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LA VOZ DEL EROS POR SHEILA BRAVO VELAZQUEZ, por carmen váscones diciembre 16, 2008

Posted by carmenmvascones in Cuentos, la voz de eros por sheyl bravo, Lectura y Reseña, POESÍA.
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LA VOZ DEL EROS

DOS SIGLOS DE POESIA ERÒTICA DE MUJERES ECUATORIANAS POR SHEILA BRAVO VELAZQUEZ

 

 

 



Cuerpos de palabras, bloques de circunstancias, verbo de Eros.  Historias entremezcladas de tinos y desatinos.

 

 

 


Tiempo de placer fuera y dentro del vacío.

 

 

 


La voz de eros parte desde 1829 con Dolores Veintimilla y culmina en 1990 con Clara Mejía, joven de 16 años.

 

 

 


Entre los extremos “la palabra ha mudado de rostro” (María Eulalia Rodríguez).  Cortes.  Ausencias.

 

 

 


“Poema mordido hasta la mitad” (Sonia Manzano), sumas de espacios entre generaciones.

 

 

 


Los extremos no se tocan, no compiten con la distancia.  Los gozos mundanos y sublimes no son contradictorios entre ellas.

 

 

 

Cada voz tiene su veredicto, su lugar común, su vulgaridad, su privilegio, su consagración.

 

 


Dolores Veintimilla con su inmortal “Queja”, de imagen acosadora, el centro de su fascinación, el ideal de su amor delirante, “y amarle pude”, erotismo melancólico del desencanto,

“victima infausta de un dolor profundo”. ¿Cuál Él?, “sin él eran sombríos mis ojos”, ¿o ella?,  “no olvides Carmen/ no olvides, ¡no! A tu dolores/ por otro amor”.

 

 


En cambio la jovencilla Clara Mejía con su metáfora casi doncella, rompe la escritura del sufrimiento, desmitifica el alma mater, pavonea con mordacidad su sentimiento, pasión sin rubor, indiferente toca la llaga rival de toda imagen incompleta y “supe que el amor se disfraza de hembra/ se viste varón”.

 

 

 


El amor una carne en proceso de descomposiciones y composiciones. ¿Posiciones?

 

 


Allí, la joven palabra inquiere, empapa la voz.  “En mi mundo sin magia/ sin embargo fue ardiente tu frío mirar sin respuesta”.  El cuerpo es una incógnita.

 

 


La palabra se busca en la huella. La memoria: un delito. La fantasía: un festín de soledad.

 

 

 

El pensamiento un misterio para el otro, entre lo que se dice y no, los actos que no claudican.  El recuerdo acompaña aunque no se quiera a veces.

 

 


Quien puede callar a estas mujeres que desvistieron el paraíso, que ovularon sus propios inventos.

 

 


Que hablan lo que sienten sin preocuparse por el veto de la censura.

 

 

Excluyo e incluyo a una que es uno, Roy Sigüenza se sospecha de este George Sand que se escurre entre tantas…es o no una mujer, resulta que no, ¿cómo entró al juego de parecer o hacerlo creer? Se dice la poesía no tiene sexo.  Lo femenino aprieta la identidad. “tengo una mujer dentro de mí” (Roy Sigüenza).

 

 


¿Se puede hablar de nudos orgásmicos, posesiones? ¿O hay algo más o qué?

 

 


Demasiada belleza provoca miedo.  El horror fascinación.  La muerte no es vacío ni ausencia.

 

 


Es anticipación de ser dentro del no soy.

 

 

El límite con lo mundano en el ojo de lo prohibido  y clandestino ¿quién no está?

 

 


Sin embargo, la poeta Patricia Noriega dice “se atora en mi coraje la vida”.

 

 


Trastoca la palabra, “me sedujeron tus formas…/de mujer y varón” (Carolina Portalupi).

 

 


El banquete de los antojos subordina, “esclava de ti/ solo hasta que existas para mi obsesión/ o para mi deleite/ serás mi dueño/ (Sheila Bravo).

 

 


Opípara alucinación del Eros consumando sensaciones.

 

 

Adoración narcisista incrustada en la intimidad del “nacimiento de la palabra”.

 

 


Esta Voz de Eros es un debate y una provocación de lo que es y no es poesía.

 

 


¿Qué quiere con este libro Sheila Bravo? ¿Es contestatario?, ¿a qué, a quiénes?, ¿a otra mujer, a un hombre? ¿A lo humano consumista del objeto?

 

 


La antóloga o recopiladora se confiesa sin prejuicio ante un texto que propone y se expresa, no pone el machete en la cabeza de las autoras para señalar cuál está en las ligas mayores o menores, no se trata de comparaciones ni de promocionar a unas ni menoscabar a otras.

 

 


Se siente este libro como una muestra de voces que manifiestan su palabra sin autoexcluirse, y sin pedir permiso a nadie.

 

 


Sheila solo ama la poesía y le sirve.  Con este libro intenta “llenar el vacío de la poesía femenina”.

 

 


Su eje temático en este abordaje es lo erótico, cada una en su diferencia  esencial.

 

 


Comparte un encuentro de seguir adelante en una escritura que está haciéndose en una intimidad poética que contradice y afirma lo aceptable, la excelencia y lo cuestionable ante los ojos del lector que toma una posición con libertad frente a la obra.

 

 


La historia y la poesía desenredan el ovillo de lo oculto.

 

 


La propuesta poética está en el ruedo de la vida y la muerte.  La ausencia y la palabra contactan.

 

 


¿La erótica humana es un deseo de ser o no?.  De no reducirse a la dentellada del instinto.

 

 

 

De no dejarse aplastar por un placer que se caótiza con los límites.

 

 


El desenfreno cae por su propio peso. Solo el humano sublima y crea y por lo tanto poetiza.

 

 


Se sufre y se goza la existencia.  El ser analfabeto de su yo nombra al tú.

 

 


Dialoga con la palabra que se escurre entre sus cuerpos para no quedarse cautiva en la cacería de las emociones.  Solo así el arte nace.

 

 


Las voces de esta voz de eros  recoge y muestra los caminos de la poética de las mujeres del Ecuador.

 

 


carmen váscones

14/07/06