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Rocío burgos silueta de fuego, por carmen váscones Abril 21, 2009

Posted by carmenmvascones in america, anécdota, biografia, carmen vascones, creatividad, escritora fallecida de ecuador, femenino y masculino, lenguaje, libro, literatura, lírica, muerte y finitud, mujer, rocío burgos, testimonio.
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¿QUIÉN ERA ROCÍO BURGOS?

 

 

Rocío desde su tierna enfancia ya la poesía rondaba en sus balbuceo y garabatos.  El dolor y el amor eran dos huellas que la tenían en los malabares insaciables del ser y la razón; su deseo no quería explicarse, sólo quería sostenerse en algo soportable y llevadero. 

 

El camino que escogió no fue fácil, la mujer que llevaba dentro la condujo a tejer un devenir de actos y constancias.  Pudo ser la que fue, ¿quién era?  Enfrentó la contravía de su yo.

 

La que conoció cada uno, no era una mujer célebre de las páginas de la historia, pero era un ser humano con una historia propia que no puede ser negada ni olvidada en las páginas de la memoria de la literatura de Guayaquil. 

 

Su único libro publicado es “SILUETAS DE FUEGO”, en proyecto tenía “SORTILEGIOS DE SIRENAS”.  Trabajaba cuentos y poesías.  Tuvo otras bísquedas por expresarse y manifestarse, su alma era una vorágine de cabos sueltos que desataban los recursos que improvisaba su ser cambiante, estos eran la música, la pintura, el dibujo, la fotografía.  Un hilo de fiesta su atadura con el oceano.

 

Sus pasos le permitían plasmar su angustia, silencio, soledad y la calma de su euforia pasional, de su mundo intermitente y convulsionante en el que tanto sus ideas como sus afectos sostenían los artificios de su yo amotinado, el mismo que no tenía nada que ver con el espejo de la vanidad: su majestad el EGO. 

 

Sino con ese mundo interior de la fantasía de la pura poesía de los que no tiene lugar ni existencia en lo que se llama la realidad externa, social y “vivible”.

 

Hoy es una ausente en el espacio, de ella la palabra de la poeta vestida de versos y de rocío.

 

carmen váscones

8/10/98

 

 

SILUETAS DE FUEGO DE ROCÍO BURGOS

 

Cuando la poeta chocó con los espasmos de la fantasía descubrió la desnudez absoluta del género.  Encontró la duda y la certeza acoderada en el orificio de la realidad.

 

Ubica su lugar en el parto de un indicio. 

 

Inicio de la entrega al dado de acertijos, secreto del pretérito errumbando en los desfiladeros de su imagen que desemboca en su cuerpo sometido a la primicia del descubrimiento:

 

“desnudo

los secretos

de mis huesos”

 

Riostras de perfiles encaramados en la desinencia de la búsqueda, ajustes de cuerdas amarrando los vocablos no marcados. 

 

Estructuras de sentidos encofrando “el dolor: una espada rota.”

 

Sigue la obra encaramándose en la soledad misionante de no perderse en los espejismos de la nada. De no encontrarse con su infidelidad a la muerte.

 

De no tocarse con la aventura del caos incrustándose en los prismas del corazón maniatado en los brazos del anhelo.

 

Se queja la fuente:

 

“Lluvia me

haces una grieta

en la cordura del vacío”

 

Implora la creadora:

 

“mar

ocúltame en tu extravio”

 

Desafueros de la fábula en boca de la luna.

 

Rueda la noche como canica vencida por el rebote.

 

Queda el silencio como cuarzo enterrado en la osamenta del minero.

 

“realidad

eres una nube

en agonia”

 

Nadie soporta excavar en sus espectros.

 

Cada cual lleva su cuenta y su recorrido como desatino invadiendo el pronombre del otro:  El yo del tiempo.

 

“Conjugo

la oquedad del amor”

 

“Me seduce

el ojo

del suicida”

 

“Mi voz

demencia

que se agota”

 

La errante poética levanta su fundamento en los acápites de la tristeza ornamentada en su alegoría incansable de tocar el nacimiento de su luz. De su llanto escuchado por la hada que quedó prendada por la sonrisa de la pequeña que desafió al espejo sin alicia en el país de la incógnita.

 

“Espejismo de matrices

divago

en el recodo

de un vestigio”

 

Cae el sonajero de las manos de la sirena que rodea la silueta de fuego que se mira a sí mismo mientras entre bromas y juegos se regodea de amor propio.

 

 

“me cautivas

círculo

de mis contradicciones”

 

“enigma

maquíllame

con locura”

 

La curiosidad del lenguaje invade la palabra con ironía:

 

“más allá

yace mi angustía:

cuervo

maquillándose con mi imagen”

 

Sigue la música y todas las estrellas en un sólo tono sueltan:

 

“Habito una isla

de fantasmas

donde el péndulo

refleja soledad.”

 

 

carmen váscones

9/9/95 playas

LECTORES TESTIGOS EN PRIMERA, SEGUNDA, TERCERA Y OTRAS VOCES DE ALGO MÁS, por carmen váscones Marzo 28, 2009

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 Testimonio 1: (respuestas de grupo de jóvenes de colegios fiscales y particulares  que participaron en un taller organizado por la Casa de la Cultura  de Manabí, Portoviejo, 2000).

El descubrimiento del placer por la escritura literaria (libros)  ¿ a qué edad?  El placer por la lectura lo descubrieron  la mayoría entre las edades de 8 –10-11- 12-13-14-15-17; algunos a los 6; alguien a los 28, algunos todavía no lo descubren. Y los que tuvieron la dicha de leer tempranamente en sus vidas.

Con y cómo:  Con un libro viejo que abrí; leyendo títulos; cuando me enamoré por primera vez; cuando empecé a leer y a escribir; en el colegio me encantaban escritos de otras personas; siempre me gustaba escribir, era inquieta con las manos, con lo que sentía, pensaba o veía lo plasmaba en  versos; la motivación de la profesora y ayuda de mamá; inspiró y motivó novia al hacerle un poema; cuando me dieron de premio un libro hermoso de las expresiones;

Poesía: campo de amoríos con mi compañera de batallas; el profesor motivó a la lectura; leyendo continuamente cuando estaba triste o alegre; necesidad de expresar; leyendo y a la edad que empecé a escribir, cada vez que escribía siempre aprendía más; descubrí mirando a la sociedad actual, nuestro país, sus  problemas, leyendo. 

Los que no han descubierto: yo no sé que es la literatura; no he descubierto el placer por la escritura; no se descubre sino que se nace.

 

Testimonio 2

El niño tiene 7 años, la madre atrás, grita, estoy cansada de controlar deberes, se queja,| tengo que amenazarle, a veces hasta pegarle. Él,  aparece, como que le resbala, la mira de reojo y directo, la mujer se ofusca.  Mire, cómo me desafía, me dice que eso es maltrato, el  chico se esfuma. Continúa, eso sí, una vez que se sentó los hace en un dos por tres, es rápidisimo, incorregible, se levanta, va y viene, es inquieto, no le gusta que lo mande.

 

Su dificultad, que espanta de tantos rojos, está en las letras, en  matemáticas es veloz,  le gusta los números,  las letras no, para qué tiene que aprenderlas, lo enfurece repetir, parecerse, cuando ya no soporta, rebelión, -no y no, por qué tengo que hacer la letra como le gusta a la profesora, si a mí me sale otra, la borra,  así no, así hazla como está en el modelo, hasta terminar la plana-.

Quién puede con él dice la madre, además, reconozco se esfuerza, pero, la maestra, le pone observaciones, esmérese más.

 

 Testimonio 3

Está en quinto de básica, la niña tiene que llenar después que lea una guía de preguntas de un libro de cuentos escrito en inglés, que ha escogido en la escuela. La tarea tiene que hacerla en casa el fin de semana, ya todos los otros deberes están hechos, solo falta este, dice que la lectura tiene muchas palabras que no comprende, es muy difícil, y no lo puede hacer sola.  La mamá ha estado muy ocupada y no la ha podido ayudar.

La pequeña está pendiente y anda con el libro, el diccionario, la carpeta y la pluma  en manos de aquí para allá, esperando el momento de ser atendida y resolver.  La noche del domingo esta en sus narices, bosteza,  le dice a la madre que le ponga una nota a la maestra y le explique por qué  no ha hecho el deber. La señora está más que ocupada, apurada,  resolviendo trabajo pendiente de su oficina.  La niña cansada solo atina a meterse en su cama, antes, dejó en el piso todo el peso inconcluso.

La madre cuando llega la hora de ver que hacer con  el asunto del deber, se dice para sí, mejor, se lo hago.  No quiero quede mal. Los profesores a veces no comprenden las explicaciones de los padres y solo exigen, sin pensar en nosotros, total termina leyendo el cuento y llenando la guía e imitando la letra de su hija.

Aparentemente asunto finished. Hablando en voz alta como quien nadie la escucha, dice, después estudiará el cuento y lo revisaremos juntas, como justificándose la señora explica, el método en el colegio es bueno, le hacen leer una redacción por semana, y la trabajan en diferentes situaciones. La cuentan, la representan, buscan palabras, la hacen oraciones cortas y largas, la hacen contar todos los días por turnos en los niños para mejorar la dicción, pero lo que ocurre que este otro libro es diferente, no es igual al de ejercicios de contenido que usan en clase, es más difícil. 

En la nota que puso a la profesora le cuenta que al hacer el deber su hija le resultó muy difícil llevarlo a cabo, por  la falta de comprensión de la lectura. 

    

Testimonio 4:

Está la niña de 4 años que llama y llama a la mamá para que la haga dormir y le cuente un cuento. La mujer, se saca el maquillaje, se baña, se pone la crema, de reojo mira la película. La niña vuelve, insiste, hasta que se pone a llorar,  pidiendo, -quiero que me  leas el cuento-.

La mamá se apura, le dice -ya voy-. Su esposo ve fooball. Una vez puesta la tentación, va al cuarto de la nena. Se mete en la cama, se pone bajo la sábana, garraspea,  -a leer se ha dicho-, se pone toda la contadora, en menos de lo que alicia de las maravillas entra al espejo, la voz y la pagina como que se borran en sus pupilas, la niña, le dice -estás cansada-, yo te leo el cuento, toma las riendas, la pequeña cuenta la historia que lee en las láminas, cuando supone que terminó, le dice, -anda a dormir-.

 

 

Testimonio 5   

El niño tiene que leer el libro que le han mandado para las vacaciones, está reacio, se queja, por qué tiene que hacerlo si está en sus vacaciones y en su tiempo libre, ya salió de clase, además pasó, qué más. Mientras dice esto, está con el libro en las manos, a veces lo mira, lo deja, coge su muñeco el hombre araña, lo lanza, pusssssss, se calla. Comienza el  disgusto, pareciera que provoca.  La saca de casilla, la señora se exaspera y lo persigue. Y lo persigue con la zapatilla…

Esta encargada de hacerlo leer, está a punto de perder toda la paciencia, dice,  se le crispan la punta de la sonrisa, el tono se va poniendo color fuego,  el niño le dice por qué te enojas. Está bien, voy a leer, pero solo un capítulo. 

Se pone a leer casi como acostado en la mesa, la mamá le dice siéntate bien, -ya, estoy leyendo, no me interrumpas-, se equivoca en una palabra y la madre lo corrige, y le dice repite de nuevo la palabra, el niño refunfuña, y se va desanimando,  otra vez lee y se equivoca y es corregido.

Hasta que él mismo le dice a la mamá, pero siquiera déjame terminar el capítulo y después vemos en qué me he equivocado.

 

Testimonio 6

Hay un grupo de niños de diferentes edades jugando a que leen un texto corto y lo están grabando con el fin de ver cuantas veces  se equivocan, quien más y quién menos.  El juego es  hacer la ronda, darse turno, una vez acabada la vuelta, contarse las faltas, así se pasan,  ven quién falló más, no lo abochornan, lo apoyan, y vuelven con otra ronda con el mismo texto, sin darse cuenta del tiempo que corre, no se apuran, nada de aburrirse Ellos mismos son su autocontrol, cada uno se esmera en leer mejor. No hay censura ni nota ni apúrate. Se vuelven a escuchar, caen en cuenta que han mejorado, y dicen la última vez, para ver  si ya no me equivoco. 

Se disfrutan, no hay rivalidad, sienten orgullo, están atento al otro,   

Ríen con mucho humor  y se toman muy en serio, es un juego aparentemente simple, tan refrescante, y miren ustedes, sin ninguna calificación, ni profesor de por medio.   Este grupo estuvo formado por 4 niños de edades diferentes.   (6 niña, 8  niño, 10 niño, 11 niño, 12 niña). 

 

 Testimonio 7

El niño va feliz con la flor que ha hecho, tiene 7 años, se la muestra muy contento a  su profesor, este la revisa con brusquedad, le da vueltas y se la rompe,  le dice, que está mal hecha, lo manda a hacer de nuevo.  El niño se va mudo y cabizbajo.

 

Testimonio 8

La chica está entre sus 11 u 12 años, en clase de manualidades, es zurda, tiene dificultades con el bordado, se sale de las líneas, y las puntadas no son precisas según el molde o patrón que pide la profesora, le hace desbaratar una y otra vez, y nota baja, hasta que su madre cansada, paga a una experta bordadora, la niña mutis, cómplice obligada, porque no le queda otra, sin poder y mandada se lo presenta a la profesora,  esta le pone 20, no sin antes decirle: -hasta, que al fin  lo lograste-.  Llega con vómito, dolor de cabeza a su casa.  Sin ganas de verse en el espejo.

 

Testimonio 9

Una maestra que trabaja con niños de jardín dice, los niños aprende con más rapidez los fonemas o las palabras  que están asociadas con  imagen, por ejemplo, la propaganda de la imagen de la coca cola, y el fonema co lo reconocen porque  ya lo saben de tanto verlo, lo que  facilita una lectura más rápida y a la vez puede aprender a generar otras por relación, parecidos, asociación o familiaridad, los niños escuchan, ven y pronuncian el objeto  reconociéndolo sin dificultad. Ella, considera que hay que ir cambiando las imágenes tradicionales de la enseñanza  y aprovechar el ritmo y el tiempo , darle libertad de que ellos creen  palabras, dejarlos hablar, conversar. Expresar.  No son autómatas.

El profesor tiene que salir de lo caduco: sus mentes atiborradas de manuales y conocimientos aplanados por el saber medido y ganado, tiene que soltarse,  meterse en el espacio presente del niño, aprovechar los recursos de cada tiempo. Vivenciar. Reaprender. 

 

Testimonio 10

El profesor,  dice, que mi hija  no sabe redactar, que no sabe resumir, que copia la información, que no la pone con sus propias palabras.  Mi hija cuando me cuenta lo que sabe, lo hace bien, pero, su problema está al tener que escribirlo o qué.  ¿Cómo la ayudo?

 

 Testimonio 11

Cuando daba clases de expresión creativa,  incluía ejercicios de  pintura, con diferentes modos para estimular la imaginación y la expresión libre de los chicos,  cuando hacían sus obras, les pedía le creen una historia, y si los niños no sabían escribir, me convertía, en la secretaria, les copiaba lo que ellos me dictaban, relataban de lo que veían, o muchas veces le pedía lo contrario, primero la historia y luego la  dibujen.

 

Testimonio 12

La chica está en el último año, está desesperada, le han mandado de un día para otro que haga una canción, le ponga música y la grave en un disco.  No puede más, rompe a llorar, tiene que hacer otro montón de deberes, entre eso matemática, física y lecciones. Casi todos los días se acuesta a las dos o tres de la madrugada porestar estudiando y cumpliendo con lo que el profesor pide y exige.

