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La Muerte un Ensayo de Amores por carmen váscones diciembre 26, 2008

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Primera Edición,  1991, Segunda edición, 1994

“tú sola quedas con el deseo,

con este deseo que aparenta ser mío

y ni siquiera es mío

sino el deseo de todos …”

 

Luis Cernuda

 

I PARTE:     “Su presencia antecede al infinito…”

 

1

He venido del mar

y no de la boca de los hombres

que engendraron mis hijos

con la brutalidad de sus gestos.

 

Han enterrado mi presencia

no sé quién soy

 

Regreso a la ternura de la ola.             

 

 

2

La piedra la playa los caminantes

los seres las series lo serio lo sería

la ciudad los ciudadanos las direcciones

el uno y todas las enumeraciones posibles

caen los aviones caen las naves cae todo

las bajas las bajadas lo bajo

permanece el permanente percance

 

El orden las órdenes ordeno

 

Un poco de arena en el bolsillo

algo de susto en la avenida principal

el pretexto de esto para nombrarte

 

Nuestro deseo no tiene nada parecido a lo decible.

 

 

3 

 

El faro se detiene entre las piernas del mar

la entrega es absoluta

 

La tiniebla entre el silencio y el movimiento

la mirada vuelve a su punto

 

La complicidad su luz

el encanto dura hasta el amanecer

 

El mar no espera.

 

4

Quien ha visto llanto al mar

cuando sueña el naufragio

 

Quién ha visto sollozar al mar

tras la roca

 

Quien ha visto lágrimas al mar

para dar de beber al navegante

 

Quién ha visto llover al mar

junto al ahogo del amante

 

Quién ha visto salibar al mar

la piel de sus dios

 

Quién ha visto sudorar al mar

la posesión de su cantor

 

Quién ha visto traicionar al mar

ante la mirada de otro espejo

 

Quién ha oído al mar

La perpetua orgía de su voz.

 

 

5

Refugiado el crepúsculo en los rezagos de la duda

los garabatos del sueño se apropian de la forma

 

La autora recoge el telón

 

A un lado la foto del mar

donde la gaviota ignora su espectáculo

 

Imagino su muerte

 

Golpea la necedad en el vaivén de su fin

agarro su vuelo su aliento sus ojos mortales

sólo un grito queda

lentamente cae

sus alas envolviéndome

mi tempestad no acaba

un punto descendió más allá de toda espera

el último movimiento se desprende de su cuerpo

siento reventar la ola en mi vientre

 

El candil consumió la luz

el mar no devuelve la vida

 

Siglos de pasión advienen al hombre

 

Goza ilusiones de posesión

encadenado al regreso temporal

el dolor y la ternura por el resto de sus días

 

Perezco en el dibujo

me dejo llevar por el principio

 

Debuto en la madriguera de la ficción

única espectadora.

 

 

6

Una nube de arena

sale en secreto desde el mar

espejo en movimiento

donde pierde la mirada

 

El viento lleva insomnios y dudas

se des-hacen las palabras en la forma.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PABELLÓN DE MUJERES DE CARLOS BÉJAR PORTILLA por carmen váscones diciembre 26, 2008

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En la cárcel del mundo el pabellón de mujeres trafica la vida en esa imposibilidad de saberse alguien. Se es a pesar de… Algo empuja al estigma. Reas la designan. El tiempo está situado en sus historias, ¿sus alientos sin escapatorias? ¿quién sabe?

 

 

 


Cada relato no es una redacción dictada en la conciencia.  Otro asunto conjuga el pretérito indefinido.  El plus de una ética rebota como sombra en las manos de la justicia.

 

 

 


Antes de ser convictas ya eran prófugas del destino, dirección sin retorno eso de seguir la curva de una quebrada donde la recta final no tiene trecho,  acortar camino, salieron por el trecho del “vicio”, quién está libre de la adicción a la vida, las guías del sueño crecen, rompen los párpados, la mácula no quiere verse en la realidad conspiradora de contrarios.

 

 

 

 

Queda embaucado el cuerpo.  Dentro de la verdad se fragmenta la gravedad de la existencia. Las rejas apuntan sin piedad.  Quién serrucha el piso o qué…  Cortapiso.  Cortapapeles. Cortadora.  Contadora.

 

 


El caporal de las almas embiste la soledad y la nada.

 

 


La angustia bajo el calabozo de la mirada. Yacen confiscadas en el penal del silencio más de setecientas mujeres, y ¿en el orbe cuántas? ¿se imaginan?  La punta de un zapato apunta.  Puntería.  Objeta.  Objeto.  Sujetos en el cabo del estiércol.  El que no come qué desecha.  Se le abomba  laangustia en el cuerpo hasta reventar…

 

 

 


La bomba ya no es solo la que explota, es toda bomba que bombardea o jala o succiona o suena como sirena bombeando.  Estamos bombardeados de nada y dudas.  La bomba del mundo derrama… Qué ha visto cada uno.  Tápate los ojos y escucha, mira tu imaginación, aplasta con el dedo por turno cada uno de tus ojos, mantén cerrado el pensamiento, y verás como aparece el desastre.  Luego, preguntas, ocurrió algo, te alegras que no sea contigo, y haces como que no pasa nada.

 

 

 


¿Qué alberga el encierro? ¿el presidio enmienda la falta? ¿el pellejo se pudre en la sentencia que no llega? ¿el infiernillo es el redil del insumiso?  Ahí, en el antro de “rehabilitación” existe un  jardín para la infancia que paren las presas.  ¿Qué bienvenida al mundo le espera al vástago hijo de lo casual o de la pega del cuerpo por suponer una compañía?

 

 

 

Cómo es eso, de que peo es nada, o más vale conocido por conocer, por tu culpa ya viste…  Calla niño,ya, que sino viene el diablo y te come la patica chiquibum bam bam…creo que es así, el canto, parece que se oye gritos por no se dónde.

 

 

 


El juego hace y deshace en el escondite de quién  encuentre al jugador, el buscador mira por el prisma  de la libertad imaginaria.  Una vez acorralado el cuerpecillo salta tras los bastidores de una lactancia y corre al encuentro, ahora cambia de turno, y la sirena  interrumpe porque es hora de -¿qué mami?-


Carlos Béjar como un camarógrafo sin preocuparse del tiempo muerto, ha captado las escenas, los relatos, la singularidad del ser.  Cada uno con la orden del inventario, uno a su manera se las cargas, te cargo mi niño porun rato, espera que nos llaman para contar, ponte en la fila conmigo, allá un hecho de la vida denominada real acá.  Aquí estamos.

 

 

 

 


El guión que ha utilizado: la voz narrante son las voces de las protagonistas en la elección de ese riesgo sin escapatoria y de los sucesos que se dan al otro lado del muro donde están los hombres.  Un muro  separa a los sexos, pero hay días de visitas entre presos y presas.  Apresa, aprésame, presa, esa.  Ame, me dijo, qué fue lo que le dije, como que no me acuerdo,  presumo, presume.  Presuntamente.

 

 

 


Aún cuando salgan se llevan a cada una consigo  y a la sombra que no se desprende como otra identidad en el cuerpo pasajero de la ruta.úntame, úpame, pá dónde está, chito.

 

 

 


El sueño de ellas zozobra en la expectativa y el desamparo. El amparo de la ley.  La constitución un libro cerrado.  “Donde reina la tristeza no se castiga el delito sino la pobreza”.  El gruñido es defensa propia, el puñal está ligado con la rabia y miedo.  Estar desarmado es un riesgo allí porque se corre el peligro de ser un cadáver flotando en la existencia de las ratas.

