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PAUL VALERY FRAGMENTO, Cur aliquid vidi, Traducido por lisa cocco octubre 10, 2011

Posted by carmenmvascones in Uncategorized.
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PAUL VALERY

FRAGMENTO

Cur aliquid vidi

Traducido por lisa cocco

 

 

 

¡Qué brilles por fin, término puro de mi carrera!

Esta tarde, como de un ciervo, la huida hacia la fuente

Cesa sólo cuando cae en medio de las cañas,

Mi sed viene para abatirme al mismo borde de las aguas.

Pero, para quitar la sed este amor curioso,

No enturbiaré la ola misteriosa:

¡Ninfas! ¡Si ustedes me quieren, hay siempre que dormir!

La menor alma en el aire las hace todas estremecer;

Hasta, en su debilidad, a las sombras escapada,

Si la hoja perdida roza la napée (ninfa)

Basta con romper un universo durmiente…

Su sueño importa a mi encanto,

¡ Teme hasta el escalofrío de una pluma qué se zambulle!

Guárdeme largamente esta cara para sueño

¡Que una ausencia divina es única a concebir!

¡Sueño de las ninfas, cielo, no dejad de verme!

 

¡Sonad, sonad conmigo!… Sin usted, bellas fuentes,

Mi belleza, mi dolor, me serían inciertos.

Buscaría en vano lo que tengo más caro,

Su ternura confusa asombraría mi carne,

Y mis miradas tristes, ignorantes de mis encantos,

A otros que mí mismo. Dirigirían sus lágrimas…

 

Ustedes esperaban, posiblemente, una cara sin lágrimas,

Ustedes siempre calmas de hojas y de flores,

Y de Incorruptible altitud frecuentadas,

¡Ô Ninfas!… Pero dócil a las pendientes encantadas

Que me hicieron hacia ustedes invencibles caminos,

¡Sufra este bello reflejo de los desórdenes humanos!

 

¡Felices vuestros cuerpos fundidos, Aguas planas y profundas!

¡Soy único!… Si los Dioses, los ecos y las olas

¡Y tan tantos suspiros permiten que lo sea!

¡Sólo! Pero todavía el que se acerca a sí

Cuando se acerca a los bordes que bendice este follaje…

Cimas, el aire ya acaba el pillaje puro;

La voz de las fuentes cambia, y me habla por las tardes;

Una gran calma me escucha, donde escucho la esperanza.

Oigo la hierba de las noches crecer en la sombra santa

Y la luna pérfida eleva su espejo

Hasta en los secretos de la fuente apagada…

Hasta en los secretos que temo saber,

Hasta en la doblez del amor de sí mismo,

 

Nada puede escapar del silencio de tarde…

La noche viene sobre mi carne para soplar que yo la quiero.

Su voz fresca a mis votos tiembla de consentir;

Apenas, en la brisa, parece mentir,

Tanto el temblor de su templo tácito

Conspira el dilatado silencio de este sitio.

 

Ô dulzura de sobrevivir a la fuerza de día,

Cuando se retira por fin rosa de amor,

 

Todavía un poco ardiente, y cansada, pero colmada,

Y de tantos tesoros tiernamente agobiada

Por tales memorias que enrojecen a su muerte,

Y que la hacen feliz arrodillarse en el oro,

Luego extenderse, derretirse, y perder su vendimia,

 

Y apagarse en un sueño en el que la tarde se cambia.

¡Qué pérdida en si misma se ofrece a un lugar tan tranquilo!

El alma, hasta perecer, se vierte allí para un Dios

Qué pida a la ola, ola deserta, y digna

Sobre su lbrillo, de alisa borradura de un cisne…

¡A esta ola jamás bebieron los rebaños!

Otros, aquí perdidos, encontrarían el descanso,

Y en la tierra sombría, una tumba clara que se abre…

¡Pero no es la calma, por desgracia! ¡ Qué descubra allí!

Cuando la delicia opaca donde duerme esta claridad,

Cede a mi cuerpo el horror del follaje apartado,

Entonces, vencedor de la sombra, ô mi cuerpo profundidad  a alguien aterroriza,

¡Pronto añoras su eterna noche!

¡Para el inquieto Narciso, es aquí sólo aburrimiento!

Todo me llama y encadena conmigo a la carne luminosa

¡Qué me oponga aguas la paz vertiginosa!

 

 

Qué lamente tu pedazo fatal y puro,

Si de mí indolentemente, fuente rodeada,

Donde sacaron mis ojos en mortal azul,

¡

Los mismos y negros ojos de su alma asombrada!

