jump to navigation

LA PRIMERA MARAVILLA DEL MUNDO: LA PALABRA, por carmen váscones diciembre 11, 2008

Posted by carmenmvascones in Ensayos.
Tags: , , , , , , ,
trackback

 

“En el principio era el Verbo,

y el Verbo era  con Dios y el verbo era Dios.”

San Juan. C.1.1

 

“La palabra una vez dicha no puede volver a ser tragada jamás”

Hassane Kouyate

 

“La palabra exige que uno se la tome”

Lacan

 

 

En el principio fue la falta pidiendo imagen sin semejanza al semejante. Dios no era el problema sino el humano. No sabía que hacer  uno con el otro.  El reflejo enceguece, se opaca la mirada, se distorsiona al que se ve. Cada cual se empapa de ilusión. Desacuerdos del principio. Lo humano dijo lo que no se dijo. Se tiran la palabra como fruto prohibido, y la serpiente que no habla se le hace decir que todo estaba permitido, algo así como que no había nada que temer. Pero la muerte aparece  desnuda en el bocado sin pudor.

 

A sabiendas uno y una no fueron UNO, se resisten y se atraen, se crea espacio y tiempo.  El verbo juega a tantear la existencia.  Desde el comienzo la vida desafiando a la muerte. Probando el cuerpo con cada sentido.   La sabiduría esta cubierta de piel y desengaño.

 

La historia de la humanidad conoce el verbo vivir para la vida pero desconoce al yo soy contigo en el NOS. “El Uno del Nos”. Desunidos.  Tarea de atar cabos. Desde el génesis al éxodo la historia que cuenta y no cuenta contigo según sea la “vivencia de la verdad” 1. (Lacan)

 

Se crea la palabra aprobada y  prohibida del deseo donde dios no estuvo. El humano se instala en la civilización. La necesidad no es suficiente en el saber y ser. El Conocimiento sin dios crea otras aspiraciones, La ley y la letra un punto preciso. La curiosidad doblega la gravedad. No se sabe del todo.  Todo no fue dicho.  De a poco a poco la creación se gesta. Ni de Dios ni para un sólo hombre el bien común, sino para cada uno lo justo que pesa una palabra a favor.

 

¿Quién vio, dijo hizo, y fue? Quién acabó lo que iba a iniciar.  Acaba de empezar. Hace rato. Para entonces y desde ya no se ha comprendido nada.  Sino, miren no más en el mundo del globo.  Ya la naturaleza nos globalizó para que no la engloben con eso de la globalización. ¿Quién Quiere desinflar la tierra?

 

Más de nueve meses se necesita para que el sonido nos humanice. Reconocernos en el “don de la palabra” con un don de mando que no nos haga sentir siervos ni amos del lenguaje. A nadie le gusta ser sometido, ni sentirse un don nadie, peor que alguien venga con eso de ínfulas  de que se sienta más que alguien y dueño de la palabra y del status quo, y, que de paso someta porque es importante solo porque… ¿por qué?

 

Está prohibido mandar a callar.  La palabra exige respeto.  En ese asunto estamos todos los que constituimos la vida y la sostenemos con  un SI.  Hay que reflexionar permanentemente para estar atento a las consecuencias.  Cada paso es una secuencia.


Ser consecuente es un llamado de atención a estar atento a los hechos según los actos y los dichos, ya que una vez ejecutado el verbo no se puede volver atrás, ni tragarse las palabras. Quizás atragantarnos, atorarnos, que nos cojan in fraganti…Algo se nota siempre. No queda impune ni inmune los tropiezos con o sin premeditación.   Según el Psicoanalista Lacan “la palabra choca con todo lo que no se dice”.

 

Sea que nos toque la palabra cierta. Sea que nos toque el sonido.  Sea que nos toque la palabra  que no pasa por el tocador para que no sea estocada ni retocada.  Al filo de la sospecha la imagen de la palabra atrapada en  el espejo.

 

Y el verbo se cubrió de palabras.  Los humanos ya no estaban solos ni desnudos. Pero la palabra no es suficiente frente a la moral solapada que estruja, enferma, denigra, acusa, condena.  Hay que sacarla de las rejas del espanto y del calabozo mental y real.

