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ABRO MONTEVIDEO A SIN EMBARGO ABREN LOS JAZMINES DE ROBERTO BIANCHI, por carmen váscones diciembre 16, 2008

Posted by carmenmvascones in Ensayos, Lectura y Reseña, POESÍA.
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El verbo abrir es un principio vital y trascendental en la marcha y configuraciones de la voz practicante y pespunteadora  de los actos del poeta tanto en el papel como en la piel de la tierra.

 

La jornada de su oficio transita los surcos y retornos del agua arribando a las ideas y a una realidad irreconciliable en los enjambres de poderes.

 

Roberto antes de que los jazmines se abran en otro sendero recorrido arriba desde el desgarramiento  a otro perfil de las historias, nos dice: “ abro mi cabeza/ y divido las ideas”, en esta lucha de contrarios y clasificadas en los unos y los otros, en mayoría y minoría, en los que tienen y no tienen, regresa y va por los planos del absurdo de la soberbia humana, de la tristeza, y de los brotes del cariño.  Ahí se encuentra con “memorias heridas”, “caminos de errores”, ausencias que se asisten entre geografías de huesos y gritos que “llevan carteles rituales”, se encuentra y crea “puentes extendidos… –para que- tal vez de esa manera no tendremos que quedar/ con palabras  atoradas” para no callar la injusticia. Así “no tendremos que pisar/ la trampa  camuflada”.

 

“De todos modos/ el mundo es de los otros/ en casi todas partes”.

 

¿Si es del otro qué es mío, qué no?.  ¿Qué no soy en esa impertinencia  de los endiosados mundanos?.  ¿Qué soy en esa pertenencia que me devuelve el lugar natal del que me expropia la identidad?.  Me sacan como un expulsado enviado a transitar los éxodos del destino del otro que es tu semejante y desemejanza.  Del otro que no asesina por puro gusto y además.

 

Hay algo que hace saber, algo hay que arrancar, la metástasis que crece como hongo de Hiroshima en toda la brújula del orbe otra vez.  El mundo todo, el mundo otro, el mundo que nace, el mundo parte. Todos “somos pueblos inconclusos… rompiendo fantasmas… en la superficie de la duda”. 

 

Continúa el firmamento su rutina impostergable.  Continúa el oficio de la respiración. Continúa lo que no sigues, continúa tu propósito sin traicionarte en esa lealtad que conlleva la visión que pareciera esparcir en su huella el poeta.  El caminante que no se detiene en el pasado pisado.

 

Continuar “y no descansar hasta abatirnos”, porque “no es metáfora el hueco/  por donde escapa la sangre”, agrego de las vidas insobornables.

 

Así estamos con su libro “Abro Montevideo” publicado en 1993 en la Habana Vieja, Cuba.  Ahora en mis manos “Y sin embargo abren los jazmines”, publicado en Uruguay, 1996 por aBrace.

 

En este libro irrumpe otro orden de la reflexión, como que el autor nos dijese que mientras tenga memoria estoy vivo y tú también.  El gozo de la palabra en los arcos del amor desvelado, develado.

 

Porque cuando “uno/ ama lo que cree saber/ o que no sabe” conlleva misterios, milagros, otra inmediatez que pretende una pertenencia que queda en el registro de los pretendientes apoderándose del deseo errante entre los mortales que pronuncian los vocablos del cuerpo peregrino de recuerdos y otra vueltas.

 

“Aunque ame también las soledades” “que nace de la muerte de mi boca/ mi boca muere cuando no la encuentras/ poema mío de la sangre oculta/ hecho de rebeldías y murmullos..”

 

El poeta no cesa de impregnarnos de su pensamiento y sentir, habla de un todo desprendido en la omnisciencia, parte del sentido tocando la dulce desnudez, va vaciando el saber “en  letras que cambian” sin piedad en la hoguera de la pasión y la quimera.  Retiene la orilla del beso, boca laberinto de imaginaciones “en la incansable historia de saberte ajeno”.

 

Nos habla de dos asombrándose de la llovizna insomne en las ojeras de la paciencia que se pierde en lo decible “cuando uno ama…/ lo que cree saber/ lo que no sabe”.

 

Entonces el suspenso, silencios, inquietud, interrogación.  El diálogo de las miradas se convierte en abrazos prolongados “trituradores de memoria” que retornan en otro empiezo.  Y sin embargo cómo saberlo, cómo saber esto de cómo queda  en el otro ese mí ahora tuyo.

 

No se quiere ser ajeno en la neblina del tiempo, “tal vez nadie pueda servirnos de testigo/ y sea así largo el aliento de morir”.

 

¿Sólo se espera la vida de lo amado? ¿Esta vida dónde está? Acaso en esa espera de la metamorfosis cuando hace su intervención y nos dice no eres  lo definitivo.  Ni siquiera un recuerdo es suficiente para precisar el suceso que acontece en la memoria que no quiere ser olvido.  Allí los historiadores no intervienen.

 

“No me imagino cambiando a cada instante/… en un mundo que cambia y se destruye”.

 

Quizás a lo único que no estamos dispuestos a renunciar es a ¿quién o a qué? ¿Quién lo sabe?.

 

carmen váscones

21/2/2004

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