 

Profundidad, profundidad, sueños me ve,

Así como verían otra vida

Diga, no soy el que usted cree,

¿Su cuerpo le da envidia?

 

Acabad, espíritus sombríos, esta obra ansiosa

Que se hace en el corazón que vela;

No buscad en ustedes, no id a sorprender a los cielos

La desgracia de ser una maravilla:

Encuentre en la fuente un cuerpo delicioso…

 

Tomando a sus miradas esta presa perfecta,

Del monstruo de quererse hágase un cautivo;

En errantes redes de sus largas pestañas de seda

Sonido gracioso pedazo lo retenga pensativo;

 

Pero no se jacte en cambiarlo de imperio.

Este cristal es su verdadera estancia;

Los mismos esfuerzos del amor

No sabrían extraer de la ola el que no expira …

 

Lo PEOR.

¿Lo peor?

Alguien repite “Peor”… ¡ Ô burlón!

¡Eco lejana y repentina para devolver su oráculo!

De su risa encantada, la roca destroza mi corazón,

Y el silencio, por milagro,

¡ Interrupción! Habla, renace, sobre la cara de las aguas…

¿Lo peor?…

 

 

¡Peor destino!… Usted lo dice, cañas,

¡ Repitieron los vientos mi queja vagabunda!

Antros, me devuelve mi alma más profunda,

Usted hincha de su sombra una voz que se muere …

¡Usted me lo murmura, enramadas!… Ô rumor

Desgarradora, y dócil a los soplos sin cara,

Su oro ligero se agita, y juega con augur …

¡Todo se mete en mí, malas divinidades!

Mis secretos en los aires suenan divulgados

La roca se ríe; el árbol llora; y por su voz encantadora,

Puedo sólo a los cielos que yo no me lamento

¡De pertenecer sin fuerza a los eternos atractivos!

¡Por desgracia! Entre los brazos que nacen de los bosques,

Una luz tierna de hora ambigua existe…

Allí, de un resto de día, se forma un novio,

Desnudo, sobre el sitio pálido, donde me atrae el agua triste,

¡Demonio delicioso deseable y helado!

 

Y he aquí, mi cuerpo dulce de luna y de rocío,

¡Ô forma obediente a mis votos opuesta!

¡Que son bellos, de mis brazos los dones vastos y vanos!

Mis manos lentas, en el oro adorable se cansan

De llamar a este prisionero que las hojas enlazan;

¡Mi corazón pone a los ecos el pedazo de los nombres divinos!

 

¡Pero como tu boca es bella en este mudo blasfema!

 

¡Ô semejante! Y sin embargo más perfecto que mi mismo,

 

Efímero inmortal, si claro delante de mis ojos,

Miembros pálidos de perla, y estos cabellos sedosos,

Hace falta que apenas queridos, la sombra los oscurezca,

Y qué por la noche ya nos divida, ô Narciso,

¡Y deslice entre nosotros dos el hierro qué corta una fruta!

¿Que tienes?

 

¿Mi misma queja es funesta?

El ruido

Del soplo que enseño con tus labios, mi  réplica,

¡Sobre la lámina límpida hizo correr un disturbio!

¡Tiemblas!… Pero estas palabras que yo expiro de rodillas

Son sin embargo sólo una alma vacilante entre nosotros,

 

Entre esta frente tan pura y mi pesada memoria…

Soy así cerca de ti que podría beberte,

¡Ô cara!… Mi sed es un esclavo desnudo…

En este tiempo que encantaba era desconocido,

¡Y no sabía amarme y juntarme!

Pero verte, querido esclavo, obedecer al menor

Sombras en mi corazón que huye a la pena,

Ver sobre mi frente la tormenta y los fuegos de un secreto,

¡Ver, ô maravilla, ver! Mi boca matizada

Traicionar pintar sobre la ola una flor de pensamiento,

¡Y qué acontecimientos chispear en el ojo!

Encuentro allí tan tesoro de impotencia y de orgullo,

Que ningún virgen niño escapado del sátiro,

¡Ninguno! A las hábiles huidas, a las caídas sin emoción,

Ninguna ninfas, ninguna amiga, me atrae

 

¡Como haces sobre la ola, inagotable Yo!…

 

Fuente, mi fuente, agua fríamente presente,

Dulce a los animales puros, a los humanos complaciente

Que mismos intentos sigue al fondo la muerte,

¡Todo es sueño para ti, Hermana tranquila de la suerte!

Apenas en recuerdo convierte un presagio,

Que semejante sin cesar a su fugitiva cara,

¡Inmediatamente de tu sueño los cielos están encantados!

