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LA METAMORFOSIS DE NARCISO, de dalí El óleo Metamorfosis de Narciso se expone temporalmente en el Teatro-Museo Dalí- Traducción al castellano de Edison Simons mayo 23, 2014

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metamorfosis de narciso dali

metamorfosis de narciso dali

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MANUSCRITO
El óleo Metamorfosis de Narciso se expone temporalmente en el Teatro-Museo Dalí
acompañado de un curioso libro que Dalí conservó toda su vida. Se trata de un volumen
encuadernado con pergamino formado por la edición francesa del poema, publicada por
Éditions Surrealistes de París con correcciones en la segunda página y un ejemplar de la
versión inglesa a cargo de la Julien Levy Gallery de Nueva York. Además encontramos dos
esbozos a lápiz del óleo y un borrador del poema, en francés, a tinta azul sobre papel de carta
del hotel Arlberg-Wintersporthotel Alpenrose-post und Arlberg-Haus. Los dibujos, el
manuscrito y las dos publicaciones van acompañadas de tres fotografías de Cecil Beaton,
firmadas por el fotógrafo.
LA METAMORFOSIS DE NARCISO
Poema paranoico
MODO DE OBSERVAR VISUALMENTE EL TRANSCURSO DE LA METAMORFOSIS DE NARCISO
REPRESENTADA EN MI CUADRO
Si se contempla durante algún tiempo, con una ligera distancia y cierta «fijeza distraída», la
figura hipnóticamente inmóvil de Narciso, ésta desaparece gradualmente, hasta volverse
absolutamente invisible.
La metamorfosis del mito tiene lugar en ese preciso momento, ya que la imagen de Narciso se
transforma súbitamente en la imagen de una mano que surge de su propio reflejo. Esa mano
sostiene con la punta de los dedos un huevo, una simiente, el bulbo de donde nace el nuevo
Narciso, la flor. Al lado, se puede observar la escultura calcárea de la mano, mano fósil del
agua que sostiene la flor abierta.
EL PRIMER POEMA Y EL PRIMER CUADRO OBTENIDO ENTERAMENTE SEGÚN LA APLICACIÓN
ÍNTEGRA DEL MÉTODO PARANOICO-CRÍTICO
Por primera vez, un cuadro y un poema surrealistas implican objetivamente la interpretación
coherente de un tema irracional desarrollado. El método paranoico-crítico comienza a
constituir el conglomerado indestructible de los «detalles exactos» que reclamaba Stendhal
para la descripción de la arquitectura de San Pedrode Roma, y ello en el ámbito de la más
paralizante poesía surrealista.
El lirismo de las imágenes poéticas sólo es filosóficamente importante cuando logra, en su
acción, la misma exactitud que obtienen los matemáticos en la suya.
El poeta debe, ante todo, demostrar lo que dice.
Primer Pescador de Port Lligat: «¿Qué le pasa a ese muchacho que se pasa el día mirándose en
el espejo?».
Segundo Pescador: «Si quieres que te lo diga (bajando la voz): tiene una cebolla en la cabeza».
«Cebolla en la cabeza», en catalán, corresponde exactamente a la noción psicoanalítica de
«complejo».
Si uno tiene una cebolla en la cabeza, ésta puede florecer de un momento a otro, ¡oh Narciso!
Bajo el desgarrón de la negra nube que se aleja
la balanza invisible de la primavera
oscila
en el cielo nuevo de abril.
Sobre la más alta montaña,
el dios de la nieve,
su cabeza deslumbrante inclinada sobre el espacio
vertiginoso
de los reflejos
se derrite de deseo
en las cataratas verticales del deshielo
aniquilándose ruidosamente entre los gritos
excrementales de los minerales
o
entre los silencios de los musgos,
hacia el lejano espejo del lago
en el que
desaparecidos los velos del invierno,
acaba de descubrir
el relámpago fulgurante
de su imagen exacta.
Se diría que con la pérdida de su divinidad la alta llanura
entera
se vacía,
desciende y se derrumba
entre las soledades y el silencio incurable de los óxidos de
hierro
mientras que su peso muerto
levanta toda entera
hormigueante y apoteósica
la planicie de la llanura
donde camino ya se abren hacia el cielo
los surtidores artesianos de la hierba
y que suben,
rectas,
tiernas
y duras,
las innumerables lanzas florales
de los ejércitos ensordecedores de la germinación de los
narcisos.

Ya el grupo heterosexual, en las famosas posturas de la expectación preliminar, pesa
concienzudamente el cataclismo libidinoso, inminente, eclosión carnívora de sus latentes
atavismos morfológicos.
En el grupo heterosexual
en esta suave fecha¹ del año
(pero sin exceso querida ni dulce),
se encuentran
el Hindú
áspero, aceitado, azucarado
como un dátil de agosto,
el Catalán de espaldas serias,
y bien plantado
en una cuesta-pendiente,
con un Pentecostés, de carne en el cerebro,
el Alemán rubio y carnicero,
las brumas morenas
de las matemáticas
en los hoyuelos
de sus rodillas nubosas,
se encuentran la Inglesa,
la Rusa,
la Sueca,
la Americana
y la gran Andaluza tenebrosa,
robusta de glándulas y olivácea de angustia.
Lejos del grupo heterosexual, las sombras de la tarde avanzada se alargan en el paisaje y el frío
invade la desnudez del adolescente rezagado al borde del agua.
Cuando la anatomía clara y divina de Narciso
se inclina
sobre el espejo oscuro del lago,
cuando su blanco torso doblado hacia delante
se paraliza, helado,
en la curva argentada e hipnótica de su deseo,
cuando pasa el tiempo
sobre el reloj de flores de la arena de su propia carne.
Narciso se aniquila en el vértigo cósmico
en lo más hondo del cual
canta
la sirena fría y dionisíaca de su propia imagen.
El cuerpo de Narciso se vacía y se pierde
en el abismo de su reflejo,
como el reloj de arena al que no se dará la vuelta.

Narciso, pierdes tu cuerpo,
arrebatado y confundido por el reflejo milenario de tu
desaparición,
tu cuerpo herido mortalmente
desciende hacia el precipicio de topacios de los restos
amarillos del amor,
tu blanco cuerpo, engullido,
sigue la pendiente del torrente ferozmente mineral
de negras pedrerías de perfumes acres,
tu cuerpo…
hasta las desembocaduras mates de la noche
al borde de las cuales
ya destella
toda la platería roja
de las albas de venas rotas en «los desembarcaderos de la
sangre²».
Narciso,
¿comprendes?
La simetría, divina hipnosis de la geometría del espíritu,
colma ya tu cabeza con
ese sueño incurable, vegetal, atávico y lento
que reseca el cerebro
en la sustancia apergaminada
del núcleo de tu próxima metamorfosis.
La simiente de tu cabeza acaba de caer al agua.
El hombre regresa al vegetal
y los dioses
por el pesado sueño de la fatiga
por la transparente hipnosis de sus pasiones.
Narciso, tan inmóvil estás
que parecería que duermes.
Si se tratara de Hércules rugoso y moreno,
se diría: duerme como un tronco
en la postura
de un roble hercúleo.
Mas tú, Narciso,
formado por tímidas eclosiones perfumadas de adolescencia
transparente,
duermes como una flor de agua.
Ahora se aproxima el gran misterio,
ahora tendrá lugar la gran metamorfosi.
Narciso, en su inmovilidad, absorto en su reflejo
con la lentitud digestiva de las plantas carnívoras,
se vuelve invisible.
No queda más de él
que el óvalo alucinante de blancura de su cabeza,
su cabeza de nuevo más tierna,
su cabeza, crisálida de segundas intenciones biológicas,
su cabeza sostenida con la punta de los dedos del agua,
con la punta de los dedos,
de la mano insensata,
de la mano terrible,
de la mano coprofágica,
de la mano mortal
de su propio reflejo.
Cuando esa cabeza se raje,
cuando esa cabeza estalle,
será la flor,
el nuevo Narciso,
Gala,
mi narciso.
¹ «Fecha» considerada como «materia».
² Federico García Lorca
Traducción al castellano de Edison Simons
© Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2008

http://www.salvador-dali.org/serveis/ced/articles/es_article8.html

http://www.tate.org.uk/art/artworks/dali-metamorphosis-of-narcissus-t02343

http://falosynazis.blogspot.com/2012/10/la-metamorfosis-de-narciso-en.html

https://www.academia.edu/1237608/DALI_LA_FORMA_SISTEMICA_Y_EL_ESPEJO_COMO_PARADIGMA_DEL_MUNDO_PARANOICO-CRITICO

http://intercanvis.es/pdf/21/21_art_06.pdf

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