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HENRRY KRONFLE (1932-2010, Guayaquil) julio 26, 2010

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HENRRY KRONFLE (1932, Guayaquil)

 

 

 

 

 

 

0

SONETO PARA SER LEÍDO ANTE MI FERETRO

Cabalgando en la altura del soneto

se ha ido henry kronfle de este suelo.

 

Catorce riendas atan a su vuelo

dejando atrás su piel y su esqueleto.

 

No es henry el que está aquí,

tendido y quieto,

entre madera, vidrio y terciopelo,

 

Es aquel que palpita con su anhelo

en la esencia del verso y su secreto.

 

Por lo escrito no lo lleva el viento,

quizás por algún libro polvoriento

sigo vivo y cabalgue libremente.

 

Y alguna tenue luz dará su pluma

en esos días grises y de bruma

que ensombrece el alma, de repente.


 

 

 

 

 

1

DUDAS

¿Qué si el amor prosigue tras la muerte

o muere como el fuego sobre el leño?

¿Qué si la vida es vida o es un sueño?

¿Qué si el bien vence al mal porque es más fuerte?

¿Qué si el destino juega con la suerte?

Buscar una respuesta: ¡vano empeño!

Porque de la verdad nadie es el dueño,

la respuesta en pregunta se revierte.

Avanzando en mi tiempo que ya expira,

descubro en cada paso una mentira.

Escéptico me he vuelto en mi pensar.

Y por creer que nunca creo en nada,

ni en las dudas que hieren como espada,

rechazo toda duda sin dudar.

2

Romance de un pescador y una serrana

Era el alba hecha mujer.
Era una flor muy temprana
con un aroma de sierra;
toda tersa, toda intacta,
cuando descendió hasta el puerto
donde era casa mi barca.
Ella, al fin, conoció el mar
–su sueño desde la infancia–
y yo un verdadero cielo
en la luz de su mirada.
Me habló de su abrupta senda
y retornó a su cabaña.
Y su candor de capullo
quedó eternizado en mi alma.
¡Cómo pescarla en mis redes
si era su mar las montañas!
¡Cómo vencer, de mi anhelo,
el aguaje y la resaca!
Sediento, en mi fantasía,
bebí del mar toda el agua,
y embriagado de recuerdos
abandoné red y barca.
Tomé otra red invisible
tejida por mi esperanza,
sin principio y sin final,
y la eché sobre mi espalda.
¡Ah, mi luna marinera
de sal, de espuma y de playa,
poco a poco en el camino
se fue volviendo serrana!
Vapores de ebullición
le dieron forma a mi estampa
y ascendió en la ingravidez
mi paso de nube y alas,
hasta encontrarse en la cima
mi pasión y su cabaña.
Al aire tiré mi red
–que fue un abanico de ansias–
y se envolvió en su cintura,
y se enredó en su mirada;
y mostró aquel pececillo
su limpidez de montaña,
de páramos y de nieve
que jamás se vio pisada,
de oxígeno enrarecido.
¡Así de pura y de casta!
¡Nunca una espada sin filo
calzó tan bien en su vaina!
Atrás quedaron los muros.
Y de esa senda estrenada
aprendí, por sus contornos,
que adquieren forma las almas;
que se encienden como leña
más allá de las entrañas;
que el infierno es frío, es hielo;
que el cielo es calor y es llama.
¡Bendito aquel fuego eterno
que ha incendiado nuestras almas!
¡Que en él se quemen mis redes
y se incinere mi barca!
¡Ya mi proa echó cadenas
para anclar en sus entrañas!

3

PADRE

Raíz y tronco y sangre y apellido.
Recio ciclón y brisa de ternura.
Presencia de criador y de criatura.
Sus años yo los guardo. No se han ido.

Compañero de vuelo desde el nido.
El calor de su amparo aún perdura.
Él ha sido mis alas en la altura
y red de contención cuando he caído.

La existencia se esfuma inadvertida.
La juventud de pronto queda lejos
cual estrella remota y extinguida.

También los hijos nos hacemos viejos;
y hoy me apoyo, avanzando por la vida,
en su bastón de amor y de consejos.

4
¡QUIERO ESCRIBIRTE, MÉXICO!

Hoy mi alma es tinta azul y forma un río.
Un Ecuador en versos traigo ufano.
No quisiera escribirte con la mano,
y rechazo el papel porque es muy frío.

Que mi aliento te escriba –así lo ansío–
en el poncho de un indio ecuatoriano,
en el mero sarape mexicano
o en la miel de un jarabe tapatío.

«¡Yo te quiero y te admiro por igual!»:
que mi aliento lo escriba en un nopal
o en la imagen del Guayas12 que me alcanza.

Y porque entre tu gente me diluyo,
tú estás en mi interior y yo en el tuyo,
¡Oh México de amor y de esperanza!

5
MI SENSATEZ Y EL TIEMPO

Al ilustre poeta universal
Germán Pardo García

Soy sensato al decir que en el mañana
se encuentra la esperanza de la vida;
que el pasado fue punto de partida;
que la existencia es muerte cotidiana.

Soy sensato al decir que una semana,
un milenio o, de tiempo, otra medida
que pueda ser mil veces repetida,
será frente a lo eterno fracción vana.

El enigma del tiempo está en mi verso.
Mi sensatez, por tanto, se aligera
y vuela hacia el azul de una quimera.

Y advierto estando en el azul, inmerso,
que hoy es mañana y que el ayer espera.
¡Y descubro el revés del universo!

que suavemente baja de la alta colina….

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