Pero tan pura seas seres que viste,

Onda, sobre la que los años pasan como nudos,

 

Que de cosas sin embargo deben serte conocidas,

¡Astros, rosas, temporadas, los cuerpos y sus amores!

Clara, pero tan profunda, una ninfa siempre

Rozada, y viviente de todo lo que la acerca,

Alimenta alguna sabiduría al amparo de su roca,

Al amparo de este día que pinta bajo los bosques.

Sabe para siempre las cosas de una vez..

Ô presencia pensativa, agua tranquila que recoges

Todo un tesoro sombrío de fábulas y de hojas,

El ave muerta, la fruta madura, lentamente bajados,

Y las luces raras de los anillos claros y perdidos.

Gastas en ti su pérdida solemne;

Pero, sobre la pureza de tu cara eterna,

El amor pasa y muere…

 

Cuando el follaje disperso

Tiembla, comienza a huir, llora por todas las partes,

Ves el amor sombrío agregarse a la tormenta,

El amante ardiente y duro ceñir a la blanca amante,

Vencer el alma… Y sabes según cual dulzura

Su mano poderosa pasa a través del espesor

Trenzas que difunde la nuca preciosa,

Si reposa allí, y se siente fuerte y misteriosa;

Habla en el hombro y reina sobre la carne.

Entonces con los ojos cerrados a eterno éter

No ven más que la sangre que dora sus párpados;

Su púrpura temible oscurece las luces

De una pareja a los pies confusos que se agrega, y se miente.

Gimen… La Tierra llama con dulzura

Estos grandes cuerpos inseguros, que luchan boca a boca,

Y quien, de virgen enarena atreviéndose a pegar la capa,

Compondrán amor un monstruo que se muere…

Sus soplos hacen sólo un rumor feliz,

El alma cree que ella respira el alma totalmente próxima,

Pero sabes mejor que yo, fuente venerable,

¡Qué frutas forman siempre estos momentos encantados!

Porque, apenas los corazones tranquilos y contentos

De una alianza ardiente espirada en delicias,

De los amantes libres miras las malicias,

Ves desgarrarse días de mentiras tejidas,

¡Y nacer mil dolores demasiado tiernamente concebidos!

Pronto, mi ola sabia e infiel y la misma,

El Tiempo lleva a estos locos que creyeron amarse

¡Criticar a tus juncos de suspiros más profundos!

 

Hacia ti, sus pasos tristes siguen sus recuerdos…

Sobre tus bordes, agobiados por sombras y por debilidad,

Totalmente deslumbrados por un cielo cuya belleza los hiere

Tanto guarda el pedazo de sus días más bellos,

Van de bienes perdidos

a encontrar todas las tumbas…

” ¡ Este sitio en la sombra era tranquilo y nuestro! ”

” Le gustaba al otro este ciprés, se dice el corazón del otro,

“¡y de aquí, probábamos el soplo del mar! “

¡Por desgracia! La misma rosa es amarga en el aire…

Menos amargos los perfumes de los humos supremos

¡ Qué abandonen al viento las hojas consumidas!…

Respiran este viento, marchan sin saberlo,

Pisotean el tiempo de un día de desesperación…

Ô marcha lenta y pronta, e igual a los pensamientos

¡Qué hablan a turno en las cabezas insensatas!

La caricia y el homicidio vacilan en sus manos,

Su corazón, que cree que él se rompe entorno a los caminos,

Lucha, y le retiene a sí su esperanza estrechada.

Pero sus espíritus perdidos corren este laberinto

¡Donde se extravía el que maldice el sol!

Su soledad loca, al igual que el sueño,

Poblar y engañar la ausencia; y sus secretas orejas

Por todas partes coloca una voz que no tiene en absoluto igual.

Nada puede disipar sus sueños absolutos;

¡El sol no puede nada contra esto qué no es más!

 

Pero si arrastran en el oro sus ojos secos y fúnebres,

Se sienten llantos defender sus tinieblas

¡Más caras para siempre que todos los fuegos del día!

Y en este cuerpo escondido totalmente marcado con amor

Qué se refiere amargamente al alma que fue feliz,

Quema un secreto besar quién la hace furiosa…

 

Pero yo, Narciso amado, soy curioso

Que de mi sola esencia;

Otro tiene para mí sólo un corazón misterioso,

Otra es sólo ausencia.

¡ Ô mi bien soberano, querido cuerpo, sólo te tengo!

