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CUANDO UN LIBRO ES UN JUGUETE, UN JUEGO Y UN PLACER, carmen váscones 1994 mayo 3, 2011

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CUANDO UN LIBRO ES UN JUGUETE, UN JUEGO Y UN PLACER, carmen váscones 1994

¿Cuándo el libro hace que el lector viva el movimiento de la imaginación? ¿Cuándo esa creación no espera, sino que sigue y es seguida?  ¿Cuando el canal o túnel que la sustenta y sostiene en sí, constituye  “un poder de discernimiento”?

¿Qué más? ¿Cuándo la vida de ese proceso creativo es fuente propia de actividades y verbos que fluyen en la rueda del tiempo?  La vida: gestora de huellas y realizaciones de encuentros que provocan verdaderos placeres y emociones que hacen confrontar las propias insatisfacciones del no ser poderosamente absoluto. Menos mal, que el corte o el tajo del tiempo se fragmenta con el descubrimiento de la muerte, que existe. 

La ostentación del poder mutila la vida?

El niño vive el riesgo de la aventura acompañada de su guía, la experiencia de su fantasía, de sus personajes que lo liberan o lo hacen deliberar una opinión, un desacuerdo, una sensibilidad, una comparación… Entre la vida inventada y la vida cotidiana que le toca vivir un yo con y sin reputación.  Refuta el ser su resto por ser.

¿Cuándo esa lectura se convierte espacio y temporalidad para abordar, argumentar, elaborar pensamientos, discernimiento de juicios de valores?  ¿Cuándo ese lenguaje del libro abarca y lo traslada a sus recuerdos, vivencias, o lo embarca a proyectar su búsqueda  con dilucidaciones de sentidos y realidades posibles?  Por qué no incluir esto hasta de hacerlo aterrizar a tierra firme para que sus actos sean más consistentes. ¿Para quién? La existencia un complejo de letras y números articulados en la rueda de la tierra que se deforma como papa con el temblor humano y sus detonaciones o explosiones del principio de la razón pura e impura…

¿Cuándo el libro lo informa, lo adelanta “de lo que su experiencia le probará”?, quizás le abre los ojos frente a lo que es pertinente e impertinente, a lo prudente e imprudente, a lo paciente e impaciente. La lectura bien conducida empuja al lector  alcanzar niveles de placer y displacer  “ideando cosas nuevas, creando sin el deber de hacer, sino ser parte de ese invento”.

Leer sobre la muerte y la vida del juguete, del animal, de la piedra o del personaje es fundamental para todo lector, y sobre todo infantil, ya que esto, es un tema tabú, oscuro y poco hablado como lo es el tema de la sexualidad, del miedo, de la agresividad, de la angustia.  Igual entran en este plano los problemas familiares, identidad u otro. 

Trabajar con textos estos puntos clave de toda vida humana ayuda a desanudar, a calmar, a esclarecer, a rubricar y reubicar al niño tanto en su propio cuerpo, pregunta, contexto, vivencia y palabras que lo fundamentan. Las palabras en la lectura hacen de ejes, de directrices, de comunicantes relojes entre la imaginación creada y la recreada. El tiempo de los sentidos tocando el cuerpo ausente y presente. 

Para el lector, el libro y sus elementos que lo conforman son los protagonistas, el espacio sin y  con escenario de un tiempo sin disputa.  Sus seres animados son el verbo en movimiento actuando y representando  el teatro del momento.  Sus funciones son el espectáculo, esto es, la obra, producto hecho arte y gozo estético.  Teniéndose así, pintura de imágenes, esculturas de letras, acuarelas de  palabras.

¿Qué decir del tiempo? Acaso, modos verbales transfiriéndose entre vínculos y quipus culturales que evocan la fábula del origen vivificante junto con sus mitos, leyendas y voces que acogen la infancia de la palabra mutante en el jardín del lenguaje.

¿Qué es el futuro de un niño? Nada más y nada menos que su presente o por qué no decir,  su futuro: es un proyecto y una proyección del presente ausente para los otros. 

Toda lectura es doble, tanto de la imaginación como del texto donde surge la aparición de mundos propios e impropios, con nombres apropiados y sentidos llenos de intriga, trama y sorpresa.  Allí, el recorrido resulta un juego de escondites  orales.  La infancia se escurre y escabulle en la materia, silabario disfrazado de tinta, de dibujos, de plastilina, de arco iris, ¿De qué no? ¿Pregúntele a un niño?

Ahí, en esos  cuerpos de palabras, las emociones asumen sus personajes humanos  para revelarnos sus propios mundos, escenarios de sus dolores y alegrías. El vacío cumple su oficio, sostiene a la voz que acompaña a la creación. La muerte no es el problema fundamental para la existencia de un texto, sino la mano humana que ejecuta un cuerpo y clama justicia en cualquier idioma que se lo lea o escriba.

El libro que provoca es como un inmenso espejo por donde asoman sus invitados  para descubrirnos desde la imagen sonora la huella de la criatura que ha encontrado su definición que no vamos a hallar en ningún diccionario. Si no, sólo en la memoria y en la fantasía del autor que atraviesa a través de sus sentidos y formas juguetonas a la del lector; y hasta en la de  sus propios actores elegidos para hacer las escenas que conforman la obra.

Es así, que como lector, se está sin querer, involucrando en los por qué, adivinanzas, aventuras, pesares, nuevas miras y ya sin poder pasar o dejar de pensar en lo que viene

porque ha estimulado el apetito de qué vendrá?

Un libro crea los espacios para cuestionar y protestar, recrear, renovar.  El lector en el rato menos pensado se traslade y se sienta el personaje invisible o visible, reconocido o desconocido.  Un actor o un escritor cambiando el capítulo por que no le gustó o se le ocurrió otra cosa probar en un intervalo de invasión al texto.  O simplemente querer ser el salvador del personaje o querer hacer justicia en el problema o nudo del drama.  No hay obra ideal, sino, una escritura que se deja leer según los caprichos o nudos aportados por su ejecutor y debutante en ese encuentro con la palabra y el sentido…

Si nos damos cuenta la vida y la muerte  son el  enlace y meollo  de todo nido o nicho creador.  Vida vivida y representándose  es el tema eterno de toda creación.  Allí podemos morir y resucitar, tener miedo y perderlo, estar cansado y descansar.

Cada uno de los lectores, nosotros, al fin y al cabo nos asomamos al recuerdo, nos envolvemos de ensueños, nos acunamos en cantos  de nanas o pesadillas de realidades intolerables, hasta nos encuevamos en estrellas fugaces.  Nos declaramos adivinadores y requetepreguntones, esperamos respuestas  que no nos convencen y seguimos en la hipótesis de los sueños y de los inventos.  Queremos que el sacapuntas saque la punta del deseo hasta agotar el borrador de la memoria…

Incansablemente volvemos en definitiva a nosotros mismos a través de otros y de uno mismo: mi yo virtual que juega con su cuento y su historia interminable hasta que un día, quizás, contarán algo de mí.

Mientras, hago más de lo que puedo.  ¿A qué puedo esto? ¿Quién me sigue?

Soy mi propio desafío.  ¿Qué tal  ese personaje que me habla?

carmen váscones

8/9/1994

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