 

Testimonio 13

La chica tiene 13 años, es recontra buena alumna, notas puro 19, 20,  escolta,  participa en un taller de pintura que apoyo, mientras juega con el lápiz buscando la forma de su idea para hacer el boceto, me va conversando de su profesora de dibujo técnico,  cree que es injusta y de paso amargada, porque le puso la nota 19,5, le digo es muy buena nota,  -no es por eso-, me refiere, es que mi trabajo estaba perfecto, tal cual, como ella lo pidió, no faltaba ninguna medida, continúa, lo que pasa, es que siempre está viendo los pero,  los defectos, las fallas, no se contenta con nada, y por qué lo de amarga, le hago recuerdo, ah, porque es una profesora vieja, casi, solterona y vive rodeada de gatos, creo que le falta amor,  tiene mucha soledad.

Con gato o sin gato, algo pasa,  qué tenemos que hacer nosotros con su situación. 

Le pregunto, si siempre es así, a lo que me responde, -no-, a veces sonríe y hasta conversa.  Qué tal si le buscas el lado que la ablande, que la acerque, cómo sería un dibujo toda ella rodeada de sus adorados michifu.  A lo mejor un regalo la pone contenta donde sienta y vea que alguien le reconoce algo, la toman en cuenta, a lo mejor está provocando, claro, que ningún estudiante tiene que pagar el plato roto, del estado de ánimo del teacher, qué dices.  Me contesta,  -voy a pensarlo-. 

Una próxima sesión de pintura, la chica, me comenta que hoy la profesora les contó algo de su propia vida, de cuando cuando era de la edad  de nosotras…   

 

Testimonio 14

La madre, me comenta, – hay una profesora que pareciera que le tiene fastidio a mi hijo, el niño  tiene 7 años, él se esfuerza en hacer la letra bien, en leer, diría en demostrar que sabe,además, en quedar bien con su maestra, pero ella como que se las cogido, y ya me tiene cansada.- 

Otra vez me vuelvo a encontrar con la misma madre y me dice sorprendida, -a que no se imagina lo que pasó, era el cumpleaños de la profesora,  como usted sabe, hay que darle un regalito, para que se sienta bien, pensé, veamos qué, y  que no sea caro. Me iba a comprar sola, pero el niño me dijo, mamá yo quiero escoger lo que le vamos a dar, bueno, nos vestimos, y salimos. Nos fuimos a un supermercado que tenga casi todo al alcance de mi bolsillo;  íbamos que  mirábamos, hasta que se me perdió entre separadores y  mercadería, lo busco  desesperada, iba de un estante a otro, y lo encuentro con una expresión plácida, como que al fin daba con el clavo, yo no tenía claro que pasaba, solo que lo  encuentro frente al área de la ropa interior, viendo sostenes, calzonarias, por la desaparición de su desaparición momentánea,   no armo alaraca. Sino, que le digo, vi por ahí una cosa, me interrumpe con una cortante pose de agrandado, con un -no, ya sé lo que quiero para la señorita, me apuro con un -qué- toda sorprendida y sospechosa, me señala y afloja su lengua, todo seguro dice,  -este sostén-, me quede aturdida, quéeeeeee. 

-Si quiero ese-.  Yo pensaba, si así no más le tiene fastidio, que dirá,  con qué se las cogerá ahora. Le quise cambiar de idea, insistió e insistió, hasta se molestó, y no quedó otra, empecé a calcular de qué tamaño serían, atiné, ni tan grandes ni tan chicas, como las mías, ahí va, no quedo otra, lo compré, lo hice envolver en papel de regalo. Mi hijo al día siguiente se fue muy feliz con su obsequio. 

Hasta ahora no sé que pasó por la cabeza de la profesora, ¿y la de mi hijo?. Pero desde ahí es otra con mi muchacho, se ha vuelto amable, y hasta lo trata con cariño, no solo me cuenta sino que lo noto cuando voy a las reuniones, ya no se queja. A mi muchacho lo siento relajado y tranquilo,  sigue siendo como es, amoroso, responsable.  Uno nunca sabe que hace feliz al otro. 

Sostenga la idea señorita me dice picarona la mujer cuando se despide.

  

Testimonio 15

Llega del jardín está con sus cinco años rebosantes, entra a su casa, besos para la mamá que la recibe.  Antes de cambiarse el uniforme le pregunta, qué es pene,  se desconcierta, se aturde, piensa, que está entrando a las curiosidades típicas de la sexualidad de esa edad, le responde, luego, te explico, la nena, se fue corriendo, a cambiarse y jugar.

 

La mamá se pasa alguna horas leyendo sobre el tema, haciendo dibujos de los órganos masculinos y femeninos, los pinta en unos cuerpos bien delineados.

 

Lista para la explicación, está preparada.


Ya, en la tarde, llama a la hija, le dice, -ya tengo la respuesta-, la sienta, en la mesa pone los dibujos, con un tono suave va detallando lo que a cada género concierne, llama  a cada órgano con su nombre. Terminada la casi lección para la chiquilina, que miraba los dibujos como quedándose pensando.

La experta en el tema, cree que no estuvo clara, quiere explicarle de nuevo, la pequeña, le dice que quiere ir al patio. Cuando, se está yendo, se le ocurre a la señora decirle, por qué me preguntaste, toda apurada con su juguete piolín en brazos, le responde, porque en clase una compañera, dijo, ojala no pene.

 

 

Testimonio 16

(Respuestas  de bibliotecarios de colegios fiscales y particulares de  una experiencia de taller de animación a la lectura) Los bibliotecarios al contar y compartir con los participantes sus vivencias y aprendizajes tanto en el campo familiar como educativo comentaron que toda experiencia está atravesada por situaciones de placer y displacer. 

A lo que agregaron que sería importante no repetir moldes de dolor en la educación rígida,  ni hacer abuso de poder porque eso es una forma de corrupción, que se replanteen los métodos de enseñanza y disciplina y de tareas tanto dentro y fuera del hogar. 

El fomento al diálogo genera nuevas  lecturas, redes de vida y de acciones.  Y que las experiencias positivas sirvan para retroalimentación y a la vez ser compartidas. 

 

De su situación como bibliotecarios lo que hacen es: catalogar, clasificar, circulación de libros, armar carteleras cuando hay fiestas cívicas,  fichas, informes mensuales, fotocopiado, estadística,  inventariamos, coordinar con los profesores de estudios sociales cuando necesitan material como mapas.

 

Consideran que les falta: materiales didácticos, animación a la lectura para bibliotecario; apoyo de autoridades a las actividades de la biblioteca, material actualizados: textos para cada especialización; animación a la lectura para estudiantes; participar y ayudar como bibliotecario en el club de la lectura para los estudiantes; que nos vean diferente porque en

La mayoría de las instituciones se trata al bibliotecario como la persona que pasa libro.

Les gustaría: que se instale el programa –WINISIS y llegar a  integrar en la red. Participar en la animación en la lectura. Haya comunicación con los profesores de lenguaje y con las autoridades del plantel.

Poder informar a los usuarios el manejo, compartimiento y uso de una biblioteca. Que las autoridades nos apoyen a trabajar con los estudiantes y a incentivar a la lectura. Planificar y trabajar en equipo  con los profesores programas de lecturas.

 Necesidad  de equipo, de técnicas y preparación para el que va a realizar o trabajar en la red. Intercambio de experiencias, donación de textos repetidos. Conocer manejo de grupo y dinámicas de grupos, relaciones humanas.

Aprender a saber como trabajar con niños y adolescentes en redes de lecturas. Hacer campañas de redes de lecturas a concluirlas sin maratones donde no se entiende nada.  Leer en una continuidad inconclusa, donde se despierta el deseo a escuchar.  A ver cómo se te ocurre.

Por ejemplo TE INVITO A LEER, en la que involucre intercambio de lecturas y reflexiones. Hacer soportes de difusión de las redes de lecturas a través de los medios de comunicación. Maratón de libros para que las escuelas y colegios que no lo tienen y forman parte de la red puedan trabajar.

 

Del cómo se debería trabajar consideran que sería poniéndose de acuerdo con el profesor de literatura para formar los clubes de lecturas.

Comunicación del profesor acerca de los temas que los alumnos van a investigar para de esta manera facilitar la investigación a los estudiantes en vista del corto tiempo que ellos tienen para el trabajo.

 

 Practicar y aprender de la -Auto-observación y autocrítica; ser flexible en el trato con los estudiantes. Ayudar a los estudiantes a investigar.  Leer más.

Aprender a trabajar en equipo es formar una red que contiene una estructura; una organización; trabajo en equipo; asociación de ideas; intercambio humano; integración, proyecto de vida. Para constituirla  una red se necesita  :

 

Y sobre todo tener el deseo de hacer o participar en una red, hacer contactos, desarrollar un plan de actividades según formación y posibilidades; comunicación permanente; tener disciplina y objetividad en la tarea. Capacitarse en redes de lecturas.

Intercambiar experiencias. Determinar objetivos de redes,. Crear espacios de redes para actividades de promoción a la lectura; tener apoyo institucional para redes formales. Crear consenso para creaciones de redes informales; respetar procesos y crecimientos de redes.  Ubicar necesidades para hacer propuestas de redes.

 

Testimonio 17

(respuestas de grupo de jóvenes de colegios fiscales y particulares  que participaron en un taller organizado por la Casa de la Cultura  de Manabí, Portoviejo, 2000).  Al planteárseles la pregunta ¿Si tu fueras el profesor de la materia de literatura como te gustaría que fueran tus clases?

 Contestan: Clases sencillas práctica; clases cortas; enérgico y cómico, alegre  e imaginativo, que tenga paciencia y  explique; dinámico,que  trabaje con ejemplos y sin tanto conceptos, que facilite el conocimiento, que haga razonar; el maestro sea responsable ; que haga trabajar en grupos, participar en grupo y con resultados de trabajos en grupo en la hora de clase, que no exista distancia entre alumnos y profesores, que se pierda el miedo y el temor de hablar; provocar atención de los alumnos; con dinámicas para que el alumno no se aburra.

Fomentar la creatividad y la amistad entre los alumnos; fomentar práctica en poesía; concretar intereses, hacer animadas las clases y que llamen la atención; escuchar al alumno y motivarlo; con talleres porque son prácticos y provechosos, animados y participativos; vivos que despierten interés.


¿Según tu experiencia que hace falta en la enseñanza de literatura? Nos manden a leer obras literarias que nos sirvan para mejorar nuestra forma de pensar; compartir unión, alegría, sentimientos; entrar de forma divertida a los jóvenes.

Hagan las lecturas más actuales, más concretas, y para razonarlas no pidan conceptos tan extensos que sea pequeño y esencial;   más ánimos en las clases; que se interese el profesor más por el alumno; hablar sobre literatos actuales; dejar al alumno crear. Falta enseñanza en la forma de leer y acompañamiento al hacer poesía, ningún profesor me ha enseñado la materia como es debido y yo que soy de ciencias sociales.

 

Dar a conocer a escritores nacionales; más detalles en la explicación, desarrollar más confianza entre profesores y  alumnos; prácticas no teóricas con ejercicios que desarrollen nuestras habilidades; profesores preparados y no de gente improvisada que ni siquiera gusta de la lectura; falta talleres de literatura y en sí el amor a la lectura; la enseñanza deber ser participativa, sentirse, verse la interrelación maestro-alumno, dramatizar las obras,   que el estudiante interprete, elabore guiones, personajes,  proponga… 

 

¿Qué propondrías para mejorar la enseñanza de la literatura? Se den talleres, llevar obras literarias al teatro, fomentar la creación individual y colectiva; que los profesores sean honestos, hablen con el corazón en la mano, pongan humor, sociodrama con técnicas y creatividad; tengan claros los conceptos y no mezclarlos al momento de explicar; empeño en la lectura, dedicación, mejoramiento en el hablar de nosotros, en la escritura conocer y reconocer los signos de puntuación; implementar nuevos textos para trabajar; trabajo dinámico y en conjunto con los profesores.

 

Que haya bibliotecas y laboratorios de literatura en los colegios; nos den horas de clase libre para leer e investigar; que el estudiante adquiera hábitos de lecturas; crear incentivos de parte de los profesores,  que lleven lecturas estimulantes, además que el estudiante se de cuenta que la literatura no es estudiar nombres de autores y ver unos cuantos.

Que haya programación anual y concatenada de un curso a otro. Incentivar el amor a la lectura en escuelas, colegios y universidad. Que los libros de autores nacionales tengan un precio al alcance; crear talleres de literatura permanente; aprovechar el avance tecnológico, uso de videos, control y seguimientos de trabajos tanto prácticos y escritos, fomentar la investigación.

 

El descubrimiento del placer por la escritura literaria (libros)  ¿ a qué edad?  El placer por la lectura lo descubrieron  la mayoría entre las edades de 8 –10-11- 12-13-14-15-17; algunos a los 6; alguien a los 28, algunos todavía no lo descubren. Y los que tuvieron la dicha de leer tempranamente en sus vidas.

Con y cómo:  Con un libro viejo que abrí; leyendo títulos; cuando me enamoré por primera vez; cuando empecé a leer y a escribir; en el colegio me encantaban escritos de otras personas; siempre me gustaba escribir, era inquieta con las manos, con lo que sentía, pensaba o veía lo plasmaba en  versos; la motivación de la profesora y ayuda de mamá; inspiró y motivó novia al hacerle un poema; cuando me dieron de premio un libro hermoso de las expresiones;

Poesía: campo de amoríos con mi compañera de batallas; el profesor motivó a la lectura; leyendo continuamente cuando estaba triste o alegre; necesidad de expresar; leyendo y a la edad que empecé a escribir, cada vez que escribía siempre aprendía más; descubrí mirando a la sociedad actual, nuestro país, sus  problemas, leyendo. 

Los que no han descubierto: yo no sé que es la literatura; no he descubierto el placer por la escritura; no se descubre sino que se nace.

 

 

FUGAZ, (cuento) carmen váscones Enero 4, 2009

Posted by carmenmvascones in Cuentos, Periodismo, educacuón, pedagogía.
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Mi prójimo juega para exponerme al golpe.  El adversario me apunta, me enfrento, caigo.  Comprueba que estoy muerto, abro un ojo, me dice muérete de verdad, dejo de moverme, pego las pestañas, pasan inútiles segundos de pura realidad, mi compañero de juego se pone a llorar, me grita, el cuerpo está inmóvil, me zamarrea, me dice, te dije que te mueras pero no tanto. 

 

Sigo en total inercia, desespera, sale corriendo, se oyen pasos apresurados.  Las dos madres están sin entender, estoy aplastado al vacío, no hago absolutamente nada. 

 

Llora sin acierto, mi amigo, aúlla entre cortado, lo he matado de verdad. Cómo, no entendiendo, sin ver rastro de sangre, ellas comentan, aquí hay algo raro, cada una se apresura  para acercarse a sus respectivos muchachos. Mi madre me toca el pulso, está pegada al silencio, sabe de mis tretas, espera pacientemente, dejo expirar la tramoya.

 

El acostado en el suelo hace un gesto de semi sonrisa, un guiño a su madre, y se levanta de un salto, y todo actuante dice, ahora si te asusté, te gané.  Ya no lloroso el casi asesino sale corriendo atrás de su pana el casi muerto.  Esa es la infancia, juego, diversión y placer de sustos sin otra intención.

