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carmen váscones entrevista por susana alvarez, libro, MUJERES DEL PÉNDULO 2011 noviembre 4, 2014

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Se define Carmen ¿Quién es? ¿Qué hace? La palabra Carmen me nombra. ¡ah!, ¿esa soy yo? La que descoloca  la pregunta. Ella  en mí da un sentido a la intención del tú.  Carmen es una mujer que se hace en la palabra.  Su historia cuenta con ella. Hace una escritura donde la vida no se aparta.  Apártate de mí dice el caos.  Ella lo recoge y lo deja ser a pesar de él.   Y … tu infancia y adolescencia ¿Cómo fue? ¿Dónde pasaste? Los cinco primeros años fueron nómadas, algo así como la emigración interna, la familia avanzaba hacia algún lugar con su raíz. Nací en Samborondón, luego pasamos a ser acogidos en la hacienda del tío Carlos, hermano de mi padre,  cuando tenía dos o tres años viajamos  a Guayaquil, nos asentamos  en el barrio del seguro, en los recuerdos de mi madre jamás olvida esa estación, a los 5 años  fuimos a  Machala hasta los 15.  Fui a la preparatoria, con religiosas.  Estuve en Escuela fiscal los primeros grados, y los otros en escuela privada de monjas en puerto Bolívar.  3 años en el colegio Ismael Pérez Pazmiño.  Cuando cumplo los 15 años, mi padre compra la casa de su hermana Luzmila en Guayaquil, otra vez el movimiento. A desarmar casa y armar maletas.  Llegamos al nuevo hogar, en pleno centro, Aguirre y García moreno.  Pasé una tristeza muda.  El destierro del espíritu. Me quedé cuarto año. Estaba matriculada en el colegio Santo Domingo.  Otra vez, nuevas caras, la curiosidad o indiferencia por la afuereña.  Ese año pasé ensimismada, silenciosa, me volqué a los diarios que mis compañeritas cercanas me habían regalado cuando cumplí los 15.  Apenas pasada tres semanas de este cumple, cambio el mapa mental de la geografía.  Esa otra ciudad con su ría.  Adaptarme o acomodarme al ruidoso Guayas. Recibiendo cartas de quién se acordaba de mí.  Poco a poco me alejaba del parque de la infancia y de la joven que retoñó en mi cuerpo. La vejez mental la marcaban las estaciones del los cambios y los sitios que habitamos por ratos. Mi padre  entre ausente y presente, llegaba a casa cargado de vida, de pensamientos y silencios, también de “combustible” para el cuerpo, sacos repletos de víveres y frutas, era más barato comprar al por mayor, compraba libros, enciclopedias que estaban bajo llaves.  Hurtaba el saber, mi madre manejaba todas las llaves.  Esa que era, lograba sacarla del bolsillo del delantal, aprisa sacaba los textos, me encerraba y leía a mi antojo.  El año que “me” repetí, lo hice en la Dolorosa, fue una certeza, los profesores eran sorprendidos de por qué me había quedado de años en matemáticas y en inglés, lengua que no logro masticarla.  Era una “buena alumna”, un ejemplar en las notas, conductas y todo eso que se califica como buen comportamiento y del asunto de aplicada.  Me sentí muy bien, no era estúpida. Pero, mi padre otra vez, con sus decisiones de “mandamás”, nos cambia de colegio, nos lleva de retorno al santo domingo. Las monjas nos extrañaban, más creo a mis hermanas deportistas. Lo que menos quería era ver a los profesores” aquellos”.  Tuve que sacar palabras, hacer estrategias, un grupo de estudio, con compañeras que hasta ahora no me olvidan, hacían supervisión a la hora de mis resultados en la hora del examen…,  asunto claro, la respuesta tenía que cuadrar.  En fin, planto y desplanto al recuerdo.  Siempre  preciso y germinando. Mi memoria es fragmentada y discontinua, es un rompecabezas de espacios de nexos. Dejar a los amigos, no volverlos a ver jamás es dejarlos flotando en el posiblemente algún día la casualidad se ofrezca y sepa algo.  No los he podido enterrar en el olvido.  Están frescos con sus contactos, juegos y acompañamientos.  No han muerto en mí.  Tampoco he sido de multitud. Ese cambiar y rotar  me dio un desapego para siempre.  El instante cuenta toda mi vida.   En el entorno familiar, social y cultural ¿Qué barreras enfrentaste a fin de alcanzar tus ideales, propósitos y utopías? Estas palabras las fui descubriendo de adulta. La vida es una lucha por ordenar los hechos que se desorganizan en las circunstancias que te toca vivir.  He seguido lo que la vida me presentó.  Estudié Psicología, por eso de entender el mundo del inconsciente.  Saber quién soy, El trabajo comunitario me atrajo, quizás esto está marcado por las “secuelas o efectos de formación”, en el colegio Santo Domingo, se daba teología de liberación, y eso marcó mi existencia, conocí, a monseñor Proaño, en los retiros que nos llevaban, su palabra era un desprender el capital.  Era un sabio.  También tuve profesores que nos hacían pensar, y no era tanto la nota, sino conversar, discutir, elaborar pensamientos.  Eso siempre me ha atraído. La barrera mayor era el “patrón social”  y sus descuadres, los moldes de los autoritarismos, tropezarme con “jefes” amos, insoportables. Me costó  adaptarme a la integración, formar parte de un grupo, siempre me sentía asocial, participaba, pero no me dejaba atrapar por eso de liderar o someterme a ser esbirro, de manejar grupos, eso de estar envuelta en la pasión del uno por todos o todos en uno.  Eso no lo he creído nunca.  Más claro, no he sido fácil para el rebaño.   