jump to navigation

LA TIERRA HABLA A ESTHER A MARCOS Y AL MUNDO , por carmen váscones enero 22, 2009

Posted by carmenmvascones in america, Ensayos, filosofía, ideología.
Tags: , , , , , , , , , , , ,
add a comment

Si  le pregunto a la tierra ¿qué propuesta tienes para aplacar mi hambre? A lo mejor me diría lábrame, remuéveme, hazme hoyuelos,  siembra tus ideas, para que surjan hombres nuevos, como los que sí están conmigo, y pacientosamente me tratan y se recuestan con ternura en mi vientre, ¿los conoces? Claro que no, porque, tu estás administrando números en globos donde te has olvidado de mí y de los míos, no se ven mis surcos ni mis habitantes, los  que creen en mí, los que saben que yo puedo saciarlos hasta el horizonte del mundo.  

 

¿Conoces a Ester? Ella, sí sabe lo que es nacer, lo que es amamantar, lo que es estar  dentro y fuera de la montaña, la que conoce la muerte de cerca y de lejos,  la que arrulla al viento para que no moleste a los niños cuando juegan y sueñan entre vasijas y arco iris.  Sabes, ella tiene un decir, que es de todos los míos “nosotros somos los comandantes, los que mandamos en común, los que mandamos obedeciendo a nuestros pueblos”, un poder a compartirse, a construirse, a significarse, a hacerse con paciencia y con amor. 

 

El agujero de la muerte duele, sangra y termina  casi como despojo en las manos inmisericordes.  El hombre que arremete contra otro hombre y no media con el diálogo, es porque sólo sabe gruñir y morder, o peor, atacar.

 

Yo: la tierra, madre de la palabra y de la vida, estoy dividida, parcelada, minada, amotinada, sitiada, satelizada, bombardeada, rodeada, fragmentada, legalizada. Como que mis hijos fueran a durar más que yo, y aquí el vacío y la esperanza chocan con mi raíz y filiación, me duele todo este horror, me da ternura y calma la unión por un deseo común.  Pero, estoy con la fuerza de todo lo que resiste al genocidio, no quiero que se apropien de mis recursos naturales, no me gusta la exclusión.  Soy radical ante los que pretenden saber y ser más.

 

 Mi color de tierra es mi trinchera, mi lucha, mi libertad, mi lugar.  Yo soy mi propietaria, mi  propia patente, yo soy la vida comunitaria, yo soy el deseo y la necesidad de todos.  No he nacido para ser de uno o de un grupo, porque en definitiva y al final sostengo el aliento de todos y también la muerte me aguarda si este litigio de tierras y de propietarios que desconozco siguen descargando su furia, su soberbia y sus desprecios. 

 

Estoy sintiendo el vacío que se acerca, estoy recogiendo en vasijas “una voz entre todas las voces”  Quiero conmover al mundo entero, a ellos, mis Vástagos. 

 

Tengo,  mis hijos, que me traicionan y los hijos que  me son fieles. Los que me humillan y los que me dignifican, los que traen sueños y los que traen pesadillas, los que me lidian con valor y los que me ponen valor.  Los que me atraviesan con palabras y los que me dejan sin ellas, los que me quieren cambiar y los que me quieren exterminar, los que quieren un ser humano y los que quieren clonarme, el que me quiere hacer producir y el que me quiere solo administrar, el que me quiere hacer hablar y el que me quiere hacer callar.

 

Mi nombre propio, son ustedes, reconozco sólo la institución humana de carne y hueso que me dignifica  solo por amor a la vida, pero no reconozco a aquella que me cubre de avaricia, me desconoce, y me puebla de mezquindad sólo por odio a la muerte.


Caminante de paso da tu paso, ¿a favor o en contra?

 

La solución somos todos y cada uno, es tan difícil entender ESO.  El movimiento del mundo es uno sólo: UN VINCULO DE SOLIDARIDAD Y APOYO.  Todos mis hijos son invasores de mi existencia, Yo soy lo tribal, soy el canto, soy la naturaleza soberana 

que manda con su poder que convoca  a refugiarse en mi maravilla aún.   No he condenado a muerte a ninguno por todo lo que me han hecho. 

 

Todavía creo en algo que permita la vida por la vida, reconozco sus muertes, los días los cuento, mis fosas por ahora esperan semillas y no cadáveres.

 

Los condeno a vivir, ¿saben lo que es eso?

 

Hay un  monopolio de omnipotencia e impotencia, han inventado un mercado de divisas que no diviso.  Me han trazado mapas, demarcaciones, linderos, hitos que me dicen que limito con… Me dicen que pertenezco a…Me dan hablando con palabras huecas.  Con signos que no me llegan, que no me sienten, que no me encantan, que no me abonan, que no me cultivan.  Han violado mi natural constitución, me han convertido en estados, repúblicas, naciones, ciudades. 

 

Han puesto sobre mi superficie lo que les da la gana.  Han hecho fundaciones y constituciones donde está guardada la ley  ¿acaso, alguien puede decirme quién es o qué es eso?

 

Dicen que todo lo hacen por la patria, la bandera, el escudo y el himno nacional, y ¿yo qué? ¿Dónde estoy? ¿Qué lugar tengo entre tanto planos y tintas convertidas en escritos, derechos y privatizaciones?

 

¿Acaso no saben que mi ser integra: LA RAZA DE LAS RAZAS, que  perforan, abalean, acuchillan, reducen, dan de bajas, expropian, expulsan. Y también de la que dicen que quieren proteger, salvar, y reconocerles sus derechos que reposan en papeles formados en una revolución.

 

Hay una civilización en crisis, en banca rota, en auge, en liquidación, en levantamiento,

en quebrantamiento, en todo lo que uno pueda imaginar y no quiera ver que sucede y acontece. 

 

Hay nativos, extranjeros, colonos izando el arco iris como señal de humo de paz, hay los que han descifrado el sentido de la presencia humana, como los cantos del guaraní que dejan escuchar al dios ñamandú:

 

“Primero crea la palabra, bien común a dios y hombres, asigna a la humanidad el destino de acoger la palabra, de existir en ella, de abrigarla; protectora de la palabra y protegidos por ella: así son los humanos tan elegidos como los dioses.  La sociedad consiste en el goce del bien común que es la palabra”.

 

Danzo con el viento mi fuerza de sol, mi tiempo ilumina con sus propias estrellas, mis estaciones abrazan la aurora, mis ríos creciente y decreciente de los misterios del origen, rondan cuartos menguantes hasta llegar a mi alma que mira el resplandor de lo puro y bello.


¿Por qué me reparten, por  qué me han colonizado, por qué me exploran sin piedad?

¿A dónde migran y emigran? ¿Por qué me ponen marcas y precios, puestos e impuestos, lotes y latifundios, formas e informes de plusvalía?.   Que hay una ley que me acoge y protege que se llama reforma agraria, pregunto, ¿en manos de quién está? ¿Qué están haciendo conmigo?.  No tienen misericordia.  ¿Acaso no saben que el control de mi órbita le pertenece solo al universo de la soledad y del silencio para que el humano pueda escucharse?  Soy el centro de la caída, de la gravedad, de la relatividad, de la rotación.  Soy el único inicio posible para lo humano.

 

Han inventado un tiempo que no es mi tiempo, la gente lo marca con tarjetas de créditos y descréditos, con máquinas y maquilas,  con ahorros y fugas, réditos y desméritos, desarrollos y arroyos, autopistas y despistes.  Ciudades del mañana sin hoy, pueblos del futuro sin presente, progreso sin regreso, educación sin creación, inversión sin producción, empleos y desempleos, inflación e infracciones, desarrollo y embrollo, “atolondraduchos” y desechos. Felicidad sin gracia plena.

 

¡Quién me desintegra?

 

Aclaro, declaro, y recuerdo.  Soy el territorio del lugar común, donde la muerte no es una amenaza sino la fusión con la vida, donde fundamento mi regla menstrual.  Solo reconozco el estado de gestación y los ciclos de la cosecha y de la luna.  Soy indivisa, ignoro su contrario, no existe en mi totalidad única, práctico la alianza.  Soy una red que conlleva la voluntad de mi deseo hecho tribu, estoy provista de un poder público y visible entre los portadores del derecho irrefutable de la comunidad:

 

SER PORTAVOZ, comunicar a los otros el deseo y la voluntad de todos.  Soy la garantía y la confianza, poseo el gozo del prestigio que han depositado en mí.  El sentido común y el poder como totalidad es mi expresión y mi existencia terrenal.

 

Rechazo la desigualdad, rechazo el poder separado, rechazo la dominación y la servidumbre , rechazo el poder del desencuentro, rechazo el cuerpo separado del deseo, son uno e indiviso.  Rechazo la división, rechazo al oprimido y al opresor.

 

Soy la vigilancia de la fecundación, soy radical con el que traiciona el interés común,“fomento el prestigio mas no el deseo de poder”.  Mi mundo no es para Unos, ni para aquel que se sostiene en la servidumbre impuesta. 

 

“¿Existe la servidumbre voluntaria?”

 

Mi territorio es para el humano ¿cuántos hay? 

 

“El único que ha nacido para vivir verdaderamente libre, donde el  deseo de libertad es sustituido por el amor a la servidumbre”.  El que renuncia a su ser escoge la muerte, la servidumbre.  Extingue su humanidad.

