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SAN JORGE, por carmen váscones febrero 3, 2009

Posted by carmenmvascones in cuento, pintura, reseña, retrato.
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                                                                                                                                                                                        A Jorge Velarde

 

No esperó más, cogió el lápiz de labio rojo de su madre que estaba encima del tocador y empezó las rayas.  El espejo repetía.  Gestos, partes, salidas, entrantes.  De una en una cada imagen iba armando los reflejos del trazador.

 

Pinta boca, coloca un rastro circular  en la pared, en su reflejo deja los ojos, sobre el piso extiende los brazos, los talones los deja en el cubrecama.  Cuando quiere hacer las piernas el color se le acaba.  Vuelve a hurgar entre las cosas de su madre, encuentra lápices negro, azul, verde, café.  Más al primer rasgo se queda a la intemperie, descabeza, tira  el sacapuntas, juega con las cintillas de madera, las coloca y descoloca.   aburrimiento y  nada. 

 

Quiere seguir, toma las cajitas de las sombras, ahora se arrastra en las baldosas, empieza  con sus dedos en  toda la alfombra blanca.  Se restriega  la cara da manotazos al suelo, rasca la cabeza,  estira los brazos, otra vez cara al piso.  Da palmada. Ha concluido.

 

Al mirar su obra parece feliz, gesticula, hace morisquetas, ríe, bosteza, gatea.  De tanto mirar, jugar,  retocar, borrar,  trepar, bajar,  subir, soñar.  Se queda profundamente dormido en la cama.

 

Sus progenitores al llegar ven, no saben qué hacer.  La madre desaprueba, piensa zurra.  Resignación.  Travesura infantil es la conclusión o incógnita completa, acaso tener en casa a un geniecillo dejándonos sus primeras muestras.

 

El padre se acerca al nene, lo besa,  coge sus manitas embadurnadas hasta más no imaginar. 

 

La mujer se sienta al borde de la cama, empieza a sacarse las medias de nylon, pide a su marido baje el cierre del vestido.

 

Él la levanta lentamente, le besa el hombro, la nuca.  Rodea con sus manos la desnudez asida a los dos.  Aprietan piel contra piel, boca a boca, cuerpo a cuerpo.  Se retratan con sus gestos.

 

Atrás queda la insinuación de alguien sin terminar.

 

Caen en la alfombra, el pequeño en el lecho matrimonial.  Sigue la noche su continente entre lunas y tinieblas.

 

Ellos  aman en primera persona la repetición del fuego prendido en la aurora devastada entre sus ingles.

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