Eso sí, una asesora, una facilitadora…   Trabajé desde los 18 años, tuve beca en la universidad, he participado en investigaciones, proyectos sociales con instituciones públicas, privadas.  He trajinado el saber y la convivencia comunitaria a full. ¿Eso es realizarse?, ¿emprender?, es un oficio elegido y nada fácil. Ser un facilitador en la vida es crear condiciones, romper esquemas, trabajar en equipo.  Eso sí me gusta.   La escritura no es un obstáculo porque no la he hecho una carrera, ni la he puesto en ninguna tarima. Ella me escribe y yo la acojo.   Cómo descubriste tu vocación de escritora. Quizás está marcado por el lenguaje familiar, mi madre muy realista y práctica, y temperamental con la emoción… y mi padre era un catador de las imágenes, vivía haciendo poesía en su lenguaje, además, en la preparatoria y escuela de monjas, había los cuentos para escuchar y las veladas, era pretexto o daba rienda suelta para expresar o imaginar. Era mi guarida la imaginación, allí desvestía y vestía a la magia.  Casi no jugué con juguetes, tampoco los había, mi padre regalaba lo que podía, éramos tantos hermanos…   Había una señora que ayudaba en casa, hablo de cuando estábamos en Machala, ella planchando las sábanas, yo sentada cerquita. Escuchándola contar, me espeluznaba pero quería más, en eso Margarita, mi madre, no se quedaba atrás, también desbocaba sus historias mientras yo a distancia la miraba atenta. Era muy despierta frente a lo que pasaba en mi entorno, están ahí los hechos, son imborrables y algunos angustiosos, como los 4 niños que se quemaron, la casa era de caña, estaban en el piso en alto, hablo de hace 46 años atrás, y los servicios de agua y bomberos limitados, ver el incendio, los niños no queriendo saltar por la ventana, y la hermanita mayor sintiéndose responsable, no abandonarlos, después ver en el diario, todos los cuerpitos chamuscados y amontonados, eso, como voy a borrarlo. Imposible.  Y así, hay más.   Los recuerdos de los conocidos no se quedaban atrás, la retahíla de hechos a veces parecía interminable, e historias sin fin ni que ocho y medio de Fellini ni tintas medias. ¿Qué será de Amada? La que se enamoró de Macaco, un estibador que trabajaba en un puerto y se resbaló con caja y todo y cayó rompiéndose la crisma y la vida entera. Desde ese entonces sus ojos que eran dos canicas verdes perdieron su color para tornarse apesadumbrados debajo de unas pestañas que ya no sostenían la mirada. ¿Dónde estará Lucía? La que se enamoró del albañil que le enlució los sueños, que compró dos circulitos de oro como alianzas camino a la iglesia, y que en un santiamén ella se las aventó en la cara, y no dio explicación. No hubo más, cada uno por su lado, ni boda ni nada, sino un silencio. Y la del jovencito que compró un bebé de felpa para su primera enamorada, y los ojos de su madre celando como una Medea…   O la memoria de la niña que no le gustaba jugar con las muñecas y les sacaba los ojos, la misma niña que no le gustaba mirarse en el espejo porque cada vez que se asomaba no aparecía su imagen, y esta misma pequeña que no podía ni esconderse en la realidad ni en la fantasía porque la voz femenina se le aparecía congelada y disfrazada como medusa para quererla paralizar y así sólo la escuche y obedezca a ella.   Qué será mi  Esmeralda que va toda de negro a planchar y su boca está apretada, y yo que la quiero hacer hablar, hasta que llorando me dice que su hijo se murió, porque le cayó una bala perdida en el cuartel.  Y yo abrazándola, besándola, apretándola conmigo.  ¿Cómo olvidar? ¿Habrá muerto? Hace tanto tiempo que no se de tantos…   ¿Y de psicóloga? Ese quién soy, se convirtió en un ser a desmadejarlo. Invertí en el rollo de  mi existencia, lo he traducido.  A  la señora psicóloga le di un lugar de investigación: su palabra es un filtro.  No se conforma con la mascarada del decir.  Ausculta hasta desmantelar la trampa del interdicto.  Es mi aliada.  Soy su red donde pesca la soledad y la compañía.  No estoy sola aunque quiera.  El trabajo de análisis es interminable.  La escritura exige rigurosidad con el vaciamiento del ser.  Hay que ir con cuidado.  Trabajar el narcisismo humano nos desflora de la imagen.  Por eso hay que refrescarse y ponerse en el lugar común para tomar agua y descansar, para caer en cuenta que somos uno que no está preparado nunca.  Que el mundo es doméstico aunque reneguemos de las tareas.  Que no somos nada extraordinarios. Que te has creído  Creída.  Me bajo los zumos.   El poder de la palabra para crear mundos nuevos es infinito. ¿Qué criterio te merece la conceptualización “palabra”?. El ser humano es el único que necesita hablar y ser escuchado.  Sentir lo expresado.  Se distancia de la animalidad por esa capacidad de comprensión, se trasciende por la transmisión y transformación que es capaz de realizar, transmitir, y enseñar.  Modificar, construir o destruir.  La palabra no se la puede gobernar ni educar, si convivirla, transformarla.  La palabra es la primera maravilla del mundo que no cesa de traernos y llevarnos a palabra nuevas.  Ella en sí es un mandamiento que interpela, que no pasa impune.  Que habla siempre.   Hay actos abominables que la palabra en su justa ley para lo que ha sido creada nos alerta, previene, anticipa, pero… el humano aún así acomete, ataca, borra, se equivoca, comete faltas, y, sin responder, o reconocer avanza sin medir las consecuencias, ejecuta, o simplemente justifica sea la guerra, la violencia, el incesto, los golpes.  