 

La división  destierra, entierra, persigue, expulsa la libertad.  Ahí, en ese espacio fraccionado se instala el “amor a la servidumbre”, a servir, a ser vil: nacen los canallas y los humillados, los que mandan y obedecen.


El incesto del poder: Prohibir y gozar lo prohibido en ese -No- todo está permitido. Todo para mí, nada para tí, Entre lo pagano y sagrado un cero argolla al vacío..  El amo se realiza, devora a la madre tierra en el  festín de la nada, opíparamente,  placer y dolor, el deleite culminante, displacer y goce sin límites.  Se crea un instrumento, un padre sin nombre, la máquina del control, el brutal invento de la represión y del sometimiento de la imaginación  y de los actos.

 

“Los animales no se someten a sus amos más que por el miedo que les inspiran”

 

La desventura del mortal, y su peregrinaje en la aventura a encontrarse consigo, a salir de lo desnaturalizado e inombrable, a salir de la degradación, a salir de su “voluntad a la servidumbre: el deseo de sumisión”.   ¿quieres?  ¿puedes?


 

 

tiempo y libertad por carmen vascones enero 21, 2009

Posted by carmenmvascones in Ensayos, filosofía, guerra, Lectura y Reseña.
Tags: , , , , , , , ,
add a comment

                                                

 

Para mí y ¿para quién no? Es vital tener tiempo, disfrutarlo en compañía o en soledad, compartirlo con alegría y holgura, sin temor y a beneplácito.  Trabajarlo y descansarlo.

 

 

Vivirlo sin matarme ni matando a nadie con el apúrate que nos falta tiempo, se nos hace tarde, que el tiempo es oro, pero, ¿para quién el oro? ¿y el que no lo tiene?

 

O para el que ve de otra manera y cree que hay que hacerlo existir en la lógica de la vida y no del imperio de la muerte donde se escucha no tengo tiempo ni para…

 

Es acaso, esto una sentencia sin salida en el patíbulo de la moneda.  Se ha trastocado el orden del sentido y de las presencias humanas de para ¿qué se está en la tierra?

 

El poeta brasilero Carlos Drummond de Andrade en uno de sus poemas dice:

 

La bomba/ por ser una bestia confusa le da tiempo al hombre para que se salve/ la bomba no destruirá la vida/ el hombre/ (tengo esa esperanza) liquidará a  la bomba

 

El silencio otorga.  ¿En cual carrera estamos?

 

Y aunque no queramos ahí nos encontramos.  En el punto detonante del alivio o del estallido.  Pugnas y armisticios y negaciones encadenados en la ilusoria conquista de la independencia actualmente llamada ayuda humanitaria.  Las muertes no  son  las mismas,

las guerras sí. 

 

Un poder enfermizo y aplastante de toda dignidad humana.  La era del humillado, una población mutilada del ser y de sus más de una mil y noche en todo el orbe.

 

Expansión, invasión, ataque.  Ninguna guerra es justa.  Conquista y grito de libertad suman

la historia de la humanidad.  La patria del mundo una raza desencontrada en el planeta de la vida.

 

El tiempo ¿qué dice y  seguirá diciendo?

 

Retomando la partida del mío, puedo decir que he construido un tiempo que está a mi favor y no en contra de mí.  Quizás en esto discrepo radicalmente del tiempo del amo.  No me gusta ser esclava de mí ni del otro.  Peor aún tener bajo mi mandato el poder y gobierno de la vida pendiente en un obedecer ante el temor de ser reprimido o castigado.

 

Ya hemos visto y seguimos viendo a los partidos y sistemas que quieren globalizar el eje de la oferta y la demanda en la historia.  Se han palpado los efectos, se ha sentido la crueldad de sus ideales. El progreso parece un futuro vacío  negociable para quien  detenta y administra la plusvalía de la muerte humana y de las reconstrucciones ficticias de las ciudades destruida. A nadie se repara,  lo filial es irremplazable, y una ciudad devastada por guerras desaparece y no es reemplazable por otra.

 

 La que no olvida es la memoria.

 

Edificar sobre el miedo, la muerte y en nombre de la libertad es dar presencia a un poder absolutista y devastador:  un campo de concentración en el planeta.

 

El tiempo y el espacio: la fatalidad, la levedad de la angustia, los límites humanos en manos de los unos y de los otros…

 

Si miramos la infancia y nos acercamos a sus juegos, a las idas al parque, de pronto  nos encontraremos  en el guinguiringongo abrazándonos con la mirada del papá o de la mamá siguiendo nuestros movimientos.

 

Quizás se experimente una infinita alegría de goce atemporal.

 

¿Qué tiempo tienes y quieres para tu presente?

 

carmen váscones

9/abril/ 2003

PATRIARCADO, por carmen váscones y opiniones de eugenio gogol, roger hollander octubre 29, 2008

Posted by carmenmvascones in EL PATRIARCADO POR CARMEN V'ASCONES, Ensayos, filosofía, Lectura y Reseña.
Tags: , , , , , , , , , , ,
add a comment

PATRIARCADO

Adentrarme en la palabra patriarcado es darle cabida al cuerpo que la sostiene, tierra, naturaleza y antes matriacardo, ley oral indivisa donde el hombre estaba incluido como una sola parte de un todo. Luego, fue precisar soporte, lugar y función, y agregaría disfunción dado los efectos y resultados tanto en el contexto social, ecológico y filial.  Al crearse el estado como que hay un desembarazo, como que el señor varón recupera aparentemente un poder  que le habían quitado o le hacía falta.  Las consecuencias de esta división impone vástagos  disputándose un control sospechoso…Por qué digo esto, miro a mis alrededores y veo los géneros devorados por guerras perversas, economías globalizadas, caos, incertidumbres, delincuencia, estafas, leyes corruptibles, y amores desatando la vida y conviviéndola aún en promesas y momentos posibles de alegrías.  Pero, continuemos con el enunciado que convoca una reflexión extraterritorial y limítrofe. Para detentar esta “dignidad” implica dominio, jefatura, respetabilidad en un espacio que conlleva comodidad y tranquilidad.  El territorio esta en manos del “jefe” el tiempo que dure la vida y la preponderancia del padre sobre los otros miembros de la tribu o tronco familiar.

 

Trasladándome en la historia se nota que el papel de la mujer en este sostenimiento de la figura dominante de la autoridad patriarcal vemos que es protagónico quiéralo o no, con su consentimiento o no, ahí está ella dando cara y mano, hasta poder.  En nuestro mundo aborigen Toa fue ofrecida en alianza matrimonial como pacto político a Duchicela, tenemos a Pacha que crea su estrategia nupcial conquistado a Huaynacapac, y en esto está de por medio no solo proteger, asegurar y defender lo propio, esto es la tierra aborigen de siempre con identidad de luna y sol, barro fecundante de confederados unidos para fines defensivos, si no darle lugar al vientre que engendrará a protagonistas que moldearán sus propias convicciones, dando lugar a hechos, nexos y lazos que la historia no puede borrar ni negar ni suprimir.  La memoria de toda patria está hecha de lechos y acciones de traiciones, alianzas, tradiciones, pensamientos liberales, poderes conservadores, litigios de verdades, también del amor de dos sea con gustos y disgustos inevitables.  Como lo fue la misma conquista con sus aportes y desmantelamientos a nuestras riquezas, mujeres y hombres. La mujer siempre ha sido un punto en cuestión, se la ha querido quitar del andamio de sus logros, hasta ha bastado con mover una letra o artículo en la constitución y la sacan de sus derechos legitimados por voto masivo, qué cuenta, dejemos ahí el interrogante.  Retrocedamos en las páginas de la memoria, allí enfila la misma Libertadora del libertador, desterrada, vejada, calumniada, pero silenciada imposible, jamás. Manuéla Saénz acolitó, acompañó y vistió como soldado lado a lado con el patriarca de la libertad de América. De la independencia sabemos que América quedó dividida como “republiquetas” por los conspiradores y oportunistas, impidiendo el sueño Bolivariano, de una sola nación con una sola bandera, moneda y dirección política o lo que él sostenía el confederado de una sola patria.

 

Otra cosa es la dinámica de las épocas y del ejercicio del poder en la constitución, organización y creación del estado, el cumplimiento de la Ley y la tergiversación en el manejo de la regla y la justicia.  A veces la ley la vuelven estrecha y ajena para el pueblo, convertida en anchas consideraciones y criterios propios para libres negociaciones, para los ciudadanos cumplir y cancelar iva, acogerse a la inflación, cancelar impuestos, demandar y necesitar y someterse a la oferta o tratado de comercio libre para unos pocos perjudicando la bienaventuranza de las gentes sin posesión ni propiedades o sueldos que no alcanzan y no llegan por el desempleo.

 

La educación, la cultura, y el progreso comunitario mismo son reducidos a problemas y no a campos de soluciones prácticos y de atención inmediata.  No hay justa medida de la vara, del uniforme y del pan para cada uno de los que no están en la potestad  de la administración y legislación de lo que producen y laboran en el jornal del diario vivir.   

 

La inversión atiende la venta de imagen del país, pero la de fondo que compete al hambre, educación, vivienda, trabajo son tires y jales entre promesas, votos y turnos de candidatos y achiques de presupuestos.

