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EL ANATOMISTA DE FEDERICO ANDAHAZI (ESCRITOR ARGENTINO), por carmen váscones noviembre 30, 2008

Posted by carmenmvascones in Ensayos, Lectura y Reseña, por carmen váscones.
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EL ANATOMISTA DE  FEDERICO ANDAHAZI (ESCRITOR ARGENTINO)

 

Historia de un descubrimiento y la crónica de una tragedia en el hallazgo del Amor Veneris o Placer de Venus pareciera dejarnos como legado Mateo Colón, en el libro El  Anatomista,  uno de los cautivantes personaje de la obra y autor de uno de los “descubrimientos escondidos en los misterios femeninos” ,él de cuarenta y dos años, que  había estudiado farmacia y cirugía, que usaba el pincel como un bisturí para hacer sus “mapas anatómicos” había emprendido una investigación de Re Anatómica en l558, él que experimentaba con cadáveres de animales y cuerpos femeninos vivos y muertos para precisar sus conocimientos, estaba cerca de la condena y la horca. Los cargos que se le imputaban: herejía, perjurio, blasfemia, brujería y satanismo, además su hallazgo estaba destinado al silencio y a no ser público por considerárselo un atentado y peligro para el conocimiento mundano, cosa que no ocurrió como se verá en el desarrollo de la trama…

 

Tenemos a Inés de Torremolinos con su papel de hija mayor no bienvenida para su padre, con su femenina primogenitud, beneficiada con el abolengo y linaje pero con la desgracia de ser mujer, su padre “maldecía el vientre de su esposa que había sido incapaz de dar un varón de su sangre que al menos pudiera traer un dote”. Ella, fue entregada al matrimonio a los trece años al pariente de su progenitor. No hubo gala, ni seducción, ni amorosas cartas, ella “llevaba una cristiana castidad marital”, despojada de pasión y usaba el marido como si no tuviera, no sentía la menor atracción hacia el marido y en rigor hacia ningún hombre, al morir su marido se volcó a dios y a la crianza de sus hijas y encerrada en el monasterio que hizo construir.  Viuda y beata todo su “espíritu se volcó a la compasión, a la misericordia, a la caridad y sobre todas las cosas y a Dios… no necesitaba de otro amor que el de ÉL, no se veía privada de consuelo de un hombre, no añoraba placeres” hasta que un día el sufrimiento, la enfermedad, la cercanía con la muerte, y la  falta de consuelo en el Todopoderoso aumentó su tormento…  “Un hombre se interpuso entre su diáfana vida y la gloria eterna”, sus días de camino a la santidad acabaron, Mateo Colón que no tenía idea de lo que iba a ocurrir, acude a la cura de la agónica mujer, y ella va a ser el eslabón, precisando, el cuerpo donde hizo su hallazgo, su descubrimiento: su dulce América, “la sede del amor y el supremo placer de las mujeres, a ella le deberá gratitud por el haber podido revelar la obra divina en lo que al amor femenino se refiere”…

 

Y Mona Sofía hija del infortunio robada a los dos meses de nacida a su madre, vendida y comprada por las matronas y patrones de prostíbulos, esos fueron sus padres putativos, dormía y crecía en “la escuela de los burdeles”. Lloraba y comía como devorando la vida que le quitaban a cambio de otra. Con sus grito mostraba su inconformidad, que “era su primer e inocente signo de peligrosa rebeldía…su espíritu se tornó ingobernable, áspero y peligroso”, en su formación que recibía, el objeto inmediato era la “interdicción del amor y el placer para evitar el enamoramiento”, ella, se declaró exenta de  toda culpa y complicidad en los pecados de Eva”, a los 13 años  fue su iniciación como funcionaria pública, a los catorce años anunció su libertad, no la pidió, la dijo como una sentencia , “exijo que me otorgueís lo que me corresponde: mí cuerpo.

 

Ellas dos, Inés de Torremolino y Mona Sofía van a ser los extremos del campo de la anatomía donde el investigador gozará y sufrirá su suerte de destinatario de  amor veneris correspondido y no correspondido, serán término y fin de  la teoría inconsistente, refutable,”de lo que no deja huella ni testimonio”, dos mujeres iNnombradas en los folios del anatomista, que hicieron de vector en una ruta imaginaria del hacedor del placer efímero en la curva donde se deshace el verbo del placer y del dolor hasta el último día de la muerte. La primera, fuente de la revelación “más increíble”: el Amor Veneris  y la segunda, era la tierra que él se había jurado, como un destino ineluctable, ella era la causa de su vida y nada en el mundo podía impedir que le entregara definitivamente su corazón”, este era  un amor fracasado en el que anhelaba un lugar en su corazón, el que se sentía que tenía la llave que abría las puertas de la voluntad  de la mujer que quisiera para sí, y aquella mujer era Mona Sofía, solamente ella, a la que veía en su imaginación perdidamente enamorada de  él y convertida en la más leal de las mujeres y en la más fiel esposa.

