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LA ESCRITURA NO SERÁ JAMÁS UNA LETRA MUERTA, MÁS PUBLICACIONES, DESDE MANTA MANABÍ, LA LABOR DE LA UNIVERSIDAD LAICA ELOY ALFARO Y SU EQUIPO, EDITORIAL MAR ABIERTO, Y MENTES QUE NO SE ENCIERRAN EN EL CAMBALACHE DEL EGO, SINO QUE VAN POR UN ESPACIO CON JEFATURA DE INCLUSIÓN, LA AUTORIDAD SE LA COMPARTE NO SE LA ENSILLA, AVANZAR GESTANDO, HE AQUÍ UNA MUESTRA: MEDARDO MORA SOLÓRZANO, UBALDO GIL junio 29, 2010

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CYBERALFARO, revista académica de investigación y creación. Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, Editorial mar abierto,(serie19) Manta, Manabí, 2010

www.marabierto.com.ec

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COLECCIÓN PARAÍSOS ARTIFICALES. Editorial mar abierto y Eskeletra. Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí. Manta. 2010

www.marabierto.uleam.edu.ec

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COLECCIÓN DE FOLKLORE AMORFINO. Universidad Laica Eloy Alfaro de Editorial mar abierto, coedicón eskeletra. Manabí. Manta. 2010

http.//editorialmarabierto.blogspot.com/

EL ATARDECER AMANECE EN HOJAS DE PALABRA QUE NOMBRA SIEMPRE, ANTOLOGÍA Y REVISTAS DE ECUADOR junio 28, 2010

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CLAVOS EN LA ALMOHADA (cinco mujeres y su poesía)

por Mayarí Granda Luna, Quito, Ecuador, 2007

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KIPUS,  revista andina de letras,

Universidad Andina Simón Bolívar, Quito

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HOMENAJE A AURORA ESTRADA Y AYALA,

Carlos Clderon, editor.Editorial Núcleo del guayas de CCE, Guayaquil, 2002,

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CANTOS DE LIBERTAD, Poesía, Universitaria, Quito, 1956

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ANTOLOGÍA PPOÉTICA,  Seleccionador, Miguel Moreno-Mora, Cuenca, 1951

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OBRAS ESCOGIDAS, CCE, DEL AZUAY, Cuenca 1954

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DICCIONARIO BIOGRAFICO ECUADOR, RODOLFO PEREZ PIMENTEL (www.ecuadorprofundo.com )

 

POESIA DEL AMOR LIBRE. Antologia Ecuatoriana, selección Edgar Allan García, pròlogo Bruno Sáenz Andrade.

CESAR BORJA LAVAYEN, MIGUEL MORENO, ALFONSO MORENO MORA junio 28, 2010

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CÉSAR BORJA LAVAYEN  (1851- 1910, Quito)

1

VESPERTINA. A mi esposa. Playas de Santa Elena, 1.888.- ler. Fragmento.

//El ligero rocío de la tarde/ ha templado el ardor de la canícula./La Llanura descansa y se adormece/ al soplo de la brisa/que, rozando la espuma de las olas, /la emanación salina/del mar recoge, y a la pampa llega/de olor de yodo y de frescura henchida.// El sol poniente irradia/cárdena luz oblícua,/los celajes de oriente se coloran; /las nieblas, fugitivas,/debajo del azul cruzan calladas/ y con pálidos tonos se matizan, /en las techedumbres, el reflejo de oro/del sol lo obscuro de la paja aviva./ y allá, lejos, muy lejos, / en la azulada línea/ donde los cielos y las ondas llegan, / se abrazan y se miran, reverberan las nubes, y las aguas/ cerúleas del mar brillan.

2

/ Soy así porque soy../la culpa de ello/ Natura tiene que me dio la vida:/ Mi alma, en carne, a su pesar nacida,/ trajo a este mundo distintivo y sello.// Diome natura el sentimiento bello / de su alma inmensa, con mi ser unida. / su imagen llevo en mi razón, fundida, / su altiva mente y su genial destello,// Diome su hermosa libertad salvaje, / y, en la gama de luz de su lenguaje,/ templó mi verbo y acordó mis nervios, // No te arrepientas de mi ser, ¡Natura!/ y renueva en tus génesis, mi hechura./ con espíritu y átomo

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MIGUEL MORENO  (1851 – 1910, Cuenca)

1

Recuerdos

Cual si en torno a un sarcófago funesto

Un grupo inmenso de aves revolara,

Y a poco heridas, descendieran muertas,

Entre el gemir de vientos y de alas,

Así llegan de ni hija las memorias

-de cándidas palomas tropa alada,-

Aletean, y al punto muertas caen;

¡mas como ella cayó, blancas muy blancas!…

2
Cantares va ElinaPalomita de mi huerto,
de ojos de dulce mirar,
¿conque es cierto, conque es cierto
que huíste del palomar … ?
Yo formé del pecho mío
un nido para ti, fiel,
y ahora lo dejas vacío:
¡palomita, eres muy cruel!

¡Quién me diera en mi tormento
arrancar del corazón
tu imagen o el sentimiento
de esta horrible decepción!

Aprende: esas dos palomas;
Van juntas en pos de ti,
y aunque transpasan las lomas,
juntas vuelven hacia mí …
Y me dicen: ¿Hasta cuándo
te ha prometido volver … ?
Y les contesto llorando:
-Mañana al amanecer …!
Y de mañana en mañana
va creciendo mi dolor,
y como él ¡Suerte inhumana!
¡también se aumenta mi amor!
Vuelve, palomita ausente,
mi pecho es tu palomar;
como supe amar ardiente,
¡así sé yo perdonar!
¡Ay! ¿Por qué dar al olvido,
que te ofrecí con amor,
para que tejas tu nido
rosas y malvas de olor. . . ?

Como un inocente niño
cuando tuve te ofrecí,
aun de mi madre el cariño
lo sustraje para ti …

……………………………………

Y creció en el pecho mío,
por instantes, mi pasión,
¡y ahora lloro mi desvío,
ay paloma, ay corazón. . . !
Vuelve, palomita ausente,
mi pecho es tu palomar;
como supe amar ardiente
así sé yo perdonar…

Vuelve, vuelve, te lo ruego
por nuestro soñado edén,
por mi amor ardiente y ciego
y por el tuyo también.
Mas ya no tendrán su día
tanto amor, tanta ilusión;
¡adiós esperanza mía… !
¡queda muerto el corazón…!
3

LA GARZA DEL ALISAR

Tendido sobre una roca,
orillas del Macará,
caída el ala del sombrero,
melancólica la faz,
macilento y pensativo
un bello joven está,
que, así le dice a un correo
de Cuenca, lleno de afán:
– Correo que vas y vuelves
por caminos del Azuay,
a donde triste y proscrito
ya no he de volver jamás;
di ¿qué viste de mi Cuenca
en el último arrabal,
en una casita blanca
que orillas del río está,
rodeada por un molino,
perdida entre un alisar?
Y le responde el correo,
lleno de amabilidad:
-Diez días ha que salí
de los valles del Azuay,
y vi del río a la margen
la casa de que me habláis,
rodeada por un molino,
perdida entre un alisar.
-Está bien, pero no viste
en ese sitio algo más … ?

-Te contaré, pobre joven
que vi una tarde al pasar,
una niña de ojos negros
y belleza angelical,
toda vestida de blanco,
paseando entre el alisar.
-¡Ay! no te vayas, correo,
por Dios suspende tu afán;
tú que dichoso visitas
las calles de mi ciudad,
aunque estés de prisa, dime
de esa joven algo más!
-Caballero, cual los vuestros,
cual los vuestros eran ¡ay!
los ojos encantadores
de esa niña del Azuay:
tras de unas negras pestañas,
como el sol que va a expirar
velado por densas nubes
que enlutan el cielo ya;
melancólicos, a veces,
miraban con grande afán
a todos los caminantes
que entraban a la ciudad.
¡Pobre niña, pobre niña!
Cubierta su hermosa faz
con las sombras de la muerte
y una palidez mortal,
otras veces contemplaba
las hojas del alisar
que, arrastradas río abajo,
no habían de volver jamás:
pobre niña, ni lo dudo,
estaba enferma y quizás
ese momento se hallaba
pensando en la eternidad!
-¡ay! mi correo, correo
tan veloz en caminar;
tú que dichoso transitas
por donde mi amor está,
dime, por Dios si supiste
de esa joven algo más!
-Cuando una vez de mañana
paseábame en la ciudad,
vi esparcidos por el suelo
rosas, ciprés y azahar
que formaban un camino
que, yendo desde el umbral
de una iglesia, terminaba
en la casa de que habláis;
luego escuché en su recinto
el tañido funeral
de una campanilla, y luego
de la salmodia el compás,
y olor del incienso me trajo
el ambiente matinal … !
-Dime, poi Dios, ¿no supiste
quién se iba a sacramentar?
-Una niña a quien llamaban
por su hermosa, y triste faz,
y por que vestía de blanco,
¡la Garza del alisar!

-oh basta, basta, ¡Dios mío!
¡es ella… suerte fatal… !
¿Y habrá muerto… ? -Era de noche
cuando dejé la ciudad,
olor a cera y a tumba
percibí en el alisar …
-¡Valor! no tiembles, termina
mi suplicio es sin igual!
-Infeliz, yo vi las puertas
de la casa. . . -¡acaba ya!
-Con un cortinaje negro
y abiertas de par en par. . . !

-Bendito seas, Dios mío,
acato su voluntad … !
Ella muerta, yo entretanto
proscrito, enfermo jamás,
jamás veré ya esos ojos
que empezaban a alumbrar
mi camino … Nunca, nunca

sino allá en la eternidad … !

Crié una paloma hermosa,
mi esperanza y mi ilusión,
mas, ella huyó veleidosa …
¡ay, paloma… ! ¡ay, corazón!

—————————–

ALFONSO MORENO MORA (1890- 1940, Cuenca)1

El poncho

Quien, que una vez lo usara, no ha sentido / la nostalgia del poncho? ….. Vacaciones / al correr de los ágiles trotones / el poncho es la bandera del olvido: // La distante ciudad, la escuela adusta / todo mengua y se olvida en los alcores, /cubierto con el poncho de colores. / fija en la diestra la sonante fusta. … y en la Bocina se afana exclamando: // En las tardes de pálida neblina, / de viento y humedad, detrás las chozas / tocar suelen los indios la bocina / de nota dolorida y quejumbrosa, // Mezcla de pena, de rencor y espanto, / la bocina es el grito de la raza / que la estrangula al deshacerse en llanto, / el odio que incendiándola la abraza……. .//

2

“Visión Lírica”

// Nosotros los poetas, que es cual si se dijera, / nosotros los rosales de toda primavera / o nosotros los pájaros que alegran la pradera, / una misión divina tenemos que cumplir / hoy día más que nunca, pues el rudo existir / va empañando de negro la gloria de vivir. // El aire está impregnado de brea y gasolina, / mancha el azul celeste el carbón de la mina, /entre oleadas de sangre la humanidad camina. // ¿Qué haremos los poetas al mirar tales cosas? / ceñirnos la cabeza de pámpanos y rosas / ¿y gozar con las ninfas en las selvas umbrosas? // ¡cantemos nuestro canto! sea luz en la mina; / luz en la noche del que a tientas camina. // ¡Poetas, Oh Poetas, formemos la áurea corte / de la Belleza Suma, su lumbre nos conforte / y, brújulas vivientes, marquemos siempre el norte! //

3

A Luis Felipe de la Rosa,

// Luis Felipe, tu vida de inquietud se remansa / con una pierna menos y una experiencia más. / Tu diestra, en el naufragio, la boya al fin alcanza / y serenado miras, catorce años atrás. // Las horas en la aldea resbalan lentamente / como un carro repleto de basura y dolor; /el mismo aspecto siempre, la misma luz, la gente / grávida de hipocresía, de Cristo y de rencor. // Se vive sin motivo. . . . supieras lo que es eso. . „, / está en mí ya extinguida el ansia de vivir, / y sin embargo, sigo como un can con un hueso, / royendo la infinita tristeza de existir. // Luis Felipe, tú empiezas: yo acabo, me retiro; / la vida ha sido mala, muy mala para mí; / mi cáliz está exhausto, su fondo oscuro miro; / pero voy a llenarlo para brindar por tí….// Por tí ¡Oh! arrepentido bohemio penitente; /es porque te han podado que vas a florecer: / es porque estás sin pierna que vas a la ventura; / es porque estás ya viejo que te ama una mujer …//// Por tí ¡Oh! arrepentido bohemio penitente; /por tí que ya no bebes sino agua mineral; //

3

Soneto  “Ensueño Postumo”

// Carpintero, la caja en que me encierren / hazla suave de un árbol de esta senda: / ¡Así podré soñar, cuando me entierren, / que estoy de vacaciones en la hacienda! // Este árbol dióme sombra, cuando niño, / a su abrigo pasé días enteros; / en el hogar fue todo de cariño / el resinoso olor de los gomeros. // En sus bosques vagué, de adolescente, / oyendo los lamentos casi humanos / que lanzan con el viento, de repente. // ¡Cuántas horas de ensueño y de locura! / ¡Cuántos nombres grabados con mi mano /en su corteza sonrosada y dura! //

manuel nicolas arízaga, ismael perez pazmiño junio 26, 2010

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MANUEL NICOLAS ARÍZAGA (1856- 1906, Cuenca)

1

Fotografia

Me asomé a los abismos de mi pecho
y profundos y lóbregos los vi;
tanto, niña, que en lágrimas deshecho,
horrorizado de mí mismo huí.

