jump to navigation

SHEYLA BRAVO VELASQUEZ (QUITO, 1953-2011)CRÓNICAS DE LAS ESTACIONES DE LA FABULA DE LA MUERTE O FIEL AL RETORNO Y LA VOZ DE EROS junio 18, 2011

Posted by carmenmvascones in 1953-2011)CRÓNICAS DE LAS ESTACIONES DE LA FABULA DE LA MUERTE O FIEL AL RETORNO Y LA VOZ DE EROS, Uncategorized.
Tags: ,
trackback

Lunes, 19 Septiembre 2011.

Homenaje a Sheyla Bravo Velásquez

————-

POEMA DE CARMEN VÁSCONES

A sheyla bravo, y  a sus hijas maya y soledad

La princesa de las flores azules anda descalza por camino de piedras

la siguen rana y colibrí

en secreto  van llevando hilos de hojas

ella teje vestido de estrellas sin descanso con sus manitas inquietas

para su muñeca revoltosa

estira manotazos en la buhardilla cómplice

el corazón  salta en cada subida

como canguro tierno dentro de la alforja de su madre

toda atenta mira una escalera de madera  y sin pensarlo

se echa se acomoda y cruza las piernas

parece dueña del mundo en la mitad de la luna

de su sonrisa nace el cielo

coqueta y toda impaciente saca aguja y ensarta gotas de espejos

se prestan como ofrenda a la nada vagabunda

destella  en su piel memoria y trazos de fonemas

de tiara en tiara hace tal diadema

cae como chal de aura en todo su cuerpo de niña

soñando paraíso andrógino

prende fogata

atiza braza

casi incendia al verbo ingobernable en su paila de dudas

se acuerda tiene quiera o no continuar

se levanta coge ramita

en la otra mano aprieta a la traposita negra

con su vestido rojísimo  de  lentejas de agua fuente

parece tocar génesis de cada vástago queriendo saberse si cabe

en los brazos de la vocal acompañante  del vacío

en el destiempo de uno

La soledad va asomando como cueva tierna

Avanza como pensando si algo olvida

hace gesto como si luego qué

coge un pedazo de raíz y la echa a ningún lado

se acuerda casi al último

está a punto de  llegar a la loma de guápulo

¡claro! falta un detalle: sus velitas ¿dónde? ¡ya!

saca de uno de sus bolsillos dos flores amarillas de cera

en ese instante recuerda al mar

se ve echando en la marea  pétalos  mientras llama a changó

va vestida de liencillo y flores blancas

poco a poco se desprende de su cuerpecillo de arena

Queda desnuda la infante no pudiendo creer  ha conocido

esa inmensa sábana celeste que se mueve sin batirla nadie

se pregunta ¿será el espejo del cielo libre de ojos celosos?

Ahora sí

llega allí a loma tan alta

a veces haciendo creer dominamos el miedo

se arrodilla calladamente a un costado con su única acompañante

no sin antes sacar unos fosforitos

prendiéndolos a escondida del viento

sus dos florecillas radiantes como el sol se anidan a los filos

se lo ocurre ponerle un nombre a cada una

Se llamaran Soledad y Maya en la dulce presencia de la existencia

Les dice como cómplices de clarividencia -a que nos cuidamos-

parecen almas siamesas del día y de la noche

Iluminan como vasos comunicantes

para no perder magia de la rayuela

Ahora sí se acuesta a descansar mientras  la tierra  despaciosamente

la cubre con su frazada terracota hasta dejar sólo a la vista

a las dos llamitas desconcertadas  sobre la hierba

Se deja oír algo

es el eco  trayendo una silueta difuminada

inquieta al misterio ocultándose

es el arco iris todo liviano llegando atrapado

hace sonreír a las dos chispitas tristes

lo trae el búho en sus alas envuelto como bufanda

y está no puede más con tanto enredo en las plumas

La danza enigmática  de la ola derrota a la razón

Ya no más pensar en los dos lados de la palabra

nace la voz del encanto en el embrujo del sol

atrapa vacío  sonido de  agua ausentándose

Imagen de fuego y lluvia da tachones a la sombra

El viento desprende memoria cansada de contradecir

ayuno de montañas el abismo del sueño

En sus labios tumba pasión sin respuesta

Los velos del cielo una pupila dejando notar la duda del deseo:

precipicio de eros lucha inacabada

“El tiempo petrificado”

se desborona

El caos falla del crío convocando mitad sin mí

El anhelo  escapa al ser

no quiere lo devore el hastío

Alguien lee  “crónicas del edén”

fábula del momento:

una mujer desafío al destino hasta dar con ella

(No necesitas adivinar quién es)

CRÓNICAS DE LAS ESTACIONES DE LA  FABULA DE LA MUERTE O FIEL AL RETORNO

POR CARMEN VÁSCONES

(ACERCA DE LA OBRA POETICA  COMPLETA DE  SHEYLA BRAVO)

 I PARTE

Nace en 1953, fallece el 2011.  Un camino hizo, trazó un contrasentido, su adolescencia estampó una provocación. Su libro “Yo mujer”, publicado en 1971, produjo un temblor a las emociones constreñidas o contenidas bajo las faldas de la línea imaginaria.  La adolescencia es rebelde quiérase o no, ella desalma los patrones, descara la inocencia, descubre un cuerpo que no quiere estar mudo.  Desata el nudo de los géneros. Las dos caras del mundo, la vida y la muerte, antesala de la palabra, de los sueños y de toda apuesta que conjugamos en el azar del tiempo.  Y desde 2006 al 2009, tuvo una vorágine imparable.  Esto es: la culminación de su resurgir. Su aparición.

La calma no iba con ella.  “Por 10 años como si no hiciese nada como muerta”, así lo graficó en una entrevista, pasó bajo el velo de ser ignorada por los verdugos de la “libre expresión”. A esa crítica “depredadora” la santera, como ella se autodenominaba la ignoró con el silencio por un momento largo.

El enigma del vacío nos envía a un deseo que carecemos o nos provoca citas fallidas con los placeres: el dolor y el goce de existir de una vez por todas en ese chullo cuerpo irremplazable y testigo de las crónicas del acto.

Sheyla, el personaje de su obra: autoexcluida e incluida, rompió el cerco a la regla menstrual con la tinta de sus fantasmas que ni la inmutan ni siquiera en la letra; su psique: acertijos y sonajas de espejos jugando contra el cielo y el delirio quemante.  Lloró, rió y cercó el firmamento bajo sus danzas chamanes. Fecundó al fuego en su útero, doblegó al agua en sus lagrimales. El mar se acostó en la roca mientras ella bañaba de flores a las olas.  Digna de su sueño y de su voz atrapó al viento en móviles.  Le hizo trenzas a las estrellas mientras sus sandalias se gastaban en la pasión del barro.

La red de su memoria un lugar para la nada y el festín de las fantasías.  Ella la dadora de un amor que se da y no se da, que se queda y  se va.  La vida imperfecta cabe en la de/función del verbo: el acta del acto. La fiesta del mito en la huella que te sigue.

La palabra: la cueva para acampar el testimonio del ser que es la red o la celada del deseo. La escritora, es la mujer que jugó con el escándalo, que se burló e ironizó de sí misma.  Su estilo: ritos de ayuno en vasijas de serpientes dejando ver la panza de la memoria.  El eslabón de su enigma es su poesía.  Escribió sin ocultarse de sí. Desnudó a la vida del silencio. La destapó de la represión. Amamantó a Edipo y lo consoló de su desgracia. Le dijo -juega mientras puedas con la inocencia, lo demás será accidente de un eros contrariado en el oráculo. Diluyó la “efímera felicidad” en  sal. Coció al tiempo en tinajas de té amargo.

Se hizo objeto y sujeto de la mira. La mirada se empapa pero calla. Ella hacía hablar al fisgón.  La moral es ojo del solapado, el tocador devuelve la avería de la culpa.  Retorna la censura del mirón.  La boca de la ideología echa los dados en el perverso humor muy ligado con la melancolía: la horca de la palabra.