Me pregunto es suficiente que exista la palabra o qué…   La muerte está en cada uno. La palabra entre la muerte y la vida nos crea otra forma de ser. Otra cosa es permitirle intervenir ¿La dejamos?  Desde el principio la palabra sentida. Sentido pésame a la soberbia humana.  En duelo el sonido que fue devorado por el gruñido. La palabra nos define como ser humano. Nos aniquila cuando la convertimos en arma. Oficio humano del sonido, mundo sonoro de la ocupación habitual.  Ella nos lleva a una asociación libre, nos hace presa de la expansión y la conquista del saber: nos duele en el cuerpo toda su ignorancia y sapiencia. Drena y encauza, entre reflexiones los espacios que encadena y desencadena el saber explícito, implícito.  A saberse de otro se sustenta, se sostiene, se hace hincapié.   La palabra desafía, rompe tabú, protocolos y estados inútiles. Delibera, rechaza toda doctrina, se desnuda de hábitos y oficialidades.  No le gusta la máscara,  disfruta de los escenarios de la vida donde se desenmascara la rutina.  Su voz es un orificio donde nace lo hermoso, donde se concibe el sueño, donde reposa y se impulsa el deseo hacia  donde habita su origen humano a pesar de la contienda con lo inhumano.   La palabra no es el incesto ni el tótem, ni el tabú, ni la ley. Ella es el principio de la vida eslabonando la eternidad en el paso por la muerte.  Ella: la imperfecta creación de la belleza pura.  Luego imagen de un diálogo perfecto, cogito oral del logos y de la existencia.  Hay que restituir a la palabra su poder de evocación. La palabra una lectura que nos crea un interlocutor, nos hace enfrentar al verbo de cada principio humano.  Espíritu del deseo. Alma de la forma.  Nos hace acceder al sentido común y no común.  Nos llama a ser intérpretes y portadores del texto que fue, que va siendo, que es.  Es la obertura del ser, su cauce es un movimiento de conquistas de espacios. La palabra es un libro leído que nunca muere en la memoria.  No se deja olvidar.  Siempre se dejará expresar, sentir.  Se manifestará. Nadie puede matar la memoria, ni aún el delirio.  Ellos hablan.  No se la puede alejar de su propia existencia. Su propietaria es la palabra que apuntala un lugar en el presente del tiempo y del espacio.   La palabra “un goce inédito” (J. C. Milner) de la lengua. La palabra sea algún  instante: felicidad, esto es, gozo simbólico que deja de ser inédito cuando ella  nace.  Más allá del útero: nosotros.  Afuera el  tú y el yo desalineado del espejo: concibiéndose en el adviento y la aventura de la vida al interior del ser para otro dentro de  nosotros. Que Nuestros sueños no se extingan en la prisa de la existencia.  Aventurado seamos aún en el deseo encontrándose con la palabra. Si la literatura es ideología ¿cómo vez la relación con la psicología? Diría literatura versus ideología. Porque un texto creado rompe dogmas, replantea la represión del statuquo.  Nada es inamovible.  El generar pensamiento, aportes no masivos, el desmitificar los misterios de la creación es transgredir lo prohibido, la escritura tiene su propio tabú donde la ideología no cabe, otra cosa es el abordaje, el bagaje del escritor y su visión ética. Moralizar la escritura es optar partido, otra cosa, es dejar ver la aberración del poder en cualquier sentido que se lo mire o se lo ejecute.  Se habla y es un trabajo escribir la palabra, hacerla un arte es esculpir en la letra al ser que asoma.  Esto es lo que se diferencia totalmente de los discursos absolutos. La singularidad de la psique en ese espacio social que hierve en las contradicciones y embestidas de los sistemas alienantes… ¿La libertad se la ejerce en el principio de desarmes mutuos? Si no, miremos, o investiguemos sombre las centrales nucleares y sus efectos devastadores.  Quién nos consulta si queremos o no estas armas en el mundo.  ¿Quiénes deciden?  El libro llega de uno en uno y nos desactiva de uno nuclear imperial…esa mente que se alía en el silencio por la costumbre de la represión.  Entonces, qué hacer, hay que ser pasivo, o propongo una aptitud diferente, no estoy de acuerdo con que rodeen el mundo de armas nucleares.  Si me opongo, soy un peligro, un enemigo, una mujer señalada como subversiva.  ¿Dónde está verdaderamente el riesgo?  Salgo de la manada y soy el blanco.  O cuestiona la seudo democracia.  Bien mi psique, y el campo de la psicología que he elegido es replantear, es darle lugar a la palabra, es provocar la escucha, es dejar decir.  Lo digo, así sea una, creo porque creo algo que no está ahí. Eso no quita que estemos rodeados de contaminación y al alcance de la radiación del control especulador y opresivo…   La lectura es una amiga íntima para ti ¿Qué tipos de libros te acompañan siempre? Libro y lectura una aventura. Ante esta pregunta te hago leer esta entrevista que me hizo Ruth Garaycoa, directora de la biblioteca de la casa de la cultura del guayas,   en 1998, para que te des una idea de mi intimidad en este rebuscar en la palabra. Mira tú si la integras a tu rastrear a la escribiente. ¿COMO CONCIBE AL LIBRO? Un libro en mis manos es la posibilidad de intimidad con la imaginación.  El libro es un soporte, es un campo abierto de posibilidades.  