 

 

Las mujeres los miran, se alzan de hombros, mueven la cabeza y regresan a lo que estaban haciendo.

 

Las vidillas parecen ondas de viento envueltas en  jugarretas.

El Diario de Ana Frank: Los Refugios de Ana Frank Entre el Diario La Lectura y el Anexo, por carmen vascones Diciembre 11, 2008

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   “me duermo con la extraña sensación de querer ser distinta de   como soy, o también de no ser como yo quiero, o de proceder

                                                                                        quizá de manera  distinta a como yo querría o a como soy”

                                                                                                                                                                            ana frank

                       

Ana nace el 12 de junio de 1929 en Francfort, segunda hija, su padre Otto Frank, tenía 36 años cuando se casa con su madre, Edith Hollander que tenía 25 años.  Su única hermana la mayor, Margó nace en 1926.  Emigran a Ámsterdam en 1933, cuando apenas  la pequeña Ana tenía 4 años, para huir de la persecución a los judíos.  Desde 1934 asistió a la escuela Montesori, desde el jardín de  infantes, ahí terminó su enseñanza primaria.  En 1941 junto con su hermana entraron al Liceo Judío. Se va imponiendo un estado de sitio, la presión crece, va quedando coartada la libertad de expresión y de acciones.

 

Según palabras de la diarista “la vida estaba preñada de ansiedad”, ya su resto de familia empezó a sufrir las consecuencias de las leyes de Hitler que promulgó contra los judíos.   Los abuelos paternos y maternos eran ricos, dinero que se perdió en la primera guerra mundial.  En 1938 dos tías maternas huyeron a Estados Unidos y su abuela se reúne con ellos a vivir.  Ella fallece en 1942, pérdida inolvidable para Ana, en página del 20 de junio de 1942,  afirma, “ nadie sabrá nunca cuan presente la tengo en mis pensamientos y cuanto la quiero todavía”.

 

En 1940 en Holanda las disposiciones contra los judíos marca nuevas obediencias, son obligados a llevar la estrella de David, se les prohíbe manejar, de andar en bicicleta, de subir al tren, que sólo hagan compras en negocios judíos identificados con letreros, que no salgan a partir de las 8 de la noche.  Empieza a sentir las restricciones, ahora comprende “que cosa tan maravillosa es un tranvía,  a nosotros los judíos ese placer ya no nos está permitido, tenemos que valernos de nuestras piernas como único medio de locomoción… se nos permite utilizar la balsa para atravesar el canal y eso es prácticamente todo”.

 

Antes de entrar al escondite elegido por el Sr. Frank, como refugio y aguante para proteger sus vidas, Ana jugaba pin pon, iba a la confitería cercana Delphes o al Oasis, sitios permitido a los judíos.  Disfrutaba de los admiradores, les hacía rodeos, se las ingeniaba para cambiarles de conversación si se ponían muy insinuadores, o tajantemente les chantaba la frase que podía pasarse sin su compañía al pretendido, o peor si le lanzaban un beso o le cogían el brazo les decía claramente que se vayan sin más.   Por ahí empieza a conversar con Harry, cree que le sirve de despertador y estimulante ya que la antigua novia le daba sueño. La abuela del chico le prohíbe que se vea con Ana, la encuentra demasiado joven, y le dice que vuelva con  la ex.  En una de esas caminatas con él, el príncipe de los sueños de nuestra contadora se cruza,  Peter Wessel, que por primera vez la saluda, eso a ella le causa un gran placer, mirada que, queda pendiente en las pupilas y secretos de la chiquilla, tanto así, que desvanece al acompañante de su lado. 

 

En sus notas del 20 de julio de 1943 tiene escrito, “mi madre siempre quiere saber con quién me gustaría casarme más tarde.  No se imagina  que el elegido es este Peter”.  Lo tiene visto, elegido en su mundo de fantasía.  Así, esta ella, floreciendo en su cuerpo, imaginación y ensoñaciones, como peatona de su existencia, aún a pesar de sentir la libertad  recortada y restringida le era soportable. Nadie se le atrevesaba en su otro mundo, ni ningún espía que le aplaste su mundo.

 

 

Del domingo 14 de junio al 5 de julio de 1942 Ana escribe su diario desde su hogar.  Desde el miércoles 8 de julio hasta el 1 de agosto de 1944, lo hace desde el escondite, el célebre anexo, en el mismo que vive 2 años y un mes hasta ser descubiertos.  Escribió  156 días en total.  En 1942,  33 días (trece años); en 1943,  38días (14 años); en 1944, 85 días (15 años)

 

 La  púber judía inicia su diario dos días después de haber cumplido sus 13 años, un domingo 12 de junio de 1942, sus padres se lo regalan entre rosas, otras cosillas, y un agasajo con generosidad donde fueron sus amigos. Ella se divertía, conversaba y repartía galletas sin pensar que el destino le iba a dar y reservar  un lugar protagónico  en la vida universal de la literatura por convertir sus manuscritos en testigo y testimonio escritos en el Diario, que mientras tanto reposaba en un lugar del dormitorio de Ana a espera de ser iniciado.

 

Un 4 de agosto de 1944 la GESTAPO nazi penetra en el edificio, entra al anexo, donde estaban los 8 judíos, la familia Frank, los padres, ana y su hermana;  la familia Van Daan, la Sra, el Señor y Peter el hijo; y el señor Dussell. Todos fueron llevados al campo de concentración.  En marzo de 1945 Ana muere en el campo de Bergen-Belsen.  De ellos el único sobreviviente es su progenitor.  El padre se encargará de publicar el diario de su hija.

 

Es importante precisar que Ana el 4 de abril de 1944, en su diario había escrito lo siguiente: “quiero seguir viviendo, aún después de mi muerte.  Por eso le estoy agradecida a Dios, que desde mi nacimiento, me dio una posibilidad: la de desarrollarme y escribir, es decir, la de explorar todo cuanto acontece en mí.  Al escribir me libero de todo, mi pesar desaparece y mi valor renace, pero, -he aquí la cuestión primordial- ¿seré alguna vez capaz de escribir algo importante, podré ser algún día periodista o escritora?”

 

El diario y otros objetos quedaron tirado en el piso como “cosas inservibles”. 

 

Este memorable texto es la  voz de Ana, las palabras imperecederas e inmemorables.  Es la memoria irrenunciable.  Es una vida atada a la letra de un deseo que se impuso al horror, a la muerte y al rumbo de la vida de la narradora, de su oficio de contar y de los hechos de la historia propia y de los otros protagonizando el drama de la novela de la vida y del avatar humano en el juego de los poderes sin treguas para gobernar.  Soberbia y desprecio a las razas que convergen en hablas y creencias distintas, que a pesar de sentirse diferentes de las otras especies solo el humano es reincidente del dolor provocado con armas mortíferas productos de la maquinación de la razón.

 

Nosotros como lectores somos su destinatario entrando a una lectura y escritura, a una inscripción que no desconoció la pertenencia a su propia existencia y a su búsqueda de ser, a pesar de la amenaza y cumplimiento de una muerte no deseada.

 

La vida que cuenta Ana, la que  no cuento, la vida que no me cuenta.  La vida que me recuerda en un cuento. Un cuento en la vida que no recuerdo.  Recuerdo de un cuento de una vida.  Cuéntame la vida que  recuerda.  Ana personaje y narradora, en su soy y  encuentro impostergable. Es como que nos dijera, encontrarme con mi vida es encontrarme con ella: la palabra  y la poesía en un ritmo atemporal que no se parece al amor ni a nada.  Ya que el amor es un saber que no ocupa lugar, esa su ironía en esta acumulación de evidencias y mundo atosigado de posesión y posiciones donde dejamos de sabernos por no sentirnos aunque creyéndolo y tanteándonos para seguir a lado del otro.  Por no saber quién soy en ese no lugar contable.

 

La rayuela de la vida tiene mas de dos realidades: ser y no ser. 

 

A pocos días de haber  iniciado su tarea de relatar en sus hojas en blanco, deja de  escribir por un rato para reflexionar primero lo que significa un diario.  Al retornar del suspenso el 20 de junio de 1942, escribe su vivencia en el mismo, lo dirá así, al “redactarlo experimento una sensación singular, nunca tuve un diario, y además porque me parece que más tarde ni yo ni ningún otro se interesaría por las confidencias de una escolar de 13 años.  En fin esto carece de importancia.  Quiero escribir y aún más sondear mi corazón sobre toda clase de cosas… No tengo intención alguna de dejárselo leer a nadie, a menos que encuentre en mi vida un verdadero amigo –muchacho o chica-  a quién enseñárselo.  Y así llego a la  raíz del asunto, a la idea de comenzar un diario: no tengo un amigo semejante”. 

 

Aparentemente no le falta nada,  pero quiere salir de lo trivial, tiene dificultad de profundizar en temas con sus amigos,  busca intimar con la palabra, cree que ahí radica su dificultad. Escribir con el fin de evocar mejor la imagen que se forja de una amiga largamente  esperada, su propia proyección, sus días dejados como constancia la remiten a avanzar, a no detenerse, a convertirse sin saberlo en una intérprete,  no quiere limitarse a simples hechos, como tantos hacen, sino que desea que este diario sea su amiga, a quien llamará “Kitty”.  Así ella le da el acta de nacimiento a su protagonismo, a su argumentación con firma, letra y puño de la que en vida fue.

 

La  vida contada por Ana: su historia de una escritura confidente que transfiere, relaciona y pasa de un yo (Ana) a un tú (Kitty), su diario, su amiga, su otra, su escritura leída, donde vuelve, parte, define, aprende, repara.  Esa confidente lectura que le permite leerse y hablarse, a la vez sentirse escuchada por ella, en el fondo y en la superficie, la misma Ana. La escritura es Kitty, contenido de la  intimidad exteriorizada, soporte para contarle, hablarle lo contable y lo no dicho ni trasmitido a una escucha que no sea ella. 

 

Ana tenía una necesidad de contar aunque no le guste, “brevemente la historia de su vida”.

 

Su alter yo le permite leerse diferente, de otra manera.  Su destinataria era una lectora reflexiva que va siguiendo los pasos de su metamorfosis psíquica y corporal.  Los cambios de púber entrando a la adolescencia.  Sondea sus pensamientos, atrapa en el espacio del diario un tiempo que fotografía con sus grafos.  Imprime lo transitorio de la búsqueda de ser, de su camino que avista, de su deseo que juega entre ser periodista y escritora.  Ella, un mes antes de cumplir sus quince años,  ha escrito un jueves 11 de mayo de 1944, a Kitty lo siguiente: “ya sabes desde hace tiempo cuál es mi mayor anhelo; llegar un día a ser periodista, y más tarde escritora célebre. ¿Seré capaz de concretar mi ambición? ¿O es mi manía de grandeza?  Habrá que verlo, pero hasta aquí los temas no me faltan.  En todo caso, después de la guerra, querría publicar una novela sobre el anexo.  No sé si lo conseguiré, pero mi diario me servirá de documento…”.

 

Es visionaria, un tiempo de siempre atrapa, deja la huella de los escondidos, saca de sí el avatar cotidiano.  Sus escritos una trinchera para resistir, una manera de liberarse de un presente real en peligro permanente, con su estilógrafo deshace las sombras, recoge la memoria de lo bello, detalla el reloj de la rutina, describe la crónica de los anexados,  todos esos ocho se sabían contenidos en las páginas que  Ana hilvanaba con la tinta.  Se apropió de un dicho, “el papel es más paciente que los hombres”.  Puede esperar, escribir sin prisa, con calma.  Ella se hace su propia aliada. Quiere confiar en algo, en alguien, en ella misma, porque considera “su falta de confianza su verdadero defecto”, de ahí la razón de este diario con el fin de “evocar mejor la imagen que  forja de una amiga largamente esperada”. 

 

En sus apuntes del miércoles 8 de julio de 1942, es otro inicio, momentos suscitados por la salida precipitada, aprisa todo, “irse a todo trance, y se trataba de llegar a buen puerto, lo demás no contaba ya para nosotros”, hay que resguardarse y guarecerse de la citación recibida que llegó a  la familia, la cama queda desecha pero eso no es importante a estas alturas hay que ocultarse y como le dijo su padre “menos aún queremos ser nosotros quien caigamos en sus  garras. No los esperaremos para irnos… no te inquietes.  Nosotros nos ocuparemos de todo.  Diviértete y aprovecha tu juventud, libre de cuidados, todo el tiempo que aún puedas hacerlo”.  Palabras de calma ante la incertidumbre, palabras al fin y al cabo que sostienen el deseo de vivir a pesar de todo. Hay amigos fieles para el apoyo que necesitarán. Desde el comienzo está Miep y su esposo Henk, y otros poco que mencionaré más adelante, que se jugaron el pellejo en el traslado, en aprovisionarlos, alentarlos, acompañarlos, de quedarse a dormir cuando era posible, de salvaguardar y mantener el silencio hasta el final del lugar de los refugiados.

 

Antes de dirigirse al desconocido y clandestino escondite entre lo que recogieron y guardaron en sus bolsos las dos muchachas pusieron lo estrictamente necesario, y entre esos se incorporan rizadores, cuadernos, libros favoritos y hasta cosas inconcebibles, algunas prendas puestas para un hasta cuándo… El hecho esta dado.  Una vez que se entró al anexo, los amigos los encerraron, cerraron la puerta con llave, y a contentarse con la nueva instalación más bien rudimentaria, en sus anotaciones describe como arquitecta la distribución del espacio, le agrada escuchar el reloj público que suena cada cuarto de hora, al resto no, luego, pone un orden visible y habitable  al desorden inimaginable en que estaba el anexo secreto, con tantas cajas regadas, enseres y otros utensilios.  Ella y su padre se ponen mano a la obra, estaban ocupados en tareas “para no pensar”, su madre y hermana en cambio estaban cansadas, deprimidas de la nueva situación.  “No tuvo un minuto para pensar en la convulsión que de la noche a la mañana cambiaba completamente su vida”. Resumiendo con sus propias palabras este cambio radical forzado y sin otra alternativa, ella lo define así, “parecen que hubieran pasado  años entre el domingo a la mañana de hoy… como si el mundo entero se hubiera trastornado de repente… sin embargo ya ves, Kitty, todavía vivo, y como dice papá es lo principal”.

 

El 20 de noviembre de 1942,  después de sustos se vuelve a las bromas, chistes, ya que no es “beneficioso convertir al anexo en un sitio melancólico, no tiene ningún sentido”, el ánimo de la púber se siente atrincherado, “cada vez me siento más abandonada, que noto que el vacío crece a mí alrededor.  Antes las diversiones y los amigos no me dejaban tiempo  para reflexionar a fondo.  En la actualidad tengo la cabeza llena de cosas tristes, tanto a propósito de los acontecimientos, como por mí misma.  Cuanto más ahondo, más me percato de que, por querido que sea papá nunca podrá reemplazar a mis  amigos de antaño: todo mi pequeño dominio”.

 

Escuchaban la radio, a más de las noticias de la guerra y de lo que acontecía, esta mencionaba que después de la guerra se coleccionarían cartas y memorias concernientes a la época vivida.  Todos los ojos se concentraban en Ana, el miércoles 29 de marzo de 1944 tiene anotado, “mi diario parecía tomado por asalto.