 

Todos tenemos orejas, pero otra cosa, “es ubicar lo que debe  ser oído”3(Lacan), y diferenciar de la “palabra vacía de la palabra plena”.4(Lacan)  Resistimos a dejarnos comer al cuento. Intervengamos sin hacernos de la vista gorda.  La negación y la afirmación es opción. El Reconocernos en la afirmación es elegir. La clave es participar sin eludirnos en escamoteos.  Hay que dar la cara. ¿Cómo?

 

La palabra hace “oficio de resonancia”,5 (Lacan).  No podemos hacer como si nada, o poner cara de tuco como dice el vulgo.  La vida es pública y privada, en eso hay palabras propias y ajenas, también las del común denominador. 

 

El arte de crear, nos hace creernos.  La mentira nos descree.  La palabra nos arma y desarma en el mejor sentido… Creamos aunque no lo creamos. La palabra no es un espejismo, es una realidad creada, no criada sometida, hecha a pura habla, sudor y trabajo de efectos.

 

Seamos, vayamos de una vez por todas y todo, de uno en uno al paso firme de habituarnos a la verdad y deshabituarnos del síntoma de lo confuso y alienante.  No es nada fácil, dado eso de la represión.

 

Descifrando este lenguaje sonoro, se encuentra la “lengua primero de los símbolos, viva todavía en el sufrimiento humano del hombre de la civilización”6(Lacan).  El poeta Valery lo dice así: “Esta voz/ que se conoce cuando suena/ no ser ya la voz de nadie/ tanto como de las ondas y de los bosques/.

 

“La cuerda verbal” 7(Lacan), enredada en las trampas del narcisismo se pregunta  “¿Cuándo hablo de mí, soy el mismo que aquel del que hablo?” 8(Lacan).  El deseo apunta sin matar, apunta su puntería  hacia esa falta a la que sostiene a esa “verdad que exige que se la tome” 9(Lacan), que se desplaza y se encubre en el sentido  donde irrumpe y se interrumpe.  En todo caso, palabra a palabra, en algún momento la chispa de la vida: una palabra por otra crea y anota: un creo en ti. 


Se patenta un nombre propio que descifra su origen, orfandad y paternidad del ser. “Es su destino mismo lo que el hombre desafía” 10(Lacan)

 

Como diríamos pienso luego que soy, luego soy porque me pienso que existo.  En alguna parte de mi soy.  Indiscutiblemente que existo.  ¿Quién duda?

 

La palabra constituyéndose, constituida a constituirse nos evita tropiezo, nos permite enfrentar la “astucia de la razón”. Que se pose la palabra en la voz sin oprimir la psique.  Que el cuerpo pase sin temor a perder el alma y la fe en el otro. ¿Qué hemos hecho después de haber dicho sí a lo humano que sospecha, duda y es inconforme? Contradecires con atentados de servilismos, oposición de no estoy de acuerdo, que sí, de serviles silencios donde  el que calla otorga. De rompimientos para dar paso a otros momentos y sacar a flote lo oculto, para dar lugar a las palabras que dejan de ser oprimidas. Para dejar espacio a otros y hagan sus historias con palabras propias.

 

La intimidación ha sido el poder del amo.  Salimos de la esclavitud al precio de libertades conquistadas.  La palabra delibera y pone en cuestionamiento al lenguaje corroído por las trampas de dominios sin piedad. La palabra anticipa algo, se impuso al acto del verbo.  Quien tenga oído escuchará. Ver no es suficiente.  Ejecutar tampoco.

 

Tampoco tener palabras y creer que hablamos. Si ni a Dios ni a la ley se los escucha, entonces, que hacemos con el refrán en boca cerrada no entran moscas.  Falso igual salen.  Buenaventura y maldecir  la palabra. 

