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revista Praxis en América Latina  teoría/practica En la línea una nueva edición: www.praxisenamericalatina.org septiembre 26, 2010

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revista  Praxis en América Latina teoría/practica

En la línea una nueva edición: www.praxisenamericalatina.org

No. 2    octubre 2010

Desde México

·  La Libertad de los presos de San Salvador Atenco,  un paso en la lucha por la

libertad

·   Asamblea Anticapitalista de la Otra Campana, abierta a otras fuerzas

·   Una trabajadora de Luz y Fuerza del Centro hable

·    Aniversario de 02 de octubre 1968: “El 68 desde abajo y a la izquierda

América Latina

·  En Colombia se reúne un Congreso de los Pueblos

·  Bolivia y educacion popular

Ensayos

·  Michael Löwy : A centelha se acende na ação–A filosofia da praxis no

pensamento de Rosa Luxemburgo

·  America Latina y el marxismo de Raya Dunayevskaya

Cultura

·  Poesía: Carmen Vascones, Jocekyn Blake, Eduardo Lizalde

·  Fotografía: Colombia: trabajadores de la caña de azúcar – en el trabajo y en protesta

Archivos de Marx, los Marxistas y pensadores latinoamericanos

·  Rosa Luxemburgo: El Orden Reina En Berlin

·  Marx: Carta a Arnold  Ruge

· Mariátegui: Aniversario y balanca

●  Eduardo Galeano: Los mapas del alma no tienen fronteras

En el espíriu de José Carlos Mariátegui

ENCUENTRO POÉTICA DE LA MUERTE EN MONTERREY, MEXICO, CHILE, BRASIL, ARGENTINA, POLONIA, ECUADOR septiembre 25, 2010

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XV Encuentro Internacional de Escritores

Programación

MARTes 28 de SEPTIEMBRECasa de la Cultura de Nuevo León
16:00 a 20:00 hrs Taller de poesía latinoamericana contemporánea impartido por Roberto Echavarren

MIÉRCOLes 29 de SEPTIEMBRECasa de la Cultura de Nuevo León
16:00 a 20:00 hrs Taller de poesía latinoamericana contemporánea impartido por Roberto Echavarren

Jueves 30 de SEPTIEMBREMuseo de Historia Mexicana
10:00 hrs Registro de participantes
10:30 hrs Inauguración oficial
11:00 hrs 1ª Mesa de ponencias: Memoria y espanto: Carmen Váscones (Ecuador), Elías Portela (Islandia / España), Fabio Aristimunho (Brasil), Renée Ferrer (Paraguay)Moderador: Pedro de Isla
12:30 hrs 2ª Mesa de ponencias: Los muertos viajan mirando hacia atrás: Álvaro Ruiz (Chile), Néstor Braunstein (México / Argentina), Zacarías Jiménez (México), Luis Felipe Fabre (México)Moderador: Héctor Alvarado
14:00 hrs Receso
JUEVes 30 de SEPTIEMBRE – CASA DE LA CULTURA DE NUEVO LEÓN
17:00 hrs 1ª Mesa de lectura de obra: David Toscana (México), Marta Eloy Cichoka (Polonia), Yanko González (Chile), Ignacio Mendoza (México), José María Memet (Chile)Moderadora: Lorena Sanmillán
18:00 hrs Presentación del libro Exilio transitorio de Delfín Prats.Presentador: Luis Aguilar

carmen vascones, la vida pasa como un nudo… septiembre 21, 2010

Posted by carmenmvascones in la vida pasa como un nudo...carmen váscones.
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1LA  VIDA PASA COMO UN NUDO QUE SE ROMPE EN EL CUERPO.—

2


LAPALABRA  ATADURA DEL SONIDO

QUE  CONVIERTE

LO SONORO EN ALGO HUMANO A DECIR

DE QUIÉN

—–

3

AVE DESPLUMADA AGONIZA

4

EL ESTERO INCÓLUME

ESPERA

5

LA SOLEDAD DEL PEZ

EN LA TROMPA DEL DELFÍN

BORDEA EL MANGLAR

EL OTRO

SE HUNDE Y SALE

ALREDEDOR  Y A DISTANCIA

DEL QUE HACE NADA

LO QUE DEMUELE

——

LA LUNA MUERE POR ELLA

—–

6

LA NOCHE SE HUNDE EN EL ALBA

———

7

EL SOL  AÚN EN QUIÉN

———

8

MAR DESTERRADO

——————-

9

DESPEJA EL CANSANCIO

—————————–

10

LA LLUVIA SE DESHILACHA

———————————

11

EL CANTARO SE LLENA

——————————–

12

BEBO LA VIDA

————————

13

VISTA SIN MANCHA SACA

UNA HOJA NO QUEMADA

——————————-

14

EL QUIJOTE SOLO SOÑÓ

LA MUERTE EN EL DELIRIO

DE CERVANTES

——-

15

DESCANSA EL ESCRITOR

LA PESADILLA DE LA NOVELA

———————

16

SANCHO SE DESINFLA  DE  LA

SOMBRA

————–

17

EL DIBUJO DE ARENA

NO ES MI TIEMPO

——————–

18

ESCRIBIR SIN EDITAR

PARA QUE LA PRISA

NO MATE TU INÉDITO…

CARMEN VASCONES

jorge eduardo eielson (1924-2006)poesia, perú septiembre 21, 2010

Posted by carmenmvascones in Uncategorized.
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Ustedes me colman de afecto y generosidad y ello me

asegura un viaje final perfectamente sereno. Y, créanme,

aunque no pueda viajar, yo estoy siempre muy cerca de ustedes,

y ahora más que nunca. Sólo mi pobre, maltrecho cuerpo está aquí.

Milano, Italia.

http://lassumasvoces.com/edi11/005_11.htm

Los nudos infinitos de

————–

Ceremonia solitaria en compañía de mi mismo

Ceremonia solitaria bajo la luz de la luna

Columna al otoño

Ceremonia solitaria en compañía de tu cuerpo

Doble diamante

Cuerpo enamorado

Escribo algo

En el corazón del otoño

Genitales bajo el vino

Esposa mía sepultada

Nocturno terrenal

Impromptu

Perdido a tus pies

Oda al inviernoSmoking car

Retrato

Solo el sol

————————————————//

El testamento poético de Eielson

La muerte a tus pies

Jorge E. Eielson, un poeta celeste

Elegía por uno de los poetas peruanos más importantes del siglo XX

Inquisiciones. Los 80 años de Eielson

Los Reinos de Eielson

Arte poética de Jorge E. Eielson

El Perú siempre / Invitacion al reino

Luis Rebaza: “Eielson tiene por chamán al artista

Ceremonia solitaria bajo la luz de la lun

La masturbación es un caballo blanco
Galopando entre el jardín
Y el baño de mi casa
La masturbación se aprende
Mirando y mirando la luna
Abriendo y cerrando puertas
Sin darse cuenta que la entrada y la salida
Nunca han existido
Jugando con la desesperación
Y el terciopelo negro
Mordiendo y arañando el firmamento
Levantando torres de palabras
O dirigiendo el pequeño pene oscuro
Posiblemente hacia el alba
O hacia una esfera de mármol tibio y mojado
O en el peor de los casos
Hacia una hoja de papel como ésta
Pero escribiendo tan sólo la palabra
Luna
En una esquina
Pero sobre todo
Haciendo espuma de la noche a la mañana
Incluidos sábado y domingo.

De “Ceremonia solitaria”  Roma, 1964

Ceremonia solitaria en compañía de mí mismo

Si entre esferas me acuesto
Si entre esferas me despierto
Es porque tu sexo
Es porque mi sexo
Se parece tanto al mío
Se parece tanto al tuyo
Que no conozco nada
Que no conozco nada
Más oscuro ni más tibio
Más oscuro ni más tibio
Más redondo ni más puro
Más redondo ni más puro
Un obelisco de dulzura
Un abismo de ternura
Un animal escamoso en la mañana
Otro suavísimo en la noche
Un corazón en cambio
Un corazón
Significa sólo fuego
Significa sólo fuego
Una pared de ceniza
Entre tu cuerpo y el mío
Un fragmento de mejilla
La redondez de tu ombligo
Una calavera que me espera
Una calavera que te espera
Y yo que te pienso diverso
Yo que te pienso diverso
Cada día me parezco más a ti
Cada día me parezco más a ti
Que no te pareces a mí.

De “Ceremonia solitaria”  Roma, 1964

Ceremonia solitaria en compañía de tu cuerpo

Penetro tu cuerpo tu cuerpo
De carne penetro me hundo
Entre tu lengua y tu mirada pura
Primero con mis ojos
Con mi corazón con mis labios
Luego con mi soledad
Con mis huesos con mi glande
Entro y salgo de tu cuerpo
Como si fuera un espejo
Atravieso pelos y quejidos
No sé cuál es tu piel y cuál la mía
Cuál mi esqueleto y cuál el tuyo
Tu sangre brilla en mis arterias
Semejante a un lucero
Mis brazos y tus brazos son los brazos
De una estrella que se multiplica
Y que nos llena de ternura
Somos un animal que se enamora
Mitad ceniza mitad latido
Un puñado de tierra que respira
De incandescentes materias
Que jadean y que gozan
Y que jamás reposan

De “Ceremonia solitaria”  Roma, 1964

Columna al otoño

Se pierde el tiempo, las sedosas sombras
Que ruedan entre esferas de esmeralda
Hacia la muerte. Frente al otoño
Respiro como un ángel, escucho el silbido
De las flores vivas, veo grandes cielos,
Y corrientes frías de olvidados rostros
Pasan por mi frente. Yo sé bien,
Corazón mío, gorgona púrpura y girante,
Cómo es de oscura tu sonrisa y cómo se agita
Tu corona de gusanos en la sombra. Rey vulnerado
Por las detonaciones lilas del otoño,
Heme aquí, transido ante los fuegos estelares,
Mirando cómo arden en una azul columna,
Agreste y solitaria, mi corazón, los árboles y el viento.

De “Doble diamante” Lima, 1942

Cuerpo enamorado

Miro mi sexo con ternura
Toco la punta de mi cuerpo enamorado
Y no soy yo que veo sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el remanso y ríe
Amo el espejo en que contemplo
Mi espesa barba y mi tristeza
Mis pantalones grises y la lluvia
Miro mi sexo con ternura
Mi glande puro y mis testículos
Repletos de amargura
Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora

De “Noche oscura del cuerpo”  Roma, 1955

Doble diamante

¿Conoces tu cuerpo          esfera de la noche
esfera de la noche
Huracán solar        conoces tu cuerpo
Conoces tu cuerpo      conoces
Tu admirable cabeza tus piernas moviendo
El centro miserable
De mis ojos de oro
Mis ojos de oro de mirarte
De oro de soñarte
De llorarte?

¿Conoces tu cuerpo
Fuerza de los años
Calor de los planetas?

¡Ah criatura! Tu desnudez me ahoga
Tus zapatos me queman
Días imantados son mis noches
Vacío       colmo encontrado     asilo frío. Contigo
Los astros me aburren
Las especies lloran
Muero     me levanto     clamo     vuelvo a morir
Clamando grito    entre ramas orino y fumo     caigo
Como un rayo fácilmente en tu garganta. Contigo
Sólo silencio     placa de horrores    sedimentos
Cascada inmóvil    piedra cerrada
Abismos de oro nos persiguen
Rabiosos amigos

A través de rayos    cantos    blasfemias
Soles y serpientes mundos de vidrio
Pomos perdidos
Amaneceres con lluvia       lluvia de sangre
Temperatura y tristeza.

¡Ah misteriosa! Odio tu cabeza pura
Imbécil terciopelo tigre de las alturas
Odio el círculo salado
En que te pienso oculta
Odio el peso de los días
Los pulpos que me beben gota a gota
Bebiéndote a la vez ¡somos rocío!
Los pulpos luminosos que gobiernas
Los cedros empapados por tu aliento
Los siglos de hermosura en que agonizo
La luna y mis deseos de matar
La imagen de tus labios frescos     los ríos y los montes
Los pasos encantados de mi mano
En tu garganta.
¡Ah mis 30 000 flores vivas
Suave ejército vespertino batallón perfumado!

Rotación de mi cuerpo
Hazme volver a mi cuerpo
Destrúyeme los ojos en el acto
Las uñas y los dientes sobre el fruto
Conviérteme en silencio.

Deja rodar mis lágrimas en cambio
Sobre el espejo que adoro
Sobre la viva  atroz  remota  clara
Desnudez que me disuelve
Sobre el diamante igual que me aniquila
sobre tantísimo cielo y tanta perfección enemiga
Sobre tanta inútil hermosura
Tanto fuego planetario
Tanto deseo mío.

De “Doble diamante” Lima, 1942

En el corazón del otoño

Este taller dorado, señora,
Si usted suelta sus cabellos,
Su corsé, sus abundantes senos,
Arderá. La Muerte vestida,
Calavera de viejo sombrero,
Con plumas de pato en la nuca,
Vendrá, si usted llora, señora,
Desnuda en el bosque, si llora.
Hermosa señora, qué viento,
Qué viejo ya el día, las flores,
La cera y el vino, sus ojos, señora.
Este taller dorado, señora, es el otoño.

De “Doble diamante”    Lima, 1947

Escribo algo…

Escribo algo
algo todavía
algo más aún
añado palabras pájaros
hojas secas viento
borro palabras nuevamente
borro pájaros hojas secas viento
escribo algo todavía
palabras

De “Mutatis mutandis” 1967

Esposa mía sepultada

Encerrado en tu sombra, en tu santa sombra,
Con el agua en las rodillas, te pregunto
¿Es el peso del manzano, claveteado de estrellas,
Sobre mi corazón oscuro, o eres tú, cabeza
Fugitiva de las horas, novia mía enterrada,
La que arrastras tu cabellera incesante
Como una botella rota, por entre mi sangre?
Yo no sé, señora mía, luto de mi amor,
Si eres tú la que reinas sobre tanta ceniza,
O si es sólo tu sombra, tu velo de novia en el aire,
-Poblado de perlas, naves y calaveras-
El que inunda mi alcoba, igual que un océano.

De “Reinos”  Lima, 1945

Genitales bajo el vino

Óyeme tierra, así, escribiendo así,
En la espesura de pámpanos dormido:
Mi pecho frío junto a mis intestinos
Se ha cuajado. Mis dedos alhajados
Buscan el Árbol de la Noche, clavan
Sus uñas de imprenta en los racimos
De la Vida y de la Muerte. Óyeme tierra
De grandes frutos áureos y serpientes,
Luciérnaga entre muros de papiro,
Negro universo del quinqué y el sexo,
Justicia del gusano, mal Paraíso.
Mírame tierra, así escribiendo, así
Desnudo, Adán poeta, quieto y triste,
En esqueleto, sierpe y uva convertido.

De “Reinos”    Lima, 1945

Impromptu

éste es tu cuerpo o nada
una nube o una rueda
un caballo o cinco dedos
qué alegría estoy vivo
o la lluvia
un ruido de tijeras
cuatro pasos un silbido
un grito    una habitación
otro grito
un cometa en el cielo
un cuchillo en la boca
dos ojos abiertos una esfera
dos ojos más
siete brazos    una mano
tres o cuatro tigres
una cabeza rubia
un beso de mamá
cuarenta espejos rotos
cuarenta tíos carlos
un teléfono sonando
un cadáver en el suelo
un señor aburrido
una historia cualquiera
un teléfono sonando
tres o cuatro tigres
qué tarde me acuesto
estoy solo
una palabra u otra
no importa qué cosa
un teléfono sonando
un cadáver en el suelo
una raza de perro
un perfume de francia
etcétera    etcétera

De “Tema y variaciones” Ginebra, 1950

Nocturno terrenal

Te he buscado, Tesoro,
he cavado en las noches profundas.
Rainer Maria Rilke

Amo cierta sombra y cierta luz que muy juntas, creo yo, azulan
Las casas profundas de los muertos, amo la llama
Y el cabo de la sangre, porque juntas son el mundo
Y hacen de mí un muro que separa la noche del día.

He visto los rojos campos labrados por el cielo azul,
La antigua naturaleza desflecada y húmeda
De vino, de rocío, mortalmente hecha con racimos
De amor, tal un lecho donde ardiera lo deseado,
Pero debajo de todo, siempre despierta, un agua pura
Pensando por nosotros contra un árbol de dolor.

Y las cosas cuya última luciérnaga ha volado
Con nuestro último sueño, que tienen todavía, como un templo
Majestuoso, el gran consuelo de su polvo donde nada
Ni nadie ha osado penetrar sino los muertos.
Amo todavía aquello que habla lejos, como los astros
De terciopelo, al oído del viento, aun las rosas y la luz
Y todo lo que igual a una plaga, inextinguible pero real
Transcurre entre los hombres y agita su plumaje.
Fosforescencia, día esmeralda de las tumbas,
Sólo tus ojos adivino adorados por lagartos y raíces,
Y tras de ellos casas y crepúsculos, altas montañas
Destronadas contra cielos de nieve en un soplo;
Todo bajo el musgo de sus ojos, blanco Amante,
De cuyo seno mana una leche antigua a cada fruto.
Yo amo por ello este hundido bosque, de brillantes hojas
Donde reposa, inmemorial, el Gran Sol de los Tiempos.

De “Reinos”    Lima, 1945

Oda al invierno

El invierno es todo frutas y linternas
Olvidadas y esqueletos santos de palomas
En el bosque. El invierno besa, enamorado,
Los labios gloriosos de la vid con sus labios
De granizo, y se duerme sobre ella.
El invierno puede venir un día, blandamente,
Por el valle y, cual un fósforo en la mano,
Llevarse una vida a su ciudad como un ladrón.
El invierno enjoya al hombre tristemente,
El invierno lava tumbas de monarcas
Y mendigos, y corona el áureo y viejo otoño
Con un rayo de ceniza en la cabeza. Respetad
Al invierno, la antigüedad de sus plantas,
Su cetro de rocío en la espesura; respetad
Los rostros eternos de los árboles y el viento
En su dominio, cuando cesa todo en torno
Y él se inclina, carcomido y sonoro, como un piano
En un estanque o como un muerto en una tumba.

De “Reinos”    Lima, 1945

Ceremonia solitaria bajo la luz de la luna

La masturbación es un caballo blanco
Galopando entre el jardín
Y el baño de mi casa
La masturbación se aprende
Mirando y mirando la luna
Abriendo y cerrando puertas
Sin darse cuenta que la entrada y la salida
Nunca han existido
Jugando con la desesperación
Y el terciopelo negro
Mordiendo y arañando el firmamento
Levantando torres de palabras
O dirigiendo el pequeño pene oscuro
Posiblemente hacia el alba
O hacia una esfera de mármol tibio y mojado
O en el peor de los casos
Hacia una hoja de papel como ésta
Pero escribiendo tan sólo la palabra
Luna
En una esquina
Pero sobre todo
Haciendo espuma de la noche a la mañana
Incluidos sábado y domingo.