El más bello de los mortales puede amar sólo a sí…

 

 

Dulce y dorada, es un ídolo más santo,

De todo un bosque que se consume, ceñida,

¿Y sita en el azul que vive por tantas aves?

Es don más divino del favor de las aguas,

Y de un día que se muere más adorable uso

¿Que de devolver con mis ojos el honor de mi cara?

Nazca pues entre

Nosotros a los que la luz une

¡De gracia y de silencio un intercambio infinito!

Le saludo, niño de mi alma y de la ola,

¡Querido tesoro de un espejo qué comparte el mundo!

Mi ternura viene para beber allí, y se embriaga de ver

¡Un desCur aliquid vidi

 
 
 
¡Qué brilles por fin, término puro de mi carrera!
 
Esta tarde, como de un ciervo, la huida hacia la fuente
Cesa sólo cuando cae en medio de las cañas,
Mi sed viene para abatirme al mismo borde de las aguas.
Pero, para quitar la sed este amor curioso,
No enturbiaré la ola misteriosa:
¡Ninfas! ¡Si ustedes me quieren, hay siempre que dormir!
La menor alma en el aire las hace todas estremecer;
Hasta, en su debilidad, a las sombras escapada,
Si la hoja perdida roza la napée (ninfa)
Basta con romper un universo durmiente...
Su sueño importa a mi encanto,
¡Teme hasta el escalofrío de una pluma qué se zambulle!
Guárdeme largamente esta cara para sueño
¡Que una ausencia divina es única a concebir!
¡Sueño de las ninfas, cielo, no dejad de verme!
 
¡Sonad, sonad conmigo!... Sin usted, bellas fuentes,
Mi belleza, mi dolor, me serían inciertos.
Buscaría en vano lo que tengo más caro,
Su ternura confusa asombraría mi carne,
Y mis miradas tristes, ignorantes de mis encantos,
A otros que mí mismo. Dirigirían sus lágrimas...
 
Ustedes esperaban, posiblemente, una cara sin lágrimas,
Ustedes siempre calmas de hojas y de flores,
Y de incorruptible altitud frecuentadas,
¡ Ô Ninfas!... Pero dócil a las pendientes encantadas
Que me hicieron hacia ustedes invencibles caminos,
¡Sufra este bello reflejo de los desórdenes humanos!
 
¡Felices vuestros cuerpos fundidos, Aguas planas y profundas!
¡Soy único!... Si los Dioses, los ecos y las olas
¡Y tan tantos suspiros permiten que lo sea!
¡Sólo! Pero todavía el que se acerca a sí
Cuando se acerca a los bordes que bendice este follaje...
Cimas, el aire ya acaba el pillaje puro;
La voz de las fuentes cambia, y me habla por las tardes;
Una gran calma me escucha, donde escucho la esperanza.
Oigo la hierba de las noches crecer en la sombra santa
Y la luna pérfida eleva su espejo
Hasta en los secretos de la fuente apagada...
Hasta en los secretos que temo saber,
Hasta en la doblez del amor de sí mismo,
 
Nada puede escapar del silencio de tarde...
La noche viene sobre mi carne para soplar que yo la quiero.
Su voz fresca a mis votos tiembla de consentir;
Apenas, en la brisa, parece mentir,
Tanto el temblor de su templo tácito
Conspira el dilatado silencio de este sitio.
 
Ô dulzura de sobrevivir a la fuerza de día,
Cuando se retira por fin rosa de amor,
 
Todavía un poco ardiente, y cansada, pero colmada,
Y de tantos tesoros tiernamente agobiada
Por tales memorias que enrojecen a su muerte,
Y que la hacen feliz arrodillarse en el oro,
Luego extenderse, derretirse, y perder su vendimia,
 
Y apagarse en un sueño en el que la tarde se cambia.
¡Qué pérdida en si misma se ofrece a un lugar tan tranquilo!
El alma, hasta perecer, se vierte allí para un Dios
Qué pida a la ola, ola deserta, y digna
Sobre su lebrillo, de alisa borradura de un cisne...
¡A esta ola jamás bebieron los rebaños!
Otros, aquí perdidos, encontrarían el descanso,
Y en la tierra sombría, una tumba clara que se abre...
¡Pero no es la calma, por desgracia! ¡ Qué descubra allí!
Cuando la delicia opaca donde duerme esta claridad,
Cede a mi cuerpo el horror del follaje apartado,
Entonces, vencedor de la sombra, 
Ô mi cuerpo profundidad  a alguien aterroriza,
¡Pronto añoras su eterna noche!
¡Para el inquieto Narciso, es aquí sólo aburrimiento!
Todo me llama y encadena conmigo a la carne luminosa
¡Qué me oponga aguas la paz vertiginosa!
 