 

Con una palabra tuya no basta la sea dicha de lo dicho.  El sueño y la palabra tropiezan con la falta y con lo que omitimos por…

 

Y sin embargo la palabra sana, si no está enferma ni presa ni esclavizada en una economía sin esperanza.  El universo de Dios es inhumano por lo humano.  Al espacio creado le están saqueando lo dado.  Una sombra contaminada de avaricia deja desierto lo amado sea.  Un pensamiento sin amedrentarse irrumpe para dejar criar la ilusión de soñar, deseos de desechar el horror, toda pasión mortífera mata. 

 

Me pregunto ¿quién soy y no soy en el puesto del agresor? Constantemente hay que “conocerse así mismo” para no morir en el intento y no quedarse sin hacer nada.

 

De qué quiere el humano ser curado.  ¿De la verdad o la mentira a  elegir?  No nos queda más que imponernos y ponernos de acuerdo.  La verdad habla al decir, al precisar, llega a medio mundo, a medias cuando le tapan la boca, no se deja ocultar cuando la quieren distorsionar.  La palabra edita una verdad permanentemente a pesar de cada uno.  Enfrenta la infección de la corrupción.  Ella su propio antivirus. 

 

El valor verdadero de la palabra es aquella que no pasa por la plusvalía sino por la donación-


El ser humano  es el único que necesita decir y ser escuchado.  Sentir lo expresado.  Se distancia de la animalidad por esa capacidad de comprensión, se trasciende por la transmisión y transformación que es capaz de realizar, transmitir, y enseñar.  Modificar, construir o destruir.  La palabra no se la puede gobernar ni educar, si convivirla, transformarla.  La palabra es la primera maravilla del mundo que no cesa de traernos y llevarnos a palabra nuevas.  Ella en sí es un mandamiento que interpela, que no pasa impune.  Que habla siempre.

 

Luego, sea el discurso con su texto y palabras un sistema de significantes y significaciones que comprometen el uno y una de los sujetos desde ese estar y ser de sus hechos, desde esa distancia con lo concreto que  pasa a la abstracción o formación de las ideas o representaciones para operar desde la  simbólica de los conceptos, esto es, el lenguaje, establecido antes de nacer, que el sujeto los incorpora y asimila como suyos desde su experiencia personal donde hace una historia propia y social.

 

El deseo surge en esa presencia que habla de una ausencia y de lo ausente que hace presencia.   Nace una palabra que habla por mí, que me nombra, que me reconoce, que me identifica, esto es un tú hacia otro tú que se atienen a las consecuencias. 

 

El saber sin dios un éxodo de placeres y dolores arbitrarios.  El humano quiso ser la palabra de Dios, se siente poderoso, cree dominar, imponer su voluntad, en ese acto tambalea la razón. El mortal se sabe que muere. Su impotencia tiraniza. Desfigura al amor, quiere mostrarse con un purismo que no hay tal.  Lo impuro zozobra en una seudo moral.  No hay humano sin culpa ni sin angustia.  Gracias a Dios que nos deja con el misterio de la célula, donde ni la ciencia puede responder a lo no es pura mente, llámesele corazón, alma.  El sentir y el deseo pasan por la balanza de la memoria y de la realidad inmediata.  Un trazo de luz divina y mortal la búsqueda de la paz.

 

En ese trajinar de conciencias pasa la moral, algo así como poniendo cloro a la mancha concupiscente, se pasa del yo pecador me confieso a no tengo nada que decir a vamos a ver qué dice…

 

Hay actos abominables que la palabra en su justa ley para lo que ha sido creada nos alerta, previene, anticipa, pero…  el humano aún así acomete, ataca, borra, se equivoca, comete faltas, y, sin responder, o reconocer avanza sin medir las consecuencias, ejecuta, o simplemente justifica sea la guerra, la violencia, el incesto, los golpes.  Me pregunto es suficiente que exista la palabra o qué…

 

El humano hizo de la palabra: voz, imagen y principio; destrucción y creación.  La célula piensa.  Se habita el génesis, El éxodo: verbo del deseo. La civilización se puebla y despuebla. No hubo paraíso en la razón.    


Dice Hurt Koffka “El hombre descubrió lentamente los errores en su mundo originario.  Aprendió a desconfiar de lo que las cosas le decían y gradualmente olvidó el lenguaje de los pájaros y de las piedras”  En su lugar desarrolló,  una nueva actividad: comenzó a pensar,  Y esta nueva actividad le aportó grandes ventajas.  Podía meditar las consecuencias de los acontecimientos y de las acciones…”.