 

Y qué tiene que ver esta reflexión con el patriarcado, pues, que el hombre de nuestra patria, de América y del mundo vive la contradicción de un triunfo que está envuelto en deudas, identidades endebles, agotamientos físicos en trabajos de vendedores ambulantes, estibadores, obreros, albañiles, gasfiteros, destajeros, chatarreros, campesinos, empacadores, fruteros quién más y no que va a sol tostando los recuerdos, ánimos pesimistas por las escasas fuentes de esperanzas para salir de la pobreza, sueños sin realizaciones, hombres humillados y cansados en el propio cuerpo de tanto trajín sin mejoras de sueldos ni de vida cómoda. Esta situación es de la mayoría, de todo aquel que la risa no les ha sido quitada todavía.

 

Luego hay la “clase” desclasada intermedia sin definición de su centro con título bajo el sobaco, disputándose  la carrera de llegar primero, corriendo a los puestos vacantes, trabajar sin regresar a casa a ver a los hijos, soñar y endeudarse para competir con la imagen del éxito, de salir adelante, darse una oportunidad.  Y la otra minoría que hace y deshace del poder y de las políticas sociales, de las ilusiones.  Y también hay esa otra población de todos los estratos sin verse dividida como clase, que se siente sobre todo un humano que mira así a todos y renueva, que va surgiendo y va diciendo un basta, no más, que avista y apuntala otra opción.

 

De qué patriarca hablamos en estos tiempos, si la corrupción se impone, la palabra flaquea, y nuestros hombres gritan, lloran, sufren, toman trago caro o barato, oyen el fútbol en palco o galería, salen a las marchas a protestar por motivaciones propias, prestadas y manipuladas, van al cine, transitan por las calles, se cogestionan de emociones, se violentan con su mujer e hijos, se reconcilia algunas veces, otros van a prisión o se pasan huyendo toda la vida, algunos de la mayoría no todos se encuentra en el escondite con la sombra de la amante, otros quedan en casa hamaqueando los pensamientos, cierran las calles y juegan pelota, leen el periódico o un libro, escuchan a Julio Jaramillo, bailan salsa sensualmente con su compañera en la cita puntual del gozo sin dolor,  brindis y salud.  Y muchos aman aún a su mujer, a su familia y la defienden a capa y espada de todo supuesto y real peligro.

 

¿Y qué hace que algo sea parecido a la felicidad? Es una respuesta que no tiene precio, que no tiene cálculo, que no tiene condición, que no tiene qué? Qué nos tiene con el ánimo en el hilo del anhelo, de la sorpresa, del detalle, del tú.

 

 

“Hacer un hijo es fácil, lo difícil es hacer un hombre”, ¿y una mujer?  Lo que queda claro es que ni madre ni padre pueden ocupar el lugar del otro, ni uno completa la ausencia o lo que falta, ni resuelve ni ata, ni reemplaza la muerte o desaparición.    Los hijos ni el marido ni la mujer es todo para el otro.  Un hijo necesita un padre como todos los demás infantes.  Así que ninguno de los dos progenitores puede hacer lo que le viene en gana con el vástago o con yo mando y te callas y aguantas o que te has creído a  su “pareja”, estamos en otros tiempos pero la violencia doméstica se parece a las guerras imparable de los siglos.  La rebelión, el defenderse, responder, resistir es protegerse. Lo “usual” es el divorcio o hacerle la batalla al enemigo ante la impotencia de la resistencia “armada” de un pueblo, del patriarca o de la matriarca que no quieren doblegarse, que no quieren ceder el don de mando o compartir el manejo del control y toma de decisiones que encauzan las riendas del hogar y de la civilización  que permitirían contar una historia diferente.

 

La influencia en el hijo o la hija no tiene que ser aplastante ni mortífera.  No se trata que gane el padre o la madre sobre el  hijo que no quiere ser obediente ni sumiso.  Ningún ser humano debe ser sometido a la voluntad del otro.  De lo que se trata es que triunfe la vida sobre la función del poder, esto es, servir a la realización del ser de cada quien en el encuentro con su destino.  Para que cada uno pueda convivir con la identidad de ser uno mismo y facilitarse la identificación de ser como sin dejar de ser o perderse en la envoltura de la imagen del semejante.

 

Los hijos a pesar de las “vicisitudes del amor” de sus progenitores continúan teniendo en sus deseos e ideales a aquellos, otra cosa es la distorsión, amputación, enredos, malentendidos que dejan llegar desde sus espejos y palabras los procreadores a la infancia, donde ellos  intervienen y son causas de sus formaciones y deformaciones mentales y afectivas.

 

Cuando será el día en que hombre y mujer se sienten a conversar y aprovechar la posición de fuerza y pensamientos sin masacrarse, sin estar a la defensiva, sin culpabilizarse, sin anularse ni dejarse anular; que puedan convivir en cuerpo y palabra en el espíritu del amor sea juntos o separados por el bien de la humanidad criándose.

 

¿Y en definitiva, en qué nos descubrimos que la vida nos iguala y nos deja sin reflejos, sin desprecios, sin investiduras, sin atributos, sin actuación, sin ostentación, sin poses.  Quizás la intención de saborear alguna vez algo de esa verdad sin trancas, sin trampas sin sombras, sin ley del embudo, sin deslealtad.

 

¿Qué falta, qué queda, qué se puede, qué no, qué mismo?  Quién está dispuesto a  replantear, rectificar, redistribuir, reparar a reponer a deparar las riquezas materiales, sociales, psíquicas, filiales, para ser los afortunados en la aventura y el riesgo de ser alguien y no un don nadie en el conglomerado.  Esto implica conjugar y habitar la ética  en su franca oposición a la corrupción, en la intervención de los detalles mínimos y máximos de lo que hacemos o dejamos de hacer, en ser el testigo y el testimonio del otro y mío.  Corregirnos, ayudarnos  y apoyarnos en la marcha.

 

Vivir un presente que invite a festejar el día del padre por puro placer de sentir esa presencia fundante del inicio de la vida en el cuerpo de la humanidad: una mujer.  La vida entera  donde el amor de dos trae un tercero, de afirmación, de alianza, de pacto, de filiación, de confianza.  Ese recién nacido que comienza su propia historia.

 

La  soledad del patriarca se mueve entre las imperfecciones de la vida y la artificialidad que se debate entre asuntos propios, del vecino, y de la sociedad entera. Y allí como soldado o guardiana la posición femenina en el espacio y tiempo que confronta en el asunto de su hombre y del hijo que forma en la vida conyugal  filial reconocida o no, pero que determina desde su lengua materna, deliberación de su rol, posición y diálogos de saberes no de hembras ni de mises disputándose coronas o concursos, sino de mujeres cultivando el campo compartido con el mundo masculino.

 

Dice Joyce, “la tarea de un artista es transmutar la experiencia cotidiana en el cuerpo radiante de la vida eterna”.  Será que nos falta encontrarnos en nuestro propio génesis para poder crearnos y creernos iluminación propia con creaciones más allá del plus económico sin la retención de acciones o contabilidades doble, ni intereses que devoren la cuenta de los giros de cada habitante que da para su porvenir con vida propia, para que se produzca el cambio y no entre en quiebra el destino de los ciudadanos y de la patria.

carmen váscones

psicóloga clínica, escritora

Ha publicado: La muerte un ensayo de amores, Con/fabulaciones, Memorial aun acantilado, Aguaje.

 

Al consultarles a dos amigos  profesionales activistas políticos sobre su visión del patriarcado comentaron lo siguiente:

 

Eugene Gogol: No es posible pensar críticamente del patriarcado sin considerar su opuesto.  No quiero decir el matriarcado sino lo de la liberación de la mujer.  Cierto que tenemos que reconocer las estructuras patriarcados que se encuentra en cada esfera de nuestras vidas: desde los instituciones del gobierno hasta la sociedad civil hasta la


familia.  Estas estructuras refleja la dominación masculina que ha llenado nuestro mundo, América latina  incluso, desde que se llevo a cabo sociedades de clase.

 

No obstante, para superar estas estructuras, transformando una estructura social patriarcado a una sociedad completamente humano no es tanta una cuestión de examinar o reconocer la dominación social tal como es una cuestión de enfocar en la voz emancipadora y actos de mujeres que nos ayuda a ver el camino de dos vías entre la liberación de mujeres y la libertad para toda la humanidad.

 

En contexto de América Latina me toca pensar en tal actividades como las Madres de la Plaza de Mayo (Argentina), las mujeres indígenas de Chiapas en México, las mujeres del Movimiento Sin Tierra en Brasil.  A través de sus actividades de liberación, a menudo no solo directamente involucrado con la liberación de la mujer, estas mujeres descubren sus propios talentos y creatividad, confeccionan nuevas ideas de lo que significa ser liberado, y por lo tanto desafían a la sociedad del patriarcado basado en clases.  Se vuelven Sujetos de transformación social.

 

¿Pero no hay papel para el hombre a parte de ser observador?  Cierto que sí.  Pueden elegir luchar en contra de la dominación de la sociedad patriarcal, aliarse con las actividades liberatorias de mujeres, y, de ese modo logra una dimensión más humana adentro de ellos mismos.  Para que pueden encontrarse con una relación más profunda, más gratificante con sus esposas, hijas, madres, y compañeras.  El hombre también puede entrar en el camino de liberación social y humana.

 

Eugene Gogol, EE. UU

Autor del libro “El concepto del otro en la liberación latinoamericano”, Juan Pablo Editor, México, 2002.

