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chopin thermes, frances en ecuador, ibarra agosto 1, 2010

Posted by carmenmvascones in Uncategorized.
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THERMES UN CHOPIN DE RITMOS INDIGENAS

Publicado el 03/Mayo/1998 | 00:00

Guayaquil. 3 may 98. Los ojos del Cristóbal Colón que Gérard
Depardieu interpretó en la película de Ridley Scott, “1492”,
se detuvieron en la presencia de hombres semi desnudos que
salían de entre la maleza, mientras sonidos de instrumentos de
vientos, étnicos, ambientaban el encuentro entre esos dos
mundos.

Chopin Thermes, el creador de “Ritual Emberá”, no sabe en qué
estaba pensado Vangelis cuando escogió ese tema para la banda
de la película de Scott.

Sin embargo, él sí sabía, en ese momento de su vida, veinte
años después de que saliera a recorrer las entrañas de pueblos
amazónicos, planicies andinas, playas costeras pobladas por
negros briosos, lo que aquel corte rítmico significaba.

De 54 años, Thermes es un francés que se radicó desde hace 25
años en el centro de ese otro país indígena que es la
provincia de Imbabura para seguir de cerca con su
auscultamiento de los ritmos ecuatorianos y latinoamericanos.

Cuyos sonidos -desde su explicación- son como el yaje (bebida
alucinógena indígena) que corre por las venas, igual al viento
que sopla al final del día y que invocan bailes al son de
carrizos y flautas de hueso de venado, al ritmo de maracas y
yapurutu, cuya profundidad va más allá del bombo.

Hoy en día este es un trabajo que representa el más importante
acercamiento sonoro a esa infinidad de sentimientos, ritmos,
caracteres que es la cultura indígena musical, que “se
sobrepuso al paso del tiempo y se resguarda en la intimidad de
sus confines aislados”.

Por lo menos así lo precisa él y quienes conocen de cerca su
labor que en 1974 se consolidó con la publicación del primero
de sus treinta discos, grabados con micrófo en mano.

Ritual Emberá, la pieza escogida para “1492”, forma parte de
esa recopilación y luego fusión que representa cada una de las
piezas de sus treinta producciones.

“No necesito de grandes equipos para hacerlo, voy al sitio y
tomo las primeras impresiones, luego almaceno y espero el
momento oportuno para el ensamble final”.

La grabación de Ritual Emberá se realizó en 1991, sus sonidos
son los auténticos de una fiesta de comunidades emberá del
Chocó colombiano emparentados con los chachis esmeraldeños
ecuatorianos, “en la intimidad de esas culturas, no hay
frontera alguna, sino parentescos”.

Thermes resume los últimos 25 años de su vida en lo que hay
entre las cuatro paredes de su pequeño taller en su casa de
Ibarra. “Ahí está mi reserva de andariego por territorios
recónditos de Africa, Asia, Latinoamérica…”.

Pero la memoria que Thermes almacena en su taller de
Quinchuquí, en Ibarra, fueron en parte utilizadas en sus 30
discos publicados hasta ahora, el último, Juyungo, lanzado en
1996, también

El mismo banco de sonidos será utilizado para el nuevo
proyecto: el jaguar y la serpiente, así se llama. Si Ñanda
Mañachi (conjunto musical fundado por Thermes) y Juyungo son
propuestas indigenistas de latinoamérica, estos nuevos
conceptos musicales fusionará la música de dos continentes:
América y Africa.

Una fusión que recuerda el encuentro de ambas culturas siglos
atrás. Tres mil años antes de Cristo Africa y América se
cruzaron en los mil 500 kilómetros cuadrados de un territorio
entre Tumaco, Colombia, y La Tolita, en Esmeraldas.

“Es un lugar de paso y migración, también de romerías, donde
se forjaron los rasgos esenciales para una estética y un genio
creador”. Es un homenaje musical que se ejecuta en las voces y
sonidos tradicionales que quedaron heredados de ambas
culturas. El proyecto va por su segunda etapa, falta el
ensamble final. (Texto tomado de El Comercio)

————————————————————–

Jean Guy Chopín Thermes lleva recorriendo el mundo desde hace más de 35 años. Estudió historia del arte, estuvo en las revueltas estudiantiles de mayo del 68 en París, conoció a Salvador Dalí y a los rockeros de la época —en ese entonces tocaba guitarra y componía sus propios temas.