De “Ceremonia solitaria”  Roma, 1964

Ceremonia solitaria en compañía de mí mismo

Si entre esferas me acuesto
Si entre esferas me despierto
Es porque tu sexo
Es porque mi sexo
Se parece tanto al mío
Se parece tanto al tuyo
Que no conozco nada
Que no conozco nada
Más oscuro ni más tibio
Más oscuro ni más tibio
Más redondo ni más puro
Más redondo ni más puro
Un obelisco de dulzura
Un abismo de ternura
Un animal escamoso en la mañana
Otro suavísimo en la noche
Un corazón en cambio
Un corazón
Significa sólo fuego
Significa sólo fuego
Una pared de ceniza
Entre tu cuerpo y el mío
Un fragmento de mejilla
La redondez de tu ombligo
Una calavera que me espera
Una calavera que te espera
Y yo que te pienso diverso
Yo que te pienso diverso
Cada día me parezco más a ti
Cada día me parezco más a ti
Que no te pareces a mí.

De “Ceremonia solitaria”  Roma, 1964

Ceremonia solitaria en compañía de tu cuerpo

Penetro tu cuerpo tu cuerpo
De carne penetro me hundo
Entre tu lengua y tu mirada pura
Primero con mis ojos
Con mi corazón con mis labios
Luego con mi soledad
Con mis huesos con mi glande
Entro y salgo de tu cuerpo
Como si fuera un espejo
Atravieso pelos y quejidos
No sé cuál es tu piel y cuál la mía
Cuál mi esqueleto y cuál el tuyo
Tu sangre brilla en mis arterias
Semejante a un lucero
Mis brazos y tus brazos son los brazos
De una estrella que se multiplica
Y que nos llena de ternura
Somos un animal que se enamora
Mitad ceniza mitad latido
Un puñado de tierra que respira
De incandescentes materias
Que jadean y que gozan
Y que jamás reposan

De “Ceremonia solitaria”  Roma, 1964

Columna al otoño

Se pierde el tiempo, las sedosas sombras
Que ruedan entre esferas de esmeralda
Hacia la muerte. Frente al otoño
Respiro como un ángel, escucho el silbido
De las flores vivas, veo grandes cielos,
Y corrientes frías de olvidados rostros
Pasan por mi frente. Yo sé bien,
Corazón mío, gorgona púrpura y girante,
Cómo es de oscura tu sonrisa y cómo se agita
Tu corona de gusanos en la sombra. Rey vulnerado
Por las detonaciones lilas del otoño,
Heme aquí, transido ante los fuegos estelares,
Mirando cómo arden en una azul columna,
Agreste y solitaria, mi corazón, los árboles y el viento.

De “Doble diamante” Lima, 1942

Cuerpo enamorado

Miro mi sexo con ternura
Toco la punta de mi cuerpo enamorado
Y no soy yo que veo sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el remanso y ríe
Amo el espejo en que contemplo
Mi espesa barba y mi tristeza
Mis pantalones grises y la lluvia
Miro mi sexo con ternura
Mi glande puro y mis testículos
Repletos de amargura
Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora

De “Noche oscura del cuerpo”  Roma, 1955

Doble diamante

¿Conoces tu cuerpo          esfera de la noche
esfera de la noche
Huracán solar        conoces tu cuerpo
Conoces tu cuerpo      conoces
Tu admirable cabeza tus piernas moviendo
El centro miserable
De mis ojos de oro
Mis ojos de oro de mirarte
De oro de soñarte
De llorarte?

¿Conoces tu cuerpo
Fuerza de los años
Calor de los planetas?

¡Ah criatura! Tu desnudez me ahoga
Tus zapatos me queman
Días imantados son mis noches
Vacío       colmo encontrado     asilo frío. Contigo
Los astros me aburren
Las especies lloran
Muero     me levanto     clamo     vuelvo a morir
Clamando grito    entre ramas orino y fumo     caigo
Como un rayo fácilmente en tu garganta. Contigo
Sólo silencio     placa de horrores    sedimentos
Cascada inmóvil    piedra cerrada
Abismos de oro nos persiguen
Rabiosos amigos

A través de rayos    cantos    blasfemias
Soles y serpientes mundos de vidrio
Pomos perdidos
Amaneceres con lluvia       lluvia de sangre
Temperatura y tristeza.

¡Ah misteriosa! Odio tu cabeza pura
Imbécil terciopelo tigre de las alturas
Odio el círculo salado
En que te pienso oculta
Odio el peso de los días
Los pulpos que me beben gota a gota
Bebiéndote a la vez ¡somos rocío!
Los pulpos luminosos que gobiernas
Los cedros empapados por tu aliento
Los siglos de hermosura en que agonizo
La luna y mis deseos de matar
La imagen de tus labios frescos     los ríos y los montes
Los pasos encantados de mi mano
En tu garganta.
¡Ah mis 30 000 flores vivas
Suave ejército vespertino batallón perfumado!

Rotación de mi cuerpo
Hazme volver a mi cuerpo
Destrúyeme los ojos en el acto
Las uñas y los dientes sobre el fruto
Conviérteme en silencio.

Deja rodar mis lágrimas en cambio
Sobre el espejo que adoro
Sobre la viva  atroz  remota  clara
Desnudez que me disuelve
Sobre el diamante igual que me aniquila
sobre tantísimo cielo y tanta perfección enemiga
Sobre tanta inútil hermosura
Tanto fuego planetario
Tanto deseo mío.

De “Doble diamante” Lima, 1942

En el corazón del otoño

Este taller dorado, señora,
Si usted suelta sus cabellos,
Su corsé, sus abundantes senos,
Arderá. La Muerte vestida,
Calavera de viejo sombrero,
Con plumas de pato en la nuca,
Vendrá, si usted llora, señora,
Desnuda en el bosque, si llora.
Hermosa señora, qué viento,
Qué viejo ya el día, las flores,
La cera y el vino, sus ojos, señora.
Este taller dorado, señora, es el otoño.

De “Doble diamante”    Lima, 1947

Escribo algo…

Escribo algo
algo todavía
algo más aún
añado palabras pájaros
hojas secas viento
borro palabras nuevamente
borro pájaros hojas secas viento
escribo algo todavía
palabras

De “Mutatis mutandis” 1967

Esposa mía sepultada

Encerrado en tu sombra, en tu santa sombra,
Con el agua en las rodillas, te pregunto
¿Es el peso del manzano, claveteado de estrellas,
Sobre mi corazón oscuro, o eres tú, cabeza
Fugitiva de las horas, novia mía enterrada,
La que arrastras tu cabellera incesante
Como una botella rota, por entre mi sangre?
Yo no sé, señora mía, luto de mi amor,
Si eres tú la que reinas sobre tanta ceniza,
O si es sólo tu sombra, tu velo de novia en el aire,
-Poblado de perlas, naves y calaveras-
El que inunda mi alcoba, igual que un océano.

De “Reinos”  Lima, 1945

Genitales bajo el vino

Óyeme tierra, así, escribiendo así,
En la espesura de pámpanos dormido:
Mi pecho frío junto a mis intestinos
Se ha cuajado. Mis dedos alhajados
Buscan el Árbol de la Noche, clavan
Sus uñas de imprenta en los racimos
De la Vida y de la Muerte. Óyeme tierra
De grandes frutos áureos y serpientes,
Luciérnaga entre muros de papiro,
Negro universo del quinqué y el sexo,
Justicia del gusano, mal Paraíso.
Mírame tierra, así escribiendo, así
Desnudo, Adán poeta, quieto y triste,
En esqueleto, sierpe y uva convertido.

De “Reinos”    Lima, 1945

Impromptu

éste es tu cuerpo o nada
una nube o una rueda
un caballo o cinco dedos
qué alegría estoy vivo
o la lluvia
un ruido de tijeras
cuatro pasos un silbido
un grito    una habitación
otro grito
un cometa en el cielo
un cuchillo en la boca
dos ojos abiertos una esfera
dos ojos más
siete brazos    una mano
tres o cuatro tigres
una cabeza rubia
un beso de mamá
cuarenta espejos rotos
cuarenta tíos carlos
un teléfono sonando
un cadáver en el suelo
un señor aburrido
una historia cualquiera
un teléfono sonando
tres o cuatro tigres
qué tarde me acuesto
estoy solo
una palabra u otra
no importa qué cosa
un teléfono sonando
un cadáver en el suelo
una raza de perro
un perfume de francia
etcétera    etcétera

De “Tema y variaciones” Ginebra, 1950

Nocturno terrenal

Te he buscado, Tesoro,
he cavado en las noches profundas.
Rainer Maria Rilke

Amo cierta sombra y cierta luz que muy juntas, creo yo, azulan
Las casas profundas de los muertos, amo la llama
Y el cabo de la sangre, porque juntas son el mundo
Y hacen de mí un muro que separa la noche del día.

He visto los rojos campos labrados por el cielo azul,
La antigua naturaleza desflecada y húmeda
De vino, de rocío, mortalmente hecha con racimos
De amor, tal un lecho donde ardiera lo deseado,
Pero debajo de todo, siempre despierta, un agua pura
Pensando por nosotros contra un árbol de dolor.

Y las cosas cuya última luciérnaga ha volado
Con nuestro último sueño, que tienen todavía, como un templo
Majestuoso, el gran consuelo de su polvo donde nada
Ni nadie ha osado penetrar sino los muertos.
Amo todavía aquello que habla lejos, como los astros
De terciopelo, al oído del viento, aun las rosas y la luz
Y todo lo que igual a una plaga, inextinguible pero real
Transcurre entre los hombres y agita su plumaje.
Fosforescencia, día esmeralda de las tumbas,
Sólo tus ojos adivino adorados por lagartos y raíces,
Y tras de ellos casas y crepúsculos, altas montañas
Destronadas contra cielos de nieve en un soplo;
Todo bajo el musgo de sus ojos, blanco Amante,
De cuyo seno mana una leche antigua a cada fruto.
Yo amo por ello este hundido bosque, de brillantes hojas
Donde reposa, inmemorial, el Gran Sol de los Tiempos.

De “Reinos”    Lima, 1945

Oda al invierno

El invierno es todo frutas y linternas
Olvidadas y esqueletos santos de palomas
En el bosque. El invierno besa, enamorado,
Los labios gloriosos de la vid con sus labios
De granizo, y se duerme sobre ella.
El invierno puede venir un día, blandamente,
Por el valle y, cual un fósforo en la mano,
Llevarse una vida a su ciudad como un ladrón.
El invierno enjoya al hombre tristemente,
El invierno lava tumbas de monarcas
Y mendigos, y corona el áureo y viejo otoño
Con un rayo de ceniza en la cabeza. Respetad
Al invierno, la antigüedad de sus plantas,
Su cetro de rocío en la espesura; respetad
Los rostros eternos de los árboles y el viento
En su dominio, cuando cesa todo en torno
Y él se inclina, carcomido y sonoro, como un piano
En un estanque o como un muerto en una tumba.

De “Reinos”    Lima, 1945

Perdido a tus pies

Maldita noche, el fuego de la luna,
El tiempo que se esconde entre las hojas,
Los pájaros, el sol que sucede
A tu garganta oscura. ¿Es también
Tu mano temblorosa la que cruza
Sobre esta página estrellada?
¿Es tu cuerpo mortal en la floresta
El que reposa humeando, fatigado,
Como un arma que dispara terciopelo?
Enamorado, inerte, como una pluma
Pronta a caer en el vacío, escucho
Los silenciosos pasos de la luna
Entre el boscaje, lejanas y altas
Velocidades, ruidos que adivino,
Diamantes en marcha y lineales
Vientos en perpetua rotación.

De “Doble diamante” Lima, 1947

Retrato

Cuanto puede el aire es
Mostrarnos su semblante
De planeta vencido,
Quizás servirte de espejo
Cuando te desnudas
O tomar, sombríamente,
Tu lugar cuando respiro.

De “Doble diamante”  Lima, 1947

Smoking car

un cigarrillo y tus dos ojos
y los días y las noches sin cesar
fumando el mismo cigarrillo
igual a cualquier otro
o al mismo de ayer
con el que quisiste morir un día
esperando vivir otra vez
sin saber que un cigarrillo
igual a otro cigarrillo
no es bastante
ni millares y millares
de cerillas son bastantes
ni tus ojos ni mis ojos
ni las noches ni los días
ni millares y millares
de los mismos cigarrillos
son bastante
para vivir un día

De “Tema y variaciones” 1950

Solo de sol

sólo el sol
el sol solamente
solo en el cielo
y yo tan solo
a solas con el sol
sonrío simplemente

De “Tema y variaciones”   Ginebra, 1950

——————-

Perdido a tus pies

Maldita noche, el fuego de la luna,
El tiempo que se esconde entre las hojas,
Los pájaros, el sol que sucede
A tu garganta oscura. ¿Es también
Tu mano temblorosa la que cruza
Sobre esta página estrellada?
¿Es tu cuerpo mortal en la floresta
El que reposa humeando, fatigado,
Como un arma que dispara terciopelo?
Enamorado, inerte, como una pluma
Pronta a caer en el vacío, escucho
Los silenciosos pasos de la luna
Entre el boscaje, lejanas y altas
Velocidades, ruidos que adivino,
Diamantes en marcha y lineales
Vientos en perpetua rotación.

De “Doble diamante” Lima, 1947

Retrato

Cuanto puede el aire es
Mostrarnos su semblante
De planeta vencido,
Quizás servirte de espejo
Cuando te desnudas
O tomar, sombríamente,
Tu lugar cuando respiro.

De “Doble diamante”  Lima, 1947

Smoking car

un cigarrillo y tus dos ojos
y los días y las noches sin cesar
fumando el mismo cigarrillo
igual a cualquier otro
o al mismo de ayer
con el que quisiste morir un día
esperando vivir otra vez
sin saber que un cigarrillo
igual a otro cigarrillo
no es bastante
ni millares y millares
de cerillas son bastantes
ni tus ojos ni mis ojos
ni las noches ni los días
ni millares y millares
de los mismos cigarrillos
son bastante
para vivir un día

De “Tema y variaciones” 1950

Solo de sol

sólo el sol
el sol solamente
solo en el cielo
y yo tan solo
a solas con el sol
sonrío simplemente

De “Tema y variaciones”   Ginebra, 1950

El testamento poético de Eielson
Guillermo Niño de Guzmán
Fuente: Domingo, El Comercio, Lima 24/09/06
El último libro de un gran creador. Aunque apareciópocos meses antes de su muerte, Del absoluto amor y otros poemas sin título (Pre-Textos,Valencia, 2005) tiene todas

las trazas de un testamento literario. Este libro de Jorge Eduardo Eielson (1924-2006)

marca el findel camino de uno de nuestros poetas más singulares.

A diferencia de otros autores, Eielson contaba con una visión

multiforme y proteica que excedíala dimensión verbal. Para él,

toda la realidad -incluso el universo

de la ciencia- era susceptible de transmutarse en poesía. Como

el vidente de Rimbaud, podía identificar elementos maravillosos

agazapados en la rutina cotidiana y detectar la belleza emboscada tras

los actos más simples

y casuales. No era tanto un demiurgo como un transfigurador,

pues tenía la capacidad de transformar la materia

y aspiraba a rehacer el mundo, valiéndose del juego con las palabras,

colores o sonidos.De allí que Eielson

se obstinara en rechazar las etiquetas, como aquellas

que pretendían reducirlo a las categorías de poeta o pintor.

Más bien, se trataba de un artista total para quien escribir

poemas, pintar un cuadro o tocar el piano no eran sino

algunas de las diversas manifestaciones de su espíritu creativo. Por ello,

se empeñó en titular Poesía escrita a la primera recopilación de su obra,

dejando en claro que su concepción trascendía el ámbito del lenguaje.

Para decirlo de otro modo, Eielson continuaba haciendo poesía

cuando dejaba de escribir y hacía nudos con unas telas coloridas,

concebía una escultura subterránea o realizaba una ‘performance’.

Eielson siempre había sido reticente para publicar sus poemas y,

si lo había hecho, eso se debió a la insistencia de amigos como Javier

Sologuren antes que a su propia voluntad. Cuando el Instituto

Nacional de Cultura decidió lanzar su poesía reunida en 1976,

insinuó que su producción había cesado hacia el año 1960.

Y, ciertamente, no parecía preocupado por aquilatar su

contribución literaria, ya que abrigaba otras inquietudes

creativas, más afines con el mundo plástico. Es probable

que hasta ese momento no se hubiera percatado del interés

que su obra suscitaba en las letras peruanas e hispanoamericanas,

tal vez porque vivía en Europa y su mirada estaba más atenta

a otras expresiones artísticas (por ejemplo, las ‘performances’

de Joseph Beuys). En todo caso, el virus poético volvió a apoderarse de él

, a tal punto que en los últimos quince años de su vida entregaría a

la imprenta más poesía que en toda su etapa anterior.

Esta recuperación de las musas se notó a partir de 1989,

año en el que publicó en Lima la serie Noche oscura del cuerpo,

y reeditó en México, con el sello Vuelta de Octavio Paz, su Poesía escrita.

Desde entonces, como impulsado por una nueva llama,

Eielson difundirá varios poemarios, entre estos Ptyx (1994),

Sin título (2000), Celebración (2001) y Nudos (2002), así como

otra recopilación titulada Vivir es una obra maestra (2003) y

la voluminosa antología general Arte poética (2004). Es decir,

en las postrimerías, Eielson quiso seguir galopando con

el caballo espumoso de la poesía. Y el último hito fue el volumen

que mencionamos al principio, fechado en Milán en el lapso 2001-2004 y

escrito bajo la sombra creciente de la muerte.

Del absoluto amor es el hermoso y conmovedor canto de un poeta a una

persona amada. Este largo texto abre el libro y difiere del resto del conjunto,

conformado por poemas de corte lúdico e irónico, similares a

los agrupados en Sin título (y con una portada semejante, en la que no

figura ni el título ni el nombre del autor, sino apenas una pintura),

en los que predomina un tono agridulce y los juegos con la rima.

Sin embargo, a medida que uno avanza en la lectura se puede

percatar de que la actitud traviesa de la superficie disfraza

el sentimiento hondo de alguien que ve cómo se acerca el

fin y, pese a ello, afirma: “Una cosa es cierta/

No sólo la vida/ Sino también la muerte/ Es una fiesta”.

El notable poema inicial fue escrito después del fallecimiento

de Michele Mulas, el pintor sardo (uno de sus acrílicos ilustra la carátula)

que acompañó a Eielson durante largas décadas. Sin duda, la intensidad

de los versos se debe al hecho de que, mientras los ponía sobre el papel,

el poeta sabía que un cáncer lo corroía y que pronto seguiría los pasos

de su amigo. Estas circunstancias le dan un tinte peculiar al libro,

en el que la pasión no tiene ese sesgo uranista que se advierte en una obra

como la de César Moro, sino que se traduce en una exaltación de

la vida y de la complicidad que irradia el amor.

Jorge Eduardo Eielson quiso que este fuera su último libro y, en

ese sentido, Del absoluto amor cierra maravillosamente una trayectoria

impecable. Sus poemas, sencillos, frescos y certeros,

resplandecen como diamantes bajo el agua.

Álvaro Felipe

Profesor,

alejandro romualdo (1926-2008), perú septiembre 21, 2010

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Alejandro Romualdo

Posted on 28 Mayo 2008 by Álvaro Felipe

Alejandro Romualdo (1926 – 2008) es otro poeta de la generación del 50 que nos dice

adiós. Ya se nos fueron Pablito Guevara y Jorge Eduardo Eielson por citar a

dos representativos.

