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LA CREACIÓN DEL AUTOR SE PATENTA CON LA OBRA por carmen váscones mayo 23, 2014

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LA CREACIÓN DEL AUTOR SE PATENTA CON LA OBRA

 

 

“La insondable decisión de ser”

Lacan

 

“Oír forma parte, en efecto, de la palabra”

Francoise Doltó

 

 

El garabato no alcanza al monigote que no puede atravesar la raya para aproximar la escalera sin escalones que lo haga salir o entrar a la casa plana sin espacio para el movimiento. Se balancea el cuerpo sin respuesta.  El juguete es ignorado.  El alarido acribilla el contacto. Impugnación versus pugna. El abrazo se desprende de la confianza. Huye al retraimiento. La memoria siente lo que no recuerda, lo que no tiene imagen.  el golpe mudo del defecto y de la desaprobación.

 

Y no era lo que quería…

 

Un ser humano tiene un cuerpo que no se ajusta a lo esperado o inesperado. Se lo incluye, se lo excluye o se autoexcluye.   O pasa a la lista de espera.  Mientras tanto qué.  Los desubicados de la estructura del agujero conectan y desconectan la aparición y desaparición en la secuencia de la escena donde los episodios no tienen frecuencia ni aceptación.

 

El dedo abandona la onda que se fragmenta en curvas y rectas.  Una huella mutilada e inconclusa se impregna de imitación y malentendido.  El aislamiento un remate de inmunidad al enigma oculto en el pensador sin esfinge.

 

“No, no creo en mí”1

 

Nada dócil  el intratable y todo “torpe” intenta estar a pesar del otro.  Entre el perseguido y el perseguidor lo perseguido.  ¿Qué se persigue? ¿Quién persigue a quién?

 

¿Si aparezco desaparezco? ¿Si desaparezco aparezco? Yo sin tú.  Tú sin yo. Cero entro dos. ¿Quién confunde a uno contigo? ¿Si te conecto me desconectas? ¿Si te conecto me desconectas? Desconéctame de ti. Vacíame de ti.  Déjame mi espacio.  No me deseches como un desecho cuando no me necesitas. Te perforo.  Agujero de mí: mi principio.

 

El resultado de un ser creador da a conocer lo inédito soportado en la búsqueda de una posible autenticidad,  que implica exponer una postura estética y ética a través del ritmo, trazo, estilo, hilillo, hilachas, flecos  o simplemente, los argumentos de esa gramática de la vida: el decir de cada uno.  Estructura propia que concierne a cada mente  artística trabajando el desorden sin complacencia inmediata.

 

Un dado se detiene en la mano que gira así misma. Lo tira, lo recoge, lo mira, lo lleva a la boca, lo chupa, escupe.  Lo avienta, rabia, grito.  El gateo se cuelga como gato en el tejado del corral.

 

El topador sin juego se deshace en la regla del otro.  Topa el límite, tropieza con la dificultad.  Choca consigo hasta detener el movimiento. Punto difícil donde los extremos templan la angustia hasta provocar un estoy harto de ti, uno sin otro la cuenta que no puede descontar ni bloquear ni devolver  lo traído a menos.

 

La desventaja sale al llamado del que no entra en razón.  Discapacitado y capacitado sombreador por el silencio y el grito que destroza y troza un llamado de aquí estoy aún.  -No me elimines más de lo que ya tengo que eliminar.  Una masa de más menos no responden.  La división atrofiada en el quién lleva, quién tiene, quién vacía la imagen.  No es igual así mismo.  No soy porque no quiero ser mi yo. Mi relato invariable  me redacta.  Redacto mi relato. Soy la variable que varía en “la demanda de no cambiar nada en el relato”.  Estoy devuelta a mí. No me puedo dar vuelta. Todo un volver sin retorno en el tiempo desencontrado de mi cuerpo sin unidad.

 

Nadie acude al silencio que se instala en el espejo.

 

La contradicción de la psique: su antítesis.  No hay empate entre la vida y la muerte.  Inconforme de un lugar sin posición en la vida del amo que desafía al espejo hace su propia causa. Enfrentarse al deseo cuando uno no es uno es un riesgo incompatible.

 

Quien aparta la nada del cuerpo parte  al acto violento que no cambia nada. La inanición del ser hipótesis desechable.