Viajó por África en donde grabó música tradicional de Senegal (Archives Sound Music), que fue producido por la BBC de Londres. Luego arribó al continente americano, buscando sonidos; llegó en barco a Veracruz, México, recorrió la costa atlántica y, con un amigo, viajó a caballo por Centro América. En Panamá los contrataron como marineros hasta Colombia, y luego cruzó al Ecuador. Mientras grababa por todo el país conoció a su esposa, una enfermera otavaleña que ejercía su profesión en el campo —y que murió al dar a luz a su hija.

Chopín Thermes se quedó en Ecuador donde reside desde hace 33 años. El disco El viaje del yahé, del conjunto Juyungo, es un homenaje a la cultura Tumaco-LaTolita. Una de las piezas de este trabajo, grabada en plena selva, fue escogida por el músico Vangelis para la banda sonora de la película “1492” de Ridley Scott. Hasta la fecha ha producido alrededor de veinte discos, todos ellos muy variados, representando diferentes expresiones musicales del Ecuador y de todo el mundo.

Equatoriales, Juyungo

La hierba seca incendiará la hierba húmeda.

Proverbio de esclavos negros

Arrancar el orden real, los elementos cotidianos de la vida, para volverlos al orden divino, constituye el modo fundamental de un trabajo de veinticinco años. En su origen estaba el deseo —innovador en su tiempo, considerando los regionalismos dominantes— de favorecer encuentros entre músicos de diferentes orígenes, para darles la posibilidad de crear una música común, a la vez novedosa y respetuosa de las diferencias. Con este propósito creé la Fundación LLAQUICLLA —triste y alegre a la vez— cuya finalidad es producir una serie de discos a partir de grabaciones que he efectuado con músicos de distintas comunidades de la Sierra, serie a la cual le di el nombre de Ñanda Mañachi (Préstame el camino).

Lo esencial no es aprehender la música como un todo en sí, sino reunir o crear obras que rompan las fronteras, escoger melodías de músicos tradicionales oriundos de comunidades, pueblos o continentes diferentes y marcar de esa manera una pauta en la música narcótica. Así, había empezado a grabar con el compositor Michel Portal una cinta sonora inédita que establecía ya las bases de un mestizaje músical (1968). Desde entonces, he buscado los testimonios musicales o sonoros de una visión poética que enfoca una realidad aparte.

Laurent Aubert, director de los talleres de etnomusicología de Ginebra, comentaba en marzo de 1989, refiriéndose al disco Jatún Cayambe —que reunía las grabaciones que había realizado con este arpista desde 1973 y que tuve el privilegio de conocer, mientras tocaba en medio de la indiferencia general, en la plaza del mercado de Ibarra, Ecuador—:  “Más afín a lo que esperamos está la propuesta del grupo Ñanda Mañachi,  liberada de las escorias del folclorismo, su música reúne el respeto del repertorio tradicional con una interpretación viva y calurosa. En cuanto a Juan Cayambe, el viejo arpista, encarna él solo toda el alma de la música popular ecuatoriana”.

En esta misma época (1982) el proyecto que más deseaba realizar era lograr reunir en un mismo documento músicas de intérpretes originarios tanto de América del Sur como de África o de Asia, y cuyas similitudes provenían ya sea de registros de instrumentos, líneas melódicas, o incluso de símbolos o mitos que los originaron. Por supuesto, este proyecto nunca vió la luz, pero tres discos (Auvidis) se publicaron en Francia: el primero sobre Colombia La Ceiba) el segundo sobre el Perú (Raúl García Zárate [banda #16], el tercero sobre arpa venezolana (Mario Guacarán).