 

Luego, poco a poco ese mundo limitado fue manejándolo, conociéndolo, transformándolo, para la relación e interdependencia de la palabra y los actos a comprometerse, o lo que se denomina los sucesos de la historia cercanos y ajenos.  La civilización y la historia personal que cada ser humano genera y conlleve y lleva Al nos(otros)  en la aventura del nacimiento del que es,  que adviene, que será y no será.

 

El uno arbitrario árbitro de los unos.  Otro contradice lo que dice…  Tarjeta roja a la infracción.  Un ajustes de cuentas la ley al todo que dice y desdice.  Decimos otra cosa, quiere decir esto… El principio de la sospecha, de la duda.  El consuelo: humano es errar.

 

El verbo encarna y desencarna tiempo y espacio: el movimiento de lo prohibido y la emancipación. Un desajustes de cuentas la ley del sonido.  Arbitraje y albedrío sonoro. El cuerpo de la tierra empezó a crear.

 

Se desnudó de inocencia la palabra.  El poeta Antaine Tunal dice “Entre el hombre y el amor/ hay una mujer/  Entre el hombre y la mujer/ hay un mundo/ Entre el hombre y el mundo hay un muro”

 

Solo lo humano es sujeto de deseo, de culpa, de angustia, de sentimientos, de ser para la conciencia en esa relación con la “íntersubjetividad de la palabra confesable y silenciada, a decirse de alguna manera.

 

Cuando conversamos, algo se  escapa de las manos.  El nomadismo de convivir en un aparente sedentario cuerpo desempolvándose  del inicio de la materia.  Habitamos y desabitamos las palabras.  ¿Qué era el verbo del el inicio? ¿Qué fue lo que la palabra no dijo pero dijo?

 

¿Dios y el hombre se hacen uno?. No. No es así. Ni lo será jamás. La mujer contiene el secreto de los dos. Tampoco. ¿Ella la trinidad en su cuerpo? Nada que ver. Ninguno se sabe.  Algo se piensan.

 

 La muerte esta en cada uno. La palabra  entre la muerte y la vida nos crea otra forma de ser. Otra cosa es permitirle intervenir ¿La dejamos?  Desde el principio la palabra sentida. Sentido pésame a la soberbia humana.  En duelo el sonido que fue devorado pro el gruñido.

 

El Árbol  es derrotado por la sombra del conocimiento.  La semilla no se deja abolir por una idea.


En la aventura de la palabra  hay un yo, desde donde ello habla de aquel en aquello: de eso y ese, que se ve y no se ve, que está y falta, que se llena y vacía, que escenifica la ausencia y presencia del sujeto y objeto evanescente, la fuga del principio del verbo: El hacer del hacedor. La falla humana en su imperfección de coincidir con lo exacto. 

 

Lo perfecto no existe.  Existimos desde un error.  El lenguaje y sus formas de presentarse y construirse tienden a desafiar y masillar con los inventos los errores de las razones, explicaciones, y comprensiones de lo que concierne al avatar humano: vivir y morir, y ser más que este par, extremos que hacen de puente al ser y hacer: en ese denominarme y nombrarme.

 

Soy el que hago mi vida.  Se la halla en los hechos y las palabras que me nombran y nombro.

 

¿Quién puede derribar la palabra de la  divina mente mortal? La conjugación de la fantasía con la realidad estados de tentaciones.  La promesa incierta del soy del verbo, somos actuante de la palabra que es en lo que será. Seremos en lo que somos. Ya no somos.  Fuimos.  Son.

 

La palabra facultad de  potencias.  Concede.  En la sede del cuerpo cede.  No cede cuando esta totalmente convencida de su constitución in quebrantable. El honor  de hablar sin opresión la composición del vocablo. ¿Me faculto o me dificulto cuando me faltan las palabras para decirte…?

 

Y sin embargo, palabra encarnada y descarnada.  Fiel al honor de la lealtad.