 

¡Figúrate una novela titulada EL ANEXO SECRETO, cuya autora fuera yo…”

 

El escondite estaba en el inmueble de las oficinas del papá.  Para Ana el edificio al comienzo lo ubica como una pensión donde está pasando un periodo de vacaciones, dice, “nuestro anexo es ideal como refugio, aunque se inclina para un lado y es húmedo, no se encontraría un escondite tan cómodo en el resto de Ámsterdam y quizás en toda Holanda”

 

Un diario dando refugio a los anexos de las historias que los otros no llegaron a contar porque la tifus, la misma guerra, las cámara de gas y los hornos los redujo a silencios y fosas común. Se salvaron los proveedores, los amigos que se expusieron a cambio de prolongar y dar aliento a los encerrados, ellos eran el personal de confianza de la oficina que dirigía su padre, como ya sabemos Miep y su esposo, Elli Vossen, Kraler, Koopphuis,  que nos dan una lección del verdadero sentido de la solidaridad en este mundo pleno de mezquindad de intereses y poderes globalizados creados a costa del otro.

 

El diario de Ana es un contar triple, transmitir la angustia y los destrozos de una guerra sin piedad y sin consuelo, examina y ausculta el espíritu de la bestia humana. Narra lo que sucede en el interior del anexo como crónica. Por otro lado relata, la vivencia personal, su sentir, su desesperación, sus conflictos dentro de su cuerpo.  Se siente un “amasijo de contradicciones”, con su alma dividida, donde según ella, “la primera alberga mi hilaridad, mis burlas,… mi alegría de vivir y, sobre todo mi tendencia de tomar todo a la ligera…esta parte está siempre en acecho rechazando a la otra, que es más hermosa, más pura y profunda…Ana la tierna nunca ha aparecido pues, ante el público ni una sola vez, pero en la soledad su voz domina casi siempre. ..

 

Para ser completamente franca, te confesaré que eso no me deja indiferente, que hago infinitos esfuerzos por cambiar”.

 

El 28 de noviembre de 1942 se interroga y se interpola entre el ser y no ser, se siente entre la censura y faltas atribuidas, se pierde entre el montón de acusaciones, su estado de ánimo varía. Se duerme “con la extraña sensación de querer ser distinta de como soy, o también de no ser como yo quiero, o de proceder quizás de manera distinta a como yo querría o a como yo soy”, todavía no lo ve claro, y dirigiendo a su amiga Kitty, le dice “y tú tampoco desde luego”, le pide disculpa por esta confusión, pero le explica que no le gusta tachar, y actualmente, la falta de papel nos prohíbe romperlo”, en todo caso no destruye las conjugaciones de su yo con la punta del bolígrafo. Prefiere que Kitty no la relea ni profundice, porque no va a sacar nada en limpio.

 

Pasando al  martes 4 de abril de 1944 cuando entra a su mundo, lo mira como escritora y una mujer simple y de quehaceres, se ve así: En cuanto a la escritura especifica cree que “al escribir me libero de todo, mi pesar desaparece y mi valor renace.  Pero –he ahí la cuestión primordial- ¿seré alguna vez capaz de escribir algo importante. ¿Podré ser algún día periodista o escritora?… Pues al escribir, puedo concretarlo todo: mis pensamientos, mi idealismo y mis fantasías”.  “Se trata  de estudiar para no ser ignorante, para adelantar, para llegar a ser periodista, que es lo que quiero.  Estoy segura de poder escribir, de ser capaz de hacerlo”.  Siguiendo en este mismo martes más adelante dice,  “yo soy mi única crítica y la más  severa.  Me doy cuenta de lo que está bien o mal escrito.  Quienes no escriben desconocen cuan maravilloso es; antes, yo deploraba siempre no saber dibujar, pero ahora me entusiasma poder al menos escribir.  Y si no tengo bastante talento para escribir libros, ¡bah! Siempre podré hacerlo para mí misma”. Cuando habla la mujer dentro de ella tenemos “querría adelantar, hacer algo.  No puedo imaginarme viviendo como mamá, la señora Van Daan y todas esas mujeres que cumplen con su deber y son olvidadas más tarde. 

 

Además de un marido y varios hijos, necesitaré otra cosa”.

 

La vida no es fácil en esta gran familia asociada por las circunstancias, los desacuerdos, las peleas, la dificultad de adaptarse, de poder conservar la calma los pone en algunos momentos fuera de sí, y pareciera que Ana es el semblante de esos cruces de yo, entrechoques  y recriminaciones.  Se siente obligada a soportar y estar entre el mundo de los adultos, sin un espacio para regodearse con su soledad, además tratada como una criatura por su madre le es insoportable, de paso sermoneada, incomprendida, reprochada por sus padres y los otros por sus charlas excesivas y cosillas que ella no alcanza a descifrar todavía.

 

El sábado 28 de noviembre de 1942, dice, “matamos el tiempo con toda clase de tonterías, con adivinanzas, cultura física, hablar francés, inglés, criticar libros…y a la larga nos cansamos.  Desde anoche tengo algo nuevo, tomo los gemelos y miro hacia las habitaciones iluminadas de nuestros vecinos.  Durante el día, no nos está permitido correr las cortinas ni un centímetro, pero por la noche no veo ningún mal en ello”.

 

El martes 4 de abril de 1944 al iniciar el día con sus escritos dice, “durante mucho tiempo, he estudiado casi sin saber cual es mi objetivo”,  que si no termina la guerra en septiembre nunca más volverá a la escuela”, adelantándonos en sus letras vemos que se dice para sí,  “se trata de estudiar para no ser ignorante, para adelantar, para llegar a ser periodista, que es lo que quiero.  Estoy segura de poder escribir, de ser capaz de hacerlo, algunas de mis novelitas pueden pasar, mis descripciones del anexo no carecen de agudeza, hay párrafos elocuentes en mi diario, pero… a saber si tengo verdadero talento…” 

 

La duda no la detiene, lo que sí está claro es su disfrute, su gozo, su intimidad desbordante en este otro espacio y lugar habitable, en ese continuar e incursionar en lo que conoce a partir de su propia experiencia y audacias creativas.

 

Disgregando y recordando su época de estudios, una vez su profesor Kepler de matemáticas en el liceo de los judíos se había enfadado porque Ana charlaba sin parar, le impuso castigos de escribir sobre una charlatana,  y como era una reincidente incorregible el parloteo continuaba, hasta que un día le puso el tema de Cua Cua Cua dice la señora pico parlachín, que se trataba de una mamá pata con tres hijos con un padre cisne, donde estos por charlar demasiado fueron mordidos a muerte por su padre.  Es interesante el significado que da a Ana a este silencio de la palabra.

 

Además, ella decía que hablar  era una necesidad, argumentando que la charla excesiva es un defecto femenino, que se esforzaría por corregir… aunque sin librarse de él totalmente, pues su propia madre habla tanto como la mismísima Ana, sino más, que poco puede hacerlo para remediarlo.   Aquí para analizar más esta proclama y sentencia de la chiquilla, tendríamos que entrar a sesiones de la dicha  personal del ser humano en cuanto al arte y placer de hablar y de su  sentido en el pedido de ser escuchado a como dé lugar.  

 

Escribir es conversar con una lectura que nos muestra otro mensaje.

 

La vida del anexo una rutina que todos se saben de memorias sus rituales, horarios de actividades.  Al cabo de una año las costumbres son constantes sustos, bromas, cansancios, depresiones, tedio, de vivencias aferradas al deseo de no morir en la restringida libertad y a la vez añorada. Obligados al silencio y a proteger sus vidas, con la única defensa posible en ese momento, no dejarse ver por el mundo externo, enemigo de sus vidas.  En octubre de 1943  deja entrever como va en aumento los sentimientos contradictorios, eso de  sentirse acorralados y a la vez aparentemente seguros y protegidos, idea que se va acortando por tocadas de puertas, robos, quizás un empleado como sospechoso y posible denunciante, eso produce pánicos, tal es así, que “la atmósfera de la casa  es deprimente, soñolienta, aplastante”.

 

Puros sobresaltos, las tensiones, desesperaciones, el no poder huir y salir a ningún lado hace que las relaciones personales vayan complicándose, “la menor palabra corre el riesgo de ser mal interpretada o de molestar a uno o a  otro”. Pleito tras pleito, luego reconciliaciones, la vida continúa, nerviosismos, lamentos, risas, reencuentros. 

 

Los temores eran permanentes, no se debía encender la radio porque estaba prohibido, pero lo hacían, tenían que caminar silenciosamente, durante el día hablar en voz baja para que no los oigan en el depósito los que no saben, los otros trabajadores que desconocían la situación, por lo que tenían que quedarse quietos por horas. “Nosotros aquí nos hemos olvidado de reír”… En marzo de 1944,  el nerviosismo y la vigilia aumentan hay un ladrón que pareciera ser uno de los empleados de la oficina, había estaba dentro y parecía tener copias de las llaves, hasta podría ser el mismo que después sopló y los denunció, pero hay que seguir con esta historia de la inmortal Ana.

 

El 9 de noviembre de 1943 tiene escrito: “todo el mundo está malhumorado”, “no me agrada depender de la atmósfera del anexo, más bien me fastidia”, pasa momentos de depresión.  De noche una vez acostada se ve en una prisión, sin sus padres, ora va  por la aventura de una  carretera, “otra me imagino al anexo pasto de las llamas, o que vienen a buscarnos, a todos durante la noche”.  “Cuando llamaron largo rato a la puerta y con insistencia.  Inmediatamente me puse pálida, tuve cólico y palpitaciones, todo eso por la angustia únicamente”.

 

Cuando los días entraron a mayo de 1944, refiere que la política está de asueto, nada que señalar… se habla de que habrá una invasión… no es menester mucha imaginación para comprender esa eterna letanía de la desesperación: ¿de qué sirve esta guerra?…¿por qué esta devastación?  Pregunta comprensible, pero nadie ha encontrado la respuesta final”. 

 

¿Por qué se gastan cada día millones en la guerra y no hay un céntimo disponible para la medicina, los artistas, los pobres… Hasta que toda la humanidad sin excepción no sufra un enorme cambio, la guerra imperará”.

 

Volcándose a ella, se mira sin dejarse aplastar ni por la tristeza que asoma como un gigante sombreándole los sueños, ni por sus miedos,  cuenta, “a menudo me he sentido abatida, pero nunca me dejé llevar por la desesperación.”

 

Ese mismo mayo, piensa que “ningún país querrá sacrificar a sus hombres en el interés de otro país, e Inglaterra no será la excepción.  La invasión, la liberación y la libertad vendrán un día, pero la hora será fijada por Inglaterra y Estados Unidos, y no por un conjunto de territorios ocupados”. 

 

Se siente apátrida en esa ola de antisemitismo, caos, traiciones.  Se encuentra sola igual que tantos entre la libertad, la verdad y el derecho.  La soledad de la raza dividida entre combates y gobiernos infernales, campos de concentración, prisiones, mercado negro, protectores de otros descubiertos, hambre, salud deteriorándose,  más privaciones.

 

“Pero todas estas privaciones no son nada comparadas con el horror de ser descubiertos”.

 

El 6 de julio de 1944, tiene, “todos vivimos sin saber por qué ni con qué norte, y siempre buscamos la felicidad, vivimos todos juntos y cada cual de manera diferente”. Está harta y cansada de mostrarse valiente, de disimular, “después de año y medio de vida enclaustrada, hay momentos en que la copa rebasa”.  Ana quiere andar en bicicleta, bailar, silbar, mirar a la gente, sentirse joven y libre, respirar aire fresco.

 

Se pregunta haciendo eco en el papel, “existe alguien en el mundo capaz de comprenderme, sea o no judío y que quiera en mí a  la muchacha que pide nada más que una cosa: divertirse, gozar de la vida”.

 

Y este deseo de libertad de andar suelta sin sentirse en el claustro del fascismo es aplastado, el mayor miedo de Ana voz de todos en esta historia retomada, releída, recontándose, lo dice el 11 de julio del 42, “no te imaginas cuan opresivo resulta el hecho de no poder salir nunca, y tengo muchísimo miedo de que seamos descubiertos y fusilados.  Eso no es exactamente una perspectiva agradable”.

 

Entre lo que se quiere y puede, está el verbo y principio de la vida, cuando las reglas son alteradas por la omnisciencia de supuestos líderes que imponen sus ideas.

 

El 27 de febrero de 1944, toda hecha un ovillo de desprendimiento y verdad interior nos constriñe con esto “son tanta las cosas que echamos de menos aquí…no me refiero a las necesidades físicas, siento la nostalgia tanto como tú del aire y de la libertad. Pero he empezado a creer que tenemos el privilegio de tener una compensación enorme por todas esas privaciones…una compensación interna…

 

Puede perderse todo, la riqueza, el prestigio, pero esa dicha en tu corazón solo puede, cuando más, ensombrecerse, y volverá a ti, siempre, mientras vivas”

 

Y en todo este contexto Ana no entiende como se puede discutir, estar en desacuerdo, tanta disputa, “aquí no tiene ninguna razón de ser… hay algo a lo que nunca estuve acostumbrada  son esos gritos y esas palabras duras que estoy obligada a absorber poniendo buena cara.  Me niego a soportar todas esas humillaciones… proferidas constantemente… no me acostumbraré nunca mientras esas discusiones (utilizan esas palabras en lugar de peleas) se produzca por mi causa… Me parece extraño que las personas mayores regañen tan fácilmente por cualquier minucia, hasta ahora he creído que eso de pelearse era cosa de niños”. “No me reconocen ninguna cualidad, yo no tengo nada de bueno, estrictamente nada, mi apariencia, mi carácter, mis maneras son condenadas una detrás de otra”…¿Soy en realidad tan mal educada, pretenciosa, terca, insolente, tonta, perezosa, etc, como ellos pretenden? ¡Oh!, Ya sé que tengo muchos defectos, pero ciertamente exageran”.

 

La contestataria, la desencontrada, la inconforme, la rebelde adolece de amor y quejas, ubica  sus protestas corajes y sentir frente al tejido familiar exclusivamente; tenemos  el 7 de noviembre del 42,  con respecto a su madre y hermana dice, “yo las quiero sólo porque son mi madre y mi hermana.  En cuanto a mi padre es otra cosa.  Me consumo íntimamente cada vez qué exterioriza su preferencia por Margot, que aprueba sus actos, que la colma de elogios y caricias.  Porque yo estoy loca por Pim.  Él es mi gran ideal.  No quiero a nadie en el mundo tanto como a papá.  El no repara en que no se porta con ella igual que conmigo.  Es indudablemente  la más inteligente, la más amable, la más bella y la mejor.  Pero no obstante, yo tengo un poco de derecho a ser tomada en serio… Espero de papá algo que él no es capaz de darme.  No estoy celosa de Margot, nunca lo he estado.  No envidio su belleza ni su inteligencia.  Todo cuanto pido es el cariño de papá, su afecto verdadero no solamente a su hija, sino a Ana, tal como es. 

 

El tocador de Ana está borroso, hay dos rostros femeninos que le hacen entrar en huelgas y dar pasos a sus sentimientos, se siente poco remunerada en la atención de su demanda de amor y en los faltantes que el espejo de su pasión e inconformidad le hace creer.

 

Dirá, me aferro a papá porque es el único que mantiene en mí los últimos restos de sentimiento familiar.  Papá no quiere comprender que, a veces necesito desahogarme respecto de mamá; se niega a escucharme, evita todo cuanto se relaciona con los defectos de ella… Más que todo lo demás, es mamá, con su carácter y sus faltas, quien pesa de modo terrible sobre mi corazón.  Ya no sé qué actitud adoptar; no puedo decirle brutalmente que es desordenada, sarcástica y dura… En todo somos distinta y chocamos… siempre me propongo pasar por alto los defectos de mamá, no ver más que sus cualidades, y tratar de encontrar en mí lo que vanamente busco en ella…Ya no soy la nenita a quien se festeja con risas benévolas por cualquier motivo. 

 

Tengo mi ideal, es decir tengo varios, tengo ideas y proyectos, aunque todavía no puedo expresarlos”.

 

Ideal versus identidad, yo y no yo, mujer madre versus mujer rival, mujer hija alias la otra. Mitad mujer mitad ella.  Ana tachando lo que no quiere, Ana cuestionando a su modelo, Ana buscándose donde no se ve, Ana comparándose con la sangre de su sangre, Ana haciéndose mujer en su cuerpo que se rebela estar intocado. 

 

Ana la creadora de su propio historia más allá del mundo que se abomba.  Sus vivencias.

 

Momentos de desgarramientos, de posicionarse en ese lugar y función de hija transitando su propia ruta, descubrimientos y pensamientos se enganchan a la interioridad y acogimiento que le ofrece su diario, que es para ella “el principio y el fin, porque Kitty nunca pierde la paciencia; yo le prometo que, a pesar de todo, me mantendré firme, recorreré mi camino…”

 

Enfrenta sus luchas interiores tanto de identidad, como de los roles que va codificando, armando y desarmando, su otra vida va conjugando en su cuerpo que le va presentando  ese despertar frente a la propia  imagen, de ir reubicando a la que está transformándose y sintiéndose diferente aún con restos de la niña en brazos de su padre  que lo necesita cuando tiene miedo y las bombas caen, ella corre a la cama de él para guarecerse en sus brazos, se siente segura a pesar de continuar el temor dentro.  Reza con su padre sin sentirse obligada  como una nenilla, lo asume como profesor para que le enseñe lo que no sabe o le preocupa olvidarse, le lee en las noches Goethe y Schildler, se deja llevar, le dice lo que debe y no debe leer, le permite tejer, la defiende, no le da sermones,   en fin, su Pim, apodo con que lo llama, “es la bondad personificada”, mientras ella es el “incurable manojo de nervios”. 

 

Ella quiere de su padre un amigo, y este solo es lo que es.  Y siente que él evita toda conversación concerniente a su mamá.  El padre presta su autoridad y función de amor para su hija, sólo eso, no se deja seducir por la hija encantadora, mimosa, hablantina, la guía,  no se hace aliado de su ataque al terreno materno, la calma, ocupa su puesto de hombre en sus dos roles de marido y padre.  A su mujer lo que es de ella y a su hija lo que no es de la otra.

 

En cambio con su madre que se le ofrece como amiga, la rechaza. Ana, quiere solo una madre, le dice para rezar juntas cuando el papá no puede, le dice que no, la evita, la distancia. Su madre ante esto le comenta “al cariño no se lo ordena”, ella se daba cuenta, de la frialdad de Ana no le era indiferente, también,  “reflexiona que su madre la ha rechazado”.

 

Edith que así llama esta mamá puesta en la mira parcial de su hija, que aparentemente pareciera comunicarse mejor con su otra hija, que con Ana, ya que como es menor la trata como tal, en las mismas redacciones del diario encontramos algunos momentos de preocupación por esta hija, que coma,  evitar que se enferme, atención  permanente por su salud, lecturas para “enseñarles el arte de vivir”. En fecha del 10 de marzo de 1943, durante un bombardeo hubo un cortocircuito en el anexo y Ana  estaba con terror y miedo corría al lecho del señor Frank y suplicaba a él que enciendan la velita a lo que él se oponía por la seguridad de todos, la señora Frank, saltó de la cama  y cumplió el pedido de la chica, refunfuñó el padre, y la esposa le dijo: “es que tomas a Ana por un viejo soldado” y asunto concluido.  A veces pareciera que mandaba frases como lecciones de educación, a lo que su hija menor desaprobaba, también tenemos que  cuando es de ponerse a  la defensa de sus hijas lo hace ante quién sea, si se hurga  en el diario, se encontrará algunos momentos de esa función de madre “hablando por las hijas”, además es una lectora permanente, a veces hasta leyendo en voz alta los sucesos de la juventud sin “aplicarlos en sus hijas” según Ana.

 

La madre será un campo de batalla y un jardín donde los combates y las germinaciones de la nueva generación femenina hará otro cantar de los cantares.

 

En sus análisis del 5 de enero de 1945, descubre lo que le falta, “mamá nos ha dicho ella misma que nos considera como amigas suya más que como hijas.  Es muy bonito, no digo que no;  sin embargo, una amiga no puede reemplazar a una madre.  Necesito ver en mi madre un ejemplo que pueda seguir, quiero poder respetarla”.  Tres días antes había dejado esa constancia de sentirse  estupefacta, aterrada por las “palabras duras que utilizó para ella.  Se ha preguntado, “Ana, ¿viene verdaderamente de ti ese odio? ¡Oh, Ana deberías sentir vergüenza!…Sufro y he sufrido de un mal moral…deformadas por una óptica subjetiva;  cuando me hallo en ese estado, soy incapaz de reflexionar sobre las palabras de mi adversario…Me repliego entonces en mí misma, solo veo mi yo…”

 

Y justo a tiempo, ahí su silenciosa interlocutora  se deja empapar, ella, “derrama sobre el papel su alegría, sus burlas, y sus pesares, sin pensar más que en su propia persona.  Este diario tiene mucho valor para mí, se dice, porque forma parte de sus memorias… en muchas páginas podría añadir pasado… Estaba furiosa con mamá, y a veces sigo estándolo.  Ella no me ha comprendido, es verdad; pero yo, por mi parte, tampoco la he comprendido a ella… me lo tomé demasiado en serio sentirme ofendida…  En otro tiempo ante de mi vida enclaustrada, esta cólera se traducía en algunas palabras vehementes, en algunos golpecitos de pie a espaldas de mamá y con eso me calmaba…

 

Esa época ha sido superada… me he vuelto más razonable, y asimismo, mamá esta un poco menos nerviosa… Me es imposible sentir por mi madre el amor apegado de una hija.  Me falta tal sentimiento.”

 

Su diario la libera de culpa de remordimientos, lo anota así este dos de enero, “acallo mi conciencia con la idea que el papel es  menos sensible que mamá; porque ella, fatalmente, llevaría mis injurias en su corazón”.  El 16 de marzo de 1944, sostiene, “la cosa más maravillosa, y ya es algo, es poder escribir todo lo que siento, si no  me ahogaría”

 

Una vez enfrentada estas  sombras de emociones Ana esta más dispuesta en su mundo interior a seguir develando otras inquietudes que la van sorprendiendo y a la vez va relacionado con la experiencia en su propio cuerpo, que la invitan a otros giros consigo, al leer un libro a propósito de la manía de ruborizarse siente como que este artículo esta dirigido a ella, escribe, “aunque no enrojezco con tanta facilidad me parece que las otras cosas  de que habla  se aplican perfectamente a mí”, veamos cuáles  son, -continua la lectura-

 

“una muchacha, durante los años de pubertad se repliega en sí misma y empieza a reflexionar sobre los milagros que se producen en su cuerpo.  Yo también noto esta sensación; por eso, en los últimos tiempos, me siento cohibida delante de Margot y de mis padres… Lo que sucede me parece maravilloso; no solo las transformaciones visibles de mi cuerpo, sino lo que se verifica en mi interior.  Aún cuando yo nunca hable a nadie de mí misma, ni de todas esas cosas, pienso en ellas y las refiero aquí.  Cada vez que estoy indispuesta –sólo me ha sucedido tres veces- tengo la sensación de llevar en mí un secreto muy tierno, a despecho del dolor, de la laxitud y de la suciedad; es porque, a pesar de los pequeños fastidios de esos pocos días, me regocijo en cierto modo desde el momento en que voy asentir ese secreto una vez más… En lo que a mí respecta, como me encuentro aquí desde alrededor de mi decimotercero año, he comenzado a reflexionar sobre mí misma… Por la noche, en la cama siento a veces una necesidad inexplicable de tocarme los senos y percibir, la calma de los latidos regulares y seguros de mi corazón. Inconscientemente tuve sensaciones semejantes  mucho antes de venir aquí, porque recuerdo que una vez al dormir con una amiga, tuve la irresistible necesidad de besarla, lo que entonces hice.  Su cuerpo, con el que ella siempre se había mostrado recatada, me despertaba una gran curiosidad.  Le pregunté, si como prueba de amistad, no me permitiría palpar sus  senos, haciendo, ella lo mismo con los míos; pero mi amiga se negó.  Cada vez que veo la imagen de una mujer  desnuda, como por ejemplo, Venus, me quedo extasiada”.

 

La sexualidad aflora desflora la imaginación de Ana, ella  está poseyendo una experiencia que se transmuta entre indagaciones, confesiones y secretos que no los puede hablar ni compartir con sus padres, acaso ellos no comprenderían, se horrorizarían, moralizarían las inquietudes de la jovencita.  Estos temas son silenciados, la infancia siempre pregunta sus innatas curiosidades, señala lo que  el otro calla, pregunta sin puritanismo, Ana se está alejando de la inocencia, lo velado aparece como una falta de algo, es un juego de encuentros y pérdidas.

 

La edad del deseo no se puede esconder, por la boca sale la punta del hilo principal que acontece a todo ser humano, habla, siente, piensa porque es un ser sexual, su historia humana no es educar al instinto, es saberse diferente en el oficio de vivir  entre pensamientos, ideales, pasión humana, y lo posible, en ese diálogo con el porvenir que aventura la felicidad y la dicha, aún en  esa confrontaciones de luchas y avatares dentro y fuera del cuerpo:  la destrucción y la construcción imaginaria para no exterminar la naturaleza ni la propia vida. 

 

Se convive con otro que se transforma y nos cambia. Que nos protege del espectáculo del finito, que nos ampara de la desolación que produce el miedo y el dolor.  Como que nos dijera permanentemente sé tu mismo, sigue, no te detengas.  Goza la vida sin que la muerte te la quite. La muerte es un término, en cambio la vida hay que terminarla viviéndola, por lo tanto defiéndela, no la expongas, no cedas a claudicar dentro de ti.  No la derroches con la  estupidez mundana, es inevitable experimentar, pero no hagas de tu cuerpo un campo de minas ni de derroches. 

 

¿Entonces,  qué se quiere en ese descubrimiento ruta al gozo sensual del erotismo y de la sublimación?  El amor conlleva un destino humano, exige residencia, pero el emigrante polizonte que cada cual lleva quiere algo más, que no lo sometan, que lo dejen peregrinar en el placer de una verdad amorosa que no tiene que ver con rivalidad ni deslealtad, sino con el yo expulsado de la propia infancia.  El adulto busca a ese infante que se conjuga entre él, tu, yo.  Por lo que mío y tuyo más tarde va a ser una larga tarea, reconocerse en los fragmentos del recuerdo, armar las formas del juguete que se fue, alejarse de la vida que no pertenece, escribir el poema de aquel acaso, o relatar algo de un sueño o de una vida que no se tuvo, pero que no hay otra. 

 

La escritura auxilia al cuerpo, a la memoria en el quebranto de la angustia cuando ausculta  la sensibilidad fundiéndose entre el cuerpo y la palabra.

 

  Parece que la única lectura que los padres no pueden prohibir a los hijos es la de sus propias vivencias.  Esa otra lectura que tiene que ver con la inscripción de una sexualidad que habla, que se organiza, que deja huellas.  La lectura de los libros prohibidos y no permitidos a conocer  que  le hacían a Ana por considerársela menor y todavía no aptas para su psique con qué tenían que ver, ¿acaso no sería  estos temas tabú?

 

Un sueño le abre las puertas a la primera mirada de su todavía niñez, cuenta el mismo seis de enero del 1944 que “estaba sentada en una silla y enfrente a mí Peter…Wessel, hojeábamos un libro, con ilustraciones… De repente la mirada de Peter se cruzó con la mía, y me hundí largamente en sus hermosos ojos…Luego Peter me dijo con un acento muy dulce: -si yo lo hubiera sabido, hace  mucho tiempo que habría acudido a ti-.  Bruscamente me volví, porque no podía ya dominar mi turbación.  En seguida sentí una mejilla contra la mía, una mejilla muy suave, fresca y bienhechora… Era delicioso, infinitamente delicioso.  En ese instante me desperté, su mejilla aún estaba contra la mía”.

 

Se siente turbada por ese sueño. Dice, “cuando papá me besó esta mañana, hubiera querido gritarle, -Oh, si tu fueras Peter-.  No puedo hacer nada sin pensar en él… lo amo con todo mi corazón, con toda mi alma… que sólo toque mi cara…”Ahora no descansa su imaginación, el príncipe desarchivado sale otra vez en el recuerdo  a la escena mental, precisa volver al cómo lo conoció, cómo es, lo describe, lo enaltece.  Relata,  el 7 de enero de 1944, “Peter Wessel apareció en mi camino, y aunque de un modo muy infantil me enamoré de él.  Peter también me encontraba simpática, y durante todo un verano fuimos inseparables… Era la imagen misma de la belleza, alto, delgado, con un rostro serio, calmo e inteligente.  Tenía cabellos negros y ojos castaños magníficos, tez mate, mejillas tersas y nariz puntiaguda.  Me enloquecía su risa, que le daba un aspecto de muchacho travieso… Era todavía más que mocosa.  Resultado: Peter me dejó.  Yo lo amaba a tal punto, que no podía resignarme, y no me desprendía de él; hasta el día en que comprendí que, si me empecinaba así por más tiempo, me tomaría por una buscona”. 

 

Ahora al mirarse al espejo se  encuentra cambiada, parece más dichosa, pero, sin embargo, “no sé qué pensamiento triste ha hecho desaparecer, súbitamente la sonrisa de mis labios.  No puedo ser dichosa, porque debo decir que estoy lejos de los pensamientos de Peter Wessel…  ¿Quién podría ocupar tu lugar sin convertirse en un vil remedo?”

 

Evoca, este 7 de enero, “que una vez, hablando de sexualidad, su papá le dijo que no podía aún comprender el deseo, pero a ella le parece haberlo comprendido siempre.  Ahora lo comprendo perfectamente.  Nada me es tan querido como él, su Peter”, hasta gritaría con toda sus fuerza que sería para ella el mejor marido.

 

El 12 de enero de 1944, según Ana “el último libro leído por los mayores, MAÑANA SIN NUBES, mamá lo ha encontrado extraordinario; en él se habla mucho de los problemas de la juventud.  Yo me he  dicho a mí misma, bastante irónicamente, -trata primero de comprender un poco a la juventud que tienes a tu alrededor”.  “Mamá nunca ha pensado en los problemas ni en los pensamientos que me preocupan.  No tengo el menor deseo de hacerle notar que uno de sus retoños, es, extrañamente diferente a la imagen que ella se forja de él, porque se sentiría consternada”.  Los sentimientos a su madre son como los de una rival, de una extraña o de una no aliada a su molino, sin paso posible, afirma tajantemente, que su “mamá se percata bien de que yo la quiero menos que Margot, pero imagina que sólo se trata de una etapa difícil de mi vida”… Margot, “ha dejado de tratarme como si yo fuera una chiquilla insignificante”. 

 

Se afirma en esas comparaciones,  va saliendo invicta, se siente  propietaria de descubrir y sentirse que sabe eso: asuntos de sexualidad, pero eso no es todo, entonces, hay algo más que no sabe, que no puede, que está prohibido, algo a lo que no tiene acceso, está ubicando, precisando y diferenciando el amor filial del amor sexual, la mujer hija, la mujer que mira a otro hombre que no es su padre, su madre que sigue los pasos, la pista está controlada, la niña aún es niña, la mujer pasea por la imaginación, sale al real, está sola en su cuerpo que deja notar la promesa de su hermosura, sus formas hablan, ella se regodea en la mirada que descubre, busca sentirla, se busca en lo que avista pero que le es difícil nombrarlo.

 

 El mismo 12 de enero retornando a los pasos de su escritura le parece como si “viera por otros ojos que los de ella, como si se tratara de una extraña, antes cuando no reflexionaba tanto, tenía en ocasiones la sensación de no formar parte de su familia”.  Considera que  durante cierto tiempo interpretó el papel de huérfana, o se dirigía reproches, diciéndose que “nadie tiene la culpa  si yo quería hacerme la víctima”, se sentía sola, las observaciones de su madre la desalentaban, la disculpaba, diciéndose que podría tener preocupaciones, quería contarle las novedades que pasaban en la escuela y en su opinión creía que su mamá debía estar siempre dispuesta a escucharla en cualquier circunstancia, y las cosas no eran así, se sentía sola sin ser receptada en sus palabras y experiencias propias y en lo que tenía que decir y contar.

 

Viéndose en la actualidad, en su momento presente, del aquí y ahora, piensa “que las cosas se han agravado más.  En fin, tú lo sabes.  En estas circunstancias Dios me ha socorrido enviándome a Peter…me río de todo, Peter me pertenece, y nadie lo sabe.  Así puedo pasar por alto cualquier desaire.  ¿Quién sospechará lo que sucede en la mente de una chica?

 

Su mirada busca, se inquieta, tiene deseos de hablar de veras con alguien que no sea cualquiera, que le sepa guardar la conversación, se le ha ocurrido elegir a Peter, ese otro Peter, el hijo de los Van Daan.  Empezará a tantear el terreno. Ya tuvieron algo afín hace un año, esto es, a compartió con él una representación, a más de eso lo ve capaz de hacer reír de vez en cuando, “ambos sienten predilección por los disfraces”, él se disfrazó de mujer, apareció con un ajustado vestido de cola perteneciente a su mamá y ella con traje de hombre, con  los de él, Peter con sombrero de mujer y ella con la gorra de su amigo causando gran hilaridad para todos.

 

Vistieron el imposible, gozar aparentemente el secreto del otro, enseñar lo que no se parece: lo no todo.  La comedia no poder ser el otro, pero jugar a representarlo, en la otra escena permitida: el teatro, bufón del drama, ensayo del deseo siendo el otro- la otra. Escenificando no ser, nadie puede entrar al secreto del deseo y de lo prohibido, de lo inhabitable: No desear a la mujer de tu prójimo, no desear al hombre de tu prójima, no desear ser  el mismo Dios.

 

¿Quién se conforma con ser sólo uno o una? 

 

Saltarse ese lugar es entrar en el caos del orden y de la función humana. Es desconocer al otro y a la otra, es desafiar al interdicto, el enigma tiene que ser prohibido para que se efectúe la instauración del deseo, y se posibilite el mito humano en esa otra dimensión que nos diferencia de los animales. Este tema implica desmadejarlo más pausadamente, porque encierra y abarca la sexualidad y su lenguaje profano que no entra en paraíso ninguno.  

 

Retrocediendo sus páginas, nos remontamos al inicio de su diario el 14 de agosto de 1942, cuando a  este chico lo vio por primera vez entrando al anexo con su gato Mouche, no había querido dejarlo.  Referirá, que “no espera gran cosa de él como compañero, es muy muchacho, de modales suaves, desgarbado y tímido” hasta torpe, no le gusta porque pasa tendido en la cama, que le parece hasta hipocondríaco.  En fecha del 25 de diciembre de 1942, anota en su diario el diálogo con los padres de él, al que les dice que le gustaría que Peter dejara de acariciarle la mejilla, que le desagrada tales demostraciones… los padres le dicen que si podría encariñarse de él porque la quería muchísimo, a lo que ella pensó, ¡Oh! Dios mío, Oh no”… Digamos hum, ejem.  

 

Pero parece que esto está en la chiquilla quisquillosa que era, porque ahora es otro cantar estás más que sensible, siente  que “tiene la cabeza enmarañada”. El 10 de diciembre de 1944, se haya en un gran dilema, se dice a sí misma, “tengo miedo de mi misma, miedo de que mi deseo me arrastre y miedo de no mantenerme recta,  más tarde con otros muchachos. ¡Oh que difícil  es! Los sentimientos y el corazón están en lucha”.

 

El 12 de febrero de 1944 amanece “con unas ganas locas de todo… De charlar, de libertad, de amigos, de soledad… Tengo unas ganas locas… de llorar… pero soy incapaz de llorar.  No me quedo quieta, voy de una habitación a otra… mi corazón late como si dijera: -pero, vamos, satisface de una buena vez mi deseo… Creo sentir en mí la primavera, el despertar de la primavera: lo siento en mi cuerpo y en mi alma.  Me cuesta lo indecible portarme como de costumbre… no sé que leer, qué escribir, qué hacer.  Solo me invade una gran ansiedad”. 

 

Hagamos un intervalo, la bella durmiente siente en toda la piel el despertar femenino, siente que su cuerpo habla adentro y afuera a pesar de ella y de su escritura.

 

¿Qué otras cosas hace Ana en su diario acontecer? Está aficionada a los árboles genealógicos de las familias reinantes, sigue las audiones de la BBC; recorta y clasifica, colección de artistas de cine y teatro, escribe cuentos, lee historia, también mitología de Grecia y Roma, estudia álgebras aunque le parece antipática, también geografía,  sigue de reojo a Peter, lee las críticas de las  películas que le llevan, se inventa peinados que duran media hora porque le bromean a qué artista imita, se aburre de los relatos de las historias de juventud de los del anexo ya que de tanto que las repiten se las sabe de memoria, cada anécdota la conoce con anticipación, piensa, que si al menos le añadiesen a veces detalles a su propia imaginación, Cuando los visita Koophuis o Henk  sus temas de conversación son acerca de los que se ocultan, de los movimientos clandestinos, que a todos los escondidos les interesan por situaciones semejante a las  de ellos,  ya que según la testigo siente que “cuando son atrapados nos afligimos, y saltamos de alegría cuando sabemos que un prisionero se ha escapado”. 

 

Lee permanentemente, le gusta sobre todo la historia, estudia matemáticas, francés, geografía, ayuda lavar platos, a pelar granos y patatas. Hasta se hizo un suéter de la lana tejido, hace poemas y levanta el ánimo con Pim a los otros.  En junio de del 43 dice “ las personas libres jamás podrán imaginar lo que los libros significan para  quienes están escondidos, libros y más libros y la radio…esa es toda nuestra distracción”.

 

No hay que olvidar que es  el padre, que va encaminando a la escritora potencial en la rutina, es él quien la ayuda como dice ella “a establecer nuestro árbol genealógico paterno.  Sobre cada miembro de la familia me cuenta una breve historia”. Ella teje los fragmentos con que abriga la historia que va a quedar inédita en el anexo.  Es quien le habla, la calma, la escucha. Es con el padre con quien se muestra indecisa, siente vacilación porque siempre han hablado francamente, es con él con quien cuenta, al que le cuenta lo que hace, no todo, casi, se deja una reserva, pero lo ubica como un tercero, al que le pide su opinión, sabe que esto puede disminuir la magia con el objeto del amor, porque ya no hay secreto que ocultar.     

 

Su padre esta pendiente de los pasos, la  mima, le hace un poema para su cumpleaños, cumple 14, copio un fragmento: “aunque eres la más joven ya no eres una niña/ pues todos quieren enseñarte, no siempre para bien:/ tenemos experiencia aprende de nosotros…/ya todo lo hemos hecho muchas veces/ y sabemos  mejor lo que hay que hacer/… Y así siguen diciéndote todo el día/…las propias faltas tienen poco peso/ por eso pesan tanto las fallas de los otros./ tus padres tratamos de ser justo contigo;/ muchas cosas sin duda te molestan/. Más no siempre podemos darte la razón.

 

Pongamos en suspenso y en anuncio una novela rosa que la adolescente va a crear, por qué no, el anticipo de la punta de los sueños está dada, ya la novela familiar se va resolviendo, la trama encontró sus hilos, los protagonistas consumados como principales están pasando a segunda funciones, están en verbos pasados con interrupciones entretelones del escenario, e invadiendo la escena si no les convence con sugerencias, pero, falta algo que rompa la monotonía y la rutina, eso que no esté en el reglamento del anexo, que sea inesperado aunque todo el mundo lo sospeche y esté pendiente como si tal vez, hasta que los artificios aparezcan como naturales sin mucha sospecha.

 

El 3 de febrero de 1944, cortes van y vienen, la realidad, la imaginación, los acontecimientos afuera del anexo entran, “todos los diarios se ocupan de lo mismo: la posibilidad de una invasión aliada enloquece a la gente completamente”, se habla de Alemania recurriría a la inundación para contraatacar, que se distribuyen mapas geográficos de Holanda con las regiones a inundar, y como “Ámsterdam se  encuentra en esta zona, nos preguntamos lo que sucedería con un metro de agua en las calles”, bromean,  nadar, disfrazarse, ponerse zancos, hacer fundas para guardar el dinero, o  resignarse a quedarse, no hay otro lugar, hay que provisionarse, traer frazadas, más preguntas, y si cortan el agua, la electricidad,  el gas, pues habrá que  coger agua lluvia, cocinar en la estufa, y qué de los incendios, de los gases asfixiantes, de las bombas, esto “no son cosas para animar a nadie”. 

 

El acorralamiento de lo mismo y los caminos cerrados, la monotonía de la espera y del intervalo. Ana, concluye está página con resignación, “tanto me da vivir o morir.  Ahí tienes a lo que he llegado.  El mundo no va a dejar de girar por mi causa y, de cualquier modo, no seré yo quien cambie los acontecimientos.  Sólo me resta ver venir las cosas, no me ocupo más  que de mis estudios, y confío en que  el final será bueno”.

 

14 de marzo de 1944, los problemas de la guerra de mal en peor, se agudizan, los proveedores de cupones han sido atrapados, sus protectores se  enferman, Koophis sufrió otra hemorragia del estómago. “La melancolía reina en la casa”, se economiza, se reordena las comidas,, se ven obligados a comer el mismo menú, y como ella dice, “pero uno se resigna cuando tiene hambre”.

 

“La monotonía comienza a trastornarlos”, están saturados, se siente chivo emisario de las tensiones, Kraler ha sido compelido a trabajar la tierra, Elli y Miep siguen enfermas de gripe.  Una verdadera serie de calamidades.

   

El 28 de mayo de 1944, describe “la mayor parte del tiempo, temblamos de miedo; la ansiedad, la espera, y la desesperación son visibles en cada rostro… para nosotros la tensión siempre va en aumento.  Ya hace dos años que estamos aquí.  ¿Cuánto tiempo vamos a poder resistir esta presión insoportable y más fuerte cada día… siento seguridad relativa… Más de una vez me pregunto si, para todos nosotros no habría valido más no ocultarnos  y estar ahora muertos, antes de pasar por todas estas calamidades, sobre  todo por nuestros protectores, que al menos no estarían en peligro.  Ni siquiera este pensamiento nos hace retroceder: amamos todavía la vida…”

 

¿Cuáles son  los acontecimientos adentro del anexo y dentro de Ana?. Se acerca a los terrenos de Peter sin anunciarse, invade su espacio, lo libera  para su juego de libertad y emociones, hace sus cercamientos y acercamientos, entre toscos y zalameros. Después  de haberlo provocado y echado de su cuarto y de su propia cama y ponerlo furioso, y creer que así “ya es hora de que se muestre un poco amable conmigo”, remata ese pedido regalándole  una manzana. Sale.

 

Descansa un rato del nuevo aprendiz de su corazón que ronda su imaginación. Salta a otros temas guardados o flotando por ahí, nada es  casual, está en plena desfloración de las preguntas, ronda el tema sexual sin preámbulos, en enero 24 de 1944, recuerda que tanto en la escuela como en su casa se hablaba con misterio y cuchicheos sobre eso  y que quien se mostraba ignorante era motivo de bromas, juzgaba estúpido y ridícula esa actitud y como no podía remediarlo trataba de obtener información de sus amigas,  y puesta al corriente  habla con sus padres, donde su madre le dice, “-Ana te doy un buen consejo.  No discutas este tema con muchachos, si son ellos los que empiezan a hablar no respondas-. 

 

Recuerda todavía su respuesta, -claro que no, vaya una idea-  Las cosas quedaron así . Al principio de nuestra permanencia en el anexo. Papá, de tiempo en tiempo, dejaba escapar detalles que yo hubiera preferido conocer por mamá, y amplié mi conocimiento gracias a los libros y a las conversaciones que se entablan a mí alrededor..”

 

Clara, y decidida sobre su elección inconsciente digámoslo así, lo visita a poco y con calma, hasta lo encuentra agradable, entra a su cuartito, según su expresión, lo ve simpático por huraño que sea, no se queda mucho para que no la juzgue fastidiosa, busca pretexto para quedarse a su lado, se ponen uno frente al otro jugando palabras cruzadas, busca mirar sus ojos, experimenta una extraña sensación, supone que puede leer en el rostro del joven su estado embarazoso, su falta de aplomo y la sombra  de incertidumbre de saberse hombre, al ver sus torpes movimiento algo se estremece en ella. 

 

Está pendiente de pormenores.  Le habla de su manía de sonrojarse, se siente detestable en eso de implorarle o insinuarle favores a Peter.  Determina que quiere hacerle hablar, y que con esto no hay que pensar que está enamorada.

 

El informante de los asuntos prohibidos por los adultos para los menores de edad es Peter, el 24 de enero de 1944,  ella, como detective de las curiosidades empieza a hacerle preguntas, lo ve que en asuntos de temas sexuales no es fastidioso, desconoce e ignora  por completo lo que su mamá le dijo que de ese tema se aleje con los chicos, que importa,  hay algo que puede más, lo desafía como que nada al preguntarle que sexo tiene el gato Mouche, a lo que él dijo que era macho, se le burla porque la vez anterior dijo lo contrario, y el joven Van Daan ignorando esa risa le invita a comprobar, el gato es puesto patas arriba y como objeto de investigación se ubican los órganos sexuales masculinos, enseñándole y diciéndoselo a ella en tono serio, y de paso le ubica  hasta el trasero.  Punto, asunto concluido.  Y como Peter, luego siguió hablando sin segunda intención, acabó por ahuyentar toda desconfianza con respecto al chico.

 

Siguió charlando como si nada.

 

El 24 de enero de 1944, deja escuchar sus giros y emociones, sus aleteos sentimentales, “¡cómo se cambia!  Jamás hubiera creído poder hablar de esto llanamente, ni siquiera con una muchacha.  Estoy segura de que mamá pensaba en eso al advertirme que no hablase con los muchachos de tales temas.  Pero al menos he aprendido algo: hay jóvenes –incluso del sexo opuesto- que pueden hablar de temas sexuales sin bromear y sin falsa verguenza”.

 

El 14 de febrero de 1944, le dice  a Kitty,  “Peter no ha dejado de mirarme de cierta manera distinta a la habitual… pensé que estaba enamorado  de Margot… no lo he mirado durante días, adrede… cada vez que lo hacía me encontraba con su mirada clavada en mí… además un sentimiento maravilloso me ha impedido mirarlo demasiado a menudo… querría  estar sola, completamente sola.  Papá no ha dejado de notar que algo me pasa, pero me sería imposible contárselo todo…”

 

El mismo 14 de febrero de 1944, ha escrito que Peter necesita hablarle, se le acerca a pretexto de comentar un incidente con uno de los del anexo, y le dice a su chica amiga: “por lo general me callo porque sé que anticipadamente nunca consigo dar con las palabras en caso semejantes… empiezo a tartamudear, enrojezco y lo digo todo  al revez… no logro decir lo que quiero… por eso te admiro a ti, dices las cosas sin rodeos.  Le dices a la gente lo que tienes que decir.  No tienes nada de tímida. –te equivocas- respondí.  La mayoría de las veces digo las cosas de una manera totalmente distinta a cómo me proponía hacerlo.  Luego, una vez arrastrada, hablo demasiado. Es una plaga que tu desconoces… quise tranquilizarlo sin que notara mi alegría”.

 

Así se va a jugar momentos de agrados y “deliciosos” para la enamorada.  Sube y baja del desván, ahí esta el cuarto de Peter, y también de las provisiones, se dan miradas retenidas con instantes de vueltas, coge más patatas y se va,  mostradas de lecciones, pláticas y hasta confesiones, ella presta a escucharlo y comprenderlo, le cuenta de sus deseos de viajar y a la vez de sentirse inútil, a lo que ella, le interpreta, “que pareciera sufrir de un fuerte complejo de inferioridad”.  Ahora comprende porque el tanto abraza  a su gato Mouche, por que siente necesidad de amor.  Él le dice, “no conozco el miedo, solo me asustan mis propios defectos.  Pero pienso en ellos cada vez  menos”. Ana considera que su vida ha mejorado porque ahora tiene un objeto ¿de entretenimiento, de misterio, de observación, de posesión, de ensayos afectivos, en fin, de juegos adolescentes sostenido en  la complacencia, como ella lo dice, “y eso me regocija… el objeto de mi amistad se encuentra  en casa”.

 

Sueña y despierta pensando en él, le ve miradas inteligentes una veces y ardientes otras,  su presencia se le ha convertido en una pesadilla, lo ve a todas horas, busca acercársele, lo espera  ansiosamente, no sabe por cuánto tiempo el sentido común le permitirá controlar este anhelo, aparenta jovialidad para no traicionarse, siente que todo el mundo le fastidia, está desesperada y poco razonable, se sabe sentimental, cuando lo encuentra lo atrapa al vuelo y lo invita conversar, quiere que le hable sobre sí mismo, le cuesta, pero ahí está ella para ayudarlo, para sacarlo del silencio y de la soledad, a pesar que  él la disfruta y no quiere ser inoportuna o cansarlo, igual lo busca, el le dirige una mirada especial a lo que ella le responde con un guiño.  “Parece absurdo decir que Peter se sienta feliz pero estoy segura de que él experimenta los mismos sentimientos que yo”.

 

Le entran dudas, a lo mejor el no le encuentra atractivos, quiere conquistarlo, a lo mejor piensa superficialmente en ella, desespera, se siente observada por mamá que molesta a Peter.  Continúa.  Se dan adelantos, respiran juntos el aire fresco, miran afuera desde la ventana, “hay algo que no debe ser interrumpido con palabras”.  Lo ve extraordinario cuando corta la leña, piensa que “se aplica en cortar bien la leña, para demostrarle su fuerza” .

 

Está romántica, a lo lejos escucha un carillón tocando “puro de cuerpo, puro de alma…” [

 

Se funden en uno todos sus hombres admirados e idealizados.  “Peter como papá es  un muchacho admirable”.  “Peter Wuessel y Peter Van Daan se han fundido en sólo Peter, amado y bueno por quien suspiro”. En la noche su papá leyó a Dickens en voz alta.  Sentada en la misma silla que papá y muy junto a Peter, el cielo parecía abrirse para mí”.

 

E 7 de noviembre de 1942 opina con respecto a su padre, “yo estoy loca por Pim.  El es mi gran ideal.  No quiero a nadie en el mundo tanto como a papá”, “espero de papá algo que él no es capaz de darme”. La ruta de su ideal imposible está tocando otro camino, está abordando los desafíos del descubrimiento de otras emociones y dejando de ser la niña de Pim. El 3 de febrero de 1944, suspirando decía “creo que voy a enamorarme de él, si ya no lo estoy…” Kitty siempre está ahí, ahora Ana le suelta sus emociones, “estoy exactamente como una enamorada que sólo sabe hablar de su amor”.

 

“Ese sueño del beso en la mejilla no la abandona”. Es intermitente en su desconcierto e inquietudes. Flota un misterio inexplicable.

 

El 17 de marzo de 1944, se lee, “para amar a una persona es menester primero que esta me inspire admiración y respeto, sobre todo admiración… todo marchará bien cuando pueda conquistar a Peter, pues lo admiro desde muchos puntos de vistas”, es tranquilidad, reposo, es lo opuesto de ella que se siente torbellino y estruendo.

 

El 19 de marzo de este 1944 decide tomar las riendas, hablar francamente con Peter, aprovecha un momento para cuchichearle que le era inminente hablarle, se ponen de acuerdo… Hablaron de 1942, “qué distintos éramos en aquella época… al principio ninguno de los dos podía soportar al otro.  Él  me encontraba fastidiosa… yo… en juzgarlo una nulidad, no comprendía porque no flirteaba conmigo… él me habló de su  aislamiento voluntario, le dije que no veía gran diferencia entre mi bullicio y su calma, que a mí también me gusta la tranquilidad, pero únicamente lograba estar a solas con mi diario”.

 

Se sienten contentos de estar juntos, compartiendo el aquí del anexo.  Además él se siente ayudado por ella con su alegría, y ella considera que “es lo más hermoso que él le haya dicho”.  Piensa, “debe haber empezado a quererme como amiga, y esto me basta por el momento.  Por más que busque las palabras no las encuentro, a tal punto soy dichosa. Perdóname querida Kitty, mi estilo se ha venido muy abajo… tengo la sensación de compartir un secreto con Peter”. 

 

Quiere horas de felicidad, estar juntos. 

 

Sube a reunirse con él a la habitación, como ya sabemos, está en el desván, y tiene una ventana que se presta para asomar la mirada  en la noche y ver una posible luna y lo que sucede afuera, la oscuridad relativa se presta para la velada, facilitó la conversación y las cosas para Ana, se tocan con las  palabras, se escuchan sus historias de familia, la vuelven a poner sobre el tapete.  “Peter le pregunta si se besan, si se dan un beso en cada mejilla todas las noches antes de acostarse, a lo que ella le dice, ¿uno solo? No, muchos, muchos.  Apuesto a que no es tu caso, -No, yo casi nunca he besado a nadie-.  Reconocimos que ninguno de nosotros  confiábamos en nuestros padres… huía a la buhardilla para renegar completamente solo.  En cuanto a mí, le dije, cómo en la noche en la cama daba rienda suelta a mis lágrimas… Hablamos un poco de todo.  ¡Oh, ya lo sabía yo, lo encontré exactamente como me lo imaginaba… somos grandes amigos, estamos juntos siempre en lo posible”. 

 

El miércoles 22 de marzo de 1944, el hilo conductor de su preocupación, su historia, que concierne a dos: Ana y Peter entra a  tejer un mural de imágenes y palabras en su querido diario, “creo Kitty que el anexo va a ser cruzado por el soplo de un amor verdadero”. Hay un giro total, Peter el de la realidad y no el del sueño o del ayer desemboca en un presente intermitente y   no pienso para nada en casarme con él.  No sueño con eso.  Es demasiado joven todavía, y no sé qué clase de hombre será más tarde, tampoco sé si nos amaremos lo bastante como para que ambos deseemos casarnos”.  Lo ve hermoso, pura  amabilidad y bondad.  Cuando conversa con él le hace notar que él está enquistado entre los dos, nunca dices nada. 

 

Ella se identifica con él en que no son diferentes uno del otro, ya que a “Peter lo mismo que a mí le falta una madre… se interesa poquísimo en los pensamientos de su hijo.  La mía demuestra un mayo interés por mí, pero está desprovista del instinto materno, tan hermoso y sutil”.  Ambos mantienen una lucha interna según ella a causa “de nuestros sentimientos contradictorios, aún no nos sentimos lo suficientemente seguros y en el fondo somos demasiados  sensibles como para soportar brusquedades, cuando me agrede mi reacción directa: quiero irme, como es imposible empiezo a simular, me debato y causo tal batahola, que todo el mundo quiere verme en el otro extremo de la tierra.  Él por lo contrario se repliega sobre sí mismo, casi no habla, permanece más bien taciturno, cavila y se  esconde tras su timidez”.  “Creo que lo más que le ha impresionado es  haber descubierto en mí, no a la pequeña Ana superficial que los demás conocen, sino a una criatura totalmente diferente, una persona tan soñadora como él mismo y en pugna con idénticas dificultades”.

 

No faltaba más los allegados del medio ambiente están pendiente tanto de la guerra como  de los sucesos de Ana y de Peter, la madre de él, lo llama el pensador y la jovencilla cree que está celosa de los acercamientos, la otra madre reprime a Ana por estos encuentros y de que va mucho al desván, cree que el joven está enamorado, la señora. Frank está en contra, Ana no quiere renunciar a Peter, cree que no debe ser indiferente a su madre para controlar la situación, y tratará de ser amable con ella.  Pim se muestra menos cariñoso, se esfuerza por no seguir tratándola como una niña, y  este hecho lo ha enfriado, dice “papá prefiere no intervenir en la lucha que entre mamá y yo se ha suscitado”, le inquieta la sombra de su hermana que le surge de pronto en su cabeza, se pregunta si Margó no le gusta Peter, se lo pregunta, se escriben cartas al respecto, si ella estuviera en su lugar “estaría enferma de celos”, esta duda no se la ha transmitido a él, una vez deliberado y careado que no hay tal, ella desata sus emociones.  Se pregunta, si “sentirá la mejilla contra la suya, como sintió la del otro Peter en sueños”.

 

“¡Oh Peter y Peter! Vosotros no sois más que uno, vosotros sois el mismo Peter”.

 

Le deposita todas las cualidades que ella con ojos maternantes, de paciente cazadora y de guionista dibujando escenas que conmocionen, acecha y describe, el 28 de marzo de 1944, lo ve con esos ojos inigualables, “cuando lo veo tendido, la cabeza sobre los brazos y los ojos cerrados, no es más que un niño; cuando juega con Mouchi, es un encanto; cuando se le encarga traer las patatas  u otras cosas pesadas, está lleno de fuerza; cuando va a mirar los bombardeos o a sorprender a los ladrones en la noche, es valeroso y cuando es desmañado y torpe resulta sencillamente delicioso.  Prefiero recibir de él una explicación a tener que enseñarle algo; querría reconocerle superioridad en todo, o en casi todo.  ¿qué puede importarme nuestras madres? ¿Ah, si tan siquiera hablara!”. 

 

El 1 de abril, de 1944,  en su silencio medita, “¿no será que  la timidez le impide confesar su amor? ¿por qué me quiere tan a menudo a su lado?…me tranquilizaré… con un poco de paciencia, quizás eso llegue por sí solo.  Pero hay algo que me tiene mortificada: doy la impresión lamentable de correr detrás de él.  Siempre soy yo quién va hacia él, y no él hacia mí”.  Se justifica, “se debe a nuestras habitaciones.  Peter no comparte la suya con nadie, yo sí, y él seguramente ve eso como un obstáculo”.

 

Sigue sus acercamientos con Peter, no le es suficiente que  le hable de sus padres y de sí mismo, no le basta, desea más, todavía no son verdadero camaradas, se siente sobre ascuas, se trastorna con las malas noticias que llegan de afuera, se apiada de sí, el día lo pasa alegre, segura, hasta insolente “con el fin de evitar cualquier interrogatorio y no tener que deprimirse”, en las noches no aguanta y llora, se acoge a su diario que es su salvación.

 

El 16 de marzo de 1944, se da ánimos, “estoy resuelta a ser valerosa…de día  en día estoy más distante de mamá, soy menos cariñosa con papá y ya siento deseos de hacerle a Margot la menor confidencia…ya no tengo ganas de besitos y halagos, y juzgo afectados los tiempos diminutivos”.  “Se nos trata como a niñas.  Es verdad que lo somos físicamente pero olvidan que, en lo moral, hemos madurado infinitamente  más de lo que por lo general les sucede a otros muchachas de nuestra edad”.

 

El 17 de marzo del mismo 1944, como dueña de la verdad y marcando linderos en los dominios que va reconociéndose como propietaria de sus actos y reflexiones se expone a deducir y sostener que “sé con toda exactitud lo que quiero…me he  formado mis propias opiniones, principios e ideas…me siento más cerca de los adultos que de los niños”.  Y aquí hecha la agrandada, a la vez situándose y asumiéndose distinta y distante se ve otra, dándose de igual a igual con los adultos, hasta siente que la tratan con más consideración, tiene la “impresión de ser absolutamente independiente de todos cuantos conozco”, hasta, comparándose con su madre que le parece poco dúctil y de poco tacto, la “aventajaría en las discusiones y controversias, pues soy más objetiva que  ella y exagero menos.  Soy también más ordenada y más hábil, lo que me da, -si puedes reírte- una superioridad sobre ella en muchas cosas”.

 

El 7 de marzo de 1944, a propósito de este otro verse en su propia semejanza, de este giro al mundo de la juventud que anticipa Ana, marca un ciclo recorrido y lejano de su pubertad y adolescencia viviéndose. Veremos en sus memorias que hace un compendio, crónica, un perfil y reseña de la que fue en los hechos de su vida y de cómo percibió y transitó sus tres últimos años. Entrelaza su permanente tratamiento de auscultarse, autobservarse, autodecirse.

 

La  escucha siempre es una demanda, de un pedido, de saberse hablada y escuchada, crea ese ir y venir del monólogo, compaginando una lengua transmisible y transformadora.  Dirigiéndose a su interlocutora Kitty no se siente sola, puede acercarse al vacío y a la vez tomar distancia, puede construir el puente que la orienta hacia ella misma. 

 

Puede verse a distancia, criticarse.  Se siente cambiada, cuando recuerda su vida antes del encierro en el anexo se le antoja irreal, sale para hablar de esa otra que ha convivido con ella y la describe así, “la Ana que disfrutaba de esa existencia celestial era muy diferente de la que maduró entre estas paredes”.  Ubica que tenía admiradores, amigas predilectas, que era mimada por los profesores y por sus padres a más no poder con bombones, con dinero para pequeños gastos…¿qué mas pedir?”. Cree que prendaba a las gentes por sus ocurrencias, observaciones, su rostro riente, era despreocupada, tenía sentido crítico, original, encantadora, y no era por sus atractivos físicos como le ha dicho Peter. 