El mestizaje de los mestizajes: Juyungo

El conjunto Juyungo (“el mono”, en lengua Chachi, y por extensión mítica “el Diablo”) se inscribe en esta misma perspectiva para finalizar esta vez en una expresión multiétnica original, conciliando dos mundos paralelos (negro e indígena, Chachi— de la costa e indígena —Quichua— de la Sierra) separados el uno del otro, a pesar de las vías modernas de comunicación, por la política del “dividir para reinar”.

“Los etnomusicólogos prefieren generalmente expresiones musicales más puras cuya identidad habría resistido a los estragos del tiempo y han dejado a otros la tarea de estudiar y hacer conocer las músicas aculturizadas de América Latina. De hecho, el genio propio de este continente es desde hace tiempo el del mestizaje; la sorprendente diversidad de sus expresiones tiene en realidad pocas equivalencias en el mundo”. Así comenta Laurent Aubert a propósito de Juyungo.

Fue con pleno conocimiento de esto que en enero de 1991 me llamó al Ecuador Pierre Toureille, por entonces director de la colección Ocora (Radio France). El propósito era reunir un grupo de músicos representativos del Ecuador tradicional para el festival Hispánica de Lille de ese mismo año. Gracias a ello se pudo realizar el viejo sueño de fundir los elementos musicales de la Costa Pacífica con aquellos de los Andes del Ecuador.

Paralelamente, en julio de 1991, fui invitado a Colombia por la Fundación de Música para grabar el disco “Canto”. Se trataba de una publicación —resultado del trabajo de investigación de más de diez años de Egberto Bermúdez—, sobre la música colonial de la América hispánica. Fue en esa ocasión que se grabó la melodía Sanjuanito “A Saravino” (Banda #5), en clavecín, interpretado por Juan Luis Restrepo, miembro del grupo “Canto”.

Este acontecimiento es particularmente interesante porque muestra la posibilidad de grabar una misma melodía con diferentes intérpretes, separados por grandes distancias geográficas, sin tener que desplazarlos y reunirlos en un mismo lugar.

En septiembre de 1991, de regreso al Ecuador, reuní en pocos meses el grupo que bauticé con el nombre mágico de Juyungo, integrando a músicos negros del río Santiago y de Esmeraldas (Conjunto “La Katanga, a músicos Chachi del río Cayapa, ambos de la costa pacífica, así como interpretes Quichua del “ensemble” Ñanda Mañachi de los Andes.

“A juzgar por el entusiasmo que manifestó el público, el conjunto Juyungo logró su objetivo. La felicidad de vivir y el calor comunicativo de los artistas permitió que este mestizaje de mestizajes fuese comprendido y apreciado por el público de nuestro continente.” (La Voz del Norte, noviembre de 1991).

Ante el éxito de esta experiencia, se decidió proseguir con la realización de un disco que tomara por primera vez la riqueza musical de las fuentes de las tradiciones negras e indígenas al mismo tiempo que las fusionara. En este esfuerzo de creación musical en el que participaron otros músicos sensibles a estas músicas, se unieron los aportes de nuevas técnicas, tanto para la toma del sonido como para la edición final.

El bejuco umbilical: Ayahuaska

El canto sagrado del yahé es el que permite la reunión con los antepasados (banda #1 y #19); El contenido de este disco sigue por el bejuco umbilical (Ayahuaska) que nos une a los antepasados, los mismo que forjaron una de las más maravillosas culturas: Tumaco-La Tolita.

Por ello, el acercamiento a través de la música de la Costa y de la Sierra no es novedoso si se considera que estas regiones siempre han sido (aún 1.000 años a.C) un lugar de tránsito y migración en donde se forjaron los rasgos esenciales de una estética y de un genio creador que alcanzó, antes que muchos, las mas altas cúspides del arte.

