existe.  Lo que existe es inexistente.  Darle movimiento a lo inmóvil.  Al movimiento ponerlo inmóvil. Conoce la ortografía.  Desconoce la ortografía.

La gramática de su vida: “déjeseme seguir mi propio modo de ser”: huésped del hogar.


El concepto, el precepto, el contenido, los significantes y el argumento de la ficción y la realidad se desvanece, se permuta, se muta, se anima, se hace así mismo, más allá y acá de lo real y de lo todo fue dicho.    Queda de ese tronco filial Andersen- Andersdatter, un hijo, un Hombre, un escritor, un amante de la vida.

Andersen y sus personajes habitan la imaginación, esta el hogar de su vida y del mundo.   Patrimonio para la infancia eterna.  Su obra,  Cuento de hadas de la vida.  El residió en el olimpo de su “poder creativo”, el mismo que lo sacó de lo desconocido y del puesto del hijo del zapatero remendón. Este hogar de inventos le hizo pasar a la imagen eterna del increíble y fantástico escritor,  Este lumbre fue una dulce compañía que le hizo sentirse menos solo, que le impidió sucumbir entre lo adverso e insoportable del temporal de su alma, donde refleja su angustia y tristeza que le llevan hasta aguas profundas, en las que se pregunta ¿podré alzarme sobre ellas  o me hundiré?”.

Pero como él sabía llegar a su propio fondo también sabia salir con historia y vida propia. Él era su propio semejante al que tenía que asistir y contarle cuentos con magas y hadillas Y no solo esto, él se oponía a “trotar” con una misma moda. No estaba de acuerdo en seguir modismos o estilos de su época, le gustaba  su propia moldura, no necesitaba romper el molde porque ya estaba roto, solo tenía que hacer la  forma a su manera.

Haciendo uso de su ironía, fama, y lugar ganado en el mundo de la cultura y social, se atreve a afirma tajantemente “que el gremio de los zapateros remendones es el más famoso de todos, pues yo soy el hijo de un zapatero remendón”.  No renegó su historia.

Él se oponía a “trotar” con una misma moda. No estaba de acuerdo en seguir modismos o estilos de su época, le gustaba  su propia moldura, no necesitaba romper el molde porque ya estaba roto, solo tenía que hacer la  forma a su manera.


Durante su vida lo único que interesó a Andersen fue el Espíritu creador, Él mismo, que representa todas las vidas reales de sus personajes.  Como todo mortal deseó afecto, celebridad, y que la gente expresara estima a su obra.  Su vanidad infantil, su sentido de humor, “suave y feroz”, su fantasía desbordante lo protegieron como ser humano y escritor instalado en sus personajes de papel extraídos de la realidad.  Los temas de su literatura afrontan al ser en su avatar de la realidad sin equilibrio exacto.  Su creación, es una balanza justa cargada de referentes reales, fantasías, escenarios,  mitologías.  En definitiva, este gigante escritor es el jardinero de las voces de un mundo subjetivo, que según sus propias palabras, estas voces “nunca pueden llegar a ser un defecto en un poeta, puesto que ello en sí expresa la totalidad de poesía que este poeta lleva dentro de sí”.  Andersen fue y es: ese seguir de su “propio modo de ser”.

El reconocimiento que ha alcanzado es como un sueño que “nunca hubiera podido soñar” así lo deja asentado en sus diarios íntimos. Andersen fue y es: ese seguir de su “propio modo de ser”.

BIBLIOGRAFÍA

-INFORMACIONES DANESAS, PUBLICADO EN OCASIÓN ESPECIAL DEL 1ER CENTENARIO DE LA MUERTE DE HANS CHRISTIAN ANDERSEN EL 4 DE AGOSTO DE 1875. REVISTA DE DINAMARCA, PUBLICADA POR EL REAL MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES, DIRECTORES, ANDERS GEORG

artículos consultados

1.- Hizo vibrar cuerdas, cuyos tonos llegaron a lo más profundo del hombre, por Bo Gronbech

2.- ¿ Ese Andersen cómo era? Por Elías Bredsdorff

3.-  Solterón que se declara por Lise Sorensen

4.- Los trajes distintos del emperador por Erik Dal

5.- Un gran periodista que no quería serlo por Jens Kruuse

6.- Dios padre podía contar historietas, también sabíarecortar siluetas y hacer dibujos, por Jan Sibrandtsen

7.- La casa de Hans Christian Andersen por Niels Oxenvad

8.-  Ciudad Seva