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El DIARIO DE ANA FRANK O EL ANEXO SECRETO: Los Refugios de Ana Frank, por carmen vascones diciembre 11, 2008

Posted by carmenmvascones in ana frank hollander, biografia, dios y poder, ensayo, Ensayos, femenino y masculino, genocidio, guerra, ideología, testimonio.
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“El ANEXO SECRETO, cuya autora fuera yo.”
“me duermo con la extraña sensación de querer ser distinta de como soy,
o también de no ser como yo quiero, o de proceder
quizá de manera distinta a como yo querría o a como soy”
ana Frank

Ana nace el 12 de junio de 1929 en Francfort, segunda hija, su padre Otto Frank, tenía 36 años cuando se casa con su madre, Edith Hollander que tenía 25 años. Su única hermana la mayor, Margó nace en 1926. Emigran a Ámsterdam en 1933, cuando apenas la pequeña Ana tenía 4 años, para huir de la persecución a los judíos. Desde 1934 asistió a la escuela Montesori, desde el jardín de infantes, ahí terminó su enseñanza primaria. En 1941 junto con su hermana entraron al Liceo Judío. Se va imponiendo un estado de sitio, la presión crece, va quedando coartada la libertad de expresión y de acciones.

Según palabras de la diarista “la vida estaba preñada de ansiedad”, ya su resto de familia empezó a sufrir las consecuencias de las leyes de Hitler que promulgó contra los judíos. Los abuelos paternos y maternos eran ricos, dinero que se perdió en la primera guerra mundial. En 1938 dos tías maternas huyeron a Estados Unidos y su abuela se reúne con ellos a vivir. Ella fallece en 1942, pérdida inolvidable para Ana, en página del 20 de junio de 1942, afirma, “ nadie sabrá nunca cuan presente la tengo en mis pensamientos y cuanto la quiero todavía”.

En 1940 en Holanda las disposiciones contra los judíos marca nuevas obediencias, son obligados a llevar la estrella de David, se les prohíbe manejar, de andar en bicicleta, de subir al tren, que sólo hagan compras en negocios judíos identificados con letreros, que no salgan a partir de las 8 de la noche. Empieza a sentir las restricciones, ahora comprende “que cosa tan maravillosa es un tranvía, a nosotros los judíos ese placer ya no nos está permitido, tenemos que valernos de nuestras piernas como único medio de locomoción… se nos permite utilizar la balsa para atravesar el canal y eso es prácticamente todo”.

Antes de entrar al escondite elegido por el Sr. Frank, como refugio y aguante para proteger sus vidas, Ana jugaba pin pon, iba a la confitería cercana Delphes o al Oasis, sitios permitido a los judíos. Disfrutaba de los admiradores, les hacía rodeos, se las ingeniaba para cambiarles de conversación si se ponían muy insinuadores, o tajantemente les chantaba la frase que podía pasarse sin su compañía al pretendido, o peor si le lanzaban un beso o le cogían el brazo les decía claramente que se vayan sin más. Por ahí empieza a conversar con Harry, cree que le sirve de despertador y estimulante ya que la antigua novia le daba sueño. La abuela del chico le prohíbe que se vea con Ana, la encuentra demasiado joven, y le dice que vuelva con la ex. En una de esas caminatas con él, el príncipe de los sueños de nuestra contadora se cruza, Peter Wessel, que por primera vez la saluda, eso a ella le causa un gran placer, mirada que, queda pendiente en las pupilas y secretos de la chiquilla, tanto así, que desvanece al acompañante de su lado.

En sus notas del 20 de julio de 1943 tiene escrito, “mi madre siempre quiere saber con quién me gustaría casarme más tarde. No se imagina que el elegido es este Peter”. Lo tiene visto, elegido en su mundo de fantasía. Así, esta ella, floreciendo en su cuerpo, imaginación y ensoñaciones, como peatona de su existencia, aún a pesar de sentir la libertad recortada y restringida le era soportable. Nadie se le atravesaba en su otro mundo, ni ningún espía que le aplaste su mundo.

Del domingo 14 de junio al 5 de julio de 1942 Ana escribe su diario desde su hogar. Desde el miércoles 8 de julio hasta el 1 de agosto de 1944, lo hace desde el escondite, el célebre anexo, en el mismo que vive 2 años y un mes hasta ser descubiertos. Escribió 156 días en total. En 1942, 33 días (trece años); en 1943, 38días (14 años); en 1944, 85 días (15 años)

La púber judía inicia su diario dos días después de haber cumplido sus 13 años, un domingo 12 de junio de 1942, sus padres se lo regalan entre rosas, otras cosillas, y un agasajo con generosidad donde fueron sus amigos. Ella se divertía, conversaba y repartía galletas sin pensar que el destino le iba a dar y reservar un lugar protagónico en la vida universal de la literatura por convertir sus manuscritos en testigo y testimonio escritos en el Diario, que mientras tanto reposaba en un lugar del dormitorio de Ana a espera de ser iniciado.

Un 4 de agosto de 1944 la GESTAPO nazi penetra en el edificio, entra al anexo, donde estaban los 8 judíos, la familia Frank, los padres, ana y su hermana; la familia Van Daan, la Sra, el Señor y Peter el hijo; y el señor Dussell. Todos fueron llevados al campo de concentración. En marzo de 1945 Ana muere en el campo de Bergen-Belsen. De ellos el único sobreviviente es su progenitor. El padre se encargará de publicar el diario de su hija.

Es importante precisar que Ana el 4 de abril de 1944, en su diario había escrito lo siguiente: “quiero seguir viviendo, aún después de mi muerte. Por eso le estoy agradecida a Dios, que desde mi nacimiento, me dio una posibilidad: la de desarrollarme y escribir, es decir, la de explorar todo cuanto acontece en mí. Al escribir me libero de todo, mi pesar desaparece y mi valor renace, pero, -he aquí la cuestión primordial- ¿seré alguna vez capaz de escribir algo importante, podré ser algún día periodista o escritora?”
El diario y otros objetos quedaron tirados en el piso como “cosas inservibles”.
Este memorable texto es la voz de Ana, las palabras imperecederas e inmemorables. Es la memoria irrenunciable. Es una vida atada a la letra de un deseo que se impuso al horror, a la muerte y al rumbo de la vida de la narradora, de su oficio de contar y de los hechos de la historia propia y de los otros protagonizando el drama de la novela de la vida y del avatar humano en el juego de los poderes sin treguas para gobernar. Soberbia y desprecio a las razas que convergen en hablas y creencias distintas, que a pesar de sentirse diferentes de las otras especies solo el humano es reincidente del dolor provocado con armas mortíferas productos de la maquinación de la razón.
Nosotros como lectores somos su destinatario entrando a una lectura y escritura, a una inscripción que no desconoció la pertenencia a su propia existencia y a su búsqueda de ser, a pesar de la amenaza y cumplimiento de una muerte no deseada.
La vida que cuenta Ana, la que no cuento, la vida que no me cuenta. La vida que me recuerda en un cuento. Un cuento en la vida que no recuerdo. Recuerdo de un cuento de una vida. Cuéntame la vida que recuerda. Ana personaje y narradora, en su soy y encuentro impostergable.
Es como que nos dijera, encontrarme con mi vida es encontrarme con ella: la palabra y la poesía en un ritmo atemporal que no se parece al amor ni a nada. Ya que el amor es un saber que no ocupa lugar, esa su ironía en esta acumulación de evidencias y mundo atosigado de posesión y posiciones donde dejamos de sabernos por no sentirnos aunque creyéndolo y tanteándonos para seguir a lado del otro. Por no saber quién soy en ese no lugar contable.
La rayuela de la vida tiene mas de dos realidades: ser y no ser.
A pocos días de haber iniciado su tarea de relatar en sus hojas en blanco, deja de escribir por un rato para reflexionar primero lo que significa un diario. Al retornar del suspenso el 20 de junio de 1942, escribe su vivencia en el mismo, lo dirá así, al “redactarlo experimento una sensación singular, nunca tuve un diario, y además porque me parece que más tarde ni yo ni ningún otro se interesaría por las confidencias de una escolar de 13 años. En fin esto carece de importancia. Quiero escribir y aún más sondear mi corazón sobre toda clase de cosas… No tengo intención alguna de dejárselo leer a nadie, a menos que encuentre en mi vida un verdadero amigo –muchacho o chica- a quién enseñárselo. Y así llego a la raíz del asunto, a la idea de comenzar un diario: no tengo un amigo semejante”.
Aparentemente no le falta nada, pero quiere salir de lo trivial, tiene dificultad de profundizar en temas con sus amigos, busca intimar con la palabra, cree que ahí radica su dificultad. Escribir con el fin de evocar mejor la imagen que se forja de una amiga largamente esperada, su propia proyección, sus días dejados como constancia la remiten a avanzar, a no detenerse, a convertirse sin saberlo en una intérprete, no quiere limitarse a simples hechos, como tantos hacen, sino que desea que este diario sea su amiga, a quien llamará “Kitty”. Así ella le da el acta de nacimiento a su protagonismo, a su argumentación con firma, letra y puño de la que en vida fue.
La vida contada por Ana: su historia de una escritura confidente que transfiere, relaciona y pasa de un yo (Ana) a un tú (Kitty), su diario, su amiga, su otra, su escritura leída, donde vuelve, parte, define, aprende, repara. Esa confidente lectura que le permite leerse y hablarse, a la vez sentirse escuchada por ella, en el fondo y en la superficie, la misma Ana. La escritura es Kitty, contenido de la intimidad exteriorizada, soporte para contarle, hablarle lo contable y lo no dicho ni trasmitido a una escucha que no sea ella.
Ana tenía una necesidad de contar aunque no le guste, “brevemente la historia de su vida”.
Su alter yo le permite leerse diferente, de otra manera. Su destinataria era una lectora reflexiva que va siguiendo los pasos de su metamorfosis psíquica y corporal. Los cambios de púber entrando a la adolescencia. Sondea sus pensamientos, atrapa en el espacio del diario un tiempo que fotografía con sus grafos. Imprime lo transitorio de la búsqueda de ser, de su camino que avista, de su deseo que juega entre ser periodista y escritora.
Ella, un mes antes de cumplir sus quince años, ha escrito un jueves 11 de mayo de 1944, a Kitty lo siguiente: “ya sabes desde hace tiempo cuál es mi mayor anhelo; llegar un día a ser periodista, y más tarde escritora célebre. ¿Seré capaz de concretar mi ambición? ¿O es mi manía de grandeza? Habrá que verlo, pero hasta aquí los temas no me faltan. En todo caso, después de la guerra, querría publicar una novela sobre el anexo. No sé si lo conseguiré, pero mi diario me servirá de documento…”.
Es visionaria, un tiempo de siempre atrapa, deja la huella de los escondidos, saca de sí el avatar cotidiano. Sus escritos una trinchera para resistir, una manera de liberarse de un presente real en peligro permanente, con su estilógrafo deshace las sombras, recoge la memoria de lo bello, detalla el reloj de la rutina, describe la crónica de los anexados, todos esos ocho se sabían contenidos en las páginas que Ana hilvanaba con la tinta. Se apropió de un dicho, “el papel es más paciente que los hombres”. Puede esperar, escribir sin prisa, con calma.
Ella se hace su propia aliada. Quiere confiar en algo, en alguien, en ella misma, porque considera “su falta de confianza su verdadero defecto”, de ahí la razón de este diario con el fin de “evocar mejor la imagen que forja de una amiga largamente esperada”.
En sus apuntes del miércoles 8 de julio de 1942, es otro inicio, momentos suscitados por la salida precipitada, aprisa todo, “irse a todo trance, y se trataba de llegar a buen puerto, lo demás no contaba ya para nosotros”, hay que resguardarse y guarecerse de la citación recibida que llegó a la familia, la cama queda desecha pero eso no es importante a estas alturas hay que ocultarse y como le dijo su padre “menos aún queremos ser nosotros quien caigamos en sus garras. No los esperaremos para irnos… no te inquietes. Nosotros nos ocuparemos de todo. Diviértete y aprovecha tu juventud, libre de cuidados, todo el tiempo que aún puedas hacerlo”.
Palabras de calma ante la incertidumbre, palabras al fin y al cabo que sostienen el deseo de vivir a pesar de todo. Hay amigos fieles para el apoyo que necesitarán. Desde el comienzo está Miep y su esposo Henk, y otros poco que mencionaré más adelante, que se jugaron el pellejo en el traslado, en aprovisionarlos, alentarlos, acompañarlos, de quedarse a dormir cuando era posible, de salvaguardar y mantener el silencio hasta el final del lugar de los refugiados.
Antes de dirigirse al desconocido y clandestino escondite entre lo que recogieron y guardaron en sus bolsos las dos muchachas pusieron lo estrictamente necesario, y entre esos se incorporan rizadores, cuadernos, libros favoritos y hasta cosas inconcebibles, algunas prendas puestas para un hasta cuándo…
El hecho esta dado.
Una vez que se entró al anexo, los amigos los encerraron, cerraron la puerta con llave, y a contentarse con la nueva instalación más bien rudimentaria, en sus anotaciones describe como arquitecta la distribución del espacio, le agrada escuchar el reloj público que suena cada cuarto de hora, al resto no, luego, pone un orden visible y habitable al desorden inimaginable en que estaba el anexo secreto, con tantas cajas regadas, enseres y otros utensilios. Ella y su padre se ponen mano a la obra, estaban ocupados en tareas “para no pensar”, su madre y hermana en cambio estaban cansadas, deprimidas de la nueva situación.
“No tuvo un minuto para pensar en la convulsión que de la noche a la mañana cambiaba completamente su vida”. Resumiendo con sus propias palabras este cambio radical forzado y sin otra alternativa, ella lo define así, “parecen que hubieran pasado años entre el domingo a la mañana de hoy… como si el mundo entero se hubiera trastornado de repente… sin embargo ya ves, Kitty, todavía vivo, y como dice papá es lo principal”.
El 20 de noviembre de 1942, después de sustos se vuelve a las bromas, chistes, ya que no es “beneficioso convertir al anexo en un sitio melancólico, no tiene ningún sentido”, el ánimo de la púber se siente atrincherado, “cada vez me siento más abandonada, que noto que el vacío crece a mí alrededor.

Antes las diversiones y los amigos no me dejaban tiempo para reflexionar a fondo. En la actualidad tengo la cabeza llena de cosas tristes, tanto a propósito de los acontecimientos, como por mí misma. Cuanto más ahondo, más me percato de que, por querido que sea papá nunca podrá reemplazar a mis amigos de antaño: todo mi pequeño dominio”. Escuchaban la radio, a más de las noticias de la guerra y de lo que acontecía, esta mencionaba que después de la guerra se coleccionarían cartas y memorias concernientes a la época vivida.

