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CÉSAR DÁVILA (1918-1967 Cuenca) agosto 4, 2010

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CÉSAR DÁVILA (1918-1967 Cuenca)

1

Tarea poética:

Dura como la vida la tarea poética.

Y la vida desesperadamente

inclinada, para poder oir

en el gran cántaro vegetativo

una partícula de mármol, por lo menos,

cantando sólo como si brillara

y pinchándose en el cielo más oscuro.

Atravesábamos calles repletas de sal

hasta los aleros, y la barba

se nos caía como si sólo hubiera estado

escrita a lápiz.

Pero la poesía, como una bellota aún cálida,

respiraba dentro de la caja de un arpa.

Sin embargo en ciertos días de miseria,

un arco de violín era capaz de matar una cabra

sobre el reborde mismote un planeta o una torre.

Todo era cruel,

y la poesía, el dolor más antiguo,

el que buscaba dioses en las piedras.

Otro fue

aquel terrible sol vasomotor

por entre las costillas de San Sebastián.

Nadie podrá mirarte como entonces

sin recibir

un flechazo en los ojos.

2

profesión de fe:

No hay mayor angustia que la de luchar envuelto

en la tela que rodea

la pequeña casa del poeta durante la tormenta.

Además,

están ahí las  moscas,

veloces en su ociosidad,

buscando la sabor adulterina

y dale y dale vueltas

frente a las aberturas del rostro más entregado

a su verdadera cualidad.

El forcejeo con la tela obstructiva

se repliega en las cuevas comunicantes del corazón

o dentro de la glándula del veneno den entrecejo

cuyos tabiques son

verticales al Fuego

y horizontales al Éter.

Y la poesía, el dolor más antiguo de la tierra,

bebe en los huecos del costado se San Sebastián

el sol vasomotor

abierto por las flechas.

Pero la voluntad del poema

embiste

aquí

y

allá

La Tela

y elige, a oscuras, aún, los objetos sonoros,

las riñas de alas,

los abalorios que pululan en la boca del cántar

Pero la tela se encoge y ninguna práctica

es capaz de renovar la agonía creadora del delfín.

El pez sólo puede salvarse en el relámpago.

3

Qué animal es ese, de ojos de mujer, | que mira los nevados

como un aposento de espejos o una piedra de placer”

“Minero fui, por dos años ocho meses.

Nada de comer. Nada de amar.  Nunca vida.

La bocamina fue mi cielo y mi tumba.

Yo, quise el oro solo para las fiestas de mi emperador,

Supe padecer con su luz

Por la codicia y crueldad de otros”.

“Ahora sé que dieron esta alma en medio de una batalla

alucinado por las cerillas enemigas,

miré el cadáver de mi madre bajo el cisne  que la amaba”.

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