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ENTRE RELATOS Y POESÍA LEONCIO BUENO, por carmen váscones diciembre 11, 2008

Posted by carmenmvascones in Lectura y Reseña.
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Leoncio, “la voz insobornable” del amor y de la lucha por la dignidad.  Humanizante sembrador, inunda con su fertilidad los pensamientos de la tierra retoñando en el “origen de los tiempos”.

 

¿Tanto dolor tiene la belleza?  ¿Tanta belleza tiene el dolor?  ¿Cuál dolor?  El de él y ella: gameto atemporal del aguijón insurgente que navega en la sangre y en el sentido

de los enamorados. 

 

La guerra justificada, es todo lo contrario al pleito del amante sin ataques planificados. Cuando de menazas,  ataque y alertas se trata,  ya ahí estamos hablando de entradas a actos irreparables que amenazan  y detonan en pueblos enteros y hasta en generaciones venideras.

 

El poeta trovador justiciero denuncia el horror que crece como incendio y peste.

 

Amor y guerra son extremos del génesis de la civilización y de todos los tiempos.  Los dos son capaces de devastar y provocar edificaciones sobre las ruinas.  Pero hay una diferencia.  En el amor dos se eligen, más en la guerra la provocación al otro trae su trampa y desventaja.

 

La muerte de las historias arranca la raíz de la genealogía.  La soledad junto con la orfandad divagan entre pérdidas e infancias devoradas.

 

¿Qué es el amor  entonces, si por este, se es capaz hasta de morir?  Veamos que le pasa al amante  de la vida que ofrenda su destino.

 

“Antes de ti  toda sensibilidad deambulaba extraviada”.

 

Pareciera que el epicentro y el eje del movimiento como referente  es el cuerpo femenino como metáfora del mundo.  Un todo de mujer abrazante  de sueños de gestación, de preñez de mitos y leyendas.  Naturaleza encarnada y descarnada de dolor, de versos, y deleites.

 

El poeta con su “sed mamífera” no puede olvidar que una vez nacido está dentro del relato del testigo que cuenta la miseria humana, que no puede olvidarla que tiene que enfrentarla, que tiene que acabarla. 

 

¿Y qué hace en el amor?  Deja su huella, su herida, su marca, su portón de carne y palabras libres del calabozo del tiempo y del espacio.

 

“Solo por ti vuelvo a estar presente en mí mismo/ para poder escribirte/ haz de mí lo que quieras, recógeme reviéntame/ destrúyeme del todo si te place…/”

 

Y la amada que deshoja y desviste al miedo, que lo humedece con su fuente acunante, que le devuelve la confianza.  Aunque aparezca lo amado como héroe cautivo o derrotado por victorias inexistentes, ella, es el semblante decisivo de comienzos y finales.  Es la amada que recuerda retornos y partidas. 

 

Madre y muerte dentro de una mujer donde se inicia el mundo y el universo de la gracia y la desgracia.

 

Divina guarida, olimpo de trincheras, altar de refugios, campo cultivado.  Rayo tribal

de la lluvia.  “Llama del deseo”, que nos profetiza que dejaremos de ser, que ya somos ausencia del acto y de la realidad que se precipita en la escritura de los cuerpos prontamente descompuestos en la transfiguración del placer y la tristeza. 

 

Escindida la búsqueda del peregrino.  Cava su fin en la memoria de la semilla que yace en el vientre de la luna,  oculta su preñez con pudor y prevención, se aleja  de las manos despiadadas del guardián insensible que perdió su alma cuando la palabra maternante lo abandonó sin explicación alguna.

 

El poeta está para romper la coraza, para perforarla con versos, para devolverle algún sentimiento que yace rehén en la infancia nublada del gorjeo.  El poeta está para acercar

lo femenino que amamanta y juega con sus formas bípedas.

 

“¿Quién es esta mujer que tiene entre sus dedos/ el poder de la vida y de la muerte?”

 

Mujer “libertad inasible” que flameas en tu mirada el argumento de los recorridos.

 

“¿Qué importa el instante

Qué importa el final de la vida/

Si es la clave sucumbir en acción?”

 

No hay desertores, ni bajas, ni caídos, ni traidores en el campo de la lucha del amor.  La victoria  es un empate o desempate.  Es un triunfo, una tregua,  un armisticio.  Un arco sin flecha. 

 

También es una tumba de memorias y utensilios con cuerpos que se amaron y dejaron sus señas e inscripciones en la tierra, en el viento.  En los hijos que vivirán lo propio.

 

“Vivir es combatir/ amando hasta  el final se combate por la vida/

 

Nacida para vivir siempre en honor de la verdad/”

 

La violencia entre el amor y la guerra  es el peor desencuentro humano.  Es el hambre del amado y la amada en el desentendido incompatible de lo injusto y voraz del monopolio de la existencia.

 

La historia de los amores y desamores no son las mismas que las de las armas, aunque ambas tengan raíces masculinas y femeninas.

 

¿Cuál es tu guerra con el contrario?  ¿Cuál es tu contrario dentro y fuera de ti?

 

El poeta vive una “poesía en acción” indómita, que conoce los secretos de la vida y la muerte, que es capaz de crear su propio mandamiento y único:

 

“Más nunca derribes al hermano del hombre”.

 

Y no lo hagas carga de nada ni de nadie.

 

¿Quién está dispuesto a desprenderse y aliviar la carga brutal de la represión.

 

carmen váscones

 

 

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