Cuando se es niño y no sabemos leer ni escribir, nos encanta que nos lean – qué dice aquí -que nos repitan una y otra vez la historia, que nos expliquen, que nos hagan sentir la vida del texto.  En un libro están seres animados que se proyectan. La piedra, el animal, el humano son personajes que tienen una historia, valores, problemas, alegrías, mensajes y sentidos a los que el niño está atento a captarlos. El libro nos remite al autor, y por lo tanto a la convocatoria de oyentes y lectores, un texto logrado suscita, se lo siente, provoca emociones, hace pensar, aprobar, rechazar. Es una moraleja, es un testimonio del bien y del mal, es una posición quiéralo o no el autor, hacia una forma de ver, admirar, crear o de intervenir en la realidad.  En fin, el libro es un mundo aparte dentro de otros, es una realidad dentro de otra.  Los libros son la biblia de los mitos, leyendas, estilos, fantasías y  los hechos expectantes o creados por sus progenitores/autores. No existe el libro si no hay lectura. ¿CUAL O CUALES SON LAS OBRAS DE SU AUTORIA QUE LE HAN DADO MAYOR SATISFACION? Empecé a escribir desde los quince años diarios, poemas, reflexiones, mis pensamientos, mis fantasías y vivencias.  Desde los cinco años, recuerdo que me gustaba escuchar historias, cuentos, misterios, sean en la radio, disco/cuento que nos ponían las monjas españolas en la escuela. De mi padre y madre me interesaba ellos y sus antepasados, o saber lo que habían vivido. De las personas que colaboraban en casa me encantaban también sus historias, tenía mucha paciencia y entusiasmo para escucharles. La verdad es que me parecía mágico todo eso que salía por la boca, del libro,  del disco o de la radio. Me adentraba en esos relatos con mi imaginación.  También participaba en obras teatrales, danzas, era maravilloso todo lo que uno podía hacer con el cuerpo, con el entusiasmo y con el deseo de representa y escenificar.  Era romper toda la timidez.  Era a ser: unos desvergonzados infantiles y adolescentes en el escenario del arte.  Vivía intensamente la pasión que me producía estas experiencias, experimentaba emociones encontradas, a veces quería a mi personaje o quería el otro, pero  tenía una responsabilidad de sacar adelante el que me habían asignado, creo que tenía que amarlo y no rechazarlo.  El personaje estaba en la realidad y en la fantasía y tenía que hacerlo mío.  Cuando un es niño se cree casi todo, y si tiene un margen de dudas, – se es muy preguntón – eso no importa, lo que interesa, es lo que nos produce y provoca, los estados de atención a eso mágico y misterioso de aquello  había una vez … Entonces, por qué todo esto dicho.  Bueno, porque mis libros están acompañados de todo ese mundo con los otros construidos. Cada uno responde a un ritmo, a hechos que acontecieron mientras iban desmadejándose.  Quizás todavía no estoy preparada ante mi propia crítica o juicio para decir este o aquel libro es el que me ha dado mayor satisfacción y dolor. Lo que sí puedo afirmar, es que estoy inmersa con el yo que me acontece y convoca como persona individual y única,  con los demás que me involucran en un vínculo dado antes y después de nacer.  Es una responsabilidad saber, que, con nuestras palabras y/o actos hacemos y deshacemos.  – En estos tiempos tengo más precisa esa angustia vital –  Me siento comprometida con mi vida y con la de los otros, será por eso que me encanta trabajar con niños, a ellos los veo indefenso en manos de los mayores.  Un adulto con su incomprensión o agresividad puede ser monstruo ante los ojos de los pequeños, y de hecho, después, ellos aprenden a defenderse con esos mismos mecanismos de violencia con los que los padres o maestros intervinieron y que a la vez inculcaron en los pequeños.  La verdad construye, la mentira destruye. ¿Dónde está cada una?  ¿Dónde están éstas dos y cómo laborar en las diferencias, en lo que es y no es?  La tarea como humano es intervenir para afirmar o negar, provocar o replantear reglas y cánones establecidos, no callar lo que oprime y somete, decir lo que no se dice, arriesgarnos a ser. Y el arte no puede ser cómplice del silencio, ya que este denuncia y propone.  Ningún arte está libre de los hechos de la historia. No quiero escoger uno de mis libros publicados o inéditos, porque estaría cayendo en la queja de la inconformidad o de la justificación, cada uno de ellos tiene su etapa de creación y término, donde les he dedicado el tiempo ¿suficiente? O el que he creído.  Aclaro, siempre habrá una insatisfacción de que algo faltó, o de que esto otro, por eso es mejor seguir adelante, en presente. Mi mayor desafío es algún día hacer libros para niños en el verdadero sentido de lo que significa.  La infancia me parece la edad e la magia o de la imaginería. ¿CUAL FUE LA BIBLIOTECA O LAS BIBLIOTECAS QUE USTED TUVO A SU ALCANCE PARA ENRIQUECER SU ACERVO INTELECTUAL? La primera biblioteca fue la de mi casa, mi padre se preocupó de eso, a él también le gustaba leer y eso fue un beneficio, luego, la biblioteca de la Universidad Católica en Guayaquil, de la Casa de la Cultura en la ciudad que vivía, , de Biblioteca Municipal, la del Museo Antropológico y por qué no decirlo la de los amigos.  