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“VERBAL” DE JULIA ERAZO POR CARMEN VASCONES junio 25, 2009

Posted by rogerhollander in artículo, ecuador, ensayo, quito, reseña, samborondon, Verbal de Julia Erazo por Carmen Váscones.
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“Verbal” el primer libro de Julia, deja descubrir  la ruta de una búsqueda  despoblada de realidad y apariencia.  Su travesía es como el agua en todas las formas de ser.  La única que apaga el fuego o lo expande hasta dejar sin sueño a la voz.

 

La reforestación sonora de la lengua crea su espacio bocal.

 

Es un libro de pistas, de acertijos, de miradas, de escenas descamando la imagen de la soberbia.  Y sin embargo se mira en la soledad de la masa.

 

El verbo no se deja encontrar en el acto del sonido que se deletrea.  La palabra se escabulle al sujeto: la mirada, ella, se hace voz de la memoria, del tú referencial, de la sujetación del tiempo.

 

Parece una espectadora del prójimo presente, lejano y ausente.

 

Aproxima el sentir con el sé.  Reduce la nada, al mito, a la certeza para que el yo no se ahogue en el recuerdo  como una “migaja hinchada de agua”.  Para que la vocal naciente se ate a lo que fue tal vez en el vacío del cuerpo.

 

Un hilo el relato del tiempo, como una línea trazada con lápiz de labio que no quiere parecer, notarse y sin embargo aparece provocando la sugestión. Apróximadamente. Posible sombra sin residencia ni estación de abrazos “que no es el espacio donde habito/ fugazmente te encuentro/…una de las nadas que tenemos”.  

 

La línea de una boca  bebe vino rojo.  Empaña con sus labios la carátula del deseo. Las comisuras de la letra bordea el filo de un sentimiento desencontrando el laberinto de seguir viviendo como “una novela de aventura que inventastes”, qué seríamos sin la fantasía de ser o del hubiese sido, o del querer ser.

 

Restos de infancia  prestan en algún rato ropajes y personajes al espejo para jugar en el teatro de las huellas la forma más parecida a uno. Que se es y no es. O esto otro y así hasta ser un escombro. Hasta que   “un día estamos afuera”

 

Y, luego el espectador del yo apaga la función del convivir con la lejanía de la que se fue o no es nunca y cerrar el telón.  ¡Que importa lo que piense! Es su asunto.

 

El escenario de la historia de todo escrito es una hoja en blanco, lo demás un pase, y momentos que no tienen que ver con el mundo del espectáculo. De vez en cuando dejamos entrever algo. 

 

La vida no se parece a lo que pretendemos. 

 

Alguien habla en el escrito. La autora conversa con los detalles que contienen los sentidos. Despeja al silencio, lo descubre con lo que la retina visualiza, con lo que la imaginación permite.

 

Escenas de cuadros  verbales  expuestos al que dirán los otros.

 

La palabra conmueve en su deambular solitario en la rotación  impronunciable del vértigo. La voz está dentro del sonido, dentro de la mancha con forma.

 

Mientras leo estos textos, tomo un café tinto, es la hora en que  el  contenido se afilia y desafilia del  sujeto y del predicado.  Todo es un accidente circuntancial entre prefijos, sufijos.  Nada es fijo. Solo la muerte al cuerpo. 

 

El resto son episodios en la señal del acto.

 

El verbo ser  entra al banquete del hambre y de la migaja.  El ser poético se inmola: “Soy la cena”.  La soledad del tiempo  “se contrae/ esta casi muerto”.   La sombra se achica y se alarga en el vestíbulo del vaivén, de la hiancia de la duda. 

 

Ahí el objeto parece  perecer, parece ser otra cosa, parece parecerse a un sujeto prendiendo y apagando el carbón del recuerdo que se  hace y desahace “en planetas de porcelanas”,  de “ algunos fantasmas –(que)- se esconden detrás de las curvas del rostro”, de “jugamos juntos hasta donde el sol nos permitió alcanzar/vencer”.

 

El verbo inconexo de la continuidad y de lo permanente acierta pronunciar lazos de sospecha, sopesa el verbo visible, el otro, el lector que aparentemente no sospecha ser parte del guión de la nada contenida en la redada de la escritura. 