Ella salió invicta en la lucha con la canallada.

Nada es al azar. La avería de lo femenino y masculino tiembla en la coartada del placer.  El displacer hace regresar al cuerpo para que nadie se abandone  en espejismos de  satisfacciones dentro de la cárcel  de la tierra: los cuerpos enrejados y enredados en el no sé del tótem y tabú que somete desafían siempre.  Saber no es suficiente para abordar los límites con la materia mortal.  Vivir demanda contrariar a la muerte, provocarla hasta dejarla sin pudor. Estigma, restricción y acato o desacato según…

Incluida y excluida de sí misma se autodetermina en su propia huella: mitad cubierta, mitad descubierta. Mitad dolor, mitad frenesí. Mitad luna, mitad sol. Mitad silencio, mitad escándalo.  Mitad ella, mitad una.  Mitad nada, mitad toda. Mitad mía, mitad yo. Mitad voz, mitad vocal. Mitad poesía, mitad verbo. Mitad principio, mitad final.  Mitad soledad, mitad maya. Mitad divina, mitad mortal del tú.

Mitad de mí para quién en la esencia de su poética.

Mitad de sí misma. Mitad ayuno del silencio.  Mitad naciente de la palabra que te nombra. En medio de la memoria desemboca la historia sin mitad. Ella lo dice, “nunca hice  nada ni fui nada, porque lo que  siempre quise es ser poeta”. Contra sí mismo, se la conoció antes y después de la muerte. Su palabra desde el inicio fue polémica. Expulsada, huída. Se refugió y se habitó dentro y fuera del caos. Su pensamiento un desenfado maldito.

La maternidad la acogió. Entre maya y soledad tejió la voz en el telar.

Redescubre poco a poco la ilusión de otra vez retomarse en esa pasión: la creación. Según ella cuenta, “escribía mal a propósito, para que no la tomen en cuenta, que no esperen nada bueno de ella, quería avanzar”. Salir “y poder borrar la imagen en que me había atascado, y quedarme en cero”.  “Y al fin ser libre. Y me liberé de la imagen pero no de la poesía: esa tirana me martirizaba día y noche, seduciéndome, acosándome, sin dejarse poseer por mí como yo quería”…

La vida hace explorar la otra cara del no ser. Hizo muñecas de espejos, de hilos, de papel. Tejió vientres donde depositaba la realidad con su magia y pesadillas, los colgaba en su hombro y salía a pasear por los parques sin que nadie note que contenían sus secretos. Sus momentos oníricos los ponía en lienzo, bordaba su imaginación en  tapices fosforescentes.  En el intento de ser la trama de su vida enganchó al verbo con todos sus defectos y virtudes.  He ahí, la que hubiese sido la que es en su soy que se impuso pese a todo. Su deseo genuino la hizo engendrarse en la letra vivificante.

II PARTE

El arte de salir y entrar al cuerpo creador es la obra que completa a Sheyla.  La mujer que se impuso y no se amputó de la realidad. Guste o disguste su poética, ella la trascendió, la dejo en un lugar donde la muerte no se atreve con la vida.  La existencia espiral del tiempo de la sangre “de la vida a la vida y a mi vida”.

La reescritura y la corrección del verbo imperativo, sea el retorno de la palabra cada vez que no se es.  La poeta invoca a la imaginación, carne de su proyección del “yo que  seré”.  Asume su destino como un mandato del pasado y del futuro.  Se mete al interior del presente de la única otra: ella misma es y no es.

Nutricia mujer, engendras una madre: la poesía en ti crea una identidad, un nombre, una inicial.  Dejas convocar el sonido del agua fuente: la primera música de la infancia.  Su bella voz poética lo dice así: “Oigo tu voz suavísima nombrándome/ regalándome un sonido, una música que me convoque/ en este paraíso dulce/ que es tu cuerpo embarazado de mí/ escuchando estoy tu canción de madre/  la música de mi nombre que me llama a la vida”.

Diosa una: mitad Eva y mitad Lílith: una sola Sheyla,  entre árboles, ríos  acoderas cofrecillos de enigmas, embarras  a la esfinge del génesis, cambias la versión del oráculo, sacas a la bestia de la sombra y la embadurnas con  brebajes de purificación. Cantas a la luna dormida en tu cuerpo mientras la niebla se esconde en la montaña.

En La fuente de la matriz nace el arco iris.

Meces   al ser en tu canto de  “cuna inmensa/mi cuerpo para ti”, cual origen irreverente te sinceras con el fuego, de dejas quemar la figurita que endureces en tu vientre, moldeas el vacío en la angustia de la semilla.

Pisoteas la nada en el parpadeo de la duda. El entendimiento es incompatible con la ideología de la imagen y de la máscara.  El ser refuta  al yo en  ese no soy, tal vez sea, no sea que yo sea, yo no sé. Y así se pasa de aturdido y ofuscado a un instante a refrescarse con la felicidad sin torturas mentales o reales.  Toma su tiempo la escritura que desarma toda adaptación al reglamento que se cumple o se coima.  Ella: el epicentro del interdicto juega y se cita con la vida para constatarla.

La suerte está en sus manos traviesas que desafiaron desnudar todo enigma. Te desarma la infancia con su vulnerabilidad, te hace descender como estrella fugaz en el vértigo de la noche,  enfrentar la soledad del primer aliento, suspiro y soplo mortal.  Suavizas con cascabeles, agua con pétalos, inciensos y túnica la espera del momento.  Alumbras a la pequeña según tú “desconocida en tu vientre”.  Te hablas, le conversas, “y aunque nueve meses convivimos/en profunda intimidad/ ya no estando tú en mí/ eres un misterio casi indescifrado/ que diariamente causa mi estupor”.

Siempre la incógnita, eso de nacer, para qué, por qué, del cómo se dará la ejecución del tiempo.  El sueño no es el acto aunque el germen de toda ilusión está allí, en un punto donde cerramos y abrimos los ojos y fijamos recuerdos, olvidos y espantos. Ahí es donde llamas, me llamas, te llamo, me llamo.  Y sin dejar de nombrarte allí te expresas con un rotundo “te espiaste en mis espejos infantiles/ y en una remotísima memoria yo me miro/ y está en mi rostro tu gesto desdibujado”.

Se mira, contempla a ella, su yo, su tú, se habla a sí misma, escuchémosla, “aturdida la joven madre/ no sabe qué hacer con su juguete nuevo/ y como a un juguete lo trata/ la niña le enseña/ llorando o sonriendo”.  La imagen pura del ser se la devuelve a ese cuerpecillo que no sabe de la intranquilidad del caos, del desorden del vacío en la lujuria, aniquilación y la fuerza de la gravedad en el cuerpo. Atenta a la trama conjuga el nosotros con el ser y sentir.  La poesía se deja leer, su creadora se deja saber, la mujer no sabe qué hacer con el escondite. Un cuerpo desnudo se mira en sus propios ojos. La poeta pacta con sus palabras.  Forcejea con  los pensamientos que parecen pinzas en cordeles rotos.  Ella cuelga los pensamientos en la naturaleza, deletrea un canto más o menos así, “deja que la nada te arrulle hija del viento y del humo heredera como la madre/ del misterio y de la libertad”.

Acoge la Soledad y la Maya de todo ser en el nido de su corazón por siempre.  Hace esperar al verbo entre malabares, juegos y travesuras “qué será, qué será”.  Ronda la pregunta, la horma se rompe, la infancia no es un juguete de trapo.  La infancia tiene boca, origen, un cuerpo a veces intratable, desconocido.  Exige sin saber qué, acaso que la vida se adueñe de él…

La poesía como la infancia son contactos con los juegos aprobados y prohibidos.  Quien encuentra busca, quien busca se desencuentra. Quien se desencuentra se atreve a revolverse en el sinsentido. Flecha su lengua apunta a la actuante,  “hoy tú en  cambio deshechizas mis recuerdos/ insistiéndome en que nos compremos los boletos para ir juntos a visitarla”, a quién más si no a la propia creación, por qué no a la luna misma, abrase visto, no se deja comer al cuento, toda reflexiva, inquisitiva la poeta, la mujer, la maga, la madre, la amante  en falta, en duda y comprometida se alía con los personajes que habita.