Todos los ojos se concentraban en Ana, el miércoles 29 de marzo de 1944 tiene anotado, “mi diario parecía tomado por asalto. ¡Figúrate una novela titulada EL ANEXO SECRETO, cuya autora fuera yo…”
El escondite estaba en el inmueble de las oficinas del papá. Para Ana el edificio al comienzo lo ubica como una pensión donde está pasando un periodo de vacaciones, dice, “nuestro anexo es ideal como refugio, aunque se inclina para un lado y es húmedo, no se encontraría un escondite tan cómodo en el resto de Ámsterdam y quizás en toda Holanda”
Un diario dando refugio a los anexos de las historias que los otros no llegaron a contar porque la tifus, la misma guerra, las cámara de gas y los hornos los redujo a silencios y fosas común. Se salvaron los proveedores, los amigos que se expusieron a cambio de prolongar y dar aliento a los encerrados, ellos eran el personal de confianza de la oficina que dirigía su padre, como ya sabemos Miep y su esposo, Elli Vossen, Kraler, Koopphuis, que nos dan una lección del verdadero sentido de la solidaridad en este mundo pleno de mezquindad de intereses y poderes globalizados creados a costa del otro.

El diario de Ana es un contar triple, transmitir la angustia y los destrozos de una guerra sin piedad y sin consuelo, examinan y ausculta el espíritu de la bestia humana. Narra lo que sucede en el interior del anexo como crónica. Por otro lado relata, la vivencia personal, su sentir, su desesperación, sus conflictos dentro de su cuerpo. Se siente un “amasijo de contradicciones”, con su alma dividida, donde según ella, “la primera alberga mi hilaridad, mis burlas,… mi alegría de vivir y, sobre todo mi tendencia de tomar todo a la ligera…esta parte está siempre en acecho rechazando a la otra, que es más hermosa, más pura y profunda…Ana la tierna nunca ha aparecido pues, ante el público ni una sola vez, pero en la soledad su voz domina casi siempre. ..

Para ser completamente franca, te confesaré que eso no me deja indiferente, que hago infinitos esfuerzos por cambiar”.

El 28 de noviembre de 1942 se interroga y se interpola entre el ser y no ser, se siente entre la censura y faltas atribuidas, se pierde entre el montón de acusaciones, su estado de ánimo varía. Se duerme “con la extraña sensación de querer ser distinta de como soy, o también de no ser como yo quiero, o de proceder quizás de manera distinta a como yo querría o a como yo soy”, todavía no lo ve claro, y dirigiendo a su amiga Kitty, le dice “y tú tampoco desde luego”, le pide disculpa por esta confusión, pero le explica que no le gusta tachar, y actualmente, la falta de papel nos prohíbe romperlo”, en todo caso no destruye las conjugaciones de su yo con la punta del bolígrafo. Prefiere que Kitty no la relea ni profundice, porque no va a sacar nada en limpio.

Pasando al martes 4 de abril de 1944 cuando entra a su mundo, lo mira como escritora y una mujer simple y de quehaceres, se ve así: En cuanto a la escritura especifica cree que “al escribir me libero de todo, mi pesar desaparece y mi valor renace. Pero –he ahí la cuestión primordial- ¿seré alguna vez capaz de escribir algo importante. ¿Podré ser algún día periodista o escritora?… Pues al escribir, puedo concretarlo todo: mis pensamientos, mi idealismo y mis fantasías”. “Se trata de estudiar para no ser ignorante, para adelantar, para llegar a ser periodista, que es lo que quiero. Estoy segura de poder escribir, de ser capaz de hacerlo”. Siguiendo en este mismo martes más adelante dice, “yo soy mi única crítica y la más severa. Me doy cuenta de lo que está bien o mal escrito. Quienes no escriben desconocen cuan maravilloso es; antes, yo deploraba siempre no saber dibujar, pero ahora me entusiasma poder al menos escribir. Y si no tengo bastante talento para escribir libros, ¡bah! Siempre podré hacerlo para mí misma”. Cuando habla la mujer dentro de ella tenemos “querría adelantar, hacer algo. No puedo imaginarme viviendo como mamá, la señora Van Daan y todas esas mujeres que cumplen con su deber y son olvidadas más tarde.

Además de un marido y varios hijos, necesitaré otra cosa”.

La vida no es fácil en esta gran familia asociada por las circunstancias, los desacuerdos, las peleas, la dificultad de adaptarse, de poder conservar la calma los pone en algunos momentos fuera de sí, y pareciera que Ana es el semblante de esos cruces de yo, entrechoques y recriminaciones. Se siente obligada a soportar y estar entre el mundo de los adultos, sin un espacio para regodearse con su soledad, además tratada como una criatura por su madre le es insoportable, de paso sermoneada, incomprendida, reprochada por sus padres y los otros por sus charlas excesivas y cosillas que ella no alcanza a descifrar todavía.

El sábado 28 de noviembre de 1942, dice, “matamos el tiempo con toda clase de tonterías, con adivinanzas, cultura física, hablar francés, inglés, criticar libros…y a la larga nos cansamos. Desde anoche tengo algo nuevo, tomo los gemelos y miro hacia las habitaciones iluminadas de nuestros vecinos. Durante el día, no nos está permitido correr las cortinas ni un centímetro, pero por la noche no veo ningún mal en ello”.

El martes 4 de abril de 1944 al iniciar el día con sus escritos dice, “durante mucho tiempo, he estudiado casi sin saber cual es mi objetivo”, que si no termina la guerra en septiembre nunca más volverá a la escuela”, adelantándonos en sus letras vemos que se dice para sí, “se trata de estudiar para no ser ignorante, para adelantar, para llegar a ser periodista, que es lo que quiero. Estoy segura de poder escribir, de ser capaz de hacerlo, algunas de mis novelitas pueden pasar, mis descripciones del anexo no carecen de agudeza, hay párrafos elocuentes en mi diario, pero… a saber si tengo verdadero talento…”

La duda no la detiene, lo que sí está claro es su disfrute, su gozo, su intimidad desbordante en este otro espacio y lugar habitable, en ese continuar e incursionar en lo que conoce a partir de su propia experiencia y audacias creativas.

Disgregando y recordando su época de estudios, una vez su profesor Kepler de matemáticas en el liceo de los judíos se había enfadado porque Ana charlaba sin parar, le impuso castigos de escribir sobre una charlatana, y como era una reincidente incorregible el parloteo continuaba, hasta que un día le puso el tema de Cua Cua Cua dice la señora pico parlachín, que se trataba de una mamá pata con tres hijos con un padre cisne, donde estos por charlar demasiado fueron mordidos a muerte por su padre. Es interesante el significado que da a Ana a este silencio de la palabra.

Además, ella decía que hablar era una necesidad, argumentando que la charla excesiva es un defecto femenino, que se esforzaría por corregir… aunque sin librarse de él totalmente, pues su propia madre habla tanto como la mismísima Ana, sino más, que poco puede hacerlo para remediarlo. Aquí para analizar más esta proclama y sentencia de la chiquilla, tendríamos que entrar a sesiones de la dicha personal del ser humano en cuanto al arte y placer de hablar y de su sentido en el pedido de ser escuchado a como dé lugar.

Escribir es conversar con una lectura que nos muestra otro mensaje.

La vida del anexo una rutina que todos se saben de memorias sus rituales, horarios de actividades. Al cabo de un año las costumbres son constantes sustos, bromas, cansancios, depresiones, tedio, de vivencias aferradas al deseo de no morir en la restringida libertad y a la vez añorada. Obligados al silencio y a proteger sus vidas, con la única defensa posible en ese momento, no dejarse ver por el mundo externo, enemigo de sus vidas. En octubre de 1943 deja entrever como va en aumento los sentimientos contradictorios, eso de sentirse acorralados y a la vez aparentemente seguros y protegidos, idea que se va acortando por tocadas de puertas, robos, quizás un empleado como sospechoso y posible denunciante, eso produce pánicos, tal es así, que “la atmósfera de la casa es deprimente, soñolienta, aplastante”.

Puros sobresaltos, las tensiones, desesperaciones, el no poder huir y salir a ningún lado hace que las relaciones personales vayan complicándose, “la menor palabra corre el riesgo de ser mal interpretada o de molestar a uno o a otro”. Pleito tras pleito, luego reconciliaciones, la vida continúa, nerviosismos, lamentos, risas, reencuentros.

Los temores eran permanentes, no se debía encender la radio porque estaba prohibido, pero lo hacían, tenían que caminar silenciosamente, durante el día hablar en voz baja para que no los oigan en el depósito los que no saben, los otros trabajadores que desconocían la situación, por lo que tenían que quedarse quietos por horas. “Nosotros aquí nos hemos olvidado de reír”…

En marzo de 1944, el nerviosismo y la vigilia aumentan hay un ladrón que pareciera ser uno de los empleados de la oficina, había estaba dentro y parecía tener copias de las llaves, hasta podría ser el mismo que después sopló y los denunció, pero hay que seguir con esta historia de la inmortal Ana.

El 9 de noviembre de 1943 tiene escrito: “todo el mundo está malhumorado”, “no me agrada depender de la atmósfera del anexo, más bien me fastidia”, pasa momentos de depresión. De noche una vez acostada se ve en una prisión, sin sus padres, ora va por la aventura de una carretera, “otra me imagino al anexo pasto de las llamas, o que vienen a buscarnos, a todos durante la noche”. “Cuando llamaron largo rato a la puerta y con insistencia. Inmediatamente me puse pálida, tuve cólico y palpitaciones, todo eso por la angustia únicamente”.

Cuando los días entraron a mayo de 1944, refiere que la política está de asueto, nada que señalar… se habla de que habrá una invasión… no es menester mucha imaginación para comprender esa eterna letanía de la desesperación: ¿de qué sirve esta guerra?…¿por qué esta devastación? Pregunta comprensible, pero nadie ha encontrado la respuesta final”.

¿Por qué se gastan cada día millones en la guerra y no hay un céntimo disponible para la medicina, los artistas, los pobres… Hasta que toda la humanidad sin excepción no sufra un enorme cambio, la guerra imperará”.

Volcándose a ella, se mira sin dejarse aplastar ni por la tristeza que asoma como un gigante sombreándole los sueños, ni por sus miedos, cuenta, “a menudo me he sentido abatida, pero nunca me dejé llevar por la desesperación.”

Ese mismo mayo, piensa que “ningún país querrá sacrificar a sus hombres en el interés de otro país, e Inglaterra no será la excepción. La invasión, la liberación y la libertad vendrán un día, pero la hora será fijada por Inglaterra y Estados Unidos, y no por un conjunto de territorios ocupados”.

Se siente apátrida en esa ola de antisemitismo, caos, traiciones. Se encuentra sola igual que tantos entre la libertad, la verdad y el derecho. La soledad de la raza dividida entre combates y gobiernos infernales, campos de concentración, prisiones, mercado negro, protectores de otros descubiertos, hambre, salud deteriorándose, más privaciones.

“Pero todas estas privaciones no son nada comparadas con el horror de ser descubiertos”.

El 6 de julio de 1944, tiene, “todos vivimos sin saber por qué ni con qué norte, y siempre buscamos la felicidad, vivimos todos juntos y cada cual de manera diferente”. Está harta y cansada de mostrarse valiente, de disimular, “después de año y medio de vida enclaustrada, hay momentos en que la copa rebasa”. Ana quiere andar en bicicleta, bailar, silbar, mirar a la gente, sentirse joven y libre, respirar aire fresco.

Se pregunta haciendo eco en el papel, “existe alguien en el mundo capaz de comprenderme, sea o no judío y que quiera en mí a la muchacha que pide nada más que una cosa: divertirse, gozar de la vida”.

Y este deseo de libertad de andar suelta sin sentirse en el claustro del fascismo es aplastado, el mayor miedo de Ana voz de todos en esta historia retomada, releída, recontándose, lo dice el 11 de julio del 42, “no te imaginas cuan opresivo resulta el hecho de no poder salir nunca, y tengo muchísimo miedo de que seamos descubiertos y fusilados. Eso no es exactamente una perspectiva agradable”.

Entre lo que se quiere y puede, está el verbo y principio de la vida, cuando las reglas son alteradas por la omnisciencia de supuestos líderes que imponen sus ideas.

El 27 de febrero de 1944, toda hecha un ovillo de desprendimiento y verdad interior nos constriñe con esto “son tanta las cosas que echamos de menos aquí…no me refiero a las necesidades físicas, siento la nostalgia tanto como tú del aire y de la libertad. Pero he empezado a creer que tenemos el privilegio de tener una compensación enorme por todas esas privaciones…una compensación interna…

Puede perderse todo, la riqueza, el prestigio, pero esa dicha en tu corazón solo puede, cuando más, ensombrecerse, y volverá a ti, siempre, mientras vivas”

Y en todo este contexto Ana no entiende como se puede discutir, estar en desacuerdo, tanta disputa, “aquí no tiene ninguna razón de ser… hay algo a lo que nunca estuve acostumbrada son esos gritos y esas palabras duras que estoy obligada a absorber poniendo buena cara. Me niego a soportar todas esas humillaciones… proferidas constantemente… no me acostumbraré nunca mientras esas discusiones (utilizan esas palabras en lugar de peleas) se produzca por mi causa… Me parece extraño que las personas mayores regañen tan fácilmente por cualquier minucia, hasta ahora he creído que eso de pelearse era cosa de niños”. “No me reconocen ninguna cualidad, yo no tengo nada de bueno, estrictamente nada, mi apariencia, mi carácter, mis maneras son condenadas una detrás de otra”…¿Soy en realidad tan mal educada, pretenciosa, terca, insolente, tonta, perezosa, etc, como ellos pretenden? ¡Oh!, Ya sé que tengo muchos defectos, pero ciertamente exageran”.

La contestataria, la desencontrada, la inconforme, la rebelde adolece de amor y quejas, ubica sus protestas corajes y sentir frente al tejido familiar exclusivamente; tenemos el 7 de noviembre del 42, con respecto a su madre y hermana dice, “yo las quiero sólo porque son mi madre y mi hermana. En cuanto a mi padre es otra cosa. Me consumo íntimamente cada vez qué exterioriza su preferencia por Margot, que aprueba sus actos, que la colma de elogios y caricias. Porque yo estoy loca por Pim. Él es mi gran ideal. No quiero a nadie en el mundo tanto como a papá. El no repara en que no se porta con ella igual que conmigo. Es indudablemente la más inteligente, la más amable, la más bella y la mejor. Pero no obstante, yo tengo un poco de derecho a ser tomada en serio… Espero de papá algo que él no es capaz de darme. No estoy celosa de Margot, nunca lo he estado. No envidio su belleza ni su inteligencia. Todo cuanto pido es el cariño de papá, su afecto verdadero no solamente a su hija, sino a Ana, tal como es”.

El tocador de Ana está borroso, hay dos rostros femeninos que le hacen entrar en huelgas y dar pasos a sus sentimientos, se siente poco remunerada en la atención de su demanda de amor y en los faltantes que el espejo de su pasión e inconformidad le hace creer.

Dirá, me aferro a papá porque es el único que mantiene en mí los últimos restos de sentimiento familiar. Papá no quiere comprender que, a veces necesito desahogarme respecto de mamá; se niega a escucharme, evita todo cuanto se relaciona con los defectos de ella… Más que todo lo demás, es mamá, con su carácter y sus faltas, quien pesa de modo terrible sobre mi corazón. Ya no sé qué actitud adoptar; no puedo decirle brutalmente que es desordenada, sarcástica y dura… En todo somos distinta y chocamos… siempre me propongo pasar por alto los defectos de mamá, no ver más que sus cualidades, y tratar de encontrar en mí lo que vanamente busco en ella…Ya no soy la nenita a quien se festeja con risas benévolas por cualquier motivo.

