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CUENTOS DE CARMEN VÁSCONES DE 1990-1995 (y hay más de ese ejercitar imperfecto) octubre 31, 2015

Posted by rogerhollander in Uncategorized.
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 TEXTOS DE 1990 -1995

1

RESISTENCIA

La madre azota a la chica con éxtasis de creyente enterrándose silicios para ganar votos de castidad y prueba de duda.  Para no dejarse caer en el reflejo  fétido de narciso.

La una, la madre, tiene alma de carnicera, su cuerpo, acecho de orfandad y pena inclinada  en el horror de la infancia. La otra, la chica, cultiva en su carne resistencia silenciosa hasta la muerte de la sangre revuelta en el ancestro.

Cada latigazo ajusta cuenta de la desesperación del amor desaparecido.

En el intervalo del sueño disipa venganza sin oráculo.

Afila el filo filial

La caja del cuerpo encierra todo grito.

El ruido refrenda soledad del mundo. La ceguera brilla como nicho iluminado por velas a mitad del recuerdo.  La soberbia altiva como sonrisa enterrada en una imagen tierna.

Cualquier  mirada entre ellas: anzuelo prendido.

Las únicas palabras que pronuncia como eco, -la ignorancia es mi nudo y salvación-, parece enigma pegado en sus labios.

La quimera de una codicia se sacrifica en el cuerpecillo. Entre altares de sus senos púberes y llanto: el fin del género. Al comienzo de su piel la cifra del dolor. El humor quiere jugar con el mar.  Se cuartea la memoria como tierra reseca.

Nada de agua fuente en el vientre.

Madre e hija dan lengüetazo al seno de la luna.  Ambas incapaces de ceder. Sólo una  podrá romper la alianza del tabú.  Se miran como enemigas.

Repiten en coro, -el verbo se deshizo  en una de las dos-.

Golpes de guerra se oyen.  Las voces se desbordan.

-En el principio fue mi madre y mi padre que era su padre también-.

No hay paz en el cuerpo nunca.

La célula huye de la madre.

El movimiento deja un trazo de vacio agazapado en el tiempo.

2

MARISOL

Aquel día la pequeña quiso unir el cielo con el mar.  Se le ocurrió así de pronto.

-¿Cómo agarrar un ángel cuando pase cerca de mis sueños?- se decía para sí.

Se pasaba días y días mirando las montañas, quería cruzarlas de un salto, para ella no había distancia.  Cuando menos uno se lo esperaba ya estaba envuelta en su idea anclada al otro lado del horizonte.

Cierta mañana sin que nadie se lo explicase el arco iris estaba como diadema en su cabecita, ni se había dado cuenta, hasta el  no sé del por qué pasó frente al espejo y vio de reojo un mundo inexplicable cerca su frente.

De pronto sin más, cual idea revuelta salió corriendo, sacó lápiz y papel y empezó a pintar unas inmensas nubes, unas olas gigantes, se demoró haciendo retoques y poniendo unos códigos entendibles solo para ella. También pidió prestadas las alas al colibrí que se asomó por la ventana.

Este un poco receloso le pregunta para qué, chito le dice, eso no te incumbe, me ayudas o no.  Se remilgó en sus plumas, la vio decidida a no se qué,  mejor te subes en mi lomo y te llevo si quieres,  no le quedó otra, dio vueltas hasta treparse,  como por arte de magia se hacen uno.

Esto que ya no es ninguno de los dos sale corriendo, se esconde en el dibujo, luego de un menos que nada de un instante aparece volando y girando sin parar hasta chocar con  el viento.

Se desprende el cintillo, los colores se desparraman hasta no distinguirse.  Se hace una confusión total.  Parece una oscuridad eterna el dibujo quedado en la mesa.

A lado de este sólo hay  unos rayos de sol cortados en trocito, también unas letras sueltas, que al unirlas decían: No me busquen porque me he embarcado en la línea imaginaria que lleva al silencio que nadie quiere romper.

Ahí estoy, como el resto de una estrella fugaz atando lazos de agua en el firmamento, nadie puede ver estos instantes desconcertantes.  La noche  se posa en mí para que ninguno sepa como logro unir el claro y el oscuro para siempre.

Les cuento, tengo una lamparita de luna que asoma en la puntita de mi nombre.  De vez en cuando sin que ninguno lo note formo una sombra igual a la que tengo detrás del  firmamento.  La hago llegar a la memoria de los que quiero.

Ahora convertida en hada, cambio el momento.  Sostengo la sonrisa en los recuerdos.  Acojo los alientos, los reparto entre peregrinos de nieve y danzantes de olas.

 

 

3

OLVIDO UNO

El texto parte de una frase que suelta tal ser atrapado en esta “enfermedad”.

Conlleva a meditar la cuerda del interior.

Ese algo que borra la memoria y cuartea la palabra hasta vaciarla del uno…

Que deja un pesgote de soledad sin estadio de la mirada.

El júbilo yace atascado  en la inercia del semejante.

Oye hasta la sombra que no se nombra…

La gloria de la pasión y su luto dentro de la luz.

Algo más

La música no calla el sentir. Danza la ausencia al filo de la piel.

Baila hasta agotar la presencia tocando los bordes de la escala.

La memoria se deja empapar por el ritmo del cuerpo.

La lengua entona y canta la letra.

El nombre se descubre, cubre.

Cabe en la melodía del autor, del intérprete,

De la voz que no se deja apagar

Con el soplo del olvido errante.

En la punta del luego el cabo suelto del movimiento

Del sin sentido aparente….

4

ALZHEIMER
Habitación vacía. Apagamiento.
Borrón sin cuento nuevo.
No desea nada. Nada sea. Así no será.
Morir dentro de uno antes que fallezca el cuerpo.
Éste aparece como una nuez seca.
Sin sabor la lengua que no sabe.
¿Ya no sabe?…
Pregunto, como jugando con la vida, ¿Qué cosa es el amor?
Responde ella, podría ser, sencillamente, nada…

5

EL NIÑO DIOS

   A Ricardo Maruri

 

El chiquitín mira por todas partes, va cogido de su tío, los santos cuelgan sobre las promesas, la cruz espera. Siguen parsimoniosamente.  De pronto suelta la mano de su protector que no acaba de comprender que pasa, le hace un alce de cejas y le dice -¿ahora qué?-, le responde, -tengo ganas de ir al baño-, Paquito, así se llama, no espera, mira por todos lados, -no aguanto-, le dice.  El tío le suelta como que nada, -en la casa de Dios no lo hay-, a lo que todo desconcertado y desbaratado con doble preocupación le dice, -entonces- diosito dónde-.  El otro se sonríe y sin saber cómo responderle, lo tranquiliza señalándole la puerta, enfrente hay una heladería. Cruzan la calle aprisa, hace lo que tiene que hacer, una vez libre de la necesidad, el niño señala un helado de caramelo. Ya sentados, relajados, y  de paso felices, el niño lame con ganas completas, como pensando en voz alta expresa con tristeza, -¿el niño dios tendrá un tío como tú?

Conmovido por las palabras le besa la frente, le toca la nariz, y después, de un rato silencioso y tierno le dice, -falta poco para que lleguen de viaje-.

6

DEL SENTIDO DE LA MUERTE

 

A Patricia Aguirre de Mártire

                                                                                                                                  

La madre regresa de la oficina, entra al dormitorio a cambiarse de ropa, mira sobre el velador, encuentra la estampa de Dios hecha pedazos, frunce el ceño, no entiende, indaga, nadie le puede responder sobre  el hecho, se queda desconcertada, camina lentamente al cuarto de su pequeño que apenas tiene tres años, lo ve tan hermoso, pelirrojo, ojos verdes, tan lleno de pecas, entretenido en un juego.

Se acerca, lo besa, lo apretuja, lo atrapa, él consiente con su mirada, ella tiene el sonrojo de la pasión que le transmite su ángel inocente.  Le cuenta que ha encontrado la imagen de Dios rota, el chiquitín la ve intensamente, directo a los ojos, le dice, con la expresión más ingenua y candorosa, -lo hice yo, porque es malo, no te quiere, ¿no te acuerdas?-. Queda desconcertada, mueve negativamente la cabeza, sigue su explicación, -tú me contaste que cuando mueras te va a llevar al cielo, no quiero eso mamita linda, te quiero aquí-.

La encierra entre sus brazos, sus manitas acarician los párpados que caen bajo los ojos celestes de la mujer que se rinde ante sus palabras.

Sola en su cuarto, despacio pega los pedazos y guarda el remiendo entre sus escritos. Se echa perezosamente en la cama, piensa, ¿quién sabe en qué?

7

CABARET DEL SABER

La palabra me sorprendió, me despreció como si yo fuera una mujerzuela aprovechadora del lenguaje.  Cree que cito y convoco al mundo a la perdición.  Tomó una posición frontal, se puso en franca rebelión con mi cuerpo.  Me sometió al olvido.  Se enmudeció de un solo tajó, ninguna  gota de sangre dejó. Simplemente eso, más que eso, o más claro, me abandonó, ni sonido ni grafo.

Yo era un silencio completo.  ¿Ahora qué?

Eso sí, nadie me va a quitar la imaginación, ni que se le ocurra, me pertenece, fue antes que mi mundo sonoro y mis garabatos.  No me someto, solo cavilo con mi lengua sin voz.  Veamos que se me atraviesa en el túnel de mi memoria, fácil, lo que yo quiero, eso es una buena pauta de mi dominio intocado.