Se confronta consigo, se siente, se describe como “una mamá que no es como son todas las demás”, que a veces el tiempo y la realidad la raptaban “en esa confusión/ demencia/ miedo/ tal vez olvido/ sólo espanto de ti misma/ solo olvido”.  Ser tú sin ser yo. En el hastío de hurgarse,  desencontrarse, deshabitarse, se agota  de perseguir ese algo inubicable, casi inatrapable, así lo sitia, “y yo ya no puedo esconderme de su acoso / (se refiere al destino) que es lo peor que esconderme de mí misma/ yo ya no puedo huirte/ porque me están tragando sin remedio/ los más oscuros laberinto de mi propia identidad”.

La poeta se mira, se agota, se desenamora, quiere derrotar y domesticar a la bestia.  Sabe para siempre que “el rito de morir es una acción de solitarios”. Anhela desintegrarse. Lo refiere así,  “dejar esta forma ya  tan mísera/ esta cáscara fracturada/ sus mitos, sus apegos y sus repeticiones/ y volver a encontrarme reconocida en un acto de fe/ y en un espacio donde tú no alcanzas…no puedo contaminarte con mi último alarido”. Despelleja la piel turbulenta y extenuada. Anhela: “y esté libre al fin/ de esta inmensa tortura de ser y no ser… este perpetuo deambular en un mundo estéril/ donde de tanto no tenerme/ solo soy reflejo de un reflejo sentido alguna vez/ cuando la vida apenas me empezaba”.  En esas vivencias que la construían y destruían, allí el drama o la comedia de su hilvanarse en su yo: “en mi infatigable decisión de experimentarlo todo/ o de evolucionar…” “en esta vorágine apenas comprensible que es mi vida”.  Lo femenino y masculino bohemia de la desconocida o conocida en la  duda luego qué.

Consumó eros en el teatro de sus sentidos.  La crónica de su edén y peregrinaje se alejó de la seducción de la nada, ya que eso era como jugar a la ruleta rusa, ¿quién se dispara a quién en ese placer suicida? O como ella lo descifra “orgasmo suicida”. En la carne del enamoramiento y del espanto la poeta se devela, se desvela, se vela, se ve, se autodefine, “quizás soy como una sirena/ sin órganos adecuados para el amor”, perteneció al mar, al fluctuante movimiento de las aguas. Y al cautiverio de un eros voraz que se flecharía consigo, que le lanzaba el dardo hasta dar con ella para rendirla. La poesía la recogía y la salvaba, la alejaba del horror, la hacía mirarse en sus pupilas, y las dos se decían en una voz, “ayer fui enamorada por mí mismo”.  Su doble papel la arrincona a la fascinación, vence a la muerte con ironía, le crea ilusión a la muerte, la hace creer que la vida la encanta…

Habla desde la voz poética a la vida que la inscribió en su nombre, le dice -“nada te he ocultado/ conoces mis vicios/ mis límites y mis fantasmas”.  En la encrucijada del dolor la luz se hizo en su poder femenino, se dio la vida sin desquite ni quítese  de ahí.  Se dejo caer encima la gotita de rocío en la raíz de lo amoroso auténtico aún.  Ella no se inventó. Eran dos en una mitad de su otra mitad, dentro de sí la carencia de la presencia y la ausencia.  Diría fue  tres con su palabra que la conllevó a desafiar el destino sin reserva con un basta de seguirte, con un ahora tú me sigues y vas a saber de mí.  Con su radical: no renuncio a mí, en lo único que tiene, su fidelidad al retorno.

La poética de su vida, dilemas y propuesta escritural.

 

III PARTE

El vacío no se llena.  La poeta se plantea “la cura de la esclavitud de los deseos”, cómo, volviéndose a parir en su única oportunidad, como una perla preñada de sí misma pare otra igual y desemejante, va “descaminando los desfiladeros de la memoria”.  La pasión que habitó fue “como una espada adherida a mi ser”.  Sentencia, “viuda es mi alma”, el amor es ciego en los amantes, es huérfano del tiempo, “es un desgarre del ser” que deambula “como ánima resentida/que aborrece la paz de su tumba” “en esta quimera que es el vivir”.  La poesía la escribió a Sheyla, ella no se opuso, se dejo ser la vida para esa palabra, se dio todo el tiempo, dispuso una escritura lenta, no se apuró.

En la soledad de su cuerpo descendió al caos, la red de maya amortiguó no caiga al abismo, se ofrendó al vacío para llenarlo de poesía, quedó desnuda de nada para no quedar presa en el dolor inservible de un presagio sin paz para nadie. Sheyla se descubre, se cubre, se amanece viendo a la luna dormir, quiere saldar cuentas. Se amparó en la soledad acompañante para aprender a escucharse.  La escritura no la abandonó nunca, la reescribe, la crea, ella la anota en silencio, a mano, teje su nombre, hace dibujos, pinta,  cose, teje, no se maquilla, destapa la olla de barro y ve en el fondo “una vida enviciada en el error”.  Se enfrenta. Entre lápiz, pluma y borradores estaba la guardiana que observaba y atrapaba los impases de la vida y la muerte irreconciliables. La lucidez de esta mujer destapó los desvaríos del vacío en el cuerpo de un espejo donde ya no hay nada que mirar.  Melancolía de papel la fábula del despertar y eso de salir de amores que no son tal en el “litigio con la dama muerte”.

Quiere un vientre redentor, la poesía se hace útero, la pare para siempre para que se vuelva a nombrar, para que salga de la prisión del cuerpo.  Quiere un encuentro con la ternura, quiere una boda de ayuno, quiere un abrazo de pura compañía donde reviva su piel otro momento de peregrinación y estación con su alma inhabitada ¿acaso retornar a la raíz sin tentación?, según ella, al encuentro con el “andrógino original” sin culpa, sin expulsión, sin éxodo sin condena  “de no estar en mí”.   Se debe a la poesía, la poesía la completa, le habla, la devuelve  a sí misma. Clama “absuélveme de las consecuencias de mi ignorancia”.  Ella luz y oscuridad del fantasma en su “quién soy”.

La fascinante Sheyla nos deja su poética, sus fábulas, sus cuentos; la estela de su ternura y algo más: nos deja su mismidad en lo que quiso ser siempre, en definitiva la voz de ella.

carmen vàscones

09/11

 

———————————

LA VOZ DEL EROS

DOS SIGLOS DE POESIA ERÒTICA DE MUJERES ECUATORIANAS POR SHEILA BRAVO VELAZQUEZ

(por armen váscones) 

 

Cuerpos de palabras, bloques de circunstancias, verbo de Eros.  Historias entremezcladas de tinos y desatinos.  Tiempo de placer fuera y dentro del vacío.

La voz de eros parte desde 1829 con Dolores Veintimilla y culmina en 1990 con Clara Mejía, joven de 16 años.  Entre los extremos “la palabra ha mudado de rostro” (María Eulalia Rodríguez).  Cortes.  Ausencias.  “Poema mordido hasta la mitad” (Sonia Manzano), sumas de espacios entre generaciones.

Los extremos no se tocan, no compiten con la distancia.  Los gozos mundanos y sublimes no son contradictorios entre ellas.  Cada voz tiene su veredicto, su lugar común, su vulgaridad, su privilegio, su consagración.

Dolores Veintimilla con su inmortal “Queja”, de imagen acosadora, el centro de su fascinación, el ideal de su amor delirante, “y amarle pude”, erotismo melancólico del desencanto, “victima infausta de un dolor profundo”. ¿Cuál Él?, “sin él eran sombríos mis ojos”, ¿o ella?,  “no olvides Carmen/ no olvides, ¡no! A tu dolores/ por otro amor”.