Tengo mi ideal, es decir tengo varios, tengo ideas y proyectos, aunque todavía no puedo expresarlos”.

Ideal versus identidad, yo y no yo, mujer madre versus mujer rival, mujer hija alias la otra. Mitad mujer mitad ella. Ana tachando lo que no quiere, Ana cuestionando a su modelo, Ana buscándose donde no se ve, Ana comparándose con la sangre de su sangre, Ana haciéndose mujer en su cuerpo que se rebela estar intocado.

Ana la creadora de su propio historia más allá del mundo que se abomba. Sus vivencias.

Momentos de desgarramientos, de posicionarse en ese lugar y función de hija transitando su propia ruta, descubrimientos y pensamientos se enganchan a la interioridad y acogimiento que le ofrece su diario, que es para ella “el principio y el fin, porque Kitty nunca pierde la paciencia; yo le prometo que, a pesar de todo, me mantendré firme, recorreré mi camino…”

Enfrenta sus luchas interiores tanto de identidad, como de los roles que va codificando, armando y desarmando, su otra vida va conjugando en su cuerpo que le va presentando ese despertar frente a la propia imagen, de ir reubicando a la que está transformándose y sintiéndose diferente aún con restos de la niña en brazos de su padre que lo necesita cuando tiene miedo y las bombas caen, ella corre a la cama de él para guarecerse en sus brazos, se siente segura a pesar de continuar el temor dentro. Reza con su padre sin sentirse obligada como una nenilla, lo asume como profesor para que le enseñe lo que no sabe o le preocupa olvidarse, le lee en las noches Goethe y Schildler, se deja llevar, le dice lo que debe y no debe leer, le permite tejer, la defiende, no le da sermones, en fin, su Pim, apodo con que lo llama, “es la bondad personificada”, mientras ella es el “incurable manojo de nervios”.

Ella quiere de su padre un amigo, y este solo es lo que es. Y siente que él evita toda conversación concerniente a su mamá. El padre presta su autoridad y función de amor para su hija, sólo eso, no se deja seducir por la hija encantadora, mimosa, hablantina, la guía, no se hace aliado de su ataque al terreno materno, la calma, ocupa su puesto de hombre en sus dos roles de marido y padre. A su mujer lo que es de ella y a su hija lo que no es de la otra.

En cambio con su madre que se le ofrece como amiga, la rechaza. Ana, quiere solo una madre, le dice para rezar juntas cuando el papá no puede, le dice que no, la evita, la distancia. Su madre ante esto le comenta “al cariño no se lo ordena”, ella se daba cuenta, de la frialdad de Ana no le era indiferente, también, “reflexiona que su madre la ha rechazado”.

Edith que así llama esta mamá puesta en la mira parcial de su hija, que aparentemente pareciera comunicarse mejor con su otra hija, que con Ana, ya que como es menor la trata como tal, en las mismas redacciones del diario encontramos algunos momentos de preocupación por esta hija, que coma, evitar que se enferme, atención permanente por su salud, lecturas para “enseñarles el arte de vivir”. En fecha del 10 de marzo de 1943, durante un bombardeo hubo un cortocircuito en el anexo y Ana estaba con terror y miedo corría al lecho del señor Frank y suplicaba a él que enciendan la velita a lo que él se oponía por la seguridad de todos, la señora Frank, saltó de la cama y cumplió el pedido de la chica, refunfuñó el padre, y la esposa le dijo: “es que tomas a Ana por un viejo soldado” y asunto concluido.

A veces pareciera que mandaba frases como lecciones de educación, a lo que su hija menor desaprobaba, también tenemos que cuando es de ponerse a la defensa de sus hijas lo hace ante quién sea, si se hurga en el diario, se encontrará algunos momentos de esa función de madre “hablando por las hijas”, además es una lectora permanente, a veces hasta leyendo en voz alta los sucesos de la juventud sin “aplicarlos en sus hijas” según Ana.

La madre será un campo de batalla y un jardín donde los combates y las germinaciones de la nueva generación femenina harán otro cantar de los cantares.

En sus análisis del 5 de enero de 1945, descubre lo que le falta, “mamá nos ha dicho ella misma que nos considera como amigas suya más que como hijas. Es muy bonito, no digo que no; sin embargo, una amiga no puede reemplazar a una madre. Necesito ver en mi madre un ejemplo que pueda seguir, quiero poder respetarla”. Tres días antes había dejado esa constancia de sentirse estupefacta, aterrada por las “palabras duras que utilizó para ella. Se ha preguntado, “Ana, ¿viene verdaderamente de ti ese odio? ¡Oh, Ana deberías sentir vergüenza!…Sufro y he sufrido de un mal moral…deformadas por una óptica subjetiva; cuando me hallo en ese estado, soy incapaz de reflexionar sobre las palabras de mi adversario…Me repliego entonces en mí misma, solo veo mi yo…”

Y justo a tiempo, ahí su silenciosa interlocutora se deja empapar, ella, “derrama sobre el papel su alegría, sus burlas, y sus pesares, sin pensar más que en su propia persona. Este diario tiene mucho valor para mí, se dice, porque forma parte de sus memorias… en muchas páginas podría añadir pasado… Estaba furiosa con mamá, y a veces sigo estándolo. Ella no me ha comprendido, es verdad; pero yo, por mi parte, tampoco la he comprendido a ella… me lo tomé demasiado en serio sentirme ofendida… En otro tiempo ante de mi vida enclaustrada, esta cólera se traducía en algunas palabras vehementes, en algunos golpecitos de pie a espaldas de mamá y con eso me calmaba…

Esa época ha sido superada… me he vuelto más razonable, y asimismo, mamá esta un poco menos nerviosa… Me es imposible sentir por mi madre el amor apegado de una hija. Me falta tal sentimiento.”

Su diario la libera de culpa de remordimientos, lo anota así este dos de enero, “acallo mi conciencia con la idea que el papel es menos sensible que mamá; porque ella, fatalmente, llevaría mis injurias en su corazón”. El 16 de marzo de 1944, sostiene, “la cosa más maravillosa, y ya es algo, es poder escribir todo lo que siento, si no me ahogaría”

Una vez enfrentada estas sombras de emociones Ana esta más dispuesta en su mundo interior a seguir develando otras inquietudes que la van sorprendiendo y a la vez va relacionado con la experiencia en su propio cuerpo, que la invitan a otros giros consigo, al leer un libro a propósito de la manía de ruborizarse siente como que este artículo esta dirigido a ella, escribe, “aunque no enrojezco con tanta facilidad me parece que las otras cosas de que habla se aplican perfectamente a mí”, veamos cuáles son, -continua la lectura-

“una muchacha, durante los años de pubertad se repliega en sí misma y empieza a reflexionar sobre los milagros que se producen en su cuerpo. Yo también noto esta sensación; por eso, en los últimos tiempos, me siento cohibida delante de Margot y de mis padres… Lo que sucede me parece maravilloso; no solo las transformaciones visibles de mi cuerpo, sino lo que se verifica en mi interior. Aún cuando yo nunca hable a nadie de mí misma, ni de todas esas cosas, pienso en ellas y las refiero aquí.

Cada vez que estoy indispuesta –sólo me ha sucedido tres veces- tengo la sensación de llevar en mí un secreto muy tierno, a despecho del dolor, de la laxitud y de la suciedad; es porque, a pesar de los pequeños fastidios de esos pocos días, me regocijo en cierto modo desde el momento en que voy asentir ese secreto una vez más… En lo que a mí respecta, como me encuentro aquí desde alrededor de mi decimotercero año, he comenzado a reflexionar sobre mí misma… Por la noche, en la cama siento a veces una necesidad inexplicable de tocarme los senos y percibir, la calma de los latidos regulares y seguros de mi corazón. Inconscientemente tuve sensaciones semejantes mucho antes de venir aquí, porque recuerdo que una vez al dormir con una amiga, tuve la irresistible necesidad de besarla, lo que entonces hice. Su cuerpo, con el que ella siempre se había mostrado recatada, me despertaba una gran curiosidad. Le pregunté, si como prueba de amistad, no me permitiría palpar sus senos, haciendo, ella lo mismo con los míos; pero mi amiga se negó. Cada vez que veo la imagen de una mujer desnuda, como por ejemplo, Venus, me quedo extasiada”.

La sexualidad aflora desflora la imaginación de Ana, ella está poseyendo una experiencia que se transmuta entre indagaciones, confesiones y secretos que no los puede hablar ni compartir con sus padres, acaso ellos no comprenderían, se horrorizarían, moralizarían las inquietudes de la jovencita. Estos temas son silenciados, la infancia siempre pregunta sus innatas curiosidades, señala lo que el otro calla, pregunta sin puritanismo, Ana se está alejando de la inocencia, lo velado aparece como una falta de algo, es un juego de encuentros y pérdidas.

La edad del deseo no se puede esconder, por la boca sale la punta del hilo principal que acontece a todo ser humano, habla, siente, piensa porque es un ser sexual, su historia humana no es educar al instinto, es saberse diferente en el oficio de vivir entre pensamientos, ideales, pasión humana, y lo posible, en ese diálogo con el porvenir que aventura la felicidad y la dicha, aún en esa confrontaciones de luchas y avatares dentro y fuera del cuerpo: la destrucción y la construcción imaginaria para no exterminar la naturaleza ni la propia vida.

Se convive con otro que se transforma y nos cambia. Que nos protege del espectáculo del finito, que nos ampara de la desolación que produce el miedo y el dolor. Como que nos dijera permanentemente sé tú mismo, sigue, no te detengas. Goza la vida sin que la muerte te la quite. La muerte es un término, en cambio la vida hay que terminarla viviéndola, por lo tanto defiéndela, no la expongas, no cedas a claudicar dentro de ti. No la derroches con la estupidez mundana, es inevitable experimentar, pero no hagas de tu cuerpo un campo de minas ni de derroches.

¿Entonces, qué se quiere en ese descubrimiento ruta al gozo sensual del erotismo y de la sublimación? El amor conlleva un destino humano, exige residencia, pero el emigrante polizonte que cada cual lleva quiere algo más, que no lo sometan, que lo dejen peregrinar en el placer de una verdad amorosa que no tiene que ver con rivalidad ni deslealtad, sino con el yo expulsado de la propia infancia.

El adulto busca a ese infante que se conjuga entre él, tu, yo. Por lo que mío y tuyo más tarde va a ser una larga tarea, reconocerse en los fragmentos del recuerdo, armar las formas del juguete que se fue, alejarse de la vida que no pertenece, escribir el poema de aquel acaso, o relatar algo de un sueño o de una vida que no se tuvo, pero que no hay otra.

La escritura auxilia al cuerpo, a la memoria en el quebranto de la angustia cuando ausculta la sensibilidad fundiéndose entre el cuerpo y la palabra.

Parece que la única lectura que los padres no pueden prohibir a los hijos es la de sus propias vivencias. Esa otra lectura que tiene que ver con la inscripción de una sexualidad que habla, que se organiza, que deja huellas. La lectura de los libros prohibidos y no permitidos a conocer que le hacían a Ana por considerársela menor y todavía no aptas para su psique con qué tenían que ver, ¿acaso no sería estos temas tabú?

Un sueño le abre las puertas a la primera mirada de su todavía niñez, cuenta el mismo seis de enero del 1944 que “estaba sentada en una silla y enfrente a mí Peter…Wessel, hojeábamos un libro, con ilustraciones… De repente la mirada de Peter se cruzó con la mía, y me hundí largamente en sus hermosos ojos…Luego Peter me dijo con un acento muy dulce: -si yo lo hubiera sabido, hace mucho tiempo que habría acudido a ti-. Bruscamente me volví, porque no podía ya dominar mi turbación. En seguida sentí una mejilla contra la mía, una mejilla muy suave, fresca y bienhechora… Era delicioso, infinitamente delicioso. En ese instante me desperté, su mejilla aún estaba contra la mía”.

Se siente turbada por ese sueño. Dice, “cuando papá me besó esta mañana, hubiera querido gritarle, -Oh, si tu fueras Peter-. No puedo hacer nada sin pensar en él… lo amo con todo mi corazón, con toda mi alma… que sólo toque mi cara…”Ahora no descansa su imaginación, el príncipe desarchivado sale otra vez en el recuerdo a la escena mental, precisa volver al cómo lo conoció, cómo es, lo describe, lo enaltece. Relata, el 7 de enero de 1944, “Peter Wessel apareció en mi camino, y aunque de un modo muy infantil me enamoré de él.

Peter también me encontraba simpática, y durante todo un verano fuimos inseparables… Era la imagen misma de la belleza, alto, delgado, con un rostro serio, calmo e inteligente. Tenía cabellos negros y ojos castaños magníficos, tez mate, mejillas tersas y nariz puntiaguda. Me enloquecía su risa, que le daba un aspecto de muchacho travieso… Era todavía más que mocosa. Resultado: Peter me dejó. Yo lo amaba a tal punto, que no podía resignarme, y no me desprendía de él; hasta el día en que comprendí que, si me empecinaba así por más tiempo, me tomaría por una buscona”.

Ahora al mirarse al espejo se encuentra cambiada, parece más dichosa, pero, sin embargo, “no sé qué pensamiento triste ha hecho desaparecer, súbitamente la sonrisa de mis labios. No puedo ser dichosa, porque debo decir que estoy lejos de los pensamientos de Peter Wessel… ¿Quién podría ocupar tu lugar sin convertirse en un vil remedo?”

Evoca, este 7 de enero, “que una vez, hablando de sexualidad, su papá le dijo que no podía aún comprender el deseo, pero a ella le parece haberlo comprendido siempre. Ahora lo comprendo perfectamente. Nada me es tan querido como él, su Peter”, hasta gritaría con toda sus fuerza que sería para ella el mejor marido.

El 12 de enero de 1944, según Ana “el último libro leído por los mayores, MAÑANA SIN NUBES, mamá lo ha encontrado extraordinario; en él se habla mucho de los problemas de la juventud. Yo me he dicho a mí misma, bastante irónicamente, -trata primero de comprender un poco a la juventud que tienes a tu alrededor”.

“Mamá nunca ha pensado en los problemas ni en los pensamientos que me preocupan. No tengo el menor deseo de hacerle notar que uno de sus retoños, es, extrañamente diferente a la imagen que ella se forja de él, porque se sentiría consternada”. Los sentimientos a su madre son como los de una rival, de una extraña o de una no aliada a su molino, sin paso posible, afirma tajantemente, que su “mamá se percata bien de que yo la quiero menos que Margot, pero imagina que sólo se trata de una etapa difícil de mi vida”… Margot, “ha dejado de tratarme como si yo fuera una chiquilla insignificante”.

Se afirma en esas comparaciones, va saliendo invicta, se siente propietaria de descubrir y sentirse que sabe eso: asuntos de sexualidad, pero eso no es todo, entonces, hay algo más que no sabe, que no puede, que está prohibido, algo a lo que no tiene acceso, está ubicando, precisando y diferenciando el amor filial del amor sexual, la mujer hija, la mujer que mira a otro hombre que no es su padre, su madre que sigue los pasos, la pista está controlada, la niña aún es niña, la mujer pasea por la imaginación, sale al real, está sola en su cuerpo que deja notar la promesa de su hermosura, sus formas hablan, ella se regodea en la mirada que descubre, busca sentirla, se busca en lo que avista pero que le es difícil nombrarlo.