Me paso pensando día y noche cómo desquitarme de la susodicha, lo único que se me ocurre es una maldad plena. Qué mismo es,  ya la tengo, meter al vacío en el viento y hacer de la boca una hélice para cada vez que vea mover la lengua se produzcan tornados y remolinos que arrasen con todo lo que en encuentren en el camino, que se traguen todo lo que se topan.

Mejor dicho lo que yo quiera. Es un deleite perverso, triturador, le gano a las mismas batallas, no hay prueba para mis intervenciones y espacios tomados, ni para contar las bajas.

El papel aguanta, pero mi arte no está visible y nadie sabe de dónde provienen mis ataques.

Pero siempre un pero es un pero, eso no es todo, queda pendiente un cabo suelto, la luz, la corriente, qué quiero hacer con ella, dominar el poder global, desviarla para que se debilite la energía, para que así, ninguna máquina dependiente de ese electrochoque sucesivo funcione, sobre todo las llamadas computadoras con sus famosos discos duros y otros respaldos .

Gravito en la idea, otra vez dándole vuelta a la furia y a la venganza.  Casi a punto de pensar, casi a punto de exterminar los inventos, casi a punto de estallar.

Algo me detiene, mi propio pensamiento, se regodea maquinalmente, calma me pide, me suaviza mi sed bélica, púleme me dice, hay que ser perfecto, tenemos un asunto que finiquitar y hay que visualizarlo sin ningún error, tiene que ser exacta la intervención.

Me permito escoger para la ocasión la mejor arma, diseñar la estrategia, casi estoy lista,  tengo que asegurar cada uno de mis pasos para no fallar ni me sorprendan con el delito en las manos.

Pausa.  Sirena.  Ningún flash informativo.  Oscuridad entera.  No hay movimiento.  Objetivo alcanzado.

¿Qué hice? Até un rayo a la planta generadora de voltajes y todo en un solo instante se incineró.  El orbe era una bola de fuego, tinta y saliva.

Yo un pensamiento sin destino aparente.

No existe palabra que diga lo que hice.  Nadie cree que incineré la memoria, el cabaret del saber.  Fin de cita.  Ahora existo en el panteón de los fantasmas.

Como  no necesito hablar, asusto, creo suspenso y misterio en el deseo de la escritora que empieza otra historia al otro lado del sueño sin mí.

-Eso cree-.

(publicado en revista PostData, argentina-mexico)

8

HIPÉRBOLE

Su hipérbole demasiado humana: creerse Dios y exterminar al que se le opone con fantásticas guerras. Con las que más tarden celebran triunfos sobre cadáveres  amontonados, deudos e historias que no llegan a engendrar  relatos ni emociones en los historiadores y sucesores  parecidos a ese que se lo repudia, pero que en el fondo se le rinde culto por su perfecto crimen en nombre de la raza pura.

Su espíritu perversamente puritano recibía hostias de cuerpos ejecutados.  Enfilaba ejércitos como credo dentro de rosarios.  Pasaba lista a los elegidos y descansaba regodeándose en el alba y en el cuerpo de Eva  como posesionándose del paraíso.

Cumplir el deber, ejecutar, era una limpieza a la naturaleza humana.  Eso era el bien para él.  Hacía lámparas con  pieles seleccionadas. Se confeccionaba sacos con botones  de huesos escogidos.  No daba de comer para ver cuanto podía aguantar y resistir el cuerpo.  Los amontonaban como chatarras y los incineraban, a otros les tocaba la cámara  de gas.  Todo era según el gusto y el estado de ánimo.  Los dejaba  desnudo y  rapados expuestos en filas como bestias esperando en el camal.

Concentraba el mundo en campo sin cruces.  Los tiraba como si nada en fosas  comunes.

Tenía a sus fieles, con los que confirmaba, recordaba y resolvía lo del día siguiente.   Esta guerra terminó.  Pero pareciera que dura toda la vida.  Quizás ha cambiado de estilo, de forma y de estrategias. ¿Acaso, sigue siendo la misma? ¿Qué es lo humano?  ¿Qué es lo inhumano?

En esta carnicería donde el infante es un botín también para saquear y vaciarlo del presente.

En este momento estoy asomada al mundo y veo la pira que yace muda de todo dolor y de toda palabra.  Me pregunto en este silencio ¿Qué es la felicidad para cualquiera? ¿Qué es una guerra para ti? ¿Qué es la vida para mí?

Este hecho ocurrido  en la tierra se lo registró como el holocausto, el III reich.  El amo de estas muertes se llamó Hitler.  ¿Qué nombre tienen los de ahora?

¿Has muerto?  ¿Cómo no hubieses existido? ¿Cuántos se parecen a ti?

9

EL SILENCIO DE PENÉLOPE

Las manos de la mujer se acercaron demasiado al acantilado. Fue inevitable que se le desprendieran los sueños cuando se agachó para asomarse al vacío. Ella notó el placer del mar en las tinieblas de las incógnitas.  El naufragio de los jardines flota como quimera prisionera en bandas prófugas del advenimiento.

La aparición femenina se ha sentado en las rocas, ha cruzado sus piernas, saca el velo de su rostro, pone su telar de coral frente al sol, la luz destella imágenes que parecen delirios en la mitad del océano.  Los marineros ponen velas a sus naves para dejarse consumir lentamente por el misterio que sus ojos no descifran.

La noche  llega lentamente. El lamento del mar inmisericorde parece una guerra eterna entre dioses y mortales.  Los humanos pudriéndose en sus almas comen palabras con brindis de sangre recogida de las razas despellejadas de sus ritos. Los cañones detonan celebrando el triunfo de la soberbia sobre los humillados.

La luna como sin importarle ese asunto de trata mundana aún se asoma solemne y sorprendente echando su resplandor como todas las veces.

Llega el silencio.  La llovizna que se había anunciado decae sobre  las profanaciones de los hilos de Penélope.  Quizás el cielo tiene una dentellada que no sospecho.

La mujer sigue allí, ahora camina con cuidado entre las piedras, retrocede, se aleja de ese placer irreverente que rebota cerca de su cuerpo. Se detiene como despidiéndose. Las olas bailan por ella,  los recuerdos que no tuvieron arribo ni  muro se ahogan tal cual vinieron.

Camina buscando algo, quizás alguien.  Se pierde en la bruma de la tarde que somete como partida inevitable.

El tiempo se disloca en el talón de la comedia.  Una baratija remata en el péndulo donde se estrella el anhelo del asaltante, se descubre su mirada en el hurto degollado en la ribera de la bestia.

Asoma su hocico sobre la piel del recién advenido a la sombra de una lengua que lo subyuga aún después de haber salido de la matriz de un universo roto por el sonido. Éste revela una memoria muerta en la partida de un océano que flageló al viento por no atinar su movimiento definitivo.

En el crepúsculo de los mortales ya no cabe ninguna otra idea.  No tiene fuente ni asidero la herranza del ser.

Ella se aleja como pensando que no quiere nunca más jugar a la muerte.

10

EL HOMBRE BARBUDO

 

Había una vez un hombre barbudo que vivía encima de un árbol, y tenía una barba, que era tan pero tan larga que al caminar se enredaba en ella. Como era de no sorprenderse ni de hacer que no se esperaba lo que ya nos imaginábamos,  sucedió que se resbaló, golpeó, y se estaba ahogando con  sus propias barbadas.

Como siempre no falta que alguien esté por ahí fisgoneando desde algún lado. Sucedió como si nada una aparición de pronto.  Desde la ventana de una casa había una niña que se dijo para sí -este hombre necesita ayuda-. Rápido se fue a su cuarto, rebuscó en el  costurero  de su  mamá, y  con  tijeras en  manos  salió corriendo hacia donde estaba tumbado Barberín, que así se nombraba con orgullo.

La pequeña, sin preguntárselo dos veces fue corta que corta hasta toparse nariz con nariz con el hombre que tenía los ojos desorbitados como bolas de fuego.  Ni se había dado cuenta que este desconocido bufaba como animal a punto de atacar, dio un solo resoplido, sin dar tiempo da un manotazo que de un sopetón agarró la mano a la niña, y le gritó -¿qué has hecho?-.  Ella sin atinar a decir, le balbuceó, – ¿si te he salvado la vida, por qué estás así?- A lo que él gruñó   -no te he pedido absolutamente nada que nada, ahora verás lo que voy  hacer contigo-

La niña, que era  rápida para pensar y no tenía miedo, le dijo, -yo te puedo poner de vueltas tus barbas, si es por eso que estás tan bravucón y amenazante-, a lo que él, le dijo, -te doy una hora para que resuelvas lo que has destruido-.

La chiquilina regresó a su casa, cogió toda la goma que pudo y se fue a pegar los pedazos regados en la tierra.  Mientras avanzaba en la compostura, algo extraño sucede en él, que le va haciendo cambiar las expresiones de su rostro.

Indagando en su cabeza calva  podemos apreciar que cada fragmento de pelos pegados deja asomar la vida que se había ido. Este mirarse así, lo hace sollozar como niño desolado, a lo que Flor, así se llama la intrépida, una vez de vuelta, y como que no pregunta media ablandada le dice -¿qué  pasa? ¿No te entiendo, te duele algo por la caída?-.

Él la mira, calla, deja que termine, le agradece, y le pide que se aleje, que no averigüe más.  Ambos de espaldas al incidente, caminan sus rumbos, ella, no sabiendo si hizo bien o mal, pero con la certeza que estuvo en el momento preciso.