 

 

 


La crueldad es madre de engendros que se instala en aguas estancadas en el vientre apuñaleado de la memoria sin consonantes.  Las palabras resultan fetos tullidos, deformes en el alumbramiento del “estado” habitado por los espacios que se van metamorfoseando.  Los vínculos son velos que no encubren la sorpresa festiva sino lo perverso: la muerte como intento e invento de aniquilación por manos humanas.

 

 

 


En el dintel del correo de la vida no hay retorno, la vida no vale nada, total, si no la merezco, nadie la merece.  Canta, comadre, sácate la madre. “Madre óyeme mi plegaria es un grito en la noche”.  La lucha por escapar da idas y venidas, toca hacer algo o sino, de  -“aquí solo me sacan muerto”-  La “ley de imprenta” una constitución de carne y hueso.  La ley habla, quién la deja y no la deja, quién le tapa la boca.  El sonido y el estertor…

 

 

 


La ciudad presenta el menú del porvenir.  La crónica roja un espejismo de chivos expiatorios para apaciguar la corrupción y la degradación que se deshace en los sentidos.  Para algunos en la boca, para otros en las narices y para otros otrísimos de las manos  a sus bolsillos y cuentas en el exterior con pasaje seguro incluido.

 

 

 

 

La vida nos da sorpresa dice la canción.  Nunca dejes de… el consejo sirve… manual de corrupción, manual de comportamientos, manualidades…

 

 

 


¿El crimen frente a quién? ¿a quién le compete esto?  ¿ podemos pensar la vida de otro modo? La peste se expande en el mercado. Camuflado el instinto se arrastra agazapado en la mula que cruza la frontera.  La verdad se encuentra en posición fetal en el cuarto número…

 

 

 


Los hablantes en sus narraciones: cada instante es cuestión de vida o muerte, ¿cómo escapar de la esclavitud a que estás reducido?


Belcebú, personaje  recluta de la comedia, amortajado en la función de instructor para la seguridad, experto y adiestrado en la técnica gurka, “practicó su arte sobre prisioneros vivos”.  Era el monstruo oficial en el pabellón, era temido, pero a la  larga alguien aprendió de él y la técnica se revolcó contra el “recluta matón de profesión”.

 

 

 


En el harén de la masacre  “los crímenes del amor” un juego en el bastión  de la pasión acuciante.  El delito expía y comulga  en la boca del feligrés, que saborea la evidencia como ofrenda a pretexto de comer y beber el cuerpo y sangre de cristo, así nos hace ver y sentir Béjar al padre Chicho que acometió en cuerpo y alma a los moradores expulsados del paraíso a cambio de convertirlos a sus antojos y apetitos ¿de qué conversión se trataba? ¿a que llevaba esto? A que sus integrantes  púberes y adolescentes “se habían convertido en verdaderas fieras”, transitaban como vengadores de la “plena es la napla y la napla es la verdad” con pena y sin pena, con culpas ajenas y propias, con…

 

 

 


Las mujeres viven la ruleta  del tiro en gracia según el trato de las guías, del jefe que, “trafica con nuestros cuerpos” según la morena  Ángela,. El uso del poder entre las presidiarias es según gusto o disgusto de la compañera de celda o del grupo que acoja o  rechace a la recién llegada al pabellón.

 

 

 


No hay elección donde se ha perdido todo derecho a reclamar, hay que aprender a sobrevivir, a defender al precio de lo que sea la única vida que se carga.

 

 

 


El artífice para tramitar la libertad es un registro legal y psíquico, a veces extraviado, extrapapelado, pero que reúne una sola condición, la boleta de libertad y hasta que eso suceda  ¿qué?

 

 

 


¿La escapatoria, el deterioro o la muerte? La resistencia y dar con los hechos sin que se pierda la evidencia.

 

 

 


La sentencia es el bingo de una espera donde el  tiempo se pierde en la bolilla del que dice: no va más, y la lanza para dar en un número rojo o negro, en este caso en el pabellón de mujeres, cruzarlo hasta salir “por el portón de la muerte”.  Como lo da a saber el contador de esta historia, narrada en primera persona, con hechos directos, los sitios descritos son los calabozos, contados desde allí.

 

 

 

 

Historias recogidas en la verdad de la ficción que sabe a crónica  con salidas hipotecadas de por vida.

 

 

 


El que quiere escapar queda atrapado y agujereado en los alambres de púas o a veces suceden muertes misteriosas sin nunca esclarecerse ni resolverse, “nadie sabe nada”.

 

 

 

Los que quieren amotinarse tienen que enfrentarse a ser un abatido  o un acontecimiento de cabecilla o salir por las páginas con una historia sin oportunidad a contarla, tal vez un rostro desfigurado con su listado de fechorías y supuestas.

 

 

 

 

No importa la historia  de ese que fue niño o niña alguna vez ni qué lo llevó a ese paraje donde perdió su salvoconducto e identidad, su arraigo y pertenencia.

 

 

 

En la alegoría de la insurrección quedan los amotinados enfrentados a las tropas y al desfile de cadáveres.  Eligieron la muerte al precio de no poder comprar ni pagar la prolongación de la vida.

 

 

 


A pesar de estar presente la tortura, el espanto, el asco, el acoso,  y ese sentir del temor permanente  hay eso que no se pierde y no se puede exterminar a ningún ser humano, es la risa de la que carecen los animales, eso lo dijo un filósofo que terminó fugado de  la lucidez.

 

 

 

 

Ese humor , invento del deseo, que permite sostener la palabra en la imaginación sin que esta se pudra.  Ella enlaza algo parecido al anhelo de sentirse humano.  Eso que hace soñar “felizmente las mañanas pasamos en el patio, tomando sol y conversando”.

 

 

 


¿Se podría hablar de una alegría no contaminada?

 

 

 


La escucha del autor de estas historias deja los fragmentos sonoros grabados en el ritmo sin cohartada, respiración sin transfugas, pulso sin tiempo, formas sin identidad, edades  descalzas,  tonos desabridos y picantes de cada una de sus personajes  invitadas a participar.  Escuchésmolas:

 

 

 


“El bullicio que arman es ensordecedor, luchan, pelean, y se insultan a plena carcajada.  Sus ocurrencias para debatir son obscenas y geniales, luego el rencor desaparece y regresan como grandes amigas a sus espantosos cubiles”.

 

 

 


Aprender a resistir y no acomodarse, a descubrir otra forma de defender la propia vida en el gethos del placer, del dolor y del suplicio.  Impera el instinto de conservación en la desahuciada razón.  Nadie puede “borrar ofensas”.  La violación y la herida queda como estigma y memoria cautiva en el archivo y cuerpo del delito aún cuando se crea que no hay huella comprobable.

 

 

 


Viene como eco la  presencia y la voz de Andresito, hijo de Dolores de la celda 525 del pabellón de atenuados como  atenuados “como un niño triste y ya ha empezado a articular sus primeras palabras, sus primeras frases. “

 

 

 

 

Asomado a la ventana de barrotes, observa el firmamento y señalándolo con la manita me dice: Mila mami, mi tol, mi luna, mis tellas.”

 

 

 


¿Qué queda? ¿emigrar? ¿a dónde?