El mismo 12 de enero retornando a los pasos de su escritura le parece como si “viera por otros ojos que los de ella, como si se tratara de una extraña, antes cuando no reflexionaba tanto, tenía en ocasiones la sensación de no formar parte de su familia”. Considera que durante cierto tiempo interpretó el papel de huérfana, o se dirigía reproches, diciéndose que “nadie tiene la culpa si yo quería hacerme la víctima”, se sentía sola, las observaciones de su madre la desalentaban, la disculpaba, diciéndose que podría tener preocupaciones, quería contarle las novedades que pasaban en la escuela y en su opinión creía que su mamá debía estar siempre dispuesta a escucharla en cualquier circunstancia, y las cosas no eran así, se sentía sola sin ser receptada en sus palabras y experiencias propias y en lo que tenía que decir y contar.

Viéndose en la actualidad, en su momento presente, del aquí y ahora, piensa “que las cosas se han agravado más. En fin, tú lo sabes. En estas circunstancias Dios me ha socorrido enviándome a Peter…me río de todo, Peter me pertenece, y nadie lo sabe. Así puedo pasar por alto cualquier desaire. ¿Quién sospechará lo que sucede en la mente de una chica?

Su mirada busca, se inquieta, tiene deseos de hablar de veras con alguien que no sea cualquiera, que le sepa guardar la conversación, se le ha ocurrido elegir a Peter, ese otro Peter, el hijo de los Van Daan. Empezará a tantear el terreno. Ya tuvieron algo afín hace un año, esto es, a compartió con él una representación, a más de eso lo ve capaz de hacer reír de vez en cuando, “ambos sienten predilección por los disfraces”, él se disfrazó de mujer, apareció con un ajustado vestido de cola perteneciente a su mamá y ella con traje de hombre, con los de él, Peter con sombrero de mujer y ella con la gorra de su amigo causando gran hilaridad para todos.

Vistieron el imposible, gozar aparentemente el secreto del otro, enseñar lo que no se parece: lo no todo. La comedia no poder ser el otro, pero jugar a representarlo, en la otra escena permitida: el teatro, bufón del drama, ensayo del deseo siendo el otro- la otra. Escenificando no ser, nadie puede entrar al secreto del deseo y de lo prohibido, de lo inhabitable: No desear a la mujer de tu prójimo, no desear al hombre de tu prójima, no desear ser el mismo Dios.

¿Quién se conforma con ser sólo uno o una?

Saltarse ese lugar es entrar en el caos del orden y de la función humana. Es desconocer al otro y a la otra, es desafiar al interdicto, el enigma tiene que ser prohibido para que se efectúe la instauración del deseo, y se posibilite el mito humano en esa otra dimensión que nos diferencia de los animales. Este tema implica desmadejarlo más pausadamente, porque encierra y abarca la sexualidad y su lenguaje profano que no entra en paraíso ninguno.

Retrocediendo sus páginas, nos remontamos al inicio de su diario el 14 de agosto de 1942, cuando a este chico lo vio por primera vez entrando al anexo con su gato Mouche, no había querido dejarlo. Referirá, que “no espera gran cosa de él como compañero, es muy muchacho, de modales suaves, desgarbado y tímido” hasta torpe, no le gusta porque pasa tendido en la cama, que le parece hasta hipocondríaco. En fecha del 25 de diciembre de 1942, anota en su diario el diálogo con los padres de él, al que les dice que le gustaría que Peter dejara de acariciarle la mejilla, que le desagrada tales demostraciones… los padres le dicen que si podría encariñarse de él porque la quería muchísimo, a lo que ella pensó, ¡Oh! Dios mío, Oh no”… Digamos hum, ejem.

Pero parece que esto está en la chiquilla quisquillosa que era, porque ahora es otro cantar estás más que sensible, siente que “tiene la cabeza enmarañada”. El 10 de diciembre de 1944, se haya en un gran dilema, se dice a sí misma, “tengo miedo de mi misma, miedo de que mi deseo me arrastre y miedo de no mantenerme recta, más tarde con otros muchachos. ¡Oh que difícil es! Los sentimientos y el corazón están en lucha”.

El 12 de febrero de 1944 amanece “con unas ganas locas de todo… De charlar, de libertad, de amigos, de soledad… Tengo unas ganas locas… de llorar… pero soy incapaz de llorar. No me quedo quieta, voy de una habitación a otra… mi corazón late como si dijera: -pero, vamos, satisface de una buena vez mi deseo… Creo sentir en mí la primavera, el despertar de la primavera: lo siento en mi cuerpo y en mi alma. Me cuesta lo indecible portarme como de costumbre… no sé que leer, qué escribir, qué hacer. Solo me invade una gran ansiedad”.

Hagamos un intervalo, la bella durmiente siente en toda la piel el despertar femenino, siente que su cuerpo habla adentro y afuera a pesar de ella y de su escritura.

¿Qué otras cosas hace Ana en su diario acontecer? Está aficionada a los árboles genealógicos de las familias reinantes, sigue las audiones de la BBC; recorta y clasifica, colección de artistas de cine y teatro, escribe cuentos, lee historia, también mitología de Grecia y Roma, estudia álgebras aunque le parece antipática, también geografía, sigue de reojo a Peter, lee las críticas de las películas que le llevan, se inventa peinados que duran media hora porque le bromean a qué artista imita, se aburre de los relatos de las historias de juventud de los del anexo ya que de tanto que las repiten se las sabe de memoria, cada anécdota la conoce con anticipación, piensa, que si al menos le añadiesen a veces detalles a su propia imaginación; cuando los visita Koophuis o Henk sus temas de conversación son acerca de los que se ocultan, de los movimientos clandestinos, que a todos los escondidos les interesan por situaciones semejante a las de ellos, ya que según la testigo siente que “cuando son atrapados nos afligimos, y saltamos de alegría cuando sabemos que un prisionero se ha escapado”.

Lee permanentemente, le gusta sobre todo la historia, estudia matemáticas, francés, geografía, ayuda lavar platos, a pelar granos y patatas. Hasta se hizo un suéter de la lana tejido, hace poemas y levanta el ánimo con Pim a los otros. En junio de del 43 dice “ las personas libres jamás podrán imaginar lo que los libros significan para quienes están escondidos, libros y más libros y la radio…esa es toda nuestra distracción”.

No hay que olvidar que es el padre, que va encaminando a la escritora potencial en la rutina, es él quien la ayuda como dice ella “a establecer nuestro árbol genealógico paterno. Sobre cada miembro de la familia me cuenta una breve historia”. Ella teje los fragmentos con que abriga la historia que va a quedar inédita en el anexo. Es quien le habla, la calma, la escucha. Es con el padre con quien se muestra indecisa, siente vacilación porque siempre han hablado francamente, es con él con quien cuenta, al que le cuenta lo que hace, no todo, casi, se deja una reserva, pero lo ubica como un tercero, al que le pide su opinión, sabe que esto puede disminuir la magia con el objeto del amor, porque ya no hay secreto que ocultar.

Su padre está pendiente de los pasos, la mima, le hace un poema para su cumpleaños, cumple 14, copio un fragmento: “aunque eres la más joven ya no eres una niña/ pues todos quieren enseñarte, no siempre para bien:/ tenemos experiencia aprende de nosotros…/ya todo lo hemos hecho muchas veces/ y sabemos mejor lo que hay que hacer/… Y así siguen diciéndote todo el día/…las propias faltas tienen poco peso/ por eso pesan tanto las fallas de los otros./ tus padres tratamos de ser justo contigo;/ muchas cosas sin duda te molestan/. Más no siempre podemos darte la razón.

Pongamos en suspenso y en anuncio una novela rosa que la adolescente va a crear, por qué no, el anticipo de la punta de los sueños está dada, ya la novela familiar se va resolviendo, la trama encontró sus hilos, los protagonistas consumados como principales están pasando a segunda funciones, están en verbos pasados con interrupciones entretelones del escenario, e invadiendo la escena si no les convence con sugerencias, pero, falta algo que rompa la monotonía y la rutina, eso que no esté en el reglamento del anexo, que sea inesperado aunque todo el mundo lo sospeche y esté pendiente como si tal vez, hasta que los artificios aparezcan como naturales sin mucha sospecha.

El 3 de febrero de 1944, cortes van y vienen, la realidad, la imaginación, los acontecimientos afuera del anexo entran, “todos los diarios se ocupan de lo mismo: la posibilidad de una invasión aliada enloquece a la gente completamente”, se habla de Alemania recurriría a la inundación para contraatacar, que se distribuyen mapas geográficos de Holanda con las regiones a inundar, y como “Ámsterdam se encuentra en esta zona, nos preguntamos lo que sucedería con un metro de agua en las calles”, bromean, nadar, disfrazarse, ponerse zancos, hacer fundas para guardar el dinero, o resignarse a quedarse, no hay otro lugar, hay que provisionarse, traer frazadas, más preguntas, y si cortan el agua, la electricidad, el gas, pues habrá que coger agua lluvia, cocinar en la estufa, y qué de los incendios, de los gases asfixiantes, de las bombas, esto “no son cosas para animar a nadie”.

El acorralamiento de lo mismo y los caminos cerrados, la monotonía de la espera y del intervalo. Ana, concluye está página con resignación, “tanto me da vivir o morir. Ahí tienes a lo que he llegado. El mundo no va a dejar de girar por mi causa y, de cualquier modo, no seré yo quien cambie los acontecimientos. Sólo me resta ver venir las cosas, no me ocupo más que de mis estudios, y confío en que el final será bueno”.

14 de marzo de 1944, los problemas de la guerra de mal en peor, se agudizan, los proveedores de cupones han sido atrapados, sus protectores se enferman, Koophis sufrió otra hemorragia del estómago. “La melancolía reina en la casa”, se economiza, se reordena las comidas,, se ven obligados a comer el mismo menú, y como ella dice, “pero uno se resigna cuando tiene hambre”.

“La monotonía comienza a trastornarlos”, están saturados, se siente chivo emisario de las tensiones, Kraler ha sido compelido a trabajar la tierra, Elli y Miep siguen enfermas de gripe. Una verdadera serie de calamidades.

El 28 de mayo de 1944, describe “la mayor parte del tiempo, temblamos de miedo; la ansiedad, la espera, y la desesperación son visibles en cada rostro… para nosotros la tensión siempre va en aumento. Ya hace dos años que estamos aquí. ¿Cuánto tiempo vamos a poder resistir esta presión insoportable y más fuerte cada día… siento seguridad relativa… Más de una vez me pregunto si, para todos nosotros no habría valido más no ocultarnos y estar ahora muertos, antes de pasar por todas estas calamidades, sobre todo por nuestros protectores, que al menos no estarían en peligro. Ni siquiera este pensamiento nos hace retroceder: amamos todavía la vida…”

¿Cuáles son los acontecimientos adentro del anexo y dentro de Ana?. Se acerca a los terrenos de Peter sin anunciarse, invade su espacio, lo libera para su juego de libertad y emociones, hace sus cercamientos y acercamientos, entre toscos y zalameros. Después de haberlo provocado y echado de su cuarto y de su propia cama y ponerlo furioso, y creer que así “ya es hora de que se muestre un poco amable conmigo”, remata ese pedido regalándole una manzana. Sale.

Descansa un rato del nuevo aprendiz de su corazón que ronda su imaginación. Salta a otros temas guardados o flotando por ahí, nada es casual, está en plena desfloración de las preguntas, ronda el tema sexual sin preámbulos, en enero 24 de 1944, recuerda que tanto en la escuela como en su casa se hablaba con misterio y cuchicheos sobre eso y que quien se mostraba ignorante era motivo de bromas, juzgaba estúpido y ridícula esa actitud y como no podía remediarlo trataba de obtener información de sus amigas, y puesta al corriente habla con sus padres, donde su madre le dice, “-Ana te doy un buen consejo. No discutas este tema con muchachos, si son ellos los que empiezan a hablar no respondas-.

Recuerda todavía su respuesta, -claro que no, vaya una idea- Las cosas quedaron así . Al principio de nuestra permanencia en el anexo. Papá, de tiempo en tiempo, dejaba escapar detalles que yo hubiera preferido conocer por mamá, y amplié mi conocimiento gracias a los libros y a las conversaciones que se entablan a mí alrededor..”

Clara, y decidida sobre su elección inconsciente digámoslo así, lo visita a poco y con calma, hasta lo encuentra agradable, entra a su cuartito, según su expresión, lo ve simpático por huraño que sea, no se queda mucho para que no la juzgue fastidiosa, busca pretexto para quedarse a su lado, se ponen uno frente al otro jugando palabras cruzadas, busca mirar sus ojos, experimenta una extraña sensación, supone que puede leer en el rostro del joven su estado embarazoso, su falta de aplomo y la sombra de incertidumbre de saberse hombre, al ver sus torpes movimiento algo se estremece en ella.

Está pendiente de pormenores. Le habla de su manía de sonrojarse, se siente detestable en eso de implorarle o insinuarle favores a Peter. Determina que quiere hacerle hablar, y que con esto no hay que pensar que está enamorada.

El informante de los asuntos prohibidos por los adultos para los menores de edad es Peter, el 24 de enero de 1944, ella, como detective de las curiosidades empieza a hacerle preguntas, lo ve que en asuntos de temas sexuales no es fastidioso, desconoce e ignora por completo lo que su mamá le dijo que de ese tema se aleje con los chicos, que importa, hay algo que puede más, lo desafía como que nada al preguntarle que sexo tiene el gato Mouche, a lo que él dijo que era macho, se le burla porque la vez anterior dijo lo contrario, y el joven Van Daan ignorando esa risa le invita a comprobar, el gato es puesto patas arriba y como objeto de investigación se ubican los órganos sexuales masculinos, enseñándole y diciéndoselo a ella en tono serio, y de paso le ubica hasta el trasero. Punto, asunto concluido. Y como Peter, luego siguió hablando sin segunda intención, acabó por ahuyentar toda desconfianza con respecto al chico.

Siguió charlando como si nada.

El 24 de enero de 1944, deja escuchar sus giros y emociones, sus aleteos sentimentales, “¡cómo se cambia! Jamás hubiera creído poder hablar de esto llanamente, ni siquiera con una muchacha. Estoy segura de que mamá pensaba en eso al advertirme que no hablase con los muchachos de tales temas. Pero al menos he aprendido algo: hay jóvenes –incluso del sexo opuesto- que pueden hablar de temas sexuales sin bromear y sin falsa verguenza”.