En cambio la jovencilla Clara Mejía con su metáfora casi doncella, rompe la escritura del sufrimiento, desmitifica el alma mater, pavonea con mordacidad su sentimiento, pasión sin rubor, indiferente toca la llaga rival de toda imagen incompleta y “supe que el amor se disfraza de hembra/ se viste varón”.  El amor una carne en proceso de descomposiciones y composiciones.  Allí, la joven palabra inquiere, empapa la voz.  “En mi mundo sin magia/ sin embargo fue ardiente tu frío mirar sin respuesta”.  El cuerpo es una incógnita.

La palabra se busca en la huella. La memoria: un delito. La fantasía: un festín de soledad.  El pensamiento un misterio para el otro, entre lo que se dice y no, los actos que no claudican.  El recuerdo acompaña aunque no se quiera a veces.

Quien puede callar a estas mujeres que desvistieron el paraíso, que ovularon sus propios inventos. Que hablan lo que sienten sin preocuparse por el veto de la censura.  Excluyo e incluyo a una que es uno, Roy Sigüenza se sospecha de este George Sand que se escurre entre tantas…es o no una mujer, resulta que no, ¿cómo entró al juego de parecer o hacerlo creer? Se dice la poesía no tiene sexo.  Lo femenino aprieta la identidad. “tengo una mujer dentro de mí” (Roy Sigüenza).

¿Se puede hablar de nudos orgásmicos, posesiones? ¿O hay algo más o qué?

Demasiada belleza provoca miedo.  El horror fascinación.  La muerte no es vacío ni ausencia.  Es anticipación de ser dentro del no soy.  El límite con lo mundano en el ojo de lo prohibido  y| clandestino ¿quién no está?

Sin embargo, la poeta Patricia Noriega dice “se atora en mi coraje la vida”.

Trastoca la palabra, “me sedujeron tus formas…/de mujer y varón” (Carolina Portalupi).  El banquete de los antojos subordina, “esclava de ti/ solo hasta que existas para mi obsesión/ o para mi deleite/ serás mi dueño/ (Sheila Bravo).

Opípara alucinación del Eros consumando sensaciones. Adoración narcisista incrustada en la intimidad del “nacimiento de la palabra”.

Esta Voz de Eros es un debate y una provocación de lo que es y no es poesía. ¿Qué quiere con este libro Sheila Bravo? ¿Es contestatario?, ¿a qué, a quiénes?, ¿a otra mujer, a un hombre? ¿A lo humano consumista del objeto?

La antóloga o recopiladora se confiesa sin prejuicio ante un texto que propone y se expresa, no pone el machete en la cabeza de las autoras para señalar cuál está en las ligas mayores o menores, no se trata de comparaciones ni de promocionar a unas ni menoscabar a otras. Se siente este libro como una muestra de voces que manifiestan su palabra sin autoexcluirse, y sin pedir permiso a nadie.

Sheila solo ama la poesía y le sirve.  Con este libro intenta “llenar el vacío de la poesía femenina”.  Su eje temático en este abordaje es lo erótico, cada una en su diferencia  esencial.

Comparte un encuentro de seguir adelante en una escritura que está haciéndose en una intimidad poética que contradice y afirma lo aceptable, la excelencia y lo cuestionable ante los ojos del lector que toma una posición con libertad frente a la obra. La historia y la poesía desenredan el ovillo de lo oculto.

La propuesta poética está en el ruedo de la vida y la muerte.  La ausencia y la palabra contactan.  La erótica humana es un deseo de ser.  De no reducirse a la dentellada del instinto. De no dejarse aplastar por un placer que se caótiza con los límites. El desenfreno cae por su propio peso. Solo el humano sublima y crea y por lo tanto poetiza.

Se sufre y se goza la existencia.  El ser analfabeto de su yo nombra al tú.  Dialoga con la palabra que se escurre entre sus cuerpos para no quedarse cautiva en la cacería de las emociones.  Solo así el arte nace.

Las voces de esta voz de eros  recoge y muestra los caminos de la poética de las mujeres del Ecuador.

carmen váscones

14/07/2006

——————————

La escritora ecuatoriana Sheyla Bravo Velásquez, quien falleció el pasado mes de junio, será homenajeada por la Casa de la Cultura Ecuatoriana con la presentación de dos de sus libros ‘La voz de eros’ y un texto que recoge la obra poética de la artista.
El primero de ellos es una compilación de poesía erótica de 110 mujeres que plasmaron sus ideas a través de la palabra durante dos siglos. Esta antología, realizada por Bravo en el 2006, es un recorrido que parte del trabajo de Dolores Veintimilla de Galindo (1829) y termina con Clara Mejía (1990). En esta ocasión la Casa de la Cultura presenta su segunda edición.
Según palabras expresadas por Bravo, en el prólogo de la primera edición de ‘La voz de eros’,  esta compilación se efectuó con el propósito de mostrar la participación de la mujer en el mundo literario. “Decidí asumir la comprometida tarea de hacer una muestra panorámica de la poesía escrita por mujeres en el Ecuador que tuviera alcance nacional, para que así existiéramos en bloque, contundentemente, con una presencia importante y vasta de las letras ecuatorianas y no como una casualidad aislada, como si fuera excepcional que una mujer escriba poesía”, dice el texto.
La poeta Carmen Vásconez, quien intervendrá en la presentación de los textos que se llevará a cabo el próximo jueves a las 19:00 en el Teatro Prometeo de la Casa de la Cultura (Quito), señala que una de las virtudes de esta antología es que no se categoriza a las poetas, simplemente se da cabida a las voces de quienes manifestaron su palabra “sin excluirse y sin pedir permiso”.
La segunda publicación se denomina ‘Obra poética completa de Sheyla Bravo Velásquez’, la misma que junta seis libros: ‘Crónica de un idilio –  litigio con la Dama Muerte’, la primera y segunda parte de ‘Estaciones en el peregrinaje de un alma’, ‘Fábula de eros y pasiones’, ‘Fábula de amores’ y ‘Fiel retorno’.
La labor de Sheyla en el mundo de las artes, no se conforma con la escritura, pues según explica el poeta, Xavier Oquendo, esta mujer de grandes sueños, se dedico también al campo de la plástica y la gestión cultural.

———————

Sheyla Bravo Velásquez Quito, 1953. Artista de múltiples tendencias e incansable Promotora Cultural. Cultivó las Artes Plásticas, la Literatura, la Artesanía, el Recetario Mágico Médico Popular y el Arte de la Cocina.

 

Exposiciones plásticas

 

Antakharana

Galería de arte Banco de los Andes. Mayo, 1991, Quito

 

Publicaciones

 

Yo mujer. Poesía. Quito, 1971.

 

La voz de Eros. Dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas. Trama ediciones. Quito , 2006.

 

Crónica no autorizadas del edén. Picaresca casi apóstata. Editorial El Conejo. Quito, 2006.

 

Un muchacho llamado Bruno. Trama ediciones. Quito , 2006.

 

¿Existen las hadas? Eskeletra Editorial. Quito , 2009.

 

La voz de Eros, Poesía erótica de 110 mujeres ecuatorianas. Segunda edición corregida y aumentada. Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana. Quito, 2010.

 

 

Tiene cinco poemarios que están a punto de ser publicados, así como varios cuentos y novelas para niños. Un libro de relatos de ficción espiritual y una novelita porno-erótica. Un libro de recetas mágicas y otros de recetas culinarias. Todo en edición.

Está escribiendo el intento auto-biográfico “Yo, el mito, personaje con textos”.

Es co-autora y compiladora del libro La voz del Eros, Dos siglos de poesías eróticas de mujeres ecuatorianas, publicado por la Editorial Trama.