 

 

 


A otro cuento, a reparar en lo vivido, a reencarnarse otra vez en sí, a dejar de ser el consumidor de la existencia, a  desnudar el vicio del cuerpo.  A desposeerse del verdugo.  A ser otro  fuera del aniquilamiento.

 

 

 

 

A soportarse dentro de la propiedad corporal.

 

 

 


A crearse otro yo en una imagen donde se sienta la inocencia no varada en el destino.

 

 

 

 

A mirar el cielo fuera de todo encierro.

 

 

 


carmen váscones

1-2002


LA FLAUTA DEL AGUA DE JAVIER VILLEGAS, por carmen vascones diciembre 18, 2008

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El poeta celebra la imaginación.  La magia desborda inquieta como naturaleza en el génesis .  La creación entorna el espacio con espacios sorprendentes, donde las nubes, los animales, las frutas dejan su estela silabaria en recuentos de escenas y garabatos.

 

El niño corre divertido en la página que engendró el “atrapador” del tiempo y del juego.

 

El amor se aromatiza, evoca al pistilo,  en picos de “rondaflor” el polen danza. ¿Los pequeños desplazan al narrador o  es la misma presencia del poeta niño aliado para siempre a esa presencia que es un presente llevadero de la infancia del ser?

 

La palabra sembrada en el jardín de los sueños no asusta, permiten mirar a los ausentes sin temor.  Algo así como la vida cuidada por jardineros que cultivan secretos que no puede responder la razón.

 

El sol parece una nota brillante en el canto del gallo, la alegría llueve como pandereta girando alrededor de la luna.

 

El tiempo parece sirena montada en caballito de mar aprobando y desaprobando los ensayos de la ronda.  ¿Quién no ha jugado alguna vez en su vida? ¿Por qué olvidar?

 

“Sueño teje, sueños borda/ y la alegría del niño/ parece que se desborda”.

 

Las emociones parecen ventiscas y ventarrones saliendo por la “flauta del agua”.

 

Los habitantes del lenguaje orillan sus recuerdos, excavan en los silencios, indagan en las vivencias, sobrevuelan en letras mágicas, hablan con el campo, el río con todo y entre todos.

 

La palabra “anida en su voz la aurora”.

 

Los momentos se habitan y deshabitan con vuelos de golondrinas.  Ellas vuelven con ofrendas de barro amasadas en la  trompa del arco iris.

 

Red de cantos con plumillas de versos,  pasos  liberando al trompo del trajín que lo envuelve la piola, trotes de cansancio, y potrillos que vuelan y nadan en la memoria que empapa la alegría de la infancia.

 

¿Sabes de quién hablo? Si no, búscalos en la flauta del agua que “lleva un corazón alegre,/ tan alegre como el mío”.

 

carmen váscones

3/2/2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HOMENAJE A NAUN BRIONES DESDE LAS MISMAS PALABRAS DE SU PRESENTADOR Y AUTOR ELIECER CARDENAS, por carmen váscones diciembre 16, 2008

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“Uno aprieta lo que le gusta, profundos pedazos, olores prendidos

  al poncho buscando una respuesta eterna, hasta los muertos

se guardan en el hogar del triunfo y la derrota”.

 

Al otro lado de la invencible línea,  se desata esta vida que guste o no es la única que tiene para el resto de la historia.  Porque la vida no es cuestión de gustos o elecciones, a uno lo paren simplemente, hasta ser lo que es, lo que será hasta el día de la muerte, “una despedida sin vueltas”.

 

No se puede ser feliz ni en la niñez porque “nacemos duro para siempre”.  La necesidad no espera, aunque todo tiene su dueño, el tener algo es merecer…

 

Ni la muerte es cosa propia, todos parecen olvido de ella.  El miedo y la oscuridad un sudor de eterna fuga.  “ser bandido es lo mejor de la vida”.  Dolor inmóvil del secreto, el que no se nombra.  Arruga sombría del tiempo, destino sitiado en el cuerpo.

 

¿Por dónde llega más pronto  lo póstumo? Nadie se salva de la vida.  ¿Cuál es  el más grande castigo que pueda dar quién al hombre?

 

El recuerdo propio es una mentira.  Engañador del recuerdo ajeno; buscador metido en la memorias de los otros.  Quieres trampear a la muerte para que no se acuerde de ti.  Le temes cual ingrato con miedo a morir, después de haberla gozado viendo caer a los otros.  Cuando ya no eres espectador sino carne para el cañón del horror: prisa sin darte tiempo para nada.

 

Laboriosa mortal, te crees justa en la agonía inexplicable.

 

Eres nunca.  Siempre una creciente rigidez posterior en tu juego solitario del todo.  Destrozas como una envidia sin misericordia.  Tu persecución es monótona e implacable.  Tu todo no vale nada en el l cuerpo.

 

El riesgo humano es vivir, la dama de las tumbas no se atreve a esto.  Muerte estas fuera del combate.  “Cosa que son el mismo polvo de la misma ceniza con que están hechos los hombres”.

 

Cautela y fatiga.  La cacería del triunfo en el recuerdo que no se agota.  Días enteros llenos de nada.  Imaginando la venganza i la soledad de siempre.

 

¿Qué ayer no existíamos?  Hoy soy mañana no estoy.  Destino a otro en el brillo de una certeza.  La vida propia vale más que la de los otros, no me arrepiento de nada.  Es irreparable.  Echarse para atrás es perder tiempo.

 

“Nunca dos muertos se parecen”.  Uno y otro rastro roto en el latido del alma fuera de la tierra.  Solitarios en sus respectivas sangre y sombras extinguidas.


Arriesgar  el porvenir para que le ganes al sueño en su cofre corporal.  Algo perderás en el camino.

 

Cada humano es un uno insoportable que quiere reventar en el silencio del péndulo.

 

La eternidad un refugio entre el cielo y la tierra.

 

Dos cuerpos aguardan movimientos iguales dados al tú de un yo.

 

“Mi fantasma una pura leyenda, una mentira para asustar, un eco de imaginación”.  Suerte taciturna del deseo.

 

Se talla la figura en la sonrisa del agonizante.  Muerte me diferencias del semejante a ti que eligió mi vida a cambio de la propia.  Todo mi horizonte marcado en el cuerpo orificiado en el presagio quedado en la quebrada.

 

Muerte le deslizas hacia el fondo oscuro de la grieta, te deslizas como jinete del instante cabalgando al relámpago que no llegó a la víspera.  Apuestas otra suerte en la meta de otro apostador.

 

“Jamás podrá matar mi nombre –mayor- porque, ya dejó mi cuerpo y corre sin que me necesite.  Deja a la ley las cosas de la ley, el segundo exacto”…

 

“Este relámpago del tiempo que acabe”.

 

carmen váscones

1983

 

 

 

HILARÉ MI NOSTALGIA EN LA POTESTAD DE UNA MUJER (Rosa Amelia Alvarado) por carmen váscones diciembre 16, 2008

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El hilo del tiempo juega desde el principio. En un  presente futuro la punta del verbo, confronta los extremos. La contradicción se impone como recurso para salir invicta con su libertad de ser.  Los hilos de fuego, aire, tierra y agua vanguardia del canto. Sonido de  vida en el cuerpo del poema. Se conjuga el estar y ser en el suceso y en el suceder. El puente del silencio entre el espectador y la mirada del transeúnte. El crepúsculo  cuelga al vaivén de la brisa.  Allí el agua refleja ninguna caída, hace de espejo sin ahogar la mirada.