El 14 de febrero de 1944, le dice a Kitty, “Peter no ha dejado de mirarme de cierta manera distinta a la habitual… pensé que estaba enamorado de Margot… no lo he mirado durante días, adrede… cada vez que lo hacía me encontraba con su mirada clavada en mí… además un sentimiento maravilloso me ha impedido mirarlo demasiado a menudo… querría estar sola, completamente sola. Papá no ha dejado de notar que algo me pasa, pero me sería imposible contárselo todo…”

El mismo 14 de febrero de 1944, ha escrito que Peter necesita hablarle, se le acerca a pretexto de comentar un incidente con uno de los del anexo, y le dice a su chica amiga: “por lo general me callo porque sé que anticipadamente nunca consigo dar con las palabras en caso semejantes… empiezo a tartamudear, enrojezco y lo digo todo al revez… no logro decir lo que quiero… por eso te admiro a ti, dices las cosas sin rodeos. Le dices a la gente lo que tienes que decir. No tienes nada de tímida. –te equivocas- respondí. La mayoría de las veces digo las cosas de una manera totalmente distinta a cómo me proponía hacerlo. Luego, una vez arrastrada, hablo demasiado. Es una plaga que tu desconoces… quise tranquilizarlo sin que notara mi alegría”.

Así se va a jugar momentos de agrados y “deliciosos” para la enamorada. Sube y baja del desván, ahí esta el cuarto de Peter, y también de las provisiones, se dan miradas retenidas con instantes de vueltas, coge más patatas y se va, mostradas de lecciones, pláticas y hasta confesiones, ella presta a escucharlo y comprenderlo, le cuenta de sus deseos de viajar y a la vez de sentirse inútil, a lo que ella, le interpreta, “que pareciera sufrir de un fuerte complejo de inferioridad”.

Ahora comprende porque el tanto abraza a su gato Mouche, por que siente necesidad de amor. Él le dice, “no conozco el miedo, solo me asustan mis propios defectos. Pero pienso en ellos cada vez menos”. Ana considera que su vida ha mejorado porque ahora tiene un objeto ¿de entretenimiento, de misterio, de observación, de posesión, de ensayos afectivos, en fin, de juegos adolescentes sostenido en la complacencia, como ella lo dice, “y eso me regocija… el objeto de mi amistad se encuentra en casa”.

Sueña y despierta pensando en él, le ve miradas inteligentes una veces y ardientes otras, su presencia se le ha convertido en una pesadilla, lo ve a todas horas, busca acercársele, lo espera ansiosamente, no sabe por cuánto tiempo el sentido común le permitirá controlar este anhelo, aparenta jovialidad para no traicionarse, siente que todo el mundo le fastidia, está desesperada y poco razonable, se sabe sentimental, cuando lo encuentra lo atrapa al vuelo y lo invita conversar, quiere que le hable sobre sí mismo, le cuesta, pero ahí está ella para ayudarlo, para sacarlo del silencio y de la soledad, a pesar que él la disfruta y no quiere ser inoportuna o cansarlo, igual lo busca, él le dirige una mirada especial a lo que ella le responde con un guiño. “Parece absurdo decir que Peter se sienta feliz pero estoy segura de que él experimenta los mismos sentimientos que yo”.

Le entran dudas, a lo mejor el no le encuentra atractivos, quiere conquistarlo, a lo mejor piensa superficialmente en ella, desespera, se siente observada por mamá que molesta a Peter. Continúa. Se dan adelantos, respiran juntos el aire fresco, miran afuera desde la ventana, “hay algo que no debe ser interrumpido con palabras”. Lo ve extraordinario cuando corta la leña, piensa que “se aplica en cortar bien la leña, para demostrarle su fuerza” .

Está romántica, a lo lejos escucha un carillón tocando “puro de cuerpo, puro de alma…” [

Se funden en uno todos sus hombres admirados e idealizados. “Peter como papá es un muchacho admirable”. “Peter Wuessel y Peter Van Daan se han fundido en sólo Peter, amado y bueno por quien suspiro”. En la noche su papá leyó a Dickens en voz alta. Sentada en la misma silla que papá y muy junto a Peter, el cielo parecía abrirse para mí”.

E 7 de noviembre de 1942 opina con respecto a su padre, “yo estoy loca por Pim. El es mi gran ideal. No quiero a nadie en el mundo tanto como a papá”, “espero de papá algo que él no es capaz de darme”. La ruta de su ideal imposible está tocando otro camino, está abordando los desafíos del descubrimiento de otras emociones y dejando de ser la niña de Pim. El 3 de febrero de 1944, suspirando decía “creo que voy a enamorarme de él, si ya no lo estoy…” Kitty siempre está ahí, ahora Ana le suelta sus emociones, “estoy exactamente como una enamorada que sólo sabe hablar de su amor”.

“Ese sueño del beso en la mejilla no la abandona”. Es intermitente en su desconcierto e inquietudes. Flota un misterio inexplicable.

El 17 de marzo de 1944, se lee, “para amar a una persona es menester primero que esta me inspire admiración y respeto, sobre todo admiración… todo marchará bien cuando pueda conquistar a Peter, pues lo admiro desde muchos puntos de vistas”, es tranquilidad, reposo, es lo opuesto de ella que se siente torbellino y estruendo.

El 19 de marzo de este 1944 decide tomar las riendas, hablar francamente con Peter, aprovecha un momento para cuchichearle que le era inminente hablarle, se ponen de acuerdo… Hablaron de 1942, “qué distintos éramos en aquella época… al principio ninguno de los dos podía soportar al otro. Él me encontraba fastidiosa… yo… en juzgarlo una nulidad, no comprendía porque no flirteaba conmigo… él me habló de su aislamiento voluntario, le dije que no veía gran diferencia entre mi bullicio y su calma, que a mí también me gusta la tranquilidad, pero únicamente lograba estar a solas con mi diario”.

Se sienten contentos de estar juntos, compartiendo el aquí del anexo. Además él se siente ayudado por ella con su alegría, y ella considera que “es lo más hermoso que él le haya dicho”. Piensa, “debe haber empezado a quererme como amiga, y esto me basta por el momento. Por más que busque las palabras no las encuentro, a tal punto soy dichosa. Perdóname querida Kitty, mi estilo se ha venido muy abajo… tengo la sensación de compartir un secreto con Peter”.

Quiere horas de felicidad, estar juntos.

Sube a reunirse con él a la habitación, como ya sabemos, está en el desván, y tiene una ventana que se presta para asomar la mirada en la noche y ver una posible luna y lo que sucede afuera, la oscuridad relativa se presta para la velada, facilitó la conversación y las cosas para Ana, se tocan con las palabras, se escuchan sus historias de familia, la vuelven a poner sobre el tapete.

“Peter le pregunta si se besan, si se dan un beso en cada mejilla todas las noches antes de acostarse, a lo que ella le dice, ¿uno solo? No, muchos, muchos. Apuesto a que no es tu caso, -No, yo casi nunca he besado a nadie-. Reconocimos que ninguno de nosotros confiábamos en nuestros padres… huía a la buhardilla para renegar completamente solo. En cuanto a mí, le dije, cómo en la noche en la cama daba rienda suelta a mis lágrimas… Hablamos un poco de todo. ¡Oh, ya lo sabía yo, lo encontré exactamente como me lo imaginaba… somos grandes amigos, estamos juntos siempre en lo posible”.

El miércoles 22 de marzo de 1944, el hilo conductor de su preocupación, su historia, que concierne a dos: Ana y Peter entra a tejer un mural de imágenes y palabras en su querido diario, “creo Kitty que el anexo va a ser cruzado por el soplo de un amor verdadero”. Hay un giro total, Peter el de la realidad y no el del sueño o del ayer desemboca en un presente intermitente y no pienso para nada en casarme con él. No sueño con eso. Es demasiado joven todavía, y no sé qué clase de hombre será más tarde, tampoco sé si nos amaremos lo bastante como para que ambos deseemos casarnos”. Lo ve hermoso, pura amabilidad y bondad. Cuando conversa con él le hace notar que él está enquistado entre los dos, nunca dices nada.

Ella se identifica con él en que no son diferentes uno del otro, ya que a “Peter lo mismo que a mí le falta una madre… se interesa poquísimo en los pensamientos de su hijo. La mía demuestra un mayor interés por mí, pero está desprovista del instinto materno, tan hermoso y sutil”.

Ambos mantienen una lucha interna según ella a causa “de nuestros sentimientos contradictorios, aún no nos sentimos lo suficientemente seguros y en el fondo somos demasiados sensibles como para soportar brusquedades, cuando me agrede mi reacción directa: quiero irme, como es imposible empiezo a simular, me debato y causo tal batahola, que todo el mundo quiere verme en el otro extremo de la tierra.

Él por lo contrario se repliega sobre sí mismo, casi no habla, permanece más bien taciturno, cavila y se esconde tras su timidez”. “Creo que lo más que le ha impresionado es haber descubierto en mí, no a la pequeña Ana superficial que los demás conocen, sino a una criatura totalmente diferente, una persona tan soñadora como él mismo y en pugna con idénticas dificultades”.

No faltaba más los allegados del medio ambiente están pendiente tanto de la guerra como de los sucesos de Ana y de Peter, la madre de él, lo llama el pensador y la jovencilla cree que está celosa de los acercamientos, la otra madre reprime a Ana por estos encuentros y de que va mucho al desván, cree que el joven está enamorado, la señora. Frank está en contra, Ana no quiere renunciar a Peter, cree que no debe ser indiferente a su madre para controlar la situación, y tratará de ser amable con ella. Pim se muestra menos cariñoso, se esfuerza por no seguir tratándola como una niña, y este hecho lo ha enfriado, dice “papá prefiere no intervenir en la lucha que entre mamá y yo se ha suscitado”, le inquieta la sombra de su hermana que le surge de pronto en su cabeza, se pregunta si Margó no le gusta Peter, se lo pregunta, se escriben cartas al respecto, si ella estuviera en su lugar “estaría enferma de celos”, esta duda no se la ha transmitido a él, una vez deliberado y careado que no hay tal, ella desata sus emociones. Se pregunta, si “sentirá la mejilla contra la suya, como sintió la del otro Peter en sueños”.

“¡Oh Peter y Peter! Vosotros no sois más que uno, vosotros sois el mismo Peter”.

Le deposita todas las cualidades que ella con ojos maternantes, de paciente cazadora y de guionista dibujando escenas que conmocionen, acecha y describe, el 28 de marzo de 1944, lo ve con esos ojos inigualables, “cuando lo veo tendido, la cabeza sobre los brazos y los ojos cerrados, no es más que un niño; cuando juega con Mouchi, es un encanto; cuando se le encarga traer las patatas u otras cosas pesadas, está lleno de fuerza; cuando va a mirar los bombardeos o a sorprender a los ladrones en la noche, es valeroso y cuando es desmañado y torpe resulta sencillamente delicioso. Prefiero recibir de él una explicación a tener que enseñarle algo; querría reconocerle superioridad en todo, o en casi todo. ¿qué puede importarme nuestras madres? ¿Ah, si tan siquiera hablara!”.

El 1 de abril, de 1944, en su silencio medita, “¿no será que la timidez le impide confesar su amor? ¿por qué me quiere tan a menudo a su lado?…me tranquilizaré… con un poco de paciencia, quizás eso llegue por sí solo. Pero hay algo que me tiene mortificada: doy la impresión lamentable de correr detrás de él. Siempre soy yo quién va hacia él, y no él hacia mí”. Se justifica, “se debe a nuestras habitaciones. Peter no comparte la suya con nadie, yo sí, y él seguramente ve eso como un obstáculo”.

Sigue sus acercamientos con Peter, no le es suficiente que le hable de sus padres y de sí mismo, no le basta, desea más, todavía no son verdadero camaradas, se siente sobre ascuas, se trastorna con las malas noticias que llegan de afuera, se apiada de sí, el día lo pasa alegre, segura, hasta insolente “con el fin de evitar cualquier interrogatorio y no tener que deprimirse”, en las noches no aguanta y llora, se acoge a su diario que es su salvación.

El 16 de marzo de 1944, se da ánimos, “estoy resuelta a ser valerosa…de día en día estoy más distante de mamá, soy menos cariñosa con papá y ya siento deseos de hacerle a Margot la menor confidencia…ya no tengo ganas de besitos y halagos, y juzgo afectados los tiempos diminutivos”. “Se nos trata como a niñas. Es verdad que lo somos físicamente pero olvidan que, en lo moral, hemos madurado infinitamente más de lo que por lo general les sucede a otros muchachas de nuestra edad”.

El 17 de marzo del mismo 1944, como dueña de la verdad y marcando linderos en los dominios que va reconociéndose como propietaria de sus actos y reflexiones se expone a deducir y sostener que “sé con toda exactitud lo que quiero…me he formado mis propias opiniones, principios e ideas…me siento más cerca de los adultos que de los niños”.

Y aquí, hecha la agrandada, a la vez situándose y asumiéndose distinta y distante se ve otra, dándose de igual a igual con los adultos, hasta siente que la tratan con más consideración, tiene la “impresión de ser absolutamente independiente de todos cuantos conozco”, hasta, comparándose con su madre que le parece poco dúctil y de poco tacto, la “aventajaría en las discusiones y controversias, pues soy más objetiva que ella y exagero menos. Soy también más ordenada y más hábil, lo que me da, -si puedes reírte- una superioridad sobre ella en muchas cosas”.

El 7 de marzo de 1944, a propósito de este otro verse en su propia semejanza, de este giro al mundo de la juventud que anticipa Ana, marca un ciclo recorrido y lejano de su pubertad y adolescencia viviéndose. Veremos en sus memorias que hace un compendio, crónica, un perfil y reseña de la que fue en los hechos de su vida y de cómo percibió y transitó sus tres últimos años. Entrelaza su permanente tratamiento de auscultarse, autobservarse, autodecirse.

La escucha siempre es una demanda, de un pedido, de saberse hablada y escuchada, crea ese ir y venir del monólogo, compaginando una lengua transmisible y transformadora. Dirigiéndose a su interlocutora Kitty no se siente sola, puede acercarse al vacío y a la vez tomar distancia, puede construir el puente que la orienta hacia ella misma.

Puede verse a distancia, criticarse. Se siente cambiada, cuando recuerda su vida antes del encierro en el anexo se le antoja irreal, sale para hablar de esa otra que ha convivido con ella y la describe así, “la Ana que disfrutaba de esa existencia celestial era muy diferente de la que maduró entre estas paredes”. Ubica que tenía admiradores, amigas predilectas, que era mimada por los profesores y por sus padres a más no poder con bombones, con dinero para pequeños gastos…¿qué mas pedir?”. Cree que prendaba a las gentes por sus ocurrencias, observaciones, su rostro riente, era despreocupada, tenía sentido crítico, original, encantadora, y no era por sus atractivos físicos como le ha dicho Peter.

Además, según ella, era una coqueta incorregible y divertida. Dentro de sus cualidades que tenía era aplicada, honesta, franca, y generosa. Su reputación en la escuela era de chacoteadora, bromista, jaranera, eso sí, ni llorona ni caprichosa. “ A Ana la escolar la veo como una chiquilla encantadora, pero muy superficial que no tiene nada en común conmigo…¿Qué queda de aquella muchacha? Risas, ocurrencias, críticas, capaz de flirtear…”

Volver a ser la que fue la saturaría. Le gusta la que es, la que está siendo, afirma que “ya no necesita adoradores o admiradores seducidos por una sonrisa lisonjera ni que la sigan con miradas ni con espejitos, sino amigos cautivados por mi carácter y mi proceder. Comprendo que estas exigencias reducirían mucho mi círculo de íntimos, pero, ¿qué le vamos a hacer?”. Hace un puente y paréntesis y deja a relucir otros momentos, “a pesar de todo, mi felicidad en 1942 tampoco era completa, con frecuencia me sentía abandonada. Me movía demasiado de la mañana a la noche para pensar en ello, y me divertía cuanta podía. Conscientemente o inconscientemente trataba de olvidar el vacío que sentía divirtiéndome así… que aquel periodo de mi vida terminó irrevocablemente. Los años de escuela, su tranquilidad y su despreocupación nunca más volverán. Los he superado ya no lo deseo”.

