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EL PREÁMBULO DE LO FEMENINO DENTRO DE LO MASCULINO, por carmen vascones mayo 10, 2009

Posted by carmenmvascones in aleyda quevedo, carmen vascones, catalina sojos, EL PREÁMBULO DE LO FEMENINO DENTRO DE LO MASCULINO, margarita laso, maria fernanda espinoza, maritza cino, poetas de ecuador, por carmen váscones, rocío burgos, sonia manzano.
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Ausencia y éxtasis incitan al deseo en su plenitud simbólica empielada en el texto de la palabra, desnuda y vestida ante la mirada y escucha de esa otra: la erótica en lo otro: la muerte.

De eso la vida: madre del verso y de lo humano.

La razón sueña, y el sueño no tiene razones, sino un portador y espectador, que requiere a la espectadora y envolvente pasión cual instinto enlaza a lo humano, ahí donde se es culpable y libre, esto es, en el placer encarnado en la psique, amante del caos  y de la memoria.

La preñez humana enamora a Dios para alejarse del incesto, nace del amor entre el hombre y la mujer, aupados en la única lealtad posible la de la soledad y de  la sombra.

Quizás la de la muerte.

Quitarse la condena mortal es un invento del amagamiento del lenguaje, que cubre, devela  y se revela en ese no hay clímax,  ni ser para el uno en la creación de una sexualidad creadora, aboriginante, sin mediación  de una relación sexual.

La cópula del arte está hollada en la piedra, en la piel tatuada, en la letra, en los desechos, en los restos de los amantes y amadores de la expresión única y posible, la del lactante y actante a la vez que lindera entre la bestialidad y lo perverso, entre lo humano e inhumano; entre la marca de los deseos y mordeduras.

Testimonio o vestigio de la batalla a engendrar.

El frenesí del goce,  el puro y simple choque con la oscuridad, el instante del reflejo del Eros en el amor que ciega por la imantación de la atracción sensual hacia lo hermoso y sublime.

La obra creada es el semblante del ritual profano y sagrado.  La ofrenda humana despojada del poder aberrante y aniquilador.

El ser para la muerte retorna con una presencia eterna  a la vez grata e ingrata dentro y fuera de sí.

La trasgresión de lo masculino y femenino, revés de lo que no se es y es, de lo que se da y no se tiene, de lo que se tiene y no se da.

A pesar de que somos fieles  a lo que no se es, aún así, se creó el artificio de la fidelidad a lo que se es, esto es, el femenino para el masculino o viceversa.

Los contrarios se oponen, los iguales se desencuentran, los diferentes se diferencian…

Lo insoportable se soporta, se lo porta como un estigma de las razas: en el nacimiento del ser, su erótica amatoria primigenia.  Símbolo de vida y muerte en el aquí, allí y más allá de la palabra y de la materia.

Lo indescifrable del enamorarse y desenamorarse, los acontecimientos del encanto y desencanto.

La inevitable encrucijada del cuerpo y la imagen, la mirada y la voz en esa forma y texto del habla y la escritura.

La expresión máxima de la angustia confrontada al vacío, a la ausencia y la nada del no ser en su inalcanzable e inagotable existencia mortal y no idéntica ni al sí mismo ni al otro fuera y dentro de su psique y de lo corpóreo.

Lo suficiente e insuficiente de su trascendencia y soledad junto a su yo aprobado y desaprobado.

Todo es una tentativa de consumar el amor que no se plantea la bestia.

El desencuentro humano es un encuentro riesgoso y posible al fin de todo.

“De esos centenares no amo sino a uno.  El otro del que estoy enamorado me designa la especificidad de mi deseo”

(Roland Barthes)

Ahí el nudo y drama, hasta tragedia y divinidad de lo que se busca.  Lo que está en el otro no está de verdad en el otro ¿quién da lo que no tiene?

Volvemos a la ilusión y desilusión del amor pasajero de la pasión y del deseo, de donde deviene por causalidad y en ocasiones el arte, la poesía y la plenitud erótica.

LA POESIA FEMENINA EN EL ECUADOR

Es un trabajo estético insertado en el diálogo interior con la vida que se presenta como asombro y horror, como historia y fantasía, como silencio y grito, como testigo y testimonio.

Hay un replantear de la palabra más allá de las vivencias, del discurso e incluso del hacer creador, igual, el hombre piensa y habla porque es un ser humano.

El  hombre no tiene la exclusividad como creador del lenguaje, la mujer crea también, hasta se podría decir doblemente, pero no se trata de competencias, irónicamente, cito a un amigo que al opinar sobre las mujeres escritoras de poesía dijo “como el macho es el líder de la manada, la mujer es la vanguardia de la poesía ecuatoriana”

Ahora sí podríamos decir que la mujer hace y huella una memoria del deseo.  Tiene una escritura propia, que evidencia, traduce, traslada, y denuncia lo corroído, lo perdido y vendido.