En lo personal poco a poco he ido armando una. Un consejo que me aplico y lo vuelvo extensivo “no es tanto lo que se lee sino le que se escoge para leer”. En estos tiempos hay que combinar televisión, cine, teatro, música, y letras.  A los libros hay que darles y hacerle un espacio y lugar.  Por lo tanto, hay que empezar por el niño, joven y adulto, y este último es el que apoya a los dos primeros. Y usted Ruth tiene una vasta formación, pues creo que hay que compartir experiencias, sistematizarlas y devolverlas a los centros educativos, culturales, familiares y comunitarios para que el arte no resulte una isla ni algo fuera de la vida.  Y más aún que el libro no se vuelva una reliquia o adorno en la biblioteca de la casa o de las instituciones. ¿DEL ACERVO PARTICULAR, QUE OBRAS CONSIDERARIA LA MAS IMPORTANTES DEL SIGLO XX Y POR QUE? Me gusta leer mitos, cuentos infantiles, leyendas, biografías.  De lo último y fresco que he leído es la “Emperatriz de la fantasía” de Michel Ende, que me atrevo a recomendar a los adolescentes y a los adultos.  Anteriormente “Alicia en el país de las maravilla” de Lewis Carroll.  “Cien años de soledad” de García Marquez, poesías y ensayos de Octavio Paz y Borges, también libros de Yourcenar y Duras. Henrry Miller y más. De los escritores nacionales a Palacios, José de la Cuadra, Alicia Yanez, Eliécer Cárdenas, Miguel Donoso, Carlos Béjar, Abdón Ubidia, Jorge Dávila, Sonia Manzano, Maritza Cino, Eliana Espinel,  Gilda Holts, y tantos y tantas otros/as que se merecen ser leídos y difundidos. Creo que la literatura no puede ni debe ser un monopolio editorial, debe ser un proyecto de apoyo, difusión y promoción.  Pues, por ahí hay escritores brillantes tanto allá como aquí como en otras partes del mundo, que no se los conoce y resultan superiores a los que conocemos o tenemos al alcance.  Las transnacionales llegaron a las artes y la censura también, y esto va en contra de la originalidad, libertad e ideología de la obra.  No se puede permitir fomentar el mundo de las boboletras o disneypintura.  Si caemos en ese vicio, simplemente entramos a la adicción de una gloria barata, burda y mercantil.  Sin verdadera presencia del arte por el arte. (Entrevista de Ruth Garaycoa a Carmen Váscones en 1998)   Retomo tu pregunta después de interpolar el tiempo, sólo te digo que la lectura nunca acaba, las he ampliado, obvio, leer las mil y una noche, Decamerón, a Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, a los latinoamericanos, y tanto y tanto, he releído las memorias de Adriano, Yo Claudio, los mitos, a mí misma me releo, y soy tan distinta y parecida  de la que me interpreta, cercana y lejana,  lo importante es cómo se lee, a veces no es tanto o cuánto. A la memoria no le gusta acumular, sino vaciarse, para dejar espacio al movimiento mental y creador para no petrificar la memoria, ni llenarla de costras de sabiduría y citas.     Tienes algo particular a la hora de escribir ¿Alguna rutina, una burbujita para tu alma o es la inspiración del momento? La compulsión, la calma, la ebriedad, la angustia misma son los vectores al otro lado de la escritura, adentro y afuera del autor, los detonantes son los hechos de la vida, la soledad insobornable.  La compañía de la imaginación que no descansa ni cesa de escribir en el muro de la psique.  La escritura es contestataria a uno mismo.  Nos doblega a trabajar sin compromisos hasta sin sueldo.  Al menos en mi caso no me obligo a escribir pensando en los réditos, o publicar como requisito para llamarme escritora.  Es secundario.  Lo que me interesa es ir produciendo una línea que se ubica en el libro tal que se llama o llamará así, incluso, hasta sé cuál es el título del libro o el último poema para el cierre, lo que no me ocurre con la narrativa.  Es diferente la experiencia, es un abordaje discontinuo.  En la poesía siento una continuidad de sujeto, en la narrativa no, hago un personaje, un encuadre que me desparrama al verbo en un cifrar diferente.  En la poesía siento el núcleo del deseo, en la prosa este se envuelve en la frase, el acto, el suspenso, me bota a crear una acción que me sorprenda, que demuela las convicciones.  El poema es un estado del narcisismo contemplándose en la fuente del yo vaciado.  Es un arrancar al ser de la muerte.  Nada de ahogarse, nada de eco.  Esto exige una lucidez sin melancolía.  En la narrativa el cuerpo se presta a ser el escenario del conflicto.  Es un desapuntalar al yo.  Es una navegación que atraviesa aguas dulces y saladas.  Es un espejo que no se presta para la mirada de narciso.  No permite que el reflejo del autor se interponga entre los actores del papel que asienta la historia que ocurrió en el acto creador de ese génesis dónde el éxodo y el exilio lo vive el narrador.  Afuera de la obra alguien te lee.  Mientras Reciclo la memoria, también la desecho.   ¿Qué es para ti el mar? ¿Vives la soledad de los poetas? Partir a un lugar desconocido. Adelante. Lo recuerdo nítido, toda una mancha negra con espuma en movimiento chocando contra el puente, luego contra el barco, era una inmensa masa perdiéndose en la noche. Y yo en silencio contemplándolo, pensando, imaginando qué…  Luego al amanecer llegando a puerto bolívar, notar sus contrastes, su color menos oscuro, su olor a mar varado, su ruido desperdigándose en el amanecer, atrás queda el mar.  También es arribo. Ahora lo tengo de frente. Para no perderme achico la ola en una gota de mar.  