 ———————————–

REVISTA ROCINANTE,Julio 2011R2 ROCINANTE Julio 2011

Sheyla Bravo
Poemas de la autora recientemente
fallecida

——————————-

La muerte y su “asquerosa puntualidad”

 Pablo Salgado Jácome

 Fue una mujer apasionada y luchadora. Animó la vida cultural de Quito, no solo como poeta, como artista, sino, ella misma, como personaje protagónico. Animó la vida nocturna de la ciudad, en un momento (demasiado largo) en que la capital se acostaba temprano y el frío era el único habitante de la noche. Animó la poesía, cuando se atrevió a develar la desnudez y la eroticidad que también era (es) parte del quehacer literario de las ecuatorianas, cuando publicó (hace diez años) la primera antología de la poesía erótica de mujeres. Fue además una mujer solidaria y apegada a las causas de los demás, sobre todo de las mujeres. Bullanguera y radical, siempre con alguna iniciativa cultural bajo el brazo. Siempre soñando, sobre todo lo imposible. Siempre amando, con desenfado y lujuria, como debe ser.  Así era Sheyla Bravo Velásquez.

No se trata de confirmar la regla; aquella de que no hay muerto malo. No, se trata de valorar las acciones de vida de quienes se entregaron a las causas perdidas: trabajar por la cultura, por las mujeres, por los pobres.  Se trata de ser grato con quienes, sin obtener ni exigir nada a cambio, se dedicaron a intentar vivir con dignidad, con pasión, con sueños. Sheyla era, en esencia, una soñadora que disfrutaba provocando y rompiendo moldes, sobre todo aquellos llenos de moho y caspa.  Fue protagonista de la época del dorado de la movida cultural de Guápulo, cuando músicos, pintores, bailarinas, teatreros, poetas, hippies, locos y malandrines se juntaron para dar vida a una comunidad que despertó a Quito y la impulsó a la modernidad cultural. Entonces se descubrió que en la noche (pese al frío y los curuchupas) también podía vivirse, y se abrieron cantinas, bares, galerías, teatros y, cuando no, la propia calle era un escenario en donde se predicaban sueños, se transformaba el mundo y se luchaba contra las imposturas y los autoritarios.           

La muerte de Sheyla coincide con la de Jorge Seprún, ese gran escritor galo-español que luchó contra el nazismo primero y, luego, contra el franquismo. Fue ministro de cultura de Felipe González y nos legó una gran lección: no renunció jamás al cuestionamiento ni a sus ideas. Y como bien dice Joaquín Hernández, tuvo el coraje de no haber caído jamás en los juegos del poder.

Sheyla nos deja además varios libros inéditos, de poesía, novelas para niños, recetas ancestrales y hasta de esoterismo. Pero además su autobiografía, en la que ya se asumía como mito y personaje. Así era también Sheyla, transgresora.  Por eso nos duele su partida, a pesar de que, como ya lo dijo el gran Cholo Vallejo, la muerte siempre llega con una asquerosa puntualidad.


Sheila me caía bien, pero ya no está

———————————–

Por Fabián Núñez Baquero

12/06/2011

 No pude despedirme de Sheila Bravo . Abrí el correo pasadas las 18 horas y ya estaba ahí el anuncio de su deceso y entierro escrito por el poeta Ricardo Torres, por los compañeros de la Pedrada Zurda en su correo virtual.

 

Sheila era una muchacha alegre y bulliciosa, metida en todo y con todos y yo la quiero recordar así, con esa órbita de simpatía y fascinada interrogación que siempre la rondaba. Por favor, permítanme que use una expresión un poco demasiado familiar para referirme a esta chica poeta: me caía bien. Si me preguntan por qué, es más que probable que no sepa contestarles. Pero era así, me caía bien. Es posible que lo era por el gozo de vivir, el despejo y esa forma despreocupada de llevar adelante la existencia. También por esa talentosa picardía que desplegaba como bandera de alpinista, por esa alegría desenfadada pero sin ser demasiado estentórea, pero tampoco contenida.

 

Porque se daba su importancia, como casi todo artista. Después de todo no sólo fue mimada en su casa sino que también lo fue como única dama poetisa en el Taller. Y ella no hacía ningún esfuerzo en admitir que le gustaba esa situación de ser vehículo de admiración de tanto macho poeta o no en el Taller literario. Solicito comprensión para que acepten también que use la expresión chica poeta para ella. Nunca para mi dejará de ser chica poeta. Deseo que en el perfil legendario de Sheila quede impresa esta fijación a lo mejor obsesiva pero real.

 

Es que hay muchas facetas de bohemia encantadora, y eso que talvez yo sea el menos memorioso, menos asiduo para reflejar una talla tan angélica de una dama que si hubiese tenido como cotarro a Nueva York o Londres, hubiese dejado meninas a modelos y actrices cuyo único mérito a lo mejor sea la de ser propietarias de mega fortunas o ser amantes de papanatas con cuentas bancarias de 14 o 16 dígitos.

 

Sheila en un escenario modesto fue toda una leyenda.

 

Creo que necesitó mucho coraje para convivir- aunque sea por espacios cortos- con los vándalos bohemios de la Pedrada y, antes, para escribir ese poemario pequeñín y modesto- editorialmente hablando- titulado, Yo, mujer. No está de más recordar que para la época, fue todo un escándalo, igual que lo fue un recital- creo que convocado por Iván Oñate- en la Universidad Central cuando ella competía con la sedienta y preclara poetisa de Lesbos en pleno auditorio de Filosofía y Letras…

 

Recuerdo una vez que nos invitó generosamente a su casa y cuán buena anfitriona era y cómo demostraba un júbilo y ostentación de Heliogábalo femenino.

Al inicio de la década de los ochenta del siglo pasado sobraban los dedos de una mano para contar a las mujeres que estaban dando pinitos en eso que ahora llaman- creo que con demasiado énfasis- liberación femenina.

 

Opino que Sheila rompió muchos esquemas, desde que se engolosinó con su célebre maestro de literatura- o él de ella- hasta cuando viejos verdes de dinero hacían gala de supuestamente estar con ella aunque sea por repechar el qué dirán de los círculos artísticos. No sé si el amor de su vida fue el mosquetero del pincel, Ramiro Jácome, pero me lo pareció cuando se afanaba en rescatar su memoria de él presentando una retrospectiva de su obra y tal vez un poco antes.

 

Con sus ojos de eterna y cruda picardía estudiaba mis reacciones cuando me anunciaba la preparación para la imprenta de un libro suyo de chismes biográficos de los más connotados literatos que atravesaron por su vida, sea o no sean de la Pedrada Zurda. Le encantaba, se gozaba con efusión, viendo mi extrañeza, mi interrogante, talvez mis reservas. Me decía que iba poco menos a no dejar títere con cabeza en el plano de la líbido y las relaciones sociales. Y yo para mis adentros decía- sin dejar de sonreírle- “esta Sheila, no cambia nunca, esta Sheila…”

 

Yo me quedé suspenso en ese día y en ese júbilo sensual de ella cuando me daba nombres de artistas y escenas un poco escabrosas o, al menos comprometedoras. No lo niego, era un ritual escénico que me llevaba a salir de mi seriedad filosófica y a compartir con ella su gozo cuando ella me repetía, “ es que ya está escrito” y “todos quieren que se publique ya este libro que va a ser un best seller”.” ¿Qué te parece, ah?”

Qué me podía parecer si ella imponía su influjo, su embrujo. Decididamente Sheila me caía bien. Hasta luego Sheila Bravo, ya nos veremos pronto.

 —————————————-

Sheyla Bravo, la trasgresora poética

Categoría: Cultura, Quito

 

La última ganadora del premio Jorge Carrera Andrade de poesía, lleva 40 años escribiendo y viviendo como en sus creaciones artísticas. Sigue vigente en la poesía aunque ya no sale de casa.

 

 

La voz de eros parte desde 1829 con Dolores Veintimilla y culmina en 1990 con Clara Mejía, joven de 16 años.

 ———————————————————-

ESCRITO POR JUAN CARLOS ALBUJA    VIERNES, 27 DE NOVIEMBRE DE 2009 00:02

Premio de poesía del Municipio recayó en Sheila Bravo

 

Sería irreverente develar el lado humano de un mito. Por eso para la poetisa Sheyla Bravo seguro fue difícil atender una entrevista desde la cama en la que ahora vive debido a una enfermedad. Sin embargo y fiel a su estilo, esta mujer no se inmuta por el hecho de pasar sus días en el “remanso de jade” como califica al lugar desde el que ahora escribe y recuerda.

