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SHEYLA BRAVO VELASQUEZ (QUITO, 1953-2011)CRÓNICAS DE LAS ESTACIONES DE LA FABULA DE LA MUERTE O FIEL AL RETORNO Y LA VOZ DE EROS junio 18, 2011

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Lunes, 19 Septiembre 2011.

Homenaje a Sheyla Bravo Velásquez

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POEMA DE CARMEN VÁSCONES

A sheyla bravo, y  a sus hijas maya y soledad

La princesa de las flores azules anda descalza por camino de piedras

la siguen rana y colibrí

en secreto  van llevando hilos de hojas

ella teje vestido de estrellas sin descanso con sus manitas inquietas

para su muñeca revoltosa

estira manotazos en la buhardilla cómplice

el corazón  salta en cada subida

como canguro tierno dentro de la alforja de su madre

toda atenta mira una escalera de madera  y sin pensarlo

se echa se acomoda y cruza las piernas

parece dueña del mundo en la mitad de la luna

de su sonrisa nace el cielo

coqueta y toda impaciente saca aguja y ensarta gotas de espejos

se prestan como ofrenda a la nada vagabunda

destella  en su piel memoria y trazos de fonemas

de tiara en tiara hace tal diadema

cae como chal de aura en todo su cuerpo de niña

soñando paraíso andrógino

prende fogata

atiza braza

casi incendia al verbo ingobernable en su paila de dudas

se acuerda tiene quiera o no continuar

se levanta coge ramita

en la otra mano aprieta a la traposita negra

con su vestido rojísimo  de  lentejas de agua fuente

parece tocar génesis de cada vástago queriendo saberse si cabe

en los brazos de la vocal acompañante  del vacío

en el destiempo de uno

La soledad va asomando como cueva tierna

Avanza como pensando si algo olvida

hace gesto como si luego qué

coge un pedazo de raíz y la echa a ningún lado

se acuerda casi al último

está a punto de  llegar a la loma de guápulo

¡claro! falta un detalle: sus velitas ¿dónde? ¡ya!

saca de uno de sus bolsillos dos flores amarillas de cera

en ese instante recuerda al mar

se ve echando en la marea  pétalos  mientras llama a changó

va vestida de liencillo y flores blancas

poco a poco se desprende de su cuerpecillo de arena

Queda desnuda la infante no pudiendo creer  ha conocido

esa inmensa sábana celeste que se mueve sin batirla nadie

se pregunta ¿será el espejo del cielo libre de ojos celosos?

Ahora sí

llega allí a loma tan alta

a veces haciendo creer dominamos el miedo

se arrodilla calladamente a un costado con su única acompañante

no sin antes sacar unos fosforitos

prendiéndolos a escondida del viento

sus dos florecillas radiantes como el sol se anidan a los filos

se lo ocurre ponerle un nombre a cada una

Se llamaran Soledad y Maya en la dulce presencia de la existencia

Les dice como cómplices de clarividencia -a que nos cuidamos-

parecen almas siamesas del día y de la noche

Iluminan como vasos comunicantes

para no perder magia de la rayuela

Ahora sí se acuesta a descansar mientras  la tierra  despaciosamente

la cubre con su frazada terracota hasta dejar sólo a la vista

a las dos llamitas desconcertadas  sobre la hierba

Se deja oír algo

es el eco  trayendo una silueta difuminada

inquieta al misterio ocultándose

es el arco iris todo liviano llegando atrapado

hace sonreír a las dos chispitas tristes

lo trae el búho en sus alas envuelto como bufanda

y está no puede más con tanto enredo en las plumas

La danza enigmática  de la ola derrota a la razón

Ya no más pensar en los dos lados de la palabra

nace la voz del encanto en el embrujo del sol

atrapa vacío  sonido de  agua ausentándose

Imagen de fuego y lluvia da tachones a la sombra

El viento desprende memoria cansada de contradecir

ayuno de montañas el abismo del sueño

En sus labios tumba pasión sin respuesta

Los velos del cielo una pupila dejando notar la duda del deseo:

precipicio de eros lucha inacabada

“El tiempo petrificado”

se desborona

El caos falla del crío convocando mitad sin mí

El anhelo  escapa al ser

no quiere lo devore el hastío

Alguien lee  “crónicas del edén”

fábula del momento:

una mujer desafío al destino hasta dar con ella

(No necesitas adivinar quién es)

CRÓNICAS DE LAS ESTACIONES DE LA  FABULA DE LA MUERTE O FIEL AL RETORNO

POR CARMEN VÁSCONES

(ACERCA DE LA OBRA POETICA  COMPLETA DE  SHEYLA BRAVO)

 I PARTE

Nace en 1953, fallece el 2011.  Un camino hizo, trazó un contrasentido, su adolescencia estampó una provocación. Su libro “Yo mujer”, publicado en 1971, produjo un temblor a las emociones constreñidas o contenidas bajo las faldas de la línea imaginaria.  La adolescencia es rebelde quiérase o no, ella desalma los patrones, descara la inocencia, descubre un cuerpo que no quiere estar mudo.  Desata el nudo de los géneros. Las dos caras del mundo, la vida y la muerte, antesala de la palabra, de los sueños y de toda apuesta que conjugamos en el azar del tiempo.  Y desde 2006 al 2009, tuvo una vorágine imparable.  Esto es: la culminación de su resurgir. Su aparición.

La calma no iba con ella.  “Por 10 años como si no hiciese nada como muerta”, así lo graficó en una entrevista, pasó bajo el velo de ser ignorada por los verdugos de la “libre expresión”. A esa crítica “depredadora” la santera, como ella se autodenominaba la ignoró con el silencio por un momento largo.

El enigma del vacío nos envía a un deseo que carecemos o nos provoca citas fallidas con los placeres: el dolor y el goce de existir de una vez por todas en ese chullo cuerpo irremplazable y testigo de las crónicas del acto.

Sheyla, el personaje de su obra: autoexcluida e incluida, rompió el cerco a la regla menstrual con la tinta de sus fantasmas que ni la inmutan ni siquiera en la letra; su psique: acertijos y sonajas de espejos jugando contra el cielo y el delirio quemante.  Lloró, rió y cercó el firmamento bajo sus danzas chamanes. Fecundó al fuego en su útero, doblegó al agua en sus lagrimales. El mar se acostó en la roca mientras ella bañaba de flores a las olas.  Digna de su sueño y de su voz atrapó al viento en móviles.  Le hizo trenzas a las estrellas mientras sus sandalias se gastaban en la pasión del barro.

La red de su memoria un lugar para la nada y el festín de las fantasías.  Ella la dadora de un amor que se da y no se da, que se queda y  se va.  La vida imperfecta cabe en la de/función del verbo: el acta del acto. La fiesta del mito en la huella que te sigue.

La palabra: la cueva para acampar el testimonio del ser que es la red o la celada del deseo. La escritora, es la mujer que jugó con el escándalo, que se burló e ironizó de sí misma.  Su estilo: ritos de ayuno en vasijas de serpientes dejando ver la panza de la memoria.  El eslabón de su enigma es su poesía.  Escribió sin ocultarse de sí. Desnudó a la vida del silencio. La destapó de la represión. Amamantó a Edipo y lo consoló de su desgracia. Le dijo -juega mientras puedas con la inocencia, lo demás será accidente de un eros contrariado en el oráculo. Diluyó la “efímera felicidad” en  sal. Coció al tiempo en tinajas de té amargo.

Se hizo objeto y sujeto de la mira. La mirada se empapa pero calla. Ella hacía hablar al fisgón.  La moral es ojo del solapado, el tocador devuelve la avería de la culpa.  Retorna la censura del mirón.  La boca de la ideología echa los dados en el perverso humor muy ligado con la melancolía: la horca de la palabra.

Ella salió invicta en la lucha con la canallada.

Nada es al azar. La avería de lo femenino y masculino tiembla en la coartada del placer.  El displacer hace regresar al cuerpo para que nadie se abandone  en espejismos de  satisfacciones dentro de la cárcel  de la tierra: los cuerpos enrejados y enredados en el no sé del tótem y tabú que somete desafían siempre.  Saber no es suficiente para abordar los límites con la materia mortal.  Vivir demanda contrariar a la muerte, provocarla hasta dejarla sin pudor. Estigma, restricción y acato o desacato según…

Incluida y excluida de sí misma se autodetermina en su propia huella: mitad cubierta, mitad descubierta. Mitad dolor, mitad frenesí. Mitad luna, mitad sol. Mitad silencio, mitad escándalo.  Mitad ella, mitad una.  Mitad nada, mitad toda. Mitad mía, mitad yo. Mitad voz, mitad vocal. Mitad poesía, mitad verbo. Mitad principio, mitad final.  Mitad soledad, mitad maya. Mitad divina, mitad mortal del tú.

Mitad de mí para quién en la esencia de su poética.

Mitad de sí misma. Mitad ayuno del silencio.  Mitad naciente de la palabra que te nombra. En medio de la memoria desemboca la historia sin mitad. Ella lo dice, “nunca hice  nada ni fui nada, porque lo que  siempre quise es ser poeta”. Contra sí mismo, se la conoció antes y después de la muerte. Su palabra desde el inicio fue polémica. Expulsada, huída. Se refugió y se habitó dentro y fuera del caos. Su pensamiento un desenfado maldito.

La maternidad la acogió. Entre maya y soledad tejió la voz en el telar.

Redescubre poco a poco la ilusión de otra vez retomarse en esa pasión: la creación. Según ella cuenta, “escribía mal a propósito, para que no la tomen en cuenta, que no esperen nada bueno de ella, quería avanzar”. Salir “y poder borrar la imagen en que me había atascado, y quedarme en cero”.  “Y al fin ser libre. Y me liberé de la imagen pero no de la poesía: esa tirana me martirizaba día y noche, seduciéndome, acosándome, sin dejarse poseer por mí como yo quería”…

La vida hace explorar la otra cara del no ser. Hizo muñecas de espejos, de hilos, de papel. Tejió vientres donde depositaba la realidad con su magia y pesadillas, los colgaba en su hombro y salía a pasear por los parques sin que nadie note que contenían sus secretos. Sus momentos oníricos los ponía en lienzo, bordaba su imaginación en  tapices fosforescentes.  En el intento de ser la trama de su vida enganchó al verbo con todos sus defectos y virtudes.  He ahí, la que hubiese sido la que es en su soy que se impuso pese a todo. Su deseo genuino la hizo engendrarse en la letra vivificante.

II PARTE

El arte de salir y entrar al cuerpo creador es la obra que completa a Sheyla.  La mujer que se impuso y no se amputó de la realidad. Guste o disguste su poética, ella la trascendió, la dejo en un lugar donde la muerte no se atreve con la vida.  La existencia espiral del tiempo de la sangre “de la vida a la vida y a mi vida”.

La reescritura y la corrección del verbo imperativo, sea el retorno de la palabra cada vez que no se es.  La poeta invoca a la imaginación, carne de su proyección del “yo que  seré”.  Asume su destino como un mandato del pasado y del futuro.  Se mete al interior del presente de la única otra: ella misma es y no es.

Nutricia mujer, engendras una madre: la poesía en ti crea una identidad, un nombre, una inicial.  Dejas convocar el sonido del agua fuente: la primera música de la infancia.  Su bella voz poética lo dice así: “Oigo tu voz suavísima nombrándome/ regalándome un sonido, una música que me convoque/ en este paraíso dulce/ que es tu cuerpo embarazado de mí/ escuchando estoy tu canción de madre/  la música de mi nombre que me llama a la vida”.

Diosa una: mitad Eva y mitad Lílith: una sola Sheyla,  entre árboles, ríos  acoderas cofrecillos de enigmas, embarras  a la esfinge del génesis, cambias la versión del oráculo, sacas a la bestia de la sombra y la embadurnas con  brebajes de purificación. Cantas a la luna dormida en tu cuerpo mientras la niebla se esconde en la montaña.

En La fuente de la matriz nace el arco iris.

Meces   al ser en tu canto de  “cuna inmensa/mi cuerpo para ti”, cual origen irreverente te sinceras con el fuego, de dejas quemar la figurita que endureces en tu vientre, moldeas el vacío en la angustia de la semilla.

Pisoteas la nada en el parpadeo de la duda. El entendimiento es incompatible con la ideología de la imagen y de la máscara.  El ser refuta  al yo en  ese no soy, tal vez sea, no sea que yo sea, yo no sé. Y así se pasa de aturdido y ofuscado a un instante a refrescarse con la felicidad sin torturas mentales o reales.  Toma su tiempo la escritura que desarma toda adaptación al reglamento que se cumple o se coima.  Ella: el epicentro del interdicto juega y se cita con la vida para constatarla.

La suerte está en sus manos traviesas que desafiaron desnudar todo enigma. Te desarma la infancia con su vulnerabilidad, te hace descender como estrella fugaz en el vértigo de la noche,  enfrentar la soledad del primer aliento, suspiro y soplo mortal.  Suavizas con cascabeles, agua con pétalos, inciensos y túnica la espera del momento.  Alumbras a la pequeña según tú “desconocida en tu vientre”.  Te hablas, le conversas, “y aunque nueve meses convivimos/en profunda intimidad/ ya no estando tú en mí/ eres un misterio casi indescifrado/ que diariamente causa mi estupor”.

Siempre la incógnita, eso de nacer, para qué, por qué, del cómo se dará la ejecución del tiempo.  El sueño no es el acto aunque el germen de toda ilusión está allí, en un punto donde cerramos y abrimos los ojos y fijamos recuerdos, olvidos y espantos. Ahí es donde llamas, me llamas, te llamo, me llamo.  Y sin dejar de nombrarte allí te expresas con un rotundo “te espiaste en mis espejos infantiles/ y en una remotísima memoria yo me miro/ y está en mi rostro tu gesto desdibujado”.

Se mira, contempla a ella, su yo, su tú, se habla a sí misma, escuchémosla, “aturdida la joven madre/ no sabe qué hacer con su juguete nuevo/ y como a un juguete lo trata/ la niña le enseña/ llorando o sonriendo”.  La imagen pura del ser se la devuelve a ese cuerpecillo que no sabe de la intranquilidad del caos, del desorden del vacío en la lujuria, aniquilación y la fuerza de la gravedad en el cuerpo. Atenta a la trama conjuga el nosotros con el ser y sentir.  La poesía se deja leer, su creadora se deja saber, la mujer no sabe qué hacer con el escondite. Un cuerpo desnudo se mira en sus propios ojos. La poeta pacta con sus palabras.  Forcejea con  los pensamientos que parecen pinzas en cordeles rotos.  Ella cuelga los pensamientos en la naturaleza, deletrea un canto más o menos así, “deja que la nada te arrulle hija del viento y del humo heredera como la madre/ del misterio y de la libertad”.

Acoge la Soledad y la Maya de todo ser en el nido de su corazón por siempre.  Hace esperar al verbo entre malabares, juegos y travesuras “qué será, qué será”.  Ronda la pregunta, la horma se rompe, la infancia no es un juguete de trapo.  La infancia tiene boca, origen, un cuerpo a veces intratable, desconocido.  Exige sin saber qué, acaso que la vida se adueñe de él…

La poesía como la infancia son contactos con los juegos aprobados y prohibidos.  Quien encuentra busca, quien busca se desencuentra. Quien se desencuentra se atreve a revolverse en el sinsentido. Flecha su lengua apunta a la actuante,  “hoy tú en  cambio deshechizas mis recuerdos/ insistiéndome en que nos compremos los boletos para ir juntos a visitarla”, a quién más si no a la propia creación, por qué no a la luna misma, abrase visto, no se deja comer al cuento, toda reflexiva, inquisitiva la poeta, la mujer, la maga, la madre, la amante  en falta, en duda y comprometida se alía con los personajes que habita.

Se confronta consigo, se siente, se describe como “una mamá que no es como son todas las demás”, que a veces el tiempo y la realidad la raptaban “en esa confusión/ demencia/ miedo/ tal vez olvido/ sólo espanto de ti misma/ solo olvido”.  Ser tú sin ser yo. En el hastío de hurgarse,  desencontrarse, deshabitarse, se agota  de perseguir ese algo inubicable, casi inatrapable, así lo sitia, “y yo ya no puedo esconderme de su acoso / (se refiere al destino) que es lo peor que esconderme de mí misma/ yo ya no puedo huirte/ porque me están tragando sin remedio/ los más oscuros laberinto de mi propia identidad”.

La poeta se mira, se agota, se desenamora, quiere derrotar y domesticar a la bestia.  Sabe para siempre que “el rito de morir es una acción de solitarios”. Anhela desintegrarse. Lo refiere así,  “dejar esta forma ya  tan mísera/ esta cáscara fracturada/ sus mitos, sus apegos y sus repeticiones/ y volver a encontrarme reconocida en un acto de fe/ y en un espacio donde tú no alcanzas…no puedo contaminarte con mi último alarido”. Despelleja la piel turbulenta y extenuada. Anhela: “y esté libre al fin/ de esta inmensa tortura de ser y no ser… este perpetuo deambular en un mundo estéril/ donde de tanto no tenerme/ solo soy reflejo de un reflejo sentido alguna vez/ cuando la vida apenas me empezaba”.  En esas vivencias que la construían y destruían, allí el drama o la comedia de su hilvanarse en su yo: “en mi infatigable decisión de experimentarlo todo/ o de evolucionar…” “en esta vorágine apenas comprensible que es mi vida”.  Lo femenino y masculino bohemia de la desconocida o conocida en la  duda luego qué.

Consumó eros en el teatro de sus sentidos.  La crónica de su edén y peregrinaje se alejó de la seducción de la nada, ya que eso era como jugar a la ruleta rusa, ¿quién se dispara a quién en ese placer suicida? O como ella lo descifra “orgasmo suicida”. En la carne del enamoramiento y del espanto la poeta se devela, se desvela, se vela, se ve, se autodefine, “quizás soy como una sirena/ sin órganos adecuados para el amor”, perteneció al mar, al fluctuante movimiento de las aguas. Y al cautiverio de un eros voraz que se flecharía consigo, que le lanzaba el dardo hasta dar con ella para rendirla. La poesía la recogía y la salvaba, la alejaba del horror, la hacía mirarse en sus pupilas, y las dos se decían en una voz, “ayer fui enamorada por mí mismo”.  Su doble papel la arrincona a la fascinación, vence a la muerte con ironía, le crea ilusión a la muerte, la hace creer que la vida la encanta…

Habla desde la voz poética a la vida que la inscribió en su nombre, le dice -“nada te he ocultado/ conoces mis vicios/ mis límites y mis fantasmas”.  En la encrucijada del dolor la luz se hizo en su poder femenino, se dio la vida sin desquite ni quítese  de ahí.  Se dejo caer encima la gotita de rocío en la raíz de lo amoroso auténtico aún.  Ella no se inventó. Eran dos en una mitad de su otra mitad, dentro de sí la carencia de la presencia y la ausencia.  Diría fue  tres con su palabra que la conllevó a desafiar el destino sin reserva con un basta de seguirte, con un ahora tú me sigues y vas a saber de mí.  Con su radical: no renuncio a mí, en lo único que tiene, su fidelidad al retorno.

La poética de su vida, dilemas y propuesta escritural.

 

III PARTE

El vacío no se llena.  La poeta se plantea “la cura de la esclavitud de los deseos”, cómo, volviéndose a parir en su única oportunidad, como una perla preñada de sí misma pare otra igual y desemejante, va “descaminando los desfiladeros de la memoria”.  La pasión que habitó fue “como una espada adherida a mi ser”.  Sentencia, “viuda es mi alma”, el amor es ciego en los amantes, es huérfano del tiempo, “es un desgarre del ser” que deambula “como ánima resentida/que aborrece la paz de su tumba” “en esta quimera que es el vivir”.  La poesía la escribió a Sheyla, ella no se opuso, se dejo ser la vida para esa palabra, se dio todo el tiempo, dispuso una escritura lenta, no se apuró.

En la soledad de su cuerpo descendió al caos, la red de maya amortiguó no caiga al abismo, se ofrendó al vacío para llenarlo de poesía, quedó desnuda de nada para no quedar presa en el dolor inservible de un presagio sin paz para nadie. Sheyla se descubre, se cubre, se amanece viendo a la luna dormir, quiere saldar cuentas. Se amparó en la soledad acompañante para aprender a escucharse.  La escritura no la abandonó nunca, la reescribe, la crea, ella la anota en silencio, a mano, teje su nombre, hace dibujos, pinta,  cose, teje, no se maquilla, destapa la olla de barro y ve en el fondo “una vida enviciada en el error”.  Se enfrenta. Entre lápiz, pluma y borradores estaba la guardiana que observaba y atrapaba los impases de la vida y la muerte irreconciliables. La lucidez de esta mujer destapó los desvaríos del vacío en el cuerpo de un espejo donde ya no hay nada que mirar.  Melancolía de papel la fábula del despertar y eso de salir de amores que no son tal en el “litigio con la dama muerte”.

Quiere un vientre redentor, la poesía se hace útero, la pare para siempre para que se vuelva a nombrar, para que salga de la prisión del cuerpo.  Quiere un encuentro con la ternura, quiere una boda de ayuno, quiere un abrazo de pura compañía donde reviva su piel otro momento de peregrinación y estación con su alma inhabitada ¿acaso retornar a la raíz sin tentación?, según ella, al encuentro con el “andrógino original” sin culpa, sin expulsión, sin éxodo sin condena  “de no estar en mí”.   Se debe a la poesía, la poesía la completa, le habla, la devuelve  a sí misma. Clama “absuélveme de las consecuencias de mi ignorancia”.  Ella luz y oscuridad del fantasma en su “quién soy”.

La fascinante Sheyla nos deja su poética, sus fábulas, sus cuentos; la estela de su ternura y algo más: nos deja su mismidad en lo que quiso ser siempre, en definitiva la voz de ella.

carmen vàscones

09/11

 

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LA VOZ DEL EROS

DOS SIGLOS DE POESIA ERÒTICA DE MUJERES ECUATORIANAS POR SHEILA BRAVO VELAZQUEZ

(por armen váscones) 

 

Cuerpos de palabras, bloques de circunstancias, verbo de Eros.  Historias entremezcladas de tinos y desatinos.  Tiempo de placer fuera y dentro del vacío.

La voz de eros parte desde 1829 con Dolores Veintimilla y culmina en 1990 con Clara Mejía, joven de 16 años.  Entre los extremos “la palabra ha mudado de rostro” (María Eulalia Rodríguez).  Cortes.  Ausencias.  “Poema mordido hasta la mitad” (Sonia Manzano), sumas de espacios entre generaciones.

Los extremos no se tocan, no compiten con la distancia.  Los gozos mundanos y sublimes no son contradictorios entre ellas.  Cada voz tiene su veredicto, su lugar común, su vulgaridad, su privilegio, su consagración.

Dolores Veintimilla con su inmortal “Queja”, de imagen acosadora, el centro de su fascinación, el ideal de su amor delirante, “y amarle pude”, erotismo melancólico del desencanto, “victima infausta de un dolor profundo”. ¿Cuál Él?, “sin él eran sombríos mis ojos”, ¿o ella?,  “no olvides Carmen/ no olvides, ¡no! A tu dolores/ por otro amor”.

En cambio la jovencilla Clara Mejía con su metáfora casi doncella, rompe la escritura del sufrimiento, desmitifica el alma mater, pavonea con mordacidad su sentimiento, pasión sin rubor, indiferente toca la llaga rival de toda imagen incompleta y “supe que el amor se disfraza de hembra/ se viste varón”.  El amor una carne en proceso de descomposiciones y composiciones.  Allí, la joven palabra inquiere, empapa la voz.  “En mi mundo sin magia/ sin embargo fue ardiente tu frío mirar sin respuesta”.  El cuerpo es una incógnita.

La palabra se busca en la huella. La memoria: un delito. La fantasía: un festín de soledad.  El pensamiento un misterio para el otro, entre lo que se dice y no, los actos que no claudican.  El recuerdo acompaña aunque no se quiera a veces.

Quien puede callar a estas mujeres que desvistieron el paraíso, que ovularon sus propios inventos. Que hablan lo que sienten sin preocuparse por el veto de la censura.  Excluyo e incluyo a una que es uno, Roy Sigüenza se sospecha de este George Sand que se escurre entre tantas…es o no una mujer, resulta que no, ¿cómo entró al juego de parecer o hacerlo creer? Se dice la poesía no tiene sexo.  Lo femenino aprieta la identidad. “tengo una mujer dentro de mí” (Roy Sigüenza).

¿Se puede hablar de nudos orgásmicos, posesiones? ¿O hay algo más o qué?

Demasiada belleza provoca miedo.  El horror fascinación.  La muerte no es vacío ni ausencia.  Es anticipación de ser dentro del no soy.  El límite con lo mundano en el ojo de lo prohibido  y| clandestino ¿quién no está?

Sin embargo, la poeta Patricia Noriega dice “se atora en mi coraje la vida”.

Trastoca la palabra, “me sedujeron tus formas…/de mujer y varón” (Carolina Portalupi).  El banquete de los antojos subordina, “esclava de ti/ solo hasta que existas para mi obsesión/ o para mi deleite/ serás mi dueño/ (Sheila Bravo).

Opípara alucinación del Eros consumando sensaciones. Adoración narcisista incrustada en la intimidad del “nacimiento de la palabra”.

Esta Voz de Eros es un debate y una provocación de lo que es y no es poesía. ¿Qué quiere con este libro Sheila Bravo? ¿Es contestatario?, ¿a qué, a quiénes?, ¿a otra mujer, a un hombre? ¿A lo humano consumista del objeto?

La antóloga o recopiladora se confiesa sin prejuicio ante un texto que propone y se expresa, no pone el machete en la cabeza de las autoras para señalar cuál está en las ligas mayores o menores, no se trata de comparaciones ni de promocionar a unas ni menoscabar a otras. Se siente este libro como una muestra de voces que manifiestan su palabra sin autoexcluirse, y sin pedir permiso a nadie.

Sheila solo ama la poesía y le sirve.  Con este libro intenta “llenar el vacío de la poesía femenina”.  Su eje temático en este abordaje es lo erótico, cada una en su diferencia  esencial.

Comparte un encuentro de seguir adelante en una escritura que está haciéndose en una intimidad poética que contradice y afirma lo aceptable, la excelencia y lo cuestionable ante los ojos del lector que toma una posición con libertad frente a la obra. La historia y la poesía desenredan el ovillo de lo oculto.

La propuesta poética está en el ruedo de la vida y la muerte.  La ausencia y la palabra contactan.  La erótica humana es un deseo de ser.  De no reducirse a la dentellada del instinto. De no dejarse aplastar por un placer que se caótiza con los límites. El desenfreno cae por su propio peso. Solo el humano sublima y crea y por lo tanto poetiza.

Se sufre y se goza la existencia.  El ser analfabeto de su yo nombra al tú.  Dialoga con la palabra que se escurre entre sus cuerpos para no quedarse cautiva en la cacería de las emociones.  Solo así el arte nace.

Las voces de esta voz de eros  recoge y muestra los caminos de la poética de las mujeres del Ecuador.

carmen váscones

14/07/2006

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La escritora ecuatoriana Sheyla Bravo Velásquez, quien falleció el pasado mes de junio, será homenajeada por la Casa de la Cultura Ecuatoriana con la presentación de dos de sus libros ‘La voz de eros’ y un texto que recoge la obra poética de la artista.
El primero de ellos es una compilación de poesía erótica de 110 mujeres que plasmaron sus ideas a través de la palabra durante dos siglos. Esta antología, realizada por Bravo en el 2006, es un recorrido que parte del trabajo de Dolores Veintimilla de Galindo (1829) y termina con Clara Mejía (1990). En esta ocasión la Casa de la Cultura presenta su segunda edición.
Según palabras expresadas por Bravo, en el prólogo de la primera edición de ‘La voz de eros’,  esta compilación se efectuó con el propósito de mostrar la participación de la mujer en el mundo literario. “Decidí asumir la comprometida tarea de hacer una muestra panorámica de la poesía escrita por mujeres en el Ecuador que tuviera alcance nacional, para que así existiéramos en bloque, contundentemente, con una presencia importante y vasta de las letras ecuatorianas y no como una casualidad aislada, como si fuera excepcional que una mujer escriba poesía”, dice el texto.
La poeta Carmen Vásconez, quien intervendrá en la presentación de los textos que se llevará a cabo el próximo jueves a las 19:00 en el Teatro Prometeo de la Casa de la Cultura (Quito), señala que una de las virtudes de esta antología es que no se categoriza a las poetas, simplemente se da cabida a las voces de quienes manifestaron su palabra “sin excluirse y sin pedir permiso”.
La segunda publicación se denomina ‘Obra poética completa de Sheyla Bravo Velásquez’, la misma que junta seis libros: ‘Crónica de un idilio –  litigio con la Dama Muerte’, la primera y segunda parte de ‘Estaciones en el peregrinaje de un alma’, ‘Fábula de eros y pasiones’, ‘Fábula de amores’ y ‘Fiel retorno’.
La labor de Sheyla en el mundo de las artes, no se conforma con la escritura, pues según explica el poeta, Xavier Oquendo, esta mujer de grandes sueños, se dedico también al campo de la plástica y la gestión cultural.

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Sheyla Bravo Velásquez Quito, 1953. Artista de múltiples tendencias e incansable Promotora Cultural. Cultivó las Artes Plásticas, la Literatura, la Artesanía, el Recetario Mágico Médico Popular y el Arte de la Cocina.

 

Exposiciones plásticas

 

Antakharana

Galería de arte Banco de los Andes. Mayo, 1991, Quito

 

Publicaciones

 

Yo mujer. Poesía. Quito, 1971.

 

La voz de Eros. Dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas. Trama ediciones. Quito , 2006.

 

Crónica no autorizadas del edén. Picaresca casi apóstata. Editorial El Conejo. Quito, 2006.

 

Un muchacho llamado Bruno. Trama ediciones. Quito , 2006.

 

¿Existen las hadas? Eskeletra Editorial. Quito , 2009.

 

La voz de Eros, Poesía erótica de 110 mujeres ecuatorianas. Segunda edición corregida y aumentada. Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana. Quito, 2010.

 

 

Tiene cinco poemarios que están a punto de ser publicados, así como varios cuentos y novelas para niños. Un libro de relatos de ficción espiritual y una novelita porno-erótica. Un libro de recetas mágicas y otros de recetas culinarias. Todo en edición.

Está escribiendo el intento auto-biográfico “Yo, el mito, personaje con textos”.

Es co-autora y compiladora del libro La voz del Eros, Dos siglos de poesías eróticas de mujeres ecuatorianas, publicado por la Editorial Trama.

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REVISTA ROCINANTE,Julio 2011R2 ROCINANTE Julio 2011

Sheyla Bravo
Poemas de la autora recientemente
fallecida

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La muerte y su “asquerosa puntualidad”

 Pablo Salgado Jácome

 Fue una mujer apasionada y luchadora. Animó la vida cultural de Quito, no solo como poeta, como artista, sino, ella misma, como personaje protagónico. Animó la vida nocturna de la ciudad, en un momento (demasiado largo) en que la capital se acostaba temprano y el frío era el único habitante de la noche. Animó la poesía, cuando se atrevió a develar la desnudez y la eroticidad que también era (es) parte del quehacer literario de las ecuatorianas, cuando publicó (hace diez años) la primera antología de la poesía erótica de mujeres. Fue además una mujer solidaria y apegada a las causas de los demás, sobre todo de las mujeres. Bullanguera y radical, siempre con alguna iniciativa cultural bajo el brazo. Siempre soñando, sobre todo lo imposible. Siempre amando, con desenfado y lujuria, como debe ser.  Así era Sheyla Bravo Velásquez.

No se trata de confirmar la regla; aquella de que no hay muerto malo. No, se trata de valorar las acciones de vida de quienes se entregaron a las causas perdidas: trabajar por la cultura, por las mujeres, por los pobres.  Se trata de ser grato con quienes, sin obtener ni exigir nada a cambio, se dedicaron a intentar vivir con dignidad, con pasión, con sueños. Sheyla era, en esencia, una soñadora que disfrutaba provocando y rompiendo moldes, sobre todo aquellos llenos de moho y caspa.  Fue protagonista de la época del dorado de la movida cultural de Guápulo, cuando músicos, pintores, bailarinas, teatreros, poetas, hippies, locos y malandrines se juntaron para dar vida a una comunidad que despertó a Quito y la impulsó a la modernidad cultural. Entonces se descubrió que en la noche (pese al frío y los curuchupas) también podía vivirse, y se abrieron cantinas, bares, galerías, teatros y, cuando no, la propia calle era un escenario en donde se predicaban sueños, se transformaba el mundo y se luchaba contra las imposturas y los autoritarios.           

La muerte de Sheyla coincide con la de Jorge Seprún, ese gran escritor galo-español que luchó contra el nazismo primero y, luego, contra el franquismo. Fue ministro de cultura de Felipe González y nos legó una gran lección: no renunció jamás al cuestionamiento ni a sus ideas. Y como bien dice Joaquín Hernández, tuvo el coraje de no haber caído jamás en los juegos del poder.

Sheyla nos deja además varios libros inéditos, de poesía, novelas para niños, recetas ancestrales y hasta de esoterismo. Pero además su autobiografía, en la que ya se asumía como mito y personaje. Así era también Sheyla, transgresora.  Por eso nos duele su partida, a pesar de que, como ya lo dijo el gran Cholo Vallejo, la muerte siempre llega con una asquerosa puntualidad.


Sheila me caía bien, pero ya no está

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Por Fabián Núñez Baquero

12/06/2011

 No pude despedirme de Sheila Bravo . Abrí el correo pasadas las 18 horas y ya estaba ahí el anuncio de su deceso y entierro escrito por el poeta Ricardo Torres, por los compañeros de la Pedrada Zurda en su correo virtual.

 

Sheila era una muchacha alegre y bulliciosa, metida en todo y con todos y yo la quiero recordar así, con esa órbita de simpatía y fascinada interrogación que siempre la rondaba. Por favor, permítanme que use una expresión un poco demasiado familiar para referirme a esta chica poeta: me caía bien. Si me preguntan por qué, es más que probable que no sepa contestarles. Pero era así, me caía bien. Es posible que lo era por el gozo de vivir, el despejo y esa forma despreocupada de llevar adelante la existencia. También por esa talentosa picardía que desplegaba como bandera de alpinista, por esa alegría desenfadada pero sin ser demasiado estentórea, pero tampoco contenida.

 

Porque se daba su importancia, como casi todo artista. Después de todo no sólo fue mimada en su casa sino que también lo fue como única dama poetisa en el Taller. Y ella no hacía ningún esfuerzo en admitir que le gustaba esa situación de ser vehículo de admiración de tanto macho poeta o no en el Taller literario. Solicito comprensión para que acepten también que use la expresión chica poeta para ella. Nunca para mi dejará de ser chica poeta. Deseo que en el perfil legendario de Sheila quede impresa esta fijación a lo mejor obsesiva pero real.

 

Es que hay muchas facetas de bohemia encantadora, y eso que talvez yo sea el menos memorioso, menos asiduo para reflejar una talla tan angélica de una dama que si hubiese tenido como cotarro a Nueva York o Londres, hubiese dejado meninas a modelos y actrices cuyo único mérito a lo mejor sea la de ser propietarias de mega fortunas o ser amantes de papanatas con cuentas bancarias de 14 o 16 dígitos.

 

Sheila en un escenario modesto fue toda una leyenda.

 

Creo que necesitó mucho coraje para convivir- aunque sea por espacios cortos- con los vándalos bohemios de la Pedrada y, antes, para escribir ese poemario pequeñín y modesto- editorialmente hablando- titulado, Yo, mujer. No está de más recordar que para la época, fue todo un escándalo, igual que lo fue un recital- creo que convocado por Iván Oñate- en la Universidad Central cuando ella competía con la sedienta y preclara poetisa de Lesbos en pleno auditorio de Filosofía y Letras…

 

Recuerdo una vez que nos invitó generosamente a su casa y cuán buena anfitriona era y cómo demostraba un júbilo y ostentación de Heliogábalo femenino.

Al inicio de la década de los ochenta del siglo pasado sobraban los dedos de una mano para contar a las mujeres que estaban dando pinitos en eso que ahora llaman- creo que con demasiado énfasis- liberación femenina.

 

Opino que Sheila rompió muchos esquemas, desde que se engolosinó con su célebre maestro de literatura- o él de ella- hasta cuando viejos verdes de dinero hacían gala de supuestamente estar con ella aunque sea por repechar el qué dirán de los círculos artísticos. No sé si el amor de su vida fue el mosquetero del pincel, Ramiro Jácome, pero me lo pareció cuando se afanaba en rescatar su memoria de él presentando una retrospectiva de su obra y tal vez un poco antes.

 

Con sus ojos de eterna y cruda picardía estudiaba mis reacciones cuando me anunciaba la preparación para la imprenta de un libro suyo de chismes biográficos de los más connotados literatos que atravesaron por su vida, sea o no sean de la Pedrada Zurda. Le encantaba, se gozaba con efusión, viendo mi extrañeza, mi interrogante, talvez mis reservas. Me decía que iba poco menos a no dejar títere con cabeza en el plano de la líbido y las relaciones sociales. Y yo para mis adentros decía- sin dejar de sonreírle- “esta Sheila, no cambia nunca, esta Sheila…”

 

Yo me quedé suspenso en ese día y en ese júbilo sensual de ella cuando me daba nombres de artistas y escenas un poco escabrosas o, al menos comprometedoras. No lo niego, era un ritual escénico que me llevaba a salir de mi seriedad filosófica y a compartir con ella su gozo cuando ella me repetía, “ es que ya está escrito” y “todos quieren que se publique ya este libro que va a ser un best seller”.” ¿Qué te parece, ah?”

Qué me podía parecer si ella imponía su influjo, su embrujo. Decididamente Sheila me caía bien. Hasta luego Sheila Bravo, ya nos veremos pronto.

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Sheyla Bravo, la trasgresora poética

Categoría: Cultura, Quito

 

La última ganadora del premio Jorge Carrera Andrade de poesía, lleva 40 años escribiendo y viviendo como en sus creaciones artísticas. Sigue vigente en la poesía aunque ya no sale de casa.

 

 

La voz de eros parte desde 1829 con Dolores Veintimilla y culmina en 1990 con Clara Mejía, joven de 16 años.

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ESCRITO POR JUAN CARLOS ALBUJA    VIERNES, 27 DE NOVIEMBRE DE 2009 00:02

Premio de poesía del Municipio recayó en Sheila Bravo

 

Sería irreverente develar el lado humano de un mito. Por eso para la poetisa Sheyla Bravo seguro fue difícil atender una entrevista desde la cama en la que ahora vive debido a una enfermedad. Sin embargo y fiel a su estilo, esta mujer no se inmuta por el hecho de pasar sus días en el “remanso de jade” como califica al lugar desde el que ahora escribe y recuerda.

 

Luego de 40 años de labor literaria y pictórica, su experiencia sorprende y deleita en igual medida. Desde adolescente fue una experta en provocaciones, lo que le generó incomprensión de profesores, religiosas e inspectoras. A los 15 años fue expulsada definidamente del colegio y nunca volvió a las aulas; a los 17  ya había publicado su primer poemario; antes de los 20 conocía la vida en pareja y otras vivencias.

 

La poesía erótica fue lo suyo. Se confesó como mujer lasciva, ardiente y vital en sus textos encendidos. Descifró con la precisión de una bitácora la belleza del encuentro sexual entre ella, otro cuerpo y todos los cuerpos. Se atrevió a leer en público su obra en universidades y teatros, para disgusto de moralistas y amargados. Jamás militó en un grupo, desechó vanguardias y talleres: tuvo a la autoexclusión como pauta. Solitaria o en compañía se mantuvo a flote, amando.

 

Más “que poeta me considero poética”, dice desde su lecho, con esa voz capaz de descorrer las cortinas de su aposento temporal. Grandes pañuelos y telas concentran en la pequeña habitación los aromas del alcanfor y colonia. Tras su almohada en la que reposa su nuca aparecen algunos libros y en un aparador se ha improvisado un pequeño altar, en el que comparten devociones Buda, Changó y el médico Gregorio Hernández.  “También soy santera”, revela Sheyla desde el revoltijo de sábanas y papeles que la cobijan.

 

No ha perdido la fuerza y a pesar de que le cuesta tomar un esferográfico sigue escribiendo a mano. Luego, sus textos son transcritos a computadora y ella los vuelve a llenar de anotaciones, tachones y marcas en un proceso tortuoso.

 

Edita un libro de cuentos y su autobiografía que ya tiene título: “yo, el mito”. En la misma promete revelaciones y decenas de episodios secretos. Detalles que dotarían de nombre y apellido a varias de sus creaciones previas.

 

Por su trabajo poético recibió el mes pasado el premio “Jorge Carrera Andrade” del Municipio de Quito. Asistió a la ceremonia en silla de ruedas. “Todo un show”, afirma con un fastidio que no busca disimular su dolor por haberse expuesto débil a los ojos de quienes la recuerdan y todavía la consideran un mito.

 

“Me permite una foto”, le digo y luego de pensarlo mucho acepta a pesar de las circunstancias. “Me parece una ironía que la prima donna de Quito no pueda levantarse de la cama”, sentencia y busca un nuevo ángulo de ella misma en el que lucir como la foto en la solapa de sus libros: bella, imponente y trasgresora.

 

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l Municipio de Quito otorgó el premio “Jorge Carrera Andrade”, dedicado al mejor libro de poesía del año, a la obra de la escritora Sheila Bravo Velásquez con su obra, Poética Completa 1968 – 2008, publicada por Manthra Editores.

 

Seis poemarios individuales componen esta obra: “Fabula de Amores”, “Fiel Retorno”, ”De Eros y Pasiones”, “Estaciones en el Peregrinaje de un Alma I”, “Crónica de un Idilio – Litigio con la Dama Muerte” y “Peregrinaje de un Alma II”.

 

El premio lo entrega el municipio con motivo de las fiestas de fundación de Quito y el jurado calificador estuvo integrado por los poetas Carmen Perdomo, Simón Zavala y Carlos Manuel Arizaga.

 

También  se otorgaron Menciones de Honor a los poemarios: “Como un navío en paz” de Liset Lantigua, nacida en Cuba en 1976, publicado por Manthra Editores; “La invención del Cielo”, de Vicente Robalino, nacido en Ibarra en 1960, publicada por Editorial Eskeletra; y “Esto fuimos en la Felicidad”, de Xavier Oquendo Troncoso, nacido en Ambato en 1972, publicado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

 

 La ceremonia de premiación se realizará el martes 1 de diciembre a las 18:00 en el Salón de la Ciudad.

 

 

La voz de ErosSeyla Bravo (Compiladora)

 

Colección: Con alas propiasTomos: 2Páginas: Tomo I 358    Tomo II 365Publicación: Agosto 2010Género: PoesíaPrecio: $15.00ISBN: 9789978626047

 

Sheyla Bravo Velásquez, Crónicas no autorizadas del Edén, Quito, El Conejo, 2006; 109 pp.

 

Sheyla Bravo Velásquez (Quito, 1953) es una artista de múltiples ten- dencias y promotora cultural. Es coautora y compiladora del volumen La voz del Eros: Dos siglos de poesías eróticas de mujeres ecuatorianas, publicado por Tra- ma en 2005. Sobre este Crónicas no autorizadas del Edén, el poeta Iván Oñate señala: «William Blake, en su segundo libro profético, decía que la imagina- ción no es un estado, sino la propia existencia humana. Fiel a esta convicción, Sheyla Bravo, ha creado un libro totalmente lúdico, encantador, irreverente». ¿Un nuevo evangelio, esta vez según Luzbel? ¿Una Biblia apócrifa? Olvidemos por un momento las etimologías, los cánones, las cuadratu- ras fáciles y adentrémonos en estas páginas. Es mejor recordar, concluye Oñate, que la imaginación, como el pájaro azul de Maeterlink, cambia de color cuando se la enjaula.

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La voz de eros. Dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas (org. Sheyla Bravo Velásquez). Trama Ediciones. Quito, 2006. Visite www.trama.ec.

El 2006 ha sido un año especial para la poesía en el Ecuador. Por primera vez, la Poesía Escrita por Mujeres, fue recogida en una amplísima antología titulada: La voz de Eros, dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas, editada por TRAMA, y que fuera presentada en marzo, en el auditorio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Quito. Se trata de 422  páginas, que reúne a poetas de las 22 provincias del país, donde es posible encontrar las voces femeninas más diversas, auténticas, también las más mediocres, así como, algunos poemas fundacionales de escritoras iconos del país como: Dolores Veintimilla, Lidya Dávila, Mary Corylé, Ileana Espinel y Alicia Yánez.

Una antología extensa, cuya virtud es haber recuperado un vasto universo de poemas de riqueza conceptual, generacional y filosófica, que muestran lo que el Ecuador es en la literatura. A pesar de algunos errores de edición, la antología resulta indispensable en el panorama Latinoamericano porque es el único documento que muestra, un puñado de poemas, de un inmenso grupo de escritoras con varios libros en su trayectoria, hasta quienes aún no han publicado su primer libro.

La antologadora, Sheyla Bravo Velásquez, es también artista plástica, poeta, narradora y una incansable promotora cultural. Su intención fue contribuir a la difusión de la poesía escrita por mujeres, de ahí que el criterio que predominó fuera el de cantidad, mas que el de calidad.

106 poetas conforman este libro que visibiliza las múltiples voces de las mujeres que hablan del universo erótico y su más allá.

Antiguas, decantadas y necesarias voces como las de Aurora Estrada y Ayala, Violeta Luna y Sonia Manzano, se confunden con los más jóvenes y contemporáneos cantos de: Maritza Cino, Margarita Laso, Carmen Váscones, Natalia Enríquez, Susan Rocha, Carolina Patiño y María de los Ángeles Martínez.

La temática que les es común a las poetas de esta antología es el erotismo omnipresente, ese erotismo que es siempre invención, movimiento, variación incesante, ese es el tema del que siempre, las mujeres han escrito, en todas las épocas y en todas las tierras.

Y en esa esfera de Eros, Lydia Dávila, alcanza un brillo muy intenso, suficiente para atravesar los dos siglos recuperados, por la belleza de sus imágenes y la irreverencia de sus poemas en prosa.

La Voz de Eros, un esfuerzo que hay que aplaudirle a Sheyla Bravo Velásquez, porque aún en estos tiempos locos que corren, la poesía continua cuestionando y subvirtiendo el orden. Pero nunca, nunca la poesía deja indiferente a nadie.

[Aleyda Quevedo]

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 Crónicas no autorizadas del Edén Sheyla Bravo Velásquez

RelatoPrimera Edición, 2006

96 páginas

 

William Blake, en su segundo libro profético, decía que la imaginación no es un estado, sino la propia existencia humana. Fiel a esta convicción, Sheyla Bravo, ha creado un libro totalmente lúdico, encantador, irreverente.

¿Un nuevo evangelio, esta vez según Luzbel? ¿Una Biblia apócrifa?

Olvidemos por un momento las etimologías, los cánones, las cuadraturas fáciles y adentrémonos en estas páginas.

Es mejor recordar que la imaginación, como el pájaro azul de Maeterlink, cambia de color cuando se la enjaula.

Iván Oñate

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Cantos al Eros

Cecilia Ansaldo Briones

Para impulsarme a salir del marasmo pesimista de mis últimos artículos, llega a mi escritorio un libro especialmente simbólico. A fin de cuentas, la penumbra negativa que se expande en nuestro país, aviva la pulsión de muerte que todos llevamos mordiéndonos los talones. Pero si en numerosas páginas se da acogida a la fuerza del deseo amoroso, a sus demandas y exaltaciones, el rostro se nos voltea hacia el polo opuesto: se trata de la vida y sus encantos.Me refiero a La voz de Eros. Dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas, trabajo realizado por la quiteña Sheyla Bravo Velásquez y que viene en grueso volumen acompañado de un disco con poemas de algunas autoras. La antologadora (yo prefiero decir antologista, pero ambas palabras no están autorizadas por la RAE) plantea sus criterios para haber emprendido un esfuerzo de gran magnitud y a mí me parecen generosos: no es lo mismo ofrecer la voz de las mujeres que escriben –como signo de una situación del género femenino en un momento dado– que entregar el producto poético de quienes merezcan ser reconocidas como poetas. Pero esa es una discusión eminentemente literaria.Más provechoso me parece pensar en los avatares del erotismo en la historia de la cultura, que tal aspecto de la vida, no es privativo del arte literario, sino insistente expresión de todos los modos significantes. El cuerpo y sus goces han impuesto siempre su poder al ser humano por mucho que le hayan salido al paso ideologías y religiones, con intención de regularizarlos y someterlos. La muy repetida afirmación de que el instinto solo es irrefrenable en los animales no vale para nuestra humanidad, cuando constatamos que tal fuerza natural impele a procrear. El erotismo no busca la reproducción, refresca la vida con una aplicada creatividad del placer, en el descubrimiento del júbilo carnal.La historia está llena de anécdotas de persecución y condena a quienes fueron exploradores de cuerpos y rompieron las convenciones sociales. Creo que dos hechos explican fundamentalmente esa actitud: el miedo a las apetencias concretas y un ejercicio del poder que ingresa a las alcobas.  Cada sociedad le puso reglas explícitas e implícitas, a la búsqueda del goce.Y una de tantas reglas fue que las mujeres no debían hablar de ese tema. O resultaba indecente o era de mal gusto. Por tanto, la expresión amorosa de las escritoras se quedaba en el limbo de “las más caras afecciones del corazón” como dijo alguna de ellas, entre las que tenían primordial puesto los afectos maternales. Las grandes transformaciones sociales de comienzos del siglo XX también soltaron pensamiento y pluma al respecto. Las mujeres se tomaron el derecho al placer y practicaron una palabra pública, que ha venido cantando en los tonos más reveladores, la experiencia erótica.La poeta Sheyla Bravo niega que el tema se haya puesto de moda en años recientes.Sostiene que “siempre ha estado de moda como una de las máximas inquietudes de nuestra especie”. Pero esa afirmación descuida que solo ahora las poetas son libres para expresarse eróticamente. Y que han prolongado el ahora con una frecuencia que sí raya en el agotamiento de imágenes y recursos literarios. Pero eso es otro tema. Valga esta oportunidad, no más, para recordar y exaltar las alegrías del cuerpo.

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LA VOZ DEL EROS: DOS SIGLOS DE POESIA ERÒTICA DE MUJERES ECUATORIANAS POR SHEILA BRAVO VELAZQUEZ

(Lectura al libro por carmen váscones)

 

 

Cuerpos de palabras, bloques de circunstancias, verbo de Eros.  Historias entremezcladas de tinos y desatinos. 

 

 

Tiempo de placer fuera y dentro del vacío.

 

La voz de eros parte desde 1829 con Dolores Veintimilla y culmina en 1990 con Clara Mejía, joven de 16 años. 

 

Entre los extremos “la palabra ha mudado de rostro” (María Eulalia Rodríguez).  Cortes.  Ausencias. 

 

 

“Poema mordido hasta la mitad” (Sonia Manzano), sumas de espacios entre generaciones.

 

Los extremos no se tocan, no compiten con la distancia.  Los gozos mundanos y sublimes no son contradictorios entre ellas. 

 

 

 

Cada voz tiene su veredicto, su lugar común, su vulgaridad, su privilegio, su consagración.

 

Dolores Veintimilla con su inmortal “Queja”, de imagen acosadora, el centro de su fascinación, el ideal de su amor delirante, “y amarle pude”, erotismo melancólico del desencanto, “victima infausta de un dolor profundo”. ¿Cuál Él?, “sin él eran sombríos mis ojos”, ¿o ella?,  “no olvides Carmen/ no olvides, ¡no! A tu dolores/ por otro amor”.

 

En cambio la jovencilla Clara Mejía con su metáfora casi doncella, rompe la escritura del sufrimiento, desmitifica el alma mater, pavonea con mordacidad su sentimiento, pasión sin rubor, indiferente toca la llaga rival de toda imagen incompleta y “supe que el amor se disfraza de hembra/ se viste varón”. 

 

 

El amor una carne en proceso de descomposiciones y composiciones. 

 

 

 

Allí, la joven palabra inquiere, empapa la voz.  “En mi mundo sin magia/ sin embargo fue ardiente tu frío mirar sin respuesta”.  El cuerpo es una incógnita.

 

La palabra se busca en la huella. La memoria: un delito. La fantasía: un festín de soledad. 

 

El pensamiento un misterio para el otro, entre lo que se dice y no, los actos que no claudican.  El recuerdo acompaña aunque no se quiera a veces.

 

Quien puede callar a estas mujeres que desvistieron el paraíso, que ovularon sus propios inventos.

 

 

 

Que hablan lo que sienten sin preocuparse por el veto de la censura.  Excluyo e incluyo a una que es uno, Roy Sigüenza se sospecha de este George Sand que se escurre entre tantas…es o no una mujer, resulta que no, ¿cómo entró al juego de parecer o hacerlo creer? Se dice la poesía no tiene sexo. 

 

 

 

Lo femenino aprieta la identidad. “tengo una mujer dentro de mí” (Roy Sigüenza).

 

¿Se puede hablar de nudos orgásmicos, posesiones? ¿O hay algo más o qué?

 

 

 

Demasiada belleza provoca miedo.  El horror fascinación.  La muerte no es vacío ni ausencia. 

 

 

 

Es anticipación de ser dentro del no soy.  El límite con lo mundano en el ojo de lo prohibido  y| clandestino ¿quién no está?

 

 

 

 

Sin embargo, la poeta Patricia Noriega dice “se atora en mi coraje la vida”.

 

Trastoca la palabra, “me sedujeron tus formas…/de mujer y varón” (Carolina Portalupi). 

 

 

 

 

El banquete de los antojos subordina, “esclava de ti/ solo hasta que existas para mi obsesión/ o para mi deleite/ serás mi dueño/ (Sheila Bravo).

 

 

 

 

Opípara alucinación del Eros consumando sensaciones. Adoración narcisista incrustada en la intimidad del “nacimiento de la palabra”.

 

Esta Voz de Eros es un debate y una provocación de lo que es y no es poesía.

 

 

 

¿Qué quiere con este libro Sheila Bravo? ¿Es contestatario?, ¿a qué, a quiénes?, ¿a otra mujer, a un hombre? ¿A lo humano consumista del objeto?

 

La antóloga o recopiladora se confiesa sin prejuicio ante un texto que propone y se expresa, no pone el machete en la cabeza de las autoras para señalar cuál está en las ligas mayores o menores, no se trata de comparaciones ni de promocionar a unas ni menoscabar a otras.

 

 

Se siente este libro como una muestra de voces que manifiestan su palabra sin autoexcluirse, y sin pedir permiso a nadie.

 

 

Sheila solo ama la poesía y le sirve.  Con este libro intenta “llenar el vacío de la poesía femenina”.  

 

 

 

Su eje temático en este abordaje es lo erótico, cada una en su diferencia  esencial.

 

Comparte un encuentro de seguir adelante en una escritura que está haciéndose en una intimidad poética que contradice y afirma lo aceptable, la excelencia y lo cuestionable ante los ojos del lector que toma una posición con libertad frente a la obra.

 

 

 

La historia y la poesía desenredan el ovillo de lo oculto.

 

La propuesta poética está en el ruedo de la vida y la muerte.  La ausencia y la palabra contactan. 

 

 

 

¿La erótica humana es un deseo de ser o no?  De no reducirse a la dentellada del instinto. De no dejarse aplastar por un placer que se caótiza con los límites.

 

 

 

El desenfreno cae por su propio peso. Solo el humano sublima y crea y por lo tanto poetiza.

 

Se sufre y se goza la existencia.  El ser analfabeto de su yo nombra al tú. 

 

 

 

Dialoga con la palabra que se escurre entre sus cuerpos para no quedarse cautiva en la cacería de las emociones.  Solo así el arte nace.

 

 

 

Las voces de esta voz de eros  recoge y muestra los caminos de la poética de las mujeres del Ecuador.

carmen váscones

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El Ministerio Coordinador de Patrimonio lamenta profundamente la muerte de la artista ecuatoriana Sheyla Bravo,  y expresa a sus familiares y amigos su pesar.  Sheyla Bravo,  durante toda su vida contribuyó a la cultura nacional, no solo como artista sino también como gestora cultural. Sheyla Bravo nació en Quito, en 1953, en el año de la serpiente de agua, y falleció en Quito el pasado viernes 10 de junio.

Sheyla Bravo fue una artista plástica, escritora y animadora cultural. Publicó además una antología de poesía erótica de mujeres ecuatorianas, cuyas dos ediciones se agotaron rápidamente. Manthra editores publicó, en el 2010, su obra poética completa (1970-2008). También incursionó en la narrativa, publicó Historias no autorizadas del Edén, y luego la novela para niños Un muchacho llamado Bruno. Deja además dos novelas inéditas y su autobiografía Yo, el mito: personaje con textos.

Participó además en varias exposiciones, individuales y colectivas, con sus tapices y obra plástica.  Sheyla fue además una experta en artes mágicas, curativas y en gastronomía, y deja dos libros inéditos: Recetas para alimentar a mi amado y Recetas ancestrales y secretos mágicos.

Fue una permanente animadora cultural a través de la producción de encuentros, festivales y recitales artísticos.

¿Qué será de ti

alma mía

ahora que ya tu envoltura carnal

se agota?

tengo miedo y frío

sé que estoy completamente sola

en este terrorífico trance

y que nadie sino yo misma

me ayudará

Oh hermana

cruel y dolorosa ajusticiadora

permíteme conocer en paz tu misterio

Ayúdame  a aceptarlo

ahora que estoy por emprender esta larga

tal vez eterna travesía.

por sheyla bravo

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Crónicas no autorizadas del Edén
Sheyla Bravo Velásquez

Relato
Primera Edición, 2006
96 páginas

William Blake, en su segundo libro profético, decía que la imaginación no es un estado, sino la propia existencia humana. Fiel a esta convicción, Sheyla Bravo, ha creado un libro totalmente lúdico, encantador, irreverente.

¿Un nuevo evangelio, esta vez según Luzbel? ¿Una Biblia apócrifa?

Olvidemos por un momento las etimologías, los cánones, las cuadraturas fáciles y adentrémonos en estas páginas.

Es mejor recordar que la imaginación, como el pájaro azul de Maeterlink, cambia de color cuando se la enjaula.

Iván Oñate

Sheyla Bravo Velásquez Quito, 1953. Artista de múltiples tendencias y Promotora Cultural. Cultiva las Artes Plásticas, la Literatura, la Artesanía, el Recetario Mágico Médico Popular y el Arte de la Cocina.

Tiene cinco poemarios que están a punto de ser publicados, así como varios cuentos y novelas para niños. Un libro de relatos de ficción espiritual y una novelita porno-erótica. Un libro de recetas mágicas y otros de recetas culinarias. Todo en edición.

Está escribiendo el intento auto-biográfico “Yo, el mito, personaje con textos”.

Es co-autora y compiladora del libro La voz del Eros, Dos siglos de poesías eróticas de mujeres ecuatorianas, publicado por la Editorial Trama.

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Sheyla Bravo Velásquez
Quito 1953-2011

Nace en Quito en Diciembre de 1953. Artista autodidacta de múltiples talentos, cultiva la artesanía y las artes plásticas, con las que ha participado en algunas exposiciones individuales y colectivas. En el campo de la literatura infantil destacan los siguientes libros: Un Niño llamado Bruno, Trama Editores; ¿Existen las Hadas?, Editorial Eskeletra. En lo que se refiere a literatura de adultos: Crónicas no autorizadas del Edén, Editorial El Conejo.

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La voz de Eros
Seyla Bravo (Copiladora)

Colección: Con alas propias
Tomos: 2
Páginas: Tomo I 358
Tomo II 365
Publicación: Agosto 2010
Género: Poesía
Precio: $15.00
ISBN: 9789978626047

Esta Voz de Eros es un debate y una provocación de lo que es y no es poesía.
¿Qué quiere con este libro Seyla Bravo? ¿Es contestatario?, ¿a qué, a quiénes?, ¿a otra mujer, a un hombre? ¿A lo humano consumista del objeto?
La antóloga o recopiladora se confiesa sin prejuicio ante un texto que propone y se expresa, no pone el machete en la cabeza de las autoras para señalar cuál está en las ligas mayores o menores, no se trata de comparaciones ni de promocionar a unas ni menoscabar a otras. Se siente este libro como una muestra de voces que manifiestan su palabra sin autoexcluirse, y sin pedir permiso a nadie.
Seyla solo ama la poesía y le sirve. Con este libro intenta “llenar el vacío de la poesía femenina”. Su eje temático en este abordaje es lo erótico, cada una en su diferencia esencial.
Comparte un encuentro de seguir adelante en una escritura que está haciéndose en una intimidad poética que contradice y afirma lo aceptable, la excelencia y lo cuestionable ante los ojos del lector que toma una posición con libertad frente a la obra. La historia y la poesía desenredan el ovillo de lo oculto.
La propuesta poética está en el ruedo de la vida y la muerte. La ausencia y la palabra contactan, La erótica humana es un deseo de ser. De no reducirse a la dentellada del instinto. De no dejarse aplastar por un placer que se caotiza con los límites. El desenfreno cae por su propio peso. Solo el humano sublima y crea y por lo tanto poetisa.

carmen váscones

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La injuria, el insulto, la palabra poética, la realidad: Lacan y vuelta a la metáfora Iris M. Zavala junio 18, 2011

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 La injuria, el insulto, la palabra poética, la realidad: Lacan y      vuelta a la metáfora

  Iris M. Zavala

 

basta con escuchar la poesía, como era sin duda el caso de F. de Saussure, para que se haga escuchar en ella una polifonía y para que todo discurso muestre alinearse sobre los varios pentagramas de una partitura. Lacan

 

 

Poesía / creación

Comienzo por trazar las líneas de fuga que persigo. Si la poesía es creación de un sujeto que asume un nuevo orden de relación simbólica con el mundo, hemos de repensar en la función del arte en nuestra contemporaneidad. El arte, lo único que nos permite es sublimar y nos conduce, a través del lenguaje, a domesticar al depredador que todos llevamos dentro. La sublimación, el resplandor de la belleza de Antígona; la sublimación es una modalidad de recubrir y, a la vez, de hacer surgir lo real al que el sujeto se confronta. Comienzo citando a Lacan en El deseo y su interpretación  (Sem. 6 1958): “el uso de la palabra deseo, la transmisión del término y de la función del deseo en la poesía, es algo que, diría, reencontraremos “après-coup” si llevamos bastante lejos nuestra investigación”. Lo esencial del psicoanálisis lacaniano es recordarnos que el ser procede del lenguaje, de lo simbólico pero de diferentes maneras; el amor inventa el ser, y el odio lo petrifica produciendo silencio. Y, en La psicosis (Sem. 3 1955-56),  afirma: Hay poesía cada vez que un escrito nos introduce en un mundo diferente al nuestro y dándonos la presencia de un ser, de determinada relación fundamental, lo hace nuestro también. La poesía hace que no podamos dudar de la autenticidad de la experiencia de San Juan de la Cruz, ni de Proust, ni de Gerard de Nerval.” Soy consciente de que  remitir a Lacan es quedar expuesto al embate de un entrecruzamiento de temas y de jergas que obligan al lector a un trabajo de descifre -como escribió  Oscar Masotta-. Continúo.

¿Queda lugar hoy para la metáfora, en esta época del capitalismo tardío, cuando la palabra no es fides, y navegamos sin ética, por un mar de letras petrificadas y comercializadas por el marketing, y lo que es peor, cuando las tendencias que dominan la época se encuentran en la realidad virtual de la televisión? ¿Qué hacer hoy con la palabra poética, con las metáforas? Palabra poética entendida como escritura desatada, en prosa o en verso. La poesía no es ni hablar en rima, ni  decir cosas bellas. Se recordará que poesía es poiêsis, creación. En la orientación lacaniana la poesía está más cerca del Witz -el chiste- que del alejandrino. La potencia de provocar dolor, de enfermar, de matar, de curar, es inherente a la palabra. Sin olvidar que el silencio, la injuria, la humillación son formas de violencia, las que asume el malestar en nuestra civilización occidental en nuestra actualidad. Vivimos en la civilización del odio, la competencia, y la agresión, un mundo donde la palabra es insulto, violencia, y una desmetaforización de la palabra que solo apunta a lo real, ¿cómo, pues,  restablecer la palabra poética? Si la escritura es la creación de un sujeto que asume un nuevo orden de relación simbólica con el mundo, es imperioso retomarla… Pero, ¿cómo hacerlo en un mundo despoetizado que va a lo real, a aquel fantasma anterior a las imágenes y las palabras con las cuales pretendemos  capturarlo? Lo real nos trasciende y nos antecede a la vez, y a partir de aquí ya estamos instalados en los dominios de la paradoja.

No sólo en las artes, también en el cine y la televisión -añado- se puede encontrar la ideología en su máxima pureza, con su universo extremadamente agresivo, horrible, la lucha por la supervivencia y, en cierto modo, son mucho más realistas que lo que se percibe a diario en la realidad precisamente porque son fruto de la imaginación, sostiene Slavoj Zizek. La televisión, más popularizada, se ha convertido, además, en  instrumento de intromisión en la vida del otro, disolviendo las diferencias entre lo privado y lo público. Y algo más, la implosión de los sentidos produce una evaporación de los significados.  Inspirándome en Walter Benjamín, podríamos decir que la historia es un cementerio de significantes vacíos…. Hoy, la libertad -término paradójico- tiene su  envés: la libertad de expresión que refrenda el insulto, el agravio y la mentira. Pero la democracia conlleva un compromiso ético, y éste posee una dimensión estética; aunque, hoy en día, la libertad se confunde con el libre cambio y con la libertad de precios; la economía de mercado, el ¡sálvese quien pueda! del neoliberalismo actual. Perdón por el zigzagueo; lo sentí necesario para vertebrar mi discurso.

Poesía en tiempos de cólera

          Conviene describir el nuevo malestar en la cultura. Nuestra época se caracteriza por las guerras lejanas, las invasiones, la amenaza islamista, la explotación más cruenta, y la esclavitud de millones de seres que malviven en el tercer mundo y el primero, el del progreso y la empresa privada. La creciente concentración de la riqueza y la indiscriminada explotación de los recursos naturales dejan en abandono a los “condenados de la tierra”, que decía Frantz Fannon. Y, por si fuera poco, una realidad construida con los medios de comunicación, piercings (lo que se clava en el cuerpo para tener algo), libros que no se leen, la acumulación, el individualismo a ultranza como rechazo de lo colectivo, y, además, la inseguridad, la violencia… Y, ante todo esto, ¿qué hacemos?; o tomamos una posición crítica, o dejamos que se infiltre en nuestras vidas. En efecto (sigo a Zizek), somos objetos sacudidos por la civilización del odio. El odio que no tomamos en cuenta más que en momentos puntuales, y otro más cercano, con diversas formas de violencia contra el semejante, como el maltrato, las amenazas, la persecución, y fenómenos de nueva aparición, como el mobbing y el buylling. Sin dejar de lado los fundamentalismos del tercer mundo, o los fundamentalismos de la moderna mayoría norteamericana. Y, ante todo, la judicialización de la vida cotidiana, la desaparición del respeto y de la distancia simbólica. El tuteo generalizado es una de sus formas, la gerontofobia que se percibe en algunas de nuestras instituciones, en las prejubilaciones que dejan al sujeto a la deriva, y un culto a la juventud que asoma su rostro en todos los ámbitos de la cultura y lo social. La eterna juventud es la meta, y la medicina pone al servicio de todos, la cirugía estética, que se ofrece como panacea, desde la manera de cambiar el sexo, a transformaciones en el propio cuerpo, que se presentan como espectáculo televisivo.

¿No hay aquí algo muy significativo que nos permitiría dar un paso más en la función  del insulto, que repercute en la escritura de nuestra contemporaneidad?  En El rechazo de la metáfora y la destrucción del otro, Paula Hochman nos recuerda que la violencia en la sociedad actual se origina en que es una sociedad científica, cuyos lazos sociales están estructurados por el discurso de la ciencia y en los términos del capitalismo. Pero la ciencia es un discurso que necesita rechazar al sujeto, rechazar lo que en psicoanálisis se denomina el Nombre del Padre, es decir, el rechazo de la metáfora. La ciencia no se dirige al equívoco (topos del sujeto), sino a la explicación incuestionable del objeto. La ciencia necesita excluir lo equívoco, lo paradójico, lo enigmático, lo particular… La injuria y el insulto son además actos de habla poderosísimos, toda la obra teatral de Shakespeare se apoya en el insulto -la injuria-, que, como cualquier juicio se dirige al sujeto y tiene la función de afirmar su existencia mediante atributos. En Hamlet,  encontramos este tipo de palabra ofensiva: una vez que Ofelia ha muerto, en tanto objeto de amor,  “I did you love once” -“Te he amado antes”-, le dice Hamlet. Las relaciones con Ofelia tienen un regusto de cruel agresión, de sarcasmo llevado demasiado lejos, que crean las escenas más extrañas de toda la literatura clásica (Lacan El deseo y su interpretación Sem. 6 1959).

Rebobino. Prosigamos con una lectura del “malestar en la civilización” repensándolo a partir de los efectos del lenguaje normativo sobre el sujeto. En todos estos fenómenos se puede decir que prima el silencio sobre las expresiones culturales, en particular la escritura, aunque se digan muchas cosas, ante todo, banalidades. Surgen así distintas maneras de hablar sin hablar, de hablar sin decir nada, hecho evidente en la vida diaria. Hoy se vive al día, y todo el mundo dice que ¡goza!… Un goce obsceno que diría Lacan, el que no civiliza… Este superávit de goce complica el problema de la responsabilidad con el otro. Sin embargo el sujeto es enteramente responsable del goce que siente en su arranque agresivo. El lenguaje se emplea para agredir, amenazar, desafiar, retar, pero ya sabemos en nuestra propia carne que algunas palabras dejan huella, tienen capacidad de marca, porque las palabras tienen poder. Son aquellas marcas del significante de un significado reprimido de la conciencia del sujeto. Símbolo escrito sobre la carne,  participa del lenguaje por la ambigüedad semántica en su propia constitución. Si fuera una palabra de ejercicio pleno, incluiría el discurso del otro en el secreto de su cifra. Esa mediación simbólica que realiza una sustitución del flechazo por la injuria, tiene un nombre que viene del campo de la retórica: Metáfora (nos recuerda acertadamente Paula Hochman).

El insulto aparece como sustitución de la acción ofensiva, pasa a ser el arma de los que no tienen armas, de los que no tienen poder y se contentan mancillando la lengua; contra la creación mediática de nuevas -falsas reales- identidades. No he de perseguir estas vías, pero en esta lógica del simulacro, con tanta seducción, tanta escena mediática, un goce obsceno obtura el lazo social; en definitiva, una circunstancia histórica que propicia el optimismo, creando lo que Lacan llamaría una semblantización -ilusoria- del mundo, el exceso propio de una cultura que quiere a toda costa recuperar el tiempo perdido…. En suma, à la recherche al precio que sea (aunque sea la propia destrucción).

Y añado un plus, mi plus de goce. Este mundo sin pasado, de carpe diem, es expresión, además, de un nuevo momento de dominación militar y económica en todo el mundo; una cultura cuyo reverso es “la sangre, la tortura, la muerte y el horror” (escribe Jameson, en Ensayos sobre el posmodernismo). Justamente se evita, así, el ejercicio de la política de la memoria histórica; aun contando con la improbabilidad, en las actuales condiciones, de la memoria misma (como, por ejemplo, en la construcción de Proust), y proponiendo, en su lugar, una problematización de la misma, en la medida en que ya no contaríamos ni con un campo referencial ni con las estrategias discursivas capaces de hacerse cargo de la experiencia. Las disciplinas que pretenden abordarla han sido disueltas por la ideología, en tanto ésta es constitutiva de cada uno de los momentos del objeto.

Estoy de acuerdo con Fredric Jameson, cuando sostiene que si se ha disuelto la memoria, parece improbable articular esa experiencia, la de hoy y la de ayer. Las disciplinas -en su fragmentación- tendrían que crear nuevos instrumentos; la estrategia misma, como posibilidad, ingresa en el territorio de la reconsideración y de la duda, y a la memoria -en sus múltiples formas- sólo llegan rastros, huellas, como entidades mínimamente reconocibles, puesto que han sido narradas e impuestas en lo social, en un movimiento que llaman las “ruinas del proyecto moderno”. De tal forma que la historia reciente se vuelve inenarrable, más allá de los “hechos”, que han sido modelados por los diversos dispositivos de poder que organizan el capital y la ideología -lo virtual-, y el pasado, cercano o lejano, se vuelve imposible de articular en lo que es hoy un vago remedo de experiencia. Y así, en la medida en que la pregunta por el “origen” se reviste de toda la gravedad -de la ideología-, toda narración del pasado, en consecuencia, adquiere un rango sagrado, esto, es, ideológico.

Y no se trata de eso. Desacralizar por una parte, y “poetizar”. Si lo que caracteriza a la poesía es la tonalidad, en tanto esta abre la posibilidad a una conmoción estética que tiene efecto en el cuerpo, es decir, si la poesía es resonancia en el cuerpo, aparece entonces, como claro que si hay poesía, hay acotamiento de goce… Una palabra por otra, tal es la fórmula de la metáfora, y “si sois poeta, produciríais, como por juego, un surtidor continuo, incluso un tejido deslumbrante de metáforas”, dice Lacan en La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud (1957, Escritos 1).

Rebobino, una vez más. Es decir, se pretende imponer un discurso unívoco, “transparente”, y se concibe el insulto como un intento de máxima comunicación donde se entiende todo (hasta en el desamor se recurre a un resto de insultos para reducir al otro, la significación  proviene del odio; y si el amor, como nos recuerda Lacan en La metáfora del sujeto, se nutre de equívocos y malentendidos, deja como desecho el silencio, donde el amor se ahoga).

Si, en efecto, la lengua -de aquí toma su punto de partida Saussure- es el fruto de una maduración, de una madurez, que se cristaliza en el uso; la poesía resulta de una violencia hecha a este uso, pero -me pregunto con Heidegger- ¿para qué poetas en tiempos de penuria? Hoy apenas si entendemos la pregunta. ¿Cómo podríamos entonces comprender la respuesta de Hölderlin? Para el filósofo, forma parte de la esencia del poeta que en semejante era es verdaderamente poeta el que, a partir de la penuria de los tiempos, la poesía y el oficio y vocación del poeta se conviertan en cuestiones poéticas. Es por eso por lo que los “poetas en tiempos de penuria” deben decir expresa y poéticamente la esencia de la poesía. Donde esto ocurre se puede presumir una poesía que se acomoda al destino de la época. Nosotros, añade el filósofo, debemos aprender a escuchar el decir de estos poetas, suponiendo que no nos engañemos al pasar de largo por delante de ese tiempo que -cobijándolo- oculta al ser, desde el momento en que calculamos el tiempo únicamente a partir de “lo que existe”; desde el momento en que lo desmembramos. Heidegger no podría ser más claro: decir poéticamente la esencia de la poesía. Y si la palabra constituye al sujeto, el lenguaje es instrumento privilegiado de la cultura. “Ahora bien, toda palabra llama a una respuesta. Mostraremos que no hay palabra sin respuesta -escribe Lacan-, incluso si no encuentra más que el silencio, con tal de que tenga un oyente, y que éste es el meollo de su función en el análisis” (Escritos 1, 237). Se percibe la voz de Bajtin: “Toda palabra tendrá su fiesta de resurrección”.

Realismo hoy

¿Retomar el realismo? Este consiste en la identificación de la representación con el referente, de tal forma que el signo queda conceptualizado como el nombre de la cosa. Se aspira a la transparencia de la representación, privilegiando lo que resulte de su relación con los objetos. Es fundamental el concepto de realidad; Lacan mantiene que nuestra percepción de la realidad está condicionada por la fantasía, de tal forma que la fantasía decide lo que es la realidad, pero no en un sentido idealista de que la realidad no existe, y que soñamos. La realidad para Lacan, no es lo que está afuera, sino lo que no se acepta como realidad, y, para volver aceptable tal realidad, es necesario incluir algunas coordenadas fantasmáticas.

Intentando “despegar” la escritura poética de su herramienta retórica por excelencia, la metáfora, un grupo de poetas argentinos de los noventa pretendía sortear tanto lo simbólico como lo imaginario, con el fin de acercarse lo más posible a lo que justamente la retórica falla siempre en representar: lo real -escribe Tamara Kamenzain en Testimoniar sin metáfora. La poesía argentina de los 90-. Y continúa, si las cámaras de los reality shows vienen a apaciguar, con la tecnología de su maquinaria realista, el vacío que abre esa imposibilidad de representar lo real, estos poetas parecen buscar todo lo contrario usando una metodología aparentemente idéntica. El supuesto efecto de show de la realidad intenta promover un encuentro, justo donde la “literatura” había ejercido una separación: habla y escritura, literatura y vida, forma y contenido, significante y significado… De esta manera, emprenden un trabajo profanatorio que implica el empezar siempre de cero, como si no hubiera tradición literaria, o como si los datos de esa tradición pasaran, descarnadamente, a tener otra función. No sé si esos poetas han logrado su objetivo, que se parece a una visión descontructivista de la poesía.

Si la escritura es una huella donde se lee un efecto de lenguaje, como quiere Lacan, el nubarrón del lenguaje hace escritura. Lacan sitúa así el significante del lado de lo simbólico y la escritura del lado de lo real; “es el surco del torrente del significado…”, es decir, de lo imaginario; la letra es una precipitación del significante. Ese nubarrón de lenguaje, me arrastra hacia lo metafórico. La metáfora supone -y me amparo, de nuevo, en Lacan (Las psicosis, Sem 3)- que una significación es el dato que domina y desvía, rige, el uso del significante, de tal manera que todo tipo de conexión preestablecida, diría lexical, queda desanudada, ya que la significación arranca el significante de sus conexiones lexicales.

Mi propuesta de una vuelta a la metáfora parte de dos premisas, si el realismo supone una fidelidad al modo en que las cosas “realmente” son, se mantiene vivo lo que las vincula. Pero el realismo es metonímico, no metáforico. Nos inspira en parte la concepción lacaniana de lo Real: aquello que se resiste a ser formulado (simbolizado) y a ser representado (imaginado). No pone el acento en la realidad “tal cual es”, sino en la falta, en el vacío de lo irrepresentable. En Arte y multitud, Toni Negri concibe lo real en el arte como un encuentro, un acontecimiento que irrumpe en el desierto de la abstracción posmoderna. “Cuando se arrebata la realidad a la verdad no se le puede seguir llamando verdad. Es lo real lo que se ha vuelto verdadero”. Deleuze, en Diálogos, llama a la unidad real mínima “agenciamiento”, y un escritor sería quien inventa “agenciamientos” a partir de otros ya inventados. Así, pues, el escritor, a diferencia del “autor”, es el que escribe con el mundo, no en nombre de él. Ya Foucault sostiene en Arqueología del saber que “…un enunciado es siempre un acontecimiento que ni la lengua ni el sentido pueden agotar por completo”.

Pero -y repito-, si la percepción de la realidad está condicionada por la fantasía, ésta decide lo que es la realidad. Parto entonces de dos estatutos de la metáfora, el efecto de sentido y el efecto de agujero, uno trata de generar sentido para que nada cambie, y, el otro, que trabajando con el sentido se orienta hacia lo real. “Y es que el sentido, es quizá la orientación. Pero la orientación no es un sentido”, aclara Lacan en El synthome (Sem. 23 1976). Podría ser, por tanto, una definición del estilo poético decir que éste comienza con la metáfora, y que allí donde no hay metáfora, tampoco hay poesía.

La metáfora abre el sentido crítico del pensamiento hacia el futuro, y se requiere del uso de la metáfora como forma de expresión clave para asumir la responsabilidad ética y mantener la racionalidad comunicativa. Dado que la metáfora abre el sentido crítico del pensamiento hacia el futuro, ética y alteridad forman un nudo indisoluble. Si vinculamos la metáfora con la verdad, ésta nos somete al vértigo de no tener “verdades acabadas” (Bajtin), y esto nuevamente nos confronta con la visión “positivista”, que aspira a lo acabado, a lo completo.

Finalmente, la metáfora es un recurso de mediación semiótico que genera las condiciones de posibilidad de apertura a la infinitud del Otro. En este sentido, Lacan insiste en que el lenguaje, en tanto “vehiculiza” en su enunciado al sujeto de la enunciación, no puede reducirse a un código donde un signo tiene una correspondencia unívoca con una cosa. Y ahí nos deslizamos, claro está, hacia el inconsciente. El problema es complejo. Con la metáfora nos abrimos al futuro y a la necesidad de “transformar” el tiempo presente. Además, está el efecto retroactivo, lo que Freud llamó nachträglich, el après coup lacaniano, necesario para seguir los movimientos de las posiciones de sujeto. Código y Mensaje son términos contaminados de una ideología comunacionalista, y muchas veces la comunicación es fallida, porque se trata de significante y no de signo.

La metáfora ejerce una “trasgresión” sobre la estructura significativa del lenguaje. Su papel no sólo sustituye una palabra, sino con “lo no-dicho” (Bajtin), o “lo que está oculto para el espíritu de una época”, la metáfora no sólo es un recurso retórico que enriquece la pobreza del vocabulario al uso, también da consistencia al componente discursivo para no producir un sentido unívoco. Si se vincula a la metáfora con la teoría de la verdad, ésta nos somete al vértigo de no tener “verdades acabadas”; pero la metáfora representa una de las principales condiciones semióticas para la “generación de crítica”, por lo que tiene una importancia clave en el desarrollo de la “responsabilidad hacia la vida”, sobre todo, si consideramos que los tiempos de radicalización de la racionalidad instrumental están impidiendo los espacios de la crítica -tal como apunta Víctor Mendoza en su Metáfora: Racionalidad comunicactiva y responsabilidad ética.

La metáfora no destruye el significado original, sino que lo reconstruye desde el otro,  entendiendo por el Otro, el lugar de enunciación. El Otro es alteridad radical, quien sanciona el mensaje; pero, no se trata de alguien; es una alteridad no personal. Es el lugar donde el decir es leído y sancionado como dicho. Otra vez Bajtin y Lacan se dan la mano. Es por esto -y para intentar “unir a nuestro horizonte la subjetividad de nuestra época”- por lo que considero necesario repensar la Modernidad, para rescatar de ella las ideas que nos parezcan reivindicables; como, por ejemplo, la “actitud crítica”, tan ligada a la constitución de lo moderno (me parece fundamental). Asimismo, hacer de la metonimia una metáfora, camino de Joyce, por ejemplo.

En un mundo “desmetaforizado”, se hace necesario retomar la metáfora, la transfiguración de un lugar común, y el enigma, sin olvidar que el enigma es el colmo del sentido. Es un arte de entre las líneas, y la escritura lo es en tanto que el autor descifra su propio enigma. Una obra de arte es un enigma, similar al que la Esfinge confronta a Edipo, que constituye el primer paso en la búsqueda progresiva y mortificante de una verdad, dicho de otra manera, es una enunciación para la cual no se encuentra el enunciado.

El enigma, con la certeza de significación que implica, produce una ruptura, un corte en el espacio semántico, sostiene Lacan. Edipo, Antígona, Hamlet son modelos privilegiados para capturar lo esencial de la estructura, lo que hace pregunta, lo que insiste, el enigma. Podemos ver la cercanía entre el efecto de certeza de la significación en la psicosis y lo que surge como angustia en el campo del Otro, específicamente en el deseo del Otro. El Otro desea algo pero no sabe qué es. Si el lenguaje es evocación, las palabras danzan como en un baile de sonámbulos. Subrayo que el enigma no equivale a jugar con el equívoco. El enigma con la certeza de significación que implica, produce una ruptura, un corte en el espacio semántico. Mi propuesta sugiere organizar un texto alrededor de un centro ausente, así se multiplican los centros, los ejes, combinados con la explosión de los sentidos. Se trata de buscar un sentido múltiple, polisémico. El deslizamiento incesante, la producción de sentidos que explotan y florecen en cada frase. Mis vacilaciones son aquí significativas. Ellas manifiestan la torpeza con la cual necesariamente lo que es enigma se manifiesta.

En mi propia literatura -prosa y poesía- armo juegos de palabras en múltiples lenguas, dialectos, referencias históricas, a descifrar. El texto que persigue el enigma se apoya en postura ética. Intenta mostrar que estamos de alguna manera condenados a vivir en el mundo pensando el desorden como un caos del orden simbólico. La escritura -sistema de citas, discurso entretejido con rasgos autobiográficos- invita a resolver, como la Esfinge con Edipo, el enigma de “lo real”. Se amonedan las palabras, para que las proezas no pierdan su lustre; se toma conciencia de que no existe ni una sola página, ni una sola palabra, que no postule el universo como atributo de la complejidad.

Iris ZAVALA

La escritura o la Vida, de Jorge Semprún”LA ESCRITURA O EL OLOR DEL DOLOR”: por carmen váscones: el olor de la vida, el olor de la muerte, y ese olor de la carne quemándose y sintiéndola, olfateándola, imaginándola, viendo al verdugo incinerándote, cremando al testigo del espanto, la escritura no deja morir al olvido, vivir para contarlo, alguien lo dijo. La piel, papel prendido al cuerpo, arde la memoria, la imaginación no se hace cenizas, el D(olor) de la vida no se resuelve, vuelve directo, sin disfraz, sin excusas. Encontrar la fe en un uno que no extermine ni dinamite el crepúsculo de la memoria. Que el día alcance lo suficiente para animar al deseo para que sea…algo creíble, algo decible, algo sin sospecha, algo honesto, algo amoroso, algo de algo que incluya volver a nacer en la memoria sin la muerte que te acorrale antes de vivir… o aprender a desaprender. No hay reparos cuando tienes que auscultar lo que no se debe callar, lo que tienes que deliberar, la poeta pizarnik, dijo “la libertad es horrorosa”, ajustar cuentas con el pasado es desarmar el juicio de la razón, Es descolocar al “pecado capital”, al fraude, es desalinearse de la alienación que no deja un lugar para vivir lo suficiente y hacer de la vida una creación sostenible. Acumular es atentado. ser fiel o hacer culto a los dogmas enceguece, creerse el rey midas brilla tanto que te seca la fuente del agua que transparenta la sombra, desconocer la ética es imponer una pasión borrascosa, es el aullido de edipo, es la muerte de narciso víctima del silencio o la violencia con que fue engendrado, es el fracaso de lo humano en la naturaleza, es el silencio de la razón en nombre de quién. Destapar la palabra es descubrir sus olores, sabores, su mundo resbaloso en las intrincadas redes del laberinto devastador de un poder que huele a fosa cuando se olvida o desconoce su puesto. El control absoluto es la la agonía de la angustia. Hay que retomar el sin sentido de ser, hacernos la pregunta ¿para que nacemos? ¿para qué queremos el poder? ¿para qué nos alineamos a tal o cual? ¿la lucha de la vida para la vida es hasta el último día que te toque?…no sólo es cuestión de espejos y jubilar el júbilo en la mirada empleada o desempleada de la imagen de la existencia de la célula impía, atea de sí misma, emigrante de la nada, desalojando a dios o alojandolo como una cruz del más y menos para el otro… junio 8, 2011

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POR CARMEN VÁSCONES:

La Escritura o la Vida, de Jorge Semprún:

EL  OLOR DEL DOLOR o el DOLOR DEL OLOR: la muerte poseyendo la vida.

La posesión del tánatos al eros. Contra/dice.  El recuerdo refuta al olvido en retaguardia. 

El lapsus de la palabra y un deseo buscando su puesto en escena. El gènesis de la soledad:  vacío de toda desnudez…

el olor de la vida, el olor de la muerte, y ese olor de la carne quemándose y sintiéndola, olfateándola, imaginándola, viendo al verdugo incinerándote, cremando al testigo del espanto, la escritura no deja morir al olvido, vivir para contarlo, alguien lo dijo. 

La piel, papel prendido al cuerpo, arde la memoria, la imaginación no se hace cenizas, el D(olor) de la vida no se resuelve, vuelve directo, sin disfraz, sin excusas.

Encontrar la fe en un uno que no extermine ni dinamite el crepúsculo de la memoria. Que el día alcance lo suficiente para animar al deseo para que sea…algo creíble, algo decible, algo sin sospecha, algo honesto, algo amoroso, algo de algo que incluya volver a nacer en la memoria sin la muerte que te acorrale antes de vivir… o aprender a desaprender. 

No hay reparos cuando tienes que auscultar lo que no se debe callar, lo  que tienes que deliberar, la poeta pizarnik, dijo “la libertad es horrorosa”, ajustar cuentas con el pasado es desarmar el juicio de la razón, Es descolocar al “pecado capital”, al fraude, es desalinearse de la alienación que no deja un lugar para vivir lo suficiente y hacer de la vida una creación sostenible. 

Acumular es atentado.  ser fiel o hacer culto a los dogmas enceguece, creerse el rey midas brilla tanto que te seca la fuente del agua que transparenta la sombra, desconocer la ética es imponer una pasión borrascosa, es el aullido de edipo, es la muerte de narciso víctima del silencio o la violencia con que fue engendrado, es el fracaso de lo humano en la naturaleza, es el silencio de la razón en nombre de quién. 

Destapar la palabra es descubrir sus olores, sabores, su mundo resbaloso en las intrincadas redes del laberinto devastador de un poder que huele a fosa cuando se olvida o desconoce su puesto. 

El control absoluto es la la agonía de la angustia.  Hay que retomar el sin sentido de ser, hacernos la pregunta ¿para que nacemos? ¿para qué queremos el poder? ¿para qué nos alineamos a tal o cual? ¿la lucha de la vida para la vida es hasta el último día que te toque?…

No sólo es cuestión de espejos y jubilar el júbilo en la mirada empleada o desempleada de la imagen de la existencia de la célula impía,  atea de sí misma, emigrante de la nada, desalojando a dios o alojandolo como una cruz del más y menos para el otro…

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DIARIO EL TELEGRAFO

A los 87 años se ha perdido para siempre parte de los recuerdos del preso número 44.904, Jorge Semprún. Esa fue su matrícula en Buchenwald, el campo de concentración alemán en el que vivió deportado entre los 20 y  22 años.

Con él desaparece una mala memoria del siglo XX, el exterminio. Como lo dijo en 2000, y está recogido en la edición digital de Diario El País, en una entrevista que a él mismo le preocupaba el porvenir de esos recuerdos: “Están desapareciendo los testigos del exterminio. Bueno, cada generación tiene un crepúsculo de esas características. Los testigos desaparecen. Pero ahora me está tocando vivirlo a mí. Aún hay más viejos que yo que han pasado por la experiencia de los campos. Pero no todos son escritores, claro. En el crepúsculo la memoria se hace más tensa, pero también está más sujeta a las deformaciones. Luego hay algo… ¿Sabe usted qué es lo más importante de haber pasado por un campo? ¿Sabe usted qué es exactamente? ¿Sabe usted que eso, que es lo más importante y lo más terrible, es lo único que no se puede explicar? El olor a carne quemada. ¿Qué haces con el recuerdo del olor a carne quemada? Para esas circunstancias está, precisamente, la literatura. ¿Pero cómo hablas de eso? ¿Comparas? ¿La obscenidad de la comparación? ¿Dices, por ejemplo, que huele como a pollo quemado? ¿O intentas una reconstrucción minuciosa de las circunstancias generales del recuerdo, dando vueltas en torno al olor, vueltas y más vueltas, sin encararlo? Yo tengo dentro de mi cabeza, vivo, el olor más importante de un campo de concentración. Y no puedo explicarlo. Y ese olor se va a ir conmigo como ya se ha ido con otros”.

Su dilema desde que dejó Buchenwald fue   escribir sobre el pasado o vivir el presente. Hubo que esperar a 1994 para que el narrador buceara hasta el fondo de aquella herida. El resultado fue un título hoy mítico: La escritura o la vida. Autor de guiones de cine para directores como Alain Resnais (La guerra ha terminado) o Costa Gavras (Z, La confesión), escribió la mayor parte de su obra en francés.

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La Escritura o la Vida, de Jorge Semprún

Publicado por Lluís Salvador en 3/12/2009 07:04:00 PM

(L’Écriture ou la Vie)
Ed. Tusquets, col. Andanzas
Barcelona, 1995 [1994]

Firma Invitada: SUSANA RIZO

La mirada. Hace muchos años en apenas 10 minutos de filmación en blanco y negro contemplé por primera vez “la mirada”. Tras este primer impacto he procurado buscar respuestas en los relatos de los deportados supervivientes de los campos. Quise conocer más, y anduve entre los desolados barracones de Birkenau; traté de buscar esas respuestas. El problema es que no las había. Ni tampoco palabras para describir el horror. Tan sólo existe la mirada. Semprún arranca su relato con el recuerdo de esa única referencia: su propia mirada, el día de la liberación del campo de Buchenwald, y “la mirada descompuesta, llena de espanto” de los tres oficiales con uniforme británico que le contemplan.

“¿A qué me remite la mirada horrorizada…? ¿A qué horror, a qué locura?”

La fortuna me puso hace unos meses ante esta obra maestra de Jorge Semprún, La Escritura o la Vida, y me preguntó por qué me resistía a acabarla. Hoy sé que es por la profundidad de este relato. Detrás de ese navegar entre los recuerdos de forma aparentemente desordenada y fragmentaria en los tres momentos en que se centra la novela ─antes, durante y después de Buchenwald─ y a menudo a través de la poesía, Semprún proporciona una más que sincera y profunda reflexión sobre la naturaleza humana, sobre sus miserias y grandezas. Y sobre la existencia en sí. Es éste un recorrido tan duro como imprescindible.

En 1943 Jorge Semprún fue detenido en París y deportado al campo nazi de Buchenwald donde permaneció recluido durante 18 meses como preso político por su vinculación con la red de resistencia antinazi Jean-Marie Action y el partido comunista. El 11 de abril de 1945 el III Ejército del general Patton liberó el campo y la vida que Semprún no creía posible tras esa larga muerte en Buchenwald, fue. Tenía 22 años.

Curiosidad, estar sano y saber alemán; todo lo demás es azar. Así definió Primo Levi el conjunto de factores que determinaron su supervivencia en Auschwitz. Semprún recuerda que en efecto reunía todas esas condiciones y también su resistencia vital durante el tiempo que permaneció en Buchenwald, y sin embargo, tras la liberación se ve incapaz de proyectarse en el futuro. “Así como la escritura liberaba a Primo Levi del pasado, a mi me hundía en la muerte.”

Poco después de aquello Semprún se enfrentó a una dualidad: los recuerdos y la vida insaciable que pugnaba por salir. Pero no podía haber vida sin recuerdos y tampoco con ellos porque le abocaban directamente a la experiencia de la muerte. Tuvo que elegir: o la escritura, y ello implicaba dejar de vivir para volver a morir en Buchenwald, o la vida, y ello implicaba el olvido. En torno a esta elección y lo que supuso esa decisión a lo largo de su vida está construido este ensayo. Todas las elipsis temporales, los saltos, y las asociaciones. Y debajo de todo esto hay una profunda reflexión, de hecho de las más intensas y brillantes que he visto en vida en torno a la desolación, la soledad, la muerte y en definitiva, una experiencia invivible como ésta. Tal y como él mismo define: “He tenido un idea … la sensación de no haberme librado de la muerte, sino de haberla atravesado … de haberla recorrido de punta a punta.”

“Una duda me asalta desde el primer momento: ¿pero se puede contar? ¿podrá contarse alguna vez?”

Semprún accede a pasar por el tremendo ejercicio de instalarse en el recuerdo de la muerte, dejar de vivir, y ofrecernos a través de su elección final, la escritura ─la memoria─, el conocimiento y la lucidez. El escritor afronta el mal radical de Kant ─das radikal böse─ sin detalles, sin excesos, sin recreaciones efectistas. Le bastan insinuaciones sutiles. Le basta la ausencia del canto de los pájaros. Le basta evocar la nieve de sus recuerdos, de sus sueños. El humo eterno del crematorio de la colina de Ettersberg. El extraño olor insólito. La intensidad del canto de la oración del Kaddish.

Hay en esta novela muchos momentos sublimes: el primer encuentro con los tres oficiales; el final de sus compañeros de campo Maurice Halbwachs o Diego Morales; su visita a Weimar acompañado por el teniente Rosenfeld ─en realidad se llamaba Rosenberg y era un judío alemán que se expatrió en los años treinta para alistarse en el ejército de los EEUU y luchar contra el fascismo de su país─. Momentos tan sublimes como el sorprendente desenlace. A través de las numerosas referencias literarias poéticas, en francés y alemán en su mayoría, nuestro escritor conduce literalmente al sobrecogimiento en determinadas escenas.

“No poseo nada salvo mi muerte, mi experiencia de la muerte, para decir mi vida, para expresarla. Tengo que fabricar vida con tanta muerte. Y la mejor manera de conseguirlo es la escritura. Sólo puedo vivir asumiendo esta muerte mediante la escritura, pero la escritura me prohíbe literalmente vivir.”

Recorremos La Escritura o la Vida en tres fases. La primera colmada de recuerdos y episodios de su vida anteriores a su detención y los momentos inmediatamente posteriores a su liberación del campo. En la segunda irrumpe la vida y esa felicidad siempre frágil, en la que contribuyeron las mujeres que le devolvieron a la vida, la música y la fuerza de la literatura. Surge en esta fase la idea de la escritura, pero tras tomar conciencia de que la vida es más un sueño, una ilusión, y la realidad es el tiempo que transcurrió en Buchenwald, la abandona porque le conduce al suicidio. La política fue en esos años la terapia del olvido, pues le ofrecía la posibilidad de un futuro, le proyectaba al provenir. Y finalmente una tercera fase: la escritura. En 1963, coincidiendo con su ruptura con el partido comunista y abandono de la política, Semprún inició su recorrido por la creación literaria y rompió el silencio que durante largos años había mantenido. La decisión de escribir este libro surge el 11 de abril de 1987, el mismo día que Primo Levi se quitó la vida. El mismo día que cuarenta y dos años antes fue liberado Buchenwald. “Este libro era fruto de una alucinación de mi memoria, el 11 de abril de 1987.”

“Yo lo vi” (Francisco de Goya)
“No sabíais porque no queríais saber. Sois responsables aunque no culpables.” (Teniente Rosenberg, III Ejército del general Patton)

Pudiera sentir el lector cierta reticencia a sumergirse en tanto dolor y descubrir los recodos más oscuros del alma humana, Sin embargo es necesario recorrer este camino por una razón muy simple: porque no hay que olvidar. Parece que Semprún encierra en el fondo ansias de pasar el testigo a otros. Que lean lo inenarrable, y traten de imaginar siquiera de lejos lo que debió ser aquello, lo que supuso. Por compartir su dolor, poder entenderlo. Ponerse a su lado, y mirar con sus ojos.

“Un día soleado de invierno, en diciembre de 1945, me encontré ante la tesitura de tener que escoger entre la escritura o la vida. Quien tenía que escoger era yo, yo solo.”

“La literatura tan sólo es posible tras una primera ascesis mediante la cual el individuo transforma y asimila sus recuerdos dolorosos, al mismo tiempo que construye su personalidad.”

No se encontrará el lector ante una reconstrucción de lo que fue el día a día en el campo de Buchenwald. Para eso ya están otros relatos. Semprún pretende ofrecer una visión de conjunto, no un “desahogo de hechos”. Por ello, la impresión es que la memoria vaga a través de estas páginas; los recuerdos vienen y van, creando en ocasiones la sensación de cierta dispersión, con frecuentes saltos temporales que delatan, tal vez, la dificultad misma de enfrentarse a este relato. El propio Semprún reconoce que los recuerdos se le situaban antes y después de Buchenwald, pero nunca dentro: “Enseguida me pierdo en los meandros de la memoria. Meandros nebulosos, para colmo”. Cuando Semprún parece desmoronarse al recordar, es como si su propia memoria tratara de escapar. “A veces un dolor agudo como la punta de un estilete me había asestado un golpe en el corazón.”

“Nadie puede ponerse en tu lugar, pensaba yo, ni siquiera imaginar tu lugar, tu arraigo en la nada, tu mortaja en el cielo, tu singularidad mortífera. Nadie puede imaginar… tu cansancio de la vida, tu avidez de vivir.”

“Llegaría un día, relativamente cercano, en el que ya no quedaría ningún superviviente de Buchenwald. Ya nadie sería capaz de decir, con palabras surgidas de la memoria carnal y no de una reconstrucción retórica, lo que habrán sido el hambre, el sueño, la angustia, la presencia cegadora de Mal absoluto. Ya nadie tendría en su alma y en su cerebro, indeleble, el olor a carne quemada de los hornos crematorios.”

“… Y si no se apropian de esa memoria los novelistas, o los poetas, ¿cómo va a continuar?”

Jorge Semprún declaró en una ocasión que no es preciso haber estado dentro para comprender, y que era necesario que la literatura se apropiara de esa memoria, que los jóvenes novelistas de hoy y mañana, con sensibilidad y talento, reconstruyeran esas historias para que entraran a formar parte de la memoria colectiva. Ese es su deseo. El poder de la literatura es lo que puede salvar esta memoria de la muerte, más incluso que los propios libros de historia.

Cuando anduve tras las respuestas me paré frente la entrada del gran complejo de exterminio que fue Auschwitz-Birkenau. Había una frase encabezando una lista absolutamente interminable de deportados y la triste historia de aquel lugar, rezaba lo siguiente: “Aquellos pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”. Estoy muy de acuerdo con esa máxima.

Este escritor e intelectual sublime de vida intensa y comprometida y cultura extraordinaria sacrifica parte de su vida para entregarnos la memoria. Esta es la historia de una elección. La escritura, opción final, es lo que nos permite hoy acceder de obras tan necesarias como “El Largo Viaje” o “Aquel domingo”. Esta obra es una reflexión sobre esa decisión. El lector podrá elegir entre abrir los ojos o cerrarlos. Entre la memoria o el olvido.

MASA
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente,
vino hacia él un hombre
y le dijo: “¡No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
“¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando “¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: “¡Quédate hermano!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…
César Vallejo
© 2009, Susana Rizo, todos los derechos reservados.

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Obra literaria

Toda su obra escrita, ya novelas u obras autobiográficas, está fuertemente influida por sus peripecias vitales, en particular su paso por el campo de concentración de Buchenwald (El largo viaje, La escritura o la vida, Aquel domingo, Viviré con su nombre, morirá con el mío). Su expulsión del Partido Comunista queda reflejada en Autobiografía de Federico Sánchez, mientras que Federico Sánchez se despide de ustedes narra el período, entre 1988 y 1991, en que fue Ministro de Cultura en el gobierno de Felipe González.

Hasta 2003, todas sus obras de ficción habían sido escritas en francés, sólo utilizando el castellano para algunos de sus libros biográficos. En dicho año, se publica la primera novela de Semprún escrita originalmente en castellano, Veinte años y un día.

Ha recibido múltiples premios internacionales (Femina, Formentor, Premio de la Paz de la Feria del Libro de Fráncfort, Jerusalem de Literatura, etc.)

La obra escrita de Semprún no se limita a la literatura, sino que ha desarrollado una amplia carrera como guionista cinematográfico, siendo autor de guiones clásicos del cine francés como Z de Costa-Gavras y Stavisky de Alain Resnais.

Convencido europeísta, ha escrito, a cuatro manos junto al ex Primer Ministro Francés, Dominique de Villepin, el libro El hombre europeo, y ha publicado un volumen recopilatorio de artículos, conferencias y discursos sobre el tema, titulado Pensar en Europa.

También es el autor de la obra de teatro Gurs, una tragedia europea, relativa al campo de refugiados de este nombre y de una versión de Las troyanas.

[editar] Obras publicadas

  • 1963.- El largo viaje (escrito en francés, Le grand voyage).
  • 1967.- El desvanecimiento (escrito en francés, L’évanouissement).
  • 1969.- La segunda muerte de Ramón Mercader (escrito en francés, La deuxième mort de Ramón Mercader).
  • 1977.- Autobiografía de Federico Sánchez (escrito en castellano).
  • 1980.- Aquel domingo (escrito en francés, Quel beau dimanche!; traducción literal: ¡Qué bello domingo!).
  • 1981.- La algarabía (escrito en francés, L’algarabie; esta palabra no existe en francés).
  • 1983.- Biografía de Yves Montand (escrito en francés, Montand la vie continue)
  • 1986.- La montaña blanca (escrito en francés, La montagne blanche).
  • 1987.- Netchaiev ha vuelto (escrito en francés, Netchaïev est de retour).
  • 1993.- Federico Sánchez se despide de ustedes (escrito en francés, Federico Sánchez vous salue bien).
  • 1994.- La escritura o la vida (escrito en francés, L’écriture ou la vie).
  • 1998.- Adiós, luz de veranos (escrito en francés, Adieu, vive clarté…; traducción literal: Adiós, viva claridad…).
  • 2001.- Viviré con su nombre, morirá con el mío (escrito en francés, Le mort qu’il faut; traducción literal: El muerto que hace falta).
  • 2003.- Blick auf Deutschland.
  • 2003.- Veinte años y un día (escrito en castellano).
  • 2005.- El hombre europeo, junto a Dominique de Villepin (escrito en francés, L’Homme européen).
  • 2006.- Pensar en Europa (recopilación de artículos, conferencias y discursos).

[editar] Filmografía

Ha participado como guionista (salvo que se indique lo contrario) en los siguientes largometrajes:

[editar] Premios

Predecesor:
Javier Solana
Ministro de Cultura de España
19881991
Sucesor:
Jordi Solé Tura

[editar] Véase también

[editar] Referencias

  1. “Entrevista con Jorge Semprún”, por Ricardo Cayuela Gally (Letras Libres, septiembre de 2003)
  2. Testimonio de Stéphane Hessel sobre el trabajo de Jorge Semprún en Buchenwald
  3. Las reservas morales de Robert Antelme sobre Jorge Semprún y los comunistas, en Buchenwald
  4. Carlos Semprún Maura, A orillas del Sena, un español… Hoja Perenne, Madrid, 2006)
  5. Federico Sánchez es su seudónimo en la dirección del partido en Francia, donde el PCE fue prohibido desde 1950, y como autor de artículos en la prensa clandestina en España. En España, tuvo varias identidades falsas, por ejemplo Juan Larrea; en el trabajo operacional, fue conocido por cualquier sobrenombre (Autobiografía de FS)
  6. Fallece Jorge Semprún La Voz de Barcelona, 7 de junio de 2011
  7. Fallece Jorge Semprún RTVE.es, 7 de junio de 2011

[editar] Enlaces externos

  • La dimensión biográfica de la novela Veinte años y un día, en Tonos. Revista digital de estudios filológicos, U. Murcia, nº 10, 2005, por Jaime Céspedes Gallego, Centre de Recherches Ibériques et Ibéro-Américaines (CRIIA, U. París 10 Nanterre).
  • Las dos memorias (documental), en Cartaphilus. Revista de investigación y crítica estética, U. Murcia, nº 5, 2009, por Jaime Céspedes Gallego, Centre de Recherches Ibériques et Ibéro-Américaines (CRIIA, U. París 10 Nanterre).
  • ¿Jorge o Federico?

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LETRAS LIBRES / Josel (De click para agrandar)

SEPTIEMBRE DE 2003

La memoria como escritura: Entrevista con Jorge Semprún

por Ricardo Cayuela Gally

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No existe en España un autor con la trayectoria vital de Semprún para hablar del pasado, de la necesidad de la memoria y de la responsabilidad del testigo. Pero esta entrevista es también un recorrido por la obra de un grande de nuestras letras, de quien este mes Tusquets publicará su nueva novela, Veinte años y un día.

En el centro de todo está Buchenwald. Antes, claro, hay toda una biografía que conduce irremediablemente al campo: nieto de Antonio Maura por parte de su madre, hijo de una familia burguesa y católica, pero liberal y republicana, Jorge Semprún, niño bien del barrio de Salamanca en Madrid, debe abandonar España porque su padre, escritor y abogado, republicano de cepa, no quiere caer, con toda su familia, en manos de Mola, que al inicio de la Guerra Civil tiene ya cercado el pueblo vasco donde veranean ese infausto 1936. Así, residen primero en Holanda, donde su padre es el representante de la República en La Haya, y luego, tras la caída de Madrid, en París, donde Semprún estudia en el Liceo Henry IV —sí, el de Marcel Proust—. Justo cuando inicia sus estudios de filosofía, viene el torbellino de la Segunda Guerra, la derrota francesa y la ocupación alemana. Y ahí su decisión de resistir, sin haber cumplido los veinte años, con acciones de guerra real, es decir, con muertos y heridos, hasta caer preso. Luego vienen el sufrimiento de la tortura en la detención y la consiguiente deportación al campo. Y, después del campo, mucha vida: primero, como miembro clandestino del Partido Comunista español en Madrid, partido del que será expulsado por alejarse de la línea doctrinaria impuesta por la Pasionaria y el joven Santiago Carrillo, suceso que lo llevará años después a escribir Autobiografía de Federico Sánchez; luego, como figura de las letras, francesas y españolas, desde su primer libro, El largo viaje, que ganará el premio Formentor y será editado simultáneamente en varias lenguas.
Guionista de Costa-Gravas y personaje central de la vida cultural francesa, en su vertiente Orilla Izquierda, Semprún regresa a España tras la invitación de Felipe González a unirse a su gabinete como ministro de Cultura. De su experiencia de gobierno saldrá Federico Sánchez se despide de ustedes, donde arremete contra la política entendida como espacio de poder y control del aparato partidista, y no como vocación de servicio público. Pero en el centro está Buchenwald, corazón de su vida y su literatura, tanto en El largo viaje como en Viviré con su nombre, morirá con el mío y Aquel domingo, pero sobre todo en su libro capital, que debería ser lectura obligatoria en España: La escritura o la vida. Y es que en el centro de todo el siglo están los campos: lagers nazis, archipiélago Gulag soviético, UMAP cubanos, Laogai chinos (aún en funcionamiento), el siglo XX es el siglo de los campos de concentración, de la masificación del dolor, del exterminio y el anonimato. Por ello, la voz de los supervivientes será la voz de la posteridad. Junto a Shalamov y Levi, Solyenitzin y Herling, está la voz de Jorge Semprún, exiliado español, resistente francés, sobreviviente de Buchenwald.
El mundo es una red de símbolos. La obra de Semprún es una formidable manera de relacionar los hechos, las personas y las ideas entre sí en un tejido narrativo de presentes sucesivos, plenos de significación. En términos etimológicos, inteligencia quiere decir interligar, es decir, relacionar unas cosas con otras. Eso es precisamente el corazón de la poética narrativa de Semprún: una prosa inteligente, que relaciona unos sucesos del pasado con otros pasados y con el presente, unas ideas con otras, unos personajes con otros, en una red que avanza por direcciones siempre significativas y necesarias. Su obra, por último, debe ser leída como una respuesta humanista a los dos totalitarismos del siglo XX: el nazi, que lo condenó a un campo del que sobrevivió de milagro, y el comunista, fe ciega en la que creyó a pie juntillas, como tantos otros, muchos de los mejores del siglo, pero en la que, a diferencia de la mayoría, supo descubrir una trampa mortal para, después de un examen profundo, denunciarla en toda la extensión de la palabra. Doble triunfo moral: como testigo imprescindible y como honesto arrepentido.
Esta entrevista debía versar sobre nuestro tema de portada: los usos del pasado y su utilización desde el poder, pero, sin dejar de tocar este asunto, de manera implícita, a lo largo de toda la conversación, y de manera explícita, en las últimas preguntas de esta entrevista, la conversación derivó obligatoriamente en la experiencia de Buchenwald. Y es que en el centro está el campo.
 
Usted ha dicho que la experiencia decisiva de Buchenwald es la experiencia de la libertad. ¿Qué quiere decir exactamente con esta afirmación, que puede sonar paradójica y hasta temeraria?
Quizá no lo formularía ahora de una manera tan rotunda, pero, sin duda, una de las experiencias decisivas de Buchenwald es la experiencia de la libertad. Cuando se habla de los campos de concentración siempre hay que concretar, porque una experiencia tan multiforme, vasta, amplia, y que ha sido vivida de formas tan distintas y diferentes, obliga a dar las coordenadas de la experiencia particular. Yo hablo de la experiencia del deportado político resistente en Buchenwald.
Buchenwald no era un campo como Auschwitz-Birkenau, que fue un campo de exterminio directo, inventado y edificado para el exterminio del pueblo judío. En Buchenwald, la mano de obra era utilizada en fábricas de armamento, con lo cual los nazis estaban entre la contradicción de producir las armas que necesitaban o exterminar a sus adversarios. Incluso creo que se puede afirmar que lograron un perverso equilibrio entre la dialéctica del exterminio y la dialéctica de la producción. Buchenwald es un campo de exterminio por el trabajo: por el agotamiento, porque las raciones de comida eran mínimas y además disminuían conforme la guerra la iban perdiendo los alemanes. En ese contexto, el deportado político sabía, y esta era una de sus armas espirituales de resistencia, por qué estaba deportado. En cierto modo, libremente había elegido ser deportado, puesto que podía perfectamente haberse quedado en casa, no meterse en nada, esperar a que pasase la tormenta de la guerra. La persecución iba contra los resistentes. Naturalmente, durante la ocupación, la persecución iba contra el conjunto de la población francesa, pero en el sentido de las restricciones alimenticias, o las restricciones de movimiento y trabajo, o la censura, no en el sentido del acoso personal, de la vida o la muerte. A mí nadie me ha obligado a ser resistente. Yo hubiera podido seguir mis estudios de filosofía y habría terminado, claro que en contradicción con mis ideas. Así que la primera experiencia de la libertad de Buchenwald es que yo he estado ahí libremente. Claro que no he decidido libremente sufrir los porrazos de las SS, no soy masoquista, pero he elegido la actividad que sabía que podía conducir al campo. Es la paradoja, casi sartreana, de que estamos condenados a ser libres. Yo estoy preso porque soy libre.
En el campo había un orden establecido, una disciplina de la que uno no podía salirse, pero dentro de ese marco, impuesto por los nazis, de pasar lista, de levantarse a las cuatro de la mañana, de trabajar hasta tal hora, tenía contacto con la resistencia en el campo. También es verdad que de nueva cuenta pude elegir esconderme e intentar sobrevivir al campo anónimamente, o buscar un buen puesto, ya que yo sabía alemán. Pero no: entré en contacto con la resistencia interna del campo y me di a conocer como resistente comunista. Esto, naturalmente, comportaba un riesgo adicional, pero era también una libertad adicional. Todos los días podía acostarme pensando que, al menos, había hecho esto o lo otro en beneficio de alguien. Estas acciones en general eran mínimas, pequeñas acciones de solidaridad o resistencia, pero otras veces no, como falsificar la ficha de algún compañero para que no fuera trasladado a un campo peor que el nuestro. Se falsificaba la ficha y se ponía la sigla establecida por las SS para evitar los traslados. Por ejemplo, DIKAL (Darf in Kein Anderes Lager), que significaba que el preso no podía ir a otro campo. Y así lo protegías. Claro, arriesgabas, ya que un agente de la SS podía revisar el fichero y descubrir la falsificación. Así, en el campo experimenté está segunda forma de la libertad, la resistencia interna, pero segunda libertad en el sentido de la responsabilidad, conceptos que para mí van dialécticamente unidos.

En La escritura o la vida narra también un tercer espacio de la libertad, que escapa al control absoluto de las SS: el de los domingos en el campo, en la tarde, las únicas horas sin trabajo de toda la semana.¿Qué quería decir con esto?
Esa libertad, quizá la más grata, era la menos profunda y la más ocasional. Todos los domingos, después de pasar lista y de terminar el trabajo de la mañana, a partir de más o menos las tres de la tarde y hasta la hora del “cubre fuego” en que había que regresar a las barracas, uno podía hacer lo que quisiese. La mayor parte de los deportados lo que hacía era irse al barracón a dormir, a recuperar fuerzas. Lo cual es lógico y comprensible. Pero otros, no. Los que tenían afinidades políticas se reunían para conversar sobre la realidad política y la marcha de la guerra, y para intercambiar toda clase de informaciones. Por la red de la resistencia se captaban, de manera clandestina, Radio Moscú y Radio Londres. Había muchas cosas que hacer. De vez en cuando incluso organizamos pequeños actos culturales, recitación de poesía, cosas muy pequeñas y simples pero que servían para animarnos. O sencillamente nos reuníamos para comer algo que se había puesto en común a lo largo de la semana, algo que se había logrado conseguir y que era la efímera excusa para estar juntos y conversar.
Había otros grupos que no se reunían por razones políticas, sino por motivos religiosos. Grupos de creyentes cristianos que se reunían en torno a un pastor protestante o un sacerdote católico —quienes, por cierto, no tenían ningún privilegio en los campos nazis; eran tratados igual que el resto de los deportados y en el transporte hasta el campo muchas veces peor, ya que el llevar sotana te convertía en el blanco sistemático del porrazo de los guardias de las SS—. En el campo se reunían para nada y para todo: para sentirse vivos, para reencontrarse en su fe, posiblemente para confesarse y obtener algo del trato espiritual con el Dios de su creencia. También había grupos de deportados, en general franceses, que se reunían para algo que parece absurdo, pero que tiene mucho sentido: recordar y contarse almuerzos y banquetes de antaño. Por último, existía otro tipo de reuniones dominicales, dentro de ese espíritu de unión por afinidades: había el grupo del recuerdo de la mujer, que podía ser un recuerdo etéreo o muy grosero. Esta sería la clasificación somera de las charlas de los domingos y de ese espacio de libertad. En otra escala, lo mismo sucedía en las letrinas, en donde no solían entrar los guardias de las SS.

En la Autobiografía de Federico Sánchez cuenta que el impulso que le llevó a escribir El largo viaje, a los cuarenta años, fue no estar conforme con los desordenados recuerdos que había escuchado, en la clandestinidad en Madrid, cuando un miembro del Partido Comunista le narraba su vivencia de un campo nazi, sin saber que usted también había pasado por eso. Una suerte de responsabilidad del testigo, de decir “No puede ser éste el testimonio que quede de los campos”, ¿no es así?
En el mismo 45, o en el 46, intenté escribir sobre mi experiencia en el campo, ponerla en orden y estructurarla mediante la escritura. Pero en unas semanas me di cuenta de que eso era contraproducente; que para hacer ese libro, que luego fue en cierto modo El largo viaje —aunque ése no fue exactamente el libro que hubiera escrito en el 45-46—, tenía que mantenerme en la memoria y ésa era la memoria de la muerte. Tenía veintipico años, y pensé que no era imprescindible mantenerme en esa memoria…

Esta reflexión es justamente la trama de La escritura o la vida.
Así es. Era mejor mirar hacia adelante y elegir la vida, que en aquel momento era la vida del refugiado, con la esperanza de acabar con la dictadura de Franco, la lucha activa. Y claro, dejé de escribir. Pero al dejar de escribir ese relato ya no escribí nada. Quería ser escritor desde la infancia, pero me hubiera parecido indecente escribir una historia de amor o una epopeya de resistencia. El no poder narrar esa experiencia de los campos me cortaba toda posibilidad de ser escritor. Para mí, en ese sentido, la política era ideal. Sobre todo la que se pretende, cree o autoproclama revolucionaria, porque siempre está en el porvenir. No necesitas para nada el análisis personal del pasado, o al menos eso crees. Todo está en el mañana, aunque el plazo sea indefinido: mañana acabamos con Franco, mañana haremos esto o aquello… Así que la política fue para mí una gran terapia de vida. No es casual que cuando se acaba este motor vital, porque estoy ya en desacuerdo muy fuerte con la línea del Partido Comunista, regresa la posibilidad literaria. Mi desacuerdo con el partido empezó ciertamente antes, pero seguí durante cierto tiempo por fidelidad a los camaradas de la clandestinidad y porque en la época de la dictadura de Franco, por muy equivocado y muy estalinizado que estuviera, era útil. Aunque no haya conseguido nada de lo que se proponía, el partido fue útil, ya que sus luchas, en condiciones muy adversas, fueron las semillas de muchas cosas. Pero llegó un momento en que me di cuenta de que por útil que hubiese sido no podía ser el partido de la transición ni del posfranquismo, porque no era un partido democrático. Por eso Fernando Claudín y yo propusimos un cambio de método, que se apegara más a la realidad social creada durante el franquismo y menos a la teoría o a los dictados de Moscú; propuesta que derivó en nuestra expulsión. Pero, sobre todo, aquello que yo quería contar lo puedo ya contar porque ya no es una experiencia de muerte, al contrario, es una experiencia de nueva vida, me abro a un nuevo recorrido vital: el de escritor. A eso se añade el detalle, que siempre hace que las cosas cristalicen y se realicen, de estar escuchando a Manolo Azaustre, en el piso clandestino de Madrid —todas las noches o dos noches cada semana, dependía de su humor o del mío—, contarme lo que era el campo de Mauthausen. Y yo pensaba: “Pero quién puede entender y comprender lo que pasaba en ese campo con un relato así. Esto hay que estructurarlo”, y de ahí nace el intento de escribir y la comprobación inmediata de que aquello que fue imposible diecisiete años antes me venía muy fácil. Cuando empecé El largo viaje era miembro del buró político del Partido Comunista Español y clandestino en Madrid, así que no pensaba publicarlo, era sencillamente una nueva terapia de liberación. Primero el olvido fue la terapia, ahora la memoria era la terapia.

¿Y por qué decidió escribir este su primer libro en francés?
Conservo el manuscrito original, las primeras cien páginas, y se ve perfectamente que está escrito en Madrid, porque la máquina de escribir con la que trabajo no tiene acentos en francés. He pensado mucho en esta decisión, ya que estaba en España, en un ambiente lingüístico en el que me sentía perfectamente bien: yo soy bilingüe y escribir en español o en francés representaba el mismo grado de facilidad o de dificultad, según el punto de vista que se adopte. Creo que la razón es que la experiencia la viví en francés, como resistente, y que el libro me salió en el idioma vital de la peripecia.

Una de las escenas más sobrecogedoras de La escritura o la vida es cuando en Buchenwald reciben a los sobrevivientes de Auschwitz y uno cuenta la experiencia de ese campo de exterminio. Y pese a vivir en un campo de concentración, con los horrores cotidianos más inimaginables y los mayores sufrimientos, la historia de Auschwitz les parece inverosímil, les cuesta creer incluso que exista un campo así.
Dentro del sistema de los campos de concentración había graduaciones. Hay una primera diferencia global, entre los campos que existen a partir de los años 41 o 42, dedicados al exterminio del pueblo judío, lo que eufemísticamente se llamaba la “Solución Final”, y el resto de los campos. Industrialmente, llegan trenes con familias y pueblos enteros, de Europa Central y del Este, con judíos deportados. Exterminios y genocidios ha habido siempre en la historia, pero una de las novedades que hace tan singular el exterminio del pueblo judío es el aspecto industrializado que tiene. La modernidad industrial se aplica a este propósito: cómo van llegando los trenes, cómo están programadas sus llegadas, cómo deben funcionar las cámaras de gas. Es decir, el hecho mismo de que se elija sistemáticamente a una población entera es único en la historia y es, claro, el hecho fundamental. Pero el segundo hecho fundamental, que hace tan específico ese genocidio, tan separado de todos los demás, además de la elección por el simple hecho de ser judío, es que a éste se le trata como un producto de una cadena industrial. Cuando uno piensa que los trenes de deportados tuvieron prioridad absoluta sobre los trenes militares, aun perdiendo los alemanes la guerra, uno no puede más que exclamar: qué locura es ésta. Es una locura racionalizada, una locura muy extraña y peculiar.
Los campos de exterminio están todos concentrados en Polonia, porque está lejos. No es Europa central, está más aislada y a mitad de camino entre Alemania y Rusia. Además, es una zona segura desde el punto de vista de la dictadura nazi, y por ello es ahí donde se establece la cadena de crematorios y cámaras de gas, que no existen en los demás campos. Y así surgen Auschwitz-Birkenau, Sobibor, Treblinka… Nosotros en Buchenwald sabíamos que estos campos existían, pero no su naturaleza última. Desde el campo francés de Compiègne, donde nos reunían a los resistentes detenidos en Francia, y en donde un número importante, por cierto, eran españoles, corría el rumor de que los peores campos eran los de Polonia. Cuando salimos rumbo a Alemania, sabíamos que íbamos a Buchenwald, sin saber dónde estaba y sin saber qué tipo de campo era, pero al menos no era Polonia. Incluso los centinelas alemanes, que eran del ejército y no de la SS, y que, algunos, no eran nazis, nos decían: “Tenéis suerte, no vais a Polonia”. Luego, mientras estuvimos en Buchenwald, sin que hubiera contacto real con otros campos, había gente que se desplazaba, sobre todo prisioneros alemanes, y contaba cosas. Había, pues, la idea global de que eran campos terribles. Pero la primera descripción precisa se la escuché a un judío polaco, superviviente de Auschwitz, evacuado a nuestro campo, junto con otros miles, en enero o febrero de 1945, justo antes de que su campo fuese liberado por el Ejército Rojo. Con voz fría y de manera casi quirúrgica, nos explicó todo el mecanismo, todo el funcionamiento de los campos de exterminio: desde la llegada en los trenes, la selección, la cámara de gas, el Sonderkommando que saca los cadáveres de la cámara y los lleva al crematorio… Gracias a ellos tenemos la noticia directa de la realidad del Holocausto y nos sorprende el salto cualitativo. El infierno, descubrimos con azoro, tiene graduaciones, tiene efectivamente diversos círculos, y el último círculo del infierno es aquel de los campos de exterminio del pueblo judío.
Si a unos deportados políticos, en condiciones terribles de exterminio, por hambre y trabajo, les cuesta creer en la verdadera naturaleza del Holocausto, ¿no explica esto las dificultades de aceptación de esta verdad terrible por la opinión pública mundial, pero sobre todo europea, justo después de terminada la guerra?
No conozco tanto la historia de otros países y su relación con el relato de sus judíos sobrevivientes. Además, en Europa central y del Este pasaron de la ocupación nazi a la soviética, y eso plantea el problema de la percepción y aceptación del Holocausto en otros términos. En Francia, que es la historia que conozco, pasaron cerca de quince años, desde fines de los años cuarenta hasta mediados de los sesenta, en que, prácticamente, no se hablaba del exterminio del pueblo judío. La sociedad no quería recordar eso, ya que obligaba a una autocrítica colectiva. Salvo raras excepciones, como la danesa, los judíos sólo fueron salvados individualmente, por familias e individuos concretos, no por gobiernos ni autoridades. En Francia, creo que el sesenta por ciento de los judíos que tenían que haber sido deportados no lo fueron porque fueron protegidos por familias y por ciertas comunidades religiosas. En otros países este porcentaje es menor e incluso mucho menor, pero siempre de una manera heroica e individual o casi individual. Era, pues, un asunto del que no se hablaba en Francia porque habría exigido una autocrítica muy fuerte del régimen de Vichy, proceso que ha sido lentísimo. En una circunstancia muy diferente, tampoco se ha hablado de la guerra de Argelia, y han tardado decenios en salir a la luz pública las atrocidades de la guerra y del uso autorizado de la tortura. Por su parte, la comunidad judía tampoco hablaba. Estaba como avergonzada, le parecía que habían sido deportados de segunda clase, lo que se llamaba en Francia “deportados raciales”. Ellos no habían resistido, librementeno habían decidido resistir y por consiguiente arriesgarse a la deportación o el fusilamiento; gente de distintas profesiones, edades, orígenes, formaciones culturales, zapateros, sastres, músicos, científicos, militares, todos mezclados, barrios enteros y en cacerías individuales, habían sido cogidos y llevados a los trenes y a los campos de la muerte. Los judíos pensaban: “No hemos hecho nada contra estas bestias”, o “Siempre creímos que éramos franceses y que no nos pasaría nada”; alguno podía pensar que lo amparaba la condecoración de la medalla militar de la guerra del catorce o lo que fuera. Lo que quiero decir es que no se rebelaron colectivamente y eso los avergonzaba. Yo tengo la hipótesis, arriesgada pero confiable, de que cuando la comunidad judía de Francia superviviente empieza a no tener vergüenza de su pasado es con las victorias de Israel en Oriente Medio, sobre todo en la guerra de los seis días. No digo que no haya antes alguien que hablara, pero era una voz en el desierto. Esa comunidad, que ha sufrido el mayor castigo de la historia de la humanidad, necesitó reconquistar la dignidad para poder hablar. Esto es a la vez emocionante y perverso. Son las victorias militares de Israel las que desencadenan un proceso que les permite hablar del pasado: pueden hablar como víctimas cuando son vencedores.

LETRAS LIBRES / Josel (De click para agrandar)

Este es un momento que habría que analizar a fondo y que implica muchas cosas.
Nadie leyó Si esto es un hombre de Primo Levi hasta mediados de los sesenta. Es un libro que rechazaron los editores más importantes de Italia, que sólo sacó un pequeño editor, que casi no vendió ejemplares… Y de pronto, se convierte en un libro clave, como si la terrible verdad de lo que narra hubiera necesitado un periodo de decantación. Además, coincide con el momento en que se publica el libro de Solyenitzin Un día en la vida de Ivan Denisóvich, como si Europa necesitara una generación para asimilar lo que había pasado con ambos totalitarismos.

De Buchenwald resulta extraño pensar que estaba en la colina de Ettersberg, a las fueras de Weimar, en donde Goethe y otros muchos sabios alemanes salían a pasear. Y después de su liberación, al quedar dentro de la zona de ocupación soviética, lo perverso es que se convierte de nuevo en un campo de prisioneros. Como si el presente que usted vivió, pese a toda su singularidad, fuera sólo un instante de una historia mucho más amplia y terrible.
Me parece importante subrayarlo, para que se sepa. El campo nazi de Buchenwald se cierra como tal, porque se vacía de deportados, en julio del 45 y en septiembre, o sea, dos meses después, se vuelve a abrir, con las mismas instalaciones, como Spezial Lager Nummer Zwei, Campo Especial Número Dos, como campo de la policía soviética en la zona de ocupación alemana, y funcionará hasta el año cincuenta, hasta después de la creación de la República Democrática de Alemania, en la antigua zona de ocupación soviética. En ese campo hay, en un primer momento, pequeños responsables nazis encerrados. No los grandes criminales de guerra, que estaban siendo juzgados en Nüremberg, o que murieron o se escaparon a Argentina, pero sí pequeños funcionarios del partido nazi, de la policía. Luego, a medida que pasa el tiempo, empiezan a entrar a ese campo opositores al régimen de ocupación soviético. Yo aludí a este hecho del campo, en cuanto pude hacerlo públicamente, en el discurso del Premio de los Libros Alemanes, y recibí toda clase de cartas entusiastas por haberlo recordado. Conservo dos cartas de dos mujeres presas que me explicaban cómo funcionaba el campo soviético. Una de ellas, era una actriz cómica, ni siquiera se explicaba por qué había estado prisionera, porque si bien no era partidaria del régimen comunista, no había hecho nada en concreto contra él. Muchas cosas del campo no son comparables con el campo nazi —no funciona el crematorio, ni el régimen era uno de trabajo forzado como el nuestro—, pero, en fin, ahí estaban esos detenidos, sin ningún derecho, en un régimen carcelario terrible, con poca ración alimenticia. En 1950, los alemanes del Este suprimen el campo y construyen un gran memorial, horrendo, en el más puro estilo del realismo socialista, y lo conservan como un lugar de ceremonia. Construyen también un museo dentro del campo, pero totalmente sectario. Yo lo conocí después de la reunificación, pero todavía como el antiguo museo de la RDA y, si no leías muy bien e ibas a la letra pequeña, parecía que el campo lo había liberado el Ejército Rojo, que en realidad estaba a trescientos kilómetros cuando fue liberado por el Tercer Ejército americano de Patton. Ahora es diferente. Se ha hecho un nuevo museo, y se ha construido otro para el campo estalinista. Me parece un lugar emblemático de Europa. Yo propuse, y me han hecho caso, que se creara una fundación, la Fundación del Ettersberg —efectivamente, el campo está en la colina de Goethe—, de la que me hicieron miembro de honor, dedicada al estudio de los totalitarismos del pasado y a la prospectiva, es decir, a los genes de totalitarismo que pueda haber en Europa y en el mundo, porque el peligro del totalitarismo está siempre latente.

En varios libros se ha referido a su identidad como español. En Adiós, luz de veranos narra cuando, en París, al pedir un croissant con una mala pronunciación, la dependienta se lo negó por “rojo español”; lo que le refuerza el propósito de aprender el mejor francés para que nadie pueda distinguir su acento, pero también le hace prometerse que siempre sería un exiliado republicano. La segunda vez es en La escritura y la vida, cuando cuenta cómo es clasificado en el campo como “rojo español”, no como resistente francés, y, luego, tras la liberación, cuando no puede acceder a sus derechos como resistente francés por ser español, como si la historia se empeñara en que conservara su nacionalidad, pese a que no podía volver a causa de la dictadura de Franco.
Incluso cuando me asimilo, o me dejo asimilar, depende del punto de vista, a la cultura y a la lengua francesas, siempre he persistido en la idea de mantenerme como español. Empecé a escribir en francés, mucho antes de la escritura de mi primer libro, pequeñas cosas, poesías, porque el idioma era muy grato para mí, pero nunca he querido hacerme francés. Me lo han propuesto muchas veces y yo siempre me he mantenido como español: primero como refugiado, luego como rojo y luego como español normal, como uno más. Curiosamente, donde se refuerza ese sentimiento, primero de solidaridad y luego de pertenencia a una comunidad española, refugiada y apátrida, es en Buchenwald. Cuando llego ahí tengo veinte años, y estoy totalmente afrancesado desde el punto de vista cultural, término polémico en España que yo digo sin complejos (como decía Luis Buñuel, con ese acento aragonés que tenía: “A mí me dicen afrancesado. Pues a Dios gracias, afrancesado”). Llego, pues, afrancesado al campo y ahí me encuentro con la pequeña comunidad española, de doscientas cincuenta personas, y de repente me vuelve, en la convivencia con ellos, en la memoria de la guerra, que yo no tengo pero que ellos me cuentan, en la memoria política, el idioma español. Además, por mi formación, porque tengo buena memoria y por la clase social de mis padres, que me permitió acceder a una educación, tengo una cultura que en el campo es muy útil, ya que les puedo recitar poemas de Lorca o Alberti y compartirlos con ellos. En Buchenwald me vuelve pues el idioma español, y con él mi condición de español. Luego, cuando escribo mi primer libro lo hago en francés, y sigo escribiendo en ese idioma, entre otras razones, porque la censura franquista prohíbe mis libros. Para qué voy a escribir en una lengua donde estoy proscrito (publicarlos en América Latina me parecía, en aquel entonces, algo muy lejano), cuando aquí todos están deseando publicar libros míos en francés, incluida Gallimard, la editorial de máximo postín. Pero el español me queda no sólo como idioma materno, sino también como idioma fundamental. De no ser por el campo, probablemente hubiera acabado integrado a la cultura francesa, quizá con un toque romántico de memoria española. Pero esto es ya historia ficción…

En Federico Sánchez se despide de ustedes narra que la primera pregunta que le hace Solana antes de pasarlo con Felipe González, para proponerle ser ministro de cultura, es si tiene pasaporte español.
Así es. Nadie sabía exactamente qué era yo en términos de documentación oficial. Pero igual me ha pasado a la inversa, cuando vienen de L’Académie Française a preguntarme si quiero ser miembro y les digo que no puedo porque soy español, y no pueden creerse que no sea francés.

En todos sus libros de carácter autobiográfico aparece su pasión por la poesía. Como forma del conocimiento y pilar de su formación en la juventud, como espacio de resistencia íntima y compartida en el campo, la poesía está en el centro de su discurso vital. ¿Cómo es su relación con este género mayor?
Desde los versos que me recitaba mi padre de niño, de Rubén Darío y, sin avisarnos del cambio, de él mismo, hasta el día de hoy, he sido un gran lector de poesía. Cuando era niño y comencé a escribir, empecé a escribir poesía, ya que en el fondo lo que yo quería era ser poeta. La poesía me parece un forma de expresión literaria extraordinariamente fuerte y vivaz. Desde ella se puede decir todo y hacer de todo. Hay momentos en que tres versos de Paul Celan o de Fray Luis de León lo dicen todo. Yo tengo con la poesía ese amor, pero también tengo un problema terrible con ella, y es que yo era de joven un poeta religiosamente comunista. He escrito bastante poemas, algunos publicados en la Autobiografía de Federico Sánchez. A veces, cuando algún crítico literario me saca a relucir algún verso de mi época estalinista, yo le digo “Y usted, ¿de dónde lo sabe?” Lo sabe porque lo he publicado yo. Si yo no lo publico en ese libro, nadie lo sabe. Pensé que no tenía derecho a criticar a nadie en su fe comunista sin antes hacer mi propia crítica. Los publico en el momento en que renuncio al comunismo, para que se sepa de dónde viene uno y cuál fue la necesidad de esa adhesión. Por culpa de ese periodo he abandonado por completo la poesía. Nunca he vuelto a escribir poemas; en realidad, exagero: nunca he vuelto a publicar ni a dar a conocer a nadie un solo poema. En 1953 escribo un poema, que lo publica anónimamente el Partido Comunista Español en Francia, de una forma horrible, cursi, con unas cartulinas verdes cosidas con una cinta roja, que es una suerte de oda a la muerte de Stalin. Por eso nunca más he podido escribir poesía. Mi oda a Stalin acabó con mi poesía. Neruda sí pudo sobrevivir a la suya, yo no.
Desde luego, recitar poemas en el campo era útil, ya que era algo que se podía regalar, como se regala un trozo de pan, como alimento espiritual. Si a un compañero, en un momento particularmente difícil, le recitas de Alberti, por ejemplo: “Venís desde muy lejos mas esta lejanía/ ¿qué es para vuestra sangre que canta sin fronteras?/ La necesaria muerte os nombra cada día/ no importa en qué ciudades, campos o carreteras”, pues le haces un gran servicio espiritual.
Sigo leyendo poesía, y procuro estar al día de la poesía alemana, española y francesa. Lo único que hago hoy poéticamente, de manera totalmente privada, que no verá nunca nadie, son ejercicios de traducción. Hago intentos de traducción de Paul Celan al español, aunque está muy bien traducido, o de traducir a Góngora al francés, que no lo está tanto.

Usted ha enumerado los elementos necesarios para sobrevivir a un campo: saber alemán, tener suerte, ser joven, tener buena salud y de nuevo mucha suerte para sobrevivir sin tener que hacer algo oprobioso. ¿Cuál sería el elemento más importante?
Yo sobreviví, entre otras razones, por la curiosidad, en cierto sentido, natural de los veinte años. Por la curiosidad de saber qué universo es ése, kafkiano, complicado, con leyes no escritas pero absurdamente imperativas. La curiosidad es la condición de supervivencia que tanto subraya Primo Levi.

No me resisto a pedirle una definición antropológica del mal. ¿Cómo es el naturaleza del mal? ¿Tiene grados, límites, de qué depende? Hannah Arendt, en su célebre Eichmann en Jerusalén o la banalidad del mal, habla, por ejemplo, de lo increíblemente ordinario, común, que era este criminal…
El mal no desaparecerá mientras haya humanidad. El mal es una de las posibilidades que le da al hombre el ser libre, es un subproducto de la libertad humana. Mientras el hombre sea libre, también será libre para hacer el mal. Ésta es, para mí, una certeza metafísica. Existe, claro, el mal doméstico, de un padre brutal con sus hijos, o el mal masculino, de un marido brutal con su mujer. Ambos, con ser graves, no dejan de ser aspectos cotidianos o familiares que no van a cambiar la faz del mundo. Pero existen cosas peores. Paradójicamente, y sin que esto sea una provocación, veo al mal como a Dios: el hombre es libre y porque es libre puede hacer el mal, y porque es libre inventa a Dios. No se trata de decir, como piensan los ateos, que Dios no existe. Vamos a ser más finos filosóficamente: Dios no es pero existe. Mientras haya hombres habrá Dios. Ese es el sentido de la frase de Marx del opio de los pueblos. No quiere decir acabar con Dios, sino descubrir que el hombre necesita a Dios y lo seguirá necesitando mientras exista. Es imposible crear una sociedad en donde no haya quiebras, disgustos, huecos existenciales, carencias que Dios viene perfectamente a colmar y satisfacer. Vuelvo a Buchenwald: la libertad humana puede hacer que un compañero denuncie a otro para evitar que le den una ración complementaria de sopa o puede hacer que reparta su minúsculo trozo de pan. Y yo he visto más a menudo hacer esto último que denunciar.
Las condiciones sociales del mal y del bien existen también. Hay sociedades que te llevan al bien, o, si queremos dejar la cosa romántica del bien, que te llevan a la justicia, y otras que todo lo contrario. Hay educación y familias que conducen a un lado y otras a otro. Hay un postulado metafísico y luego su ejercicio en unas ciertas circunstancias sociales. Si naces en una sociedad en la que te dicen que todo judío es un miserable, la propensión al mal es mayor que en una sociedad que postula la igualdad de todos los seres humanos. Pero no pensemos nunca que una sociedad puede educarse o reeducarse de tal forma que desaparezca el mal. Eso es un sueño totalitario. El hombre nuevo de la sociedad soviética es un sueño totalitario.

Otra afirmación suya, polémica y sugerente, es que la vida no es el valor supremo. ¿No cree que con esto se abre la puerta para una interpretación de ese valor, y con ello a justificar toda clase de crímenes?
En un primer nivel de la discusión, es evidente que la vida es el valor supremo. Sin la vida no hay nada: ni esta conversación, ni un debate sobre el porvenir del mundo, ni nada. Sin vida no hay conciencia y por lo tanto no hay nada. Pero hay un nivel superior, el ético, o ético-práctico, que es el nivel de la libertad en el ejercicio de la vida. Yo sí creo que hay valores por los cuales hay que dar la vida, y la libertad es uno de ellos. Y que si no arriesgamos la vida por la libertad seremos esclavos. Si ningún pueblo, sociedad, grupo, minoría, hubiera arriesgado la vida por la libertad, la justicia o la fraternidad, seguiríamos en una sociedad esclavista o no habríamos salido del despotismo oriental.
Por ejemplo, cuando el pacifista dice “Todo antes que la guerra, ya que la vida debe estar por encima de todo”, esto implica la permanencia en el poder de Hitler, si lo trasladamos a los años treinta. No soy pacifista en ese sentido: la paz me parece un valor fundamental, pero, porque es fundamental, a veces es necesario sacrificarlo a algo que permite que siga siendo un valor fundamental. Hay guerras justas que te aseguran una paz justa.

Entre el olvido y la memoria siempre es preferible la memoria, pero ¿qué tipo de memoria? ¿Cómo debemos recordar el pasado? ¿Qué opina del impulso del rescate de la memoria de la Guerra Civil en la España actual?
Desde la Grecia clásica existe esta dialéctica entre la memoria y el olvido. Desde luego que es mejor recordar que no hacerlo, pero hay casos en que el silencio es también positivo. El primer artículo del Edicto de Nantes, por el cual termina la guerra civil entre católicos y protestantes, comienza diciendo que se prohíbe terminantemente, bajo castigo si no se cumple, evocar los problemas del pasado. Primero hay que apaciguar la memoria para poder cerrar una reconciliación y una cohesión nacional. Un periodo de olvido, programado y definido, es perfectamente lícito y comprensible. En el caso español no ha habido una prohibición como tal, ni mucho menos una ley. Ha habido un proceso de transición basado, implícitamente, en la amnistía y en la amnesia. Yo creo que esto fue positivo, ya que, en una guerra civil como la española, si empezamos a pedir cuentas y a exigir no salimos de eso. Se puede discutir si no ha habido retraso (yo he dicho muchas veces que ya es tiempo de salir de la desmemoria), pero es lógico que haya un cierto retraso e incluso un recelo a volver al pasado. No obstante, también es muy positivo que la propia sociedad española, sin que nadie se lo diga, sin que haya leyes ni votos en la cámara de diputados, necesite cada vez más, y de manera espontánea, recordar el pasado. Hay signos claros de que en España empieza a surgir esa necesidad, por ejemplo el éxito de Soldados de Salamina de Javier Cercas. Lo ves en la trama de las películas, y en muchas otras cosas. Tiene algo positivo que surja de repente esa exigencia, si se convierte en espíritu de justicia, aunque puede ser negativo si se convierte en espíritu de venganza. Lo ideal es que la historia sea lo más transparente posible, ya que la concordia se establece sobre la base del saber y no sobre la ignorancia. Por ello es muy importante, por ejemplo, descubrir a nuestros muertos, desenterrarlos de la fosa común en donde yacen y enterrarlos decentemente, con nombres y apellidos. Me parece lógico y hermosísimo. Digno de una tragedia griega.

Todorov habla en su historia del siglo XX del peligro, al referirse al pasado, del uso banal de la analogía, como si las enseñanzas del pasado se pudieran trasladar en automático de una época a otro. ¿Qué opina usted?
Te voy a contestar con un ejemplo concreto. Hoy, que soy globalmente adversario de la política del presidente Aznar, sería el primero en firmar un documento o en protestar públicamente ante el hecho de que alguien estuviera asimilando constantemente a Aznar con Franco. Una cosa es que en la historia de la derecha española haya unas constantes sociológicas que marcarían, en efecto, cierta continuidad entre sus posiciones, que son en general religiosas o empañadas de una religiosidad tradicionalista y nacionalista, y otra la comparación, la analogía entre uno y otro. Se trata de un absurdo total. Aunque fuera todavía más reprobable y reaccionaria la política de Aznar, una mayoría absoluta de españoles lo ha elegido, mientras que a Franco no lo eligieron nunca y, si hubiéramos podido elegir libremente, lo hubiéramos echado del poder. Ha tenido que hacer una guerra sangrienta, con centenares de miles de víctimas, para llegar al poder, y luego ejercer una represión tremenda, durante años y decenios, para mantenerlo. No nos sirve una comparación como ésta: ni entendemos mejor lo que fue el franquismo, ni entendemos bien lo que es el aznarismo hoy. Esta comparación trivializa la dureza del franquismo y descoyunta el análisis completo del aznarismo.
Aprender del pasado es necesario y se puede y debe aprender mucho, pero no sobre el uso de la analogía mecánica. Ese es el latiguillo de la propaganda. Me acuerdo de las eternas discusiones que tuve en el momento de la guerra de Bosnia, cuando se comparaba a Milosevich con Hitler. Por favor. Milosevich es un producto del comunismo, empecemos por eso. No es un producto del hitlerismo ni del nazismo, ni del posfacismo. Es un antiguo jefe del comunismo. Que en su doctrina broten de nuevo cosas como la purificación étnica significa que las pulsiones racistas están por encima de los partidos, lo que es más grave. Así que nada de analogías, porque no ayudan a entender ni el pasado ni el presente.

¿Por qué la izquierda sigue siendo, en alguna medida, tan dogmática?¿En qué se sustenta la fe comunista para que siga impermeable a la realidad?
La fe comunista está borrada de la historia, pero se manifiesta en rebrotes y en comportamientos que pueden tener su origen en esa fe. Por ejemplo, en el movimiento antimundialista o antiglobalizador tenemos brotes de leninismo. Claro que si los interrogas te dirán que no piensan así. Pero en Lenin fue esencial la teoría del imperialismo y su crítica, en la que recoge algo que es totalmente erróneo: que el imperialismo es la fase suprema de descomposición del capitalismo. El capitalismo puede sobrevivir al imperialismo y encontrar nuevas maneras y adquirir nuevos rostros. Eso es justamente lo que estamos viviendo ahora. Se regenera y resurge en nuevas ideas y otras formas de extraer plusvalía, e incluso para ello se apropia de banderas históricas de la izquierda. No estamos, pues, en la fase suprema y última del sistema capitalista y ante su descomposición. Y esto está en el discurso antiglobalizador. Otro concepto leninista, la idea de que un día puede ser el día de la revolución, del salto cualitativo, sigue estando mesiánicamente en muchos de los movimientos antiglobalizadores. Aunque esto también está evolucionando, es justo decirlo, e incluso el título del movimiento ha cambiado de anti al de alterglobalizadores, un cambio semántico que puede ser fundamental. Lo que pasa es que hay todavía un enorme retraso en la izquierda, incluso en la izquierda no comunista, porque hoy no hay una gran teoría de la izquierda, y está desvalida ante la derecha.
Otro ejemplo. En muchas de las teorías de la crítica del capitalismo actual hay el horror a la economía de mercado, la “tiranía del mercado”. El movimiento de Bové en Francia dice que “el mundo no es una mercancía”. Yo prefiero empezar con la primera frase de El capital de Marx: “El mundo es una acumulación de mercancías”. ¡Y sigue siéndolo! No se puede acabar con el mercado. Nadie acabará con el mercado más de lo que lo hicieron los bolcheviques: ellos sí acabaron con el mercado y así les fue. Lo interesante, tras un siglo en que la experiencia de la destrucción del mercado ha sido tan catastrófica para pueblos enteros, es oír así, por las buenas, lo de la “tiranía del mercado”. ¡Por favor! Vamos a pensarlo mejor, vamos a aprender del pasado y a entender nuestra época. Yo diría lo que dijo una vez un dirigente socialista llamado José María Maravall (es una cita de memoria): “No hay sociedades libres fundadas en otra cosa que en la economía de mercado”. No hay que olvidar, claro, que puede haber economía de mercado y no haber libertad, como bajo la dictadura de Pinochet en Chile. Por ello diría que es condición necesaria pero no suficiente, y esto es una cosa que no ha llegado a la izquierda. ~
 

(Agradezco a Beatriz de Moura, de Tusquets, y a Guillermo Sheridan, de la Maison du Mexique en París, su apoyo sin reservas para la realización de esta entrevista, que sin su ayuda no hubiera llegado a buen puerto.)

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Toda su obra escrita, ya novelas u obras autobiográficas, está fuertemente influida por sus peripecias vitales, en particular su paso por el campo de concentración de Buchenwald (El largo viaje, La escritura o la vida, Aquel domingo, Viviré con su nombre, morirá con el mío). Su expulsión del Partido Comunista queda reflejada en Autobiografía de Federico Sánchez, mientras que Federico Sánchez se despide de ustedes narra el período, entre 1988 y 1991, en que fue Ministro de Cultura en el gobierno de Felipe González.

Hasta 2003, todas sus obras de ficción habían sido escritas en francés, sólo utilizando el castellano para algunos de sus libros biográficos. En dicho año, se publica la primera novela de Semprún escrita originalmente en castellano, Veinte años y un día.

Ha recibido múltiples premios internacionales (Femina, Formentor, Premio de la Paz de la Feria del Libro de Fráncfort, Jerusalem de Literatura, etc.)

La obra escrita de Semprún no se limita a la literatura, sino que ha desarrollado una amplia carrera como guionista cinematográfico, siendo autor de guiones clásicos del cine francés como Z de Costa-Gavras y Stavisky de Alain Resnais.

Convencido europeísta, ha escrito, a cuatro manos junto al ex Primer Ministro Francés, Dominique de Villepin, el libro El hombre europeo, y ha publicado un volumen recopilatorio de artículos, conferencias y discursos sobre el tema, titulado Pensar en Europa.

También es el autor de la obra de teatro Gurs, una tragedia europea, relativa al campo de refugiados de este nombre y de una versión de Las troyanas.

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