 

Uno y otro son lo que no son en el espacio de un punto junto a otro en la hora  que se deshabita y queda. “Los dos desde un lado distinto de la vida/ miramos el horizonte”. “Antónimos frente al universo/ juntos en el instante compartido”.

 

Sin omitir, sin sinónimo  “un pedazo de tí y de mí”  para la morada   de un rato sin el sentimiento de haber sido malgastado el momento. Aún la vida en la palabra que nos avienta a la necedad de buscarle un detalle, un ritmo, un trazo, una afirmación sin oposición.

 

A veces verbal  “en el corazón de las arañas teje historias de amor”.

 

El atrapador y la atrapada en la red del ciframiento vence el temor a quedar prisioneros en el tejido sin  espejismo.

 

Todo es uno/ un instante de extraña fusión”.  De la fantasmagoría al principio de realidad. El uno sin el otro y a pesar de eso creer se cuentan.

 

“Hoy seré lo que soy desde que he sido”.

 

Fugazmente la felicidad un peregrinaje del uno sin el otro, sin resurrección ni reencarnación.

 

“En el vacío / en la nada/ aún hilo/ en la rueca que da vueltas”.

 

Despluma  la tinta la sombra,  la mancha seca forma un trazo de existencia: la acuarela se desparrama en el jardin de “tu alma  espantapájaros”.

 

Todo se destroza en la emoción sin gestos sin significado sin destinatario, una parte se despega, otras “se dejan traspasar/ por la melancolía del sol”.

 

Verbal  vestida de  agua    “desdobla el ser en cada aguacero”, amanece con “el agua despierta/ llega a la vida”, se lanza con su “agua travesía”. Está en cada uno, si la desperdicias “se desangra”. Se seca y cuartea   la mente.

 

Invita a refrescar el cuerpo agua sin descanso hasta saciarnos, hasta que la vida exprima la pasión, hasta que  te veas en el reflejo del agua “como un espejo sin imagen, sin soñante. Como el sueño de un moribundo bajo las olas”.

 

La amnesia náufraga deja que la palabra sea un ritmo de rotación y agonía, una estación del peatón sin compañía, una huella de agua atando junturas “de diálogos vacíos bajo un foco cualquiera”.

 

Con tal que no se moje el foco y nadie corra peligro con la descarga…

 

Y al final de todo una posible tentativa sin opacamientos de nada a nadie.  “Que se encienda la mecha del día” porque cada cual “empieza a correr hacia su muerte”, ojalá sin precipitarla en el tiempo que se vacía de mí, de tí, de cada uno. 

 

Sin que te paralices ante el encuentro con la medusa. Solo hacerla a un lado y seguir tejiendo la palabra que transforma  el miedo a encontrarse con uno. Aun soy mi propio invento: la poesía sin represor.

 

Ya de horror estamos hasta la miseria del esplendor.

 

Los engendros del ser van a encontrarse con lo tenebroso: la imaginación sin ser decapitada por lo real no maravilloso de esa realidad que soborna, que aniquila, que invade a cada instante.  Estar dispuesto a no contaminarse es una lucha con los borrones del ocaso y del poniente.

 

Continuar como si nada con la metamorfosis que más te plazca. 

 

Para que tú -yo- con tus “mis palabras de lanas envueltas en el cuello” desenvuelvan  un pronombre como criatura sin atrapador.

 

“Existe tal criatura/ el verbo dice si”.

24/06/09

 

 

 

 

 

LA MADRE, por carmen váscones mayo 10, 2009

Posted by carmenmvascones in artículo, feminismo, genero y sexualidad, la madre por carmen váscones, política y mujer, reflexión.
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No se está obligada a ser madre, pero una vez que se trae un hijo, y se pasa a ser mamá y se asume en esa nueva función ¿qué?

Claro, el hijo no pide venir.  ¿El indeseado?

La mayoría de los casos llegan,  sin ser pensado, en un descuido, en un pretexto, en una justificación.

Nausea, antojos e impaciencia.

En un encuentro sexual que no era precisamente para engendrar.

Se supone que para que haya una mamá tiene que haber un espermatozoide de alguien, un papá, un hombre y una mujer haciendo de progenitores en un hogar de una familia constituida o no.

La realidad nos dice tantas otras cosas.

