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“SOLOS” DE XAVIER OQUENDO TRONCOSO POR CARMEN VÁSCONES enero 23, 2012

Posted by carmenmvascones in (Todas las versiones en español pertenecen a Raúl Racedo) SIEGFRIED SASSOON (1886-1967) IVOR GURNEY (1890 –1937) EDWARD THOMAS (1878-1917) ISAAC ROSENBERG (1890-1918) WILFRED OWEN (1893-1918), Uncategorized.
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Solos se lo puede leer al revés, al margen, zurdamente, diestramente, palíndromo momento de otra vez, de nuevo, instante de entrar y salir de lo semejante.  Sin semejanza eso: donde se desprende el reflejo del cuerpo. Fin y comienzo siamés del sentido. 

Pesa la vida en la liviandad del pésame.  Pesadamente te alivias del vacío.  Sólo de los solos.

En el refugio de la soledad un solo de solos uno.  La voz “soy tu salvo conducto”.  El poeta se acompaña de lo que habita para no estar solo ni solísimo en las estaciones del espejo y de la emoción.  La conmoción con el otro sin ninguno. 

Alguno de uno dentro y fuera de unos.

Deja espacio para que la ausencia  no aleje al solo “entre mi sombra aún no definida/ me crece ese otro yo en el corazón”.  El solitario en su acontecimiento: “vendrá la muerte y se hará/ el menos hondo de los misterios”.

La soledad y la monotonía adiestrando los sentidos.  ¿Quién espera ser habitado?

En el perplejo laberinto solamente el espejo deshabitado de imagen.  La cotidianeidad vacía inventando parecidos y antípodas.  ¿Cuándo la palabra no está, cómo nombrar la soledad y su opuesto?

Puesta la vida sobre la vista, la visita.  El visitante se viste de nacimiento: la primera presencia del dolor y lo inhabitual del deseo: hallar lo amado y el dilema de no coartar la memoria.

¿Se está menos solo en el olvido o en el recuerdo? ¿De uno o del otro? ¿Cuál?  Caricia desposada de la cicatriz de la tristeza.

“La infección del alma” de un dios que no habitó un paraíso.  La tierra una cuenta, una factura, una receta, un estado atado a la nostalgia de un origen malogrado en una serie que boicotea la historia de uno, de otro, de alguien.

Seriamente.  Ponte serio. Sé. Rio.  Ría.  El agua refresca la certeza.  La muerte no es el fin, sin embargo toca. La única promesa cierta, acaso, por eso tanta duda en la entrega del amor en eso humano. 

Tememos quedarnos sin nada. Algo tenemos. Ni siquiera nos tenemos. La posesión de dos: un uno partido hacia una anatomía de cuerpos desiertos de felicidad.  ¿El fuego se apaga o se enciende en la imaginación?

Huella de ceniza el silencio en la lengua donde el polvo “sólo es polvo ya no enamorado”.  El desencanto de la materia en la pena de la nada.

¿Acaso el amor una penitencia que resiste a confesar el temblor de la angustia? “El enemigo obligó a mirarnos al espejo”. Un solo frente a otro solo forma solos. 

Y nos encontramos con que “el mundo está ocupado… no insista”.

La enfermedad del tiempo un cuerpo pródigo solicitando ser recibido y curado con amor sin “cólera”. “(Diagnostico reservado)”  Reserva un paisaje y una cita contigo en el parque elegido. La existencia pródiga prodiga.

Digamos un posible amanecer sin cancelarnos el tiempo.

Se gana una soledad mientras se pierde otra.

El verbo parece un toque de queda en el ser. La existencia guardia que pasa, que no te aguarda.  No te guardes. Aparece la sombra “sin la oscura resignación”. El silencio un estado de gracia para escuchar la voz que irrumpe y deshace al yo que empujas a “un duelo con la luna”.

Resaca perpetua lo duradero de la ausencia. Allí lo perecedero y la nostalgia de todo aquello  “donde el amor esté/ yo salgo solo”.

El tú avanza a otro tú para reconocer un yo.

Allí acaso eso: “nos dolíamos juntos y esa era la felicidad”. La confabulación prometida socavando una fábula de la memoria cobijando la extrañeza “en un espeso sueño”.

Seguirás al solo dentro de la estación del cuerpo. Laberinto solitario del poema “desfijándose” porque sabe que “no hay más plazo fijo que la muerte”.

“Y es el fondo que surge. / Y es el pozo. / Y es la risa. / Y no hay lugar para retroceder…/”

La vida se empaña de aliento. La palabra desempaña el olvido.

Va la muchedumbre de solos a “donde el amor esté/estará ese/ pájaro adherido a un árbol”. Aquel solo y aquella soledad se dan de la mano para tocar el vacío del refugio único.

Nadie aparece solitario en su solitaria mente: “Nacimiento del dolor”.  El deseo refleja su semejante.  Añoranza. “En mi lugar/ en mi no personaje…”

Hastío y compañía anhelada por más solo que se sienta uno cualquiera o no acude, llama, queda.  Una conversación pendiente en la confesión sin titubeos: “Vida eres/ y en vida te convertirás”.

La muerte deja de ser evasión o piedra de misterios cuando cobra vida e intercede otro dentro de uno. ¿Afuera hay alguien presto a  escuchar?

¿Dónde la voz de las voces?

“Allí viven dos solos”. “Y el que no esté sólo/ que lance la primera piedra/contra él mismo…”

carmen váscones

23/01/2012