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Rocío burgos silueta de fuego, por carmen váscones abril 21, 2009

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¿QUIÉN ERA ROCÍO BURGOS?

 

 

Rocío desde su tierna enfancia ya la poesía rondaba en sus balbuceo y garabatos.  El dolor y el amor eran dos huellas que la tenían en los malabares insaciables del ser y la razón; su deseo no quería explicarse, sólo quería sostenerse en algo soportable y llevadero. 

 

El camino que escogió no fue fácil, la mujer que llevaba dentro la condujo a tejer un devenir de actos y constancias.  Pudo ser la que fue, ¿quién era?  Enfrentó la contravía de su yo.

 

La que conoció cada uno, no era una mujer célebre de las páginas de la historia, pero era un ser humano con una historia propia que no puede ser negada ni olvidada en las páginas de la memoria de la literatura de Guayaquil. 

 

Su único libro publicado es “SILUETAS DE FUEGO”, en proyecto tenía “SORTILEGIOS DE SIRENAS”.  Trabajaba cuentos y poesías.  Tuvo otras bísquedas por expresarse y manifestarse, su alma era una vorágine de cabos sueltos que desataban los recursos que improvisaba su ser cambiante, estos eran la música, la pintura, el dibujo, la fotografía.  Un hilo de fiesta su atadura con el oceano.

 

Sus pasos le permitían plasmar su angustia, silencio, soledad y la calma de su euforia pasional, de su mundo intermitente y convulsionante en el que tanto sus ideas como sus afectos sostenían los artificios de su yo amotinado, el mismo que no tenía nada que ver con el espejo de la vanidad: su majestad el EGO. 

 

Sino con ese mundo interior de la fantasía de la pura poesía de los que no tiene lugar ni existencia en lo que se llama la realidad externa, social y “vivible”.

 

Hoy es una ausente en el espacio, de ella la palabra de la poeta vestida de versos y de rocío.

 

carmen váscones

8/10/98

 

 

SILUETAS DE FUEGO DE ROCÍO BURGOS

 

Cuando la poeta chocó con los espasmos de la fantasía descubrió la desnudez absoluta del género.  Encontró la duda y la certeza acoderada en el orificio de la realidad.

 

Ubica su lugar en el parto de un indicio. 

 

Inicio de la entrega al dado de acertijos, secreto del pretérito errumbando en los desfiladeros de su imagen que desemboca en su cuerpo sometido a la primicia del descubrimiento:

 

“desnudo

los secretos

de mis huesos”

 

Riostras de perfiles encaramados en la desinencia de la búsqueda, ajustes de cuerdas amarrando los vocablos no marcados. 

 

Estructuras de sentidos encofrando “el dolor: una espada rota.”

 

Sigue la obra encaramándose en la soledad misionante de no perderse en los espejismos de la nada. De no encontrarse con su infidelidad a la muerte.

 

De no tocarse con la aventura del caos incrustándose en los prismas del corazón maniatado en los brazos del anhelo.

 

Se queja la fuente:

 

“Lluvia me

haces una grieta

en la cordura del vacío”

 

Implora la creadora:

 

“mar

ocúltame en tu extravio”

 

Desafueros de la fábula en boca de la luna.

 

Rueda la noche como canica vencida por el rebote.

 

Queda el silencio como cuarzo enterrado en la osamenta del minero.

 

“realidad

eres una nube

en agonia”

 

Nadie soporta excavar en sus espectros.

 

Cada cual lleva su cuenta y su recorrido como desatino invadiendo el pronombre del otro:  El yo del tiempo.

 

“Conjugo

la oquedad del amor”

 

“Me seduce

el ojo

del suicida”

 

“Mi voz

demencia

que se agota”

 

La errante poética levanta su fundamento en los acápites de la tristeza ornamentada en su alegoría incansable de tocar el nacimiento de su luz. De su llanto escuchado por la hada que quedó prendada por la sonrisa de la pequeña que desafió al espejo sin alicia en el país de la incógnita.

 

“Espejismo de matrices

divago

en el recodo

de un vestigio”

 

Cae el sonajero de las manos de la sirena que rodea la silueta de fuego que se mira a sí mismo mientras entre bromas y juegos se regodea de amor propio.

 

 

“me cautivas

círculo

de mis contradicciones”

 

“enigma

maquíllame

con locura”

 

La curiosidad del lenguaje invade la palabra con ironía:

 

“más allá

yace mi angustía:

cuervo

maquillándose con mi imagen”

 

Sigue la música y todas las estrellas en un sólo tono sueltan:

 

“Habito una isla

de fantasmas

donde el péndulo

refleja soledad.”

 

 

carmen váscones

9/9/95 playas

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como concibe al libro, por carmen váscones abril 17, 2009

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¿COMO CONCIBE AL LIBRO?

 

Un libro en mis manos es la posibilidad de intimidad con la imaginación.  El libro es un soporte, es un campo abierto de posibilidades.  Cuando se es niño y no sabemos leer ni escribir, nos encanta que nos lean – qué dice aquí -que nos repitan una y otra vez la historia, que nos expliquen, que nos hagan sentir la vida del texto. 

 

En un libro están seres animados que se proyectan. La piedra, el animal, el humano son personajes que tienen una historia, valores, problemas, alegrías, mensajes y sentidos a los que el niño está atento a captarlos.

 

El libro nos remite al autor, y por lo tanto a la convocatoria de oyentes y lectores, un texto logrado suscita, se lo siente, provoca emociones, hace pensar, aprobar, rechazar.

 

Es una moraleja, es un testimonio del bien y del mal, es una posición quiéralo o no el autor, hacia una forma de ver, admirar, crear o de intervenir en la realidad. 

 

En fin, el libro es un mundo aparte dentro de otros, es una realidad dentro de otra.  Los libros son la biblia de los mitos, leyendas, estilos, fantasías y  los hechos expectantes o creados por sus progenitores/autores.

 

¿CUAL O CUALES SON LAS OBRAS DE SU AUTORIA QUE LE HAN DADO MAYOR SATISFACION?

 

Empecé a escribir desde los quince años diarios, poemas, reflexiones, mis pensamientos, mis fantasías y vivencias.  Desde los cinco años, recuerdo que me gustaba escuchar historias, cuentos, misterios, sean en la radio, disco/cuento que nos ponían las monjas españolas en la escuela. De mi padre y madre me interesaba ellos y sus antepasados, o saber lo que habían vivido. De las personas que colaboraban en casa me encantaban también sus historias, tenía mucha paciencia y entusiasmo para escucharles.

 

La verdad es que me parecía mágico todo eso que salía por la boca, del libro,  del disco o de la radio.

 

Me adentraba en esos relatos con mi imaginación. 

 

También participaba en obras teatrales, danzas, era maravilloso todo lo que uno podía hacer con el cuerpo, con el entusiasmo y con el deseo de representa y escenificar.  

 

Era romper toda la timidez.

 

Era a ser: unos desvergonzados infantiles y adolescentes en el escenario del arte.  Vivía intensamente la pasión que me producía estas experiencias, experimentaba emociones encontradas, a veces quería a mi personaje o quería el otro, pero  tenía una responsabilidad de sacar adelante el que me habían asignado, creo que tenía que amarlo y no rechazarlo. 

 

El personaje estaba en la realidad y en la fantasía y tenía que hacerlo mío. 

 

Cuando un es niño se cree casi todo, y si tiene un margen de dudas, – se es muy preguntón – eso no importa, lo que interesa, es lo que nos produce y provoca, los estados de atención a eso mágico y misterioso de aquello  había una vez …

 

Entonces, por qué todo esto dicho.  Bueno, porque mis libros están acompañados de todo ese mundo con los otros construidos. Cada uno responde a un ritmo, a hechos que acontecieron mientras iban desmadejándose. 

 

Quizás todavía no estoy preparada ante mi propia crítica o juicio para decir este o aquel libro es el que me ha dado mayor satisfacción y dolor.

 

Lo que sí puedo afirmar, es que estoy inmersa con el yo que me acontece y convoca como persona individual y única,  con los demás que me involucran en un vínculo dado antes y después de nacer. 

 

Es una responsabilidad saber, que, con nuestras palabras y/o actos hacemos y deshacemos.  – En estos tiempos tengo mas precisa esa angustia vital –

 

Me siento comprometida con mi vida y con la de los otros, será por eso que me encanta trabajar con niños, a ellos los veo indefenso en manos de los mayores.  Un adulto con su incomprensión o agresividad puede ser monstruo ante los ojos de los pequeños, y de hecho, después, ellos aprenden a defenderse con esos mismos mecanismos de violencia con los que los padres o maestros intervinieron y que a la vez inculcaron en los pequeños. 

 

La verdad construye, la mentira destruye. ¿Dónde está cada una?  ¿Dónde están éstas dos y cómo laborar en las diferencias, en lo que es y no es? 

 

La tarea como humano es intervenir para afirmar o negar, provocar o replantear reglas y cánones establecidos, no callar lo que oprime y somete, decir lo que no se dice, arriesgarnos a ser.

 

Y el arte no puede ser cómplice del silencio, ya que este denuncia y propone.  Ningún arte está libre de los hechos de la historia.

 

No quiero escoger uno de mi libros publicados o inéditos, porque estaría cayendo en la queja de la inconformidad o de la justificación, cada uno de ellos tiene su etapa de creación y término, donde les he dedicado el tiempo ¿suficiente? O el que he creído. 

 

Aclaro, siempre habrá una insatisfacción de que algo faltó, o de que esto otro, por eso es mejor seguir adelante, en presente.

 

Mi mayor desafío es algún día hacer libros para niños en el verdadero sentido de lo que significa. 

 

La infancia me parece la edad e la magia.

 

¿DEL ACERVO PARTICULAR, QUE OBRAS CONSIDERARIA LA MAS IMPORTANTES DEL SIGLO XX Y POR QUE?

 

Me gusta leer mitos, cuentos infantiles, leyendas, biografías.  De lo último y fresco que he leído es la “Emperatriz de la fantasía” de Michel Ende, que me atrevo a recomendar a los adolescentes y a los adultos.  Anteriormente “Alicia en el país de las maravilla” de Lewis Carroll.  “Cien años de soledad” de García Marquez, poesías y ensayos de Octavio Paz y Borges, también libros de Yourcenar y Duras. Henrry Miller y más. De los escritores nacionales a Palacios, José de la Cuadra, Alicia Yanez, Eliécer Cárdenas, Miguel Donoso, Carlos Béjar, Abdón Ubidia, Jorge Dávila, Sonia Manzano, Maritza Cino, Eliana Espinel,  Gilda Holts, y tantos y tantas otros/as que se merecen ser leídos y difundidos.

 

 

Creo que la literatura no puede ni debe ser un monopolio editorial, debe ser un proyecto de apoyo, difusión y promoción.  Pues, por ahí hay escritores brillantes tanto allá como aquí como en otras partes del mundo, que no se los conoce y resultan superiores a los que conocemos o tenemos al alcance. 

 

Las transnacionales llegaron a las artes y la censura también, y esto va en contra de la originalidad, libertad e ideología de la obra.  No se puede permitir fomentar el mundo de las boboletras o disneypintura.  Si caemos en ese vicio, simplemente entramos a la adicción de una gloria barata, burda y mercantil.  Sin verdadera presencia del arte por el arte.

 

¿CUAL FUE LA BIBLIOTECA O LAS BIBLIOTECAS QUE USTED TUVO A SU ALCANCE PARA ENRIQUECER SU ACERVO INTELECTUAL?

 

La primera biblioteca fue la de mi casa, mi padre se preocupó de eso, a él también le gustaba leer y eso fue un beneficio, luego, la biblioteca de la Universidad Católica en Guayaquil, de la Casa de la Cultura en la ciudad que vivía, , de Biblioteca Municipal, la del Museo Antropológico y porqué no decirlo la de los amigos.  En lo personal poco a poco he ido armando una.

 

Un consejo que me aplico y lo vuelvo extensivo “no es tanto lo que se lee sino le que se escoge para leer”.

 

En estos tiempos hay que combinar televisión, cine, teatro, música, y letras.  A los libros hay que darles y hacerle un espacio y lugar.  Por lo tanto, hay que empezar por el niño, joven y adulto, y este último es el que apoya a los dos primeros.

 

Y usted Ruth tiene una basta formación, pues creo que hay que compartir experiencias, sistematizarlas y devolverlas a los centros educativos, culturales, familiares y comunitarios para que el arte no resulte una isla ni algo fuera de la vida. 

 

Y más aún que el libro no se vuelva una reliquia o adorno en la biblioteca de la casa o de las instituciones. (Entrevista de Ruth Garaycoa a Carmen Váscones)

 

 

carmen váscones

18/8/98

con texto sin dejar de contar, CUENTO QUÉ HAGO CONTIGO,de carmen vascones abril 15, 2009

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El océano se detuvo ante las luces, zarpé hacia ellas, mi padre fue la proa del abismo, crucé el dintel de las resacas, el puerto olía a mis cinco años, mis miedos eran enemigos breves, entraban y salían.

 

Indago la fisura de la madera, la fatiga quedó en el trecho,  retomo los restos, anduve por el desandar de la quimera, nada se rescata, retorno como brisa tras la ausencia.  ¿Dónde está? ¿Qué extraño?

 

El regreso postergado en tantas muertes.

 

Tropiezo conmigo a cada instante, la tiniebla tiene aroma de rebeldía, una zanja atrapó el acto, empuñó la imagen, raptó el anhelo, hizo de la furia su cábala y del movimiento un frente. 

 

Cruje el vacío.

 

Y no escupen la Biblia, siguen matando al enemigo, no hay mejilla que ofrecer. La estatua de sal sirve para juegos cerca del mar. La lengua navega sobre el sepulcro, ilumina la creciente, sale entre los litigios, la travesía está entre los acantilados y los sortilegios del alba.

 

La espera enterró su mito, la grieta dejó de soñar la unción, el frenesí liberó la promesa. ¿Quién se sumerge en la palabra?

 

Mi padre parece el sueño de un roble erguido sobre el bastión de su leyenda. Tantas veces he visto su barbilla hundida en la ventana tan igual a los años en su bastón.

 

Cuantas veces lo he mirado desde lejos, el autobús pasa justo en su calle, su casa remonta lagunas de una cuna tan igual a su silencio y risa. Siempre tengo la sensación que vive el sobrecogimiento interior de un pueblo.

 

Su generación que apellida pareciera encerrada en la hacienda y las fatigas del abuelo que jamás volvió a pisar una ciudad. La tercera generación rasgó la línea de los primogénitos, ninguno devolvió a la escritura su imagen, tampoco redimieron el libro de las filiaciones. A la cuarta generación le tocó navegar el incesto estacionado en un cantón.

 

Nada puedo añadir a él, habita el enigma de su nombre. Mi lugar una generación del pase. Las madres iniciaron la jornada del atajo, la hechura del sueño se abrió como sexo pariendo. El Dios de mi padre se parece tanto a una mujer extraña.

 

Buscan los descendientes su imagen entre los huéspedes de esta quimera. Sus amores vividos han fecundado el útero de la muerte. Sus hijos son la generación del desenlace. La infancia arrancó a otro distrito, otros golpes acaecieron a los herederos.  El padre concluyó su imperativo.

 

¿En cuál cementerio reposará el nombre del principio que engendró el génesis del símbolo?

 

Consumado el asentamiento del linaje el antepasado desistió, canceló una deuda que no era suya. Dejó de estar atrapado sobre el terreno de las conmemoraciones el designio del fulgor.  De uno en uno los mortales impulsan la embestida de sus atestiguamientos.  Nupcias a la vida. Palabra y muerte.

 

Los convivientes del otro orden se dan citas precipitadas al finito. Pactan nuevas sangres. Aliadas las filiaciones a los lugares de otros orígenes. La estancia está vacía.

 

En el libro del escudo yacen incrustados los iniciadores, y, entre ellos, está aquel que se pregunta ¿quién ere su amante acaso la muerte?

 

El suscrito soltó los restos coronó la muerte con amores. Prefijos de olvidos exhalan el drama de una alianza. En la palabra padre hay un espacio de resina y urna. -Él un caos perfecto-

 

Llevo su sangre como pacto con el infierno, llevo su ternura como Cristo besando los pies de Magdalena, llevo su nombre como salvaje recogiendo la luz en la roca grabada. Su ausencia la cubro con parábolas. Hecho incienso en sus pasos.

 

Mi origen desemboca en la angustia divina: estoy sola. Habitación 110, 4 de agosto de 1997. 8:10 p.m.

 

Tallo en la luna el movimiento del caos. Someto la muerte a la belleza del nacimiento. El se acabó, no vi su muerte, no quise recibirla. Su angustia era como un hijo desterrado del vientre del deseo.

 

Cuánto quería calmarte quitarte de ese trecho, de tu sufrimiento sólo tu sabes, no estuve en tu pellejo, tu aliento desesperado luchaba sin tregua.

 

Recibía tu miedo que era mi impotencia, te abrazaba para apaciguar eso que sentías, nos quedábamos quietos con las manos juntas. Cómo aparecía tu dolor de no separarte mi vehemente y tierno, incapaz de odio ni rencor, cómo hubiera querido que te fueras sin la lucidez del último paso para que no pidas no te dejen morir. Cógeme dijiste como si fueras un niño te quedaste en los brazos de Mercedes, tu cabeza cayó en su pecho.

 

Tuve desolación verte ese instante, sentí furia, y un ahogo que me quitaba el aliento de no poder hacer nada, de enfrentarme con tu cadáver, de ya no escucharte.  No sé si era soberbia o egoísmo, quizás si lo sé, tu certeza inconfundible, tu presencia de patriarca, el hombre que conocí con su orgullo y fragilidad.

 

Un humano especial en el redil de mi historia.  Aquel que puso el espermatozoide en el óvulo de mi madre, exacto coito del engendramiento, yo tu hija atestiguo parte de esa alianza que construiste con ella. No tienes sustituto, fuiste solo tú.  Por eso la frialdad eterna no te pertenece ni a mí.

 

Me es inevitable pensar en tus gusanos que te están devorando. Imagino la putrefacción de tu cuerpo, su olor espantando la eternidad.  Menos mal que los buitres no llegan allí.

 

Ya no estás – ya no eres. Cayó tu acto. 

 

No hay próximo encuentro.  Tú sin mí yo sin ti. Aquí estoy escribiendo, ya no leerás mis  inéditos mi crítico y primer lector, te extraño. Amante padre me traicionaste, te fuiste con mi rival, siento el dolor del dolor, no tengo nada que juzgarte sangre de mí, echo tierra al vacío, escupo la nada, me lamento como nunca, lloro sin más.

 

Que problema ser mortal, cómo duele esto, este dolor como que no fuera a acabarse. Tengo partida el alma, tengo un boquete en la palabra que tienes un lugar.

 

El arco iris está fragmentado en el universo de mi memoria.

 

Ausencia de ti soledad del silencio ahí. Dios nombrarte no basta en este momento. Siento un movimiento caído en la mudanza del verbo. El dolor es una forma de no  morir.

 

Salgo del panteón y de la oscuridad, me alejo de la lápida, siento una tristeza profunda.  Te llevo como secreto. Le doy giro a mí ser, me encuentro otra: me enfrento. Veo en mi rostro la huella de la pérdida. Me visto de luto. 

 

Por no sé qué tiempo busco su rastro. Ni su sombra -disgrego- alguna vez pensé en el suicidio, no soy capaz,  me alejo de la melancolía, sepulto la idea que se cruza, qué duro sin ti, impongo mi presencia.  Te guardo dentro.

 

Mi deseo dispone de la eternidad que no soporto, tonterías de la razón magia del cómico. Para no estar extraviada en tu imagen hago toques de poesía.  Danza dentro de mis dudas como hada infantil. Siempre me faltó algo quede ahí. Me quiero liberar de mí pero en el fondo no. “Me quedo conmigo”.

 

Muerte carencia del deseo, espectro del abismo, yo de otro, resto del ser. Yo: no soy otro. Estoy libre de tu muerte. No te debo nada padre sólo te amé.

 

Alguna vez me contaste que cuando tu mujer nacía tu historia había empezado, otras lunas coqueteaban y sollozaban. No sabías qué pasaba estabas alucinado con tu deseo, pusiste sembríos en otra tierra, crecieron como girasoles desafiando al sol. 

 

Te asustaste,  huiste a otro sitio, ibas como siempre traje blanco nítido con tu cigarro infaltable, tu sombrero, el bastón fue después, estabas bello, no entendías el movimiento, la gente se encaminaba a un lugar.

 

Quiso el pueblo detenerte, peleaste como ebrio con el fantasma, oíste el cadáver anunciado por las campanas de la iglesia, te acercaste siguiendo a los otros, te encontraste con la casa de tu amigo, el difunto pertenecía a su familia. 

 

Se acompañaron hombro a hombro, medio dormido te quedaste, entre trago puro y la vida seguían llegando los conocidos. En el féretro estaba la matrona, mama tomasa la llamaban, era de riendas firmes, respetada y querida.

 

Un muerto no se va así no más.

 

Sacudiendo la borrachera del vacío pensaste un café para sacarte de encima la noche, buscaste pedírselo a quién, era un revuelto todo ese rato, por aquí por acá el cruce humano.

 

 – Ese día estaba hecho para ti –

 

Diste vuelta a tu pisada, te acercaste a la joven, le preguntaste quién eres, apenas los pezones le asomaban bajo la blusa, ni gota de maquillaje, el pelo recogido, vestido ceñido a la cintura, parecía una hermosa garza. Te  contestó, -soy la hija de Martínez-, casi refregándote los ojos, abriste la boca bien grande, ¿dónde te tenía escondida?

 

Te quedaste mudo, sacaste tu pucho y lo prendiste, de reojo y de frente siguiéndola, te trajo la taza caliente, la detienes, y como si la conocieras hace mucho tiempo, como si se tratara de un pacto hecho a escondidas, como si ella sabía  de lo que se trataba como  si nada, casi seguro y con dejo de asentamiento la desafías y la posees con tus palabras inquisitivas, parecías un As de póker perdido en la soledad del jugador. 

 

No pensaste en el riesgo, te lanzaste al ruedo, no sabía qué hacer la muchacha, te siguió el juego, ninguno de los dos se retiró, se marcaron las miradas, se hirieron con el aguijón de los sueños cómplices. 

 

Él ya maduro corrido, ella apenas saliendo del parque de los juegos, no importó nada, la prendaste poco a poco, al tenerla tan cerca de ti sacas del bolsillo un escapulario, como si fuera una sentencia, muy serio sin pedir nada, sólo decidiendo sueltas la lengua…

 

 

Un día antes de ya no verte con la luz en tus ojos volviste a ese momento, como estrofa de pasillo susurraste tu declaración de hombre enamorado con dejo de amor como si tuvieses “el alma en los labios”. 

 

“Un detente del corazón de Jesús hizo el milagro al colocarlo alrededor de su cuello, le dije que lo usara junto a su corazón, que era el lugar donde quería estar ubicado desde ese momento para siempre”

 

Te escuché atentamente detenidamente, letra a letra, te besé,  te dije al oído, tú sí que la amas, sonrió dulcemente, como retornando como que no había pasado el tiempo como que estaba con ella ahí, como que no existía nadie más, como dos palomas en el tejado de una casa, como ellos únicamente.

3

 

Tus pequeños se vistieron de flores y conejos brincones hicieron con sus manitas figuritas a contraluz prestaron  colores  al arco iris para teñir ausencia, con un carboncillo te dibujaron todito, te envolvieron en algodón, tu cabeza la cubrieron con espuma de mar, tus pies los protegieron con rondas de calor para que no tengas frío.

 

Inquietos y curiosos desconfiaban del tiempo, vieron que una manecilla del reloj se había detenido cerca de la noche, decidieron buscarte con sus muñecos más queridos, bosquejaron un camino, lo iluminaron con palitos de fósforos para que no te pierdas, sembraron semillas mágicas a los bordes, en un cerrar de ojos habían crecido árboles increíbles donde los pajaritos saltaban cantaban anidaban y ensayaban revuelos como a ti te encanta verlos, lo que ellos querían no estés tristes ni solito ni encerrado en el silencio.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

A uno se le ocurrió poner la pipa en la sonrisa de la señora luna por si acaso  quieras fumar un poquito no más, hasta que decidas volver, te abrieron todos los túneles, quitaron todas las trampas, se pusieron de acuerdo con los relámpagos, hicieron callar los truenos, dejaron la lluvia encerrada en la nube.

 

Todos se sentaron en círculo,  escribieron con sus dedos sobre la tierra un canto que empezaba  más o menos así, con la á a la b a la c a la d hasta llegar a la p.

 

Había una vez  un pájaro carpintero que picaba en la madera  y sonaba así. Pepe Pepito Pepón ¿dónde estás? se fue una pe. Pepepé no puedo pronunciar. Pepepé asómate ya y si no puedes quiero estés en mis sueños siempre conmigo. Pepepé te quiero con p.  

 

Pepepé ¿dónde estás? Pepepé a la una a las dos ya no estás? Pepepé. Pepe tu nombre el más lindo. Pepe Pepito Pepón el juguetón. Pepepé, ahí no más, toca mi turno mi nombre ya, empiezo con p empiezo sin p, pepe no soy pero pepe también ¿quién soy?

 

En vista que nunca llegaste, ellos entendieron algo ocurrió ya que tu eras  recontra puntual, se pusieron un poco triste más que triste tristísimos. Todos cerraron sus ojos, unieron sus deditos y de una sola hicieron un florón con sus pensamientos todos anudados abrazaron tu corazón en un solo latido.

 

Una gotita de lluvia cayó sobre la semilla que uno de tus pequeños había guardado, no tienes idea como creció de un salto, era una rosa roja ¿sabes cual? la del cuento, se había salido de la página porque está aburrida que nadie la visita ni hablan de ella, la tenían completamente olvidada, solo su protector la riega, y ya los dos  de verse la cara  y lo mismo siempre los tiene ni para qué contar.

 

Los chiquitos oyeron  la historia e inmediatamente fueron a buscar al principito para darle a saber la melancolía de la flor, sabes el confesó también estar así dijo no tenía amigos, ni bien dicho esto no fue más. Entre todos armaron un jardín con toda la alegría con todas las adivinanzas con toda la gracia de la inocencia  formaron un riachuelo para que el agua del río de la ciudad llegue  suavecito  a las raíces de sus sueños.

 

De tanto trajín quedaron cansados ahora principitos todos se durmieron de  un solo golpe pidiendo no sin antes estés bien donde quiera te encuentres. Ángel de la guarda dulce  compañía no lo dejes solo ni de noche ni de día…

 

Pasaron las lunas y los soles, no se hablaba de ti, tu espacio estaba ahí, tu almohada  tu cigarro tu pijama  tu fosforera  tu anillo, todas tus cosas menos tu. Nosotros sin ti. Sospechamos que algo había pasado, algo que duele  más que una sacada de muela, más que un rojo en la libreta, más que un coraje de papá y mamá, más que el mismo miedo al cuco.

 

Uno de los nuestros el mayor del clan soltó sin ton ni son que el abuelito  jamás iba a volver  a estar en casa porque la muerte  se lo llevó, nos apretujamos juntitos, no la conocíamos. Nos la imaginamos  como una bruja como una noche sin estrellas como una tierra sin habitantes como un monstruo quitándonos la imaginación. 

 

Era más que pena era dolor inmenso esto de estar sin ti de no poder olvidarte de no poder besarte de no poder abrazarte de no poder jugar contigo de no poder tenerte cerca. 

 

Sabes abuelito, creemos saber lo que te pasó, tenemos nuestra sospecha, y te la queremos  realmente contar, espero la lea alguna vez.

 

 Un día cogiste calladito y despacito la puerta de la calle saliste sin que nadie te viera ¿por qué? porque estabas muy cansado de esperar tu turno de ser ángel, no nos querías cerca porque no íbamos a entender tu nuevo estado y nos íbamos a preocupar, por eso te fuiste a esconder donde nunca pudiéramos llegar.

 

Tengo entendido que allí están todos los que parten de este mundo, es un secreto ese lugar ¿tendrás alas ya?

 

 

 

4

El hombre atrás,  la cortina se recoge, el niño anuda el drama, se amontona en el retablo el argumento, los aliados hacen coro, agitan sus fantasías, el eslabón no se detiene, el deslizamiento agarra los repartos, todos cómplices, fragmentos del papel por todo lado.

 

La ficción a la par del personaje, sacan desnudo a Narciso, mofan del fantasma, persiguen el grito, le hacen morisquetas al espejo, a cada rato cambian el acto, el tótem juega con ellos,  al crimen le hacen cosquillas, a la serpiente le hacen bromas, juegan a caballo con el instinto, sacan al sueño de la cámara, le lavan la cara a las imágenes, al brujo le hacen agachar la cabeza, y que beba su poción.