El niño actúa de manera increíble en la película Slumdog Millionaire, en la realidad no tienen a ningún sitio dónde ir, por ahora  están sentado bajo la calle, el sol no los conmueve, los quema, lloran.  Y los millones que da la cinta no puede acaso, ¿la actuación, acaso, fue gratis por parte del niño?, y qué de los derechos de la infancia solo una tarima de propaganda mundial.

Hambre, sed, y soledad.  El buitre está cerca de la presa infantil, solo esperando que acabe el último aliento.  La foto es premiada.

El Oscar a la mejor película y a la mejor vida qué.  Inestable el personaje en el cuerpo que tiene hambre y desamparo…

La vida es una fiesta y una felicidad para quién.

Matrimonios conformados y estables los hay pocos, que no llegan ni a la mitad de la población del país.

De ahí tenemos madres jóvenes solteras o divorciadas, madres viudas, madres maltratadas por sus convivientes con promedio de 4 a 5 hijos, madres abandonadas con sus vástagos, madres unidas y vueltas a casar. !Y qué Papelones!

Mujeres en sus mayorías trabajadoras dentro y fuera del hogar.

Madres al fin, luchando, sobreviviendo, enfrentando la “dificultad de vivir”.

Asumiendo solas a los hijos la mayoría de las veces, con problemas familiares llenos de dolor y heridas que demoran en curarse y que muchas veces los hijos son afectados en esa cadena de humillaciones y desasosiegos.

Aún así,  el hijo ni inútil, ni rechazado, aceptado con generosidad o a regañadientas como símbolo del lugar o del desquite.

-Quitate de mi paso-  Quién dice a quién

Evidencia del  lazo misterioso del amor o del odio humano viviente.  Cuerpo luchando por no dejarse morir.

Madres desde muy jóvenes por experimentar, conocer o escapar de sus entornos se enfrentan a coitos y embarazos, por ignorar o desconocer la responsabilidad con su cuerpo.

Por no poder decir no quiero, por temor a sentirse rechazadas, por no atreverse a decir aún no hijos, se ven obligadas prematuramente a ese rol.

Y no es sólo asunto de condón, de la regla natural o del pecado maoseado en nombre de dios.

Es importante replantearse que la mujer no sólo ha nacido para traer hijos, por el solo hecho de tener  un útero, y todo lo que connota lo femenino, sino para construir y hacer su propia vida, proyectarse con otras miradas en el espacio social.

Hombre y mujer piensan, pero al rato de la hora, la materia se contagia de pasión.

Luego, pienso que no fue mi culpa, quizá tuya…

Y los hijos no abortados enfilan los destajos del tiempo.

“Las trampas de la fe”  confiesan, la peste de la pasión arremete, el amor crucifica, el soldado regresa con la memoria reventada, el obrero y el peatón común hacen fila para todo.

La soldado tiene una flor en la mano, la otra un hijo muerto, el hombre cubre con su cuerpo a su hijo para que los disparos no lo toque, la novia y el novio sonríen ante la eternidad de sus miradas…

El capital de vida agoniza en la cuenta del usurero.

Una madre jamás podrá ser padre ni ocupar ese puesto cuando él  brilla por la ausencia por abandono. Ni suponerse las dos tareas.

Ella no puede ni debe suplirlo. No hay disfraz, ni pretexto para encubrir la no presencia del progenitor ausente.

Es importante preguntarse sobre la afirmación como dicho popular que se adjudican muchas mujeres en la casa, cuando creen suponer que son padre y madre a la vez.

¿Qué significa esto? ¿Acaso, hacerle saber a lo mejor al susodicho que no se lo necesita para la crianza del vástago?

Tarea de excluir lo incluído o de incluir lo excluído.  Aborto, fantasma, delirio y muerte la palabra que no encaja.

¿O es el desquite en el que se trata de anular la paternidad, presencia y existencia masculina por completo?

¿Qué dicen ustedes madres abandonadas?

El hijo se siente no amado cuando el hueco no cabe en la palabra.

¿Por qué enredar a los hijos en esas rencillas?

“Desde que queda embarazada, la mujer descubre el sentido de su responsabilidad con relación al pequeño que ha de nacer.  El padre no es dueño de su descendencia  sino porque la madre lo dice. 

 

Cualquiera sea su rol genitor (o adoptivo) el niño no lo reconoce como amo, querido y respetado, más que si la madre lo estima y acepta. 

 

Esta fragilidad del padre a los ojos social indeleble; de afirmar su fuerza y su derecho sobre sus hijos”. Francoise Doltó

Entonces, el privilegio en su opción es sólo de madre. Y dejar ese espacio paterno con lo que le corresponde, esto es, un puesto irremplazable donde alguna vez tuvo un lugar, una cita y un final no feliz.

Colorín colorado el cuento no ha acabado, en mi historia empieza así:  Había una vez …

A lo mejor, de un padre fallido imposibilitado de adjudicarse e integrarse en la función de la paternidad comprometida. Y de una mujer que en la  memoria se le descose la palabra maternante.

Es preferible al niño explicarle la ausencia del progenitor en su hogar para que viva sin falsas expectativas y pueda asumir su realidad y convivir con la ausencia.

“El ambiente creado por las mujeres elabora el valor de la vida, del amor y de la muerte, en el curso de las indelebles experiencias de los primeros años. 

 

Aún más,  de la fuerza real de la madre que el padre ha elegido –cualesquiera sean sus derechos cívicos individuales aparentes-  depende la salud afectiva de los hijos”. Francoise Doltó

Las mujeres son fuerza y conductoras del hogar, lo mismo que las tareas y disciplinas que se confunden con castigos y amenazas.

Se aprende a ser madre y se aprende a ser padre si no saben como, hay que pedir ayuda. ¿Y se aprende a ser hijo en ese nexo con fallas humanamente hablando?

O sino, observemos y escuchemos cuando el látigo cae, el alarido espanta, cuando el niño se cuelga en la nada, o cuando es encontrado el feto o el recién nacido por ahí…

En estos tiempos, hay muchas instituciones al servicio de las madres, la familia y los hijos.

Conocerse como una mujer protagonista de su propia vida también es realizador.

Como  defensora de su familia es fundamental.

Del dicho al hecho no hay borrón ni cuento nuevo.  Quién cuenta lo que pasa.

Como ciudadana participante en su compromiso dentro de la comunidad para construir una sociedad menos violenta dentro y fuera del hogar es un  reto.

Bueno, estamos aquí para celebrar el día de la madre de todos los días, donde ellas amamantan, abrazan, aman,  acunan, cantan, cocinan, juegan, sonríen, descansan, hamacan, peinan, bromean, conversan, acompañan, sueñan y mucho más.

Cuenta a papá de mí cuando él no me ve.

Se enorgullezca de mis logros cuando se entere .

Si no está papá viviendo con nosotros déjame verlo.

No te desquites conmigo lo que es con él.

¿Y si mi madre no está con quién cuento yo, tal vez con …

Un hijo recuerda a una madre que ha echado raíces en algún lugar de la tierra.

Un hijo recuerda a un padre que ha depositado la semilla de pertenencia inconfundible en el vientre femenino.

Un hijo se recuerda a sí mismo continuar en la aventura de su vida.

Habita y deshabita la sombra del sol.

Partirá hacia algún lado sin perdar la belleza de la luna

Un hijo acaso es la casualidad de una ilusión, una desilución, una trinchera, una tregua, un secreto, una coima, un chantaje, una renta, un saldo en contra, un algo de mí, de un  amor  fallido, a construirse, por verse día a día.  Un hijo es un sujeto de deseo con memoria propia ajustàndose al tiempo que le toca vivir…

El eclipse es bello si no es eterno.

El amanecer  embriaga si no es eterno

El ocaso fascina si no es eterno.

La mortalidad es eterna y asusta.

Y sin embargo en el cuerpo se cumple el destino de toda una vida.

Un hijo no es un padre, ni un marido.

Un hijo es un deseante ser que tiene historia y nombre propio. Un hijo crea y recrea sus recuerdos, olvidos y silencios.

Su vida es resultado de un encuentro de dos en un momento de dos vidas que iban hacia algún lado.

Despidámonos de estos progenitores que fueron y son ahora ¿qué?

Pero, no sin antes dejar  estas preguntas:

¿Qué es un hijo para una madre?

Y ¿qué es una madre para un hijo?

-¿Dónde está mi papá?

¿Quién es?-

¿Quién es mi mamá?

-Dímelo-

¿No es sólo engendrar?

-No me preguntes quién soy-

-Te crié-

-¿Eso  basta?-

(Algo de mí es  y  algo no es).

-Y esto no tiene nada parecido al amor  ni a todo lo contrario-

¿Alguien puja?

El llanto.

Cortan el cordón.

– Nació un  infante.

Algún día será…-

carmen váscones

5/2003

AUGUSTO RODRIGUEZ MIENTRAS ELLA MATA MOSQUITOS mayo 9, 2009

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Su primer libro lo engendró y paternizó en Santiago de Chile.  Su encuentro con la lectura  y poesía está marcado por íconos de América, como Neruda, Rojas, Parra, otros. La lista es una aventura al encuentro de su propia voz y letra. 

 

Su otro saber, esa literatura que hace que se escriba diferente, que ubique el sentir y el pensamiento en otro orden de la vida dentro de ella misma. 

 

Ha elegido la palabra que va haciendo y haciéndolo, ésta, “su vida arte a cada paso”.

 

También los poetas de su patria radican en su memoria.

 

Cazón es su estela en la  identidad de una metáfora en las “venas abiertas”  de América.  La emigración de la vida muta su raíz en sueños propios y ajenos.

 

El río de su escritura desborda la soledad de su pasión.  Inventa un circo para no dejarse decapitar por la realidad ni los imaginarios bufonescos.

 

Su porvenir es un presente donde no cabe la muerte. 

 

Y si ésta existe, será un suicidio olvidado en el cuerpo femenino,  acaso en ella dentro del otro o la otra palabra que se rebela y enfrenta a aquella: la poesía, para que las “huellas digitales” retomen  al poema, donde el autor remarca: “este poema que escribo/  nunca acabará de escribirse”.

 

El cauce del yo del poeta es parte y contraparte,  es poder e impotencia, es renuncia y lucha.  Es monotonía y vigilia entre principios y fines. 

 

Es el ocaso de la nada en la grieta del mundo que gira entre un  “yo, moribundo y ciego” y entre “dos emigrantes que se encontraron en un país/ distante que sin saber cómo ni cuándo adoraron al amor/ como a su propio dios”.

 

El poeta pone un bosque en la decadencia del alma, -va metamorfoseándose:-  “paso a paso/ directo a las hojas frías/ que me esperan/ donde me transformo/ poco a poco/ en una oscura letra inadvertida”.

 

Compone y descompone la expresión lúdica del verbo poético. 

 

Trabaja con lo ordinario y aparentemente trivial.  Lo abstracto es un divertimento existencial de libertad y nudos dando un sentido útil al  todo y a la nada en la cuenta de los desaparecidos y perdedores  en la red de la ilusión donde el verso crea y destruye puntos de partidas. 

 

La poesía de Rodríguez, es una nostalgia erótica, es un paraíso que no soporta ni le interesa.  Es “un salto al vacío”. 

 

Es un Edén objeto del deseo  “escapando del purismo”, es un sujeto huyendo de Dios desde  “el principio de la vida”.

 

Contradecir y desdecir lo humano y su tortura mortal: anhelo de inmortalidad, que reconoce, que recuerda mordazmente la atadura de la piel con la memoria: el invento de la llama regodeándose en la escritura en “blanco y negro”. 

 

“Eres el origen del fuego/ y yo tan sólo soy: / el paisaje de tus cenizas/”. 

 

¿Qué queda de la memoria en ese contragolpe de espejos rivalizando la chispa inicial?

 

Nos dice en uno de sus poemas “aún la vida es placentera”, “aún vivo, sueño, amo/ de esto estoy seguro”.  Y tal, es así.

 

 “Hay que llegar a morir/ el mañana es nada”, qué importa si toda antítesis sabe que,  “sé que voy a morir” y quién no está seguro que,  “de eso también estoy seguro”. Luego antes de lo que sea que irrumpa lo hará tesis de salvación para ese “futuro que no existe”. 

 

¿Qué  se propone este joven poeta en el intervalo de la letra y la vida?  La elección es una entre dos opciones. Y  entonces, “vivo, el vivir”. 

 

El cuerpo es una síntesis de la espiral sin hipótesis. 

 

La comprobación de la contradicción parece un ser barajando la existencia  de la materia entre células, sonidos e imágenes.

 

Ha elegido con gusto Augusto no quedarse fuera del tiempo. 

 

Se ha dado un espacio en el hogar del presente.  Cohabita la prisa. La imagen se detiene en la sombra forastera de la gravedad de la mirada. 

 

Residuo en la voz: “deseos sinceros” para transformarse, para vivir sin escrúpulos.

 

Convive la palabra “tiempos inexactos”, allí la cotidianeidad muestra su contrapartida.  Las dudas de la humanidad entre ironías, amores frustrados y humores. 

 

Algo así como vive la vida aunque mañana te mueras. 

 

Y quién no lo dice lo hace verbo sonoro, eco despiadado, reflejo fastidioso, abulia desacralizando la materia, y quien lo dice en ese canto se vive solo una vez y  “esto es todo y es la nada”.

 

Y sin dar mucho la vuelta al mundo, la psique en el ágora de su memoria revisa a la intrusa y no invitada, a esa invasora que de golpe quiere ser la propietaria del guión que está en el camerino del alma. 

 

El espejo la repudia, la engaña, la hace creerse bella, le pone un cascarón, pero hay de quien se mire  en el tocador y se sienta atraído por esa autocomplacencia. 

 

Es inevitable, algún día, “la muerte como un vecino fastidioso/ nos interrumpirá la fiesta”, el sueño, la pesadilla, algo. 

 

Por eso la mudez  de la inercia dentro de lo mortal tiene que expulsar al miedo con música y versos malditos, con metáforas sin dioses, con voces sin edén. 

 

 

Habla. “Hablo: alguien habla por mí”.

 

La revolución de la masa no resuelve el avatar extraño y vecino que acontece en el campo de todo cuerpo orgánico, claro, que para aquel  que usa la palabra  esto se le vuelve “angustia y temblor” cuenta, saldo y deuda. 

 

Silencio y pasos. 

 

Sale el hijo de la “esperanza” a encontrarse con el espectador del bumerán “si tan solo el hombre”/ pudiera”… 

 

Luego, otro rato, descriptible e indescriptible.  Tan solo, tan “a quemarropa sobre la multitud, con absoluta sinceridad. 

 

Toda  razón humana insuficiente de autenticidad escarba en el ombligo de la muerte la  semejanza con la vida.  De eso nadie se escapa.

 

Sobre todo, “buscándose en esa originalidad que  permite una identidad como creador”, así lo dice uno de las grandes voces del territorio ecuatoriano, nuestro poeta Cazón.

 

carmen váscones

14/11/2004

ENTRE CUERDAS LA VOZ por carmen váscones abril 27, 2009

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 No es tanto como el autor dice, pero es tanto como lo ha podido decir.  Entre cuerdas la voz,  el compás entre los cuerpos. 

La música se abre como un tiempo apropiándose de nostalgias empecinadas en los grises inviernos.

 

Reitera la historia entre cada estrofa sus partos, conquistas y fechas.

 

 

 

 

 

¿Qué se deshoja en este himno romántico canto de todos y de nadie?  Intimidad ingenua  de verano, ciclo rotativo de intempestivas lluvias, sobre ti un pendil de luna llena.

 

Abrazándote una sombra, la de aquel que se pregunta ¿quién era su amante, acaso la muerte o el nombre tuyo que se envuelve entre la ira y la belleza de todo el ignoto ser que eres?

 

Tus pobladores se visten de celeste y sonríen en la faz de tu pasillo, creen que han robado cinco estrellas, más no saben si al mar, al cielo o a una guerra. 

 

La duda te inventa, te atormenta, te destruye. Te  devalúa. Hasta hace inventario a tu vientre.

 

Hace de ti una ambición en un límite estratégico.

 

Te parcelan como juego de ajedrez y en cada partido elige tu rey.  ¿Y sigo siendo qué?

 

Eres la reina de los peones de esta tierra, los caballos yacen desbocados en los monumentos erigidos en  tu nombre. 

 

El guardián del tiempo pregunta dónde está la perla que surgió en ti o rugió en la emboscada. 

 

Su presencia está perdida entre el Pacífico y la ostra no encontrada.

 

¿Quién te arrulla, te atormenta de pesadillas, quién te invade de basura, quién tumba tus cerros, quién tala tus árboles? ¿En qué jardín te han convertido?

 

 

Te llaman soberana de tus empeños, pregunto ¿cuáles?  Tal vez olvido y oscuridad. 

 

Y qué de las promesas para con los niños  de la madrugada que cuidan carros estacionados fuera de casinos y discotecas.

 

Qué de las niñas que venden los diarios cuando otros infantes duermen.

 

Qué de los vagabundos guareciéndose bajo los portales.

 

Qué de los muertos en  las calles, por culpa de los ebrios conductores  o de los que atascan porque van atrasados al trabajo, que sin “conciencia” alguna se cruzan las señales rojas o no respetan ningún pare.

 

Que de las protestas acumuladas en carpetas y de las frases estrelladas en las paredes de lo cotidiano; qué de todo el resto. 

 

Crímenes y robos organizados o sospechosos imperan en el poder de la violencia y del placer de la crueldad…

 

Tus empeños empeñados en los bancos de los parques y en los bancos que juegan la transferencia de tu prosperidad y felicidad.

 

Pregunto ¿Qué formó Dios en tu bello cuerpo, qué  protege tu figura, qué sueño abraza tu río, en que espejos te miras?

 

Se escuchan murmullos acompasados, se distingue el poeta, el escribano, el ama de casa, el vendedor de verduras. 

 

Todos a una voz, el coro humano repite “Guayaquil de mis cantares”. 

 

Continúa el solista y el taladrador de  las palabras continúa.

 

Qué hacen tus rubias y morenas que enloquecen de pasión, las que asoman en su balcón y mitigan negras penas; qué de las que miran con pasión el crimen que ronda. 

 

Les palpita el corazón y encienden una vela a su santo de devoción y prometen esa noche no amar para que Dios se apiade y limpie las cloacas de este mundo.

 

Qué de las que con sus ojos verde mar hacen anclar la esperanza, la hospedan en su femineidad, la tinieblan de bohemia, la embriagan de sus olores y le prometen que a la tarde siguiente del domingo irán a misa junto con su marido una vez que llegue del partido de fútbol  y si falla al cumplimiento rezará un padre nuestro para quedar libres de deudas y culpa, que la próxima no fallará.

 

Y qué de los ojos negros anochecer que nunca deja ver los cadáveres dejados en “las cruces sobre el agua”, de los indios azotados por los dueños de los cañaverales, de los estudiantes muertos por el caos, quedaron para siempre enredados en su angustia, se desbandaron entre tanto miedo contenido y odios nacidos en el dolor y desamor.

 

Todos ellos han perecido en el placer de la violencia, su protesta y rebeldía.  Su rechazo. Donde sus pasiones han encontrado repudio, resentimientos, rechazos, torturas, malentendidos, olvidos. 

 

Una página rota en el nombre del padre del hijo y de la comunidad. 

 

¿Qué han hecho de tu bandera, de tu escudo, de tu himno, de tu historia?

 

¿Y qué de los cadáveres, los de las batallas que galopan en el calendario. Los que reposan en una rosa marchita.

 

Los que se aprisionan en una servilleta guardada; el que acompaña en un hueso seco, el de una vez en un hotel, en una mirada que no llegó  a ser cita.

 

¿Qué de las que imponen siempre su querer, fascinan al mirar, embriagan al besar, son sus labios de cereza un reclamo de dulzura, de amor, de identidad, nombre, de particularidad y señas, lugar del descanso. 

 

De vida y muerte entre tantas palabras, sacrificios y placeres. 

 

Mujeres de este puerto un eterno ignoto mar.

 

Tú ciudad, eres una mujer vestida de sueños y razones donde anhelan tus hombres vivir para nunca más sufrir, ansían llenarse de tu ternura, desean descansar en ti de su tanto andar, y sus almas quieren enterrarse en ti para siempre estar.

 

¿Dónde sus almas realmente anhelan estar, dónde sus cuerpos desean habitar? ¿De quién eres prisionera, del mar, de ti, de tu gente, de las palabras?

 

Eres fulgor, muerte y amanecer. Palpita en tu corazón el crimen, el horror, la ternura. 

 

Tus muertos y amantes yacen en hinojos cuando entierran sus silencios en ti. 

 

Anhelan sus descansos entre los que quedan. 

 

Recuerdan y nacen en tu canto otra vez. 

 

Un nuevo coro nace en ti  ciudad de mis amores.

 

carmen váscones

1/1/1989