 

Roger Hollander. Canadá.Ciencias políticas/ artista.  El Patriarcado: en Teoría y en Práctica. Nuestra sociedad está saturada con una enfermedad de destrucción masiva que se llama “autoritarismo”.  Esta enfermedad se aparece en diferentes formas.  Una de las más ubicuas es el patriarcado.  Esta forma se expresa paralelamente con el autoritarismo que es el dominio de capital sobre la labor viva, junto con otras expresiones de desprecio e incluso de racismo.

 

En todas sus formas el autoritarismo trata de jerarquismo, o sea, el dominio de una persona o clase de personas sobre otra(s).  Digo “saturado” porque se encuentra por todos partes.  En el caso del  patriarcado, comencemos con la familia, donde reina como dictador el padre, y donde los hijos varones tienen montones de ventajas sobre las mujeres.  Desde la familia hasta la escuela, hasta la fábrica, hasta los militares, hasta el campo político, hasta lo jurídico, hasta el idioma mismo, o sea, en toda la cultura, se encuentra con este fenómeno, donde el macho hombre casi siempre domina sobre la femenina.  Esto es el patriarcado.

 

¿Cuál seria el antídoto o la contra para el patriarcado?  Lo opuesto de jerarquía es la democracia.  Hace falta en nuestra sociedad una igualdad de poder y de derechos.  Como en lo político, donde solo hay apariencia de democracia en la superficie, pero en el fondo


reinan las oligarquías, así con los géneros: aunque la mujer últimamente ha logrado algunos derechos en las leyes, en realidad queda mucho para luchar para llegar a una igualdad verdadera.

 

La palabra clave aquí es “luchar”.  Los poderes no se ceden voluntariamente.  No queda más para la mujer sino luchar para sus derechos.  ¿Pero es lucha solitaria de mujeres?  No creo.  Cada hombre vino de una madre.  Tenemos hijas, hermanas, abuelas, tías, primas, sobrinas.  Ningún hombre es una isla.  Extirpar este cáncer feo que se llama patriarcado es tarea y obligación de todos nosotros: hombres tal como mujeres.

 

Einstein se escondió en la palabra, por carmen váscones agosto 25, 2008

Posted by carmenmvascones in Cuentos, EINSTEIN SE ESCONDIÓ EN LA PALABRA POR CARMEN VÁSCONES, Ensayos, filosofía, guerra, Lectura y Reseña, novelina.
Tags: , , , , , , , , , , , , ,
1 comment so far

“Cuando uno es pequeño, lo mejor es pasar inadvertido”

Joyce

“El que quiere no ser lo quiere siendo”

Unamuno

“Pensamos demasiado y sentimos muy poco”

Chaplin

 

 

 


Einstein se escondió en la palabra.  Ella no se inmuta.   La vacía y la llena con lo que le da la gana.  La forma y deforma en la soledad de sus gestos.

 

 


La estructura gramatical no lo sabe, peor la real academia templada, estridente y tirada a culta: la señora lengua: alma mater de lo correcto. Así se dice. Los doctos la auscultan, recriminan y sustentan con la regla o algo parecido a papaniculao para detectar a tiempo algo fuera del orden.  Requisa a la monogamia.  A esconder las armas de la duda del cuerpo bajo el “imperio de los sentidos”.  El lenguaje está tachado de orificios que desafían todo sistema: La imaginación impía. Te señalan impuro. Te exigen Depurarla. Corregirla.  Te auscultan y detectan. Te aleccionan con catequesis y sacramentos de escríbela tal cual. Te advierten: cuidado. Ojo contigo. Hay que sacarle partido a la vida.  Cuidado te agarran y te  parten.  Partido y partida:  el destino  trota.

 

 


Lo erótico del arte seduce, rompe esquemas, compone y descompone. Rearma. Desarma.  Desnuda la vida lícita e ilícita. Desoculta la idea sin ignorar la ambición de la culpa: Intimidar por saber sentir y gozar desvergonzadamente. Ya eres un sospechoso por querer ser algo más de lo que se te permite. Un ego: yo te delego.  Sálvese si es que puede.

 

 


Dos almas en el mundo: eso no éramos tú y yo…

 

 


El poder desiste ante el cuerpo del delito: El desacato, parece orgía o placeres clandestinos.  Esto es un asunto que no se considera en el  sujeto irreconocible en la falta in fraganti. Dejemos esto como parte sin trato.  ¿La letra entra o sale del cuerpo? Desplante sin implante. Los entendidos siguen en sus discusiones de sabihondos y dictados de conocimientos y deberes. Ortografía y sintaxis. Orden.  Punto. Coma. ¡Que importa si hay hambre o no! La desilusión del placer. El lindero de la piel expresa.  Presa del preso: presión.  La prisión de la obsesión.  Manía e ímpetu.  Captura incapturable eso de yo no fui pero tal vez sea.

 

 


La realidad es una clave del signo exacto: la mancha sonora del silencio y del ruido.  Compone y descompone. A los perfeccionistas del texto les interesa el qué o el cómo se dice. ¿Importa? La letra no siente la falta ni el crímen una vez editada. Causa horror, vergüenza y rechazo las fallas como baches sin excusas, más que la misma corrupción. Quién fiscaliza la calificación. Aquellos seudos o sesudos dioses, ignoran desde su pedestal al gameto sin pienso aún, disco duro comprimido en ADN, luego, insignificante humano con el paso apurado y sin oportunidad a dudar en la consigna de sólo avanzar. Cada cuál se  oxida según el trote y ritmo de la maquina, hay que estar  atento antes de que te aprisione la tenaza del sistema.  Sálvese quién pueda.  Socorro que no socorre.  ¿Quién me auxilia? ¡Sáquenme de aquí!  La ilusión se pierde en el grito. Intranquila.  Tranquila me digo.

 

 


Sonido grave y agudo el registro del deseo: divinamente voz: tuya, mía, nuestra: de ellos.


Sin reparar la incógnita oscila entre el que sustenta, sustentado, sustentador y opositor del  qué, hasta dónde, o cómo se debe saber y si no, que se quede, otro aprueba. Experimenta. Aprende y olvida como la presencia del minero sin una chispa de recuerdo. Se alcanzó a rescatar el cuerpo dice la noticia. La mina devora los pulmones del que espera salir.  La explosión.  Cálculos. El propietario no quiere salir en contra, sin margen de pérdidas. La vida un vale que no vale, se habla de valor.

 

 


La infancia ya no juega al vale. ¿Quién dice la vida no vale nada si no es para merecerla?  Yo me la merezco. ¿Para qué nací? Principiante de la congruencia y de la incongruencia, la vida molesta al que no le parece. Traición y desmadre.  Desliz. El deseo no está cohesionado a nada, ni siquiera al cuerpo que aparece y perece en la materia liberada del peso.  Quién dice me atengo a las consecuencias.  –Te las verás conmigo- Vamos a ver.

 

 


Se impone el amo de lo inamovible: dejarse aplastar por el dictado de la ortografía, según la  regla,  apunte y alineamiento. Si se sale de la norma, actúa el radar de la sirena roja: nadie se escapa: doblegado o sometido acuse recibo: el indagatorio del tirano. El dictamen y la falla humana desmantelan el gozo de la existencia.  Monitoreo.  Que no se escape.  Cójanlo. El pasador del paso al pasar el pasaje sus zapatos dejan la huella de haber cruzado el desierto del sentimiento para cohabitar el contacto con el otro. Pasa.  No pasa.  Requisa. Documentos. Emigrante clandestino escondido ¿dónde?

 

 


¿Qué diferencia hay entre la falta ortográfica y la falta a la vida? Desoculto el problema: la fricción del ser con el pensamiento. La debilidad de la explicación sin exponente y sin oyente. El conocimiento lucha con la emoción.  Desconfía.  La relatividad de la imagen: sin realidad constante. Proporción.  Desproporción.  Porción.  Pócima de de sentidos.

 

 


El dolor se pega y despega.  La letra agujereada y herida es como una condena para su portador, lo hace prófugo de si mismo y de la mirada. Se escamotea. Se escabulle. Estruendo.  La mano duele de tantos reglazos. A, E, I, O, U, el asno rebuzna mejor que tú, dice el rebelde niño entre dientes al maestro que lo obliga a la plana de la repetición. A planazo limpio chorrea la cólera en la piel hinchada, y los lagrimones se atragantan entre mocos y miradas obligadas al impuesto del miedo.

 

 

El sujeto amordazado entre la ansiedad y el fantasma: un paradigma sin conjugación.

 

 

La crueldad un monstruo con nombre propio y ajeno.

 

 

 

La identidad dentro del pronombre poseído y desposeído.  Lo determinado e indeterminado. Hágase el artículo dentro de la constitución corporal: La ley.  La primera persona  se amolda y desamolda en el así no se pronuncia, se dice así, escúchame a mí. Yo lo sé.  Aprende.  Repite hasta el cansancio. Lo dice el código, en el literal, artículo tal.  Ya ves.  No hay como confundirse. Impresa la muerte no deja de impresionar.  La vida no  puede borrar esa huella en descomposición.  Componte de una vez por todas antes que te descompongas.  Me compongo.  Me imprimo.  Se acaba la tinta sale borrosa la imagen.  ¿Quién tiene la composición?

 

 

El borrador se gasta. Exprimo el original en la memoria.