 

Cede por amor a la lengua cuando es capaz de reconocerse  en el sonido de los sonidos de la voz que la distingue: una entre los unos. Alguien recibe mi voz.

 

La palabra nos define como ser humano.  Nos aniquila cuando la convertimos en arma. Oficio humano del sonido, mundo sonoro de la ocupación habitual.  Ella nos lleva a una asociación libre, no hace presa de la expansión y la conquista del saber: nos duele en el cuerpo toda su ignorancia y sapiencia. Drena y encauza, entre reflexiones los espacios que encadena y desencadena el saber explícito, implícito.  A saberse de otro se sustenta, se sostiene, se hace hincapié.

 

La palabra desafía, rompe tabú, protocolos y estados inútiles.  Delibera, rechaza toda doctrina, se desnuda de hábitos y oficialidades.  No le gusta la máscara,  disfruta de los escenarios de la vida donde se desenmascara la rutina.  Su voz es un orificio donde nace lo hermoso, donde se concibe el sueño, donde reposa y se impulsa el deseo hacia  donde habita su origen humano a pesar de la contienda con lo inhumano.

 

Su política una verdad a media filtrando el impase entre el decir de Uno y de Otro, entre el que habla y escucha, entre el autor y el lector, entre el actor y el personaje, entre el sujeto y el yo.   Entre la comunicación estabilizadora y desestabilizadora la indómita palabra no se deja mandar a callar.  


La palabra es un medio,  más que un oficio y un estado oficial entre los hablantes.  Es el registro de la marca oral devenida fuera de la matriz, del alumbramiento y de la primera unión entre un hombre y una mujer.  Es el mundo de las palabras invitando a reinventar la vida oprimida en olvido, dolor  y monos poderes que aplastan la capacidad productiva de toda criatura con forma humana.  La única, capaz de sobrepasar hasta la misma necesidad, al mismo deseo, al ser de la especie: aquella la humana la que dice que  habla desde lo humano. 

 

El hambre es capital pero insuficiente si solo lo saciamos como animales domésticos o salvajes. Acumular el fruto disputado también conlleva la miseria y sobre todo la extinción de las razas y las especies. Un poder estéril y embebido en la gula no llega a las masas, genera violencia  Un poder de resistencias y que invite al diálogo replantea  el para qué se ha nacido. A la palabra no le interesa sustentar un poder de dominio y de imposición de voluntad sobre los demás.  Resiste  y repudia ser aplastada y vejada. 

 

Ella es su propia opción y creación. Palabra lenguaje de la lengua. Pala labra abra: palabra mía, obra tuya. Obra sea. Nexo y lazo filial del eslabón inaugurando la realidad saliendo del lecho hacia las comarcas de la vecindad.  Signo propio y comunitario en el significante del símbolo hecho acto de un verbo conjugado en el morfema de la sintaxis de dos cuerpos escribiéndose la parcela que les corresponde en el horizonte de una tierra que pisan y parten. 

 

La partida de un agú avanza hacia la utopía del lenguaje del amor y de lo que está por vislumbrarse y asombrarse. 

 

El horror está agazapado en la civilización que entierra las primeras huellas.  El infante da sus primeras pisadas.  La manito tantea el objeto que todavía no nombra.  El científico experimenta sus avances.  La agricultura saca sus misterios como ofrendas al campesino. 

 

La palabra toma cuerpo como una constitución firme.  “La verdad ordena sea dicha”. Dichoso los vocablos  del embrión que acoge la vida dentro y fuera del vientre materno.  Su propia  lectura crea y descrea. Conserva y transforma el devenir terminable e interminable en esa dialéctica de opositores, contrarios y aliados. 

 

La palabra no es el incesto ni el tótem, ni el tabú, ni la ley.  Ella es el principio de la vida eslabonando la eternidad en el paso por la muerte.  Ella: la imperfecta creación de la belleza pura.  Luego imagen de un diálogo perfecto, cogito oral del logos y de la existencia.  Hay que restituir a la palabra su poder de evocación.