 

 La nostalgia, nido de esencia, agua fuente, vertiente que mana la atadura y desatadura de un fin y comienzo, hay un antes del conocimiento, también un después propio e impropio,  que pertenece y deja de pertenecer.  El sentido del mundo dentro y fuera, de una en una las palabras unas y unos. Descubre la añoranza de un mí  dentro de un yo, telar de tiempos del  hilaré. “La potestad de una mujer” como lo dice Alfonso Barrera Valverde.  La letra  en “la carne se hizo verbo/ y habitó en mí/ me he dejado poseer por la poesía”. La poeta confirma, ella es de la poesía y no lo contrario. Nos invita, a que avanzamos en el “camino del viento”. El verbo “hace del amor una palabra” sin corresponsal.  “Se desprende de los sueños llorados a destiempo”. Al fin de la cuenta, nos involucra en la celebración, en ese choque de copas,   Rosa Amelia lo expresa así, “si he de brindar por algo/ que sea por un vaso/ medio lleno de vida”. No se tiene la vida entera, siempre se tiene algo del otro, los otros están envueltos en la corambre del pensamiento, es decir y no decir, andar y desandar, acompañado y solo,  conversación y silencio, palabra y ausencia.  Presencia de pases e impases.  Sentir y no sentir. Soy, eres, serás.

 

La palabra no esquiva a su hacedora, la idea empuja la dirección de la veleta.  La imagen señala el lugar, quien lo ve se pierde o se encuentra con en el olvido.  “El poema canta”, pero,  ¿qué?   Lo perdido e irreparable esta cerca del recuerdo, de las circunstancias, de lo conocido,  la voz piensa en extraviarse, pero a la vez, casi de inmediato, se detiene a raya con sus propias preguntas, “más ¿cómo se vive lejos de casa?.

 

Lo conocido aguarda como vientre omnisciente aupando al embrión, como nido cobijando al vacío, como metáfora escondida en el aire. Pura corriente, entre cálida y húmeda. La estación de la memoria  no sale del cuerpo, no quiere eso de experimentar ¿cómo se vive fuera del cuerpo?, ¿quién puede hacerlo?. Lograrlo, es correr riesgo, es como asistir al duelo del propio nombre, o como lo dice la  poeta “es como dejar el alma/ colgada en algún perchero”.  El verso invistiéndose de la imagen no se siente lejos, su nostalgia es con la vida aún pegada “al olor de las cenizas”, con la historia vivida, con el olvido que vuelve, con el sentido quemando en la piel.  Así lo dice “si me voy,/ ¿a qué río diré mis cosas/ ¿a quién dejo mi intimidad más íntima?.


 

¿Qué sería esto íntimo? Acaso “las voces de la vida”, “he acumulado demasiado nostalgia”, o tal vez, esto otro, “ mi cuerpo no sirve para nómada”. O simplemente, la raíz de una matriz converge en su lengua, en su nexo, en su patria, en las casas de maderas del ayer, en la ciudad, hogar de las ensoñaciones y del poema que lleva en el alma aquello de siempre, solo de cada  quién, esto:   “el amor tiene algo/ yo no se”.   Igual hay que respirar, y el aliento propio es un desafío que no acepta desaliento. Lentamente camina, el éxodo no es su elección, se acompaña toda “sal salobre” con sus salidas residiendo en la aventura irreverente de la soledad cual cacique de la posesión del tiempo sin huirle.  No quiere irse, no quiere partir del puerto, no se siente emigrante de la ausencia. La confronta, la habita, no le teme.  Nos dice, “mi entraña nació entre los manglares y aquí me quedaré”.

 

La vida y la muerte machihembrar del deseo. 

 

Deja verso inmune  como un llamado de alerta a la deslealtad humana cuando la tentación rompe toda ética. Fiel y leal a la conciencia  y a la infancia de toda vida, sentencia y no claudica, asienta su protesta y nos dice “que la vida te devuelva/ los sueños que te adeuda”,  tierno y radical homenaje para el que se debata en ese seguir viviendo a contraviento y marea a pesar de la emboscada del ocaso.

 

La mayor nostalgia, “ tristeza de morir tan solo de muerte/ sin haber vivido siquiera”, hay que desenterrar la vacuidad del desamor.  En el ensamblaje del lenguaje, “nada es imprescindible”, no calza ningún pronombre personal ni posesivo en esta sentencia. No cabe ni siquiera el poema. ¿Qué dice el lector?. La poeta ya dijo su parte, piensa en la tuya.  ¿Qué sería lo insoportable para cada habitante de curtiembres pegadas al hueso y amordazadas de mortalidades  y memorias?

 

La monotonía del oficio de vivir, de cumplir con la rutina, de estar con los gajes del oficio, de no poder decir no al no, y si al sí, y sin embargo, hay que dar una respuesta.  Sin poder impedir a veces que la vida duela en esas decisiones de los dilemas humanos.  “Ser o no ser/ y es que no hay dos vidas/ ni doble tiempo para vivirla”.   Vamos en el gerundio, conjugando tiempos a veces sin reconocer sus modos,  sus hábitos, sus efectos, tal vez nos escabullimos de la pesadez de los sueños cuando estos atrincheran con sus angustias.  Un espacio sin omisión cuenta “la vida se nos va/ sin pedir permiso”, sin dejar la dirección de su nueva residencia, sin importarle la falta de un adiós para los que quedan,  y a pesar  de eso:  “Vida en la mitad de la vida/ y en la otra mitad, vida”. Nos escenifica el eje de sus giros, “hallé la vida/ en la mitad de la vida/ y en la otra mitad un poema”,  Vivir es más que un verbo transitando en todo el cuerpo, es palabra, es recuerdo, es sombra,  es huella, es psique y cuerpo unidos como siameses en la palabra escindida del deseo y del acto.  “A la vida había que llenarla de vida” viviendo. Y ¿cómo?:  “Me dejé habitar por la vida/ pero no creo haber hecho/ nada heroico… / no he cambiado el curso de la historia/ ni el curso de río alguno/ simplemente he vivido/ y eso ya es bastante”, ¿quién tiene la última palabra?. 


Habrá que consentir rozarse silenciosamente y lentamente sin miedos  por la escritura.  La poética preside, “una vida solitaria vive/ prisionera de cristal/ su libertad tiene candado”, aparentemente no se ha dado cuenta que tiene la respuesta para la llave, sólo tiene que fundir la incógnita con el enigma tejido en un mantel de hilo blanco, admitir ver el rostro de la esfinge, y concluir con la estatua de sal, devolverla al mar. Poner coraje a la felicidad que aún tiene su propio tiempo para abrir y salir cuando le dé la gana. Solo tiene que “dejar entrar la luz, dejar entrar la canción que redime”, la lectura que refresca, la palabra que alienta, la ternura que acompaña, dejar tocarse por el misterio de la vida que no se deja conocer para ser solamente sentido y sentida como un triunfo de compañía y gracia humana en el andar del inventario de lo que se fue y algo falta todavía por conocer del amor y de la vida. La poesía ¿querrá dejarse tocar por el lector?.