La generación poética del 50, posterior a la segunda guerra mundial, tiene en

Alejandro Romualdo a un poeta crudo, que se escapaba de las retóricas

(incluso se les oponía o las ironizaba) y prefirió una poesía directa, de

palabras cotidianas y sorprendentes por la energía de sus versos.

Romulado obtuvo en 1949 el Premio Nacional de Poesía por su poemario

La torre de los alucinados y en 1958 publicó Edición extraordinaria,

su poemario más enérgico y revolucionario. Transcribo dos poemas de este libro:

CANTO CORAL A TÚPAC AMARU QUE ES LA LIBERTAD

Yo ya no tengo paciencia
para aguantar todo esto.
Micaela Bastidas

¡y no podrán matarlo!

Lo pondrán de cabeza. Arrancarán
sus deseos, sus dientes y sus gritos.
Lo patearán a toda furia. Luego
lo sangrarán:
¡y no podrán matarlo!

Lo volarán:

Coronarán con sangre su cabeza;
sus pómulos, con golpes. Y con clavos
sus costilas. le harán morder el polvo.
Lo golpearán:
¡y no podrán matarlo!

le llenarán de pólvora la boca.

Le sacarán los sueños y los ojos.
Querrán descuartizarlo grito a grito.
Lo escupirán. Y a golpe de matanza
lo clavarán:
¡y no podrán matarlo!

lo cargarán, lo arrastrarán. A golpes

Lo pondrán en el centro de la plaza,
boca arriba, mirando al infinito.
Le amarrarán los miembros. A la mala
tirarán:
¡y no podrán matarlo!

con dinamita. En masa,

Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Lo harán volar

mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.

Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Querrán descuartizarlo, triturarlo,

Al tercer día de los sufrimientos,
cuando todo se crea consumado,
gritando ¡libertad! sobre la tierra,
ha de volver.
Y no podrán matarlo.

SI ME QUITARAN TOTALMENTE TODO

Si me quitaran totalmente todo
si, por ejemplo, me quitaran el saludo
de los pájaros, o los buenos días
del sol sobre la tierra
me quedaría
aún
una palabra.

Aún me quedaría una palabra donde apoyar la voz.

o con las manos en el corazón.

Si me quitaran una pierna
bailaría en un pie.
Si me quitaran un ojo
lloraría en un ojo.
Si me quitaran un brazo
me quedaría el otro,
para saludar a mis hermanos,
para sembrar los surcos de la tierra,
para escribir todas las palyas del mundo, con tu nombre,
amor mío.

Si me quitaran las palabras o la lengua,
hablaría con el corazón en la mano,


Cito el portal de Radio Programas:“Su cadáver fue

encontrado tendido sobre el piso de su dormitorio,

en medio de revistas y libros regados a su alrededor.

Los familiares, que descubrieron el cadáver,

declararon no creer que el poeta haya muerto

como consecuencia de un suicidio o enfermedad

y añadieron creer que pudo ser víctima de un asalto,

según informó el corresponsal de RPP.”Álvaro Felipe

Principio del formulario

*Nombre *Correo electrónico *Álvaro Felipe (1980)

Final del formulario


Nietzsche, intérprete de Heidegger Gianni Vattimo Traducción de Carmen Revilla, en VATTIMO, G., Diálogo con Nietzsche. Ensayos 1961-2000, Paidós, Buenos Aires, julio de 2002. septiembre 20, 2010

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Nietzsche, intérprete de Heidegger
Gianni Vattimo
Traducción de Carmen Revilla, en VATTIMO, G., Diálogo con Nietzsche. Ensayos 1961-2000, Paidós, Buenos Aires, julio de 2002.

Replantearse el problema de la relación entre Heidegger y Nietzsche no es un modo de hacer, una vez más, filología sobre un tema ya intensamente tratado por los estudiosos de cada uno de estos pensadores. Por el contrario, es una vía para discutir un problema que, al menos desde el punto de vista de la filosofía europeo-continental, constituye un tema central, o incluso, a mi juicio, el tema central del actual debate filosófico. Cualquiera que sean los aspectos que, en la interpretación heideggeriana de Nietzsche, todavía pueden ser indagados y aclarados en el plano de la filología y la historiografía, el problema se discutirá aquí, por el contrario, principalmente con un interés teórico, partiendo de la hipótesis apuntada, según la que hablar de la relación Heidegger-Nietzsche significa plantear y desarrollar un problema, o el problema, teórico central de la filosofía actual.

Mientras, se puede partir de un hecho incontrovertido: una gran parte de la filosofía continental de los últimos veinticinco años -si queremos fijar un término cronológico- se ha desarrollado discutiendo sobre dos temas conectados: el significado del pensamiento de Nietzsche, en torno al que los estudios, y también las investigaciones filológicas sobre los textos, se retomaron con mucha intensidad en Europa a comienzos de los años sesenta; y la filosofía del «segundo Heidegger», que también llegó a ser ampliamente conocida hacia finales de los años cincuenta. La fortuna del segundo Heidegger y la Nietzsche-Renaissance no son sólo dos acontecimientos filosóficos que coinciden cronológicamente. Es sabido que, si no el único, ciertamente un factor determinante de la Nietzsche-Renaissance fue justamente la publicación de los dos volúmenes de Heidegger sobre Nietzsche, que recogen cursos universitarios y otros escritos de los años 1935-1946. El interés de Heidegger por Nietzsche no es sólo un aspecto entre otros de su remontarse en la historia de la metafísica; Nietzsche es para él un término de confrontación comparable sólo, por importancia, a los presocráticos o, tal vez, a Hölderlin. La Nietzsche-Renaissance, aunque tenga también, ciertamente, aspectos filológicos que prescinden de los problemas interpretativos planteados por Heidegger (así, el trabajo de quienes prepararon la edición crítica, Colli y Montinari, sigue siendo totalmente ajeno a la discusión de las tesis heideggerianas, incluso allí donde afronta una tarea de «comentario» filosófico a las obras nietzscheanas), se encuentra, sin embargo, en gran parte entretejida con la fortuna del pensamiento del segundo Heidegger. Quien lee a Nietzsche no puede dejar de hacer cuentas con la interpretación que Heidegger ha propuesto de él, y se encuentra así (es lo que le ha sucedido también a quien escribe, justamente a principios de los años sesenta) teniendo que volver a recorrer todo el camino filosófico heideggeriano, ya que Nietzsche no es, como se decía, sólo un «tema» historiográfico del que Heidegger se hubiera marginalmente ocupado. Los estudiosos de Heidegger, por otra parte, se ven llevados a remontarse a los textos de Nietzsche justamente por la importancia decisiva que Heidegger les asigna en la historia de la metafísica. Se desarrolla así en mucha filosofía europea reciente un ir y venir entre Heidegger y Nietzsche que -y ésta será justamente mi tesis- no se limita a intentar entender a Nietzsche valiéndose de los resultados del trabajo interpretativo de Heidegger, como sería de esperar. Se da también un movimiento opuesto: mucho más allá de las tesis explícitas propuestas por Heidegger en su interpretación de Nietzsche, el significado mismo de la filosofía heideggeriana tiende a ser captado y comprendido a través de Nietzsche. Así, se puede hablar no sólo de un Heidegger intérprete de Nietzsche, sino también de un Nietzsche intérprete de Heidegger; en esta figura suya de intérprete, y no de texto interpretado, Nietzsche no coincide en absoluto con la imagen de él que Heidegger propuso en su obra. Se produce así una situación paradójica, pero muy difundida, sobre todo en Italia y Francia: muchos heideggerianos leen a Nietzsche en una perspectiva que remite, sí, a Heidegger, pero que no acepta, o acepta sólo en parte, las tesis específicas de Heidegger sobre Nietzsche. Quisiera mostrar que esto no es consecuencia de un conocimiento incompleto o apresurado del pensamiento de Heidegger por parte de estos intérpretes suyos, sino que, de algún modo, justamente para ser fíeles a las intenciones más auténticas de Heidegger, hay que «traicionarlo» en la interpretación de Nietzsche.

A favor de esta tesis habla el hecho -que no pretendo documentar aquí analíticamente- de que en gran parte del heideggerismo contemporáneo el nombre de Nietzsche no cuenta sólo como el de uno de los autores de la tradición metafísica que se trata de superar (como sería el caso, por ejemplo, de Descartes o de Hegel), sino que señala a un pensador que, como Heidegger, está ya en el camino de un pensamiento del ser que ha dejado a sus espaldas la metafísica. Es obvio que esta situación «privilegiada» de Nietzsche está en cierta medida prevista por el mismo Heidegger, que, al ver en él al último pensador metafísico, a aquel en el que el olvido del ser llega a su culminación, lo sitúa también en un punto de inflexión: «Donde crece el peligro -como dice el verso de Hölderlin tan frecuentemente citado por Heidegger-, crece también lo que salva». Pero es indudable que Heidegger siente también a Nietzsche como profundamente distante de él en la medida en que, en todo caso, pertenece todavía a la historia de la metafísica y teoriza el ser como voluntad de poder. Ahora bien, es justamente esta distancia entre Heidegger y Nietzsche lo que en buena parte del pensamiento de orientación heideggeriana tiende a desaparecer. En el fondo esto vale también para un autor como Gadamer, en el que, además, la temática heideggeriana de la superación de la metafísica tiene un desarrollo muy limitado: en un punto muy delicado y central de Verdad y método,[i] donde se trata del significado de la renovación heideggeriana del problema del ser, se señala a Nietzsche como precursor de Heidegger, por delante de Dilthey y de Husserl. Y, para seguir en el ámbito de los intérpretes «clásicos» de Heidegger -los de la primera generación heideggeriana- se puede razonablemente plantear la hipótesis de que también Löwith piensa en Nietzsche y Heidegger como sustancialmente paralelos, movidos por las mismas pretensiones: es sabido que Löwith piensa la Kehre heideggeriana de los años treinta como una cesión de tipo sustancialmente político, sin verdaderas razones teóricas; pero cuando describe a Nietzsche como aquel que ha intentado recuperar una visión griega del ser en la culminación de la modernidad, y fracasa en este intento, ¿no estará describiendo también, en términos teóricos y ya no sólo políticos, el esfuerzo de Heidegger por superar la metafísica y lo que a él le parece que es su fracaso? La postura de Löwith es totalmente peculiar, y no entra del todo en nuestro discurso porque, ciertamente, no se puede describir a Löwith como un «heideggeriano», aunque, a la luz de la hipótesis que he propuesto, quizás habría que repensar también este problema en términos nuevos. Es verdad, por el contrario, que una proximidad entre Heidegger y Nietzsche la presupone, más o menos ampliamente, toda la hermenéutica actual, es decir, la filosofía que se presenta como continuación de Heidegger y que, bajo este específico aspecto de la interpretación de Nietzsche, se despega de muchas conclusiones del maestro. No quiero discutir aquí si, y hasta qué punto, entran con pleno derecho en la hermenéutica autores como Foucault o Derrida, o como Richard Rorty; pero en todos me parece que se puede descubrir una visión de Nietzsche, más o menos explícita, que lo interpreta en sustancial continuidad con Heidegger, mucho más allá de lo que Heidegger mismo estaría dispuesto a admitir. El pensamiento de Foucault, incluso, se podría describir justamente como una summa o «síntesis» de Nietzsche y Heidegger, realizada desde un punto de vista prioritariamente nietzscheano, que, sin embargo, deja poco espacio a las intenciones ontológicas de Heidegger. Esto es algo que, en cierta medida, se puede repetir también respecto a la imagen de Nietzsche y Heidegger que se encuentra en las obras de Derrida y de sus discípulos (Sarah Kofman, B. Pautrat), y antes en Deleuze (no sólo en el libro sobre Nietzsche, sino también en Diferencia y repetición): nunca se acentúa la separación entre Heidegger y Nietzsche; ambos, con sentidos y en medida diferentes, se cuentan entre los pensadores que han señalado el camino de un pensamiento que supera la metafísica. También la recuperación de Nietzsche en el pensamiento italiano de las últimas décadas ha tenido lugar en relación a Heidegger; aquí tuvo una posición central el problema de la técnica: también, y sobre todo, como «pensadores de la técnica», Nietzsche y Heidegger han aparecido en una sustancial continuidad (pienso en los trabajos de Massimo Cacciari, pero también en los de Emanuele Sevenno, que, sin embargo, polemiza respecto a Heidegger, al considerar -con motivo, como veremos más adelante- que Nietzsche y Heidegger coinciden en una misma perspectiva nihilista).

Éstos que he recordado tan brevemente pretendo que sirvan aquí solamente como ejemplos de un hecho que me parece muy visible en el pensamiento continental de los últimos años: este pensamiento, en amplias zonas, se desarrolla tomando como puntos de referencia privilegiados a Nietzsche y Heidegger; y no «toma en serio» todas las implicaciones de la interpretación heideggeriana de Nietzsche, tampoco cuando se presenta como continuación de la filosofía de Heidegger, sino que tiende a ver entre Heidegger y Nietzsche una continuidad que contrasta con la explícita interpretación de Nietzsche que Heidegger da en sus obras. Propongo considerar esta paradoja como un problema teóricamente significativo, intentando aclarar por qué se puede (y, a mi juicio, se debe) ser heideggeriano sin seguir a Heidegger en su interpretación de Nietzsche; e incluso para concluir que las intenciones profundas del pensamiento de Heidegger sólo se pueden seguir revisando su relación con Nietzsche en términos diferentes a aquellos en los que él mismo lo describió. El viraje que Heidegger da, sobre todo con los extensos estudios publicados en 1961, a la interpretación de Nietzsche consistía en la propuesta de leerlo poniéndolo en relación con Aristóteles;[ii] esto es, como un pensador cuyo tema central es el ser, un pensador metafísico, y no sólo como un moralista, un «psicólogo» o un «crítico de la cultura». En virtud de esta decisión interpretativa, Heidegger se refería preferentemente a los escritos tardíos de Nietzsche, sobre todo a las notas que inicialmente debían servir para La voluntad de poder, y tendía, por el contrario, a dejar a un lado mucho de la producción más «ensayística» de Nietzsche, obras como Humano, demasiado humano, Aurora o La gaya ciencia. Eran éstas, justamente, junto a determinados libros aforísticos como Más allá del bien y del mal, y el «poema» de Zaratustra, las obras que habían determinado la imagen predominante de Nietzsche en las primeras décadas del siglo XX, esa imagen que Dilthey, en el breve escrito sobre La esencia de la filosofía (1907), sintetizaba situando a Nietzsche al lado de «escritores filósofos» como Carlyle, Emerson, Ruskin, Tolstoy, Maeterlinck; a estas figuras Dilthey las veía como emblemáticas de una situación en la que la filosofía, acabada la época de la metafísica, tendía a hacerse Lebensphilosophie[iii] -no en el sentido de «metafísica vitalista» que hoy tiene para nosotros la palabra, sino en el sentido de una reflexión sobre la existencia que no busca justificarse demostrativamente, sino que asume, por el contrario, los caracteres de la expresión subjetiva, de la poesía y de la literatura-. La descripción que Dilthey da de Nietzsche es, en muchos aspectos, radicalmente opuesta a la de Heidegger; pero las dos perspectivas coinciden en un rasgo esencial. Tanto para Dilthey como para Heidegger, el carácter de la filosofía de Nietzsche está determinado por el hecho de encontrarse en el final de la metafísica. Para Dilthey, además, esta situación «final» o epigonal de Nietzsche se traduce en el hecho de que, en él, llega a ser dominante la aproximación literaria, podríamos decir «ensayística» y de «crítica de la cultura», a los problemas filosóficos; mientras que para Heidegger ver a Nietzsche en relación con la historia de la metafísica significa buscar en él, preferentemente, tesis y enunciados sobre los grandes temas de la metafísica tradicional: el ser, Dios, la libertad, el sujeto… Dilthey parece ser aquí más radical y coherente que Heidegger: si Nietzsche está al final de la metafísica, esto no significará solamente que ve el ser y los demás «objetos» metafísicos de diferente manera que Platón o Descartes, sino también que la forma de su pensamiento será diferente. En otras palabras, Dilthey ve más claramente que Heidegger que la «metafísica» de Nietzsche ha de buscarse justamente en esas páginas que ya a sus primeros lectores les parecían más características y significativas, en sus páginas de psicología y «crítica de la cultura». Ésta es una perspectiva interpretativa que no va en absoluto contra las bases de la tesis heideggeriana, y que, sin embargo, Heidegger no desarrolló; en él queda siempre un hiato entre los temas auténticamente metafísicos de Nietzsche -nihilismo, voluntad de poder, eterno retorno, Übermensch y justicia, de acuerdo con la lista de los Leitworte que señala en su obra- y su crítica de la moral, de la religión, del sujeto, etc. ¿Por qué Heidegger no une, en su interpretación, estos dos aspectos de Nietzsche como pensador final de la metafísica? Se puede conjeturar que un motivo plausible se ha de buscar en la desconfianza que Heidegger experimentaba, con razón, respecto a          la «filosofía de la cultura» de importación neokantiana (como la de Cassirer, o la del mismo Dilthey) y respecto a la «crítica de la ideología» hegeliano-marxista. Es difícil, sin embargo, contentarse con esta explicación, sobre todo si se considera que, al menos en cierto sentido, lo que Dilthey dice de Nietzsche es muy aplicable también al estilo teórico del mismo Heidegger. La proximidad entre filosofía y literatura, la articulación del discurso filosófico de acuerdo con un ritmo más «edificante» que demostrativo y científico, y también la identificación de la filosofía con una reflexión sobre la historia de la cultura (que en Heidegger se identifica con la historia y el destino del ser) son rasgos, todos ellos, que Heidegger tiene en común con Nietzsche, y son los que Dilthey describe como propios de la Lebensphilosophie, aunque ésta, en Dilthey, adquiere el significado de pensamiento subjetivista e impresionista, pero sólo porque Dilthey sigue cultivando el sueño de una filosofía «rigurosa», heredera de la metafísica en su forma «crítica» kantiana repensada como «psicología trascendental» o tipología de las Weltanschauungen. Pero suprimido, como se suprime en Heidegger, este sueño todavía metafísico, la Lebensphilosophie de Nietzsche no está tan lejos del «pensamiento del ser» que Heidegger se esfuerza en pensar.

Intento decir que, si consideramos la diferente manera en la que se articula, en Dilthey y en Heidegger, la descripción de Nietzsche como pensador final de la metafísica, encontramos que Heidegger tiende a no ver el vínculo entre el Nietzsche metafísico y el Nietzsche «crítico de la cultura» porque este vínculo, una vez reconocido, le «obligaría» a reconocer también su proximidad a Nietzsche. Esta proximidad es la que el «heideggerianismo» actual percibe ampliamente, aunque no ha hecho de ello todavía tema explícito de discusión.