Él descubrió que por dedicarse a huir de la rutina y dejarse nacer y crecer las barbas hasta más allá de los pies del ciempiés  y traspiés,  había quedado atrapado en su propia quijada  Había olvidado quién era.  Su memoria estaba casi perdida; y, que si no hubiera sido por esa pequeña  metiche no hubiese encontrado el camino de donde partió.

Recordó que tuvo un hogar mientras enrollaba tanto pelo gris, se acordó que tenía un baúl enterrado debajo del árbol donde habitaba hace tantos años.  Lo buscó un buen rato, hasta que lo halló, excavó lentamente con sus uñas, lo desenterró y lo abrió, se encontró con una foto, ropas desgastadas, también había un espejo,  se miró y lo comparó con la foto, eran los mismos pero dos desconocidos, que no sabían nada del otro.

Sin más se encaminó al río, se metió en él, se despegaron los fragmentos, se tocó el mentón y sonrió. Se quedó con un rostro tal cual en ese momento pudo verlo en el agua,  sintió que debía volver hacia algún lugar, pero estaba cansado, nadó como desperezándose, salió con el cuerpo alicaído y arrastrando los pies,  se acostó cerca de la orilla, se durmió.

Soñó que su infancia se acercaba montada en un caballito de palo mientras la noche caía a su alrededor como abrazo llevándoselo.

11

MEMORIAS DE UNA BRUJA

“es más bien por la fe que por la razón
que hemos llegado a no creer en el mundo de las brujas”
Ernest Jones

“Quiero me trague la bruja/ para sacar mi

amniótica existencia/ Para entregarme

a su paraíso perverso.”

carmen vascones

Abrumada la bruja no podía escapar a la tentación de sus sentidos y al temor del seductor, a la sensual figura del ángel, encargado del infierno, de sus pasiones. Anhelaba lo que la Biblia prohíbe a través de sus sacerdotes.

-Han exagerado mucho de mí los historiadores y el clero. Se han inventado cuentos y otros hechos que no ubico y desconozco-.

Pájara nocturna vuelas sobre tinieblas, ahuyentas al instinto. Te entregas al miedo. Soy tu fiel creyente, en ti no hay muerte. Insaciable condenada me obtuviste para siempre, ya no puedo callar. Tú eres mi mandato.

Hechicera labios lila, brote perverso, lengua profana, sabe a fuego tu cuerpo. Sacramento de la codicia voluptuosa recítame tus versos sacrílegos. Pagana no rindes culto a nadie. Conjuro del misterio, deseo de mujer. Bruja terrenal, amado sueño pronto hechízame.

Boca de luna tienes postrado a tus pies al unicornio. Sangra la noche su rayo en el cielo.
Relámpago de mil voces aconséjala que no se deje coger, ordénale que se presente como doncella del bosque. Que nunca deje la medianoche. El día solo como una invitación al placer de la víctima cruzando los límites entre lo animado y lo inanimado.

-Yo- criatura humana, inocente hechicera, mujer atractiva, conjuro de Dios, lecho eucarístico, sacramento del hombre, sólo provoco actos de encantamiento. Uno al amado con la amada.

Preparo menjunjes para que nunca se vaya de ella. Bendigo y bautizo por el bien del amor. Echo maleficios para espantar los malos espíritus. Anulo con hierbas y montes a los rivales de las rivales.

Pacto lecho nupcial por una solo noche. Alguna vez por siempre me hago sólo adorar. Celebro mi día sabático. Consagro sacrificios a nombre de mi cuerpo. Me baño de maldiciones y bendiciones junto a mi adorador poseído. Soy la reina cabal del silencio del mundo.

Atravieso como si nada sueños de cualquier durmiente, si me place lo transformo en persona, animal o cosa. Ahí está el juego. Yo también me convierto.

Me gusta me unjan, me vean como la única. Que sientas todo el poder de que soy capaz. Soy la obsesa del creador. Poseo el misterio del deseo. Llevo una sentencia de muerte. Mi cuerpo tiene el estigma del género entre las piernas. Pertenezco a la generación de la llamada peste, “epidemia de brujas”-.

Un renegador:
Estrellas díganle que su madre quiere almas puras e inmaculadas. Las echadas al olor humano vienen solas. Hay que atraer al círculo a castos y castas pudriéndose en sus cuerpos.

El mismísimo temido:

Yo los exorcizaré de toda culpa, de todo dolor. Y digo yo, el impuro. Me sacrificaré por ellos a cambio de lujurias y noches de luna llena. La tierra arde, veo siluetas encaminándose hacia mi caverna.
Hágase mi creación, espanto. Prendan el azufre, recojan mi cola. Cúbranla de peticiones, arrójensela a las sombras asustadas. Después ella vendrá y traerá enredada a los cuerpos que predican mis profecías. No se distraigan feligreses, caminen hacia su devota.

-Pienso: el estado perfecto del hombre es una plegaria encomendada a mi vientre-.

Yo feligrés tengo sed de ti, aplaca mi cólera viril. Onírica fantasía, retorno del sol, confusión de dios. Tú eres el centro de la tierra. Condeno a quién se oponga. Descúbreme en tus pupilas rojas, acógeme.
Páreme un hijo en el mismo día del unigénito. Sé soberbia. Tu nacimiento huele a sexo, alcoba de serpiente. Tu orificio salmuera redentora. Mujer de mí, madre de todos, siéntete grande como la santísima concebida-.

-Yo varona sabática, origen credo de la hoguera, madera primitiva busco al padre del retoño. Echo brote de fiebre, germen de mujer, creo sin señales de cruz. Fui ángel celestial y ángel terrenal a la vez.
Hombre alumbra los caminos por donde irán mis vástagos. Báñalos de ceniza y sangre. Día de gracia, días de persecución. Marco con mis lubricaciones los contornos masculinos. Besa mi pubis. Confiesa.

Humedezco la fe. Mojo con saliva el principio de la palabra en estado de comunión-. Los miembros se esconden en la culpa. Buscan una eterna. Dan con la música del cuerpo femenino. Su voz de paraíso derrota todo misterio prohibido.

Ella: la verdad concebida. Habla sin lamento, sin muro. Ama al prójimo sin miedo, sin semejanza, sin tabú .

-Voces:
Todos nos acostamos bajo el cielo oscuro y damos una misa de culto a los miembros de la secta. Velas encendemos alrededor del círculo y danzamos hasta medialuna.

Aumentan los seguidores, sus esperanzas siguen. Quieren más. Devotos de sí y de mí han ganado un mundo de magia. El poblado peregrino ha llegado.

El principio sólo es un verbo sin pecado original.

Libre el padre del hijo. Libre la madre del hijo, libre el hijo de los dos. Libres del crimen rival del tabú.
Dejó el secreto de serlo. Se alejó el hijo de la madre, la hija del padre. Padre y madre fueron. Hombre y mujer caminan. Atrás queda un árbol con el rostro grabado en el tronco.

Hordas infernales se riegan por todo el orbe.

Engendran nuevas leyendas con nuevos patriarcas y nuevas madres cercando la tierra de juegos umbilicales, de menstruaciones y ciclos recogidos en estaciones de barros, de coitos embestidos, de celos lunares. De guerras oprimiendo la victoria en cuerpos masculinos que no alcanzarán a llegar jamás al lecho de sus mujeres.

Hágase un pacto de lujuria. Bestias solo bestias. Hombres solo hombres. Mujeres solo mujeres. Hombres y mujeres encarnen su fuego, enfrenten la perversión de la palabra, derroten la condena terrenal.

Defiendan su libertad. La astucia y el engaño son los enemigos primordiales. Desprecien su imagen y semejanza. Echen sal a la eternidad. Cuidado, se alimenta de sangre. ¡Azótenla!. ¡Aléjenla!.

Confronta todo caos desde el principio de ti, de mí. Posee a la muerte, no le tengas miedo, no huyas de ella. Si te opones a su entrega serás un impotente más en el paso de los renegados.
Yo soy la posesión del bien y del mal. Concedo poderes. Hago de ti.

-No me rindan culto, sólo pido eso. Me quisieron callar. No volverá a ocurrir. Hijo rebelde, amor satánico, has llegado. Confirmo tu nombre, has sido salvado. Te rendiste a mí.
Fui víctima de los propagadores de nuestro divino señor.

Mi cuerpo y mi sangre alimentaron sus esperanzas. Me acusaron de haber hecho coito y pacto con el diablo para formar una nueva fe. Sólo sé, que forniqué con hombres, nunca vi al llamado diablo del que me adjudicaron ser su mujer copular.

Me han declarado criminal y mi maleficio no puede contra todos ellos-.

El clero preparó y propagó el camino de la inquisición. Ellos me atribuyeron un culto que era parte del rito religioso, combatían sus propios demonios que habitaban bajo las sotanas.

-De bruja idolatrada pasé a ser conocida como hereje. Dios, el diablo y el hombre eran un solo verdugo, el inquisidor. A mis alrededores encontré amuletos, piedras oradas, curas encapuchados, charcos de sangre, hogueras olor a carne humana y mujeres despeinadas volando encima de las iglesias.

Ha declarado la santa iglesia que soy una mujer que no tiene alma, que gruño de placer ante los cuerpos infantiles, que soy una apóstata, que debe morir para siempre. Han dicho que mis antepasados proceden de magas, adivinas, profetas, hechiceras.

Que yo debo ser la última de todas ellas. Suerte, lecho y muerte acompañan al sexo repudiado y acosado en la era de Dios-. Nada es peor que la verdad del oscurantismo. Li piel es la luz de la soledad tuya.

Célibes interrogadores hacen exámenes de conciencia. Obligan a confesar lo que no es a nombre de nuestro padre celestial.