 
Qué lamente tu pedazo fatal y puro,
Si de mí indolentemente, fuente rodeada,
Donde sacaron mis ojos en mortal azul,
¡Los mismos y negros ojos de su alma asombrada!
 
Profundidad, profundidad, sueños me ve,
Así como verían otra vida
Diga, no soy el que usted cree,
¿Su cuerpo le da envidia?
 
Acabad, espíritus sombríos, esta obra ansiosa 
Que se hace en el corazón que vela;
No buscad en ustedes, no id a sorprender a los cielos
La desgracia de ser una maravilla:
Encuentre en la fuente un cuerpo delicioso...
 
Tomando a sus miradas esta presa perfecta,
Del monstruo de quererse hágase un cautivo;
En errantes redes de sus largas pestañas de seda
Sonido gracioso pedazo lo retenga pensativo;
 
Pero no se jacte en cambiarlo de imperio.
Este cristal es su verdadera estancia;
Los mismos esfuerzos del amor
No sabrían extraer de la ola el que no expira …
 
Lo PEOR.
¿Lo peor?
Alguien repite "Peor”… ¡ Ô burlón!
¡Eco lejana y repentina para devolver su oráculo!
De su risa encantada, la roca destroza mi corazón,
Y el silencio, por milagro,
¡Interrupción! Habla, renace, sobre la cara de las aguas…
¿Lo peor?...
 
 
¡Peor destino!... Usted lo dice, cañas,
¡Repitieron los vientos mi queja vagabunda!
Antros, me devuelve mi alma más profunda,
Usted hincha de su sombra una voz que se muere…
¡Usted me lo murmura, enramadas!... Ô rumor
Desgarradora, y dócil a los soplos sin cara,
Su oro ligero se agita, y juega con augur…
¡Todo se mete en mí, malas divinidades!
Mis secretos en los aires suenan divulgados
La roca se ríe; el árbol llora; y por su voz encantadora,
Puedo sólo a los cielos que yo no me lamento
¡De pertenecer sin fuerza a los eternos atractivos!
¡Por desgracia! Entre los brazos que nacen de los bosques,
Una luz tierna de hora ambigua existe…
Allí, de un resto de día, se forma un novio,
Desnudo, sobre el sitio pálido, donde me atrae el agua triste,
¡Demonio delicioso deseable y helado!
 
Y he aquí, mi cuerpo dulce de luna y de rocío,
¡ Ô forma obediente a 
mis votos opuesta!
¡ Que son bellos, de mis brazos los dones vastos y vanos!
Mis manos lentas, en el oro adorable se 
cansan
De llamar a este prisionero que las hojas enlazan;
¡ Mi corazón pone a los ecos el pedazo de los nombres 
divinos!
 
¡Pero como tu boca es bella en este mudo blasfema!
 
¡Ô semejante! Y sin embargo más perfecto que mi mismo,
 
Efímero inmortal, si claro delante de mis ojos,
Miembros pálidos de perla, y estos cabellos sedosos,
Hace falta que apenas queridos, la sombra los oscurezca,
Y qué por la noche ya nos divida, ô Narciso,
¡Y deslice entre nosotros dos 
el hierro qué corta una fruta!
¿Que tienes?
 
¿Mi misma queja es funesta?
                                           
El ruido del soplo que enseño con tus labios, mi  réplica,
¡ Sobre la lámina límpida hizo correr un disturbio!
¡ Tiemblas!... Pero estas palabras que yo expiro de rodillas
Son sin embargo sólo una alma vacilante entre nosotros,
 
Entre esta frente tan pura y mi pesada memoria...
Soy así cerca de ti que podría beberte,
¡Ô cara!... Mi sed es un esclavo desnudo...
En este tiempo que encantaba era desconocido,
¡Y no sabía amarme y juntarme!
Pero verte, querido esclavo, obedecer al menor
Sombras en mi corazón que huye a la pena,
Ver sobre mi frente la tormenta y los fuegos de un secreto,
¡Ver, ô maravilla, ver! Mi boca matizada
Traicionar pintar sobre la ola una flor de pensamiento,
¡ Y qué acontecimientos chispear en el ojo!
Encuentro allí tan tesoro de impotencia y de orgullo,
Que ningún virgen niño escapado del sátiro,
¡Ninguno! A las hábiles huidas, a las caídas sin emoción,
Ninguna ninfas, ninguna amiga, me atrae
 
¡ Como haces sobre la ola, inagotable Yo!...
 