 

La palabra una lectura que nos crea un interlocutor, nos hace enfrentar al verbo de cada principio humano.  Espíritu del deseo. Alma de la forma.  Nos hace acceder al sentido común y no común.  Nos llama a ser intérpretes y portadores del texto que fue, que va siendo, que es.  Es la obertura del ser, su cauce es un movimiento de conquistas de espacios.


La convivencia del lenguaje dentro de la palabra, un diálogo de  lecturas permanente que nos contagian,  nos engancha en el gozo estético, en el placer de imaginar, de incluir las ideas en el  arte de la creación, de encontrar razones sublimes y no mortíferas, empuja a deseos de desvanecer la agresividad brutal y ajena, buscar y propiciar la oportunidad de una conversación que ponga un límite a lo devastador.  Un basta ya de tanto abuso e inmisericordia.

 

Toma posturas sin negar ni apartarse del sentir.  De compartir puntos de vista, de poder discernir sin rivalidad  sin competencias. De interpolar metáforas en entredichos de voces.   

 

De cambiar la ruta de la historia, de una patria y del cuerpo filial.  De crear una identidad universal en donde cada ser humano es un mundo a ser vivido, a ser leído, contado. 

 

La memoria de la humanidad la hacemos todos.  Cada uno tiene la propia sujeta al pienso del ser sostenible e inconforme. Es esa otra vida: al otro lado de lo otro: la otra: la palabra, reconociéndose en el ejercicio de una práctica permanente que aporta una economía de ideas, afectos y resultados que propone y proyecta creaciones  e inventos de objetos.  Procrea: La civilización misma.

 

Las palabras mudas, vacías, forcluídas, producen las no lecturas. Crea manadas sometidas al miedo, a la resignación, a la lástima. La ignorancia y la impotencia van de la mano, reduce a mecanizarse, a despoblarse de la germinación de la palabra, va perdiéndose en silencios desnaturalizados, va mutándose en una inmovilidad confusa, alienante y de goces banales.  Su lectura tiene función y campo germinal, es un proceso de estaciones, cultivo de saberse,  de descubrimientos y sabores.  Es el color de las razas compartiendo vocales y familias de letras componiendo las partituras pensantes en esa experiencia que solo la da la vida inserta en lo oral y lo escrito.  Su lectura supera la gramática estructural.  Trastoca la letra y los signos. Es imagen y desemejanza de la divina y maldicha palabra, capaz de conmovernos con su voz, sonoridad del decir y de lo no dicho en entredicho. 

 

Resistir  y ser su portador es no dejarnos conducir como alienados sin voz.

 

¿Vivir, cómo?  Preguntémonos cada uno. ¿Quién quiere repetir el dolor de la letra en la piel? ¿Quién quiere recordar o encontrarse con la felicidad de los primeros gorjeos?

 

¿Quién quiere promover la vida sin descargas voraces?

 

Una palabra dirigida al otro puede conllevar al mismo ser, puede convertirse en fábula, en parábola, en salvoconducto, en herramienta, en objeto, en garantía, en ley, en arma, en instrumento, en metáfora, en imagen, en qué no. Puede volverse hasta en una bomba atómica, depende de su uso, abuso, y destino? 

 

¿Quién el portador, quién el destinatario?  ¿Quién la defiende, quién la sustenta. Quién la enfrenta, quién la compone, quién la divide, quién la comparte?


Cada sujeto humano es un eterno agricultor,  jardinero y cultivador del lenguaje.  ¿A qué hora se levanta el campesino a labrar la tierra sin que corra el riesgo que lo pique la culebra? Levantarse de madrugada no es nada fácil, caminar a tientas en el campo es un riesgo.  Estar de sol a sol es una insolación a la esperanza, más aún si la paga es menos de lo que canta un gallo.

 

Hay que trabajar por  una reforma agraria de palabras, actos y obras suscitando aportes, trasformaciones y posibles ajustes para erradicar la explotación y esclavitud humana.  La pobreza del lenguaje y de las realidades humanas lleva al deterioro y la destrucción masiva.  Hay que estar ciego para no ver.