¿El arte de amar o de matar? Quién dona el amor. Quién lo condona.  Quién lo endosa.  Quién lo desquita. Se satisface la demanda  del consumo entre letrados e iletrados: La ignorancia y el saber combaten por igual. Apunta  y repaso. Te lo digo una sola vez, o si no te cuelgo en la letra con sangre. Por supuesto la tuya.  Esta demás que te lo recalque, pero, para que no olvides, por sí las moscas. El lenguaje sin vida espera la pieza nueva asignada. La cosa hecha letra. El lenguaje patea el cuerpo cuando no es uno con él. La nada envuelta en tinta: el yo desecho en la lectura que no puede deletrear.   El signo y el símbolo: un emblema afónico y disfónico. Azote.  Expulsión. Detonación.

 

 


Estalla la violencia inaudita. La nota espera.  Desespera. El látigo inmóvil chasquea. Otros se cagan y orinan de pavor.  Se retuerce, deshace el vocabulario. Déjalo sin voz, sin sonido. Te impongo.  Doblégate.  –No- Sentir para saber. No sentir para saber. Sentir el saber. El saber siente. Siéntate.  Levántate. Siéntame.  Siénteme.  Saber que sientes. Sientes que sabes.  Pruébame. –Sabes a mierda- Te apruebo. Te condeno. Sabes a saber. Siento que sabes. Te asienta, toma asiento, te consiento, pero eso sí, escúchame lo que tienes que hacer. O si no.  Estreñimiento existencial. Muro de dogmas. El dominio del semejante una suprema voluntad débil. Saber sin mí. Saber tuyo. Sabe. Sabemos. No se nada ¿Qué se yo?

 

 

Que el amor derrote por un breve instante a la muerte sobre todos: sólo tú.  Lo que seas.  Se. ¿Lo sé?  -Tengo náusea-.

 

 


La sede del cuerpo para los poderes plenipotenciarios y mundanos: digno e indigno.  Decente e indecente. ¿Para quién?  Hay una distancia entre permitir, decir y ejecutar. Mira y toca el registro.  El fantasma está vaciado de fantasía.  El conocimiento no es un parto.  Es un corte tajante con el dolor  de figurarse fuera del otro.  Figúrate: entrar al no todo está dicho ni permitido. Trato. ¿Cuál es tu retrato? Retráctate.  Retrátame.  Trátame. Contrato.  Con trato. Contra.

 

 


¿El saber y el sentir tienen sonidos propios? El saber sabe a vida y muerte: la cría, el criado y el creador juntos en el arte de imaginar el sonido.  Aproximarse sin alcanzarse. Fugarse del saber como un libertino, es una alternativa ya escrita por algún lado. ¡Que importa! si el mundo es un ocaso de sustentaciones. Apenas se empieza y ya se acaba la noción.  Los pensamientos no existen ¿luego qué? La forma: la flaqueza del verbo. El cuerpo deletrea el acto.

 

La imaginación se vive así misma como pasatiempo con el ser.

 

 

Goza sin objetar. Las cabezas se rompen dentro de teorías inútiles y despreciables, el significante desencontrado dentro del significado. No es lo que se dice ni lo que se duda.  Las  interpretaciones salen y entran como las justificaciones, dice el desafinado desafiante afinando consigo mismo la cuerda de la frente. Afronta sin ubicarse dentro de la mayoría. Se defiende de su contrincante: real o imaginario. Igual, ataca a la médula del conocimiento ¿qué mismo será? Cada quién adecua su idea. Se acomoda.

 

 

El símbolo es atravesado por lo que se desdice en nombre de la verdad.  Así sea.  No seas así. El puritano de la norma y de la moral: horror y dolor.   El paraíso cae.  Insulto.  Indulto.  Se adulto. Compostura.  Ponte en postura de don de mando. El libertino se esconde en la máscara del autoritario. La libertad se ahoga en el límite. Se Conecta y desconecta  la psique del soma.  El soy: un génesis, ardiente llama del origen concupiscente y algo más. Impagable esto de renunciar al alma inmortal a cambio de qué.


El conocimiento de la esfinge: no siente lo que dice, -lo sé-.  Edipo siente y sabe.  Le sabe a incesto.  Lo terrorífico del oráculo: su deleite con el enigma que lleva a la muerte.  Padece y se contempla en el avatar del sin sentido del agujero de la vida que te trajo al mundo.  No mates al deseo que te recuerda a ti: mortalmente tuyo, no idéntico a ti.  ¿Tienes algo de que retractarte?

 

 

Nexo inconexo los estigmas del tabú.  Entre lo posible e imposible en nombre de dios el atentado humano y un trazo fronterizo.  Al resguardo.

 

 

En el sueño se reconoce al soñante que se desvanece entre  simulacros de representaciones.  Sólo tiene que hallarse y diferenciarse del engendro que se simula aparición ambigua.  Tiene que aliarlo a la muerte para que no le ensombrezca el amanecer de la ausencia.

 

 


La palabra se crea, no procrea, pero está cerca de los choques de los cuerpos para constituirse causa del sonido. Se agita la raíz de la palabra que no calza  en la horma del idioma sin voz. El cuerpo un cuenco vaciado de sonido. Esto no es lo que quiero deletrear.  ¿Qué cree usted? -Yo, pienso, pero no me convence esto que repito como loro enjaulado en la mirada del  poseído de la verdad.

 

 

Se amarra y desamarra la idea entre unos y otros.

 

 


Estaba contando, ¡ah! ¡ya! Einstein, trota, ríe, arma y desarma, deshace el barro, el agua la coge y la deja rodar. Mira detenidamente la picada rápida del ave que se pierde en su nariz, pone el dedo ahí, allí, acá, donde supone que estuvo. Camina como trepando en su fantasía, el recorrido de cualquier animal que desconoce es objeto de su interés.  Eso sí, no hay otro como él, que disfrute del sonido, todo ruido le llama la atención. La música lo deja anonadado. Parece una cámara lenta con su cuerpo cuando se fascina por las notas y las partituras que salen del concierto dentro del I-pod. S

 

 

us sentidos embelesados son como un cuadro alargado de Dalí o encharcado de formas como los de Miró, dejando asomar despaciosamente, la punta de sus sueños en el punto suspensivo sin reserva de lo recorrido en el subterráneo del compositor. A su boca diminuta la convierte en sonajero,  tambor,  trompeta,  piano, flauta, en qué no.  Sorprende con sus serenatas, pone un papel con peinilla y se lo pega a la boca, y sopla que sopla entre dientes y lengua.

 

El viento parece estar agazapado esperándolo como cómplice en el camino de las hormigas para mandarlas al otro lado del hormiguero.  Es incorregible, nadie como él disfrutando el vientre panzón de las vocales, no las menciona, las ubica perfectamente con la punta de su dedo y de sus movimientos  en todo lo que le indican. ¿Dónde está la a? Busca, señala, cuál es la e, la toca, y así demuestra, que sabe, o a veces se presta a  seguir el juego del adulto que se empecina en probarlo que no es tonto.

 


Tengo la impresión de que se nos burla a su regalada gana, dicen los adultos.

 


Sube y baja por las líneas curvas abiertas y cerradas. La puntuación son manchones memorables en todo lo que tantea y coge. Su silencio oral es pura autocomplacencia. Su esquema corporal es un espejo disfrazado de imágenes, nadie lo puede imitar. A su edad el mundo es como una canica peligrando en su boca.

 

 

El abecedario  y él, son  una masa de plastilina en inconforme espera. Ambos se aburren de la materia bruta y elaborada de su contenido, juntos son un par  que no soportan los paréntesis ni los puntos finales. Cuando pasa eso son más que un pesgote, son un monigote, como una larva sin idea del deseo ni de la vida que portan.


Una negación aplastada con furia.  Llevados y transportados a tirones y apuros. ¿Y, qué otros tratos? Una bola crece entre la piel y el ombligo, palo, palito, palote, rueda la rueda como cráneo pateado sin su tronco y extremidades. Monigote colgando en el dibujo. El cordón umbilical una cuerda floja en la pesadilla del que se escabulle del tiroteo de la existencia perforada con señales y cruces. ¿Todavía sueñas?

 


Algunos se preguntan qué suerte tendrá, qué destino lo acompañará al que indaga dentro del pellejo ajeno. El que está asomando la cabeza la esconde como avestruz.  Otro picotea como abeja carpintera. La ignorancia aparente conduce a su manera al gameto en proyecto, que, a lo mejor ni gota de caso harán a la rabieta que querrá decir otra cosa. No todo está permitido, pero si tu quieres. Insinuación. Penalidades y castigos.  Obediencia.  Disfrazado de deberes y derechos, cumple. Las quejas y protestas están prohibidas.

 

 

La agenda como agencia y agente  un plan estratégico.  Todos dentro del largometraje. ¿Quién acorta el tiempo?  Punzón y tijera, a recortar la forma.  Déjala sin forma.  Ahora fórmala.  Muy bien.  Componla y descomponla sin equivocarte. El que lo hace más rápido gana.

 


El ABC del laberinto, ya está en el plan infinito de las reformas ideológicas de los que todo lo pueden en el camino de la adaptación, ablandamiento y endurecimiento como chicle en la boca. La reforma circula, el currículo se aplica a como de lugar. Se atraganta al aprendiz de tantas pruebas y desaprobaciones.

