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LIBRO CON/ FABULACIONES,II parte CARMEN VÁSCONES abril 14, 2009

Posted by carmenmvascones in carmen vascones, libro con/fabulaciones de carmen váscones, poesía de carmen váscones.
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1

Una tromba cede al entierro del oasis

el mar entrega puntual los restos del tiempo

el sepulcro se interroga

¿de quién soy jornalero?

¿a quién destajo hoy?

¿cuándo llegarán a mí los adoradores de lo siniestro?

mi ternura los espanta y atrae

siempre estoy a sus encuentros

ellos cantan para hablarle a la ausencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 2

 

El pasado se derrumba

el camino no existe

el mundo se refugia en la luna

lo eterno huye a sí mismo

sucumbe el anhelo como una aurora más

el fondo del mar rebota en la bocana

el carro entierra el ala de una noche inmóvil

un anillo nupcial rodea los monumentos

los héroes arrastran los grilletes del motín

el río ha secado el silencio del lagarto

una vela ilumina la profundidad del sueño

la muerte tan ligera como una sonrisa

la liviandad envuelve al rayo

partida la eternidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 3

El farallón roza su azar

tras la vuelta la garza abraza la altura

el descenso multicolor del abismo

 

Detrás la nube

el calvario desprende su abandono

acecha el relámpago

engendra al desencanto

un amor infernal nace

son las bienaventuranzas de la muerte

 

Matas al prójimo porque tu interior no tolera a Dios

guerras masivas del sacrificio

ante el testigo una ofrenda fulminante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 4

La desnudez vestida de otra desnudez

anuda inciertos frente a la ribera del cuerpo

la orilla permite acercar un recuerdo

 

Una pipa como parte de un conjunto

música donde la pupila aprieta la cosa desierta

la sensualidad criminal de un tiempo olvidado

un reloj dejado sobre las demarcaciones de otras habitaciones

el cielo un lente cóncavo

una ilusión rota como mar descolorido

los dinosaurios descansan sobre la arena

una escalera sostiene una mirada

revertido el abismo en otro abismo

un mosquito choca con el ladrido

la mano contrae el vacío y la risa de los crustáceos

el ojo del mundo posa sobre el triángulo celeste

 

La cáida perversa entra al juego de Dios

fiestas de muerte habitan la cuerda de los conjurados

la serpiente una melancolía entre la tierra y la locura

el alma una fantasmagoría del primer deseo

se han prometido el vacío a tiempo

la crueldad dejará el hábito del lento suicidio

yace la vida sobre la memoria todavía

 

¿Qué es un tiempo sbore el otro cuerpo?

¿Oué son los instintos en la madriguera de la intimidad?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5

Entregados al miedo abrazan la ternura mutilada

en lo más lejano sombras agujereadas se escurren

entre paredes de arcilla los que no miran atrás

 

El infinito otro muro sobre el iris no fragmentado

el pasamano sostiene el vacío del alpinista

nadie espera en el descenso el escalón de la eternidad

la gruta se parece tanto a una sorpresa vacía

el baúl encierra un sueño entre otras cosas

la ira del durmiente una alucinación pasajera

 

El grito del cuervo se parece tanto a la campana de una catedral

siempre igual a los monótonos pasos de loa respiración

la conspiración envuelta entre música y siesta

siempre la alquimia repite

¿quién se es al nacer y quién al morir?

algunos quedan agarrado al presagio de una chimenea

mientras el viento cambia.

 

6

Una mirada enlaza otro paréntesis

“qué soy cuando ya eres un muerto

en el cementerio del recuerdo”

emigrante del miedo no puedes combatir el desierto

el anhelo un cadáver que acompaña a las palabras

la angustia descansa sobre alguien

el círculo ha dejado de oprimir

ya no está aglutinada la circunstancia a la retina

 

Mi muerte me advierte de mi muerte

mis ojos la han mirado

cuando ella ha mirado los míos

¿quién vigila a quién?

¿quién acecha a quién?

¿dónde nos equivocamos?

 

¿Cuál es el desnudo que nos une?

la muerte una metáfora erótica

cada cual la vive.

7

Solo en la conclusión de un deuda

jamás lamentarás tu fin

no lo tienes

tampoco acompañará tu entierro

 

Los primogénitos del éxodo terminaron el duelo

el verbo ya no te dolerá

eres tú

 

Has dejado de ser el guardián del incesto

la celebración de tu ausencia sella todo pacto

tu silencio desvistió al fantasma

¿de qué te podrán acusar

profanador del encanto?

 

Tu origen un eclipse de la escritura

la estirpe dejó de arrastrar al sombra

cada generación se entrega al embate íntimo del enigma

 

Que siempre pase algo es ya algo

que la angustia oprima justo en el deseo

cuando éste se crea realizado

y ya no encuentre nada

 

El incienso aroma un acontecimiento

ella aprendió a morir en su cuerpo

¿quién ocupará el trono de la vacante?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 8

 

Un efigie rota yace sobre el vacío

a un lado está el velo del crepúsculo

el silencio desata otro silencio

la dulzura se desvanece entre otras

 

¿Qué designio espera el dragón?

el deshollinador de la aldaba

encontró dentro de sí al enemigo

 

El desemejante ha aprendido a rumiar la felicidad

su sombra acecha la bestia

la tierra un ataúd enteramente fiel

un descanso amoroso su orificio

el barro oculta el crimen

morarán bajo los tejados de la  montaña

 

Solo superarás la muerte con la muerte

irredento al tumulto de los presagios

ofreces el espejo a tu sombra

quieres caminar sin ella

algunas veces asaltó tus sueños

te defiendes de todas las sombras ancestrales

la tierra una imagen que agujeria la vigilia

la pendiente otra inclinación del que sueña

el mar repica sobre otras formas

provoca el amor

la sombra descansa en su sombra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 9

Embarcas tu yo cansado

navegas hacia el extraño que huella lo extraño

entre los arrecifes la soledad

y las ojeras del océano

 

Eres el sepulturero del acto

a cada imagen le acompaña una losa del día

el rocío empieza su forma detrás del esquicio

el entrecruce apresa otra desilusión

¿qué se acerca o se aleja?

una tentativa rompe la erupción del tiempo

 

El prisionero oye morir su fe

jadea la noche de una manera imprecisa

algo ruge tras el milenario

la liturgia del impío celebra la última cena del gusano

la caverna ha soltado los signos del crepúsculo

las eclosiones salen tras los ritos de una estirpe

por todas partes la aurora se abandona

a los lejos el sabor del mate anuncia convicciones

el ruido de una rama rota

sobre una gran piedra la muerte de un verbo

como duele sobre todo si es de un niño

un anillo del trasmundo rodea

la crueldad del séptimo día

solo retornos trizados tras de sí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 10

Sucumbe la pausa de melodía

el eslabón habita el número femenino

una tregua yace sobre los desatinos de tu prisa

la intmidad de tu sonrisa una dulce maldición

eres el cuerpo de la muerte desalmada

persevera la disputa de la bestia

precede al naufragio de la ciudad

pervive a la ausencia contraída con la vida

 

Jamás tu cuerpo acompañará la laguna

solo resto de amor asido a una epopeya

izan la contienda de lo humano

algo persiste como mariposa atrapada por el espacio

 

Alrededor del olor femenino se erecta el universo

el deseo un abismo sin espectador

su sombra no existe

el cuerpo descansa

la danza no tiene huella

un reflejo empieza la caída del rayo

la muerte se enternece ante la ligereza del paso

las velas esperan el aviso

coronan la noche

colocan en vasijas los sudores de las bailarinas

unos pájaros vuelan entre la cuerdas del arpa

 

La alimaña interior está bebiendo la melancolía

que sale lentamente desde los lagrimales del enigma

 

La esfinge canta caídas de lunas sobre la ternura

la bailarina recoge el desierto sobre sus movimientos

la música acorta la monotonía gris de la carga

queda la huella del abismo en la brisa que permites.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11 

Has de tus días una fiesta

celebra tu muerte cada día

cada aurora marca el anhelo

canoniza al cargador de la clepsidra

él embarcará tus restos

los dejará junto al arpa

las cuerdas desprenderán la canción de la eternidad

la alegría envolverá al cadáver

cada uno es su último acontecimiento

bailen y beban mientras se acompañan

 

Alumbren la eternidad

denle paso a la ausencia

la poseedora de cada cuerpo circunstancial

una canasta de rosas acompaña el silencio

 

Toda muerte es una fiesta inmemorial

las danzas aproximan todos los instantes del extinto

la tumba conjura el espanto y la alegría

una anciana envuelve el porvenir

un resto de vela deja asomar los restos de la grávida

un sonido se inscribe en el mar

“que solo te deslumbre la desilusión”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 12

La emancipación se refugia en el octavo velo

cada quien con su horror habita una alegoría vacía

no esperes encontrar a Dios en tu lecho

toda muerte habita la sensualidad femenina

el sueño tiene un resplandor parecido al de la escarcha

resonando en el gorjeo del inocente

 

¿Dónde están los que han vivido la traición del cuerpo?

 

No olvides

siempre estás próximo a tí

naces en cada movimiento

eres todos los otros que no debes buscar

 

Entre un hombre y una mujer

algo llamado amor

será siempre una relación de algo también

prisa mortal que suscita al retorno interior

repercute una gran ternura

sus deseos en este mundo

conjugan la angustia reunida en la escala condenada

 

¿Quién ha poseído la castración de la eterndad?

 

Un asentamiento de humor al final del día

“bendito sea el que cree en mí”

dice el sepulturero de estas tierras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 13

Profanador del tabú

juzgas la piedra alrededor del tótem

cordero del semen

anudas los ciclos de la luz

exultas la memoria en este mundo

escondes la gradiva en la arena

resistes al verbo

 

Imagen que busca su imagen

desembarca

tu deseo espera por ti

anuncias el crepúsculo otra vez

la ilusión encerrada en la vulva del crimen

momento al sosiego

¿dónde estás?

 

Andas sobre tierra y más tierra

indultas al silencio

ríes la mortalidad del huracán

rapsoda de resquicios y pausas

arreas la estirpe a nuevas rutas

 

Rugió la esfinge la última vez que te vio

enterraste el miedo en el ojo del mar

límite de luna y espejos

 

Una brizna de angustia te avencinda

asientas el músculo sobre el precipicio

redimes en ti al creador de tu cifra

mirador de castas  sangre

númen de los anatemas del Minotauro

oras al cifrador del sacrificio

reniegas

 

acordes de danzas enroscan tu acto

otras tierras reciben los asentamientos

arpada de agorero cuando atraviesas la avería

morada errante la señal del óvulo

 

¿Certeza de los días

padre de quién eres?

 

Izas el cuerpo entre el fuego y un día marcado

el ícono del sexo esboza lo humano

otros fundan la cópula de la ciudad

 

Una vez más el señor del destierro

inaugura otra luz y más himnos

sal al acto de tu otro nacimiento

paso al celador

 

Sus primogénitos liberaron al duelo y al patriarca

dejó de ser mediodía un confuso ruido entre las tumbas

luz llanto y canto para los hijos del cazador

 

Al acabamiento lo rodea el céfiro y un escudo

cada partida tiene su retorno

 

Eclipsas la pasión

sucumbe en tu sonrisa

deudos del acertijo y del tornado

vencido por la intimidad

combatieron la hora de las horas

 

Cae la epopeya del encanto

salmo sensual al abismo

que embiste y devuelve al amor

concierto para las eternas contiendas

 

Notas de sombras apuñalan la tarde

interludia el cántaro la memoria del candil

torbellinos de versos anundan la pupila del espejo

 

Tornea el azar los sonidos

esgrime los intervalos mientras acecha la ocasión

listos para cuando la cima haya llegado a tus pies

otea el mar mientras cruzan el puente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 14

Intercedo un diálogo precedente

aturdo al presagiador

inauguro el vacío

 

Un lunar puede ser la forma del horror

el alma un sexo de Dios

tortura el cristiano su carne

incrustado el goce en la misma muerte

el dolor no es mi placer

los coleccionistas disputan el hastío de un tornillo

agonizan de lujuria

tintinea la ley en el centro del atolondramiento

malogrado el embate fugitivo

un ovillo de odio acosa la ternura

 

La soga ata la huida del yo

el otro es un hueco de palabras

el espejo contienda del cuerpo

expulsa al falo disfrazado

escogió el sudario del deseo

 

El apaciguamiento llega

las facciones se empañan con la mirada

el espejo cede su lugar

nadie lo espera

 

El antropógafo transa

encarna la sentencia

es del otro.

 

 

 

 

 

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