 

La palabra es un sujeto, un recién nacido, una pareja, una familia, una colectividad: es un tú y un yo.  Es un conjunto de lugares, de lotes, de parcelas, de cuadras, en fin de espacios para aprender a: leer, callar, escuchar, hablar, gozar del silencio, para que esa otra voz: la interior surja sin recriminaciones, sin resentimientos, sin obligaciones, sin presiones, sin sufrimientos, sin zancadillas, sin vergüenza, sin prejuicios, sin castigos, sin temores, sin imposiciones, sin calificaciones, sin chantajes, sin forzamientos.

 

La animación e iniciación al descubrimiento de la palabra hablada y leída  es el balbuceo, el deletreo. Es la experiencia “viviente”  de autores, de actuantes, de personajes dentro de cada participante desde su mundo creativo e imaginativo.  Es una cita puntual con el invento, la recreación y los argumentos que sustentan la confianza, el compartir y la extensión, esto es salir de la tensión a una intención. 

 

Sostener el gozo del descubrimiento y la conquista de imaginar.

 

La lectura involucra un lector que mediará entre la realidad, el libro de la vida y el aprendiz. Ayuda a desear la vida de la obra.  Es lactancia, destete y dentición dando comienzo a la palabra propia. 

 

La madre es el lenguaje, la nodriza: la lengua. El calostro: la imaginación. La boca: la fuente oral de la naturaleza.  El pezón: la palabra que habla.  La voz: la dicha y anticipación del verbo y el dolor: ser y no ser. 

 

La realidad del lenguaje conlleva memorias, preguntas, historias, dudas, recuerdos, placer, displacer.  Un hilvanar y deshilvanar comprensiones, formaciones y deformaciones. 

 

La palabra y la escucha nos lee intrínseca y extrínsecamente, nos hace salir y entrar del texto del cuerpo a otros contextos, a otras fuentes, hacer consultas, indagar historias, hacer críticas, concebir reflexiones, dar opiniones. 

 

Consultar es otra forma de saber y fortalecer la palabra que no solo nos desaprisiona, conmueve, sino que nos sitúa, informa, guía, nos proyecta.


La palabra una la lectura que precisa un algo más allá, dice más de lo que lee, más de lo que el autor habla o escribió. Rompe lo literal.  Cada escucha y lector encontrará siempre algo nuevo,  cada lectura es una variante productora, para captar habrá algo diferente en el texto mismo.  El texto es un sentido de decirse, es un acontecimiento del autor, “es una pluralidad de lectura” de sentidos múltiples, es una variante de interpretaciones. 

 

Una vida de lecturas dentro de un mundo, no de fantasmas ni de vivos y muertos atormentadores, sino vivo o muertos creíbles e increíbles.  De belleza. De horror, de sueños, de realidades inauditas posibles e imposibles.  Hecha de argumentos, de vestuarios y escenarios de fantasías, imaginaciones, con pisos sociales, fantásticos, históricos, fabularios, memorables e inmemorables.

 

La palabra es la patria desalineada y la tierra sin estado, ella, cada uno de nosotros, nos inserta desde el  nacimiento, nos encarna y encuentra.  Protegerla es aprender a rebelarnos para darle cabida.  Devela la vida, no la encubre entre malezas ideológicas, la despeja con la hoz, el azadón, el machete  de la sabiduría y del sentido común.  Trepana orificios sin apariencias, busca un sentido exacto y posible para pasar las sogas de la red  descifrada en la siega de las ideas. Germinar es su causa sin desalojos.

 

Su consigna: no morir así no más.

 

La palabra nos provoca salir de la esclavitud globalizada en las pirámides del capital, para así encontrarnos preparando el suelo justo del porvenir de una naturaleza aún hecha de paisajes y huertos del amor posible.

 

La palabra es un libro leído que nunca muere en la memoria.  No se deja olvidar.  Siempre se dejará expresar, sentir.  Se manifestará. Nadie puede matar la memoria, ni aún el delirio.  Ellos hablan.  No se la puede alejar de su propia existencia. Su propietaria es la palabra que apuntala un lugar en el presente del tiempo y del espacio. 

