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Marité Colovini, juan manuel cabello,difundiendo espacios alrededor del psicoanálisis agosto 1, 2010

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lunes 20 de octubre de 2008

:: La equivocidad de la fórmula Sujeto supuesto Saber

JUAN MANUEL CABELLO
El preludio de este trabajo se halla en el dispositivo del cartel, dispositivo análogo a la clínica psicoanalítica, el cual se asentó en torno a la transferencia. Arribé a la equivocidad de la fórmula Sujeto supuesto Saber mediante los horizontes teóricos que despertó el trabajo en el cartel ya que llegó a conmover los recorridos ya transitados por el tema de la transferencia y fue catalizador de nuevas preguntas. En el trabajo del cartel surgieron discusiones, comentarios, lecturas en conjunto y críticas de textos. Y al momento de elaborar un producto singular surgió, a modo de un motivo musical in crescendo cifrado asimismo como pregunta, la cuestión de analizar la fórmula del Sujeto supuesto Saber en su dimensión de equívoco.
En perspectiva, para hacer un análisis, comienzo por recobrar el modo en que me asedió el problema: ¿Acaso la formulación del Sujeto supuesto Saber acoplada por Lacan entraña la equivocidad? ¿Quizás la articulación que fue sufriendo en el transcurso de la enseñanza de Lacan? ¿Tal vez su forma gramatical? ¿Puede ser la traducción al castellano o las interpretaciones que fue invistiendo? Partiré por rastrear, en el trayecto de la enseñanza lacaniana, las coordenadas dónde enuncia Lacan la fórmula y que difracciones podría provocar, desde el sentido que se le otorgue, en la práctica analítica.
En las primeras clases del seminario “La identificación” (1961) Lacan incorpora la fórmula del sujeto supuesto saber en puente con el cogito de Descartes e inclusive como marca de prejuicio filosófico; esto desbroza una senda que no se cruza aún con la transferencia. En la clase del 15 de Noviembre ensambla la noción, dice: “Puntualizado esto, nos encontramos con que se vuelve a hallar esto, que es im­por­tante, nos encontramos con que se vuelve a hallar ese nivel, ese tercer tér­mi­no que hemos puesto de relieve a propósito del yo miento, a saber, que se pueda de­cir: *yo sé que pienso*, y es­to merece completamente *retenerlos*. En efecto, ahí está pre­ci­sa­men­te el soporte de todo lo que cierta fenomenología ha desarrollado en lo que concierne al sujeto. Y aquí traigo una fórmula que es aque­lla so­bre la cual nos veremos lle­vados a retomar las próximas veces, es la siguiente: Lo que es nuestro asunto, y có­mo nos es dado eso, puesto que somos psicoanalistas, es que debemos sub­vertir radicalmente, volver imposible, este prejuicio, el más radical…y, entonces, es el pre­­juicio que es el verdadero soporte de todo ese desarrollo de la filosofía, del que po­demos decir que es el lí­mite más allá del cual nuestra expe­rien­cia ha pasado, el lí­mi­te más allá del cual comienza la posibilidad del *inconsciente*… es que jamás ha habido, en el linaje filosófico que se ha de­sa­rrollado a partir de las investigaciones cartesianas llamadas del cogi­to, que jamás ha habido más que un úni­co sujeto, que destacaré, para terminar, bajo esta forma: el sujeto supues­to saber.”[1]
Esta formulación, que traza Lacan no sin ironía, interpela al psicoanalista a “subvertir radicalmente” el sujeto supuesto saber enmarcado dentro de la tradición inaugurada por Descartes. Y sostiene que el atravesamiento de este prejuicio, de esta frontera, es la apertura del inconsciente. Sin embargo se suele remarcar que en la entrada a un análisis sobreviene la instalación de la transferencia sólo cuando el potencial analizante le supone saber al analista y que acontecido esto queda abierta la vía interpretativa como función del analista. Acaso esta vía interpretativa esté avalada por el poder sugestivo del discurso amo, lo cual solidifica la figura del analista en una idealización. Por lo tanto quisiera poner en cuestión esta certeza u espejismo que dista bastante de la formulación lacaniana del seminario “La identificación”. Es que el analista no preserva ningún don sobrenatural, ni esta ungido por un aura de exegeta del texto del analizante. El análisis planteado como si se tratara de una labor hermenéutica acabada y justa, el pase mágico que le revela al sujeto el significado secreto de sus ocurrencias, es una distorsión del mismo.
Si la entrada en el análisis acarreó previamente para el sujeto una conmoción del armazón que obtenía de su fantasma y la demanda es concebida por el sujeto mismo de la asociación libre (causa de la enunciación de la regla fundamental y su despliegue) es necesario aislar esa demanda y no colmarla. Freud sostenía que la aparición de los síntomas era aquello que posibilitaba el análisis, el síntoma es también un llamado dirigido al Otro pero para llegar a la instancia de constituir una demanda es necesario que los síntomas con que se presenta el sujeto articulen un enigma, inyecten en él una pregunta que como tal es fermento de una respuesta luego transferida al analista. En este pasaje lógico Lacan reconoció lo que llamó “la paradoja de la transferencia”, es decir, cuando la transferencia opera y es eficaz irrumpen sus efectos de sugestión.
El deseo del analista, como pasión de ignorancia, es el operador central que bloquea la demanda idealizante de amor que induce al sujeto hacia la identificación con el analista. El analista pasa a ser el “objeto a” separador, y el sujeto accede a la vertiente pulsional tomando una posición frente a su objeto.