 

Es así, que en el trayecto de la casualidad esta dos mujeres sin enterarse de sus existencias van a jugar un “rol” en las manos y en la utopía de la conquista de la meta que se había trazado este hombre, el renacentista  anatomista, que era “la meta nada original: conseguir un preparado que pudiera apropiarse de la volátil voluntad de las mujeres”….  Pero, lo que buscaba, lo halló sin la más mínima idea, empezó a sospechar, que “tenía ante sí el más increíble descubrimiento de la misteriosa anatomía humana femenina”, la poción de amor quedó desechada y pasó a primer plano la pequeña protuberancia cerca de la abertura de la boca la matriz, la sede de esa colonia pertenecía a Inés de Torremolinos…

 

Él creyendo que para gobernar el corazón de una mujer, su mona Sofía, habría de conquistar primero el de otra mujer, doña Inés; Ahora sí, los tres, cada uno en su vía crucis van a hacerse el destino que les confiere la voz hablante del narrador y los hechos que les  conciernen y acontecen.

 

La novela  transcurre en el renacimiento donde la “historia estaba contada por la grave voz masculina” y el descubrir marcaba la era de los reconocimientos y desconocimientos que fluctuaban entre lo pagano y los sagrado, encaminados a la guillotina si las investigaciones se excedían a las verdades de las sagradas escrituras.

 

Contextuada en el aposteriori del tiempo del navegante y conquistador Colón, su ida a las indias y los pasos del colonizaje, el inicio de la novela se inaugura con esta frase lapidaria ¡oh, mi América, mi dulce tierra hallada!, Y esto ¿qué quiere decir para Mateo Colón?, El mismo que fue “un colonizador brutal que reclamaba para sí el derecho sobre las tierras descubiertas: el cuerpo de la mujer”.  He aquí el nudo y centro  que dramatiza y desencadena la construcción de una cartografía de la anatomía humana para seguir los cursos de las nuevas cartas y mapas de navegación que había emprendido este otro Colón, igual descubridor y explorador anatómico de su hallazgo, que lo bautizó con el nombre de Amor Veneris, que estaba centrado en el cuerpo de la mujer, que lo precisa como un centro oculto, como una causa, como una anomalía, como un órgano con forma masculina, que es algo parecido al alma y está situado dentro del cuerpo tal como se encarna un demonio, de ahí se entendería el oscuro proceder femenino, que en este órgano está el origen y el destino del deseo sexual en ellas. Que posee vida, voluntad e inteligencia propias que guían el proceder del ser, que es la llave del amor y del placer y otras designaciones más.   El anatomista: amo y majestad, dueño y patrón, soberano e investigador, así se sentía al creer que había encontrado la razón anatómica del amor en las mujeres, además,  se ubicaba como el propietario del secreto de la llave que abre el corazón de las mujeres, del silencio que gobierna la misteriosa voluntad de lo femenino.

 

Como una sentencia suena encontrar en el  escrito que, para la mujer existen dos caminos virtuosos: la virginidad y la maternidad y dos caminos corruptos: el pecado o la enfermedad… Que el hombre debe proceder con la mujer del mismo modo que su alma procede con su cuerpo puesto que el cuerpo del hombre es femenino como su alma masculina, la metafísica de Aristóteles y la Biblia es soporte para las definiciones y soberanías de la patria potestad en el cuerpo de la mujer.

 

Queda la huella de lo femenino como estigma en el cuerpo de las dos protagonistas en la novela, Inés quiere ser dueña de su corazón y se castra el amor veneris, para prescindir del amor y dejar de sufrir; y Mona Sofía quería lo único que le correspondía: su cuerpo, los hombres tenían un tiempo acabado en su vida, ella  estaba agarrada por el hilo de la sífilis.

 

Entre la crónica y la historia del descubrimiento hay muchas aguas por recorrer en cada capítulo, hasta llegar al mismo fin de la vida y muerte de los personajes.

 

Sólo queda al lector  adentrarse en este libro donde la inquisición, la mujer y los dioses están en manos de las escrituras masculinas, tanto del autor, como personaje y de todos los otros invitados del “sexo fuerte de la obra”.

 

Fascinarse, horrorizarse, asquearse o hacer un ¡hum!, qué interesante! Es su tarea, y lo que descifre de la obra.  Total, si no hubiera creación ¿cómo podríamos traducir lo innombrable, prohibido, condenable, repudiable?  El placer de lo oculto es un saber a saberse quiéralo o no.  Desde una epistemología del síntoma del hablante  encontramos la estructura de una sexualidad escamoteada en los artificios del arte y la enfermedad: la obra póstuma de cada vida incinerada entre escuchas, lecturas, en nombre de la palabra, no se hace tu voluntad ni aman como tu no les has amado.  Amén.

 

Libro:    “El Anatomista”, autor Frederico Andahazi, Editorial El Planeta, 1997, 277 páginas.

 

carmen váscones

/playas

 

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