Para la redactora, diseñadora de su estilo y heroína de su adolescencia estos tres años son un espejo de sus sentidos, de una realidad comprimida en una política dada por las circunstancias del ejercicio del poder, problema eterno de las pasiones humanas, del dominio voraz de una muerte amenazante convertida en disputas y desacuerdos: la guerra justificando puntos desencontrados entre los que se consideran aliados y enemigos, en la inevitable ruta de la historia jugando omniscientemente el destino de los derechos humanos.

Vistos por ella ese diario vivir en la clandestinidad nos los compartirá con este sentir de su única vida de espectadora y semblante de la palabra y los actos.

El 3 de mayo de 1944, se pregunta ¿de qué sirve esta guerra? ¿Por qué los hombres no pueden vivir en paz? ¿Por qué esta devastación?. Pregunta eterna, por los siglos y los siglos de todo presente. Considera la estadía en el anexo como una “aventura peligrosa”, que se torna romántica e interesante por el riesgo. “La invasión ha comenzado… las operaciones de tropas inglesas y norteamericanas han empezado”, el 6 de junio de 1944, se pregunta, ¿se acerca de veras esa libertad tan largamente esperada? ¿De esa libertad que tanto se ha hablado? ¿No es demasiado hermosa parecida a un cuento de hadas?.

Ya el 11 de abril de ese mismo año Ana empieza a cansarse de comprender la mente humana, está cansada de sentirse paralizada en esa angustia permanente, está cansada de vivir la condición de clandestina, está cansada de ese enclaustramiento y de esos miedos indescriptibles. Qué le queda, sólo esperar, y estar en el anhelo de que si esto termina, pero, “¿cuánto tiempo más poder resistir esta presión insoportable y más fuerte cada día?”.

Mantenerse en pie es la consigna.

En su diario la joven recrea los datos, los sintetiza, hace sinopsis, hasta se estimula de los avances de proceso creativo y de los recursos que implementa en ese hacer escriturándose. El 10 de diciembre de 1943, cuenta, “cada una de nuestras privaciones ha sido tratada humorísticamente en mi diario. Me he propuesto de una vez por todas, llevar una vida diferente de las simples dueñas de casa…soy joven… me niego a quejarme todo el santo día”.

Su alegría, su fuerza y su dicha interior, combaten la pesadumbre, pone un torniquete de ilusiones allí dónde se pregunta ¿por qué habría de desesperarme?

Esta mordacidad en el manejo del humor es increíble en Ana, hasta para describir la rutina aprendida a fuerza de la costumbre. Parece que dibujara las palabras desde el retrato de una adolescente en circunstancias de campamento viviendo comedias más que de una guerra, veamos un fragmento de esa vida cotidiana, abramos el telón, asomémonos a ver que hay, desplazamientos de cosas para dormir, luego el inmobiliario del día se transforma, Ana duerme en un diván de 1;50, al que hay que agregarle dos sillas como larguero, luego higiene, rizadores, agua oxigenada para la pelusilla negra del labio superior, besos de buenas noches, rezos y a la cama, se sabe hasta los ruidos de cada uno de los anexados, como el de su compañero de cuarto, Dussel, que cuando el sueño no le llega hace “un ruidito como de pez que boquea” interminablemente hasta que se amodorra y fin. Otra escena, la Sra. Van Dam, la representa como “la provocadora que habla con una sonrisa de coquetería y pretendiendo saber hablar de todo se esmera con el uno con el otro”.

La escena del ropaje de todos es captada teatralmente al menos así la puedo representar en mi mente, tenemos a la sra. Frank con el corpiño ajustado y viejo, lavando ropa; el sr. Frank con su corbata deshilachada pelando arvejas; el Sr. Van Dam con su mesa para tomar el te, delantal en pecho y haciendo salchichones; la Sra. Van Dam o petronella, no solo con su urinario, sino encargada de la cocina, además aferrada a sus trajes y abrigo de piel de los que no quiere desprenderse; Margot con su delgadez y vestidos casi rotos lavando platos; Ana con sus rizadores y blusa enseñando el ombligo y puesto los zapatos rojos con taco que le trajo Miep yendo con la peinilla en la mano a cortarle el cabello a Pim; Peter con su gato y matándole las pulgas, también taciturno, apagado con apetito devorador. Y el Sr. Dussell pantalón al pecho, chaqueta roja, zapatillas negras, gafas de carey trabajando en la mesita y otras veces con sus implementos de odontología listo para sacar las muelas y no olvidando sus largas sesiones en el retrete.

Se atreve a hacer un inventario de vivencias de los dos primeros años, en marzo 7 de 1944 al recordar los inicios de 1942, lo significa como el brusco cambio, disputas, reprimendas, etc. Dirá “me tomaron desprevenida como si hubiera recibido un mazazo, y para darme ánimo me volví insolente”.

En 1943, nos mete en su avatar existencial. “la primera parte, crisis, lágrimas, soledad infinita, lenta comprensión de todos mis defectos…hablaba tuertas y derechas, tratando de poner a Pim de mi parte. No lo conseguí. Me hallaba sola ante la difícil tarea de cambiarme a mí misma, con el fin de no seguir provocando reproches, porque estos me deprimían y desesperaban”.

Va poniendo puntos apartes a ese no poder entrar al secreto del deseo, va dándose lugar y función a su propio orden, va distanciándose de la disputa de tener un aliado a su favor, su padre es sólo su padre, jamás su cómplice ni su comodín, peor el que hace lo que ella quiere. Él sólo interviene en la función que le permite y da lugar su rol filial, la función paterna autorizándola a ser en el mundo de la inexactitud. En ese mundo donde aparentemente no le falta nada pero en el que busca la intimidad, en el que quiere salir de lo trivial, en el que descubre esa falta de confianza como su verdadero defecto, además se “aburre lo indecible”, pero le interesan los recuerdos sobre todo.

La segunda parte del año es mejor para ella, ya transformada en jovencita, cree la consideran, reflexiona más, escribe cuentos, comprende que “los demás no tenían ya, el derecho de utilizarme como pelota de tenis”. Decide cambiar, ser consistente en sus opiniones, según su decir: “formarme según mi propia voluntad”, tiene mira de otra actitud y relación con su padre, se confiesa, “que ni siquiera su papá sería nunca su confidente en todas las cosas, ya no podría tener confianza en nadie, salvo en sí misma”.

Ya a fin de año del 1943, se pone inquieta, anhela, desea tener un muchacho como amigo y no a una muchacha. Pues, “había descubierto la dicha en su caparazón de superficialidad”, al irse volviendo más seria se sentía, “consciente de un deseo sin límites por todo lo que es belleza y bondad”. En este momento de su vida lo bueno se reduce al escondite que es la seguridad, su salud intacta, de todo su ser. “Lo amable es Peter, ese despertar de una ternura que nosotros sentimos, sin osar todavía, ni el uno ni el otro, nombrarla, o tan siquiera rozarla… no pienso ya en la miseria, sino, en la belleza que sobrevivirá.

Se vuelve madre y consejera de sí, se levanta los ánimos, “piensa en la belleza que se encuentra todavía en ti y a tu alrededor. Sé dichosa”.

Su madre opina lo contrario a este pensamiento de Ana, más bien, considera que cuando se está desalentado y triste hay que pensar en la desgracia del mundo, se opone a este mirar, ya que considera, nuestra Ana, más bien sostiene, que cuando se está en desgracia hay que salir de ella para no estar perdido, que hay que volverse a lo bello. Algo así, como un no dejarse derrotar ni atrapar, es como una invitación a recuperar la calma.

En cambio Pim, de ese papá protector, atento a alegrarle la vida, a dejarse cortar el cabello, de leerle cuentos, de acolitarle los sueños con fotos y postales de artistas, de ser su camarada, de haber confeccionado cortinas con retazos de tela “con la torpeza de los profanos en el oficio” pasa a ser el guardián, el consejero, el cuidador de los pasos de su hija. La siente en peligro, la pone en alerta, le pide prudencia porque se cuenta con un espacio muy restringido, le dice que no le parece apropiado lo que está ocurriendo en esta casa, le dice que no o tome demasiado en serio a Peter, al que suponía el camarada de Ana, además “en estas cosas el hombre es activo, y la mujer más moderada”.
Los principiantes de este amor adolescente se prometen que nunca habría rozamiento, se devuelven la confianza y se cuidan del amor pero de las distancias es más difícil.

En 1944 haciendo un resumen de ese año en sus escritos, Ana analiza, reflexiona sus propias palabras dirigidas a su madre, se queda estupefacta de cómo había sentido tanta cólera hacia ella, se pregunta del por qué ese odio, se da cuenta que ese pasado estaba lleno de incomprensiones mutuas, de ese estar indispuesta “a esos malentendidos… y desacuerdos de una parte y de la otra. Nos hemos envenenado mutuamente. Pero eso pasará” y continúa, “me he vuelto razonable… cuando ella me fastidia, casi siempre me callo, y ella hace otro tanto, lo que todo parece marchar mejor”.

Indaga y se adentra en ese nexo filial difícil de eslabonarlo entre su ser y el no ser de la otra.

Da con un punto ciego, casi como un grito de “eureka” frente a una posible solución o respuesta, al fin, descubre que lo que le falta entre las dos es ver a su madre como un ejemplo que pueda seguir, ya que, dice ella, “mamá nos ha dicho, ella misma que nos considera como amigas suyas más que como hijas”, a lo que Ana, piensa, “en mi opinión una madre debe ser una mujer cuya primera cualidad sea el tacto, sobre todo frente a hijas de nuestra edad, y que no obre como mamá, que se burla de mí cuando lloro”.

Esta joven, recuerda una escena donde se da un impase con su madre y hermana, aparentemente insignificante, esto es dónde se le burlan este par, después de haberla despedido por andar en bicicleta a pesar de haberle permitido llevarla, y que con la misma no podía acompañarla, a lo que ella llora por sentirse rechazada, y ambas se le sueltan una carcajada, Ana siente que en ese momento, sobre todo su madre le causa “una herida” que le “sigue doliendo todavía cuando piensa sobre ese hecho”.

Es como que fuera excluida de la complicidad femenina, de eso que la hace saberse fuera de la otra, fuera de la palabra que todavía no comprende aunque la porta en el cuerpo: una mujer, ella, su yo, que no tiene que ver nada ni la madre ni la hermana, pero que a la vez ambas tienen su propio misterio en su ser. Cuando ella, está haciendo una retrospectiva de sus años anteriores, en su presente confronta otras preguntas que no las puede compartir ni con su madre ni con su padre, ni con su hermana, dado que siente cierta vergüenza y a la vez placer secreto de experimentar eso, eso es, el rubor y la transformación visible del cuerpo, la menstruación es un secreto que la regocija a pesar y despecho del dolor y de estar indispuesta. Este misterio vivido, sentido, la invita a sentir un deseo de hablar con alguien, escoge a Peter, y a él le confía su manía de sonrojarse, hasta conversa sin tartamudear de la menstruación, se siente respetada y escuchada por su amigo.

También va tomando conciencia de sus cambios, de sus inquietudes sobre la sexualidad y el deseo, quiere comprender sobre eso, y su interlocutor escogido es Peter, además siente que “el objeto de su ensueño le pertenece, que nadie lo sabe, que nadie sospecha, lo que sucede en la mente de una chica”. Nota que se siente diferente, tanto en compañía como cuando está sola, cree que hablar con franqueza permite ver el otro lado que no se ve, así podemos entresacar en sus escritos del mes de enero que casi todo el tiempo lo dedica auscultarse, revisar los pro y contra con su madre, y a seguir de cerca sus acercamientos a Peter.

Y el deseo no estaba ahí, y el deseo no seguía ahí, allí advenía algo que no pertenecía al plano filial, aunque la partida se inició desde allí, Peter le cuenta a Ana lo que el padre de la jovencilla le había dicho, “tu padre juzga que esta camaradería puede muy bien terminar en amor, pero yo le he contestado, que los dos nos cuidaríamos de eso”

¿Quién se cuida del amor?

Ana, le cuenta a Kittiy, “papá ha vuelto a decirme que me aparte un poco”, pareciera que Ana estuviese apesadumbrada, pero esto dura un relámpago, ya que cuenta que cree que su padre está decepcionado por no guardar las distancias de su objeto de enamoramiento, se siente sin responsabilidades hacia sus progenitores, considera que en cuanto a sus actos se siente responsable solo con ella misma, se siente independiente, sin interpretar comedias, con una voz interior que no quiere sentencias.

Piensa que la lucha terminado, ¿con quién?, y que ha ganado, quizás se está probando en ese avatar, quizás se está encontrando con su propia piel femenina sin referentes “mortificantes”, cree que ya no necesita de su madre, que se ha vuelto fuerte a fuerza de luchar , obrará según su conciencia, no deplorará de sus actos y como una enamorada radical está convencida que nadie la podrá desconvencer de que deje de reunirse con su Peter, lo dice así, como dirigiéndose en un diálogo imaginario a su padre, en el fondo es la opinión y únicas palabras que le importa, como que la de su madre la tiene sin cuidado, además cree que ella “nunca ha pensado en los problemas, ni en los pensamientos que me preocupan”.

El 17 de noviembre de 1942 escribe refiriéndose a su madre, “en todo somos distinta y chocamos fatalmente”, el 7 de noviembre de 1942 anota, “he concebido un ejemplo ideal de madre y esposa que en nada se asemeja a aquella a quien estoy obligada a llamar mamá. Siempre me propongo pasar por alto los defectos de mamá, no ver más que sus cualidades y tratar de encontrar en mí lo que vanamente busco en ella”. “Ni papá ni mamá sospechan lo que me ocurre y yo los repruebo por eso”. Sus padres no pueden darle viviendo su vida, por otro lado, sólo es la hija, y su lugar es sólo eso, no compensa ni complemente a ellos, por más que adore a su padre, él no puede tomar partido por ella, solo ayudarla a establecer un orden en la organización del árbol genealógico, y a darse presencia en sus respectivas funciones de padre y madre.

Ana experimenta la desilusión, la frustración. Tiene que salir del tocador de no desear el lugar del prójimo u ocupar el puesto del otro, la otra en este caso, aceptar que los padres no pueden dar entera satisfacción a sus hijos.

Hace un receso el mes de febrero de 1944, habla sobre la situación de la guerra, las bromas del anexo frente a lo que harían en caso de emergencia, está arraigada en un su deseo de no morir, así lo experimentan los demás, además de ser libres, se entiende con Peter, comparte sin rodeos, para comunicarse encuentran pocas palabras, buscan pretextos para verse, de ayudarse, tiene deseos de ser consolada, de felicidad, de conquistarlo, de darse entre ellos los que le falta, coinciden en que les falta una madre.