Todo sea para ahuyentar al malvado y salvar al hombre. Lamentos, gritos, cacerías. Ira humana. Ira inhumana. La crueldad apesta. Cristiano tú también. ¡Vete!-

Dios huele a inquisición.

12

MARIANA LA VENDEDORA DE COCO

Cuando salió a buscar la vida trajo el hambre. Caminó por los bordes del océano, se acercó a la mitad de la quebrada del poniente e hiló el horizonte en sueños prestados de la rueca.  El huso se le caía de la mano cuando apenas lo tocaba.  Ella contaba en su cuerpo los misterios marcados por el mar

.

Moraba cerca del manglar.  Aprendió a coger cangrejos, a pescar y andar en canoa. Cuenta mi madre nació en el oficio de habitar la realidad, es lo único que sé.  De amor no me acuerdo dice mirando sus manos, apenas tengo un hijo, también otros.  Antes que nazca el barro había envuelto mi memoria y la de  mis antepasados.  Nací aquí.  En el cementerio del pueblo me enterrarán sin mucha cosa.  Así nos vamos como venimos.

Cuando todavía era muchacha traía a vender pescado, conchas, ostiones.  No había carro, vivo vía Data, había sí que caminar.  Hace rato.  Hace tiempo.  Hace cuándo.  Hasta ahora.

Después vino lo de los cocos, eso de andar de aquí para allá, todo el rato en la playa.  Con el calor  y el sol que pega.  Los bañistas quieren pero que sí que no, que les haga descuento, unos pagan no más.  A veces vendo a veces no.  Igual me gusta el trabajo, no me gusta estar vaga, ni echada esperando la muerte.

Así que sí, se me va el tiempo, se me fue, se me está yendo.  Sin que me dé cuenta. Me gusta conversar, mi trabajo es mi orgullo, hago mi plata.

Ya voy para los ochenta, a veces me canso.  Descanso en la hamaca de mi casa, pero no puedo estar sin hacer nada.  Salgo apenas me siento bien.  Y me voy con mis cocos.

Adelante Mariana me digo. La mañana pega sin pena.

Se levanta, recoge los restos  de estopa, los mete en el saco.  Ya recibió su paga. Se arregla su sombrero, alza en su espalda la carga, en otra mano el machete.  Se aleja.

Deja su sonrisa tierna de niña alguna vez saltando charcos y mudanza.

Deja su historia con la del otro.

Deja algo para retornar.

Desaparece entre el tumulto cargando la sombra  de su joroba.

13

ALE Y LA IMAGINACIÓN

                                                                                                                                                                       para Alejandra Álvarez Ortega

 

 

La niña me habla de sus  miedos, se los devuelvo como rompiendo el eco a su inquietud.  ¿Acaso, a quién tienes miedo es a ti? Me lanza rápidamente su infantil y aguda voz, -no, es a mi imaginación-

¿Por qué?

-En el fondo de mi cerebro hay algo oculto que no deja-

¿Qué?

-un fantasma-

 

¿Puedes describirlo?

-se parece a mí, pero sé que no soy-.

Despaciosamente aparece su madre como queriendo no interrumpirnos, Ale le hace señas que se acerque.  Ella se sienta al borde de la cama, le coge tiernamente la manito y le da un beso en la mejilla.

Salimos.

La pequeña se acurruca bajo la frazada, apretuja su muñeco, se da una vueltita como dando la espalda a la realidad. De a poquito a poco quedase  quieta.  Tranquila, como tanteando en su memoria con los ojos cerrados a que no haya nada que la vaya a despertar.

14

MONA RAMONA

“Me trataban como a un muerto que tiene el inconveniente de manifestarse”

Sartre

 

Soy la conciencia amarrada a mi cuerpo.  Me sigue mi ánima, busco un testigo.  Palabras extrañas se imponen.  Me persigue el miedo.  Paso al otro lado. Ahora, estoy boca abajo, mañana boca arriba.  Quiero irme, quiero quedarme.  Estoy atada al mundo.  Diablo, ¿para dónde?  Dios, ¿estoy muerta?.

Las consultas continuaban.  Ella me buscaba.  La esperaba donde siempre.  Asistía sus intervalos que no diferencia los límites.

Ella quiere irse al cielo, no quiere quedarse en la tierra.  Pero quiere llevar el infierno sin que nadie se entere.  Ella recuerda a uno: su niño, su yo, su dios.  Su vientre vacío lo toca, pregunta, ¿dónde estás pequeño? Se toca la cara. Se busca entre sus ropas.  Dice, como lejana de todo contacto -el cementerio está lejos-.

Otro día, está en el calvario camino a la resurrección, canta, soy la mona, corazón adolorido, no sé que me duele, cariño ahógame en besos.  Canto en semana santa para ti señor.  En día de luna la virgen salió preñada, pobrecita, a su hijo lo van a matar, que huya, que no se deje encontrar.  Aleluya,  mi señor te han hecho la guerra.

Hacen la señal de la cruz, padre nuestro dónde estás, el río llora con su alma.   ¿Qué te duele otra vez?  Adivina adivinador.  Mi madre me decía boca de nadie.

Acompaño su búsqueda, sus retazos orales se desparraman en las anotaciones, su trazo mental parece un hilo descosido en la lengua.

Maldito amor, la guerra termina contigo.  ¿Por qué pienso en María concebida sin pecado original? ¿Y yo?  Que me perdone Dios por mis pecados. ¿Soy Eva del paraíso? No me distingo de ninguna.

Estoy muriendo de pena, no puedo llorar, tengo vacío los ojos.  Coqueta concepción, mi hijito se llama corazón.  ¡Mamá!  ¿Por qué me maldijo? Desde su conjuro estoy rodando por la tierra.

Vela encendida, llama desconocida, pueblo endemoniado.

No puede salir de las alucinaciones, su memoria rota no puede parchar los orificios de las palabras amputadas de raíz.  Trato de plasmar su huella demente.  Persevera su naturaleza esencial, da vuelta en sí misma.  Su endeble existencia una ficción para el otro.  Su acto es ella.  Saliva la vida ordinaria dentro de lo mundano: lo obsceno en el placer del ser.

Resistencia. Algo indecible. Aparecérseme, descubrirla, actuante del delito, descubrirme personaje sin atributos,  me invento: la creo- traduzco el pase- No se me ocurre nada y sin embargo vivir es pensar, es entrar a mí, es soñarme sin extrañarme, es darme vida sin matarme.

Está divina, yo tenía una muñeca, se llamaba muñeca, nadie sabía el nombre, sólo yo.  Nadie me lo preguntó.  Mi marido me la regaló.  Yo se la pedí después que murió mi hija.  Divina es la adivina divina.  Usted es puta divina. Gracia divina. Adorada divina.  Maldita divina. Despreciada diosa.  Mujer seas, sea yo.  Bienaventurada las dos en el fuego divino.  Arde mi cuerpo, y ¿el tuyo? No, no soy-. Tú tampoco. Tengo ganas de llorar, estoy en el encanto por culpa de la bruja.  Lunes.  Martes.  Miércoles.  Jueves.  Viernes.  Sábado.  Domingo siete, ni te cases ni te embarques.

¿Cómo devolverle su matriz mental? ¿Cómo sacarle la palabra que la llevó a la poza honda?  Compongo sus fragmentos como partituras para ser leídas por no poderlas hablar, por no poder interpretarlas.  Quizás tendré que explicarlo como caso, o como pieza literaria para argumentar esa nada sufriente e insuficiente en su vacuidad filial.

Está harta de su inmovilidad, de la soledad de su génesis, está asfixiada en la rareza de su mirada a ninguna parte. Los movimientos de sus manos apenas alcanzan a avanzar sobre los sentidos desarticulados de lo que hubiese sido un pensamiento hecho un mensaje sin interrupciones ni ecos de un fluir completamente lógico y libre de censura y del temor primordial. –Se me ocurre irónicamente, ¿acaso lo hay?-.

La forma del interdicto es una marca umbilical, tiene una doble función, una de inclusión y otra de exclusión.  El detalle clave está en ese juego incompleto de toda relación inicial de cada humano: uno no se elige, más hay una obligación con el ánimo y el anhelo, de no claudicar, de no abandonarse, de combatir, de no ceder.  La pasión y la aflicción arremeten. ¿Cómo se acunó la angustia? ¿Cómo se amamantó el amor para que el desplazamiento del yo no se vaya a pique?.  Pareciera que en cada dolor el mito lamenta lo imposible del deseo? ¿Qué sueño hay para cada quién? ¿Cuál se te ocurre?

Su voz inquiere -me dice-, no converso, aquí es la guerra, la hace toda la gente.  El soldado  va  a la  lucha  para  hacer  un solo mundo, para hacer ganar de un solo lado.  ¿Soy hija de quién si no soy de Dios?  El hombre dispone.  Mi padre y mi madre murieron en la guerra.  Si hablo ¿me matan o no me matan?

Razón imperfecta  la fuerza, revoca el sentido. El gozo implora. La elección de la lucidez desamarra la nada y la muerte. En su abismo se encuentra con la historia de una vez sin espera, la suya, nadie la va a ver, la llevaron y la dejaron abandonada, botada.  La elección fue: la posibilidad cambiante: ser un ser posible.  Un resplandor persiste en la libertad que no da sosiego.  El fracaso de un yo sin poder elegirse, sin comprenderse.  La rendija circunda al otro que muere por mí, yo sufro por ella: lloro lo que no lloraré por mí.

No hay opción.

La mejora es otra forma de finiquitar lo irreconciliable: La vida está enferma de muerte, el tiempo es su aventura o desventura.  Cual cómplice y aliada de la evidencia: el síntoma: náusea y melancolía, discordia y soberbia, en definitiva el orgullo desprovisto de distinción se refugia en  delirios y realidades sin otros. Está harta de descubrirse ante el  Otro que la inquiere, ella esta cansada de responder.

Yo no quiero hablar, todo el mundo me pregunta.  Todos quieren hacerme la guerra.

Su laberinto de identidades se escabulle como manada de palabras en la punta de su existencia.  Su lengua se desdobla, se parte, se mezcla, se iza en la muerte, se destierra, errabunda sin saberse en la duda.  Está perdida entre el muro del hospital y su cuerpo.  Su palabra rebota distinta, sin equivalencia, sin igualdad.

La bruja es la patria sin rostro. Cara, cruz o sello la madrecita de todos los guerreros.  Tuve que ser mujer por no ser hombre, hubiera sido…

Quiere romper con el silencio que la tiene en las rejas del sin sentido.

Ya no voy a estar muda.

El tiempo está destrozado en su memoria, no le da espacio para conjugar y hacer la sintaxis de sus pensamientos que avista en el carrete de su recorrido en esa entrada consigo en un posible decir.

Aquí me tienen muerta, yo me doy cuenta.  Yo no sé por qué me da sueño.  ¿Qué más quiere que le diga?

La voz de la mujer deja escuchar la desgarradura de su psique.  -Desde que murió mi primera hija tengo estos nervios.  Quiero ir a mi casa.  Estoy condenada no puedo salir-.

Está abandonada y sometida al simulacro  del orden y del encierro.  No ha cometido ningún crimen. Quizás ha asesinado su yo y conciencia que no soportaba o le resultaron intolerable  en el manejo del tú. O peor, la sepultaron en su propia boca.  Ella fue recluida y expatriada del mapa filial antes del nacimiento y después de él.

Yo me voy a ir, desde chica he sufrido, he trabajado.  Me gustaba ir a casa de mi madrina.  Aquí en este lugar es un sufrimiento.  No dejan hacer nada, ningún oficio.  Paso sin hacer nada.  Todos pelean.  Tratan mal.

Cierro la página de las anotaciones, escribo:

El argumento, es como una espiral retorciéndose sobre sí mismo, sin salida.  Hay que salir de los terrenos de la interpretación de los otros mundos. De los Otros.  Ser más yo. ¿En la palabra, en el otro o en el personaje?. Pero no todos ni ambos a la vez. Vuelvo a  los últimos datos de la paciente, leo:

En todo caso deberían quererme, no me quieren.  ¿Qué más quieren? Que me quieran.  Los quiero, no me quieren. Me quiere no me quiere, en singular. Me quieren no me quieren, en plural.  En  singular y en  plural  al  mismo  tiempo.  Me  quiere – me quieren. No me quiere – no me quieren.  Silencio.  Intento.  Va de nuevo.  Me…

15

DRAGÓN PATALÍN

Estaba dragón sentado en el patio de la biblioteca haciendo tiempo para contar el cuento. No hay pero que no falte, sus amigos tenían una preocupación muy grandota que los dejaba hecho carambolas, era esto de que estaban en la duda de ¿prestarle o no el libro?

Debido a que cada vez que abría su trompa para leer en voz alta le salía a borbotones hilillos de fuego que alcanzaban las páginas donde las letras quedaban chamuscadas, lo que hacía difícil la lectura, además ponía en riesgo a todos los que estaban cerca de él.

Ya había ocurrido en otras ocasiones y el temor de pasar de nuevo esta situación se había vuelto un dilema. Dragón Patalín, que así se llamaba, la estaba pasando muy triste, sentía que nadie confiaba o peor, que todos creían que los dragones no podrán nunca leer en voz alta.

Estaba acostado en el césped del patio de la escuela con un cuento entre sus manos sin atreverse si quiera abrirlo o peor leerlo en susurro.

Se puso, piensa que piensa, y de tanto divagar entre sus ideas se quedó acurrucado, entre dormitado y casi despierto empezó a ver que había un libro, pero, ¡oh¡ sorpresa, no había nada dentro, él ignoró eso raro para no complicarse se imaginó letras invisibles y se puso a leer como nunca.

¿Y qué creen que ocurrió?

Conforme él pronunciaba los sonidos de las palabras, estas se grababan en las páginas que iba pasando. Estaba feliz, ahora sí que había inventado su propio libro, los temores habían desaparecido, no había cenizas ni humo ni bomberos listos con mangueras del jardín para lo tan temido. Realmente había algo misterioso e increíble, se había convertido en mago, no lo podía creer. Estaba feliz.

Así, se paso un buen par de horas, pero, había una piedra en el camino, como casi siempre, todo era puro sueño, tenía que despertar y despedirse de su fantasía, no había otra salida. No quería salir de su mundo, no aguantó más, sus párpados se abrieron.

Sin tener idea cómo, se encontró rodeado de niños y dragoncitos que estaban atentos y alerta ante cualquier peligro.

Entre el grupo estaba un pelirrojo que llevaba un libro, era el que le había quitado a Patalín por temor a que se haga una bola del fuego, había otro requetezambo que portaba un jarro con agua y otro que parecía que no se había peinado sostenía un sorbete entre sus labios.

Mientras estos se cuadraban para algo, los otros estaban listos para ver el comienzo y final de algo.

En coro los tres le dijeron ¡PATALÎN! has sido sorprendido leyendo sin quemar las páginas, y este que no entendía nada, todos en coro volvieron a increparlo diciéndole, queremos que lo hagas con los ojos bien abiertos, sino, te denunciamos que estas que quemas libros porque no te gusta leer, porque creemos que odias leer en público y en voz alta.

El pelo colorado le devuelve el texto diciéndole, – o lees o te llevamos a la dirección- No le quedó más que atreverse a lo que tenía tanto miedo, peor era quedar en ridículo y ser expulsado del grado, se dijo para sí, a la una a las dos y a las tres.

Apenas empezó a leer los hilillos de fuego empezaron a aparecer como lanzas de fuego dirigiéndose al libro, el viento no favorecía, el chico que sostenía el sorbete entre sus dientes, rápido lo cargó de agua y empezó a soplar con fuerza en la boca de Patalín, el fuego como si se hubiese vuelto temeroso empezó a disminuir.

La boca se llenaba de agua y saliva, claro las palabras salían aguadas y mojadas al comienzo.

Conforme se dominaba la situación ayudada por sus compañeros la cosa se iba poniendo divertida, tanto, que olvidaron del coraje que tenían con él.

Todos estaban boquiabiertas, aparte de que la lectura que estaba increíble, se dieron cuenta que no había trampa, que del fondo de la garganta salía un túnel encendido, que conforme hablaba y contaba el compañero, entre sus dientes se desprendían estas temerosas y graciosas llamas que eran apagadas por la oportuna intervención de los que estaban alertas.

Casi apenas había humedad, la lectura era cheverísima, y a ratos, ratitos de ratos el mundo parecía una imaginación feliz.

Se había resuelto el problema, sólo faltaba un poco de paciencia para ponerse a pensar como ayudar a Patalìn y a todos los demás dragones de la escuela. Todos después de escucharlo por largo rato le dijeron que tenía una voz hermosa.

No todo se solucionó, porque, cuando la lectura se estaba acabando, cuando ya no había agua, y cuando el sorbete estaba todo torcido de tanto uso, empezó otra vez el hilillo de fuego a asomarse…

Hay que tomar precauciones se dijeron entre miradas el grupo.

Y esto no es todo, cuando los dragoncitos conversan, sueltan sus palabras, es inevitable ver sus voces como serpentinas de fuego en el patio. Lo importante es que cuando les toque leer a cada uno no se vaya a provocar un incendio.

Bueno, eso es un asunto de dragones con el que hay que aprender a convivir.

Además, no echan su fuego a nadie, es su naturaleza. Solo tiene que aprender unos trucos para convivir con los otros. Y si se les ayuda mucho mejor.

En fin. Fin de fines. Nada más.

16

SAN JORGE

   A Jorge Velarde

No esperó más, cogió el lápiz de labio rojo de su madre que estaba encima del tocador y empezó las rayas.  El espejo repetía.  Gestos, partes, salidas, entrantes.  De una en una cada imagen iba armando los reflejos del trazador.

Pinta boca, coloca un rastro circular  en la pared, en su reflejo deja los ojos, sobre el piso extiende los brazos, los talones los deja en el cubrecama.  Cuando quiere hacer las piernas el color se le acaba.  Vuelve a hurgar entre las cosas de su madre, encuentra lápices negro, azul, verde, café.  Más al primer rasgo se queda a la intemperie, descabeza, tira  el sacapuntas, juega con las cintillas de madera, las coloca y descoloca.   aburrimiento y  nada.

Quiere seguir, toma las cajitas de las sombras, ahora se arrastra en las baldosas, empieza  con sus dedos en  toda la alfombra blanca.  Se restriega  la cara da manotazos al suelo, rasca la cabeza,  estira los brazos, otra vez cara al piso.  Da palmada. Ha concluido. Al mirar su obra parece feliz, gesticula, hace morisquetas, ríe, bosteza, gatea.  De tanto mirar, jugar,  retocar, borrar,  trepar, bajar,  subir, soñar.  Se queda profundamente dormido en la cama.