Luego admiré tu célica hermosura,
la gracia virginal de tu candor
y de mi pecho en la región obscura
sentí desconocido resplandor.

Torné a mirar adentro y hallé impresa
en el alma tu imagen de cristal,
estrella que ilumina helada huesa,
flor nacida en estéril cambronal.

Ya un altar en mi pecho has conquistado
y en él tendrás eterna adoración;
allí de hinojos vivirá postrado,
fiel ministro de amor, mi corazón.

————–

ISMAÉL PEREZ PAZMIÑO (1876-1944, Machala)

1

Mi verso es tan sencillo porque de mi alma brota
como brota la sangre de alguna arteria rota
porque mana espontánea de agua cristalina

2

Juramento
(A mi esposa)
Todo pasa en el mundo, todo dura
lo que dura una flor, un ave, un nido;
todo muere o se pierde en la oscura
y pavorosa noche del olvido.

3

Pero el amor inmenso y la ternura
en el que por ti, latido tras latido
arde mi corazón y han convertido
mi vida en una noche de dulzura
no pasarán jamás: podrán los años
rodar fugaces en veloz carrera
y apagar tus miradas y tus besos
Con un soplo mortal; los desengaños
exaltarán mi amor y, cuando muera.
¡aún en la tumba te amarán mis huesos!

4

I II
La muerte es buena y es útil
y llega a veces a tiempo
a poner fin compasiva
al mal que parecía eterno.

Es benigna cuando apaga
con el misterio de un beso
de seda, los ojos mustios
y apagados de un enfermo.

numa pompilio llona, julio zaldumbide junio 26, 2010

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NUMA POMPILIO LLONA  (1832-1907, Guayaquil)

1

EN EL SEGUNDO CENTENARIO DE
D. PEDRO CALDERON DE LA BARCA

(Fragmentos)
(Dedicados a D. Manuel Tamayo y Baus.)

IV

Del Ecuador en los azules mares,
Antes que el sol las cúspides transmonte,
Contempla el nauta gigantesco monte
Vestido el pie de bosques seculares;

Entre lianas, y flores y palmares,
Canta allí el guacamayo y el sinsonte;
Mas su cumbre, rasgando el horizonte,
¡Sube hasta los eternos luminares!

¡Así tu obra titánica: En tus dramas,
Como entre selvas de frondosas ramas,
La pasión canta en melodiosa rima;

Mas, -alzándose audaz hacia los cielos,
Del símbolo sagrado entre los velos,-
Se pierde en Dios, su inmaculada cima!

V

Yo vi, también, undosa catarata
Que desde cumbre de eminencia suma
Precipitaba, entre fragor y espuma,
Sus lienzos de cristal, de luz y plata;

Y mientras que el peñón do se desata
Coronan hielo v misteriosa bruma,
El trópico, en el fondo, la perfuma
Con floreciente primavera grata …

Tequendama de fúlgida armonía,
Así tu majestuosa poesía
Desciende desde místicas regiones;

Y, al caer de la tierra en la llanura,
De flores bordan su corriente pura
La esperanza, el amor, las ilusiones …

VI

¡Del universo alado peregrino
Aguila audaz, tu portentoso vuelo
Abraza la extensión de tierra y cielo,
Y salva los linderos del destino:

Como la mente angélica de Aquino,
Arrebatada de infinito anhelo,
Mas allá te hundes, del azul del cielo,
En la esencia del Ser Unico v Trino …

Mas, bajando, después, del firmamento,
Con sosegados giros circulares
En tu vuelo recorres, vagabundo,

Los dilatados ámbitos del viento,
La ancha faz de la tierra y de los mares,
Los tenebrosos senes del profundo! . .

………………………………………………………
VII

Desde las playas de la mar de Atlante
Tendido, hasta el confín remoto hesperio,
Y el Artico y Antártico Hemisferio
Abarcando con brazos de gigante;

Bajo sus pies el rayo fulminante
En las garras del ave del Imperio;
Así el mundo, doblado al yugo íbero,
Miró de España al Júpiter Tonante:

Y, entre el asombro del linaje humano,
Brotó en seguida, -tras- congoja acerba,
Tras dolorosa agitación confusa,-

Del gran cerebro del coloso hispano,
Armada y refulgente cual Minerva,
¡Oh Calderón! ¡tu prodigiosa Musa!

VIII

Sobre la frente el astro de la idea,
Y en ambos hombros poderosas alas,
Tal se mostraba, entre esplendentes galas,
Del mundo ante la atónita asamblea;

Risueña como en triunfo Galatea,
O como Dione en las empíreas salas;
O bien lanzando, cual ceñuda Palas,
El grito de furor y de pelea …

Y levantando hasta el cenit su vuelo,
-De la eterna creación sacerdotisa,-
Alzó su acento, que escuchaba el suelo.
Por casi un siglo, en actitud sumisa,
Desde su himno infantil, CARRO DEL CIELO,
…………………………………………………………………
¡Hasta. el canto. del, cisne, HADO Y DIVISA!

X

¡Buzo inmortal del corazón humano!
Cuando en su oscuro fondo hundes la frente,
A tu mirada muéstrase patente
De su anchuroso abismo todo arcano:

Al remontar el piélago, tu mano
La perla lleva de risueño oriente,
Mas divisaste en la onda transparente
Los horrendos colosos del océano …

De tu Justina y Príncipe Constante
La virtud brilla con mal en guerra,
Cual bajo el hierro el fúlgido diamante;

Y, víctimas del monstruo de los celos,
Mira en tus dramas, a la vez, la tierra,
Grandes como el de Shéspir (*), ¡cinco OTELOS!

* Shakespeare

XI

De tu espíritu múltiple y fecundo,
-Lumbre creatriz, intelectual Proteo,-
Brotar la estirpe, más grandiosa, veo
De cuantos genios ha admirado el mundo:

Cipriano, como un FAUSTO más profundo,
Vence a la Duda en choque giganteo;
A HAMLET Y CRIN Y PROMETEO
En sí resume el fiero Segismundo;

Tu audaz Eusebio, en su siniestro tipo,
Los rasgos muestra de un consciente Edipo
Y de un DON JUAN Y CARLOS MOOR gigantes …

Y fueras tú el mayor de los pintores,
Si, emulando tus gráficos colores,
No se elevara junto a ti … ¡CERVANTES!

2

DESOLACION
EL POETA Y EL SIGLO

A. D. Fernando Velarde

¿Cómo cantar, cuando llorosa gime,
Sin esperanza y sin amor, el alma;
Y por doquiera, con horror, la oprime
De los sepulcros la siniestra calma?

¡Cuando de los espíritus el vuelo
Ata doliente, universal marasmo;
Y, con sus alas azotando el suelo,
Palpita moribundo el Entusiasmo?

Cuando, si un generoso pensamiento
Surge en el alma y su dolor halaga,
Del piélago sin fin del desaliento,
En las ondas inmóviles naufraga?

¡Cómo cantar, cuando el audaz poeta
Al mundo cierra con desdén su oído;
Y el noble acento de su Musa inquieta
Muere en la vasta soledad perdido?

Cuando la envidia, que aún las tumbas hoza,
Con torvos ojos pálida le espía;
Y sus entrañas a traición destroza,
Y escarnece el dolor de su agonía?

Cuando la turba de plagiarios víles
A sus cantos se lanza jadeante,
Revolcando en su lodo, cual reptiles,
Su corazón sangriento y palpitante?

Cuando su canto ardiente y sobrehumano
Amalgama y confunde el vulgo idiota
Con las míseras rimas, donde en vano
Mezquino vate su impotencia agota?

Cuando, si el noble y dolorido bardo
Su alma descubre rota y destrozada,
En su honda herida revolviendo el dardo,
Le arroja el vulgo imbécil carcajada?

¡Cómo cantar, cuando en la sed de fama
La generosa juventud no arde;
Ni el santo fuego del honor la inflama,
Ni hace de heroica abnegación alarde?

Cuando de Patria y Libertad los nombres
En ningún corazón encuentran eco,
Cual se apagan los gritos de los hombres
De los sepulcros en el hondo hueco?

Cuando, al amor, ya sordas las mujeres
y al brillo indiferentes de la gloria,
Corren en pos de frívolos placeres
Y ansiosas buscan la mundana escoria?

Cuando el justo derrama inútil lloro
Y bate el vicio triunfadoras palmas,
Y, entre el aplauso universal, EL ORO
Es el sol refulgente de las almas?

Cuando, como Proteo, a cada hora
Nuevas formas reviste el egoísmo;
Y en los áridos pechos sólo mora
Estéril duda, fúnebre ateísmo? …

¡Ay! cuando en torno el ojo atribulado
Descubre sólo corrupción, miseria!
Y doquier, al espíritu humillado
Huella con pie triunfante la materia! …

¡Oh! en tan inmensa postración, el vate
Su turbulenta inspiración acalla;
La llama extingue que en su pecho late
Y en los sepulcros se reclina, y ¡calla!

¡Y nada, nada su silencio amargo
Un solo instante a interrumpir alcanza,
Ni a turbar el horror de su letargo,
Ni a encender en su pecho la esperanza!…

¡Ay! yo he palpado el corazón humano;
Y muerto ¡para siempre! le encontré…
¡Muerto! … Rompamos, generoso hermano,
Nuestro laúd con iracundo pie!

Lima, Octubre de 1852.

3

LOS ARQUEROS NEGROS

Tras el hombro el carcaj : un pie adelante;
con el brazo fortísimo membrudo
tendiendo el arco; y, con mirar sañudo,
inclinado el etiópico semblante,

así, en hilera, el batallón gigante
de dolores me acecha torvo y mudo;
y sus saetas clava en mi desnudo
ensangrentado pecho palpitante! …

¡Mas no de tus flecheros me acobardo
ante el airado ejército sombrío;
sus golpes todos desdeñoso aguardo!…

¡Manda a tu hueste herirme, oh Hado impío,
hasta que lancen su postrero dardo!
Hasta que se halle su carcaj vacío.

——–

JULIO ZALDUMBE GANGOTENA (1883-1887,Quito)

1

La naturaleza: a la soledad del campo

A ti me acojo, soledad  querida,

En busca de la paz que mi alma anhela

En su ya inquieta y procelosa vida;

Mi nave combatida

Por la borrascas de la mar del mundo,

Esquiva ya su viento furibundo,

Y en busca de otro viento sosegado

Dirige a ti su desgarrada vela,

¡oh! Puerto deseado

En que la brisa de bonanza vuela.

Tu levantas el ánimo caído,

Bálsamo das al pecho lacerado,

Das nueva vida al corazón helado,

Y alieneto nuevo a su vigor perdido.

El alma que perdió su lozanía

Y fuerza soberana,

Junto con su ilusión y alegría,

Allá en la estéril sociedad humana,

En tu repuesto asilo,

En tu seno tranquilo

Feliz respira al fin; sus ya enervadas

Alas despliega y remontando el vuelo,

Halla  para espaciarse un vasto cielo,

Y recobrada el calor perdida,

Con vida nueva tornar a amar la vida:

Así el ave, encerrada

Dentro la estrecha jaula, se entristece,

Pierde luego el vigor desalentada,

Y en su prisión doliente fallece;

Pero si encuentra acaso la salida

Que en su afán vigilante vio cerrada,

Dejando libre paso a la partida,

Rauda se lanza a la región, del viento,

Y el orgullo vuelo desplegando

Se espacia por el ancho firmamento…

(fragmento)

2

La eternidad a la vida
a Juan León Mera

Cosas son muy ignoradas
y de grande oscuridad
aquellas cosas pasadas
en la horrenda eternidad,
por hondo arcano guardadas.

¿Quién pudo nunca romper
de la muerte el denso velo?
¿Quién le pudo descorrer
y en verdad las cosas ver
que pasan fuera del suelo?

Que por fallo irrevocable
padecemos o gozamos
los que a otro mundo pasamos,
es cuanto de este insondable
alto misterio alcanzamos.

Si medir nuestra razón
procura, ¡oh eternidad!
tu ilimitada extensión,
¡qué flacas sus fuerzas son
para con tu inmensidad!

Sube el águila a la altura
del vasto, infinito cielo;
medirle quiere de un vuelo;
mas, toda su fuerza apura
y baja rendida al suelo:

así el loco pensamiento
se encumbra a medirte audaz;
mas se apura su ardimiento
y abate el vuelo tenaz
al valle del desaliento.

II

En verdad que da tormento
este funesto pensar:
¿en qué vienen a parar
esas vidas que sin cuento
vemos a la tumba entrar?

En la tumba, de los seres
preciosa fin pavorosa,
remate así de placeres
como los padeceres
de esta vida trabajosa:

en la tumba, oscura puerta
cuya misteriosa llave
vuelve con la mano yerta
la muerte; playa desierta
de donde zarpa la nave,

de la vida a navegar
con brújula y norte inciertos
en no conocida mar,
mar sin fondo, mar sin puertos,
ni ribera a do abordar.

III

¿Qué es morir? ¿Qué es la muerte? “Oscura nada,
triste aniquilación”, dice el ateo.
¿Todo ser en la tumba se anonada?
¡Error! ¡Funesto error! Yo en ti no creo.