¿Qué significa, de hecho, que la ontología de Nietzsche esté estrechamente entretejida con su revisión «genealógica» de la historia de la moral, de la religión, de la conciencia europea, es decir, con su «arqueología del saber»? Esta arqueología no tiene nada que ver con la «crítica de la ideología», esto es, con un pensamiento que cree poder desenmascarar las mentiras «humanas, demasiado humanas» de la metafísica -de los sistemas de valores, de las instituciones, del arte- para reconducirlas por fin a su verdadero fondo. Respecto a las fantasías de la cultura del pasado y de sus pretensiones metafísicas Nietzsche no lleva a cabo este desenmascaramiento, que sigue siendo metafísico, ya que desenmascara también la idea de una verdad, de un «fondo» sobre el que finalmente sea posible «estar». La arqueología de Nietzsche, respecto a la metafísica, celebra más bien «fiestas de la memoria», recorre de nuevo estas fantasías como «historia del ser». Hasta Humano, demasiado humano Nietzsche es consciente de que desvelar el carácter «de devenir» y los intereses que están en la base de lo que se presenta como verdad, valor, belleza «eternos», no significa liquidar todas estas cosas, sino descubrir que, en definitiva, son la única sustancialidad de la que disponemos, los únicos «marcos» a partir de los que nuestra experiencia del mundo puede adquirir un sentido; esto es lo que él llama «necesidad del error», y en un aforismo de La gaya ciencia (el 54) define como «seguir soñando sabiendo que se sueña». El ser del que nos ha hablado la metafísica es «error»; pero el error -las formas simbólicas producidas por las culturas a lo largo del tiempo- es el único ser, y nosotros somos sólo en relación con todo ello. El Heidegger que concibe el pensamiento posmetafísico como An-denken, rememoración y remontarse a través de la metafísica, ¿está, pues, tan lejos del Nietzsche de las «fiestas de la memoria»? Los dos pensamientos son realmente muy similares, unidos por el hecho de pensar el ser no como estructura y Grund, sino como acontecimiento. Si Heidegger no capta esta proximidad es porque rechaza aceptar y articular explícitamente las implicaciones nihilistas de su propia «concepción» del ser. También para él, como para Nietzsche, el pensamiento es An-denken, y no representación o fundamentación, porque no hay otro ser sino las aperturas de la historia como destino en las que las diversas humanidades históricas experimentan el mundo; y el hecho de que estas aperturas de la historia como destino no sean manifestaciones de una estructura eterna, sino acontecimientos, no las condena a la liquidación, es más, les confiere la dignidad que la metafísica confería al ser estable y eterno, como en las «fiestas de la memoria» de Nietzsche.

Se instaura así entre los dos pensadores -no en el plano de la historiografía filosófica entendida en sentido historisch, sino en el plano de una respuesta geschichtlich a su interpelación- un complicado entramado. Heidegger es determinante a la hora de atribuir un sentido al pensamiento de Nietzsche, un sentido que, justamente en el plano historisch, de la reconstrucción de los textos y de sus conexiones, la historiográfica filosófica difícilmente consigue identificar, especialmente si se consideran las casi incurables contradicciones que nacen en torno a conceptos como eterno retorno, voluntad de poder, Übermensch, nihilismo activo y reactivo. Heidegger, ciertamente, no proporciona instrumentos para conciliar estas contradicciones en el plano lógico, ni en el «psicológico», frecuentemente preferido por la crítica nietzscheana (la «locura» de Nietzsche). Sin embargo, traza un marco dentro del cual todos estos conceptos adquieren significado como aspectos de la historia del ser en la época del final de la metafísica Por poner sólo un ejemplo: el apenas pensable concepto del eterno retorno de lo mismo resulta bastante menos inconcebible si se ve en relación con la temporalidad «a-histórica» del mundo técnico, del Ge-Stell en el que la metafísica se cumple como organización total del mundo, al excluir la historicidad como novedad no planificada ni dominada.

Cualesquiera que sean los problemas filológicos todavía abiertos, y quizás insolubles, para la reconstrucción historiográfica del pensamiento de Nietzsche, es un hecho que esto resulta significativo para nosotros, es decir, capaz de hablar productivamente en la actual situación filosófica, solamente -o casi solamente- gracias a Heidegger: conceptos como el de voluntad de poder, de eterno retorno, de Übermensch, adquieren sentido como modos de darse el ser en el final de la metafísica, mientras que aparecen llenos de contradicciones insolubles si se los ve como descripciones metafísicas de un ser dado «ahí fuera». Permanece en el plano de una descripción todavía metafísica, por ejemplo, la interpretación de Nietzsche que se limita a ver su filosofía como un «desvelamiento» del hecho de que el ser es voluntad de poder, y de que, en consecuencia, propone una moral de la fuerza, de la lucha, del enfrentamiento (es la lectura «fascista» de Nietzsche; pero hay huellas de una interpretación similar también en Foucault).

Sin embargo, si Heidegger confiere su sentido al pensamiento de Nietzsche como filósofo del final de la metafísica, la analogía entre las «fiestas de la memoria» nietzscheanas y el An-denken heideggeriano nos advierte, recíprocamente, de que Nietzsche confiere al «ser» heideggeriano su auténtico significado. ¿Qué quiere decir, de hecho, que, para Heidegger, el ser (si de ello se puede hablar) es acontecimiento? ¿Quizá significa solamente lo que Reiner Schürmann ha llamado el «principio de anarquía»? Esta expresión, según Schürmann, define el resultado de la destrucción de la historia de la metafísica por parte de Heidegger, ya que éste desvela que todo lo que en la historia del pensamiento se ha presentado como arché, Grund, fundamento que sostiene y domina una cultura (podemos pensar, una vez más, en las episteme de Foucault) no es otra cosa que «posición», acontecimiento.[iv] ¿Cuál es, sin embargo, el resultado de esta tesis? Puede ser el mero reconocimiento de que todo arché es sólo el resultado de un juego de fuerzas, sólo voluntad de poder; de este modo se vuelve a un Nietzsche «desenmascarador», que Heidegger retomaría literalmente. Si, como creo que hace Schürmann, se quiere evitar esta conclusión, entonces el riesgo es el de pensar que, una vez descubierto que los archai son acontecimientos, es posible un acceso al ser diferente y alternativo respecto al que la metafísica ha llevado a cabo, fundamentado en la asunción de archai y de Gründe. En este caso, sin embargo, la superación del pensamiento metafísico de los archai conduciría a una especie de teología negativa o mística, en la ilusión todavía de captar de algún modo el ser en su diferencia e irreductibilidad respecto a los principios y a los fundamentos imaginados por la filosofía del pasado. Es un riesgo que no creo que esté del todo ausente del trabajo, extraordinariamente penetrante por otra parte, de Schürmann -que parece oscilar entre una salida foucaultiana (las episteme como puros efectos de juegos de fuerza) y una salida «mística». Ciertamente, esta última está ampliamente autorizada por el mismo Heidegger, justamente en la medida en que en sus textos, junto a la «descripción» del ser en términos de acontecimiento, se da siempre también (pienso en las páginas conclusivas de El ser y el tiempo[v]) la aspiración a una situación en la que el ser nos hable de nuevo «en persona». Sin embargo, aquí se esconde un posible malentendido del mismo Heidegger: si, al ir más allá de sus acontecimientos (los archai que cada vez, je und je, han dominado la metafísica), hemos de acceder de algún modo, aunque no sea fundante, al ser, entonces la empresa de superación de la metafísica acaba en una nueva metafísica, en una nueva «representación» o concepción (Begriff del ser. Pero el An-denken al que Heidegger nos ha remitido no puede ser concebido como una rememoración que «recupera» el ser como algo que podemos encontrar cara a cara; la rememoración recuerda al ser justamente como lo que se puede solamente recordar, y nunca re-presentar. Esto equivale a decir, como Heidegger con frecuencia lo hace, que el acontecimiento del ser ha de ser entendido no sólo en el sentido subjetivo del genitivo (los archai, las épocas son acontecimientos que pertenecen al ser, no sólo eventos de los entes), sino también, inseparablemente, en sentido objetivo: el ser no es otra cosa que sus acontecimientos. Esto significa, sin embargo, que el ser no es nunca pensable como una estructura estable que la metafísica habría solamente olvidado y que se trataría de volver a encontrar. Pero esto, pensado profundamente, es lo que creo que se debe llamar «nihilismo» de Heidegger. La superación de la metafísica se puede realizar sólo en la medida en que, como escribe Heidegger del nihilismo nietzscheano, «del ser como tal ya no hay nada»;[vi] la superación de la metafísica no es la inversión del olvido metafísico del ser, es este mismo olvido (el nihilismo) llevado a sus últimas consecuencias. Heidegger no puede huir de esta conclusión, si no quiere volver a encontrarse pensando el ser como arché, Grund, estructura estable.

Si Heidegger confiere sentido a Nietzsche al mostrar que la voluntad de poder, por decirlo así, es «destino del ser» (y no puro juego de fuerzas a desenmascarar con la crítica de la ideología), Nietzsche da sentido a Heidegger al aclarar que el destino del ser (si ha de ser pensado fuera de la metafísica) es el nihilismo; esto significa que el ser se despide de su configuración metafísica no (sólo) cuando desvela los archai como máscaras, como acontecimientos, sino cuando se da en la forma de lo que no es, sino que ha (ya siempre) sido y está vigente sólo como recuerdo, en una forma desvaída y débil. A este destino de debilitamiento del ser -que disuelve la forma autoritaria y, en el fondo, violenta en la que se ha presentado siempre el «fundamento»- pertenece el nexo, tan central en el primer y segundo Heidegger, entre acontecimiento del ser y mortalidad del hombre (ya que las aperturas de la historia como destino en las que las cosas vienen al ser son epocales y no «eternas», sólo porque no son eternas las generaciones, los «ser-ahí», por las cuales y gracias a las cuales aquéllas se iluminan); y a este destino pertenece también el proceso de disolución que Nietzsche describe en El crepúsculo de los ídolos, en el capítulo titulado «Cómo el “mundo verdadero” acabó convirtiéndose en una fábula», esto es, justamente la disolución de los archai y de las pretensiones de objetividad que caracterizan el desarrollo de la filosofía occidental. Este ser que, como escribe Nietzsche en un pasaje citado por Heidegger, «se evapora» no es sólo una imagen falsa del ser que debería ser sustituida por una más sólida y verdadera; es justamente ese ser que, después de Nietzsche, puede «desvelarse», en el pensamiento posmetafisico, como no identificable con el objeto, el arché, el fundamento, sino como un «envío» al que el pensamiento corresponde con el An-denken o celebrando «fiestas de la memoria».

Gianni Vattimo


[i] Véase, H. G. Gadamer, Verdad y método, op cit , pág. 323: «Esta es la razón por la que el verdadero precursor de la posición heideggeriana en la pregunta por el ser y en su remar contra la corriente de los planteamientos metafísicos occidentales no podía ser ni Dilthey ni Husserl, sino en todo caso Nietzsche.

[ii] Véase M. Heidegger, Nietzsche, op cit.

[iii] Véase W. Dilthey, La esencia de la filosofía, en Obras de W. Dilthey, vol. VIII, Madrid, FCE 1978.

[iv] Véase R. Schürmann, Le principe d’anarchie. Heidegger et la question de l’agir, París, Seuil, 1982.

[v] Véase M. Heidegger, El ser y el tiempo, Madrid, FCE, 1982.

[vi] Véase M. Heidegger Nietzsche, op, cit.

Sitio creado y actualizado por Horacio Potel

jorge eduardo eielson (1924-2006) y septiembre 19, 2010

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Poeta y artista plástico peruano considerado una de las voces más radicales y a la vez más puras de la poesía hispanoamericana de este siglo. Nació en Lima en 1924 y vivió casi toda su vida en Italia. A lo largo de las transformaciones que ha sufrido su obra, puede decirse que se mantuvo fiel -como poeta y como artista plástico- a lo más esencial del espíritu de las vanguardias: experimentalismo, búsqueda incesante, provocación, nihilismo, contradicción. En sus inicios en la década de 1940, su poesía mostraba el influjo dominante de la mística, el simbolismo y el surrealismo, y especialmente el de dos poetas: Rilke y Rimbaud. Sus primeros trabajos revelan una perfección formal asombrosa y un brillo imaginístico casi perturbador, como puede verse en Canción y muerte de Rolando (1943, pero publicado en 1959) y Reinos (1945). Estos libros, impresos en reducidísima tirada o como separatas, apenas se conocieron fuera de Lima, lo que explica el tardío reconocimiento que su obra ha recibido. Su exilio europeo, que lo llevó por Roma y diferentes ciudades italianas, contribuye a definir otra etapa en su producción, totalmente distinta de la primera: la suntuosidad y exquisita dicción del comienzo son reemplazadas en Habitación en Roma (1951) y Mutatis mutandis (1967), por un extremo despojamiento verbal, un tono fijado por la reiteración obsesiva de palabras simples que aluden al existir concreto, y por el clima de vacío y desesperanza que alcanza al mismo ejercicio poético. Desaparecido el misticismo, sólo queda una contemplación de la miseria física del cuerpo aislado y decadente. El grueso de su obra poética ha sido reunida en Poesía escrita (1976). También ha cultivado la novela: El cuerpo de Giulia-no (1971), Primera muerte de María (1988), título que repite el de un temprano poema suyo. Su obra plástica, en la que se nota la fuerte influencia de las formas y los mitos precolombinos, ha sido expuesta en diversas partes y figura en importantes museos del mundo. Un libro que realiza una fusión de arte poético y visual ha aparecido en italiano bajo el titulo de Poesía visibile (2002). Murió en Milán el día 8 de marzo del 2006. ©
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jorge eduardo eielsonnacido en lima (perú) en 1924, desde hace casi cincuenta años, vive en italia. considerado como uno de los mayorespoetas y artistas latinoamericanos del siglo, ha participado en varias bienales de venecia, en documenta, de kassel (alemania), ha expuesto enalgunos museos de europa y américa latina, y en colectivas en el moma de nueva york. sus libros, escasos pero determinantes, han sido publicadospor prestigiosas editoriales, entre las cuales «vuelta» dirigida por octavio paz, en méxico. entre los reconocimientos a sus libros y trabajos visuales(pinturas, esculturas, ensamblajes, instalaciones, performances) cabe mencionar el premio nacional de poesía, obtenido a los 21 años en su país natal,bolsas de investigación y estudios otorgadas por el gobierno francés, la unesco y la fundación guggenheim de nueva york, además de importantesadquisiciones de sus obras por parte del museo de arte moderno de nueva york y de la colección nelson rockefeller, de la misma ciudad. recientemente,el king’s college de la universidad de londres ha dedicado un congreso internacional al conjunto de su obra. algunas otras realizaciones del autor en

el próximo futuro: la publicación, en italia y en méxico, de algunos textos recientes, con dibujos del artista italiano michele mulas; la publicación de

una antología de su obra poética en versión inglesa; una nueva edición de el cuerpo de giulia-no en méxico

Arte poética de Jorge E. Eielson
Por: Javier Agreda
Fuente: La República, Lima 26/02/05
Escritor y artista. Considerado el más importante poeta peruano vivo, Eielsones también artista plástico, narrador y ensayista.
Leída con entusiasmo y devoción por todas las generaciones de escritores peruanos, la poesíadeJorge Eduardo Eielsones objeto de frecuentes homenajes y reconocimientosque suelen abarcar su también valiosa obra narrativa, ensayística y plástica. El más reciente deestos homenajes es Jorge Eduardo Eielson. Arte poética (PUC, 2004), libro en el que el crítico y

profesor universitario Luis Rebaza ha reunido una amplia

antología de la obra eielsoniana, incluyendo completos los principales poemarios y

la novela El cuerpo de Giulia-no.Esta antología se inicia con un par de poemas de

juventud que muestran gran influencia de la poesía mística española, tanto por los temas

como por el rigor formal. A esos elementos pronto se sumarían, como señala certeramente

Rebaza en el prólogo (un extenso ensayo que titula “La construcción poética escrita

y no escrita de Eielson”) los aportes de los simbolistas europeos -especialmente las

imágenes de Rimbaud y la búsqueda de lo trascendental de Rilke- y una lectura muy personal

de la mitología occidental. Fueron apareciendo así, deslumbrantes formalmente y con una

gran densidad de contenidos, Canción y muerte de Rolando (1943), Ajax en el infierno (1945), Bacanal

(1946) entre otros.En esta primera etapa destaca nítidamente Reinos (1944), conjunto de

poemas que obtuvo el elogio unánime de la crítica y que es considerado uno de los libros

claves de la poesía peruana del siglo XX pues, “instituyó un patrón de belleza audaz y

renovador en nuestro medio” (Alberto Escobar). La alta calidad literaria del poemario

le valió a Eielson obtener el Premio Nacional de Poesía en 1945. A los 21 años de edad, ya

era el más destacado representante de una generación poética, la del 50, de la que formaban

parte nada menos que Javier Sologuren, Blanca Varela y Sebastián Salazar Bondy; y a

la que después se sumarían, entre otros, Washington Delgado y Carlos Germán Belli.En

1948 Eielson viaja a Europa, y en Italia inicia una nueva vida como artista plástico, destacando

por sus performances e instalaciones. Y cuando todo hacía suponer que había abandonado

definitivamente la literatura, comenzó a dar a conocer, a través de revistas, una serie de

textos en los que su poesía se mostraba radicalmente diferente, sin perder calidad, acercándos

e más a lo coloquial y prosaico. Esos poemas después pasarían a integrar los libros

Habitación en Roma (1952) y Noche oscura del cuerpo (1955). La exploración poética

continuó por otros rumbos -lo visual y lo gráfico en Eros/iones (1958) y Canto visible (1960)-

y llega hasta sus libros más recientes: Sin título (2000) y Nudos (2002).
Bueno y diversoEn paralelo, Eielson ha escrito ensayos sobre temas literarios, artísticosy culturalesen general. Aquí se incluye una veintena de esos textos sobre temas tan diversos como “César Vallejo” (1943), “Martín Adán” (1945), “Pintura contemporánea” (1947), “Para una poética en preparación” (1955),”La religión y el arte Chavín” (1981). Y de s

u narrativa se han seleccionado dos cuentos escritos en 1946 -“Diario de la errancia”

y “Marta y María”- y la novela El cuerpo de Giulia-no (escrita entre 1955 y 1957,

publicada en 1971), un relato vanguardista y transgresor que, según Rebaza,

“explora la persistencia de ciertos comportamientos, actitudes, palabras y silencios”

.Completan el libro una breve obra teatral, Acto final (1959), y una detallada

cronología de la vida del autor, en la que se precisa la información acerca de sus

numerosas exposiciones y performances realizadas tanto en Europa como América.

También se incluye una amplia galería de fotografías de su obra plástica (pinturas,

esculturas e instalaciones) que nos permite comprobar los estrechos vínculos

entre las diversas facetas creativas de Eielson. Con sus más de 700 páginas, Arte poética

-libro editado por el Rectorado de la PUC- es una excelente oportunidad para aproximarnos

al valioso universo literario y artístico de Jorge Eduardo Eielson, creador total.

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Poeta y artista plástico peruano considerado una de las voces másradicalesy a la vez más puras de la poesía hispanoamericana de este siglo.Nació enLima en 1924 y vivió casi toda su vida en Italia. A lo largo delastransformaciones que ha sufrido su obra, puede decirse que se mantuvo fiel

-como poeta y como artista plástico- a lo más esencial del espíritu de las

vanguardias: experimentalismo, búsqueda incesante, provocación, nihilismo,

contradicción. En sus inicios en la década de 1940, su poesía mostraba el influjo

dominante de la mística, el simbolismo y el surrealismo,

y especialmente el de dos poetas: Rilke

y Rimbaud. Sus primeros trabajos revelan una perfección formal asombrosa

y un brillo imaginístico casi perturbador, como puede verse en

Canción y muerte de Rolando (1943, pero publicado en 1959) y

Reinos (1945). Estos libros, impresos en reducidísima tirada o como separatas,

apenas se conocieron fuera de Lima, lo que explica el tardío reconocimiento

que su obra ha recibido. Su exilio europeo, que lo llevó por Roma

y diferentes ciudades italianas, contribuye a definir otra etapa en

su producción, totalmente distinta de la primera: la suntuosidad y

exquisita dicción del comienzo son reemplazadas en Habitación en Roma (1951)

y Mutatis mutandis (1967), por un extremo despojamiento verbal, un tono fijado

por la reiteración obsesiva de palabras simples que aluden al existir concreto

, y por el clima de vacío y desesperanza que alcanza al mismo ejercicio poético.