 

Un pedazo de mí que cuenta de mí cuando no cuento.

 

Lo real del ser creador es su obra: “Lo propio de uno mismo”.  La incoherencia dando espacio a la coherencia o viceversa. Atento sin atentar. Contemplar y participar en la anticipación de lo que será después. Lo atípico, pensar sin ordenador, sin orden, sin ser ordenado. Ordenar el desorden sin mandato dirigido.

 

¿Creer en mí? No, ni en mi nada.”2

 

El trazo traza sin tranza. Graba adición.  ¿Sustrae o agrega?  La letra ni siquiera es sonido, ni sueño.  No estás, no estoy, no estuve, no estaré.  La estación del tiempo parece un cuerpo estridente con insoportables ruidos.

 

“Un garabato es un trazo que no se ha hecho letra”.

 

Que la carencia, el vacío y la ausencia sin nada que decir provoquen el sonido que humaniza y nos aparenta acercarnos, alejarnos o tomar distancia del semejante que está al alcance y próximo: el personaje de ficción, real o mundano: Un yo que no soy yo.

 

La imagen persigue, uno se esconde para no aparecer.  El otro no lo permite escamotearse.  Pánico.  Sale la sombra como pesadilla de la mirada.  La memoria se congela y se derrite simultáneamente. Un estado húmedo deja un vaho en el tocador.  La boca parece un vacío sin espacio al juego.

 

El júbilo tiembla hasta quedar petrificado en la mente.

 

Que no se dictamine ni mine el destino de la infancia en la memoria que ya no está allí.  Que advenga quién soy. “Uno no se humaniza solo”

 

Vincularse sin distorsión, hacer  el contacto con lo mismo sin lo mismo en la misma cabeza con su cuerpo, tronco y extremidades con una mirada que mire o provoque contactos sin prejuicios al rechazo, al toque de la inercia o al escape de la realidad que agobia o sobrecoge de tanto drama innecesario de la vocalización de la creación.

 

“Y todo eso me es ajeno, como todo.”3

 

Un árbol sombrea la escena, todo parece una mancha sin asombro,  sin emoción, sin ojos, sin voz.  No se distingue el uno del otro.  Una torre de dados se precipita en el ensayo de la nada.  De una no pasa al dos, al tres, al cuatro, al cinco, al seis, al siete.  Los cubitos de colores dispersos en el suelo parecen un laberinto indefenso de secretos.

 

Que no se tapone el espacio vacío de cada uno con el saber del otro.  Que el saber no ocupe “mi” puesto ni el “tuyo”. Que mi nombre me nombre. Que me identifiques.  Que no me calles por no coincidir con tu superyó. Que  dejes transitar mi impuntual punto punteando la puntada puntual de mi ser puntualizando el enigma de mi por qué. Que no seas mi respuesta.

 

Que mi desventaja  o déficit en la ignorancia o mi forma de ser no sea tu tajada. Que la sordera, mutismo y outside de la palabra inconcebible e insondable no sea tu argumento  para la tortura.

 

La angustia parece un globo que se desprende de la mano y no hay nada que hacer.  La mirada se vacía hasta paralizarse, hasta que la vacuidad estalla en cólera y el llanto parece una represa rota ahogando el presente.

 

La caída del sueño espanta como juguete descabezado y sin compostura.  La infancia paralizada parece una rueda sin círculo. Parece perdida del punto de partida.  Parece sin punto final.  Parece punto suspensivo suspendido en la sombra manchada de un cuerpo sin palabras.

 

Sin aislarse en el pensamiento, la existencia existe en los luego soy del pienso de la duda y el atraso del conocimiento. ¡Ah! esto era. La desilusión de la soledad: “Y para que no esté solo creó a ella”. Una vez de cada uno: había una vez.

 

La página en blanco  está lista para ser perforada, el punzón apunta.  Una mano enseña su objetivo.  El llanto desconcierta, la hoja tiembla en la manita, el hueco en el papel le duele, lo arruga y lo tira.  La cabeza hace un a, e, i de golpes contra la pared.  Hay que despegarlo de la implacable tiranía convertida en estatua en el cuerpo.  Cae.  Todo cae.