 

 

 

El empacho mental es un vómito de calificaciones.

 

 

El gruñir del aprendizaje está abombado de tantos  manoseos.

 

 


El virus ha comido la flora bacteriana del placer.  La úlcera lacera los sueños.  El adolescente adolece. El disco duro contaminado. Aplasta. Debite. El cerebro bombardeado. La infancia pareciera recortada y pegada  a una memoria sin espacio y sin movimiento: el recuerdo parece una estatua petrificada por los ojos de la medusa.  El olvido parece un papel en blanco o en negro, quizás allí está el garabato sin  mandato, ni deber del debes. Detenido. Demandado. Mandado. Mandato. Dato.

 

 

 

El mercado del saber: la caja de Pandora.

 

 

Uno lo vende, otro lo compra, lo mastica hasta sacarle el jugo y dejarlo como un caucho pegado en cualquier lado. Luego viene otro, y otro, hasta que la carie asoma como signo de no haberse limpiado los dientes como es debido. La lección; los de arriba se cepillan de arriba para abajo, los de abajo se refriegan de abajo para arriba.  Escalen.  Aplasten.  Arriben.  Arribista.  Golpista.  Revolución y panfleto.  El mundo ya es de todos.  No, es mío.  Dibuja la línea imaginaria. La frontera minada.

 

 


Folletín de un personaje.  Lo que cuenta es la lista. La baja. Y los que no aparecen.  Los desaparecidos. Continúa tu tarea.  Luego, sonidos, lápiz, borrador, repetidores, papel de moldes y prisiones encuadernadas. El famoso aprendizaje: cuadrillas, escuadras y cuadras de uniformados. Así se pasa de la sílaba, a los fonemas a las palabras juntas a la oración a la frase y a una plana completa, repleta, hasta cuando caen encima las reglas y los ajustes en aulas adecuadas para las llamadas dificultades, hasta paliar el disgusto a los adultos de adentro y de fuera de la casa, de la comunidad, de la aldea del corazón del mundo. Todo cuesta.

 

 

El no todo del nacimiento de una lengua sin Avemaría.  Amaría. María. Ría. Con avería concebida: el enigmático silencio del trasfondo de las bases del sistema corporal.  Dicen.  Cuentan.   Hablan.


Algún día desoculta la culpa por omisión y admisión. La moral mortal e inmortal.  Innoble.  Acto de contrición.  Contracción.  Constricción. Contra. Contribución.  Constreñido. Consentido.  Comportamiento.  No comparto.  Parto. Harto. Un momento.

 

 


No hay componte, su hijo tiene problemas insolubles. No queda otra,   se lo obliga o se lo deja hacer lo que él quiera, hay que controlarle el tiempo, dejarlo sin recreo, y después de clases, otras de recuperación.  Es solo tarea de domesticarlo. La explicación siempre es débil porque aprisiona a la metáfora de la existencia: erigirse sin inclinarse o asentarse como siervo del poder.  Comprime con su léxico restringido a materiales de comprensión y supuestas construcciones que se desbaratan en la sustentación: ostentar el más o el menos: el mejor o el peor.

 

 

 

El movimiento rompe e innova  constantemente la evidencia. ¿Cómo es la textura de una mente caprichosa en su libre arbitrio en el uso de la gravedad de la palabra?  El vacío un reto del saber y del sentir que no se estaciona en nada ni en nadie.

 

 


Ningún animal se recuesta ni regocija en el arte, aunque es parte de la obra, no lo sabe.   El infinito no se asocia con el tiempo. Así, como no es lo mismo tirar una pelota que tirar una bala de cañón.  La gravedad no juega siempre. Depende de la apuesta del jugador y del cálculo.  Todos somos objetos objetados en el estremecimiento del vacío en la realidad remediable e irremediable.

 

 

 


Einstein: una premisa de su vida, ha hecho de los espacios un cuerpo sin horizonte del por qué.  La gravitación de la ilusión sin prisa cae en la consonancia sin consonante.  La sonante  consonancia de lo relativamente grave: la inconstancia  del ser desunifica el campo compatible: la tensión constante del núcleo perecedero: morir no es nada nuevo.  Insensata vida ansiada.  Continúame. Es inicio y acabado sin regreso. Voltea sin miedo al tiempo, sin preocuparse por lo inescrutable, hurga la velocidad sin temor a caerse de la rama que se bambolea.

 

 

 

Cuando topa el suelo, lloriquea un poco, todo mugroso  se levanta, todo inquieto, busca otras oportunidades para sus diversiones.  El mundo le pertenece, eso es suficiente.

 

 

En el cuenco de sus manos la oquedad parece un emblema, un reto al saber sin oficio ni tarea, que no se estaciona en nada ni en nadie.

 

 

 

Y, bueno, qué con esto, porque hasta este momento toda la entrada de estos hechos parecen un prólogo justificando un vericueto sin soluciones al condumio de la escritora, que no quiere dejarse ver en su pose de enseñadora del tratado de la pedagogía con tacto sin contacto en el educando ideal: fiel a la obediencia hasta morir por quién o qué. De la ensoñación al hecho hay un niño con su realidad, con su inimaginable existencia por parte del otro.

 

 

 

La infancia breve incapaz del absoluto por aprisionar la prisa queda prisionera en la inercia del movimiento.

 

 


Un paso lento atento a la eternidad: aprender a caminar sin tropiezo.

 

 


Retomando la compostura, continúa me dice la voz narrativa,  deja esta disgregación. Respiro profundo y sin desaliento.  Planteada la tesis, ¿pregunto? ¿Adónde se lanza este relato que describe una historia sin palabra propia? Acaso, a desmadejar el rollo de esto como una filmación sin director y sin guión, o simplemente como un dejarse llevar en la plataforma de la escena que va sugiriendo la pauta de nuestro actuante. Espera.


No hay mediador. Movimiento contable. El contador sale y consulta con sus notas, no quiere indisponer los acontecimientos.  Entra.  Se identifica plenamente con el silencio, parece un fisgón tras el orificio de la vida y del telón.  La trama acampa en el cuerpo sin interlocutor.

 

 


-Entreacto: ¿Cómo es la textura de una mente caprichosa en su libre arbitrio con el uso de la gravedad de la palabra? Algún momento reconocible tiene que abarcar este mundo embargado en el silencio de una boca, que no se abre así nomás; que se abre para comer, para reír, para zumbar, para soplar velas, para cerrarse sin dar oportunidad a ver que ocurre allí.  Pareciera una boca aliada al hermetismo como una gozadora de la mudez totalitaria, un mutis mutante, sin importa qué.

 

 


El ser patea al verbo en la cancha del cuerpo, despojo de la nada.  Una burbuja de jabón revienta en el espacio.  Asoman dos signos de interrogación dejando entrever algo parecido al contenedor de un trasbordador.

¿Y cómo empezó esto que pareciera un lío pero no lo es? Es sólo un asunto de boca como H sin estornudo, totalmente muda, diciendo que suena para quien la oye. Silencio sin contaminación. Pero igual hay que ponerla según está establecido en la regla.

 

 

¿Y la excepción? ¿Cuándo no se encaja en nada ni en nadie? El imperativo subyugante: Sólo comienza después de mí. Eso, lo dicen y lo  sostienen como dogma sin contradicción, tanto, los sabios como sus seguidores sin regurgitaciones,  y profesores que hacen repetir el orden establecido en el idioma por su patrón: el lenguaje y las permanentes reformas editadas como lo último del pluscuamperfecto de la moda que no debe incomodar.

 

 


Sólo hay que leerlo con cuidado y seguirlo al pie de la consigna.  Por supuesto, que en  ese contexto, la lengua, antecesora de mi apariencia y alegorías asombra como dama inmovilizada en el  ajedrez del cráneo del homo sapiens.

 

 


Einstein, el propietario de este signo: síntoma sin sonoridad, o de este modo de ser, goza de perfecta salud, mide lo que tiene que medir y más de lo que debe, a sus tres años, arma y desarma legos, forma y deforma la fantasía, dibuja con trazo firme de niño nutrido, vivaz y sin escollos de violencias. Amasa lodo, arena, lo que encuentra, hace esculturas impresionantes, ahí, donde parece una montaña, no es nada más ni nada menos que  un dinosaurio durmiendo.

 

 

Otra escena, allí una raya, aquí un relleno de trazos, allá curvitas cortadas en puntillismos que acaban como una boca abierta y lista parecida a una pitón, es llanamente, el río que cruza a la vuelta de su casa, y así y asa es su genialidad, todos quedamos boquiabiertos.

 

 


No hay dudas, está en su tiempo, y hace contactos con los demás niños, comparte, quita, devuelve, pleitos van, pleitos vienen, como cualquier otro pequeñín.  Provoca como un cinema mudo. Parece un vagabundo de la realidad cargando la risa sin premura. Toca su mundo que los demás no se aguantan. Entonces qué, simplemente no habla, esto desespera, todo lo comanda bajo señal, saca su dedo índice y allí está la cosa, otras coge silla, trepa y trepa hasta alcanzar lo codiciado.  Así se pasa.


Sus padres lo han hecho investigar, de pedagogos, de científicos, de psicólogos,  de parvularios, le han hecho medir la inteligencia, la motricidad fina y gruesa, el mundo social, sale más de lo que en la tabla rasa se espera. Sólo lo que corresponde al área del  lenguaje sale el cero todo perfecto y redondo, sin coma a la izquierda ni a la derecha, sin opción a poner ninguna décima de puntuación.

 

 


El consultor, el consultado y los preocupados, entre ceños fruncidos, postura de investigador, miradas de duda e infancia divagando en su propio gozo. Los minutos marchan. La presencia del investigado deja un entrever silencioso  de  desplante, de indiferencia, de marca de territorio: yo soy así, ni me va ni me viene lo que ustedes piensen.

Se despiden y acuerdan el próximo control.

 

 


La versión, oficial.  Leen en casa el documento encerrado en el sobre que les había dado el experto. Evaluación: Niño genio, solo ténganle paciencia, dejen que la palabra aflore como la luz.  Se quedan perplejos, del diagnóstico. -Tanto gasto para esto, si eso es lo que hacemos, comentan. La pareja, alza los hombros, y miran como Einstencito corre, se detiene, se acerca, hace a un lado la cortina, pega la nariz al vidrio, y todo asombrado ve caer la lluvia, los llama sin voltearse, insistentemente mueve la mano como un picaflor alrededor del arbusto todo revoltoso apuntando en el centro de su codicia.

 


En puntilla sus progenitores lo acorralan tiernamente.

 

 

 

 

Lo acompañan en esa maravilla de gotas golpeando y pegándose al mundo, cae una tras otra, cada una más grande que la siguiente, vienen  sin parar, sin importarles nada, caen encima de las hojas, de las flores, de la tierra, que se empapa como lengua jugosa de probar la acidez de los pensamientos y de la realidad irrefutable.

 

 


Hurgando en los orígenes donde reina el misterio del caos se puede descolgar unas memorias aparentemente inofensivas, pero que son entramados del punto de tensión al que deberíamos llegar. ¡Qué! Vamos con tino.  El aparente conflicto sin palabras, tiene su comienzo. Suspenso sin dolor.

 

 

Aquí voy. Esto empezó en la misma boca del niño tratado en esta única audiencia. La historia de su vida pende del calostro que no se borra de su memoria ni de la inigualable realidad, que lo tiene fijado como un infante goloso del silencio, de los gestos y de la caricia de la naturaleza madre dando amamantazgo uno tras otro, donde ella, enteramente suya de esos instantes del instante único e inolvidable no le permiten dar forma vocalizada al mundo que es y no es parte de su existencia presente de presencias irrefutables. Irreductibles.

 

 

 


Y esta es la clave, no hay punto aparte entre madre e hijo, aquella gestora en este punto sin final no se da por enterada ni cuenta. Ignora simplemente el corte. Es como un teorema del seno al coseno sin tangente sin ángulo ni radio. No hay X que lleve a Y, como que no hubiese nada que despejar, cómo que la incógnita no quiere evidenciar su respuesta. Enigma sin oráculo.


Como un límite obtuso entre dos cosas vacías de sombra dejándose proyectar como si fueran uno para el otro en una sola armonía. Ella, goza como majestad, reinando una maternidad sin claudicar. Toda eterna se siente y se mira con sus pechos rebosantes como himno nacional y símbolos  patrios, sosteniendo al soldado para que no claudique la ofrenda de su valentía.  Ni remota idea tiene, que es parte, partida y conclusión de la conducta de su hijo.

 

 


El que siga este discurrir, se preguntará  por qué, que pito toca en esto, esto de pezones y mudeces, sencillamente, tenemos algo elemental y fundamental: no lo desteta. Lo idolatra, llanamente no lo saca de la cuna de sus afectos. Es su bebe, lo trata como que nunca va a crecer  ni salir de sus brazos, eso es como su mandamiento inamovible,  nadie le va a quitar esta idea.

 

 


¿Hasta cuándo? Eso, está por verse. Adónde puede llevar este estilo de amar y de criar en puntos infinitos como granos de arena en el desierto, donde la esfinge no puede responder a esto que solamente compete a ellos en el devenir del uno al otro suspendidos en el suspenso posesivo de puntos suspensivos del si vos te vas…

 

 


Cómo hacer razonable este modo vivendus de la mujer con respecto a la visión de que el pichón una vez que salió del cascarón, pasa a caminar, luego tiene que aprender a picotear,  ir, hurgar, cuidarse de la rata, del zorro, guiarse por el instinto, ensayar movimientos, espulgar piojos, alistar las alas para volar con sus propias guías.

 

 

Crecido el crío ni rastro. Y esto, sólo refiriéndonos a la bestia. Ahora, bien, es cierto, que el único animal que es indefenso al nacer y al envejecer es el ser humano, es como un guiñapo en el cuerpo que tiene que erigir, cargar, edificar y sin más aceptar que algún día aunque no quiera se vuelve ruinas,  así esté cocido y estirado con todas las cirugías o yendo un poquitìn más allá, al mismísimo banco que reserva células como lingotes de oro en la caja fuerte del saber que pasa  pruebas, reprobaciones hasta otros estilos criogénicos.

 

 


¿La ambición, acaso es, auto clonarse o insertarse como virus omnisciente, comiéndose al prójimo en el banquete de la susodicha eternidad que huele a eterna cremación?

 

 


El sueño inmortal: no tener padre ni madre.

 


Esa, es otra guerra que no sabemos sobrellevar, dichoso el animal que no piensa en su displacer, se echa a morir ante la crueldad de su amo.  En cambio nosotros erigimos sobre el dolor otros, y sobre la alegría está por verse, que cada cual declare su acto.

 

 


¿Qué decir de la infancia? Acaso necesita de algún psicólogo freudiano para trabajar el complejo latente y manifiesto del espíritu cercano al edipo.  De pronto hay que inventar un ajedrez que diga jaque a la reina, mate o ponte detrás del rey, cerca de éste, es tu puesto, búscatelo, hazte uno o asienta actas en un juego de tablas, donde se provoque un empate, o finiquitar con la infancia, dejarla ser o que en paz descanse.


Hay que  trabajar con los peones de la teoría: la humanidad del cada uno en el enjambre del feudo familiar. No hay ley que se ajuste a la complacencia del yugo amoroso entre padres e hijos, peor entre confrontaciones de poderes que no se soportan. Hay que hallar la compuerta, abrirla para salir del laberinto filial para que no se convierta en un cautiverio destrozando el porvenir.

 

 


Pero, con nuestra trama y personaje no tratamos de tragedia, ni retrato de una infancia infeliz, todo lo contrario, el  entorno es tierno, cálido, hay demasiadas pautas de salidas y soluciones, para un final feliz. Recuerdos y afectos: un gerundio siendo.

 

 


El asuntito, consiste en qué ocurre en esa lactancia que pende y depende de un hasta aquí y ya no más.  La posición de la madre es como un detente colgando en el cuello hermoso de una dama avanzando con el verbo cambiante  en un todavía no, como que quisiera ella quedarse en la edad que tiene. Se siente mujer completa y feliz del esplendor que irradia a su marido y a su hijo, no necesita más.  No hay estación que sobre ni falte.  Es su tiempo. Ella lo dispone así, sin más ni menos.  Sólo los tres, los dos hechos uno, uno dentro de todos, todos uno. Un solo de mujer.

 

 


Veamos a nuestro muchacho, en la experiencia con su cuerpo apenas es un gateo dando apertura a la vida, eso, no quita como ya dijimos está adelantado en todo, menos en lo que nos convoca la trayectoria de este despejar de lo que se cuenta.

 

 


Su paso oral es una incógnita sin apertura al diálogo, se inventa en secreto túneles donde guarda los sonidos, sus pensamientos son una fórmula a punto que se producen por el deseo de la independencia de dar los primeros alaridos y gritos de libertad, de dar ya los primeros pases de reconocimiento y de identidad.  Conecta y articula en silencio los pronombres.  Sujeta los espacios, conecta y desconecta  el silencio del sonido.  Explora la masa  de la existencia aún no voz. Sensible a la vida la toca sin dolerla.

 

 


Sea él: su propio yo acampando en su mundo la memoria que desconocemos.

 

 


El niño no quiere hablar, puede, pero no quiere. Acaso teme desilusionar a la progenitora. Quién sabe. Ya fue dicho. Va de nuevo. Repetición. Recuerda. Reprisa. Vamos al meollo del detonante. Su pensar: una ecuación de dibujos; sus ideas se encienden como aparición fugaz del arco iris, su pasamano mental es una quimera de emociones. Su tablado de sueños y actuaciones de aparente marioneta hacen jugadas de ejercicios donde él dirige sus tramoyas: las escenas van dirigida al espectador que  le pide dejos de pruebas, de imitación, de acondicionamientos.

 

 


Por ejemplo, le hace señas o lo adiestran, luego, él tiene que demostrar como reflejo como mueve la cola un perro.  ¿Qué hace?, se agacha, colea, hasta lame la mano, luego, otro adiestramiento, representa otro animal,  salta como conejo. Salta que salta.  Aplausos. Recibe un premio por su excelente acatar. Como sí como no. Hasta que harto de todo, da la espalda y no hay quien lo saque o lo obligue a satisfacer las demandas del domador.