A pesar de ese ataque, queja y constante graffiti verbal contra su madre, Ana deja asentado como en actas de sesión en su diario las intervenciones de su madre cuando la ha protegido o hablado por ella. Las intervenciones de la madre eran determinantes, y en eso el silencio y gratitud de la hija son únicas, aunque no lo festeja, su silencio otorga, es aprobación y aceptación, no rechaza la función de su progenitora, se las sabe manejar, ella registra la huella, así, no la deja mal parada ni la deja como una insoportable. Y es que en el fondo y en la superficie Ana no puede hacer lo que quiera con los otros ni con ella misma, siempre habrá la figura puntualizadora, regulizadora, su padre está ahí siempre para hacerle acuerdo del llamado al orden, hasta su misma madre con la sola presencia, y la vida íntima que lleva con su marido, de la cual Ana desconoce, carece de ese poder, la deja excluida y la somete a su única designación posible en el nexo y vínculo filial : de hija, exclusivamente nació para eso y solo eso, es en ese triángulo familiar donde se juega lo que es y no es.

Lo que puede y no: su no toda presencia en el deseo de sus progenitores.

Ya el 24 de diciembre de 1943 Ana clama y se pregunta “existe alguien en el mundo capaz de comprenderme, sea o no judío, y que viera en mí a la muchacha que pide nada más que una cosa, divertirse, gozar de la vida”. Continúa, “pese a mis teorías y a lo que me atormenta, la verdadera madre que yo imagino y que me comprendería me falta a cada instante… Todo cuanto pienso, cuanto escribo, le está dedicado, en la esperanza de llegar a ser más tarde para mis hijos la MANSIE cuya imagen me he forjado. Una Mansie que no tomara necesariamente en serio todo lo que se dice en las conversaciones generales, pero que si consideraría seriamente lo que yo dijera. Sin que pueda explicar por qué, me parece que lo expresa todo… Con el fin de aproximarme a mi ideal he pensado llamar a mamá Mammis; para no decir Mamsie”. Ella es, por así decir, la Mammis incompleta. Quizás la figura completa es su abuela materna, la gran Mamsie, donde Ana “podía hacer cualquier cosa, hasta ser insoportable, pero ella siempre la disculpaba. El 22 de enero del 44 cierra este laberinto de espejos con lo siguiente, “si mamá no hubiera sido lo que es, si hubiera sido una verdadera Mamsie, nuestras relaciones habrían resultados del todo diferente”.

¿Una Mamsie escritora, una mamsie mujer, una mamsie madre? ¿Un todo? Una no toda todavía, aun una.

El 5 de abril de 1944, visualiza, “quiero tener algo a que dedicarme aparte de un marido e hijos” Ana se forja un ideal femenino aunque le cuesta reconocer, es irónico, que se lo forja sólo a partir y a causa de ese objetar permanente a su madre. De combatir el opuesto, de adecuarlo a sus expectativas. Es posible que el rechazo que siente por su madre esté ligado a la propia ambición de ser escritora. También de suponerse esposa y madre. Todo y no todo. Lo uno o lo otro o ambos a la vez. Pero hay algo más, que no sabe, que a esta respuesta no llega más que por su propia práctica y experiencia y no por consejos de nadie.

Y bueno, la Señora madre de Ana, aparece en los escritos de la contadora, como nada modesta, igual a ella, no se dejan atropellar.

La vivencia le va enseñando aprisa, se ve obliga a no poder escapar ni evadirse de sí mi. El 22 de diciembre de 1942 ya deja entrever esa confrontación con el silencio y las contradicciones, “¡oh, me he vuelto muy razonable! Aquí se necesita buen sentido para todo; para aprender a escuchar, para callarse, para ayudar”.

Ana quiere vivir “una vida desprovista de toda admiración”, se ha propuesto de ocuparse de ella mismo siente que tiene un norte en la vida, sabe lo que quiere, aunque el 14 de abril del 44 se siente “descentrada, ignora porque todas las cosas se confunden, no llego a encadenar y dudo muy seriamente que más tarde, alguien pueda alguna vez interesarse por las tonterías que vuelco en estas páginas”. Sentimental y cursi, así es el avatar del amor, a veces se arriesga la escritura en este campo.

Ana lo sabe, la escritora y la enamorada se empapelan de sentimientos, la letra sufre, el cuerpo se apoya en el otro, gozan del silencio, callan para sentir, ambas se observan, se percatan de su división interior, algo más y algo menos es el riesgo en esta mitad corporal que anhela un todo femenino. Intuye, no solo amar, hay algo más que el amor…

Sueña un amor “puro de cuerpo, puro de alma”, aunque un beso le acosa la imaginación, se cree enamorada, se siente transportada de alegría, “metida en un laberinto de pensamientos”, se escapa hacia él, “está en conflicto entre su corazón y cerebro”. La velada de la palabra entre los dos e infinitas horas juntos.

El anexo un islote que se achica por el peligro constante, buscan escapar y chocan los unos contra los otros, por la desesperación imagina un muro impenetrable a punto de aplastarlos. Implora que el círculo se ensanche. Afuera del anexo la guerra sigue desatada, se dan enfermedades, robos, incendios, huele a carne quemada, el hambre aumenta por las restricciones y racionamientos, cambio de moneda, se oye desembarcos de los aliados, más bombardeos, discursos van y vienen.

Adentro observaciones, desaprobaciones, llamadas de atención por todo a Ana, hambre de todos, alimentación restringida.

En un verso de Goethe, Ana apuntala su confianza aún “en la cima del mundo o en las profundidades de la desesperación”, así se siente comparándose a la suerte corrida por los otros judíos.

Los hombres del anexo hacen guardia, turnos, vigilan, “advierten al defensor de la familia”, Pim, enfrentan a los sospechosos, reconocen el terreno, ubican fronteras, se da silencio de muerte, oscuridad total. Pasan la aventura de la angustia sin ilusiones, con miedo, las mujeres se apretujaban a sus respiraciones entrecortadas, pavor y pánico de ser encontrados. En el momento del peligro máximo, “ocho corazones latían apunto de romperse”, “ese instante indescriptible con sentimientos de sentirse perdidos, de ser llevados por la gestapo”. Solo se escuchaba castañeo de dientes, nadie dijo una palabra, más tarde sus lenguas se desataron, por ahora salvados. Habían agotado las suposiciones, temblado de terror y todos necesitados del W.C…sopor, fatiga, frío, tratando de dormir sin poder, la policía iba a volver, iban a encontrarlos a ellos, la radio, el diario de Ana, la señora Van Daan sugiere quemarlo, Ana salta, cree que “estas palabras y las sacudidas a la puerta-armario, fueron para mí los instantes más terribles de esa velada…

¡Mi diario no! Mi diario no será quemado sino conmigo”

Esa noche de insomnio y pavor se reúne con Peter que está de vigía, están “tan cerca el uno del otro”, que hasta podían notar los temblores que recorrían sus cuerpos. Amanece, avisan a sus protectores, están hecho un revoltijo de desolación al recibirlos. La puerta armario es una frontera imaginaria sin salvoconducto. El 4 de agosto de 1944 al encontrarlos la GESTAPO posiblemente gritaron, posiblemente se quedaron paralizados y mudos, posiblemente intentaron todo y nada. En ese momento la guerra psicológica y real cayó como una red sobre el animal en el hueco del poder devastador.

Toda guerra lleva su destrucción irreparable. Y esta es imborrable tiene su dosis de letal afuera y dentro de los campos de concentración.

Ana nos dice “la otra noche intuía íntimamente que iba a morir”, “se percata de cual es su primer deseo para la posguerra: ser holandesa”. Siente que tiene un norte en la vida, que sabe lo que quiere, que tiene una opinión, una religión, un amo. Se siente una mujer consciente de ella con fuerza moral y mucho valor. Cree, que “si Dios la deja vivir, irá mucho más lejos que su mamá. Que no se mantendrá en la insignificancia, tendrá un lugar en el mundo y trabajará para sus semejantes”. Aun en toda esta angustia, no cae su bandera síquica, ondea su fuerza, su ideal de sí misma flamea a una mujer que no cae, que deja luchas y marchas femeninas en los carteles de su letra.

Quiere algo más, busca, no cesa, sabe adónde va, pero no sabe a dónde la lleva esta guerra, sospecha, teme, no quiere suponer, le apesta la palabra muerte, para qué ser un cadáver, ni siquiera una letra muerta.

Mientras ame la vida, olerá a vida la joven y sus escritos.

El 15 de junio de 1944, estaba atravesada por la nostalgia del mundo, eso de estar privada le hace añorar la naturaleza, se deslumbra por el cielo, por el canto de los pájaros. Siente que en el anexo ha cambiado, “nunca antes se había sentido tan fascinada”, ese momento, de ese día resume su total autenticidad, su simpleza, su sencillez, nos da conocer al ser humano en su completa soledad y disfrute simple de lo que tiene y no, de lo que está ahí y lo invita repensar la ambición de conquistas.

Miró, “completamente sola por una vez la luna a través de la ventana abierta”, se siente hechizada por la noche, la naturaleza la hace humilde, la prepara a soportar todos los golpes con valor, como una sentencia al pie de la vida dice: “la naturaleza es la única cosa que no tolera ser deformada”.

A pesar de sentirse descentrada, e ignorar todas las cosas que la confunden. De no dejar aplastar su esperanza de salvarse. De añorar estar al otro lado del anexo ya sin guerras y de dejar de estar de sobresalto en sobresalto, cree que sus estudios, sus esperanzas, su amor, su valor, todo eso la hace mantener la cabeza alta y ser juiciosa”.

Y no podía faltar la llegada del ansiado beso. Pasa del beso soñado, al beso imaginado, al beso real. Peter la besa así de repente en la mejilla izquierda, considera demasiada dicha para los dos. Se siente tranquila y segura en sus brazos, aunque empieza demasiado pronto a ser independiente sin haber cumplido los quince años. No forja ningún proyecto ninguno de los dos, se pregunta que si se aman por qué guardar las distancias peor aún en las condiciones de ellos, privados de todo, segregados del mundo y abrumados de angustias y preocupaciones sobre todo en los últimos tiempos. Pero, vacila, quiere una franqueza sin gazmoñería, quiere compartir su secreto aún a pesar de que disminuya la magia, le va pedir opinión a su padre, ya de ese encuentro sabemos.

Otra cita de los clandestinos, Ana echa un ovillo junto a él, su Peter, deja salir sus lágrimas, sin moverse ninguno de los dos, y ella, la Ana tierna y amorosa temblando se despide, y en ese momento después de haberle echado los brazos al cuello y besado su mejilla, y en el momento de besar la otra vino el otro beso, boca con boca, donde Ana siente un vértigo, y como que aquello no fuera a cesar…

Ternura, amistad, confidencia, consuelo. Ese deseo intolerable “hace que piense nada más que el uno en el otro”. El 28 de abril de 1944, escribe, “Peter me ha emocionado, más profundamente que cualquier otro muchacho, salvo en sueños”… ¿Qué quieres de mí? ¿En que va a terminar esto?…Peter tiene poco carácter todavía, demasiada poca voluntad, demasiado poco valor y fuerza moral. En el fondo, sólo es un niño, no mayo (MAYOR?) que yo; no pide más que dicha y tranquilidad…¿Es que soy todavía una colegiala tonta? ¿Una personita sin experiencia desde todo punto de vista?…Tengo miedo de mí misma, miedo de que mi deseo me arrastre, y miedo de no mantenerme recta… Los sentimientos y el corazón están en lucha constante”.

Hagamos un flash back, retomemos este diálogo entre Peter y Ana y ese otro momento entre Padre e hija, detallemos despaciosamente la preocupación de todos. Ana dirigiéndose como siempre a su infaltable Kitty, le comparte, que le preguntó a Peter de contarle “algo” a su papá, a lo cual entre vacilación el otro le dijo que sí. Al comienzo Pim le dice que no encuentra mal eso de que ellos estén juntos, pero en otro momento le dice que ha reflexionado sobre lo que le ha dicho Ana, y a él no le parece apropiado, además los suponía camaradas. Le pide guardar distancia, que no vaya tan a menudo a su cuarto, que no lo aliente al extremo que luego deba arrepentirse, que no lo tome demasiado en serio, además le hace ver según su criterio de hombre, que “en estas cosas el hombre es activo y la mujer más moderada”.

Pero lo que nosotros hemos visto en todo momento es una Ana activa, en plena cacería y conquista del tímido Peter aunque le haya dicho a su padre que no lo toma en serio.

Ya charlando con Peter comparte lo conversado con su papá, hacen sus observaciones a lo de cualquier equívoco”, ella le resalta lo que han convenido los dos, que “nunca habría rozamiento”, que papá no sospechaba nada. Hagamos un paréntesis para entender este llamado de alerta, Ana el 16 de abril de 1944, recuerda al detalle ese abrazo casi de uno totalizador con el joven, ella lo detalla casi acompañado de un deleite corporal único, lo deja inscrito en su memoria y en el papel, así: “él me estrechó fuertemente contra sí: mi seno derecho, al tocar su corazón, hizo latir el mío con golpes más rápidos. Pero aún no habíamos terminado. El no descansó hasta lograr que repose mi cabeza sobre su hombro, y apoyar la suya en la mía. Después de unos cinco minutos, me incorporé, pero él enseguida tomó mi cabeza entre sus manos y la estrechó contra sí. ¡Oh, era delicioso, casi no hablé…”

Cabe recordar en este momento sublime y sensual para Ana su mejilla aún no había sido rosada por los labios de Peter.

Vamos al 2 de mayo de 1944, Peter y Ana, no están convencidos de ser solamente camaradas, pero ella se reasegura de sí y del otro y como probando, le dice: “tengo la misma confianza en ti que en papá. Te estimo lo mismo, y no me engaño, ¿verdad? Denegación, demostración de control de la situación, de la compañía y el no poder apartarse puede más. Parece que a Peter no le parece tan cierto las palabras de la camarada, porque se intimida y sonroja según la apreciación de Ana que anda pendiente de cualquier pista y detalle de su contrincante del amor, como si nada lo aguijonea con “sé que, cuando salgamos de aquí, tu ya no pensarás en mí”, él se exalta, y le replica con un “tú no tienes ningún derecho a pensar eso de mí”.

La chica quiere probarse de su gobierno sentimental, tiene al vigía en el cuartel de sus emociones, pero, el padre que anda tras los pasos y jugadas de la hija le preocupa que esa camaradería pueda terminar en amor, se lo ha dicho a Peter, y a su hija le pide que se aparte… pero no piensa hacerlo.

Siente que su padre no está contento con ella, que no ha hecho lo que él esperaba. Cree que está “decepcionado porque no aguardado las distancias”, Ana habla otro tanto con Pim, hasta le escribe una carta en la que su contenido abarque que desde que está en el anexo, exactamente de julio de 1942 y hasta muy reciente, su vidas no ha sido fácil, le refiere que se sentía “completamente sola…tengo conciencia de haber crecido sola, y no me siento en lo más íntimo responsable hacia vosotros… en cuanto a mis actos me siento responsable conmigo misma”, le cuenta que cuando se debatía completamente sola, todos…os tapasteis los oídos; nadie me ayudó, al contrario, solo recibí regaños porque era demasiado revoltosa… me obsesionaba silenciar esa voz interior…tu no puedes, no debes considerarme como una niña de catorce años, porque todas estas miserias me han madurado, me propongo obrar según mi conciencia y no deploraré mis actos… no podrás convencerme de que deje de reunirme con Peter. O me lo prohíbes por la fuerza o confías en mí en todo y para todo y me dejas en paz”.