Fuente, mi fuente, agua fríamente presente,
Dulce a los animales puros, a los humanos complaciente
Que mismos intentos sigue al fondo la muerte,
¡ Todo es sueño para ti, Hermana tranquila de la suerte!
Apenas en recuerdo convierte un presagio,
Que semejante sin cesar a su fugitiva cara,
¡Inmediatamente de tu sueño los cielos están encantados!
Pero tan pura seas seres que viste,
Onda, sobre la que los años pasan como nudos,
 
Que de cosas sin embargo deben serte conocidas,
¡Astros, rosas, temporadas, los cuerpos y sus amores!
Clara, pero tan profunda, una ninfa siempre
Rozada, y viviente de todo lo que la acerca,
Alimenta alguna sabiduría al amparo de su roca,
Al amparo de este día que pinta bajo los bosques.
Sabe para siempre las cosas de una vez..
Ô presencia pensativa, agua tranquila que recoges
Todo un tesoro sombrío de fábulas y de hojas,
El ave muerta, la fruta madura, lentamente bajados,
Y las luces raras de los anillos claros y perdidos.
Gastas en ti su pérdida solemne;
Pero, sobre la pureza de tu cara eterna,
El amor pasa y muere...
 
Cuando el follaje disperso
Tiembla, comienza a huir, llora por todas las partes,
Ves el amor sombrío agregarse a la tormenta,
El amante ardiente y duro ceñir a la blanca amante,
Vencer el alma... Y sabes según cual dulzura
Su mano poderosa pasa a través del espesor
Trenzas que difunde la nuca preciosa,
Si reposa allí, y se siente fuerte y misteriosa;
Habla en el hombro y reina sobre la carne.
Entonces con los ojos cerrados a eterno éter
No ven más que la sangre que dora sus párpados;
Su púrpura temible oscurece las luces
De una pareja a los pies confusos que se agrega, y se miente.
Gimen... La Tierra llama con dulzura
Estos grandes cuerpos inseguros, que luchan boca a boca,
Y quien, de virgen enarena atreviéndose a pegar la capa,
Compondrán amor un monstruo que se muere...
Sus soplos hacen sólo un rumor feliz,
El alma cree que ella respira el alma totalmente próxima,
Pero sabes mejor que yo, fuente venerable,
¡Qué frutas forman siempre estos momentos encantados!
Porque, apenas los corazones tranquilos y contentos
De una alianza ardiente espirada en delicias,
De los amantes libres miras las malicias,
Ves desgarrarse días de mentiras tejidas,
¡Y nacer mil dolores demasiado tiernamente concebidos!
Pronto, mi ola sabia e infiel y la misma,
El Tiempo lleva a estos locos que creyeron amarse
¡Criticar a tus juncos de suspiros más profundos!
 
Hacia ti, sus pasos tristes siguen sus recuerdos...
Sobre tus bordes, agobiados por sombras y por debilidad,
Totalmente deslumbrados por un cielo cuya belleza los hiere
Tanto guarda el pedazo de sus días más bellos,
Van de bienes perdidos a encontrar todas las tumbas...
“¡Este sitio en la sombra era tranquilo y nuestro! " 
“Le gustaba al otro este ciprés, se dice el corazón del otro, 
“¡Y de aquí, probábamos el soplo del mar! "
¡Por desgracia! La misma rosa es amarga en el aire...
Menos amargos los perfumes de los humos supremos
¡Qué abandonen al viento las hojas consumidas!...
Respiran este viento, marchan sin saberlo,
Pisotean el tiempo de un día de desesperación...
Ô marcha lenta y pronta, e igual a los pensamientos
¡Qué hablan a turno en las cabezas insensatas!
La caricia y el homicidio vacilan en sus manos,
Su corazón, que cree que él se rompe entorno a los caminos,
Lucha, y le retiene a sí su esperanza estrechada.
Pero sus espíritus perdidos corren este laberinto
¡Donde se extravía el que maldice el sol!
Su soledad loca, al igual que el sueño,
Poblar y engañar la ausencia; y sus secretas orejas
Por todas partes coloca una voz que no tiene en absoluto igual.
Nada puede disipar sus sueños absolutos;
¡El sol no puede nada contra esto qué no es más!
 
Pero si arrastran en el oro sus ojos secos y fúnebres,
Se sienten llantos defender sus tinieblas
¡Más caras para siempre que todos los fuegos del día!
Y en este cuerpo escondido totalmente marcado con amor
Qué se refiere amargamente al alma que fue feliz,
Quema un secreto besar quién la hace furiosa...
 