Si este que siento en mi soplo divino
dentro la huesa en polvo se convierte;
si la esperanza de inmortal destino
se disipa en las sombras de la muerte;

fuera entonces de Dios dádiva inútil
esta triste existencia de un momento,
que se disipa con un sueño fútil
o como el humo vano en vano viento.

¿A qué este don de penas y quebranto?
¿A qué darnos la vida, conducirnos
por un desierto de dolor y llanto
y para siempre al cabo destruirnos?

¡No puede ser! El hombre desdichado,
de gusanillo que se vio en el suelo,
en mariposa angélica trocado,
de la lóbrega tumba vuela al cielo.

IV

Y, ¿a dónde va quien deja nuestro mundo?
¿A dónde el que en tu sombra, muerte, escondes?
¡Jamás  esta pregunta tú, profundo
silencio de la tumba, me respondes!
¿Sus lazos terrenales se desatan?
¿Se acuerda del humano devaneo
o todos sus recuerdos arrebatan
las soporosas ondas del Leteo?

¿Está por dicha con la eterna unida
esta rápida vida que se acaba?
¿O allá el amigo la amistad olvida
y el amante también lo que adoraba?
El amor, la amistad, ¿son vanos nombres
que borra el soplo de la muerte helada?
del alma, que no muere, de los hombres,
¿son ilusión no más, sombras de nada…?

V

Oigo una voz que eleva el alma mía,
voz de inmortal y de celeste acento:
“¿Qué a mí la muerte ni la tumba fría?”
dice hablando secreta al pensamiento;

“piensas que la segur? que hace pedazos
las cadenas que al cuerpo sujetaron
mi esencia divinal, los demás lazos
rompe también, que al mundo me ligaron?

“¿Piensas que del amor, que fue mi vida
en la vida del mundo, me despojo
estando al otro mundo de partida,
cual de la arcilla que a la tumba arrojo?
“¡No! No es capricho de la carne impura
la amistad, o de amor la llama ardiente;
del espíritu sí la efusión para:
y el espíritu vive inmortalmente.

“Y así a la eternidad llevo conmigo
cuando abandono la terrestre estancia,
amor de amante, o amista de amigo,
sujetos nunca más a la inconstancia”.

VI

Sí, dulce voz. Cuanto me anuncias creo;
quien en ti cree espera y vive en calma.
seas la voz mentida del deseo
o la voz del oráculo del alma.

¡Triste aquel que los oídos cierra
y cierra el corazón a tu consuelo!
¿Qué tendrá el infeliz acá en la tierra
si la esperanza le faltó del cielo?

Noche será su triste pensamiento
que el negro ocaso ve, mas no la aurora;
en su pecho la muerte hará aposento,
anticipada a la postrera hora;

que será como sombra ver la vida,
como sombra el placer que llega y pasa;
ver la dicha en el mundo tan medida,
y no esperarla alguna vez sin tasa…

Si, ¡profética voz!, tu acento tierno
llega a mi corazón, consolatorio;
tú en la muerte el placer pintas eterno
y el dolor en la vida transitorio:

por ti el amor de aquí se desvanece
cual tierna flor que deshoja al viento,
más allá de la muerte reflorece
de las eternas auras al aliento.

Tú la dicha nos pintas duradera,
y la gloria del cielo en lontananza,
borrada del sepulcro la barrera
y trocada la muerte en esperanza…

¡Bella esperanza! cuando ya cercano
me hallare yo a la tumba apetecida,
mis ojos cerrará tu dulce mano
y olvidaré el tormento de la vida!

DOLORES VINTIMILLA, JUAN LEON MERA, MIGUEL RIOFRÍO junio 26, 2010

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MIGUEL RIOFRÍO (1822 – 1881, LOJA),

Mi asilo

En mi memoria estás mansión querida,
con signos indelebles señalada,
tú que alargas las horas de una vida
al rigor de un suplicio destinada.

Mientras furioso a la venganza aspira
el déspota en frenético ardimiento,
dulcemente mi pecho aquí respira
tu ambiente puro, de cuidado exento.

Me detienes seguro meditando
desde el tranquilo y sosegado encierro,
en esas que me están hoy aguardando
rudas cadenas de pesado hierro:

en el arma homicida que el sicario
al preparar se inmuta y amancilla,
y en las luces de aspecto funerario
que pálidas alumbran la capilla…

Se grita allá que la inocencia muera,
y aquí se alarga la inocente vida…
¡Ah! ¿quién un holocausto no ofreciera
a esta mansión del cielo bendecida?

Mas ¿qué puede a su albergue hospitalario
hoy ofrecer el trovador proscrito,
sino un mísero canto solitario
que firme quede en la memoria escrito?

Vencida por humanos extravíos,
huyó la libertad del patrio suelo,
pero su influencia en los recuerdos míos
le da a mi asilo espiritual consuelo.

Si fuera permitido a mis cantares
alzarse, como el humo del incienso,
cruzando la extensión de abiertos mares,
así dijera en horizonte inmenso:

Aquí te extiendas, libertad sublime,
ostentando tu esencia ilimitada;
más benéfica allá ¿no fuiste, dime,
donde animabas mi feliz morada?

Al contemplar aquí tu poderío
confundida la mente se extasía;
dada en gotas allá, como el rocío,
sediento el corazón de ti bebía.

Aquí estás estupenda, allá, piadosa,
de vencedor y mártir una palma
le diste al trovador: ora ruidosa,
ora en silencio fecundaste su alma.

Ruidosa en esas músicas festivas
con que un pueblo feliz te saludaba,
entre algazaras y solemnes vivas,
que el aire a lo alto con placer llevaba.

Sigilosa después, tras denso velo,
en silencio alargaste amiga mano
y un asilo le diste por consuelo,
al que de muerte persiguió el tirano.

En este asilo el libre pensamiento
en vez de desmayar se enorgullece,
pues si su pluma le arrancó el tormento,
la corona de mártir le enaltece.

Y luego, en variedad, objetos tantos
de un efluvio vital siempre halagüeño,
en la vigilia dan dulces encantos
que reproduce el apacible sueño.

La luz primera que por limpia gasa
o por alta vidriera cristalina,
lánguida y suave a iluminarme pasa
es mi dulce visita matutina.

Ángeles de piedad están guardando
la inútil vida de infeliz proscrito,
del verdugo que está siempre acechando
con siniestra avidez, como a un precito.

En vez de los escarnios y baldones
que del cautivo agravan la amargura,
escucho ya las mágicas canciones
que exhala el pecho de una virgen pura.

Y es el aura sutil de esos acentos
manantial de fecunda inspiración,
pues engendra sublimes sentimientos
agitando el latir del corazón.

Cuando el silencio sigue a la armonía
del inocente canto virginal,
viene, como en atmósfera sombría,
de la patria el recuerdo funeral.

¡Ay! entonces sus trovas de amargura
con plañidos exhala mi laúd,
cual si viera una joven hermosura
opresa en la estrechez de un ataúd.

Mas tiene la vital melancolía
espacios sin confín que recorrer,
ellos muestran fugaz la tiranía
y el hoy campante destructor poder.

Por próximas regiones se encamina,
cual la modesta luz del arrebol,
esa de libertad llama divina
hacia este suelo que fecunda el sol.

Entre tanto ¡oh albergue! la vida
del proscrito fluctuante sostén,
no consientas que vague perdida
de las olas del mundo al vaivén.

Vuelva, virgen, tu acento divino
su balsámico influjo a verter
en el mártir que tienes vecino
procurando su plectro mover.

¡Oh cuán grata en el alma resuena!
¡Cuánto se ama esta vida fugaz,
cuando exhalas tu voz de sirena
de melódica cuerda al compás!

¡Todo entonces, grandioso, esplendente,
nos revela un divino poder,
y el poeta, inclinando la frente,
ama a Dios, la creación, la mujer!

———

DOLORES VEINTIMILLA DE GALINDO (1829- 1857, Quito)

1

ANHELO

¡Oh! ¿dónde está ese mundo que soñé allá en los años de mi edad primera? ¿Dónde ese mundo que en mi mente orlé de blancas flores…? ¡Todo fue quimera! Hoy de mí misma nada me ha quedado, pasaron ya mis horas de ventura, y solo tengo un corazón llagado y un alma ahogada en llanto y amargura.

¿Por qué tan pronto la ilusión pasé? ¿Por qué en quebranto se trocó mi risa y mi sueño fugaz se d isipó cual leve nube al soplo de la brisa…? Vuelve a mis ojos óptica ilusión, vuelve, esperanza, a amenizar mi vida, vuelve, amistad, sublime inspiración… yo quiero dicha aun cuando sea mentida.

2

QUEJAS

¡Y amarle pude!… Al sol de la existencia se abría apenas soñadora el alma… perdió mi pobre corazón su calma desde el fatal instante en que le hallé Sus palabras sonaron en mi oído como música blanda y deliciosa; subió a mi rostro el tinte de la rosa; como la hoja en el árbol vacilé. Su imagen en el sueño me acosaba Siempre halagüeña, siempre enamorada; mil veces sorprendiste, madre amada, en mi boca un suspiro abrasador; y era él quien lo arrancaba de mi pecho, él, la fascinación de mis sentidos; él, ideal de mis sueños más queridos, él, mi primero, mi ferviente amor.


Sin él, para mí, el campo placentero En vez de flores me obsequiaba abrojos; sin él eran sombríos a mis ojos del sol los rayos en el mes de abril. Vivía de su vida aprisionada; era el centro de mi alma el amor suyo, era mi aspiración, era mi orgullo… ¿por qué tan presto me olvidaba el vil? No es mío ya su amor, que a otra prefiere; sus caricias son frías como el hielo. Es mentira su fe, finge desvelo… Mas no me engañará con su ficción… ¡Y amarle pude delirante, loca! ¡No! mi altivez no sufre su maltrato; y si a olvidar no alcanzas al ingrato ¡te arrancaré del pecho, corazón!

3

A mis enemigos: ¿Qué os hice yo, mujer desventurada/ Que en mi rostro,  traidores, escupís/ De la infame calumnia la ponzoña/ Y así matáis a mi alma juvenil?/ ¿Qué sombra os puede hacer una insensata/ que arroja de los vientos al confín/  Los lamentos de su alma atribulada/ Y el llanto de sus ojos ¡ay de mí!/  Envidiáis, envidiáis que sus aromas/  Le dé a las brisas mansas el jazmín/?/  Envidiáis que los pájaros entonen/ Sus himnos cuando el sol viene a lucir?/ ¡No! no os burláis de mí sino del cielo…/ Que, al hacerme tan triste é infeliz,/ Me dio para endulzar mi desventura/ De ardiente inspiración rayo gentil./ ¿Por  qué queréis que yo sofoque/ Lo que en mi pensamiento osa vivir?/ Por qué matáis para la dicha mi alma?/  Por qué ¡cobardes á traición! me herís?/ No dan respeto la mujer, la esposa,/ La madre amante a vuestra lengua vil…/ Me marcáis con el sello de la impura…/ ¡Ay! ¡nada, nada! respetáis en mí!

4

ANHELO

¡Oh! ¿dónde está ese mundo que soñé allá en los años de mi edad primera? ¿Dónde ese mundo que en mi mente orlé de blancas flores…? ¡Todo fue quimera! Hoy de mí misma nada me ha quedado, pasaron ya mis horas de ventura, y solo tengo un corazón llagado y un alma ahogada en llanto y amargura.

¿Por qué tan pronto la ilusión pasé? ¿Por qué en quebranto se trocó mi risa y mi sueño fugaz se d isipó cual leve nube al soplo de la brisa…? Vuelve a mis ojos óptica ilusión, vuelve, esperanza, a amenizar mi vida, vuelve, amistad, sublime inspiración… yo quiero dicha aun cuando sea mentida.

5

DESENCANTO

¿Por qué mi mente con tenaz porfía

mi voluntad combate y obstinada,

tristes recuerdos de la infancia mía

ofrece a mi memoria infortunada?

¿Por qué se cambia el esplendente día

en mustia sombra del dolor velada,

y a la sonrisa de inocente  calma

sucede el llanto y la ansiedad de mi alma?

Las puras flores que mi cien orlaron

de mi frente fugaz se desprendieron,

y cual sombra levísima pasaron

en pos llevando el bien que me ofrecieron.

Sólo las horas de dolor quedaron,

Las horas del placer nunca volvieron,

y de mi vida en el perdido encanto

sólo me queda por herencia el llanto.

Yo era en mi infancia alegre y venturosa

como la flor en el céfiro acaricia,

fascinada cual blanda mariposa

que incauta goza en férvida delicia,

pero la humana turba revoltosa

mi corazón hirió con su injusticia

y véome triste, en la mitad del mundo,

víctima infausta de un dolor profundo.

————————

*JUAN LEON MERA (1832- 1894. Ambato)

1

EL GENIO DE LOS ANDES (Canto a los ilustres

viajeros M. M. Wilhelm Reiss y Adolph Stübel,

con motivo de su ascensión al Cotopaxi y

al Tungurahua.)

En otros tiempos los sublimes vates,
del estro divinal arrebatados,
dioses y héroes cantaban, en combates
estupendos mezclados,
cuyo espantoso estruendo
hasta el trono de Jove estremecía;
o bien, de audacia llenos, impetuoso,
raudo vuelo rompiendo,
a las etéreas esplendentes salas
con ellos se encumbraban, y su canto
con el canto de Apolo competía;
o, depuestas las galas
del divino festín, a la sombría
mansión bajaban del eterno llanto
y el blasfemar eterno del precito;
y ¡oh portento inaudito!
treguas la magia de su lira daba
al tormento infernal. La antigua Musa
tal era; el universo reverente,
inclinada la frente,
cuanto la voz pïeria le anunciaba
fanático adoraba.
Mas, ahora, la humilde Musa andina,
dichosa cuanto humilde,
más noble tema a su cantar alcanza;
siente en el corazón llama divina,
hierve su sangre, exáltase su mente,

su mirada chispea
cual de águila caudal a la febea
lumbre, su mano treme y se abalanza
al acorde laúd, púlsale, y notas
nuevas al viento y armoniosas lanza.

¡Genio de las ignotas,
altas, inmensas, mudas soledades!
¡Genio de las igníferas montañas!
Tú, Genio de los Andes, Genio anciano
como el dios que preside las edades!
¡Tú, cuyo imperio del glacial Océano
Septentrional al Cabo se dilata

que al Sur el mundo de Colón remata!
¿En dónde, en dónde estás? ¿Por qué enmudeces?
Alza, yergue la frente. ¿Qué profundo
pasmo suspende tu inmortal aliento?
Álzate y habla… ¡Oh Dios! ¡quién lo creyera!
Vencido el numen de los Andes yace,
su mansión profanada…
¡Oh feliz vencimiento!
¡Santa profanación! Una y otra era,
y otras y otras rodaron sobre el mundo,
como de mar airada
tumultüosas ondas: mas, ninguna
de la humana osadía ejemplo muestra
semejante al que ahora
propala ya la fama voladora.

Reinaba el Genio; en majestad terrible
su faz resplandecía;
su níveo trono, al hombre inaccesible,
Naturaleza levantado había,
cuando a ostentar sus juveniles fuerzas,
en fiera convulsión, de sus entrañas
hizo brotar montañas tras montañas,
y los Andes se alzaron estupendos.
Desde allí su dominio al Continente
tendió que el Grande Océano
y el mar de Atlante en cerco inmenso guardan,
desde allí vibra su potente mano
la tempestad rugiente;
y hace que atroces los volcanes ardan
que el seno de la tierra se estremezca,
y entre montones de funestas ruinas
el ser humano mísero perezca;
desde allí ha visto ¡oh cuántas,
cuántas generaciones
rodar vertiginosas a sus plantas,
cual llevadas, de raudos aquilones,
de eternidad en el abismo a hundirse!
¡Cuántos reyes y locas ambiciones,
sangrientas guerras, crímenes, violencias
de conquistas audaces! ¡Cuántos nombres
en el ingrato olvido confundirse!
¡Cuánta infamia vivir! y ¡cuántos hombres
diversamente grandes… Moctezuma,
de trágica memoria;

Huaina-Cápac, del sol hijo felice;
Atahualpa, inmolado a la codicia
de un invasor; Colón, a cuya suma
inmarcesible gloria
ni aún el brillo faltó que la injusticia
da, persiguiendo el mérito eminente;
Cortés, cuya luz clara
fuera mayor si al lauro de guerrero
el de conquistador no se enlazara;
Pizarro, si no un héroe, aventurero
sin rival en la historia;
Las Casas, que a borrar con pías manos
vino el crimen que obraron sus hermanos;
Penn, de severa probidad modelo;
Franklin, audaz sojuzgador del rayo;
Washington inmortal que trajo al suelo
de América fecundo,
en venturoso ensayo,
de república libre las simientes;
Bolívar el excelso en paz y en guerra,
a quien proclama justiciero el mundo
libertador, y padre, y vida y gloria
de cien pueblos valientes;
el noble Sucre, en cuyo heroico lauro,
¡oh singular, altísima fortuna!
no halla posteridad mancha ninguna.
Y vosotros también perseguidores
de los secretos de natura ¡oh sabios!
La Condamine, Humboldt, Caldas el mártir,
Boussingault… todos del soberbio Genio
en la presencia deshojasteis flores,
y con honda efusión y ardientes labios
cantasteis sus loores.

Mas, un día llegó… ¡Quién te augurara
que en el seno del tiempo aqueste día,
oh numen poderoso, se guardara
de humillación a ti, de gloria al hombre!…
¿Los veis? ¿Quiénes son ésos? ¿Qué osadía
mueve su planta a la vedada cumbre?
Son dos germanos, y el amor de ciencia
allá los arrebata… ¡Ah, deteneos!
Temed, parad; devoradora lumbre
arde en esa eminencia;
Crüel fin nos aguarda: ¡que! la historia,
¿tendrá Encelados nuevos y Tifeos?

¡Que! de la austera ciencia el ejercicio,
¿de otros Plinios demanda el sacrificio?

¿Temer? ¿Cejar? ¡Oh, no! Vedlos: llegaron;
de ellos el triunfo es ya; bajo su planta
la frente el monte secular humilla,
y erguida en el espacio se levanta
y con los lampos de victoria brilla
del campeón de la ciencia la figura.
¿Veis esa exhalación que allá fulgura
una vez y otras mil en el lejano
confín del horizonte?
Es el Genio que en vano
juzgaba eterno alcázar su alto monte,
y hoy bate en fuga las enormes alas,
y en su rápido y vario movimiento
cárdenas luces va lanzando al viento.

Del sublime espectáculo pasmada
calla naturaleza;
de las entrañas de ignoradas tumbas
las sombras surgen de la antigua gente,
y entre las nubes vagan lentamente;
alzan los muertos siglos la cabeza
pesada y polvorosa…
Delante el vencedor contempla abierta
la boca del abismo pavorosa;
aún cálido y letal aliento espira,
cual monstruo herido que en penoso esfuerzo
por intervalos al vivir despierta,
al gladiador triunfante al lado mira,
y en el inútil furor tiembla y respira.

Encima el astro inmenso
numen de luz y genitor del día,
que en majestuoso ascenso
se aproxima al cenit; el infinito
azul espacio en torno; un océano
de crespas nubes a los pies, heridas
por las del sol miradas encendidas;
y el nombre venerando en todo escrito
y visible la mano
del de los mundos Padre y Soberano.

En tanto el pensamiento
de los felices héroes de la ciencia,
vívido rayo, a par de su mirada,

al hondo seno del volcán desciende;
en la lava y las rocas busca atento
las huellas de los siglos, y la influencia
indaga, aún poderosa, aún no menguada,
de remotos y horrendos cataclismos.
Así a la inteligencia
muestran hasta los lóbregos abismos
caracteres y cifras en que se halla
la Verdad escondida
al humano saber, mas no perdida.
Ella aparece y por el mundo vuela,
el claro nombre honrando
de quien tras luengo afán hallarla pudo;
ella aparece y su beldad mirando
la Musa, que yacía en ocio mudo,
se anima, el sacro fuego la arrebata
y en himnos de victoria se desata.

2

A su paso por Ambato. (A Fernando Velarde)
I
¿Qué misteriosa magia, dulcísimo poeta,
se encierra en tu inflamado y hermoso corazón,
que el mío deleitando le atrae, le sujeta,
y al par le comunica su fuego abrasador?

¿Por qué del alma tuya la mía aficionada
quisiera a sus destinos los suyos aunar,
y en su delirio insano verse a la vez lanzada
en pos de los portentos del gran Pachacamac?

¿Será que ha dado a entrambos su sabia Providencia
idénticas las almas, el corazón igual?
¿Será que has recibido la vívida influencia
cual yo del inti sacro, cual yo de la deidad?

¿Será que ha dado a entrambos su sabia?
¿Será tal vez que gimes, cual he gemido yo?…
Tal vez en nuestras almas el cielo habrá infundido
iguales sentimientos, idéntico dolor?…

Por eso a ti me atrajo la tierna simpatía,
apenas en mi oído tu nombre resonó;
por eso de tus versos la célica armonía,
las fibras más sensibles me hirió del corazón.

¡Oh, cuánto diera, vate de tiernos sentimientos,
por escuchar tu canto sublime junto, a ti!
¡Por exhalar osado contigo mis acentos,
sintiendo en entusiasmo mi corazón hervir!

II
Mas de la patria de Hualpa,
ya, Fernando, te despides;
y a pasos rápidos mides
la tortuosa vía real.

Ya has dejado a tus espaldas
el Cotopaxi espantoso,
de los Andes el coloso,
el mustio y raso arenal.

Y bien pronto, hijo de Iberia,
henderás el turbio Guayas,
y de Olmedo allá en sus playas
la Patria saludarás.

¿Y después? ¡lanzado
en el piélago tremendo,
de tu destino siguiendo
ciego las huellas irás.

Y las hondas del océano
imagen de nuestra vida,
de hondura desconocida
trasunto del porvenir;

y ese azul inmensurable,
como del hombre el deseo,
que audaz en su devaneo
quisiera el vate medir;

esas trémulas estrellas
vírgenes del cielo hermosas,
esas nubes vagarosas
que en lontananza se ven…

Todo, todo a tu alma ardiente
dará mil inspiraciones,
y acaso mil ilusiones,
y nuevo amor, nueva fe…

Marcha, bardo errante, marcha,
sigue tu hermoso destino,
y tu canto peregrino
haz donde quiera escuchar.

Y si un mundo no te basta
para ensanchar tu poesía,
en tu ardiente fantasía
vuela otro mundo a buscar.

Pachacamac te proteja
y te dé un ángel amigo,
que vaya siempre contigo
y vele siempre por ti.

La madre luna no altere
ni el inti los hondos mares,
cuando por ellos cruzares
este mundo baladí.

Entre tanto en las orillas
de mi torrentoso río,
levantaré el canto mío
al blando son del laúd;

y entre mis índicas trovas
conservaré tu memoria
como una prenda de gloria
que adquirí en mi juventud.

libros publicados por carmen váscones, y quién le dió vida a la imaginación y al deseo de ser escritora junio 22, 2010

Posted by carmenmvascones in IMAGINACIÓN Y AL DESEO DE SER ESCRITOR? por carmen váscones, libros publicados por carmen váscones.
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¿QUIÉN LE DIO VIDA A MI IMAGINACIÓN Y AL DESEO DE SER ESCRITOR? por carmen váscones

Mi deseo afín al poetizar devela el velo de la palabra. La descodifica.  Ella hace semblante de las  ficciones o verdades.  En ese espacio construyo un autor(a), “desnudado por sus mismos lectores(as) y guarecido en el lector(a)”.

El temor a enfrentarse a la escritura  es el miedo a enfrentarse con uno.  Cada uno de nosotros es un libro a abrirse, escribirse.  Hay que descubrir ritmo, cadencia, idioma propio, una particular lectura, dejarse tocar por el esplendor del vacío, la voz del silencio, por la aparición de lo bello.

Hay que aprender a desechar para no convertirse en desecho.  Es importante ser capaz de atreverse a escriturar, a inscribir, a registrar experiencias; dejarse tocar por los retornos de la memoria, embestir el percibir. Introyectar, dejarse llevar por las impresiones más ínfimas. Exponente y proyectante de la introversión en la extroversión de ese interactuar con la embestida de la vida en el tocador de la existencia y del ser.

Siempre he escrito, soy un relato sin lápida en la escritura, no le pongo dolor a la dicha ni a lo dicho.  La fragilidad de mi existencia me da otra vida: La imaginación.

Hice un desacato a los sucesos de mi vida, soy ajena al pasado más no indiferente, ya no forma parte de mí.  Y lo que tenía que decir, ya lo desaprendí sin reprimendas.  No deseo volver al ayer, ya todo pasó, es un paso del porvenir que hizo su efecto.  De pasada estuve, pero no permití que me juegue una pasada.  Lo prendé con un presente, este lo deshizo en un verbo de guiones, trincheras  y escenarios de tiempos sin cronologías.  Lo determiné atemporal.

Escribir sin interrupción en la trama del telar donde se pigmenta  el mundo.

Volver a mí, es estar con el uno de mi ser.  Un habla sin plan preconcebido, es un escuchar la voz interior que dirige la escritura con voz propia.  Hay que fortalecerse con la vida que nos sostiene  y nos siente.

Imaginar la nada liberada de la muerte.

Crear un “control espontáneo”,  para que se dé ese otro nacimiento de la escritura con cuerpo y forma propia.  Ella su misma luz y sombra. Resplandor y asombro.

Concibo y creo mi propia concepción: “un nacimiento psíquico”.  El propósito y  la propuesta.  Puesta en escena  entre un lector y la escritura del autor, y a la vez la construcción de una propia lectura que indaga, recrea imágenes, sentimientos, pensamientos. El desciframiento del ser, dándose paso, lugar, espacio, dejándose guiar, interpelar, sorprender, sacarse de sí.  Descubrirse.  Vocalizarse.  Oralizarse.

Decirse: Soy otra u otro en la mirada y escucha distante.

Mi/la escritura es otra cosa, es un objeto sin objetivo, es un sujeto de la acción articulado a frases dibujadas en sus signos gráficos plenos de subjetividad,  es una intermediaria y mediadora que no sabe, ni yo la conozco, pero que está siempre conmigo, incluso mucho antes de que arribe al cuerpo que me gestó y del que partí.

Ella, la otra escritura se enfrenta y finiquita el sufrimiento lejano o cercano.  Hace de semblante, de tatuaje, de iconogrammas, iconografías. Inscripciones.  De algún modo, estoy marcada por pretéritos, quiéralo o no.  Salí del deletreo y del silabario.  Salí de la esclavitud de la ignorancia.

¿Dónde está la voz del otro que hizo su ciframiento en mi escritura y en mi imaginación?  Me acuerdo de los garabatos, palotes, bolitas, de planas y repeticiones insoportables. Esto era aprender a escribir, pero aquello no era todavía mis escritos literarios, ni mi lectura creadora.

¿Hay una edad de la razón para leer y escribir literatura o crear una obra  de arte?

La magia de la palabra y de la descripción se la debo a los progenitores de ambas  generaciones que hablaban a través de fíjate, había una vez, te cuento esto, dicen que esto sucedió aunque no me lo creas, esto pasa cuando tú no estás o cuando te has quedado dormida…

No me reconozco en mi ser, me induzco a reconocerme para poder portar y soportar al extranjero o afuereña que se rebelan a ser revelados.

¿Cómo eran esas voces que me hablaron en aquella infancia  donde estuve y advine? Allí soy y no soy.  Si yo fuese aquella, ¿y si no fuese ella? ¿Quién soy?  Habla alguien a través de mí. ¿Quién o quiénes?  ¿Quién no soy?

Interviene el sonido con su gesto, va impregnado de sí.  Surge el vórtice de los intérpretes cual  dibujo grabado en la alegoría de las cavernas, donde los diálogos

silabean entre pasiones y razones, entre fonemas y grafemas. Pasiones sabias en duelos de amor y saber de hechos a contarse o eternizarlos en metáforas que intentan investir

el caos y el orden del combate entre esas dos heroínas del cuerpo: vida y muerte copulando su puesto en cavernas carnales.

La angustia y la palabra asisten ese Soy que se busca, que se encuentra en un deseo insurgente de esa contradicción,  que no acepta relevos, que no cesa ni cede, que no se sitúa ni estanca, que no reside ni en lo mortal ni eterno, que es un pasajero y extranjero de la palabra, que homologa su advenir  entre lo narrable y lo poético.  El todo en el uno configurándose prescindible en la parábola dicha, transcurriendo entre gorjeos, gritos, y hablas que figuran anhelos y desciframientos humanos existiendo en el laberinto del cuerpo. Es como la respuesta de un niño cuando está con el candor del misterio ante sus propias preguntas y se responde “ ya sé donde está el corazón de la tierra, está en el centro, rodeado de fuego para que nadie lo coja ni le hagan daño”
La libertad creativa se pudre si no tiene espacios de elección, aunque tenga que reconocer que no se es libre del deseo, eso ya es otra cosa, hay que darle cabida a ese lugar que debe estar siempre despejado para el suceso del movimiento y de la aparición de la ficción.  ¿Acaso la insignia de la libertad es un sello de sangre?  ¿Un garabato?  ¿Una pisada? ¿Una voz? ¿La culminación de una acción? ¿Empezar creer, hacer, hablar?

¿Una nueva vida y una nueva muerte sin terrorismos ni globalizaciones ni deudas colonizadoras?

Retomo las voces que esperan que hable de ellas, que las dejé suspendidas en los interludios de la pleamar de los pensamientos siempre inconformes de la balanza de justicia que no cabe en la boca  trastornada de corrupción y de poderes de monopolios,

Que deciden dominios y reparticiones mezquinas en nombre de dios y de los derechos humanos y no sé que otras justificaciones letales para los que no está en el festín de los poderosos del mundo.

Aquí están ellas: de voz en voz…

La voz masculina era fantástica, una hipérbole tocando mi psique, gajos simbólicos haciendo una red de imágenes, mi imaginación era un río de metáforas desembocando en mis sentidos.  La realidad y la imaginación no tenían límites, era la plenitud de un gozo lindando con el paraíso y el infierno.  Encendí fogatas en el paraíso, y comí manzanas con lucifer.   Habité una zona netamente franca.  Ni siquiera había fisura en el relato del hablante ni en el cuento de su contador. El espacio era un escenario en eterno movimiento donde se podía  entrar y salir, la muerte en el “mundo de las evidencias” era inevitable; pero en el campo de las visiones, -allá, allí, aquí-, el ave fénix no tenía que convertirse en cenizas para volver a nacer. Era suficiente una palabra para…

Los sonidos eran vocablos indivisibles, no tenían líneas  imaginarias, peor fronteras. Entre la imagen y la realidad palpable las palabras formaban parte del argumento pero no del nuevo aprendizaje, la apropiación del lector(a) hacía otro escrito simultáneo en la vida inventada, que importa sí con acierto o desacierto..  No había división entre el contador/inventor de todo “eso” y la escuchadora  atrapada en la fascinación de la fantasmagoría  que la hacía zambullirse en eso que veía en su imaginación y a la vez quería comprobarlo en la llamada realidad del común denominador.

A veces perseguía  el encuentro con insomnios,  ese mundo mágico trajo la vigilia,

nunca podía confirmar la historia, tenía muchas versiones orales, siempre  con los mismos protagonistas, sus personajes cambiaban de roles.  En el camino esa voz de hombre conforme avanzaba, construía su mito y  hechos.  Descontaba la vida como desgranar una mazorca contra el tiempo y el viento. No había guerras ni pleitos teñidos de sangre; ya la realidad tenía demasiada corrupción, demasiada cloaca y basura.  Estaba demás echarle pólvora a la fantasía. Había un anhelo de purismo y contacto con deseos creadores.  El creador no tenía placer en culpas, ni creía en recetas del bien, ni nadie se quedaba en el limbo, ni purgatorio.  Nadie tenía que confesarse.  El simplemente empapelaba de sonoridad la escucha que se convertía en grandes pinturas y voces que se apropiaban de cuerpos y objetos. Era una invitación  sin escapatoria para encontrarse.

Alguna vez, tenemos que darle la bienvenida al deseo, que es un asunto de humanos solamente.  Aventurado sea quien lo logra y desdichado sea quien su verdad no sea dicha.

Alguien me llama para que sea otra.  Vez primera de algo sin semejanza.

En cambio la voz femenina era un sonido fragmentado.  Era un todo en diferentes partes, contenía una voracidad y fuerza inexplicable, un deseo de ir a ninguna parte,  pero quería estar en todas partes.  Quería ser el todo.  Rivalizó con dios. Al demonio se lo metía en el delantal, con el fuego que rescató de las tinieblas y los alimentos del edén hizo banquetes para sus oyentes que eran sus invitados escogidos.  Solo por puro placer convidaba los secretos, el suspenso y la sorpresa.  De su boca salía el mundo con su tragedia, ambiciones, otros hallazgos y desamores. Todo era posible, nada le estaba negado.  El castigo y el temor era una diversión insaciable en el toque y remate de sus historias.  Siempre  aparecían diferentes personajes.  A veces parecía una bruja insoportable y envidiosa; otras una reina egoísta, queriendo reinar sola con el hombre de sus sueños,  por siempre de los siempre, y no sólo eso, sino que quería de esclavo al resto del universo.

Había también madres que se comían a los hijos, mujeres que sufrían toda la vida por no saber quiénes eran.  También, hubo la que desobedeció a un dios y se convirtió en rana, otra que por mentir se le cayó el cabello.  Otra de tantas,  la quemaron completa por descubrir el amor en el jardín vecino.  Y de aquella que murió asesinada por su marido porque la encontró con no sé quién dentro del taller de costura cosiéndole el botón mientras él susodicho rival fumaba con el dorso desnudo.

También contó en una de esas tantas veces miles lo de los cuatro niños que murieron juntos porque el fuego los atrapó en su casa de caña en alto, ninguno pudo salir ni saltar por la ventana.  La foto del diario, dejó ver cuatro cuerpecillos abrazados totalmente carbonizados.

Los recuerdos de los conocidos no se quedaban atrás, la retahíla de hechos a veces parecía interminable, e historias sin fin ni que ocho y medio de Fellini ni tintas medias.

¿Qué será de Amada? La que se enamoró de Macaco, un estibador que trabajaba en un puerto y se resbaló con caja y todo y cayó rompiéndose la crisma y la vida entera. Desde ese entonces sus ojos que eran dos canicas verdes perdieron su color para tornarse apesadumbrados debajo de unas pestañas que ya no sostenían la mirada.

¿Dónde estará Lucía?, la que se enamoró del albañil que le enlució los sueño que compró dos circulitos de oro como alianzas camino a la iglesia, y que en un santiamén ella se las aventó en la cara, y no dio explicación.  No hubo más, cada uno por su lado, ni boda ni nada, sino un silencio.

Y la del jovencito que compró un bebé de felpa para su primera enamorada, y los ojos de su madre celando como una Medea…

O el de la niña que no le gustaba jugar con las muñecas y les sacaba los ojos, la misma niña que no le gustaba mirarse en el espejo porque cada vez que se asomaba no aparecía su imagen, y esta misma pequeña que no podía ni esconderse en la realidad ni en la fantasía porque la voz femenina se le aparecía congelada y disfrazada como medusa para quererla paralizar y así sólo la escuche y obedezca a ella.

En fin, al cruzarse esas dos voces, la masculina y la femenina, se hizo una; ya fusionadas, encontró su puesto en el diario, que anotaba en el cuaderno imaginario hecho de desechos y restos útiles todavía…

Así aprendí a leer y abrir los misterios ocultos guardados, robé las llaves de la biblioteca para apropiarme a toda costa de lo que contenían esos libros resguardados para que no se deterioren, yacían amenazados por la humedad  y la soledad, por el abandono y un sello de agonía. Los deshojé en más de mil y una noche.

Han quedado muchas vueltas atrás, no hay retorno posible, hay un punto de razón que circula, hay un círculo que se desprendió de la perfección.  Hay un relato pendiente…

¿Qué rostros y rastros tenían los libros de mi infancia? ¿El secreto de los libros y las preguntas de mis deseos ocultos dónde están? Tanto lío entre letras, oraciones, párrafos, signos de puntuaciones,  parecía que nunca iba a prender a leer eso que despertaba curiosidad, cuando lo contaban sin tanto papel e indicaciones de lee bien, repite, comienza de nuevo, así no, rebeldía, cansancio, aburrimiento y por dónde iba.. .

Una cosa era escuchar el cuento y otra leerlo, eran como dos mundos, dos momentos, dos encuentros. Tuve que aprender a escucharme. Es así como al ir creciendo envuelta  en la magia de la palabra tanto oral como escrita, me dejé llevar hacia ese otro mundo: el de la imaginación y creación.  Es así como en mis manos tuve la vida y la muerte, el tiempo y el espacio, el nacimiento y la vejez.

Ahí jugué y confabulé con la verdad, vi al yo y al otro: YOTRO Y YOTRA  enfrentado con la mirada inevitable. Escuché y devolví la visión a la palabra que desmitifica a la eternidad y el sufrimiento.  Sentí el infinito tocando el cuerpo que envejece y muere.

De ahí para mí que las fábulas, las leyendas, y la vida misma como literatura es mi salvoconducto para amortiguar lo insoportable: esto es, enfrentarme con lo mortal y así poder sostener la alegría de vivir como un regalo humano insobornable e incorruptible.

¿Qué puedo decir de este presente inmediato? Tal vez, que, aún me siento, y aún el caudal de eslabones aparece disfrazado de incógnitas.

Parece que en una de mis otras vidas fui la esfinge y el oráculo, fui la arena del desierto, quizás parte de la sombra de los misterios y el misterio mismo develado: el llanto y el dolor de la esfinge cuando se despeña entre las rocas al ya no poder sostener los enigmas porque se agotaron las preguntas y los secretos…  ¿Se podrán inventar otros?

Carmen Váscones

4/septiembre/2002

SELECCIÓN DE POEMAS DE SU LIBRO “EL ACTUANTE O UNA VIDA INNOMINADA” DE CARMEN VÁSCONES junio 21, 2010

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DEL LIBROEL ACTUANTE  O UNA VIDA INNOMINADA” (inédito)

33

Cercanamente lejos

la máscara se deshace

en la ácida tristeza.

34

En algunas ocasiones

andamos a la caza del poder

y terminamos en la mira.

35

El amor es una tensión

plena de acción:

su debilidad

Su desafío:

continuar

y dejar de someter

¿Quién acepta ese riesgo?

36

La historia: un testigo real

de la descomposición del mundo

La vida una composición permanente.

37

Mi cuerpo: un espacio

donde la vida

refugia al verbo.

38

La metáfora: esplendor del vacío

el movimiento su forma

Me suicido en metáforas.

39

¿Horror tienes tristeza?

no lloras jamás

¿A quién perteneces?

40

En el vestíbulo del cuerpo

la otra escena aplastante:

El caos y la gloria del dolor.

41

La creación no cesa su pugna

sus ganas de ser sobre todo

Huella propia

al margen de toda duda.

42

Escribo sobre hallazgos  de una vida

En mi cuerpo retaguardia del tiempo

Invento su origen

Estoy marcada por un instante

casi inmaculado casi pagano

Gozo la erótica

Su hermosa existencia

dentro de mí

fuera de mí.

43

La caída de la razón

pareciera un diminuto instante

Callando al vacío

Suplicándole

convenciéndolo

asegurándolo

No existe libertad radical

ni siquiera alguna.

44

El rubor de dios se deja sentir y mirar

al descubrir que el amor no es suficiente

para saberse acompañado.

45

¿Amor humano dónde estás?

¿fuego constante cuento contigo?

¿dónde continúas si desapareces?

Ya eres peligro en mis  entrañas

no pierdas tu origen

Da tu señal para que siga tu rito y te alcance

Solo soy cómplice de la vida en su aventura

no te dejes  exterminar

A veces son inevitables los percances

La desolación y la inmisericordia

son como una ciudad bombardeada y sitiada

o como un niño parido en pleno ataque

¿Acaso los escombros son signos de desprecio?

¿Qué piensa el que dirige los golpes

y todo tipo de crueldad?

La guerra: una razón que no soporto

Cambiemos el discurso   y dejemos  de justificar

claro que importa el medio para llegar al fin

Basta eso de que por amor salvamos

o sometemos al mundo o impongo como sea

¿Eso qué es?

46

La razón huye

del cuerpo humanamente bello

esplendoroso e irreverente

Se despoja de toda ligereza.

47

El olvido vuelve encarnado en la palabra

divinamente expuesta en el acontecimiento:

la imperfecta vida

deseando saberse habitada

creyéndose revelación

en quien la posee

Jugándose un destino

de dicha o fatalidad.

48

La hoz de la luna

huella con su resplandor

en la historia del mundo

la de cada uno.

Refleja el momento tuyo

Pareces un niño soberano

jugando con la palabra

en plaza y jardines

de no se qué pueblo

más tarde ciudad…

49

El otro reino:

la imaginación crea

un dios en el cuerpo

Amado sea

¿te importa la muerte?.

50

La inocente profecía humana

acoge la imagen como un milagro

rebozante y encarnada

¿solo de amor?

51

Hago mía la pura aparición

de la forma sin cuerpo

Sobresale sobra sale sal

Ahora somos dos

dignos para entrar

a lo ingenuo de la vida

¿existirá eso?

Exponerla sin pretender nada.

52

Desprendida del dolor la pasión por la muerte

se envuelve en el sudario como si

fuera la esposa de un rey sin sucesor…

El hijo del hombre vuelve a escribir en la arena

Los demás miran

esperan una palabra suya

con furia echan  piedras

En el silencio del desierto se escucha

caer cada una

-La mujer desfallece entre levaduras de fuego-.

53

¿La muerte hospeda la fábula de la vida

o la vida hospeda la fábula de la muerte?

54

El goce del principio desde la creación

prodigio de la imaginación

enigma de dios en mi palabra.

55

Para salvarse hay que morir

y solo se logra viviendo

¿Quién lo sabe?

-¿y eso es un sermón?-

56

La palabra no se deja atrapar

en el mercado de la traición

la cara de treinta monedas

riega sus lágrimas

¿Quién le cree?

Y sin embargo conmueve

el destrozo de la ira

trazo de quién

Place devolver

Eso de ojo por ojo

diente por diente

bala por tí

-Solo lo pienso-

Jamás pongas

ninguna de las  dos mejillas.

29

La emancipadora

no tranza con el explotador

La quiso dominar con su amor

-Ella- escogió su libertad

No se siente sierva

ni del amo ni del esclavo

desprecia esos opuestos.

30

Toda insumisa

provoca permanentemente

rebelión a la razón

Destapa los sesos al saber

Sin rendirle culto

lo desnuda por puro placer.

31

Sediento de gloria

se inmortalizó

Nadie lo supo

ahora no existe

Y los otros

no se han enterado.

32

Separarse de la sombra

cuando el atardecer se confunde

con lo que deja de ser común:

Nunca fuimos uno.

33

Un insomnio como luna llena

junto con su resplandor me empachó.

34

Mantengo a raya a la muerte

para que no distraiga a la vida

algún día seré su presa

para entonces ya no estaré.

35

Ocupo mi cuerpo

no hay vacante.

36

La vida: una ruta

para contarla

algún día

como los  cuentos

había una vez

¿A veces muchas nadas?

¿casi ninguna?

Deja que cuente.

37

Cercanamente a un paso

pero la prisa aleja

De vez en cuando detente.

38

Tejo en el vacío la creación

anido el génesis de una infancia

que juega aún.

39

Ella: un paisaje de alegría

cuando el vacío no la asusta

40

Nunca he podido competir

ni con la muerte

ni con la vida

No he hecho

de mis verbos

una carrera

Para no agotarme

en la farsa

del triunfo.

41

Mi nacimiento no me prometió la felicidad

tampoco fue una desgracia

Quizás un desagravio

para la madre naturaleza

Quizás una composición

a empezar

Quizás un nombre

con su propio jardín

Me llaman carmen:

Ilusión

huerto

verso

En fin soy

la estrofa de mi vida.

SELECCION DE POEMAS DE LA MUERTE UN ENSAYO DE AMORES, CON/FABULACIONES, MEMORIAL AUN ACANTILADO Y AGUAJE DE CARMEN VÀSCONES junio 21, 2010

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I PARTE DE LIBRO  “LA MUERTE UN ENSAYO DE AMORES”

1

He venido del mar

y no de la boca de los hombres

que engendraron mis hijos

con la brutalidad de sus gestos

Han enterrado mi presencia

no sé quién soy

Regreso a la ternura de la ola.

2

Quien ha visto llanto al mar

cuando sueña el naufragio

Quién ha visto sollozar al mar

tras la roca

Quien ha visto lágrimas al mar

para dar de beber al navegante

Quién ha visto llover al mar

junto al ahogo del amante

Quién ha visto salibar al mar

la piel de sus dios

Quién ha visto sudorar al mar

la posesión de su cantor

Quién ha visto traicionar al mar

ante la mirada de otro espejo

Quién ha oído al mar

La perpetua orgía de su voz.

3

Refugiado el crepúsculo en los rezagos de la duda

los garabatos del sueño se apropian de la forma

La autora recoge el telón

A un lado la foto del mar

donde la gaviota ignora su espectáculo

Imagino su muerte

Golpea la necedad en el vaivén de su fin

agarro su vuelo su aliento sus ojos mortales

sólo un grito queda

lentamente cae

sus alas envolviéndome

mi tempestad no acaba

un punto descendió más allá de toda espera

el último movimiento se desprende de su cuerpo

siento reventar la ola en mi vientre

El candil consumió la luz

el mar no devuelve la vida

Siglos de pasión advienen al hombre

Goza ilusiones de posesión

encadenado al regreso temporal

el dolor y la ternura por el resto de sus días

Perezco en el dibujo

me dejo llevar por el principio

Debuto en la madriguera de la ficción

única espectadora.

4

La esfinge seguía la huella del errante

concibió un enigma

trazó un rasguño en su paladar

rodeó con gritos el desierto

gestó su lengua para un ausente

extraño displacer conmovió su origen

empezó a oír el eco del manantial

ajena a su nombre se pregunta quién es

derriba la indiferencia

por primera vez a su mirar le acompañó el sollozo

el espejo nunca quiso ser su confidente

el viento llevó su voz hacia el destierro

la apropiación del ser anuncia la evidencia

la aparición del acto despeja el camino

Vieron sé en el balbucear naciente

aliento sonoro del gesto hecho acento

en el descenso a lo perverso reconoció al hombre

Huyó a sus brazos

mordió el placer

la rodea con su ternura

El nocturno se agolpa entre piel y piel

la tormenta fue su música

excavan el encanto

sus cuerpos un éxodo

Entre ambos la intimidad mortal.

5

Detenida en el borde del mal

significo la ternura

contienda mortal de lo divino

la atracción se lanza a conjeturas

envuelto lo intemporal al vestigio

fiel a lo diferente

atrapo eternidades insinuadas

dejo los indicios entre palabras

todo es recorrido  del tiempo

atrapado en la memoria

La certeza y el veredicto los cumplo en mi cuerpo

Asisto a los actos del sueño

primicia de mi deseo

el teatro en mi ser obra su prisa

repito la escena

La muerte un ensayo de amores.

II PARTE DE LIBRO  “CONFABULACIONES”

6

La apropiación surca los cuerpos

sostiene los atavíos del remolino

ese gran vacío que ha conquistado el terror pero no su muerte

es el único que profanará los cantos del silencio

de aquel hombre que estuvo atento a la voz

que surgía como sueño perdido

de un amor caído a un gran anhelo

El miedo aparece

como dolor incierto en cada cuerpo

no se deja morir

pelea con la nada

mata hasta la misma muerte

Los hijos del deseo

no copularán con la pupila del alma

nacieron antes de la cruz

esas son sus maldiciones

el infierno no existe en ellos

existe la vida

y eso es lo más terrible.


7

Cada sombra declina con la muerte

el alivio del rocío será cualquier lugar

¿Quién antecede y precede el descanso?

¿quién desató el universo?

¿quién atentó contra el pudor?

¿quién prolongó la risa de la bestia?

Resuena el instinto como mar

culmina la otrora

entre los nómadas del deseo

La hamaca consume fugas desmanteladas

la frecuencia abraza al insomnio

sobre la retina la vela

remata el silencio

Los desafueros un instinto acallado

el desasosiego escarba su embestida

el verbo perece en los indicativos del prisma

tras la orilla de la voz un desecho de eternidad

Entre la razón y Dios

¿Quién es espectro de quién?

El coro danza un canto que se ausenta

“no puedo escapar a mi propio retorno

no puedo huir de mí ni con la locura”.

8

Salpica el esperma como bala

tras los estremecimientos de la ciudad

una mujer atrapa la lujuria

desnuda de evangelios

Martirizan los anhelos cual masacre

morando el azar de los decapitados

inquisidores rodean los abismos de sus espectros

exultan sus vidas bajo la carpa de la muerte

esparce el velo perdido la resaca de un instante

cual reo del presente una respiración contenida

entra el último crepúsculo a los letargos de la vida

que lentamente caen sobre la arena

un conjunto vacío acompaña los interiores

la conciliación a la que cada cual aspira no existe

solo morir y vivir lo suficiente

Se entrega la ramera al tótem del mundo

El pregonero anuncia caídas de dolores

el soldado apunta a Dios

algo cae del cielo

el niño hace un hoyo en su patio

la caja de zapatos poco a poco se va perdiendo

el mismo niño juega con otros

la escena se repite

se contorsionan sobre el círculo del juego

inundan la imagen con ademanes

a culatazos persiguen al tiempo

escapan del sueño con otro sueño

acorazados siguen

los intrincados contornos de sus interiores

Haz de tu cuerpo una guarida del desierto

profana la risa de los violines

atormenta la noche con luz

embiste con ternura el otro cuerpo

siempre como última vez

No hagas de ti un sepulcro de amores.

9

Los devotos de la muerte

abren las piernas al tótem

dazan alrededor del sacrificio

depositan el placer como ofrenda

el terror deja de estar como búho incierto

Alguien bebe y come el interior del enemigo

mientras ella ejecuta una nueva pasión

El altar derrama toda la sangre del mito

de una en una caen las piedras

Dios es una imagen perversa del frenesí

los poseídos de la fe agonizan

una cruz separa al mundo

los adoradores del dolor copulan más crímenes

espasmos desvastadores ahogan el falo

Un látigo azota la ilusión

el alma tiene cuerpo de mujer

¿quién la resiste?

fieles a la recomendación rehúsan

el cáliz de salvación

redimidos solo en sueños

sus amores han dejado de perseguirlos

no hay promesa para la aurora

la emboscada del mundo desata su tormenta.


10

Para cuando la ausencia te haya devorado con ausencia

no hables de sentimientos

habítalos

sé el movimiento

desde el otro lado tu propio acontecimiento

no ahogues la elección del espectador

la confesión está huyendo de su única máscara

la muerte está echada en el centro puntual de la vida

Conjetura al otro

mientras poseas la nada

la palabra impedirá tu suicidio volver al espejo

estás en la pupila de cada quien

tu padre nunca coronará tu nombre

de lo único que no te privarán es de tu muerte

acicala la brevedad del mar

otra ocasión para el asesinato

morirás en uno de los días que naciste

comparsa la huella

mortalmente tierna asienta su pisada

el cuerpo axioma la indolencia

desfallece

entre tanta herejía los arrobamientos

la tormenta apergaminada se extingue sobre el océano

el verso se adentra como ficción de verano.


III PARTE DE LIBRO “MEMORIAL AUNA ACANTILADO”

11

La guerra una orgía más

cubierta de uniformes

un olor a sangre aguarda

sudores desiertos

guardan su descanso

un sudario blanco cuelga

El Sepulturero carga el hastío

Atrás la muerte cuan libertina

deseosa de toda vida.

12

Sumida y derrotada la mirada

el gene inaugura su triunfo

Deja de gritar la esfinge

el mar sale por sus ojos

declina su palabra sin eco

La fosa de su amante atrapa a Narciso

El resplandor culminó su encantamiento.

El cofre recogió su debut.

13

La duda de la duda huye

tiene miedo del miedo

¿Dónde estás deseo?

¿Acaso solo con tus cerillas y vigilias?

¿Quién arriesgó encontrarse contigo?

El fragmento de un rocío partido

atraviesa la tempestad

(nuestros cuerpos una liviandad interior)

De tanto morir solo eternas alucinaciones.

14

El cielo la tierra

un mismo instante

un solo espacio

uno solo

Tú.

15

¿Cueva de mi existencia

te comunicas acaso

con el tragaluz del sueño?

Fantasmagórica voz vacía

siento tu muerte escurridiza.

16

Uno dijo a dos

¿por qué después?

Dos dijo a uno

¿quién antes?

17

La sagrada angustia del absoluto

limita un cuerpo

devota al umbral de lo pagano crea en él

venera una muerte otra luna al tercer día

la salvación del deseo su fe

(Aliento de nada)

Ama una ausencia

un resto un signo un nombre

alguien habla de ella

¿quién en él?

Los que creen en mí dejan oír el coro

Él:

desea el amor del prójimo

desea la muerte del prójimo

desea lo ordeno

Ella:

hasta que la muerte los una

hasta que la vida los separe.

18

Atraigo convicciones

certeza leva una moción

distraigo costumbres

no hay estragos ni residuos de moral

intercepto pasiones eso es todo

Dilato ideogramas

profeso disoluciones

labro presentes a cada paso

Hago casualidades demoras intencionales

resuelvo indicaciones insospechadas

suelto la rueca pegada a lo siguiente

aposento dominios

Desprivo la condición del dictado asesino

Hago intimidad de vida

solo intimidad de vida

Ya no me deslumbra ni la misma nada.

19

El solista trepa sombra de un ideal

olvidos evaporándose

tregua pasajera la herejía del amor

el anhelo incrustado al cuerpo

La eternidad un destello perdido

entre tatuajes y pretéritos

Un sabor a leche materna queda

en comisuras de la infancia

Acorralada en cuentos de bailarina

tragedia de Edipo

El enigma:

una danza prohibida en cada cuerpo

Un cofre coral acuna juego del deseo.


IV PARTE DE LIBRO “AGUAJE”

20

Fuimos barricadas

fuimos invasores

nuestros cuerpos

tierra propia

Fuimos rebeldes

reacios a desertarnos

Por un instante

todavía libres

Eje contra eje

polo contra polo

Somos aún

atentado de amor que nos concierne.

21

Escribo sobre hallazgos  de una vida

En mi cuerpo retaguardia del tiempo

Invento su origen

Estoy marcada por un instante

casi inmaculado casi pagano

Gozo la erótica

Su hermosa existencia

dentro de mí

fuera de mí.

22

Yo la cumbre de la soledad

reina de mi fondo

mixtifico mi aislamiento

lo protejo en homenaje

al embrión que fui

Acariciadora

antagónica del espacio

tu eres el vértigo del caos

jamás podrás ser ángel

ni derribar la torre de babel

ni volver a las escrituras

Nadie sacrifica nada

La amenaza y el fin del hombre

la ejecuta él mismo

con su impaciencia y ansiedad

de hereje

asido en el cuerpo de la inquisición

todo su goce y sufrimiento promiscuo

En el olimpo de la infancia

una pureza perversa:

mi imagen femenina

y mi lealtad a ella.

23

La rigidez de la nada

parece un todo confundido

en la boca humana.

24

Dios una metáfora turbia

en la sangre de la razón

(suturo la realidad con mi fantasía).

25

Mi eros llama distinta y hermosa

no está en ningún culto

-ese su misterio –

26

Soy una gramínea del éxodo en mi origen

columpio el vacío anclado desde mi infancia

– total –

Soy una corona de gloria

olvidada en el nicho de mi boca.

27

Tú  razón de la mía

tocas el agotamiento

del deseo

(mi permanencia)

– Contraste –

Una vez vacía la alegoría

solo espero quedar

como un diálogo de Sócrates

recogido por su discípulo fiel.

28

Ella desoculta todo

– nada se le escapa –

en su palabra el humano es descifrado

hace de los deseos la celada

de su contrincante el ghetto de la muerte

del cuerpo cuna y nicho del advenir

29

Orgía ígnea

ignoras el agua

arrastras la simiente

a mi matriz apocalíptica.

30

Ser valiente

es señalar la desnudez

en toda su fragilidad:

un recién nacido.

31

Hay veces amor

que parecieras

boca de recién nacido

buscando

el pezón de la madre.

32

Hombre no conoces

al que hay dentro de ti

por eso lo vigilas

en tu cuerpo lo atrapas

solo te encuentras

con la encantadora desafiante

desalmada misma dueña

se te abalanza osada

invicta de todo

en la creación eterna

nadie se le escapa.

DOLORES VEINTIMILLA, JUAN LEON MERA, NUMA POMPILIO LLONA junio 21, 2010

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DOLORES VEINTIMILLA DE GALINDO

(1829- 1857, Quito)

1

ANHELO

¡Oh! ¿dónde está ese mundo que soñé allá en los años de mi edad primera? ¿Dónde ese mundo que en mi mente orlé de blancas flores…? ¡Todo fue quimera! Hoy de mí misma nada me ha quedado, pasaron ya mis horas de ventura, y solo tengo un corazón llagado y un alma ahogada en llanto y amargura.

¿Por qué tan pronto la ilusión pasé? ¿Por qué en quebranto se trocó mi risa y mi sueño fugaz se d isipó cual leve nube al soplo de la brisa…? Vuelve a mis ojos óptica ilusión, vuelve, esperanza, a amenizar mi vida, vuelve, amistad, sublime inspiración… yo quiero dicha aun cuando sea mentida.

2

QUEJAS

¡Y amarle pude!… Al sol de la existencia se abría apenas soñadora el alma… perdió mi pobre corazón su calma desde el fatal instante en que le hallé Sus palabras sonaron en mi oído como música blanda y deliciosa; subió a mi rostro el tinte de la rosa; como la hoja en el árbol vacilé. Su imagen en el sueño me acosaba Siempre halagüeña, siempre enamorada; mil veces sorprendiste, madre amada, en mi boca un suspiro abrasador; y era él quien lo arrancaba de mi pecho, él, la fascinación de mis sentidos; él, ideal de mis sueños más queridos, él, mi primero, mi ferviente amor.


Sin él, para mí, el campo placentero En vez de flores me obsequiaba abrojos; sin él eran sombríos a mis ojos del sol los rayos en el mes de abril. Vivía de su vida aprisionada; era el centro de mi alma el amor suyo, era mi aspiración, era mi orgullo… ¿por qué tan presto me olvidaba el vil? No es mío ya su amor, que a otra prefiere; sus caricias son frías como el hielo. Es mentira su fe, finge desvelo… Mas no me engañará con su ficción… ¡Y amarle pude delirante, loca! ¡No! mi altivez no sufre su maltrato; y si a olvidar no alcanzas al ingrato ¡te arrancaré del pecho, corazón!

3

A mis enemigos:

¿Qué os hice yo, mujer desventurada/ Que en mi rostro,  traidores, escupís/ De la infame calumnia la ponzoña/ Y así matáis a mi alma juvenil?/ ¿Qué sombra os puede hacer un a insensata/ que arroja de los vientos al confín/  Los lamentos de su alma atribulada/ Y el llanto de sus ojos ¡ay de mí!/  Envidiáis, envidiáis que sus aromas/  Le dé a las brisas mansas el jazmín/?/  Envidiáis que los pájaros entonen/ Sus himnos cuando el sol viene a lucir?/ ¡No! no os burláis de mí sino del cielo…/ Que, al hacerme tan triste é infeliz,/ Me dio para endulzar mi desventura/ De ardiente inspiración rayo gentil./ ¿Por  qué queréis que yo sofoque/ Lo que en mi pensamiento osa vivir?/ Por qué matáis para la dicha mi alma?/  Por qué ¡cobardes á traición! me herís?/ No dan respeto la mujer, la esposa,/ La madre amante a vuestra lengua vil…/ Me marcáis con el sello de la impura…/ ¡Ay! ¡nada, nada! respetáis en mí!

4

DESENCANTO

¿Por qué mi mente con tenz porfía

mi voluntad combatge y obbstinada,

tristes recuerdos de la infancia mía

ofrece a mi memria infortunada?

¿Por qué se cambia el esplendente día

en mustia sombra del dolor velada,

y a la sonrisa de inocente  calma

sucede el llanto y la ansiedad de mi alma?

Las puras flores que mi cien orlaron

de mi frente fugaz se desprendieron,

y cual sombra levísima pasaron

en pos llevando el bien que me ofrecieron.

Sólo las horas de dolor quedaron,

Las horas del placer nunca volvieron,

y de mi vida en el pèrdido encanto

sólo me queda por herencia el llanto.

Yo era en mi infancia alegre y venturosa

como la flor en el céfiro acaricia,

fascinada cual blanda mariposa

que incauta goza en férvida delicia,

pero la humana turba revoltosa

mi corazón hirió con su injusticia

y véome triste, en la mitad del mundo,

víctima infausta de un dolor profundo.

*JUAN LEON MERA (1832- 1894. Ambato)

1

EL GENIO DE LOS ANDES (Canto a los ilustres

viajeros M. M. Wilhelm Reiss y Adolph Stübel,

con motivo de su ascensión al Cotopaxi y

al Tungurahua.)

En otros tiempos los sublimes vates,
del estro divinal arrebatados,
dioses y héroes cantaban, en combates
estupendos mezclados,
cuyo espantoso estruendo
hasta el trono de Jove estremecía;
o bien, de audacia llenos, impetuoso,
raudo vuelo rompiendo,
a las etéreas esplendentes salas
con ellos se encumbraban, y su canto
con el canto de Apolo competía;
o, depuestas las galas
del divino festín, a la sombría
mansión bajaban del eterno llanto
y el blasfemar eterno del precito;
y ¡oh portento inaudito!
treguas la magia de su lira daba
al tormento infernal. La antigua Musa
tal era; el universo reverente,
inclinada la frente,
cuanto la voz pïeria le anunciaba
fanático adoraba.
Mas, ahora, la humilde Musa andina,
dichosa cuanto humilde,
más noble tema a su cantar alcanza;
siente en el corazón llama divina,
hierve su sangre, exáltase su mente,

su mirada chispea
cual de águila caudal a la febea
lumbre, su mano treme y se abalanza
al acorde laúd, púlsale, y notas
nuevas al viento y armoniosas lanza.

¡Genio de las ignotas,
altas, inmensas, mudas soledades!
¡Genio de las igníferas montañas!
Tú, Genio de los Andes, Genio anciano
como el dios que preside las edades!
¡Tú, cuyo imperio del glacial Océano
Septentrional al Cabo se dilata

que al Sur el mundo de Colón remata!
¿En dónde, en dónde estás? ¿Por qué enmudeces?
Alza, yergue la frente. ¿Qué profundo
pasmo suspende tu inmortal aliento?
Álzate y habla… ¡Oh Dios! ¡quién lo creyera!
Vencido el numen de los Andes yace,
su mansión profanada…
¡Oh feliz vencimiento!
¡Santa profanación! Una y otra era,
y otras y otras rodaron sobre el mundo,
como de mar airada
tumultüosas ondas: mas, ninguna
de la humana osadía ejemplo muestra
semejante al que ahora
propala ya la fama voladora.

Reinaba el Genio; en majestad terrible
su faz resplandecía;
su níveo trono, al hombre inaccesible,
Naturaleza levantado había,
cuando a ostentar sus juveniles fuerzas,
en fiera convulsión, de sus entrañas
hizo brotar montañas tras montañas,
y los Andes se alzaron estupendos.
Desde allí su dominio al Continente
tendió que el Grande Océano
y el mar de Atlante en cerco inmenso guardan,
desde allí vibra su potente mano
la tempestad rugiente;
y hace que atroces los volcanes ardan
que el seno de la tierra se estremezca,
y entre montones de funestas ruinas
el ser humano mísero perezca;
desde allí ha visto ¡oh cuántas,
cuántas generaciones
rodar vertiginosas a sus plantas,
cual llevadas, de raudos aquilones,
de eternidad en el abismo a hundirse!
¡Cuántos reyes y locas ambiciones,
sangrientas guerras, crímenes, violencias
de conquistas audaces! ¡Cuántos nombres
en el ingrato olvido confundirse!
¡Cuánta infamia vivir! y ¡cuántos hombres
diversamente grandes… Moctezuma,
de trágica memoria;

Huaina-Cápac, del sol hijo felice;
Atahualpa, inmolado a la codicia
de un invasor; Colón, a cuya suma
inmarcesible gloria
ni aún el brillo faltó que la injusticia
da, persiguiendo el mérito eminente;
Cortés, cuya luz clara
fuera mayor si al lauro de guerrero
el de conquistador no se enlazara;
Pizarro, si no un héroe, aventurero
sin rival en la historia;
Las Casas, que a borrar con pías manos
vino el crimen que obraron sus hermanos;
Penn, de severa probidad modelo;
Franklin, audaz sojuzgador del rayo;
Washington inmortal que trajo al suelo
de América fecundo,
en venturoso ensayo,
de república libre las simientes;
Bolívar el excelso en paz y en guerra,
a quien proclama justiciero el mundo
libertador, y padre, y vida y gloria
de cien pueblos valientes;
el noble Sucre, en cuyo heroico lauro,
¡oh singular, altísima fortuna!
no halla posteridad mancha ninguna.
Y vosotros también perseguidores
de los secretos de natura ¡oh sabios!
La Condamine, Humboldt, Caldas el mártir,
Boussingault… todos del soberbio Genio
en la presencia deshojasteis flores,
y con honda efusión y ardientes labios
cantasteis sus loores.

Mas, un día llegó… ¡Quién te augurara
que en el seno del tiempo aqueste día,
oh numen poderoso, se guardara
de humillación a ti, de gloria al hombre!…
¿Los veis? ¿Quiénes son ésos? ¿Qué osadía
mueve su planta a la vedada cumbre?
Son dos germanos, y el amor de ciencia
allá los arrebata… ¡Ah, deteneos!
Temed, parad; devoradora lumbre
arde en esa eminencia;
Crüel fin nos aguarda: ¡que! la historia,
¿tendrá Encelados nuevos y Tifeos?

¡Que! de la austera ciencia el ejercicio,
¿de otros Plinios demanda el sacrificio?

¿Temer? ¿Cejar? ¡Oh, no! Vedlos: llegaron;
de ellos el triunfo es ya; bajo su planta
la frente el monte secular humilla,
y erguida en el espacio se levanta
y con los lampos de victoria brilla
del campeón de la ciencia la figura.
¿Veis esa exhalación que allá fulgura
una vez y otras mil en el lejano
confín del horizonte?
Es el Genio que en vano
juzgaba eterno alcázar su alto monte,
y hoy bate en fuga las enormes alas,
y en su rápido y vario movimiento
cárdenas luces va lanzando al viento.

Del sublime espectáculo pasmada
calla naturaleza;
de las entrañas de ignoradas tumbas
las sombras surgen de la antigua gente,
y entre las nubes vagan lentamente;
alzan los muertos siglos la cabeza
pesada y polvorosa…
Delante el vencedor contempla abierta
la boca del abismo pavorosa;
aún cálido y letal aliento espira,
cual monstruo herido que en penoso esfuerzo
por intervalos al vivir despierta,
al gladiador triunfante al lado mira,
y en el inútil furor tiembla y respira.

Encima el astro inmenso
numen de luz y genitor del día,
que en majestuoso ascenso
se aproxima al cenit; el infinito
azul espacio en torno; un océano
de crespas nubes a los pies, heridas
por las del sol miradas encendidas;
y el nombre venerando en todo escrito
y visible la mano
del de los mundos Padre y Soberano.

En tanto el pensamiento
de los felices héroes de la ciencia,
vívido rayo, a par de su mirada,

al hondo seno del volcán desciende;
en la lava y las rocas busca atento
las huellas de los siglos, y la influencia
indaga, aún poderosa, aún no menguada,
de remotos y horrendos cataclismos.
Así a la inteligencia
muestran hasta los lóbregos abismos
caracteres y cifras en que se halla
la Verdad escondida
al humano saber, mas no perdida.
Ella aparece y por el mundo vuela,
el claro nombre honrando
de quien tras luengo afán hallarla pudo;
ella aparece y su beldad mirando
la Musa, que yacía en ocio mudo,
se anima, el sacro fuego la arrebata
y en himnos de victoria se desata.

2

A su paso por Ambato. (A Fernando Velarde)
I
¿Qué misteriosa magia, dulcísimo poeta,
se encierra en tu inflamado y hermoso corazón,
que el mío deleitando le atrae, le sujeta,
y al par le comunica su fuego abrasador?

¿Por qué del alma tuya la mía aficionada
quisiera a sus destinos los suyos aunar,
y en su delirio insano verse a la vez lanzada
en pos de los portentos del gran Pachacamac?

¿Será que ha dado a entrambos su sabia Providencia
idénticas las almas, el corazón igual?
¿Será que has recibido la vívida influencia
cual yo del inti sacro, cual yo de la deidad?

¿Será que ha dado a entrambos su sabia?
¿Será tal vez que gimes, cual he gemido yo?…
Tal vez en nuestras almas el cielo habrá infundido
iguales sentimientos, idéntico dolor?…

Por eso a ti me atrajo la tierna simpatía,
apenas en mi oído tu nombre resonó;
por eso de tus versos la célica armonía,
las fibras más sensibles me hirió del corazón.

¡Oh, cuánto diera, vate de tiernos sentimientos,
por escuchar tu canto sublime junto, a ti!
¡Por exhalar osado contigo mis acentos,
sintiendo en entusiasmo mi corazón hervir!

II
Mas de la patria de Hualpa,
ya, Fernando, te despides;
y a pasos rápidos mides
la tortuosa vía real.

Ya has dejado a tus espaldas
el Cotopaxi espantoso,
de los Andes el coloso,
el mustio y raso arenal.

Y bien pronto, hijo de Iberia,
henderás el turbio Guayas,
y de Olmedo allá en sus playas
la Patria saludarás.

¿Y después? ¡lanzado
en el piélago tremendo,
de tu destino siguiendo
ciego las huellas irás.

Y las hondas del océano
imagen de nuestra vida,
de hondura desconocida
trasunto del porvenir;

y ese azul inmensurable,
como del hombre el deseo,
que audaz en su devaneo
quisiera el vate medir;

esas trémulas estrellas
vírgenes del cielo hermosas,
esas nubes vagarosas
que en lontananza se ven…

Todo, todo a tu alma ardiente
dará mil inspiraciones,
y acaso mil ilusiones,
y nuevo amor, nueva fe…

Marcha, bardo errante, marcha,
sigue tu hermoso destino,
y tu canto peregrino
haz donde quiera escuchar.

Y si un mundo no te basta
para ensanchar tu poesía,
en tu ardiente fantasía
vuela otro mundo a buscar.

Pachacamac te proteja
y te dé un ángel amigo,
que vaya siempre contigo
y vele siempre por ti.

La madre luna no altere
ni el inti los hondos mares,
cuando por ellos cruzares
este mundo baladí.

Entre tanto en las orillas
de mi torrentoso río,
levantaré el canto mío
al blando son del laúd;

y entre mis índicas trovas
conservaré tu memoria
como una prenda de gloria
que adquirí en mi juventud.

NUMA POMPILIO LLONA  (1832-1907, Guayaquil)

1

EN EL SEGUNDO CENTENARIO DE
D. PEDRO CALDERON DE LA BARCA

(Fragmentos)
(Dedicados a D. Manuel Tamayo y Baus.)

IV

Del Ecuador en los azules mares,
Antes que el sol las cúspides transmonte,
Contempla el nauta gigantesco monte
Vestido el pie de bosques seculares;

Entre lianas, y flores y palmares,
Canta allí el guacamayo y el sinsonte;
Mas su cumbre, rasgando el horizonte,
¡Sube hasta los eternos luminares!

¡Así tu obra titánica: En tus dramas,
Como entre selvas de frondosas ramas,
La pasión canta en melodiosa rima;

Mas, -alzándose audaz hacia los cielos,
Del símbolo sagrado entre los velos,-
Se pierde en Dios, su inmaculada cima!

V

Yo vi, también, undosa catarata
Que desde cumbre de eminencia suma
Precipitaba, entre fragor y espuma,
Sus lienzos de cristal, de luz y plata;

Y mientras que el peñón do se desata
Coronan hielo v misteriosa bruma,
El trópico, en el fondo, la perfuma
Con floreciente primavera grata …

Tequendama de fúlgida armonía,
Así tu majestuosa poesía
Desciende desde místicas regiones;

Y, al caer de la tierra en la llanura,
De flores bordan su corriente pura
La esperanza, el amor, las ilusiones …

VI

¡Del universo alado peregrino
Aguila audaz, tu portentoso vuelo
Abraza la extensión de tierra y cielo,
Y salva los linderos del destino:

Como la mente angélica de Aquino,
Arrebatada de infinito anhelo,
Mas allá te hundes, del azul del cielo,
En la esencia del Ser Unico v Trino …

Mas, bajando, después, del firmamento,
Con sosegados giros circulares
En tu vuelo recorres, vagabundo,

Los dilatados ámbitos del viento,
La ancha faz de la tierra y de los mares,
Los tenebrosos senes del profundo! . .

………………………………………………………
VII

Desde las playas de la mar de Atlante
Tendido, hasta el confín remoto hesperio,
Y el Artico y Antártico Hemisferio
Abarcando con brazos de gigante;

Bajo sus pies el rayo fulminante
En las garras del ave del Imperio;
Así el mundo, doblado al yugo íbero,
Miró de España al Júpiter Tonante:

Y, entre el asombro del linaje humano,
Brotó en seguida, -tras- congoja acerba,
Tras dolorosa agitación onfusa,-

Del gran cerebro del coloso hispano,
Armada y refulgente cual Minerva,
¡Oh Calderón! ¡tu prodigiosa Musa!

VIII

Sobre la frente el astro de la idea,
Y en ambos hombros poderosas alas,
Tal se mostraba, entre esplendentes galas,
Del mundo ante la atónita asamblea;

Risueña como en triunfo Galatea,
O como Dione en las empíreas salas;
O bien lanzando, cual ceñuda Palas,
El grito de furor y de pelea …

Y levantando hasta el cenit su vuelo,
-De la eterna creación sacerdotisa,-
Alzó su acento, que escuchaba el suelo.
Por casi un siglo, en actitud sumisa,
Desde su himno infantil, CARRO DEL CIELO,
…………………………………………………………………
¡Hasta. el canto. del, cisne, HADO Y DIVISA!

X

¡Buzo inmortal del corazón humano!
Cuando en su oscuro fondo hundes la frente,
A tu mirada muéstrase patente
De su anchuroso abismo todo arcano:

Al remontar el piélago, tu mano
La perla lleva de risueño oriente,
Mas divisaste en la onda transparente
Los horrendos colosos del océano …

De tu Justina y Príncipe Constante
La virtud brilla con mal en guerra,
Cual bajo el hierro el fúlgido diamante;

Y, víctimas del monstruo de los celos,
Mira en tus dramas, a la vez, la tierra,
Grandes como el de Shéspir (*), ¡cinco OTELOS!

* Shakespeare

XI

De tu espíritu múltiple y fecundo,
-Lumbre creatriz, intelectual Proteo,-
Brotar la estirpe, más grandiosa, veo
De cuantos genios ha admirado el mundo:

Cipriano, como un FAUSTO más profundo,
Vence a la Duda en choque giganteo;
A HAMLET Y CRIN Y PROMETEO
En sí resume el fiero Segismundo;

Tu audaz Eusebio, en su siniestro tipo,
Los rasgos muestra de un consciente Edipo
Y de un DON JUAN Y CARLOS MOOR gigantes …

Y fueras tú el mayor de los pintores,
Si, emulando tus gráficos colores,
No se elevara junto a ti … ¡CERVANTES!

DESOLACION
EL POETA Y EL SIGLO

A. D. Fernando Velarde

¿Cómo cantar, cuando llorosa gime,
Sin esperanza y sin amor, el alma;
Y por doquiera, con horror, la oprime
De los sepulcros la siniestra calma?

¡Cuando de los espíritus el vuelo
Ata doliente, universal marasmo;
Y, con sus alas azotando el suelo,
Palpita moribundo el Entusiasmo?

Cuando, si un generoso pensamiento
Surge en el alma y su dolor halaga,
Del piélago sin fin del desaliento,
En las ondas inmóviles naufraga?

¡Cómo cantar, cuando el audaz poeta
Al mundo cierra con desdén su oído;
Y el noble acento de su Musa inquieta
Muere en la vasta soledad perdido?

Cuando la envidia, que aún las tumbas hoza,
Con torvos ojos pálida le espía;
Y sus entrañas a traición destroza,
Y escarnece el dolor de su agonía?

Cuando la turba de plagiarios víles
A sus cantos se lanza jadeante,
Revolcando en su lodo, cual reptiles,
Su corazón sangriento y palpitante?

Cuando su canto ardiente y sobrehumano
Amalgama y confunde el vulgo idiota
Con las míseras rimas, donde en vano
Mezquino vate su impotencia agota?

Cuando, si el noble y dolorido bardo
Su alma descubre rota y destrozada,
En su honda herida revolviendo el dardo,
Le arroja el vulgo imbécil carcajada?

¡Cómo cantar, cuando en la sed de fama
La generosa juventud no arde;
Ni el santo fuego del honor la inflama,
Ni hace de heroica abnegación alarde?

Cuando de Patria y Libertad los nombres
En ningún corazón encuentran eco,
Cual se apagan los gritos de los hombres
De los sepulcros en el hondo hueco?

Cuando, al amor, ya sordas las mujeres
y al brillo indiferentes de la gloria,
Corren en pos de frívolos placeres
Y ansiosas buscan la mundana escoria?

Cuando el justo derrama inútil lloro
Y bate el vicio triunfadoras palmas,
Y, entre el aplauso universal, EL ORO
Es el sol refulgente de las almas?

Cuando, como Proteo, a cada hora
Nuevas formas reviste el egoísmo;
Y en los áridos pechos sólo mora
Estéril duda, fúnebre ateísmo? …

¡Ay! cuando en torno el ojo atribulado
Descubre sólo corrupción, miseria!
Y doquier, al espíritu humillado
Huella con pie triunfante la materia! …

¡Oh! en tan inmensa postración, el vate
Su turbulenta inspiración acalla;
La llama extingue que en su pecho late
Y en los sepulcros se reclina, y ¡calla!

¡Y nada, nada su silencio amargo
Un solo instante a interrumpir alcanza,
Ni a turbar el horror de su letargo,
Ni a encender en su pecho la esperanza!…

¡Ay! yo he palpado el corazón humano;
Y muerto ¡para siempre! le encontré…
¡Muerto! … Rompamos, generoso hermano,
Nuestro laúd con iracundo pie!

Lima, Octubre de 1852.

LOS ARQUEROS NEGROS

Tras el hombro el carcaj : un pie adelante;
con el brazo fortísimo membrudo
tendiendo el arco; y, con mirar sañudo,
inclinado el etiópico semblante,

así, en hilera, el batallón gigante
de dolores me acecha torvo y mudo;
y sus saetas clava en mi desnudo
ensangrentado pecho palpitante! …

¡Mas no de tus flecheros me acobardo
ante el airado ejército sombrío;
sus golpes todos desdeñoso aguardo!…

¡Manda a tu hueste herirme, oh Hado impío,
hasta que lancen su postrero dardo!
Hasta que se halle su carcaj vacío.