Sus progenitores al llegar ven, no saben qué hacer.  La madre desaprueba, piensa zurra.  Resignación.  Travesura infantil es la conclusión o incógnita completa, acaso tener en casa a un geniecillo dejándonos sus primeras muestras.

El padre se acerca al nene, lo besa,  coge sus manitas embadurnadas hasta más no imaginar.

La mujer se sienta al borde de la cama, empieza a sacarse las medias de nylon, pide a su marido baje el cierre del vestido. Él la levanta lentamente, le besa el hombro, la nuca.  Rodea con sus manos la desnudez asida a los dos.  Aprietan piel contra piel, boca a boca, cuerpo a cuerpo.  Se retratan con sus gestos.

Atrás queda la insinuación de alguien sin terminar.

Caen en la alfombra, el pequeño en el lecho matrimonial.

Sigue la noche su continente entre lunas y tinieblas. Ellos  aman en primera persona la repetición del fuego prendido en la aurora devastada entre sus ingles.

17

PANÓPTICO

El cuerpo en el retén.  La peste adentro y afuera.  La vigilancia también.  Quién hace un muro entre nosotros.  Te aíslan de la sombra del otro para que no se contagie el día.

La guarnición camina en tu cerebro.  Tu guarida es bombardeada. Tu guardia está muerto.  Quién bota tu cuerpo en la fosa.  La guerra te alcanzó. Y te creías en paz.

Ahora sí podrás estarlo.

Apesta esa banderilla blanca que brota por tus sesos dispersos en el mapamundi.

18

Perforación              

No tuvo tiempo de preguntarse si quería nacer o no. Simplemente  la bala perforó el vientre, traspasó el útero, rompió la tela, atravesó la placenta y remató como tiro al blanco en el cuerpecito.

¿Lo demás?

Sacan la bala perdida alojada en la mujer. Enmudece la soledad de ser.

El gatillo, la huella y el ataúd blanco.

La madre vaciada.

19

CAJA

La ola inmensa parece una curva perfecta, una cueva uterina. Cascara espesa, tono púrpura negro. El rompeolas se repliega  en el vacío.  La soledad estalla.

Estoy bajo la casa, ahora sí me perdí. Aparezco flotando dentro de una caja sellada. Me siento a salvo en esta cosa.  Adentro nadie me toca. Aspiro sin dificultad. Me dirijo a mí. Reacciono. ¿Por cuánto tiempo podré respirar?

La asfixia no me despierta.  No puedo moverme.  ¿En ningún lado hay salida?

El tsunami dentro de mí.


 

20

FOSFORO

Cuando muera no quiero bajen la tapa del ataúd.  Siempre he tenido miedo al encierro.  Tengo miedo de mi miedo.  No soporto la oscuridad. Para qué dormir.  La muerte es eso. Una eterna cárcel.

Hay que vivir despierto las veinticuatro horas.  Mi primo vivió así.  Murió joven.  No quería perderse nada de la vida.  Me dio algunos consejos sobre esto.  Como este, no te duermas nunca para que nadie te coja desprevenido.

Cuando me quedo amodorrada, me acosa el pánico.  Dentro pierdo el control.

Cada noche es una lápida.  La última vez me dijo, no olvides, cuídate, ya sabes. Y aquí estoy, aguardándome, resguardándome; no sea que cuando baje los párpados me quede excluida en mí misma.

Se levanta. La luna entra al cuarto, mira al espejo, regresa a la mesa donde estamos, se sienta. Trae en la mano cajetilla y fósforos.  Demora. Me dice –no te vayas-  Cruza la pierna.

Me mira de frente.

-Escucha, no sabes lo que es esto-

Se decide.

Mejor prendo un cigarrillo.  Esa llamita entretiene. Quema este contar y descontar. Destornillo la lengua.

Fuma hasta confundirse con el cansancio.

La luz de la punta del cigarrillo soy yo.

21

Elefante y abismo                                  

¿Qué sabes de mí que yo no lo sé le dijo elefante al abismo? -tírate y lo sabrás- le contestó. La sombra estira la red. El precipicio cierra la trompa de la trampa.  

El pintor rompe la ficción y libera  la bestia.  

Ella borra el abismo que vuelve a decir su enigma.  

La que cuenta entra al papel a buscar al animal y al cazador que están al borde del vacío. Desarma la trama.  Libera a todos de la historia que está atrapada en el pico de un cuervo que salió del poema de Poe.  

Esta vez nadie se encuentra con el miedo agazapado en la bala que se esconde del misterio. La muerte parece una esfinge sin nariz en el sueño de edipo.  

Se escucha caer la pesadilla sobre la reja de una araña.  

¿Dónde es que un elefante se mece antes de enredarse en la tela de la palabra…

……………………………

CALLA

¿En mi infancia dónde estaba?  Una niña no quiere la recuerden.  El dolor  arrebata la memoria.  Calla el espejo.  No hubo tiempo para dar chance a la existencia del  fantasma.

Es tan real la crueldad que no deja imaginar, ni borronear el sueño antes que se deshaga en el gesto.

¿Cómo será el enemigo? Atrás de mi imagen en el espejo está la cara de la luna abriendo su trompa de loba.

No retorno al  pozo. Cierra el párpado.

Sale el sádico, se pone la capucha para dar hachazos sin contemplación. Hace triza al tocador.  ¿Ahora qué será?

¿Dónde está la que se reflejó? Una quedó afuera.

O parece.

(¿Qué serías sin la espectadora?)

 

23

Dibujo

 

 

El dibujo da dentelladas. El cuerpo femenino cuelga. La boca del monstruo, deja casi nada. Muerde tritura, y traga. Cae un zapato. Se rasca la panza. Se lame.

 

Se echa al piso. Se pone a jugar todo pesado. Calza un dedo. Gruñe. Lo lanza asustado.

Su mano está libre  de lo que parece una pesadilla. Vomita. ¿Qué pasa?

La mujer borra el cuerpo desde adentro de la panza. Asunto simple. No me convence este banquete de enajenados.

Ambos desaparecen con brochazos sin contemplación.

La guerra sangra en alguna parte.

Echo tinta roja a la boca de la bomba…


24

CORTAZAR

Cortázar  no se atreve ahorcar a la luna.

Ella lo desafía.

La aloja justo en el centro de la soga redonda.

La noche parece un cuadro del suspenso donde la emoción clandestina nos paraliza…

Tensa la tráquea.

La espera en el cortapapel. Pasa o no pasa la saliva.

Nadie despertará con el terror de encontrar un cuerpo en algo…

La página queda pendiente en manos del lector.

En el libro el satélite.  Corta línea.

Serrucha la página la imaginación.

Púa. Sustituto. Relevo.

El cuento cuelga al final del cerebro.

 

25

LA ACTRIZ

A la actriz la meten en la revista. La hacen caminar en la calle mental del escritor. Ella ve un cementerio. Mira al hombre que está en la cantina preferida del tufo. La cuerda de la rokola da rienda. Apaga la voz desgañitada en el trago. Zampa disco negro en la torre de botellas.

Toma una pose.

Déjate de tonterías. Esto no es la vida le grita toda irritada. Aumentando su tono le vocifera: tu corazón no sabe a nada.

El alcohólico eructa. Rompe su pienso.

Al descuido sale asqueada. ¿Qué saben de mí? Piensa al filo del papel.

Garrapatea la pluma, se desparrama la tinta.

El espejo manipula  el jaleo de una letra.

Sin más actuación perfora la postura.

(No me presto al juego).

¿Dejar que un pedante me diga lo que soy?

26

ALZHEIMER

Alzheimer, habitación vacía. Apagamiento.

Borrón sin cuento nuevo.

No desea nada. Nada sea.  Así no será.

Morir dentro de uno antes que  fallezca el cuerpo.

Éste aparece como una nuez seca.

Sin sabor la lengua que no sabe.

¿Ya no sabe?…

Pregunto, como jugando con la vida, ¿Qué cosa es el amor?

Responde ella, podría ser, sencillamente, nada…

27

Lacan y la mujer que no existe

La inmortalidad: un enigma para el llamado de la muerte.  ¿A quién le interesa eso en ese momento? El acta  de defunción: ese sueño.  El sepelio: crimen ancestral de no ser.

¿Dónde estás si no aparece tu deseo?

El sujeto, un yo en pleno duelo: despertar.  La noticia: cuando uno sueña de uno…

La historia es de una mujer que se encontró con la muerte en su cuerpo.  La hizo arrancarse  de la imagen: el pánico: la parálisis de una escena onírica.

Conclusión: la mortalidad sonríe en los brazos del hombre, mientras la otra, ella, mira su reflejo en los ojos de él.

Epígrafe: La muerte es como una mujer.

La muerte no es un cadáver, es un amante descubierto.  Un acontecer del amor.  Una presencia que se desvanece en las tinieblas de la memoria y la llamada realidad.

En fin, la palabra es un orificio sin sepultura. Para que lo femenino  aparezca sin confusión en los labios del hombre.  Para que se distinga el vacío del cuerpo.

Para que un hombre crea en una mujer. Para  que una mujer invente su existencia.  Para que la mujer encarne el verbo y él también.

Para que no duela la identidad en la piel.

Para que la muerte no acose a ninguno en el encuentro con esa verdad rota,  dicha más allá de ambos, en eso, quizás, posible: yo te amo hasta…

La vida: angustia de Edipo en la boca del oráculo y en el lecho de la mujer toda una sospecha en eso que parece casi alucinación.

Esfinge y enigma, cifra del deseo impune.  Realmente de ahí en adelante ni mía, ni tuya.  De nadie la palabra no pronunciada.