Pero yo, Narciso amado, soy curioso
Que de mi sola esencia;
Otro tiene para mí sólo un corazón misterioso,
Otra es sólo ausencia.
¡Ô mi bien soberano, querido cuerpo, sólo te tengo!
El más bello de los mortales puede amar sólo a sí...
 
 
Dulce y dorada, es un ídolo más santo,
De todo un bosque que se consume, ceñida,
¿Y sita en el azul que vive por tantas aves?
Es don más divino del favor de las aguas,
Y de un día que se muere más adorable uso
¿Que de devolver con mis ojos el honor de mi cara?
Nazca pues entre nosotros a los que la luz une
¡De gracia y de silencio un intercambio infinito!
Le saludo, niño de mi alma y de la ola,
¡Querido tesoro de un espejo qué comparte el mundo!
Mi ternura viene para beber allí, y se embriaga de ver
¡Un deseo sobre sí mismo probar su poder!
¡Ô que a todos mis deseos, usted es semejante!
 
Pero la fragilidad vos hace inviolable,
Usted es sólo luz, adorable mitad
¡De amor demasiado igual a la amistad débil!
¡Por desgracia! ¡La misma ninfa separó nuestros encantos!
¿Puedo esperar de ti que de alarmas vanas?
¡Como son dulces los peligros que podríamos escoger!
Sorprenderse de sí mismo y de sí mismo coger,
Nuestras manos entremezclarse, nuestros dolores intentar destruir,
Nuestro silencio mucho tiempo de sus sueños instruirse,
La misma noche confundir en llantos nuestros ojos cerrados,
Y nuestros brazos cerrados sobre los mismos sollozos
Estrechar el mismo corazón, de amor de préstamo que se derrite...
Deja por fin el silencio, se atreve a responderme por fin,
Narciso bello y cruel, inaccesible niño,
 
Totalmente adornado de mis bienes que la ninfa defiende...
 
¿Este cuerpo tan puro, sabe que me puede seducir?
De cual profundidad sueñas con instruirme,
Habitante del abismo, huésped tan precioso
¿De un cielo sombrío aquí abajo precipitados cielos?
Ô el gasto ornamento de mi tendencia triste
Que una sonrisa tan próxima, y llena de confidencia,
Y quien presta a mi labio una sombra de peligro
¡Hasta hacerme temer un deseo extranjero!
¡Qué soplo viene a la ola 
para ofrecer a tu rosa fría!...
“Yo amo... ¡Yo amo!... " 
Y quien pues puede amar otra cosa
¿Que sí mismo?...
Sólo tú, ô mi cuerpo, mi querido cuerpo,
Te quiero, objeto único que me defiende de los muertos.
 
Formemos, tú sobre mi labio, y yo, en mi silencio,
Una oración a los dioses a los que emocioné de tanto amor
¡Sobre su pendiente de púrpura dejan el día!...
Haga, Dueños felices, Padres de los justos fraudes,
Diga que una luz de rosa o de esmeraldas
Que sueños de la tarde su cetro repitió,
Pura, y totalmente igual al más puro del espíritu,
Espere, en el seno de los cielos, para que vivas y quieras,
Cerca de mí, mi amor, escoger la cama de hojas,
Salir tembloroso del costado de la ninfa al corazón frío,
Y sin dejar mis ojos, sin dejar de ser yo,
Tender tu forma fresca, y esta corteza clara...
¡Oh! ¡Cogerte por fin!... Tomar este torso tranquilo
Más puro que una mujer y formado por frutas...
Pero, de piedra simple es el templo donde estoy,
Donde vi… ¡Porque vi sobre tus labios avaros!...
 
Ô mi cuerpo, mi querido cuerpo, templo que me separas
De mi divinidad, querría apaciguar
Su boca... Y pronto, quebrantaría, besar,
Esto poco que nos defiende al extremo existencia,
Esta tembladera, endeble, y piadosa distancia 
¡ Entre mí mismo y la ola, y mi alma, y los dioses!
Adiós... ¿Sientes estremecerte mil flotantes despedidas?
¡Pronto va a tiritar el desorden de las sombras!
El árbol ciego, hacia el árbol extiende sus miembros sombríos,
Y busca horriblemente el árbol que desaparece...
Mi alma así se pierde en su propio bosque,
Donde la potencia escapa de sus formas supremas...
El alma, el alma con los ojos negros, 
Se parece mucho a las mismas tinieblas,
Se hace inmensa y no encuentra nada...
¡Entre la muerte y sí, cual mirada es la suya!
 