 

El  personaje en el poema “tras la ventana” acaso quiere su indulto para congraciarse con el silencio y la palabra lecho del tiempo, quién no ha sonreído junto con alguien inolvidable alguna vez, allí, todos adeudamos una mirada y un pensamiento que no hemos dicho a nadie, acaso ni a nosotros mismos.  Querrá la luz tocar los secretos de las palabras y salir como maga.  La poeta hila la acción, su efecto un proceso de trozos enlazados y relacionados sin perderse ni enredarse en el ovillo creador.  Unida la voz al poema, hilan fino, como hilandera en su oficio.  Sin dejar de continuar, sin mostrar cansancio, sin derrotarse, lo único que quiere cuando se vaya: “ser protagonista de la última escena/ de una muerte transitoria…/ quiero cerrar mi vida/ como se cierra un libro/ dejando una página en blanco/ por si resucita un poema”.

 

La duda cual nada tatuada de rosa inconforme abre la boca diciéndose “aunque no estoy segura de irme del todo” ni de quedarse ni de venir, pero, a pesar de eso quiere “que la vida se beba/ en copa invisible/ la luz de mi destierro”. El verso traspasa la huella que no se somete al contratiempo.  La vida acampa en el arco iris.  Acaso la luna sueña su imagen en la mirada del sol.  Las sombras no envuelven al verso, la música toca sin apuros. Tan “sólo la soledad/ no tiene prisa/ no”.   Cuando tú te hayas ido hilaré mi nostalgia, cual “sobreviviente de la vida” arribará sin balanza, sin deuda. 

 

Claro está, si te lo permites, mujer naciente de ti, pueblo de tu cuerpo, dueña de ti,  has lo que quieres: Sal de ti. Tu misma lo dices: “Quisiera recordar/ más allá de lo que recuerdo/… reinventar mi tiempo/… seguir el hilo de mi vida/ hasta llegar al comienzo/ de la madeja/ quisiera conocerme/ desde antes del principio/ vivirme de nuevo/ a partir de la nada/ poetizar mi vida/ antes de la conciencia/ a lo mejor he nacido dos veces/ y descubro/ fui pájaro/ quien sabe”. Y el poema es ese presentarse permanente.

 

 Presenta la acción proyectándose  hacia  la vida viva.

 

carmen váscones

25/09/05

LOS NOMBRES EN LA PIEDRA DE JOSE MANUEL SOLÁ, por carmen váscones diciembre 16, 2008

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Exterminar al otro también es exterminar algo de mí que no lo hago directamente.  Acaso, un cobarde asesino, un vulgar aprendiz de la muerte, un sicario de la moral.

Es quitar la promesa de algo humano.

 

Es acribillar la naturaleza, es despojar al sol de su fuente, es asfixiar el sollozo de la luna contra alguien. 

 

Es quitar toda defensa posible a la vida, que aunque se sostiene en los andamios de la palabra no se deja atrincherar en el cuerpo perseguido y acorralado.

 

Apuntes y disparos, “sentidos y latidos”. Barro, flauta, y ritmo.  Los sueños de la tierra no se funden con los metales.  Promesa descubriéndose.

 

¿Quién carga la historia? ¿En quién descargan las armas?

 

En marcha, listos, fuego.  Silencio.

 

¿Quién puede ponerse de espaldas al crimen del mundo?

 

Cuerpos calcinados, perforados, restos esparcidos.   Un anillo en un dedo es una señal de quién es.

 

El universo una fosa común para las semillas y para cualquiera y  otras cosas.

 

Ejecución  y masacre.  –tu principio no es mi principio-

 

“Y todo lo creado tenía su propósito/ pero el gran espíritu/ aun no conocía sus por cuantos..”.

 

La fatiga del peón es tan diferente que la del patrón. 

 

No es igual a nada el cansancio ni la soledad, ni la mirada esperando llegar el mendrugo a la boca.  Ni la mirada del que todo lo tiene sobre la faz de su soberbia a la del que nada espera de tanto esperar.

 

Dónde está el que “fue en busca de la vida”.

 

¿Quién acecha los sueños? ¿Quién los quiere acabar? ¿Quién pisotea la raíz?:

 

 Allí se escribió el nombre de su raza”

 

A que te sabe humano tanta muerte regada por ahí.

 

Si  la tierra era de todos” entonces ¿qué?

 

¿Quién mató el arco iris de mis ancestros? ¿Quién derribó la aurora de tu vientre madre tierra? ¿Qué hago por ti por mí?  ¿Qué cae en este momento?

 

Los nombres en la piedra aumentan en el mundo.

 

“Parece que hoy nos vamos a morir”

 

¿Quién quiere morir hoy? –yo no-

 

¿Y tú?  La muerte y la vida no se escoge, pero si hay que defenderla de la tortura, de las balas, de las bombas, de todo golpe, hasta del mismo deshonor y del desaliento, hay que rescatarla.

 

Cada quién tiene su propia historia, su propia voz. – Me descubro, me dejo ser-

 

¿Quién no me deja ser?  Mi yo y el del otro.  Nos desarmamos y desamarramos ¿frente a frente o lado a lado para no dejarnos morir?

 

Para ir “en busca de la vida”.

 

Carmen váscones

3/2/2003 

LA VOZ DEL EROS POR SHEILA BRAVO VELAZQUEZ, por carmen váscones diciembre 16, 2008

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LA VOZ DEL EROS

DOS SIGLOS DE POESIA ERÒTICA DE MUJERES ECUATORIANAS POR SHEILA BRAVO VELAZQUEZ

 

 

 



Cuerpos de palabras, bloques de circunstancias, verbo de Eros.  Historias entremezcladas de tinos y desatinos.

 

 

 


Tiempo de placer fuera y dentro del vacío.

 

 

 


La voz de eros parte desde 1829 con Dolores Veintimilla y culmina en 1990 con Clara Mejía, joven de 16 años.

 

 

 


Entre los extremos “la palabra ha mudado de rostro” (María Eulalia Rodríguez).  Cortes.  Ausencias.

 

 

 


“Poema mordido hasta la mitad” (Sonia Manzano), sumas de espacios entre generaciones.

 

 

 


Los extremos no se tocan, no compiten con la distancia.  Los gozos mundanos y sublimes no son contradictorios entre ellas.

 

 

 

Cada voz tiene su veredicto, su lugar común, su vulgaridad, su privilegio, su consagración.

 

 


Dolores Veintimilla con su inmortal “Queja”, de imagen acosadora, el centro de su fascinación, el ideal de su amor delirante, “y amarle pude”, erotismo melancólico del desencanto,

“victima infausta de un dolor profundo”. ¿Cuál Él?, “sin él eran sombríos mis ojos”, ¿o ella?,  “no olvides Carmen/ no olvides, ¡no! A tu dolores/ por otro amor”.

 

 


En cambio la jovencilla Clara Mejía con su metáfora casi doncella, rompe la escritura del sufrimiento, desmitifica el alma mater, pavonea con mordacidad su sentimiento, pasión sin rubor, indiferente toca la llaga rival de toda imagen incompleta y “supe que el amor se disfraza de hembra/ se viste varón”.

 

 

 


El amor una carne en proceso de descomposiciones y composiciones. ¿Posiciones?

 

 


Allí, la joven palabra inquiere, empapa la voz.  “En mi mundo sin magia/ sin embargo fue ardiente tu frío mirar sin respuesta”.  El cuerpo es una incógnita.

 

 


La palabra se busca en la huella. La memoria: un delito. La fantasía: un festín de soledad.

 

 

 

El pensamiento un misterio para el otro, entre lo que se dice y no, los actos que no claudican.  El recuerdo acompaña aunque no se quiera a veces.

 

 


Quien puede callar a estas mujeres que desvistieron el paraíso, que ovularon sus propios inventos.