Se cansaron de jugar con Dios a la escondida, nunca hay como agarrarlo, todos juntos le dicen tramposo déjate ver ahora o nunca, empezamos a contar hasta diez si no apareces …

 

Los niños recrean sus escondidas, ordenan al fantasma cada encuentro corren tras el perseguidor no se dejan coger, entre ellos se reparten la consigna, la ronda de la inocencia una y otra vez, las lunas cambian las sombras crecen, otras manos se agarran y todo empieza otra vez.

 

Los bufones entran, escenas de amores y mitos, los ropajes del episodio marcan, hacen del miedo la pirueta de lo extraño, la actuación es aclamada.

 

Acogen la repetición. Correteaderas por todas partes, embrujan a la muerte, le hacen castillo de colores al rito pagano, le sacan la lengua a la cruz, sus pasiones la ponen en garabatos, el episodio de la arcilla bajo el soplo de los niños.  El adiestrador se esconde tras el padre, al niño jesús lo pusieron en andador, expulsaron al ángel del espanto, al diablo lo bañaron porque tenía mucho calor, al cielo y la tierra lo vistieron de plastilina.

 

Los pequeños saben lo que hacen no necesitaron ir a El, ellos mismos hicieron el génesis de sus días y del primero también, no necesitaron de siete largos días para hacer a los animales, las plantas, las cosas, porque bastaba una palabra…

 

Los mandamientos no existen en el mundo de ellos.  En el nombre del Deseo: el mundo los humanos y la muerte.

 

La batalla del júbilo los rodea.

 

Recrean la hazaña, hacen del absurdo una comedia, juegan a la rayuela cuando tienen dudas enfrentan la angustia en el teatrín del lenguaje, a imagen y semejanza la diferencia y el espejo, hacen el cuento de los cuentos.

 

Sus palabras juegan a que juegan.

 

Los niños dormidos entre los juguetes, un juego yace en la boca, la culpa vestida de payaso hace de la luna una pandereta, mientras las estrellas ensayan,  el sol con sus rayos de violoncelo entona  pestañas del mar, la marejada rebota ante los castillos de arena.

 

El miedo se hizo añicos con la risa, la imagen del mundo la hunden  en el acoso de la hormiga, todos juntos van donde las ranas que huyen de las hojas del tiempo.   Un trinar los lleva a la estación  de la ternura y la fábula.

 

Un olor a nacimiento deja escapar la inocencia, mientras los niños corren juntos con el sepulturero de estas tierras.

 

Mi padre y dios  un rasgo cercano al monologo. Mi grito una incógnita del incesto.  Configuro mi nombre en la identidad con la muerte.  Divago en la primicia del ilusionista.  Mi exclamación un resto de la infancia.  -los instantes son mi posteridad- 

 

Entregada a la confesión del cuerpo.

 

HANS CHRISTIAN ANDERSEN EN SUS 200 AÑOS, por carmen váscones diciembre 15, 2008

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(Dinamarca. Nace en Odense el 2 de abril de 1805 y muere en Copenhague el 4 de agosto de 1875) . Escribió más de 150 cuentos, publicó su primer librillo de cuento “Cuentos de hadas contados para niños”, 1835 ;su obra autobiográficas, “el libro de la vida”, 1833, “El cuento de Hadas de mi vida sin ficcioness” 1847, “El cuento de Hadas de mi vida”,  1858; uno de sus mejores libros de viaje “el bazar de un poeta”, 1842,otros, “Visita en Portugal” 1866, “En Suecia”, 185, “En españa”, 1862-631 “ , 1842 escribió pocas novelas entre ellas está su primera novela “ El imprivisador”, 1835, “Tan solo un ministril”, 1837, “Solo un músico” 1837, , “Las dos baronesas”, “Ser o no ser”, 1857 “Pedro el Afortunado” 1870; Aparecen sus últimos cuentos entre ellos “La llave del portal, y “La tía dolores de muela”, 1872. A partir de 1858 adquirió la costumbre de narrar de su propia voz los cuentos que lo volvieron famoso.  Sus cuentos y autobiografías han sido traducidos a casi todos los idiomas, llevados al escenario del cine y del teatro.  Su voz se hizo universo de la infancia, cambió los códigos de la literatura infantil, hizo los propios.  Murió en la casa llamada Rolighed quinta de sus amigos Melchior, cerca de Copenhague donde está enterrado.

UN ACERCAMIENTO AL INMORTAL ANDERSEN

I

Hace 200 años nace el hombre que reconcilia la magia con la realidad: su fantasía, esplendor del decir; cuento y poesía en el tocador de los labios de la palabra habitante de la imaginación. La orfandad en su pubertad no eliminó el campo de sus sueños aún a pesar de que siempre sintió un algo carecía. Eso no disminuyó ni un ápice su mente creadora.

Muere su padre en 1816, este había sido enfermizo, lo había engendrado cuando tenía 22 años y su madre algunos años más que su marido. Apenas Hans Christian tiene once años ante esta primera pérdida, quedando inconcluso sus estudios, luego su madre lavandera, que “sabía hacer las cosas”, que era alcohólica y supersticiosa según los biógrafos esto último influyó en el “nerviosismo” del escritor, se hace de compromiso en 1819, Hans Christian se separa o huye  de su lado y se lanza a un encuentro propio. Ya a sus catorce años apenas toma un giro su historia, el jovencillo se va a probar suerte en Copenhague.

El hijo del zapatero remendón será el invitado de la vida. Es importante resaltar que su imaginación fue alentada por la indulgencia y tolerancia de sus progenitores, se hizo teatros y marionetas, representaba a sus autores favoritos, en el trayecto de su sendero quiso ser cantante de ópera, danzante, pero el camino no estaba por allí. Fue autodidacta, lector de Goethe, Schiller y Hoffmann sobre todo, ambiciona triunfar como dramaturgo, tampoco los éxitos estaban por ahí. Eso no desanima su aventura y  su propia búsqueda, pasa  3 años (1819 a1822) vagabundeando e investigando y boceteando sus propósitos y formaciones. De anotación entre anotaciones va entretejiendo y sacando sus producciones poéticas, epigramas, sus tonos interiores, sus impresiones de su ser itinerante.

El viajero se reporta así mismo, se autobiografía paso a paso.


En sus andares conoce a Jonas Collin que le ayuda para la obtención de una beca para sus estudios aunque esto no le atraía, igual concluye la escuela y termina el bachiller con la promesa de no escribir literatura mientras dura aquella formación, esto dura 6 años (l822 a 1830).

Entre 1833 a 1834 se lanza a su primer viaje al extranjero, y está recorriendo, Francia, Suiza, Alemania, Austria y principalmente Italia, en Roma es avisado de la muerte de su madre.  Punto aparte. Duelo, distancia y silencio.

II

Otro prólogo prepara para su nuevo nacimiento.

Dibuja y describe, boceto y reporte, ilustra y escribe.  Viaja, se impregna, se empapa, hace cartas, diario, se hace su propio cronista.  Su fantasía crea y elabora sus propios pensamientos.  Sus modelos literarios se rompen en sus propias experiencias, innova.  Su libertad de peregrino, de figurero, de experimentador, de contador, de dibujante le va dando formas propias,  va delineando su estilo, incursiona su retrato interior y su representación y reconocimiento de la vida en el escrito donde cuenta otra vez, una vez, había. Su composición es una contraposición entre sentidos y perspectivas.  Su voz ordena una sintaxis, crea una ortografía propia de hechos que se velan y desvelan entre trazos, plumas, carboncillos y manuscritos.  Pudores y rubores de arte, relatos y vidas sintiéndolas cerca y distantes como un paisaje entre bocetos, señales y otros puntos de resplandores y fulgor.

Y entre eso, un tú esquivo y silencioso del romántico apenas delineado sin llegar a ser ni estar en el lienzo, pero que se permutan y transforman en hadas, princesas y otros roles en la escena de la letra legible del Danes.

Se anticipa lo que va a llegar a ser, todavía no se daba a conocer como el escritor que iba a irrumpir,  más en  1835 se da en serio al público con  la novela “el improvisador” y cuentos de hadas para niños  que contenía “La caja de yesca “ y “la princesa y el guisante”, y algunas piezas teatrales, va apuntalando la verdadera historia de su vida.  En su memoria y psique queda una impresión sobre el hogar: “una melancólica soledad”, poblada de inquietudes.

Emigra como ave a las invitaciones de las estaciones que lo abrigaban y aquietaban por rato como “apreciado huésped”. Cual visitante inquieto de una felicidad añorada va recorriendo y transitando entre vistazos, anotaciones y reflexiones los caminos que explora. Se hizo amigo de otro grande de su época Charles Dickens, el realismo de este asentó precedente en las bases mentales del joven escritor Hans Christian, le crea un hilo interior que desmadeja el nudo pendiente entre cabos sueltos, inclinaciones y líneas de equilibrios y desequilibrios.

Conduce sobre los rieles que conllevan su fantasía y propias realidades.


Su estilo como escritor era parte de su agudo sentido de percepción, era inmutable e indolora su descripción, era un observador innato, tenía un espíritu artístico.  Se divertía de todo lo que creaba, parecía no sufrir con su imaginación, estaba impregnado de génesis.

Cuentan que hizo numerosos dibujos para divertir a los pequeños de sus amigos, es así como en el museo Andersen se pueden ver dibujos a lápices que representan figuras sacadas de la libre fantasía y escenas con figurillas que pareen porvenir de sueños.  Su perspectiva era un espacio ocular que unía los sentidos, dejándolos salir sin represión ni censura.  En la creación no pensaba, sus ideas actuaban en el papel y en sus cuentos orales que contaba en las reuniones con sus amigos.  El pensamiento y la fantasía eran uno, a la vez y simultáneamente eran apresados en la expresión que era el espacio creativo, esto era el estilo de contar  del ser del escritor. Su talento era un pleno de siluetas, plumillas, relatos y palabras describiéndose así mismas. “Impresión gráfica”, gesto y ritmo de líneas, diseños sensoriales y sensitivos, firmeza y fuerza en el pulso, certeza y confianza, exuberancia y color que se  desplaza entre dibujo y palabras.

Anderson recortaba imagen sacada de su creatividad, ilustraba sus relatos, el mismo hacía sus dibujos.  Era el dios, padre nuestro de sus figurillas de papel, bueno en esa época el arte de la silueta era un uso corriente y a diario.  Hacía figuras, trazos, bocetos de sus fantasía y observaciones poéticas, retrataba e imprimía a sus personajes en el teatro de sus fecundaciones.  Ilustraba y dibujaba sus impresiones directamente recibidas por sus sentidos en tiempo presente, las tomaba con su flash perceptivo y directamente las pasaba al escrito hecho a mano o con crayón.  Estos dibujos, apuntes, descripciones eran referentes para sus escritos.  Sus diarios, sus reportes dejan constancia del viajero que fue.  “Todos sus escritos fueron el revivir lo antes visto”.  Su relación natural  con la vida libre de oficio y oficialidad deja sentir el impacto de su nexo con lo natural y la condición humana.

Nos deja un impacto, impresión y cortocircuito entre su escrito y la vida, luego entre el lector y la obra.  Handersen con su alma de poeta nos toca.  La obra acabada era su obra escrita, el dibujo una realidad y fantasía atrapada e impresa en el instante original de un tiempo donde fusiona eso de vivir la imagen y la palabra como una en uno.

El viajero, paisajista y noticiero deja saber en sus cuento Tía dolor de muelas que “a menudo yendo por las calles de la ciudad, me parece como si anduviese por el interior de una gran biblioteca, las casa son estanterías de los libros y cada piso es un anaquel.  Aquí hay una historia cotidiana, allá una buena comedia, …acullá literatura buena o de pacotilla.  Y puedo fantasear y filosofar sobre todos esos libros”

El hijo del zapatero remendón, es el invitado de la vida. No fue hijo de “cuna” noble, tampoco necesitó este detalle social para tener luz propia.  Él cultivó su talento, sus méritos los ganó con el sudor de su frente.


Fue su padre, Hans Andersen, culto, ateo, liberal pensador reducido a la pobreza, quién sabe por qué, se sabe se hizo de oficio de zapatero sin importarle el que dirán, era parte del gremio en su pueblo de artesanos, la necesidad y supervivencia van de la mano, entre cosida, aguja y piola, al pequeño Hans le leía cuentos de las mil y una noche, este contar le alimentaba la imaginación, y también se dio tiempo para hacerle un teatro mecánico a su único hijo, el chiquilín tenía de juguete un títere  al que le confeccionaba diferentes vestuarios con sus propios manitas, y le armaba historias van y vienen.

Su madre Anne Marie Andersdatter, fue limosnera en su infancia, sin estudios, después, dedicada al oficio de lavandera de las familias del pueblo, siempre de tarea en tarea, tenía que trabajar para el sustento, dicen tuvo una hija antes que Hans que la criaba la abuela materna, ¡hum!.  Era fanática religiosa que lindaba con la superstición, la expiación, escondía en el alcohol su trajín, desde temprana edad luchó la vida para que no se le vaya del cuerpo,  había sido demasiado real y duro.  Quizás ella le transmitió a Andersen, que la virtud y la inmortalidad es un don dado por Dios, y que si llevaba un camino decente la divina providencia le tendría “planes determinados”. De ese árbol genealógico de esta familia se tiene pocos datos, es posible que en la tierra madre del escritor se tenga más información.

Los tres vivían y dormían en un espacio muy reducido de una pequeña habitación. Cuando Hans nace su madre tiene algunos tantos años más que su marido y  su padre tiene apenas 22 años y según recopiladores de restos de rumores y escarbadas han encontrado que en el inicio del hogar incipiente la cuna para el recién llegado  fue hecha por su joven padre de las sobras del túmulo de un féretro. A los 33 años fallece su progenitor, el púber estaba con 1l años y tuvo que dejar de asistir a la escuela, antes las urgencias del sustento, entra a trabajar a una fábrica, pero inexperto, inhábil, sin fuerza física, debilucho, ensoñador,  pensando en cómo convertir lo aparente en real y cómo a lo real darle una realidad que pareciera y diera impresiones creíblemente increíbles. No daba más de lo exigido a los obreros.  Asimismo, fue convenciéndose que era lo que no era, en ese “ser o no ser”.

Será y no será.

Esta meditación y reflexión de paseante interno fue un habla que le iba revelando quién era. La misma que le  puso a desandar y andar las reglas filiales y sociales, los legados transmitidos por sus progenitores los depurará, discutirá con Dios, sensualizará el paraíso, hizo añicos el espejo para que cada uno lleve enterrada la mirada en el desencuentro con lo inmortal, contradictorio, juega con el alma, la frota en su cerebro, la corona con soledad, deshollina la tristeza como ofreciendo fósforos encendidos a la sombra para acompañarla.

Deshilvana lo justo e injusto, Corona el vacío. Cuando se creía feliz “quería apretar a Dios contra su corazón”.  Cuando carecía de alma como Ariel despeñaba la conquista: desvanecer lo mortal  como la espuma, a menos que “conquisten el amor de un ser humano”…


“Su vida eterna depende del poder del otro”

Hizo para sí, un creador sin tiranía, sin corona, sin estado, se apoyó en el maestro Jesús, lo hizo a su modo su modelo, los clavos y los silicios, son sutiles incones que dejan ver los orificios de la miseria en la esclavitud de una corona que aprieta hasta hacer sangrar el deseo, está vetada la codicia, la semejanza, está prohibido soñar.  La opción: la muerte, el vía crucis o la mutilación para liberarse de la tentación o de la opresión del rechazo.  Léase, “Los zapatitos rojos”,  “La sirena”, “La pequeña vendedora de los
Fósforos”.

La vida un sueño imposible menos en la imaginación ni en la resurrección del personaje.

La creación nos devuelve del había una vez, a un hubiese sido, a un es posible todavía otra cosa, ya que el misterio de la muerte nos pone a raja tabla a tocar la vida con pasión y compasión a pesar de la descompensación.

Actúa como guiador de los niños que los deja acercarse, y la naturaleza era la iglesia de todos.  Por lo tanto no tuvo que ahuyentarse de su propia vida. Él traduce fuerza y poder como uno solo.  Saca de su debilidad la fortaleza. Se expía, comulga con la fantasía, el infierno arde en sus escritos que no se hacen cenizas: sus confesiones.

Saca a la luz el paraíso y el infierno dentro de la imagen. Juega al soldado sin matar, sin ir a la guerra. Describe el juego cruel del humano con la naturaleza y las especies.

Hace entrar al ave fénix al paraíso,  Desnuda el espíritu pagano del ser, los desnuda, lo hace ver su incumplimiento: promete lo que no cumple.    El paraíso está cargado de sensualidad: sin remordimiento y vacilación lo humano se goza divinamente.  La caída: no hay salvación para la codicia eterna y mundana.  La marca del placer sujeta a la muerte: el acto prohibido, llama eterna.

Avanzar es vivir, caer es morir.

El verdadero poder no es humano, es divino, y el que usan los mortales es innoble por sus abusos, este poder derrumba la creación, será acaso esto la tesis,  la teoría, la filosofía y la ciencia  del alma del poeta narrador.

El rompecabezas de la eternidad: la razón que crea.  Lo mortal goza el cuerpo que ansía inventarse una vida propia. Dentro del silencio de la vida también el de la muerte.

III

En sus inicios de muchacho trabajador todavía niño, distraía a los compañeros con sus comentarios y se convertía en hazme reír; su fantasía se imponía y su inconformidad a la rutina lo distraían. Se escabullía de la pobreza desalmada y sin “esperanza”.  Su modo de ser será quién edifique su “natural modo de andar ante la vida” Entrando a su adolescencia se construye un pequeño teatro de marionetas y se dedica a representar las obras que pudiese conseguir, tales como de Ludving Holberg, Shakespeare.


Soñaba en el tablado y las tarimas, capítulos y epílogos.  El camino lo va haciendo sin todavía enterrarse exactamente.  Su madre vuelve a casarse, en 1819,  casi desolado y abandonado así mismo. Y qué ocurre cuando su madre se hace de segundas nupcias, algo se hace incompatible entre los dos.  Hay otro que no es sangre de su sangre, hay una nueva situación que no aguanta, que lo envía a que no permanezca a su lado y  huye, a sus 14 años decide probar suerte, toma  rumbo y se dirige a Copenhague. Allí conocerá al que  ocupará un sitial importante en su sendero, cuando se hace amigo de Collins le da un lugar  especial casi de padre sustituto, se deja guiar.

En su imperativo interior lo atosigaba: el teatro, ser director,  actor, cantante de ópera, danzante.  Tenia delante sus narices  el porvenir pero se buscaba al otro lado del  espejo porque todavía no podía verse.  Quería algo diferente, portaba el misterio a develarse en su ser andante y viajante.  Era un curioso, todo le llamaba la atención. Esto no aminora su audacia de lanzarse al ruedo de su propia vida.  Se marcha con una recomendación para ser bailarín del Teatro Real, conoce músicos, se hace de amigos que le van abriendo pistas y contactos, busca oficio y no le va bien.

En el andar conoce al Poeta Guldber: le recomendó estudiar gramática, cabe señalar que la ortografía eran puntos débiles en sus escritos, un cortejo de faltas, rosarios rotos de palabras inentendibles y deberes nunca hechos, y una pereza para las planas aburridas del aprendizaje de repite, copia y lee, y sigue. Tenía aversión a los estudios, fueron momentos amargos y sombríos pero  ni modo, necesarios e indispensables. Lo autodidacto era insuficiente.  Tenía que probar a los letrados e intelectuales su saber. Cuentan sus biografías e investigadores que “su sistema nervioso fue altamente sensible durante toda su vida, tenía aflicciones, flojedad, dolores de cabeza, mareos, depresiones, y se impresionaba con facilidad.  Su fuerza mental imperiosa no espera lo lanza, lo agota, lo reenvía a no cesar. Tenía que competir consigo mismo.  entretelones, sube y baja la cortina, otra función, se abren las puertas.

Siempre tiene que haber un suceso parecido al milagro,  conoce al Director del Teatro Real, Jonas Collins, “su autentico benefactor”, lo apoya para que estudie en el Colegio Slagelseé, tenía 19 años y sus compañeros de curso l0,  esto de ser un grandulón, reflaco, desgarbado, con apariencia de feo y facha  de pobre es una   experiencia de las más duras.  Pero el que la sigue la consigue, cumplió consigo y la promesa De no distraerse escribiendo poesía y cuento a su filántropo y amigo, pero eso queda en el reservorio de sus tesoros guardados, y de los escuchas imaginarios o desperdigados en la realidad. Los niños pueden ser terriblemente crueles con sus burlas, qué no más habrá pasado en esas aulas, es posible que el para controlar ese mundito en efervescencia de los otros y el propio se dedicaba a llamar la atención como si nada contando relatos, su palabra, era su arma e instrumento y carta de presentación, domaba al espejo con su humor impíamente divino.

Luego Collins lo introduce en la “elite cultural” de Copenhague, entra a la universidad en 1928 y publica su primer libro el 1930 a los 25 años, ya era para entonces un poeta resonado, publicado varios cuentos, lo que no dejará de hacer en su vida.


A veces su exceso de vivacidad e ingenio era sospechoso, de pronto era el velo de sus ratos de abandono total, de duda y confrontación con su nada y vacío “estoy a punto de abandonarte a Ti, a quien debiera agarrarme con la fe de un niño” o esto otro “es extraño que en momentos de angustia y sufrimiento no me sea posible a Dios”, rebeldía, falta de humildad y desasosiego, e incluso la desaparición del cuerpo ante la muerte lo ve como una infelicidad, no dejarse morir es la apuesta con la vida que cada ser humano se la juega, el truco está, con qué artificio se sostiene este “talón de Aquiles”.

IV

En el Danés el humor, la “fina ironía” y lo excéntrico de su ser, es un modus vivendus, tenía que hacerle quite a ese remezón y vértigo depositado en alguna parte, que de vez en cuando supuraba. Siempre tenía anécdotas y algo divertido que contar.  Le gustaba viajar, recorrió Europa,  es Italia la que le hace engendrar su primera novela “El improvisador”, que aparece en 1835, con pocas ventas, pero mucha producción y publicaciones.  Viajar era un placer aun en condiciones difíciles, otro largo trayecto fue de 1840 a 1841, entre mar y tierra se cosecha el libro de viaje más aplaudido “el bazar de un poeta”, en el que  narra su experiencia.  Ya es un consolidado escritor, un personaje nacional e internacional de  la escritura, aspiraba convertirse en novelista y dramaturgo.

Su literatura infantil, tenía  humor, caos, ironía y dosis de una mil unas noches. A la moral le quitó la máscara, su prosa leve y popular llegaba directa, sus temas eran singularmente universales.  La leyenda, lo popular, los mitos, viajes y autobiografía eran sus referentes. Andersen Jr.   Nunca repudió, ni negó sus orígenes, tuvo orgullo de su sangre, no sintió vergüenza del oficio “humilde” de sus padres, ni del apellido que portaba, no se lo cambió. Más claro, no necesitó cuna de oro ni moneda constante y sonante  para ser alguien y hacer algo.  Sus méritos son sus escudos de honor y triunfo. La nobleza, para Andersen era “la bondad de la naturaleza humana” y este es el rasgo que debe rescatar el poeta”.

La naturaleza y las vivencias eran su arte y su género masculino y femenino graficando la voz narrativa y poética.  Y como resultado la escritura  oral, su trinidad, tú , ella y yo, o imagen, palabra y ella en mí.    Esto es como decir que en su creación el principio fue la imagen lecho del verbo, hecho uno en el cuerpo de ella: la escritura, dentro de la voz de Andersen.  Era ateo por gracia divina, sin ave concebida, sin hágase tu voluntad, sin he aquí la esclava del señor.

El poder de la  palabra de un hijo  sin descendencia y sin misterio concebido.

Contraposición de los sucesos del cuento y de las escenas. Relatar la historia no es lo mismo que contar la historia, y ésta última hacerla un cuento de vida y obra a saber la vida, de un cuento con hadas y de vidas sin mujeres en ese “cuento de hadas de hadas de mi vida sin ficciones” que el escritor refiere.

No se dejó morir en su alma cargada de fantasías, ella: nido de gracia y de creación.


Su hogar un sitio anhelado, más tarde será “una melancólica soledad” poblada de inquietudes, que lo hace emigrar como ave a las invitaciones de las estaciones para que lo abriguen y aquieten por rato como “apreciado huésped”.   El espectador excepcional, el hombre de ventura, alargó la vida sacándola del anonimato, creó una compañía de carne y hueso en la memoria. Su puesto como escritor una acción inagotable de ocurrencias y de genialidad. Andersen torneó su propia leyenda y mito, le puso suela de palabras a los andares del lenguaje.

Calzó el tiempo con magia, dibujos, historias, poesías y virtudes. El no fue hijo de la apariencia, él siguió y anotó la huella del nudo filial y social. Trabajó su pedazo de curtiembre,  la cosió en la idea para no olvidar su origen. Esa herencia, la cosió no como un remiendo ni añadido, sino que lo llevó al inventó y reponer la falta con creación y arte. Su propia carencia fue el motor de su génesis mental. Entresacaba los argumentos, perfiles de otras huellas y pisadas propias, se apropiaba de un lado y otro lado de los tejidos sociales.  No desperdiciaba ni un trocito del cuero transmitido en la memoria.  Su escritura superó al oficio de sus  padres, el remendón y la lavandera fueron sus personajes hecho uno.  Les dio un espacio y lugar en el tiempo.

En su cráneo dio volteretas a la razón, a los hechos, alargó la vida antes de que se conviertan en olvidos. Sus compañías, público, y director compartieron las venturas y desventuras.  Todos juntos  fueron su mundo y el de los otros, no los redujo a un oficio, ni función, cada uno cuenta por contar.  Cada historia es importante, son breves, se hilvanan al antojo y según le parece al dios de la palabra.  Su requisito para la actuación eran los defectos y virtudes ya que todo enseña y llega a ser algo, hasta la cosa aparentemente más insignificante.

V

La condición de la fortaleza humana es su poder de uso, su don y sabiduría que  no tiene nada que ver con la pedantería, sobradas  y falsos orgullos, ni siquiera con títulos, oficios, profesiones enmarcados. Tiene que ver esta condición con lo simple y sencillo de una “gracia concedida”. Los actuantes dejan ver en su deseo al Dios y a la bestia que portan, sus caminos envueltos y a desenrollar,  dan cuenta de la mascarada y el disfraz, ponen al descubierto la miseria y la felicidad del vecino. Son los protagonistas principales junto con otros actores interpretando sus propias vidas y representando el porvenir desoculto, original versus “una copia extraña del propio yo”, donde el animal que habita en cada uno sale como “una figura orgullosa” con el peso de la vanidad a cuesta que poco a poco se hace polvo.

En su cuento del “Humor” dice cuando “alguno de mis amigos o de mis no amigos se pasan de la raya conmigo, me voy allí, -hace referencia al cementerio- busco un buen trozo de césped y se lo consagro a él o a ella, a quien sea que quiero enterrar y lo entierro enseguida…” Al fin y al cabo es una sola vida la que se carga, y si hay que aliviarle o quitarle peso hay que tener licencia propia para desmontar de la memoria la estupidez humana y continuar. O esto otro en su cuento “El último día” “lo que de bueno hice en el mundo lo hice porque no supe hacerlo de otro modo, pero lo malo…eso sí que fue cosa mía”.


Y,  no obstante, la gracia llega como sorpresa inesperada a quién se concede un espacio sin tensión dentro de la hoguera del espejo.  La claridad de lo bienaventurado es inagotable, ¿trabajamos por ella? Eso nos los da a conocer nuestras acciones que lee y recibe mi desemejante. Al mundo que inmortalizó lo indagó, lo extrajo de la miseria humana, de lo bello; da a conocer sus modos de habitar y contradecir la existencia, los independizó de la marginalidad, y del vicio, los pone de igual a igual con los otros, el príncipe experimenta ser un porquerizo para ser amado; la princesa tiene que probar ser princesa sin saberlo; la sirenita que se enamora del humano y solo por saberse en ese otro cuerpo el de una mujer, género sin complemento hasta su vida la da en esa ley de la gravedad de la desigualdad humana,  y si precisamos el reconocimiento a ese lugar femenino cabe recordar que en la época que vivió Anderson se proclamó la igualdad  de la mujer frente al hombre. Sus héroes y heroínas son libres pensadores no derrotados, y se juegan su papeles frágiles o fuertes, cada uno tienen algo que decir, vivir, contar. A su pueblo natal los hizo cruzar al campo literario, ahí la frontera no era límite, allí reyes, emperadores, lacayos, plebeyos, burgueses y objetos son animados por sus diferencias, aberraciones, ambiciones, desprecios, incluida sus lealtades y deslealtades, y también sus gracias, desgracias y ternuras en ese decir del “dolor poético”, de ilusiones y desilusiones, de adivinaciones y divinamente concebida la palabra precisa concedida “como una melodía que uno conoce sin acertar a recordar de donde procede”. A los personajes, cual patriotas de la tierra inmortal iniciada en la palabra imperecedera de la vivacidad los hizo cruzar al escrito desde un relato con exposición oral, para que no sean un muerto sin historia, sin cuento sin moraleja, sin leyenda.  Les hizo que hablen por ellos mismos. Su campo de acción es la palabra y el verbo, puro principio de fuego y gravedad, prendía las ideas, agitaba su chispa con la espiral  de su “humor innato”, sin rodeos y sin pelos en la lengua, con su rapidez mental, con su aroma natural de impregnar su representación y presentación de la vida.

VI

Hace que el lector y la obra de él se hagan uno en otro, sin dejar de ser, pero algo cambia, conmueve, genera transforma.  Su estilo, la forma de concebir el personaje, la situación, el lugar, su descripción, el argumento, el sentido de los conceptos que intervienen depende de las “trajes” visibles e invisibles del escritor. Se expresa en la estación de su vivencia e invento, la experiencia propia, la vida diaria, los mitos incorporados, las leyendas populares, relatos orales.  Sus realidades, paisajes, y su ser viajero son los verbos de sus argumentos, ficciones y relatos. Se hizo persona, animal, cosa, lo que sea, dio magia, imágenes poéticas, sabiduría, anécdota, espíritu y animación a sus personajes y  hechos.  También, Dios, la oración y el misterio de la vida y de la muerte eran sus referentes.

El semejante y desemejante debe aprender a confiar, a veces la muerte es un alivio para la desesperación, a veces una oración es una calma para la soledad del alma, a veces la propia voluntad es una determinante para no quedarse inmóvil en el propio cuerpo.  Dios y la muerte mutan, transmutan, y permutan entre vacío y eternidades sin identidad.  Desmitifica el misterio, conversa con el silencio, siempre hay algo o alguien invisible que hace la voz de la conciencia en el alma incrédula, por falta de fe a si misma.


¿Qué es un ángel? Sino una infancia creyente y omnisciente, todopoderosa que cree y crea su propio milagro: deja que la vida vaya sin alejarse nunca, más tarde,  una forma de amortiguar la soledad o los miedos inexplicables en una dulce compañía que ruegue por uno de noche y de día hasta siempre, claro si tu quieres, y no te vuelves ateo de ti mismo. En el escenario de su creación no duda, actúa, refleja el espíritu humano, mundano y desnudo.  Los vicios son virtudes que enseñan, todo es aprovechado por su radar sensible, está atento a las minucias de las luchas de las fuerzas que contradicen, contrarían y se conllevan.

Andersen es el liberador del silencio, hizo de los remiendos un pueblo y un gremio, en su propia persona revelaba quién era y al que llevaba dentro de sí, él y su pueblo de paisanos, compatriotas y personajes advenían desde ese había una vez  de otras veces sin una vez pero que no dejaba ser una vez a contarse desde una “voz noble” la vida sin dejarse vencer, sin dejarse distorsionar, sin dejarse volver una historia sin hechos.  De lo ordinario y extraordinario nace  algo y alguien que llegó a ser contado, impreso, convertido en secreto y en papel, en registro de propiedad, en un acta.  En lo que tú quieras. Él en una de sus cartas de agradecimiento dice  “Todo hombre tiene su completa libertad de expresar sus propios pensamientos”, eso es en definitiva la verdadera de tarea de todo escritor.

Se hace un destino a través de su obra. Se siente como el agua todo lo conmueve, refiriéndose así mismo dice “todo se retrata en mi”, casi como un periodista sin quererlo, expresa de una manera rápida y sucinta la impresión recibida. Tiene una visión total a base de detalles.  Las virtudes hablan sin consejos y sin moral que enseñe.  Esos diálogos naturales sin estereotipos, sin poses, sin pretensión de inteligentes lo hacen ocupar el sitio de la eternidad, esta es, la sencillez de su maestría en ese escribir, dialogar, describir, contar y decir.  Ese cómo llega al otro, al lector, y como estar consigo mismo, como escritor, autor y ser ordinario como todos, aún siendo extraordinario, de estar siendo tocado por el reconocimiento y los efectos de saberse otro cerca y lejos de sí y de los demás, y a la vez sin dejar de ser el actuante, actor, narrador y trovador de la vida y de la imaginación sin actuarla, sino viviéndola, escenificándola y representándola. Las peripecias del mundo se cuentan así mismo.

VII

Nació en el taller de un zapatero y reivindica esta tarea, al fin y al cabo esto es humano. Su vida no fue historieta de almanaque. Andersen torneó su propia memoria, le puso suela de palabras a los andares del lenguaje. Calzó el tiempo con magia, dibujos, historias, poesías y virtudes. El no fue hijo de la apariencia, él siguió y anotó la huella del nudo filial y social. Trabajó su pedazo de curtiembre  la cosió en la idea para no olvidar su origen. Esa herencia, la hilvanó no como un remiendo ni añadido, sino que lo llevó al inventó y reponer la falta con creación y arte. Su propia carencia fue el motor de su génesis mental. Entresacaba los argumentos, perfiles de otras huellas y pisadas propia, se apropiaba de un lado y otro lado de los tejidos sociales.  No desperdiciaba ni un trocito del cuero transmitido en la memoria.


Su escritura superó al oficio de sus  padres, el remendón y la lavandera fueron sus personajes hecho uno.  Les dio un espacio y lugar en el tiempo.  Fueron su mundo y el de los otros, no los redujo a un oficio, eran la virtud y el habla. Sus personajes protagonistas principales junto con otros actores actuando sus propias obras y representando a otros con porvenir desoculto.  Los inmortalizó, los extrajo de la miseria para dar a conocer sus modos de habitar y contradecir la existencia, los independizó de la marginalidad, los pone de igual a igual con los otros.  Si revisamos a vuelo de pájaro algunos cuentos tenemos que, el príncipe se disfraza de porquerizo para experimentar ser amado como otro sabiendo que anhelaba ser aceptado como lo que era.

En el cuento la princesa y el guisante,  ella tiene que probar ser princesa sin saber que está siendo puesta a prueba su lugar de origen.  En cambio en la sirenita cuando se enamora del humano y solo por saberse en ese otro cuerpo el de una mujer, para ser aceptada se arriesga, se transmuta, pasa al género sin complemento, hasta su vida la da en esa ley de la gravedad de la desigualdad humana, rechaza ser lo que era y solo le espera la muerte.  Si precisamos el reconocimiento a ese lugar femenino cabe recordar que en la época que vivió Anderson se proclamó la igualdad  de la mujer frente al hombre. Entonces sus héroes y heroínas son libre pensadores no derrotados, donde cada uno tienen algo que decir, vivir, contar. A su pueblo natal los hizo cruzar al campo literario, los hizo cruzar al escrito para que no sean un muerto sin historia, sin cuento sin moraleja, sin leyenda.  Les hizo que hablen por ellos mismos.

Andersen es el liberador del silencio, hizo de los remiendos un pueblo y un gremio de artesanos donde había una vez  de otras veces sin una vez pero que no dejaba ser una vez a contarse desde una “voz noble” la vida de los plebeyos.  Él en una de sus cartas de agradecimiento dice  “Todo hombre tiene su completa libertad de expresar sus propios pensamientos”, eso es en definitiva la verdadera tarea de todo escritor.

Él empezó casi de la nada monetaria, más su remolino de fantasía bullía despaciosamente en el vórtice de su propia leyenda que se hacía; una vez quedado sin hogar constituido, desecho para él, se arriesgó a posicionarse y darse un lugar que no ubicaba pero que precisaba en el invento. Ni la frustración, ni el fracaso, ni la orfandad, ni la misma pobreza fueron obstáculos para la visión de lo que quería, siguió su propia pista, y se dejó apoyar, en su vida, Jonás Collin, que se hace  inseparable y amigo de toda su vida  se vuelve su ángel guardián y tutor, aparece en el momento justo y preciso, y supo darle la mano a Handersen, claro está, que no debemos pasar por alto su infancia a lado de sus padres, donde estos lo dejaron ser libre pensador y fantaseador, no lo censuraron, le acolitaron el juego con la imaginación, ese fue su pilar y su base, fue ese hogar que tuvo, que lo sostuvo fantásticamente. La imaginación será para siempre el condimento de su existencia.

Su aliento estaba investido de personajes y dibujos animados, que supo escuchar, allí, su voz interior nunca le falló, lo admitió siempre, no se dejó morir. En el desierto de la pobreza había el mendrugo faltante, pero sus sueños le hicieron rebatir la misma hambre, y eso que faltaba como  algo más,  era tarea de él, y de nadie más.


Él sostuvo el esbozo de su fantasía  en ese improvisar y permanecer en diario, libretos, más tarde libros imperecederos. El se tuvo paciencia, no desesperó ante la falta de reconocimiento a pesar de que le llegó pronto, como igual las críticas, en todos los tiempos eso es un suceso infaltable en el contexto de los letrados e iletrados intelectuales.

VIII

La literatura: su pasión que lo envolvió para siempre en la llama de la letra.

Entre deseos sensuales, angustia, dolor y batallas de sentimientos la intimidad del genio. Andersen se enfrentó al espejo, lo hizo triza, evitó alguna partícula le llegara a su corazón para que el poder de este no se le burlara, puso su imagen en su sitio, y al reflejo le hizo intimidarse en su propio destello.  Casi todo le llegó, menos el amor que lo dejó pasar, lo resguardó como un tesoro escondido en sus escritos y silencios. Es  así como al final  de su vida deja una “constancia inédita”, esa fundita de cuero con un hilillo colgada a su cuello y dentro de ella su mayor confidencia, su orgullo sin respuesta, luego retomaré este misterio para develar el nombre de la dueña de esa carta, por ahora hago puntos suspensivos, y bueno, ese detalle no cualquiera a la hora  de la hora sólo le concierne a él y a quién quería dejarle saber lo que quedó entre los dos, y  a nosotros nos envía a su obra maestra, otra cosa es que me ponga como psicóloga y eso implica tocar el ombligo de Hans Christian y saber más sobre su metáfora filial, pero hay que continuar.

Sigamos, escribió por el placer de contar, su voz un cuento bello.  El lector desnuda al escritor, así como el niño que dice lo que ve tal cual le llega sin disfraz y sin prejuicios.  Andersen era ese niño que veía lo que el otro no quería ver, ese es otro fundamento de su obra, ve lo que está allí.  La acción de sus obras, sea diario, cuento, dibujo, novela, deja escenificado el movimiento que llegó y no llegó a suceder pero que lo vivió él en su fantasía, imaginación y escritos, testimonia todo aquello que no llegó a ocurrir a pesar de que hubiese sido y no fue, o de que hubiera valido la pena de que fuese.

En su imagen lleva una cicatriz producida por una mirada sin piedad que lo fija en la huella sin retorno, en el recuerdo el aguijón, allí lo que sintió, “una sensualidad apasionada, que resiste”, que lo pone furioso, que lo hace desear abrazar, besar qué no, hasta declararse y escoger y pedir  ser recibido,  escribir cartas confusas, donde deja notar su duda sin “ofrecimientos” claros, o mejor dicho de defender su puesto, el que desea ocupar, el de novio y futuro marido, pero no sabe qué hacer para irse contra la apariencia de cómo se ve a cómo lo ven, a cómo lo quieren, o qué quiere él como hombre de una mujer.  Suya o de nadie, una frase romántica, el destino, época de mujeres con derecho de igualdad frente al hombre pero frente a las tradiciones y poderes patriarcales, la ley escrita es una, la de la acción es otra, irse contra la voluntad del nombre del padre, es drama y tragedia, ya lo dicen Romeo y Julieta.

Él metamorfoseado en un cisne majestuoso, al inicio de su vida bohemio, andante, romántico, solitario, tristón, sensible, enfermizo, no congraciado con su imagen, miedoso intrépido, ni amable, ni agradecido, ni lleno de paz, necesitado de presencias y hospitalidad, fue aclamado y celebrado su triunfo literario, pero…


“Siempre sufrió la falta de una mujer a su lado”. Su sangre ansiaba amor tanto como lo hace su corazón, escribió y alguna le contestó, otra ni se inmutó, igual las señales de sus trazos u rutas dejan resto de esas correspondencia, una de esas letras de la remitente fue encontrado en una bolsita de cuero colgada en el cuello de Andersen el día que lo encontraron muerto, dentro había una larga carta de juventud de Riborg Voigt, su gran amor de juventud. ¿Por qué dejó esa prenda a la vista de todos?

Lo no vivido y anhelado se mostraba igual que la muerte, ya no tenía que ocultarse de su secreto guardado, “su fidelidad a lo perdido” se volvía una evidencia irrefutable de su anhelo de lo que debía haber sucedido y no fue.   Solo tuvo la compañía de si mismo en el tiempo que se acortaba, al final de su vida se las arregló solo como siempre.  Pero nos queda sus diarios, sus restos de cartas, de que  el hombre se enamoró, sintió, declinó, pero eso de vivir su propio “hogar implicaba una mujer dentro de él y una familia que sostener  y un presupuesto que redondeaba toda una decisión, aquello fue postergándolo hasta convertirse en un solterón   La falta de un hogar y de una mujer que lo ame fueron su sufrimiento constante. Podría decirse que se encontró entre deseos sensuales, angustia, dolor, rehusar a la tentación, temor a flaquear, intercambios de dejos, silencios y miradas esperadas, de “sensualidad apasionada” contenida, de batallas de sentimientos que debaten la intimidad del genio Andersen  se enfrentó contra el amor que se reduce a cenizas. Lo anheló pero lo resistió, más lo volvió sublime: su creación una criatura afortunada donde habla con ella sin avergonzarse de la mirada, sin temor a mirar de frente y ser tocado por la pupila sin ser rechazado, sin tener que preguntarle al espejo si es o no el “patito feo”, ya que la respuesta está en ese  cisne que es su nombre: él  mismo.

IX

Más en su espacio interior una falta eterna: lo amado y la amada una intimidad no colmada. Acaso ese cántaro vacío creó un vicio: la escritura sin sucesora, sin rival sin amante, sin nadie.   Al final de su existencia, un remate, un cáncer hepático confabula dentro de él, se apropia de su cuerpo, esto le fue doloroso, agitado,  entresacó fuerzas de su debilidad, algo de calma, su memoria se refugió en momentos alegres, hasta que no pudo hacerle quite a la sombra que lo invadía, tenía 70 años el día de su muerte.  Fue por un instante duelo en la palabra, quizás todos sus personajes en ese momento salieron a recibirlo y lo envolvieron en la fábula del contador donde el se dejó encantar para dormir y descansar en el relato que no deja se deja escribir ni salir por la voz más hermosa para no perturbar el silencio del dios de la infancia.  Su vanidad infantil, su sentido de humor, “suave y feraz”, su lucidez, su fantasía desbordante lo protegieron como ser humano y escritor instalado en sus personajes de papel extraídos de la realidad.

La vida pasa de prisa, su hogar desecho de la infancia quedó atrás del telón de la literatura, la realidad de su historia entre invento y tinta, el escritor: huésped e invitado; y como hombre sus sentimientos eran un todo incompleto, fragmentos y suspensos de una “castidad erótica” desbordada en angustia, fragilidades y añoranzas repartidas en cuentos y conversaciones sin ediciones.


Acaso podemos decir que la realidad de su mundo es una historia incompleta , de retazos  de belleza y melancolía  dentro del secreto que guarda su corazón, esto es la debilidad de su deseo frente a lo femenino, su yo vulnerable habitante de la pasión, su eros se deslumbra del rubor. Busca una mujer natural para que acompañe su vida inteligible.

La idea del amor en Andersen es un sueño con un hogar posible de cohabitarse, casi como un cuento de hadas en la vida para que le calme su vida agitada e inigualable y sobre todo nada que ver que con la rutina del tiempo marcado con ritos, costumbres y exigencias que s e le hacían difíciles cumplirlas, había cierta comodidad y pereza frente al orden del deber, también había una incomprensión o dificultad para asumir el arte de ser esposo, padre y escritor a la vez, como que no se puede ser todo a la vez, ese temor de fallar, de faltar, de no cumplir, de fracasar.

No olvidemos que su hogar se acabó a la muerte  de su padre y vueltas nupcias de su madre, podemos decir que una desgracia trajo una dicha para la humanidad, que hubiese sido la otra vía como opción para Andersen, dejemos ahí esa elucubración, no viene al caso ni es ocasión para excavar.  Aquel viajero nada común de la fantasía y de la angustia era un incansable entusiasta del cuento de la vida en otras vidas, todas, cada una, recuerdo y relatos de dichas y no dichas sentidas, de declaraciones sin contestar, de varios rechazos, de pensamientos que hablan y de cuentos donde la heroína muere, canta, y todo contado con originalidad y simplicidad, casi como las relaciones de amigo que permitía continuar con las mujeres  de sus  fantasías.  Ellas toman papeles protagónicos, relevantes, son las actoras principales de los cuentos, se juegan hasta papel de salvadoras, también deja entrever su denuncia e inconformidad frente a la injusticia y pobreza, así tenemos el cuento de la pequeña vendedora de fósforo, nos describe detalladamente el escenario de la miseria y de la ilusión.

Salvar al personaje es hacerlo morir soñando un encuentro feliz en ese desenlace.

X

¿Qué decir de sus amores?  Él define a Eros como un niño travieso que hiere el corazón, y aconseja que hay estar “en guardia contra las tretas del amor” ya que siempre va detrás de la gente. Los amores  impublicables  en su piel le dolieron en su mundo inédito,  no los imprimió en la vida real, quizás, que quedaron como textos sin remitente y sin destinatario.  Quizás los metamorfoseo  en sus “personajas” inconmovibles al sentir…

Riborg Voigt, su primer amor de juventud, le dice NO.  No le queda más que convertirla en Hada, su objeto de honor, falta y orgullo, la convierte en su amiga para siempre, le dio su alma y pensamientos en su autobiografía “El cuento de hadas de mi vida”.  Ella se transforma en el Ave fénix dentro de su alma.  Se enfrentó contra el amor que se reduce a cenizas. Lo anheló pero lo resistió, más lo volvió sublime: su creación una criatura afortunada donde habla con ella sin avergonzarse de la mirada, sin temor a mirar de frente y ser tocado por la pupila sin ser rechazado, sin tener que preguntarle al espejo si es o no el “patito feo”, ya que la respuesta está en ese  cisne que es su nombre: él  mismo.


Esas hadas que se retratan en su ser, y en las confidencias de aquel viajero de la vida se quedan en el camino como un dibujo de siluetas en ese abrazo que tanto él anhelaba y deseaba sentir.  En fin solo tenemos sus cuentos para deleitarnos con sus personajes femeninos y ese resto real que devela su secreto, una carta de Riborg dentro de  una bolsita de cuero descansando sobre su pecho.  Pidió ser quemada la carta, pero esto no se cumplió, en el fondo y la superficie de su piel su deseo íntimo fue la contrario, se sepa, y esta mujer y hada a la vez se inmortaliza en esa lealtad consigo y “fidelidad a lo perdido”.

¿Qué hubiera sido de Andersen si consumaba la realización de sus anhelos?.

Como lectores nos hacemos egoístas, nos quedamos  con el cuento maravilloso de su obra y continuamos el ensayo de la creación y el génesis inacabado en el éxodo del cuerpo  y del rubor del paraíso.  Y aquí hay que hacer un apéndice frente aquel rumor de folletín donde otras lenguas cuestiona la opción sexual e identidad de Andersen, al decir que sus amores no eran ellas si no ellos, los hermanos.

Será acaso esto una calumnia, una difamación, una sospecha, una falsa pista, si nos vamos a su infancia, y según los datos recogidos él tenía un nexo de fascinación con su padre, hubo magia, complicidad, invento y cercanía afectiva, hasta era un padre joven para un niño talentoso, avivado por la frescura de ese progenitor para atender y saciar la fantasía. Por lo que podemos afirmar es que   hubo correspondencia con su progenitor en la infancia y de adulto no tuvo  lo mismo con las mujeres que se ilusionaba, hubo un desajuste de afectos. Acaso los hermanos de aquellas eran un paño de lágrima mudo, un amigo para estar cerca de ellas, solo ellos lo saben y lo que deja escrito en sus diarios y de lo que podemos entresacar  en “intríngulis” como él mismo lo dijo.

A este repasar del contador  sobre su vida íntima, no podemos hacerla un chisme, ni un cuchicheo, ni un noticiero, ni una comidilla su vida personal. Fue criado como hijo único, estudió con compañeros menores a él, a veces parecía un bufón, comediante, un solitario deseoso de compañía.   ¿Quién puede juzgar los amores consumados o no?

Entonces, el amor que sintió por Riborg, Louse, Sophie, Jenny se tradujeron en bellos cuentos de hadas y novelas llenas de ternuras y una dosis de amargura en la mariposa que no podía decidirse por ninguna de las flores hasta que fue demasiado tarde. No hay discriminación, ni desigualdad, ni debilidad femenina en sus personajes mujeres, pero si, hay una dosis de ironía frente al qué hacer de la mujer en su rol, tarea y función, hay situaciones  donde  el personaje   tiene  que liberarse de su  dominio egocéntrico.  O salvarse  de las manos de su autor si es que puede…

Encontrarle sentido a la inutilidad del oficio y del objeto reducido a cumplir “oficios” o tardes de tertulias, o dar a conocer la rutina de la pobreza en ese “saber hacer las cosas” y qué más.

Entonces ¿Qué decir de sus amores? Quizás, que fueron impublicables, porque no los imprimió en la vida real, quizás, que quedaron como textos inéditos sin remitente y sin destinatario.

Esas hadas o brujas, mujer a pesar de no ser el destino del deseo del hombre que traspasó la barrera del deseo: inmortalizarse en la vida de la historia de la creación. Ellas se retrataron en su ser, y en sus confidencias con aquel viajero de la vida se quedaban en el camino como un dibujo de siluetas en ese abrazo que tanto el anhelaba y deseaba sentir.  En fin solo tenemos sus cuentos para deleitarnos y sorprendernos con sus personajes femeninos en todos los roles que hablan y describen no sólo el desamor sino la realidad de la palabra femenina y masculina sometida al silencio de una libertad sin compensación.

Desmadeja el cuerpo femenino de sus encantos para dar a conocer su regodeo y fortalezas en el mundo de los opuestos, hombres y mujeres con sus propios  sometimientos a la hora de elegir al otro.

Si retomo el suspenso al inicio de este ensayo, y voy al día de su muerte lo veo solo, agonizando, quizás tocando, la bolsita de cuero con la carta dentro, sin poder decirle a la dueña de esas letras ni un  adiós, sin poder llamarla para hacerle saber su último secreto, sin poder abrazarse a  ella, para que lo haga sentirse acompañado, para que le sostenga la ilusión de una imagen de dos, y sin embargo deja esa evidencia de su deseo más profundo, de lo que pudo haber sido y no fue, de su propia expulsión, soledad, sin esperanza, ni porvenir  para la tarea del amor.  Y quién sumó a todas, de quién era la carta,  quién la única de todas, solo ella, su nombre es Riborg Voigt, el amor de su juventud, a ella se le declaró, ella el puntal y espino de su amor inalcanzable, ella habitó el hogar de su alma como un sueño e ideal, aún dándole un no ella está con él por siempre en su pecho hecho un aliento de ansias de amor, quiso decir, lo dijo, ya no tenía nada que perder.

Su suerte y destino estaba hecho, no había más.  Solo nos queda respetar su última decisión, y admirar su valentía, de no avergonzarse de sus sentimientos y de hacerlo saber, sin esperar nada a cambio.  Todo lo había dado, más la caricia del amor queda como el misterio que se llevó a la tumba.

Han pasado 200 años y él está ahí radiante e imperecedero.  Continuemos y aprovechemos a paso firme en sus aportes.

XI

En cambio a la/su madre en el personaje de la lavandera del cuento “no servía para nada” se la siente mas ligada al principio de la realidad, de las necesidades, decir del fanatismo religioso es exagerado, eso era lo que se imponía para el control de la conciencia, velo, juicio y misa con devoción, también era aferramiento ante la desesperanza de un destino sin salida, haciendo las cosas, trabajando en casas ajenas y en la propia, cansada, quizás hasta brusca en ciertos momentos, pero eso no quita que le dio tiempo y ternura al chico. El contacto estuvo más entre padre e hijo, eso se siente en la expresión de dicha al mencionar con cierta libertad o que aprendió cuando lo deja como acta de reconocimiento en el cuento “Buen humor” “mi padre me dejó en herencia el mejor bien que se pueda imaginar: el buen humor”.


La facilidad de intimidar y no dejarse azotar por el látigo de la lengua humana estuvo del lado paterno. Con la madre  una relación cercana y lejana, untada por retazos y zurcidos, remendadas y  dale la vuelta al cuello para que no se note el agujero, mudas oliendo a aseo, prendas limpias para el niño amamantado con gorjeos de cantos, esperas y arrullos del duérmete mi niño, del ya vengo, de come hoy, ya voy, no quiero que tengas esta vida, lo mejor para ti,  risas de esconde y dónde estás, y otras emociones condicionada por la dinámica familiar, era alcohólica, qué significa esto para un niño, para ella, y para el contexto del pueblo… una borracha pueblerina que bebía de pucho en pucho cuartillos  de licor barato que se mandaba  para reforzar la fuerza que se iba como nada.  No es una justificación, pero es un chelín con una dosis de sufrimiento encerrado en una botella que se vacía y se repone mientras la hermosura se desvanece en el cuerpo repleto de deseo y descanso, que sentía la vida  “como una cuchillada en el corazón” desolado por los infortunios entre el crédito y descrédito de una cruz que no redime.

Dios tiene que ser algo más que misericordia, resignación, y piedad.

Abramos las puertas de las letras y dejemos entrar a la lavandera  del cuento “no era buena para nada”, podemos ver a una mujer, ¿-Anna-?, con una vecina, ambas, lavando, combatiendo el agua fría entre horas y horas de refriego, la primera, calentado el cuerpo con trago puro, para aguantar el agua fría, con fatiga quejándose dentro de sí “trabajo tanto, que la sangre casi se me sale por las uñas”.   Conversando y compadeciéndose entre una y otra, y a la vez mirando al horizonte para aminorar el bulto de ropa que la  espera y animándose  en  este  esfuerzo, con un “pero no importa, con tal que pueda criarte y hacer de ti un hombre honrado, hijo mío”, y remoja otro bulto y sigue dale que dale. Quién puede decir que esta “madre no vale para nada”. Esto  tiene que haber producido escenas tristes, puntos de evasión, desencuentros con la felicidad en la vida de todos y en especial de un infante armando su historia. Que quiere decir el cantante, “la vida no vale nada sino es para merecerla”, y quién es quién para juzgar, esta vida vale y esta no.  Cada uno se la merece, y esta chulla vida no tiene precio.  Quien diga lo contrario es un desnaturalizado sin nada que vivir ni dar.  Y el que la quiere comprar es un perverso.  Y el que cree que la de otros es un desecho, hay que desecharlo.  Cada humano rinde cuentas, otra cosa es que la merezca o no la merezca, de eso se encarga él mismo, el juicio final está en el comienzo de cada nacimiento.  Jesús fue juzgado por el poder de unos cuantos tirados a todopoderosos en la vanagloria de la omnipotencia: la prepotencia aplastante.  Andersen lo reflexiona así, “la expulsión de Dios fuera del cristianismo por parte de un nuevo buen Dios”.

La tormenta de la doctrina y del adoctrinamiento sobre el cuerpo físico y el espíritu humano.

Estalla el poder sobre la codiciada paz: la muerte sin remedio en una mente “sin aclararse” o demasiada clara para ejecutar.   La “voluntad inmutable”, dentro de “un pecador, frágil y vano” sufre la adversidad de los designios, “que Dios no puede cambiar”: “No llego a soportarme a mí mismo”.


La voz de la madre se deja escuchar en su monólogo cuando es atravesado por la pena de no acostumbrarse así mismo,  entre lo que intenta hacer y no intenta hacer, de ese esperar y no esperar del futuro, y como un niño “mal criado se queja ¿quién me escucha? ¡Nadie! ¡Nadie!.  Dios no le responde, el se responde “bien sé, que como un niño, tengo que pedir su perdón, ya que me está castigando; ten bondad oh Dios, perdóname ya, pero no quiero pedir imposibles.  Sé bien que en el   curso  del tiempo debo de sucumbir”, esto lo escribe  un 14 de noviembre de 1860, para entonces tenía  45 años.

XII

Su infierno era su reino de salvación literaria pero su vida era como un pecado inconfeso amordazada entre la castidad,  sus deseos sexuales, entusiasmos amorosos, enamoramientos y pasiones desperdigadas en un erotismo de pasiones consumadas entre fantasías, diarios, observaciones y cuerpos intocados.  Casi como el personaje de la lavandera y el amor prohibido, callado sin confesar, sostenido en el sufrimiento de un placer cargado de silicios para cumplir el veto de la no realización.  Ella le comparte a su amiga lo que cree que la otra no sabe y le dice “yo era joven, alborotada y fogosa pero honrada, eso si que puedo afirmarlo ante Dios,  El  mozo era alegre y animado y muy bien parecido…Era hijo de la casa y yo sólo una criada, pero nos prometimos fidelidad, siempre dentro de la honradez.  Un beso no es pecado cuando dos se quieren de verdad.  El le confesó a su madre: para él representaba a Dios en la tierra y la señora era tan inteligente, tan tierna y amorosa…Antes de irse me puso en el dedo su anillo de oro.  Cuando hubo partido, la señora me llamó… Me habló con seriedad y no obstante con dulzura, como sólo el bondadoso Dios hubiera podido hacerlo, y me hizo ver la distancia que mediaba entre su hijo y yo, en inteligencia y educación, y ahí está el obstáculo.

Yo respeto a los pobres –prosiguió-; ante Dios muchos de ellos ocuparán  un lugar superior al de los ricos, pero aquí en la tierra no hay que desviarse del camino, si se quiere avanzar…” por la condición social,  de pertenecer a otra clase, más la lavandera sigue contando a su amiga y le dice “yo me he matado trabajando, he luchado y sufrido por este hijo, he fregado escaleras y lavado ropa, basta o fina, pero, Dios ha querido que llevase esta cruz.  El me redimirá y cuidará del pequeño…”

El creó un campo vasto de originalidad y escritos, pero no pudo sembrar el amor en el cuerpo de una mujer ni hacer germinar el dominio del árbol del bien y del mal. Se impuso el artista, el hombre enamorado se quedó indeterminado, cómo deseaba ser amado Andersen, unos dicen “que deseaba igualmente ser amado como se ama a Dios y la salvación eterna”; en cambio en el amor de la lavandera del cuento “no era buena para nada”,  marca la distinción “ él era hijo de la casa y yo solo una criada”, un beso y un anillo de oro deja al marcharse el enamorado impotente de salir de los cánones,  ella lo “llevaba pendiente del cuello, sobre el corazón aquel anillo.. de día no podía ponérmelo en el dedo, pero lo hice en la noche al acostarme, besándolo tan fuertemente que la sangre me salió de los labios.  Después lo entregué a la señora”.

Lo cierto dónde está, hay que ceder y renunciar, luchar sin poder ganar.


Domina la clase, la posición y la condición,  más la singularidad de un amor quedó en un anillo devuelto, sin compromiso, sin petición de mano, sin bodas, sin sueños.  En ese terreno a la madre y al  hijo los une los trapos sucios que se  lavaron en casa, el hijo de la lavandera no podía solicitar la mano de una dama, el origen humilde camuflado en un imposible amor, lo deja sollozando y haciendo cálculos de  cuanto debe ganar  para entrar a un honrado hogar y solicitar la mano de la amada. Dios no estuvo de su lado, las madres de sus  pretendientes y las amadas mismas fueron como la dama –madre del joven- del cuento, veían como un desatino el encuentro de Andersen con la prometida anhelada.  Se dieron No sucesivos. Victima y victimario empalidecían pero no perdían la compostura, la amistad se imponía como única alternativa, aunque “la cuchillada en el corazón” estaba en el poeta Danés.

XIII

Y se consolaba el solterón con cierta desaprobación y resignación de un  “no hubiera sido bueno para ella.  Ahora ya no me  casaré nunca.  Ninguna jovencita crece ya para llegar a ser mía”.  ¿Dinero y amor para ser feliz? Parece que no hay amor que calce anillo al dedo.  Hagamos un escenario para el anillo y la carta dentro de la  fundita de cuero, -acto y única escena-, se unen entre la ficción y la realidad. –ella besa el anillo, y él besa la carta-La lavandera devuelve la joya que en prenda del amor le había dejado el joven rico y se lo devuelve a la madre, y el escritor devuelve una carta que la dama le había dado, a los dos estas cosas reales no les pertenece, cada uno en su sitio, juntos desde la  carencia y lo no realizado.

Madre e hijo, dos angustias saldando cuentas: La situación: dos joyas muertas y paralizadas  como resto de algo en alguien: de un amor no correspondido.  Entre alegoría y realidad el cuento del desamor y la memoria del dolor, dominan como “el terrible sentir el vacío de este mundo de la aristocracia. Escuchar como en todo atropellan la ley de un modo decisivo y sin vacilar, con ignorancia y estupidez” y réditos para los elegidos entre si.

El dibujo de un joyero de  lo femenino y lo masculino a media y medio acabado. Un decir dentro de aquel y aquella, un “no sé nada de nada”, como  expulsados  del paraíso entran a formar parte del mito de un éxodo sin tierra prometida, ellos hablan de ello, la evidencia se desdibuja como alucinación. El delirio no acude al eclipse, otro hubo que evitó la defunción del porvenir- padre, Hans- madre Anna- hijo Hans Jr.-  Todos sin opciones.

Lo sincero triunfa sobre todo las cosas, y qué es esto de sincero, una verdad a media perfilándose a “imagen y semejanza del creador”, cercar de una prójima en el tocador de sus escritos, eso, otra realidad no realizada del anhelo del hombre. Sufrimiento y gozo sobre la razón y un posible pero imposible romance, quiere compañía, esposa, familia, pero eso era la vida real, al otro lado de la hoja, atrás del espejo no llega, la cita no se concreta. Solo en su deseo el más famoso de todos  sobrellevando estoicamente  ante el mundo sin dejar notar el desencanto.


Ellas le decían no a su pedido de enamorado, y él continuaba sin “rencor”,  manteniéndose cercano a las damas de sus ansias quizás para no perderlas de vista para siempre, quizás como una forma de no dejarse olvidar, quizás como una forma de mostrarse con dignidad, quizás como una forma de protestar sin sentirse apabullado por la desazón del rechazo.

Una palabra de aquellas elegidas, no bastaba, se nota en sus diarios ese revuelo de sus ansias por toda su sangre y letra.  Queda en los manuscritos las evidencias del deseo erótico y de ternura sin la presencia esperada. Sin primicia y sin anfitriona los ensayos de amor del principiante. Su angustia parece  una oración sin esperanzas en el papel sin ningún recuerdo cómplice que lo haga decir sólo mía.

Solo suya era la vida animada que la calzaba como anillo al dedo, hasta la misma perfección y secuencia. Evoca, pormenoriza,, compara, sitúa, describe, hace y escribe la historia; existencia, fábula y final juntos, lo sospechado e insospechado se ven y no se ven, no se dan cuenta, se dan cuenta y caen en cuenta, qué gratifica y qué no, conformismo e inconformismo.

La felicidad no está tienes que hacerla.

Y hay algo más en el universo de la vida, el traje que llevamos es un momento para el estreno, pero eso otro, lo incómodo, lo que nos pone fuera de sí, lo que nos hace sentir el rechazo. La no aceptación, es como un dolor sin ubicación aunque obvio es ese sentir indescifrable que está en alguna parte con la imagen que nos conmueve, lo inmóvil se desprende, el espejo se rompe y lo podemos reponer, pero a cada uno de nosotros no lo podemos desintegrar porque no lo podemos reemplazar, eso de ser único es la ley de la gravedad. Convivir conmigo o el uno que se porta es habitarse sin hábitos ni apariencias, pero no cabe duda que siempre podemos mirar más allá de nuestra narices y llegar más lejos que nuestra mirada; parece que esa es una lección que nos deja nuestro querido Andersen. Ama la naturaleza, la retrata puramente, no se deja aburrir por la banalidad, es drástico con el vicio y el exceso, las increíbles aventuras fluctúan entre el bien y el mal, como decir no todo se te realiza, pero todo exceso tiene su precio, esto es, el que te juegas en esa demanda.

La dicción, la maldición y el mal decir son contrapuntos y ocasiones para lo maravillosamente fabuloso.  El poder que no desaparece, el poder que transgrede, el poder de la palabra misma fuera del registro de la especulación y del manoseo.  En su vida nada común, un vagabundo y paria  se pierde en el tumulto  que  le incomoda por las impertinencias frente a lo aparente, lo real y los detalles estorban e incomodan cuando no son necesarios nombrarlos.

Su punto de partida es su imaginación en marcha que aprovecha los recursos del ambiente, lo cotidiana, los hechos, su drama no es moralizante, son emociones veladas, entramadas en el alma del personaje, el narrador no se complace en el sufrimiento ni en la maldad.


Más bien hay perseverancia y ánimo de salir, concluir o llegar algún lado, ha veces hasta soluciones drásticas, como el cuento de la niña con los zapatillas rojas que le es imposible sacárselos, y decide para terminar con ese andar que no era de ella y la tiene extenuada decide ir a ver al verdugo para cortarse los pies, menos mal que al fin y al cabo es un cuento o a lo mejor es su forma de desquite sutil frente a esos no que recibió en su vida, quien sabe,  Evocación, fascinación, resonancia su obra y su vida.  Él mismo era un sujeto que no podía pasar sin despertar curiosidad, no podía pasar desapercibido, llamaba la atención quiéralo o no.

Quería ser respetado en lo que él consideraba digno de él.

Era objeto de mofa, de burla, y ser blanco de esos lanzas humanas no le gusta a nadie, peor a Andersen hipersensible y tenía que protegerse de la vulgaridad, desprecio y soberbia humana. Quizás la soledad era su escondite y refugio de esa mirada de desaprobación, esto no quita que tuvo sus espacios donde disfrutaba sin sentirse en la mira que lo perturbe o incomode.

XIV

Arrea el tiempo como cochero yendo delante de la muerte  sin su consentimiento, sin su aclaración, sin su merecimiento, sin su reproche, cumplir como  una tarea sin sentirla, como un cuerpo sin cofre para guardar el sueño. El rastro de la huella donde hubo algo, ¿dónde está?.

¿Quién no deja algo que no puede llevarse hasta la muerte?: lo que el otro no puede entregar, ni quiso recibir.  Simplemente ese deseo no pertenece aunque perdure en el tiempo como lo “amado inmóvil”.   Romper el encanto es doloroso, la desilusión es una opción, atraparse en la melancolía es cerrar el túnel en el morbo de un afecto no consumado, es aniquilarse. Hay senderos, hay que hacer el camino andando, como lo dice el poeta Machado.

La tesis, antítesis, y la hipótesis sin síntesis de Andersen:  “no quisisteis ni lo mejor ni loca si mejor que había en mí y tampoco aquello que todos pueden imitar”

la madre: está del lado de Dios, creyente, realista sin tiempo para soñar, su oficio: la pulcritud, cargando la tina al río, reparación ropas, zurciendo medias, recogiendo retazos; su debilidad, rodearse de supersticiones; su fortaleza, quiere su hijo sea redimido por lo divino para que no pase lo que ella pasó; enseñó  al hijo coser los trajes de  su único títere; su herencia: saber hacer las cosas bien y dejarlo experimentar su curiosidad. La mirada escudriñadora del ojo ajeno: no era buena para nada por su alcoholismo para muchos; su antítesis: dejó un genio que cobijó su mundo y el de los otros.


El padre:  está al otro lado de Dios, ateo, de pensamiento liberal, reparando el desgaste, remendando la ficción de la próxima pisada, creativo: con desecho de un ataúd hace la cuna para su único vástago, con entusiasmo construye el teatrín para la fantasía del titiritero, deletrea y repasa el abecedario con el pequeño Hans mientras este escapa a la naturaleza de la fantasía y del paisaje, lee o cuenta pacientemente las mil y una noche mientras cubre el orifico del zapato, se asoma al humor como noticiero en “intríngulis” y ocurrencias cómplices; da remaches, cosidas y pegadas de suelas para asegurar la pisada; su identidad: un noble culto pobre desvergonzado del pueblo orgulloso de su oficio de zapatero remendón.

El hijo: su antítesis: ateo por gracia divinamente concebida, desafía y cuestiona dogmas y  lo absoluto. De su padre y madre lleva impresa en su memoria el aliento de la imaginación. Atravesó el horizonte con ficción, realidad y fantasía. Su debilidad: no era fuerte en ortografía ni resúmenes. Su tesis: no seguir modas ni moldes; su hipótesis: la única nobleza que reconoce es: “la bondad de la naturaleza humana”; su síntesis: no la tuvo, el paseante y huésped de la realidad no se resumió, ni se preocupó de poner en cuadros sinópticos, esto de esquematizar el mundo no iba con él. No tuvo hogar fijo.  Su don: su voz creadora en los escritos. Su mayor atributo: su verdad y nobleza.  Su legado: su obra maestra: su literatura y su vida misma que colman, calman y envisten al poder del arte a no dejarse derrotar por la orfandad del espejo ni por la opresión de la imagen en un yo sin excusa ante el riesgo del amor y del desamor. El vacío es creador, por lo que no hay que tenerle miedo cuando se destapa para dejarse saber y sentir. Quien se aleja teme, quién se acerca confía.

Quien toma espacio es prudente para no caer dentro.

De una vez por todas hay que tomar distancia del fantasma para que el caos no se pierda en evasiones, ni en precipitosas caídas. Tener claro que la carencia no tiene respuesta. Hay que aprender a partir y alejarse de ese sentimiento de inferioridad atrincherado en el ser del no ser.  Anderson es uno en su vida y obra.

XV

Sus padres mueren jóvenes, Anderson tiene la dicha de llegar a los 70 realizándose a pesar de él.   No tuvo un final de cuento feliz en el amor, no tuvo una muerte en paz aunque el reposo anhelado va llegando.  Es irónico, su madre alcohólica y a él lo sorprende un cáncer hepático, ¿de qué hace síntoma? ¿cuándo el virus lo toca? su capacidad para ser inmune a la célula cicatricial, el tejido de su cuerpo sufre los estragos de la vulnerabilidad, algo atravesó la barrera de su vejez, algo no razonable hizo un tejido desordenado y torpe. Sin piedad, sin misericordia sin importa qué, lo inmóvil se múltiplo, casi como el No tajante que recibió y dieron a su petición de enamorado, ahora una velada desconocida se suscita sin opción, el virus se propaga como ese afecto cargado del sin sabor del bienquerer, esa emoción ebria de soledad, de desamor, e inamovible como una estatua petrificada entre el rechazo y el dolor aún pegado al tejido de “dos ojos” que no devolvieron reciprocidad.


Es como que Andersen hubiese estado llamando un final que no era capaz de dárselo él mismo, o que no lo localizaba en sus pensamientos, esta ocupado en el tiempo del viajero, del descanso y del aislamiento, al final de su vida salía menos y pasaba con su `propia compañía.  El mundo podía arreglárselas sin él.

Su destino se jugó antes de nacer, el que iba a ser fue

No se dejó  morir.  Su deseo se impuso desde el mismo vientre materno.  ¡Que bueno!  Intimidó al virus y no le permitió se acerque, el geniecillo todo un embrión lo congeló con su presencia, que bueno que se detuvo y no atravesó la barrera feto placentaria, que bueno el neonato se permitió cumplir los ciclos del enigma: gatear, caminar, ayudarse con su propia vida,  luego morir, no sin antes haber sido útil y dejado algo para alguien.  En eso su padre y aún su misma madre les dejó que creara y creciera con su arma con qué combatir al a la realidad, al fantasma y a la muerte: el humor y la imaginación  que no lo abandonaron jamás por más enfado y ánimos tristes que lo atosigaren.

El escritor, el autor, el hombre vivió lo suficiente para contar.

Los temas de su literatura afrontan al ser en su avatar de la realidad sin equilibrio exacto.  Su creación, es una balanza justa cargada de referentes reales, fantasías, escenarios,  mitologías.  En definitiva este gigante escritor es el jardinero de las voces de un mundo subjetivo, que según sus propias palabras estas voces “nunca pueden llegar a ser un defecto en un poeta, puesto que ello en sí expresa la totalidad de poesía que este poeta lleva dentro de sí”. Este solterón, compañía de sí mismo rechazaba todo dogma. Confronta razón y sentimientos. Es difícil elegir entre lo uno o lo otro, van juntos, o a veces uno tras el otro, casi imposible fundidos, pero es inevitable sentir esa dinámica a saberse.

Malgastamos el tiempo en ese avatar de los idilios, del triunfo y del desprecio, otras veces pretendemos sin acercarnos, otras renunciamos sin arriesgarnos, otras se  pierde la razón, y otras alguna vez un final feliz, pero siempre este avatar es de dos o más de uno, según el asunto y el cuento echado a contar o a perderse o a no poder vivirlo ni escribirlo.  En otras historias  contrapone la nobleza de sangre con la nobleza de intelecto, deja ver la desnudez con toda su impudicia, con toda su estafa, con toda su vergüenza.

Llegar hasta el final es un desafío, realizar deseos y ambiciones son metas, por qué no, la elección es un impulso, vocación y meta, una misión con uno mismo.  Reparar y seguir sin reparos.  Enmendar en la continuidad y darse un lugar, no importa dónde es el sitial, siempre es uno, otra forma de no rehuir al uno que somos.  Acaso la misión es dejar una huella, esta alcanza su distancia de acuerdo a la fuerza con que la marchemos.

Cumplir el deseo exacto es una imposibilidad, pero en los cuentos de Anderson esto parece fácil, casi sin obstáculos, hay un placer de realización sin preguntarse que implica o que consecuencias conlleva, el fin es un medio de la trama del cuento, la moraleja y el mensaje es tarea para el lector.


La felicidad no está en la corona, ni en el triunfo, ni en el amor, ni en el alma eterna, está allí donde no suponemos, y el cuento da a saber sus detalles en cada historia y circunstancias del personaje.  También la felicidad de saber el secreto puede ser mortífera, pero en el escenario del papel el narrador se arriesga, nada pierde, de eso se trata, crear el suspenso, meterse hasta el tuétano y salir indemne, al fin y al cabo es un cuento, y solo quién sabe hacerlo puede sostener el placer de eso inexplicable que solo se logra en la acción  sublime del misterio.  El director de su obra sale invicto junto con el lector, los personajes en sus escenas esperan al próximo visitante a que abra la página.

XVI

Poco a poco el declinar de un cuerpo se anticipa lentamente. En 1860, el 4 de septiembre, Anderson dice en sus diarios “a menudo tengo el deseo de una muerte repentina”, el día 5 del mismo mes,  “mi mente no quiere aclararse, el 28 de octubre escribe “soy un pecador, un ser frágil y vano.  Me   han  sido concedidos demasiados dones preciosos, y ahora debo sufrir la adversidad”, luchaba con la voluntad inmutable que le adjudicaba a Dios, esto le hacía no soportarse así mismo, se debatía entre angustia y tristeza y sufrimiento, ánimos que le acortaban la línea del futuro, en estas fechas está con sus 55 años.

Aún le quedaban 15 fructíferos pasos de vida de viajes, de publicaciones y de reconocimientos.  La llave aún abre el misterio, allí el virus no se atrevió. Su voz se hace una cuenta de cuentos, diarios, novelas, y repartos.  Vida propia.  El escritor libera la evidencia,  sobre el objeto perdido adviene nuevas creencias, crea sobre la cosa misma: la causa de una   infancia deja una generación sin precedentes.  Empujó al hombre a su propio riesgo. El aliento a la imaginación hizo el horizonte, el soplo filial llegó como libre conversación entre eternidad e historia configurando el deseo  ajeno y propio.

Su vida la obra y los otros. Presencia: ausencia de lo amado; Ausencia: lo no sucedido; Falta: El y ella; Presente: falla, retorno y repetición; Ideal: amor imposible; Síntoma: sufrimiento, sustituto y sin razón; Cura, cuento y expectativa: no será igual a ella, no será igual a él, será como el otro: bienaventurado seas.

Arriesgó a ser: Uno para siempre en su contar único.

El objeto perdido en su trance juega a reportero y protagonista en la palabra divina.  Hágase tu voluntad, no se haga tu voluntad.  Lo que se quiso que sea no fue. Lo que no fue quiso que sea.

La causa se convierte en el debut de un estilo seguro de la realidad, de la ficción y de la fantasía: su sede de los sucesos a confabularse y contarse.  Lo inexistente existe.  Lo que existe es inexistente.  Darle movimiento a lo inmóvil.  Al movimiento ponerlo inmóvil. Conoce la ortografía.  Desconoce la ortografía.

La gramática de su vida: “déjeseme seguir mi propio modo de ser”: huésped del hogar.


El concepto, el precepto, el contenido, los significantes y el argumento de la ficción y la realidad se desvanece, se permuta, se muta, se anima, se hace así mismo, más allá y acá de lo real y de lo todo fue dicho.    Queda de ese tronco filial Andersen- Andersdatter, un hijo, un Hombre, un escritor, un amante de la vida.

Andersen y sus personajes habitan la imaginación, esta el hogar de su vida y del mundo.   Patrimonio para la infancia eterna.  Su obra,  Cuento de hadas de la vida.  El residió en el olimpo de su “poder creativo”, el mismo que lo sacó de lo desconocido y del puesto del hijo del zapatero remendón. Este hogar de inventos le hizo pasar a la imagen eterna del increíble y fantástico escritor,  Este lumbre fue una dulce compañía que le hizo sentirse menos solo, que le impidió sucumbir entre lo adverso e insoportable del temporal de su alma, donde refleja su angustia y tristeza que le llevan hasta aguas profundas, en las que se pregunta ¿podré alzarme sobre ellas  o me hundiré?”.

Pero como él sabía llegar a su propio fondo también sabia salir con historia y vida propia. Él era su propio semejante al que tenía que asistir y contarle cuentos con magas y hadillas Y no solo esto, él se oponía a “trotar” con una misma moda. No estaba de acuerdo en seguir modismos o estilos de su época, le gustaba  su propia moldura, no necesitaba romper el molde porque ya estaba roto, solo tenía que hacer la  forma a su manera.

Haciendo uso de su ironía, fama, y lugar ganado en el mundo de la cultura y social, se atreve a afirma tajantemente “que el gremio de los zapateros remendones es el más famoso de todos, pues yo soy el hijo de un zapatero remendón”.  No renegó su historia.

Él se oponía a “trotar” con una misma moda. No estaba de acuerdo en seguir modismos o estilos de su época, le gustaba  su propia moldura, no necesitaba romper el molde porque ya estaba roto, solo tenía que hacer la  forma a su manera.


Durante su vida lo único que interesó a Andersen fue el Espíritu creador, Él mismo, que representa todas las vidas reales de sus personajes.  Como todo mortal deseó afecto, celebridad, y que la gente expresara estima a su obra.  Su vanidad infantil, su sentido de humor, “suave y feroz”, su fantasía desbordante lo protegieron como ser humano y escritor instalado en sus personajes de papel extraídos de la realidad.  Los temas de su literatura afrontan al ser en su avatar de la realidad sin equilibrio exacto.  Su creación, es una balanza justa cargada de referentes reales, fantasías, escenarios,  mitologías.  En definitiva, este gigante escritor es el jardinero de las voces de un mundo subjetivo, que según sus propias palabras, estas voces “nunca pueden llegar a ser un defecto en un poeta, puesto que ello en sí expresa la totalidad de poesía que este poeta lleva dentro de sí”.  Andersen fue y es: ese seguir de su “propio modo de ser”.

El reconocimiento que ha alcanzado es como un sueño que “nunca hubiera podido soñar” así lo deja asentado en sus diarios íntimos. Andersen fue y es: ese seguir de su “propio modo de ser”.

BIBLIOGRAFÍA

-INFORMACIONES DANESAS, PUBLICADO EN OCASIÓN ESPECIAL DEL 1ER CENTENARIO DE LA MUERTE DE HANS CHRISTIAN ANDERSEN EL 4 DE AGOSTO DE 1875. REVISTA DE DINAMARCA, PUBLICADA POR EL REAL MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES, DIRECTORES, ANDERS GEORG

artículos consultados

1.- Hizo vibrar cuerdas, cuyos tonos llegaron a lo más profundo del hombre, por Bo Gronbech

2.- ¿ Ese Andersen cómo era? Por Elías Bredsdorff

3.-  Solterón que se declara por Lise Sorensen

4.- Los trajes distintos del emperador por Erik Dal

5.- Un gran periodista que no quería serlo por Jens Kruuse

6.- Dios padre podía contar historietas, también sabíarecortar siluetas y hacer dibujos, por Jan Sibrandtsen

7.- La casa de Hans Christian Andersen por Niels Oxenvad

8.-  Ciudad Seva


El DIARIO DE ANA FRANK O EL ANEXO SECRETO: Los Refugios de Ana Frank, por carmen vascones diciembre 11, 2008

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“El ANEXO SECRETO, cuya autora fuera yo.”
“me duermo con la extraña sensación de querer ser distinta de como soy,
o también de no ser como yo quiero, o de proceder
quizá de manera distinta a como yo querría o a como soy”
ana Frank

Ana nace el 12 de junio de 1929 en Francfort, segunda hija, su padre Otto Frank, tenía 36 años cuando se casa con su madre, Edith Hollander que tenía 25 años. Su única hermana la mayor, Margó nace en 1926. Emigran a Ámsterdam en 1933, cuando apenas la pequeña Ana tenía 4 años, para huir de la persecución a los judíos. Desde 1934 asistió a la escuela Montesori, desde el jardín de infantes, ahí terminó su enseñanza primaria. En 1941 junto con su hermana entraron al Liceo Judío. Se va imponiendo un estado de sitio, la presión crece, va quedando coartada la libertad de expresión y de acciones.

Según palabras de la diarista “la vida estaba preñada de ansiedad”, ya su resto de familia empezó a sufrir las consecuencias de las leyes de Hitler que promulgó contra los judíos. Los abuelos paternos y maternos eran ricos, dinero que se perdió en la primera guerra mundial. En 1938 dos tías maternas huyeron a Estados Unidos y su abuela se reúne con ellos a vivir. Ella fallece en 1942, pérdida inolvidable para Ana, en página del 20 de junio de 1942, afirma, “ nadie sabrá nunca cuan presente la tengo en mis pensamientos y cuanto la quiero todavía”.

En 1940 en Holanda las disposiciones contra los judíos marca nuevas obediencias, son obligados a llevar la estrella de David, se les prohíbe manejar, de andar en bicicleta, de subir al tren, que sólo hagan compras en negocios judíos identificados con letreros, que no salgan a partir de las 8 de la noche. Empieza a sentir las restricciones, ahora comprende “que cosa tan maravillosa es un tranvía, a nosotros los judíos ese placer ya no nos está permitido, tenemos que valernos de nuestras piernas como único medio de locomoción… se nos permite utilizar la balsa para atravesar el canal y eso es prácticamente todo”.

Antes de entrar al escondite elegido por el Sr. Frank, como refugio y aguante para proteger sus vidas, Ana jugaba pin pon, iba a la confitería cercana Delphes o al Oasis, sitios permitido a los judíos. Disfrutaba de los admiradores, les hacía rodeos, se las ingeniaba para cambiarles de conversación si se ponían muy insinuadores, o tajantemente les chantaba la frase que podía pasarse sin su compañía al pretendido, o peor si le lanzaban un beso o le cogían el brazo les decía claramente que se vayan sin más. Por ahí empieza a conversar con Harry, cree que le sirve de despertador y estimulante ya que la antigua novia le daba sueño. La abuela del chico le prohíbe que se vea con Ana, la encuentra demasiado joven, y le dice que vuelva con la ex. En una de esas caminatas con él, el príncipe de los sueños de nuestra contadora se cruza, Peter Wessel, que por primera vez la saluda, eso a ella le causa un gran placer, mirada que, queda pendiente en las pupilas y secretos de la chiquilla, tanto así, que desvanece al acompañante de su lado.

En sus notas del 20 de julio de 1943 tiene escrito, “mi madre siempre quiere saber con quién me gustaría casarme más tarde. No se imagina que el elegido es este Peter”. Lo tiene visto, elegido en su mundo de fantasía. Así, esta ella, floreciendo en su cuerpo, imaginación y ensoñaciones, como peatona de su existencia, aún a pesar de sentir la libertad recortada y restringida le era soportable. Nadie se le atravesaba en su otro mundo, ni ningún espía que le aplaste su mundo.

Del domingo 14 de junio al 5 de julio de 1942 Ana escribe su diario desde su hogar. Desde el miércoles 8 de julio hasta el 1 de agosto de 1944, lo hace desde el escondite, el célebre anexo, en el mismo que vive 2 años y un mes hasta ser descubiertos. Escribió 156 días en total. En 1942, 33 días (trece años); en 1943, 38días (14 años); en 1944, 85 días (15 años)

La púber judía inicia su diario dos días después de haber cumplido sus 13 años, un domingo 12 de junio de 1942, sus padres se lo regalan entre rosas, otras cosillas, y un agasajo con generosidad donde fueron sus amigos. Ella se divertía, conversaba y repartía galletas sin pensar que el destino le iba a dar y reservar un lugar protagónico en la vida universal de la literatura por convertir sus manuscritos en testigo y testimonio escritos en el Diario, que mientras tanto reposaba en un lugar del dormitorio de Ana a espera de ser iniciado.

Un 4 de agosto de 1944 la GESTAPO nazi penetra en el edificio, entra al anexo, donde estaban los 8 judíos, la familia Frank, los padres, ana y su hermana; la familia Van Daan, la Sra, el Señor y Peter el hijo; y el señor Dussell. Todos fueron llevados al campo de concentración. En marzo de 1945 Ana muere en el campo de Bergen-Belsen. De ellos el único sobreviviente es su progenitor. El padre se encargará de publicar el diario de su hija.

Es importante precisar que Ana el 4 de abril de 1944, en su diario había escrito lo siguiente: “quiero seguir viviendo, aún después de mi muerte. Por eso le estoy agradecida a Dios, que desde mi nacimiento, me dio una posibilidad: la de desarrollarme y escribir, es decir, la de explorar todo cuanto acontece en mí. Al escribir me libero de todo, mi pesar desaparece y mi valor renace, pero, -he aquí la cuestión primordial- ¿seré alguna vez capaz de escribir algo importante, podré ser algún día periodista o escritora?”
El diario y otros objetos quedaron tirados en el piso como “cosas inservibles”.
Este memorable texto es la voz de Ana, las palabras imperecederas e inmemorables. Es la memoria irrenunciable. Es una vida atada a la letra de un deseo que se impuso al horror, a la muerte y al rumbo de la vida de la narradora, de su oficio de contar y de los hechos de la historia propia y de los otros protagonizando el drama de la novela de la vida y del avatar humano en el juego de los poderes sin treguas para gobernar. Soberbia y desprecio a las razas que convergen en hablas y creencias distintas, que a pesar de sentirse diferentes de las otras especies solo el humano es reincidente del dolor provocado con armas mortíferas productos de la maquinación de la razón.
Nosotros como lectores somos su destinatario entrando a una lectura y escritura, a una inscripción que no desconoció la pertenencia a su propia existencia y a su búsqueda de ser, a pesar de la amenaza y cumplimiento de una muerte no deseada.
La vida que cuenta Ana, la que no cuento, la vida que no me cuenta. La vida que me recuerda en un cuento. Un cuento en la vida que no recuerdo. Recuerdo de un cuento de una vida. Cuéntame la vida que recuerda. Ana personaje y narradora, en su soy y encuentro impostergable.
Es como que nos dijera, encontrarme con mi vida es encontrarme con ella: la palabra y la poesía en un ritmo atemporal que no se parece al amor ni a nada. Ya que el amor es un saber que no ocupa lugar, esa su ironía en esta acumulación de evidencias y mundo atosigado de posesión y posiciones donde dejamos de sabernos por no sentirnos aunque creyéndolo y tanteándonos para seguir a lado del otro. Por no saber quién soy en ese no lugar contable.
La rayuela de la vida tiene mas de dos realidades: ser y no ser.
A pocos días de haber iniciado su tarea de relatar en sus hojas en blanco, deja de escribir por un rato para reflexionar primero lo que significa un diario. Al retornar del suspenso el 20 de junio de 1942, escribe su vivencia en el mismo, lo dirá así, al “redactarlo experimento una sensación singular, nunca tuve un diario, y además porque me parece que más tarde ni yo ni ningún otro se interesaría por las confidencias de una escolar de 13 años. En fin esto carece de importancia. Quiero escribir y aún más sondear mi corazón sobre toda clase de cosas… No tengo intención alguna de dejárselo leer a nadie, a menos que encuentre en mi vida un verdadero amigo –muchacho o chica- a quién enseñárselo. Y así llego a la raíz del asunto, a la idea de comenzar un diario: no tengo un amigo semejante”.
Aparentemente no le falta nada, pero quiere salir de lo trivial, tiene dificultad de profundizar en temas con sus amigos, busca intimar con la palabra, cree que ahí radica su dificultad. Escribir con el fin de evocar mejor la imagen que se forja de una amiga largamente esperada, su propia proyección, sus días dejados como constancia la remiten a avanzar, a no detenerse, a convertirse sin saberlo en una intérprete, no quiere limitarse a simples hechos, como tantos hacen, sino que desea que este diario sea su amiga, a quien llamará “Kitty”. Así ella le da el acta de nacimiento a su protagonismo, a su argumentación con firma, letra y puño de la que en vida fue.
La vida contada por Ana: su historia de una escritura confidente que transfiere, relaciona y pasa de un yo (Ana) a un tú (Kitty), su diario, su amiga, su otra, su escritura leída, donde vuelve, parte, define, aprende, repara. Esa confidente lectura que le permite leerse y hablarse, a la vez sentirse escuchada por ella, en el fondo y en la superficie, la misma Ana. La escritura es Kitty, contenido de la intimidad exteriorizada, soporte para contarle, hablarle lo contable y lo no dicho ni trasmitido a una escucha que no sea ella.
Ana tenía una necesidad de contar aunque no le guste, “brevemente la historia de su vida”.
Su alter yo le permite leerse diferente, de otra manera. Su destinataria era una lectora reflexiva que va siguiendo los pasos de su metamorfosis psíquica y corporal. Los cambios de púber entrando a la adolescencia. Sondea sus pensamientos, atrapa en el espacio del diario un tiempo que fotografía con sus grafos. Imprime lo transitorio de la búsqueda de ser, de su camino que avista, de su deseo que juega entre ser periodista y escritora.
Ella, un mes antes de cumplir sus quince años, ha escrito un jueves 11 de mayo de 1944, a Kitty lo siguiente: “ya sabes desde hace tiempo cuál es mi mayor anhelo; llegar un día a ser periodista, y más tarde escritora célebre. ¿Seré capaz de concretar mi ambición? ¿O es mi manía de grandeza? Habrá que verlo, pero hasta aquí los temas no me faltan. En todo caso, después de la guerra, querría publicar una novela sobre el anexo. No sé si lo conseguiré, pero mi diario me servirá de documento…”.
Es visionaria, un tiempo de siempre atrapa, deja la huella de los escondidos, saca de sí el avatar cotidiano. Sus escritos una trinchera para resistir, una manera de liberarse de un presente real en peligro permanente, con su estilógrafo deshace las sombras, recoge la memoria de lo bello, detalla el reloj de la rutina, describe la crónica de los anexados, todos esos ocho se sabían contenidos en las páginas que Ana hilvanaba con la tinta. Se apropió de un dicho, “el papel es más paciente que los hombres”. Puede esperar, escribir sin prisa, con calma.
Ella se hace su propia aliada. Quiere confiar en algo, en alguien, en ella misma, porque considera “su falta de confianza su verdadero defecto”, de ahí la razón de este diario con el fin de “evocar mejor la imagen que forja de una amiga largamente esperada”.
En sus apuntes del miércoles 8 de julio de 1942, es otro inicio, momentos suscitados por la salida precipitada, aprisa todo, “irse a todo trance, y se trataba de llegar a buen puerto, lo demás no contaba ya para nosotros”, hay que resguardarse y guarecerse de la citación recibida que llegó a la familia, la cama queda desecha pero eso no es importante a estas alturas hay que ocultarse y como le dijo su padre “menos aún queremos ser nosotros quien caigamos en sus garras. No los esperaremos para irnos… no te inquietes. Nosotros nos ocuparemos de todo. Diviértete y aprovecha tu juventud, libre de cuidados, todo el tiempo que aún puedas hacerlo”.
Palabras de calma ante la incertidumbre, palabras al fin y al cabo que sostienen el deseo de vivir a pesar de todo. Hay amigos fieles para el apoyo que necesitarán. Desde el comienzo está Miep y su esposo Henk, y otros poco que mencionaré más adelante, que se jugaron el pellejo en el traslado, en aprovisionarlos, alentarlos, acompañarlos, de quedarse a dormir cuando era posible, de salvaguardar y mantener el silencio hasta el final del lugar de los refugiados.
Antes de dirigirse al desconocido y clandestino escondite entre lo que recogieron y guardaron en sus bolsos las dos muchachas pusieron lo estrictamente necesario, y entre esos se incorporan rizadores, cuadernos, libros favoritos y hasta cosas inconcebibles, algunas prendas puestas para un hasta cuándo…
El hecho esta dado.
Una vez que se entró al anexo, los amigos los encerraron, cerraron la puerta con llave, y a contentarse con la nueva instalación más bien rudimentaria, en sus anotaciones describe como arquitecta la distribución del espacio, le agrada escuchar el reloj público que suena cada cuarto de hora, al resto no, luego, pone un orden visible y habitable al desorden inimaginable en que estaba el anexo secreto, con tantas cajas regadas, enseres y otros utensilios. Ella y su padre se ponen mano a la obra, estaban ocupados en tareas “para no pensar”, su madre y hermana en cambio estaban cansadas, deprimidas de la nueva situación.
“No tuvo un minuto para pensar en la convulsión que de la noche a la mañana cambiaba completamente su vida”. Resumiendo con sus propias palabras este cambio radical forzado y sin otra alternativa, ella lo define así, “parecen que hubieran pasado años entre el domingo a la mañana de hoy… como si el mundo entero se hubiera trastornado de repente… sin embargo ya ves, Kitty, todavía vivo, y como dice papá es lo principal”.
El 20 de noviembre de 1942, después de sustos se vuelve a las bromas, chistes, ya que no es “beneficioso convertir al anexo en un sitio melancólico, no tiene ningún sentido”, el ánimo de la púber se siente atrincherado, “cada vez me siento más abandonada, que noto que el vacío crece a mí alrededor.

Antes las diversiones y los amigos no me dejaban tiempo para reflexionar a fondo. En la actualidad tengo la cabeza llena de cosas tristes, tanto a propósito de los acontecimientos, como por mí misma. Cuanto más ahondo, más me percato de que, por querido que sea papá nunca podrá reemplazar a mis amigos de antaño: todo mi pequeño dominio”. Escuchaban la radio, a más de las noticias de la guerra y de lo que acontecía, esta mencionaba que después de la guerra se coleccionarían cartas y memorias concernientes a la época vivida.

Todos los ojos se concentraban en Ana, el miércoles 29 de marzo de 1944 tiene anotado, “mi diario parecía tomado por asalto. ¡Figúrate una novela titulada EL ANEXO SECRETO, cuya autora fuera yo…”
El escondite estaba en el inmueble de las oficinas del papá. Para Ana el edificio al comienzo lo ubica como una pensión donde está pasando un periodo de vacaciones, dice, “nuestro anexo es ideal como refugio, aunque se inclina para un lado y es húmedo, no se encontraría un escondite tan cómodo en el resto de Ámsterdam y quizás en toda Holanda”
Un diario dando refugio a los anexos de las historias que los otros no llegaron a contar porque la tifus, la misma guerra, las cámara de gas y los hornos los redujo a silencios y fosas común. Se salvaron los proveedores, los amigos que se expusieron a cambio de prolongar y dar aliento a los encerrados, ellos eran el personal de confianza de la oficina que dirigía su padre, como ya sabemos Miep y su esposo, Elli Vossen, Kraler, Koopphuis, que nos dan una lección del verdadero sentido de la solidaridad en este mundo pleno de mezquindad de intereses y poderes globalizados creados a costa del otro.

El diario de Ana es un contar triple, transmitir la angustia y los destrozos de una guerra sin piedad y sin consuelo, examinan y ausculta el espíritu de la bestia humana. Narra lo que sucede en el interior del anexo como crónica. Por otro lado relata, la vivencia personal, su sentir, su desesperación, sus conflictos dentro de su cuerpo. Se siente un “amasijo de contradicciones”, con su alma dividida, donde según ella, “la primera alberga mi hilaridad, mis burlas,… mi alegría de vivir y, sobre todo mi tendencia de tomar todo a la ligera…esta parte está siempre en acecho rechazando a la otra, que es más hermosa, más pura y profunda…Ana la tierna nunca ha aparecido pues, ante el público ni una sola vez, pero en la soledad su voz domina casi siempre. ..

Para ser completamente franca, te confesaré que eso no me deja indiferente, que hago infinitos esfuerzos por cambiar”.

El 28 de noviembre de 1942 se interroga y se interpola entre el ser y no ser, se siente entre la censura y faltas atribuidas, se pierde entre el montón de acusaciones, su estado de ánimo varía. Se duerme “con la extraña sensación de querer ser distinta de como soy, o también de no ser como yo quiero, o de proceder quizás de manera distinta a como yo querría o a como yo soy”, todavía no lo ve claro, y dirigiendo a su amiga Kitty, le dice “y tú tampoco desde luego”, le pide disculpa por esta confusión, pero le explica que no le gusta tachar, y actualmente, la falta de papel nos prohíbe romperlo”, en todo caso no destruye las conjugaciones de su yo con la punta del bolígrafo. Prefiere que Kitty no la relea ni profundice, porque no va a sacar nada en limpio.

Pasando al martes 4 de abril de 1944 cuando entra a su mundo, lo mira como escritora y una mujer simple y de quehaceres, se ve así: En cuanto a la escritura especifica cree que “al escribir me libero de todo, mi pesar desaparece y mi valor renace. Pero –he ahí la cuestión primordial- ¿seré alguna vez capaz de escribir algo importante. ¿Podré ser algún día periodista o escritora?… Pues al escribir, puedo concretarlo todo: mis pensamientos, mi idealismo y mis fantasías”. “Se trata de estudiar para no ser ignorante, para adelantar, para llegar a ser periodista, que es lo que quiero. Estoy segura de poder escribir, de ser capaz de hacerlo”. Siguiendo en este mismo martes más adelante dice, “yo soy mi única crítica y la más severa. Me doy cuenta de lo que está bien o mal escrito. Quienes no escriben desconocen cuan maravilloso es; antes, yo deploraba siempre no saber dibujar, pero ahora me entusiasma poder al menos escribir. Y si no tengo bastante talento para escribir libros, ¡bah! Siempre podré hacerlo para mí misma”. Cuando habla la mujer dentro de ella tenemos “querría adelantar, hacer algo. No puedo imaginarme viviendo como mamá, la señora Van Daan y todas esas mujeres que cumplen con su deber y son olvidadas más tarde.

Además de un marido y varios hijos, necesitaré otra cosa”.

La vida no es fácil en esta gran familia asociada por las circunstancias, los desacuerdos, las peleas, la dificultad de adaptarse, de poder conservar la calma los pone en algunos momentos fuera de sí, y pareciera que Ana es el semblante de esos cruces de yo, entrechoques y recriminaciones. Se siente obligada a soportar y estar entre el mundo de los adultos, sin un espacio para regodearse con su soledad, además tratada como una criatura por su madre le es insoportable, de paso sermoneada, incomprendida, reprochada por sus padres y los otros por sus charlas excesivas y cosillas que ella no alcanza a descifrar todavía.

El sábado 28 de noviembre de 1942, dice, “matamos el tiempo con toda clase de tonterías, con adivinanzas, cultura física, hablar francés, inglés, criticar libros…y a la larga nos cansamos. Desde anoche tengo algo nuevo, tomo los gemelos y miro hacia las habitaciones iluminadas de nuestros vecinos. Durante el día, no nos está permitido correr las cortinas ni un centímetro, pero por la noche no veo ningún mal en ello”.

El martes 4 de abril de 1944 al iniciar el día con sus escritos dice, “durante mucho tiempo, he estudiado casi sin saber cual es mi objetivo”, que si no termina la guerra en septiembre nunca más volverá a la escuela”, adelantándonos en sus letras vemos que se dice para sí, “se trata de estudiar para no ser ignorante, para adelantar, para llegar a ser periodista, que es lo que quiero. Estoy segura de poder escribir, de ser capaz de hacerlo, algunas de mis novelitas pueden pasar, mis descripciones del anexo no carecen de agudeza, hay párrafos elocuentes en mi diario, pero… a saber si tengo verdadero talento…”

La duda no la detiene, lo que sí está claro es su disfrute, su gozo, su intimidad desbordante en este otro espacio y lugar habitable, en ese continuar e incursionar en lo que conoce a partir de su propia experiencia y audacias creativas.

Disgregando y recordando su época de estudios, una vez su profesor Kepler de matemáticas en el liceo de los judíos se había enfadado porque Ana charlaba sin parar, le impuso castigos de escribir sobre una charlatana, y como era una reincidente incorregible el parloteo continuaba, hasta que un día le puso el tema de Cua Cua Cua dice la señora pico parlachín, que se trataba de una mamá pata con tres hijos con un padre cisne, donde estos por charlar demasiado fueron mordidos a muerte por su padre. Es interesante el significado que da a Ana a este silencio de la palabra.

Además, ella decía que hablar era una necesidad, argumentando que la charla excesiva es un defecto femenino, que se esforzaría por corregir… aunque sin librarse de él totalmente, pues su propia madre habla tanto como la mismísima Ana, sino más, que poco puede hacerlo para remediarlo. Aquí para analizar más esta proclama y sentencia de la chiquilla, tendríamos que entrar a sesiones de la dicha personal del ser humano en cuanto al arte y placer de hablar y de su sentido en el pedido de ser escuchado a como dé lugar.

Escribir es conversar con una lectura que nos muestra otro mensaje.

La vida del anexo una rutina que todos se saben de memorias sus rituales, horarios de actividades. Al cabo de un año las costumbres son constantes sustos, bromas, cansancios, depresiones, tedio, de vivencias aferradas al deseo de no morir en la restringida libertad y a la vez añorada. Obligados al silencio y a proteger sus vidas, con la única defensa posible en ese momento, no dejarse ver por el mundo externo, enemigo de sus vidas. En octubre de 1943 deja entrever como va en aumento los sentimientos contradictorios, eso de sentirse acorralados y a la vez aparentemente seguros y protegidos, idea que se va acortando por tocadas de puertas, robos, quizás un empleado como sospechoso y posible denunciante, eso produce pánicos, tal es así, que “la atmósfera de la casa es deprimente, soñolienta, aplastante”.

Puros sobresaltos, las tensiones, desesperaciones, el no poder huir y salir a ningún lado hace que las relaciones personales vayan complicándose, “la menor palabra corre el riesgo de ser mal interpretada o de molestar a uno o a otro”. Pleito tras pleito, luego reconciliaciones, la vida continúa, nerviosismos, lamentos, risas, reencuentros.

Los temores eran permanentes, no se debía encender la radio porque estaba prohibido, pero lo hacían, tenían que caminar silenciosamente, durante el día hablar en voz baja para que no los oigan en el depósito los que no saben, los otros trabajadores que desconocían la situación, por lo que tenían que quedarse quietos por horas. “Nosotros aquí nos hemos olvidado de reír”…

En marzo de 1944, el nerviosismo y la vigilia aumentan hay un ladrón que pareciera ser uno de los empleados de la oficina, había estaba dentro y parecía tener copias de las llaves, hasta podría ser el mismo que después sopló y los denunció, pero hay que seguir con esta historia de la inmortal Ana.

El 9 de noviembre de 1943 tiene escrito: “todo el mundo está malhumorado”, “no me agrada depender de la atmósfera del anexo, más bien me fastidia”, pasa momentos de depresión. De noche una vez acostada se ve en una prisión, sin sus padres, ora va por la aventura de una carretera, “otra me imagino al anexo pasto de las llamas, o que vienen a buscarnos, a todos durante la noche”. “Cuando llamaron largo rato a la puerta y con insistencia. Inmediatamente me puse pálida, tuve cólico y palpitaciones, todo eso por la angustia únicamente”.

Cuando los días entraron a mayo de 1944, refiere que la política está de asueto, nada que señalar… se habla de que habrá una invasión… no es menester mucha imaginación para comprender esa eterna letanía de la desesperación: ¿de qué sirve esta guerra?…¿por qué esta devastación? Pregunta comprensible, pero nadie ha encontrado la respuesta final”.

¿Por qué se gastan cada día millones en la guerra y no hay un céntimo disponible para la medicina, los artistas, los pobres… Hasta que toda la humanidad sin excepción no sufra un enorme cambio, la guerra imperará”.

Volcándose a ella, se mira sin dejarse aplastar ni por la tristeza que asoma como un gigante sombreándole los sueños, ni por sus miedos, cuenta, “a menudo me he sentido abatida, pero nunca me dejé llevar por la desesperación.”

Ese mismo mayo, piensa que “ningún país querrá sacrificar a sus hombres en el interés de otro país, e Inglaterra no será la excepción. La invasión, la liberación y la libertad vendrán un día, pero la hora será fijada por Inglaterra y Estados Unidos, y no por un conjunto de territorios ocupados”.

Se siente apátrida en esa ola de antisemitismo, caos, traiciones. Se encuentra sola igual que tantos entre la libertad, la verdad y el derecho. La soledad de la raza dividida entre combates y gobiernos infernales, campos de concentración, prisiones, mercado negro, protectores de otros descubiertos, hambre, salud deteriorándose, más privaciones.

“Pero todas estas privaciones no son nada comparadas con el horror de ser descubiertos”.

El 6 de julio de 1944, tiene, “todos vivimos sin saber por qué ni con qué norte, y siempre buscamos la felicidad, vivimos todos juntos y cada cual de manera diferente”. Está harta y cansada de mostrarse valiente, de disimular, “después de año y medio de vida enclaustrada, hay momentos en que la copa rebasa”. Ana quiere andar en bicicleta, bailar, silbar, mirar a la gente, sentirse joven y libre, respirar aire fresco.

Se pregunta haciendo eco en el papel, “existe alguien en el mundo capaz de comprenderme, sea o no judío y que quiera en mí a la muchacha que pide nada más que una cosa: divertirse, gozar de la vida”.

Y este deseo de libertad de andar suelta sin sentirse en el claustro del fascismo es aplastado, el mayor miedo de Ana voz de todos en esta historia retomada, releída, recontándose, lo dice el 11 de julio del 42, “no te imaginas cuan opresivo resulta el hecho de no poder salir nunca, y tengo muchísimo miedo de que seamos descubiertos y fusilados. Eso no es exactamente una perspectiva agradable”.

Entre lo que se quiere y puede, está el verbo y principio de la vida, cuando las reglas son alteradas por la omnisciencia de supuestos líderes que imponen sus ideas.

El 27 de febrero de 1944, toda hecha un ovillo de desprendimiento y verdad interior nos constriñe con esto “son tanta las cosas que echamos de menos aquí…no me refiero a las necesidades físicas, siento la nostalgia tanto como tú del aire y de la libertad. Pero he empezado a creer que tenemos el privilegio de tener una compensación enorme por todas esas privaciones…una compensación interna…

Puede perderse todo, la riqueza, el prestigio, pero esa dicha en tu corazón solo puede, cuando más, ensombrecerse, y volverá a ti, siempre, mientras vivas”

Y en todo este contexto Ana no entiende como se puede discutir, estar en desacuerdo, tanta disputa, “aquí no tiene ninguna razón de ser… hay algo a lo que nunca estuve acostumbrada son esos gritos y esas palabras duras que estoy obligada a absorber poniendo buena cara. Me niego a soportar todas esas humillaciones… proferidas constantemente… no me acostumbraré nunca mientras esas discusiones (utilizan esas palabras en lugar de peleas) se produzca por mi causa… Me parece extraño que las personas mayores regañen tan fácilmente por cualquier minucia, hasta ahora he creído que eso de pelearse era cosa de niños”. “No me reconocen ninguna cualidad, yo no tengo nada de bueno, estrictamente nada, mi apariencia, mi carácter, mis maneras son condenadas una detrás de otra”…¿Soy en realidad tan mal educada, pretenciosa, terca, insolente, tonta, perezosa, etc, como ellos pretenden? ¡Oh!, Ya sé que tengo muchos defectos, pero ciertamente exageran”.

La contestataria, la desencontrada, la inconforme, la rebelde adolece de amor y quejas, ubica sus protestas corajes y sentir frente al tejido familiar exclusivamente; tenemos el 7 de noviembre del 42, con respecto a su madre y hermana dice, “yo las quiero sólo porque son mi madre y mi hermana. En cuanto a mi padre es otra cosa. Me consumo íntimamente cada vez qué exterioriza su preferencia por Margot, que aprueba sus actos, que la colma de elogios y caricias. Porque yo estoy loca por Pim. Él es mi gran ideal. No quiero a nadie en el mundo tanto como a papá. El no repara en que no se porta con ella igual que conmigo. Es indudablemente la más inteligente, la más amable, la más bella y la mejor. Pero no obstante, yo tengo un poco de derecho a ser tomada en serio… Espero de papá algo que él no es capaz de darme. No estoy celosa de Margot, nunca lo he estado. No envidio su belleza ni su inteligencia. Todo cuanto pido es el cariño de papá, su afecto verdadero no solamente a su hija, sino a Ana, tal como es”.

El tocador de Ana está borroso, hay dos rostros femeninos que le hacen entrar en huelgas y dar pasos a sus sentimientos, se siente poco remunerada en la atención de su demanda de amor y en los faltantes que el espejo de su pasión e inconformidad le hace creer.

Dirá, me aferro a papá porque es el único que mantiene en mí los últimos restos de sentimiento familiar. Papá no quiere comprender que, a veces necesito desahogarme respecto de mamá; se niega a escucharme, evita todo cuanto se relaciona con los defectos de ella… Más que todo lo demás, es mamá, con su carácter y sus faltas, quien pesa de modo terrible sobre mi corazón. Ya no sé qué actitud adoptar; no puedo decirle brutalmente que es desordenada, sarcástica y dura… En todo somos distinta y chocamos… siempre me propongo pasar por alto los defectos de mamá, no ver más que sus cualidades, y tratar de encontrar en mí lo que vanamente busco en ella…Ya no soy la nenita a quien se festeja con risas benévolas por cualquier motivo.

Tengo mi ideal, es decir tengo varios, tengo ideas y proyectos, aunque todavía no puedo expresarlos”.

Ideal versus identidad, yo y no yo, mujer madre versus mujer rival, mujer hija alias la otra. Mitad mujer mitad ella. Ana tachando lo que no quiere, Ana cuestionando a su modelo, Ana buscándose donde no se ve, Ana comparándose con la sangre de su sangre, Ana haciéndose mujer en su cuerpo que se rebela estar intocado.

Ana la creadora de su propio historia más allá del mundo que se abomba. Sus vivencias.

Momentos de desgarramientos, de posicionarse en ese lugar y función de hija transitando su propia ruta, descubrimientos y pensamientos se enganchan a la interioridad y acogimiento que le ofrece su diario, que es para ella “el principio y el fin, porque Kitty nunca pierde la paciencia; yo le prometo que, a pesar de todo, me mantendré firme, recorreré mi camino…”

Enfrenta sus luchas interiores tanto de identidad, como de los roles que va codificando, armando y desarmando, su otra vida va conjugando en su cuerpo que le va presentando ese despertar frente a la propia imagen, de ir reubicando a la que está transformándose y sintiéndose diferente aún con restos de la niña en brazos de su padre que lo necesita cuando tiene miedo y las bombas caen, ella corre a la cama de él para guarecerse en sus brazos, se siente segura a pesar de continuar el temor dentro. Reza con su padre sin sentirse obligada como una nenilla, lo asume como profesor para que le enseñe lo que no sabe o le preocupa olvidarse, le lee en las noches Goethe y Schildler, se deja llevar, le dice lo que debe y no debe leer, le permite tejer, la defiende, no le da sermones, en fin, su Pim, apodo con que lo llama, “es la bondad personificada”, mientras ella es el “incurable manojo de nervios”.

Ella quiere de su padre un amigo, y este solo es lo que es. Y siente que él evita toda conversación concerniente a su mamá. El padre presta su autoridad y función de amor para su hija, sólo eso, no se deja seducir por la hija encantadora, mimosa, hablantina, la guía, no se hace aliado de su ataque al terreno materno, la calma, ocupa su puesto de hombre en sus dos roles de marido y padre. A su mujer lo que es de ella y a su hija lo que no es de la otra.

En cambio con su madre que se le ofrece como amiga, la rechaza. Ana, quiere solo una madre, le dice para rezar juntas cuando el papá no puede, le dice que no, la evita, la distancia. Su madre ante esto le comenta “al cariño no se lo ordena”, ella se daba cuenta, de la frialdad de Ana no le era indiferente, también, “reflexiona que su madre la ha rechazado”.

Edith que así llama esta mamá puesta en la mira parcial de su hija, que aparentemente pareciera comunicarse mejor con su otra hija, que con Ana, ya que como es menor la trata como tal, en las mismas redacciones del diario encontramos algunos momentos de preocupación por esta hija, que coma, evitar que se enferme, atención permanente por su salud, lecturas para “enseñarles el arte de vivir”. En fecha del 10 de marzo de 1943, durante un bombardeo hubo un cortocircuito en el anexo y Ana estaba con terror y miedo corría al lecho del señor Frank y suplicaba a él que enciendan la velita a lo que él se oponía por la seguridad de todos, la señora Frank, saltó de la cama y cumplió el pedido de la chica, refunfuñó el padre, y la esposa le dijo: “es que tomas a Ana por un viejo soldado” y asunto concluido.

A veces pareciera que mandaba frases como lecciones de educación, a lo que su hija menor desaprobaba, también tenemos que cuando es de ponerse a la defensa de sus hijas lo hace ante quién sea, si se hurga en el diario, se encontrará algunos momentos de esa función de madre “hablando por las hijas”, además es una lectora permanente, a veces hasta leyendo en voz alta los sucesos de la juventud sin “aplicarlos en sus hijas” según Ana.

La madre será un campo de batalla y un jardín donde los combates y las germinaciones de la nueva generación femenina harán otro cantar de los cantares.

En sus análisis del 5 de enero de 1945, descubre lo que le falta, “mamá nos ha dicho ella misma que nos considera como amigas suya más que como hijas. Es muy bonito, no digo que no; sin embargo, una amiga no puede reemplazar a una madre. Necesito ver en mi madre un ejemplo que pueda seguir, quiero poder respetarla”. Tres días antes había dejado esa constancia de sentirse estupefacta, aterrada por las “palabras duras que utilizó para ella. Se ha preguntado, “Ana, ¿viene verdaderamente de ti ese odio? ¡Oh, Ana deberías sentir vergüenza!…Sufro y he sufrido de un mal moral…deformadas por una óptica subjetiva; cuando me hallo en ese estado, soy incapaz de reflexionar sobre las palabras de mi adversario…Me repliego entonces en mí misma, solo veo mi yo…”

Y justo a tiempo, ahí su silenciosa interlocutora se deja empapar, ella, “derrama sobre el papel su alegría, sus burlas, y sus pesares, sin pensar más que en su propia persona. Este diario tiene mucho valor para mí, se dice, porque forma parte de sus memorias… en muchas páginas podría añadir pasado… Estaba furiosa con mamá, y a veces sigo estándolo. Ella no me ha comprendido, es verdad; pero yo, por mi parte, tampoco la he comprendido a ella… me lo tomé demasiado en serio sentirme ofendida… En otro tiempo ante de mi vida enclaustrada, esta cólera se traducía en algunas palabras vehementes, en algunos golpecitos de pie a espaldas de mamá y con eso me calmaba…

Esa época ha sido superada… me he vuelto más razonable, y asimismo, mamá esta un poco menos nerviosa… Me es imposible sentir por mi madre el amor apegado de una hija. Me falta tal sentimiento.”

Su diario la libera de culpa de remordimientos, lo anota así este dos de enero, “acallo mi conciencia con la idea que el papel es menos sensible que mamá; porque ella, fatalmente, llevaría mis injurias en su corazón”. El 16 de marzo de 1944, sostiene, “la cosa más maravillosa, y ya es algo, es poder escribir todo lo que siento, si no me ahogaría”

Una vez enfrentada estas sombras de emociones Ana esta más dispuesta en su mundo interior a seguir develando otras inquietudes que la van sorprendiendo y a la vez va relacionado con la experiencia en su propio cuerpo, que la invitan a otros giros consigo, al leer un libro a propósito de la manía de ruborizarse siente como que este artículo esta dirigido a ella, escribe, “aunque no enrojezco con tanta facilidad me parece que las otras cosas de que habla se aplican perfectamente a mí”, veamos cuáles son, -continua la lectura-

“una muchacha, durante los años de pubertad se repliega en sí misma y empieza a reflexionar sobre los milagros que se producen en su cuerpo. Yo también noto esta sensación; por eso, en los últimos tiempos, me siento cohibida delante de Margot y de mis padres… Lo que sucede me parece maravilloso; no solo las transformaciones visibles de mi cuerpo, sino lo que se verifica en mi interior. Aún cuando yo nunca hable a nadie de mí misma, ni de todas esas cosas, pienso en ellas y las refiero aquí.

Cada vez que estoy indispuesta –sólo me ha sucedido tres veces- tengo la sensación de llevar en mí un secreto muy tierno, a despecho del dolor, de la laxitud y de la suciedad; es porque, a pesar de los pequeños fastidios de esos pocos días, me regocijo en cierto modo desde el momento en que voy asentir ese secreto una vez más… En lo que a mí respecta, como me encuentro aquí desde alrededor de mi decimotercero año, he comenzado a reflexionar sobre mí misma… Por la noche, en la cama siento a veces una necesidad inexplicable de tocarme los senos y percibir, la calma de los latidos regulares y seguros de mi corazón. Inconscientemente tuve sensaciones semejantes mucho antes de venir aquí, porque recuerdo que una vez al dormir con una amiga, tuve la irresistible necesidad de besarla, lo que entonces hice. Su cuerpo, con el que ella siempre se había mostrado recatada, me despertaba una gran curiosidad. Le pregunté, si como prueba de amistad, no me permitiría palpar sus senos, haciendo, ella lo mismo con los míos; pero mi amiga se negó. Cada vez que veo la imagen de una mujer desnuda, como por ejemplo, Venus, me quedo extasiada”.

La sexualidad aflora desflora la imaginación de Ana, ella está poseyendo una experiencia que se transmuta entre indagaciones, confesiones y secretos que no los puede hablar ni compartir con sus padres, acaso ellos no comprenderían, se horrorizarían, moralizarían las inquietudes de la jovencita. Estos temas son silenciados, la infancia siempre pregunta sus innatas curiosidades, señala lo que el otro calla, pregunta sin puritanismo, Ana se está alejando de la inocencia, lo velado aparece como una falta de algo, es un juego de encuentros y pérdidas.

La edad del deseo no se puede esconder, por la boca sale la punta del hilo principal que acontece a todo ser humano, habla, siente, piensa porque es un ser sexual, su historia humana no es educar al instinto, es saberse diferente en el oficio de vivir entre pensamientos, ideales, pasión humana, y lo posible, en ese diálogo con el porvenir que aventura la felicidad y la dicha, aún en esa confrontaciones de luchas y avatares dentro y fuera del cuerpo: la destrucción y la construcción imaginaria para no exterminar la naturaleza ni la propia vida.

Se convive con otro que se transforma y nos cambia. Que nos protege del espectáculo del finito, que nos ampara de la desolación que produce el miedo y el dolor. Como que nos dijera permanentemente sé tú mismo, sigue, no te detengas. Goza la vida sin que la muerte te la quite. La muerte es un término, en cambio la vida hay que terminarla viviéndola, por lo tanto defiéndela, no la expongas, no cedas a claudicar dentro de ti. No la derroches con la estupidez mundana, es inevitable experimentar, pero no hagas de tu cuerpo un campo de minas ni de derroches.

¿Entonces, qué se quiere en ese descubrimiento ruta al gozo sensual del erotismo y de la sublimación? El amor conlleva un destino humano, exige residencia, pero el emigrante polizonte que cada cual lleva quiere algo más, que no lo sometan, que lo dejen peregrinar en el placer de una verdad amorosa que no tiene que ver con rivalidad ni deslealtad, sino con el yo expulsado de la propia infancia.

El adulto busca a ese infante que se conjuga entre él, tu, yo. Por lo que mío y tuyo más tarde va a ser una larga tarea, reconocerse en los fragmentos del recuerdo, armar las formas del juguete que se fue, alejarse de la vida que no pertenece, escribir el poema de aquel acaso, o relatar algo de un sueño o de una vida que no se tuvo, pero que no hay otra.

La escritura auxilia al cuerpo, a la memoria en el quebranto de la angustia cuando ausculta la sensibilidad fundiéndose entre el cuerpo y la palabra.

Parece que la única lectura que los padres no pueden prohibir a los hijos es la de sus propias vivencias. Esa otra lectura que tiene que ver con la inscripción de una sexualidad que habla, que se organiza, que deja huellas. La lectura de los libros prohibidos y no permitidos a conocer que le hacían a Ana por considerársela menor y todavía no aptas para su psique con qué tenían que ver, ¿acaso no sería estos temas tabú?

Un sueño le abre las puertas a la primera mirada de su todavía niñez, cuenta el mismo seis de enero del 1944 que “estaba sentada en una silla y enfrente a mí Peter…Wessel, hojeábamos un libro, con ilustraciones… De repente la mirada de Peter se cruzó con la mía, y me hundí largamente en sus hermosos ojos…Luego Peter me dijo con un acento muy dulce: -si yo lo hubiera sabido, hace mucho tiempo que habría acudido a ti-. Bruscamente me volví, porque no podía ya dominar mi turbación. En seguida sentí una mejilla contra la mía, una mejilla muy suave, fresca y bienhechora… Era delicioso, infinitamente delicioso. En ese instante me desperté, su mejilla aún estaba contra la mía”.

Se siente turbada por ese sueño. Dice, “cuando papá me besó esta mañana, hubiera querido gritarle, -Oh, si tu fueras Peter-. No puedo hacer nada sin pensar en él… lo amo con todo mi corazón, con toda mi alma… que sólo toque mi cara…”Ahora no descansa su imaginación, el príncipe desarchivado sale otra vez en el recuerdo a la escena mental, precisa volver al cómo lo conoció, cómo es, lo describe, lo enaltece. Relata, el 7 de enero de 1944, “Peter Wessel apareció en mi camino, y aunque de un modo muy infantil me enamoré de él.

Peter también me encontraba simpática, y durante todo un verano fuimos inseparables… Era la imagen misma de la belleza, alto, delgado, con un rostro serio, calmo e inteligente. Tenía cabellos negros y ojos castaños magníficos, tez mate, mejillas tersas y nariz puntiaguda. Me enloquecía su risa, que le daba un aspecto de muchacho travieso… Era todavía más que mocosa. Resultado: Peter me dejó. Yo lo amaba a tal punto, que no podía resignarme, y no me desprendía de él; hasta el día en que comprendí que, si me empecinaba así por más tiempo, me tomaría por una buscona”.

Ahora al mirarse al espejo se encuentra cambiada, parece más dichosa, pero, sin embargo, “no sé qué pensamiento triste ha hecho desaparecer, súbitamente la sonrisa de mis labios. No puedo ser dichosa, porque debo decir que estoy lejos de los pensamientos de Peter Wessel… ¿Quién podría ocupar tu lugar sin convertirse en un vil remedo?”

Evoca, este 7 de enero, “que una vez, hablando de sexualidad, su papá le dijo que no podía aún comprender el deseo, pero a ella le parece haberlo comprendido siempre. Ahora lo comprendo perfectamente. Nada me es tan querido como él, su Peter”, hasta gritaría con toda sus fuerza que sería para ella el mejor marido.

El 12 de enero de 1944, según Ana “el último libro leído por los mayores, MAÑANA SIN NUBES, mamá lo ha encontrado extraordinario; en él se habla mucho de los problemas de la juventud. Yo me he dicho a mí misma, bastante irónicamente, -trata primero de comprender un poco a la juventud que tienes a tu alrededor”.

“Mamá nunca ha pensado en los problemas ni en los pensamientos que me preocupan. No tengo el menor deseo de hacerle notar que uno de sus retoños, es, extrañamente diferente a la imagen que ella se forja de él, porque se sentiría consternada”. Los sentimientos a su madre son como los de una rival, de una extraña o de una no aliada a su molino, sin paso posible, afirma tajantemente, que su “mamá se percata bien de que yo la quiero menos que Margot, pero imagina que sólo se trata de una etapa difícil de mi vida”… Margot, “ha dejado de tratarme como si yo fuera una chiquilla insignificante”.

Se afirma en esas comparaciones, va saliendo invicta, se siente propietaria de descubrir y sentirse que sabe eso: asuntos de sexualidad, pero eso no es todo, entonces, hay algo más que no sabe, que no puede, que está prohibido, algo a lo que no tiene acceso, está ubicando, precisando y diferenciando el amor filial del amor sexual, la mujer hija, la mujer que mira a otro hombre que no es su padre, su madre que sigue los pasos, la pista está controlada, la niña aún es niña, la mujer pasea por la imaginación, sale al real, está sola en su cuerpo que deja notar la promesa de su hermosura, sus formas hablan, ella se regodea en la mirada que descubre, busca sentirla, se busca en lo que avista pero que le es difícil nombrarlo.

El mismo 12 de enero retornando a los pasos de su escritura le parece como si “viera por otros ojos que los de ella, como si se tratara de una extraña, antes cuando no reflexionaba tanto, tenía en ocasiones la sensación de no formar parte de su familia”. Considera que durante cierto tiempo interpretó el papel de huérfana, o se dirigía reproches, diciéndose que “nadie tiene la culpa si yo quería hacerme la víctima”, se sentía sola, las observaciones de su madre la desalentaban, la disculpaba, diciéndose que podría tener preocupaciones, quería contarle las novedades que pasaban en la escuela y en su opinión creía que su mamá debía estar siempre dispuesta a escucharla en cualquier circunstancia, y las cosas no eran así, se sentía sola sin ser receptada en sus palabras y experiencias propias y en lo que tenía que decir y contar.

Viéndose en la actualidad, en su momento presente, del aquí y ahora, piensa “que las cosas se han agravado más. En fin, tú lo sabes. En estas circunstancias Dios me ha socorrido enviándome a Peter…me río de todo, Peter me pertenece, y nadie lo sabe. Así puedo pasar por alto cualquier desaire. ¿Quién sospechará lo que sucede en la mente de una chica?

Su mirada busca, se inquieta, tiene deseos de hablar de veras con alguien que no sea cualquiera, que le sepa guardar la conversación, se le ha ocurrido elegir a Peter, ese otro Peter, el hijo de los Van Daan. Empezará a tantear el terreno. Ya tuvieron algo afín hace un año, esto es, a compartió con él una representación, a más de eso lo ve capaz de hacer reír de vez en cuando, “ambos sienten predilección por los disfraces”, él se disfrazó de mujer, apareció con un ajustado vestido de cola perteneciente a su mamá y ella con traje de hombre, con los de él, Peter con sombrero de mujer y ella con la gorra de su amigo causando gran hilaridad para todos.

Vistieron el imposible, gozar aparentemente el secreto del otro, enseñar lo que no se parece: lo no todo. La comedia no poder ser el otro, pero jugar a representarlo, en la otra escena permitida: el teatro, bufón del drama, ensayo del deseo siendo el otro- la otra. Escenificando no ser, nadie puede entrar al secreto del deseo y de lo prohibido, de lo inhabitable: No desear a la mujer de tu prójimo, no desear al hombre de tu prójima, no desear ser el mismo Dios.

¿Quién se conforma con ser sólo uno o una?

Saltarse ese lugar es entrar en el caos del orden y de la función humana. Es desconocer al otro y a la otra, es desafiar al interdicto, el enigma tiene que ser prohibido para que se efectúe la instauración del deseo, y se posibilite el mito humano en esa otra dimensión que nos diferencia de los animales. Este tema implica desmadejarlo más pausadamente, porque encierra y abarca la sexualidad y su lenguaje profano que no entra en paraíso ninguno.

Retrocediendo sus páginas, nos remontamos al inicio de su diario el 14 de agosto de 1942, cuando a este chico lo vio por primera vez entrando al anexo con su gato Mouche, no había querido dejarlo. Referirá, que “no espera gran cosa de él como compañero, es muy muchacho, de modales suaves, desgarbado y tímido” hasta torpe, no le gusta porque pasa tendido en la cama, que le parece hasta hipocondríaco. En fecha del 25 de diciembre de 1942, anota en su diario el diálogo con los padres de él, al que les dice que le gustaría que Peter dejara de acariciarle la mejilla, que le desagrada tales demostraciones… los padres le dicen que si podría encariñarse de él porque la quería muchísimo, a lo que ella pensó, ¡Oh! Dios mío, Oh no”… Digamos hum, ejem.

Pero parece que esto está en la chiquilla quisquillosa que era, porque ahora es otro cantar estás más que sensible, siente que “tiene la cabeza enmarañada”. El 10 de diciembre de 1944, se haya en un gran dilema, se dice a sí misma, “tengo miedo de mi misma, miedo de que mi deseo me arrastre y miedo de no mantenerme recta, más tarde con otros muchachos. ¡Oh que difícil es! Los sentimientos y el corazón están en lucha”.

El 12 de febrero de 1944 amanece “con unas ganas locas de todo… De charlar, de libertad, de amigos, de soledad… Tengo unas ganas locas… de llorar… pero soy incapaz de llorar. No me quedo quieta, voy de una habitación a otra… mi corazón late como si dijera: -pero, vamos, satisface de una buena vez mi deseo… Creo sentir en mí la primavera, el despertar de la primavera: lo siento en mi cuerpo y en mi alma. Me cuesta lo indecible portarme como de costumbre… no sé que leer, qué escribir, qué hacer. Solo me invade una gran ansiedad”.

Hagamos un intervalo, la bella durmiente siente en toda la piel el despertar femenino, siente que su cuerpo habla adentro y afuera a pesar de ella y de su escritura.

¿Qué otras cosas hace Ana en su diario acontecer? Está aficionada a los árboles genealógicos de las familias reinantes, sigue las audiones de la BBC; recorta y clasifica, colección de artistas de cine y teatro, escribe cuentos, lee historia, también mitología de Grecia y Roma, estudia álgebras aunque le parece antipática, también geografía, sigue de reojo a Peter, lee las críticas de las películas que le llevan, se inventa peinados que duran media hora porque le bromean a qué artista imita, se aburre de los relatos de las historias de juventud de los del anexo ya que de tanto que las repiten se las sabe de memoria, cada anécdota la conoce con anticipación, piensa, que si al menos le añadiesen a veces detalles a su propia imaginación; cuando los visita Koophuis o Henk sus temas de conversación son acerca de los que se ocultan, de los movimientos clandestinos, que a todos los escondidos les interesan por situaciones semejante a las de ellos, ya que según la testigo siente que “cuando son atrapados nos afligimos, y saltamos de alegría cuando sabemos que un prisionero se ha escapado”.

Lee permanentemente, le gusta sobre todo la historia, estudia matemáticas, francés, geografía, ayuda lavar platos, a pelar granos y patatas. Hasta se hizo un suéter de la lana tejido, hace poemas y levanta el ánimo con Pim a los otros. En junio de del 43 dice “ las personas libres jamás podrán imaginar lo que los libros significan para quienes están escondidos, libros y más libros y la radio…esa es toda nuestra distracción”.

No hay que olvidar que es el padre, que va encaminando a la escritora potencial en la rutina, es él quien la ayuda como dice ella “a establecer nuestro árbol genealógico paterno. Sobre cada miembro de la familia me cuenta una breve historia”. Ella teje los fragmentos con que abriga la historia que va a quedar inédita en el anexo. Es quien le habla, la calma, la escucha. Es con el padre con quien se muestra indecisa, siente vacilación porque siempre han hablado francamente, es con él con quien cuenta, al que le cuenta lo que hace, no todo, casi, se deja una reserva, pero lo ubica como un tercero, al que le pide su opinión, sabe que esto puede disminuir la magia con el objeto del amor, porque ya no hay secreto que ocultar.

Su padre está pendiente de los pasos, la mima, le hace un poema para su cumpleaños, cumple 14, copio un fragmento: “aunque eres la más joven ya no eres una niña/ pues todos quieren enseñarte, no siempre para bien:/ tenemos experiencia aprende de nosotros…/ya todo lo hemos hecho muchas veces/ y sabemos mejor lo que hay que hacer/… Y así siguen diciéndote todo el día/…las propias faltas tienen poco peso/ por eso pesan tanto las fallas de los otros./ tus padres tratamos de ser justo contigo;/ muchas cosas sin duda te molestan/. Más no siempre podemos darte la razón.

Pongamos en suspenso y en anuncio una novela rosa que la adolescente va a crear, por qué no, el anticipo de la punta de los sueños está dada, ya la novela familiar se va resolviendo, la trama encontró sus hilos, los protagonistas consumados como principales están pasando a segunda funciones, están en verbos pasados con interrupciones entretelones del escenario, e invadiendo la escena si no les convence con sugerencias, pero, falta algo que rompa la monotonía y la rutina, eso que no esté en el reglamento del anexo, que sea inesperado aunque todo el mundo lo sospeche y esté pendiente como si tal vez, hasta que los artificios aparezcan como naturales sin mucha sospecha.

El 3 de febrero de 1944, cortes van y vienen, la realidad, la imaginación, los acontecimientos afuera del anexo entran, “todos los diarios se ocupan de lo mismo: la posibilidad de una invasión aliada enloquece a la gente completamente”, se habla de Alemania recurriría a la inundación para contraatacar, que se distribuyen mapas geográficos de Holanda con las regiones a inundar, y como “Ámsterdam se encuentra en esta zona, nos preguntamos lo que sucedería con un metro de agua en las calles”, bromean, nadar, disfrazarse, ponerse zancos, hacer fundas para guardar el dinero, o resignarse a quedarse, no hay otro lugar, hay que provisionarse, traer frazadas, más preguntas, y si cortan el agua, la electricidad, el gas, pues habrá que coger agua lluvia, cocinar en la estufa, y qué de los incendios, de los gases asfixiantes, de las bombas, esto “no son cosas para animar a nadie”.

El acorralamiento de lo mismo y los caminos cerrados, la monotonía de la espera y del intervalo. Ana, concluye está página con resignación, “tanto me da vivir o morir. Ahí tienes a lo que he llegado. El mundo no va a dejar de girar por mi causa y, de cualquier modo, no seré yo quien cambie los acontecimientos. Sólo me resta ver venir las cosas, no me ocupo más que de mis estudios, y confío en que el final será bueno”.

14 de marzo de 1944, los problemas de la guerra de mal en peor, se agudizan, los proveedores de cupones han sido atrapados, sus protectores se enferman, Koophis sufrió otra hemorragia del estómago. “La melancolía reina en la casa”, se economiza, se reordena las comidas,, se ven obligados a comer el mismo menú, y como ella dice, “pero uno se resigna cuando tiene hambre”.

“La monotonía comienza a trastornarlos”, están saturados, se siente chivo emisario de las tensiones, Kraler ha sido compelido a trabajar la tierra, Elli y Miep siguen enfermas de gripe. Una verdadera serie de calamidades.

El 28 de mayo de 1944, describe “la mayor parte del tiempo, temblamos de miedo; la ansiedad, la espera, y la desesperación son visibles en cada rostro… para nosotros la tensión siempre va en aumento. Ya hace dos años que estamos aquí. ¿Cuánto tiempo vamos a poder resistir esta presión insoportable y más fuerte cada día… siento seguridad relativa… Más de una vez me pregunto si, para todos nosotros no habría valido más no ocultarnos y estar ahora muertos, antes de pasar por todas estas calamidades, sobre todo por nuestros protectores, que al menos no estarían en peligro. Ni siquiera este pensamiento nos hace retroceder: amamos todavía la vida…”

¿Cuáles son los acontecimientos adentro del anexo y dentro de Ana?. Se acerca a los terrenos de Peter sin anunciarse, invade su espacio, lo libera para su juego de libertad y emociones, hace sus cercamientos y acercamientos, entre toscos y zalameros. Después de haberlo provocado y echado de su cuarto y de su propia cama y ponerlo furioso, y creer que así “ya es hora de que se muestre un poco amable conmigo”, remata ese pedido regalándole una manzana. Sale.

Descansa un rato del nuevo aprendiz de su corazón que ronda su imaginación. Salta a otros temas guardados o flotando por ahí, nada es casual, está en plena desfloración de las preguntas, ronda el tema sexual sin preámbulos, en enero 24 de 1944, recuerda que tanto en la escuela como en su casa se hablaba con misterio y cuchicheos sobre eso y que quien se mostraba ignorante era motivo de bromas, juzgaba estúpido y ridícula esa actitud y como no podía remediarlo trataba de obtener información de sus amigas, y puesta al corriente habla con sus padres, donde su madre le dice, “-Ana te doy un buen consejo. No discutas este tema con muchachos, si son ellos los que empiezan a hablar no respondas-.

Recuerda todavía su respuesta, -claro que no, vaya una idea- Las cosas quedaron así . Al principio de nuestra permanencia en el anexo. Papá, de tiempo en tiempo, dejaba escapar detalles que yo hubiera preferido conocer por mamá, y amplié mi conocimiento gracias a los libros y a las conversaciones que se entablan a mí alrededor..”

Clara, y decidida sobre su elección inconsciente digámoslo así, lo visita a poco y con calma, hasta lo encuentra agradable, entra a su cuartito, según su expresión, lo ve simpático por huraño que sea, no se queda mucho para que no la juzgue fastidiosa, busca pretexto para quedarse a su lado, se ponen uno frente al otro jugando palabras cruzadas, busca mirar sus ojos, experimenta una extraña sensación, supone que puede leer en el rostro del joven su estado embarazoso, su falta de aplomo y la sombra de incertidumbre de saberse hombre, al ver sus torpes movimiento algo se estremece en ella.

Está pendiente de pormenores. Le habla de su manía de sonrojarse, se siente detestable en eso de implorarle o insinuarle favores a Peter. Determina que quiere hacerle hablar, y que con esto no hay que pensar que está enamorada.

El informante de los asuntos prohibidos por los adultos para los menores de edad es Peter, el 24 de enero de 1944, ella, como detective de las curiosidades empieza a hacerle preguntas, lo ve que en asuntos de temas sexuales no es fastidioso, desconoce e ignora por completo lo que su mamá le dijo que de ese tema se aleje con los chicos, que importa, hay algo que puede más, lo desafía como que nada al preguntarle que sexo tiene el gato Mouche, a lo que él dijo que era macho, se le burla porque la vez anterior dijo lo contrario, y el joven Van Daan ignorando esa risa le invita a comprobar, el gato es puesto patas arriba y como objeto de investigación se ubican los órganos sexuales masculinos, enseñándole y diciéndoselo a ella en tono serio, y de paso le ubica hasta el trasero. Punto, asunto concluido. Y como Peter, luego siguió hablando sin segunda intención, acabó por ahuyentar toda desconfianza con respecto al chico.

Siguió charlando como si nada.

El 24 de enero de 1944, deja escuchar sus giros y emociones, sus aleteos sentimentales, “¡cómo se cambia! Jamás hubiera creído poder hablar de esto llanamente, ni siquiera con una muchacha. Estoy segura de que mamá pensaba en eso al advertirme que no hablase con los muchachos de tales temas. Pero al menos he aprendido algo: hay jóvenes –incluso del sexo opuesto- que pueden hablar de temas sexuales sin bromear y sin falsa verguenza”.

El 14 de febrero de 1944, le dice a Kitty, “Peter no ha dejado de mirarme de cierta manera distinta a la habitual… pensé que estaba enamorado de Margot… no lo he mirado durante días, adrede… cada vez que lo hacía me encontraba con su mirada clavada en mí… además un sentimiento maravilloso me ha impedido mirarlo demasiado a menudo… querría estar sola, completamente sola. Papá no ha dejado de notar que algo me pasa, pero me sería imposible contárselo todo…”

El mismo 14 de febrero de 1944, ha escrito que Peter necesita hablarle, se le acerca a pretexto de comentar un incidente con uno de los del anexo, y le dice a su chica amiga: “por lo general me callo porque sé que anticipadamente nunca consigo dar con las palabras en caso semejantes… empiezo a tartamudear, enrojezco y lo digo todo al revez… no logro decir lo que quiero… por eso te admiro a ti, dices las cosas sin rodeos. Le dices a la gente lo que tienes que decir. No tienes nada de tímida. –te equivocas- respondí. La mayoría de las veces digo las cosas de una manera totalmente distinta a cómo me proponía hacerlo. Luego, una vez arrastrada, hablo demasiado. Es una plaga que tu desconoces… quise tranquilizarlo sin que notara mi alegría”.

Así se va a jugar momentos de agrados y “deliciosos” para la enamorada. Sube y baja del desván, ahí esta el cuarto de Peter, y también de las provisiones, se dan miradas retenidas con instantes de vueltas, coge más patatas y se va, mostradas de lecciones, pláticas y hasta confesiones, ella presta a escucharlo y comprenderlo, le cuenta de sus deseos de viajar y a la vez de sentirse inútil, a lo que ella, le interpreta, “que pareciera sufrir de un fuerte complejo de inferioridad”.

Ahora comprende porque el tanto abraza a su gato Mouche, por que siente necesidad de amor. Él le dice, “no conozco el miedo, solo me asustan mis propios defectos. Pero pienso en ellos cada vez menos”. Ana considera que su vida ha mejorado porque ahora tiene un objeto ¿de entretenimiento, de misterio, de observación, de posesión, de ensayos afectivos, en fin, de juegos adolescentes sostenido en la complacencia, como ella lo dice, “y eso me regocija… el objeto de mi amistad se encuentra en casa”.

Sueña y despierta pensando en él, le ve miradas inteligentes una veces y ardientes otras, su presencia se le ha convertido en una pesadilla, lo ve a todas horas, busca acercársele, lo espera ansiosamente, no sabe por cuánto tiempo el sentido común le permitirá controlar este anhelo, aparenta jovialidad para no traicionarse, siente que todo el mundo le fastidia, está desesperada y poco razonable, se sabe sentimental, cuando lo encuentra lo atrapa al vuelo y lo invita conversar, quiere que le hable sobre sí mismo, le cuesta, pero ahí está ella para ayudarlo, para sacarlo del silencio y de la soledad, a pesar que él la disfruta y no quiere ser inoportuna o cansarlo, igual lo busca, él le dirige una mirada especial a lo que ella le responde con un guiño. “Parece absurdo decir que Peter se sienta feliz pero estoy segura de que él experimenta los mismos sentimientos que yo”.

Le entran dudas, a lo mejor el no le encuentra atractivos, quiere conquistarlo, a lo mejor piensa superficialmente en ella, desespera, se siente observada por mamá que molesta a Peter. Continúa. Se dan adelantos, respiran juntos el aire fresco, miran afuera desde la ventana, “hay algo que no debe ser interrumpido con palabras”. Lo ve extraordinario cuando corta la leña, piensa que “se aplica en cortar bien la leña, para demostrarle su fuerza” .

Está romántica, a lo lejos escucha un carillón tocando “puro de cuerpo, puro de alma…” [

Se funden en uno todos sus hombres admirados e idealizados. “Peter como papá es un muchacho admirable”. “Peter Wuessel y Peter Van Daan se han fundido en sólo Peter, amado y bueno por quien suspiro”. En la noche su papá leyó a Dickens en voz alta. Sentada en la misma silla que papá y muy junto a Peter, el cielo parecía abrirse para mí”.

E 7 de noviembre de 1942 opina con respecto a su padre, “yo estoy loca por Pim. El es mi gran ideal. No quiero a nadie en el mundo tanto como a papá”, “espero de papá algo que él no es capaz de darme”. La ruta de su ideal imposible está tocando otro camino, está abordando los desafíos del descubrimiento de otras emociones y dejando de ser la niña de Pim. El 3 de febrero de 1944, suspirando decía “creo que voy a enamorarme de él, si ya no lo estoy…” Kitty siempre está ahí, ahora Ana le suelta sus emociones, “estoy exactamente como una enamorada que sólo sabe hablar de su amor”.

“Ese sueño del beso en la mejilla no la abandona”. Es intermitente en su desconcierto e inquietudes. Flota un misterio inexplicable.

El 17 de marzo de 1944, se lee, “para amar a una persona es menester primero que esta me inspire admiración y respeto, sobre todo admiración… todo marchará bien cuando pueda conquistar a Peter, pues lo admiro desde muchos puntos de vistas”, es tranquilidad, reposo, es lo opuesto de ella que se siente torbellino y estruendo.

El 19 de marzo de este 1944 decide tomar las riendas, hablar francamente con Peter, aprovecha un momento para cuchichearle que le era inminente hablarle, se ponen de acuerdo… Hablaron de 1942, “qué distintos éramos en aquella época… al principio ninguno de los dos podía soportar al otro. Él me encontraba fastidiosa… yo… en juzgarlo una nulidad, no comprendía porque no flirteaba conmigo… él me habló de su aislamiento voluntario, le dije que no veía gran diferencia entre mi bullicio y su calma, que a mí también me gusta la tranquilidad, pero únicamente lograba estar a solas con mi diario”.

Se sienten contentos de estar juntos, compartiendo el aquí del anexo. Además él se siente ayudado por ella con su alegría, y ella considera que “es lo más hermoso que él le haya dicho”. Piensa, “debe haber empezado a quererme como amiga, y esto me basta por el momento. Por más que busque las palabras no las encuentro, a tal punto soy dichosa. Perdóname querida Kitty, mi estilo se ha venido muy abajo… tengo la sensación de compartir un secreto con Peter”.

Quiere horas de felicidad, estar juntos.

Sube a reunirse con él a la habitación, como ya sabemos, está en el desván, y tiene una ventana que se presta para asomar la mirada en la noche y ver una posible luna y lo que sucede afuera, la oscuridad relativa se presta para la velada, facilitó la conversación y las cosas para Ana, se tocan con las palabras, se escuchan sus historias de familia, la vuelven a poner sobre el tapete.

“Peter le pregunta si se besan, si se dan un beso en cada mejilla todas las noches antes de acostarse, a lo que ella le dice, ¿uno solo? No, muchos, muchos. Apuesto a que no es tu caso, -No, yo casi nunca he besado a nadie-. Reconocimos que ninguno de nosotros confiábamos en nuestros padres… huía a la buhardilla para renegar completamente solo. En cuanto a mí, le dije, cómo en la noche en la cama daba rienda suelta a mis lágrimas… Hablamos un poco de todo. ¡Oh, ya lo sabía yo, lo encontré exactamente como me lo imaginaba… somos grandes amigos, estamos juntos siempre en lo posible”.

El miércoles 22 de marzo de 1944, el hilo conductor de su preocupación, su historia, que concierne a dos: Ana y Peter entra a tejer un mural de imágenes y palabras en su querido diario, “creo Kitty que el anexo va a ser cruzado por el soplo de un amor verdadero”. Hay un giro total, Peter el de la realidad y no el del sueño o del ayer desemboca en un presente intermitente y no pienso para nada en casarme con él. No sueño con eso. Es demasiado joven todavía, y no sé qué clase de hombre será más tarde, tampoco sé si nos amaremos lo bastante como para que ambos deseemos casarnos”. Lo ve hermoso, pura amabilidad y bondad. Cuando conversa con él le hace notar que él está enquistado entre los dos, nunca dices nada.

Ella se identifica con él en que no son diferentes uno del otro, ya que a “Peter lo mismo que a mí le falta una madre… se interesa poquísimo en los pensamientos de su hijo. La mía demuestra un mayor interés por mí, pero está desprovista del instinto materno, tan hermoso y sutil”.

Ambos mantienen una lucha interna según ella a causa “de nuestros sentimientos contradictorios, aún no nos sentimos lo suficientemente seguros y en el fondo somos demasiados sensibles como para soportar brusquedades, cuando me agrede mi reacción directa: quiero irme, como es imposible empiezo a simular, me debato y causo tal batahola, que todo el mundo quiere verme en el otro extremo de la tierra.

Él por lo contrario se repliega sobre sí mismo, casi no habla, permanece más bien taciturno, cavila y se esconde tras su timidez”. “Creo que lo más que le ha impresionado es haber descubierto en mí, no a la pequeña Ana superficial que los demás conocen, sino a una criatura totalmente diferente, una persona tan soñadora como él mismo y en pugna con idénticas dificultades”.

No faltaba más los allegados del medio ambiente están pendiente tanto de la guerra como de los sucesos de Ana y de Peter, la madre de él, lo llama el pensador y la jovencilla cree que está celosa de los acercamientos, la otra madre reprime a Ana por estos encuentros y de que va mucho al desván, cree que el joven está enamorado, la señora. Frank está en contra, Ana no quiere renunciar a Peter, cree que no debe ser indiferente a su madre para controlar la situación, y tratará de ser amable con ella. Pim se muestra menos cariñoso, se esfuerza por no seguir tratándola como una niña, y este hecho lo ha enfriado, dice “papá prefiere no intervenir en la lucha que entre mamá y yo se ha suscitado”, le inquieta la sombra de su hermana que le surge de pronto en su cabeza, se pregunta si Margó no le gusta Peter, se lo pregunta, se escriben cartas al respecto, si ella estuviera en su lugar “estaría enferma de celos”, esta duda no se la ha transmitido a él, una vez deliberado y careado que no hay tal, ella desata sus emociones. Se pregunta, si “sentirá la mejilla contra la suya, como sintió la del otro Peter en sueños”.

“¡Oh Peter y Peter! Vosotros no sois más que uno, vosotros sois el mismo Peter”.

Le deposita todas las cualidades que ella con ojos maternantes, de paciente cazadora y de guionista dibujando escenas que conmocionen, acecha y describe, el 28 de marzo de 1944, lo ve con esos ojos inigualables, “cuando lo veo tendido, la cabeza sobre los brazos y los ojos cerrados, no es más que un niño; cuando juega con Mouchi, es un encanto; cuando se le encarga traer las patatas u otras cosas pesadas, está lleno de fuerza; cuando va a mirar los bombardeos o a sorprender a los ladrones en la noche, es valeroso y cuando es desmañado y torpe resulta sencillamente delicioso. Prefiero recibir de él una explicación a tener que enseñarle algo; querría reconocerle superioridad en todo, o en casi todo. ¿qué puede importarme nuestras madres? ¿Ah, si tan siquiera hablara!”.

El 1 de abril, de 1944, en su silencio medita, “¿no será que la timidez le impide confesar su amor? ¿por qué me quiere tan a menudo a su lado?…me tranquilizaré… con un poco de paciencia, quizás eso llegue por sí solo. Pero hay algo que me tiene mortificada: doy la impresión lamentable de correr detrás de él. Siempre soy yo quién va hacia él, y no él hacia mí”. Se justifica, “se debe a nuestras habitaciones. Peter no comparte la suya con nadie, yo sí, y él seguramente ve eso como un obstáculo”.

Sigue sus acercamientos con Peter, no le es suficiente que le hable de sus padres y de sí mismo, no le basta, desea más, todavía no son verdadero camaradas, se siente sobre ascuas, se trastorna con las malas noticias que llegan de afuera, se apiada de sí, el día lo pasa alegre, segura, hasta insolente “con el fin de evitar cualquier interrogatorio y no tener que deprimirse”, en las noches no aguanta y llora, se acoge a su diario que es su salvación.

El 16 de marzo de 1944, se da ánimos, “estoy resuelta a ser valerosa…de día en día estoy más distante de mamá, soy menos cariñosa con papá y ya siento deseos de hacerle a Margot la menor confidencia…ya no tengo ganas de besitos y halagos, y juzgo afectados los tiempos diminutivos”. “Se nos trata como a niñas. Es verdad que lo somos físicamente pero olvidan que, en lo moral, hemos madurado infinitamente más de lo que por lo general les sucede a otros muchachas de nuestra edad”.

El 17 de marzo del mismo 1944, como dueña de la verdad y marcando linderos en los dominios que va reconociéndose como propietaria de sus actos y reflexiones se expone a deducir y sostener que “sé con toda exactitud lo que quiero…me he formado mis propias opiniones, principios e ideas…me siento más cerca de los adultos que de los niños”.

Y aquí, hecha la agrandada, a la vez situándose y asumiéndose distinta y distante se ve otra, dándose de igual a igual con los adultos, hasta siente que la tratan con más consideración, tiene la “impresión de ser absolutamente independiente de todos cuantos conozco”, hasta, comparándose con su madre que le parece poco dúctil y de poco tacto, la “aventajaría en las discusiones y controversias, pues soy más objetiva que ella y exagero menos. Soy también más ordenada y más hábil, lo que me da, -si puedes reírte- una superioridad sobre ella en muchas cosas”.

El 7 de marzo de 1944, a propósito de este otro verse en su propia semejanza, de este giro al mundo de la juventud que anticipa Ana, marca un ciclo recorrido y lejano de su pubertad y adolescencia viviéndose. Veremos en sus memorias que hace un compendio, crónica, un perfil y reseña de la que fue en los hechos de su vida y de cómo percibió y transitó sus tres últimos años. Entrelaza su permanente tratamiento de auscultarse, autobservarse, autodecirse.

La escucha siempre es una demanda, de un pedido, de saberse hablada y escuchada, crea ese ir y venir del monólogo, compaginando una lengua transmisible y transformadora. Dirigiéndose a su interlocutora Kitty no se siente sola, puede acercarse al vacío y a la vez tomar distancia, puede construir el puente que la orienta hacia ella misma.

Puede verse a distancia, criticarse. Se siente cambiada, cuando recuerda su vida antes del encierro en el anexo se le antoja irreal, sale para hablar de esa otra que ha convivido con ella y la describe así, “la Ana que disfrutaba de esa existencia celestial era muy diferente de la que maduró entre estas paredes”. Ubica que tenía admiradores, amigas predilectas, que era mimada por los profesores y por sus padres a más no poder con bombones, con dinero para pequeños gastos…¿qué mas pedir?”. Cree que prendaba a las gentes por sus ocurrencias, observaciones, su rostro riente, era despreocupada, tenía sentido crítico, original, encantadora, y no era por sus atractivos físicos como le ha dicho Peter.

Además, según ella, era una coqueta incorregible y divertida. Dentro de sus cualidades que tenía era aplicada, honesta, franca, y generosa. Su reputación en la escuela era de chacoteadora, bromista, jaranera, eso sí, ni llorona ni caprichosa. “ A Ana la escolar la veo como una chiquilla encantadora, pero muy superficial que no tiene nada en común conmigo…¿Qué queda de aquella muchacha? Risas, ocurrencias, críticas, capaz de flirtear…”

Volver a ser la que fue la saturaría. Le gusta la que es, la que está siendo, afirma que “ya no necesita adoradores o admiradores seducidos por una sonrisa lisonjera ni que la sigan con miradas ni con espejitos, sino amigos cautivados por mi carácter y mi proceder. Comprendo que estas exigencias reducirían mucho mi círculo de íntimos, pero, ¿qué le vamos a hacer?”. Hace un puente y paréntesis y deja a relucir otros momentos, “a pesar de todo, mi felicidad en 1942 tampoco era completa, con frecuencia me sentía abandonada. Me movía demasiado de la mañana a la noche para pensar en ello, y me divertía cuanta podía. Conscientemente o inconscientemente trataba de olvidar el vacío que sentía divirtiéndome así… que aquel periodo de mi vida terminó irrevocablemente. Los años de escuela, su tranquilidad y su despreocupación nunca más volverán. Los he superado ya no lo deseo”.

Para la redactora, diseñadora de su estilo y heroína de su adolescencia estos tres años son un espejo de sus sentidos, de una realidad comprimida en una política dada por las circunstancias del ejercicio del poder, problema eterno de las pasiones humanas, del dominio voraz de una muerte amenazante convertida en disputas y desacuerdos: la guerra justificando puntos desencontrados entre los que se consideran aliados y enemigos, en la inevitable ruta de la historia jugando omniscientemente el destino de los derechos humanos.

Vistos por ella ese diario vivir en la clandestinidad nos los compartirá con este sentir de su única vida de espectadora y semblante de la palabra y los actos.

El 3 de mayo de 1944, se pregunta ¿de qué sirve esta guerra? ¿Por qué los hombres no pueden vivir en paz? ¿Por qué esta devastación?. Pregunta eterna, por los siglos y los siglos de todo presente. Considera la estadía en el anexo como una “aventura peligrosa”, que se torna romántica e interesante por el riesgo. “La invasión ha comenzado… las operaciones de tropas inglesas y norteamericanas han empezado”, el 6 de junio de 1944, se pregunta, ¿se acerca de veras esa libertad tan largamente esperada? ¿De esa libertad que tanto se ha hablado? ¿No es demasiado hermosa parecida a un cuento de hadas?.

Ya el 11 de abril de ese mismo año Ana empieza a cansarse de comprender la mente humana, está cansada de sentirse paralizada en esa angustia permanente, está cansada de vivir la condición de clandestina, está cansada de ese enclaustramiento y de esos miedos indescriptibles. Qué le queda, sólo esperar, y estar en el anhelo de que si esto termina, pero, “¿cuánto tiempo más poder resistir esta presión insoportable y más fuerte cada día?”.

Mantenerse en pie es la consigna.

En su diario la joven recrea los datos, los sintetiza, hace sinopsis, hasta se estimula de los avances de proceso creativo y de los recursos que implementa en ese hacer escriturándose. El 10 de diciembre de 1943, cuenta, “cada una de nuestras privaciones ha sido tratada humorísticamente en mi diario. Me he propuesto de una vez por todas, llevar una vida diferente de las simples dueñas de casa…soy joven… me niego a quejarme todo el santo día”.

Su alegría, su fuerza y su dicha interior, combaten la pesadumbre, pone un torniquete de ilusiones allí dónde se pregunta ¿por qué habría de desesperarme?

Esta mordacidad en el manejo del humor es increíble en Ana, hasta para describir la rutina aprendida a fuerza de la costumbre. Parece que dibujara las palabras desde el retrato de una adolescente en circunstancias de campamento viviendo comedias más que de una guerra, veamos un fragmento de esa vida cotidiana, abramos el telón, asomémonos a ver que hay, desplazamientos de cosas para dormir, luego el inmobiliario del día se transforma, Ana duerme en un diván de 1;50, al que hay que agregarle dos sillas como larguero, luego higiene, rizadores, agua oxigenada para la pelusilla negra del labio superior, besos de buenas noches, rezos y a la cama, se sabe hasta los ruidos de cada uno de los anexados, como el de su compañero de cuarto, Dussel, que cuando el sueño no le llega hace “un ruidito como de pez que boquea” interminablemente hasta que se amodorra y fin. Otra escena, la Sra. Van Dam, la representa como “la provocadora que habla con una sonrisa de coquetería y pretendiendo saber hablar de todo se esmera con el uno con el otro”.

La escena del ropaje de todos es captada teatralmente al menos así la puedo representar en mi mente, tenemos a la sra. Frank con el corpiño ajustado y viejo, lavando ropa; el sr. Frank con su corbata deshilachada pelando arvejas; el Sr. Van Dam con su mesa para tomar el te, delantal en pecho y haciendo salchichones; la Sra. Van Dam o petronella, no solo con su urinario, sino encargada de la cocina, además aferrada a sus trajes y abrigo de piel de los que no quiere desprenderse; Margot con su delgadez y vestidos casi rotos lavando platos; Ana con sus rizadores y blusa enseñando el ombligo y puesto los zapatos rojos con taco que le trajo Miep yendo con la peinilla en la mano a cortarle el cabello a Pim; Peter con su gato y matándole las pulgas, también taciturno, apagado con apetito devorador. Y el Sr. Dussell pantalón al pecho, chaqueta roja, zapatillas negras, gafas de carey trabajando en la mesita y otras veces con sus implementos de odontología listo para sacar las muelas y no olvidando sus largas sesiones en el retrete.

Se atreve a hacer un inventario de vivencias de los dos primeros años, en marzo 7 de 1944 al recordar los inicios de 1942, lo significa como el brusco cambio, disputas, reprimendas, etc. Dirá “me tomaron desprevenida como si hubiera recibido un mazazo, y para darme ánimo me volví insolente”.

En 1943, nos mete en su avatar existencial. “la primera parte, crisis, lágrimas, soledad infinita, lenta comprensión de todos mis defectos…hablaba tuertas y derechas, tratando de poner a Pim de mi parte. No lo conseguí. Me hallaba sola ante la difícil tarea de cambiarme a mí misma, con el fin de no seguir provocando reproches, porque estos me deprimían y desesperaban”.

Va poniendo puntos apartes a ese no poder entrar al secreto del deseo, va dándose lugar y función a su propio orden, va distanciándose de la disputa de tener un aliado a su favor, su padre es sólo su padre, jamás su cómplice ni su comodín, peor el que hace lo que ella quiere. Él sólo interviene en la función que le permite y da lugar su rol filial, la función paterna autorizándola a ser en el mundo de la inexactitud. En ese mundo donde aparentemente no le falta nada pero en el que busca la intimidad, en el que quiere salir de lo trivial, en el que descubre esa falta de confianza como su verdadero defecto, además se “aburre lo indecible”, pero le interesan los recuerdos sobre todo.

La segunda parte del año es mejor para ella, ya transformada en jovencita, cree la consideran, reflexiona más, escribe cuentos, comprende que “los demás no tenían ya, el derecho de utilizarme como pelota de tenis”. Decide cambiar, ser consistente en sus opiniones, según su decir: “formarme según mi propia voluntad”, tiene mira de otra actitud y relación con su padre, se confiesa, “que ni siquiera su papá sería nunca su confidente en todas las cosas, ya no podría tener confianza en nadie, salvo en sí misma”.

Ya a fin de año del 1943, se pone inquieta, anhela, desea tener un muchacho como amigo y no a una muchacha. Pues, “había descubierto la dicha en su caparazón de superficialidad”, al irse volviendo más seria se sentía, “consciente de un deseo sin límites por todo lo que es belleza y bondad”. En este momento de su vida lo bueno se reduce al escondite que es la seguridad, su salud intacta, de todo su ser. “Lo amable es Peter, ese despertar de una ternura que nosotros sentimos, sin osar todavía, ni el uno ni el otro, nombrarla, o tan siquiera rozarla… no pienso ya en la miseria, sino, en la belleza que sobrevivirá.

Se vuelve madre y consejera de sí, se levanta los ánimos, “piensa en la belleza que se encuentra todavía en ti y a tu alrededor. Sé dichosa”.

Su madre opina lo contrario a este pensamiento de Ana, más bien, considera que cuando se está desalentado y triste hay que pensar en la desgracia del mundo, se opone a este mirar, ya que considera, nuestra Ana, más bien sostiene, que cuando se está en desgracia hay que salir de ella para no estar perdido, que hay que volverse a lo bello. Algo así, como un no dejarse derrotar ni atrapar, es como una invitación a recuperar la calma.

En cambio Pim, de ese papá protector, atento a alegrarle la vida, a dejarse cortar el cabello, de leerle cuentos, de acolitarle los sueños con fotos y postales de artistas, de ser su camarada, de haber confeccionado cortinas con retazos de tela “con la torpeza de los profanos en el oficio” pasa a ser el guardián, el consejero, el cuidador de los pasos de su hija. La siente en peligro, la pone en alerta, le pide prudencia porque se cuenta con un espacio muy restringido, le dice que no le parece apropiado lo que está ocurriendo en esta casa, le dice que no o tome demasiado en serio a Peter, al que suponía el camarada de Ana, además “en estas cosas el hombre es activo, y la mujer más moderada”.
Los principiantes de este amor adolescente se prometen que nunca habría rozamiento, se devuelven la confianza y se cuidan del amor pero de las distancias es más difícil.

En 1944 haciendo un resumen de ese año en sus escritos, Ana analiza, reflexiona sus propias palabras dirigidas a su madre, se queda estupefacta de cómo había sentido tanta cólera hacia ella, se pregunta del por qué ese odio, se da cuenta que ese pasado estaba lleno de incomprensiones mutuas, de ese estar indispuesta “a esos malentendidos… y desacuerdos de una parte y de la otra. Nos hemos envenenado mutuamente. Pero eso pasará” y continúa, “me he vuelto razonable… cuando ella me fastidia, casi siempre me callo, y ella hace otro tanto, lo que todo parece marchar mejor”.

Indaga y se adentra en ese nexo filial difícil de eslabonarlo entre su ser y el no ser de la otra.

Da con un punto ciego, casi como un grito de “eureka” frente a una posible solución o respuesta, al fin, descubre que lo que le falta entre las dos es ver a su madre como un ejemplo que pueda seguir, ya que, dice ella, “mamá nos ha dicho, ella misma que nos considera como amigas suyas más que como hijas”, a lo que Ana, piensa, “en mi opinión una madre debe ser una mujer cuya primera cualidad sea el tacto, sobre todo frente a hijas de nuestra edad, y que no obre como mamá, que se burla de mí cuando lloro”.

Esta joven, recuerda una escena donde se da un impase con su madre y hermana, aparentemente insignificante, esto es dónde se le burlan este par, después de haberla despedido por andar en bicicleta a pesar de haberle permitido llevarla, y que con la misma no podía acompañarla, a lo que ella llora por sentirse rechazada, y ambas se le sueltan una carcajada, Ana siente que en ese momento, sobre todo su madre le causa “una herida” que le “sigue doliendo todavía cuando piensa sobre ese hecho”.

Es como que fuera excluida de la complicidad femenina, de eso que la hace saberse fuera de la otra, fuera de la palabra que todavía no comprende aunque la porta en el cuerpo: una mujer, ella, su yo, que no tiene que ver nada ni la madre ni la hermana, pero que a la vez ambas tienen su propio misterio en su ser. Cuando ella, está haciendo una retrospectiva de sus años anteriores, en su presente confronta otras preguntas que no las puede compartir ni con su madre ni con su padre, ni con su hermana, dado que siente cierta vergüenza y a la vez placer secreto de experimentar eso, eso es, el rubor y la transformación visible del cuerpo, la menstruación es un secreto que la regocija a pesar y despecho del dolor y de estar indispuesta. Este misterio vivido, sentido, la invita a sentir un deseo de hablar con alguien, escoge a Peter, y a él le confía su manía de sonrojarse, hasta conversa sin tartamudear de la menstruación, se siente respetada y escuchada por su amigo.

También va tomando conciencia de sus cambios, de sus inquietudes sobre la sexualidad y el deseo, quiere comprender sobre eso, y su interlocutor escogido es Peter, además siente que “el objeto de su ensueño le pertenece, que nadie lo sabe, que nadie sospecha, lo que sucede en la mente de una chica”. Nota que se siente diferente, tanto en compañía como cuando está sola, cree que hablar con franqueza permite ver el otro lado que no se ve, así podemos entresacar en sus escritos del mes de enero que casi todo el tiempo lo dedica auscultarse, revisar los pro y contra con su madre, y a seguir de cerca sus acercamientos a Peter.

Y el deseo no estaba ahí, y el deseo no seguía ahí, allí advenía algo que no pertenecía al plano filial, aunque la partida se inició desde allí, Peter le cuenta a Ana lo que el padre de la jovencilla le había dicho, “tu padre juzga que esta camaradería puede muy bien terminar en amor, pero yo le he contestado, que los dos nos cuidaríamos de eso”

¿Quién se cuida del amor?

Ana, le cuenta a Kittiy, “papá ha vuelto a decirme que me aparte un poco”, pareciera que Ana estuviese apesadumbrada, pero esto dura un relámpago, ya que cuenta que cree que su padre está decepcionado por no guardar las distancias de su objeto de enamoramiento, se siente sin responsabilidades hacia sus progenitores, considera que en cuanto a sus actos se siente responsable solo con ella misma, se siente independiente, sin interpretar comedias, con una voz interior que no quiere sentencias.

Piensa que la lucha terminado, ¿con quién?, y que ha ganado, quizás se está probando en ese avatar, quizás se está encontrando con su propia piel femenina sin referentes “mortificantes”, cree que ya no necesita de su madre, que se ha vuelto fuerte a fuerza de luchar , obrará según su conciencia, no deplorará de sus actos y como una enamorada radical está convencida que nadie la podrá desconvencer de que deje de reunirse con su Peter, lo dice así, como dirigiéndose en un diálogo imaginario a su padre, en el fondo es la opinión y únicas palabras que le importa, como que la de su madre la tiene sin cuidado, además cree que ella “nunca ha pensado en los problemas, ni en los pensamientos que me preocupan”.

El 17 de noviembre de 1942 escribe refiriéndose a su madre, “en todo somos distinta y chocamos fatalmente”, el 7 de noviembre de 1942 anota, “he concebido un ejemplo ideal de madre y esposa que en nada se asemeja a aquella a quien estoy obligada a llamar mamá. Siempre me propongo pasar por alto los defectos de mamá, no ver más que sus cualidades y tratar de encontrar en mí lo que vanamente busco en ella”. “Ni papá ni mamá sospechan lo que me ocurre y yo los repruebo por eso”. Sus padres no pueden darle viviendo su vida, por otro lado, sólo es la hija, y su lugar es sólo eso, no compensa ni complemente a ellos, por más que adore a su padre, él no puede tomar partido por ella, solo ayudarla a establecer un orden en la organización del árbol genealógico, y a darse presencia en sus respectivas funciones de padre y madre.

Ana experimenta la desilusión, la frustración. Tiene que salir del tocador de no desear el lugar del prójimo u ocupar el puesto del otro, la otra en este caso, aceptar que los padres no pueden dar entera satisfacción a sus hijos.

Hace un receso el mes de febrero de 1944, habla sobre la situación de la guerra, las bromas del anexo frente a lo que harían en caso de emergencia, está arraigada en un su deseo de no morir, así lo experimentan los demás, además de ser libres, se entiende con Peter, comparte sin rodeos, para comunicarse encuentran pocas palabras, buscan pretextos para verse, de ayudarse, tiene deseos de ser consolada, de felicidad, de conquistarlo, de darse entre ellos los que le falta, coinciden en que les falta una madre.

A pesar de ese ataque, queja y constante graffiti verbal contra su madre, Ana deja asentado como en actas de sesión en su diario las intervenciones de su madre cuando la ha protegido o hablado por ella. Las intervenciones de la madre eran determinantes, y en eso el silencio y gratitud de la hija son únicas, aunque no lo festeja, su silencio otorga, es aprobación y aceptación, no rechaza la función de su progenitora, se las sabe manejar, ella registra la huella, así, no la deja mal parada ni la deja como una insoportable. Y es que en el fondo y en la superficie Ana no puede hacer lo que quiera con los otros ni con ella misma, siempre habrá la figura puntualizadora, regulizadora, su padre está ahí siempre para hacerle acuerdo del llamado al orden, hasta su misma madre con la sola presencia, y la vida íntima que lleva con su marido, de la cual Ana desconoce, carece de ese poder, la deja excluida y la somete a su única designación posible en el nexo y vínculo filial : de hija, exclusivamente nació para eso y solo eso, es en ese triángulo familiar donde se juega lo que es y no es.

Lo que puede y no: su no toda presencia en el deseo de sus progenitores.

Ya el 24 de diciembre de 1943 Ana clama y se pregunta “existe alguien en el mundo capaz de comprenderme, sea o no judío, y que viera en mí a la muchacha que pide nada más que una cosa, divertirse, gozar de la vida”. Continúa, “pese a mis teorías y a lo que me atormenta, la verdadera madre que yo imagino y que me comprendería me falta a cada instante… Todo cuanto pienso, cuanto escribo, le está dedicado, en la esperanza de llegar a ser más tarde para mis hijos la MANSIE cuya imagen me he forjado. Una Mansie que no tomara necesariamente en serio todo lo que se dice en las conversaciones generales, pero que si consideraría seriamente lo que yo dijera. Sin que pueda explicar por qué, me parece que lo expresa todo… Con el fin de aproximarme a mi ideal he pensado llamar a mamá Mammis; para no decir Mamsie”. Ella es, por así decir, la Mammis incompleta. Quizás la figura completa es su abuela materna, la gran Mamsie, donde Ana “podía hacer cualquier cosa, hasta ser insoportable, pero ella siempre la disculpaba. El 22 de enero del 44 cierra este laberinto de espejos con lo siguiente, “si mamá no hubiera sido lo que es, si hubiera sido una verdadera Mamsie, nuestras relaciones habrían resultados del todo diferente”.

¿Una Mamsie escritora, una mamsie mujer, una mamsie madre? ¿Un todo? Una no toda todavía, aun una.

El 5 de abril de 1944, visualiza, “quiero tener algo a que dedicarme aparte de un marido e hijos” Ana se forja un ideal femenino aunque le cuesta reconocer, es irónico, que se lo forja sólo a partir y a causa de ese objetar permanente a su madre. De combatir el opuesto, de adecuarlo a sus expectativas. Es posible que el rechazo que siente por su madre esté ligado a la propia ambición de ser escritora. También de suponerse esposa y madre. Todo y no todo. Lo uno o lo otro o ambos a la vez. Pero hay algo más, que no sabe, que a esta respuesta no llega más que por su propia práctica y experiencia y no por consejos de nadie.

Y bueno, la Señora madre de Ana, aparece en los escritos de la contadora, como nada modesta, igual a ella, no se dejan atropellar.

La vivencia le va enseñando aprisa, se ve obliga a no poder escapar ni evadirse de sí mi. El 22 de diciembre de 1942 ya deja entrever esa confrontación con el silencio y las contradicciones, “¡oh, me he vuelto muy razonable! Aquí se necesita buen sentido para todo; para aprender a escuchar, para callarse, para ayudar”.

Ana quiere vivir “una vida desprovista de toda admiración”, se ha propuesto de ocuparse de ella mismo siente que tiene un norte en la vida, sabe lo que quiere, aunque el 14 de abril del 44 se siente “descentrada, ignora porque todas las cosas se confunden, no llego a encadenar y dudo muy seriamente que más tarde, alguien pueda alguna vez interesarse por las tonterías que vuelco en estas páginas”. Sentimental y cursi, así es el avatar del amor, a veces se arriesga la escritura en este campo.

Ana lo sabe, la escritora y la enamorada se empapelan de sentimientos, la letra sufre, el cuerpo se apoya en el otro, gozan del silencio, callan para sentir, ambas se observan, se percatan de su división interior, algo más y algo menos es el riesgo en esta mitad corporal que anhela un todo femenino. Intuye, no solo amar, hay algo más que el amor…

Sueña un amor “puro de cuerpo, puro de alma”, aunque un beso le acosa la imaginación, se cree enamorada, se siente transportada de alegría, “metida en un laberinto de pensamientos”, se escapa hacia él, “está en conflicto entre su corazón y cerebro”. La velada de la palabra entre los dos e infinitas horas juntos.

El anexo un islote que se achica por el peligro constante, buscan escapar y chocan los unos contra los otros, por la desesperación imagina un muro impenetrable a punto de aplastarlos. Implora que el círculo se ensanche. Afuera del anexo la guerra sigue desatada, se dan enfermedades, robos, incendios, huele a carne quemada, el hambre aumenta por las restricciones y racionamientos, cambio de moneda, se oye desembarcos de los aliados, más bombardeos, discursos van y vienen.

Adentro observaciones, desaprobaciones, llamadas de atención por todo a Ana, hambre de todos, alimentación restringida.

En un verso de Goethe, Ana apuntala su confianza aún “en la cima del mundo o en las profundidades de la desesperación”, así se siente comparándose a la suerte corrida por los otros judíos.

Los hombres del anexo hacen guardia, turnos, vigilan, “advierten al defensor de la familia”, Pim, enfrentan a los sospechosos, reconocen el terreno, ubican fronteras, se da silencio de muerte, oscuridad total. Pasan la aventura de la angustia sin ilusiones, con miedo, las mujeres se apretujaban a sus respiraciones entrecortadas, pavor y pánico de ser encontrados. En el momento del peligro máximo, “ocho corazones latían apunto de romperse”, “ese instante indescriptible con sentimientos de sentirse perdidos, de ser llevados por la gestapo”. Solo se escuchaba castañeo de dientes, nadie dijo una palabra, más tarde sus lenguas se desataron, por ahora salvados. Habían agotado las suposiciones, temblado de terror y todos necesitados del W.C…sopor, fatiga, frío, tratando de dormir sin poder, la policía iba a volver, iban a encontrarlos a ellos, la radio, el diario de Ana, la señora Van Daan sugiere quemarlo, Ana salta, cree que “estas palabras y las sacudidas a la puerta-armario, fueron para mí los instantes más terribles de esa velada…

¡Mi diario no! Mi diario no será quemado sino conmigo”

Esa noche de insomnio y pavor se reúne con Peter que está de vigía, están “tan cerca el uno del otro”, que hasta podían notar los temblores que recorrían sus cuerpos. Amanece, avisan a sus protectores, están hecho un revoltijo de desolación al recibirlos. La puerta armario es una frontera imaginaria sin salvoconducto. El 4 de agosto de 1944 al encontrarlos la GESTAPO posiblemente gritaron, posiblemente se quedaron paralizados y mudos, posiblemente intentaron todo y nada. En ese momento la guerra psicológica y real cayó como una red sobre el animal en el hueco del poder devastador.

Toda guerra lleva su destrucción irreparable. Y esta es imborrable tiene su dosis de letal afuera y dentro de los campos de concentración.

Ana nos dice “la otra noche intuía íntimamente que iba a morir”, “se percata de cual es su primer deseo para la posguerra: ser holandesa”. Siente que tiene un norte en la vida, que sabe lo que quiere, que tiene una opinión, una religión, un amo. Se siente una mujer consciente de ella con fuerza moral y mucho valor. Cree, que “si Dios la deja vivir, irá mucho más lejos que su mamá. Que no se mantendrá en la insignificancia, tendrá un lugar en el mundo y trabajará para sus semejantes”. Aun en toda esta angustia, no cae su bandera síquica, ondea su fuerza, su ideal de sí misma flamea a una mujer que no cae, que deja luchas y marchas femeninas en los carteles de su letra.

Quiere algo más, busca, no cesa, sabe adónde va, pero no sabe a dónde la lleva esta guerra, sospecha, teme, no quiere suponer, le apesta la palabra muerte, para qué ser un cadáver, ni siquiera una letra muerta.

Mientras ame la vida, olerá a vida la joven y sus escritos.

El 15 de junio de 1944, estaba atravesada por la nostalgia del mundo, eso de estar privada le hace añorar la naturaleza, se deslumbra por el cielo, por el canto de los pájaros. Siente que en el anexo ha cambiado, “nunca antes se había sentido tan fascinada”, ese momento, de ese día resume su total autenticidad, su simpleza, su sencillez, nos da conocer al ser humano en su completa soledad y disfrute simple de lo que tiene y no, de lo que está ahí y lo invita repensar la ambición de conquistas.

Miró, “completamente sola por una vez la luna a través de la ventana abierta”, se siente hechizada por la noche, la naturaleza la hace humilde, la prepara a soportar todos los golpes con valor, como una sentencia al pie de la vida dice: “la naturaleza es la única cosa que no tolera ser deformada”.

A pesar de sentirse descentrada, e ignorar todas las cosas que la confunden. De no dejar aplastar su esperanza de salvarse. De añorar estar al otro lado del anexo ya sin guerras y de dejar de estar de sobresalto en sobresalto, cree que sus estudios, sus esperanzas, su amor, su valor, todo eso la hace mantener la cabeza alta y ser juiciosa”.

Y no podía faltar la llegada del ansiado beso. Pasa del beso soñado, al beso imaginado, al beso real. Peter la besa así de repente en la mejilla izquierda, considera demasiada dicha para los dos. Se siente tranquila y segura en sus brazos, aunque empieza demasiado pronto a ser independiente sin haber cumplido los quince años. No forja ningún proyecto ninguno de los dos, se pregunta que si se aman por qué guardar las distancias peor aún en las condiciones de ellos, privados de todo, segregados del mundo y abrumados de angustias y preocupaciones sobre todo en los últimos tiempos. Pero, vacila, quiere una franqueza sin gazmoñería, quiere compartir su secreto aún a pesar de que disminuya la magia, le va pedir opinión a su padre, ya de ese encuentro sabemos.

Otra cita de los clandestinos, Ana echa un ovillo junto a él, su Peter, deja salir sus lágrimas, sin moverse ninguno de los dos, y ella, la Ana tierna y amorosa temblando se despide, y en ese momento después de haberle echado los brazos al cuello y besado su mejilla, y en el momento de besar la otra vino el otro beso, boca con boca, donde Ana siente un vértigo, y como que aquello no fuera a cesar…

Ternura, amistad, confidencia, consuelo. Ese deseo intolerable “hace que piense nada más que el uno en el otro”. El 28 de abril de 1944, escribe, “Peter me ha emocionado, más profundamente que cualquier otro muchacho, salvo en sueños”… ¿Qué quieres de mí? ¿En que va a terminar esto?…Peter tiene poco carácter todavía, demasiada poca voluntad, demasiado poco valor y fuerza moral. En el fondo, sólo es un niño, no mayo (MAYOR?) que yo; no pide más que dicha y tranquilidad…¿Es que soy todavía una colegiala tonta? ¿Una personita sin experiencia desde todo punto de vista?…Tengo miedo de mí misma, miedo de que mi deseo me arrastre, y miedo de no mantenerme recta… Los sentimientos y el corazón están en lucha constante”.

Hagamos un flash back, retomemos este diálogo entre Peter y Ana y ese otro momento entre Padre e hija, detallemos despaciosamente la preocupación de todos. Ana dirigiéndose como siempre a su infaltable Kitty, le comparte, que le preguntó a Peter de contarle “algo” a su papá, a lo cual entre vacilación el otro le dijo que sí. Al comienzo Pim le dice que no encuentra mal eso de que ellos estén juntos, pero en otro momento le dice que ha reflexionado sobre lo que le ha dicho Ana, y a él no le parece apropiado, además los suponía camaradas. Le pide guardar distancia, que no vaya tan a menudo a su cuarto, que no lo aliente al extremo que luego deba arrepentirse, que no lo tome demasiado en serio, además le hace ver según su criterio de hombre, que “en estas cosas el hombre es activo y la mujer más moderada”.

Pero lo que nosotros hemos visto en todo momento es una Ana activa, en plena cacería y conquista del tímido Peter aunque le haya dicho a su padre que no lo toma en serio.

Ya charlando con Peter comparte lo conversado con su papá, hacen sus observaciones a lo de cualquier equívoco”, ella le resalta lo que han convenido los dos, que “nunca habría rozamiento”, que papá no sospechaba nada. Hagamos un paréntesis para entender este llamado de alerta, Ana el 16 de abril de 1944, recuerda al detalle ese abrazo casi de uno totalizador con el joven, ella lo detalla casi acompañado de un deleite corporal único, lo deja inscrito en su memoria y en el papel, así: “él me estrechó fuertemente contra sí: mi seno derecho, al tocar su corazón, hizo latir el mío con golpes más rápidos. Pero aún no habíamos terminado. El no descansó hasta lograr que repose mi cabeza sobre su hombro, y apoyar la suya en la mía. Después de unos cinco minutos, me incorporé, pero él enseguida tomó mi cabeza entre sus manos y la estrechó contra sí. ¡Oh, era delicioso, casi no hablé…”

Cabe recordar en este momento sublime y sensual para Ana su mejilla aún no había sido rosada por los labios de Peter.

Vamos al 2 de mayo de 1944, Peter y Ana, no están convencidos de ser solamente camaradas, pero ella se reasegura de sí y del otro y como probando, le dice: “tengo la misma confianza en ti que en papá. Te estimo lo mismo, y no me engaño, ¿verdad? Denegación, demostración de control de la situación, de la compañía y el no poder apartarse puede más. Parece que a Peter no le parece tan cierto las palabras de la camarada, porque se intimida y sonroja según la apreciación de Ana que anda pendiente de cualquier pista y detalle de su contrincante del amor, como si nada lo aguijonea con “sé que, cuando salgamos de aquí, tu ya no pensarás en mí”, él se exalta, y le replica con un “tú no tienes ningún derecho a pensar eso de mí”.

La chica quiere probarse de su gobierno sentimental, tiene al vigía en el cuartel de sus emociones, pero, el padre que anda tras los pasos y jugadas de la hija le preocupa que esa camaradería pueda terminar en amor, se lo ha dicho a Peter, y a su hija le pide que se aparte… pero no piensa hacerlo.

Siente que su padre no está contento con ella, que no ha hecho lo que él esperaba. Cree que está “decepcionado porque no aguardado las distancias”, Ana habla otro tanto con Pim, hasta le escribe una carta en la que su contenido abarque que desde que está en el anexo, exactamente de julio de 1942 y hasta muy reciente, su vidas no ha sido fácil, le refiere que se sentía “completamente sola…tengo conciencia de haber crecido sola, y no me siento en lo más íntimo responsable hacia vosotros… en cuanto a mis actos me siento responsable conmigo misma”, le cuenta que cuando se debatía completamente sola, todos…os tapasteis los oídos; nadie me ayudó, al contrario, solo recibí regaños porque era demasiado revoltosa… me obsesionaba silenciar esa voz interior…tu no puedes, no debes considerarme como una niña de catorce años, porque todas estas miserias me han madurado, me propongo obrar según mi conciencia y no deploraré mis actos… no podrás convencerme de que deje de reunirme con Peter. O me lo prohíbes por la fuerza o confías en mí en todo y para todo y me dejas en paz”.

El 15 de julio de 1944 se pone a pensar sobre la muchacha que es, nota que tiene conciencia de sí misma que no la abandona nunca, y en este seguimiento de sí, dice “papá ha hecho todo lo posible por atemperar mi rebeldía, pero ello no ha servido de nada, me he curado yo misma reconociendo mis errores y sacando de ellos una enseñanza”, se pregunta, “¿Cómo es posible que en mi lucha, papá nunca haya logrado ser para mí un apoyo y aún tendiéndome una mano de auxilio no haya acertado? Según ella, su papá no ha receptado bien, dado, que siempre la ha tratado como a una niña, que pasa por la edad ingrata” a pesar de que él es el único que siempre le ha acordado su confianza, y él único que ha hecho sentir que es razonable. “Lo que no impide que haya descuidado mis luchas por remontar la corriente –eran todos dos los jóvenes de mi edad pasan por eso. ¿verdad? Yo interpretaba una comedia antes de tener conciencia de lo que hacía; me sentía sola, rara vez vencida… Lo hecho, hecho está; pero es posible corregirse…tomando ejemplo de papá, conseguiré enmendarme”. “Anhelos, deseos, pensamientos, acusaciones y reproches asaltan mi cerebro como un ejército de fantasmas”.

Analiza si es presumida o no, se sabe con defectos, quiere enmendarse, se agarra de un proverbio, “hay algo de verdad en cada reproche, y estoy dispuesta admitir que soy presuntuosa”. “Nadie intenta comprenderme…siento sed de una voz reconfortante, que se interese por lo que pasa en mí. ¡Ay! Por mucho que busque todavía no he encontrado esa voz… yo sé que eso te hace “pensar en ¨Pitter, verdad Kitty ¿el uno y el otro? ¿El de la realidad, de los sueños o el creado en su imaginación? ¿Peter el de la infancia, o el Peter del anexo? ). ¿O Peter hecho palabra, texto, personaje, o simplemente el otro, un tú real, diferente a los otros “hombres “que ha conocido en su corta vida. Que de paso a crear algo, alguien que no sea nadie, que tenga nombre propio aunque no tenga “habitación propia” en este “porvenir de una ilusión”.

Creer en aquella que adviene en el orden de un él, aquel, que está en el plano fuera del nexo filial y de la infancia. Que está aquí y allá. Que enlaza a la mujer otra armándose en la mirada masculina, que le da otros reenvíos de mensajes en la textura corporal de lo femenino hablante. Algo que es y no es. Algo que no esquive la ruta de los descubrimientos que se desprenden de la experiencia púber, reafirmando los linderos de su adolescencia. Salir del temor al cuerpo, entrar a la confidencia de la memoria y del verbo haciéndose en conjugaciones del sí y del no.

Algo que revelará un gozo diferente y también desilusiones a las caricias de la vida en el despertar del deseo.

Ya no se siente sola en el mundo. Y lo más relevante, “Él me quiere y yo lo quiero, tengo mis libros, los cuentos que escribo y mi diario, no soy demasiado fea ni demasiado tonta, poseo una alegría natural y buen carácter”. “Tengo a Peter. ¡Con su apoyo tendré éxito!” “Peter me quiere pero no como enamorado, sino como amigo… su devoción aumenta… no comprendo que nos detiene a los dos, hay algo misterioso que nos separa”. Los pro y contra hacia su querido joven. “Peter es bueno y amable, más no puedo negar que me decepciona en muchas cosas, le reprocho sobre todo, que reniegue de su religión, sus conversaciones y otras cosas que me desagradan han revelado varias divergencias entre nosotros… pero sigo persuadida de que mantendremos nuestro propósito de no regañar nunca. A Peter le gusta la paz, es tolerante y muy indulgente. No permitiría a su madre que le dijera todas las cosas que acepta de mí… continúa guardando para sí sus sentimientos más íntimos ¿por qué nunca me deja entreverlos?… Ambos hemos pasado en el anexo los años en que uno se forma: hablamos y volvemos a hablar siempre del porvenir, del pasado y del presente, pero, como ya te dije parecía faltarme lo esencial, y sé que está ahí”.

Ahora bien, como hablándose frente al espejo, que le devuelve su yo impersonal y a la vez lo reconoce con pronombre posesionado en su nombre, dice, Ana, “imaginaba que poseer la confianza de alguien era maravilloso, y ahora que lo he conseguido, empiezo a ver todo lo difícil que es identificarse con el pensamiento del otro, hallar la palabra cabal para responderle”. Siente preocupación, porque Peter comienza a depender de mí, poco más o menos de mí, y yo no lo admitiré. A él le falta” un objetivo determinado”…

“Nunca ha sabido lo que es hacer a los demás felices, y eso yo no puedo enseñárselo”.

El 19 de mayo de 1944, dice, “todo sigue bien entre Peter y yo. El pobre muchacho necesita, mucho más que yo, un poco de ternura. Se ruboriza aún cada vez que nos besamos…él es muy dichoso desde que sabe que alguien lo quiere. Después de mi difícil conquista, domino un poco la situación. Pero no hay que pensar que mi amor haya disminuido. Peter es un encanto. Vislumbra su decepción con respecto a Peter.

Ahora con qué saldrá la narradora, esperemos un poco todavía. Su avatar sentimental y reflexivo ahonda en la soledad de una escritura que se hace y una vida que clama compañía pero no acepta sometimientos ni dependencias ni aferramientos.

Ella desea más que amar, considera que hay algo más, cree que Peter “solo desea amar”, hay una inadecuación e inconformidad frente al llamado del deseo y el sentido de la existencia acompañada y compartida. Nadie puede colmar al otro en esa permanente contradicción de la vida dividida entre un no todo y un todo imposible de abastecer en esa permanente búsqueda de llegar a ser, de querer ser, o como lo dice ella el 1 de agosto de 1944, “lo que yo sería capaz de ser si”.

Siente sed de “una voz reconfortante que se interese un poco por lo que pasa en mí. ¡Ay! Por mucho que busque todavía no ha encontrado esa voz”. Se dirige a su amiga silenciosa, “Yo sé que esto te hace pensar en Peter, ¿verdad Kitty?”

Se siente sola e incomprendida en la conquista de su propio espacio, el 15 de julio de 1944 se pregunta ¿cómo es posible que en mi lucha papá nunca haya logrado ser para mí un apoyo que, aún tendiéndome una mano de auxilio no haya acertado…. Pim se sitúa siempre en el punto de vista del padre”.

Refiriéndose a Peter, “después de haberme percatado –bastante rápidamente desde luego- de que no podía ser mi amigo copartícipe de mis pensamientos, no he cesado de aspirar a elevarlo pos sobre su horizonte limitado y a magnificarlo en su juventud…Nosotros lo jóvenes tenemos que hacer doble esfuerzo para mantener nuestras opiniones, en esta época en que todo idealismo ha sido aplastado y destruido, en que los hombres revelan su lado peor, en que la verdad, el derecho y Dios son puesto en duda”.

“Peter me preocupa mucho más que papá”, dice, se reconoce que ella lo conquistó y no viceversa: “lo idealicé viéndolo apartado sensible y amable como un muchacho que necesitaba cariño y amistad…lo conquisté aunque con dificultad…hemos callado en cuanto a lo que colmaba y sigue colmando mi corazón. Continúo sin forjarme una idea exacta de Peter…él no desea más que amar, en cuanto a él nuestros encuentros le bastan; mientras que a mí me producen el efecto de un nuevo esfuerzo que obliga a volver a empezar cada vez…He atraído a Peter a la fuerza, mucho más de lo que él puede sospechar. El se aferra a mí, y yo aún no he hallado la forma de que él pise con sus propios pies”.

Ana quiere más que amar, ¿qué es lo que quiere? Acaso, no reducirse a un simple objeto de amor, a solo un cuerpo que siente, sino a una mujer también con palabras, posibilidades de imaginación, de proyectarse, soñar, con deseo. Con una historia que cuenta y cuento que cuenta.

Eso no quita que esté desilusionada de Peter, ¿por qué? Aunque reconoce que la quiere, contextuemos, “Peter me quiere. No como enamorado, sino como amigo, su devoción aumenta con los días, sin embargo, no comprendo que nos detiene a los dos; hay algo misterioso que nos separa. A veces pienso que el deseo irresistible que me impelía hacia él era exagerado, pero eso no puede ser verdad; porque si me ocurre no reunirme con él por dos días seguidos, mi deseo se vuelve más fuerte que nunca… Peter es bueno y amable, más no puedo negar, que me decepciona en muchas cosas. Le reprocho sobre todo, que reniegue de su religión, sus conversaciones sobre la alimentación y otras cosas que me desagradan han revelado varias divergencias entre nosotros… A Peter le gusta la paz; es tolerante y muy indulgente. No permitiría a su madre que le dijera todas las cosas que acepta de mí…

Sin embargo continúa guardando para sí sus sentimientos más íntimos ¿por qué nunca me deja entreverlos, su naturaleza es mucho más cerrada que la mía?…Ambos hemos pasado en el anexo los años en que uno se forma; hablamos y volvemos a hablar siempre del porvenir, del pasado y del presente, pero como ya te dije parecía, faltarme lo esencial, y sé que está ahí… Empiezo a ver la debilidad de carácter de Peter”. Tanto Margot como él me repiten siempre, “ah, si pudiera ser tan fuerte y valerosa como tú… me cuesta comprender al que dice: soy débil y sigue siéndolo… no es posible dejarse seducir tan pronto por la debilidad y …el dinero…

Imaginaba que poseer la confianza de alguien era maravilloso y ahora que lo he conseguido empiezo a ver todo lo difícil que es identificarse con el pensamiento del otro, hallar la palabra cabal para responderle… Tanto más cuanto que los conceptos fáciles y dinero son para mí nuevos y totalmente extraños. Peter comienza a depender, poco más o menos de mí y yo no lo admitiré…Peter encuentra difícil sostenerse sobre sus propias piernas, pero aún resulta más difícil hacerlo cuando se es un hombre consciente en la vida. A Peter lo que le falta es un objetivo determinado, se considera poco listo y demasiado mediocre para llegar a un resultado. Pobre muchacho, nunca ha sabido lo que es hacer a los demás felices, y eso yo no puedo enseñárselo…”

El 15 de julio de 1944, afirma categóricamente apenas cumplido sus 15 años, “sé con exactitud como me gustaría ser, puesto que lo soy…interiormente, ¡pero ay! Soy la única que lo sabe”. Ana quiere más, su búsqueda es insaciable, quiere un saber que no se detenga en la cifra que eslabona a un hombre y una mujer. Ella escribe lo que no sabe, y como lo dice con sus propias sílabas, “sigo buscando la manera de llegar a ser la que tanto querría ser”, ella, no se agota, pero, la realidad y los otros están ahí limitando con su deseo, los mismos que no se pueden suprimir dando sólo un plumazo. Están ahí luchando y combatiendo las propias existencias en el mundo de sus cuerpos, cada cual de una manera diferente buscan la llamada a la felicidad para sostener lo que han construido, lo que está por venir, lo que se puede y se quiere aún con el tiempo atrincherando la angustia y el porvenir.

Lo inesperado, el jueves 11 de noviembre de 1943, su estilógrafo, regalo de su abuela materna, dulce constante compañía que aparece como ángel de la guarda en sueños amortiguando la tristeza para que no se derrumbe la esperanza, para que haya un milagro. La había acompañado en el trazo de la letra desde los nueve años, todo su diario lo había escrito con él-, por un error involuntario fue a dar a la estufa encendida y se perdió entre una llama enorme. Ella al ver el resto del mismo, le queda un consuelo, por mínimo que sea.

“Mi estilógrafa ha sido incinerada y no enterrada. Confío en que otro tanto me suceda a mí, más tarde”.

La pérdida de su vida y de su estilógrafo son símbolos de la historia de la civilización en ese eterno recuerdo abarcando la letra de la condición humana en una vida en todas sus posibilidades de subsistir en la naturaleza y en los imperios del poder en cualquier tiempo.

Lo que hace la diferencia, es la condición y calidad de vida que se fomenta a partir de la realización de los deseos posibles y del reconocimiento de los derechos humanos ahí donde el otro no es exterminado por la soberbia y desprecio de quien detenta la administración de la ley y de los recursos materiales en aras de un confuso progreso donde unos pisan a los otros que circulan entre rebelión y sometimiento de inconformidades radicales: la ansiada libertad depende del estratega y de un espacio libre para cohabitarlo tanto física como psíquicamente.

Queda una incógnita silenciosa, ¿acaso el olor de las fresas los delató el 8 de julio de 1944, este aprovisionamiento los expuso al olfato de la GESTAPO, avisó y alertó que ahí en la oficina había algo más, luego siguieron las pistas, soplones con miedo confirman las sospechas, desde afuera la redada, y desde adentro Ana en su “amasijo de contradicciones” “sigue buscando la manera de llegar a ser la que tanto querría ser”. Esto esta en el párrafo final de lo último que alcanza a escribir el 1 de agosto de 1944.

Llegar a ser es posible, ella es lo que quiso, las circunstancias la sometieron físicamente, pero no retrocedió ante su deseo de vida y dejar asentada su naturaleza inquieta e irreverente de sometimiento. Su voz interior: es su ser que quiere intimidad en el camino de la rebeldía y de la aventura y de la formación.

¿La que tanto quería ser? ¿Cuál? ¿La escritora y la periodista versus la esposa y la madre? Un todo femenino en dos Ana. Ya el 1 de agosto de 1944, hablándose para sí a través de su interlocutora Kitty, se interpreta así, “casi nadie me conoce y ese es mi secreto… tengo otra parte, la otra que es grave y tierna… en la soledad su voz domina casi siempre”, como apurándose en su propia mirada, se afirma diciéndose “sé con exactitud cómo me gustaría ser, puesto que lo soy…interiormente.

Pero ¡ay! Soy la única que lo sabe… razón por la cual yo llamo dichosa a mi naturaleza interior, mientras que los demás juzgan precisamente dichosa mi naturaleza exterior”. Internamente, “Ana la pura me señala el camino”, exteriormente, “solo una cabrita desprendida de su cuerda alocada y petulante… me debato siempre con fuerzas que son superiores”

El epílogo de su novelar queda en mí, hace eco su leyenda y mito, lo reparo, lo reconstruyo, lo vuelvo a leer, ubico la última página, y me pregunto imaginando la escena de ese momento introspectivo, donde veo los finales de una guerra eterna e insoportable cercando la encrucijada de la vida, girando alrededor de un poder delirante. El amo de una razón devastadora aguarda la angustia echada al azar.

Y la ilusión de una suerte entre tiros, bombas y devastaciones de la memoria. La muerte existe ¿Y la vida para quién? ¿A quién le importa el epílogo? El prólogo un acta de nacimiento si no es alterada. Basta descosida en el hilo conductor.

En el basteado filial el grafo del deseo. ¿Cómo habrá sido el garabato de Ana?

carmen váscones

8/3/2004