También podríamos decir, que ella, nosotras, tenemos una posición comprometida y asumida de la palabra creadora, esto es, dar la posibilidad de volver a creer, crear y crecer en el conjunto con los otros.

Si cogemos opiniones vertidas últimamente por las poetas ecuatorianas representativas en su trayectoria de trabajos tenemos:

Sonia Manzano “mi escritura, pese a estar exenta de hipocresías, no se ha despojado de ninguna máscara, pero, ¿acaso la permanencia de lo oculto no resulta más impúdica y enigmática que la misma desnudez al descubierto?”

 

 “no obstante la carnosidad que me recubre

soy el único hueso que ahora me atraganta

soy el feto terriblemente viejo

que muere por su propio tabaquismo

en las aguas servidas

de su memoria amniótica”

 

Maritza Cino “Creo que la escritura poética nos exige un reto y un tiro, un reto y un rito para liberar la palabra de todos sus convencionalismos y cánones establecidos.

Liberarla para romperla y violentarla en su esencia literal.  Liberarla para convertirla en símbolo…

Es una primera imagen insomne que nos acosa y nos persigue para desafiarnos en el desarrollo funcional de la totalidad de un texto poético que ya es parte de un proceso, de una reescritura, es decir del oficio.

 

“La mujer rompió su monasterio

contemplándose

liberó las anclas de su fuente.

 

Naturaleza de misterios,

alteró el rasgo de los siglos.

 

Convocada por la vida

gestó el renacimiento.”

 

Catalina Sojos “el erotismo es una fuerza consustancial al ser humano…Pero eso sí, mirando las cosas desapasionadamente, debo decir que es importante el rescate de un tema que ¡quien lo creyera! todavía sigue siendo un tabú…”

“Me rodea la luz como piedra

escalo

bajo la sombra dorada  de tus ojos

amarro mi extravío entre las grietas

llevando en cada afán el germen del vacío

 

todo para llegar a ti

(SISIFO)

 

Margarita Laso “Así como el  misterio humano comprende el erotismo, el lenguaje entraña también una materia de abundante eroticidad…

Si el erotismo es inconmensurable, la sexualidad humana lo es mucho más.  Y la ambigüedad de la palabra una fortaleza y un abismo”

“El arco de carnero de mi lengua no te susurra

tu cabeza alumbrada por los instintos escucha

su estela de saliva”

 

María Fernanda Espinoza “Escribo por una necesidad vital y porque es una forma de realización personal.  además, en la literatura busco mi justificación para existir y sentir que estoy aquí por una razón”

cuando vuelvas

la ceniza

devorará la huella

se posará en la memoria

hasta borrarte”

 

Aleyda Quevedo “Nunca me sentí prisionera ni de la cultura ni del género.  definitivamente mi proceso personal y literario no pasa por ahí…

La imaginación de mujeres y hombres siempre será libre, aún cuando todavía en nuestra sociedad exista el machismo, el feminismo trasnochado y la intolerancia”

“Es el tiempo de las mujeres

moviendo las montañas

los hombres parecen haber olvidado

las leyes del amor”

 

Rocío Burgos (fallecida)  El amor es universal, un todo cuerpo a cuerpo.  es tocar, besar, abrazar, succionar, conocer.

Mujer con hombre, hombre con hombre, mujer con mujer.

El amor es polimorfo perverso, es mi cuerpo perdido en el tuyo, es mi ser perdido en el tuyo.

“Habito una isla

de fantasmas

donde el péndulo refleja soledad.

 

El dolor:

una espada

rota.

 

 

Eludo

mi tristeza

en la escritura.

 

Una mujer

caza

con su ombligo

océanos

de ternura.

 

siento temor

de los remolinos

 febriles.

 

En una hamaca

urde

sus ficciones.”

Y quien les habla:

 

Carmen Váscones “Nunca me he sentido presa de mi deseo ni del semejante.  Las mujeres que me impactaron en la historia de la vida cotidiana y literaria, tenían algo en común, eran luchadoras, a contravientos se dieron un lugar, provocaron escándalos, eran protagonistas, eran seres reales haciendo de sí  sus propias historias e inventos.

Los misterios que cada una traía, eran como secretos, enigmas, eslabones, y restos del árbol del bien y del mal.  La ciencia de ellas no se reducía al fruto carne de su carne.

La sabiduría las empujó a develar otras búsquedas, empezaron a salir del paraíso, de la tierra prometida, del sacrificio y del mito, de la hoguera, del yugo patriarcal y de su cuerpo matriarcal.

Labraron otros caminos, otras posibilidades de convivencia, otros diálogos, otras escrituras.  Otras tablas de la ley.

Crecí mirando mi rostro, el de mi madre, y el que iba viendo en el espejo metamorfoseándose, vi el de las otras.  Tuve la certeza desde mi infancia de una trasgresión innata en mí.