 

Dirigiéndose  a otro sin caotizarse por la angustia. Que mi anormalidad no se sujete a tu norma, porque tú también eres un fenómeno, algo amorfo para mí.

 

Que ninguno de los dos nos reduzcamos a ser para el otro el objeto objetado o algo cotizado por el consumo. Esto es contable en la letra reducido al número cero o uno escoge.

 

La silueta no asoma, la forma carece de volumen, el contorno desdibuja la distancia, el límite abisma la copia.  El ojo ocupa y desocupa la presencia y ausencia.  La descomposición se descompone como dibujo sin inicio, sin dibujante, sin crayón, sin papel, sin espacio, sin actuación.

 

Silencio devastador:  el receptor no acierta porque no existe.

 

Mandar el dato sin el terror al sentimiento en los vericuetos de la memoria que graba, desgrava, traba o destraba lo filmado y a filmarse en los actos del verbo en su perseverancia a la falta, asistencia y expectación de la participación en un texto donde lo que se cuenta es de uno y otro sin menoscabo de la voz  y del sentido patentándose sin aflicción al desprendimiento o el manejo de la separación.  Los trozos de espacios

 

El apego y despego entro lo que creo y se crea por si mismo más allá del dominio en la captación del espejo y de las intenciones de los demás: imaginar lo que el otro está pensando.  La anticipación sin disturbio del deseo. Que la torpeza del ser no caiga en el espectro del prejuicio social y de la aniquilación de la llamada alienación o alineación.

 

El pensamiento huye y se fascina al ejercicio del dogma.

 

En la cueva  de agua el feto se mueve como larva, tira de la piola sin corte posible.  Todavía no todo: el hecho de la vida un puño de sentidos. El mundo sin palabras parece una burbuja sin respiración donde el cuerpo cabe lo justo: cero a uno.  Y aún la muerte no tiene lugar.  Uno no es el muerto en el cuerpo.  La palabra si nace se encarga de aliviar ese peso, ese duelo, esa urna.

 

Nos distanciamos del olfato para alejar al cadáver antes de que sea recuerdo.  Huelo que apesto. Soy  biodegradable.   Hay olores vetados.  Cloro, perfume, insecticidas, ambientadores, esencias para pulverizar el mal aliento de la corrupción y putrefacción.  La secuencia del sentido se escapa del hueco que recepta la memoria.

 

¿Los sentidos son fieles a uno o uno a ellos?

 

La capacidad de crear está estrechamente vinculada con el juego como una manifestacióndel vivir del creador en su relación de confianza o ateísmo consigo mismo.

 

El seguro de vida asegura la certeza de la muerte y el engaño de la falsa lealtad al cuerpo.  La seudo libertad de elegir y designar tus escogidos. Paga la cuenta o te cancelan o estas en delito.

 

“Siempre lo imposible tan estúpido como lo real.”

 

La creatividad es vida psíquica que nos permite sostener el vaciamiento de la ilusión de  que la vida vale para  vivirla o ponerla en el delito del acabose de una vez por toda.

 

Entrelínea: la línea, el espacio en blanco y la mancha tomando la forma del signo contorneando algo sugestivo que traspasa la barrera autística, rompe el silencio sin quedar como un pesgote  inententedible. ¿Qué seríamos sin imaginación? Tal vez una mancha sin tesitura. Un manchado sin formateado.  Una mancha tapa la forma.  ¿La forma no mancha?  Manchada la forma de la palabra indescriptible.  No todo es mancha no todo es deforme.  Algo se forma entretanto.

 

La creación es un objeto hallado, es la forma que contiene lo ausente incopiable, siempre transitorio.

 

La creación: una peregrina bastarda dentro de la imaginación.

 

Viaja a través de la materia tocable e intocable. Sus objetos  creados, prestados y de paso acuden a trasladarse al paraíso o al infiernillo de la ilusión gestante de toda caída: infranganti al desnudo lo mortal acechado por el cuervo, las moscas y la censura despiadada.

 

La dictadura de la crítica versus la contradicción que no cede a la alienación seductora de los escogidos, los primeros no quieren ser últimos, los últimos no quieren ser últimos.  ¿Nadie es escogido en la avaricia del espejismo?

 

¿Ser escogidos al precio de perder la voz? o ¿ser sin no ser el espectro  del amo que apuntala su cálculo biliar, renal o del débito? ¿Haber qué dices? Aparecer en público sin venderse al supuesto mejor postor.  En fin, continua.

 

Lo sentido y lo vivido es actividad creadora.

 

La transformación es su proceso.  Los objetos creativos son el movimiento del devenir,  el enlace con la exploración, la búsqueda y las aproximaciones con el encuentro y desencuentro de la fantasía, núcleo de las leyes de la invención y satisfacción en su transfiguración.

 

La obra es el objeto iluminado por y para sus contendores  lectores y contempladores.   La certificación la patenta el propio producto.

 

La obra es el gusto de la vida como antítesis al absoluto.

 

Ella: expedición en el sueño, dentro y fuera de lo inerte, experimenta su propio comienzo y término.

 

No representa peligro masivo a menos que sea vetada por subversiva o que su aparición no sea  el momento de turno  para la ideología o capital indecente.  Nada de coimas es su consigna.

 

La invención no es intrusa del acto creador, no avasalla ni te arrastra a la destrucción.  Es un espacio de diálogo que cede a habitar un espacio o una forma sea como grafo o sonido interconectado. Es la expresión que dice algo, que da a saber del alarido, del silencio, de la interrupción, de la voz, del ruido, del fantasma, de la nada, del espanto.

 

Cada uno paraje vacío que da espacio al invento de la carencia con una presencia que no se deja detectar ni conocer ni doblar.

 

El vacío no es nada sin mí.

 

Presente estas quién carece de mi. Prescindo de la presencia.  Soy la carencia de lo que adviene. Carecer es el verbo que te conecta y desconecta al tacto de ceder o no sin sentir el riesgo del papel de interlocutor que se juega el comodín de complacer  o declararse incomplaciente. Carencia: es el espacio y la distancia que precisas para no perderte en la intromisión embustera y dictadora del discurso que opaca y te deja sin palabras.  Es la que te devuelve a ti. No te reduce a cosa o desperdicio. No te deja atrapar por la coerción del miedo. Te acompaña en las vacilaciones, titubeos, tanteos y desaciertos.  Otra cosa es la carestía de la vida concebida.

 

Responde al tú que desconoces y das a conocer sin enterarte en ese registro de discontinuidad que das cabida en la continuidad del asentimiento que aceptas en el ruedo que propones moldear y desmoldar con tu imperativo sé.

 

¿Acaso el testimonio de la ausencia que no carece de la falta es no ser y nos aterra? Atraviesas con palabras el surgimiento que reconoces como propio donde te privas y desprivas sin degradarte.

 

La creación y la estación del espejo: no hay regla para crear ni corregir.

 

Su asociación libre es una estructura aparentemente invisible. Una imagen liberada de lo real. El mundo visible está  como una referencia.  Lo nuevo es lo inesperado, distinto, sin patrones, lo libre, lo que sorprende, lo inaudito, lo inexpresable, lo radical sin pregunta precisa, lo que destapa la razón y da cabida al cuenco del vacío para que nazca el yo creo.

 

El abismo tiene límite, y, un vacío con agujero es un riesgo, el caos es ese instante donde la ficción inserta la nada descolocada.  Crear sin reparos.  La psique repara si no es satanizada ni espiritualizada ni convertida en verdugo.

 

Su interrelación con los planos de la realidad y lo real obran intercalado, yuxtapuestos, fundidos, a veces pelea irreconciliable.  La paradoja del arte es su posible donde el punto, el espacio y el tiempo son un instante de lo múltiple del uno que desune del yo soy, del yo tengo, del yo estoy, al yo no soy mi obra, pero me designa, me asigna, una “S fatal” o no.

 

La marca de un paso da sentido al sin sentido.  Dentro del sentido lo de afuera.  Afuera se está y no se está. Abierta y cerrada la premisa del ausente.

 

La marca de un amor inestable rompe la monotonía de la soledad.  Un amor autista es insoportable.  Ni cerca ni lejos.  ¿Qué hago contigo?  Que no me de lo mismo. Que no se escuche así mismo.  Amor ilegítimo, fuera de la ley esto que creo.  Lo creado apuesta al tú que existe en su desciframiento con la participación del otro. ¿Me lee o no me lee?

 

Sin turno.  Monólogo.  Sin diálogo.  Círculo vicioso.  Repliegue.  Sin reverso. Alejado.  Falta de búsqueda. Sin contacto.  Sin reciprocidad. Nada segura.  Inadaptado.  Desadaptado inamovible.  ¿Ambiente variable? ¿Invariable rutina? Coartado de ser. Angustia en blanco y negro.

 

Dispárale.  Párale.  Para.  Dispárate.  ¡Que disparate! Párate. Deshacerme de mí o deshacerme de ti.  ¡Deshacerte de mí.  Sin puesta, sin puesto.  Nada que apostar.

 

Su iluminación recrea el hallazgo de una idea y de la imagen encarnable de la forma.  Lo creado exterioriza la vivencia trazándose en un plan, una pincelada, un rasgo, un trazo, un resto.

 

Una mancha de color que deja o no deja leer o visualizar el objeto escapando del sentido.  Es bosquejo o boceto de la experiencia buscándose. Lo que sugiere y evidencia.

 

“Hice de mí lo que no supe.” 4

 

El producto y su producción de efectos, son la realización y representación de ese dándole forma al objeto.  El autor un editor de la imaginación. La publicación y difusión socialización del resultado. El lector sea la crítica de  una lectura abierta a dialogar  con el creador y  la creación a través de la comunicación que establece con el objeto texto, que ya no le pertenece como propiedad privada. Expropiados y desalojados en la tinta de la sangre que deja correr la memoria sin historia identificada a reconocer el reclamo de la letra instalada en lo que sea dicho.

 

La dicha no es decir sino que sea dicho…

 

Privado de placer o sentimientos desencontrados enfrenta el contenido y los sentidos del argumento. Ese gesto y acto consumado es la trascendencia e interrelación entre lector, obra y autor.

 

Y si la obra no pega como se esperaba, el incrédulo tiene que aprender a soportar la desilusión o el olor de la peste que  desata el cuerpo entintado.

¿Quién mancha a quién? Pessoa dice “la muerte manchando”, yo digo, la vida manchando a la muerte para prolongar su acto de repudio al cuerpo.

 

El presente no es, es de otro: ni mío ni tuyo.

 

Error apropiado. Inapropiado.  Expropiado. Propiamente dicho.  Sin dicha.  Catástrofe emocional.  Pérdida de contacto.  Seguir el rastro al sonido.  Desalmacenar.  Descodificar.   Fracaso.  Ira.  Llanto.

 

El trazo roto llora la separación de la punta del lápiz.  El resto queda.  Allí dice algo.  ¿Qué dice?

 

El garabato no alcanza al monigote.  Y sin embargo el dedo recorre los fragmentos como “radar cutáneo”  como esperando hallar algo de sí,  lo que se le escapa se escurre en una expresión ilegible como máscara sin orificios sin reverso.

 

El rompecabezas parece un rostro sin gesto, con dolor congelado, sonrisa apagada, mirada desdibujada. Aunque me señales como autor,  y a ti como propietario de lo adquirido,  la obra perdura más allá de las manecillas.  Dependemos del otro.  Ese vínculo creador que nos sostiene hay que inventarlo y crearlo siempre, inconexo del vínculo se está y no.

 

El lenguaje una red que se rompe en la trama del pensamiento.

 

La memoria episódica se descompone al voltear  la regla del sentido: una cuestión sin escapatoria esto de no poder salir del cuerpo.  Jaque mate.

Para que la realidad no sea un camposanto.

 

La huella del nombre no termina en la lápida.

 

Que la idea desentierre al silencio, al opresor que  está escondido en la garganta y en la letra escrita.  Que nada quede impune.

 

Que se diga hasta lo que no deja desdecir.

 

El arte nos reenvía a ese poder convivir con la falla con que se nace: la mortal carencia.

 

La  ilusión no ha muerto dentro del cráneo humano que inventa la memoria de recuerdos y olvidos para no fallecer de hastíos, ni abulia.

 

Para que el temor no se entierre como cuchillo buscando el alma en la punta de un corazón cansado del sentimiento y de una mente que se encoge en la nada.

 

El juego del arte de imaginar y hacerlo creíble es ese vivir creador, sea desde  el principio del tercero excluido o incluido: yo, tú, él, es el espacio, el intermedio, el pase, donde transita lo vivificante: el creador creando la aparición y desaparición de la vida y la muerte.

 

Eslabona la continuidad de los puntos donde el lugar y el tiempo se tocan, se pierden, se borronean.

 

El deseo es lo que cuenta en la creación inadaptada al estereotipo.

 

La creación protege su devenir.  Vive un pase humanizante permanente.  No se deja seducir por la civilización.  Ella calza y descalza su propio vacío.  Se vuelve otro saber en el cuerpo sin encubrimientos.

 

Construye los grafos de la imagen perdurable.

 

El garabato del Uno resurge en el mapamundi de la memoria y del deseo.  Trazos que continúan con su perspectiva.  La creación no desecha nada.  Se vale de la psique y de su no saber del cuerpo. La palabra apunta a la lengua ajena para dejarse tocar por los sentidos y la interpretación. Nada de puntería para dar en el blanco y dejarlo mudo y tendido. No eso no es su apuntar.

 

La creación es un agujero sin exclusión.

 

Es la transferencia del pedido de un deseo.  Es la fábula de la razón cuando la explicación no convence.  Es el arte de no ignorar.  Es la interdicción del placer en la imagen evocadora que nos recuerda.

 

Es la epifanía del ser.

 

Es el orden del caos en la vida. Es el juego del eros en todo lo que provoca.

Es la permanencia de que alguna vez fuimos. Es la confrontación de la vida por un espacio y tiempo sin espectro. Es la conquista del género sobre el instinto.

 

Es el hiato que se interpone ante el brutal poder del dominio y del exterminio.

 

Es la angustia en el deletreo de la huella que no me reconoce que desconozco.  La creación no justifica al ser.  Suscita a vivir a cambio de nada.  A que puedes otra cosa,  algo diferente suscita en ti…

 

La iniquidad del creador es poner sus propias señales.  Va en contra de la semejanza. No quiere parecerse al otro.  Ni ser un igualado por conveniencias.  Eso molesta desde donde quiera que lo mires. Igual no es igual.  La igualdad no existe, sino mira a tu lado o un poquito más allá si te da pereza mirar la hecatombe  que  no llega a tu nariz.

 

Su dictamen: parecer uno, menos a ti, nada semejante. Uno sin dudas.  Aunque a escondida te sigo, me sigues, como el odio al amor o viceversa. Semejante sin semejanza.  Semejante, qué te habrás creído, dice la voz  que no se traga las tildes que no entiende en su ortografía sin título, sin primera fila, sin pase a primera fila. ¿El autor y el libro necesitan fila? Hágase la diferencia. El que llega llegará a contraviento, en aguacero en sequía. No hay piedra para tropezar cuando se tiene la convicción.

 

La creación no claudica, ni se corroe.  Tampoco se arrepiente una vez venida. A menos, que el hombre la destruya causando el malentendido de las acciones.

 

El borrón y cuenta nueva un débito y haber del capital de vida sin descuento. Costos de la factura impresa.   Se imprime la letra más la imaginación salta de la tinta, sale, no se vende, no se deprecia.  La competencia no le place.

 

El interdicto de la culpa constriñe al placer.

palabras confusas  no entiende el habla del otro.  Quién la pone en delito, suprime la impresión.  Impresionante no, ¿Quién preserva la vida?

 

La creación es la exiliada del significado de la existencia.

 

Sigue a la razón y la vida en su avatar y desenlace.  Ella está carente de toda presunción.  No espera nada. No simboliza ninguna gloria.  Solo quiere seguir siendo el trayecto no conquistado ni enmurallado.

 

Su itinerario está en cada no ser.

 

Déjenla ser pareciera decir la escala de su porvenir: lazo intacto e íntimo: La imagen sin espejo se regocija  en la presencia irreprensible.

 

Momento indescriptible de esa íntima soledad en aquel aparente silencio clandestino, privado, secreto donde  sucede la belleza matinal y vespertina de la natural composición y descomposición de la anatomía.

 

Esbozo  del mundo todavía  abarcable y conmovible.

 

La creación es una “pasión espontánea” que no da asidero a lo hostil para no extinguirse.

 

Aunque desapasionadamente como amante sin asidero encuentra su alivio su  desquite su cómplice.  Ella Existe porque un tú  desde un mi o me, acepta estar con ella sin huir, sin someterse.  Ella un peligro del tabú  en el interdecir.

 

No tiene meta para no trazarse ni trizarse, para no agotarse en absurdos, para no demolerse en su propia insatisfacción.  Para no ser un ilusorio verbo, para no ser un principio sin movimiento, para no ser fragmento ni punto del vacío.

 

Para no ser la nada ni un todo.  Para no ser un simple relato increíble.

 

Para no ahogarse en la fuente de la imagen materna: su naturaleza que la desnaturaliza.  Para poder exteriorizarse sin pena alguna. Para vencerse así mismo.

 

El amor como el odio en la creación es una tensión plena de acción: su debilidad: continuar y dejar de resistir.  Provocaciones constantes.

 

Su palabra habita la caverna: la calavera  de la que nos deslindamos cuando el cerebro se apaga.  Mientras tanto se borra la aurora del otro con apunte(s) y fuego.

 

Su perdurabilidad: preparar el ritual de la infancia en su constante no sea y sé. Duelos de tiempo.

 

Otro día resplandece en el enigma del espacio.

 

Un fragmento del vacío  rebusca en la genealogía.  Surge la identidad, se deja de buscar en el reflejo.  Deja de ser huésped anónimo en su  cuerpo.

 

Nada ni nadie lo descrea. –No te creo-

 

La morada de la creación son epígrafes de placer y displacer: continuos y discontinuos.

 

La fricción del conocimiento es pensamientos desencontrados de la vida desprovista, imprevista, prevista. La creación es fuerza imperativa. Su constancia: hallazgo que encuentra  lo no situado mortalmente.

 

El deseo: milagro de la vida donde se agrada el ser del cuerpo: la constatación del simple hecho de soñar y seguir. Despertar sin la pesadilla sin el espanto del -¡oh no! ¿Perdió el juicio? Un niño nace sin cerebro y eso toca hondo, si te pones a pensar que no succiona, no qué, te imaginas que depende absolutamente de la buena voluntad del otro sin gota de rabia por sentirse esclavizado ante esa pequeña vida que no puede decir nada solo dejarse ¿ser? hasta ver qué pasa…

 

¿Este monstruo que soy no me deja no te deja?-  ¿Ni bien ni mal? ¿No me convence nada? ¡Oh sí!  -“Significo el mal en el borde de la ternura”-

 

La idea: una simiente desperdigada por el viento y contrarrestada por el yugo.    Más la revuelta en la madre naturaleza no acaba.  ”La devastación psíquica” se opone al ritual del asesino.

 

Aún con todos los desastres, el prójimo no se conmueve ni le convence que hay otra vida en la misma, así como al alba le sucede el ocaso o viceversa.

 

Solo que de la muerte nada, de la vida todo es posible.

 

 

Luzbel y dios  no se complementan.

 

La desnudez de la palabra fricciona la luz inevitable envuelta en la erótica inédita.

 

Asiente el juicio: la evidencia cae. Una presencia  deja escuchar: alguna vez nosotros fuimos felices. Alguien encarna los sentimientos de la nada.

 

A ella: angustia creadora, la luz le fue prohibida.

 

En el cuerpo: soledad de reflejos.

 

Confusamente sudores y adverbio irracional sin versión definitiva.  La velada fue vetada por sospecha.

 

El mundo parece un huevo de ave fénix rompiéndose entre fuego y cielo sospechoso. Masas de aguas chocan.

 

La generación no desciende. Teme a su propio engendro.

 

Rueda la vida en el círculo del vacío que pare la entelequia de cada uno de una desdichada perfección entelerida en la memoria que se escamotea en una pose de inaveriguable.

 

Cabecea el conocimiento como fantasma “con una escoba en la mano” espantando a la sombra que no deja de crear la forma  incesante del deseo.

 

La parturienta mira la soledad.

 

A la placenta expulsada la queman.  El  olor y el humo de la carne chamuscada se reparten como niebla desabrida.  La partera prende un cigarro y da soplos en silencio.

 

Un  hombre da la espalda a la noche.

 

El sonido sin espanto arrulla como pajarillo ensayando el génesis en su pico.

 

En la intemperie de la piel la creación testimonia: la cremación del crepúsculo y el llanto del vástago recién nacido.

 

carmen váscones

 

 

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