El 15 de julio de 1944 se pone a pensar sobre la muchacha que es, nota que tiene conciencia de sí misma que no la abandona nunca, y en este seguimiento de sí, dice “papá ha hecho todo lo posible por atemperar mi rebeldía, pero ello no ha servido de nada, me he curado yo misma reconociendo mis errores y sacando de ellos una enseñanza”, se pregunta, “¿Cómo es posible que en mi lucha, papá nunca haya logrado ser para mí un apoyo y aún tendiéndome una mano de auxilio no haya acertado? Según ella, su papá no ha receptado bien, dado, que siempre la ha tratado como a una niña, que pasa por la edad ingrata” a pesar de que él es el único que siempre le ha acordado su confianza, y él único que ha hecho sentir que es razonable. “Lo que no impide que haya descuidado mis luchas por remontar la corriente –eran todos dos los jóvenes de mi edad pasan por eso. ¿verdad? Yo interpretaba una comedia antes de tener conciencia de lo que hacía; me sentía sola, rara vez vencida… Lo hecho, hecho está; pero es posible corregirse…tomando ejemplo de papá, conseguiré enmendarme”. “Anhelos, deseos, pensamientos, acusaciones y reproches asaltan mi cerebro como un ejército de fantasmas”.

Analiza si es presumida o no, se sabe con defectos, quiere enmendarse, se agarra de un proverbio, “hay algo de verdad en cada reproche, y estoy dispuesta admitir que soy presuntuosa”. “Nadie intenta comprenderme…siento sed de una voz reconfortante, que se interese por lo que pasa en mí. ¡Ay! Por mucho que busque todavía no he encontrado esa voz… yo sé que eso te hace “pensar en ¨Pitter, verdad Kitty ¿el uno y el otro? ¿El de la realidad, de los sueños o el creado en su imaginación? ¿Peter el de la infancia, o el Peter del anexo? ). ¿O Peter hecho palabra, texto, personaje, o simplemente el otro, un tú real, diferente a los otros “hombres “que ha conocido en su corta vida. Que de paso a crear algo, alguien que no sea nadie, que tenga nombre propio aunque no tenga “habitación propia” en este “porvenir de una ilusión”.

Creer en aquella que adviene en el orden de un él, aquel, que está en el plano fuera del nexo filial y de la infancia. Que está aquí y allá. Que enlaza a la mujer otra armándose en la mirada masculina, que le da otros reenvíos de mensajes en la textura corporal de lo femenino hablante. Algo que es y no es. Algo que no esquive la ruta de los descubrimientos que se desprenden de la experiencia púber, reafirmando los linderos de su adolescencia. Salir del temor al cuerpo, entrar a la confidencia de la memoria y del verbo haciéndose en conjugaciones del sí y del no.

Algo que revelará un gozo diferente y también desilusiones a las caricias de la vida en el despertar del deseo.

Ya no se siente sola en el mundo. Y lo más relevante, “Él me quiere y yo lo quiero, tengo mis libros, los cuentos que escribo y mi diario, no soy demasiado fea ni demasiado tonta, poseo una alegría natural y buen carácter”. “Tengo a Peter. ¡Con su apoyo tendré éxito!” “Peter me quiere pero no como enamorado, sino como amigo… su devoción aumenta… no comprendo que nos detiene a los dos, hay algo misterioso que nos separa”. Los pro y contra hacia su querido joven. “Peter es bueno y amable, más no puedo negar que me decepciona en muchas cosas, le reprocho sobre todo, que reniegue de su religión, sus conversaciones y otras cosas que me desagradan han revelado varias divergencias entre nosotros… pero sigo persuadida de que mantendremos nuestro propósito de no regañar nunca. A Peter le gusta la paz, es tolerante y muy indulgente. No permitiría a su madre que le dijera todas las cosas que acepta de mí… continúa guardando para sí sus sentimientos más íntimos ¿por qué nunca me deja entreverlos?… Ambos hemos pasado en el anexo los años en que uno se forma: hablamos y volvemos a hablar siempre del porvenir, del pasado y del presente, pero, como ya te dije parecía faltarme lo esencial, y sé que está ahí”.

Ahora bien, como hablándose frente al espejo, que le devuelve su yo impersonal y a la vez lo reconoce con pronombre posesionado en su nombre, dice, Ana, “imaginaba que poseer la confianza de alguien era maravilloso, y ahora que lo he conseguido, empiezo a ver todo lo difícil que es identificarse con el pensamiento del otro, hallar la palabra cabal para responderle”. Siente preocupación, porque Peter comienza a depender de mí, poco más o menos de mí, y yo no lo admitiré. A él le falta” un objetivo determinado”…

“Nunca ha sabido lo que es hacer a los demás felices, y eso yo no puedo enseñárselo”.

El 19 de mayo de 1944, dice, “todo sigue bien entre Peter y yo. El pobre muchacho necesita, mucho más que yo, un poco de ternura. Se ruboriza aún cada vez que nos besamos…él es muy dichoso desde que sabe que alguien lo quiere. Después de mi difícil conquista, domino un poco la situación. Pero no hay que pensar que mi amor haya disminuido. Peter es un encanto. Vislumbra su decepción con respecto a Peter.

Ahora con qué saldrá la narradora, esperemos un poco todavía. Su avatar sentimental y reflexivo ahonda en la soledad de una escritura que se hace y una vida que clama compañía pero no acepta sometimientos ni dependencias ni aferramientos.

Ella desea más que amar, considera que hay algo más, cree que Peter “solo desea amar”, hay una inadecuación e inconformidad frente al llamado del deseo y el sentido de la existencia acompañada y compartida. Nadie puede colmar al otro en esa permanente contradicción de la vida dividida entre un no todo y un todo imposible de abastecer en esa permanente búsqueda de llegar a ser, de querer ser, o como lo dice ella el 1 de agosto de 1944, “lo que yo sería capaz de ser si”.

Siente sed de “una voz reconfortante que se interese un poco por lo que pasa en mí. ¡Ay! Por mucho que busque todavía no ha encontrado esa voz”. Se dirige a su amiga silenciosa, “Yo sé que esto te hace pensar en Peter, ¿verdad Kitty?”

Se siente sola e incomprendida en la conquista de su propio espacio, el 15 de julio de 1944 se pregunta ¿cómo es posible que en mi lucha papá nunca haya logrado ser para mí un apoyo que, aún tendiéndome una mano de auxilio no haya acertado…. Pim se sitúa siempre en el punto de vista del padre”.

Refiriéndose a Peter, “después de haberme percatado –bastante rápidamente desde luego- de que no podía ser mi amigo copartícipe de mis pensamientos, no he cesado de aspirar a elevarlo pos sobre su horizonte limitado y a magnificarlo en su juventud…Nosotros lo jóvenes tenemos que hacer doble esfuerzo para mantener nuestras opiniones, en esta época en que todo idealismo ha sido aplastado y destruido, en que los hombres revelan su lado peor, en que la verdad, el derecho y Dios son puesto en duda”.

“Peter me preocupa mucho más que papá”, dice, se reconoce que ella lo conquistó y no viceversa: “lo idealicé viéndolo apartado sensible y amable como un muchacho que necesitaba cariño y amistad…lo conquisté aunque con dificultad…hemos callado en cuanto a lo que colmaba y sigue colmando mi corazón. Continúo sin forjarme una idea exacta de Peter…él no desea más que amar, en cuanto a él nuestros encuentros le bastan; mientras que a mí me producen el efecto de un nuevo esfuerzo que obliga a volver a empezar cada vez…He atraído a Peter a la fuerza, mucho más de lo que él puede sospechar. El se aferra a mí, y yo aún no he hallado la forma de que él pise con sus propios pies”.

Ana quiere más que amar, ¿qué es lo que quiere? Acaso, no reducirse a un simple objeto de amor, a solo un cuerpo que siente, sino a una mujer también con palabras, posibilidades de imaginación, de proyectarse, soñar, con deseo. Con una historia que cuenta y cuento que cuenta.

Eso no quita que esté desilusionada de Peter, ¿por qué? Aunque reconoce que la quiere, contextuemos, “Peter me quiere. No como enamorado, sino como amigo, su devoción aumenta con los días, sin embargo, no comprendo que nos detiene a los dos; hay algo misterioso que nos separa. A veces pienso que el deseo irresistible que me impelía hacia él era exagerado, pero eso no puede ser verdad; porque si me ocurre no reunirme con él por dos días seguidos, mi deseo se vuelve más fuerte que nunca… Peter es bueno y amable, más no puedo negar, que me decepciona en muchas cosas. Le reprocho sobre todo, que reniegue de su religión, sus conversaciones sobre la alimentación y otras cosas que me desagradan han revelado varias divergencias entre nosotros… A Peter le gusta la paz; es tolerante y muy indulgente. No permitiría a su madre que le dijera todas las cosas que acepta de mí…

Sin embargo continúa guardando para sí sus sentimientos más íntimos ¿por qué nunca me deja entreverlos, su naturaleza es mucho más cerrada que la mía?…Ambos hemos pasado en el anexo los años en que uno se forma; hablamos y volvemos a hablar siempre del porvenir, del pasado y del presente, pero como ya te dije parecía, faltarme lo esencial, y sé que está ahí… Empiezo a ver la debilidad de carácter de Peter”. Tanto Margot como él me repiten siempre, “ah, si pudiera ser tan fuerte y valerosa como tú… me cuesta comprender al que dice: soy débil y sigue siéndolo… no es posible dejarse seducir tan pronto por la debilidad y …el dinero…

Imaginaba que poseer la confianza de alguien era maravilloso y ahora que lo he conseguido empiezo a ver todo lo difícil que es identificarse con el pensamiento del otro, hallar la palabra cabal para responderle… Tanto más cuanto que los conceptos fáciles y dinero son para mí nuevos y totalmente extraños. Peter comienza a depender, poco más o menos de mí y yo no lo admitiré…Peter encuentra difícil sostenerse sobre sus propias piernas, pero aún resulta más difícil hacerlo cuando se es un hombre consciente en la vida. A Peter lo que le falta es un objetivo determinado, se considera poco listo y demasiado mediocre para llegar a un resultado. Pobre muchacho, nunca ha sabido lo que es hacer a los demás felices, y eso yo no puedo enseñárselo…”

El 15 de julio de 1944, afirma categóricamente apenas cumplido sus 15 años, “sé con exactitud como me gustaría ser, puesto que lo soy…interiormente, ¡pero ay! Soy la única que lo sabe”. Ana quiere más, su búsqueda es insaciable, quiere un saber que no se detenga en la cifra que eslabona a un hombre y una mujer. Ella escribe lo que no sabe, y como lo dice con sus propias sílabas, “sigo buscando la manera de llegar a ser la que tanto querría ser”, ella, no se agota, pero, la realidad y los otros están ahí limitando con su deseo, los mismos que no se pueden suprimir dando sólo un plumazo. Están ahí luchando y combatiendo las propias existencias en el mundo de sus cuerpos, cada cual de una manera diferente buscan la llamada a la felicidad para sostener lo que han construido, lo que está por venir, lo que se puede y se quiere aún con el tiempo atrincherando la angustia y el porvenir.

Lo inesperado, el jueves 11 de noviembre de 1943, su estilógrafo, regalo de su abuela materna, dulce constante compañía que aparece como ángel de la guarda en sueños amortiguando la tristeza para que no se derrumbe la esperanza, para que haya un milagro. La había acompañado en el trazo de la letra desde los nueve años, todo su diario lo había escrito con él-, por un error involuntario fue a dar a la estufa encendida y se perdió entre una llama enorme. Ella al ver el resto del mismo, le queda un consuelo, por mínimo que sea.

“Mi estilógrafa ha sido incinerada y no enterrada. Confío en que otro tanto me suceda a mí, más tarde”.

La pérdida de su vida y de su estilógrafo son símbolos de la historia de la civilización en ese eterno recuerdo abarcando la letra de la condición humana en una vida en todas sus posibilidades de subsistir en la naturaleza y en los imperios del poder en cualquier tiempo.

Lo que hace la diferencia, es la condición y calidad de vida que se fomenta a partir de la realización de los deseos posibles y del reconocimiento de los derechos humanos ahí donde el otro no es exterminado por la soberbia y desprecio de quien detenta la administración de la ley y de los recursos materiales en aras de un confuso progreso donde unos pisan a los otros que circulan entre rebelión y sometimiento de inconformidades radicales: la ansiada libertad depende del estratega y de un espacio libre para cohabitarlo tanto física como psíquicamente.

Queda una incógnita silenciosa, ¿acaso el olor de las fresas los delató el 8 de julio de 1944, este aprovisionamiento los expuso al olfato de la GESTAPO, avisó y alertó que ahí en la oficina había algo más, luego siguieron las pistas, soplones con miedo confirman las sospechas, desde afuera la redada, y desde adentro Ana en su “amasijo de contradicciones” “sigue buscando la manera de llegar a ser la que tanto querría ser”. Esto esta en el párrafo final de lo último que alcanza a escribir el 1 de agosto de 1944.

Llegar a ser es posible, ella es lo que quiso, las circunstancias la sometieron físicamente, pero no retrocedió ante su deseo de vida y dejar asentada su naturaleza inquieta e irreverente de sometimiento. Su voz interior: es su ser que quiere intimidad en el camino de la rebeldía y de la aventura y de la formación.

¿La que tanto quería ser? ¿Cuál? ¿La escritora y la periodista versus la esposa y la madre? Un todo femenino en dos Ana. Ya el 1 de agosto de 1944, hablándose para sí a través de su interlocutora Kitty, se interpreta así, “casi nadie me conoce y ese es mi secreto… tengo otra parte, la otra que es grave y tierna… en la soledad su voz domina casi siempre”, como apurándose en su propia mirada, se afirma diciéndose “sé con exactitud cómo me gustaría ser, puesto que lo soy…interiormente.

Pero ¡ay! Soy la única que lo sabe… razón por la cual yo llamo dichosa a mi naturaleza interior, mientras que los demás juzgan precisamente dichosa mi naturaleza exterior”. Internamente, “Ana la pura me señala el camino”, exteriormente, “solo una cabrita desprendida de su cuerda alocada y petulante… me debato siempre con fuerzas que son superiores”

El epílogo de su novelar queda en mí, hace eco su leyenda y mito, lo reparo, lo reconstruyo, lo vuelvo a leer, ubico la última página, y me pregunto imaginando la escena de ese momento introspectivo, donde veo los finales de una guerra eterna e insoportable cercando la encrucijada de la vida, girando alrededor de un poder delirante. El amo de una razón devastadora aguarda la angustia echada al azar.

Y la ilusión de una suerte entre tiros, bombas y devastaciones de la memoria. La muerte existe ¿Y la vida para quién? ¿A quién le importa el epílogo? El prólogo un acta de nacimiento si no es alterada. Basta descosida en el hilo conductor.

En el basteado filial el grafo del deseo. ¿Cómo habrá sido el garabato de Ana?

carmen váscones

8/3/2004

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