No soy adicta al dolor, ni de fuegos que queman, ni de rejas reales o imaginarias.  Amo la libertad, es mi vanguardia para sentirme libre y serlo, disfruto de la naturaleza, de lo simple.

Habito, investigo y participo de la realización humana, no soporto el desprecio ni la humillación, me rebelo contra el que la ejecuta, lo siento no digno.

Soy una inconforme de los actos injustos.

Para mí la palabra es un espacio de libertad, en eso mi padre fue un gestor y motivador, él nunca fue un represor ni censurador de la expresión de la belleza, nunca dejó de manifestar su deseo  y su  amor que profesaba a su mujer, mi madre.

Crecí en la expresión libre.

Que bueno, que nosotras las que escribimos poesía profanemos los secretos del placer y del pensamiento, que el tabú de lo prohibido no sea un goce que se reduce al lecho y al acto de engendrar hijos, sino, a descubrir y palpar en la huella femenina esos otros goces que hacen que digan que hablamos sin tapús, sin mordazas, sin pedir permiso a nadie.

Por ahí leí que cada mujer es una moral, acaso el hombre también no lo es.  El erotismo es la existencia de la vida y la muerte juntas, En un poema de mi libro Aguaje digo “Ser valiente/ es señalar la desnudez/en toda su fragilidad:/un recién nacido”.

Esto, acaso no es, sublime y erótico, un llamado y pedido de respeto y dignidad a esa condición humana que vemos, nos conmueve y nos lleva a darle un lugar de honor en lo único que poseemos, este cuerpo que nos acredita un paso por la tierra.

“Hago de mi palabra una mujer a cada instante”, a quién le molesta eso.  Fundamentar la vida es no desconocerla, es darle presencia, y si eso es erotismo, bien venido.

Nunca me he hecho un propósito de escribir poesía erótica, entendiéndose esta, como una exclusividad de deleite corporal e imaginario donde los protagonistas sensuales están metaforizados por un goce único, algo así como una cópula simbólica.

Si es por ahí, donde va la pregunta. No.  No escribo poesía erótica en ese plano.  Escrituro un cuerpo del lenguaje, soy una escribana, una albacea de la escritora y de la mujer que hay en mí y de las otras que surgen en mi habla y que están día a día haciendo sus historias.

La vida involucra la belleza, el candor del erotismo, pero su teatro conlleva dolor, consumismo, codificación  y un sexo de derrotas. Siempre la mujer será piedra de toque en su cuerpo, acto, letra y palabra.

Dejará qué decir, pues, ella ya no es la ausente, ni la inspiración, ni la musa, ni la amante ni la simple dama reducida a su labor de servir, callar, parir y obedecer a su marido y satisfacerlo.

Creo que hombres y mujeres generan sus géneros, sus diferencias radican en sus singularidades y posiciones entre la cosa, el objeto y el sujeto de sus usos y abusos, esto es, el goce de su estética frente al ser femenino o masculino de su creación,  historia o invento.

Claro está que esto incluye su libertad frente al contexto social, familiar y cultural, a la sexualidad  y principios que rigieron su formación, imaginación y conocimientos de lo humano, que le acompañan desde la cuna  de su historia.

Pasar a analizar  la escritura de hombres y mujeres y de sus particularidades, es entrar a al proceso de desinhibición, audacia, síntomas, creaciones y angustias que acompañan a cada creador o creadora, que se juegan en sus respectivas épocas.

Los textos hablan por sí mismos, y habrán expresiones y demarcaciones de sentires y decires donde los regodeos con las palabras serán algunos más carnales, sensuales,, reflexivos, místicos, metafísicos; y en este sentido tanto hombres como mujeres están plasmando su  matriz psíquica, y sus formas de contacto con el mundo polimorfo.

Si me preguntan ¿Tus formas eróticas implican develamiento, la caída de la máscara?

Contestaría, Creo que mis formas mortales, siempre están involucradas con el sentido de la vida, con el sentido de la muerte.  Es como que tuviera un ojo hablante que no deja pasar con facilidad la miseria a que se está reduciendo los hechos de los habitantes, que no acepta con facilidad el conformismo a que nos han reducido.

No comparto la mezquindad, ni la idolatría a la vanidad, me siento como un río subterráneo  entre la piel y la realidad, mis aguas son mis versos que humedecen el desierto del alma.

Y cuando se me agote ese río ya no tendré nada que decir, quizás sólo morir, quizás sólo reconocer que sido parte de la vida.

Carmen Váscones

4 de julio de 2001

Nota: Las opiniones de Sonia Manzano, Catalina Sojos, Margarita Laso, María Fernanda Espinosa y Aleyda Quevedo fueron sacadas de la revista “Vistazo” (julio 20/2000 y abril 26/2001).

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