 

 


Que hablan lo que sienten sin preocuparse por el veto de la censura.

 

 

Excluyo e incluyo a una que es uno, Roy Sigüenza se sospecha de este George Sand que se escurre entre tantas…es o no una mujer, resulta que no, ¿cómo entró al juego de parecer o hacerlo creer? Se dice la poesía no tiene sexo.  Lo femenino aprieta la identidad. “tengo una mujer dentro de mí” (Roy Sigüenza).

 

 


¿Se puede hablar de nudos orgásmicos, posesiones? ¿O hay algo más o qué?

 

 


Demasiada belleza provoca miedo.  El horror fascinación.  La muerte no es vacío ni ausencia.

 

 


Es anticipación de ser dentro del no soy.

 

 

El límite con lo mundano en el ojo de lo prohibido  y clandestino ¿quién no está?

 

 


Sin embargo, la poeta Patricia Noriega dice “se atora en mi coraje la vida”.

 

 


Trastoca la palabra, “me sedujeron tus formas…/de mujer y varón” (Carolina Portalupi).

 

 


El banquete de los antojos subordina, “esclava de ti/ solo hasta que existas para mi obsesión/ o para mi deleite/ serás mi dueño/ (Sheila Bravo).

 

 


Opípara alucinación del Eros consumando sensaciones.

 

 

Adoración narcisista incrustada en la intimidad del “nacimiento de la palabra”.

 

 


Esta Voz de Eros es un debate y una provocación de lo que es y no es poesía.

 

 


¿Qué quiere con este libro Sheila Bravo? ¿Es contestatario?, ¿a qué, a quiénes?, ¿a otra mujer, a un hombre? ¿A lo humano consumista del objeto?

 

 


La antóloga o recopiladora se confiesa sin prejuicio ante un texto que propone y se expresa, no pone el machete en la cabeza de las autoras para señalar cuál está en las ligas mayores o menores, no se trata de comparaciones ni de promocionar a unas ni menoscabar a otras.

 

 


Se siente este libro como una muestra de voces que manifiestan su palabra sin autoexcluirse, y sin pedir permiso a nadie.

 

 


Sheila solo ama la poesía y le sirve.  Con este libro intenta “llenar el vacío de la poesía femenina”.

 

 


Su eje temático en este abordaje es lo erótico, cada una en su diferencia  esencial.

 

 


Comparte un encuentro de seguir adelante en una escritura que está haciéndose en una intimidad poética que contradice y afirma lo aceptable, la excelencia y lo cuestionable ante los ojos del lector que toma una posición con libertad frente a la obra.

 

 


La historia y la poesía desenredan el ovillo de lo oculto.

 

 


La propuesta poética está en el ruedo de la vida y la muerte.  La ausencia y la palabra contactan.

 

 


¿La erótica humana es un deseo de ser o no?.  De no reducirse a la dentellada del instinto.

 

 

 

De no dejarse aplastar por un placer que se caótiza con los límites.

 

 


El desenfreno cae por su propio peso. Solo el humano sublima y crea y por lo tanto poetiza.

 

 


Se sufre y se goza la existencia.  El ser analfabeto de su yo nombra al tú.

 

 


Dialoga con la palabra que se escurre entre sus cuerpos para no quedarse cautiva en la cacería de las emociones.  Solo así el arte nace.

 

 


Las voces de esta voz de eros  recoge y muestra los caminos de la poética de las mujeres del Ecuador.

 

 


carmen váscones

14/07/06

ABRO MONTEVIDEO A SIN EMBARGO ABREN LOS JAZMINES DE ROBERTO BIANCHI, por carmen váscones diciembre 16, 2008

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El verbo abrir es un principio vital y trascendental en la marcha y configuraciones de la voz practicante y pespunteadora  de los actos del poeta tanto en el papel como en la piel de la tierra.

 

La jornada de su oficio transita los surcos y retornos del agua arribando a las ideas y a una realidad irreconciliable en los enjambres de poderes.

 

Roberto antes de que los jazmines se abran en otro sendero recorrido arriba desde el desgarramiento  a otro perfil de las historias, nos dice: “ abro mi cabeza/ y divido las ideas”, en esta lucha de contrarios y clasificadas en los unos y los otros, en mayoría y minoría, en los que tienen y no tienen, regresa y va por los planos del absurdo de la soberbia humana, de la tristeza, y de los brotes del cariño.  Ahí se encuentra con “memorias heridas”, “caminos de errores”, ausencias que se asisten entre geografías de huesos y gritos que “llevan carteles rituales”, se encuentra y crea “puentes extendidos… –para que- tal vez de esa manera no tendremos que quedar/ con palabras  atoradas” para no callar la injusticia. Así “no tendremos que pisar/ la trampa  camuflada”.

 

“De todos modos/ el mundo es de los otros/ en casi todas partes”.

 

¿Si es del otro qué es mío, qué no?.  ¿Qué no soy en esa impertinencia  de los endiosados mundanos?.  ¿Qué soy en esa pertenencia que me devuelve el lugar natal del que me expropia la identidad?.  Me sacan como un expulsado enviado a transitar los éxodos del destino del otro que es tu semejante y desemejanza.  Del otro que no asesina por puro gusto y además.

 

Hay algo que hace saber, algo hay que arrancar, la metástasis que crece como hongo de Hiroshima en toda la brújula del orbe otra vez.  El mundo todo, el mundo otro, el mundo que nace, el mundo parte. Todos “somos pueblos inconclusos… rompiendo fantasmas… en la superficie de la duda”. 

 

Continúa el firmamento su rutina impostergable.  Continúa el oficio de la respiración. Continúa lo que no sigues, continúa tu propósito sin traicionarte en esa lealtad que conlleva la visión que pareciera esparcir en su huella el poeta.  El caminante que no se detiene en el pasado pisado.

 

Continuar “y no descansar hasta abatirnos”, porque “no es metáfora el hueco/  por donde escapa la sangre”, agrego de las vidas insobornables.

 

Así estamos con su libro “Abro Montevideo” publicado en 1993 en la Habana Vieja, Cuba.  Ahora en mis manos “Y sin embargo abren los jazmines”, publicado en Uruguay, 1996 por aBrace.

 

En este libro irrumpe otro orden de la reflexión, como que el autor nos dijese que mientras tenga memoria estoy vivo y tú también.  El gozo de la palabra en los arcos del amor desvelado, develado.

 

Porque cuando “uno/ ama lo que cree saber/ o que no sabe” conlleva misterios, milagros, otra inmediatez que pretende una pertenencia que queda en el registro de los pretendientes apoderándose del deseo errante entre los mortales que pronuncian los vocablos del cuerpo peregrino de recuerdos y otra vueltas.

 

“Aunque ame también las soledades” “que nace de la muerte de mi boca/ mi boca muere cuando no la encuentras/ poema mío de la sangre oculta/ hecho de rebeldías y murmullos..”

 

El poeta no cesa de impregnarnos de su pensamiento y sentir, habla de un todo desprendido en la omnisciencia, parte del sentido tocando la dulce desnudez, va vaciando el saber “en  letras que cambian” sin piedad en la hoguera de la pasión y la quimera.  Retiene la orilla del beso, boca laberinto de imaginaciones “en la incansable historia de saberte ajeno”.

 

Nos habla de dos asombrándose de la llovizna insomne en las ojeras de la paciencia que se pierde en lo decible “cuando uno ama…/ lo que cree saber/ lo que no sabe”.