Con este curso el análisis no apunta al amarre de las identificaciones y al efecto de sugestión productor de sentidos, efecto de la confusión entre el objeto y el Ideal, sino a la mutación subjetiva por el atravesamiento del fantasma que devela finalmente a la pulsión.
En el Seminario 17, “El reverso del psicoanálisis”[2], Lacan formula al discurso amo como el reverso del discurso del analista. El discurso amo contiene el dominio del significante amo ubicado en el lugar del agente, que sostiene la articulación significante y la emergencia de sentido, produciendo un efecto de sugestión por la acción del que toma la palabra sobre el otro (S1—S2). El objeto y el sujeto quedan en disyunción mediante la dirección de desconocimiento del fantasma que imprime el discurso.
Lacan en la Proposición del 9 de octubre de 1967 esgrime que “(…) la transferencia es por si sola objeción de la intersubjetividad”. Mario Bertteo Barberis marca que “Lacan en su momento llamaba con la palabra méprise[3], es decir “equivocación” o “escapismo” (ver pie de página), al único asidero (prise) de una relación que se establece entre dos, que de alguna manera se presenta como uno (un sujeto en cuestión: no hay intersubjetividad) y que refracta en una multiplicidad” [4]. Por esto propone que en lugar de intersubjetividad es intersignificancia (significancia que remite a la característica de engarce de los significantes para entrar en discurso) en tanto se produce esa combinación entre dos o más lalenguas. Por lo tanto lo que requiere el advenimiento del sujeto es la aparición de un significante sin-sentido, irreductible, que lo nombre como tal. A partir de ese significante que alguien emplaza en juego, surge lo que Lacan llama efecto de transferencia, que es el amor de transferencia.
Lacan en el seminario “La identificación” expone su definición axiomática del significante que representa al sujeto para otro significante pero la transferencia aún no esta enlazada al sujeto supuesto saber. Pasado el seminario sobre la angustia, Lacan retoma al final del seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, en un giro que tiene como eje a Descartes, tal fórmula de un modo inédito, dice “¿Quien puede sentirse plenamente investido de este sujeto supuesto saber? No es la cuestión. La cuestión es en primer lugar, para cada sujeto, donde se ubica para dirigirse al sujeto supuesto saber. Cada vez que esta función puede ser encarnada, para cada sujeto, en alguien, quienquiera que sea, analista o no, resulta, de la definición que acabo de darles, resulta, digo, que la transferencia desde ese momento ya está fundada.”[5]
En “Observaciones sobre el amor de transferencia” [6](1914-1915) Freud apunta al fenómeno de enamoramiento dirigido al analista que es a la vez motor de la cura y resistencia. Por lo tanto la transferencia posee dos puntos medulares: la rememoración significante que posibilita la instalación del sujeto supuesto saber y el amor, que constituye la repetición de un acto. Freud advierte que, para no caer en la sugestión, la posición del analista ante la demanda de amor no debe ser otra que la abstinencia. Aún explicitando que este amor, artificio de la situación analítica, no deja de ser legítimamente un amor auténtico. También es la repetición en acto que aparece como ausencia de saber, como factor de resistencia. Es lo que Lacan denomina cierre del inconsciente que se presenta como momento de detención de la dialéctica analítica y la presentificación del modo en que el sujeto constituye sus objetos.
Desde el inicio la escucha está abocada a la telaraña significante, que el sujeto es conminado a secretar a partir del acceso a la regla fundamental; tejido donde ya se hallan los agujeros, aquellos espacios de detención en el que surge la presencia del analista. Freud sostiene que este detenimiento de la cadena asociativa es causa directa de una ocurrencia relativa a la persona del médico. El analista presentifica un objeto que no re-presenta nada, sustraído de mediación simbólica.
Pareciera que la regla de la asociación libre anida la metamorfosis en fallido. Quizás sea un artificio con estructura de paradoja ya que aquello que propicia y enuncia (todo cuanto se le ocurra sin omisión alguna y sin pretensión de coherencia “asociando libremente”), al poco trecho se desbarranca en lapsus, olvidos, expresiones equívocas…que hacen a una mostración[7] del inconsciente y a una experiencia fundamental del análisis.
Ahora bien, pareciera que también es una resistencia el forzamiento a comprender el S.s.S como instancia en la cual el psicoanalista es investido, por el paciente, con el saber y la verdad sobre su síntoma. Esta acepción del término de resistencia la retomo del comienzo de la enseñanza de Lacan cuando transpone la resistencia del lado del analista. Lacan renueva el sentido de la noción de resistencia para focalizarla en el analista en la “Presentación de la traducción francesa de las Memorias de Schreber” (1966) dice (“Intervenciones y Textos 2” [8]) “Ello puede dar una idea de la resistencia que oponen los psicoanalistas a la teoría de la que depende su propia formación.”. Esto es, la resistencia del analista a la teoría psicoanalítica. El siguiente fragmento rubrica esta indicación (extraído de “El psicoanálisis y su enseñanza” pág. 420) y dice así: “…lo incompleto de la noción de estos constituyentes en el analista tiende en la medida de su amplitud a confundirse con el límite que el proceso del análisis no franqueará en el analizado.”[9] La dirección de la cura, también, se ve eclipsada subrepticiamente por los conflictos inconcientes del analista y los intersticios velados de la teoría psicoanalítica.