Desaparecido el misticismo, sólo queda una contemplación de la miseria física

del cuerpo aislado y decadente. El grueso de su obra poética ha sido reunida

en Poesía escrita (1976). También ha cultivado la novela: El cuerpo de Giulia-no (1971),

Primera muerte de María (1988), título que repite el de un temprano poema suyo.

Su obra plástica, en la que se nota la fuerte influencia de las formas y

los mitos precolombinos, ha sido expuesta en diversas partes y

figura en importantes museos del mundo. Un libro que realiza una

fusión de arte poético y visual ha aparecido en italiano bajo el titulo de

Poesía visibile (2002). Murió en Milán el día 8 de marzo del 2006. © eMe
Textos:

Pesca milagrosa” 1984

Jorge Eduardo Eielson

Su estilo literario muestra una influencia marcada de Eguren, Westphale

y Vallejo entre los nacionales,
y de Breton, Prévert  y Ezra Pound entre los vanguardistas extranjeros.
A finales de los años cuarenta viajó a París y disfrutó del extraordinario ambiente

creativo francés. De allí viajó
becado a Suiza para dedicarse a la escritura, y a inicios de los años

cincuenta se radicó para siempre en Italia,
donde brilló no sólo por su labor literaria sino también por su desarrollo

como artista plástico que lo llevó a obtener
prestigiosos reconocimientos internacionales, participando en grandes

muestras en museos como el MOMA
o en el ámbito de la colección Rockefeller de Nueva York.
Su obra poética está contenida en las siguientes publicaciones:

Es una de las voces más representativas de la poesía hispanoamericana.

“Canción y muerte de Rolando” en 1943, “Reinos” en 1945,

Reseña biográficaPoeta, ensayista y dramaturgo

peruano nacido en Lima en 1924.

“Habitación en Roma” en 1951,

“Mutatis mutandis” en 1967, “El cuerpo de Giulia-no” en 1971,

“Poesía escrita” en 1976,
“Noche oscura del cuerpo”
en 1983,

“Primera muerte de María” en 1988, “Antología” en 1996

, “Sin título” en 2001, y
“Ceremonias”
en 2001.
Falleció en Milán en Marzo de 2006. ©

// jorge eduardo eielsonnacido en lima (perú) en 1924,

desde hace casi cincuenta años, vive en italia. considerado como uno de los mayorespoeta

s y artistas latinoamericanos del siglo, ha participado en varias bienales de venecia

,en documenta, de kassel (alemania), ha expuesto en algunos museos de europa y américa latina,

y en colectivas en el moma de nueva york. sus libros, escasos pero determinantes, han sido

publicados por prestigiosas editoriales, entre las cuales «vuelta» dirigida por octavio paz

, en méxico. entre los reconocimientos a sus libros y trabajos visuales (pinturas, esculturas,

ensamblajes, instalaciones, performances) cabe mencionar el premio nacional de poesía, obtenido

a los 21 años en su país natal, bolsas de investigación y estudios otorgadas por el gobierno francés,

la unesco y la fundación guggenheim de nueva york, además de importantes adquisicione

s de sus obras por parte del museo de arte moderno de nueva york y de la colección nelson

rockefeller, de la misma ciudad. recientemente, el king’s college de la universidad de londres

ha dedicado un congreso internacional al conjunto de su obra. algunas otras realizaciones

del autor en el próximo futuro: la publicación, en italia y en méxico, de algunos textos recientes

, con dibujos del artista italiano michele mulas; la publicación de una antología de su obra

poética en versión inglesa; una nueva edición de el cuerpo de giulia-no en méxico

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VOICES OF THE WORLD WAR I (Todas las versiones en español pertenecen a Raúl Racedo) (Todas las versiones en español pertenecen a Raúl Racedo) SIEGFRIED SASSOON (1886-1967) IVOR GURNEY (1890 –1937) EDWARD THOMAS (1878-1917) ISAAC ROSENBERG (1890-1918) WILFRED OWEN (1893-1918) septiembre 19, 2010

Posted by carmenmvascones in (Todas las versiones en español pertenecen a Raúl Racedo) SIEGFRIED SASSOON (1886-1967) IVOR GURNEY (1890 –1937) EDWARD THOMAS (1878-1917) ISAAC ROSENBERG (1890-1918) WILFRED OWEN (1893-1918), VOICES OF THE WORLD WAR I (Todas las versiones en español pertenecen a Raúl Racedo).
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VOICES OF THE WORLD WAR I

(Todas las versiones en español pertenecen a Raúl Racedo)

Hasta cierto punto las “Voces de la 1er Guerra Mundial” podrían servir como base para promover un debate sobre la importancia de la participación en el conflicto de los escritores pertenecientes a los distintos países que se involucraran en dicha contienda.

Esto, como es obvio, nos conduciría a  prestar  atención a la producción de cada uno de ellos antes, durante y después del  hecho bélico. Obviamente, deslindando  la posición de los mismos con relación a la guerra en sí. Pero también, a su vez, se podría favorecer la obtención de datos acerca de cómo actuó el escenario de la guerra en la conciencia  poética del momento.

A titulo de aporte a tal debate me parece adecuado plantear el tema de la escritura del francés Louis Ferdinand Celine. Al quiebre de la misma se la puede encontrar entre

la novela “Viaje al Fin de la Noche”y su posterior  producción; Aquella donde Celine exhibe una especie de  fragmentación del lenguaje escrito. Vayan como ejemplo de  lo anterior “Guignol´s Band”, “D’un chateau L’autre” “Bagatelle Pour an Massacre”.

Los cincos exponentes que van a leerse  pertenecen a la corriente  denominada “Voices of the World War I”( Voces de la 1er Guerra Mundial) Como es de suponer, todos ellos participaron de la contienda bélica.

No obstante que los textos hablan por si mismos, sugiero se lea el comentario que precede los trabajos de Robert Graves ya que ahí el lector accederá a algunos planteos relacionados con la estética de los poetas de “Voices of the World War I”.

Por cierto, la intención de los comentarios es mostrar cómo se han ido interrelacionando los esbozos estéticos ( sin desmembrarse) desde la Primer Guerra Mundial hasta mediados de la década del setenta.

SIEGFRIED SASSOON

(1886-1967)

En Sassoon se ve con claridad cómo actúa la autoridad militar  cuando se trata de

defender el poder político si intereses y circunstancias así lo requieren.

Siegfried Sassoon peleó  en Mametz Wood y en la Ofensiva de Somme de julio de 1916. Debido  a su actuación en el campo de batalla, sus compañero lo llamaban Mad Jack.

Con la bala de un franco tirador en su pecho, Sassoon regresa a Inglaterra a comienzo de abril de 1917. Luego de su arribo, comienza  a tomar una posición distinta con relación a la guerra. Esto lo lleva a escribir una declaración que luego envía al Comando en Jefe.

“Hago esta declaración como un acto de buena voluntad y de defensa de la autoridad militar porque creo que esta guerra esta siendo deliberadamente prolongada por aquellos que tienen el poder de ponerle fin”, dice Sasoon en un segmento.

Puesta en jaque por tal declaración, la autoridad militar anuncia que Sassoon  padece un shock por su actuación en el frente y lo envía al hospital de Edimburgo donde  encuentra a Wilfred Owen.

*

La utilización de la táctica del shock es por demás evidente en los poemas de Sasoon.

De igual modo la amarga ironía y la maestría en el discurso directo.

Los ataques contra los viejos hombres pertenecientes a la iglesia, ejercito y gobierno, se debe a que Sassoon los consideraba responsables del asesinato y la miseria de los jóvenes. Después de restablecerse, Sassoon fue reenviado al frente en 1918 y  volvió a ser herido.

*

THEY

The Bishop tell us: “When the boy come back

They will not be the same; for they’ll have fougth

In a just cause: they lead te last attack

On Anti Christ; they comrades’ blood has bought

New rigth to breed an honourable race,

They have challenged Death and dared him face to face.”

“We are none of us the same!” The boys reply.

“For George lost both his legs; and Bill’s stone blind;

Poor Jim’s shot through the lungs and like to die;

And Bert’ gone syphilitic: you’ll not find

A chap who’s served that hasn’t found some change.”

And the Bishop say: The ways of God are strange.”

oct 31, 1916

ELLOS

El Obispo nos dijo: Cuando los muchachos regresen

No serán los mismos. Por que ellos pelearon

En una causa justa: lideraron el último ataque

Contra el Anti Cristo; su sangre de camaradas compró

El nuevo derecho para multiplicar una raza honorable,

Ellos retaron a la muerte y  la enfrentaron cara a cara.”

“¡Ninguno de nosotros es el mismo!”, Replicaron los muchachos.

Para George fue perder sus dos piernas; y Bill esta ciego como una piedra;

Al pobre Jim le perforaron los pulmones y le gustaría morirse;

Y a Bert se lo llevó la sífilis: Usted no encontrará

Un chico que no haya tenido un cambio al servir”

Y el Obispo dijo: “Los caminos de Dios son extraños.”

oct 31. 1916

THE GENERAL

“Good morning; good morning!” the General said

When we met him last week on our way to the line.

Now the soldiers he smiled at are  most of ‘em dead.

And we’re cursing his staff for incompetent swine.

“He’s a cherry old card,” grunted Harry to Jack

As they slogged up to Arras whit rifle and pack.

But he did for them both by his plan of attack

Apr. 1917

EL GENERAL

“Buen día; buen día ” dijo el General

Cuando lo encontramos el último fin de semana en nuestro camino al frente.

Ahora los soldados a quienes él sonreía, están muertos en su mayoría.

Y maldecimos a su estado mayor por puerco e incompetente.

“Él es un viejo anuncio de cereza”; le gruño Harry a Jack

A medida que marchaban hacia Arras con rifle y mochila.

———–

Pero él  hizo para ellos dos su plan de ataque.

Apr. 1917


IVOR  GURNEY

(1890 –1937)

Ivor Bertie Gurney nació en Gloucester y mostró una temprana aptitud hacia la música. Después de cinco años en el King’s School gana una beca para el Royal College of music. Su principal interés se encontraba centrado en escribir música. Se une al ejercito luego de comenzadas las hostilidades: Agosto de 1914. Su batallón es enviado a Francia al año siguiente y Gurney experimenta todos los horrores del combate en el Frente Oeste.

En 1917, al cabo de recibir una herida – y cuando se encuentra en el hospital de Rouen-envía algunos poemas a sus amigos de Londres. Como resultado de esto, durante el transcurso de ese mismo año aparece el volumen “Severn and Somme”.  “Severn” es el río ingles a cuya cabecera de estuario se encuentra Gloucester. “Somme” es un río del norte de Francia. Ahí se libraron los combates más feroces

durante el transcurso de la guerra. En el mismo año de la aparición de “Severn and Somme”Ivor sufre el efecto del gas venenoso y es enviado al hospital mental de Warrington; luego, al St Albans. Para septiembre de 1922 – finalizada ya la guerra-

es confinado en Barnwood House, una casa de asistencia mental en Gloucester. Cuando parecía haberse recuperado, se lo envía al hospital mental de la ciudad de Londres.

Ivor Gurney fue uno de los primeros poetas en acusar la influencia de Gerard Manley Hopkins en su producción.

*

TO HIS LOVE

He’s gone, and all our plans

Are useless indeed.

We’ll walk, no more on Cotswold

Where the sheep feed

Quietly and take no heed.

His body that was so quick

Is not as you

Knew it, on Severn river

Under the blue

driving our small boat through.

You would not know him now

But still he died

Nobly, so cover him over

With violet of pride

Purple from Severn side.

Cover him, cover him soon!

And with thick set

Masses of memoried flowers-

Hide that red wet

Thing I must somehow forget.

A SU AMOR

El se fue y todos nuestros planes

Quedaron verdaderamente inservibles.

No caminaremos más en  Cotswold

Donde las ovejas pastan

Tranquilamente y sin prestar atención.

Su cuerpo era tan rápido.

No como vos lo conocías; en el río Severn

Que atravesábamos bajo el impulso azul

De nuestro pequeño bote.

No lo reconocerías ahora.

Pero no obstante morir

Noblemente, lo cubrimos

Con violetas de orgullo

Púrpura de orillas del Severn.

¡Cúbranlo, cúbranlo pronto!

Y con montones

De ramos de memoriosas flores-

Oculten esa roja humedad

Cosa que de algún modo olvidaré.

1917


EDWARD THOMAS

(1878-1917)

Edward tenía por costumbre revisar 50 libros por semana. Odiaba ese trabajo pero no podía dejar de hacerlo. El problema era que debía realizarlo de manera  consciente y utilizando el máximo de discernimiento posible. Por tal tarea, el escaso dinero entrante recibía un suplemento de la venta de las copias revisadas y escritas en forma de libro.

Treinta de ellas fueron publicadas entre 1897 y 1917. Durante esos veinte años se editaron también sesenta antologías. Todo fue realizado apresuradamente pero no descuidadamente. Puede decirse que el gran regalo de Edward  a la critica literaria,

fue haber saludado el arribo de las nuevas estrellas al cielo de la literatura: W.H Davies, Robert Frost y Ezra Pound.

A pesar de tanto trabajo literario, Edward era incapaz de escribir una sola línea

de poesía. En el otoño de 1914, mientras se debatía en el stress de decidir  entre alistarse o no, los poemas comenzaron a derramarse sobre él. Cinco entre Diciembre 3y7 y diez más antes de la finalización del mes. Su amigo Robert Frost se ofreció a encontrarle trabajo en Estados Unidos, pero lleno de patriotismo y seducido por el salario que le ayudaría a mantener su creciente familia, se incorporó al ejercito en julio de 1915.

En enero de 1917 fue muerto por el estallido de un obús.

*

Rain

Rain, midnight rain, nothing but the wild rain

On this bleak hut, and solitude, and me

Remembering again that I shall die

An neither hear the rain nir give it thanks

For washing me cleaner than I have been

Since I was born into this solitude.

Blessed are the dead that the rain rains upon:

But here I pray that none whom once I love

Is dying tonight or lying still awake

Solitary , listening to the rain.

Either in pain or tus in symphaty

Helpless among the living and the dead,

Like a cold water among broken reeds

Myriads of broken reeds all still and stiff

Like me who have no love wich this wild rain

Has no dissolved except the love of death,

If love it be toward what is perfect and

Cannot, the tempest tell me, disappoint.

LLUVIA

Lluvia. Medianoche, lluvia. Nada más que la salvaje lluvia

En ésta choza desierta y solitaria y yo

Recordando otra vez que moriré.

Y ni escuchar la  lluvia o agradecerle

Por lavarme y limpiarme desde

Que nací en el interior de esta soledad.

Bendecidos son los muertos por lluvia y lluvias

Pero aquí yo rezo por alguien a quien una vez amé

Y que estará muriendo ésta noche o yaciendo despierto;

Solitario, escuchando la lluvia.

Apenado o de otro modo compasivo.

Desvalido en medio de  vivos y  muertos.

Como agua fría entre los quebrados juncos.

Miríadas de juncos rotos, todos inmóviles y tiesos

Como yo que no he sido amado por esta lluvia salvaje

Que no disuelve excepto el amor de la muerte.

Si el amor  es dirigirse hacia lo que es perfecto y lo que no,

La puesta a prueba me habla de la desilusión.

*

THE CHERRY TREES

The cherry trees bend over an are shedding

On the old road where all that passed are dead

Their petals, strewing the grass as for a wedding

This early May morn when there is none to wed.

EL ÁRBOL DE CEREZAS

El árbol de cereza se dobla encima y está  derramándose

En el viejo camino donde todos aquellos que lo pasaron han muerto.

Sus pétalos se esparcían en el césped como para un casamiento

Esta temprana mañana de Mayo, cuando ahí nadie se casaba.

———————————————————————————————————

ISAAC ROSENBERG

(1890-1918)

La primer ambición de Isaac, mientras trabajaba como aprendiz en una agencia de publicidad, fue ser pintor. Cuando su aprendizaje hubo concluido, algunas mujeres judías le proveyeron los medios necesarios para que asistiese a la Slade School of Art. Una vez en este sitio, ante la insistencia  de su hermana hizo circular  copias de sus poemas hasta entre los miembros el staff literario londinense.

En 1915, al regresar de África, donde viviera un tiempo con su otra hermana, se alista

en el ejercito. Fue muerto en acción en el año 1918.

*

La variante mostrar la ferocidad de la guerra, el ritmo y el sentido circular de los personajes puestos en juego, resalta en la producción de Isaac Rosenberg. Es la razón por la cual se destaca por sobre las de otros poetas de la 1er guerra.

BREAK  OF DAY IN THE TRENCHES

The darkness crumbles away.

It is the same old druid (1)Time as ever,

Only a live thing leaps my hand,

A queer sardonic rat,

As I pull the parapet’s (2) poppy

To stick behind my ear.

Droll rat, they would shoot you if they knew

Your cosmopolitan sympathies.

Now yo have touched this English hand

You will do the same to a German

Soon, no doubt, if it be your pleasure

To croos the sleeping green between

It seem you inwardly grin as you pass

Strong eyes , fine limbs,haughty athletes,

Less chanced than you for life

Bonds to the whims of murder,

Spawled in the bowels of the earth,

The torn fields of France.

What do you see in our eyes

At the shrieking iron and flame.

Hurled through still heavens?

What quaver – what heart aghast?

Poppies whose roots are in man’s veins

Drop, and are ever dropping;

But mine in my ear is safe-

Just a little white whit the dust.

AMANECER EN LAS TRINCHERAS

Las tinieblas  se derrumban a lo lejos.

Como siempre el Tiempo es el mismo viejo druida(1)

Solo una cosa viva dando brincos en mi mano:

una extraña rata sardónica

al arrancar amapolas de los parapetos(2)

para prenderlas detrás de mi oreja

Rata festiva, ellos te dispararan si se enteran

De tus simpatías cosmopolitas.

Ahora tocaste estas manos inglesas

Pronto sin lugar a dudas harás lo mismo a un alemán

Pues te es placentero atravesar el durmiente verde en medio

del cual parece burlarse tu imprudencia  a medida que pasa.

Mirada firme, refinados miembros; arrogante atleta

Qué pequeña oportunidad para tu vida

Ligada a los caprichos del asesinato,

Engendrado en los intestinos de la tierra de

Los rasgados campos de Francia.

¿Qué es lo que ves en nuestros ojos,

En el chillido del hierro y la llama

Lanzada a través de los cielos?

¿Qué vibración – qué corazón horrorizado?

Amapolas cuyas raíces están en las venas del hombre

Goteando y aun gotearan;

Pero la mía esta ilesa en mi oreja-

Casi un poco blanca entre el polvo.

——————————————————

1)Orden religiosa perteneciente a la antigua Galia, Britania e Irlanda.

2)Pared que protege una trinchera.

WILFRED OWEN

(1893-1918)

Él nació en el callejón Birkhead, donde hacía esquina con Shrewsbury. Al dejar la escuela

toma el puesto de asistente de un vicario. Alejado de la influencia de su piadosa madre, se transforma en un creciente crítico del rol de la iglesia en la sociedad. Sus cartas y poemas muestran una creciente preocupación por el sufrimiento de los pobres. Esto será lo que caracterizará su producción posterior, al combatir en el frente oeste. Una vez alistado, Owen combate como oficial en la batalla de Somme. Invalidado para proseguir en el frente, es enviado al hospital de Edimburgo donde conoce a Siegfred Sassoon cuyos feroces poemas de guerra acaban de ser publicados. Gracias a éste contacto la producción de Wilfred Owen cambia de dirección. Tras pasar tres meses en el hospital, sufre tremendas pesadillas. La experiencia de guerra desaparecida de su mente irrumpe en sus sueños y en sus poemas cuya característica principal es la obsesiva imagen de la ceguera. Wilfred Owen fue muerto en acción semana antes de finalizar la guerra.

Dulce Et Decorum Est

Bent double, like old beggar under sacks,

Knock – kneed coughing like hags , we cursed through sludge,

Till on the haunting flares we turned our backs

And toward our distant rest began to trudge.

Men marched asleep. Many had lost their boots

Of tired, outstripped Five- Nines(a) that dropped behind.

Gas ! Gas ! Quick boys! – An ectasy of fumbling,

Fitting the clumsy helmets just in time;

But someone still was yelling out and stumbling

And flound’ring like a man in fire or lime…

Dim, through the misaty panes(b)and thick green ligth,

As under a green sea. I saw him drowning.

In all my dreams, before my helpless sigth,

He plunges at me, guttering, choking, drowning.

If in some smothering dreams you too could pace

Behind the wagon that we flung him in,

And watch the white eye writhing in his face,

His hanging face, like a devil’s sick of sin;

If you could hear, at every jolt, the blood

Come garglin from the froth-corrupted lungs,

Obscene as cancer, bitter as the cud

Of vile, incurable sores on innocent tongues,-

My friend(c) you would not tell with such high zest

To children ardent for some desperate glory,

The old lie: Dulce et decorum est

Pro patria mori.

Oct.1917-Mar.1918

DULCE ET DECORUM EST (a)

Doblemente encorvados, como viejos pordioseros bajo los sacos

Aporreados –Acodados para toser como hechiceras, maldecimos atravesando el barro

Hasta que encendidos por  la obsesión volvimos nuestras espaldas.

Y en dirección a nuestro distante descanso comenzamos a  caminar.

Los hombres marchaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas

por el cansancio. Rezongaron Cinco –Y por esta causa Nueve(b) cayeron detrás.

¡Gas! ¡Gas! ¡Rápido muchachos!- Un éxtasis de tonterías.

Ajustarse los incómodos cascos en el momento preciso.

Pero alguno continuaba dando alaridos y tropezando

Y forcejeando atropelladamente, como un hombre en fuego o pegamento…

Oscuro a través del cristal de la ventana y de la espesa luz verde;

Como bajo un mar verde Yo lo vi ahogarse.

En todos mis sueños, ante mi visión acongojada se

Zambullía en mi. Goteando, sofocándose, anegándose.

Si en algunos asfixiantes sueños marchábamos

Detrás del vagón, nos echábamos en él

Y vigilando con el  blanco del ojo se retorcía su cara,

Su cara colgada  como los pecados de un demonio.

Podías escuchar que en cada sacudida, la sangre

Hacia gárgaras desde la corruptes  espumante de los pulmones.

Obscena charla del despreciable; como un cáncer amargo como

Incurables llagas en lenguas inocentes-

Mi amigo (c)  vos  no dirías con tal gran gusto

A los niños que arden por algo de desesperada gloria,

La vieja mentira: Dulce et decorum est.

Pro patria mori(d)

Oct.1917-Mar.1918

a)      “Dulce y decoroso es”- fragmento de una Oda de Horacio.

b)      Calibre de Obús.

c)      Jessie Pope a quien fue dedicado el poema originalmente.

Antes de la guerra Pope fue autor de numerosos libros para niños.

También de “Poemas de Guerra de Jessie Pope” editado en 1915.

d) “Dulce y decoroso es morir por la patria”(mordazmente)

(c) INVESTIGACION, RECOPILACION Y TRADUCCION

RAUL RACEDO

pierre clastres, investigaciones en antropología política. los profetas… el discurso de los profetas…la tierra sin mal de bien/es septiembre 18, 2010

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PIERRE CLASTRES:

I PARTE

LOS PROFETAS


LOS KARAI

“A pesar de no estar en condiciones de comprenderlo, los primeros cronistas supieron diferenciar

a los chamanes de ciertos personajes enigmáticos que habían surgido de la sociedad, los KARAI…

Estos hombres se situaban total y exclusivamente en el campo de la palabra.  Hablar era SU ÚNICA ACTIVIDAD.

Se desplazaban sin cesar, tenían vocación de nomadismo,  podían circular  impunemente de un campo al otro,

no corrían ningún riesgo y, por el contrario eran acogidos en todas partes con fervor.  Nunca eran considerados enemigos.

Los Karai afirmaban no tener padres y ser hijos de una mujer y una divinidad, “fantasma megalomaníaco”

que los hacía autodivinizarse  profetas, en la negación y rechazo al padre.  En efecto,

enunciar a la ausencia de padre significaba  afirmar su no pertenencia a un linaje de parientes, y seguidamente,

a la propia sociedad.  Un discurso así, sostenido en ese tipo de sociedad  llevaba  una carga subversiva incomparable:

en efecto, niega la estructura misma de la sociedad primitiva, lo que hasta hace poco se denominaba los lazos de sangre.

El nomadismo de KARAI no resultaba de su fantasía o de un gusto excesivo por

los viajes sino más bien  de su no prtertenencia a la comunidad.

Literalmente no eran de ninguna parte y no podían, por definición,

fijarse en ninguna parte ya que no eran miembros de ningún linaje.

Es sin duda por esto que a su llegada a cualquier poblado no

podína ser tenidos por representantes de ningúngrupo enemigo.

Ser un enemigo era estar inscrito en una estructura social, lo que no era para nada el caso de los KARAI.

Y también por esto, al no ser de ninguna parte estaban de alguna manera en todos lados.  EN  otras palabras

su semidivinidad, su parcial no-humanidad, los constreñía, al arrancarlos de la vida humana,

a vivir según su naturaleza de seres  venidos de lejos.  Pero al mismo tiempo les aseguraba una seguridad total

en el curso de sus desplazamientos de una tribu a otra: los indios no sentían hacia ellos nada de

la hostilidad que manifestaban ante todo extranjero ya quelos consideraban dioses y no hombres.

Esto nos permite comprobar que los indios, lejos de considerar locos a los KARAI,

no dudaban de la coherencia de su discurso y estaban dispuetos a escuchar su palabra.

II PARTE


QUE DECÍAN LOS KARAI

margarite yourcenar, Belgica- EEUU, 1903-1987, Versión de Silvia Barón-Supervielle septiembre 18, 2010

Posted by carmenmvascones in Versión de Silvia Barón-Supervielle.
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El poema del yugo

Las mujeres de mi país llevan sobre los hombros un yugo;
Su corazón pesado y lento oscila entre esos dos polos;
A cada paso, dos grandes baldes de leche chocan
Uno con otro contra sus rodillas;
El alma materna de las vacas, la espuma del pasto masticado,
Brotan en olas nauseosas dulces.

Soy igual que la sirvienta de la granja;
A lo largo del dolor me avanzo de un paso firme;
El balde del lado izquierdo está lleno de sangre;
Puedes beber y saciarte de ese pujante jugo.
El balde del lado derecho está lleno de hielo;
Puedes inclinarte y contemplar tu rostro laso.
Así voy entre mi destino y mi suerte,
Entre mi sangre caliente y líquida y mi amor límpido muerto.
Y cuando esté segura que ni espejo ni bebida
Pueden ya distraer o sosegar tu corazón salvaje,
No quebraré el espejo resignado,
No volcaré el balde donde sangró toda mi vida.
Iré llevando mi balde de sangre en la noche negra
Allí donde están los muertos que en él a beber vendrán.
Iré donde están las olas con mi balde de hielo;
El breve gemido de la orilla será menos dulce que mi llanto;
Un rostro pálido grande se asomará a la duna
Y ese espejo, que ya no quieres, reflejará la faz calma de la luna.

Versión de Silvia Barón-Supervielle

Erótico

Tú la avispa y yo la rosa;
Tú el mar, yo la escollera;
En la creciente radiosa
Tú el Fénix, yo la hoguera.
Tú el Narciso y yo la fuente,
En mis ojos tú brillando;
Tú el río y yo el puente;
Yo la onda en mí nadando.
Y tú el sol y la sal
Y en los labios el caudal
Del rumor meciendo el juego.
Yo el pájaro y el cielo
Azul cruzando su vuelo,
Como el alma atiza el fuego.

Versión de Silvia Barón-Supervielle

Firme propósito

Ni ampararse del día bajo el árbol de nieblas,
Ni morder el verano en las frutas dormido,
Ni besar en los labios lentos de tinieblas
Al muerto evaporado y vano de haber sido.

Ni penetrar el centro del álgebra frío,
Ni en el vacío clavar la máscara infinita.
Ni sembrar el olvido en el glorioso río
Y derramar la nada en la tumba bendita.

Ni rozar, Amor mío, tu boca entregada,
Ni su deseo quemar sin la llama esperada,
Ni arrastrar en el cuerpo rendido la herida.

Ni rezar con las manos juntas de la pena,
Pero traer consigo en la noche serena
El hondo corazón donde sangró la vida.

Versión de Silvia Barón-Supervielle

Fuegos

Lo mismo ocurre con un perro, con una pantera o con una cigarra. Leda decía: “Ya no soy libre para suicidarme
desde que me he comprado un cisne”.

La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen,
pero pocos hombres mueren.

No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.

Que no se acuse a nadie de mi vida.

No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.

Existe un plan general para el universo. Sólo salimos en los momentos sublimes.

En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando está solo.

Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.

Siete poemas para una muerta

I. Cansados de esperar, los que nos esperaron,
Murieron sin saber que estábamos llegando,
Sus brazos abiertos despacio se cerraron
Y en vez del recuerdo, vino el pesar temblando.

La flor y la oración, la más tierna mirada,
Son ofrendas que Dios no podrá bendecir.
La muerte no escucha la vida desterrada;
Nos junta solamente y no nos puede unir.

Nunca conoceré esa apacible tumba;
Es demasiado tarde, mi grito retumba
Sin eco en la tierra de sorda eternidad;

La muerte desdeñosa o por la fuerza muda,
Nos deja en este umbral oscuro de la duda
Donde no fue el amor y está su soledad.

II. Aquí están la miel profunda de las rosas,
La fragancia, el color, el respirar amado.
No sonreirás más a la luz de las cosas;
Tu gesto de abrazar en suspenso ha quedado.

Ya no sentirán más tus párpados dormidos
El largo deshojar de la melancolía.
Tu corazón se aleja en cielos desvaídos
y yo llego puntual para ver la agonía.

El ser no es más que un nombre; el tiempo es un día;
Por la ruta del sol tu sombra yo amaría
Pero contra la tumba mi amor se golpeó.

La muerte no vacila y supo alcanzarte;
Si me recuerdas hoy sabrás compadecerte
De esta oscuridad que tu antorcha encendió.
III. No había que titubear; había que acudir;
Había que llamar; no había que callar.
No supe presentir que ibas a morir
Y continué mi aislado camino de pasar.

No supe presentir que vería agotarse
El claro manantial donde la sed termina;
No supe presentir que la muerte germina
Un fruto misterioso en la tierra de amarse.

Aquí están mis ojos, mis manos, mi paso
De ayer por el jardín que ahora yace raso;
Te busco titubeando como un extranjero,

Pero sin alcanzarte; me acuso; y envidio
Aquel que comprendió que todo es pasajero
Y descubrió su amor frente a tu espejo tibio.

IV. Jamás de tu alma conocerás el viaje
Comenzado en mi alma al despuntar el día;
Ni el tiempo, ni el amor, ni la edad, ni el paisaje
Borrarán tu huella grabada con la mía.

No sabrás que tiene tu rostro la belleza,
Que el mundo por tu azul dulzura resplandece,
Que la transparencia del lago en la maleza
Refleja tu mirar donde el sol amanece.

Nunca jamás sabrás que eres en mi mano
El oro del farol sobre el andar del mar;
Que tu lejana voz se mueve en mi cantar,

Que tu antorcha, tu luz y resplandor arcano
Me indican el dulce sendero de vivir
Juntos, en una sola sombra de seguir

V. La estrella centelleante es del ciprés la fruta
Balanceando la noche lenta del verano;
La vida en sus velos desnuda por su ruta
Despliega tu esplendor cada vez más cercano.

Tu amor y mi amor, nuestros cuerpos y el latido,
Serán nuevamente diversa infinidad;
La araña constante extiende su tejido
Y el universo atroz teje la eternidad.

El mar sin mañana nos trae a la ribera,
Nos lleva debajo de una puerta soñera;
En todo morirnos, en todo renacemos,

Pero en el corazón de sed desconocida
Amor y esperanza imaginan que vemos
De aquella muerte el astro engendrar esta vida.

VI. La miel de las cosas al fondo inalterable
Es deseo, dolor y es remordimiento;
Alambique sin fin donde el tiempo incansable
Destila del día o la noche el movimiento.

Comienza a madurar otra vez el rumor ,
La misma nota vibra en distintos sonidos;
No se puede cortar del perfume la flor
Ni el alma del cuerpo eternamente unidos.

El cielo nos retira la escala fugaz,
No verás derramarse el amor por mi faz;
Cada día cerrará la luz que te veía,

Cada noche en la noche vendrá progresando,
Como en tus brazos lentamente yo venía,
Para cerrar también lo que se está apagando.

VII. Aquí viene en silencio el espacio del canto
Que puede sin herirte pasar a tu lado;
Dejemos las flores cubrirte con su llanto,
La sonrisa trazar en el rostro el pasado.

Cuando la máscara desciende fatigada
Y se deslizan en el lecho los durmientes,
Todos los dedos de la hierba derribada
Quisiera acariciar con mis manos ardientes.

Es hacia tu dulzura que va mi sendero.
De este suelo acompasado el jardinero
Del olvido barre el otoño de quererte.

El amor inmortal corre en la lejanía
De la sangre, y no turbaré con mi elegía,
La cita infinita de la tierra y la muerte.

Versión de Silvia Barón-Supervielle

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Marguerite Yourcenar; La voz de las cosas
Mauricio Carrera | Estilo
Sábado 16 de Abril, 2005 | Hora de creación: 00:00| Ultima modificación: 04:38

Conocí a Marguerite Yourcenar (Crayencour, 1982), en Japón. Preparaba su libro sobre Mishima. La entrevisté en un hotel de Tokio. Afuera esperaba Jerry Wilson, su joven pareja. Estaba nervioso, inquieto. Se aparecía de cuando en cuando para urgirme de mal modo a terminar mi conversación con ella. Parecía un amante celoso. Se esmeraba en cuidarla. Destilaba juventud e impaciencia. Ella, en cambio, se mostraba serena, tranquila. Era una anciana amable y de buen talante. No tenía prisa. No se mostró impaciente ante mis preguntas. Me pareció una mujer bondadosa. Una mujer sabia.
Hoy, tras leer La voz de las cosas, su último libro, recuerdo los pormenores de ese encuentro, fortuito y afortunado, y veo reflejado el origen de esa sabiduría y esa bondad. Es un libro íntimo, que nos habla del mundo interior que llegó a alcanzar, hacia el final de su vida, la autora de Las memorias de Adriano y de Alexis o el tratado del inútil combate.
“En esta etapa de su vida”, como señala José Antonio Lugo en Caligrafías (2003), “estaba más que nada preocupada por regirse en consonancia con los cuatro votos budistas: Luchar contra los malos pensamientos/ Sumergirse hasta el fondo en el estudio/ Perfeccionarse en la medida de lo posible y/ Por numerosas que sean las criaturas errantes en el Universo, trabajar para salvarlas”.
No se trata, en estricto sentido, de una obra escrita por Yourcenar. La voz de las cosas se compone de pensamientos, frases, poemas y canciones “provenientes del budismo, el cristianismo, el taoísmo, la poesía contemporánea, el misticismo católico, el pensamiento hindú, el judaísmo, el romanticismo, la mística de la Edad Media, el Corán, el sufismo y el teatro Noh”, como informa el propio Lugo, responsable del prólogo y la traducción de este volumen, el último publicado por la escritora.
Hay citas del Tao Te King: “Las armas, por espléndidas que sean, provocan horror en todas las criaturas”. De Rilke: “Uno elige la medalla o las rosas”. Del maestro zen Daito Kanushi: “Si el ojo pudiera oír/ si la oreja pudiera ver,/ amarías/ el simple ruido del agua sobre el techo”. De Blake: “El desnudo de la mujer es la obra de Dios”. De la tradición hasídica: “Dios está donde se le deja entrar”. De Confucio: “El hombre bien nacido es tranquilo y espacioso. El vulgar se agita siempre”. De Bob Dylan: “¿Y cuántas veces silbarán las balas antes de ser prohibidas para siempre?”
En estos pensamientos se trasluce la serenidad lograda por una Marguerite Yourcenar conciente de haber alcanzado el éxito, la inmortalidad literaria, “la consagración parisina”, como ella misma lo definió. Podía escribir o publicar lo que le viniera en gana. O dejar de escribir para dedicarse a hacer pan o a cultivar un jardín, como lo hizo en Marruecos, en 1981. “Quizá tenga razón al decirme que me alejo más de la literatura”, escribió en una carta de mayo de ese año, cuatro antes de su muerte. Pero esta serenidad también abreva de su constante búsqueda de conocimiento. Pasa, como se desprende del prólogo, de escribir obras maestras con personajes poderosos, como Adriano, o sabios, como el Zenon de Opus Nigrum, que le llevaron años y años de preparación y estudios, a publicar un libro de significativo título: Un hombre oscuro. En él, su protagonista, Natanael, no aspira a riquezas o a cambiar el rumbo de la historia del mundo. Es un ser común y corriente que acepta su destino como algo propio de la condición humana.
Es la propia Marguerite Yourcenar, quien ya desde Memorias de Adriano intuía: “Me acomodaba muy mal en un mundo sin libros, pero la realidad no está ahí, porque no cabe entera”.
La voz de las cosas es un acercamiento a esa realidad, expresada en pensamientos que han sobrevivido al tiempo, a las modas, a los ismos. El título hace referencia a un episodio más en la vida de la escritora, ya en sus últimos años y conciente más que nunca de la fugacidad de cualquier esfuerzo humano, incluidos el amor y la literatura. No hay que olvidar que su propia madre murió por complicaciones de parto y que “vio morir a los seres que amó”: André Fraigneau, Grace Frick, Jerry Wilson. “Alma que se mantiene en pie sin desfallecer”, de Agrippa, es, precisamente, el último pensamiento de este libro. El episodio que da nombre al volumen ocurre precisamente en momentos en que la vida que se apaga, se hace presente. Ella se encuentra hospitalizada en Maine, Estados Unidos. Es octubre de 1985. Recibe la visita de Jerry Wilson, quien ha viajado desde París para verla. Él mismo está enfermo de SIDA. Le entrega una “admirable placa de malaquita” que ella le había dado el 22 de marzo pasado, como regalo de cumpleaños. Era, en su carácter tectónico, milenario, bello, una excelente muestra del amor que sentían el uno por el otro. Jerry permaneció a su lado, lo mismo que la piedra, que mantuvo entre sus manos. “Sin duda mis manos estaban débiles y yo misma un poco adormecida, ya que sentí deslizarse algo, y un ruido ligero, fatal, irreparable, me despertó de mi sueño”. La malaquita había caído, rompiéndose en mil pedazos. La Yourcenar estaba desconsolada. Había “destruido de ese modo y para siempre ese objeto que tanto había contado para nosotros, esa placa mineral de diseño perfecto, casi tan antigua como la tierra”.
Su sonido al romperse motivó el comentario de Jerry Wilson:
—Es como la voz de las cosas…
Se trata, lo dice la propia Yourcenar, “de un pequeño libro, donde nada o casi nada es mío, salvo algunas traducciones, pero que me ha servido de libro de cabecera y libro de viaje durante tantos años y, a veces, como reserva de valor”.
Junto con Laura López Morales y Fernando Solana Olivares, José Antonio Lugo es uno de los grandes conocedores en nuestro país de la obra yourcenariana. La traducción es uno más de sus homenajes a la escritora de Las memorias de Adriano. Traducción, por supuesto, impecable. Me quedan sin embargo dos pequeñas dudas: la primera, sobre la versión que utilizó para traducir La respuesta está en el viento, de Bob Dylan, el original en inglés o la francesa incluida en La voix des choses publicada por Gallimard, ya que cuestionaría el sentido del estribillo; y la segunda, las dos versiones de los cuatro votos budistas, uno incluido en su propio libro de ensayos Caligrafías y el otro en la versión española del libro que venimos comentando. Me gusta más la primera versión, por encontrarla más pulcra, más contundente.
La voz de las cosas se trata de un libro íntimo, acaso reservado para unas cuantas personas cercanas a Yourcenar (“Hay seres a través de los cuales Dios me ha amado”, como escribe Saint Martín en este libro). No están aquí los pensamientos deslumbrantes o la mercadotecnia mística a lo Paulo Coelho. Está la sabiduría desnuda de quien llegó a decir, en Los ojos abiertos, la larga entrevista hecha por Mathieu Galey: “Sea uno el que sea, muere sobre un planeta”. Cavafis, claro, está ahí, presente en esa frase que nos remite a su poema “La ciudad”. Un poeta a quien ella tradujo y a quien se extraña no ver en este libro, al mismo tiempo sabio y místico. Me quedo más con la inteligencia de Blake que con el razonamiento católico o los aforismos y pensamientos zen y tao incluidos. Es un libro de aprendizaje y contemplación, fuente de sentimientos y de las razones del espíritu. “Es una muestra de las alturas que puede alcanzar el corazón humano en su eterna aspiración a la belleza y a la sabiduría”, como señala Lugo.

Marguerite Yourcenar. La voz de las cosas. Traducción y prólogo, José Antonio Lugo. México:
El Viejo Pozo/Universidad Autónoma de Chiapas, 2005.

Teme en el muro ciego
una mirada que te espía.
A la materia misma un verbo está atado,
no lo hagas servir a un uso impío.

Gerard de Nerval

Un petirrojo en una caja
enfurece al Cielo todo.

Un palomar lleno de palomas
sacude al Infierno en todas sus regiones.

No mates ni mariposa ni polilla,
porque el día del Juicio llegará muy aprisa.

El desnudo de la mujer es la obra de Dios.

William Blake
Me persigues a donde vaya,
fuerza ardiente
que me pone a prueba nudo a nudo
en la tormenta.
Me atacas para que vaya
entre las cosas.
Uno elige la medalla
o las rosas.

Rilke

El maestro dijo:
Aprender la verdad por la mañana y
morir por la tarde, con eso es suficiente.

El maestro dijo:
La justicia para un hombre bien nacido
está por encima del valor. El valor
privado del sentido de la justicia
convierte a los grandes señores en
rebeldes y a los pobres en bandidos.

Confucio

¿Dónde va el alma después de la muerte?
No es necesario que vaya a alguna parte.

Jacob Boehme

Dios está donde se le deja entrar

Sabiduría hasídica

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Marguerite Yourcenar:
Viaje y conciencia
de lo universal
¿Quién puede ser tan insensato como
para morir sin haber dado, por lo
menos, una vuelta a su cárcel?

EL TIEMPO DE LOS PRIMEROS AMORES. GRACE FRICK EN LA UNIVERSIDAD DE YALE.

La vida y la obra de Marguerite Yourcenar,
con énfasis en lo que significan para ella el viaje,
la lectura, el encuentro con otros seres humanos,
el conocimiento del entorno y de sí misma.

Por Vicente Torres

Desde su creación por el cardenal Richelieu en 1634, por primera vez en la historia de la Academia Francesa de Letras una mujer es admitida como miembro en 1980, destruyendo así el mito de la escritura singularizada por el género. Las primeras publicaciones de Marguerite Yourcenar datan de 1921, aunque la familiaridad de los lectores hacia sus libros ha avanzado a un ritmo infinitamente más lento que el de su celebridad. ¿No afirmaba acaso Jean d’Ormesson en el discurso de recepción pronunciado en la Academia, que Yourcenar «sigue siendo una especie de misterio extremadamente célebre, una especie de oscuridad luminosa»?
Nacida en Bruselas en 1903, de padre francés y de madre belga -quien días después del alumbramiento fallece como consecuencia de una fiebre puerperal-, Marguerite Antoinette Jeanne Marie Ghislaine de Crayencour abandona su linaje aristocrático para convertirse en Marguerite Yourcenar, seudónimo anagramático que sería su nombre oficial a partir de 1947. Tuvo tres nacionalidades (belga, francesa y estadounidense) y fue elegida, además de la Academia Francesa, por la Academia Real Belga de Lengua y Literatura Francesas y por la Academia Americana de Artes y Letras.
La vida y la obra de Yourcenar se inscriben bajo el signo del desplazamiento incesante. A partir de 1950, fija su residencia en la isla de los Montes Desiertos (Maine, Estados Unidos), alternando su exilio voluntario con viajes alrededor del mundo. Una isla: principio de soledad. El viaje: principio de conocimiento. «[…] en el hombre, al igual que en las aves, parece haber una necesidad de emigración, una vital necesidad de sentirse en otra parte»1.
Cuando estalla la primera guerra mundial, la joven Mar-gue-rite acompañada por su padre Michel de Crayencour -pues ella nunca asistió a la escuela, Michel fue su preceptor y guía en los estudios-, emigra a Inglaterra, donde se inicia a la edad de once años en el estudio de las lenguas inglesa, latina y griega, y comienza a leer por sus propios medios a los poetas italianos en su lengua original. En 1922, se encuentra en Italia en el momento del advenimiento de Mussolini y del fascismo, situación que denunciará -primera vez que un escritor europeo lo hace- en su libro El denario del sueño. Por esta época realiza numerosos viajes a Suiza, Yugoslavia, Grecia, Turquía y a los Estados Unidos. Hacia el final de su vida visita Dinamarca, Argelia, Marruecos, Egipto, Japón, Tailandia, India y Kenia.
En 1986, Yourcenar encuentra a Jorge Luis Borges en Ginebra, seis días antes de la muerte del autor del Libro de arena; allí hablan acerca del laberinto de la vida, al que poco después Borges le encontrará la salida. La escritora, habiendo cancelado por razones de salud un viaje a Nepal, previsto para el invierno de 1987, muere el 17 de diciembre del mismo año en el hospital de Bar Harbor, cerca de Petite Plaisance, su residencia-refugio en la isla de los Montes Desiertos, a la edad de 84 años.
De este desplazamiento permanente, se puede afirmar que la biografía de Marguerite Yourcenar es una biogeografía. La ausencia de un centro geográfico y el itinerario mudante evocan la constatación de Pascal, según la cual la naturaleza es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna. Desde esta perspectiva, las fuentes que nutren la escritura yourcenariana tienen la expansión de la universalidad.
La aventura del viaje se convierte de esta manera en una forma privilegiada de descifrar el mundo. A esto añade Yourcenar los otros dos medios de enriquecimiento respecto al conocimiento que circulan a través de su obra: las lecturas y los encuentros con los seres humanos:

Siempre ha habido muchas razones para viajar, de las cuales la más simple -y ya compleja- consiste en hacerlo por la ganancia y por la aventura, dos móviles difícilmente separables incluso en el caso de Las mil y una noches y en el de Marco Polo. Para convertir a una religión, en la que uno cree, a otros hombres supuestamente sumidos en la noche de la ignorancia, como los franciscanos que penetraron en el imperio mongol, Francisco Javier en el Japón o asimismo los monjes hindúes que evangelizaron China, o los monjes chinos de camino hacia el Japón. Hay otros casos en que se viaja para regresar, como Ulises, a una patria perdida o
-como lo hacían, al parecer, los grandes navegantes primitivos- con la esperanza de encontrar una isla más favorable que aquella que abandonaban. Muy pronto, a esos motivos viene a añadirse un nuevo móvil: la búsqueda del conocimiento. Ulises, como tan bien lo vio el poeta griego moderno Cavafis, encuentra, en las numerosas escalas que lo separan de Ítaca, una ocasión para instruirse y gozar de la vida. Los viajes en busca del conocimiento son de todos los tiempos: conocemos aquellos, a menudo legendarios, de los sabios griegos a Egipto, de los romanos a Grecia, de los japoneses a Corea o a China, de los filósofos occidentales de la edad media al mundo musulmán y a Asia. El viaje a lejanas regiones se convirtió en un ingrediente casi indispensable de la vida de los filósofos, ya se tratara de Solón o de Paracelso. En todos los casos, se trata de informarse acerca del mundo tal cual es y de instruirse también ante los vestigios de lo que ha sido. […]
Presentimos que, pese a todo, nuestros viajes, al igual que nuestras lecturas y encuentros con nuestros semejantes, son unos medios de enriquecimiento que no podemos negarnos 2.
MARGUERITE CON POCOS
MESES DE EDAD

De la misma manera en que la biografía de Marguerite Yourcenar es una biogeografía, su bibliografía es una bibliogeografía. Los lugares donde transcurren sus obras se sitúan bajo el signo de la universalidad espacial: El denario del sueño se desarrolla en Italia; El tiro de gracia, en los países bálticos; los Cuentos orientales se localizan en la antigua China, Japón, los Balcanes, en la Grecia contemporánea. Europa, África septentrional y el Medio Oriente son los escenarios, en el siglo II, de Memorias de Adriano; Opus nigrum se desarrolla en Flandes, Italia y Alemania durante el Renacimiento. Un hombre oscuro transcurre en la isla de los Montes Desiertos y en los Países Bajos, en el temprano siglo XVII. Sólo el tiempo y los lugares ausentes son los de Marguerite Yourcenar misma: están ausentes ella, su medio, su condición, su país, su tiempo. Escritura que viaja, escritura del viaje, viaje de la escritura, Yourcenar es una escritora itinerante en continua partencia.
Pese a la gran diversidad espacial, dos ejes geográficos irradian esta profusa obra: Grecia y Oriente.
Si bien es cierto que el recurso del mito griego se convierte en el siglo XX en el vehículo críptico por excelencia a través del cual escritores como Sartre, Giraudoux y Giono expresan su rechazo a la devastadora empresa hitleriana (en la obra para teatro Electra o la caída de las máscaras, Yourcenar se une a esta voz de indignación), también es cierto que la Dama de los Montes Desiertos hace de la fuente helénica una reserva de recursos que sobrepasa el mito: la herencia del método y del logos griego, que se traduce en su obra en una lógica y lucidez implacables; los poetas satíricos, líricos; los poetas completamente escépticos y los poetas profundamente místicos o eróticos del archipiélago, cuya huella se halla diseminada en la obra de Yourcenar; las escuelas filosóficas como el escepticismo y el cinismo, el estoicismo y el hedonismo, eclecticismo que contribuye a la construcción de la identidad de varios de sus personajes, tales como Alexis, Adriano, Zenón, Nathanael…
Pero es el emperador Adriano, continuador del legado griego en Roma, quien toma la voz de Marguerite Yourcenar, 18 siglos atrás, para afirmar lo siguiente:

Siempre agradeceré a Scauro que me hiciera estudiar el griego a temprana edad. Aún era un niño cuando por primera vez probé de escribir con el estilo los caracteres de ese alfabeto desconocido; empezaba mi gran extrañamiento, mis grandes viajes y el sentimiento de una elección tan deliberada y tan involuntaria como el amor. Amé esa lengua por su flexibilidad de cuerpo bien adiestrado, su riqueza de vocabulario donde a cada palabra se siente el contacto directo y variado de las realidades, y porque casi todo lo que los hombres han dicho de mejor lo han dicho en griego. […]
Yo he administrado el imperio en latín; mi epitafio será inscrito en latín sobre los muros de mi mausoleo a orillas del Tíber; pero he pensado y he vivido en griego. […]
Entreveía la posibilidad de helenizar a los bárbaros, de aticizar a Roma, de imponer poco a poco al mundo la única cultura que ha sabido separarse un día de lo monstruoso, de lo informe, de lo inmóvil, que ha inventado una definición del método, una teoría de la política y de la belleza 3.

EL PADRE, MICHEL DE CRAYENCOUR, CON BARBE, LA CRIADA Y LA PEQUEÑA MARGUERITE A LA EDAD DE CUATRO AÑOS
DE PIE, EL PADRE DE MARGUERITE YOURCENAR CON SUS PADRES Y SU HERMANA MARÍA.

Junto al universo griego, la otra gran fuente que nutre el pensamiento y la escritura yourcenarianos es el Oriente, con el cual la autora se familiariza desde temprana edad mediante traducciones de textos de la India y del Extremo Oriente. En respuesta a una carta suya, Rabindranath Tagore incluso invita a la joven Marguerite para que asista, como estudiante, a la universidad de Santiniketan que él ha creado.
Sólo en 1982 -cinco años antes de su muerte-, la académica descubrirá el Oriente en compañía de un joven de 30 años, Jerry Wilson, quien se convertirá en su compañero de viajes, después que ella ha perdido a su secretaria, excelente traductora y compañera de vida, Grace Frick. Había ya publicado Yourcenar, dos años atrás, Mishima o la visión del vacío, y había comenzado la traducción de Cinco no modernos de Mishima, del japonés al francés, en colaboración con Jun Shiragi. Una serie de crónicas, resultado de este primer gran viaje a Oriente, se publicarán en Una vuelta por mi cárcel, aunque la obra que condensa gran parte de la construcción oriental de Marguerite son los luminosos Cuentos orientales.
El Oriente de Yourcenar es ante todo un Oriente imaginario. Penetra ella en él a través de la literatura y las artes. De las 6.876 obras que se encuentran en la biblioteca de Petite Plaisance, 500 textos están consagrados al Oriente.
El Oriente yourcenariano no es aquel orientalismo exótico, pintoresco o galante del siglo XIX, tal como lo percibían los artistas europeos de aquel entonces: es una invitación a un viaje completamente diferente: se trata de la búsqueda de la dimensión de la trascendencia mediante la noción de lo sagrado, ya sea por medio de las antiguas corrientes místicas o del culto y el rito que ponen en contacto al ser humano con otra suerte de realidades. De tal manera, el Oriente aparece como el com-plemento del componente griego. Es precisamente el emperador Adria-no quien ve en estas dos fuentes, dos formas alternativas de conocimiento:

Una parte de cada vida, y aun de cada vida insignificante, transcurre en buscar las razones de ser, los puntos de partida, las fuentes. Mi impotencia para descubrirlos me llevó a veces a las explicaciones mágicas, a buscar en los delirios de lo oculto lo que el sentido común no alcanzaba a darme. Cuando los cálculos complicados resultan falsos, cuando los mismos filósofos no tienen ya nada que decirnos, es excusable volverse hacia el parloteo fortuito de las aves, o hacia el lejano contrapeso de los astros 4.
MARGUERITE YOURCENAR A LOS TRECE AÑOS, EL 13 DE JULIO DE 1916
MARGUERITE CON UNA MUÑECA JAPONESA. «ELLA ME ABRIÓ AL MUNDO»

La sabiduría, en todas sus formas, es una búsqueda constante de los personajes yourcenarianos. Búsqueda que habitará a la autora desde sus tempranos años. Búsqueda que muchos de sus lectores han hecho suya. En este sentido, el pensamiento místico oriental propone innumerables posibilidades: la idea de la conciliación de los contrarios, en el budismo zen («La luz existe en la oscuridad, la oscuridad existe en la luz»); la idea del brahmanismo según la cual los demonios y los dioses cohabitan en el ser humano. La percepción taoísta de la vida y la muerte como etapas sucesivas. El pensamiento yourcenariano no excluye: integra.
La carta de navegación de las corrientes místicas orientales de Marguerite Yourcenar está constituida por el taoísmo, el confucionismo, el hinduismo, el budismo. A esta configuración mística oriental opondrá ella lo que suele denominar «las Tres Imposturas»: el cristianismo, el judaísmo y el islamismo.
En una serie de entrevistas concedidas a Matthieu Galey, Con los ojos abiertos (1980), afirma Yourcenar:

Tengo varias religiones, como tengo varias patrias, de manera que en cierto sentido no pertenezco quizás a ninguna. No pienso por cierto en renegar del Hombre que ha dicho que aquellos que tengan hambre de fe y de justicia serán saciados (en otro mundo, con seguridad, porque en el nuestro no es verdad), pero menos renuncio a la sabiduría taoísta, parecida a un agua límpida, unas veces clara, otras oscura, bajo la cual se descubre el trasfondo de las cosas. Estoy agradecida por lo precioso que me han enseñado sobre mí misma, y en la medida en que he emprendido y proseguido el estudio, al tantrismo, y a sus métodos casi fisiológicos para despertar las fuerzas del espíritu y del cuerpo, y al zen, esa espada centelleante. Sobre todo, permanezco profundamente ligada al conocimiento budista, estudiado a través de diferentes escuelas que, como las diferentes sectas cristianas, me parecen menos contradecirse que completarse.
No sólo su compasión por todo ser viviente amplía nuestras nociones, muchas veces mezquinas, de la caridad; no sólo, como los presocráticos, vuelve a poner al hombre, pasajero, en un universo que pasa, sino que además, como Sócrates (y confiándose, por supuesto), nos pone en guardia contra las especulaciones metafísicas ambiciosas, para incitarnos, sobre todo a conocernos mejor y, como las filosofías modernas consideradas más audaces, insiste en la necesidad de depender sólo de nosotros mismos: «Sed una lámpara para vosotros mismos…»5.

Marguerite Yourcenar y gran número de sus personajes se guían a lo largo de su existencia por los cuatro votos budistas que resumen una sabiduría muy antigua:

Los cuatro votos budistas que, en efecto, me he recitado con frecuencia en el curso de mi vida, dudo en volver a decirlos en este momento delante de usted, porque un voto es una plegaria, y más secreto aun que una plegaria […] Simplificando: se trata de luchar contra las malas inclinaciones; dedicarse hasta el fin al estudio; perfeccionarse en la medida de lo posible, y por fin por numerosas que sean las criaturas que vagan en la extensión de los tres mundos, es decir en el universo, trabajar para salvarlas. De la conciencia moral al conocimiento intelectual, del perfeccionamiento de sí al amor de los demás, y a la compasión por ellos, todo está allí, me parece, en ese viejo texto que tiene alrededor de 26 siglos 6.

Tal vez la criatura yourcenariana que va más lejos en el camino de la sabiduría sea Nathanael, uno de sus últimos personajes (Un hombre oscuro, dedicado a Jerry Wilson, quien morirá en 1986, víctima de la enfermedad de finales del siglo XX). Nathanael, luego de dejar voluntariamente Amsterdam, se refugia en una isla frisona, donde se integra a la luz, al agua, a la tierra, abandona las categorías del pensamiento que ya no le ofrece ningún recurso; el lenguaje se disuelve en el silencio; los tabiques del tiempo se rompen. Sin darse cuenta, Nathanael accede al estado de iluminación, según los místicos orientales.
Para acceder a la disolución del yo, ha sido necesario que Nathanael atraviese todo el siglo XX: aparece por vez primera ante la joven Marguerite hacia 1920, cuando ya tiene él los rasgos que serán suyos y por su edad podría ser el hermano de su creadora; se refugia luego en la penumbra durante muchos años. Surge de nuevo, súbitamente, en una fría habitación de un hotel mortecino en las proximidades de una estación desierta, hacia la medianoche, mientras Yourcenar espera un tren. Han transcurrido entonces, desde la visión de 1920, 37 años… La imagen de Nathanael es esta vez más nítida: tiene 16 años y ayuda a un maestro de escuela, en Amsterdam. Marguerite se da cuenta de que él cojea un poco y que visto el tiempo que ha pasado, ella puede ser ahora su madre. Obligado a huir después de una reyerta en la que cree haber matado a un hombre, Nathanael zarpa hacia Jamaica, para rozar luego más hacia el norte, la isla de los Montes Desiertos. Podría estar cerca de Ella, en esta noche en la que debe arribar un tren. Pero curiosamente los vectores del tiempo se cruzan: Nathanael ha pasado por allí hace unos 300 años, antes de que su embarcación encallara en las proximidades de la Isla Perdida y volviera luego a Europa, para casarse con Saraï -prostituta y ladrona judía-. Antes de irse a morir en una isla de la costa frisona, la frágil visión onírica se rompe ante el anuncio de la llegada de un tren…

MARGUERITE A LOS 20 AÑOS EN EL SUR DE FRANCIA. POR ESTA ÉPOCA ESCRIBÍA REMOUS, ESBOZO DE OBRAS POSTERIORES
ANDREAS EMBIRICOS, EL AMIGO GRIEGO QUE MARGUERITE AMÓ Y A QUIEN LE DEDICÓ CUENTOS ORIENTALES

En 1980, la anciana Dama de los Montes Desiertos asiste al alumbramiento literario de Nathanael. Él tiene 16 años; ella, 77. El hombre oscuro ha sido forjado por la sabiduría griega, por el ascetismo oriental, pero éstos ya no son más que una huella imperceptible en el cuerpo del texto y participan de la disolución general que contagia las palabras, la identidad del personaje, el tiempo, las categorías del pensamiento. La escritura yourcenariana ha tomado otros rumbos. Lo único estable en este gran naufragio son la noche, el mar, el cielo estrellado, la lluvia y el viento. Nathanael ya puede morir, está integrado al cosmos.
Grecia, Oriente, el paisaje en su dimensión cósmica, son los tres grandes trazos de la escritura yourcenariana. Sus últimas reflexiones tienen que ver con la necesidad de retornar a una existencia sencilla, imposible en el seno de la civilización (¿reminiscencias del ideal ascético de los cínicos?), de hacer del instante presente el eje de gravitación de la eternidad (influencia budista, sin duda), entre otras. ¿No acariciaba acaso el proyecto de escribir un último libro, Paisaje con animales, en el que el hombre aparecería solamente desde el ángulo de su relación con los minerales, las plantas y los animales?
Sources II (Fuentes II) corresponde a la publicación póstuma (1999) de un gran cuaderno de notas que Yourcenar depositó en la biblioteca Houghton de Harvard y que contiene en forma aparentemente caótica (la autora no preveía su publicación) fichas de lecturas, esbozos de textos, pensamientos, citaciones, inventa-rios, recuerdos y fragmentos personales. Todo esto corresponde posiblemente a la década del setenta, época en la que Margue-rite Yourcenar se ve inmovi-lizada en la isla de los Montes Desiertos debido al cáncer que aquejaba a Grace Frick.
Lo cotidiano roza en este texto la trágica e irreversible tríada: la vejez, la enfermedad y la muerte. Lo sublime alterna con lo trivial, lo espiritual con lo privado, el arte con la experiencia vivida. Fuentes II es el testimonio del río secreto que alimentó parte de la vida de la autora de Memorias de Adriano.
Sigue a continuación la traducción por primera vez en español de algunos fragmentos tomados de una de las partes de Fuentes II, Meditaciones en un jardín 7.

LA ÚNICA FOTOGRAFÍA DE MARGUERITE CON GAFAS. A ELLA LE GUSTABA DECIR: «SIEMPRE HE SIDO MIOPE , PERO ME DESAGRADABA LLEVAR GAFAS»
EN LA ÉPOCA DE MEMORIAS DE ADRIANO
RETRATO DE ANDRÉ FRAIGNEAU, EL HOMBRE TAN AMADO (1931). «TU NOMBRE, CUYAS LETRAS SON LOS CLAVOS DE MI PASIÓN»

ANHELOS
Desearía vivir en un mundo sin ruidos artificiales e inútiles, sin velocidad y en el cual la noción misma de velocidad sería despreciada o aborrecida; los medios rápidos de transporte estarían reservados para las profesiones indispensables o para algunos casos graves.
Un mundo sin efusión de sangre humana o animal, en el cual todo crimen se consideraría odioso, conllevando sanciones prácticas y purificaciones morales. El hombre manchado de sangre, automáti-camente apartado por estimarse mancillado, extraviado e insensato.
Un mundo en el cual la sexualidad, en todas sus formas, se consideraría sagrada, aunque no necesariamente situada en el más alto rango de lo sagrado.
Un mundo en el que sería vergonzoso e ilegal tener más de tres hijos. […]
Un mundo en el que la prostitución sería solamente ritual. […]
Un mundo que tendría muy en alto la idea de renovación y que despreciaría la noción de novedad. […]
Un mundo en el que todo objeto viviente, árbol, animal, sería sagrado y jamás destruido, salvo por absoluta necesidad y con un sentimiento de aflicción. […]
Un mundo sin idolatría pero rico en respeto.
Un mundo en el cual la muerte sería una gran aventura.
Un mundo en el cual el suicidio sería la norma cuando comenzara el debilitamiento irreparable de las facultades. Los que a ello se negaran podrían vivir, pero sin honor. […]

ODIOS
La velocidad inútil
La agitación inútil
La publicidad, es decir, la impostura
La rivalidad económica llevada al paroxismo
La fabricación de objetos inútiles
El sometimiento y embotamiento de las masas ocupadas en fabricar esos objetos. […]
La separación del hombre de las formas animales y vegetales vivas.
El ruido mecánico. […]

PROYECTOS
Ausencia total del miedo físico.
Ausencia total del miedo intelectual (creo que ya está logrado)
Aprender a ignorar el ruido. […]
Rectificar siempre si el mínimo error se ha dicho o escrito.
Recordar siempre que cierto coeficiente de error es humano.
Principales virtudes:
Serenidad (ausencia de agitación inútil)
Valentía (casi lo mismo)
Atención, sin cesar alerta
Sobriedad (ausencia de abusos)
Circunspección (rigor o prudencia)
No malignidad (bondad)
Tomar fuerzas momento tras momento. Es Dios (quienquiera que Él sea) quien proveerá el valor de mañana o pasado mañana.
Intentar estar o parecer tranquilo. La calma es calmante.
Volver a leer las cartas manuscritas y retocarlas con el fin de aclarar las palabras poco legibles. No olvidar jamás que escribimos para comunicarnos.
¿La alegría? No. Prematura en un mundo miserable.
¿La felicidad? Tal vez. Pero entonces que la felicidad sea un estanque claro en el cual el dolor vaya a beber.
Los cuatro votos:
Por numerosos que sean mis errores
Me esforzaré en vencerlos.
Por difícil que sea el estudio
A él me entregaré.
Por ardua que sea la vía de la perfección
No renunciaré a caminar en ella.
Por innumerables que sean las criaturas vivientes
En la extensión de los tres mundos,
Trabajaré para su salvación.
Después de esto, todo está dicho y no hay ninguna necesidad de otro precepto en esta tierra.

LA PASIÓN DE LOS ÚLTIMOS AÑOS: JERRY WILSON
MARGUERITE YOURCENAR EN LA ISLA DE LOS MONTES DESIERTOS, EN 1987.
EL TIEMPO, ESE GRAN ESCULTOR

PENSAMIENTOS Y PRECEPTOS
Hacer de cada espacio donde se esté, un lugar limpio, aireado, claro, un oasis para uno mismo y para los otros.
Un lugar en el cual no entre el ruido inútil.
Observar las disciplinas humildes. Fidelidad en las pequeñas cosas.
Dejar cada recinto, cada objeto, más limpio, en lo posible más agradable a la vista que antes de haber ingresado en él, de haberlo tocado. […]
Jamás dejar tras de sí un trabajo sin terminar que otros tengan que realizar en lugar nuestro. […]
Tomar un poco de vino en la noche, como una deliciosa medicina.
La cerveza, alimento líquido. La sidra, esencia del vergel.
El té, caricia de Buda. Estimulante ligero, apoyo casi espiritual.
El café, auxiliar casi ya demasiado fuerte. Un poco, en la mañana, pero con intervalos durante la jornada, en caso de gran fatiga. […]
Cuando era joven, amaba bastante el pintalabios y el rubor en las mejillas que enciende el color de los ojos. Ahora no, o casi nunca y apenas. Que nuestro último rostro sea visto tal y como es.
Aceptar la enfermedad. Tres palabras. Cada letra de esas tres palabras representa millares de esfuerzos. […]
Hoy vi la sabia rana sobre la roca, al borde de la toma de agua en el jardín. Inmóvil, como mineral, bebiendo la luz y el aire, muy antigua y venerable criatura dotada con una sabiduría anfibia. Y tan lejos de mí que no existe medio alguno para hacerle percibir mi amistad por ella.

*

Un sabio griego, Bion, […] habría dicho la siguiente frase: «Los niños matan a las ranas por juego, pero ellas mueren de verdad». Para explicar a los niños por todos aquellos que se ocupan de la infancia. […]

*

Más allá del dolor y la alegría, la dignidad de ser. […]

*

No sientas fastidio por la condición humana, por lo poco que en adelante ella te dé. Bien parece que el estado de ser humano es el único en el que se aprende a pensar.


Mas ante cada fatiga, ante cada dolor inesperado, ante cada síntoma que se agrava de un mal conocido, imagina que tal vez ya no tengas necesidad alguna de vivir.

Todo es mentira, y todo lo que dirán de ti, aun aquellos que creían amarte o pensaban que te conocían, será en gran parte falso. Maya eterna.

Nada habré amado tanto como aquellos encuentros a través de los muros de las especies; el ave que nos habla o que se posa en nuestra mano, la ardilla poco temerosa, el perro amigable. Tal vez más bello aun cuando simplemente viven ante nosotros sin conocernos, y que les importamos tanto como la rama de un árbol.

Si tuviera un consejo para dar a un ser joven y del cual respetara la inteligencia, el ardor o la valentía, le diría: «No te apegues. No te apegues nunca. Demasiadas servidumbres encontrarás en tu vida que te forjarás libremente y al azar, y sin saber adónde te conducirá el compromiso asumido. Por el bien de los otros como por el tuyo propio, no te apegues. La desdicha consiste en que se requiere haber estado frecuentemente apegado para conocer el precio de no estarlo».

La atadura exterior tan sólo se siente, en cualquier caso, cuando el lazo interior se ha gastado o se ha roto.

Pero, por otro lado, quien no se apega sólo conoce lo más superficial de los seres. […]

La libélula con cuerpo de coral, de un rosado visible solamente cuando se posa sobre mi mano. Durante el vuelo, la gasa de sus alas lo recubre 8.


Notas

1. M. Yourcenar, Una vuelta por mi cárcel, Madrid, Ediciones Alfaguara, 1993, p. 186.
2. Ibid., pp. 173, 174, 187.
3. M. Yourcenar, Memorias de Adriano, traducción de Julio Cortázar, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1984, pp. 35, 36, 65.
4. Ibid., pp. 26, 27.
5. M. Galey, Marguerite Yourcenar, Con los ojos abiertos, entrevistas con Matthieu Galey, Buenos Aires, Emecé Editores, 1986, p. 284.
6. Ibid., p. 285.
7. M. Yourcenar, Sources II, París, Ed. Gallimard, 1999, pp. 239-250. La traducción es nuestra.
8. En la traducción se ha respetado la configuración estilística de los fragmentos originale

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Lourdes VENTURA | Publicado el 10/01/2001

Estas Cartas a sus amigos ayudan a la reconstrucción “parcial” de la vida de Yourcenar, porque la correspondencia no estará completa hasta que vean la luz las cartas que escribió a la compañera de su vida,la norteamericana Grace Frick


Marguerite Yourcenar tenía la convicción de que los escritores debían acometer sus trabajos “sin jamás mezclar indiscretamente en su obra la muestra de su cansancio, ni el secreto de los jugos, a menudo dolorosos, con que tiñeron sus bellas lanas”. La autora de Memorias de Adriano, Alexis o el tratado del inútil combate, Fuegos, El tiro de gracia, Opus Nigrum, o las recopilaciones de ensayos A beneficio de inventario, El tiempo, gran escultor, o Peregrina y extranjera, por mencionar sólo algunos de los títulos más conocidos entre nosotros, manifestó esta idea a propósito de Virginia Woolf, con motivo de una visita que Yourcenar hizo a la escritora inglesa cuando preparaba la traducción francesa de Las Olas, en 1937.

Ese deseo de discreción y el afán pudoroso de separar a la “persona del personaje” , impulsó a Marguerite Yourcenar a guardar celosamente su vida privada; el hecho de que desde 1937 y hasta su muerte, en 1987, viviese en Estados Unidos (donde no veía la televisión y tampoco participaba en corrillos literarios) le sirvió para crearse un aura de misterio, al tiempo que se permitía tomar distancia tanto sobre el devenir cultural francés y europeo, como sobre los oleajes de la literatura del país de acogida. La publicación de este importante corpus epistolar, traducido al español con sumo acierto por María Fortunata Prieto Barral, y cuya edición ha sido preparada y anotada por Michèle Sarde y Joseph Brami con un rigor extremo, hace más asequible la figura de Yourcenar y complementa la biografía escrita por Josyane Savigneau, Marguerite Yourcenar. La invención de una vida, publicada por Alfaguara en 1991.

Organizado cronológicamente, este epistolario de la autora y académica francesa abarca desde una misiva infantil de 1909, enviada a su tía Jeanne de Cartier, hasta una postal escrita sólo dos meses antes de su muerte a su amigo y albacea literario Yannick Guillou, anunciando un viaje a Amsterdam que nunca llegaría a hacer. Entre esas dos fechas el despliegue y la reconstrucción parcial de una vida con su entrevero de confesiones y olvidos, afirmaciones y silencios, amnesias voluntarias y revelaciones inconscientes. La correspondencia torna más clara la imagen global de la escritora sin dejar de interponer juegos de espejos y contradicciones, o tal como va a escribir Yourcenar sobre quien anota sus ideas e impresiones día a día, “no puede por menos de repetirse, de desdecirse, contradecirse y únicamente se va definiendo progresivamente una visión global de entre la confusión y la fluctuación de detalles, de los cambios y del error”. Se ha dicho que estas cartas a “sus amigos”, contribuyen, a pesar de la valiosa aportación biográfica, a una reconstrucción únicamente “parcial” de la vida de la escritora; y esto es así porque la correspondencia de la académica no estará completa hasta que salgan a la luz las cartas que Marguerite Yourcenar escribió a la compañera de su vida y traductora, la norteamericana Grace Frick, con la que compartió su pasión, sus viajes y sus trabajos en el estado de Maine, en el hogar de ambas, la “Petite Plaisance”.

Sí encontraremos aquí cartas a sus editores, puntillosas, exigentes y llenas de sentido práctico, (“Permítame al menos decirle que las objeciones que en su carta me hacía, me han parecido sin pies ni cabeza”, a Jean Ballard); correspondencia generosa y también crítica a amigos que le piden consejos literarios; misivas llenas de gratitud y medidamente halagadoras a críticos que habían hablado bien de sus obras (“Quiero darle las gracias por su admirable artículo en ‘Le magazine Littéraire’”, al académico Jean D´Ormensson); cartas cariñosas a la doncella de su infancia (“Acompaño a ésta un pequeño obsequio de Navidad y Año Nuevo para mi querido ahijadito”, a Camille Letot); cartas que refrenan el alcance del dolor y los días amargos que Yourcenar tuvo que pasar al ver morir de cáncer, en 1979, a su colaboradora y compañera Grace Frick (“Esto pone punto final a casi cuarenta años de abnegación, de los cuales estos diez últimos han sido una constante tortura”, a Jean Chalon); cartas, en el tramo final, dando cuenta de la enfermedad y ulterior muerte por SIDA, a los 36 años, de su secretario y compañero de viajes, el fotógrafo homosexual Jerry Wilson, con quien la unió una gran intimidad: “No sé si alguna información le ha permitido seguir la última evolución del estado de Jerry. Algo increíble: tres tentativas de suicidio, dos de ellas en un salón del Ritz (¡Me cuesta trabajo creerlo!, que han acabado cada vez en la clínica Ste. Anne”, escribirá Marguerite Yourcenar a Yannick Guillou).

En el lúcido caudal de la correspondencia de Yourcenar, donde se intercalan opiniones literarias, reseñas de asuntos domésticos o interpretaciones del mundo que la rodea, vamos a tropezar con los nombres de Natalie Barney, André Fraigneau (la biógrafa de la escritora afirma que Yourcenar estuvo enamorada del autor de Val de grâce), Claude y Gaston Gallimard, Thomas Mann, Paul Morand, Victoria Ocampo, Isabel García Lorca, Jules Romains, Lidia Storini, Andreas Embirikos y hasta Brigitte Bardot, por citar algunos de sus más destacados corresponsales.

Marguerite de Crayencour, nacida en Bruselas en 1903, hija de una joven belga que murió al dar a luz y del aristócrata francés Michel de Crayencour, intuyó, al transformar su apellido en el anagrama Yourcenar y al convertirse en una expatriada que convivía con los clásicos (decía que conocía mejor a Adriano que a su padre), que así protegía su intimidad y obligaba a que el diagnóstico de los lectores y estudiosos se centrase en su obra. Tras la lectura de este epistolario se transparenta y revela la mujer y se profundiza y humaniza la escritora. Aunque Marguerite Yourcenar siga siendo, de momento, un poco esquiva y también algo “peregrina y extranjera”.