¿Quién lo dice? -Tú lo sabes-

¿La madre o la muerte?  -¿Quién eres?-

¿Quién soy? -¿Quiénes somos?-

Ninguna. –Ninguna-

(Soy yo, ¿no?)

28

ANTÍDOTO    

 

Coleccionaba móvil. Parecía adicta. Los había tantos.  Hasta que un día sentada mirando a cada uno despaciosamente se queda inmóvil, como ida, casi se suspende en  una idea.  Se vio ahorcada.

-¡Ah! eso es la repetición-.

Se levanta, se mira al espejo, se dice, – no voy a prestar mi cuello para el espectáculo, se acabó la serie-

El reflejo se queda sin su presa.

La mujer juega con las ganas.  Es el antídoto para esos instantes sin sonidos. Cuenta la situación cortantemente.

Sin ponerse irritable descansa de la perseguidora: ella misma.

29

 

RESISTENCIA

La madre azota la chica con éxtasis de creyente enterrándose silicios para ganar votos de castidad y prueba de duda.  Para no dejarse caer en el reflejo fétido de narciso..

La una, la madre, tenía alma de carnicera, su cuerpo acecho de orfandad y pena inclinada  en el horror de la infancia. La otra, la chica, cultiva en su carne una resistencia silenciosa hasta la muerte de la sangre revuelta en el ancestro.

Cada latigazo ajusta la cuenta de la desesperación del amor desaparecido.

En el intervalo del sueño disipa venganza sin oráculo.

Afila el filo filial

La caja del cuerpo encierra todo grito.

El ruido refrenda la soledad del mundo. La ceguera brilla como nicho iluminado por velas a mitad del recuerdo.  La soberbia altiva como sonrisa enterrada en una imagen tierna.

Cualquier  mirada entre ellas: anzuelo prendido.

Las únicas palabras que pronuncia como eco, -la ignorancia es mi nudo y salvación-, parece enigma pegado en sus labios.

La quimera de una codicia se sacrifica en el cuerpecillo. Entre altares de sus senos púberes y llanto: el fin del género. Al comienzo de su piel la cifra del dolor. El humor quiere jugar con el mar.  Se cuartea la memoria como tierra reseca.

Nada de agua fuente en el vientre.

Madre e hija dan lengüetazo al seno de la luna.  Ambas incapaces de ceder. Sólo una  podrá romper la alianza del tabú.  Se miran como enemigas.

Repiten en coro, -el verbo se deshizo  en una de las dos-.

Golpes de guerra se oyen.  Las voces se desbordan.

-En el principio fue mi madre y mi padre que era su padre también-.

No hay paz en el cuerpo nunca.

La célula huye de la madre.

El movimiento deja un trazo de vacio agazapado en el tiempo.

30

DESGASTE

Se siente  princesa de la muerte. Habita frente al mar. Se aburre de la monotonía del pueblo.  El progreso descascara la piel. Quiere algo.

Redime el vacío para caber en él.

No atina la idea. Se siente congelada.  Atrapada en la tumba de agua. Se imagina bloques  de hielo amontonándose en los hombros  y en las espaldas de los cargadores.  Estibadores de la cima de  las estaciones. Congelándose o derritiéndose a quemarropa.

Se hunde el sol en la sombra.

Se asoma al mundo de la claraboya.  La orilla parece abandonada. Presiente que tiene que dar solución al acertijo.

Un delirio diría un sesudo clínico.  Una imagen narrada por un autor. Un hecho irreversible. Un obstáculo para una vida.

La mujer oye tocar la puerta. Hace un gesto fuera de sí.  Ni siquiera mira por el ojo mágico. Abre furiosa.

Es un vagabundo.

– ¿Cómo te atreves?-

Él la desafía con una mirada sin ápice  de misericordia.

Ella sospecha como quedarse sin nada que la proteja ante el callejero.

Tacha la existencia. Parece que se desprende la vestimenta.

Desnuda e irreverente, aún dueña de su voz, le dice, -has descubierto mi secreto-

El hombre se quita su saco largo, harapiento y  la cubre.

Se dobla la noche en las sombras que hablan del cadáver de un cuento en el dilema del amor. Un bello monstruo o la cópula del hastío.

Sin freno el impulso.

Sin nada de uno.

31

ALE Y LA IMAGINACIÓN

                                                                                                                                                                                                                                                                                                          Para Alejandra Álvarez Ortega

 

La niña me habla de sus  miedos, se los devuelvo como rompiendo el eco a su inquietud.

¿Acaso, a quién tienes miedo es a ti?

Me lanza rápidamente su infantil y aguda voz, -no, es a mi imaginación-

¿Por qué?

-En el fondo de mi cerebro hay algo oculto que no deja…-

¿Qué?

-un fantasma-

¿Puedes describirlo?

-se parece a mí, pero sé que no soy-.

Despaciosamente aparece su madre como queriendo no interrumpirnos, Ale le hace señas que se acerque.  Ella, se sienta al borde de la cama, le coge tiernamente la manito y le da un beso en la mejilla.

Salimos.

La pequeña se acurruca bajo la frazada, apretuja su muñeco, se da una vueltita como dando la espalda a todo. De a poquito a poco quedose  quieta.  Tranquila, como tanteando en su memoria con los ojos cerrados a que no haya nada que la vaya a despertar.

32

IVONNE Y EL LAGO

Había una vez una pequeña llamada Ivonne que le gustaba jugar cerca del lago donde estaban todos las sapos nunca visto, le encantaba chapucear con ellos, hasta que un día se le metió en la cabecita  uno sin saber que  era el príncipe del cuento que había leído no sé qué rato. Por lo que se le ocurrió que para encontrarse con él y la conozca a ella, se amasen para siempre tenía que irse a vivir al fondo del agua trasparente.

Se puso a pensar y repensar cómo. Hasta que trasladó el inmenso lago a su pensamiento y también a las  requeteverdes, solo faltaba ella, y no sabía cómo.

Sin que nadie se lo impida un día se puso otra vez a estar soñando que un sapito con corona la invitaba a que cruce el camino desconocido por los humanos. A lo  que muy inquieta, coqueta y soñadora le preguntó qué era lo que tenía que hacer, él muy saltón y enamoradón le dijo que lo mirase fijamente sin pestañear y ella se puso requeteseria y concentradona y sin darse cuenta quedaron sus piyamas en la cama, lentamente se desvaneció por su propia boca sin que nadie notara  porque era de madrugada y ningún gallo cantaba todavía.

Lo único que se escuchaba mientras duraba este traslado era un croar infinito, tanto fue esto, que todos los de la casa se despertaron,  no sabían de donde venía todo este ruido,  se pusieron a rebuscar y buscar hasta que entraron al cuarto de la pequeña y se quedaron asombrados de lo que veían a través del reflejo de la cómoda…

Si quieres saberlo, mira en el espejo de tu casa y verás el mundo del príncipe y de la princesa que construyeron un castillo al fondo del lago  dentro de una burbuja  gigante de aire que flota dentro del agua como nunca nadie ha visto, también salen a darse sus zambullidas, buscar qué comer y mirar todavía el cielo con sus estrellas.

La pequeña convertida en rana sabe que nunca más  podrá volver al mundo de las razas.

Eso sí, luce una hermosa corona de perlas que le dio su amado.  Ambos están felices de haberse conocido, y no desean volver a ser nunca humanos.  Entre tanto van y vienen como dos encantados con su secreto.  Para envolverse en magia se han dedicado a escribir versos con gotitas de agua.

33

EL DELFÍN DE MI NIÑA

1

Estaba mi sobrina con miedos enterrados hasta  en las dendritas, y, por sacarle su sentir, le digo – a qué no más tienes miedo- ,  de inmediato me contesta,. a todo,- y qué es todo-, la oscuridad, ir sola al baño, dormir sola, y el todo se iba haciendo trocitos y pedazos de palabras que la llevaban a buscar en su mundo.

Hasta que la interrumpo ,- qué animal te encanta-,

El delfín, entonces, le suelto, -por cada miedo que se asome piensa en el delfín-…me interrumpe,  y despega  su lengua, para que lo coma, y salgan cacas en forma de corazón, porque ha convertido el miedo en amor…

II

BORRADOR

El delfín que comía los miedos dejó una emoción inexpresable a la infanta que recuerda un sueño en el trozo de la voz que chapotea en el fantasma que se desvanece.

La niebla se extingue para dejar ver el rostro nítido de la pequeña que dibuja en la bruma de un corazón partido.

Con su borrador desaparece los bordes del hastío. La luna le recuerda no borre la felicidad. Ella le contesta, soy mi propio borrador.

Colecciono borras para que no se gaste antes de tiempo el borrador de la vida que nunca se pasa a limpio.

Solo limpio lo que no es mío.

Se miran y dejan un guiño en la sombra de un yo que se envuelve en la piola del trompo que tropieza con el tiempo.

A jugar se ha dicho sin trompones tun tun tun.

Pon tú el siguiente juego.

34

NENA,  NENILLA Y NENÚ

A mis dos maría eugenia

La nenilla está en el piso, nena la coge, la tira en el rincón de siempre.  Nenú, está atenta, no se le escapa nada, ni la sombra del lobo.  Gatea, trepa, coge lo codiciado.  Se baja tal cual subió, retrocede el paso, va de nuevo, un pie, otro, la silla es baja, parece alpinista o malabarista en el filo de la cuerda,  Esta vez no hay golpe.  Se apoltrona en las baldosas nítidas.  Coge a la muñeca, la mira toda, le alza el vestido, como que no encuentra, baja falda. La mueve de un lado a otro, ni un alarido. La para de cabeza, los pelos de hilos cuelgan, se agacha hasta tocar con la coronilla el no poder del misterio,  hace huuuuu, otra vez, huuuuuu, silencio total.

