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tiempo y libertad por carmen vascones enero 21, 2009

Posted by carmenmvascones in Ensayos, filosofía, guerra, Lectura y Reseña.
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Para mí y ¿para quién no? Es vital tener tiempo, disfrutarlo en compañía o en soledad, compartirlo con alegría y holgura, sin temor y a beneplácito.  Trabajarlo y descansarlo.

 

 

Vivirlo sin matarme ni matando a nadie con el apúrate que nos falta tiempo, se nos hace tarde, que el tiempo es oro, pero, ¿para quién el oro? ¿y el que no lo tiene?

 

O para el que ve de otra manera y cree que hay que hacerlo existir en la lógica de la vida y no del imperio de la muerte donde se escucha no tengo tiempo ni para…

 

Es acaso, esto una sentencia sin salida en el patíbulo de la moneda.  Se ha trastocado el orden del sentido y de las presencias humanas de para ¿qué se está en la tierra?

 

El poeta brasilero Carlos Drummond de Andrade en uno de sus poemas dice:

 

La bomba/ por ser una bestia confusa le da tiempo al hombre para que se salve/ la bomba no destruirá la vida/ el hombre/ (tengo esa esperanza) liquidará a  la bomba

 

El silencio otorga.  ¿En cual carrera estamos?

 

Y aunque no queramos ahí nos encontramos.  En el punto detonante del alivio o del estallido.  Pugnas y armisticios y negaciones encadenados en la ilusoria conquista de la independencia actualmente llamada ayuda humanitaria.  Las muertes no  son  las mismas,

las guerras sí. 

 

Un poder enfermizo y aplastante de toda dignidad humana.  La era del humillado, una población mutilada del ser y de sus más de una mil y noche en todo el orbe.

 

Expansión, invasión, ataque.  Ninguna guerra es justa.  Conquista y grito de libertad suman

la historia de la humanidad.  La patria del mundo una raza desencontrada en el planeta de la vida.

 

El tiempo ¿qué dice y  seguirá diciendo?

 

Retomando la partida del mío, puedo decir que he construido un tiempo que está a mi favor y no en contra de mí.  Quizás en esto discrepo radicalmente del tiempo del amo.  No me gusta ser esclava de mí ni del otro.  Peor aún tener bajo mi mandato el poder y gobierno de la vida pendiente en un obedecer ante el temor de ser reprimido o castigado.

 

Ya hemos visto y seguimos viendo a los partidos y sistemas que quieren globalizar el eje de la oferta y la demanda en la historia.  Se han palpado los efectos, se ha sentido la crueldad de sus ideales. El progreso parece un futuro vacío  negociable para quien  detenta y administra la plusvalía de la muerte humana y de las reconstrucciones ficticias de las ciudades destruida. A nadie se repara,  lo filial es irremplazable, y una ciudad devastada por guerras desaparece y no es reemplazable por otra.

 

 La que no olvida es la memoria.

 

Edificar sobre el miedo, la muerte y en nombre de la libertad es dar presencia a un poder absolutista y devastador:  un campo de concentración en el planeta.

 

El tiempo y el espacio: la fatalidad, la levedad de la angustia, los límites humanos en manos de los unos y de los otros…

 

Si miramos la infancia y nos acercamos a sus juegos, a las idas al parque, de pronto  nos encontraremos  en el guinguiringongo abrazándonos con la mirada del papá o de la mamá siguiendo nuestros movimientos.

 

Quizás se experimente una infinita alegría de goce atemporal.

 

¿Qué tiempo tienes y quieres para tu presente?

 

carmen váscones

9/abril/ 2003

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SANGRE EN ORIENTE Y EN OCCIDENTE, bajan, bajas, bajadas, cara o cruz, carmen váscones enero 4, 2009

Posted by carmenmvascones in dios y poder, genocidio, guerra, muerte y finitud, Periodismo, POESÍA, tierra y vida.
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¿Qué significa pertenecer a la especie humana?  ¿Es un privilegio poder decidir la vida o la muerte de los otros?  ¿Qué me preocupa?.  Tengo una emoción nirvana en mis dendritas.  Una pantalla en blanco se ha puesto mi memoria.  Hay algo de mí que no quiere metonimia.  ¿Acaso la conjugación del mundo y la pertenencia?

 

Llega la cruzada de la infancia.  El derecho y la ternura amanecieron.  La tribu definió su guerra, la princesa arriba entre balsas, flores y guajiras.  Un ritmo de encantamiento agolpa sobre música extraña.

 

El golfo sombrea de lila los sueños garabateados en el iris del malecón.  La consagración de mayo acoge los anuncios de veranos.

 

Libaciones de renacimientos predominan la entrada del Puerto.  Guardias aludidos asoman sobre la terraza.  Divisan el mar gastado y escombros de un jardín.

 

Un banquete en honor a la crónica, figura la tragedia del comentarista.  La sospecha se inspiró en la patente y la huella.

 

La fecha señaló una intima proximidad.  Indultan la palidez del héroe.  Apartó el cáliz subyugado al lecho de la dama.  Asedia la pasión entre relatos y composiciones imaginarias.

 

Los pasajes de una península traducen la estadía de los perdidos.  Hace de comentador el reo del abrazo criminal.

El DIARIO DE ANA FRANK O EL ANEXO SECRETO: Los Refugios de Ana Frank, por carmen vascones diciembre 11, 2008

Posted by carmenmvascones in ana frank hollander, biografia, dios y poder, ensayo, Ensayos, femenino y masculino, genocidio, guerra, ideología, testimonio.
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“El ANEXO SECRETO, cuya autora fuera yo.”
“me duermo con la extraña sensación de querer ser distinta de como soy,
o también de no ser como yo quiero, o de proceder
quizá de manera distinta a como yo querría o a como soy”
ana Frank

Ana nace el 12 de junio de 1929 en Francfort, segunda hija, su padre Otto Frank, tenía 36 años cuando se casa con su madre, Edith Hollander que tenía 25 años. Su única hermana la mayor, Margó nace en 1926. Emigran a Ámsterdam en 1933, cuando apenas la pequeña Ana tenía 4 años, para huir de la persecución a los judíos. Desde 1934 asistió a la escuela Montesori, desde el jardín de infantes, ahí terminó su enseñanza primaria. En 1941 junto con su hermana entraron al Liceo Judío. Se va imponiendo un estado de sitio, la presión crece, va quedando coartada la libertad de expresión y de acciones.

Según palabras de la diarista “la vida estaba preñada de ansiedad”, ya su resto de familia empezó a sufrir las consecuencias de las leyes de Hitler que promulgó contra los judíos. Los abuelos paternos y maternos eran ricos, dinero que se perdió en la primera guerra mundial. En 1938 dos tías maternas huyeron a Estados Unidos y su abuela se reúne con ellos a vivir. Ella fallece en 1942, pérdida inolvidable para Ana, en página del 20 de junio de 1942, afirma, “ nadie sabrá nunca cuan presente la tengo en mis pensamientos y cuanto la quiero todavía”.

En 1940 en Holanda las disposiciones contra los judíos marca nuevas obediencias, son obligados a llevar la estrella de David, se les prohíbe manejar, de andar en bicicleta, de subir al tren, que sólo hagan compras en negocios judíos identificados con letreros, que no salgan a partir de las 8 de la noche. Empieza a sentir las restricciones, ahora comprende “que cosa tan maravillosa es un tranvía, a nosotros los judíos ese placer ya no nos está permitido, tenemos que valernos de nuestras piernas como único medio de locomoción… se nos permite utilizar la balsa para atravesar el canal y eso es prácticamente todo”.

Antes de entrar al escondite elegido por el Sr. Frank, como refugio y aguante para proteger sus vidas, Ana jugaba pin pon, iba a la confitería cercana Delphes o al Oasis, sitios permitido a los judíos. Disfrutaba de los admiradores, les hacía rodeos, se las ingeniaba para cambiarles de conversación si se ponían muy insinuadores, o tajantemente les chantaba la frase que podía pasarse sin su compañía al pretendido, o peor si le lanzaban un beso o le cogían el brazo les decía claramente que se vayan sin más. Por ahí empieza a conversar con Harry, cree que le sirve de despertador y estimulante ya que la antigua novia le daba sueño. La abuela del chico le prohíbe que se vea con Ana, la encuentra demasiado joven, y le dice que vuelva con la ex. En una de esas caminatas con él, el príncipe de los sueños de nuestra contadora se cruza, Peter Wessel, que por primera vez la saluda, eso a ella le causa un gran placer, mirada que, queda pendiente en las pupilas y secretos de la chiquilla, tanto así, que desvanece al acompañante de su lado.

En sus notas del 20 de julio de 1943 tiene escrito, “mi madre siempre quiere saber con quién me gustaría casarme más tarde. No se imagina que el elegido es este Peter”. Lo tiene visto, elegido en su mundo de fantasía. Así, esta ella, floreciendo en su cuerpo, imaginación y ensoñaciones, como peatona de su existencia, aún a pesar de sentir la libertad recortada y restringida le era soportable. Nadie se le atravesaba en su otro mundo, ni ningún espía que le aplaste su mundo.

Del domingo 14 de junio al 5 de julio de 1942 Ana escribe su diario desde su hogar. Desde el miércoles 8 de julio hasta el 1 de agosto de 1944, lo hace desde el escondite, el célebre anexo, en el mismo que vive 2 años y un mes hasta ser descubiertos. Escribió 156 días en total. En 1942, 33 días (trece años); en 1943, 38días (14 años); en 1944, 85 días (15 años)

La púber judía inicia su diario dos días después de haber cumplido sus 13 años, un domingo 12 de junio de 1942, sus padres se lo regalan entre rosas, otras cosillas, y un agasajo con generosidad donde fueron sus amigos. Ella se divertía, conversaba y repartía galletas sin pensar que el destino le iba a dar y reservar un lugar protagónico en la vida universal de la literatura por convertir sus manuscritos en testigo y testimonio escritos en el Diario, que mientras tanto reposaba en un lugar del dormitorio de Ana a espera de ser iniciado.

Un 4 de agosto de 1944 la GESTAPO nazi penetra en el edificio, entra al anexo, donde estaban los 8 judíos, la familia Frank, los padres, ana y su hermana; la familia Van Daan, la Sra, el Señor y Peter el hijo; y el señor Dussell. Todos fueron llevados al campo de concentración. En marzo de 1945 Ana muere en el campo de Bergen-Belsen. De ellos el único sobreviviente es su progenitor. El padre se encargará de publicar el diario de su hija.

Es importante precisar que Ana el 4 de abril de 1944, en su diario había escrito lo siguiente: “quiero seguir viviendo, aún después de mi muerte. Por eso le estoy agradecida a Dios, que desde mi nacimiento, me dio una posibilidad: la de desarrollarme y escribir, es decir, la de explorar todo cuanto acontece en mí. Al escribir me libero de todo, mi pesar desaparece y mi valor renace, pero, -he aquí la cuestión primordial- ¿seré alguna vez capaz de escribir algo importante, podré ser algún día periodista o escritora?”
El diario y otros objetos quedaron tirados en el piso como “cosas inservibles”.
Este memorable texto es la voz de Ana, las palabras imperecederas e inmemorables. Es la memoria irrenunciable. Es una vida atada a la letra de un deseo que se impuso al horror, a la muerte y al rumbo de la vida de la narradora, de su oficio de contar y de los hechos de la historia propia y de los otros protagonizando el drama de la novela de la vida y del avatar humano en el juego de los poderes sin treguas para gobernar. Soberbia y desprecio a las razas que convergen en hablas y creencias distintas, que a pesar de sentirse diferentes de las otras especies solo el humano es reincidente del dolor provocado con armas mortíferas productos de la maquinación de la razón.
Nosotros como lectores somos su destinatario entrando a una lectura y escritura, a una inscripción que no desconoció la pertenencia a su propia existencia y a su búsqueda de ser, a pesar de la amenaza y cumplimiento de una muerte no deseada.
La vida que cuenta Ana, la que no cuento, la vida que no me cuenta. La vida que me recuerda en un cuento. Un cuento en la vida que no recuerdo. Recuerdo de un cuento de una vida. Cuéntame la vida que recuerda. Ana personaje y narradora, en su soy y encuentro impostergable.
Es como que nos dijera, encontrarme con mi vida es encontrarme con ella: la palabra y la poesía en un ritmo atemporal que no se parece al amor ni a nada. Ya que el amor es un saber que no ocupa lugar, esa su ironía en esta acumulación de evidencias y mundo atosigado de posesión y posiciones donde dejamos de sabernos por no sentirnos aunque creyéndolo y tanteándonos para seguir a lado del otro. Por no saber quién soy en ese no lugar contable.
La rayuela de la vida tiene mas de dos realidades: ser y no ser.
A pocos días de haber iniciado su tarea de relatar en sus hojas en blanco, deja de escribir por un rato para reflexionar primero lo que significa un diario. Al retornar del suspenso el 20 de junio de 1942, escribe su vivencia en el mismo, lo dirá así, al “redactarlo experimento una sensación singular, nunca tuve un diario, y además porque me parece que más tarde ni yo ni ningún otro se interesaría por las confidencias de una escolar de 13 años. En fin esto carece de importancia. Quiero escribir y aún más sondear mi corazón sobre toda clase de cosas… No tengo intención alguna de dejárselo leer a nadie, a menos que encuentre en mi vida un verdadero amigo –muchacho o chica- a quién enseñárselo. Y así llego a la raíz del asunto, a la idea de comenzar un diario: no tengo un amigo semejante”.
Aparentemente no le falta nada, pero quiere salir de lo trivial, tiene dificultad de profundizar en temas con sus amigos, busca intimar con la palabra, cree que ahí radica su dificultad. Escribir con el fin de evocar mejor la imagen que se forja de una amiga largamente esperada, su propia proyección, sus días dejados como constancia la remiten a avanzar, a no detenerse, a convertirse sin saberlo en una intérprete, no quiere limitarse a simples hechos, como tantos hacen, sino que desea que este diario sea su amiga, a quien llamará “Kitty”. Así ella le da el acta de nacimiento a su protagonismo, a su argumentación con firma, letra y puño de la que en vida fue.
La vida contada por Ana: su historia de una escritura confidente que transfiere, relaciona y pasa de un yo (Ana) a un tú (Kitty), su diario, su amiga, su otra, su escritura leída, donde vuelve, parte, define, aprende, repara. Esa confidente lectura que le permite leerse y hablarse, a la vez sentirse escuchada por ella, en el fondo y en la superficie, la misma Ana. La escritura es Kitty, contenido de la intimidad exteriorizada, soporte para contarle, hablarle lo contable y lo no dicho ni trasmitido a una escucha que no sea ella.
Ana tenía una necesidad de contar aunque no le guste, “brevemente la historia de su vida”.
Su alter yo le permite leerse diferente, de otra manera. Su destinataria era una lectora reflexiva que va siguiendo los pasos de su metamorfosis psíquica y corporal. Los cambios de púber entrando a la adolescencia. Sondea sus pensamientos, atrapa en el espacio del diario un tiempo que fotografía con sus grafos. Imprime lo transitorio de la búsqueda de ser, de su camino que avista, de su deseo que juega entre ser periodista y escritora.
Ella, un mes antes de cumplir sus quince años, ha escrito un jueves 11 de mayo de 1944, a Kitty lo siguiente: “ya sabes desde hace tiempo cuál es mi mayor anhelo; llegar un día a ser periodista, y más tarde escritora célebre. ¿Seré capaz de concretar mi ambición? ¿O es mi manía de grandeza? Habrá que verlo, pero hasta aquí los temas no me faltan. En todo caso, después de la guerra, querría publicar una novela sobre el anexo. No sé si lo conseguiré, pero mi diario me servirá de documento…”.
Es visionaria, un tiempo de siempre atrapa, deja la huella de los escondidos, saca de sí el avatar cotidiano. Sus escritos una trinchera para resistir, una manera de liberarse de un presente real en peligro permanente, con su estilógrafo deshace las sombras, recoge la memoria de lo bello, detalla el reloj de la rutina, describe la crónica de los anexados, todos esos ocho se sabían contenidos en las páginas que Ana hilvanaba con la tinta. Se apropió de un dicho, “el papel es más paciente que los hombres”. Puede esperar, escribir sin prisa, con calma.
Ella se hace su propia aliada. Quiere confiar en algo, en alguien, en ella misma, porque considera “su falta de confianza su verdadero defecto”, de ahí la razón de este diario con el fin de “evocar mejor la imagen que forja de una amiga largamente esperada”.
En sus apuntes del miércoles 8 de julio de 1942, es otro inicio, momentos suscitados por la salida precipitada, aprisa todo, “irse a todo trance, y se trataba de llegar a buen puerto, lo demás no contaba ya para nosotros”, hay que resguardarse y guarecerse de la citación recibida que llegó a la familia, la cama queda desecha pero eso no es importante a estas alturas hay que ocultarse y como le dijo su padre “menos aún queremos ser nosotros quien caigamos en sus garras. No los esperaremos para irnos… no te inquietes. Nosotros nos ocuparemos de todo. Diviértete y aprovecha tu juventud, libre de cuidados, todo el tiempo que aún puedas hacerlo”.
Palabras de calma ante la incertidumbre, palabras al fin y al cabo que sostienen el deseo de vivir a pesar de todo. Hay amigos fieles para el apoyo que necesitarán. Desde el comienzo está Miep y su esposo Henk, y otros poco que mencionaré más adelante, que se jugaron el pellejo en el traslado, en aprovisionarlos, alentarlos, acompañarlos, de quedarse a dormir cuando era posible, de salvaguardar y mantener el silencio hasta el final del lugar de los refugiados.
Antes de dirigirse al desconocido y clandestino escondite entre lo que recogieron y guardaron en sus bolsos las dos muchachas pusieron lo estrictamente necesario, y entre esos se incorporan rizadores, cuadernos, libros favoritos y hasta cosas inconcebibles, algunas prendas puestas para un hasta cuándo…
El hecho esta dado.
Una vez que se entró al anexo, los amigos los encerraron, cerraron la puerta con llave, y a contentarse con la nueva instalación más bien rudimentaria, en sus anotaciones describe como arquitecta la distribución del espacio, le agrada escuchar el reloj público que suena cada cuarto de hora, al resto no, luego, pone un orden visible y habitable al desorden inimaginable en que estaba el anexo secreto, con tantas cajas regadas, enseres y otros utensilios. Ella y su padre se ponen mano a la obra, estaban ocupados en tareas “para no pensar”, su madre y hermana en cambio estaban cansadas, deprimidas de la nueva situación.
“No tuvo un minuto para pensar en la convulsión que de la noche a la mañana cambiaba completamente su vida”. Resumiendo con sus propias palabras este cambio radical forzado y sin otra alternativa, ella lo define así, “parecen que hubieran pasado años entre el domingo a la mañana de hoy… como si el mundo entero se hubiera trastornado de repente… sin embargo ya ves, Kitty, todavía vivo, y como dice papá es lo principal”.
El 20 de noviembre de 1942, después de sustos se vuelve a las bromas, chistes, ya que no es “beneficioso convertir al anexo en un sitio melancólico, no tiene ningún sentido”, el ánimo de la púber se siente atrincherado, “cada vez me siento más abandonada, que noto que el vacío crece a mí alrededor.

Antes las diversiones y los amigos no me dejaban tiempo para reflexionar a fondo. En la actualidad tengo la cabeza llena de cosas tristes, tanto a propósito de los acontecimientos, como por mí misma. Cuanto más ahondo, más me percato de que, por querido que sea papá nunca podrá reemplazar a mis amigos de antaño: todo mi pequeño dominio”. Escuchaban la radio, a más de las noticias de la guerra y de lo que acontecía, esta mencionaba que después de la guerra se coleccionarían cartas y memorias concernientes a la época vivida.

Todos los ojos se concentraban en Ana, el miércoles 29 de marzo de 1944 tiene anotado, “mi diario parecía tomado por asalto. ¡Figúrate una novela titulada EL ANEXO SECRETO, cuya autora fuera yo…”
El escondite estaba en el inmueble de las oficinas del papá. Para Ana el edificio al comienzo lo ubica como una pensión donde está pasando un periodo de vacaciones, dice, “nuestro anexo es ideal como refugio, aunque se inclina para un lado y es húmedo, no se encontraría un escondite tan cómodo en el resto de Ámsterdam y quizás en toda Holanda”
Un diario dando refugio a los anexos de las historias que los otros no llegaron a contar porque la tifus, la misma guerra, las cámara de gas y los hornos los redujo a silencios y fosas común. Se salvaron los proveedores, los amigos que se expusieron a cambio de prolongar y dar aliento a los encerrados, ellos eran el personal de confianza de la oficina que dirigía su padre, como ya sabemos Miep y su esposo, Elli Vossen, Kraler, Koopphuis, que nos dan una lección del verdadero sentido de la solidaridad en este mundo pleno de mezquindad de intereses y poderes globalizados creados a costa del otro.