 

Luego de 40 años de labor literaria y pictórica, su experiencia sorprende y deleita en igual medida. Desde adolescente fue una experta en provocaciones, lo que le generó incomprensión de profesores, religiosas e inspectoras. A los 15 años fue expulsada definidamente del colegio y nunca volvió a las aulas; a los 17  ya había publicado su primer poemario; antes de los 20 conocía la vida en pareja y otras vivencias.

 

La poesía erótica fue lo suyo. Se confesó como mujer lasciva, ardiente y vital en sus textos encendidos. Descifró con la precisión de una bitácora la belleza del encuentro sexual entre ella, otro cuerpo y todos los cuerpos. Se atrevió a leer en público su obra en universidades y teatros, para disgusto de moralistas y amargados. Jamás militó en un grupo, desechó vanguardias y talleres: tuvo a la autoexclusión como pauta. Solitaria o en compañía se mantuvo a flote, amando.

 

Más “que poeta me considero poética”, dice desde su lecho, con esa voz capaz de descorrer las cortinas de su aposento temporal. Grandes pañuelos y telas concentran en la pequeña habitación los aromas del alcanfor y colonia. Tras su almohada en la que reposa su nuca aparecen algunos libros y en un aparador se ha improvisado un pequeño altar, en el que comparten devociones Buda, Changó y el médico Gregorio Hernández.  “También soy santera”, revela Sheyla desde el revoltijo de sábanas y papeles que la cobijan.

 

No ha perdido la fuerza y a pesar de que le cuesta tomar un esferográfico sigue escribiendo a mano. Luego, sus textos son transcritos a computadora y ella los vuelve a llenar de anotaciones, tachones y marcas en un proceso tortuoso.

 

Edita un libro de cuentos y su autobiografía que ya tiene título: “yo, el mito”. En la misma promete revelaciones y decenas de episodios secretos. Detalles que dotarían de nombre y apellido a varias de sus creaciones previas.

 

Por su trabajo poético recibió el mes pasado el premio “Jorge Carrera Andrade” del Municipio de Quito. Asistió a la ceremonia en silla de ruedas. “Todo un show”, afirma con un fastidio que no busca disimular su dolor por haberse expuesto débil a los ojos de quienes la recuerdan y todavía la consideran un mito.

 

“Me permite una foto”, le digo y luego de pensarlo mucho acepta a pesar de las circunstancias. “Me parece una ironía que la prima donna de Quito no pueda levantarse de la cama”, sentencia y busca un nuevo ángulo de ella misma en el que lucir como la foto en la solapa de sus libros: bella, imponente y trasgresora.

 

—————————————-



 

l Municipio de Quito otorgó el premio “Jorge Carrera Andrade”, dedicado al mejor libro de poesía del año, a la obra de la escritora Sheila Bravo Velásquez con su obra, Poética Completa 1968 – 2008, publicada por Manthra Editores.

 

Seis poemarios individuales componen esta obra: “Fabula de Amores”, “Fiel Retorno”, ”De Eros y Pasiones”, “Estaciones en el Peregrinaje de un Alma I”, “Crónica de un Idilio – Litigio con la Dama Muerte” y “Peregrinaje de un Alma II”.

 

El premio lo entrega el municipio con motivo de las fiestas de fundación de Quito y el jurado calificador estuvo integrado por los poetas Carmen Perdomo, Simón Zavala y Carlos Manuel Arizaga.

 

También  se otorgaron Menciones de Honor a los poemarios: “Como un navío en paz” de Liset Lantigua, nacida en Cuba en 1976, publicado por Manthra Editores; “La invención del Cielo”, de Vicente Robalino, nacido en Ibarra en 1960, publicada por Editorial Eskeletra; y “Esto fuimos en la Felicidad”, de Xavier Oquendo Troncoso, nacido en Ambato en 1972, publicado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

 

 La ceremonia de premiación se realizará el martes 1 de diciembre a las 18:00 en el Salón de la Ciudad.

 

 

La voz de ErosSeyla Bravo (Compiladora)

 

Colección: Con alas propiasTomos: 2Páginas: Tomo I 358    Tomo II 365Publicación: Agosto 2010Género: PoesíaPrecio: $15.00ISBN: 9789978626047

 

Sheyla Bravo Velásquez, Crónicas no autorizadas del Edén, Quito, El Conejo, 2006; 109 pp.

 

Sheyla Bravo Velásquez (Quito, 1953) es una artista de múltiples ten- dencias y promotora cultural. Es coautora y compiladora del volumen La voz del Eros: Dos siglos de poesías eróticas de mujeres ecuatorianas, publicado por Tra- ma en 2005. Sobre este Crónicas no autorizadas del Edén, el poeta Iván Oñate señala: «William Blake, en su segundo libro profético, decía que la imagina- ción no es un estado, sino la propia existencia humana. Fiel a esta convicción, Sheyla Bravo, ha creado un libro totalmente lúdico, encantador, irreverente». ¿Un nuevo evangelio, esta vez según Luzbel? ¿Una Biblia apócrifa? Olvidemos por un momento las etimologías, los cánones, las cuadratu- ras fáciles y adentrémonos en estas páginas. Es mejor recordar, concluye Oñate, que la imaginación, como el pájaro azul de Maeterlink, cambia de color cuando se la enjaula.

 ——————————————

La voz de eros. Dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas (org. Sheyla Bravo Velásquez). Trama Ediciones. Quito, 2006. Visite www.trama.ec.

El 2006 ha sido un año especial para la poesía en el Ecuador. Por primera vez, la Poesía Escrita por Mujeres, fue recogida en una amplísima antología titulada: La voz de Eros, dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas, editada por TRAMA, y que fuera presentada en marzo, en el auditorio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Quito. Se trata de 422  páginas, que reúne a poetas de las 22 provincias del país, donde es posible encontrar las voces femeninas más diversas, auténticas, también las más mediocres, así como, algunos poemas fundacionales de escritoras iconos del país como: Dolores Veintimilla, Lidya Dávila, Mary Corylé, Ileana Espinel y Alicia Yánez.

Una antología extensa, cuya virtud es haber recuperado un vasto universo de poemas de riqueza conceptual, generacional y filosófica, que muestran lo que el Ecuador es en la literatura. A pesar de algunos errores de edición, la antología resulta indispensable en el panorama Latinoamericano porque es el único documento que muestra, un puñado de poemas, de un inmenso grupo de escritoras con varios libros en su trayectoria, hasta quienes aún no han publicado su primer libro.

La antologadora, Sheyla Bravo Velásquez, es también artista plástica, poeta, narradora y una incansable promotora cultural. Su intención fue contribuir a la difusión de la poesía escrita por mujeres, de ahí que el criterio que predominó fuera el de cantidad, mas que el de calidad.

106 poetas conforman este libro que visibiliza las múltiples voces de las mujeres que hablan del universo erótico y su más allá.

Antiguas, decantadas y necesarias voces como las de Aurora Estrada y Ayala, Violeta Luna y Sonia Manzano, se confunden con los más jóvenes y contemporáneos cantos de: Maritza Cino, Margarita Laso, Carmen Váscones, Natalia Enríquez, Susan Rocha, Carolina Patiño y María de los Ángeles Martínez.

La temática que les es común a las poetas de esta antología es el erotismo omnipresente, ese erotismo que es siempre invención, movimiento, variación incesante, ese es el tema del que siempre, las mujeres han escrito, en todas las épocas y en todas las tierras.

Y en esa esfera de Eros, Lydia Dávila, alcanza un brillo muy intenso, suficiente para atravesar los dos siglos recuperados, por la belleza de sus imágenes y la irreverencia de sus poemas en prosa.

La Voz de Eros, un esfuerzo que hay que aplaudirle a Sheyla Bravo Velásquez, porque aún en estos tiempos locos que corren, la poesía continua cuestionando y subvirtiendo el orden. Pero nunca, nunca la poesía deja indiferente a nadie.

[Aleyda Quevedo]

——————————————

 Crónicas no autorizadas del Edén Sheyla Bravo Velásquez

RelatoPrimera Edición, 2006

96 páginas

 

William Blake, en su segundo libro profético, decía que la imaginación no es un estado, sino la propia existencia humana. Fiel a esta convicción, Sheyla Bravo, ha creado un libro totalmente lúdico, encantador, irreverente.

¿Un nuevo evangelio, esta vez según Luzbel? ¿Una Biblia apócrifa?

Olvidemos por un momento las etimologías, los cánones, las cuadraturas fáciles y adentrémonos en estas páginas.

Es mejor recordar que la imaginación, como el pájaro azul de Maeterlink, cambia de color cuando se la enjaula.

Iván Oñate

————————————

Cantos al Eros

Cecilia Ansaldo Briones

Para impulsarme a salir del marasmo pesimista de mis últimos artículos, llega a mi escritorio un libro especialmente simbólico. A fin de cuentas, la penumbra negativa que se expande en nuestro país, aviva la pulsión de muerte que todos llevamos mordiéndonos los talones. Pero si en numerosas páginas se da acogida a la fuerza del deseo amoroso, a sus demandas y exaltaciones, el rostro se nos voltea hacia el polo opuesto: se trata de la vida y sus encantos.Me refiero a La voz de Eros. Dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas, trabajo realizado por la quiteña Sheyla Bravo Velásquez y que viene en grueso volumen acompañado de un disco con poemas de algunas autoras. La antologadora (yo prefiero decir antologista, pero ambas palabras no están autorizadas por la RAE) plantea sus criterios para haber emprendido un esfuerzo de gran magnitud y a mí me parecen generosos: no es lo mismo ofrecer la voz de las mujeres que escriben –como signo de una situación del género femenino en un momento dado– que entregar el producto poético de quienes merezcan ser reconocidas como poetas. Pero esa es una discusión eminentemente literaria.Más provechoso me parece pensar en los avatares del erotismo en la historia de la cultura, que tal aspecto de la vida, no es privativo del arte literario, sino insistente expresión de todos los modos significantes. El cuerpo y sus goces han impuesto siempre su poder al ser humano por mucho que le hayan salido al paso ideologías y religiones, con intención de regularizarlos y someterlos. La muy repetida afirmación de que el instinto solo es irrefrenable en los animales no vale para nuestra humanidad, cuando constatamos que tal fuerza natural impele a procrear. El erotismo no busca la reproducción, refresca la vida con una aplicada creatividad del placer, en el descubrimiento del júbilo carnal.La historia está llena de anécdotas de persecución y condena a quienes fueron exploradores de cuerpos y rompieron las convenciones sociales. Creo que dos hechos explican fundamentalmente esa actitud: el miedo a las apetencias concretas y un ejercicio del poder que ingresa a las alcobas.  Cada sociedad le puso reglas explícitas e implícitas, a la búsqueda del goce.Y una de tantas reglas fue que las mujeres no debían hablar de ese tema. O resultaba indecente o era de mal gusto. Por tanto, la expresión amorosa de las escritoras se quedaba en el limbo de “las más caras afecciones del corazón” como dijo alguna de ellas, entre las que tenían primordial puesto los afectos maternales. Las grandes transformaciones sociales de comienzos del siglo XX también soltaron pensamiento y pluma al respecto. Las mujeres se tomaron el derecho al placer y practicaron una palabra pública, que ha venido cantando en los tonos más reveladores, la experiencia erótica.La poeta Sheyla Bravo niega que el tema se haya puesto de moda en años recientes.Sostiene que “siempre ha estado de moda como una de las máximas inquietudes de nuestra especie”. Pero esa afirmación descuida que solo ahora las poetas son libres para expresarse eróticamente. Y que han prolongado el ahora con una frecuencia que sí raya en el agotamiento de imágenes y recursos literarios. Pero eso es otro tema. Valga esta oportunidad, no más, para recordar y exaltar las alegrías del cuerpo.

 ————————————–

LA VOZ DEL EROS: DOS SIGLOS DE POESIA ERÒTICA DE MUJERES ECUATORIANAS POR SHEILA BRAVO VELAZQUEZ

(Lectura al libro por carmen váscones)

 

 

Cuerpos de palabras, bloques de circunstancias, verbo de Eros.  Historias entremezcladas de tinos y desatinos. 

 

 

Tiempo de placer fuera y dentro del vacío.

 

La voz de eros parte desde 1829 con Dolores Veintimilla y culmina en 1990 con Clara Mejía, joven de 16 años. 

 

Entre los extremos “la palabra ha mudado de rostro” (María Eulalia Rodríguez).  Cortes.  Ausencias. 

 

 

“Poema mordido hasta la mitad” (Sonia Manzano), sumas de espacios entre generaciones.

 

Los extremos no se tocan, no compiten con la distancia.  Los gozos mundanos y sublimes no son contradictorios entre ellas. 

 

 

 

Cada voz tiene su veredicto, su lugar común, su vulgaridad, su privilegio, su consagración.

 

Dolores Veintimilla con su inmortal “Queja”, de imagen acosadora, el centro de su fascinación, el ideal de su amor delirante, “y amarle pude”, erotismo melancólico del desencanto, “victima infausta de un dolor profundo”. ¿Cuál Él?, “sin él eran sombríos mis ojos”, ¿o ella?,  “no olvides Carmen/ no olvides, ¡no! A tu dolores/ por otro amor”.

 

En cambio la jovencilla Clara Mejía con su metáfora casi doncella, rompe la escritura del sufrimiento, desmitifica el alma mater, pavonea con mordacidad su sentimiento, pasión sin rubor, indiferente toca la llaga rival de toda imagen incompleta y “supe que el amor se disfraza de hembra/ se viste varón”. 

 

 

El amor una carne en proceso de descomposiciones y composiciones. 

 

 

 

Allí, la joven palabra inquiere, empapa la voz.  “En mi mundo sin magia/ sin embargo fue ardiente tu frío mirar sin respuesta”.  El cuerpo es una incógnita.

 

La palabra se busca en la huella. La memoria: un delito. La fantasía: un festín de soledad. 

 

El pensamiento un misterio para el otro, entre lo que se dice y no, los actos que no claudican.  El recuerdo acompaña aunque no se quiera a veces.

 

Quien puede callar a estas mujeres que desvistieron el paraíso, que ovularon sus propios inventos.

 

 

 

Que hablan lo que sienten sin preocuparse por el veto de la censura.  Excluyo e incluyo a una que es uno, Roy Sigüenza se sospecha de este George Sand que se escurre entre tantas…es o no una mujer, resulta que no, ¿cómo entró al juego de parecer o hacerlo creer? Se dice la poesía no tiene sexo. 

 

 

 

Lo femenino aprieta la identidad. “tengo una mujer dentro de mí” (Roy Sigüenza).

 

¿Se puede hablar de nudos orgásmicos, posesiones? ¿O hay algo más o qué?

 

 

 

Demasiada belleza provoca miedo.  El horror fascinación.  La muerte no es vacío ni ausencia. 

 

 

 

Es anticipación de ser dentro del no soy.  El límite con lo mundano en el ojo de lo prohibido  y| clandestino ¿quién no está?

 

 

 

 

Sin embargo, la poeta Patricia Noriega dice “se atora en mi coraje la vida”.

 

Trastoca la palabra, “me sedujeron tus formas…/de mujer y varón” (Carolina Portalupi). 

 

 

 

 

El banquete de los antojos subordina, “esclava de ti/ solo hasta que existas para mi obsesión/ o para mi deleite/ serás mi dueño/ (Sheila Bravo).

 

 

 

 

Opípara alucinación del Eros consumando sensaciones. Adoración narcisista incrustada en la intimidad del “nacimiento de la palabra”.

 

Esta Voz de Eros es un debate y una provocación de lo que es y no es poesía.

 

 

 

¿Qué quiere con este libro Sheila Bravo? ¿Es contestatario?, ¿a qué, a quiénes?, ¿a otra mujer, a un hombre? ¿A lo humano consumista del objeto?

 

La antóloga o recopiladora se confiesa sin prejuicio ante un texto que propone y se expresa, no pone el machete en la cabeza de las autoras para señalar cuál está en las ligas mayores o menores, no se trata de comparaciones ni de promocionar a unas ni menoscabar a otras.

 

 

Se siente este libro como una muestra de voces que manifiestan su palabra sin autoexcluirse, y sin pedir permiso a nadie.

 

 

Sheila solo ama la poesía y le sirve.  Con este libro intenta “llenar el vacío de la poesía femenina”.  

 

 

 

Su eje temático en este abordaje es lo erótico, cada una en su diferencia  esencial.

 

Comparte un encuentro de seguir adelante en una escritura que está haciéndose en una intimidad poética que contradice y afirma lo aceptable, la excelencia y lo cuestionable ante los ojos del lector que toma una posición con libertad frente a la obra.

 

 

 

La historia y la poesía desenredan el ovillo de lo oculto.

 

La propuesta poética está en el ruedo de la vida y la muerte.  La ausencia y la palabra contactan. 

 

 

 

¿La erótica humana es un deseo de ser o no?  De no reducirse a la dentellada del instinto. De no dejarse aplastar por un placer que se caótiza con los límites.

 

 

 

El desenfreno cae por su propio peso. Solo el humano sublima y crea y por lo tanto poetiza.

 

Se sufre y se goza la existencia.  El ser analfabeto de su yo nombra al tú. 

 

 

 

Dialoga con la palabra que se escurre entre sus cuerpos para no quedarse cautiva en la cacería de las emociones.  Solo así el arte nace.

 

 

 

Las voces de esta voz de eros  recoge y muestra los caminos de la poética de las mujeres del Ecuador.

carmen váscones

———————-

El Ministerio Coordinador de Patrimonio lamenta profundamente la muerte de la artista ecuatoriana Sheyla Bravo,  y expresa a sus familiares y amigos su pesar.  Sheyla Bravo,  durante toda su vida contribuyó a la cultura nacional, no solo como artista sino también como gestora cultural. Sheyla Bravo nació en Quito, en 1953, en el año de la serpiente de agua, y falleció en Quito el pasado viernes 10 de junio.

Sheyla Bravo fue una artista plástica, escritora y animadora cultural. Publicó además una antología de poesía erótica de mujeres ecuatorianas, cuyas dos ediciones se agotaron rápidamente. Manthra editores publicó, en el 2010, su obra poética completa (1970-2008). También incursionó en la narrativa, publicó Historias no autorizadas del Edén, y luego la novela para niños Un muchacho llamado Bruno. Deja además dos novelas inéditas y su autobiografía Yo, el mito: personaje con textos.

Participó además en varias exposiciones, individuales y colectivas, con sus tapices y obra plástica.  Sheyla fue además una experta en artes mágicas, curativas y en gastronomía, y deja dos libros inéditos: Recetas para alimentar a mi amado y Recetas ancestrales y secretos mágicos.

Fue una permanente animadora cultural a través de la producción de encuentros, festivales y recitales artísticos.

¿Qué será de ti

alma mía

ahora que ya tu envoltura carnal

se agota?

tengo miedo y frío

sé que estoy completamente sola

en este terrorífico trance

y que nadie sino yo misma

me ayudará

Oh hermana

cruel y dolorosa ajusticiadora

permíteme conocer en paz tu misterio

Ayúdame  a aceptarlo

ahora que estoy por emprender esta larga

tal vez eterna travesía.

por sheyla bravo

———————–

Crónicas no autorizadas del Edén
Sheyla Bravo Velásquez

Relato
Primera Edición, 2006
96 páginas

William Blake, en su segundo libro profético, decía que la imaginación no es un estado, sino la propia existencia humana. Fiel a esta convicción, Sheyla Bravo, ha creado un libro totalmente lúdico, encantador, irreverente.

¿Un nuevo evangelio, esta vez según Luzbel? ¿Una Biblia apócrifa?

Olvidemos por un momento las etimologías, los cánones, las cuadraturas fáciles y adentrémonos en estas páginas.

Es mejor recordar que la imaginación, como el pájaro azul de Maeterlink, cambia de color cuando se la enjaula.

Iván Oñate

Sheyla Bravo Velásquez Quito, 1953. Artista de múltiples tendencias y Promotora Cultural. Cultiva las Artes Plásticas, la Literatura, la Artesanía, el Recetario Mágico Médico Popular y el Arte de la Cocina.

Tiene cinco poemarios que están a punto de ser publicados, así como varios cuentos y novelas para niños. Un libro de relatos de ficción espiritual y una novelita porno-erótica. Un libro de recetas mágicas y otros de recetas culinarias. Todo en edición.

Está escribiendo el intento auto-biográfico “Yo, el mito, personaje con textos”.

Es co-autora y compiladora del libro La voz del Eros, Dos siglos de poesías eróticas de mujeres ecuatorianas, publicado por la Editorial Trama.

———————–

 

 

 

 

 

 

 

Sheyla Bravo Velásquez
Quito 1953-2011

Nace en Quito en Diciembre de 1953. Artista autodidacta de múltiples talentos, cultiva la artesanía y las artes plásticas, con las que ha participado en algunas exposiciones individuales y colectivas. En el campo de la literatura infantil destacan los siguientes libros: Un Niño llamado Bruno, Trama Editores; ¿Existen las Hadas?, Editorial Eskeletra. En lo que se refiere a literatura de adultos: Crónicas no autorizadas del Edén, Editorial El Conejo.

————————————-

La voz de Eros
Seyla Bravo (Copiladora)

Colección: Con alas propias
Tomos: 2
Páginas: Tomo I 358
Tomo II 365
Publicación: Agosto 2010
Género: Poesía
Precio: $15.00
ISBN: 9789978626047

Esta Voz de Eros es un debate y una provocación de lo que es y no es poesía.
¿Qué quiere con este libro Seyla Bravo? ¿Es contestatario?, ¿a qué, a quiénes?, ¿a otra mujer, a un hombre? ¿A lo humano consumista del objeto?
La antóloga o recopiladora se confiesa sin prejuicio ante un texto que propone y se expresa, no pone el machete en la cabeza de las autoras para señalar cuál está en las ligas mayores o menores, no se trata de comparaciones ni de promocionar a unas ni menoscabar a otras. Se siente este libro como una muestra de voces que manifiestan su palabra sin autoexcluirse, y sin pedir permiso a nadie.
Seyla solo ama la poesía y le sirve. Con este libro intenta “llenar el vacío de la poesía femenina”. Su eje temático en este abordaje es lo erótico, cada una en su diferencia esencial.
Comparte un encuentro de seguir adelante en una escritura que está haciéndose en una intimidad poética que contradice y afirma lo aceptable, la excelencia y lo cuestionable ante los ojos del lector que toma una posición con libertad frente a la obra. La historia y la poesía desenredan el ovillo de lo oculto.
La propuesta poética está en el ruedo de la vida y la muerte. La ausencia y la palabra contactan, La erótica humana es un deseo de ser. De no reducirse a la dentellada del instinto. De no dejarse aplastar por un placer que se caotiza con los límites. El desenfreno cae por su propio peso. Solo el humano sublima y crea y por lo tanto poetisa.

carmen váscones

:

 

 

 

Comentarios»

1. tuchis - junio 26, 2011

Que chévere la hoja de vida que subiste, muy lindo el texto lo he compartido con todo el mundo que conocía a Sheyla, bueno que yo se que conocía jeje muchas gracias por este post

2. Abdón Parra - febrero 10, 2016

Qué bien! compartirnos la arrebatadora presencia poética de Sheyla Bravo de quien casi nada conocíamos por la mojigatería de nuestros sesudos criticos.-@


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: