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PACO PARRA VIDA Y MUERTE DEL SOLDADO CHALA POR carmen váscones abril 29, 2009

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“Chala terminó haciendo un orificio…pasada la media noche se introdujo en su agujero y casi inmediatamente se quedó dormido. Por segundo pensó que había regresado al vientre de su madre, a la gruesa matriz protectora, donde se encontraba acurrucado, en posición fetal, nadando en el líquido amniótico:

 

el hombre anfibio estaba en su estadio de pez…”

 

¿Qué significa la vida para la muerte? 

 

En la contravía del cuerpo esta el deseo, la madre, y la patria como emblema. 

 

Iconos, símbolos que pertenecen a un nexo filial, a un lugar, a un paraje de la historia en el ser que se porta.

 

la ley, el padre y el escudo encarnan  el origen. 

 

El reconocimiento y la resistencia a la adversidad para sostener el nombre propio.

 

¿De quién, de qué, para qué, y por qué?

 

Se vive solamente una vez dice el autor. 

 

Hay que aprender a vivir dice la canción, ¿cuándo sucede eso?, y si se da.

 

¿Entonces que significa la guerra contra Dios y contra los hombres, ejecutada por las manos del dominador?

 

El soldado Chalá está entre la frontera y el límite, entre el héroe y el mortal, entre una línea imaginaria y otra. 

 

Entre un cuerpo y otro.

 

Al amor no se le da espacio en el conflicto por e l poder, siempre hay un desencuentro que separa. 

 

Quizás por eso la nostalgia del personaje médico frente a la inocencia, los sueños y los ideales.

“La mejor época de mi vida la de estudiante”.

 

O esta otra expresión que recoge el sentir del enamoramiento inconcluso en la que todos adolecemos como recuerdo titilante.

 

“Ahora que no estás buscarte es encontrar la suave silueta de tu cuerpo en todos los lugares”.

 

Nadie se acuesta con la muerte, se conversa con la memoria y la ausencia. 

 

El narrador pareciera dejar instalada su rebeldía ante todo aquello que atente a la vida.

 

“En la guerra se pierde”, ¿nos concierne a todos? Si y no.

 

Ella nos envuelve en la emboscada de una partida que no  nos pertenece, que nos somete al enemigo de la victoria. 

 

Nos propone un triunfo al precio de las caídas de los que combaten entre minas, miedos espeluznante, y el horror que seduce con combates inmisericordes.

 

El resultado un ganador y un perdedor. 

 

Y en los dos lados, mutilados, lutos, sepulturas y una esperanza descolorida con resto de sangre seca.

 

Paco Parra se pone como testigo de estos enfrentamientos inútiles.  Agudiza su ojo de cóndor.  Protesta. 

 

Y, cual cronista de mi vida, igual la suya y del otro, testimonia lo que se dice y no se dice.

 

Precisa el derecho a desarmar la muerte no deseada.

 

Con la lucidez de saberse en la trinchera de  resistir hasta el final de enfrentar y desafiar.

 

Y casi gozar la vida con libertad y dignidad en este laberinto que se reconstruye de uno en uno.

 

Entre todos lo efímero de la historia.

 

Deja una espina en la razón del humano

 

¿Habrá alguna vez un alto al fuego?,

 

Que sea un alto para que aproxime la vida, sin que atente a la defensa de todo nacido y por nacer.

 

Dejo la vida y la muerte del Soldado Chala en las manos del narrador y de los sucesos de la historia en ese instante en que se enfrenta a la incertidumbre de su destino?

 

“Chala está preocupado, tiene una sensación rara, de angustia, de intranquilidad, nunca antes experimentada, recuerda que hace más de un mes no tiene noticias de su familia. 

 

¿Qué será de mi negra caderota?

 

¿Cuanto tiempo irá a durar esta ausencia?. ¿Saldré vivo? –Se preguntaba- solo Dios lo sabe.

 

Y, por primera vez tuvo miedo”.

 

carmen váscones

22/10/97

 

 

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JOSE MANUEL SOLÁ LOS NOMBRES EN LA PIEDRA por carmen vascones abril 29, 2009

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Exterminar al otro también es exterminar algo de mí que no lo hago directamente. 

 

Acaso, un cobarde asesino, un vulgar aprendiz de la muerte, un sicario de la moral.

 

Es quitar la promesa de algo humano.

 

Es acribillar la naturaleza, es despojar al sol de su fuente.

 

Es asfixiar el sollozo de la luna contra alguien. 

 

Es quitar toda defensa posible a la vida.

 

Aunque se sostiene en los andamios de la palabra no se deja atrincherar en el cuerpo perseguido y acorralado.

 

Apuntes y disparos, “sentidos y latidos”. Barro, flauta, y ritmo. 

 

Los sueños de la tierra no se funden con los metales. 

 

Promesa descubriéndose.

 

¿Quién carga la historia?

 

¿En quién descargan las armas?

 

En marcha, listos, fuego.  Silencio.

 

¿Quién puede ponerse de espaldas al crimen del mundo?

 

 

Un anillo en un dedo es una señal de quién es.

 

El universo una fosa común para las semillas y para cualquiera y  otras cosas.

 

Ejecución  y masacre. 

 

–tu principio no es mi principio-

 

“Y todo lo creado tenía su propósito/ pero el gran espíritu/ aun no conocía sus por cuantos..”.

 

La fatiga del peón es tan diferente que la del patrón. 

 

No es igual a nada el cansancio ni la soledad, ni la mirada esperando llegar el mendrugo a la boca. 

 

Ni la mirada del que todo lo tiene sobre la faz de su soberbia a la del que nada espera de tanto esperar.

 

Dónde está el que “fue en busca de la vida”.

 

¿Quién acecha los sueños? ¿Quién los quiere acabar?

 

¿Quién pisotea la raíz?:

 

 “ Allí se escribió el nombre de su raza”

 

A que te sabe humano tanta muerte regada por ahí.

 

Si  “la tierra era de todos” entonces ¿qué?

 

¿Quién mató el arco iris de mis ancestros?

 

¿Quién derribó la aurora de tu vientre madre tierra?

 

¿Qué hago por ti por mí? 

 

¿Qué cae en este momento?

 

Los nombres en la piedra aumentan en el mundo.

 

“Parece que hoy nos vamos a morir”

 

¿Quién quiere morir hoy? –yo no-

 

¿Y tú? 

 

La muerte y la vida no se escogen.

 

Pero eso si hay que defenderla de la tortura, de las balas, de las bombas, de todo golpe.

 

Hasta del mismo deshonor y del desaliento, hay que rescatarla.

 

Cada quién tiene su propia historia, su propia voz.

 

– Me descubro, me dejo ser-

¿Quién no me deja ser? 

 

Mi yo y el del otro. 

 

Nos desarmamos y desamarramos

 

¿frente a frente o lado a lado para no dejarnos morir?

 

Para ir “en busca de la vida”.

 

Carmen váscones

3/2/2003 

CATALINA SOJOS EL RINCÓN DEL TAMBOR abril 29, 2009

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“¡Ay te convoco muerte, ven, ven y llévame contigo!llama la voz que ata los indicios  desencontrados entre el ser  y  ese  yo que no deja pasar la vida como que  nada; no, al contrario, adentra en el vacío del pasado para enfrentarse con la sombra de la escritura y revelarla en la certeza de saberse, aún a sabiendas de sentirse parte de la soledad y del silencio.

 

“Como un fantasma busco recuperar las huellas”  del tiempo ido y que está –la mirada de lo que no se mira y de eso otro haciendo un espacio para decir algo del olvido que no forma parte del cuerpo, tal vez sí,   su resistencia, para embestir con todas las palabras aliadas a la memoria.

 

La voz del relato: la fuerza recobrada, erigida ahí en un pleno marcado de sí mismo, de una nada total en la imagen de lo bello surgiendo   ¿Acaso me engendré a mí misma?”

 

Sí, eso es,  la precisa interpelación de la única intérprete que acepta la creación como la omnisciencia materna de la raza que habla ¿importa esto?

 

La interpeladora tiene la certeza de haber asesinado en algún sitio el corazón de un dédalo que no era  tal, dio al fin con la pista del hechizo

 

La otra cara del sueño donde Cuenca se ahoga en sus sollozos,  y,  ella: la escritura hace un regreso que acerca hacia algún indicio.

 

La casa, el yo y la ciudad traspasan el límite para  nacer en sus presencias.

 

carmen váscones

13/10/2000

ENTRE CUERDAS LA VOZ por carmen váscones abril 27, 2009

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 No es tanto como el autor dice, pero es tanto como lo ha podido decir.  Entre cuerdas la voz,  el compás entre los cuerpos. 

La música se abre como un tiempo apropiándose de nostalgias empecinadas en los grises inviernos.

 

Reitera la historia entre cada estrofa sus partos, conquistas y fechas.

 

 

 

 

 

¿Qué se deshoja en este himno romántico canto de todos y de nadie?  Intimidad ingenua  de verano, ciclo rotativo de intempestivas lluvias, sobre ti un pendil de luna llena.

 

Abrazándote una sombra, la de aquel que se pregunta ¿quién era su amante, acaso la muerte o el nombre tuyo que se envuelve entre la ira y la belleza de todo el ignoto ser que eres?

 

Tus pobladores se visten de celeste y sonríen en la faz de tu pasillo, creen que han robado cinco estrellas, más no saben si al mar, al cielo o a una guerra. 

 

La duda te inventa, te atormenta, te destruye. Te  devalúa. Hasta hace inventario a tu vientre.

 

Hace de ti una ambición en un límite estratégico.

 

Te parcelan como juego de ajedrez y en cada partido elige tu rey.  ¿Y sigo siendo qué?

 

Eres la reina de los peones de esta tierra, los caballos yacen desbocados en los monumentos erigidos en  tu nombre. 

 

El guardián del tiempo pregunta dónde está la perla que surgió en ti o rugió en la emboscada. 

 

Su presencia está perdida entre el Pacífico y la ostra no encontrada.

 

¿Quién te arrulla, te atormenta de pesadillas, quién te invade de basura, quién tumba tus cerros, quién tala tus árboles? ¿En qué jardín te han convertido?

 

 

Te llaman soberana de tus empeños, pregunto ¿cuáles?  Tal vez olvido y oscuridad. 

 

Y qué de las promesas para con los niños  de la madrugada que cuidan carros estacionados fuera de casinos y discotecas.

 

Qué de las niñas que venden los diarios cuando otros infantes duermen.

 

Qué de los vagabundos guareciéndose bajo los portales.

 

Qué de los muertos en  las calles, por culpa de los ebrios conductores  o de los que atascan porque van atrasados al trabajo, que sin “conciencia” alguna se cruzan las señales rojas o no respetan ningún pare.

 

Que de las protestas acumuladas en carpetas y de las frases estrelladas en las paredes de lo cotidiano; qué de todo el resto. 

 

Crímenes y robos organizados o sospechosos imperan en el poder de la violencia y del placer de la crueldad…

 

Tus empeños empeñados en los bancos de los parques y en los bancos que juegan la transferencia de tu prosperidad y felicidad.

 

Pregunto ¿Qué formó Dios en tu bello cuerpo, qué  protege tu figura, qué sueño abraza tu río, en que espejos te miras?

 

Se escuchan murmullos acompasados, se distingue el poeta, el escribano, el ama de casa, el vendedor de verduras. 

 

Todos a una voz, el coro humano repite “Guayaquil de mis cantares”. 

 

Continúa el solista y el taladrador de  las palabras continúa.

 

Qué hacen tus rubias y morenas que enloquecen de pasión, las que asoman en su balcón y mitigan negras penas; qué de las que miran con pasión el crimen que ronda. 

 

Les palpita el corazón y encienden una vela a su santo de devoción y prometen esa noche no amar para que Dios se apiade y limpie las cloacas de este mundo.

 

Qué de las que con sus ojos verde mar hacen anclar la esperanza, la hospedan en su femineidad, la tinieblan de bohemia, la embriagan de sus olores y le prometen que a la tarde siguiente del domingo irán a misa junto con su marido una vez que llegue del partido de fútbol  y si falla al cumplimiento rezará un padre nuestro para quedar libres de deudas y culpa, que la próxima no fallará.

 

Y qué de los ojos negros anochecer que nunca deja ver los cadáveres dejados en “las cruces sobre el agua”, de los indios azotados por los dueños de los cañaverales, de los estudiantes muertos por el caos, quedaron para siempre enredados en su angustia, se desbandaron entre tanto miedo contenido y odios nacidos en el dolor y desamor.

 

Todos ellos han perecido en el placer de la violencia, su protesta y rebeldía.  Su rechazo. Donde sus pasiones han encontrado repudio, resentimientos, rechazos, torturas, malentendidos, olvidos. 

 

Una página rota en el nombre del padre del hijo y de la comunidad. 

 

¿Qué han hecho de tu bandera, de tu escudo, de tu himno, de tu historia?

 

¿Y qué de los cadáveres, los de las batallas que galopan en el calendario. Los que reposan en una rosa marchita.

 

Los que se aprisionan en una servilleta guardada; el que acompaña en un hueso seco, el de una vez en un hotel, en una mirada que no llegó  a ser cita.

 

¿Qué de las que imponen siempre su querer, fascinan al mirar, embriagan al besar, son sus labios de cereza un reclamo de dulzura, de amor, de identidad, nombre, de particularidad y señas, lugar del descanso. 

 

De vida y muerte entre tantas palabras, sacrificios y placeres. 

 

Mujeres de este puerto un eterno ignoto mar.

 

Tú ciudad, eres una mujer vestida de sueños y razones donde anhelan tus hombres vivir para nunca más sufrir, ansían llenarse de tu ternura, desean descansar en ti de su tanto andar, y sus almas quieren enterrarse en ti para siempre estar.

 

¿Dónde sus almas realmente anhelan estar, dónde sus cuerpos desean habitar? ¿De quién eres prisionera, del mar, de ti, de tu gente, de las palabras?

 

Eres fulgor, muerte y amanecer. Palpita en tu corazón el crimen, el horror, la ternura. 

 

Tus muertos y amantes yacen en hinojos cuando entierran sus silencios en ti. 

 

Anhelan sus descansos entre los que quedan. 

 

Recuerdan y nacen en tu canto otra vez. 

 

Un nuevo coro nace en ti  ciudad de mis amores.

 

carmen váscones

1/1/1989

 

 

 

 

 

 

LOS YO DES-HABITADOS, por carmen váscones abril 27, 2009

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A los asentamientos torcidos del lenguaje, le acompaña el éxodo del sudor, de la frente y del parto con dolor, lugar, donde las palabras labran la mortalidad fecunda de los devenires humanos. 

 

Cada lección es una certeza de las  estaciones  interceptadas entre los horrores de la sintaxis y las inscripciones de los interrogantes que desembocan en las puertas del perpetuo tiempo del amor. 

 

Sitio, donde las conjugaciones del  génesis serán por siempre las transgresiones finitas del signo femenino y masculino en la que no habrá jamás un paraíso perdido, peor aún a encontrarse; ni el tal vez de la mitad perfecta de una costilla, ni el juicio final para descansar el séptimo día cada vez que la obra de lo humano deposite su humor y los ecos de su risa en la historia, allí, donde la polilla estará royendo el tomo número tanto del siglo XX, en la página tal, que habla entre lo que se deja leer…

 

El diluvio de los pares impares del vaivén de los días, en los que nadie se baña dos veces en los mismos cuerpos, porque nuevas caricias corren por ahí; donde los olores de la esperanza revierten su  fatalidad sobre la espalda del alma olvidada en el velador del mundo. 

 

En el sucre que cae en la rokola del atardecer y suelta el disco de los sentimientos oprimidos entre tantas jugarretas y jaquecas vencidas entre prisas de veranos y de interiores acercándose a los veredictos fugaces de su decreciente y creciente  constante.

 

Sobre la pluralidad de los acertijos de tantas circunstancias ceñidas a los detalles que será la coreografía del encanto abandonado a los imprevistos del reloj detenido de la catedral; al abrazo del estero a una canoa que deja apenas ver dos figuras desde el puente; de los que ríen y persiguen las huellas de las enredaderas podadas por los jardineros de cualquier parque.

 

En el hombre que compró un pequeño ataúd para el hijo que no llegó a cumplir un año; en la madre que como flor deshojándose sube al bus que converge en uno de los lados del parque  la Victoria para quebrar su recorrido por Pedro Moncayo y otras calles rectas hasta que pasa por en Centro Cívico, Registro Civil, Hospital del Seguro, otras ciudadelas, La Naval, hasta que gira cerca del Portón del Puerto Marítimo, avanza en su recorrido, marca otra virada en la que roza a distancia el planetario y continúa con su ruta hasta el mismo punto del sur, donde ella da un bostezo, gritará, – en la zanja – Mientras el cobrador  recuerda, – quién más se queda – en la Florida Uno.

 

En el hombre que le comenta al otro hombre que está cansado de salir todos los días a las cinco de la mañana al trabajo para llegar justo.  El que está a su lado da una chupada al cigarrillo y le comenta que el fin de semana va a ser diferente porque se festeja la fundación de la ciudad, fiesta en las que se podrán tener unas horas para embriagar el desaliento de esas mañanas que ya no son mañanas, que habrá que ir a buscar unos amigos que trabajan en la seis de marzo para poder rasgarle con música a la indiferencia.

 

Dar en la llaga del desencuentro y en la nuca de lo vivido. 

 

El límite entre la ausencia  y el combate emprendido en la lumbre de la conquista.

 

Como himno nacional se escucha las nostalgias entonadas en la gravedad de la venganza hecho puño y voz, música y ellos, del “ódiame por piedad yo te lo pido, que si tu me odias quedaré yo convencida/convencido de que me amaste mujer/hombre con insistencia, pero ten presente de que acuerdo a la experiencia tan solo se odia lo querido”…

 

Pero el traje humano insiste, encuentra, busca entre los faros y las sombras del portal agarrado al destello del tragaluz, de un arco iris donde gire la risa sin reservas, donde el presente sea la oportunidad de la travesía, donde nadie se anule en la letanía de la ilusión  del tal vez alguien, algo. 

 

Sólo estás en lo puntual del cuerpo. 

 

A cada cual le toca significar con la metáfora de su nombre el recorrido de las palabras que se re-escenifican en los actos de sus sentidos.  Humanizar al yo, significa, sentirse más dueño de la aurora.

 

Cada intimidad lleva consigo la superación de interpretaciones  y del valor que cada uno le asigna y encuentra.  Cada nueva perspectiva significa creer y crear nuevos crepúsculos que impriman el horizonte en el surco de cada ser.  Por siempre lo  reconocido desconocido y conocido en la oscuridad del  sí mismo: yo-sé, no sé.  Nada de mí.

 

Es el “cansancio de vivir el que ha creado el otro yo” sinónimo de no-vida, del deseo de no-vivir.  El otro espejo con los estigmas de los tributos.  La belleza desaparece cuando se medita en los acontecimientos de la historia. 

 

La ordenación del fin es ya una ilusión; por eso dice Nietzsche, “la verdad es fea”.

 

Cada cual quiere decir algo distinto de lo que dice.  Querer narrar ya sus propias vidas es la expresión de sus deseos, del volver a vivir instante a instante. 

 

La manecilla del retorno donde dejan que el amor se despeñe en el cuerpo y caiga como catarata  entre el marasmo del silencio y la sentencia de la soledad alrededor del azar que hoya sobre  palabras póstumas y los reciclajes de las evidencias. 

 

Los deseos humanos no decaerán, huyen a las tentativas de la calma, su rito es insaciable, Estás más allá y más acá de la poesía, de los ritmos del atractivo sexual, de las filiaciones de las particularidades.  Su  presencia son símbolos anclados en los sonidos del lenguaje regodeándose en la pleamar de la invención.

 

Entre el humor de hacer nuevos recuerdos y el imperativo de crear nuevos mandamientos para decirse entre los otros dejen de someterse los unos a los otros. 

 

Para poder hablar desnudo sin la hoja de parra que cubra los rostros, para dejar de ser la presa de los dientes escondidos en la felicidad armada de  la defensa.

 

Para dejar de pisotear las desemejanzas. 

 

Para dejar de ser un adicto embotellado en la moral embriagada de un señorío sobre sí misma, donde la hacen ejecutar como tirana agazapada en la razón, el saber, la conciencia, los  llamados valores. 

 

En dejar de ser los esclavos de la decadencia.

 

Los hechos jamás podrán ser deshechos en las tablas  rotas y estrelladas entre los espejos de los adversarios habrá una tachadura que se encargará  de las reincidencias, insistencias, de las fallas, de las huellas fallidas de todos los días. ..

 

El prójimo no soy yo ni los otros.  

 

Siempre serán unos extraños próximos, diferidos en las transferencias del sentir conjugado en la palabra y su efecto, el acto, semblante de la nada vestida de pasado mañana.

 

Cada cual atraviesa la muerte y la vida simultáneamente, y si no se reconoce este movimiento a la vez, se está destinado a ser el asesino del acto, del verbo, del amor. 

 

A ser el cadáver habitando a los yo de ficción  comandados por el amo de la mortandad.

 

Lo único que escapa al humano, es que no existe prueba de amor para el deseo.  Su hipótesis se convierte en diálogos entrañables e interminables de resonancias en “confieso que he vivido”.

 

Quién está dispuesto a soportar,  acompañar la levedad de la palabra que transita las viejas verdades con ruta hacia la des-dicha, en donde la emboscada del mundo desata su tormenta en la soledad de un útero desierto. 

 

Mientras, asómate, o abre la puerta y  mira ve qué haces.

 

La luna declina su propio desencanto en una pareja de ancianos que cierran las persianas de su habitación.

 

carmen váscones

1988

 

carmen vascones y más escritores ecuatorianos opinan ¿NUEVAS TENDENCIAS EN LA POESÍA ACTUAL, abril 22, 2009

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Antes que nada, para dilucidar este avatar de la poesía actual o novísima debo contarles que me encontré en la encrucijada de lo formal e informal, de escoger a mi yo como unidireccional o hacer eje transversal el tema y compartirlo con otros escritores y así devolver al público lector y escucha los diferentes hilvanares alrededor de la temática que nos convoca en este trabajo. 

 

Es así, como invité a mis hojas en blanco a escritores de diferentes trayectorias y edades para encontrarnos y compartirnos en semejanzas, direrencias y por qué no hasta repeticiones que nos llevan a un mismo camino el de versiones con visiones y puntos de vistas, con discrepancias y coincidencias con un propio movimiento donde cada cual se reconoce en ese hacer único que compromete la poesía y la escritura. 

 

En mi trabajo de recopilación de criterios me integro como otra, una voz más reconociéndome en el laberinto del verso aliado a la verdad que lucha en su avatar por existir y desenmascarar a la mentira. 

 

El verso intenta ser no corruptible, pero ¿Qué es lo que corroe a los pensamientos y actos humanos para no claudicar y tampoco entregar palabras falsas, vacías y extraviadas del acto poético?

 

Escuchemos a los escritores:

 

MARÍA DE LOS ÁNGELES MARTINEZ DONOSO (Cuenca): Sobre las letras que nos tocan … (La nueva poesía en el Ecuador).  Es importante preocuparnos por el quién viene luego, eso no quiere decir una secta de adeptos o quién tome la posta exacta de los escritores mayores, o un adorar a las momias sagradas, sino una continuidad necesaria, de conocimiento y respeto mutuo. 

 

El ser joven, come el ser negro, indio, o mujer nada tendrá que ver con la calidad y no se debe esperar una mirada que afirme o rechace para seguir, esto no es negar el papel importante de la crítica, ni de los criterios. 

 

Hay que reconocer la experiencia, caminar sin prisa, pero ser nuevos es proponer, y eso nada tiene que ver con las edades, ni otras situaciones.  De todas formas la poesía novísima (como la entienden) tiene sus voces dispersas pero que caminan en la misma dirección y el renovar es posible, y se da en las letras, en la poesía ecuatoriana.

 

Estoy obligada a reflexionar sobre mis contemporáneos sin entender bien el contexto o a quiénes se refieren los ajenos, pero la generación o de-generación a la que pertenezco cuenta con mi respeto en voces como la de Javier Cevallos, María Elena López, Juan Carlos Astudillo, Sebastián Lazo, etc. (viente años y un poco más) y me asusta pensar en tantas otras perdidas que son parte. 

 

La propuesta por ahora es de cada cada uno, faltaran unos años para delimitar, pero parece claro un grupo en donde pesa más lo clásico (en las métricas y los símbolos) y otro en donde si bien existen elementos clásicos o referenciales se juega en el mundo actual, al borde de un precipicio donde la poesía es su alma (su cuerpos, da los mismo si tiene anorexia), algunos se alarman ante su muerte, ¡Cómo se fuese posible!

 

Sobre la propuesta de mis textos está en construcción… pero ahora se perfila como una preocupación por nuestra naturaleza imperfecta, un sabernos capaces también del odio, de la mentira, de la violencia, para ser humanos, es que contrariamente a pensar que es una apología del mal es una realidad ante la cual nos hemos tapado los ojos, ¿cómo diablos pensar que el viejo al que le diste caridad en la esquina, es el violador de sus dos hijos y su hija?  Pues, bien es posible, demasiado.  Urbana, cruda y con su mueca de pertenencia al hoy, de todas formas tiene una actitud hedonista, de salvación en alguna parte, creo que nos hemos lacrado mucho hablando del desamor, ese papel de victimarios nos hace decadentes cuando se convierte en farsa.

 

¿Y la literatura en sí, para qué?  La función de la literatura, si tiene alguna, es la de ampliar nuestra realidad, la literatura, el arte, es la fe que creemos perdida, aunque sea una literatura negra y pesimista el acto de escribir es una señal de vida, una muestra del pulso y no de otras salidas que conllevan al fin.  Es tan trascendente el escribir que incluso puede que haga falta un libro que invente un Dios o Dioses más cercanos en esta época de desarraigos, pensemos en Homero, La Biblia, El Corán, etc., que se nos han alejado cultural o temporalmente, hasta el punto de sentirnos otra vez solos, nada quiere decir que sea la religión la que nos interese pero sí el encontrar la fuerza para no colgarnos de una viga y morir excitados e infelices.

 

JUAN CARLOS ASTUDILLO (Cuenca):  Acerca de la nueva producción literaria en la ciudad lo que puedo decir es lo que veo.  Un grupo de lectores-escritores que de alguna forma nos encontramos y empezamos la caminata esta, la de correr entre palabras.  No es que nos una algún fin o un propósito, que no sea el íntimo y personal que tendrá cada uno, por eso, aunque bailemos con la más fea no es ni pretende una propuesta conceptual, ni mucho menos; quiere, si puede decirse, gozar de toda libertad, así cada uno de nosotros experimentamos con formas diferentes de expresarnos, en forma y en fondo…

 

Personalmente pienso que el arte es la vía más efectiva de llegar, a donde, no importa, sino que donde sea que fuere, allí estamos, y es lo que importa.  El arte – pienso – no puede ser más que una cara de Dios, o uno de Sus Lados, por eso le apuesto a la vida todas las letras que me han visitado y se han ido, como todo, y seguro que nada pasa porque sí, sino buscándose siempre la “sin razón” que se lo permite. 

 

No sé si respondía a la repuesta, ojalá, sino un resumen enanito: Escribir es comulgar, la poesía es un don, un regalo, una forma de encontrar lo que antes ni siquiera era imaginable, e imaginar es crear, crear es Ser, la vida Es.  ¿Qué más … ?

 

SEBASTIÁN LASO (Cuenca):  Mucha gracia por lo ante mencionado. En realidad alegra mi corazón el saber que las legtras se expanden, siempre supe que hay ese otro mundo, frente al nuestro al cual miramos en forma diferente.  Traducir, este mundo, se hace necesario y útil para mí, a través de la poesía lo comnprendo, lo analizo, lo exploro, aunque la mayoria de veces sea completamente incomprensible, he inexlorable. 

 

Las mujeres como siempre el nexo preferido, entre lo que hago lo que pienso y lo que escribo, nunca porrá faltar unos ojos, una espalda, caricias manos labios, siempre.  Las infaltables charlas y el café, siempre son un buen augurio, el cual nunca es despreciable. 

 

El resto ya está impreso, y aunque bailemos con la más fea, siempre nos queda la poesía.

 

XAVIER OQUENDO TRONCOSO (Quito):  La novísimo poesía tiene más vinculación con la generación “Descapitada” que con la vanuardia “tzántzica” o el movimiento revolucionario de los “espirtuales” años 60.  En la última década del siglo XX comenzamos a notar en las poéticas de los autores jóvenes, que sobresalía un nuevo instinto por tratar de encontrar un nuevo vinculo que sea sin el arrastramiento de las utopías, con el derrumbe de la historia y la despolarización del mundo, y por lo tanto de las ideas, y la orfandad, sobre cualquier cosa.  Ya que esta generación no ampara en el parricidio porque no tiene padres. 

 

Además es una generación recuperada de los clichés que los escritores revolucionarios tenían y que siguieron conservando hasta bien entrados los 80.  Hay una oxigenación de pensamiento abstracto y dolorido del occidente “negro” de las dictaduras. 

 

Es una poética más comprometida con el lenguaje que con hombres y mujeres del mundo (tomando en cuenta que el hombre es lenguaje y la patria es la lengua que uno habla).

 

LUIS CARLOS MUSSÓ (Guayaquil):  Entiendo por poesía novísima actual una que mantiene un pie en la tradición de lo que llamamos cultura, o de lo que llamamos lírica (llámese occidental, oriental, etc.) y un pie en la novedad. Una poesía que es consecuente con el mundo que le y testimonia, pero que es subversiva en lo político (es un discurso que constantemente está diciéndole algo al poder). 

 

Recordemos a Paz: la tradición es la ruptura.  La poesía del siglo X (y consecuentemente, la del presente) se ha llenado de elementos y herramientas (piénsese en el creacionismo, el Vallejo y su inclusión de palabras consideradas “antipoéticas” antes; en la antipoesía violenta de Nicanor Parra; etc. Y solamente para mencionar a América.  Incluso asume la poesía contemporánea bártulos de la crítica literaria, para leerse dentro de su propio discurso y ofrecer una línea en que prime un metalenguaje.

 

La escritura experimental ha tenido defensores en ciertas escuelas.  Creo que la idea (por parte del poeta) es adoptar un discurso propio (sea canónico o no).  Con la entrada en vigencia de una mayor fuerza de los estudios culturales en la academia norteamericana, esa línea también pasó a basar teóricamente ciertos intentos por adoptar desde otras perspectivas y con otras pinzas la POESÍA. 

Así, la asunción de la llamada poesía popular, del discurso cotidiano, de segmentos antes excluidos de la alta cultura, etc. Se contrapone a un discurso purista; y la disputa es larga en este sentido. 

 

No sé, pero en las contradicciones y en la subversión de la que hablamos más arriba, está la alta poesía (y no entiendo muy bien si de ahora o de siempre; o es que quiero entender que la de ahora y la de siempre).

 

JORGE DÁVILA (Cuenca):  ¿Qué es la poesía acutal novísima?  “Creo que es, sobre todo, una búsqueda, una experiencia en el plano de la lírica y una experimentación con el lenguaje, sus posibilidades y sentidos.  Como nunca, el poeta actual sabe que las virtualidades de la lengua son muchas, y hace que su obra resida en el poder sugestive de sus elementos. 

 

La novísima poesía es también minimalista, los poetas resumen su visión del mundo, la problemática de su ser más íntimo, sus relaciones con el todo, en pocas palabras, en breves líneas, en un discurso concentrado, y a veces feroz.  Finalmente, la poesía actual es revelación, en muchos sentidos: como el volcarse, a veces cínico, del autor en la obra;  como el transmitir un mensaje, que lo sentimos como único, como venido de una fuerza que está más allá de la escritura; como descubrimiento, continuo y no siempre grato, oscuro, hermético, de una agresividad que parece una cuchillada, si hasta puedes percibir la tibieza de la sangre que te salpica en cada verso.”

 

SONIA MANZANO (Guayaquil):  Creo que la poesía novísima ecuatoriana está artravesando por un buen momento, lo que se hace evidente en una estimable cantidad de publicaciones, cuyos autores no sólo evidencian poseer fludiez metafórica, audaz manejo del lenguaje, oportuno dominio de los recursos expresivos, sino una voluntad de romper con los cánones establecidos, utilizando como instrumento de ruptura una fuerza conceptual en la que por igual converge en la lucidez, la ilustración y la originalidad. 

 

Una buena muestra de este avance la consituye la antología de Xavier Oquendo Troncoso “CIUDAD EN VERSOS”, pubicada recientemente.  La condición de novísimos no sólo la pueden ostentar los jóvenes, también pueden poseerla autores nona genarios, de escritura increíblemente jóvenes. 

 

La edad no es una condicion sine qua non para hacer poesía nueva.

 

 

SARA VANEGAS (Cuenca): La tendencia: una poesía múltiple.  Abanico de promesas y bellas realidades.  La última poesía ecuatoriana se consolida por mérito propio, en el panorama general de la Lírica Nacional, ¡En hora buena!

 

MARITZA CINO (GUAYAQUIL): La nueva poesía ecuatoriana apuesta a los temas eternos, tratados en unos casos con exploraciones filosóficas, otros con informalidad y retomando el detalle, lo cotidiano e instantáneo.   Creo que una gran parte de los poetas guayaquileños se inclinan al planteamiento de cavilaciones conceptuales, poetizando conversacionalmente con un ir y venir de versos hondos, cargados de inovación.

 

Otra gran parte de los poetas Quiteños son mas audaces en la experimentación, en los juegos retóricos y cultistas.  Sus textos son inmediatos sin buscar necesariamente una secuencia que lidere todo el texto.

 

CARLOS BÉJAR (Ambato):  La poesía clásica es lógica, racional métrica, rima externa que se opone a la poesía libre que es irracional y onírica, tiene rima interna y verso asimétrico.

 

La libertad métrica y la rima consonante formal desaparecen en el siglo veinte como tendencia generalizada.  Se impone la elongación libre del verso y las rimas interiores.  Esta transformación que algunos denominan “verso libre” parece haber sido causada por la traducción de poemas métricos y rimados a ideomas distinto de aquellos en que fueron escritos. 

 

La imposibilidad de halar palabras equivalentes con el mismo sonido y desinencias obliga al traductor que se ciñe a la literalidad, a utilizar palabras que en el nuevo idioma ya no riman y obviamente también se produce el desajuste métrico. 

 

La poesía clásica escrita ya no traducidas que se escriben en romance castelano antiguo y pertenecen a Gonzalo Escudero de Berceo, Gutiérrez de Cetina y Fray Luis de León Sigol XV o siglo de oro de la literatura española.  Lo extraño de ellas es que a pesar de su gran libertad formal por ser de inicios, ya sientan las bases de la metrificación y la rima que donimarían el panorama poético durante los cuatro siglos venideros.

 

Es así como tenemos, que la poesía que durante siglos se nutrió de significantes racionales y lógicos sintácticamente ordenados, llameremos clásica, y la poesía de oposición es la que aparece a inicios del siglo XX con una nueva manera de versificar, no solamente desde el punto de vista formal caracterizada por los elementos oníricos, ilógicos, irracionales si se quiere y que se fundamentan en las expresiones del inconsciente.  André Bretón la denomina surrealista. 

 

Y pasando a la poesía contemporánea tenemos que hurga en las raices heredadas, busca nuevos significados estéticos e incorpora además elementos lógicos de síntesis o esencias literarias, economizando masas y provocando estallidos y choques de estas tendencias para conmover los modos de percepción más íntimos del lector o del escuchante.

 

Cada tendencia o grupo de escritores parece querer fortalecer su propuesta escudándose en la seguridad del cardumen al conferir a su obra títulos que se refieren a asuntos temporales o generacionales o a maneras y modos de encarar su labor.  Todo esto es falso y conyuntural por ejemplo, ya en el siglo XIX se hablaba de modernismo y post modernismo en el XX de vanguardia y transvanguardia. 

 

¿Me pregunto si estas arbitrarias proposiciones dejan algo al porvenir?

 

La poesía nueva como tendencia actual, se inscribe en lo nuevo como aporte en los libre, donde hay cambio constante, lo que significa que siempre hay novísima poesía; hay un trabajo conceptual porque busca las esencias, por lo tanto economiza masas literarias; contrapone imágenes-esencias buscando niveles perceptivos muy íntimos en el lector, autor y escucha.  Utiliza elementos surrealistas, fusiona, interviene como mecanismo de subversión poética, y además incorpora y se instala en otras ramas de arte.

 

Si tuviera que dar un consejo a los jóvenes les diría escriban sin saber en qué, esto es, delusión, para destruir toda represión consciente y motivar el acto creativo.

 

MIGUEL DONOSO PAREJA (Guayaquil):  Los poetas de Guayaquil son más formales, conservadores, dentro de estos hay muchos de calidad como por ejemplo Mussó y Ángel Emilio Hidalgo.  Los de Quito son más experimentales por ejemplo Puma, y uno de los más interesantes entre los jóvenes es Roy Siguenza de Machala.

 

 

RODRIGO PESANTES (Guayaquil):  Nuevas orientaciones de la poesía en los últimos años: hay que partir de una aseveración que puede ser premisa valedera dentro de la órbita literaria de los últimos años.  No todo lo que se escribe en versos hoy es poesía.  Y claro no todo lo que se escribió ayer en verso tampoco fue poesía. ¿Dónde entonces están los límites?  El verso es únicamente el vehículo de la poesía. 

 

Por ahí viene el asombro verbal que camina de la mano de cierto ritmo y de algunos recursos de estilos.  La poesía que hacen los jóvenes de ahora lleva algunas afirmaciones beneficiosas como por ejemplo: la síntesis como respuesta a una sociedad llena de prisa, desde los afanes tecnicistas van limitando los espacios para el goce de la lectura. 

 

Luego encontramos una preocupación por el uso del lenguaje.  Los poetas de ayer no eran menos sensibles al valor de las palabras que los actuales, en cambio si lo fueron al significado.  La poesía actual es inseparable de la crítica al lenguaje, que a su vez es la forma más radical y violenta de criticar a la realidad.  Por eso es, a un mismo tiempo destrucción y creación del lenguaje.

 

Otro matiz de la poesía actual, es la ausencia de lenguaje tropológico y de las estrofas regulares o clásicas.  En la estructura externa prefieren el verso libre y dentro de él los detonantes verbales, los pisos connotativos, los espacios temporales y los tiempos espaciales que a veces lograron dar con la mágia poética y en otras se quedan en los simplemente verbal y enunciativo.  En las mujeres del desborde lúbrico, como una forma de liberación más que del subconsciente de los prejuicios sociales.

 

Lo valedero pensamos que en esa arista del verso no es lo que se dice sino como se dice.  Por fin creemos que la orientación hacia la problemática social o política ya no es su punto de mira sino la configuración misma del mundo en que viven.  Son entonces más universales por la proyección y más interrelacionantes con otros poetas de otras latitudes.

 

CARMEN VASCONES (Samborondón, Provincia del Guayas):  Para mí el invento de poesía “novísimo actual”, que se utiliza para referirse a la poesía nueva y que está en boga, me suena a encuesta electoral en el mercado de las editoriales; y muchas veces se cae en la trampa del consumo de nombres fabricados por marketing estandarizados de acuerdo al mercadeo publicitario.  Y según el coleccionista de nombres o liderazgo de la masa lírica.

En fin, la producción de poesía actual no es una moda, modelado, ni modelo con diseñadores de ropajes para pensar o sentir el alma o la realidad social con sus problemas.  ¿Quién tiene la última palabra? Nadie, porque, siempre habrá hacedores de versos y poemas. 

 

Anteriormente, se hablaba de vanguardias, hoy el término es “novísima”.  Pues, bien, para mí la novedad de las poesía está en su aporte, irrupción, desacralización, voz no oficial, que subvierte ordenes, que se rebela, que ausculta más allá de la ideología, moral religión, política y de las instituciones. 

 

Es la poesía, la que no está a expensas de suceder, monopolizar, destronar o decapitar el lenguaje, o figurar como superestrella frente a los otros poetas que están en el campo de batalla de la creación, no derramando sangre sino creaciones que sostienen la vida con vida, con renovaciones, destruyendo vicios, deshabitando hábitos y rutinas, desafiando y osando espacios de “goces innovadores”. 

 

Es la que embiste con remolinos de amor y belleza, que impacta, que impregna, que remueve al lector, a las estructuras de la escritura, de la lengua hablante.  Diría es demadrar lo aprendido, es un reaprender permanente, es un reto de inconformidad perpetua, es un movimiento que no cesa con la muerte del autor, porque este incluyó su huella y pulso en el verso, es un pase libre, una licencia poética que irrumpe como sorpresa ante la voz que inscribe lo que pasa por sus sentidos y actos.

 

La poesía no acepta partidos, ni urnas ni gobiernos en su estado de creación. 

Ella es una partida humana investida de impaciencia yfantasía, de serenidad y soledades, de ansiedad y esperas, de hechos y frustraciones, de amores y desamores vueltos, revueltos y desenvueltos, de realidades y posibilidades. 

 

Sólo parte hacia la vida, su presupuesto son las convivencias reales o ficticias entre su mundo y los mundos de los hechos, sucesos y perspectivas.  Destruye con creación, no con represalias, ni terrorismos, no con dogmas ni guerras ni conquistas, no tranza con la corrupción ni con la globalización, tampoco clona la palabra.

 

Ella, la poesía, son los deseos de la humanidad mediados por los voceadores de hacedores de poemas, que escogieron el camino de escriturar ese encuentro con la vida más allá de la experiencia de un presente, que traspasa la alegoría y hasta la insoportable realidad para existir en la brújula de las metáforas “vivificantes”, verdaderas y plenas de una intención increíble maravilosa y cargada de sentencias e interpelaciones, empapadas de epistemologías que dicen no ahí donde es sí o viceversa. 

 

Que hacen de frente y resistencia a la memoria, la historia y los legados de la humanidad.  Pone en imágenes los acontecimientos de la “vida real no pasados en telenovelas”, trasciende el cine y televisión, porque no tiene un noticiero amarrado a informativos de una sola vía, no tiene una última verdad ni cierre, ni epílogo. 

 

El portador de la poesía, su poeta, entra a lo prohibido reprimido, censurado, a sabienda de que se puede tropezar con otras versiones, otras historias, otras situaciones; el poeta excava, desoculta los diálogos de los cadáveres anónimos que quieren contar lo que pasó.  Se acerca a los que quieren dar a conocer sus sufrimientos, sus secretos inaguantables. 

A los que quieren desenterrar sus muertos con palabras justas. 

 

Conversa con los que no creen ya en las promesas de los gobernantes, con los que no se dejan aniquilar por demagogias, torturas, ameneza. Abraza a los seres que aman la existencia, que quieren vivir y viven en naufragios de desesperanzas, les da la mano para que arriben a sus propias huellas y orillas. 

 

Sobre todas las cosas del mundo, está la propia vida de cana uno que sustenta su sombra, su presencia y duración de pasada por el verbo como un tesoro intransferible. 

Promueve la defensa propia: una  comunidad sin fronteras sin banderas sin panfletos sin conisgnas.  La poesía es una verdad no negociable.  Si le pones precio ya eres parte de un estado embarazoso…

 

La voz del poeta es un espacio de expresión y recepción, un vínculo y puente.  Una demanda.  Es un compromiso ineludible con la denuncia de la realidad cotidiana, la injusticia, la discriminación.  Es un canto a la sexualidad humana, al amor, y al “descubrimiento del yo con ritmos y acentos propios”.

 

La poesía no tiene un público comprado ni contratado, no tiene recetas, ni menú ni “control” ni opinión de sabetodólogos.  Se plantea interrogantes como uno y otro, se pregunta qué hacer, dónde ir, se siente su propia incógnita, se cuestiona ¿Quién es? 

 

Protege al ser sin limosna, sin lástima, sin compasión, sin culpa.  Invita a ser leído, no se promueve como propaganda de “chispa de la vida, no es un ideólogo, ni tratadista, ni estadista de dolores y guerras, no es un burócrata conforme y resignado que espera ascensos oportunistas, no es vendedor ni comprador de las ofertas y demandas.  ?Dónde encontrar la palabra sin precio? El libro se compra pero la palabra escrita por el creador no es un negocio anticipado a menos que…

La palabra es la intérprete del creador, que lo diga el lector cuando sabe el valor de un libro que pone en discusión el piso del poder.  La palabra contiene su autoridad poética. Lo dicho está: el verso ejecuta al verbo.

El estado de la palabra una historia en movimiento y francamente expuesta.

 

No espera triunfar como inventor de palabras, pero si nacer a través del cuerpo del lenguaje umbilicado con la voz propia de la poesía que está volcada entre los actos humanos, la psique, la memoria, la naturaleza, la civilización y las relaciones sociales.

 

Se zambulle en la fuente de la contaminación del poder para detectar las minas de corrupción que atentan escondidas entre las cosas y las relaciones humanas.  Las saca a la luz; muestra a los seres que están dispersos, mutilados, confusos, conspirando, luchando. 

 

También acoge a los amadores, soñadores e inclaudicables, los entusiasma a seguir. 

 

Se acerca al suicida y lo calma acunando el caos y el vacío en la palabra. 

Entra al horizonte para dejarse caer en nuevos despertares. 

Se descubre, el yo que no soy del yo que soy y no sé de él. 

 

Saca los Yo del mundo del silencio.

 

La poesía pasa por el prisma de los sentidos, los pensamientos y la imaginación del poeta, busca dar a conocer lo inhumano.  Lo brutal dentro de las vivencias.  También lo hermoso de la angustia al envolvernos con el erotismo, lo sensual, o la lucha del ser por no reducirse a un charco de palabras putrefactas.

 

Entonces, “¿La idea de modernismo, de nueva o de novísima en la poesía qué mismo es?  ¿Importa quién tiene el poder de decir qué es moderno o actual?  ¿De quién lo diga?  ¿Las editoriales, del mercado, académicos, los medios de comunicación, los críticos?  ¿O los trabajadores del quehacer poético o los poetas mismos? 

 

Resulta así, que lo moderno en poesía actual corre el riesgo de ocultar, ignorar o desvalorizar e invalidar lo humano por lo humano por otro semejante, llevando a desconocer el encuentro con lo natural, simplificando el movimiento y dinámica de la dialéctica e historial social. 

Y también correría el riesgo de promocionar o resaltar lo que es de moda en el mercado comercial.  Es así que para entender, evaluar y conocer lo que es novísima poesía uno tiene que excavar y ahondar más allá de la superficie para encontrar lo que verdaderamente es de valor, para hallar el oro y no pirita decorativa de la mina que es la poesía, y que no necesita dinamitas ni explosivo alguno para adentrarse el ella”. (Roger Hollander)

 

¿Es tan dificil construir y crear afectos, incluir el humor y la ironía en la mordaza de la pasión, expandir el diálogo intra colectivo e interpersonal?  La aventura por la vida es investir, destruir y demoler para cambios, consumir, demandar, producir conocimientos y obras. 

Trasformar, proponer, plantear. 

 

La vida del escritor no puede pasar por alto la arteria del deseo. 

 

Al espíritu poético no le asusta el vacío ni la nada, ni la dictadura disfrazada en rostros, clases y gobiernos con vestidos de democracia. 

No se deja embaucar por los oropeles de la seducción y del sensacionalismo. 

 

Su oficio estriba en desarmar el arma asesina del cuerpo de la imaginación.

En su manera de escoger, decir y sostener verdades refutables de la belleza, del horror, del dolor, de la alegría, desde ese lugar y nacimiento sublime o deseperante del verso.

 

Angustia evidencia de un mundo anhelado, a descubrirse, a exponerse, a presentarse, a reclamarse.

 

Osa la gloria de la palabra como realidad de magia instalada y concebida en espacios de tiempos presentes, perdurables y creándose perpetuamente.

 

Carmen Váscones

26 de septiembre de 2004

II Festival Nacional de Poesía (Manabí, Portoviejo)

Panel: Nuevas Tendencias en la Poesía

 

    

Abdón Ubidia sueños de lobo, por carmen váscones abril 22, 2009

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SUEÑOS DE LOBOS

“Tal parece que el cansancio acumulado en tantas noches de insomnio le empujara por detrás de los ojos, muy dentro de su ser. Después de todo, si el insomnio siempre es inoportuno, y esa es su condición ¿por qué razón no ha de serlo también el sueño?”

Abdón Ubidia
El lobo entra al círculo del insomnio, muerde el tiempo, los sueños se desvanecen junto a las manecillas que sostienen el cadáver de Dios.

En el nombre del padre, mi infancia, oración del juego destruido en el sonido metálico del reloj.
La palpitación insoportable libera la locura del que dejó de ser soñante. “Reza para calmar su orgía sin oniraciones, monologa para el silencio, “en algo calman mi angustia del sueño de los demás”.

No sabe qué hacer con el espacio en blanco que digita la desocupación del caos en la matriz de dos ojos pegados a la dilatación de la córnea.

Sale la luz de las tinieblas.

El trasnochador no tiene sueños, los perdió en la celebración de su nacimiento.

El trajín yace agolpado en la negación errante del hombre envuelto en la memoria del proceso donde toca su límite, el desvelado.

“Hora en la que existe”.

La soledad de su existencia troca la vida en su cuerpo sometido a la lucidez del sobrecogimiento del mismo amor cargante del deseo.

El alma gemelo del cero es la muerte naciente en el reflejo que se desliza en la mirada de “un ser como yo”.
Frontalidad de la angustia desamparada del adicto nocturnal que asoma sus retinas en la red del simulacro.
El aullido de la aguja recoge el espasmo bronquial del criminal, el cuerpo atrapado en la rueda del prófugo gotea contra bandas como señal cómplice del resplandor.

“Me he convertido en un hombre de la noche, en un hombre lobo”.

El animal no duerme, la espera del sueño no llega, ni siquiera la fatiga prestada lo noquea. Su cuerpo huye del descanso.

La angustia se instaló en su apetencia, vive un estado de alerta, como de sirena anunciando acechanzas agazapadas en los párpados.

Nada lo detiene al caminante del deber el haber y no pago.

Su fe, un ángel de la guarda que lo deja noche y día solo para probarlo. Su credo, un insomnio pasando por alto los templos y los miedos.

Los confinamientos del pánico y la soledad están detenidos en los encandilamientos desprendidos por un espacio libre en el rompecabezas del tiempo reacio a incorporarse en la graficación de su uso.
Su consumación: un cuerpo, una noche.

Trasnoches. El sueño no reparado, en un hombre que no puede o muy en el fondo ¿se cansó de dormir, de soñar?
El protagonista de la novela se oculta en los sueños de los otros. Él es un merodeador marcado por la manecilla de su rebeldía, por la onda de su radiación cerebral, por los golpes mentales de su inconformidad.

Por su propia muerte no entendida en el género que conlleva su pregunta. ¿Dónde estoy? Su anhelo de no saberse y saberse, lo manipula, lo confunde, lo condena a estar en alguna parte, a ser en el pronombre de su identidad, el tramador del sueño o solo un hombre desesperado en las trincheras del común denominador.

“En la noche sin límites, yo me voy de tumbo en tumbo, a veces enloquecido, errático, por los sitios del pasado que marcaron mi vida o que la configuraron – si es que alguna forma tiene – huyendo inútilmente de las caídas y de los abismos, buscando inútilmente permanecer en los recuerdos felices, en las treguas, en los olvidos”.

En la vigilia empuña la caja fuerte. Ajusta. Se va. Allí se arma y desarma el castillo de naipes, allí se pega la carambola sobre el lienzo verde.

Allí se oprime la jugada de los contrincantes.

Allí donde el tú y el yo se fusionan en la búsqueda agotadora de la salida que se precisa en la imagen que se construye y destruye de la realidad que se pisa y se evade.

Donde ya se verá quién se es.

En el boquete de la mente la frustración roe sueños ajenos, los propios evaden fracasos en los laberintos de la codicia atormentada en las manos vacías del que no tiene nada al despertarse.

O simplemente o peor, haber estado en vela del esqueleto todo un siempre, como un faltante que no cuadró nunca y no se lo detectó, pero que estuvo ahí.

Frente a frente. En silencio y encubierto.

En los malabares de la conjetura de asaltantes hambrientos, soñar no cuesta nada, solo un riesgo pleno, como As bajo la manga, como sucre cayendo en la rokola y tocando la escogida.

Como un corazón rojo en la espalda del hombre que cruza la niebla y dejar brillar algo. El átomo de la razón se desintegra en el escozor de los maniatados.

Los humanantes cierran su vulnerabilidad en la edición de sus anhelos, se contagian contemplando la caricatura del espéculo arrojado desde la inocencia.

El sentimiento parecido al amor se escurre en los andamios del reloj que brota en la boca de la tierra.
La rotación del las palabras choca en los cuerpos.

La existencia, un monosílabo en los silencios y equívocos de la huella nómada en los desprendimientos de la memoria: su fósil, marcado con los señalamientos del propio desgaste.

Bajo la mampara de la interpretación alguien oculto escarba en su pellejo. ¿Quién está en él?

“Jamás supieron nada de mí. Nunca lo sabrán. Qué pudieron saber ustedes del niño que usaba como pretexto el disfraz del hombre lobo para tocar a las niñas b buscarlas, muy dentro de sus vestidos… ”

“Qué pudieron saber ustedes del adolescente que se reunía con oscuros conspiradores que soñaban en gigantes rebeliones que incendiarían el mundo. Qué iban a saber ustedes del hombre que descubrió, con una lucidez extrema, que la vida organizada… no le concernía… ”

Quién puede escuchar la confesión del testigo sometido a su propia pena. ¿Quién condena la anticipación del caso?
El perdón se pierde en los brazos convictos de la culpa, el perdón se encuentra sometido en el sinsabor de las ganas de vivir, el suplicante crucifica su redención en la reiteración de nuevas confesiones a ser ungidas en la confirmación de su dolor y soberbia.

El cabecilla intelectual sabe “que detrás de un autor policial, por ejemplo, hay un asesino que no se decide a asesinar”, el lobo salido de la manada “sabe o recuerda, que cuando se desea a una mujer y no se la posee, entonces se escribe un poema.

Cuando se la posee, el poema ya nos es necesario. Y solo volverá a serlo cuando la mujer huya…

Sabe, además, que lo escrito no es cierto para los individuos en las soledad de su corazón.
Porque se escribe para no ser uno mismo”.

El tiempo se inserta en el acto, demanda a su actuante, lo obliga rendir cuentas, a minutar su posesión. Instiga en el punto tambaleante del instinto, la debilidad del indeciso se doblega a su falta de convicción.

Quiere ser alguien a como de lugar un maleante de la lujuria noctámbula.

Ser impreso en las páginas de la crónica roja. ¡Que más da! Está echada la partida.
Me toca, te toca.

Inventariamos la ruta, en su rumbo el peso de la pasión quemando los rastros. Exclamación. Morir después de vivir al precio que sea. Al paso que llevo. A paso del paso. Al asalto…

“El tiempo de la ansiedad es eso: existencia pura, energía pura, la máxima concentración de nuestro ser en un orden, él de los relojes, que no atrapa y no niega a la vez…”

Cansancio, deseo de dormir para nunca acabar. Deseo de dejar de aullar en el hocico de la realidad. Deseo de no saber nada. De …“No sabe que el peligro está en no saber acercarse al filo de un abismo. Y no en tener el valor de renunciar a él”.

Demasiado tarde, los lobos se dispersan bajo la luna llena del escrito.

El escritor se levanta, se pone su abrigo y sale a recorrer su viernes acostumbrado.

carmen váscones
14/3/95

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Rocío burgos silueta de fuego, por carmen váscones abril 21, 2009

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¿QUIÉN ERA ROCÍO BURGOS?

 

 

Rocío desde su tierna enfancia ya la poesía rondaba en sus balbuceo y garabatos.  El dolor y el amor eran dos huellas que la tenían en los malabares insaciables del ser y la razón; su deseo no quería explicarse, sólo quería sostenerse en algo soportable y llevadero. 

 

El camino que escogió no fue fácil, la mujer que llevaba dentro la condujo a tejer un devenir de actos y constancias.  Pudo ser la que fue, ¿quién era?  Enfrentó la contravía de su yo.

 

La que conoció cada uno, no era una mujer célebre de las páginas de la historia, pero era un ser humano con una historia propia que no puede ser negada ni olvidada en las páginas de la memoria de la literatura de Guayaquil. 

 

Su único libro publicado es “SILUETAS DE FUEGO”, en proyecto tenía “SORTILEGIOS DE SIRENAS”.  Trabajaba cuentos y poesías.  Tuvo otras bísquedas por expresarse y manifestarse, su alma era una vorágine de cabos sueltos que desataban los recursos que improvisaba su ser cambiante, estos eran la música, la pintura, el dibujo, la fotografía.  Un hilo de fiesta su atadura con el oceano.

 

Sus pasos le permitían plasmar su angustia, silencio, soledad y la calma de su euforia pasional, de su mundo intermitente y convulsionante en el que tanto sus ideas como sus afectos sostenían los artificios de su yo amotinado, el mismo que no tenía nada que ver con el espejo de la vanidad: su majestad el EGO. 

 

Sino con ese mundo interior de la fantasía de la pura poesía de los que no tiene lugar ni existencia en lo que se llama la realidad externa, social y “vivible”.

 

Hoy es una ausente en el espacio, de ella la palabra de la poeta vestida de versos y de rocío.

 

carmen váscones

8/10/98

 

 

SILUETAS DE FUEGO DE ROCÍO BURGOS

 

Cuando la poeta chocó con los espasmos de la fantasía descubrió la desnudez absoluta del género.  Encontró la duda y la certeza acoderada en el orificio de la realidad.

 

Ubica su lugar en el parto de un indicio. 

 

Inicio de la entrega al dado de acertijos, secreto del pretérito errumbando en los desfiladeros de su imagen que desemboca en su cuerpo sometido a la primicia del descubrimiento:

 

“desnudo

los secretos

de mis huesos”

 

Riostras de perfiles encaramados en la desinencia de la búsqueda, ajustes de cuerdas amarrando los vocablos no marcados. 

 

Estructuras de sentidos encofrando “el dolor: una espada rota.”

 

Sigue la obra encaramándose en la soledad misionante de no perderse en los espejismos de la nada. De no encontrarse con su infidelidad a la muerte.

 

De no tocarse con la aventura del caos incrustándose en los prismas del corazón maniatado en los brazos del anhelo.

 

Se queja la fuente:

 

“Lluvia me

haces una grieta

en la cordura del vacío”

 

Implora la creadora:

 

“mar

ocúltame en tu extravio”

 

Desafueros de la fábula en boca de la luna.

 

Rueda la noche como canica vencida por el rebote.

 

Queda el silencio como cuarzo enterrado en la osamenta del minero.

 

“realidad

eres una nube

en agonia”

 

Nadie soporta excavar en sus espectros.

 

Cada cual lleva su cuenta y su recorrido como desatino invadiendo el pronombre del otro:  El yo del tiempo.

 

“Conjugo

la oquedad del amor”

 

“Me seduce

el ojo

del suicida”

 

“Mi voz

demencia

que se agota”

 

La errante poética levanta su fundamento en los acápites de la tristeza ornamentada en su alegoría incansable de tocar el nacimiento de su luz. De su llanto escuchado por la hada que quedó prendada por la sonrisa de la pequeña que desafió al espejo sin alicia en el país de la incógnita.

 

“Espejismo de matrices

divago

en el recodo

de un vestigio”

 

Cae el sonajero de las manos de la sirena que rodea la silueta de fuego que se mira a sí mismo mientras entre bromas y juegos se regodea de amor propio.

 

 

“me cautivas

círculo

de mis contradicciones”

 

“enigma

maquíllame

con locura”

 

La curiosidad del lenguaje invade la palabra con ironía:

 

“más allá

yace mi angustía:

cuervo

maquillándose con mi imagen”

 

Sigue la música y todas las estrellas en un sólo tono sueltan:

 

“Habito una isla

de fantasmas

donde el péndulo

refleja soledad.”

 

 

carmen váscones

9/9/95 playas

como concibe al libro, por carmen váscones abril 17, 2009

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¿COMO CONCIBE AL LIBRO?

 

Un libro en mis manos es la posibilidad de intimidad con la imaginación.  El libro es un soporte, es un campo abierto de posibilidades.  Cuando se es niño y no sabemos leer ni escribir, nos encanta que nos lean – qué dice aquí -que nos repitan una y otra vez la historia, que nos expliquen, que nos hagan sentir la vida del texto. 

 

En un libro están seres animados que se proyectan. La piedra, el animal, el humano son personajes que tienen una historia, valores, problemas, alegrías, mensajes y sentidos a los que el niño está atento a captarlos.

 

El libro nos remite al autor, y por lo tanto a la convocatoria de oyentes y lectores, un texto logrado suscita, se lo siente, provoca emociones, hace pensar, aprobar, rechazar.

 

Es una moraleja, es un testimonio del bien y del mal, es una posición quiéralo o no el autor, hacia una forma de ver, admirar, crear o de intervenir en la realidad. 

 

En fin, el libro es un mundo aparte dentro de otros, es una realidad dentro de otra.  Los libros son la biblia de los mitos, leyendas, estilos, fantasías y  los hechos expectantes o creados por sus progenitores/autores.

 

¿CUAL O CUALES SON LAS OBRAS DE SU AUTORIA QUE LE HAN DADO MAYOR SATISFACION?

 

Empecé a escribir desde los quince años diarios, poemas, reflexiones, mis pensamientos, mis fantasías y vivencias.  Desde los cinco años, recuerdo que me gustaba escuchar historias, cuentos, misterios, sean en la radio, disco/cuento que nos ponían las monjas españolas en la escuela. De mi padre y madre me interesaba ellos y sus antepasados, o saber lo que habían vivido. De las personas que colaboraban en casa me encantaban también sus historias, tenía mucha paciencia y entusiasmo para escucharles.

 

La verdad es que me parecía mágico todo eso que salía por la boca, del libro,  del disco o de la radio.

 

Me adentraba en esos relatos con mi imaginación. 

 

También participaba en obras teatrales, danzas, era maravilloso todo lo que uno podía hacer con el cuerpo, con el entusiasmo y con el deseo de representa y escenificar.  

 

Era romper toda la timidez.

 

Era a ser: unos desvergonzados infantiles y adolescentes en el escenario del arte.  Vivía intensamente la pasión que me producía estas experiencias, experimentaba emociones encontradas, a veces quería a mi personaje o quería el otro, pero  tenía una responsabilidad de sacar adelante el que me habían asignado, creo que tenía que amarlo y no rechazarlo. 

 

El personaje estaba en la realidad y en la fantasía y tenía que hacerlo mío. 

 

Cuando un es niño se cree casi todo, y si tiene un margen de dudas, – se es muy preguntón – eso no importa, lo que interesa, es lo que nos produce y provoca, los estados de atención a eso mágico y misterioso de aquello  había una vez …

 

Entonces, por qué todo esto dicho.  Bueno, porque mis libros están acompañados de todo ese mundo con los otros construidos. Cada uno responde a un ritmo, a hechos que acontecieron mientras iban desmadejándose. 

 

Quizás todavía no estoy preparada ante mi propia crítica o juicio para decir este o aquel libro es el que me ha dado mayor satisfacción y dolor.

 

Lo que sí puedo afirmar, es que estoy inmersa con el yo que me acontece y convoca como persona individual y única,  con los demás que me involucran en un vínculo dado antes y después de nacer. 

 

Es una responsabilidad saber, que, con nuestras palabras y/o actos hacemos y deshacemos.  – En estos tiempos tengo mas precisa esa angustia vital –

 

Me siento comprometida con mi vida y con la de los otros, será por eso que me encanta trabajar con niños, a ellos los veo indefenso en manos de los mayores.  Un adulto con su incomprensión o agresividad puede ser monstruo ante los ojos de los pequeños, y de hecho, después, ellos aprenden a defenderse con esos mismos mecanismos de violencia con los que los padres o maestros intervinieron y que a la vez inculcaron en los pequeños. 

 

La verdad construye, la mentira destruye. ¿Dónde está cada una?  ¿Dónde están éstas dos y cómo laborar en las diferencias, en lo que es y no es? 

 

La tarea como humano es intervenir para afirmar o negar, provocar o replantear reglas y cánones establecidos, no callar lo que oprime y somete, decir lo que no se dice, arriesgarnos a ser.

 

Y el arte no puede ser cómplice del silencio, ya que este denuncia y propone.  Ningún arte está libre de los hechos de la historia.

 

No quiero escoger uno de mi libros publicados o inéditos, porque estaría cayendo en la queja de la inconformidad o de la justificación, cada uno de ellos tiene su etapa de creación y término, donde les he dedicado el tiempo ¿suficiente? O el que he creído. 

 

Aclaro, siempre habrá una insatisfacción de que algo faltó, o de que esto otro, por eso es mejor seguir adelante, en presente.

 

Mi mayor desafío es algún día hacer libros para niños en el verdadero sentido de lo que significa. 

 

La infancia me parece la edad e la magia.

 

¿DEL ACERVO PARTICULAR, QUE OBRAS CONSIDERARIA LA MAS IMPORTANTES DEL SIGLO XX Y POR QUE?

 

Me gusta leer mitos, cuentos infantiles, leyendas, biografías.  De lo último y fresco que he leído es la “Emperatriz de la fantasía” de Michel Ende, que me atrevo a recomendar a los adolescentes y a los adultos.  Anteriormente “Alicia en el país de las maravilla” de Lewis Carroll.  “Cien años de soledad” de García Marquez, poesías y ensayos de Octavio Paz y Borges, también libros de Yourcenar y Duras. Henrry Miller y más. De los escritores nacionales a Palacios, José de la Cuadra, Alicia Yanez, Eliécer Cárdenas, Miguel Donoso, Carlos Béjar, Abdón Ubidia, Jorge Dávila, Sonia Manzano, Maritza Cino, Eliana Espinel,  Gilda Holts, y tantos y tantas otros/as que se merecen ser leídos y difundidos.

 

 

Creo que la literatura no puede ni debe ser un monopolio editorial, debe ser un proyecto de apoyo, difusión y promoción.  Pues, por ahí hay escritores brillantes tanto allá como aquí como en otras partes del mundo, que no se los conoce y resultan superiores a los que conocemos o tenemos al alcance. 

 

Las transnacionales llegaron a las artes y la censura también, y esto va en contra de la originalidad, libertad e ideología de la obra.  No se puede permitir fomentar el mundo de las boboletras o disneypintura.  Si caemos en ese vicio, simplemente entramos a la adicción de una gloria barata, burda y mercantil.  Sin verdadera presencia del arte por el arte.

 

¿CUAL FUE LA BIBLIOTECA O LAS BIBLIOTECAS QUE USTED TUVO A SU ALCANCE PARA ENRIQUECER SU ACERVO INTELECTUAL?

 

La primera biblioteca fue la de mi casa, mi padre se preocupó de eso, a él también le gustaba leer y eso fue un beneficio, luego, la biblioteca de la Universidad Católica en Guayaquil, de la Casa de la Cultura en la ciudad que vivía, , de Biblioteca Municipal, la del Museo Antropológico y porqué no decirlo la de los amigos.  En lo personal poco a poco he ido armando una.

 

Un consejo que me aplico y lo vuelvo extensivo “no es tanto lo que se lee sino le que se escoge para leer”.

 

En estos tiempos hay que combinar televisión, cine, teatro, música, y letras.  A los libros hay que darles y hacerle un espacio y lugar.  Por lo tanto, hay que empezar por el niño, joven y adulto, y este último es el que apoya a los dos primeros.

 

Y usted Ruth tiene una basta formación, pues creo que hay que compartir experiencias, sistematizarlas y devolverlas a los centros educativos, culturales, familiares y comunitarios para que el arte no resulte una isla ni algo fuera de la vida. 

 

Y más aún que el libro no se vuelva una reliquia o adorno en la biblioteca de la casa o de las instituciones. (Entrevista de Ruth Garaycoa a Carmen Váscones)

 

 

carmen váscones

18/8/98

con texto sin dejar de contar, CUENTO QUÉ HAGO CONTIGO,de carmen vascones abril 15, 2009

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El océano se detuvo ante las luces, zarpé hacia ellas, mi padre fue la proa del abismo, crucé el dintel de las resacas, el puerto olía a mis cinco años, mis miedos eran enemigos breves, entraban y salían.

 

Indago la fisura de la madera, la fatiga quedó en el trecho,  retomo los restos, anduve por el desandar de la quimera, nada se rescata, retorno como brisa tras la ausencia.  ¿Dónde está? ¿Qué extraño?

 

El regreso postergado en tantas muertes.

 

Tropiezo conmigo a cada instante, la tiniebla tiene aroma de rebeldía, una zanja atrapó el acto, empuñó la imagen, raptó el anhelo, hizo de la furia su cábala y del movimiento un frente. 

 

Cruje el vacío.

 

Y no escupen la Biblia, siguen matando al enemigo, no hay mejilla que ofrecer. La estatua de sal sirve para juegos cerca del mar. La lengua navega sobre el sepulcro, ilumina la creciente, sale entre los litigios, la travesía está entre los acantilados y los sortilegios del alba.

 

La espera enterró su mito, la grieta dejó de soñar la unción, el frenesí liberó la promesa. ¿Quién se sumerge en la palabra?

 

Mi padre parece el sueño de un roble erguido sobre el bastión de su leyenda. Tantas veces he visto su barbilla hundida en la ventana tan igual a los años en su bastón.

 

Cuantas veces lo he mirado desde lejos, el autobús pasa justo en su calle, su casa remonta lagunas de una cuna tan igual a su silencio y risa. Siempre tengo la sensación que vive el sobrecogimiento interior de un pueblo.

 

Su generación que apellida pareciera encerrada en la hacienda y las fatigas del abuelo que jamás volvió a pisar una ciudad. La tercera generación rasgó la línea de los primogénitos, ninguno devolvió a la escritura su imagen, tampoco redimieron el libro de las filiaciones. A la cuarta generación le tocó navegar el incesto estacionado en un cantón.

 

Nada puedo añadir a él, habita el enigma de su nombre. Mi lugar una generación del pase. Las madres iniciaron la jornada del atajo, la hechura del sueño se abrió como sexo pariendo. El Dios de mi padre se parece tanto a una mujer extraña.

 

Buscan los descendientes su imagen entre los huéspedes de esta quimera. Sus amores vividos han fecundado el útero de la muerte. Sus hijos son la generación del desenlace. La infancia arrancó a otro distrito, otros golpes acaecieron a los herederos.  El padre concluyó su imperativo.

 

¿En cuál cementerio reposará el nombre del principio que engendró el génesis del símbolo?

 

Consumado el asentamiento del linaje el antepasado desistió, canceló una deuda que no era suya. Dejó de estar atrapado sobre el terreno de las conmemoraciones el designio del fulgor.  De uno en uno los mortales impulsan la embestida de sus atestiguamientos.  Nupcias a la vida. Palabra y muerte.

 

Los convivientes del otro orden se dan citas precipitadas al finito. Pactan nuevas sangres. Aliadas las filiaciones a los lugares de otros orígenes. La estancia está vacía.

 

En el libro del escudo yacen incrustados los iniciadores, y, entre ellos, está aquel que se pregunta ¿quién ere su amante acaso la muerte?

 

El suscrito soltó los restos coronó la muerte con amores. Prefijos de olvidos exhalan el drama de una alianza. En la palabra padre hay un espacio de resina y urna. -Él un caos perfecto-

 

Llevo su sangre como pacto con el infierno, llevo su ternura como Cristo besando los pies de Magdalena, llevo su nombre como salvaje recogiendo la luz en la roca grabada. Su ausencia la cubro con parábolas. Hecho incienso en sus pasos.

 

Mi origen desemboca en la angustia divina: estoy sola. Habitación 110, 4 de agosto de 1997. 8:10 p.m.

 

Tallo en la luna el movimiento del caos. Someto la muerte a la belleza del nacimiento. El se acabó, no vi su muerte, no quise recibirla. Su angustia era como un hijo desterrado del vientre del deseo.

 

Cuánto quería calmarte quitarte de ese trecho, de tu sufrimiento sólo tu sabes, no estuve en tu pellejo, tu aliento desesperado luchaba sin tregua.

 

Recibía tu miedo que era mi impotencia, te abrazaba para apaciguar eso que sentías, nos quedábamos quietos con las manos juntas. Cómo aparecía tu dolor de no separarte mi vehemente y tierno, incapaz de odio ni rencor, cómo hubiera querido que te fueras sin la lucidez del último paso para que no pidas no te dejen morir. Cógeme dijiste como si fueras un niño te quedaste en los brazos de Mercedes, tu cabeza cayó en su pecho.

 

Tuve desolación verte ese instante, sentí furia, y un ahogo que me quitaba el aliento de no poder hacer nada, de enfrentarme con tu cadáver, de ya no escucharte.  No sé si era soberbia o egoísmo, quizás si lo sé, tu certeza inconfundible, tu presencia de patriarca, el hombre que conocí con su orgullo y fragilidad.

 

Un humano especial en el redil de mi historia.  Aquel que puso el espermatozoide en el óvulo de mi madre, exacto coito del engendramiento, yo tu hija atestiguo parte de esa alianza que construiste con ella. No tienes sustituto, fuiste solo tú.  Por eso la frialdad eterna no te pertenece ni a mí.

 

Me es inevitable pensar en tus gusanos que te están devorando. Imagino la putrefacción de tu cuerpo, su olor espantando la eternidad.  Menos mal que los buitres no llegan allí.

 

Ya no estás – ya no eres. Cayó tu acto. 

 

No hay próximo encuentro.  Tú sin mí yo sin ti. Aquí estoy escribiendo, ya no leerás mis  inéditos mi crítico y primer lector, te extraño. Amante padre me traicionaste, te fuiste con mi rival, siento el dolor del dolor, no tengo nada que juzgarte sangre de mí, echo tierra al vacío, escupo la nada, me lamento como nunca, lloro sin más.

 

Que problema ser mortal, cómo duele esto, este dolor como que no fuera a acabarse. Tengo partida el alma, tengo un boquete en la palabra que tienes un lugar.

 

El arco iris está fragmentado en el universo de mi memoria.

 

Ausencia de ti soledad del silencio ahí. Dios nombrarte no basta en este momento. Siento un movimiento caído en la mudanza del verbo. El dolor es una forma de no  morir.

 

Salgo del panteón y de la oscuridad, me alejo de la lápida, siento una tristeza profunda.  Te llevo como secreto. Le doy giro a mí ser, me encuentro otra: me enfrento. Veo en mi rostro la huella de la pérdida. Me visto de luto. 

 

Por no sé qué tiempo busco su rastro. Ni su sombra -disgrego- alguna vez pensé en el suicidio, no soy capaz,  me alejo de la melancolía, sepulto la idea que se cruza, qué duro sin ti, impongo mi presencia.  Te guardo dentro.

 

Mi deseo dispone de la eternidad que no soporto, tonterías de la razón magia del cómico. Para no estar extraviada en tu imagen hago toques de poesía.  Danza dentro de mis dudas como hada infantil. Siempre me faltó algo quede ahí. Me quiero liberar de mí pero en el fondo no. “Me quedo conmigo”.

 

Muerte carencia del deseo, espectro del abismo, yo de otro, resto del ser. Yo: no soy otro. Estoy libre de tu muerte. No te debo nada padre sólo te amé.

 

Alguna vez me contaste que cuando tu mujer nacía tu historia había empezado, otras lunas coqueteaban y sollozaban. No sabías qué pasaba estabas alucinado con tu deseo, pusiste sembríos en otra tierra, crecieron como girasoles desafiando al sol. 

 

Te asustaste,  huiste a otro sitio, ibas como siempre traje blanco nítido con tu cigarro infaltable, tu sombrero, el bastón fue después, estabas bello, no entendías el movimiento, la gente se encaminaba a un lugar.

 

Quiso el pueblo detenerte, peleaste como ebrio con el fantasma, oíste el cadáver anunciado por las campanas de la iglesia, te acercaste siguiendo a los otros, te encontraste con la casa de tu amigo, el difunto pertenecía a su familia. 

 

Se acompañaron hombro a hombro, medio dormido te quedaste, entre trago puro y la vida seguían llegando los conocidos. En el féretro estaba la matrona, mama tomasa la llamaban, era de riendas firmes, respetada y querida.

 

Un muerto no se va así no más.

 

Sacudiendo la borrachera del vacío pensaste un café para sacarte de encima la noche, buscaste pedírselo a quién, era un revuelto todo ese rato, por aquí por acá el cruce humano.

 

 – Ese día estaba hecho para ti –

 

Diste vuelta a tu pisada, te acercaste a la joven, le preguntaste quién eres, apenas los pezones le asomaban bajo la blusa, ni gota de maquillaje, el pelo recogido, vestido ceñido a la cintura, parecía una hermosa garza. Te  contestó, -soy la hija de Martínez-, casi refregándote los ojos, abriste la boca bien grande, ¿dónde te tenía escondida?

 

Te quedaste mudo, sacaste tu pucho y lo prendiste, de reojo y de frente siguiéndola, te trajo la taza caliente, la detienes, y como si la conocieras hace mucho tiempo, como si se tratara de un pacto hecho a escondidas, como si ella sabía  de lo que se trataba como  si nada, casi seguro y con dejo de asentamiento la desafías y la posees con tus palabras inquisitivas, parecías un As de póker perdido en la soledad del jugador. 

 

No pensaste en el riesgo, te lanzaste al ruedo, no sabía qué hacer la muchacha, te siguió el juego, ninguno de los dos se retiró, se marcaron las miradas, se hirieron con el aguijón de los sueños cómplices. 

 

Él ya maduro corrido, ella apenas saliendo del parque de los juegos, no importó nada, la prendaste poco a poco, al tenerla tan cerca de ti sacas del bolsillo un escapulario, como si fuera una sentencia, muy serio sin pedir nada, sólo decidiendo sueltas la lengua…

 

 

Un día antes de ya no verte con la luz en tus ojos volviste a ese momento, como estrofa de pasillo susurraste tu declaración de hombre enamorado con dejo de amor como si tuvieses “el alma en los labios”. 

 

“Un detente del corazón de Jesús hizo el milagro al colocarlo alrededor de su cuello, le dije que lo usara junto a su corazón, que era el lugar donde quería estar ubicado desde ese momento para siempre”

 

Te escuché atentamente detenidamente, letra a letra, te besé,  te dije al oído, tú sí que la amas, sonrió dulcemente, como retornando como que no había pasado el tiempo como que estaba con ella ahí, como que no existía nadie más, como dos palomas en el tejado de una casa, como ellos únicamente.

3

 

Tus pequeños se vistieron de flores y conejos brincones hicieron con sus manitas figuritas a contraluz prestaron  colores  al arco iris para teñir ausencia, con un carboncillo te dibujaron todito, te envolvieron en algodón, tu cabeza la cubrieron con espuma de mar, tus pies los protegieron con rondas de calor para que no tengas frío.

 

Inquietos y curiosos desconfiaban del tiempo, vieron que una manecilla del reloj se había detenido cerca de la noche, decidieron buscarte con sus muñecos más queridos, bosquejaron un camino, lo iluminaron con palitos de fósforos para que no te pierdas, sembraron semillas mágicas a los bordes, en un cerrar de ojos habían crecido árboles increíbles donde los pajaritos saltaban cantaban anidaban y ensayaban revuelos como a ti te encanta verlos, lo que ellos querían no estés tristes ni solito ni encerrado en el silencio.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

A uno se le ocurrió poner la pipa en la sonrisa de la señora luna por si acaso  quieras fumar un poquito no más, hasta que decidas volver, te abrieron todos los túneles, quitaron todas las trampas, se pusieron de acuerdo con los relámpagos, hicieron callar los truenos, dejaron la lluvia encerrada en la nube.

 

Todos se sentaron en círculo,  escribieron con sus dedos sobre la tierra un canto que empezaba  más o menos así, con la á a la b a la c a la d hasta llegar a la p.

 

Había una vez  un pájaro carpintero que picaba en la madera  y sonaba así. Pepe Pepito Pepón ¿dónde estás? se fue una pe. Pepepé no puedo pronunciar. Pepepé asómate ya y si no puedes quiero estés en mis sueños siempre conmigo. Pepepé te quiero con p.  

 

Pepepé ¿dónde estás? Pepepé a la una a las dos ya no estás? Pepepé. Pepe tu nombre el más lindo. Pepe Pepito Pepón el juguetón. Pepepé, ahí no más, toca mi turno mi nombre ya, empiezo con p empiezo sin p, pepe no soy pero pepe también ¿quién soy?

 

En vista que nunca llegaste, ellos entendieron algo ocurrió ya que tu eras  recontra puntual, se pusieron un poco triste más que triste tristísimos. Todos cerraron sus ojos, unieron sus deditos y de una sola hicieron un florón con sus pensamientos todos anudados abrazaron tu corazón en un solo latido.

 

Una gotita de lluvia cayó sobre la semilla que uno de tus pequeños había guardado, no tienes idea como creció de un salto, era una rosa roja ¿sabes cual? la del cuento, se había salido de la página porque está aburrida que nadie la visita ni hablan de ella, la tenían completamente olvidada, solo su protector la riega, y ya los dos  de verse la cara  y lo mismo siempre los tiene ni para qué contar.

 

Los chiquitos oyeron  la historia e inmediatamente fueron a buscar al principito para darle a saber la melancolía de la flor, sabes el confesó también estar así dijo no tenía amigos, ni bien dicho esto no fue más. Entre todos armaron un jardín con toda la alegría con todas las adivinanzas con toda la gracia de la inocencia  formaron un riachuelo para que el agua del río de la ciudad llegue  suavecito  a las raíces de sus sueños.

 

De tanto trajín quedaron cansados ahora principitos todos se durmieron de  un solo golpe pidiendo no sin antes estés bien donde quiera te encuentres. Ángel de la guarda dulce  compañía no lo dejes solo ni de noche ni de día…

 

Pasaron las lunas y los soles, no se hablaba de ti, tu espacio estaba ahí, tu almohada  tu cigarro tu pijama  tu fosforera  tu anillo, todas tus cosas menos tu. Nosotros sin ti. Sospechamos que algo había pasado, algo que duele  más que una sacada de muela, más que un rojo en la libreta, más que un coraje de papá y mamá, más que el mismo miedo al cuco.

 

Uno de los nuestros el mayor del clan soltó sin ton ni son que el abuelito  jamás iba a volver  a estar en casa porque la muerte  se lo llevó, nos apretujamos juntitos, no la conocíamos. Nos la imaginamos  como una bruja como una noche sin estrellas como una tierra sin habitantes como un monstruo quitándonos la imaginación. 

 

Era más que pena era dolor inmenso esto de estar sin ti de no poder olvidarte de no poder besarte de no poder abrazarte de no poder jugar contigo de no poder tenerte cerca. 

 

Sabes abuelito, creemos saber lo que te pasó, tenemos nuestra sospecha, y te la queremos  realmente contar, espero la lea alguna vez.

 

 Un día cogiste calladito y despacito la puerta de la calle saliste sin que nadie te viera ¿por qué? porque estabas muy cansado de esperar tu turno de ser ángel, no nos querías cerca porque no íbamos a entender tu nuevo estado y nos íbamos a preocupar, por eso te fuiste a esconder donde nunca pudiéramos llegar.

 

Tengo entendido que allí están todos los que parten de este mundo, es un secreto ese lugar ¿tendrás alas ya?

 

 

 

4

El hombre atrás,  la cortina se recoge, el niño anuda el drama, se amontona en el retablo el argumento, los aliados hacen coro, agitan sus fantasías, el eslabón no se detiene, el deslizamiento agarra los repartos, todos cómplices, fragmentos del papel por todo lado.

 

La ficción a la par del personaje, sacan desnudo a Narciso, mofan del fantasma, persiguen el grito, le hacen morisquetas al espejo, a cada rato cambian el acto, el tótem juega con ellos,  al crimen le hacen cosquillas, a la serpiente le hacen bromas, juegan a caballo con el instinto, sacan al sueño de la cámara, le lavan la cara a las imágenes, al brujo le hacen agachar la cabeza, y que beba su poción.

Se cansaron de jugar con Dios a la escondida, nunca hay como agarrarlo, todos juntos le dicen tramposo déjate ver ahora o nunca, empezamos a contar hasta diez si no apareces …

 

Los niños recrean sus escondidas, ordenan al fantasma cada encuentro corren tras el perseguidor no se dejan coger, entre ellos se reparten la consigna, la ronda de la inocencia una y otra vez, las lunas cambian las sombras crecen, otras manos se agarran y todo empieza otra vez.

 

Los bufones entran, escenas de amores y mitos, los ropajes del episodio marcan, hacen del miedo la pirueta de lo extraño, la actuación es aclamada.

 

Acogen la repetición. Correteaderas por todas partes, embrujan a la muerte, le hacen castillo de colores al rito pagano, le sacan la lengua a la cruz, sus pasiones la ponen en garabatos, el episodio de la arcilla bajo el soplo de los niños.  El adiestrador se esconde tras el padre, al niño jesús lo pusieron en andador, expulsaron al ángel del espanto, al diablo lo bañaron porque tenía mucho calor, al cielo y la tierra lo vistieron de plastilina.

 

Los pequeños saben lo que hacen no necesitaron ir a El, ellos mismos hicieron el génesis de sus días y del primero también, no necesitaron de siete largos días para hacer a los animales, las plantas, las cosas, porque bastaba una palabra…

 

Los mandamientos no existen en el mundo de ellos.  En el nombre del Deseo: el mundo los humanos y la muerte.

 

La batalla del júbilo los rodea.

 

Recrean la hazaña, hacen del absurdo una comedia, juegan a la rayuela cuando tienen dudas enfrentan la angustia en el teatrín del lenguaje, a imagen y semejanza la diferencia y el espejo, hacen el cuento de los cuentos.

 

Sus palabras juegan a que juegan.

 

Los niños dormidos entre los juguetes, un juego yace en la boca, la culpa vestida de payaso hace de la luna una pandereta, mientras las estrellas ensayan,  el sol con sus rayos de violoncelo entona  pestañas del mar, la marejada rebota ante los castillos de arena.

 

El miedo se hizo añicos con la risa, la imagen del mundo la hunden  en el acoso de la hormiga, todos juntos van donde las ranas que huyen de las hojas del tiempo.   Un trinar los lleva a la estación  de la ternura y la fábula.

 

Un olor a nacimiento deja escapar la inocencia, mientras los niños corren juntos con el sepulturero de estas tierras.

 

Mi padre y dios  un rasgo cercano al monologo. Mi grito una incógnita del incesto.  Configuro mi nombre en la identidad con la muerte.  Divago en la primicia del ilusionista.  Mi exclamación un resto de la infancia.  -los instantes son mi posteridad- 

 

Entregada a la confesión del cuerpo.