El diario de Ana es un contar triple, transmitir la angustia y los destrozos de una guerra sin piedad y sin consuelo, examinan y ausculta el espíritu de la bestia humana. Narra lo que sucede en el interior del anexo como crónica. Por otro lado relata, la vivencia personal, su sentir, su desesperación, sus conflictos dentro de su cuerpo. Se siente un “amasijo de contradicciones”, con su alma dividida, donde según ella, “la primera alberga mi hilaridad, mis burlas,… mi alegría de vivir y, sobre todo mi tendencia de tomar todo a la ligera…esta parte está siempre en acecho rechazando a la otra, que es más hermosa, más pura y profunda…Ana la tierna nunca ha aparecido pues, ante el público ni una sola vez, pero en la soledad su voz domina casi siempre. ..

Para ser completamente franca, te confesaré que eso no me deja indiferente, que hago infinitos esfuerzos por cambiar”.

El 28 de noviembre de 1942 se interroga y se interpola entre el ser y no ser, se siente entre la censura y faltas atribuidas, se pierde entre el montón de acusaciones, su estado de ánimo varía. Se duerme “con la extraña sensación de querer ser distinta de como soy, o también de no ser como yo quiero, o de proceder quizás de manera distinta a como yo querría o a como yo soy”, todavía no lo ve claro, y dirigiendo a su amiga Kitty, le dice “y tú tampoco desde luego”, le pide disculpa por esta confusión, pero le explica que no le gusta tachar, y actualmente, la falta de papel nos prohíbe romperlo”, en todo caso no destruye las conjugaciones de su yo con la punta del bolígrafo. Prefiere que Kitty no la relea ni profundice, porque no va a sacar nada en limpio.

Pasando al martes 4 de abril de 1944 cuando entra a su mundo, lo mira como escritora y una mujer simple y de quehaceres, se ve así: En cuanto a la escritura especifica cree que “al escribir me libero de todo, mi pesar desaparece y mi valor renace. Pero –he ahí la cuestión primordial- ¿seré alguna vez capaz de escribir algo importante. ¿Podré ser algún día periodista o escritora?… Pues al escribir, puedo concretarlo todo: mis pensamientos, mi idealismo y mis fantasías”. “Se trata de estudiar para no ser ignorante, para adelantar, para llegar a ser periodista, que es lo que quiero. Estoy segura de poder escribir, de ser capaz de hacerlo”. Siguiendo en este mismo martes más adelante dice, “yo soy mi única crítica y la más severa. Me doy cuenta de lo que está bien o mal escrito. Quienes no escriben desconocen cuan maravilloso es; antes, yo deploraba siempre no saber dibujar, pero ahora me entusiasma poder al menos escribir. Y si no tengo bastante talento para escribir libros, ¡bah! Siempre podré hacerlo para mí misma”. Cuando habla la mujer dentro de ella tenemos “querría adelantar, hacer algo. No puedo imaginarme viviendo como mamá, la señora Van Daan y todas esas mujeres que cumplen con su deber y son olvidadas más tarde.

Además de un marido y varios hijos, necesitaré otra cosa”.

La vida no es fácil en esta gran familia asociada por las circunstancias, los desacuerdos, las peleas, la dificultad de adaptarse, de poder conservar la calma los pone en algunos momentos fuera de sí, y pareciera que Ana es el semblante de esos cruces de yo, entrechoques y recriminaciones. Se siente obligada a soportar y estar entre el mundo de los adultos, sin un espacio para regodearse con su soledad, además tratada como una criatura por su madre le es insoportable, de paso sermoneada, incomprendida, reprochada por sus padres y los otros por sus charlas excesivas y cosillas que ella no alcanza a descifrar todavía.

El sábado 28 de noviembre de 1942, dice, “matamos el tiempo con toda clase de tonterías, con adivinanzas, cultura física, hablar francés, inglés, criticar libros…y a la larga nos cansamos. Desde anoche tengo algo nuevo, tomo los gemelos y miro hacia las habitaciones iluminadas de nuestros vecinos. Durante el día, no nos está permitido correr las cortinas ni un centímetro, pero por la noche no veo ningún mal en ello”.

El martes 4 de abril de 1944 al iniciar el día con sus escritos dice, “durante mucho tiempo, he estudiado casi sin saber cual es mi objetivo”, que si no termina la guerra en septiembre nunca más volverá a la escuela”, adelantándonos en sus letras vemos que se dice para sí, “se trata de estudiar para no ser ignorante, para adelantar, para llegar a ser periodista, que es lo que quiero. Estoy segura de poder escribir, de ser capaz de hacerlo, algunas de mis novelitas pueden pasar, mis descripciones del anexo no carecen de agudeza, hay párrafos elocuentes en mi diario, pero… a saber si tengo verdadero talento…”

La duda no la detiene, lo que sí está claro es su disfrute, su gozo, su intimidad desbordante en este otro espacio y lugar habitable, en ese continuar e incursionar en lo que conoce a partir de su propia experiencia y audacias creativas.

Disgregando y recordando su época de estudios, una vez su profesor Kepler de matemáticas en el liceo de los judíos se había enfadado porque Ana charlaba sin parar, le impuso castigos de escribir sobre una charlatana, y como era una reincidente incorregible el parloteo continuaba, hasta que un día le puso el tema de Cua Cua Cua dice la señora pico parlachín, que se trataba de una mamá pata con tres hijos con un padre cisne, donde estos por charlar demasiado fueron mordidos a muerte por su padre. Es interesante el significado que da a Ana a este silencio de la palabra.

Además, ella decía que hablar era una necesidad, argumentando que la charla excesiva es un defecto femenino, que se esforzaría por corregir… aunque sin librarse de él totalmente, pues su propia madre habla tanto como la mismísima Ana, sino más, que poco puede hacerlo para remediarlo. Aquí para analizar más esta proclama y sentencia de la chiquilla, tendríamos que entrar a sesiones de la dicha personal del ser humano en cuanto al arte y placer de hablar y de su sentido en el pedido de ser escuchado a como dé lugar.

Escribir es conversar con una lectura que nos muestra otro mensaje.

La vida del anexo una rutina que todos se saben de memorias sus rituales, horarios de actividades. Al cabo de un año las costumbres son constantes sustos, bromas, cansancios, depresiones, tedio, de vivencias aferradas al deseo de no morir en la restringida libertad y a la vez añorada. Obligados al silencio y a proteger sus vidas, con la única defensa posible en ese momento, no dejarse ver por el mundo externo, enemigo de sus vidas. En octubre de 1943 deja entrever como va en aumento los sentimientos contradictorios, eso de sentirse acorralados y a la vez aparentemente seguros y protegidos, idea que se va acortando por tocadas de puertas, robos, quizás un empleado como sospechoso y posible denunciante, eso produce pánicos, tal es así, que “la atmósfera de la casa es deprimente, soñolienta, aplastante”.

Puros sobresaltos, las tensiones, desesperaciones, el no poder huir y salir a ningún lado hace que las relaciones personales vayan complicándose, “la menor palabra corre el riesgo de ser mal interpretada o de molestar a uno o a otro”. Pleito tras pleito, luego reconciliaciones, la vida continúa, nerviosismos, lamentos, risas, reencuentros.

Los temores eran permanentes, no se debía encender la radio porque estaba prohibido, pero lo hacían, tenían que caminar silenciosamente, durante el día hablar en voz baja para que no los oigan en el depósito los que no saben, los otros trabajadores que desconocían la situación, por lo que tenían que quedarse quietos por horas. “Nosotros aquí nos hemos olvidado de reír”…

En marzo de 1944, el nerviosismo y la vigilia aumentan hay un ladrón que pareciera ser uno de los empleados de la oficina, había estaba dentro y parecía tener copias de las llaves, hasta podría ser el mismo que después sopló y los denunció, pero hay que seguir con esta historia de la inmortal Ana.

El 9 de noviembre de 1943 tiene escrito: “todo el mundo está malhumorado”, “no me agrada depender de la atmósfera del anexo, más bien me fastidia”, pasa momentos de depresión. De noche una vez acostada se ve en una prisión, sin sus padres, ora va por la aventura de una carretera, “otra me imagino al anexo pasto de las llamas, o que vienen a buscarnos, a todos durante la noche”. “Cuando llamaron largo rato a la puerta y con insistencia. Inmediatamente me puse pálida, tuve cólico y palpitaciones, todo eso por la angustia únicamente”.

Cuando los días entraron a mayo de 1944, refiere que la política está de asueto, nada que señalar… se habla de que habrá una invasión… no es menester mucha imaginación para comprender esa eterna letanía de la desesperación: ¿de qué sirve esta guerra?…¿por qué esta devastación? Pregunta comprensible, pero nadie ha encontrado la respuesta final”.

¿Por qué se gastan cada día millones en la guerra y no hay un céntimo disponible para la medicina, los artistas, los pobres… Hasta que toda la humanidad sin excepción no sufra un enorme cambio, la guerra imperará”.

Volcándose a ella, se mira sin dejarse aplastar ni por la tristeza que asoma como un gigante sombreándole los sueños, ni por sus miedos, cuenta, “a menudo me he sentido abatida, pero nunca me dejé llevar por la desesperación.”

Ese mismo mayo, piensa que “ningún país querrá sacrificar a sus hombres en el interés de otro país, e Inglaterra no será la excepción. La invasión, la liberación y la libertad vendrán un día, pero la hora será fijada por Inglaterra y Estados Unidos, y no por un conjunto de territorios ocupados”.

Se siente apátrida en esa ola de antisemitismo, caos, traiciones. Se encuentra sola igual que tantos entre la libertad, la verdad y el derecho. La soledad de la raza dividida entre combates y gobiernos infernales, campos de concentración, prisiones, mercado negro, protectores de otros descubiertos, hambre, salud deteriorándose, más privaciones.

“Pero todas estas privaciones no son nada comparadas con el horror de ser descubiertos”.

El 6 de julio de 1944, tiene, “todos vivimos sin saber por qué ni con qué norte, y siempre buscamos la felicidad, vivimos todos juntos y cada cual de manera diferente”. Está harta y cansada de mostrarse valiente, de disimular, “después de año y medio de vida enclaustrada, hay momentos en que la copa rebasa”. Ana quiere andar en bicicleta, bailar, silbar, mirar a la gente, sentirse joven y libre, respirar aire fresco.

Se pregunta haciendo eco en el papel, “existe alguien en el mundo capaz de comprenderme, sea o no judío y que quiera en mí a la muchacha que pide nada más que una cosa: divertirse, gozar de la vida”.

Y este deseo de libertad de andar suelta sin sentirse en el claustro del fascismo es aplastado, el mayor miedo de Ana voz de todos en esta historia retomada, releída, recontándose, lo dice el 11 de julio del 42, “no te imaginas cuan opresivo resulta el hecho de no poder salir nunca, y tengo muchísimo miedo de que seamos descubiertos y fusilados. Eso no es exactamente una perspectiva agradable”.

Entre lo que se quiere y puede, está el verbo y principio de la vida, cuando las reglas son alteradas por la omnisciencia de supuestos líderes que imponen sus ideas.

El 27 de febrero de 1944, toda hecha un ovillo de desprendimiento y verdad interior nos constriñe con esto “son tanta las cosas que echamos de menos aquí…no me refiero a las necesidades físicas, siento la nostalgia tanto como tú del aire y de la libertad. Pero he empezado a creer que tenemos el privilegio de tener una compensación enorme por todas esas privaciones…una compensación interna…

Puede perderse todo, la riqueza, el prestigio, pero esa dicha en tu corazón solo puede, cuando más, ensombrecerse, y volverá a ti, siempre, mientras vivas”

Y en todo este contexto Ana no entiende como se puede discutir, estar en desacuerdo, tanta disputa, “aquí no tiene ninguna razón de ser… hay algo a lo que nunca estuve acostumbrada son esos gritos y esas palabras duras que estoy obligada a absorber poniendo buena cara. Me niego a soportar todas esas humillaciones… proferidas constantemente… no me acostumbraré nunca mientras esas discusiones (utilizan esas palabras en lugar de peleas) se produzca por mi causa… Me parece extraño que las personas mayores regañen tan fácilmente por cualquier minucia, hasta ahora he creído que eso de pelearse era cosa de niños”. “No me reconocen ninguna cualidad, yo no tengo nada de bueno, estrictamente nada, mi apariencia, mi carácter, mis maneras son condenadas una detrás de otra”…¿Soy en realidad tan mal educada, pretenciosa, terca, insolente, tonta, perezosa, etc, como ellos pretenden? ¡Oh!, Ya sé que tengo muchos defectos, pero ciertamente exageran”.

La contestataria, la desencontrada, la inconforme, la rebelde adolece de amor y quejas, ubica sus protestas corajes y sentir frente al tejido familiar exclusivamente; tenemos el 7 de noviembre del 42, con respecto a su madre y hermana dice, “yo las quiero sólo porque son mi madre y mi hermana. En cuanto a mi padre es otra cosa. Me consumo íntimamente cada vez qué exterioriza su preferencia por Margot, que aprueba sus actos, que la colma de elogios y caricias. Porque yo estoy loca por Pim. Él es mi gran ideal. No quiero a nadie en el mundo tanto como a papá. El no repara en que no se porta con ella igual que conmigo. Es indudablemente la más inteligente, la más amable, la más bella y la mejor. Pero no obstante, yo tengo un poco de derecho a ser tomada en serio… Espero de papá algo que él no es capaz de darme. No estoy celosa de Margot, nunca lo he estado. No envidio su belleza ni su inteligencia. Todo cuanto pido es el cariño de papá, su afecto verdadero no solamente a su hija, sino a Ana, tal como es”.

El tocador de Ana está borroso, hay dos rostros femeninos que le hacen entrar en huelgas y dar pasos a sus sentimientos, se siente poco remunerada en la atención de su demanda de amor y en los faltantes que el espejo de su pasión e inconformidad le hace creer.

Dirá, me aferro a papá porque es el único que mantiene en mí los últimos restos de sentimiento familiar. Papá no quiere comprender que, a veces necesito desahogarme respecto de mamá; se niega a escucharme, evita todo cuanto se relaciona con los defectos de ella… Más que todo lo demás, es mamá, con su carácter y sus faltas, quien pesa de modo terrible sobre mi corazón. Ya no sé qué actitud adoptar; no puedo decirle brutalmente que es desordenada, sarcástica y dura… En todo somos distinta y chocamos… siempre me propongo pasar por alto los defectos de mamá, no ver más que sus cualidades, y tratar de encontrar en mí lo que vanamente busco en ella…Ya no soy la nenita a quien se festeja con risas benévolas por cualquier motivo.

Tengo mi ideal, es decir tengo varios, tengo ideas y proyectos, aunque todavía no puedo expresarlos”.

Ideal versus identidad, yo y no yo, mujer madre versus mujer rival, mujer hija alias la otra. Mitad mujer mitad ella. Ana tachando lo que no quiere, Ana cuestionando a su modelo, Ana buscándose donde no se ve, Ana comparándose con la sangre de su sangre, Ana haciéndose mujer en su cuerpo que se rebela estar intocado.

Ana la creadora de su propio historia más allá del mundo que se abomba. Sus vivencias.

Momentos de desgarramientos, de posicionarse en ese lugar y función de hija transitando su propia ruta, descubrimientos y pensamientos se enganchan a la interioridad y acogimiento que le ofrece su diario, que es para ella “el principio y el fin, porque Kitty nunca pierde la paciencia; yo le prometo que, a pesar de todo, me mantendré firme, recorreré mi camino…”

Enfrenta sus luchas interiores tanto de identidad, como de los roles que va codificando, armando y desarmando, su otra vida va conjugando en su cuerpo que le va presentando ese despertar frente a la propia imagen, de ir reubicando a la que está transformándose y sintiéndose diferente aún con restos de la niña en brazos de su padre que lo necesita cuando tiene miedo y las bombas caen, ella corre a la cama de él para guarecerse en sus brazos, se siente segura a pesar de continuar el temor dentro. Reza con su padre sin sentirse obligada como una nenilla, lo asume como profesor para que le enseñe lo que no sabe o le preocupa olvidarse, le lee en las noches Goethe y Schildler, se deja llevar, le dice lo que debe y no debe leer, le permite tejer, la defiende, no le da sermones, en fin, su Pim, apodo con que lo llama, “es la bondad personificada”, mientras ella es el “incurable manojo de nervios”.

Ella quiere de su padre un amigo, y este solo es lo que es. Y siente que él evita toda conversación concerniente a su mamá. El padre presta su autoridad y función de amor para su hija, sólo eso, no se deja seducir por la hija encantadora, mimosa, hablantina, la guía, no se hace aliado de su ataque al terreno materno, la calma, ocupa su puesto de hombre en sus dos roles de marido y padre. A su mujer lo que es de ella y a su hija lo que no es de la otra.

En cambio con su madre que se le ofrece como amiga, la rechaza. Ana, quiere solo una madre, le dice para rezar juntas cuando el papá no puede, le dice que no, la evita, la distancia. Su madre ante esto le comenta “al cariño no se lo ordena”, ella se daba cuenta, de la frialdad de Ana no le era indiferente, también, “reflexiona que su madre la ha rechazado”.

Edith que así llama esta mamá puesta en la mira parcial de su hija, que aparentemente pareciera comunicarse mejor con su otra hija, que con Ana, ya que como es menor la trata como tal, en las mismas redacciones del diario encontramos algunos momentos de preocupación por esta hija, que coma, evitar que se enferme, atención permanente por su salud, lecturas para “enseñarles el arte de vivir”. En fecha del 10 de marzo de 1943, durante un bombardeo hubo un cortocircuito en el anexo y Ana estaba con terror y miedo corría al lecho del señor Frank y suplicaba a él que enciendan la velita a lo que él se oponía por la seguridad de todos, la señora Frank, saltó de la cama y cumplió el pedido de la chica, refunfuñó el padre, y la esposa le dijo: “es que tomas a Ana por un viejo soldado” y asunto concluido.

A veces pareciera que mandaba frases como lecciones de educación, a lo que su hija menor desaprobaba, también tenemos que cuando es de ponerse a la defensa de sus hijas lo hace ante quién sea, si se hurga en el diario, se encontrará algunos momentos de esa función de madre “hablando por las hijas”, además es una lectora permanente, a veces hasta leyendo en voz alta los sucesos de la juventud sin “aplicarlos en sus hijas” según Ana.

La madre será un campo de batalla y un jardín donde los combates y las germinaciones de la nueva generación femenina harán otro cantar de los cantares.

En sus análisis del 5 de enero de 1945, descubre lo que le falta, “mamá nos ha dicho ella misma que nos considera como amigas suya más que como hijas. Es muy bonito, no digo que no; sin embargo, una amiga no puede reemplazar a una madre. Necesito ver en mi madre un ejemplo que pueda seguir, quiero poder respetarla”. Tres días antes había dejado esa constancia de sentirse estupefacta, aterrada por las “palabras duras que utilizó para ella. Se ha preguntado, “Ana, ¿viene verdaderamente de ti ese odio? ¡Oh, Ana deberías sentir vergüenza!…Sufro y he sufrido de un mal moral…deformadas por una óptica subjetiva; cuando me hallo en ese estado, soy incapaz de reflexionar sobre las palabras de mi adversario…Me repliego entonces en mí misma, solo veo mi yo…”

Y justo a tiempo, ahí su silenciosa interlocutora se deja empapar, ella, “derrama sobre el papel su alegría, sus burlas, y sus pesares, sin pensar más que en su propia persona. Este diario tiene mucho valor para mí, se dice, porque forma parte de sus memorias… en muchas páginas podría añadir pasado… Estaba furiosa con mamá, y a veces sigo estándolo. Ella no me ha comprendido, es verdad; pero yo, por mi parte, tampoco la he comprendido a ella… me lo tomé demasiado en serio sentirme ofendida… En otro tiempo ante de mi vida enclaustrada, esta cólera se traducía en algunas palabras vehementes, en algunos golpecitos de pie a espaldas de mamá y con eso me calmaba…

Esa época ha sido superada… me he vuelto más razonable, y asimismo, mamá esta un poco menos nerviosa… Me es imposible sentir por mi madre el amor apegado de una hija. Me falta tal sentimiento.”

Su diario la libera de culpa de remordimientos, lo anota así este dos de enero, “acallo mi conciencia con la idea que el papel es menos sensible que mamá; porque ella, fatalmente, llevaría mis injurias en su corazón”. El 16 de marzo de 1944, sostiene, “la cosa más maravillosa, y ya es algo, es poder escribir todo lo que siento, si no me ahogaría”

Una vez enfrentada estas sombras de emociones Ana esta más dispuesta en su mundo interior a seguir develando otras inquietudes que la van sorprendiendo y a la vez va relacionado con la experiencia en su propio cuerpo, que la invitan a otros giros consigo, al leer un libro a propósito de la manía de ruborizarse siente como que este artículo esta dirigido a ella, escribe, “aunque no enrojezco con tanta facilidad me parece que las otras cosas de que habla se aplican perfectamente a mí”, veamos cuáles son, -continua la lectura-

“una muchacha, durante los años de pubertad se repliega en sí misma y empieza a reflexionar sobre los milagros que se producen en su cuerpo. Yo también noto esta sensación; por eso, en los últimos tiempos, me siento cohibida delante de Margot y de mis padres… Lo que sucede me parece maravilloso; no solo las transformaciones visibles de mi cuerpo, sino lo que se verifica en mi interior. Aún cuando yo nunca hable a nadie de mí misma, ni de todas esas cosas, pienso en ellas y las refiero aquí.