 

Y qué pasa cuando la apagamos, le ponemos mordaza, le adjudicamos delito, la perseguimos, la acusamos, o  la sentenciamos a muerte. Aunque no quiera y a pesar de ti, dejará su huella guste o disguste a cualquiera.  La memoria lleva el celemín de la palabra auténtica y genuina.

 

La palabra es un texto, es manifiesto aliado del habitante cualquiera sea, no hay criterio de clases, ni de estatus. Le da su oportunidad al pez chico y al grande para que no le muerda la cola ni se lo coma.  Acaso es un punto y coma en esos tañamos para la siguiente defensa.

 

Al incrédulo y depredador de las páginas del mundo hazlo anotarse en el límite del vicio para que se vea en qué bando está: en el de la gula, del hartazgo, de la migaja, del derroche de la explotación. 

 

La porción de la vida se sostiene en  balanza alterada. 


El peso contiene una medida inapropiada.  Injusta.  Hay que cruzar al otro lado de la historia. 

 

Soy el mismo, ya no soy, qué soy.  Siéndome. 

 

No claudiquemos en nuestra única y marcha.  Que nuestro saber no se repita.  Que no clausuremos la felicidad, ni la espontaneidad, ni la innata curiosidad de saber más,  la autonomía de nuestra propia vida: crear, imaginar. 

 

Salgamos de la comodidad de la resignación.  Desacomodémonos, desarreglémonos, desacostumbrémonos, desajustémonos, despeguémonos de la inercia y de la materia bruta.  Calcemos las pisadas para que no nos pise nadie.

 

No le pongas candado ni guardia a la imaginación.  Desea un gozo divino y mortal.  Realízate.  Entra a  lo ordinario y mundano para que habites lo sublime.  Quien desprecia la vida no quiere saber del otro peor de la propia.  Su palabra leyéndose lo lee, se deshilvana si no tiene consistencia, corre riesgo de enredarse el hilo conductor. Encuentra la punta del hilo oportunamente  para que agarres, zurzas o  hagas puntadas de lecturas nuevas, para que te conmuevas, motives, a seguirla. 

 

Haz otros escritos para que formen parte de la historia que ya es hora de que escribas y se las lea. Escríbete.  Escribe para el otro.  Para   que se reconozcan. Haz que la vida se imponga y le dé un estate quieto a esa muerte que obstruye al vacío y no le da espacio ni concesión para el dominio de la imaginación sin dominante.  

 

La palabra es vida vivida, viviéndose, leyéndose, contándose. Habitándose.  Posesionándose.  Inscribiéndose.  Registrándose.  Certificándose.  Siendo su propia causa en tiempo y espacio. 

 

El ser humano,  es a la vez, cambiante y constante dentro de su único cuerpo y chulla vida, desde allí, tiene que enfrentar el desafío de su devenir: disfrutar la vida con la ilusión de lo que te pueda  presentar el desear, crear y creer en ese tener  por un momento  algo:  La palabra y la imagen indivisible en la imaginación.  La palabra “un goce inédito” (J. C. Milner) de la lengua. La palabra sea algún  instante: felicidad, esto es, gozo simbólico que deja de ser inédito cuando ella  nace.

 

Más allá del útero: nosotros.  Afuera el  tú y el yo desalineado del espejo: concibiéndose en el adviento y la aventura de la vida al interior del ser para otro dentro de  nosotros. Que Nuestros sueños no se extingan en la prisa de la existencia.   

 

Aventurado seamos aún en el deseo encontrándose con la palabra.

 

carmen vàscones


LIBROS DE REFERENCIAS

 

1.      Jean-Claude Milner (1980). El amor por la lengua. Editorial Nueva Imagen. Primera edición en español.

 

2.      Jaques Lacan. (1979) Escritos 1. Editorial  Siglo XXI.  Séptima edición

 

3.      Jaques Lacan. (1980) Escritos 2. Siglo XXI. Sexta edición.  México.

 

4.      Koffka Hurt. (1973) (Principios de Psicología de la forma, editorial Paidos.  1

 

5.     Rueda v. marco (1993). Mitología, cuadernos de antropología -1, ediciones de la pontifica u. católica del ecuador, editorial mendieta, quito, ecuador, 1

 

 

 

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: