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JOSÉ DE LA CUADRA POR CARMEN VÁSCONES noviembre 30, 2008

Posted by carmenmvascones in Ensayos.
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por carmen váscones

 

De la Cuadra identificado como del grupo de Guayaquil, hace su aparición en 1919 en el terreno de la literatura.  También forma parte de los “cinco como un puño”, estos eran Pareja Diezcanseco, Aguilera Malta, Gallegos Lara, Gil Gilbert.  En ese tiempo había otros que simultáneamente estaban abordando la experiencia creadora como A.F. Rojas, P. Palacios, A. Ortiz.

 

 


Los desafiantes del mundo imaginario, fantaseado y de la realidad misma para mí son de La Cuadra., Aguilera Malta, Palacios, tríada que se impone desde la escritura por la escritura.  Esto es, no tienen reverencia a ningún dogma, no se colocan en modas, ni ponen color de partidos a las obras, aún siendo miembros del partido socialista.  Y si tienen algún compromiso, es con lo humano.  Desnudan al ser, lo sacan del estar, del deber, del saber supuesto.  A cada uno lo suyo, a cada uno lo aborda  emancipar la palabra, la lucha de  ser frente a ese otro.  La lucha  del no soy frente al que quiere ser.  La lucha  del insumiso y del sometedor deliberando espacio y  tiempo, hasta su propia muerte.  Es como querer sacar de la deuda filial a la  vida.

 

 

 


Es como querer pedir que se imponga un deseo ajustado a la no servidumbre.  La vida  de cada quien se hace más allá del Estado y de la ley, aún a pesar de unas supuesta división de clase, de los que tienen y no tienen.  A la hora de morir nadie se lleva nada.  Más queda qué.  ¿Quién le puede quitar lo vivido a alguien?

 

 

 


Ese patrimonio insobornable le corresponde a la literatura oral y escrita.

 

 

 


Entonces, José de la cuadra,  palabra fluyendo como canoa en el río de la costa,  letra cueruda y curtida de montubio orillando los sueños mientras hamaquea el amor.  Pensamiento abierto como machete haciendo un tajo preciso, como  culebra picando en el tobillo. Como ironía de invierno desbordando sobre la tierra para la cosecha posible.  Razón cabalgando sobre el lomo de Ley  sin dejarse seducir por la constitución.  Jinete de la verdad agarrando al sol  para entrar a la oscuridad y dejar ver la explotación que se esconde en tinterillos, frac, sotanas y otras apariencias.

 

 

 

 


De la  Cuadra siempre crítico, agudo, describiendo escenas de las realidades corruptas y contaminadas de dominios y de telares confusos en alucinaciones y pozas estancadas en el recuerdo.  Las intervenciones de sus personajes siempre opuestos, sin opción, los unos con tintas de camaleón y maldad y los otros  casi puros  en su naturaleza y hábitat, casi ingenuos y desconocedores de las tablas de la ley, sometidos al juego del ajedrez o del monopolio citadino rompiendo los rituales del campo y de la caída de la sombra.

 

 

 

 


Tema, personaje, argumento afluyen  como un todo  en escenario de la costa.  El narrador es un instrumento de los hechos.  Sus héroes son los montubios y las montubias.  La denuncia social: motivo, causa de ese otro escenario a veces quedado en el común denominador como lo típico, lo folklórico o peor, deteriorado en programas que ridiculizan al costeño oriundo nativo del campo.

 

 

 


Para el montubio su único orgullo es sentirse propietario de la tierra que lo vio nacer y lo verá morir.  Ya lo dice así Benjamín Carrión a propósito refiriéndose sobre nuestro autor. “La narrativa de José de la Cuadra es capaz de llegar más lejos y más hondo en su papel de influenciadora en lo esencial: no descubre el juego propagandístico –si es que lo hay- solamente cuenta, con tanto verismo, con tanta “documentación humana”, que las escenas narradas van apareciendo con facilidad extraordinaria ante el lector”.

 

 

 

 

Es directo con su pluma, no decora, no melodramatiza los sucesos.  Los describe sin piedad, con la maestría del que escucha para contar sin cobardía, procesa desde cada uno de sus sentidos la construcción de los hechos que se entrecruzan simultáneamente, la precisión del abogado sustentando el caso, las piezas del rompecabezas componen y descomponen la coartada, la evidencia sobra, está explícita e implícita.  Denuncia con precisión, la eterna “explotación legal”, no se deja coimar por la fama Institucional  del abogado o del escritor, es prudente y cauteloso con el oficio de la escritura, no es uno por fuera y otro por dentro, es único.  Distintivo de los “cinco como un puño”, y de todo aquel que no se deja envolver por la soberbia de las falsas soberanías.

 

 

 


Cada personaje en sus obras es toda una vida novelada y contada.

 

 

 


Sabe contar sin hacer cuentas de los cuentos.  Cuenta sin doble discurso sin doble moral.  Cuenta como viviendo el cuento que nunca dejará de contarse.  Su cuento habla por sí mismo.  Él es el relator de su propia creación, hasta permite que sus personajes se cuestionen y lo cuestionen, y se burlen e ironicen de sí o del otro.  Su rrealismo traspasa la fantasía, hace ver los dos lados, esto es, lo que se dice que se anda diciendo, y lo que no se dicen pero que fue un hecho y punto de partida para crear la corriente mágica o trágica, del dicho al trecho hay un hecho de fantasmas y alegorías y datos escondidos que embisten la imaginación y las creencias y abordajes  míticos.

 

 

 

 


Además se coloca como un testigo, y una escucha atenta al deletreo oral del contador, testimonia un compromiso con su propio ver y peguntarse, y como un armador y reparador de los hechos recapitula y arma otra vez.  Es un incansable seguidor compulsivo de la variante humana confrontada al deseo y a la memoria, donde la libertad no se fija ni en el papel, ni en la experiencia corporal, ni en la tierra transitada.  El contenido de la historia es la forma de su estilo, o tal vez, su estilo contenía la forma que daba  para no contenerse en silencios: la verdad era fundamento y núcleo para el poder de la palabra  que explota sobre otra que delibera en el prójimo lector.

 

 

 


Él no es un contar como que cuenta.  Cuenta, y contó sin calcular los réditos de la inmortalidad o del triunfo sobre las cenizas.  Fue un militante del lenguaje, lo deja inédito en cada uno de sus personajes, dejó ver la opresión superpuesta en los ambientes de la llamada realidad.

 

 

 


Era un oyente activo, un restaurador, un retratista y un representador de los hechos.  Volvía a contar, su escrito literario deja ver los escamoteos del “escrito judicial”.  La fantasía se escabulle entre imágenes, frases y oyentes.  Cada cual capitula, habla.  El escrito está ahí, se lo lee, y la historia sigue su propio ritmo.  El campo aún existe y la naturaleza clama su propia escucha.

 

 

 


De la Cuadra cuenta como hablando en voz alta, mente lúcida y sin contratiempos para el  relato, suelta las palabras como dictándole a otros las sucesivas escenas.  Describe los hechos, las secuencias, interpola la voz narrante, descansa para recordar, para volver  al lugar de los hechos, para continuar.  Hasta se da el lujo de dejar insatisfecho al lector y al personaje, la consumación de los hechos entreve.  No se cuida ni preocupa de la perfección de la escritura, parece un escritor que interrumpe su propia escucha para calibrar y ajustar los hechos que cuenta.

 

 

 


¿Cómo contarlo sin hacer notar que cuento?

 

 

 


No creo que esta sea la pregunta de José de la Cuadra, increíble todo lo que hizo, apenas tenía 36 años cuando muere.  Parece que todo lo vivió aprisa, su escritura “precoz” y abundante lo sitúa entre los hijos de las letras que  experimentó un todo inconcluso: la vida montubia que no debe ocultarse ni callarse.  Ese otro mundo con sus propios barros, paraísos,  demonios y pasiones.  Voces de costa, de matapalo,  de mujeres oliendo a palo santo y frutos tumbados en la tierra.  De leguleyos queriendo acabar con trazos, líneas y reformas agrarias la tierra no dividida ni diferenciada con la vida.  De campesinos con carpetas de propiedad extraviadas en despachos y consignas.

 

 

 

 

 

La hoja semi escrita en la máquina de escribir, apenas se lee: “ en cuanto en la deseada era deseable”;  libros dispersos, tazas, colillas, ventana semicerrada, la constitución abierta  entre principios, artículos que confieren deberes y derechos, nota y apuntes de personajes haciéndose; la hamaca  amortiguando reposos y voces ancestrales.  De la Cuadra caminado sobre sus ideas.  Su audición oral descifrando y cifrando una voz en la Smith que perfilaba en el papel la soledad de la obra concluyéndose.

 

 

 

 


Se anticipó a la muerte, escribió como un perseguido y acosado por la memoria que no se deja fijar ni preguntar por la transfiguración de la mente que empieza a saber y salir del delirio y de la lucidez, que se da cabida y ágora en la visión  pasajera y peregrina de la naturaleza humana de una América bordeada de mares, ríos y de una línea ecuatorial rozando la patria del Escritor sobre la cuadra de su nombre propio…


 

 

 


carmen váscones

9/2/2004

Comentarios»

1. Steeven Cano - mayo 6, 2009

Hola, soy un estudiante, pienso que su trabajo es muy bueno, es de mucha ayuda e interés saber sobre la Literatura ecuatoriana, que tenga mucho éxito.

2. Gabriel Tello - agosto 26, 2009

Disculpa tengo una inquitud, quisiera saber si Jose de la Cuadra pertenece a la decada de los treinta, por favor. Un profesor nos contradice y dice que es de la decada de los 20

carmenmvascones - noviembre 26, 2013

del 30


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