Cada vez que estoy indispuesta –sólo me ha sucedido tres veces- tengo la sensación de llevar en mí un secreto muy tierno, a despecho del dolor, de la laxitud y de la suciedad; es porque, a pesar de los pequeños fastidios de esos pocos días, me regocijo en cierto modo desde el momento en que voy asentir ese secreto una vez más… En lo que a mí respecta, como me encuentro aquí desde alrededor de mi decimotercero año, he comenzado a reflexionar sobre mí misma… Por la noche, en la cama siento a veces una necesidad inexplicable de tocarme los senos y percibir, la calma de los latidos regulares y seguros de mi corazón. Inconscientemente tuve sensaciones semejantes mucho antes de venir aquí, porque recuerdo que una vez al dormir con una amiga, tuve la irresistible necesidad de besarla, lo que entonces hice. Su cuerpo, con el que ella siempre se había mostrado recatada, me despertaba una gran curiosidad. Le pregunté, si como prueba de amistad, no me permitiría palpar sus senos, haciendo, ella lo mismo con los míos; pero mi amiga se negó. Cada vez que veo la imagen de una mujer desnuda, como por ejemplo, Venus, me quedo extasiada”.

La sexualidad aflora desflora la imaginación de Ana, ella está poseyendo una experiencia que se transmuta entre indagaciones, confesiones y secretos que no los puede hablar ni compartir con sus padres, acaso ellos no comprenderían, se horrorizarían, moralizarían las inquietudes de la jovencita. Estos temas son silenciados, la infancia siempre pregunta sus innatas curiosidades, señala lo que el otro calla, pregunta sin puritanismo, Ana se está alejando de la inocencia, lo velado aparece como una falta de algo, es un juego de encuentros y pérdidas.

La edad del deseo no se puede esconder, por la boca sale la punta del hilo principal que acontece a todo ser humano, habla, siente, piensa porque es un ser sexual, su historia humana no es educar al instinto, es saberse diferente en el oficio de vivir entre pensamientos, ideales, pasión humana, y lo posible, en ese diálogo con el porvenir que aventura la felicidad y la dicha, aún en esa confrontaciones de luchas y avatares dentro y fuera del cuerpo: la destrucción y la construcción imaginaria para no exterminar la naturaleza ni la propia vida.

Se convive con otro que se transforma y nos cambia. Que nos protege del espectáculo del finito, que nos ampara de la desolación que produce el miedo y el dolor. Como que nos dijera permanentemente sé tú mismo, sigue, no te detengas. Goza la vida sin que la muerte te la quite. La muerte es un término, en cambio la vida hay que terminarla viviéndola, por lo tanto defiéndela, no la expongas, no cedas a claudicar dentro de ti. No la derroches con la estupidez mundana, es inevitable experimentar, pero no hagas de tu cuerpo un campo de minas ni de derroches.

¿Entonces, qué se quiere en ese descubrimiento ruta al gozo sensual del erotismo y de la sublimación? El amor conlleva un destino humano, exige residencia, pero el emigrante polizonte que cada cual lleva quiere algo más, que no lo sometan, que lo dejen peregrinar en el placer de una verdad amorosa que no tiene que ver con rivalidad ni deslealtad, sino con el yo expulsado de la propia infancia.

El adulto busca a ese infante que se conjuga entre él, tu, yo. Por lo que mío y tuyo más tarde va a ser una larga tarea, reconocerse en los fragmentos del recuerdo, armar las formas del juguete que se fue, alejarse de la vida que no pertenece, escribir el poema de aquel acaso, o relatar algo de un sueño o de una vida que no se tuvo, pero que no hay otra.

La escritura auxilia al cuerpo, a la memoria en el quebranto de la angustia cuando ausculta la sensibilidad fundiéndose entre el cuerpo y la palabra.

Parece que la única lectura que los padres no pueden prohibir a los hijos es la de sus propias vivencias. Esa otra lectura que tiene que ver con la inscripción de una sexualidad que habla, que se organiza, que deja huellas. La lectura de los libros prohibidos y no permitidos a conocer que le hacían a Ana por considerársela menor y todavía no aptas para su psique con qué tenían que ver, ¿acaso no sería estos temas tabú?

Un sueño le abre las puertas a la primera mirada de su todavía niñez, cuenta el mismo seis de enero del 1944 que “estaba sentada en una silla y enfrente a mí Peter…Wessel, hojeábamos un libro, con ilustraciones… De repente la mirada de Peter se cruzó con la mía, y me hundí largamente en sus hermosos ojos…Luego Peter me dijo con un acento muy dulce: -si yo lo hubiera sabido, hace mucho tiempo que habría acudido a ti-. Bruscamente me volví, porque no podía ya dominar mi turbación. En seguida sentí una mejilla contra la mía, una mejilla muy suave, fresca y bienhechora… Era delicioso, infinitamente delicioso. En ese instante me desperté, su mejilla aún estaba contra la mía”.

Se siente turbada por ese sueño. Dice, “cuando papá me besó esta mañana, hubiera querido gritarle, -Oh, si tu fueras Peter-. No puedo hacer nada sin pensar en él… lo amo con todo mi corazón, con toda mi alma… que sólo toque mi cara…”Ahora no descansa su imaginación, el príncipe desarchivado sale otra vez en el recuerdo a la escena mental, precisa volver al cómo lo conoció, cómo es, lo describe, lo enaltece. Relata, el 7 de enero de 1944, “Peter Wessel apareció en mi camino, y aunque de un modo muy infantil me enamoré de él.

Peter también me encontraba simpática, y durante todo un verano fuimos inseparables… Era la imagen misma de la belleza, alto, delgado, con un rostro serio, calmo e inteligente. Tenía cabellos negros y ojos castaños magníficos, tez mate, mejillas tersas y nariz puntiaguda. Me enloquecía su risa, que le daba un aspecto de muchacho travieso… Era todavía más que mocosa. Resultado: Peter me dejó. Yo lo amaba a tal punto, que no podía resignarme, y no me desprendía de él; hasta el día en que comprendí que, si me empecinaba así por más tiempo, me tomaría por una buscona”.

Ahora al mirarse al espejo se encuentra cambiada, parece más dichosa, pero, sin embargo, “no sé qué pensamiento triste ha hecho desaparecer, súbitamente la sonrisa de mis labios. No puedo ser dichosa, porque debo decir que estoy lejos de los pensamientos de Peter Wessel… ¿Quién podría ocupar tu lugar sin convertirse en un vil remedo?”

Evoca, este 7 de enero, “que una vez, hablando de sexualidad, su papá le dijo que no podía aún comprender el deseo, pero a ella le parece haberlo comprendido siempre. Ahora lo comprendo perfectamente. Nada me es tan querido como él, su Peter”, hasta gritaría con toda sus fuerza que sería para ella el mejor marido.

El 12 de enero de 1944, según Ana “el último libro leído por los mayores, MAÑANA SIN NUBES, mamá lo ha encontrado extraordinario; en él se habla mucho de los problemas de la juventud. Yo me he dicho a mí misma, bastante irónicamente, -trata primero de comprender un poco a la juventud que tienes a tu alrededor”.

“Mamá nunca ha pensado en los problemas ni en los pensamientos que me preocupan. No tengo el menor deseo de hacerle notar que uno de sus retoños, es, extrañamente diferente a la imagen que ella se forja de él, porque se sentiría consternada”. Los sentimientos a su madre son como los de una rival, de una extraña o de una no aliada a su molino, sin paso posible, afirma tajantemente, que su “mamá se percata bien de que yo la quiero menos que Margot, pero imagina que sólo se trata de una etapa difícil de mi vida”… Margot, “ha dejado de tratarme como si yo fuera una chiquilla insignificante”.

Se afirma en esas comparaciones, va saliendo invicta, se siente propietaria de descubrir y sentirse que sabe eso: asuntos de sexualidad, pero eso no es todo, entonces, hay algo más que no sabe, que no puede, que está prohibido, algo a lo que no tiene acceso, está ubicando, precisando y diferenciando el amor filial del amor sexual, la mujer hija, la mujer que mira a otro hombre que no es su padre, su madre que sigue los pasos, la pista está controlada, la niña aún es niña, la mujer pasea por la imaginación, sale al real, está sola en su cuerpo que deja notar la promesa de su hermosura, sus formas hablan, ella se regodea en la mirada que descubre, busca sentirla, se busca en lo que avista pero que le es difícil nombrarlo.

El mismo 12 de enero retornando a los pasos de su escritura le parece como si “viera por otros ojos que los de ella, como si se tratara de una extraña, antes cuando no reflexionaba tanto, tenía en ocasiones la sensación de no formar parte de su familia”. Considera que durante cierto tiempo interpretó el papel de huérfana, o se dirigía reproches, diciéndose que “nadie tiene la culpa si yo quería hacerme la víctima”, se sentía sola, las observaciones de su madre la desalentaban, la disculpaba, diciéndose que podría tener preocupaciones, quería contarle las novedades que pasaban en la escuela y en su opinión creía que su mamá debía estar siempre dispuesta a escucharla en cualquier circunstancia, y las cosas no eran así, se sentía sola sin ser receptada en sus palabras y experiencias propias y en lo que tenía que decir y contar.

Viéndose en la actualidad, en su momento presente, del aquí y ahora, piensa “que las cosas se han agravado más. En fin, tú lo sabes. En estas circunstancias Dios me ha socorrido enviándome a Peter…me río de todo, Peter me pertenece, y nadie lo sabe. Así puedo pasar por alto cualquier desaire. ¿Quién sospechará lo que sucede en la mente de una chica?

Su mirada busca, se inquieta, tiene deseos de hablar de veras con alguien que no sea cualquiera, que le sepa guardar la conversación, se le ha ocurrido elegir a Peter, ese otro Peter, el hijo de los Van Daan. Empezará a tantear el terreno. Ya tuvieron algo afín hace un año, esto es, a compartió con él una representación, a más de eso lo ve capaz de hacer reír de vez en cuando, “ambos sienten predilección por los disfraces”, él se disfrazó de mujer, apareció con un ajustado vestido de cola perteneciente a su mamá y ella con traje de hombre, con los de él, Peter con sombrero de mujer y ella con la gorra de su amigo causando gran hilaridad para todos.

Vistieron el imposible, gozar aparentemente el secreto del otro, enseñar lo que no se parece: lo no todo. La comedia no poder ser el otro, pero jugar a representarlo, en la otra escena permitida: el teatro, bufón del drama, ensayo del deseo siendo el otro- la otra. Escenificando no ser, nadie puede entrar al secreto del deseo y de lo prohibido, de lo inhabitable: No desear a la mujer de tu prójimo, no desear al hombre de tu prójima, no desear ser el mismo Dios.

¿Quién se conforma con ser sólo uno o una?

Saltarse ese lugar es entrar en el caos del orden y de la función humana. Es desconocer al otro y a la otra, es desafiar al interdicto, el enigma tiene que ser prohibido para que se efectúe la instauración del deseo, y se posibilite el mito humano en esa otra dimensión que nos diferencia de los animales. Este tema implica desmadejarlo más pausadamente, porque encierra y abarca la sexualidad y su lenguaje profano que no entra en paraíso ninguno.

Retrocediendo sus páginas, nos remontamos al inicio de su diario el 14 de agosto de 1942, cuando a este chico lo vio por primera vez entrando al anexo con su gato Mouche, no había querido dejarlo. Referirá, que “no espera gran cosa de él como compañero, es muy muchacho, de modales suaves, desgarbado y tímido” hasta torpe, no le gusta porque pasa tendido en la cama, que le parece hasta hipocondríaco. En fecha del 25 de diciembre de 1942, anota en su diario el diálogo con los padres de él, al que les dice que le gustaría que Peter dejara de acariciarle la mejilla, que le desagrada tales demostraciones… los padres le dicen que si podría encariñarse de él porque la quería muchísimo, a lo que ella pensó, ¡Oh! Dios mío, Oh no”… Digamos hum, ejem.

Pero parece que esto está en la chiquilla quisquillosa que era, porque ahora es otro cantar estás más que sensible, siente que “tiene la cabeza enmarañada”. El 10 de diciembre de 1944, se haya en un gran dilema, se dice a sí misma, “tengo miedo de mi misma, miedo de que mi deseo me arrastre y miedo de no mantenerme recta, más tarde con otros muchachos. ¡Oh que difícil es! Los sentimientos y el corazón están en lucha”.

El 12 de febrero de 1944 amanece “con unas ganas locas de todo… De charlar, de libertad, de amigos, de soledad… Tengo unas ganas locas… de llorar… pero soy incapaz de llorar. No me quedo quieta, voy de una habitación a otra… mi corazón late como si dijera: -pero, vamos, satisface de una buena vez mi deseo… Creo sentir en mí la primavera, el despertar de la primavera: lo siento en mi cuerpo y en mi alma. Me cuesta lo indecible portarme como de costumbre… no sé que leer, qué escribir, qué hacer. Solo me invade una gran ansiedad”.

Hagamos un intervalo, la bella durmiente siente en toda la piel el despertar femenino, siente que su cuerpo habla adentro y afuera a pesar de ella y de su escritura.

¿Qué otras cosas hace Ana en su diario acontecer? Está aficionada a los árboles genealógicos de las familias reinantes, sigue las audiones de la BBC; recorta y clasifica, colección de artistas de cine y teatro, escribe cuentos, lee historia, también mitología de Grecia y Roma, estudia álgebras aunque le parece antipática, también geografía, sigue de reojo a Peter, lee las críticas de las películas que le llevan, se inventa peinados que duran media hora porque le bromean a qué artista imita, se aburre de los relatos de las historias de juventud de los del anexo ya que de tanto que las repiten se las sabe de memoria, cada anécdota la conoce con anticipación, piensa, que si al menos le añadiesen a veces detalles a su propia imaginación; cuando los visita Koophuis o Henk sus temas de conversación son acerca de los que se ocultan, de los movimientos clandestinos, que a todos los escondidos les interesan por situaciones semejante a las de ellos, ya que según la testigo siente que “cuando son atrapados nos afligimos, y saltamos de alegría cuando sabemos que un prisionero se ha escapado”.

Lee permanentemente, le gusta sobre todo la historia, estudia matemáticas, francés, geografía, ayuda lavar platos, a pelar granos y patatas. Hasta se hizo un suéter de la lana tejido, hace poemas y levanta el ánimo con Pim a los otros. En junio de del 43 dice “ las personas libres jamás podrán imaginar lo que los libros significan para quienes están escondidos, libros y más libros y la radio…esa es toda nuestra distracción”.

No hay que olvidar que es el padre, que va encaminando a la escritora potencial en la rutina, es él quien la ayuda como dice ella “a establecer nuestro árbol genealógico paterno. Sobre cada miembro de la familia me cuenta una breve historia”. Ella teje los fragmentos con que abriga la historia que va a quedar inédita en el anexo. Es quien le habla, la calma, la escucha. Es con el padre con quien se muestra indecisa, siente vacilación porque siempre han hablado francamente, es con él con quien cuenta, al que le cuenta lo que hace, no todo, casi, se deja una reserva, pero lo ubica como un tercero, al que le pide su opinión, sabe que esto puede disminuir la magia con el objeto del amor, porque ya no hay secreto que ocultar.

Su padre está pendiente de los pasos, la mima, le hace un poema para su cumpleaños, cumple 14, copio un fragmento: “aunque eres la más joven ya no eres una niña/ pues todos quieren enseñarte, no siempre para bien:/ tenemos experiencia aprende de nosotros…/ya todo lo hemos hecho muchas veces/ y sabemos mejor lo que hay que hacer/… Y así siguen diciéndote todo el día/…las propias faltas tienen poco peso/ por eso pesan tanto las fallas de los otros./ tus padres tratamos de ser justo contigo;/ muchas cosas sin duda te molestan/. Más no siempre podemos darte la razón.

Pongamos en suspenso y en anuncio una novela rosa que la adolescente va a crear, por qué no, el anticipo de la punta de los sueños está dada, ya la novela familiar se va resolviendo, la trama encontró sus hilos, los protagonistas consumados como principales están pasando a segunda funciones, están en verbos pasados con interrupciones entretelones del escenario, e invadiendo la escena si no les convence con sugerencias, pero, falta algo que rompa la monotonía y la rutina, eso que no esté en el reglamento del anexo, que sea inesperado aunque todo el mundo lo sospeche y esté pendiente como si tal vez, hasta que los artificios aparezcan como naturales sin mucha sospecha.

El 3 de febrero de 1944, cortes van y vienen, la realidad, la imaginación, los acontecimientos afuera del anexo entran, “todos los diarios se ocupan de lo mismo: la posibilidad de una invasión aliada enloquece a la gente completamente”, se habla de Alemania recurriría a la inundación para contraatacar, que se distribuyen mapas geográficos de Holanda con las regiones a inundar, y como “Ámsterdam se encuentra en esta zona, nos preguntamos lo que sucedería con un metro de agua en las calles”, bromean, nadar, disfrazarse, ponerse zancos, hacer fundas para guardar el dinero, o resignarse a quedarse, no hay otro lugar, hay que provisionarse, traer frazadas, más preguntas, y si cortan el agua, la electricidad, el gas, pues habrá que coger agua lluvia, cocinar en la estufa, y qué de los incendios, de los gases asfixiantes, de las bombas, esto “no son cosas para animar a nadie”.

El acorralamiento de lo mismo y los caminos cerrados, la monotonía de la espera y del intervalo. Ana, concluye está página con resignación, “tanto me da vivir o morir. Ahí tienes a lo que he llegado. El mundo no va a dejar de girar por mi causa y, de cualquier modo, no seré yo quien cambie los acontecimientos. Sólo me resta ver venir las cosas, no me ocupo más que de mis estudios, y confío en que el final será bueno”.

14 de marzo de 1944, los problemas de la guerra de mal en peor, se agudizan, los proveedores de cupones han sido atrapados, sus protectores se enferman, Koophis sufrió otra hemorragia del estómago. “La melancolía reina en la casa”, se economiza, se reordena las comidas,, se ven obligados a comer el mismo menú, y como ella dice, “pero uno se resigna cuando tiene hambre”.

“La monotonía comienza a trastornarlos”, están saturados, se siente chivo emisario de las tensiones, Kraler ha sido compelido a trabajar la tierra, Elli y Miep siguen enfermas de gripe. Una verdadera serie de calamidades.

El 28 de mayo de 1944, describe “la mayor parte del tiempo, temblamos de miedo; la ansiedad, la espera, y la desesperación son visibles en cada rostro… para nosotros la tensión siempre va en aumento. Ya hace dos años que estamos aquí. ¿Cuánto tiempo vamos a poder resistir esta presión insoportable y más fuerte cada día… siento seguridad relativa… Más de una vez me pregunto si, para todos nosotros no habría valido más no ocultarnos y estar ahora muertos, antes de pasar por todas estas calamidades, sobre todo por nuestros protectores, que al menos no estarían en peligro. Ni siquiera este pensamiento nos hace retroceder: amamos todavía la vida…”

¿Cuáles son los acontecimientos adentro del anexo y dentro de Ana?. Se acerca a los terrenos de Peter sin anunciarse, invade su espacio, lo libera para su juego de libertad y emociones, hace sus cercamientos y acercamientos, entre toscos y zalameros. Después de haberlo provocado y echado de su cuarto y de su propia cama y ponerlo furioso, y creer que así “ya es hora de que se muestre un poco amable conmigo”, remata ese pedido regalándole una manzana. Sale.

Descansa un rato del nuevo aprendiz de su corazón que ronda su imaginación. Salta a otros temas guardados o flotando por ahí, nada es casual, está en plena desfloración de las preguntas, ronda el tema sexual sin preámbulos, en enero 24 de 1944, recuerda que tanto en la escuela como en su casa se hablaba con misterio y cuchicheos sobre eso y que quien se mostraba ignorante era motivo de bromas, juzgaba estúpido y ridícula esa actitud y como no podía remediarlo trataba de obtener información de sus amigas, y puesta al corriente habla con sus padres, donde su madre le dice, “-Ana te doy un buen consejo. No discutas este tema con muchachos, si son ellos los que empiezan a hablar no respondas-.

Recuerda todavía su respuesta, -claro que no, vaya una idea- Las cosas quedaron así . Al principio de nuestra permanencia en el anexo. Papá, de tiempo en tiempo, dejaba escapar detalles que yo hubiera preferido conocer por mamá, y amplié mi conocimiento gracias a los libros y a las conversaciones que se entablan a mí alrededor..”

Clara, y decidida sobre su elección inconsciente digámoslo así, lo visita a poco y con calma, hasta lo encuentra agradable, entra a su cuartito, según su expresión, lo ve simpático por huraño que sea, no se queda mucho para que no la juzgue fastidiosa, busca pretexto para quedarse a su lado, se ponen uno frente al otro jugando palabras cruzadas, busca mirar sus ojos, experimenta una extraña sensación, supone que puede leer en el rostro del joven su estado embarazoso, su falta de aplomo y la sombra de incertidumbre de saberse hombre, al ver sus torpes movimiento algo se estremece en ella.

Está pendiente de pormenores. Le habla de su manía de sonrojarse, se siente detestable en eso de implorarle o insinuarle favores a Peter. Determina que quiere hacerle hablar, y que con esto no hay que pensar que está enamorada.

El informante de los asuntos prohibidos por los adultos para los menores de edad es Peter, el 24 de enero de 1944, ella, como detective de las curiosidades empieza a hacerle preguntas, lo ve que en asuntos de temas sexuales no es fastidioso, desconoce e ignora por completo lo que su mamá le dijo que de ese tema se aleje con los chicos, que importa, hay algo que puede más, lo desafía como que nada al preguntarle que sexo tiene el gato Mouche, a lo que él dijo que era macho, se le burla porque la vez anterior dijo lo contrario, y el joven Van Daan ignorando esa risa le invita a comprobar, el gato es puesto patas arriba y como objeto de investigación se ubican los órganos sexuales masculinos, enseñándole y diciéndoselo a ella en tono serio, y de paso le ubica hasta el trasero. Punto, asunto concluido. Y como Peter, luego siguió hablando sin segunda intención, acabó por ahuyentar toda desconfianza con respecto al chico.

Siguió charlando como si nada.

El 24 de enero de 1944, deja escuchar sus giros y emociones, sus aleteos sentimentales, “¡cómo se cambia! Jamás hubiera creído poder hablar de esto llanamente, ni siquiera con una muchacha. Estoy segura de que mamá pensaba en eso al advertirme que no hablase con los muchachos de tales temas. Pero al menos he aprendido algo: hay jóvenes –incluso del sexo opuesto- que pueden hablar de temas sexuales sin bromear y sin falsa verguenza”.

El 14 de febrero de 1944, le dice a Kitty, “Peter no ha dejado de mirarme de cierta manera distinta a la habitual… pensé que estaba enamorado de Margot… no lo he mirado durante días, adrede… cada vez que lo hacía me encontraba con su mirada clavada en mí… además un sentimiento maravilloso me ha impedido mirarlo demasiado a menudo… querría estar sola, completamente sola. Papá no ha dejado de notar que algo me pasa, pero me sería imposible contárselo todo…”

El mismo 14 de febrero de 1944, ha escrito que Peter necesita hablarle, se le acerca a pretexto de comentar un incidente con uno de los del anexo, y le dice a su chica amiga: “por lo general me callo porque sé que anticipadamente nunca consigo dar con las palabras en caso semejantes… empiezo a tartamudear, enrojezco y lo digo todo al revez… no logro decir lo que quiero… por eso te admiro a ti, dices las cosas sin rodeos. Le dices a la gente lo que tienes que decir. No tienes nada de tímida. –te equivocas- respondí. La mayoría de las veces digo las cosas de una manera totalmente distinta a cómo me proponía hacerlo. Luego, una vez arrastrada, hablo demasiado. Es una plaga que tu desconoces… quise tranquilizarlo sin que notara mi alegría”.

Así se va a jugar momentos de agrados y “deliciosos” para la enamorada. Sube y baja del desván, ahí esta el cuarto de Peter, y también de las provisiones, se dan miradas retenidas con instantes de vueltas, coge más patatas y se va, mostradas de lecciones, pláticas y hasta confesiones, ella presta a escucharlo y comprenderlo, le cuenta de sus deseos de viajar y a la vez de sentirse inútil, a lo que ella, le interpreta, “que pareciera sufrir de un fuerte complejo de inferioridad”.

Ahora comprende porque el tanto abraza a su gato Mouche, por que siente necesidad de amor. Él le dice, “no conozco el miedo, solo me asustan mis propios defectos. Pero pienso en ellos cada vez menos”. Ana considera que su vida ha mejorado porque ahora tiene un objeto ¿de entretenimiento, de misterio, de observación, de posesión, de ensayos afectivos, en fin, de juegos adolescentes sostenido en la complacencia, como ella lo dice, “y eso me regocija… el objeto de mi amistad se encuentra en casa”.

Sueña y despierta pensando en él, le ve miradas inteligentes una veces y ardientes otras, su presencia se le ha convertido en una pesadilla, lo ve a todas horas, busca acercársele, lo espera ansiosamente, no sabe por cuánto tiempo el sentido común le permitirá controlar este anhelo, aparenta jovialidad para no traicionarse, siente que todo el mundo le fastidia, está desesperada y poco razonable, se sabe sentimental, cuando lo encuentra lo atrapa al vuelo y lo invita conversar, quiere que le hable sobre sí mismo, le cuesta, pero ahí está ella para ayudarlo, para sacarlo del silencio y de la soledad, a pesar que él la disfruta y no quiere ser inoportuna o cansarlo, igual lo busca, él le dirige una mirada especial a lo que ella le responde con un guiño. “Parece absurdo decir que Peter se sienta feliz pero estoy segura de que él experimenta los mismos sentimientos que yo”.

Le entran dudas, a lo mejor el no le encuentra atractivos, quiere conquistarlo, a lo mejor piensa superficialmente en ella, desespera, se siente observada por mamá que molesta a Peter. Continúa. Se dan adelantos, respiran juntos el aire fresco, miran afuera desde la ventana, “hay algo que no debe ser interrumpido con palabras”. Lo ve extraordinario cuando corta la leña, piensa que “se aplica en cortar bien la leña, para demostrarle su fuerza” .

Está romántica, a lo lejos escucha un carillón tocando “puro de cuerpo, puro de alma…” [

Se funden en uno todos sus hombres admirados e idealizados. “Peter como papá es un muchacho admirable”. “Peter Wuessel y Peter Van Daan se han fundido en sólo Peter, amado y bueno por quien suspiro”. En la noche su papá leyó a Dickens en voz alta. Sentada en la misma silla que papá y muy junto a Peter, el cielo parecía abrirse para mí”.

E 7 de noviembre de 1942 opina con respecto a su padre, “yo estoy loca por Pim. El es mi gran ideal. No quiero a nadie en el mundo tanto como a papá”, “espero de papá algo que él no es capaz de darme”. La ruta de su ideal imposible está tocando otro camino, está abordando los desafíos del descubrimiento de otras emociones y dejando de ser la niña de Pim. El 3 de febrero de 1944, suspirando decía “creo que voy a enamorarme de él, si ya no lo estoy…” Kitty siempre está ahí, ahora Ana le suelta sus emociones, “estoy exactamente como una enamorada que sólo sabe hablar de su amor”.

“Ese sueño del beso en la mejilla no la abandona”. Es intermitente en su desconcierto e inquietudes. Flota un misterio inexplicable.

El 17 de marzo de 1944, se lee, “para amar a una persona es menester primero que esta me inspire admiración y respeto, sobre todo admiración… todo marchará bien cuando pueda conquistar a Peter, pues lo admiro desde muchos puntos de vistas”, es tranquilidad, reposo, es lo opuesto de ella que se siente torbellino y estruendo.

El 19 de marzo de este 1944 decide tomar las riendas, hablar francamente con Peter, aprovecha un momento para cuchichearle que le era inminente hablarle, se ponen de acuerdo… Hablaron de 1942, “qué distintos éramos en aquella época… al principio ninguno de los dos podía soportar al otro. Él me encontraba fastidiosa… yo… en juzgarlo una nulidad, no comprendía porque no flirteaba conmigo… él me habló de su aislamiento voluntario, le dije que no veía gran diferencia entre mi bullicio y su calma, que a mí también me gusta la tranquilidad, pero únicamente lograba estar a solas con mi diario”.

Se sienten contentos de estar juntos, compartiendo el aquí del anexo. Además él se siente ayudado por ella con su alegría, y ella considera que “es lo más hermoso que él le haya dicho”. Piensa, “debe haber empezado a quererme como amiga, y esto me basta por el momento. Por más que busque las palabras no las encuentro, a tal punto soy dichosa. Perdóname querida Kitty, mi estilo se ha venido muy abajo… tengo la sensación de compartir un secreto con Peter”.

Quiere horas de felicidad, estar juntos.

Sube a reunirse con él a la habitación, como ya sabemos, está en el desván, y tiene una ventana que se presta para asomar la mirada en la noche y ver una posible luna y lo que sucede afuera, la oscuridad relativa se presta para la velada, facilitó la conversación y las cosas para Ana, se tocan con las palabras, se escuchan sus historias de familia, la vuelven a poner sobre el tapete.

“Peter le pregunta si se besan, si se dan un beso en cada mejilla todas las noches antes de acostarse, a lo que ella le dice, ¿uno solo? No, muchos, muchos. Apuesto a que no es tu caso, -No, yo casi nunca he besado a nadie-. Reconocimos que ninguno de nosotros confiábamos en nuestros padres… huía a la buhardilla para renegar completamente solo. En cuanto a mí, le dije, cómo en la noche en la cama daba rienda suelta a mis lágrimas… Hablamos un poco de todo. ¡Oh, ya lo sabía yo, lo encontré exactamente como me lo imaginaba… somos grandes amigos, estamos juntos siempre en lo posible”.

El miércoles 22 de marzo de 1944, el hilo conductor de su preocupación, su historia, que concierne a dos: Ana y Peter entra a tejer un mural de imágenes y palabras en su querido diario, “creo Kitty que el anexo va a ser cruzado por el soplo de un amor verdadero”. Hay un giro total, Peter el de la realidad y no el del sueño o del ayer desemboca en un presente intermitente y no pienso para nada en casarme con él. No sueño con eso. Es demasiado joven todavía, y no sé qué clase de hombre será más tarde, tampoco sé si nos amaremos lo bastante como para que ambos deseemos casarnos”. Lo ve hermoso, pura amabilidad y bondad. Cuando conversa con él le hace notar que él está enquistado entre los dos, nunca dices nada.

Ella se identifica con él en que no son diferentes uno del otro, ya que a “Peter lo mismo que a mí le falta una madre… se interesa poquísimo en los pensamientos de su hijo. La mía demuestra un mayor interés por mí, pero está desprovista del instinto materno, tan hermoso y sutil”.

Ambos mantienen una lucha interna según ella a causa “de nuestros sentimientos contradictorios, aún no nos sentimos lo suficientemente seguros y en el fondo somos demasiados sensibles como para soportar brusquedades, cuando me agrede mi reacción directa: quiero irme, como es imposible empiezo a simular, me debato y causo tal batahola, que todo el mundo quiere verme en el otro extremo de la tierra.

Él por lo contrario se repliega sobre sí mismo, casi no habla, permanece más bien taciturno, cavila y se esconde tras su timidez”. “Creo que lo más que le ha impresionado es haber descubierto en mí, no a la pequeña Ana superficial que los demás conocen, sino a una criatura totalmente diferente, una persona tan soñadora como él mismo y en pugna con idénticas dificultades”.

No faltaba más los allegados del medio ambiente están pendiente tanto de la guerra como de los sucesos de Ana y de Peter, la madre de él, lo llama el pensador y la jovencilla cree que está celosa de los acercamientos, la otra madre reprime a Ana por estos encuentros y de que va mucho al desván, cree que el joven está enamorado, la señora. Frank está en contra, Ana no quiere renunciar a Peter, cree que no debe ser indiferente a su madre para controlar la situación, y tratará de ser amable con ella. Pim se muestra menos cariñoso, se esfuerza por no seguir tratándola como una niña, y este hecho lo ha enfriado, dice “papá prefiere no intervenir en la lucha que entre mamá y yo se ha suscitado”, le inquieta la sombra de su hermana que le surge de pronto en su cabeza, se pregunta si Margó no le gusta Peter, se lo pregunta, se escriben cartas al respecto, si ella estuviera en su lugar “estaría enferma de celos”, esta duda no se la ha transmitido a él, una vez deliberado y careado que no hay tal, ella desata sus emociones. Se pregunta, si “sentirá la mejilla contra la suya, como sintió la del otro Peter en sueños”.

“¡Oh Peter y Peter! Vosotros no sois más que uno, vosotros sois el mismo Peter”.

Le deposita todas las cualidades que ella con ojos maternantes, de paciente cazadora y de guionista dibujando escenas que conmocionen, acecha y describe, el 28 de marzo de 1944, lo ve con esos ojos inigualables, “cuando lo veo tendido, la cabeza sobre los brazos y los ojos cerrados, no es más que un niño; cuando juega con Mouchi, es un encanto; cuando se le encarga traer las patatas u otras cosas pesadas, está lleno de fuerza; cuando va a mirar los bombardeos o a sorprender a los ladrones en la noche, es valeroso y cuando es desmañado y torpe resulta sencillamente delicioso. Prefiero recibir de él una explicación a tener que enseñarle algo; querría reconocerle superioridad en todo, o en casi todo. ¿qué puede importarme nuestras madres? ¿Ah, si tan siquiera hablara!”.

El 1 de abril, de 1944, en su silencio medita, “¿no será que la timidez le impide confesar su amor? ¿por qué me quiere tan a menudo a su lado?…me tranquilizaré… con un poco de paciencia, quizás eso llegue por sí solo. Pero hay algo que me tiene mortificada: doy la impresión lamentable de correr detrás de él. Siempre soy yo quién va hacia él, y no él hacia mí”. Se justifica, “se debe a nuestras habitaciones. Peter no comparte la suya con nadie, yo sí, y él seguramente ve eso como un obstáculo”.

Sigue sus acercamientos con Peter, no le es suficiente que le hable de sus padres y de sí mismo, no le basta, desea más, todavía no son verdadero camaradas, se siente sobre ascuas, se trastorna con las malas noticias que llegan de afuera, se apiada de sí, el día lo pasa alegre, segura, hasta insolente “con el fin de evitar cualquier interrogatorio y no tener que deprimirse”, en las noches no aguanta y llora, se acoge a su diario que es su salvación.

El 16 de marzo de 1944, se da ánimos, “estoy resuelta a ser valerosa…de día en día estoy más distante de mamá, soy menos cariñosa con papá y ya siento deseos de hacerle a Margot la menor confidencia…ya no tengo ganas de besitos y halagos, y juzgo afectados los tiempos diminutivos”. “Se nos trata como a niñas. Es verdad que lo somos físicamente pero olvidan que, en lo moral, hemos madurado infinitamente más de lo que por lo general les sucede a otros muchachas de nuestra edad”.

El 17 de marzo del mismo 1944, como dueña de la verdad y marcando linderos en los dominios que va reconociéndose como propietaria de sus actos y reflexiones se expone a deducir y sostener que “sé con toda exactitud lo que quiero…me he formado mis propias opiniones, principios e ideas…me siento más cerca de los adultos que de los niños”.

Y aquí, hecha la agrandada, a la vez situándose y asumiéndose distinta y distante se ve otra, dándose de igual a igual con los adultos, hasta siente que la tratan con más consideración, tiene la “impresión de ser absolutamente independiente de todos cuantos conozco”, hasta, comparándose con su madre que le parece poco dúctil y de poco tacto, la “aventajaría en las discusiones y controversias, pues soy más objetiva que ella y exagero menos. Soy también más ordenada y más hábil, lo que me da, -si puedes reírte- una superioridad sobre ella en muchas cosas”.

El 7 de marzo de 1944, a propósito de este otro verse en su propia semejanza, de este giro al mundo de la juventud que anticipa Ana, marca un ciclo recorrido y lejano de su pubertad y adolescencia viviéndose. Veremos en sus memorias que hace un compendio, crónica, un perfil y reseña de la que fue en los hechos de su vida y de cómo percibió y transitó sus tres últimos años. Entrelaza su permanente tratamiento de auscultarse, autobservarse, autodecirse.

La escucha siempre es una demanda, de un pedido, de saberse hablada y escuchada, crea ese ir y venir del monólogo, compaginando una lengua transmisible y transformadora. Dirigiéndose a su interlocutora Kitty no se siente sola, puede acercarse al vacío y a la vez tomar distancia, puede construir el puente que la orienta hacia ella misma.

Puede verse a distancia, criticarse. Se siente cambiada, cuando recuerda su vida antes del encierro en el anexo se le antoja irreal, sale para hablar de esa otra que ha convivido con ella y la describe así, “la Ana que disfrutaba de esa existencia celestial era muy diferente de la que maduró entre estas paredes”. Ubica que tenía admiradores, amigas predilectas, que era mimada por los profesores y por sus padres a más no poder con bombones, con dinero para pequeños gastos…¿qué mas pedir?”. Cree que prendaba a las gentes por sus ocurrencias, observaciones, su rostro riente, era despreocupada, tenía sentido crítico, original, encantadora, y no era por sus atractivos físicos como le ha dicho Peter.

Además, según ella, era una coqueta incorregible y divertida. Dentro de sus cualidades que tenía era aplicada, honesta, franca, y generosa. Su reputación en la escuela era de chacoteadora, bromista, jaranera, eso sí, ni llorona ni caprichosa. “ A Ana la escolar la veo como una chiquilla encantadora, pero muy superficial que no tiene nada en común conmigo…¿Qué queda de aquella muchacha? Risas, ocurrencias, críticas, capaz de flirtear…”

Volver a ser la que fue la saturaría. Le gusta la que es, la que está siendo, afirma que “ya no necesita adoradores o admiradores seducidos por una sonrisa lisonjera ni que la sigan con miradas ni con espejitos, sino amigos cautivados por mi carácter y mi proceder. Comprendo que estas exigencias reducirían mucho mi círculo de íntimos, pero, ¿qué le vamos a hacer?”. Hace un puente y paréntesis y deja a relucir otros momentos, “a pesar de todo, mi felicidad en 1942 tampoco era completa, con frecuencia me sentía abandonada. Me movía demasiado de la mañana a la noche para pensar en ello, y me divertía cuanta podía. Conscientemente o inconscientemente trataba de olvidar el vacío que sentía divirtiéndome así… que aquel periodo de mi vida terminó irrevocablemente. Los años de escuela, su tranquilidad y su despreocupación nunca más volverán. Los he superado ya no lo deseo”.

Para la redactora, diseñadora de su estilo y heroína de su adolescencia estos tres años son un espejo de sus sentidos, de una realidad comprimida en una política dada por las circunstancias del ejercicio del poder, problema eterno de las pasiones humanas, del dominio voraz de una muerte amenazante convertida en disputas y desacuerdos: la guerra justificando puntos desencontrados entre los que se consideran aliados y enemigos, en la inevitable ruta de la historia jugando omniscientemente el destino de los derechos humanos.

Vistos por ella ese diario vivir en la clandestinidad nos los compartirá con este sentir de su única vida de espectadora y semblante de la palabra y los actos.

El 3 de mayo de 1944, se pregunta ¿de qué sirve esta guerra? ¿Por qué los hombres no pueden vivir en paz? ¿Por qué esta devastación?. Pregunta eterna, por los siglos y los siglos de todo presente. Considera la estadía en el anexo como una “aventura peligrosa”, que se torna romántica e interesante por el riesgo. “La invasión ha comenzado… las operaciones de tropas inglesas y norteamericanas han empezado”, el 6 de junio de 1944, se pregunta, ¿se acerca de veras esa libertad tan largamente esperada? ¿De esa libertad que tanto se ha hablado? ¿No es demasiado hermosa parecida a un cuento de hadas?.

Ya el 11 de abril de ese mismo año Ana empieza a cansarse de comprender la mente humana, está cansada de sentirse paralizada en esa angustia permanente, está cansada de vivir la condición de clandestina, está cansada de ese enclaustramiento y de esos miedos indescriptibles. Qué le queda, sólo esperar, y estar en el anhelo de que si esto termina, pero, “¿cuánto tiempo más poder resistir esta presión insoportable y más fuerte cada día?”.

Mantenerse en pie es la consigna.

En su diario la joven recrea los datos, los sintetiza, hace sinopsis, hasta se estimula de los avances de proceso creativo y de los recursos que implementa en ese hacer escriturándose. El 10 de diciembre de 1943, cuenta, “cada una de nuestras privaciones ha sido tratada humorísticamente en mi diario. Me he propuesto de una vez por todas, llevar una vida diferente de las simples dueñas de casa…soy joven… me niego a quejarme todo el santo día”.

Su alegría, su fuerza y su dicha interior, combaten la pesadumbre, pone un torniquete de ilusiones allí dónde se pregunta ¿por qué habría de desesperarme?

Esta mordacidad en el manejo del humor es increíble en Ana, hasta para describir la rutina aprendida a fuerza de la costumbre. Parece que dibujara las palabras desde el retrato de una adolescente en circunstancias de campamento viviendo comedias más que de una guerra, veamos un fragmento de esa vida cotidiana, abramos el telón, asomémonos a ver que hay, desplazamientos de cosas para dormir, luego el inmobiliario del día se transforma, Ana duerme en un diván de 1;50, al que hay que agregarle dos sillas como larguero, luego higiene, rizadores, agua oxigenada para la pelusilla negra del labio superior, besos de buenas noches, rezos y a la cama, se sabe hasta los ruidos de cada uno de los anexados, como el de su compañero de cuarto, Dussel, que cuando el sueño no le llega hace “un ruidito como de pez que boquea” interminablemente hasta que se amodorra y fin. Otra escena, la Sra. Van Dam, la representa como “la provocadora que habla con una sonrisa de coquetería y pretendiendo saber hablar de todo se esmera con el uno con el otro”.

La escena del ropaje de todos es captada teatralmente al menos así la puedo representar en mi mente, tenemos a la sra. Frank con el corpiño ajustado y viejo, lavando ropa; el sr. Frank con su corbata deshilachada pelando arvejas; el Sr. Van Dam con su mesa para tomar el te, delantal en pecho y haciendo salchichones; la Sra. Van Dam o petronella, no solo con su urinario, sino encargada de la cocina, además aferrada a sus trajes y abrigo de piel de los que no quiere desprenderse; Margot con su delgadez y vestidos casi rotos lavando platos; Ana con sus rizadores y blusa enseñando el ombligo y puesto los zapatos rojos con taco que le trajo Miep yendo con la peinilla en la mano a cortarle el cabello a Pim; Peter con su gato y matándole las pulgas, también taciturno, apagado con apetito devorador. Y el Sr. Dussell pantalón al pecho, chaqueta roja, zapatillas negras, gafas de carey trabajando en la mesita y otras veces con sus implementos de odontología listo para sacar las muelas y no olvidando sus largas sesiones en el retrete.

Se atreve a hacer un inventario de vivencias de los dos primeros años, en marzo 7 de 1944 al recordar los inicios de 1942, lo significa como el brusco cambio, disputas, reprimendas, etc. Dirá “me tomaron desprevenida como si hubiera recibido un mazazo, y para darme ánimo me volví insolente”.

En 1943, nos mete en su avatar existencial. “la primera parte, crisis, lágrimas, soledad infinita, lenta comprensión de todos mis defectos…hablaba tuertas y derechas, tratando de poner a Pim de mi parte. No lo conseguí. Me hallaba sola ante la difícil tarea de cambiarme a mí misma, con el fin de no seguir provocando reproches, porque estos me deprimían y desesperaban”.

Va poniendo puntos apartes a ese no poder entrar al secreto del deseo, va dándose lugar y función a su propio orden, va distanciándose de la disputa de tener un aliado a su favor, su padre es sólo su padre, jamás su cómplice ni su comodín, peor el que hace lo que ella quiere. Él sólo interviene en la función que le permite y da lugar su rol filial, la función paterna autorizándola a ser en el mundo de la inexactitud. En ese mundo donde aparentemente no le falta nada pero en el que busca la intimidad, en el que quiere salir de lo trivial, en el que descubre esa falta de confianza como su verdadero defecto, además se “aburre lo indecible”, pero le interesan los recuerdos sobre todo.

La segunda parte del año es mejor para ella, ya transformada en jovencita, cree la consideran, reflexiona más, escribe cuentos, comprende que “los demás no tenían ya, el derecho de utilizarme como pelota de tenis”. Decide cambiar, ser consistente en sus opiniones, según su decir: “formarme según mi propia voluntad”, tiene mira de otra actitud y relación con su padre, se confiesa, “que ni siquiera su papá sería nunca su confidente en todas las cosas, ya no podría tener confianza en nadie, salvo en sí misma”.

Ya a fin de año del 1943, se pone inquieta, anhela, desea tener un muchacho como amigo y no a una muchacha. Pues, “había descubierto la dicha en su caparazón de superficialidad”, al irse volviendo más seria se sentía, “consciente de un deseo sin límites por todo lo que es belleza y bondad”. En este momento de su vida lo bueno se reduce al escondite que es la seguridad, su salud intacta, de todo su ser. “Lo amable es Peter, ese despertar de una ternura que nosotros sentimos, sin osar todavía, ni el uno ni el otro, nombrarla, o tan siquiera rozarla… no pienso ya en la miseria, sino, en la belleza que sobrevivirá.

Se vuelve madre y consejera de sí, se levanta los ánimos, “piensa en la belleza que se encuentra todavía en ti y a tu alrededor. Sé dichosa”.

Su madre opina lo contrario a este pensamiento de Ana, más bien, considera que cuando se está desalentado y triste hay que pensar en la desgracia del mundo, se opone a este mirar, ya que considera, nuestra Ana, más bien sostiene, que cuando se está en desgracia hay que salir de ella para no estar perdido, que hay que volverse a lo bello. Algo así, como un no dejarse derrotar ni atrapar, es como una invitación a recuperar la calma.

En cambio Pim, de ese papá protector, atento a alegrarle la vida, a dejarse cortar el cabello, de leerle cuentos, de acolitarle los sueños con fotos y postales de artistas, de ser su camarada, de haber confeccionado cortinas con retazos de tela “con la torpeza de los profanos en el oficio” pasa a ser el guardián, el consejero, el cuidador de los pasos de su hija. La siente en peligro, la pone en alerta, le pide prudencia porque se cuenta con un espacio muy restringido, le dice que no le parece apropiado lo que está ocurriendo en esta casa, le dice que no o tome demasiado en serio a Peter, al que suponía el camarada de Ana, además “en estas cosas el hombre es activo, y la mujer más moderada”.
Los principiantes de este amor adolescente se prometen que nunca habría rozamiento, se devuelven la confianza y se cuidan del amor pero de las distancias es más difícil.

En 1944 haciendo un resumen de ese año en sus escritos, Ana analiza, reflexiona sus propias palabras dirigidas a su madre, se queda estupefacta de cómo había sentido tanta cólera hacia ella, se pregunta del por qué ese odio, se da cuenta que ese pasado estaba lleno de incomprensiones mutuas, de ese estar indispuesta “a esos malentendidos… y desacuerdos de una parte y de la otra. Nos hemos envenenado mutuamente. Pero eso pasará” y continúa, “me he vuelto razonable… cuando ella me fastidia, casi siempre me callo, y ella hace otro tanto, lo que todo parece marchar mejor”.

Indaga y se adentra en ese nexo filial difícil de eslabonarlo entre su ser y el no ser de la otra.

Da con un punto ciego, casi como un grito de “eureka” frente a una posible solución o respuesta, al fin, descubre que lo que le falta entre las dos es ver a su madre como un ejemplo que pueda seguir, ya que, dice ella, “mamá nos ha dicho, ella misma que nos considera como amigas suyas más que como hijas”, a lo que Ana, piensa, “en mi opinión una madre debe ser una mujer cuya primera cualidad sea el tacto, sobre todo frente a hijas de nuestra edad, y que no obre como mamá, que se burla de mí cuando lloro”.

Esta joven, recuerda una escena donde se da un impase con su madre y hermana, aparentemente insignificante, esto es dónde se le burlan este par, después de haberla despedido por andar en bicicleta a pesar de haberle permitido llevarla, y que con la misma no podía acompañarla, a lo que ella llora por sentirse rechazada, y ambas se le sueltan una carcajada, Ana siente que en ese momento, sobre todo su madre le causa “una herida” que le “sigue doliendo todavía cuando piensa sobre ese hecho”.

Es como que fuera excluida de la complicidad femenina, de eso que la hace saberse fuera de la otra, fuera de la palabra que todavía no comprende aunque la porta en el cuerpo: una mujer, ella, su yo, que no tiene que ver nada ni la madre ni la hermana, pero que a la vez ambas tienen su propio misterio en su ser. Cuando ella, está haciendo una retrospectiva de sus años anteriores, en su presente confronta otras preguntas que no las puede compartir ni con su madre ni con su padre, ni con su hermana, dado que siente cierta vergüenza y a la vez placer secreto de experimentar eso, eso es, el rubor y la transformación visible del cuerpo, la menstruación es un secreto que la regocija a pesar y despecho del dolor y de estar indispuesta. Este misterio vivido, sentido, la invita a sentir un deseo de hablar con alguien, escoge a Peter, y a él le confía su manía de sonrojarse, hasta conversa sin tartamudear de la menstruación, se siente respetada y escuchada por su amigo.

También va tomando conciencia de sus cambios, de sus inquietudes sobre la sexualidad y el deseo, quiere comprender sobre eso, y su interlocutor escogido es Peter, además siente que “el objeto de su ensueño le pertenece, que nadie lo sabe, que nadie sospecha, lo que sucede en la mente de una chica”. Nota que se siente diferente, tanto en compañía como cuando está sola, cree que hablar con franqueza permite ver el otro lado que no se ve, así podemos entresacar en sus escritos del mes de enero que casi todo el tiempo lo dedica auscultarse, revisar los pro y contra con su madre, y a seguir de cerca sus acercamientos a Peter.

Y el deseo no estaba ahí, y el deseo no seguía ahí, allí advenía algo que no pertenecía al plano filial, aunque la partida se inició desde allí, Peter le cuenta a Ana lo que el padre de la jovencilla le había dicho, “tu padre juzga que esta camaradería puede muy bien terminar en amor, pero yo le he contestado, que los dos nos cuidaríamos de eso”

¿Quién se cuida del amor?

Ana, le cuenta a Kittiy, “papá ha vuelto a decirme que me aparte un poco”, pareciera que Ana estuviese apesadumbrada, pero esto dura un relámpago, ya que cuenta que cree que su padre está decepcionado por no guardar las distancias de su objeto de enamoramiento, se siente sin responsabilidades hacia sus progenitores, considera que en cuanto a sus actos se siente responsable solo con ella misma, se siente independiente, sin interpretar comedias, con una voz interior que no quiere sentencias.

Piensa que la lucha terminado, ¿con quién?, y que ha ganado, quizás se está probando en ese avatar, quizás se está encontrando con su propia piel femenina sin referentes “mortificantes”, cree que ya no necesita de su madre, que se ha vuelto fuerte a fuerza de luchar , obrará según su conciencia, no deplorará de sus actos y como una enamorada radical está convencida que nadie la podrá desconvencer de que deje de reunirse con su Peter, lo dice así, como dirigiéndose en un diálogo imaginario a su padre, en el fondo es la opinión y únicas palabras que le importa, como que la de su madre la tiene sin cuidado, además cree que ella “nunca ha pensado en los problemas, ni en los pensamientos que me preocupan”.

El 17 de noviembre de 1942 escribe refiriéndose a su madre, “en todo somos distinta y chocamos fatalmente”, el 7 de noviembre de 1942 anota, “he concebido un ejemplo ideal de madre y esposa que en nada se asemeja a aquella a quien estoy obligada a llamar mamá. Siempre me propongo pasar por alto los defectos de mamá, no ver más que sus cualidades y tratar de encontrar en mí lo que vanamente busco en ella”. “Ni papá ni mamá sospechan lo que me ocurre y yo los repruebo por eso”. Sus padres no pueden darle viviendo su vida, por otro lado, sólo es la hija, y su lugar es sólo eso, no compensa ni complemente a ellos, por más que adore a su padre, él no puede tomar partido por ella, solo ayudarla a establecer un orden en la organización del árbol genealógico, y a darse presencia en sus respectivas funciones de padre y madre.

Ana experimenta la desilusión, la frustración. Tiene que salir del tocador de no desear el lugar del prójimo u ocupar el puesto del otro, la otra en este caso, aceptar que los padres no pueden dar entera satisfacción a sus hijos.

Hace un receso el mes de febrero de 1944, habla sobre la situación de la guerra, las bromas del anexo frente a lo que harían en caso de emergencia, está arraigada en un su deseo de no morir, así lo experimentan los demás, además de ser libres, se entiende con Peter, comparte sin rodeos, para comunicarse encuentran pocas palabras, buscan pretextos para verse, de ayudarse, tiene deseos de ser consolada, de felicidad, de conquistarlo, de darse entre ellos los que le falta, coinciden en que les falta una madre.

A pesar de ese ataque, queja y constante graffiti verbal contra su madre, Ana deja asentado como en actas de sesión en su diario las intervenciones de su madre cuando la ha protegido o hablado por ella. Las intervenciones de la madre eran determinantes, y en eso el silencio y gratitud de la hija son únicas, aunque no lo festeja, su silencio otorga, es aprobación y aceptación, no rechaza la función de su progenitora, se las sabe manejar, ella registra la huella, así, no la deja mal parada ni la deja como una insoportable. Y es que en el fondo y en la superficie Ana no puede hacer lo que quiera con los otros ni con ella misma, siempre habrá la figura puntualizadora, regulizadora, su padre está ahí siempre para hacerle acuerdo del llamado al orden, hasta su misma madre con la sola presencia, y la vida íntima que lleva con su marido, de la cual Ana desconoce, carece de ese poder, la deja excluida y la somete a su única designación posible en el nexo y vínculo filial : de hija, exclusivamente nació para eso y solo eso, es en ese triángulo familiar donde se juega lo que es y no es.

Lo que puede y no: su no toda presencia en el deseo de sus progenitores.

Ya el 24 de diciembre de 1943 Ana clama y se pregunta “existe alguien en el mundo capaz de comprenderme, sea o no judío, y que viera en mí a la muchacha que pide nada más que una cosa, divertirse, gozar de la vida”. Continúa, “pese a mis teorías y a lo que me atormenta, la verdadera madre que yo imagino y que me comprendería me falta a cada instante… Todo cuanto pienso, cuanto escribo, le está dedicado, en la esperanza de llegar a ser más tarde para mis hijos la MANSIE cuya imagen me he forjado. Una Mansie que no tomara necesariamente en serio todo lo que se dice en las conversaciones generales, pero que si consideraría seriamente lo que yo dijera. Sin que pueda explicar por qué, me parece que lo expresa todo… Con el fin de aproximarme a mi ideal he pensado llamar a mamá Mammis; para no decir Mamsie”. Ella es, por así decir, la Mammis incompleta. Quizás la figura completa es su abuela materna, la gran Mamsie, donde Ana “podía hacer cualquier cosa, hasta ser insoportable, pero ella siempre la disculpaba. El 22 de enero del 44 cierra este laberinto de espejos con lo siguiente, “si mamá no hubiera sido lo que es, si hubiera sido una verdadera Mamsie, nuestras relaciones habrían resultados del todo diferente”.

¿Una Mamsie escritora, una mamsie mujer, una mamsie madre? ¿Un todo? Una no toda todavía, aun una.

El 5 de abril de 1944, visualiza, “quiero tener algo a que dedicarme aparte de un marido e hijos” Ana se forja un ideal femenino aunque le cuesta reconocer, es irónico, que se lo forja sólo a partir y a causa de ese objetar permanente a su madre. De combatir el opuesto, de adecuarlo a sus expectativas. Es posible que el rechazo que siente por su madre esté ligado a la propia ambición de ser escritora. También de suponerse esposa y madre. Todo y no todo. Lo uno o lo otro o ambos a la vez. Pero hay algo más, que no sabe, que a esta respuesta no llega más que por su propia práctica y experiencia y no por consejos de nadie.

Y bueno, la Señora madre de Ana, aparece en los escritos de la contadora, como nada modesta, igual a ella, no se dejan atropellar.

La vivencia le va enseñando aprisa, se ve obliga a no poder escapar ni evadirse de sí mi. El 22 de diciembre de 1942 ya deja entrever esa confrontación con el silencio y las contradicciones, “¡oh, me he vuelto muy razonable! Aquí se necesita buen sentido para todo; para aprender a escuchar, para callarse, para ayudar”.

Ana quiere vivir “una vida desprovista de toda admiración”, se ha propuesto de ocuparse de ella mismo siente que tiene un norte en la vida, sabe lo que quiere, aunque el 14 de abril del 44 se siente “descentrada, ignora porque todas las cosas se confunden, no llego a encadenar y dudo muy seriamente que más tarde, alguien pueda alguna vez interesarse por las tonterías que vuelco en estas páginas”. Sentimental y cursi, así es el avatar del amor, a veces se arriesga la escritura en este campo.

Ana lo sabe, la escritora y la enamorada se empapelan de sentimientos, la letra sufre, el cuerpo se apoya en el otro, gozan del silencio, callan para sentir, ambas se observan, se percatan de su división interior, algo más y algo menos es el riesgo en esta mitad corporal que anhela un todo femenino. Intuye, no solo amar, hay algo más que el amor…

Sueña un amor “puro de cuerpo, puro de alma”, aunque un beso le acosa la imaginación, se cree enamorada, se siente transportada de alegría, “metida en un laberinto de pensamientos”, se escapa hacia él, “está en conflicto entre su corazón y cerebro”. La velada de la palabra entre los dos e infinitas horas juntos.

El anexo un islote que se achica por el peligro constante, buscan escapar y chocan los unos contra los otros, por la desesperación imagina un muro impenetrable a punto de aplastarlos. Implora que el círculo se ensanche. Afuera del anexo la guerra sigue desatada, se dan enfermedades, robos, incendios, huele a carne quemada, el hambre aumenta por las restricciones y racionamientos, cambio de moneda, se oye desembarcos de los aliados, más bombardeos, discursos van y vienen.

Adentro observaciones, desaprobaciones, llamadas de atención por todo a Ana, hambre de todos, alimentación restringida.

En un verso de Goethe, Ana apuntala su confianza aún “en la cima del mundo o en las profundidades de la desesperación”, así se siente comparándose a la suerte corrida por los otros judíos.

Los hombres del anexo hacen guardia, turnos, vigilan, “advierten al defensor de la familia”, Pim, enfrentan a los sospechosos, reconocen el terreno, ubican fronteras, se da silencio de muerte, oscuridad total. Pasan la aventura de la angustia sin ilusiones, con miedo, las mujeres se apretujaban a sus respiraciones entrecortadas, pavor y pánico de ser encontrados. En el momento del peligro máximo, “ocho corazones latían apunto de romperse”, “ese instante indescriptible con sentimientos de sentirse perdidos, de ser llevados por la gestapo”. Solo se escuchaba castañeo de dientes, nadie dijo una palabra, más tarde sus lenguas se desataron, por ahora salvados. Habían agotado las suposiciones, temblado de terror y todos necesitados del W.C…sopor, fatiga, frío, tratando de dormir sin poder, la policía iba a volver, iban a encontrarlos a ellos, la radio, el diario de Ana, la señora Van Daan sugiere quemarlo, Ana salta, cree que “estas palabras y las sacudidas a la puerta-armario, fueron para mí los instantes más terribles de esa velada…

¡Mi diario no! Mi diario no será quemado sino conmigo”

Esa noche de insomnio y pavor se reúne con Peter que está de vigía, están “tan cerca el uno del otro”, que hasta podían notar los temblores que recorrían sus cuerpos. Amanece, avisan a sus protectores, están hecho un revoltijo de desolación al recibirlos. La puerta armario es una frontera imaginaria sin salvoconducto. El 4 de agosto de 1944 al encontrarlos la GESTAPO posiblemente gritaron, posiblemente se quedaron paralizados y mudos, posiblemente intentaron todo y nada. En ese momento la guerra psicológica y real cayó como una red sobre el animal en el hueco del poder devastador.

Toda guerra lleva su destrucción irreparable. Y esta es imborrable tiene su dosis de letal afuera y dentro de los campos de concentración.

Ana nos dice “la otra noche intuía íntimamente que iba a morir”, “se percata de cual es su primer deseo para la posguerra: ser holandesa”. Siente que tiene un norte en la vida, que sabe lo que quiere, que tiene una opinión, una religión, un amo. Se siente una mujer consciente de ella con fuerza moral y mucho valor. Cree, que “si Dios la deja vivir, irá mucho más lejos que su mamá. Que no se mantendrá en la insignificancia, tendrá un lugar en el mundo y trabajará para sus semejantes”. Aun en toda esta angustia, no cae su bandera síquica, ondea su fuerza, su ideal de sí misma flamea a una mujer que no cae, que deja luchas y marchas femeninas en los carteles de su letra.

Quiere algo más, busca, no cesa, sabe adónde va, pero no sabe a dónde la lleva esta guerra, sospecha, teme, no quiere suponer, le apesta la palabra muerte, para qué ser un cadáver, ni siquiera una letra muerta.

Mientras ame la vida, olerá a vida la joven y sus escritos.

El 15 de junio de 1944, estaba atravesada por la nostalgia del mundo, eso de estar privada le hace añorar la naturaleza, se deslumbra por el cielo, por el canto de los pájaros. Siente que en el anexo ha cambiado, “nunca antes se había sentido tan fascinada”, ese momento, de ese día resume su total autenticidad, su simpleza, su sencillez, nos da conocer al ser humano en su completa soledad y disfrute simple de lo que tiene y no, de lo que está ahí y lo invita repensar la ambición de conquistas.

Miró, “completamente sola por una vez la luna a través de la ventana abierta”, se siente hechizada por la noche, la naturaleza la hace humilde, la prepara a soportar todos los golpes con valor, como una sentencia al pie de la vida dice: “la naturaleza es la única cosa que no tolera ser deformada”.

A pesar de sentirse descentrada, e ignorar todas las cosas que la confunden. De no dejar aplastar su esperanza de salvarse. De añorar estar al otro lado del anexo ya sin guerras y de dejar de estar de sobresalto en sobresalto, cree que sus estudios, sus esperanzas, su amor, su valor, todo eso la hace mantener la cabeza alta y ser juiciosa”.

Y no podía faltar la llegada del ansiado beso. Pasa del beso soñado, al beso imaginado, al beso real. Peter la besa así de repente en la mejilla izquierda, considera demasiada dicha para los dos. Se siente tranquila y segura en sus brazos, aunque empieza demasiado pronto a ser independiente sin haber cumplido los quince años. No forja ningún proyecto ninguno de los dos, se pregunta que si se aman por qué guardar las distancias peor aún en las condiciones de ellos, privados de todo, segregados del mundo y abrumados de angustias y preocupaciones sobre todo en los últimos tiempos. Pero, vacila, quiere una franqueza sin gazmoñería, quiere compartir su secreto aún a pesar de que disminuya la magia, le va pedir opinión a su padre, ya de ese encuentro sabemos.

Otra cita de los clandestinos, Ana echa un ovillo junto a él, su Peter, deja salir sus lágrimas, sin moverse ninguno de los dos, y ella, la Ana tierna y amorosa temblando se despide, y en ese momento después de haberle echado los brazos al cuello y besado su mejilla, y en el momento de besar la otra vino el otro beso, boca con boca, donde Ana siente un vértigo, y como que aquello no fuera a cesar…

Ternura, amistad, confidencia, consuelo. Ese deseo intolerable “hace que piense nada más que el uno en el otro”. El 28 de abril de 1944, escribe, “Peter me ha emocionado, más profundamente que cualquier otro muchacho, salvo en sueños”… ¿Qué quieres de mí? ¿En que va a terminar esto?…Peter tiene poco carácter todavía, demasiada poca voluntad, demasiado poco valor y fuerza moral. En el fondo, sólo es un niño, no mayo (MAYOR?) que yo; no pide más que dicha y tranquilidad…¿Es que soy todavía una colegiala tonta? ¿Una personita sin experiencia desde todo punto de vista?…Tengo miedo de mí misma, miedo de que mi deseo me arrastre, y miedo de no mantenerme recta… Los sentimientos y el corazón están en lucha constante”.

Hagamos un flash back, retomemos este diálogo entre Peter y Ana y ese otro momento entre Padre e hija, detallemos despaciosamente la preocupación de todos. Ana dirigiéndose como siempre a su infaltable Kitty, le comparte, que le preguntó a Peter de contarle “algo” a su papá, a lo cual entre vacilación el otro le dijo que sí. Al comienzo Pim le dice que no encuentra mal eso de que ellos estén juntos, pero en otro momento le dice que ha reflexionado sobre lo que le ha dicho Ana, y a él no le parece apropiado, además los suponía camaradas. Le pide guardar distancia, que no vaya tan a menudo a su cuarto, que no lo aliente al extremo que luego deba arrepentirse, que no lo tome demasiado en serio, además le hace ver según su criterio de hombre, que “en estas cosas el hombre es activo y la mujer más moderada”.

Pero lo que nosotros hemos visto en todo momento es una Ana activa, en plena cacería y conquista del tímido Peter aunque le haya dicho a su padre que no lo toma en serio.

Ya charlando con Peter comparte lo conversado con su papá, hacen sus observaciones a lo de cualquier equívoco”, ella le resalta lo que han convenido los dos, que “nunca habría rozamiento”, que papá no sospechaba nada. Hagamos un paréntesis para entender este llamado de alerta, Ana el 16 de abril de 1944, recuerda al detalle ese abrazo casi de uno totalizador con el joven, ella lo detalla casi acompañado de un deleite corporal único, lo deja inscrito en su memoria y en el papel, así: “él me estrechó fuertemente contra sí: mi seno derecho, al tocar su corazón, hizo latir el mío con golpes más rápidos. Pero aún no habíamos terminado. El no descansó hasta lograr que repose mi cabeza sobre su hombro, y apoyar la suya en la mía. Después de unos cinco minutos, me incorporé, pero él enseguida tomó mi cabeza entre sus manos y la estrechó contra sí. ¡Oh, era delicioso, casi no hablé…”

Cabe recordar en este momento sublime y sensual para Ana su mejilla aún no había sido rosada por los labios de Peter.

Vamos al 2 de mayo de 1944, Peter y Ana, no están convencidos de ser solamente camaradas, pero ella se reasegura de sí y del otro y como probando, le dice: “tengo la misma confianza en ti que en papá. Te estimo lo mismo, y no me engaño, ¿verdad? Denegación, demostración de control de la situación, de la compañía y el no poder apartarse puede más. Parece que a Peter no le parece tan cierto las palabras de la camarada, porque se intimida y sonroja según la apreciación de Ana que anda pendiente de cualquier pista y detalle de su contrincante del amor, como si nada lo aguijonea con “sé que, cuando salgamos de aquí, tu ya no pensarás en mí”, él se exalta, y le replica con un “tú no tienes ningún derecho a pensar eso de mí”.

La chica quiere probarse de su gobierno sentimental, tiene al vigía en el cuartel de sus emociones, pero, el padre que anda tras los pasos y jugadas de la hija le preocupa que esa camaradería pueda terminar en amor, se lo ha dicho a Peter, y a su hija le pide que se aparte… pero no piensa hacerlo.

Siente que su padre no está contento con ella, que no ha hecho lo que él esperaba. Cree que está “decepcionado porque no aguardado las distancias”, Ana habla otro tanto con Pim, hasta le escribe una carta en la que su contenido abarque que desde que está en el anexo, exactamente de julio de 1942 y hasta muy reciente, su vidas no ha sido fácil, le refiere que se sentía “completamente sola…tengo conciencia de haber crecido sola, y no me siento en lo más íntimo responsable hacia vosotros… en cuanto a mis actos me siento responsable conmigo misma”, le cuenta que cuando se debatía completamente sola, todos…os tapasteis los oídos; nadie me ayudó, al contrario, solo recibí regaños porque era demasiado revoltosa… me obsesionaba silenciar esa voz interior…tu no puedes, no debes considerarme como una niña de catorce años, porque todas estas miserias me han madurado, me propongo obrar según mi conciencia y no deploraré mis actos… no podrás convencerme de que deje de reunirme con Peter. O me lo prohíbes por la fuerza o confías en mí en todo y para todo y me dejas en paz”.

El 15 de julio de 1944 se pone a pensar sobre la muchacha que es, nota que tiene conciencia de sí misma que no la abandona nunca, y en este seguimiento de sí, dice “papá ha hecho todo lo posible por atemperar mi rebeldía, pero ello no ha servido de nada, me he curado yo misma reconociendo mis errores y sacando de ellos una enseñanza”, se pregunta, “¿Cómo es posible que en mi lucha, papá nunca haya logrado ser para mí un apoyo y aún tendiéndome una mano de auxilio no haya acertado? Según ella, su papá no ha receptado bien, dado, que siempre la ha tratado como a una niña, que pasa por la edad ingrata” a pesar de que él es el único que siempre le ha acordado su confianza, y él único que ha hecho sentir que es razonable. “Lo que no impide que haya descuidado mis luchas por remontar la corriente –eran todos dos los jóvenes de mi edad pasan por eso. ¿verdad? Yo interpretaba una comedia antes de tener conciencia de lo que hacía; me sentía sola, rara vez vencida… Lo hecho, hecho está; pero es posible corregirse…tomando ejemplo de papá, conseguiré enmendarme”. “Anhelos, deseos, pensamientos, acusaciones y reproches asaltan mi cerebro como un ejército de fantasmas”.

Analiza si es presumida o no, se sabe con defectos, quiere enmendarse, se agarra de un proverbio, “hay algo de verdad en cada reproche, y estoy dispuesta admitir que soy presuntuosa”. “Nadie intenta comprenderme…siento sed de una voz reconfortante, que se interese por lo que pasa en mí. ¡Ay! Por mucho que busque todavía no he encontrado esa voz… yo sé que eso te hace “pensar en ¨Pitter, verdad Kitty ¿el uno y el otro? ¿El de la realidad, de los sueños o el creado en su imaginación? ¿Peter el de la infancia, o el Peter del anexo? ). ¿O Peter hecho palabra, texto, personaje, o simplemente el otro, un tú real, diferente a los otros “hombres “que ha conocido en su corta vida. Que de paso a crear algo, alguien que no sea nadie, que tenga nombre propio aunque no tenga “habitación propia” en este “porvenir de una ilusión”.

Creer en aquella que adviene en el orden de un él, aquel, que está en el plano fuera del nexo filial y de la infancia. Que está aquí y allá. Que enlaza a la mujer otra armándose en la mirada masculina, que le da otros reenvíos de mensajes en la textura corporal de lo femenino hablante. Algo que es y no es. Algo que no esquive la ruta de los descubrimientos que se desprenden de la experiencia púber, reafirmando los linderos de su adolescencia. Salir del temor al cuerpo, entrar a la confidencia de la memoria y del verbo haciéndose en conjugaciones del sí y del no.

Algo que revelará un gozo diferente y también desilusiones a las caricias de la vida en el despertar del deseo.

Ya no se siente sola en el mundo. Y lo más relevante, “Él me quiere y yo lo quiero, tengo mis libros, los cuentos que escribo y mi diario, no soy demasiado fea ni demasiado tonta, poseo una alegría natural y buen carácter”. “Tengo a Peter. ¡Con su apoyo tendré éxito!” “Peter me quiere pero no como enamorado, sino como amigo… su devoción aumenta… no comprendo que nos detiene a los dos, hay algo misterioso que nos separa”. Los pro y contra hacia su querido joven. “Peter es bueno y amable, más no puedo negar que me decepciona en muchas cosas, le reprocho sobre todo, que reniegue de su religión, sus conversaciones y otras cosas que me desagradan han revelado varias divergencias entre nosotros… pero sigo persuadida de que mantendremos nuestro propósito de no regañar nunca. A Peter le gusta la paz, es tolerante y muy indulgente. No permitiría a su madre que le dijera todas las cosas que acepta de mí… continúa guardando para sí sus sentimientos más íntimos ¿por qué nunca me deja entreverlos?… Ambos hemos pasado en el anexo los años en que uno se forma: hablamos y volvemos a hablar siempre del porvenir, del pasado y del presente, pero, como ya te dije parecía faltarme lo esencial, y sé que está ahí”.

Ahora bien, como hablándose frente al espejo, que le devuelve su yo impersonal y a la vez lo reconoce con pronombre posesionado en su nombre, dice, Ana, “imaginaba que poseer la confianza de alguien era maravilloso, y ahora que lo he conseguido, empiezo a ver todo lo difícil que es identificarse con el pensamiento del otro, hallar la palabra cabal para responderle”. Siente preocupación, porque Peter comienza a depender de mí, poco más o menos de mí, y yo no lo admitiré. A él le falta” un objetivo determinado”…

“Nunca ha sabido lo que es hacer a los demás felices, y eso yo no puedo enseñárselo”.

El 19 de mayo de 1944, dice, “todo sigue bien entre Peter y yo. El pobre muchacho necesita, mucho más que yo, un poco de ternura. Se ruboriza aún cada vez que nos besamos…él es muy dichoso desde que sabe que alguien lo quiere. Después de mi difícil conquista, domino un poco la situación. Pero no hay que pensar que mi amor haya disminuido. Peter es un encanto. Vislumbra su decepción con respecto a Peter.

Ahora con qué saldrá la narradora, esperemos un poco todavía. Su avatar sentimental y reflexivo ahonda en la soledad de una escritura que se hace y una vida que clama compañía pero no acepta sometimientos ni dependencias ni aferramientos.

Ella desea más que amar, considera que hay algo más, cree que Peter “solo desea amar”, hay una inadecuación e inconformidad frente al llamado del deseo y el sentido de la existencia acompañada y compartida. Nadie puede colmar al otro en esa permanente contradicción de la vida dividida entre un no todo y un todo imposible de abastecer en esa permanente búsqueda de llegar a ser, de querer ser, o como lo dice ella el 1 de agosto de 1944, “lo que yo sería capaz de ser si”.

Siente sed de “una voz reconfortante que se interese un poco por lo que pasa en mí. ¡Ay! Por mucho que busque todavía no ha encontrado esa voz”. Se dirige a su amiga silenciosa, “Yo sé que esto te hace pensar en Peter, ¿verdad Kitty?”

Se siente sola e incomprendida en la conquista de su propio espacio, el 15 de julio de 1944 se pregunta ¿cómo es posible que en mi lucha papá nunca haya logrado ser para mí un apoyo que, aún tendiéndome una mano de auxilio no haya acertado…. Pim se sitúa siempre en el punto de vista del padre”.

Refiriéndose a Peter, “después de haberme percatado –bastante rápidamente desde luego- de que no podía ser mi amigo copartícipe de mis pensamientos, no he cesado de aspirar a elevarlo pos sobre su horizonte limitado y a magnificarlo en su juventud…Nosotros lo jóvenes tenemos que hacer doble esfuerzo para mantener nuestras opiniones, en esta época en que todo idealismo ha sido aplastado y destruido, en que los hombres revelan su lado peor, en que la verdad, el derecho y Dios son puesto en duda”.

“Peter me preocupa mucho más que papá”, dice, se reconoce que ella lo conquistó y no viceversa: “lo idealicé viéndolo apartado sensible y amable como un muchacho que necesitaba cariño y amistad…lo conquisté aunque con dificultad…hemos callado en cuanto a lo que colmaba y sigue colmando mi corazón. Continúo sin forjarme una idea exacta de Peter…él no desea más que amar, en cuanto a él nuestros encuentros le bastan; mientras que a mí me producen el efecto de un nuevo esfuerzo que obliga a volver a empezar cada vez…He atraído a Peter a la fuerza, mucho más de lo que él puede sospechar. El se aferra a mí, y yo aún no he hallado la forma de que él pise con sus propios pies”.

Ana quiere más que amar, ¿qué es lo que quiere? Acaso, no reducirse a un simple objeto de amor, a solo un cuerpo que siente, sino a una mujer también con palabras, posibilidades de imaginación, de proyectarse, soñar, con deseo. Con una historia que cuenta y cuento que cuenta.

Eso no quita que esté desilusionada de Peter, ¿por qué? Aunque reconoce que la quiere, contextuemos, “Peter me quiere. No como enamorado, sino como amigo, su devoción aumenta con los días, sin embargo, no comprendo que nos detiene a los dos; hay algo misterioso que nos separa. A veces pienso que el deseo irresistible que me impelía hacia él era exagerado, pero eso no puede ser verdad; porque si me ocurre no reunirme con él por dos días seguidos, mi deseo se vuelve más fuerte que nunca… Peter es bueno y amable, más no puedo negar, que me decepciona en muchas cosas. Le reprocho sobre todo, que reniegue de su religión, sus conversaciones sobre la alimentación y otras cosas que me desagradan han revelado varias divergencias entre nosotros… A Peter le gusta la paz; es tolerante y muy indulgente. No permitiría a su madre que le dijera todas las cosas que acepta de mí…

Sin embargo continúa guardando para sí sus sentimientos más íntimos ¿por qué nunca me deja entreverlos, su naturaleza es mucho más cerrada que la mía?…Ambos hemos pasado en el anexo los años en que uno se forma; hablamos y volvemos a hablar siempre del porvenir, del pasado y del presente, pero como ya te dije parecía, faltarme lo esencial, y sé que está ahí… Empiezo a ver la debilidad de carácter de Peter”. Tanto Margot como él me repiten siempre, “ah, si pudiera ser tan fuerte y valerosa como tú… me cuesta comprender al que dice: soy débil y sigue siéndolo… no es posible dejarse seducir tan pronto por la debilidad y …el dinero…

Imaginaba que poseer la confianza de alguien era maravilloso y ahora que lo he conseguido empiezo a ver todo lo difícil que es identificarse con el pensamiento del otro, hallar la palabra cabal para responderle… Tanto más cuanto que los conceptos fáciles y dinero son para mí nuevos y totalmente extraños. Peter comienza a depender, poco más o menos de mí y yo no lo admitiré…Peter encuentra difícil sostenerse sobre sus propias piernas, pero aún resulta más difícil hacerlo cuando se es un hombre consciente en la vida. A Peter lo que le falta es un objetivo determinado, se considera poco listo y demasiado mediocre para llegar a un resultado. Pobre muchacho, nunca ha sabido lo que es hacer a los demás felices, y eso yo no puedo enseñárselo…”

El 15 de julio de 1944, afirma categóricamente apenas cumplido sus 15 años, “sé con exactitud como me gustaría ser, puesto que lo soy…interiormente, ¡pero ay! Soy la única que lo sabe”. Ana quiere más, su búsqueda es insaciable, quiere un saber que no se detenga en la cifra que eslabona a un hombre y una mujer. Ella escribe lo que no sabe, y como lo dice con sus propias sílabas, “sigo buscando la manera de llegar a ser la que tanto querría ser”, ella, no se agota, pero, la realidad y los otros están ahí limitando con su deseo, los mismos que no se pueden suprimir dando sólo un plumazo. Están ahí luchando y combatiendo las propias existencias en el mundo de sus cuerpos, cada cual de una manera diferente buscan la llamada a la felicidad para sostener lo que han construido, lo que está por venir, lo que se puede y se quiere aún con el tiempo atrincherando la angustia y el porvenir.

Lo inesperado, el jueves 11 de noviembre de 1943, su estilógrafo, regalo de su abuela materna, dulce constante compañía que aparece como ángel de la guarda en sueños amortiguando la tristeza para que no se derrumbe la esperanza, para que haya un milagro. La había acompañado en el trazo de la letra desde los nueve años, todo su diario lo había escrito con él-, por un error involuntario fue a dar a la estufa encendida y se perdió entre una llama enorme. Ella al ver el resto del mismo, le queda un consuelo, por mínimo que sea.

“Mi estilógrafa ha sido incinerada y no enterrada. Confío en que otro tanto me suceda a mí, más tarde”.

La pérdida de su vida y de su estilógrafo son símbolos de la historia de la civilización en ese eterno recuerdo abarcando la letra de la condición humana en una vida en todas sus posibilidades de subsistir en la naturaleza y en los imperios del poder en cualquier tiempo.

Lo que hace la diferencia, es la condición y calidad de vida que se fomenta a partir de la realización de los deseos posibles y del reconocimiento de los derechos humanos ahí donde el otro no es exterminado por la soberbia y desprecio de quien detenta la administración de la ley y de los recursos materiales en aras de un confuso progreso donde unos pisan a los otros que circulan entre rebelión y sometimiento de inconformidades radicales: la ansiada libertad depende del estratega y de un espacio libre para cohabitarlo tanto física como psíquicamente.

Queda una incógnita silenciosa, ¿acaso el olor de las fresas los delató el 8 de julio de 1944, este aprovisionamiento los expuso al olfato de la GESTAPO, avisó y alertó que ahí en la oficina había algo más, luego siguieron las pistas, soplones con miedo confirman las sospechas, desde afuera la redada, y desde adentro Ana en su “amasijo de contradicciones” “sigue buscando la manera de llegar a ser la que tanto querría ser”. Esto esta en el párrafo final de lo último que alcanza a escribir el 1 de agosto de 1944.

Llegar a ser es posible, ella es lo que quiso, las circunstancias la sometieron físicamente, pero no retrocedió ante su deseo de vida y dejar asentada su naturaleza inquieta e irreverente de sometimiento. Su voz interior: es su ser que quiere intimidad en el camino de la rebeldía y de la aventura y de la formación.

¿La que tanto quería ser? ¿Cuál? ¿La escritora y la periodista versus la esposa y la madre? Un todo femenino en dos Ana. Ya el 1 de agosto de 1944, hablándose para sí a través de su interlocutora Kitty, se interpreta así, “casi nadie me conoce y ese es mi secreto… tengo otra parte, la otra que es grave y tierna… en la soledad su voz domina casi siempre”, como apurándose en su propia mirada, se afirma diciéndose “sé con exactitud cómo me gustaría ser, puesto que lo soy…interiormente.

Pero ¡ay! Soy la única que lo sabe… razón por la cual yo llamo dichosa a mi naturaleza interior, mientras que los demás juzgan precisamente dichosa mi naturaleza exterior”. Internamente, “Ana la pura me señala el camino”, exteriormente, “solo una cabrita desprendida de su cuerda alocada y petulante… me debato siempre con fuerzas que son superiores”

El epílogo de su novelar queda en mí, hace eco su leyenda y mito, lo reparo, lo reconstruyo, lo vuelvo a leer, ubico la última página, y me pregunto imaginando la escena de ese momento introspectivo, donde veo los finales de una guerra eterna e insoportable cercando la encrucijada de la vida, girando alrededor de un poder delirante. El amo de una razón devastadora aguarda la angustia echada al azar.

Y la ilusión de una suerte entre tiros, bombas y devastaciones de la memoria. La muerte existe ¿Y la vida para quién? ¿A quién le importa el epílogo? El prólogo un acta de nacimiento si no es alterada. Basta descosida en el hilo conductor.

En el basteado filial el grafo del deseo. ¿Cómo habrá sido el garabato de Ana?

carmen váscones

8/3/2004

Einstein se escondió en la palabra, por carmen váscones agosto 25, 2008

Posted by carmenmvascones in Cuentos, EINSTEIN SE ESCONDIÓ EN LA PALABRA POR CARMEN VÁSCONES, Ensayos, filosofía, guerra, Lectura y Reseña, novelina.
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“Cuando uno es pequeño, lo mejor es pasar inadvertido”

Joyce

“El que quiere no ser lo quiere siendo”

Unamuno

“Pensamos demasiado y sentimos muy poco”

Chaplin

 

 

 


Einstein se escondió en la palabra.  Ella no se inmuta.   La vacía y la llena con lo que le da la gana.  La forma y deforma en la soledad de sus gestos.

 

 


La estructura gramatical no lo sabe, peor la real academia templada, estridente y tirada a culta: la señora lengua: alma mater de lo correcto. Así se dice. Los doctos la auscultan, recriminan y sustentan con la regla o algo parecido a papaniculao para detectar a tiempo algo fuera del orden.  Requisa a la monogamia.  A esconder las armas de la duda del cuerpo bajo el “imperio de los sentidos”.  El lenguaje está tachado de orificios que desafían todo sistema: La imaginación impía. Te señalan impuro. Te exigen Depurarla. Corregirla.  Te auscultan y detectan. Te aleccionan con catequesis y sacramentos de escríbela tal cual. Te advierten: cuidado. Ojo contigo. Hay que sacarle partido a la vida.  Cuidado te agarran y te  parten.  Partido y partida:  el destino  trota.

 

 


Lo erótico del arte seduce, rompe esquemas, compone y descompone. Rearma. Desarma.  Desnuda la vida lícita e ilícita. Desoculta la idea sin ignorar la ambición de la culpa: Intimidar por saber sentir y gozar desvergonzadamente. Ya eres un sospechoso por querer ser algo más de lo que se te permite. Un ego: yo te delego.  Sálvese si es que puede.

 

 


Dos almas en el mundo: eso no éramos tú y yo…

 

 


El poder desiste ante el cuerpo del delito: El desacato, parece orgía o placeres clandestinos.  Esto es un asunto que no se considera en el  sujeto irreconocible en la falta in fraganti. Dejemos esto como parte sin trato.  ¿La letra entra o sale del cuerpo? Desplante sin implante. Los entendidos siguen en sus discusiones de sabihondos y dictados de conocimientos y deberes. Ortografía y sintaxis. Orden.  Punto. Coma. ¡Que importa si hay hambre o no! La desilusión del placer. El lindero de la piel expresa.  Presa del preso: presión.  La prisión de la obsesión.  Manía e ímpetu.  Captura incapturable eso de yo no fui pero tal vez sea.

 

 


La realidad es una clave del signo exacto: la mancha sonora del silencio y del ruido.  Compone y descompone. A los perfeccionistas del texto les interesa el qué o el cómo se dice. ¿Importa? La letra no siente la falta ni el crímen una vez editada. Causa horror, vergüenza y rechazo las fallas como baches sin excusas, más que la misma corrupción. Quién fiscaliza la calificación. Aquellos seudos o sesudos dioses, ignoran desde su pedestal al gameto sin pienso aún, disco duro comprimido en ADN, luego, insignificante humano con el paso apurado y sin oportunidad a dudar en la consigna de sólo avanzar. Cada cuál se  oxida según el trote y ritmo de la maquina, hay que estar  atento antes de que te aprisione la tenaza del sistema.  Sálvese quién pueda.  Socorro que no socorre.  ¿Quién me auxilia? ¡Sáquenme de aquí!  La ilusión se pierde en el grito. Intranquila.  Tranquila me digo.

 

 


Sonido grave y agudo el registro del deseo: divinamente voz: tuya, mía, nuestra: de ellos.


Sin reparar la incógnita oscila entre el que sustenta, sustentado, sustentador y opositor del  qué, hasta dónde, o cómo se debe saber y si no, que se quede, otro aprueba. Experimenta. Aprende y olvida como la presencia del minero sin una chispa de recuerdo. Se alcanzó a rescatar el cuerpo dice la noticia. La mina devora los pulmones del que espera salir.  La explosión.  Cálculos. El propietario no quiere salir en contra, sin margen de pérdidas. La vida un vale que no vale, se habla de valor.

 

 


La infancia ya no juega al vale. ¿Quién dice la vida no vale nada si no es para merecerla?  Yo me la merezco. ¿Para qué nací? Principiante de la congruencia y de la incongruencia, la vida molesta al que no le parece. Traición y desmadre.  Desliz. El deseo no está cohesionado a nada, ni siquiera al cuerpo que aparece y perece en la materia liberada del peso.  Quién dice me atengo a las consecuencias.  –Te las verás conmigo- Vamos a ver.

 

 


Se impone el amo de lo inamovible: dejarse aplastar por el dictado de la ortografía, según la  regla,  apunte y alineamiento. Si se sale de la norma, actúa el radar de la sirena roja: nadie se escapa: doblegado o sometido acuse recibo: el indagatorio del tirano. El dictamen y la falla humana desmantelan el gozo de la existencia.  Monitoreo.  Que no se escape.  Cójanlo. El pasador del paso al pasar el pasaje sus zapatos dejan la huella de haber cruzado el desierto del sentimiento para cohabitar el contacto con el otro. Pasa.  No pasa.  Requisa. Documentos. Emigrante clandestino escondido ¿dónde?

 

 


¿Qué diferencia hay entre la falta ortográfica y la falta a la vida? Desoculto el problema: la fricción del ser con el pensamiento. La debilidad de la explicación sin exponente y sin oyente. El conocimiento lucha con la emoción.  Desconfía.  La relatividad de la imagen: sin realidad constante. Proporción.  Desproporción.  Porción.  Pócima de de sentidos.

 

 


El dolor se pega y despega.  La letra agujereada y herida es como una condena para su portador, lo hace prófugo de si mismo y de la mirada. Se escamotea. Se escabulle. Estruendo.  La mano duele de tantos reglazos. A, E, I, O, U, el asno rebuzna mejor que tú, dice el rebelde niño entre dientes al maestro que lo obliga a la plana de la repetición. A planazo limpio chorrea la cólera en la piel hinchada, y los lagrimones se atragantan entre mocos y miradas obligadas al impuesto del miedo.

 

 

El sujeto amordazado entre la ansiedad y el fantasma: un paradigma sin conjugación.

 

 

La crueldad un monstruo con nombre propio y ajeno.

 

 

 

La identidad dentro del pronombre poseído y desposeído.  Lo determinado e indeterminado. Hágase el artículo dentro de la constitución corporal: La ley.  La primera persona  se amolda y desamolda en el así no se pronuncia, se dice así, escúchame a mí. Yo lo sé.  Aprende.  Repite hasta el cansancio. Lo dice el código, en el literal, artículo tal.  Ya ves.  No hay como confundirse. Impresa la muerte no deja de impresionar.  La vida no  puede borrar esa huella en descomposición.  Componte de una vez por todas antes que te descompongas.  Me compongo.  Me imprimo.  Se acaba la tinta sale borrosa la imagen.  ¿Quién tiene la composición?

 

 

El borrador se gasta. Exprimo el original en la memoria.


¿El arte de amar o de matar? Quién dona el amor. Quién lo condona.  Quién lo endosa.  Quién lo desquita. Se satisface la demanda  del consumo entre letrados e iletrados: La ignorancia y el saber combaten por igual. Apunta  y repaso. Te lo digo una sola vez, o si no te cuelgo en la letra con sangre. Por supuesto la tuya.  Esta demás que te lo recalque, pero, para que no olvides, por sí las moscas. El lenguaje sin vida espera la pieza nueva asignada. La cosa hecha letra. El lenguaje patea el cuerpo cuando no es uno con él. La nada envuelta en tinta: el yo desecho en la lectura que no puede deletrear.   El signo y el símbolo: un emblema afónico y disfónico. Azote.  Expulsión. Detonación.

 

 


Estalla la violencia inaudita. La nota espera.  Desespera. El látigo inmóvil chasquea. Otros se cagan y orinan de pavor.  Se retuerce, deshace el vocabulario. Déjalo sin voz, sin sonido. Te impongo.  Doblégate.  –No- Sentir para saber. No sentir para saber. Sentir el saber. El saber siente. Siéntate.  Levántate. Siéntame.  Siénteme.  Saber que sientes. Sientes que sabes.  Pruébame. –Sabes a mierda- Te apruebo. Te condeno. Sabes a saber. Siento que sabes. Te asienta, toma asiento, te consiento, pero eso sí, escúchame lo que tienes que hacer. O si no.  Estreñimiento existencial. Muro de dogmas. El dominio del semejante una suprema voluntad débil. Saber sin mí. Saber tuyo. Sabe. Sabemos. No se nada ¿Qué se yo?

 

 

Que el amor derrote por un breve instante a la muerte sobre todos: sólo tú.  Lo que seas.  Se. ¿Lo sé?  -Tengo náusea-.

 

 


La sede del cuerpo para los poderes plenipotenciarios y mundanos: digno e indigno.  Decente e indecente. ¿Para quién?  Hay una distancia entre permitir, decir y ejecutar. Mira y toca el registro.  El fantasma está vaciado de fantasía.  El conocimiento no es un parto.  Es un corte tajante con el dolor  de figurarse fuera del otro.  Figúrate: entrar al no todo está dicho ni permitido. Trato. ¿Cuál es tu retrato? Retráctate.  Retrátame.  Trátame. Contrato.  Con trato. Contra.

 

 


¿El saber y el sentir tienen sonidos propios? El saber sabe a vida y muerte: la cría, el criado y el creador juntos en el arte de imaginar el sonido.  Aproximarse sin alcanzarse. Fugarse del saber como un libertino, es una alternativa ya escrita por algún lado. ¡Que importa! si el mundo es un ocaso de sustentaciones. Apenas se empieza y ya se acaba la noción.  Los pensamientos no existen ¿luego qué? La forma: la flaqueza del verbo. El cuerpo deletrea el acto.

 

La imaginación se vive así misma como pasatiempo con el ser.

 

 

Goza sin objetar. Las cabezas se rompen dentro de teorías inútiles y despreciables, el significante desencontrado dentro del significado. No es lo que se dice ni lo que se duda.  Las  interpretaciones salen y entran como las justificaciones, dice el desafinado desafiante afinando consigo mismo la cuerda de la frente. Afronta sin ubicarse dentro de la mayoría. Se defiende de su contrincante: real o imaginario. Igual, ataca a la médula del conocimiento ¿qué mismo será? Cada quién adecua su idea. Se acomoda.

 

 

El símbolo es atravesado por lo que se desdice en nombre de la verdad.  Así sea.  No seas así. El puritano de la norma y de la moral: horror y dolor.   El paraíso cae.  Insulto.  Indulto.  Se adulto. Compostura.  Ponte en postura de don de mando. El libertino se esconde en la máscara del autoritario. La libertad se ahoga en el límite. Se Conecta y desconecta  la psique del soma.  El soy: un génesis, ardiente llama del origen concupiscente y algo más. Impagable esto de renunciar al alma inmortal a cambio de qué.


El conocimiento de la esfinge: no siente lo que dice, -lo sé-.  Edipo siente y sabe.  Le sabe a incesto.  Lo terrorífico del oráculo: su deleite con el enigma que lleva a la muerte.  Padece y se contempla en el avatar del sin sentido del agujero de la vida que te trajo al mundo.  No mates al deseo que te recuerda a ti: mortalmente tuyo, no idéntico a ti.  ¿Tienes algo de que retractarte?

 

 

Nexo inconexo los estigmas del tabú.  Entre lo posible e imposible en nombre de dios el atentado humano y un trazo fronterizo.  Al resguardo.

 

 

En el sueño se reconoce al soñante que se desvanece entre  simulacros de representaciones.  Sólo tiene que hallarse y diferenciarse del engendro que se simula aparición ambigua.  Tiene que aliarlo a la muerte para que no le ensombrezca el amanecer de la ausencia.

 

 


La palabra se crea, no procrea, pero está cerca de los choques de los cuerpos para constituirse causa del sonido. Se agita la raíz de la palabra que no calza  en la horma del idioma sin voz. El cuerpo un cuenco vaciado de sonido. Esto no es lo que quiero deletrear.  ¿Qué cree usted? -Yo, pienso, pero no me convence esto que repito como loro enjaulado en la mirada del  poseído de la verdad.

 

 

Se amarra y desamarra la idea entre unos y otros.

 

 


Estaba contando, ¡ah! ¡ya! Einstein, trota, ríe, arma y desarma, deshace el barro, el agua la coge y la deja rodar. Mira detenidamente la picada rápida del ave que se pierde en su nariz, pone el dedo ahí, allí, acá, donde supone que estuvo. Camina como trepando en su fantasía, el recorrido de cualquier animal que desconoce es objeto de su interés.  Eso sí, no hay otro como él, que disfrute del sonido, todo ruido le llama la atención. La música lo deja anonadado. Parece una cámara lenta con su cuerpo cuando se fascina por las notas y las partituras que salen del concierto dentro del I-pod. S

 

 

us sentidos embelesados son como un cuadro alargado de Dalí o encharcado de formas como los de Miró, dejando asomar despaciosamente, la punta de sus sueños en el punto suspensivo sin reserva de lo recorrido en el subterráneo del compositor. A su boca diminuta la convierte en sonajero,  tambor,  trompeta,  piano, flauta, en qué no.  Sorprende con sus serenatas, pone un papel con peinilla y se lo pega a la boca, y sopla que sopla entre dientes y lengua.

 

El viento parece estar agazapado esperándolo como cómplice en el camino de las hormigas para mandarlas al otro lado del hormiguero.  Es incorregible, nadie como él disfrutando el vientre panzón de las vocales, no las menciona, las ubica perfectamente con la punta de su dedo y de sus movimientos  en todo lo que le indican. ¿Dónde está la a? Busca, señala, cuál es la e, la toca, y así demuestra, que sabe, o a veces se presta a  seguir el juego del adulto que se empecina en probarlo que no es tonto.

 


Tengo la impresión de que se nos burla a su regalada gana, dicen los adultos.

 


Sube y baja por las líneas curvas abiertas y cerradas. La puntuación son manchones memorables en todo lo que tantea y coge. Su silencio oral es pura autocomplacencia. Su esquema corporal es un espejo disfrazado de imágenes, nadie lo puede imitar. A su edad el mundo es como una canica peligrando en su boca.

 

 

El abecedario  y él, son  una masa de plastilina en inconforme espera. Ambos se aburren de la materia bruta y elaborada de su contenido, juntos son un par  que no soportan los paréntesis ni los puntos finales. Cuando pasa eso son más que un pesgote, son un monigote, como una larva sin idea del deseo ni de la vida que portan.


Una negación aplastada con furia.  Llevados y transportados a tirones y apuros. ¿Y, qué otros tratos? Una bola crece entre la piel y el ombligo, palo, palito, palote, rueda la rueda como cráneo pateado sin su tronco y extremidades. Monigote colgando en el dibujo. El cordón umbilical una cuerda floja en la pesadilla del que se escabulle del tiroteo de la existencia perforada con señales y cruces. ¿Todavía sueñas?

 


Algunos se preguntan qué suerte tendrá, qué destino lo acompañará al que indaga dentro del pellejo ajeno. El que está asomando la cabeza la esconde como avestruz.  Otro picotea como abeja carpintera. La ignorancia aparente conduce a su manera al gameto en proyecto, que, a lo mejor ni gota de caso harán a la rabieta que querrá decir otra cosa. No todo está permitido, pero si tu quieres. Insinuación. Penalidades y castigos.  Obediencia.  Disfrazado de deberes y derechos, cumple. Las quejas y protestas están prohibidas.

 

 

La agenda como agencia y agente  un plan estratégico.  Todos dentro del largometraje. ¿Quién acorta el tiempo?  Punzón y tijera, a recortar la forma.  Déjala sin forma.  Ahora fórmala.  Muy bien.  Componla y descomponla sin equivocarte. El que lo hace más rápido gana.

 


El ABC del laberinto, ya está en el plan infinito de las reformas ideológicas de los que todo lo pueden en el camino de la adaptación, ablandamiento y endurecimiento como chicle en la boca. La reforma circula, el currículo se aplica a como de lugar. Se atraganta al aprendiz de tantas pruebas y desaprobaciones.

 

 

 

El empacho mental es un vómito de calificaciones.

 

 

El gruñir del aprendizaje está abombado de tantos  manoseos.

 

 


El virus ha comido la flora bacteriana del placer.  La úlcera lacera los sueños.  El adolescente adolece. El disco duro contaminado. Aplasta. Debite. El cerebro bombardeado. La infancia pareciera recortada y pegada  a una memoria sin espacio y sin movimiento: el recuerdo parece una estatua petrificada por los ojos de la medusa.  El olvido parece un papel en blanco o en negro, quizás allí está el garabato sin  mandato, ni deber del debes. Detenido. Demandado. Mandado. Mandato. Dato.

 

 

 

El mercado del saber: la caja de Pandora.

 

 

Uno lo vende, otro lo compra, lo mastica hasta sacarle el jugo y dejarlo como un caucho pegado en cualquier lado. Luego viene otro, y otro, hasta que la carie asoma como signo de no haberse limpiado los dientes como es debido. La lección; los de arriba se cepillan de arriba para abajo, los de abajo se refriegan de abajo para arriba.  Escalen.  Aplasten.  Arriben.  Arribista.  Golpista.  Revolución y panfleto.  El mundo ya es de todos.  No, es mío.  Dibuja la línea imaginaria. La frontera minada.

 

 


Folletín de un personaje.  Lo que cuenta es la lista. La baja. Y los que no aparecen.  Los desaparecidos. Continúa tu tarea.  Luego, sonidos, lápiz, borrador, repetidores, papel de moldes y prisiones encuadernadas. El famoso aprendizaje: cuadrillas, escuadras y cuadras de uniformados. Así se pasa de la sílaba, a los fonemas a las palabras juntas a la oración a la frase y a una plana completa, repleta, hasta cuando caen encima las reglas y los ajustes en aulas adecuadas para las llamadas dificultades, hasta paliar el disgusto a los adultos de adentro y de fuera de la casa, de la comunidad, de la aldea del corazón del mundo. Todo cuesta.

 

 

El no todo del nacimiento de una lengua sin Avemaría.  Amaría. María. Ría. Con avería concebida: el enigmático silencio del trasfondo de las bases del sistema corporal.  Dicen.  Cuentan.   Hablan.


Algún día desoculta la culpa por omisión y admisión. La moral mortal e inmortal.  Innoble.  Acto de contrición.  Contracción.  Constricción. Contra. Contribución.  Constreñido. Consentido.  Comportamiento.  No comparto.  Parto. Harto. Un momento.

 

 


No hay componte, su hijo tiene problemas insolubles. No queda otra,   se lo obliga o se lo deja hacer lo que él quiera, hay que controlarle el tiempo, dejarlo sin recreo, y después de clases, otras de recuperación.  Es solo tarea de domesticarlo. La explicación siempre es débil porque aprisiona a la metáfora de la existencia: erigirse sin inclinarse o asentarse como siervo del poder.  Comprime con su léxico restringido a materiales de comprensión y supuestas construcciones que se desbaratan en la sustentación: ostentar el más o el menos: el mejor o el peor.

 

 

 

El movimiento rompe e innova  constantemente la evidencia. ¿Cómo es la textura de una mente caprichosa en su libre arbitrio en el uso de la gravedad de la palabra?  El vacío un reto del saber y del sentir que no se estaciona en nada ni en nadie.

 

 


Ningún animal se recuesta ni regocija en el arte, aunque es parte de la obra, no lo sabe.   El infinito no se asocia con el tiempo. Así, como no es lo mismo tirar una pelota que tirar una bala de cañón.  La gravedad no juega siempre. Depende de la apuesta del jugador y del cálculo.  Todos somos objetos objetados en el estremecimiento del vacío en la realidad remediable e irremediable.

 

 

 


Einstein: una premisa de su vida, ha hecho de los espacios un cuerpo sin horizonte del por qué.  La gravitación de la ilusión sin prisa cae en la consonancia sin consonante.  La sonante  consonancia de lo relativamente grave: la inconstancia  del ser desunifica el campo compatible: la tensión constante del núcleo perecedero: morir no es nada nuevo.  Insensata vida ansiada.  Continúame. Es inicio y acabado sin regreso. Voltea sin miedo al tiempo, sin preocuparse por lo inescrutable, hurga la velocidad sin temor a caerse de la rama que se bambolea.

 

 

 

Cuando topa el suelo, lloriquea un poco, todo mugroso  se levanta, todo inquieto, busca otras oportunidades para sus diversiones.  El mundo le pertenece, eso es suficiente.

 

 

En el cuenco de sus manos la oquedad parece un emblema, un reto al saber sin oficio ni tarea, que no se estaciona en nada ni en nadie.

 

 

 

Y, bueno, qué con esto, porque hasta este momento toda la entrada de estos hechos parecen un prólogo justificando un vericueto sin soluciones al condumio de la escritora, que no quiere dejarse ver en su pose de enseñadora del tratado de la pedagogía con tacto sin contacto en el educando ideal: fiel a la obediencia hasta morir por quién o qué. De la ensoñación al hecho hay un niño con su realidad, con su inimaginable existencia por parte del otro.

 

 

 

La infancia breve incapaz del absoluto por aprisionar la prisa queda prisionera en la inercia del movimiento.

 

 


Un paso lento atento a la eternidad: aprender a caminar sin tropiezo.

 

 


Retomando la compostura, continúa me dice la voz narrativa,  deja esta disgregación. Respiro profundo y sin desaliento.  Planteada la tesis, ¿pregunto? ¿Adónde se lanza este relato que describe una historia sin palabra propia? Acaso, a desmadejar el rollo de esto como una filmación sin director y sin guión, o simplemente como un dejarse llevar en la plataforma de la escena que va sugiriendo la pauta de nuestro actuante. Espera.


No hay mediador. Movimiento contable. El contador sale y consulta con sus notas, no quiere indisponer los acontecimientos.  Entra.  Se identifica plenamente con el silencio, parece un fisgón tras el orificio de la vida y del telón.  La trama acampa en el cuerpo sin interlocutor.

 

 


-Entreacto: ¿Cómo es la textura de una mente caprichosa en su libre arbitrio con el uso de la gravedad de la palabra? Algún momento reconocible tiene que abarcar este mundo embargado en el silencio de una boca, que no se abre así nomás; que se abre para comer, para reír, para zumbar, para soplar velas, para cerrarse sin dar oportunidad a ver que ocurre allí.  Pareciera una boca aliada al hermetismo como una gozadora de la mudez totalitaria, un mutis mutante, sin importa qué.

 

 


El ser patea al verbo en la cancha del cuerpo, despojo de la nada.  Una burbuja de jabón revienta en el espacio.  Asoman dos signos de interrogación dejando entrever algo parecido al contenedor de un trasbordador.

¿Y cómo empezó esto que pareciera un lío pero no lo es? Es sólo un asunto de boca como H sin estornudo, totalmente muda, diciendo que suena para quien la oye. Silencio sin contaminación. Pero igual hay que ponerla según está establecido en la regla.

 

 

¿Y la excepción? ¿Cuándo no se encaja en nada ni en nadie? El imperativo subyugante: Sólo comienza después de mí. Eso, lo dicen y lo  sostienen como dogma sin contradicción, tanto, los sabios como sus seguidores sin regurgitaciones,  y profesores que hacen repetir el orden establecido en el idioma por su patrón: el lenguaje y las permanentes reformas editadas como lo último del pluscuamperfecto de la moda que no debe incomodar.

 

 


Sólo hay que leerlo con cuidado y seguirlo al pie de la consigna.  Por supuesto, que en  ese contexto, la lengua, antecesora de mi apariencia y alegorías asombra como dama inmovilizada en el  ajedrez del cráneo del homo sapiens.

 

 


Einstein, el propietario de este signo: síntoma sin sonoridad, o de este modo de ser, goza de perfecta salud, mide lo que tiene que medir y más de lo que debe, a sus tres años, arma y desarma legos, forma y deforma la fantasía, dibuja con trazo firme de niño nutrido, vivaz y sin escollos de violencias. Amasa lodo, arena, lo que encuentra, hace esculturas impresionantes, ahí, donde parece una montaña, no es nada más ni nada menos que  un dinosaurio durmiendo.

 

 

Otra escena, allí una raya, aquí un relleno de trazos, allá curvitas cortadas en puntillismos que acaban como una boca abierta y lista parecida a una pitón, es llanamente, el río que cruza a la vuelta de su casa, y así y asa es su genialidad, todos quedamos boquiabiertos.

 

 


No hay dudas, está en su tiempo, y hace contactos con los demás niños, comparte, quita, devuelve, pleitos van, pleitos vienen, como cualquier otro pequeñín.  Provoca como un cinema mudo. Parece un vagabundo de la realidad cargando la risa sin premura. Toca su mundo que los demás no se aguantan. Entonces qué, simplemente no habla, esto desespera, todo lo comanda bajo señal, saca su dedo índice y allí está la cosa, otras coge silla, trepa y trepa hasta alcanzar lo codiciado.  Así se pasa.


Sus padres lo han hecho investigar, de pedagogos, de científicos, de psicólogos,  de parvularios, le han hecho medir la inteligencia, la motricidad fina y gruesa, el mundo social, sale más de lo que en la tabla rasa se espera. Sólo lo que corresponde al área del  lenguaje sale el cero todo perfecto y redondo, sin coma a la izquierda ni a la derecha, sin opción a poner ninguna décima de puntuación.

 

 


El consultor, el consultado y los preocupados, entre ceños fruncidos, postura de investigador, miradas de duda e infancia divagando en su propio gozo. Los minutos marchan. La presencia del investigado deja un entrever silencioso  de  desplante, de indiferencia, de marca de territorio: yo soy así, ni me va ni me viene lo que ustedes piensen.

Se despiden y acuerdan el próximo control.

 

 


La versión, oficial.  Leen en casa el documento encerrado en el sobre que les había dado el experto. Evaluación: Niño genio, solo ténganle paciencia, dejen que la palabra aflore como la luz.  Se quedan perplejos, del diagnóstico. -Tanto gasto para esto, si eso es lo que hacemos, comentan. La pareja, alza los hombros, y miran como Einstencito corre, se detiene, se acerca, hace a un lado la cortina, pega la nariz al vidrio, y todo asombrado ve caer la lluvia, los llama sin voltearse, insistentemente mueve la mano como un picaflor alrededor del arbusto todo revoltoso apuntando en el centro de su codicia.

 


En puntilla sus progenitores lo acorralan tiernamente.

 

 

 

 

Lo acompañan en esa maravilla de gotas golpeando y pegándose al mundo, cae una tras otra, cada una más grande que la siguiente, vienen  sin parar, sin importarles nada, caen encima de las hojas, de las flores, de la tierra, que se empapa como lengua jugosa de probar la acidez de los pensamientos y de la realidad irrefutable.

 

 


Hurgando en los orígenes donde reina el misterio del caos se puede descolgar unas memorias aparentemente inofensivas, pero que son entramados del punto de tensión al que deberíamos llegar. ¡Qué! Vamos con tino.  El aparente conflicto sin palabras, tiene su comienzo. Suspenso sin dolor.

 

 

Aquí voy. Esto empezó en la misma boca del niño tratado en esta única audiencia. La historia de su vida pende del calostro que no se borra de su memoria ni de la inigualable realidad, que lo tiene fijado como un infante goloso del silencio, de los gestos y de la caricia de la naturaleza madre dando amamantazgo uno tras otro, donde ella, enteramente suya de esos instantes del instante único e inolvidable no le permiten dar forma vocalizada al mundo que es y no es parte de su existencia presente de presencias irrefutables. Irreductibles.

 

 

 


Y esta es la clave, no hay punto aparte entre madre e hijo, aquella gestora en este punto sin final no se da por enterada ni cuenta. Ignora simplemente el corte. Es como un teorema del seno al coseno sin tangente sin ángulo ni radio. No hay X que lleve a Y, como que no hubiese nada que despejar, cómo que la incógnita no quiere evidenciar su respuesta. Enigma sin oráculo.


Como un límite obtuso entre dos cosas vacías de sombra dejándose proyectar como si fueran uno para el otro en una sola armonía. Ella, goza como majestad, reinando una maternidad sin claudicar. Toda eterna se siente y se mira con sus pechos rebosantes como himno nacional y símbolos  patrios, sosteniendo al soldado para que no claudique la ofrenda de su valentía.  Ni remota idea tiene, que es parte, partida y conclusión de la conducta de su hijo.

 

 


El que siga este discurrir, se preguntará  por qué, que pito toca en esto, esto de pezones y mudeces, sencillamente, tenemos algo elemental y fundamental: no lo desteta. Lo idolatra, llanamente no lo saca de la cuna de sus afectos. Es su bebe, lo trata como que nunca va a crecer  ni salir de sus brazos, eso es como su mandamiento inamovible,  nadie le va a quitar esta idea.

 

 


¿Hasta cuándo? Eso, está por verse. Adónde puede llevar este estilo de amar y de criar en puntos infinitos como granos de arena en el desierto, donde la esfinge no puede responder a esto que solamente compete a ellos en el devenir del uno al otro suspendidos en el suspenso posesivo de puntos suspensivos del si vos te vas…

 

 


Cómo hacer razonable este modo vivendus de la mujer con respecto a la visión de que el pichón una vez que salió del cascarón, pasa a caminar, luego tiene que aprender a picotear,  ir, hurgar, cuidarse de la rata, del zorro, guiarse por el instinto, ensayar movimientos, espulgar piojos, alistar las alas para volar con sus propias guías.

 

 

Crecido el crío ni rastro. Y esto, sólo refiriéndonos a la bestia. Ahora, bien, es cierto, que el único animal que es indefenso al nacer y al envejecer es el ser humano, es como un guiñapo en el cuerpo que tiene que erigir, cargar, edificar y sin más aceptar que algún día aunque no quiera se vuelve ruinas,  así esté cocido y estirado con todas las cirugías o yendo un poquitìn más allá, al mismísimo banco que reserva células como lingotes de oro en la caja fuerte del saber que pasa  pruebas, reprobaciones hasta otros estilos criogénicos.

 

 


¿La ambición, acaso es, auto clonarse o insertarse como virus omnisciente, comiéndose al prójimo en el banquete de la susodicha eternidad que huele a eterna cremación?

 

 


El sueño inmortal: no tener padre ni madre.

 


Esa, es otra guerra que no sabemos sobrellevar, dichoso el animal que no piensa en su displacer, se echa a morir ante la crueldad de su amo.  En cambio nosotros erigimos sobre el dolor otros, y sobre la alegría está por verse, que cada cual declare su acto.

 

 


¿Qué decir de la infancia? Acaso necesita de algún psicólogo freudiano para trabajar el complejo latente y manifiesto del espíritu cercano al edipo.  De pronto hay que inventar un ajedrez que diga jaque a la reina, mate o ponte detrás del rey, cerca de éste, es tu puesto, búscatelo, hazte uno o asienta actas en un juego de tablas, donde se provoque un empate, o finiquitar con la infancia, dejarla ser o que en paz descanse.


Hay que  trabajar con los peones de la teoría: la humanidad del cada uno en el enjambre del feudo familiar. No hay ley que se ajuste a la complacencia del yugo amoroso entre padres e hijos, peor entre confrontaciones de poderes que no se soportan. Hay que hallar la compuerta, abrirla para salir del laberinto filial para que no se convierta en un cautiverio destrozando el porvenir.

 

 


Pero, con nuestra trama y personaje no tratamos de tragedia, ni retrato de una infancia infeliz, todo lo contrario, el  entorno es tierno, cálido, hay demasiadas pautas de salidas y soluciones, para un final feliz. Recuerdos y afectos: un gerundio siendo.

 

 


El asuntito, consiste en qué ocurre en esa lactancia que pende y depende de un hasta aquí y ya no más.  La posición de la madre es como un detente colgando en el cuello hermoso de una dama avanzando con el verbo cambiante  en un todavía no, como que quisiera ella quedarse en la edad que tiene. Se siente mujer completa y feliz del esplendor que irradia a su marido y a su hijo, no necesita más.  No hay estación que sobre ni falte.  Es su tiempo. Ella lo dispone así, sin más ni menos.  Sólo los tres, los dos hechos uno, uno dentro de todos, todos uno. Un solo de mujer.

 

 


Veamos a nuestro muchacho, en la experiencia con su cuerpo apenas es un gateo dando apertura a la vida, eso, no quita como ya dijimos está adelantado en todo, menos en lo que nos convoca la trayectoria de este despejar de lo que se cuenta.

 

 


Su paso oral es una incógnita sin apertura al diálogo, se inventa en secreto túneles donde guarda los sonidos, sus pensamientos son una fórmula a punto que se producen por el deseo de la independencia de dar los primeros alaridos y gritos de libertad, de dar ya los primeros pases de reconocimiento y de identidad.  Conecta y articula en silencio los pronombres.  Sujeta los espacios, conecta y desconecta  el silencio del sonido.  Explora la masa  de la existencia aún no voz. Sensible a la vida la toca sin dolerla.

 

 


Sea él: su propio yo acampando en su mundo la memoria que desconocemos.

 

 


El niño no quiere hablar, puede, pero no quiere. Acaso teme desilusionar a la progenitora. Quién sabe. Ya fue dicho. Va de nuevo. Repetición. Recuerda. Reprisa. Vamos al meollo del detonante. Su pensar: una ecuación de dibujos; sus ideas se encienden como aparición fugaz del arco iris, su pasamano mental es una quimera de emociones. Su tablado de sueños y actuaciones de aparente marioneta hacen jugadas de ejercicios donde él dirige sus tramoyas: las escenas van dirigida al espectador que  le pide dejos de pruebas, de imitación, de acondicionamientos.

 

 


Por ejemplo, le hace señas o lo adiestran, luego, él tiene que demostrar como reflejo como mueve la cola un perro.  ¿Qué hace?, se agacha, colea, hasta lame la mano, luego, otro adiestramiento, representa otro animal,  salta como conejo. Salta que salta.  Aplausos. Recibe un premio por su excelente acatar. Como sí como no. Hasta que harto de todo, da la espalda y no hay quien lo saque o lo obligue a satisfacer las demandas del domador.


Todo lo entiende al revés y al derecho, lo hace de una.  No necesita que le pidan dos veces haz esto o lo otro, claro, solo cuando se cansa de este ejercicio condicionado, a premio, estímulo y respuesta del aprendizaje, se desaparece. Se arrincona en su lugar favorito, que es la buhardilla donde enfila sus juguetes preferidos, o simplemente se sienta, sin hacer nada, todo extasiado, perezoso y contemplativo se regodea con su cuerpo, se apaga como sombra oculta en el espejo.  Lo buscan, escucha las llamadas, le importa un pito el ruego de los demás, simplemente, no hay nada que le llame la atención.

 

 

Libre del show se larga a su mundo. Desplante. No hay quien lo detenga, se deshace del registro apabullador.  No funciona con él ningún funcionario ordenando funciones de obediencia.  Lo |que diga y piense el otro no le importa.

 

 


No se deja alcanzar. Corre como zorro perseguido por perros y cazadores, acorralándolo con ladridos y los disparos en días de diversiones.  El sale invicto.  Sin gota de miedo.

 

 


Los espectadores no lo comprenden, mueven las cabezas. Las  aparentes brusquedades que parecen fuera de control remoto en la realidad desvirtuada por el suponer de la vida de los mortales. Es una de sus tretas. No hay obstáculo cuando la chispa lo prende en su fascinación solitaria, embraga y  sale a toda velocidad como un carro sin respetar luz roja.  Total. No hay infracción.  No ha atropellado, ni ha matado.  No se siente culpable de elegir su vida.

 

 

 


¿A dónde va? Se escurre en  el patio, calcula, brinca, traza una distancia con sus movimientos hasta subirse al árbol donde su padre le ha hecho una casita para que mire el campo y se adueñe de los secretos.

 

 


Lo que nadie sabe, es que allí radica otro factor clave para su mudez. En ese interludio donde los otros desaparecen, se instala la magia, que lo invita a entrar al cofre del cielo, que lo hace se agarre del carrete que nadie ve y lo lleva casi como hechizado, al universo de las palabras antes de ser sonidos, antes de estar atrapadas en libros, antes de ser encajonadas en la boca, antes de embodegarlas en las máquinas que hablan.  Antes de ser una ley que manda a obedecer.  En la constitución de su cuerpo el misterio deja de serlo.

 

 

 


Es en ese espacio exclusivo donde se despoja del silencio y escucha su voz encantada, que la ha prestada a la cautivante estrella que quiere contar lo que fue una vez. Solos: Él y ella en la conexión de la imaginación sin testimonio. A ese lugar esta prohibido llegar, no se puede habitarlo, está sellado. Sólo se puede ir si se hace un pacto con el rey del mundo de la ilusión, nada es gratis, hay que darle a cambio algo, hasta que se cumpla el tiempo contemplado, esto es, si soy aceptado e invitado por un rato, tengo que llevar algo que me guste y darlo sin gota de tristeza, ni temor a desprenderme, solamente así puedo entrar.

 

 

 


Todo está dispuesto de tal forma que no da lugar al gruñido ni al coraje. Las reglas de ese lugar: despréndete de lo que más te cuesta. Ya, nuestro pequeño, se ha arriesgado al precio de gozar y asistir a este universo que nadie aborda fácilmente. En esta ocasión, fue como un cometa intrépido, llevó en sus manos el biberón favorito con cara de payaso. Ojala esto sea un aviso de un cambio.


El prestidigitador es como un espejero, cargando la imagen sin ser tocada por el espejeado ni el ilusionista.  Abra palabra, esta boca no es mía, y estos ojos que hurgan con qué se encontrarán.  El silencio del resplandor parece un faro en la mente del horero.  La soledad se divierte con el amanecer y la espera.  El sereno parece una rayuela en el cansancio del cuerpo.  La memoria no olvida por más que uno quiera.

 

 


Mi pequeño invitado se está atreviendo a vencer el miedo de su propia mirada, se adentra a ella sin temor a romperla. Como nos podemos dar cuenta, allí está el quid del misterio. El final, podría ser feliz para unos, para otros, pura pérdida de tiempo, nada para sacar de provecho, ni tesis, ni hipótesis que considerar.   Contrarios sin contrincante.

 

 


Pura fantasía sin réditos ¿Y para Einstein qué? Dado que su  temorcillo estriba en perder la magia si la voz se instala en su boca.  Cómo hacerle entender que no es así, que el sonido puede ser huésped de lo que desee. Quizás lo sabe, pero la infancia oprime al paladar y hace como que no todavía.

 

 


Hago un frenazo a raya.  Dejo la historia en el vaivén del vacío. Me opongo rotundamente a esto de hacerme la consejera de la vida ajena, detesto caer en cursilerías de orientadora ocasional, de escritora de instructivos de sermoneadora. Mi peligro. Santiamén. Mejor sea así. Mi superyó me exige y atosiga todo petulante a intervenir. Me da un latigazo mental. Lo esquivo, lo enfrento con mi conciente e inconciente. Hasta le tiro un corto y largo cinema,  ensayo epílogos. Lo desprecio. No lo escucho.  La emoción se alía a la creación.

 

 

Le digo: aléjate monstruo. Basta. ¿Acaso no comprendes el silencio? Lo derribo de un plumazo.

 

 


Mi lema: romper la regla: no apropiarme del contenido de este relato que se cuenta como cuento que intenta ser eso.

 

 

 

Boicot. La voz omnisciente me comanda, me atosiga, me quiere llevar al patíbulo donde espera el verdugo. No le voy a dar el gusto que le ponga la horca al creador de este universo. A mí, que ni se me ocurra situarme en el puesto del dictador con el puntero en la mano y disparar en el final de la historia, dado que desapruebo esto, se me salió de las manos la narración, que dice más de lo que cuento y cuenta menos de lo que quiero.

 

 


Atrás del escritorio ensaya el contador frustrado, aquel, quiere continuar el cuento como siendo otro que lo cuenta. Monologa, ¡que tal!, ¿esto?, veamos, habría que hacerles imaginar a él y a su madre, que ya no es lo que ella piensa: su pequeño   Él es dueño de si mismo y de su encantamiento cuantas veces quiera: Él: uno desemejante.

 

 


Quizás el pequeñín espera anudar el sonido a la palabra como cometa perdiéndose en el cielo mientras la asegura desde la tierra al ritmo que él adecua junto con su padre para que el viento no le corte el aliento de la emoción y la piola no se rompa por tantas templadas de orgullo aproximándolo a la nada imposible: la caída posible.  El cielo parece una caja de resonancia acogiendo el descenso lento. El espacio es una nota breve del silencio midiéndose con la gravedad de la angustia después de haber derrotado el temor al fracaso.  Haber vencido la duda de la curiosidad.  Asunto de infancia dentro de una existencia puntiaguda alumbrando el trato con la vida.


Pincho la emoción.  La lucidez me demanda. La arbitrariedad me deja sin piso. Alguien escribe sin control, invade la máquina como boicot, deja una frase insertada, leamos que dice: qué tal si le hacemos cosquilla en el paladar mientras está siendo amamantado o tomando el biberón, acaso, podrá salirle un gesto, un fonema, un grito, que bastará para romper el hechizo, para dejarle salir por su boca como palomas revoloteando la enciclopedia guardada en la alcancía de sus recuerdos.

 

 


-O quizás se mira en el espejo  y hace un guiño-.

 

 


Quién sabe como reaccionaría su madre, a lo mejor, se desconcertaría, dirá, qué te pasa, y, él quizás  responderá: nada, como si nada, o quién sabe qué, o ni eso. Inconforme final sin fin. Un boceto sin determinar: ausculto en el perfil del personaje.  Por ahora, me quedo pensando con qué le voy a hacer cosquilla en el paladar, si con pluma de ganso, de pavo real, con pedacito de hoja de papel, o ya sé, le hago hormigueo en la nariz con una J… Ya sé, a lo  mejor, le regalo un títere para ver si se vuelve un titiritero algún día.

 

 


Ensayo contar un cuento sin cuento. ¿Cuál es el cuento de la vida?

 

 

 

Como podemos apreciar este relato tiene para largo. No me convence ninguna de estos trucos de entrometida. Nunca se sabe que quiere el otro. Acorto este paradero de esta historia. Párale me digo a tanta prepotencia de tirada a creadora y de metiche en la vida ajena. Estoy cayendo en la trampa de un final sin solución. Quiero invadir por el simple hecho de contar, mejor sea que me quede quieta y tenga claro y preciso que no voy a decidir lo que sea el relato. Que se haga por si mismo más allá de la historia.

 

 


Debo confrontar  el papel del manipulador: esa perversa ostentación del poder. La función  del atentador que deshace al ser que camina en la doble trinchera: sumido y rebelde. Expirar y aspirar, apartarse y acercarse sin recibir el golpe autoritario del deber:

 

 


Me debes la vida.

 

 


Sin más interrumpe el eco, le responde: no te debo nada.  El reflejo se alía a la imagen que le sostiene la sombra. ¿Hago de ti qué? ¿Lo sabes? Quién sabe que no sabe, ya sabe algo a saberse que hay un pago pendiente: La libertad endosada en un grito de independencia: el sonido sin dolor obligatorio. El ademán de la alegría se impone. Me derrota.  No intervengo.

 

 


Me alejo  del contexto despaciosamente. Dejo al escrito asomarse como el recorrido lento de la cámara que se complace en la toma precisa, casi como un paisaje alucinante sin la mano de la violencia.

 

 


Enfoco el jardín: la pupila agarra el instante: el pequeño  juega con su deseo.

carmen váscones