La fórmula S.s.S. gramaticalmente también insufle cierta equivocidad que instaura una posición del sujeto en transferencia. El verbo “saber” puede entenderse como transitivo, activo, con un sujeto agente, lo que dota al saber de un complemento de objeto: el sujeto es supuesto saber algo, y la atención se dirige entonces hacia ese algo que es a saber. A la inversa, “saber” puede también entenderse como verbo intransitivo, sin complemento de objeto; deriva en la puesta en cuestión de la existencia de un sujeto supuesto al saber. Ésta fórmula bifronte implica la existencia de un sujeto dividido, latente en ese estado, pero que aún puede ser forjado por el acto analítico. La fórmula se presta de escenario criticando o al menos cuestionando aquello que a la vez autoriza. Lacan, en el trascurrir de su enseñanza, va virando su interpretación en función de está equivocidad.
Entonces el cuestionamiento no se refiere a esa función que encarna el analista de estar en el lugar de Otro (Otro constituido desde la dimensión semántica que ampara la transferencia) sino en identificarse con tal presunción del saber. Como instancia es condición del análisis, que la persona que llega, vierta su creencia de que la verdad sobre su padecer esta “oraculizada” en el analista. Pero lo nodal es que el analista advierta la estructura que subtiende a este acto del analizante. También debemos considerar que Lacan toma este acto como un error subjetivo, una ilusión por parte del sujeto, inmanente al hecho de que entró en el dispositivo analítico y de que ha sellado su “pacto inicial”[10]. Es decir, que este error subjetivo es soporte de la transferencia, y el pacto inicial se va renovando en cada intervención del analista que puja por precipitar el “supuesto del inconsciente” mostrado como un saber en acto. David Nasio detecta que el supuesto está “ya allí… como a la espera del acontecimiento”.
Lo relevante o tal vez lo que toma un relevo en la situación analítica es la función del analista que de pasar a encarnar al objeto inducido por la transferencia, es decir, de ser lo que representa algo para alguien, tenderá a que el analizante forje “el signo de la falta de significante”. El analista es reclamado en ese lugar de falta (semblante de objeto a), si el S.s.S. fue aquello de lo que pendió el deseo del analizante concluye desplomándose. Y el analista cae como resto, puro objeto “a”, precipitado a causa del deseo del analizante.
En el discurso llamado “La equivocación del sujeto supuesto saber” enunciado en el Instituto Francés de Nápoles, el 14 de diciembre de 1967.[11] Lacan señala: “En efecto, la posición del psicoanalista está suspendida a una relación muy hiante…En la estructura de la equivocación del sujeto supuesto saber, el psicoanalista (pero ¿quién es y dónde está y cuándo está, agote usted la lira de las categorías, es decir, la indeterminación de su sujeto, el psicoanalista?), no obstante, debe encontrar la cereza de su acto y la hiancia que hace su ley.”
Lacan a través de su búsqueda y enseñanza intento dar cuenta de la constitución del sujeto. Y destacó que la estructura del significante se soporta en su pura diferencialidad: el significante vale por lo que no es, en la medida en que es lo que los otros no son. La positivización de esa negatividad, independiza al significante de cualquier sustancia, al tiempo que le confiere la curiosa materialidad de una estructura esencialmente localizada que sustenta su diferencialidad.
Si lo que está en juego en el significante es el plano de los efectos de sentido, y si la repetición de un mismo significante engendra sentidos diversos, el significante se evidencia diferente de sí mismo en el acto de su propia repetición. La propagación de las consecuencias de la negación del principio de identidad, desestabiliza cualquier posibilidad lógica de totalizar el conjunto de los significantes. El Otro está entonces barrado, ya sea por su incompletud (la falta de un significante que consumaría el universo de la significación), ya sea por su inconsistencia (cuando esa completud es asegurada por la inclusión de un elemento heterogéneo). Así, a partir de la estructura diferencial del significante se trata de cernir la constitución de un sujeto que no sabría identificarse a él, sino a condición de excluirse.
En la cadencia final de este escrito retomo el título original con el que Lacan anunció su Seminario sobre La transferencia: “La transferencia en su disparidad subjetiva, su presunta situación, sus excursiones técnicas”, este título habla de un trayecto que podría retornar en el abordaje del Sujeto supuesto Saber, es decir, rectificar la posición del S.s.S sobre ciertos vectores: que no hay intersubjetividad sino “imparidad subjetiva” en la situación analítica, a su vez tal situación como presunta en tanto “entramado ficcional” (la dimensión de engaño que sujetó el despliegue de la transferencia) y las excursiones técnicas ya que debemos emprender toda una escabrosa excursión teórica contorneando la noción del S.s.S. y en cada “posta teórica” debemos remitirnos a la experiencia psicoanalítica. Espero haber compuesto alguna obertura para tal obra en esta mínima excursión sobre la equivocidad del Sujeto supuesto Saber.
Referencias Bibliográficas