 

Entonces el suspenso, silencios, inquietud, interrogación.  El diálogo de las miradas se convierte en abrazos prolongados “trituradores de memoria” que retornan en otro empiezo.  Y sin embargo cómo saberlo, cómo saber esto de cómo queda  en el otro ese mí ahora tuyo.

 

No se quiere ser ajeno en la neblina del tiempo, “tal vez nadie pueda servirnos de testigo/ y sea así largo el aliento de morir”.

 

¿Sólo se espera la vida de lo amado? ¿Esta vida dónde está? Acaso en esa espera de la metamorfosis cuando hace su intervención y nos dice no eres  lo definitivo.  Ni siquiera un recuerdo es suficiente para precisar el suceso que acontece en la memoria que no quiere ser olvido.  Allí los historiadores no intervienen.

 

“No me imagino cambiando a cada instante/… en un mundo que cambia y se destruye”.

 

Quizás a lo único que no estamos dispuestos a renunciar es a ¿quién o a qué? ¿Quién lo sabe?.

 

carmen váscones

21/2/2004

LA FRAGANCIA DE UNA PLANTA DE MAIZ DE MARTÍN PRIETO, por carmen váscones diciembre 16, 2008

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La experiencia de la ausencia como un movimiento en los desencuentros de la razón y la realidad.  Ocupar y desocupar un espacio literalmente hablando para desaprender lo objetivo y subjetivo. 

 

Al pie de la letra un página huella su nomenclatura  cada vez que la voluntad del aprendizaje se escurre de la psique  y de la ficción para aparecer y desaparecer desde el decir poético.

 

La escritura no se evita  en la memoria, se caza y pesca la situación de la vida.  La quiebra de la perfección en el  nombre propio del anonimato psíquico: la poesía nombra de nuevo la composición del intervalo  entre el vacío y el ser.  Con las yacimientos ¿a posterior o a priori?

 

Acontecimientos:

 

Un desastre enfrente de la mirada como tiempo perforando los cuerpos, como fin de un vínculo.  Como los ojos que se miran hablando del otro.

 

Separaciones:

 

Casos   en  tribunales; afectaciones laborales; emociones empañadas de incompatibilidades;

ómnibus atestados de subempleados, desocupados, de humillados; también la silueta de aquella  recogiendo unas piernas/ que hasta…/ serían la cima de su cuerpo/ y no se conforman ahora con ser la base: la base del cuerpo/ de una picapleitos de más …”

 

 En hilera entre otros  también los profesores “como caras de multitudes pintadas… / en el banco cobrando el sueldo…/caras incompatibles con el oficio y con la profesión”. 

 

Trabajando:

 

“Si voy a producir una cosa por  el entendimiento/ voy a leer/ voy a comparar/ voy a escribir/ voy a …”

 

La distracción un lugar común que se “pasea vacante, por las inmediaciones” de las huellas  que delatan los aguijones mentales que interrumpen de rato en rato.

 

No es nada, es algo, es de alguien.

 

¿Dónde se hace el poeta, dónde está el poema, dónde está el remitente, acaso hay destinatario? Alguna vez. Alguna ocasión.

 

Cómo encontrar encantador un instante habitual e irrepetible y ocasional, si no hay nada

que  llenan los huecos de una vida vacía.”


 

Un silencio de morgue bajo la memoria  y los sentidos espectadores  de lo finito en la pereza de la existencia.

 

Un silencio recorriendo sobre cuál última vez. Un silencio sobre la identidad que si era el otro: la otra. 

 

Un silencio sobre el féretro de los días que busca y sorprende al que no está en el turno de la partida.  Y un dejarse “ayudar silenciosamente” a llevar al deudo a …

 

“Claro: vaya uno a saber si es verdad que se ayuda,/ Y si es verdad, cómo,/ pero qué noble esa mano sobre la rodilla/ y qué noble el mundo en detenerse/ y qué noble en volver a girar.”

 

Se desarma el tiempo, el movimiento gira, el sonido escribe.  ¿A quién pertenece? ¿A quién se dirige?¿Quién elige?.  ¿Qué sucede?.  ¿A quién le interesa?.  ¿A Quién corresponde?.

¿Quién está aquí?

 

“Que descanse de mí, que yo/ descanse de mí,/ materia disuelta/ en el aire del prójimo.”

 

El poeta mancha la página, la página dibuja una fábula, está naciendo “la fragancia de una planta de maíz”.

 

Martín aprieta la gramínea de la imagen : El dolor y el amor y todos los giros de una vida en uno.

 

Los signos de la voz apuntan el devenir  antes de salir pronto.

 

“Yo había empezado muy joven a escribir/ y me llevó toda una vida arrepentirme de eso.”

 

Carmen váscones

23/3/2003

 

ENSAYO: AURORA Y SUS VIAJES INTERGALÁCTICOS (MARIA JULIANA VILLAFAÑE), por carmen váscones diciembre 16, 2008

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Sea o no que aurora inventó un sentimiento hacia el Príncipe Siul, ella, lo recordará como una realización de su deseo, en el juego del amor perfecto, lugar del uno y del otro en esa correspondencia casi imposible en la denominada vida real, el artificio con el que la autora introduce este mito humano se presta para llevar a todos a ese bello misterio donde cada uno tenga la ilusión de encontrar y tocar más allá de las apariencias el descubrimiento de esos mundos de pieles y emociones. Correspondencia donde se une el espacio y el tiempo sin fisuras. Lugar donde la vida mortal no se va pique.

Quizás lo que se  aproxima a esta historia anunciándose es el Aleph, ese todo pleno de la ilusión. “Cambiará el universo pero no yo” dice el Gran Borges en su cuento del Aleph ante la nostalgia de su Beatriz, donde comprende a través de Daneri, que “el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable”. A lo mejor desde un “Aleph: que es uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos”. Donde la cacofonía del caos desaparece frente al hallazgo del habla que evoca eso mío: el diálogo con el propio pensamiento sin exclusión alguna del otro.

Aurora va mirando por la noche la oscuridad, “caminado por los senderos de las estrellas en busca de nuevas historias, en busca de que le hable el silencio o el príncipe de sus sueños que estaba presente desde siempre porque ella “lo presentía”, lo esperaba, lo quería volver a encontrar aunque eso parecía aparentemente totalmente lejano. Así, “llenaba sus horas de soledad escribiendo relatos que brotaban como nardos de su frondosa imaginación”.

En el cuento de Borges este misterio estaba situado “en el sótano del comedor” descubierto por la mirada de la infancia, “antes de la edad escolar,… alguien dijo que había un mundo en el sótano…que es inajenable…vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra y en la tierra otra vez el Aleph… el inconcebible universo”.  Dejémoslo en suspenso a este hombre formidable, dejémoslo con su mundo de mapas de espejos y laberintos de miradas dirigidas a un punto ciego donde sus ojos penetran la luz oculta en el orificio de su boca.

Regreso adónde he dejado por un momento  a mi amiga, en ese interludio del despertar o no querer despertar. Estoy convencida que tiene que salir de la espera del retorno. Tiene que avanzar, veamos.

No hay repetición posible.  Quizás solo contar esta hermosa historia, relatar con detalles y deleites y hasta con nostalgia esto que fue y es.  ¿A quién?. A todos un nosotros, que incluye un tú, esto es, a todos aquellos que sientan el llamado de aquello, de ese momento que se anhela algún día se cumpla.

Es así, que todos  como lectores podríamos entonces, leer, una y otra vez la aurora de nuestra protagonista del cuento.  Hacerla vivir el encuentro  cuantas veces sea leído. Sólo ese encuentro está permitido, en esa mirada, en esa lectura, todos nos hacemos cómplices del misterio, del secreto.  Es una forma de salir de la orfandad  del todo, es la única forma de compartir nuestro no todo, que no está dicho ni vivido, además no todo es dicha.  No toda vía acerca.  La espera es todavía.


No todo eres tú:

Aurora del sueño y de la realidad, poseyendo el sueño que nadie puede quitarte: el incompleto amor, que se vuelve totalizante cuando la duda no cabe en la palabra que convoca y converge en dos miradas vueltas una.

¿Cuándo se sabe esto?. A lo mejor para la mayoría nunca, a lo mejor sólo suceden pistas falsas, a lo mejor es un saber que sorprende, a lo mejor se anuncia y no lo sabemos deletrear.  A lo mejor, quizás, quién sabe.

El otro existe –porque carezco- porque se lo libera del sometimiento y de la espera.

El tiempo no coincide entre dos, sólo reside como una metáfora sin ataduras, sin mordazas al cuerpo del otro.  Acaso la felicidad sea  eso, que se presta sólo para jugar con la inmensidad de la alegría dentro y fuera del espejo.

En algún momento la “tristeza mortal” de Aurora era infinita.  Estaba despoblada de intimidad, se sabía sola y se sentía sola en su propia imaginación.  Su príncipe que le prometió volver desapareció tal cual como llegó.  Le hizo conocer el vacío que no comprendía en sus relatos.  No sabía cómo salir de aquello, tampoco quería, pensaba que su perfecta mitad era parte del otro, se sentía sin palabras y sin ánimos.  Sólo quería el colmo de la dicha: la fascinación eterna, una vez más sucesiva de lo mismo.   La espera era larga, el tiempo humano la torturaba, todo le parecía una caída de finitos trizados en melancolía y aislamiento.  La desesperación la encerró en el silencio.

“Se negaba a ver a sus amigos, no quería hablar ni con Milsy, la estrella luminosa, con la que recorría el mundo, ni con Kixt, su amigo intergaláctico de otra especie que fue el intermediario entre ella y el príncipe para la cita inigualable, donde él le contó que estaba interesado en una chica que el creía que era princesa con la cual quería verse.  Le anunció la nueva sin muchos preámbulos, le contó que su amigo Siul no dejaba de pensarla, desde ese momento que se cruzó en su camino.  Que la estaba buscando por todas partes, “que en su mirada vio reflejada la bondad de un alma buena.  Esa intensidad  en la mirada, más que la imagen era lo que nunca olvidaría.  Quedó seguro de haberla visto antes, tal vez en sueños…”

¿Qué la deslumbró de ese encuentro con el príncipe? Tal vez, el sentirse indefensa y a la vez dueña de los hechos y de la situación sólo para ella.  O a lo mejor sentirse fuera del temor humano en ese momento destinado para ser.  Momento incomparable, ningún otro, estuvieron como que se conocían desde siempre.

Él sentía el mismo temor que ella: “conocerse”.

¿ Acaso lo eterno gira en ese verbo?. Además para  llegar a ese algo inquietante del conocimiento hay que caminar como ir  al otro lado del arco iris antes de que se desvanezca.  El riesgo del por venir acampa como presagio de principio a fin.


Aurora dice de su príncipe “es el más soñado de mi vida”.   Para ella en ese mismo instante que cruzó él en el camino que ella iba con su amiga Misly fue definitivo.  Le bastó saber que era él, “sabía de su existencia desde siempre porque lo presentía.  Estaba presente en sus sueños… sabía que era su alma gemela”. El príncipe en cambio, “aunque siempre fue muy controlado por las emociones, sentía ansiedad de saber cómo era realmente ella”.  Pareciera como que siempre hay un resto inalcanzable que no se sacia con nada: lo otro que no está en mí.

En el camino la jovencilla cuando va para el encuentro añorado con su alma gemela, se topa con una latita toda oxidada, que con una voz débil le  pide ayuda. A la misma que le pone el nombre de Morena y siente simpatía.  Quién creyera que  este personaje de lata será la clave para el desenlace  de esta historia, además, Morena vive sus propias peripecias, nos involucrará en sus aprendizajes, enseñanzas, no sólo eso, ha vivido y conocido el tiempo intergaláctico y el tiempo del planeta tierra, y algo esencial, posee un secreto que Aurora no sabe y del que yo también callo.  Lo que sí puedo decir de esta otra voz importante en la narración es que la medida del tiempo en sus palabras es el puente que media entre todos: lector, autor y personajes.

Aurora huérfana, llena de sueños, “llenaba sus horas de soledad escribiendo relatos que brotaban de su imaginación”.  Vivía en una casona con su tutora y amiga Ángela y Jandro, el jardinero.  Se perdía en la noche, se escapaba sin pensarlo solo cerrando los ojos, el infinito la  invitaba a su mundo de estrellas desconocidas, salía con su mente en busca de nuevas  historias.  Descubrió otras maravillas y seres extraños y hermosos en su interior.

Ella en su “vida rutinaria se sentía aburrida y extraña”.  En sus reflexiones pensaba y consideraba que necesitaba quién creyera en ella, por eso soñaba con encontrar a su príncipe de otra galaxia “que un día vendría a buscarla”…

Ya el mismo Borges al final de su Aleph, se pregunta si acaso existió aquello que vió, dice “¿lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz”

A la joven de nuestro cuento no le interesa el olvido, le interesa lo eterno, no tiene tiempo para pensar en las ruinas mortales.  Solo quiere prolongar el gozo de saberse inmortal en el tiempo sin esclavitud para encontrar la razón que causa el deseo de vivir en sí mismo y en la espera que a lo mejor nunca se llega en ese ir constante.  Pero, ¿A quién le importa acortar la vida o el camino en el encuentro con lo amado?. O tal vez sí, pero el riesgo sería acabarlo todo sin ubicarlo en la memoria.  La impronta angustia, la calma viene.  Que venga, porque  a lo mejor, en este asunto la prisa no es aconsejable, sino, miremos alrededor su resultado. Pero hagamos un pare a esta idea última  porque o si no sería salirnos de las páginas de las señales de la fe y quedarnos en las faltas solamente de lo que pudo haber  sido y…

En fin, quieres continuar tu lector, crítico y soñador, creador de otras lecturas y posibilidades, sacar tus propias impresiones y hablarnos de este encuentro de la terrícolacon el extraterrestre o el Príncipe de otra Galaxia. Como tu quieras puedes empezar a curiosear el libro  de  María  Juliana  Villafañe, así  se   llama la autora.

Te puedes imaginar otras escenas, incorpóralas a tu propio escenario mental.  Sólo te recomiendo que leas primero el cuento de “Aurora y sus viajes intergalácticos”, verás y sentirás la magia de la vida en la escritura y en tus propias ideas.  Lo importante es lo que tú creas y quieras decir e inventar o suponer y superponer.

Y no olvides que “para vivir es necesario conservar la naturaleza” e igual para vivir hay que aprender  amar de a poquito a poco para que sea imperecedero.

¿De dónde me lo apropio y lo recreo? Averígualo dentro de ti y descubre tu propia aurora.  Y si no consúltaselo a nuestra amiga común, la bella Aurora, que te espera pacientemente.

carmen váscones

12/1/2004