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NENA, NENILLA Y NENÚ por carmen váscones septiembre 10, 2010

Posted by carmenmvascones in autismo, cuento para niños, psicopedagogía, Uncategorized.
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NENA,  NENILLA Y NENÚ

A mis dos maría eugenia

La nenilla está en el piso, nena la coge, la tira en el rincón de siempre.  Nenú, está atenta, no se le escapa nada, ni la sombra del lobo.  Gatea, trepa, coge lo codiciado.  Se baja tal cual subió, retrocede el paso, va de nuevo, un pie, otro, la silla es baja, parece alpinista o malabarista en el filo de la cuerda,  Esta vez no hay golpe.  Se apoltrona en las baldosas nítidas.  Coge a la muñeca, la mira toda, le alza el vestido, como que no encuentra, baja falda. La mueve de un lado a otro, ni un alarido. La para de cabeza, los pelos de hilos cuelgan, se agacha hasta tocar con la coronilla el no poder del misterio,  hace huuuuu, otra vez, huuuuuu, silencio total.


La traposa no responde.  La tira, gatea como alejándose. Bruscamente  aparece la nena, la mira intensamente, -¡otra vez!- dice, coge a la hija, que se pone a berrinchar, hora de sopa, no hay quien acampe el grito,  Te callas o.., Nenú, es una zamba divina, apenas habla.  La madre se descontrola, la lleva al espejo, le dice, mira esa cara, se calma, toca el vidrio, es observada, quiere comérselo, lo babea, y hace huuuuu, huuuuu, las dos se ríen.  Señala a nenilla, la madre la coge, y retornan al testigo del juego, la niña hace que muñeca se mire, pide que la madre le dé un beso, se lo da, la pequeña mira, ahora ella, se lo da a las dos.


La nena, nenilla y nenú se transforman en el tiempo.



La nena recuerda que juega a la nada, sus manos atrapan los trucos del silencio.  Hace del silabario un rosario de dibujos. Cuenta que fue.  Encarama la memoria al cielo, acerca a Dios al patio de su corazón.  Reza y encomienda su miedo a la incógnita de la vida porque de la muerte no quiere saber. Ni la nombra.



Nenú enseña al niño a conocer la cercanía del sonido.  Hace con la boca un pucho de agujero, sopla hasta dejar que la burbuja se aleje en la imaginación, el aprendiz deja que la raya de su boca se convierta en un redondel, sale el cero, deja ver una ausencia,  sale una a acariciadora, no la toca, la mira  esta vez, antes la ignoraba, el  ganchito parece una lengua minúscula llamando la atención al uno mismo, mismo no es ¿qué será?, todo desapercibido los ojos miran la nada, hace gestos de círculos, la línea se tuerce, se quiebra la regla, la estridencia le hace poner rejas al  espacio, la boca se pega, retuerce los dedos, el cuerpo parece un péndulo de aquí para allá. Está sentado en el vacío del ser.


Ella le cuenta del gato que ata en un garabato.  Él observa.  Nenú, une dos círculos, como que fueran dos cabezas vacías, le dice cabeza y cuerpo, dos pedazos de triángulos  encima de la cabeza, ?sabes?, son orejas, claro que las conoces,  ahora bigotes, continúa sin hablar, sigue  la joven, coge un carboncillo hace unos pelos largos, cuatro exactamente, los ojos están cerrados le dice, dos puntos y punto, ?y la nariz? una motita chiquitita, con dos huequitos, para que pueda respirar,  los gatos no tienen ombligo, ¿has visto el tuyo? Cuando puedas míratelo, el chico como que no está, faltan manos y patas, las hago con plastilina, porque es un gato gordo, de color café, hace una pata, va la otra, son cuatro, me quedan dos, amasa, rueda sus dedos por el piso, salen un fideo gordo, lo corta en dos, ya las tiene, una aquí, otra allá. Me estaba olvidando de las uñas, hago, cuántas, suficiente tres en cada patica, cortas, para que no rasguñen.


¿Y el rabo? ¿dónde está? ¿Buscamos con qué hacerlo? ¿lo delineamos, lo pintamos o lo dejamos cómo? Supongamos que no quiere que se lo cojamos porque le duele, y, claro, no es un juguete, además, se erizaría como un puerco espín, ¿conoces este animal? La próxima te lo enseño y lo dibujaremos.  Dejemos así, gato con la cola escondida entre las garras de sus pezuñas con uñas,  para que no se lo encuentren ni se lo agarren.  ¿Has escuchado como hace? Mmmiiiiiaaaauuuuu, otra vez  mmmmiiiiaaaaaaauuuuu. Como que se emociona con esta ocurrencia, sus labios se movieron ligeramente, un poquitín, la abrió, la puntita deja notar, la deja un rato ahí, la mueve cortamente, la muerde sin hacerse daño, no, sólo fue un intento, un avance dentro de su isla emocional, está lejos de la orilla.



El vaivén de la compañía flota como una boya que se acerca, que se va, que regresa.  ¡Ya casi la agarro!  Se pierde de la mirada. Algo está ahí, algo no.  Al gato no le gusta por nada ni que le tanteen ni le tironeen el rabo, peor, eso de que lo cojan como soga de jugar y den vuelta con él hasta caer desmayados de mareo. Te huye, basta una vez, se espanta si te ve, se meterá donde nadie lo encuentre. Ni el queso ni el chillido del ratón le llamarán la atención por un rato.  Eso sí, si lo mimas, te ronronea, te da pequeños cabezazos de aceptación, se te cruza en el camino, si estás sentado, se te sube  se te pega con su calorcito, y se duerme en tu regazo.


Listo.  Qué le falta, ¡ah!, un collar con un cascabel, si se pierde, sonará a la distancia, así sé por dónde anda.  Está solo, lo vamos a acompañar, toma esta plastilina, y esta para mí, ahora nos hacemos, él tiene hecha una pelota la masa de color blanco,  ella coge la negra. La empuja como bolita, demora, pero algo rueda, eso le atrae la atención, su mano echa un puñete, aprieta, luego la abre, y la suelta.  Está la masa aplastada, pegada a la palma de su mano, la mueve bruscamente, y la alza, hasta llevarla al papel, y da cómo una cachetada en la página, se pega, queda una mancha blancuzca, ¡Ya!, ese eres tú, ahora falto yo, y hace lo mismo que él hizo, da un planchazo en el papel, y sale una mancha negruzca. Parecen dos sombras a contra luz, una sosteniendo a la otra.   Gato, ya no está solo.  Ni tú ni yo.


Nenilla está en el recuerdo.  En la realidad otra niña la carga en sus brazos.


La vida es un cruce de acciones. Un momento para detenerse. Afuera de ti y dentro de mí hay otro que no sabe, hay un ciego que habla, hay un mudo ciego, hay un sordo que ve, y entre los tres hay un movimiento que quiere decir algo.  Ciego, sordo y mudo es una mente vacía que toca la melodía del cuerpo.  ¿Quién está calmo para reconocer la parábola de la vida incompleta?


El sordo dibuja la luna, emite un sonido redondo, el ciego describe la luna que imagina, el mudo y ciego, dibuja la luna que escucha.



La Nena cuenta un cuento de la nenilla a nenú.


Nenú escribe el cuento. La nenilla habla en un papel.


Las tres son personajes  para el niño que hace un gato que le acompañan dos sombras, una clara y otra oscura.



Todos son ahora parte de una historia para quien quiera leerla y después contarla, si quiere.

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