-Braunstein, Néstor “Constancia del psicoanálisis” Nestor A. Braunstein, Frida Saal, Pedro Oyervide Crespo, etc. Editorial Siglo XXI, 1996.

– Freud, Sigmund Tomo XII “Trabajos sobre técnica psicoanalítica”, Editorial Amorrortu, 2004.

-Lacan, J. Seminario IX “La identificación” (1961-1962), inédito, traducción de Rodríguez Ponte para la Escuela Freudiana de Bs As.

-Lacan, J. Seminario XXIII (1975-76) “El sinthome”, Editorial Paidós, 2005.

-Lacan, J. Seminario XVII (1969-70) “El reverso del psicoanálisis”, Editorial Paidós, 2005.

-Lacan, J. Seminario XI “Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Editorial Paidós, 2005.

-Lacan, J. Seminario XXVII inédito “Dissolution” (1980).

-Lacan, J. “La equivocación del sujeto supuesto saber” En: VVAA. Momentos cruciales de la experiencia analítica, Editorial Manantial, Buenos Aires, 1987.

-Lacan, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958), Escritos, Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 2005.

-Lacan, J. “Escritos I”, Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 2005.

-Miller, J.A. “Intervención en las Jornadas de estudios de la ECF 2006”. Trascripción y notas de C. Bonningue. Texto digital disponible en: www.elp-debates.com/e-textos/nuestroSsS-JAMiller.prn.pdf.

-Miller, J.A. “Entre semblante y real” expuesto en el Seminario hispano de Caracas en 1992.

-Nasio, Juan David “El sujeto-supuesto-saber”, en La voz y la interpretación, Editorial Nueva Visión.

-Nasio, Juan David “Topologería introducción a la topología de Jacques Lacan”, Editorial Amorrortu, 2007.

-Saal, Frida “Palabra de analista”, Editorial Siglo XXI, 1998.

[1] Lacan, J. Seminario IX “La identificación” 1961-1962, inédito, traducción de Rodríguez Ponte para la Escuela Freudiana de Bs As, clase del 15 de Noviembre.
[2] Lacan, J. Seminario XVII (1969-70) “El reverso del psicoanálisis”, Editorial Paidós, 2005.
[3] Miller (En el artículo “Entre semblante y real” expuesto en el Seminario hispano de Caracas en 1992) señala que la palabra equivocación no traduce de manera adecuada la palabra francesa “meprise”. Dice que prise significa captura, toma, presa y meprise se refiere a lo que se escapa, a ese esfuerzo de captura, y que la mejor traducción es el escapismo del sujeto supuesto saber, lo que escapa al sujeto supuesto saber, el analista está determinado por algo que escapa, un punto de fuga. En la formación analítica la relación con el saber no es de captura, sino de imposibilidad de cernir todo, la imposibilidad de capturar todo saber, un agujero en el saber, hay una falla, un vacío sobre el que se asiente la posición del analista. Ello implica un punto de fuga. Es así que en el trayecto de formación se encuentra con el nombre del padre y el sujeto supuesto saber, que son dos maneras distintas de cubrir este vacío, la hiancia en la cual está suspendida la posición del analista.
[4] Mario Bertteo Barberis “La puerta de la equivocación” artículo publicado en http://mariobto.blogspot.com/2006/10/la-puerta-de-la-equivocacion.html.
[5] Lacan, J. Seminario XI “Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Editorial Paidós, 2005.
[6] Freud, Sigmund “Observaciones sobre el amor de transferencia”, “Trabajos sobre técnica psicoanalítica”, Tomo XII, Editorial Amorrortu, 2004.
[7] “La introducción de la topología por Lacan en la década de 1960, en particular las elaboraciones recientes sobre los nudos, constituye, en mi opinión, una tentativa de aprehender lo real con recursos imaginarios y, más que imaginarios, fantasmáticos; recursos que llamare artificios topológicos. Esta manera de abordar la topología, que tiene más relación con el dibujo que con el cálculo, con la pizarra que con el papel, con la mostración que con la demostración , contraria la creencia según la cual hacer topología es, para los analistas, hacer ciencia. Para trazar una línea de demarcación entre la topología clásica y la nuestra habría que proceder como en el caso de la lingüística e inventar un nombre, por ejemplo: topologería” Nasio, J.D. “Topologería introducción a la topología de Jacques Lacan”, Editorial Amorrortu, 2007.
[8] Lacan, Jacques “Presentación de la traducción francesa de las Memorias de Schreber” págs. 31-32, (1986) en “Intervenciones y Textos 2”.
[9] Lacan Jacques, “El psicoanálisis y su enseñanza” pág. 420, Escritos I, Editorial Siglo XXI, Bs. As. 2003.
[10] En “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” Lacan dice: “De hecho esa ilusión que nos empuja a buscar la realidad del sujeto más allá del muro del lenguaje es la misma por la cual el sujeto cree que su verdad está en nosotros ya dada, que nosotros la conocemos por adelantado, y es igualmente por eso por lo que está abierto a nuestra intervención objetivante. Sin duda no tiene que responder, por su parte, de ese error subjetivo que, confesado o no en su discurso, es inmanente al hecho de que entró en el análisis, y de que ha cerrado su pacto inicial. Y no puede descuidarse la subjetividad de este momento, tanto menos cuanto que encontramos en él la razón de lo que podríamos llamar los efectos constituyentes de la transferencia en cuanto que se distinguen por un índice de realidad de los efectos constituidos que les siguen.” Escritos I, Editorial Siglo XXI, 2003.
[11] Lacan, en 1967, año que inicia el Seminario del Acto Analítico, escribe la “Proposición” y en diciembre redacta un texto llamado “La equivocación del sujeto supuesto saber” en consonancia con la preocupación por la formación del analista. Lacan, J. “La equivocación del sujeto supuesto saber” En: VVAA. Momentos cruciales de la experiencia analítica, Editorial Manantial, Buenos Aires, 1987. p.32.

Publicado por Marité Colovini en 08:03
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