 

Además, según ella, era una coqueta incorregible y divertida.  Dentro de sus  cualidades que tenía era aplicada, honesta, franca, y generosa.  Su reputación en la escuela era de chacoteadora, bromista, jaranera, eso sí, ni llorona ni caprichosa.  “ A Ana la escolar la veo como una chiquilla encantadora, pero muy superficial que no tiene nada en común conmigo…¿Qué queda de aquella muchacha?  risas, ocurrencias, críticas, capaz de flirtear…”

 

 Volver a ser la que fue la saturaría. Le gusta la que es, la que está siendo, afirma que “ya no necesita adoradores o admiradores seducidos por una sonrisa lisonjera ni que la sigan con miradas ni con espejitos, sino amigos cautivados por mi carácter y mi proceder.  Comprendo que estas exigencias reducirían mucho mi círculo de íntimos, pero, ¿qué le vamos a hacer?”. Hace un puente y paréntesis y deja a relucir otros momentos, “a pesar de todo, mi felicidad en 1942 tampoco era completa, con frecuencia me sentía abandonada.  Me movía demasiado de la mañana a la noche para pensar en ello, y me divertía cuanta podía.  Conscientemente o inconscientemente trataba de olvidar el vacío que sentía divirtiéndome así… que aquel periodo de mi vida terminó irrevocablemente.  Los años de escuela, su tranquilidad y su despreocupación nunca más volverán.  Los he superado ya no lo deseo”.

 

Para la redactora, diseñadora de su estilo y heroína de su adolescencia estos tres años son un espejo de sus sentidos, de una realidad comprimida en una política dada por las circunstancias del ejercicio del poder, problema eterno de las pasiones humanas, del dominio voraz de una muerte amenazante convertida en disputas y desacuerdos: la guerra justificando puntos desencontrados entre los que se consideran aliados y enemigos, en  la inevitable ruta de la historia jugando omniscientemente el destino de los derechos humanos.

 

Vistos por ella ese diario vivir en la clandestinidad  nos los compartirá con este sentir de su única vida de espectadora y semblante de la palabra y los actos. 

 

El 3 de mayo de 1944,  se pregunta ¿de qué sirve esta guerra? ¿Por qué los hombres no pueden vivir en paz? ¿Por qué esta devastación?.  Pregunta eterna, por los siglos y los siglos de todo presente. Considera la estadía en el anexo como una “aventura peligrosa”, que se torna romántica e interesante por el riesgo.  “La invasión ha comenzado… las operaciones de tropas inglesas y norteamericanas han empezado”, el  6 de junio de 1944, se pregunta, ¿se acerca de veras esa libertad tan largamente esperada? ¿De esa libertad que tanto se ha hablado? ¿No es demasiado hermosa parecida a un cuento de hadas?.

 

Ya el 11 de abril de ese mismo año Ana empieza a cansarse de comprender la mente humana, está cansada de sentirse paralizada en esa angustia permanente,  está cansada de vivir la condición de clandestina, está cansada de ese enclaustramiento y de esos miedos indescriptibles.  Qué le queda, sólo esperar, y estar en el anhelo de  que si esto termina, pero, “¿cuánto tiempo  más poder resistir esta presión insoportable y más fuerte cada día?”.

 

Mantenerse en pie es la consigna.

 

En su diario la joven recrea los datos, los sintetiza, hace sinopsis, hasta se estimula de los avances de proceso creativo y de los recursos que implementa en ese hacer escriturándose. El 10 de diciembre  de 1943, cuenta, “cada una de nuestras  privaciones ha sido tratada humorísticamente en mi diario.  Me he propuesto de una vez por todas, llevar una vida diferente de las simples dueñas de casa…soy joven… me niego a quejarme todo el santo día”. 

 

Su alegría, su fuerza y su dicha interior, combaten la pesadumbre, pone un torniquete de ilusiones allí dónde se pregunta ¿por qué habría de desesperarme?

 

Esta mordacidad en el manejo del humor es increíble en Ana, hasta para describir la rutina aprendida a fuerza de la costumbre.  Parece que dibujara las palabras desde el retrato de una adolescente en circunstancias de campamento viviendo comedias más que de una guerra, veamos un fragmento de esa vida cotidiana, abramos el telón, asomémonos a ver que hay, desplazamientos de cosas para dormir, luego el inmobiliario del día se transforma, Ana duerme en un diván de 1;50, al que hay que agregarle dos sillas como larguero, luego higiene, rizadores, agua oxigenada para la pelusilla negra del labio superior, besos de buenas noches, rezos y a la cama, se sabe  hasta los ruidos de cada uno de los anexados, como el de su compañero de cuarto, Dussel, que cuando el sueño no le llega hace “un ruidito  como de pez que boquea” interminablemente hasta que se amodorra y fin.  Otra escena, la Sra. Van Dam, la  representa como “la provocadora que habla con una sonrisa de coquetería y pretendiendo saber hablar de todo se esmera con el uno con el otro”.

 

La escena del ropaje de todos es captada teatralmente al menos así la puedo representar en mi mente, tenemos a la sra.  Frank con el corpiño ajustado y viejo, lavando ropa; el sr. Frank con su corbata deshilachada pelando arvejas; el Sr. Van Dam con su mesa para tomar el te, delantal en pecho y haciendo salchichones; la Sra. Van Dam o petronella, no solo con su urinario, sino encargada de la cocina, además aferrada a sus trajes y abrigo de piel de los que no quiere desprenderse; Margot con su delgadez y vestidos casi rotos lavando platos; Ana con sus rizadores y blusa enseñando el ombligo y puesto los zapatos  rojos con taco que le trajo Miep  yendo con la peinilla en la mano a cortarle el cabello a Pim; Peter con su gato y matándole las pulgas, también taciturno, apagado con apetito devorador.  Y el Sr. Dussell pantalón al pecho, chaqueta roja, zapatillas negras, gafas de carey trabajando en la mesita y otras veces  con sus implementos de odontología listo para sacar las muelas y no olvidando sus  largas sesiones en el retrete.

 

Se atreve a hacer un inventario de vivencias de los dos primeros años, en marzo 7 de 1944 al recordar los inicios de 1942, lo significa como el brusco cambio, disputas, reprimendas, etc. Dirá “me tomaron desprevenida como si hubiera recibido un mazazo, y para darme ánimo me volví insolente”. 

 

En 1943, nos mete  en su avatar existencial. “la primera parte, crisis, lágrimas, soledad infinita, lenta comprensión de todos mis defectos…hablaba tuertas y derechas, tratando de poner a Pim  de mi parte.  No lo conseguí.  Me hallaba sola ante la difícil tarea de cambiarme a mí misma, con el fin de no seguir provocando reproches, porque estos me deprimían y desesperaban”. 

 

Va poniendo puntos apartes a ese no poder entrar al secreto del deseo, va dándose lugar y función a su propio orden, va distanciándose de la disputa de tener un aliado a su favor, su padre es sólo su padre, jamás su cómplice ni su comodín, peor el que hace lo que ella quiere.  Él sólo interviene en la función que le permite y da lugar su rol filial, la función paterna autorizándola a ser en el mundo de la inexactitud.  En ese mundo donde aparentemente no le falta nada pero en el que busca  la intimidad, en el que quiere salir de lo trivial, en el que descubre esa falta de confianza como su verdadero defecto, además se “aburre lo indecible”, pero le interesan los recuerdos sobre todo.

 

La  segunda parte del año es mejor para ella, ya transformada en jovencita, cree la consideran, reflexiona más, escribe cuentos, comprende que “los demás no tenían ya, el derecho de utilizarme como pelota de tenis”.  Decide cambiar, ser consistente en sus opiniones, según su decir: “formarme según mi propia voluntad”, tiene mira de otra actitud y relación con su padre, se confiesa, “que ni siquiera su papá sería nunca su confidente en todas las cosas, ya no podría tener confianza en nadie, salvo en sí misma”.

 

Ya a  fin de año del 1943,  se pone inquieta, anhela, desea tener un muchacho como amigo y no a una muchacha.  Pues, “había descubierto la dicha en su caparazón de superficialidad”, al irse volviendo más  seria se sentía, “consciente de un deseo sin límites por todo lo que es belleza y bondad”.  En este momento de su vida lo bueno se reduce al escondite que es la seguridad, su salud intacta, de todo su ser.  “Lo amable es Peter, ese despertar de una ternura que nosotros sentimos, sin osar todavía, ni el uno ni el otro, nombrarla, o tan siquiera rozarla… no pienso ya en la miseria, sino, en la belleza que sobrevivirá. 

 

 

Se vuelve madre y consejera de sí, se levanta los ánimos, “piensa en la belleza que se encuentra todavía en ti y a tu alrededor.  Sé dichosa”.

 

Su madre opina lo contrario a este pensamiento de Ana, más bien, considera  que cuando se está desalentado y triste hay que pensar en la desgracia  del mundo, se opone a este mirar, ya que considera, nuestra Ana, más bien sostiene, que cuando se está en desgracia hay que salir de ella  para no estar perdido, que hay que volverse a lo bello. Algo así,  como un no dejarse derrotar ni atrapar, es como una invitación a recuperar la calma.

 

En cambio Pim, de ese papá protector,  atento a alegrarle la vida, a dejarse cortar el cabello, de leerle cuentos, de acolitarle los sueños con fotos y postales de artistas, de ser su camarada, de haber confeccionado cortinas con retazos de tela “con la torpeza de los profanos en el oficio” pasa a ser el guardián, el consejero, el cuidador de los pasos de su hija.  La siente en peligro, la pone en alerta, le pide prudencia porque se cuenta con un espacio muy restringido,  le dice que no le parece apropiado lo que está ocurriendo en esta casa, le dice que no o tome demasiado en serio a Peter, al que suponía el camarada de Ana, además “en estas cosas el hombre es activo, y la mujer más moderada”. 

Los principiantes de este amor adolescente se prometen que nunca habría rozamiento, se devuelven la confianza y se cuidan del amor pero de las distancias es más difícil.

 

 

En 1944 haciendo un resumen de ese año en sus escritos, Ana  analiza, reflexiona  sus propias palabras dirigidas a su madre, se queda estupefacta de cómo había sentido tanta cólera hacia ella, se pregunta  del por qué ese odio, se da cuenta que  ese pasado estaba lleno de incomprensiones mutuas, de ese estar indispuesta  “a esos malentendidos… y desacuerdos de una parte y de la otra.  Nos hemos envenenado mutuamente.  Pero eso pasará” y continúa, “me he vuelto razonable… cuando ella me fastidia, casi siempre me callo, y ella hace otro tanto, lo que todo parece marchar mejor”. 

 

Indaga y se adentra en ese nexo filial  difícil  de eslabonarlo entre su ser y el no ser de la otra.

 

Da con un punto ciego, casi como un grito de “eureka” frente a  una posible solución o respuesta, al fin, descubre que lo que le falta entre las dos es ver a su madre como un ejemplo que pueda seguir, ya que, dice ella, “mamá nos ha dicho, ella misma que nos considera como amigas suyas más que como hijas”, a lo que  Ana, piensa, “en mi opinión una madre debe ser una mujer cuya primera cualidad sea el tacto, sobre todo frente a hijas de nuestra edad, y que no obre como mamá, que se burla de mí cuando lloro”.

 

Esta joven, recuerda una escena donde se da un impase con su madre y hermana, aparentemente insignificante, esto es dónde se le burlan este par, después de haberla despedido  por andar en bicicleta a pesar de haberle permitido llevarla, y que con la misma no podía acompañarla, a lo que ella llora por sentirse rechazada, y ambas  se le sueltan una carcajada, Ana siente que en ese momento, sobre todo su madre le causa “una herida” que le “sigue doliendo todavía cuando piensa sobre ese hecho”. 

 

Es como que fuera excluida de la complicidad femenina, de eso que la hace saberse fuera de la otra, fuera de la palabra que todavía no comprende aunque la porta en el cuerpo: una mujer, ella, su yo, que no tiene que ver nada ni la madre ni la hermana, pero que a la vez ambas tienen su propio misterio en su ser.  Cuando ella, está haciendo una retrospectiva de sus años anteriores, en su presente confronta otras preguntas que no las puede compartir ni con su madre ni con su padre, ni con su hermana, dado que siente cierta vergüenza y a la vez placer secreto de  experimentar eso, eso es, el rubor y la transformación visible del cuerpo, la menstruación es un secreto que la regocija a pesar y despecho del dolor y de estar indispuesta.  Este misterio vivido, sentido, la invita  a sentir un deseo de hablar con alguien, escoge a Peter, y a él le confía su manía de sonrojarse, hasta conversa sin  tartamudear de la menstruación, se siente respetada y escuchada por su amigo.

 

También va tomando conciencia de sus cambios, de sus inquietudes sobre la sexualidad y el deseo, quiere comprender sobre eso, y su interlocutor escogido es Peter, además siente que “el objeto de su ensueño le pertenece, que nadie lo sabe, que nadie sospecha, lo que sucede en la mente de una chica”.  Nota  que se siente diferente, tanto en compañía como cuando está sola, cree que hablar con franqueza permite ver el otro lado que no se ve, así podemos entresacar en sus escritos del mes de enero que casi todo el tiempo lo dedica auscultarse, revisar los pro y contra con su madre,  y a seguir de cerca sus acercamientos a Peter.

 

Y el deseo no estaba ahí, y el deseo no seguía ahí, allí advenía algo que no pertenecía al plano filial, aunque la partida se inició desde allí, Peter le cuenta a Ana lo que el padre de la jovencilla le había dicho, “tu padre juzga que esta camaradería puede muy bien  terminar en amor, pero yo le he contestado, que los dos nos cuidaríamos de eso”

 

¿Quién se cuida del amor?

 

Ana, le cuenta a Kittiy, “papá ha vuelto a decirme que me aparte un poco”, pareciera que Ana estuviese apesadumbrada, pero esto dura un relámpago, ya que cuenta que cree que su padre está decepcionado  por no guardar las distancias de su objeto de enamoramiento, se siente sin responsabilidades hacia sus progenitores, considera que en cuanto a sus actos se siente responsable solo con ella misma, se siente independiente, sin interpretar comedias, con una voz interior que no quiere sentencias. 

 

Piensa que la lucha terminado, ¿con quién?, y que ha ganado, quizás se está probando en ese avatar, quizás se está encontrando con su propia piel femenina sin  referentes “mortificantes”, cree que ya no necesita de su madre, que se ha vuelto fuerte a fuerza de luchar , obrará según su conciencia, no deplorará de sus actos y como una enamorada radical está convencida que nadie la podrá desconvencer de que deje de reunirse con su Peter, lo dice así, como dirigiéndose en un diálogo imaginario a su padre,  en el fondo es la opinión y únicas palabras que le importa, como que la de su madre la tiene sin cuidado, además cree que ella “nunca ha pensado en los problemas, ni en los pensamientos que me preocupan”. 

 

El 17 de noviembre de 1942  escribe refiriéndose a su madre, “en todo somos distinta y chocamos fatalmente”, el 7 de noviembre de 1942  anota, “he concebido un ejemplo ideal  de madre y esposa que en nada se asemeja a aquella a quien estoy obligada a llamar mamá.  Siempre me propongo pasar por alto los defectos de mamá, no ver más que sus cualidades y tratar de encontrar en mí lo que vanamente busco en ella”. “Ni papá ni mamá sospechan lo que me ocurre y yo los repruebo por eso”.  Sus padres no pueden darle viviendo su vida, por otro lado, sólo es la hija, y su lugar es sólo eso, no compensa ni complemente a ellos, por más que adore a su padre, él no puede tomar partido por ella, solo ayudarla a establecer un orden en la organización del árbol genealógico, y a darse presencia en sus respectivas funciones de padre y madre. 

 

Ana experimenta la desilusión, la frustración.  Tiene que salir del tocador de no desear el lugar del prójimo u ocupar el puesto del otro, la otra en este caso, aceptar que los padres no pueden dar entera satisfacción a sus  hijos.

 

Hace un receso el mes  de febrero de 1944, habla sobre la situación de la guerra, las bromas  del anexo frente a lo que haría