¡Dioses! De augusto día, el resto pálido y tierno
Va de días consumidos a juntar la suerte funesta;
¡Se hunde en los infiernos de la memoria profunda!
¡Por desgracia! Cuerpo miserable, ya es hora de unirse...
 
Inclínate... Bésate. ¡Tirita de todo tu ser!
Inasequible amor que me viniste para prometer
Pasa, y en un escalofrío, quebranta Narciso, y huye...

Eco sobre sí mismo probar su poder!

¡Ô que a todos mis deseos, usted es semejante!

 

Pero la fragilidad vos hace inviolable,

Usted es sólo luz, adorable mitad

¡De amor demasiado igual a la amistad débil!

¡Por desgracia! ¡La misma ninfa separó nuestros encantos!

¿Puedo esperar de ti que de alarmas vanas?

¡Como son dulces los peligros que podríamos escoger!

Sorprenderse de sí mismo y de sí mismo coger,

Nuestras manos entremezclarse, nuestros dolores intentar destruir,

Nuestro silencio mucho tiempo de sus sueños instruirse,

La misma noche confundir en llantos nuestros ojos cerrados,

Y nuestros brazos cerrados sobre los mismos sollozos

Estrechar el mismo corazón, de amor de préstamo que se derrite…

Deja por fin el silencio, se atreve a responderme por fin,

Narciso bello y cruel, inaccesible niño,

 

Totalmente adornado de mis bienes que la ninfa defiende…

 

¿Este cuerpo tan puro, sabe que me puede seducir?

De cual profundidad sueñas con instruirme,

Habitante del abismo, huésped tan precioso

¿De un cielo sombrío aquí abajo precipitados cielos?

Ô el gasto ornamento de mi tendencia triste

Que una sonrisa tan próxima, y llena de confidencia,

Y quien presta a mi labio una sombra de peligro

¡ Hasta hacerme temer un deseo extranjero!

¡Qué soplo viene a la ola para ofrecer a tu rosa fría!…

“Yo amo… ¡Yo amo!… ”

Y quien pues puede amar otra cosa

¿Que sí mismo?…

Sólo tú, ô mi cuerpo, mi querido cuerpo,

Te quiero, objeto único que me defiende de los muertos.

 

Formemos, tú sobre mi labio, y yo, en mi silencio,

Una oración a los dioses a los que emocioné de tanto amor

¡Sobre su pendiente de púrpura dejan el día!…

Haga, Dueños felices, Padres de los justos fraudes,

Diga que una luz de rosa o de esmeraldas

Que sueños de la tarde su cetro repitió,

Pura, y totalmente igual al más puro del espíritu,

Espere, en el seno de los cielos, para que vivas y quieras,

Cerca de mí, mi amor, escoger la cama de hojas,

Salir tembloroso del costado de la ninfa al corazón frío,

Y sin dejar mis ojos, sin dejar de ser yo,

Tender tu forma fresca, y esta corteza clara…

¡ Oh! ¡Cogerte por fin!… Tomar este torso tranquilo

Más puro que una mujer y formado por frutas…

Pero, de piedra simple es el templo donde estoy,

Donde vi… ¡Porque vi sobre tus labios avaros!…

 

Ô mi cuerpo, mi querido cuerpo, templo que me separas

De mi divinidad, querría apaciguar

Su boca… Y pronto, quebrantaría, besar,

Esto poco que nos defiende al extremo existencia,

Esta tembladera, endeble, y piadosa distancia

¡Entre mí mismo y la ola, y mi alma, y los dioses!

Adiós… ¿Sientes estremecerte mil flotantes despedidas?

¡Pronto va a tiritar el desorden de las sombras!

El árbol ciego, hacia el árbol extiende sus miembros sombríos,

Y busca horriblemente el árbol que desaparece…

Mi alma así se pierde en su propio bosque,

Donde la potencia escapa de sus formas supremas…

El alma, el alma con los ojos

negros, se parece mucho a las mismas tinieblas,

Se hace inmensa y no encuentra nada…

¡ Entre la muerte y sí, cual mirada es la suya!

 

¡ Dioses! De augusto día, el resto pálido y tierno

Va de días consumidos a juntar la suerte funesta;

¡ Se hunde en los infiernos de la memoria profunda!

¡Por desgracia! Cuerpo miserable, ya es hora de unirse…

 

Inclínate… Bésate. ¡Tirita de todo tu ser!

Inasequible amor que me viniste para prometer

Pasa, y en un escalofrío, quebranta Narciso, y huye…

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