Es bien conocido igualmente que Colombia y Ecuador son lugares de peregrinaje y romerías, en donde se encontraban inmigrantes venidos de América Central, las Guayanas, el Caribe, las altas mesetas de los Andes, así como de Asia, Oceanía y África, siguiendo las grandes corrientes marinas. Todos los pueblos que vivieron en ese territorio costero y andino (Tumaco-La Tolita), antes de su eclipse definitivo, legaron a otras civilizaciones lejanas, la herencia recibida 1.000 años antes. Este legado sagrado comprendía la expresión de una fusión de tradiciones traídas por los viajeros místicos de lejanos continentes junto con el enriquecimiento, producto de la sensibilidad, el genio y la poesía, que se pueden observar en los objetos que nos quedan. Es a ésta sutileza poética que  filtra de las estatuas, de las máscaras, de las joyas, que queremos rendir un homenaje musical.

Integrantes del conjunto Juyungo:

Costa:

Papá Roncón:  Marimba, canto y percusión

Lindberg Valencia:  Marimba y percusión

Rosa Huila: Canto

Sierra:

José Luis Pichamba: Cuerdas y canto

Humberto Pichamba: Cuerdas y canto

Alonso Pichamba: Cuerdas y canto

Pablo Valarezo: Marimba y cajón

Carlos “Pantera” Pizarro: Percusión

Nota: El disco del conjunto Juyungo se ha agotado en el mercado. Los interesados en adquirirlo pueden hacerlo a través de Microtono.

Todos los derechos reservados MICROTONO 2006.

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THERMES UN CHOPIN DE RITMOS INDIGENAS

Publicado el 03/Mayo/1998 | 00:00

Guayaquil. 3 may 98. Los ojos del Cristóbal Colón que Gérard
Depardieu interpretó en la película de Ridley Scott, “1492”,
se detuvieron en la presencia de hombres semi desnudos que
salían de entre la maleza, mientras sonidos de instrumentos de
vientos, étnicos, ambientaban el encuentro entre esos dos
mundos.

Chopin Thermes, el creador de “Ritual Emberá”, no sabe en qué
estaba pensado Vangelis cuando escogió ese tema para la banda
de la película de Scott.

Sin embargo, él sí sabía, en ese momento de su vida, veinte
años después de que saliera a recorrer las entrañas de pueblos
amazónicos, planicies andinas, playas costeras pobladas por
negros briosos, lo que aquel corte rítmico significaba.

De 54 años, Thermes es un francés que se radicó desde hace 25
años en el centro de ese otro país indígena que es la
provincia de Imbabura para seguir de cerca con su
auscultamiento de los ritmos ecuatorianos y latinoamericanos.

Cuyos sonidos -desde su explicación- son como el yaje (bebida
alucinógena indígena) que corre por las venas, igual al viento
que sopla al final del día y que invocan bailes al son de
carrizos y flautas de hueso de venado, al ritmo de maracas y
yapurutu, cuya profundidad va más allá del bombo.

Hoy en día este es un trabajo que representa el más importante
acercamiento sonoro a esa infinidad de sentimientos, ritmos,
caracteres que es la cultura indígena musical, que “se
sobrepuso al paso del tiempo y se resguarda en la intimidad de
sus confines aislados”.

Por lo menos así lo precisa él y quienes conocen de cerca su
labor que en 1974 se consolidó con la publicación del primero
de sus treinta discos, grabados con micrófo en mano.

Ritual Emberá, la pieza escogida para “1492”, forma parte de
esa recopilación y luego fusión que representa cada una de las
piezas de sus treinta producciones.

“No necesito de grandes equipos para hacerlo, voy al sitio y
tomo las primeras impresiones, luego almaceno y espero el
momento oportuno para el ensamble final”.

La grabación de Ritual Emberá se realizó en 1991, sus sonidos
son los auténticos de una fiesta de comunidades emberá del
Chocó colombiano emparentados con los chachis esmeraldeños
ecuatorianos, “en la intimidad de esas culturas, no hay
frontera alguna, sino parentescos”.

Thermes resume los últimos 25 años de su vida en lo que hay
entre las cuatro paredes de su pequeño taller en su casa de
Ibarra. “Ahí está mi reserva de andariego por territorios
recónditos de Africa, Asia, Latinoamérica…”.

Pero la memoria que Thermes almacena en su taller de
Quinchuquí, en Ibarra, fueron en parte utilizadas en sus 30
discos publicados hasta ahora, el último, Juyungo, lanzado en
1996, también

El mismo banco de sonidos será utilizado para el nuevo
proyecto: el jaguar y la serpiente, así se llama. Si Ñanda
Mañachi (conjunto musical fundado por Thermes) y Juyungo son
propuestas indigenistas de latinoamérica, estos nuevos
conceptos musicales fusionará la música de dos continentes:
América y Africa.

Una fusión que recuerda el encuentro de ambas culturas siglos
atrás. Tres mil años antes de Cristo Africa y América se
cruzaron en los mil 500 kilómetros cuadrados de un territorio
entre Tumaco, Colombia, y La Tolita, en Esmeraldas.

“Es un lugar de paso y migración, también de romerías, donde
se forjaron los rasgos esenciales para una estética y un genio
creador”. Es un homenaje musical que se ejecuta en las voces y
sonidos tradicionales que quedaron heredados de ambas
culturas. El proyecto va por su segunda etapa, falta el
ensamble final. (Texto tomado de El Comercio

TREN AL TROPICO

Publicado el 09/Enero/1992 | 00:00

TREN AL TROPICO

Quito. 09.01.92. Pasajeros: al tren, a ese tren TGV a 270
kilómetros por hora, París-Lyon, o si prefiere la aventura, y,
por supuesto, no se encuentra en Francia, no pierda el tiempo
y trépese en el autoferro Ibarra-San Lorenzo. Solo basta tener
espíritu, y buen ojo, que igual lo puede pasar de maravilla…

Esto es parte de ese recorrido de “Tren al trópico” que
hiciera la Televisión Española, con la serie “Prisma”, que se
recorrió con el ojo de una cámara, paisajes y vida cotidiana
en el Ecuador, España, Tanzania, Islandia, Kenya, Francia y
otros lugares del planeta.

“Prisma”, porque “todo depende del cristal con el que se
mira”, comenta Gonzalo Ponce Leiva, quien, con el grupo
productor español, bajo la dirección del realizador y cineasta
Juan Antonio Gamero, y con Multimedia Producción, se hizo
cargo de la producción de los cinco capítulos documentales
filmados en el país. “El equipo además contó con la
participación de Chopin Thermes como guía espiritual y gran
conocedor de toda la zona de Imbabura”, dice Ponce, para no
quitar méritos a nadie.

Se trata de dos capítulos filmados en Galápagos, dos en
Imbabura y uno en el recorrido Ibarra-San Lorenzo.

“Una experiencia increíble. Un mes de rodaje. Equipos de
primera. Y un producto diferente”, dice Gonzalo Ponce. Su
trabajo básicamente fue el de concebir la estructura de los
documentales, y el de su producción, con “una visión
diferente, con música concebida para los documentales, y
tratando de decir todo en imágenes, básicamente una narración
visual, con pocas palabras (los pocos textos explicativos son
nada más que de ubicación, sobre todo para el televidente
europeo) “.

Y hablando un poco más acerca de los capítulos de “Prisma” que
se exhibirán hoy y mañana, a las 19h00, en la Asociación
Humbold, Gonzalo Ponce cuenta primero, que los capítulos de la
serie son una “interacción cultural”. “Otavalo-Barcelona”, por
ejemplo, cuenta y compara la vida de los otavaleños en
Barcelona, con el Otavalo nuestro. “El hecho de que la gente
aprecie aquel paisaje tan intenso como es el nuestro”.

Y hay más, “Jatún Cayamba”-en quichua “Gran Hongo”- , un
caminar por Zuleta, el cielo y la serranía es otro de los
documentales, y la magia de Galápagos, en “La ruta de Darwin”.

“En todos se puso énfasis en el sonido -que es lo que
normalmente falla en los videos y producción nacional-
justamente porque estos documentales tienen un ritmo
diferente”.

Algo ya se vio en ORTEL, hace tiempo, pero estos dos días
serán para los aficionados un gran recorrido de cámaras, por
el cielo, el mar y la serranía.

…………………………………………………

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