Mi mano la recoge, la llevo a la boca, sabe a lágrima.   La soledad es sinónimo de compañía. Se quiera o no, ella es un espacio para abordar una escritura que toma un momento diferente.  Pensar, crear, estructurar, abarcar ideas, es darle perspectiva a la masa mental que desflora la certeza  tiempo.  Nos ocupa de cuerpo entero.  Nos reenvía a los sentidos  que se apropian de la vida, de la historia, de los hechos.  No se está solo cuando el pensamiento nos va dando a decir.  Y son espacios sin tarjeta a marcar a ningún jefe para cumplir el pedido del oficio.  A menos que tenga pagado el oficio antes de que exista, como es el caso de ciertos escritores o proyectos o becas, que bienvenidos sean, porque da holgura para trabajar sin la angustia de las deudas o los cumplimientos con el mercado social. La vida pende de una cuenta a pagarse todos los  días, sino, no existes o te marginan o eres un extraño, o en el peor de los casos que digan que eres un desadaptado.  Nones.  Escribir es una tarea a ser respetada y bien remunerada.  Igual, escribo a pesar de tener un saldo en contra: mi propia soledad.  La retribuyo conmigo y con la confianza que me presta para avanzar en este silencio elegido para trabajar  el presente de mi creación.  Soy la criada de mi crío.  Lo creado algún rato al público.  Allí, seré la anfitriona de la obra. Su ama de casa que se saca el delantal del borrador, que pasó a limpio su pensamiento y sirve al huésped de la lectura su plato de letras.   ¿Y tus afectos? ¿A quienes los dedicas? Nunca he sido nada romántica, más bien llena de detalles, que si me abruman, tampoco me convence. Son instantes de presencias donde el sentimiento parece un girasol siguiendo al astro. También la luna, que nunca me cansa de maravillarme.  Luego reciclar toda esa emoción como plastilina que se pega en uno.  Mis sobrinos llenaban mi mundo.  Ahora está dividido o compartido el huerto de mi afecto, algo para Roger, mi esposo, algo para ellos,  algo para mí, algo para generar el combustible de esos instantes de amor que es la vida.  Y el amor no puede capitalizarse ni dejarlo en libreta de ahorro, fluye como el agua, como la respiración, como todo lo que nos provoca un sentido de avance.  Eso es todo. Y sobre todo, dejarme afectar por el sentir. Conmoverme hasta en la ausencia añorada…   ¿Cómo son tus relaciones con los editores? ¿Aceptas imposiciones o no las tienes? ¿Cómo ves ese mundo?  ¿y cuántas obras has escrito? Con Los editores nunca he tenido tropiezos, cuentas claras, contrato y asunto a publicarse. El mundo editorial tiene su balanza.  El escritor tiene su peso.  Los dos se necesitan.  Otra cosa es cuando el escritor carece de monedas para pagarse su obra, y no tiene como publicarla.  Está, en ese caso en desventaja.  No podemos hacer todo, escribir, armar el libro, editarlo, corregirlo, pagarlo, difundirlo, colocarlo, eso es una limitante, cuando el mercado es restringido, o los criterios están en cuánto te conocen o vendes… tu mismo has de saber sobre esto. Son importantes los proyectos de CCE, del gobierno, la campaña Eugenio espejo, la del los municipios y ciertas fundaciones que apoyan al escritor y al lector, donde facilitan la publicación  y adquisición de la obra es bueno, y, tiene que seguir fortaleciéndose.  Las editoriales privadas deberían desarrollar conceptos para fomentar ediciones baratas y aumentar lector y la creación de espacios de intercambio, reconsiderar los criterios para las  ferias de libros  para su mayor efecto y alcance e inserción con la comunidad. He publicado 4 libros de poesía: La muerte un ensayo de amores, 1991; Con/fabulaciones, 1992; Memorial Aun Acantilado, 1994; Aguaje, 1999. Tengo algunos libros inéditos de poesía, Un solo de Mujer, Memoria del deseo o Falopio, El actuante o una vida innominada, Hilo de Agua, también tengo libros de ensayos, narrativa.  En estos 20 años en playas he tenido tiempo más que suficiente para meditar, escribir, tachar, y pasar a la hoja blanca este advenir de la imaginación, la vida y el ser con el mundo en ese ir más allá del yo.  Habla por mí la escritura que escribo y que me deja formular la incógnita. ¿Soy mi fórmula?   Al escribir lo haces para el lector que llevas adentro Ni siquiera me lo pregunto. Es una necesidad de eslabonar la construcción de algo que se gesta más allá de mi control.  Es un insistente fluir que no quiere desparramarse en la nada.  Es un alto voltaje de ideas que necesitan conectarse en un receptor que las lleve a existir.  Es un conflicto entre el silencio y la soledad de ese pensamiento que quiere compañía. ¿Acaso será crear un lector?  Quién nace primero,  la escritura del lector o viceversa.  El lector no soy yo, y a la vez, me lleva a descubrir otro yo.  Y el lector otro, ese que está afuera de mí, o aquel otro que solo se acercará a la obra y se preguntará qué o porqué habrá pensado así… Que tazará los quilates de tus pensamientos si los hay.  ¿Asunto de alquimia?   Cuando asistes a un simposio nacional o internacional sobre literatura. ¿Qué significado tiene para ti? Es un compromiso, una responsabilidad, un encuentro con otros que van a compartir experiencias, conocimientos,  obras  e inquietudes alrededor de lo que convoca. A uno lo miran como delegado de un país, y de hecho, uno va como un “representante”.  Solo la experiencia del vivir día a día te va dando una dimensión de confianza y generosidad de estar e intercambiar, situaciones, hechos, memorias.  El mismo encuentro genera un vínculo especial.  Igual, los resultados y nuevos vínculos que se establecen, que además, se conozca la obra de uno.  Somos facilitadores, difusores y creadores dando espacio y no cerrándolos…   Y tus viajes con qué frecuencias lo haces, coméntanos de ellos. Los viajes, han sido, realmente pocos, en mi medio siglo de vida, no soy de muchos movimientos, ni me gusta mucho eso de subir aviones. Si he tenido que salir es por compromisos adquiridos, invitaciones, y viaje familiar.  Claro, que la experiencia de conocer otro lugar, las diferencias de culturas, los paisajes, los contrastes de progresos, las economías, la lucha diaria de la gente, los rasgos y sesgos que marcan cada país.  Me gusta seguir la huella que identifica el lugar.  Soy una paseante lenta, no me gusta la prisa en el indagar, en el descubrir, en el apasionarme por algo…  Mi espacio en Playas no lo cambio por nada.   De la sorprendente complejidad de la vida, relata un detalle autobiográfico que trate de construirte a ti misma. En mi época ser zurda era ser hija del diablo, me tocó eso, las monjas ni las profesoras soportaban mi mano izquierda con el lápiz borroneando en el papel.  Hasta me chocaba con la compañera de pupitre. Mi letra era irreconocible, tenía faltantes, baches, solo la entendía yo, hasta la invertía. Tenía lectura en espejo, los lados no los distinguía, era un crucigrama mi referencia con el otro.  Para mi madre, “esa mano no servía para nada”,  no me aminoraba, hasta que desistió cambiarme a usar la otra mano, ya lo había hecho con mi hermano mayor, que lo obligó,  aparte de eso, las dos últimas hijas de mi padre del primer matrimonio son zurdas, cuando nací, tuve que pelear mi “derecho a ser”, no me doblegué, después de mí nacieron dos hermanos que también zurdean.  Qué quiero decir, que esta lucha con la diferencia, con la crítica, con la marca y el estigma de escribir con la izquierda, de no sentir horror a mí misma, de no condenarme, me impuso una voluntad de no dejarme excluir ni apabullar por la censura o por la actitud del otro, sea este, madre, hermano o profesor, en estos tiempos. La ignorancia era tal que en vez de ayudar, sometía.  Se castigaba lo que se consideraba defecto,  anormal o pecaminoso… ¿En estos tiempos la izquierda y la derecha se cansaron de derrotarse? Asunto crucial. Hay que darse la mano y no amontonar con la otra ni dejarla vacía para siempre a la una que no es de uno.  Las dos trabajan, dan de comer, y se ponen atentas al escondite de la existencia…   A mis cinco años descubrí que el infierno estaba en mi mano desaprobada. Para mi madre era una mano inútil, para mi padre no era un problema, solo había que adiestrarla, formarla, para mí era mi mano y punto, no la iba a someter. Tenía que ponerla a hacer tareas, no quedaba más, se cansaba, nos aburríamos, y cuando nada de obligaciones, era sólo mi manita junto con la otra, mis compañeras, mis cómplices, mis artistas que en el silencio hacíamos magia con las sombras.   También a mis cinco años entro por mis ojos el mar. Primero entró el mar, después el infierno.  Eché agua de sal a las maldiciones.  Las bocas se apagaron por un rato.  Si el infierno estaba en mi cuerpo, cómo entender el fuego voraz en la guerra tan listo ya, y eso otro de las llamas de una vela que se hacen gigantes y devoran todo.  En mi infancia mi fuego no me quemó.  El mar era tentación permanente para apagar la candela sólo que entrar era complejo, corría el riesgo para siempre y no quería convertirme en una alga, ni que me coma una animal de agua, ni ser sirena porque “osino” nunca más podría pisar tierra.  ¿si el mar hubiese cabido en el cuenco de mis manos que hubiese hecho?   La alegoría nació en mi cuerpo, me vació de la cicatriz de ser y no como el espejo. La palabra vino a mí como un juego sin aula.  Como una gotita de calostro cayendo en mi boca.  Como mi propio nombre. Carmen que atrapa el encanto y el espanto y lo convierte en jardín.  Que acoge mi origen sin condena ni expulsión perpetua. Que cierra y abre la boca del vacío con la C, paréntesis de mí que me contiene y hago coincidir conmigo.   Los estudios de especialidad ¿dónde los realizaste? ¿Coméntanos sobre el mundo invisible que formó a escritora y a la psicóloga? Estudié en la Universidad Católica de Guayaquil. Ahondar en la psique nos ubica en un lugar ausente.  Nos da la posibilidad de de replantear los significantes de la vida.  Nos hace trabajar en la discontinuidad del ser.  Hice análisis 7 años, eso posibilitó que las piezas de la memoria toquen la lengua aborigen de mi ser y aborde las redes filiales… La escritura fue otro mundo sin reino. Allí di espacio a la voz y a la letra a desmadejar la cantera de la imaginación.  Un largo camino aún…   El escritor tiene su línea evolutiva poética ¿Qué influencias has recibido, de quiénes? La fábula siempre me maravilló, las parábolas y su multiplicación, la imaginación a flor de piel, la realidad y sus contrastes y sus controversias. El humano y sus desmanes.  El afecto y lo inexplicable cuando la ira lo convierte en un monstruo…  Estaba atenta al espejo trisado de los cuentos y de las palabras cuando se tropezaban en la casi enajenación de la vida cotidiana.   Andersen, los hermanos Grimm, Wheter llegaron a mi vida a los 7 años.  Descolocaron mi infancia, perdió su inocencia.  Me bombardearon de curiosidad, de preguntas, de incredulidad, de asombro,  me hicieron conocer otra posibilidad de expresarme.  De ahí, los libros estaban allí, sólo tenía que hurtarlos por un instante, salté la prohibición,  nunca entendí porque los libros bajo llave, solo quedaba  a  leer con el miedo de ser descubierta.   Vivía la doble emoción, la del cuento y la de la realidad, ser sorprendida infraganti…Era un riesgo que no me lo perdía.   ¿Estimas que la sociedad actual brinda la posibilidad para la inclusión y desarrollo de la mujer ecuatoriana? Desde la época del fogón a la cocina de gas, se ha ido generando procesos, espacios políticos, apertura a criterios. Y hasta abrir las puertas de la universidad a la mujer.  La mujer vota y participa de del poder, la política y de la economía de la casa.  La inclusión crea un hueco en el lenguaje, genera géneros en conversación.  Otra cosa, es los hechos sociales, las violencias, y sistemas ideológicos alrededor de la economía, la familia y la vida misma. Hay que traducir lo que engendra un hombre y una mujer.  Lo femenino y masculino en la relación y jurisdicción de la libertad.  Los alcances en la cultura y los diferentes espacios que hacen interpretar, asumir y resituar las funciones y las a actuaciones en la vida.  Es complejo, porque las diferencias y las igualdades construyen campos de opresión y deliberaciones.  ¿A veces me pregunto quién incluye o excluye a quién? El poder dominante crea una cultura del así debe o no. Y la fragilidad del ser se apresa en fantasmas, falsos patrones y en historias castradas de identidades del no soy, al soy a no sea, mejor así, y en eso los desamoldamientos sin pie ni cabeza…  Hay que trabajar más de fondo esas X y Y.       ¿Cuál es la percepción que tienes sobre el oficio del escritor Oficiar la vida y la muerte en la escritura es un oficio que debe gustar o por lo menos atreverse a hacer una obra. Ocupar el tiempo en la escritura es un ir contracorriente. Es un romper esquemas, es hasta salirse de los protocolos.  Es asumir este oficio si me gusta mantantirulan…   Que dice la frase de Jules de Gautier: “La imaginación es la única arma de la guerra contra la realidad” Los científicos tienen imaginación, cualquier mortal tiene imaginación, el detalle está en el destino y uso y potenciales de la imaginación. La obra de arte y la literatura están al alcance de un lector que se puede horrorizar, maravillar o hacer uso de ella como convenga.  Diría que la capacidad de la  imaginación y la ética de la creación engendran una forma diferente de sustentar y provocar la vida y su arte de crearle y creerla…  Es desde ahí donde el don del artista irrumpe, se impone, provoca.  La genialidad de un arte está en su aporte y su desajuste con el protocolo de la moral y de lo prohibido.  El tema que toca, cómo lo aborda, qué deja en suspenso, que sostiene, que conlleva cada autor en su obra…ir hasta las últimas consecuencias, y cuáles son…   ¿La literatura ecuatoriana responde a las exigencias de la modernidad literaria? La modernidad se vuelve caduca. Lo contemporáneo también. La literatura ecuatoriana tiene su historia, sus momentos y sus grandes escenarios y rompedores de tradiciones. Escritores que atraviesan las fronteras locales y abordaron los  tabúes, como Palacio,  De la Cuadra, y ni se diga de los poetas, a comienzo del siglo XX y antes, la escritura es  vanguardia cuando se desajusta de la regla y de la autoridad que impera o impone la obediencia y nos dice como ser. La poesía no es.  El momento histórico para el escritor no es su umbral o su presente, eso llega, y a veces ni se entera, la prisa no abona al tiempo ni a la obra,  lo que marca es la calidad de un trabajo que trasciende las propias barreras y las generacionales.  Sólo hay que leer, ahondar y escoger… Y darles lugar a los protagonistas que se imponen en el arte de escribir…  Ecuador es un país de gran calidad literaria, otra situación es el silencio para algunos.  La historia no se sepulta, y la letra bien escrita no muere ni se llena de polvo.       Tu palabra de una mujer a otra mujer. Tu pensar de la vida ¿Tu ideal? En mi libro con/fabulaciones tengo un verso que dice: “hago de mi palabra una mujer a cada instante”. El ideal cabe en la expansión del cuerpo. En el hueco del ser la intensión.  Campo limítrofe.  El cuerpo es una carpa para la vida y la muerte.  Levanta/te.  Alcanzar el ideal de golpe te puede matar. No cabrías en el cuerpo.  Te expulsa de tu espacio.   Será por eso que se vive el duelo del poder para no enajenarse con el absoluto o sino la caída es inevitable. Por eso me gusta la imagen de la carpa del circo, que se levanta y baja cuando acaba la última función.  Su triunfo es nómada,  sin puesto, sólo presta de paso un espacio para la acrobacia del espectáculo, de la emoción, de lo inesperado.  El ideal en el hilo del aliento. Del yo no lo puedo hacer al lo hizo.  Del hago lo que puedo al quiero.  Del darte tu oportunidad a un paso firme.  Me acerco al fondo del abismo sin caerme.  Mi existencia agarra al ser. Sostengo la raíz. carmen váscones 17/03/2011

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