Todo lo entiende al revés y al derecho, lo hace de una.  No necesita que le pidan dos veces haz esto o lo otro, claro, solo cuando se cansa de este ejercicio condicionado, a premio, estímulo y respuesta del aprendizaje, se desaparece. Se arrincona en su lugar favorito, que es la buhardilla donde enfila sus juguetes preferidos, o simplemente se sienta, sin hacer nada, todo extasiado, perezoso y contemplativo se regodea con su cuerpo, se apaga como sombra oculta en el espejo.  Lo buscan, escucha las llamadas, le importa un pito el ruego de los demás, simplemente, no hay nada que le llame la atención.

 

 

Libre del show se larga a su mundo. Desplante. No hay quien lo detenga, se deshace del registro apabullador.  No funciona con él ningún funcionario ordenando funciones de obediencia.  Lo |que diga y piense el otro no le importa.

 

 


No se deja alcanzar. Corre como zorro perseguido por perros y cazadores, acorralándolo con ladridos y los disparos en días de diversiones.  El sale invicto.  Sin gota de miedo.

 

 


Los espectadores no lo comprenden, mueven las cabezas. Las  aparentes brusquedades que parecen fuera de control remoto en la realidad desvirtuada por el suponer de la vida de los mortales. Es una de sus tretas. No hay obstáculo cuando la chispa lo prende en su fascinación solitaria, embraga y  sale a toda velocidad como un carro sin respetar luz roja.  Total. No hay infracción.  No ha atropellado, ni ha matado.  No se siente culpable de elegir su vida.

 

 

 


¿A dónde va? Se escurre en  el patio, calcula, brinca, traza una distancia con sus movimientos hasta subirse al árbol donde su padre le ha hecho una casita para que mire el campo y se adueñe de los secretos.

 

 


Lo que nadie sabe, es que allí radica otro factor clave para su mudez. En ese interludio donde los otros desaparecen, se instala la magia, que lo invita a entrar al cofre del cielo, que lo hace se agarre del carrete que nadie ve y lo lleva casi como hechizado, al universo de las palabras antes de ser sonidos, antes de estar atrapadas en libros, antes de ser encajonadas en la boca, antes de embodegarlas en las máquinas que hablan.  Antes de ser una ley que manda a obedecer.  En la constitución de su cuerpo el misterio deja de serlo.

 

 

 


Es en ese espacio exclusivo donde se despoja del silencio y escucha su voz encantada, que la ha prestada a la cautivante estrella que quiere contar lo que fue una vez. Solos: Él y ella en la conexión de la imaginación sin testimonio. A ese lugar esta prohibido llegar, no se puede habitarlo, está sellado. Sólo se puede ir si se hace un pacto con el rey del mundo de la ilusión, nada es gratis, hay que darle a cambio algo, hasta que se cumpla el tiempo contemplado, esto es, si soy aceptado e invitado por un rato, tengo que llevar algo que me guste y darlo sin gota de tristeza, ni temor a desprenderme, solamente así puedo entrar.

 

 

 


Todo está dispuesto de tal forma que no da lugar al gruñido ni al coraje. Las reglas de ese lugar: despréndete de lo que más te cuesta. Ya, nuestro pequeño, se ha arriesgado al precio de gozar y asistir a este universo que nadie aborda fácilmente. En esta ocasión, fue como un cometa intrépido, llevó en sus manos el biberón favorito con cara de payaso. Ojala esto sea un aviso de un cambio.


El prestidigitador es como un espejero, cargando la imagen sin ser tocada por el espejeado ni el ilusionista.  Abra palabra, esta boca no es mía, y estos ojos que hurgan con qué se encontrarán.  El silencio del resplandor parece un faro en la mente del horero.  La soledad se divierte con el amanecer y la espera.  El sereno parece una rayuela en el cansancio del cuerpo.  La memoria no olvida por más que uno quiera.

 

 


Mi pequeño invitado se está atreviendo a vencer el miedo de su propia mirada, se adentra a ella sin temor a romperla. Como nos podemos dar cuenta, allí está el quid del misterio. El final, podría ser feliz para unos, para otros, pura pérdida de tiempo, nada para sacar de provecho, ni tesis, ni hipótesis que considerar.   Contrarios sin contrincante.

 

 


Pura fantasía sin réditos ¿Y para Einstein qué? Dado que su  temorcillo estriba en perder la magia si la voz se instala en su boca.  Cómo hacerle entender que no es así, que el sonido puede ser huésped de lo que desee. Quizás lo sabe, pero la infancia oprime al paladar y hace como que no todavía.

 

 


Hago un frenazo a raya.  Dejo la historia en el vaivén del vacío. Me opongo rotundamente a esto de hacerme la consejera de la vida ajena, detesto caer en cursilerías de orientadora ocasional, de escritora de instructivos de sermoneadora. Mi peligro. Santiamén. Mejor sea así. Mi superyó me exige y atosiga todo petulante a intervenir. Me da un latigazo mental. Lo esquivo, lo enfrento con mi conciente e inconciente. Hasta le tiro un corto y largo cinema,  ensayo epílogos. Lo desprecio. No lo escucho.  La emoción se alía a la creación.

 

 

Le digo: aléjate monstruo. Basta. ¿Acaso no comprendes el silencio? Lo derribo de un plumazo.

 

 


Mi lema: romper la regla: no apropiarme del contenido de este relato que se cuenta como cuento que intenta ser eso.

 

 

 

Boicot. La voz omnisciente me comanda, me atosiga, me quiere llevar al patíbulo donde espera el verdugo. No le voy a dar el gusto que le ponga la horca al creador de este universo. A mí, que ni se me ocurra situarme en el puesto del dictador con el puntero en la mano y disparar en el final de la historia, dado que desapruebo esto, se me salió de las manos la narración, que dice más de lo que cuento y cuenta menos de lo que quiero.

 

 


Atrás del escritorio ensaya el contador frustrado, aquel, quiere continuar el cuento como siendo otro que lo cuenta. Monologa, ¡que tal!, ¿esto?, veamos, habría que hacerles imaginar a él y a su madre, que ya no es lo que ella piensa: su pequeño   Él es dueño de si mismo y de su encantamiento cuantas veces quiera: Él: uno desemejante.

 

 


Quizás el pequeñín espera anudar el sonido a la palabra como cometa perdiéndose en el cielo mientras la asegura desde la tierra al ritmo que él adecua junto con su padre para que el viento no le corte el aliento de la emoción y la piola no se rompa por tantas templadas de orgullo aproximándolo a la nada imposible: la caída posible.  El cielo parece una caja de resonancia acogiendo el descenso lento. El espacio es una nota breve del silencio midiéndose con la gravedad de la angustia después de haber derrotado el temor al fracaso.  Haber vencido la duda de la curiosidad.  Asunto de infancia dentro de una existencia puntiaguda alumbrando el trato con la vida.


Pincho la emoción.  La lucidez me demanda. La arbitrariedad me deja sin piso. Alguien escribe sin control, invade la máquina como boicot, deja una frase insertada, leamos que dice: qué tal si le hacemos cosquilla en el paladar mientras está siendo amamantado o tomando el biberón, acaso, podrá salirle un gesto, un fonema, un grito, que bastará para romper el hechizo, para dejarle salir por su boca como palomas revoloteando la enciclopedia guardada en la alcancía de sus recuerdos.

 

 


-O quizás se mira en el espejo  y hace un guiño-.

 

 


Quién sabe como reaccionaría su madre, a lo mejor, se desconcertaría, dirá, qué te pasa, y, él quizás  responderá: nada, como si nada, o quién sabe qué, o ni eso. Inconforme final sin fin. Un boceto sin determinar: ausculto en el perfil del personaje.  Por ahora, me quedo pensando con qué le voy a hacer cosquilla en el paladar, si con pluma de ganso, de pavo real, con pedacito de hoja de papel, o ya sé, le hago hormigueo en la nariz con una J… Ya sé, a lo  mejor, le regalo un títere para ver si se vuelve un titiritero algún día.

 

 


Ensayo contar un cuento sin cuento. ¿Cuál es el cuento de la vida?

 

 

 

Como podemos apreciar este relato tiene para largo. No me convence ninguna de estos trucos de entrometida. Nunca se sabe que quiere el otro. Acorto este paradero de esta historia. Párale me digo a tanta prepotencia de tirada a creadora y de metiche en la vida ajena. Estoy cayendo en la trampa de un final sin solución. Quiero invadir por el simple hecho de contar, mejor sea que me quede quieta y tenga claro y preciso que no voy a decidir lo que sea el relato. Que se haga por si mismo más allá de la historia.

 

 


Debo confrontar  el papel del manipulador: esa perversa ostentación del poder. La función  del atentador que deshace al ser que camina en la doble trinchera: sumido y rebelde. Expirar y aspirar, apartarse y acercarse sin recibir el golpe autoritario del deber:

 

 


Me debes la vida.

 

 


Sin más interrumpe el eco, le responde: no te debo nada.  El reflejo se alía a la imagen que le sostiene la sombra. ¿Hago de ti qué? ¿Lo sabes? Quién sabe que no sabe, ya sabe algo a saberse que hay un pago pendiente: La libertad endosada en un grito de independencia: el sonido sin dolor obligatorio. El ademán de la alegría se impone. Me derrota.  No intervengo.

 

 


Me alejo  del contexto despaciosamente. Dejo al escrito asomarse como el recorrido lento de la cámara que se complace en la toma precisa, casi como un paisaje alucinante sin la mano de la violencia.

 

 


Enfoco el jardín: la pupila agarra el instante: el pequeño  juega con su deseo.

carmen váscones