La traposa no responde.  La tira, gatea como alejándose. Bruscamente  aparece la nena, la mira intensamente, -¡otra vez!- dice, coge a la hija, que se pone a berrinchar, hora de sopa, no hay quien acampe el grito,  Te callas o.., Nenú, es una zamba divina, apenas habla.  La madre se descontrola, la lleva al espejo, le dice, mira esa cara, se calma, toca el vidrio, es observada, quiere comérselo, lo babea, y hace huuuuu, huuuuu, las dos se ríen.  Señala a nenilla, la madre la coge, y retornan al testigo del juego, la niña hace que muñeca se mire, pide que la madre le dé un beso, se lo da, la pequeña mira, ahora ella, se lo da a las dos.

La nena, nenilla y nenú se transforman en el tiempo.

La nena recuerda que juega a la nada, sus manos atrapan los trucos del silencio.  Hace del silabario un rosario de dibujos. Cuenta que fue.  Encarama la memoria al cielo, acerca a Dios al patio de su corazón.  Reza y encomienda su miedo a la incógnita de la vida porque de la muerte no quiere saber. Ni la nombra.

Nenú enseña al niño a conocer la cercanía del sonido.  Hace con la boca un pucho de agujero, sopla hasta dejar que la burbuja se aleje en la imaginación, el aprendiz deja que la raya de su boca se convierta en un redondel, sale el cero, deja ver una ausencia,  sale una a acariciadora, no la toca, la mira  esta vez, antes la ignoraba, el  ganchito parece una lengua minúscula llamando la atención al uno mismo, mismo no es ¿qué será?, todo desapercibido los ojos miran la nada, hace gestos de círculos, la línea se tuerce, se quiebra la regla, la estridencia le hace poner rejas al  espacio, la boca se pega, retuerce los dedos, el cuerpo parece un péndulo de aquí para allá. Está sentado en el vacío del ser.

Ella le cuenta del gato que ata en un garabato.  Él observa.  Nenú, une dos círculos, como que fueran dos cabezas vacías, le dice cabeza y cuerpo, dos pedazos de triángulos  encima de la cabeza, ?sabes?, son orejas, claro que las conoces,  ahora bigotes, continúa sin hablar, sigue  la joven, coge un carboncillo hace unos pelos largos, cuatro exactamente, los ojos están cerrados le dice, dos puntos y punto, ?y la nariz? una motita chiquitita, con dos huequitos, para que pueda respirar,  los gatos no tienen ombligo, ¿has visto el tuyo? Cuando puedas míratelo, el chico como que no está, faltan manos y patas, las hago con plastilina, porque es un gato gordo, de color café, hace una pata, va la otra, son cuatro, me quedan dos, amasa, rueda sus dedos por el piso, salen un fideo gordo, lo corta en dos, ya las tiene, una aquí, otra allá. Me estaba olvidando de las uñas, hago, cuántas, suficiente tres en cada patica, cortas, para que no rasguñen.

¿Y el rabo? ¿dónde está? ¿Buscamos con qué hacerlo? ¿lo delineamos, lo pintamos o lo dejamos cómo? Supongamos que no quiere que se lo cojamos porque le duele, y, claro, no es un juguete, además, se erizaría como un puerco espín, ¿conoces este animal? La próxima te lo enseño y lo dibujaremos.  Dejemos así, gato con la cola escondida entre las garras de sus pezuñas con uñas,  para que no se lo encuentren ni se lo agarren.  ¿Has escuchado como hace? Mmmiiiiiaaaauuuuu, otra vez  mmmmiiiiaaaaaaauuuuu. Como que se emociona con esta ocurrencia, sus labios se movieron ligeramente, un poquitín, la abrió, la puntita deja notar, la deja un rato ahí, la mueve cortamente, la muerde sin hacerse daño, no, sólo fue un intento, un avance dentro de su isla emocional, está lejos de la orilla.

El vaivén de la compañía flota como una boya que se acerca, que se va, que regresa.  ¡Ya casi la agarro!  Se pierde de la mirada. Algo está ahí, algo no.  Al gato no le gusta por nada ni que le tanteen ni le tironeen el rabo, peor, eso de que lo cojan como soga de jugar y den vuelta con él hasta caer desmayados de mareo. Te huye, basta una vez, se espanta si te ve, se meterá donde nadie lo encuentre. Ni el queso ni el chillido del ratón le llamarán la atención por un rato.  Eso sí, si lo mimas, te ronronea, te da pequeños cabezazos de aceptación, se te cruza en el camino, si estás sentado, se te sube  se te pega con su calorcito, y se duerme en tu regazo.

Listo.  Qué le falta, ¡ah!, un collar con un cascabel, si se pierde, sonará a la distancia, así sé por dónde anda.  Está solo, lo vamos a acompañar, toma esta plastilina, y esta para mí, ahora nos hacemos, él tiene hecha una pelota la masa de color blanco,  ella coge la negra. La empuja como bolita, demora, pero algo rueda, eso le atrae la atención, su mano echa un puñete, aprieta, luego la abre, y la suelta.  Está la masa aplastada, pegada a la palma de su mano, la mueve bruscamente, y la alza, hasta llevarla al papel, y da cómo una cachetada en la página, se pega, queda una mancha blancuzca, ¡Ya!, ese eres tú, ahora falto yo, y hace lo mismo que él hizo, da un planchazo en el papel, y sale una mancha negruzca. Parecen dos sombras a contra luz, una sosteniendo a la otra.   Gato, ya no está solo.  Ni tú ni yo.

Nenilla está en el recuerdo.  En la realidad otra niña la carga en sus brazos.

La vida es un cruce de acciones. Un momento para detenerse. Afuera de ti y dentro de mí hay otro que no sabe, hay un ciego que habla, hay un mudo ciego, hay un sordo que ve, y entre los tres hay un movimiento que quiere decir algo.  Ciego, sordo y mudo es una mente vacía que toca la melodía del cuerpo.  ¿Quién está calmo para reconocer la parábola de la vida incompleta?

El sordo dibuja la luna, emite un sonido redondo, el ciego describe la luna que imagina, el mudo y ciego, dibuja la luna que escucha.

La Nena cuenta un cuento de la nenilla a nenú.

Nenú escribe el cuento. La nenilla habla en un papel.

Las tres son personajes  para el niño que hace un gato que le acompañan dos sombras, una clara y otra oscura.

Todos son ahora parte de una historia para quien quiera leerla y después contarla, si quiere.

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35

cuento novelina. Einstein se escondió en la palabra

https://carmenvascones.wordpress.com/tag/carmen-vascones-einstein-se-escondio-en-la-palabra-autismo-por-carmen-vascones/

…………………………

36

cuento hábito de pensar

http://www.lechasseurabstrait.com/revue/spip.php?article3076

…………………………..

fragmento del actuante o una vida innominada

en revista erancia 12, unam

http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v12/caidal_12.html

…………………….

37

35

IMPRECISO

Era el padre, pero, era algo parecido a una desobediencia peligrosa, luego venía la repetición, el susto, despertar como saliendo de una pesadilla, soñar con el responsable filial en una propuesta imprecisa.

Un acto dentro del sueño.

La durmiente prolonga su duermevela. Desnuda de pudor se mira sin detenerse en la contemplación, acaricia la idea que toma la forma de ella.

Se despoja de la memoria.

Camina en terrenos paganos. Se acerca al lugar del profeta que hizo tambalear la voz humana, de aquel que anduvo según cuentan en aguas de soledad. El mismo que cuestionó a los que iban apedrear a la damisela. Se imagina ser la señalada.

Multitud sin salvación. Condenada al placer.

Despierto. Recuerdo la última frase – “ vamos a beber un café “ – ¿ Por qué el oráculo es una cuestión de pasión advirtiendo al deseo o invitándolo a ser parte del enigma ?

¿ No desear a la mujer o al hombre de tu prójimo ? Semejante sin semejanza.

¿Me aproximo o te aproximas ? ¿Obediencia o provocación? Me burlo de lo divino y pagano.

Atizan al yo a una confesión errante en el cuerpo.

¿Dónde quedan los amantes y los filósofos del amor y la sabiduría en el banquete de tocadores, donde degustan la angustia sin arquetipos ?

Miénteme que existo para ti. La conciencia de estar sola la llevo pegada en el cuerpo.

Te mereces el escándalo público, llegó la hora de martirizar la eternidad.

Tengo miedo de tener miedo y de no tenerlo. Humores ácidos. La sombra es húmeda, mírale los charcos en el colchón.

El monstruo se alimenta de tristeza. La asusta, seduce, extermina, domina. Y, todo sea para no saber del escurridizo miedo. Todos tenemos algo de tirano.

¿Queremos derrotarlo?

Nada de miedo. Miedo de nada. Me acerco o me alejo. Con el estremecimiento sé que estoy ahí. Siento mi estar. Del ser ya no me importa nada. Ya se conjugó su existencia.

¿Entonces por qué estoy agarrado aún de esto que lucha contra mí?

– No lo dejo me embauque –.

……………………………..

Nota: La obra de Carmen Vàscones ha sido parcilamente traducida  tanto en poesía y  cuentos por Alexis Levitin. Especializado en Educación, literatura y traducción. Ph.D. in English, Columbia University. Profesor distinguido  de  English at SUNY Plattsburgh.

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