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ERNESTO NOBOA Y CAAMAÑO: (1898- 1927, Guayaquil),ALFONSO MORENO MORA (1890- 1940, Cuenca), HUMBERTO FIERRO (1890- 1929, Quito) julio 26, 2010

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ERNESTO NOBOA Y CAAMAÑO: (1898- 1927, Guayaquil)

1
Emoción vesperal
Hay tardes en las que uno desearía
embarcarse y partir sin rumbo cierto,
y, silenciosamente, de algún puerto,

irse alejando mientras muere el día;

Emprender una larga travesía
y perderse después en un desierto
y misterioso mar, no descubierto
por ningún navegante todavía.

Aunque uno sepa que hasta los remotos
confines de los piélagos ignotos
le seguirá el cortejo de sus penas,

Y que, al desvanecerse el espejismo,
desde las glaucas o­ndas del abismo
le tentarán las últimas sirenas.

2

Hastío

Vivir de lo pasado por desprecio al presente,
mirar hacia el futuro con un hondo terror,
sentirse envenenado, sentirse indiferente,
ante el mal de la Vida y ante el bien del Amor.

Ir haciendo caminos sobre un yermo de abrojos
mordidos sobre el áspid de la desilusión,
con la sed en los labios, la fatiga en los ojos
y una espina dorada dentro del corazón.

Y por calmar el peso de esta existencia extraña,
buscar en el olvido consolación final,
aturdirse, embriagarse con inaudita saña,

con ardor invencible, con ceguera fatal,
bebiendo las piedades del dorado champaña
y aspirando el veneno de las flores del mal

———————————————————–

ALFONSO MORENO MORA (1890- 1940, Cuenca)

Luis Felipe de la Rosa: Luís Felipe, tu vida de inquietud se remansa / con una pierna menos y una experiencia más. / Tu diestra, en el naufragio, la boya al fin alcanza / y serenado miras, catorce años atrás. // Las horas en la aldea resbalan lentamente / como un carro repleto de basura y dolor; /el mismo aspecto siempre, la misma luz, la gente / grávida de hipocresía, de Cristo y de rencor. // Se vive sin motivo. . . . Supieras lo que es eso. . „, / Está en mí ya extinguida el ansia de vivir, / y sin embargo, sigo como un can con un hueso, / royendo la infinita tristeza de existir. // Luís Felipe, tú empiezas: yo acabo, me retiro; / la vida ha sido mala, muy mala para mí; / mi cáliz está exhausto, su fondo oscuro miro; / pero voy a llenarlo para brindar por tí….// Por tí ¡Oh! arrepentido bohemio penitente; /es porque te han podado que vas a florecer: / es porque estás sin pierna que vas a la ventura; / es porque estás ya viejo que te ama una mujer …//// Por tí ¡Oh! arrepentido bohemio penitente; /por tí que ya no bebes sino agua mineral; //

“Ensueño Postumo” // Carpintero, la caja en que me encierren / hazla suave de un árbol de esta senda: / ¡Así podré soñar, cuando me entierren, / que estoy de vacaciones en la hacienda! // Este árbol dióme sombra, cuando niño, / a su abrigo pasé días enteros; / en el hogar fue todo de cariño / el resinoso olor de los gomeros. // En sus bosques vagué, de adolescente, / oyendo los lamentos casi humanos / que lanzan con el viento, de repente. // ¡Cuántas horas de ensueño y de locura! / ¡Cuántos nombres grabados con mi mano /en su corteza sonrosada y dura!

————————————————————————–

HUMBERTO FIERRO (1890- 1929, Quito)
1

Pensamiento

“Nunca ha de ser amor el que encontremos

Después de la vida resolvamos

De tanto rebuscar…”

2

Quizás la bondad única que recibí del Orbe

Es la de ver muy claro mi propia pequeñez.

El Ocaso de mi alma ni una mirada absorbe,

Ni una mejilla fresca baña de palidez.
Desvanecióse el ansia de la sabiduría

Desde que me visitan la Noche y el Dolor,

Yo no creo que un sabio pueda con su alegría

Borrar la certidumbre de un simple trovador.
Y todo lo que ahora conozco de la vida

Es que me encuentro triste de ser y de pensar …

Mi Musa es una sombra que guía mi partida

Con la fatal ceguera de una ola de la mar.
¿Qué escrutas, alma mía en esta eterna esfera

Si fuera de ti misma no tienes qué perder?

¿Por qué tornas los ojos, insólita viajera,

Si el llanto que tenías ya no te ha de volver?
Mis viejas ambiciones durmieron incoloras,

en sencillos afectos y mis odios también;

Y lejos de la playa de creencias sonoras

No sé mentir consuelos, ni quiero que me den.
Queda entre los recuerdos mi juventud amada

Que no ha de acompañarme con la desilusión,

No quiero buscar glorias ni quiero buscar nada,

¡Porque en cualquiera senda me pesa el corazón!
Me han familiarizado los días de fastidio

Con la idea rosada de tener que morir …

Yo no tengo Pegasos …

Voy cansado al Exilio

¡Y no cantaré nunca la dicha de vivir!}}

4

La tristeza del angeluz

En el puente de piedra que el musgo lento cubre

He descansado viendo que e deshoja el día,

En el puente de pi edra de donde a fin de octubre

Veíamos ponientes de equívoca alegría.

He aguardado el ángelus que su sonrisa abría

Para nuestra señora la eterna poesía.

Y he sentido el perfume silvestre, como antes

En el paisaje humilde que Millet firmaría,

Y mi corazón y mi alma delirantes

Se dan sin condiciones a la melancolía…

A la melancolía, que invita en esta hora

A oír largamente el agua y el ruiseñor que llora.

5

SIRINGA

Turbó tu risa de cristal sonoro
Al mirlo que habló perlas al jardín,
Y el Céfiro sahumaba de jazmín
Alborotando tu cabello moro.

Bajo la nervazón del sicomoro
El Grifo festoneado de Verdín,
Prorrumpió en un alegro de violín
Al inundar tu ánfora de oro . . .

Pan chispeaba sus ojos, en acecho
Del nacarado ritmo de tu pecho …
Y al ocultarse de él como de un tigre

En el margen del río, a poco trecho,
Te trocaste en la caña de que ha hecho
Su flauta azul a que la tarde emigre!

6

TIERRA ALTA

Tarde.

El paisaje de selvas y peñones
cruza un vuelo de cóndores nevados,
que hacia los horizontes incendiados
se funde en tenebrosos nubarrones.

Y el cerro colosal que en los pedrones
afianza sus témpanos rajados,
vierte un río de gritos desolados
en el vórtice de hondas atracciones.

De repente, un picacho desprendido
baja a los arenales, rumoroso
como un tropel inmenso de corceles.

Muere el día. Un venado sorprendido
abandona el barranco pedregoso …
y el agudo ladrar de los lebreles.

Crepúsculo.
Han callado los mirlos. La infinita
melancolía de la tarde quieta
se entra en el alma, como en la ancha grieta
el agua que la peña precipita.

Hace frío, y en torno a la casita
casi nublada de la loma escueta,
cada alondra parece una saeta,
y el rosado del cielo se marchita.

El viento arrecia. Los caballos hinchan
sus narices y soplan y relinchan
hacia el bajío de la tierra maga…

… Y la luz tiene algo de piadosa:
parece una mirada cariñosa,
una mirada que al morirse embriaga. . .

7

BRISA HEROICA

Bajando por las gradas de los Andes
Entre rocas de Cíclopes mineros,
Recordaba el honor de los guerreros
Que llenaron la historia de hechos grandes
Al desnudar los ínclitos aceros.

No tuvieron las águilas alpinas
Paseo más triunfal sobre las ruinas
Y las tumbas levíticas de Europa
Que los corceles de la invicta tropa
que luchó en las Repúblicas latinas.

Sagradas son las cumbres y los valles
Donde se enrojecieron los detalles
Que la Fama magnífica prolonga,
Buenos para Rolando en Roncesvalles
Y dignos de Pelayo en Covadonga.

Oigamos las guerreras armonías
Que dicen al pasar de aquellos días,
Mientras huyen barridas al momento
La negra Tradición, las Tiranías,
Graznando como cuervos en el viento …

8

A CLORI

Para que sepas, Clori, los dolores
Que tus ojos divinos me han causado,
Dejo escrito en el álamo agobiado
del valle de las fuentes y las flores.

Ni en las églogas tienen los pastores
Una amada que más hayan soñado,
Ni Paolo a Francesca ha contemplado
Bajo lunas más nítidas de amores.

Y así fuera en tu espíritu querido
La Pluvia que Danae recibiere,
O muriendo como Atys en olvido.

O triste como Sísifo estuviere,
Te diré con mis versos al oído
El Amor es un Dios que nunca muere.

9

DE SOBREMESA

Desdeñais la moral y el alma pública …

Todos sabéis, amigos y poetas,
Platón nos desterró de su República
Con guirnaldas de rosas y violetas.

A la sombra de un arco se le viera
Platicando en amor y poesía,
Y en los banquetes del divino éra
La mejor vianda su filosofía.

Somos hijos del tiempo, para el gusto
De las filosofías y las cosas;
Pero siempre veremos en su busto
La guirnalda recíproca de rosas.

10

DILUCIDACIONES

Quizás la bondad única que recibí del Orbe
Es la de ver muy claro mi propia pequeñez.
El Ocaso de mi alma ni una mirada absorbe,
Ni una mejilla fresca baña de palidez.

Desvanecióse el ansia de la sabiduría
Desde que me visitan la Noche y el Dolor,
Yo no creo que un sabio pueda con su alegría
Borrar la certidumbre de un simple trovador.

Y todo lo que ahora conozco de la vida
Es que me encuentro triste de ser y de pensar …
Mi Musa es una sombra que guía mi partida
Con la fatal ceguera de una ola de la mar.

¿Qué escrutas, alma mía en esta eterna esfera
Si fuera de ti misma no tienes qué perder?
¿Por qué tornas los ojos, insólita viajera,
Si el llanto que tenías ya no te ha de volver?

Mis viejas ambiciones durmieron incoloras,
Mis sencillos afectos y mis odios también;
Y lejos de la playa de creencias sonoras
No sé mentir consuelos, ni quiero que me den.

Queda entre los recuerdos mi juventud amada
Que no ha de acompañarme con la desilusión,
No quiero buscar glorias ni quiero buscar nada,
¡Porque en cualquiera senda me pesa el corazón!

Me han familiarizado los días de fastidio
Con la idea rosada de tener que morir …
Yo no tengo Pegasos … Voy cansado al Exilio
¡Y no cantaré nunca la dicha de vivir!

11

TU CABELLERA

Tu cabellera tiene más años que mi pena,
¡Pero sus ondas negras aún no han hecho espuma. .
Y tu mirada es buena para quitar la bruma
Y tu palabra es música que el corazón serena.

Tu mano fina y larga de Belkis, me enajena
Como un libro de versos de una elegancia suma;
La magia de tu nombre como una flor perfuma
Y tu brazo es un brazo de lira o de sirena.

Tienes una apacible blancura de camelia,
Ese color tan tuyo que me recuerda a Ofelia
La princesa romántica en el poema inglés;

¡Y un corazón del oro. . . de la melancolía!
La mano del bohemio permite, amiga mía,
Que arroje algunas flores humildes a tus pies.

12

LA NAYADE

Me creía orgulloso
Y un corazón muy seco,
Viviendo en mis dominios
Como un hidalgo tétrico.
Juzgaba que mi gusto
Fragante a tomilleros,
Era matar la corza
Batida por los perros.
Y al deshojar un día
Las rosas del Deseo,
Bañando las distancias

En luces de oro viejo,
La sorprendí en un claro
Que hacían los enebros
Y entre las rubias frondas
Los céfiros traviesos
Mecían el columpio
De un Fragonard de ensueño…

Yo la llamaba Náyade
Por sus marfiles griegos
Y por su talle lánguido
Como los juncos tiernos.
Me sonrió unas veces
Con un silvestre miedo,
Como la sensitiva
Que va a plegar sus pétalos;
Mas ¡ay! no era un espíritu
De encadenar con besos:
Temía despertarme
Pues sé que siempre sueño.

Y al fin, un dulce día
Se hundió en el lago eterno
Dejando entre mis manos
Los círculos concéntricos…
Y fuimos desgraciados
Y siempre lo seremos.

13

NUESTRA SEÑORA LA LUNA

La luna vertía
Su color de lágrima.
Por una avenida
De espesas acacias,
Llegaba a la orilla
Del agua estancada
La desconocida
Pareja que hablaba
De días pasados.
Una historia maga
De citas y besos,
Una historia clara
De alegres sonrisas.
Los cisnes soñaban…
La luna vertía
Su color de lágrima.

Hasta la avenida
De espesas acacias,
Llegaba otra noche
La voz apagada
De otra pareja.
El interrogaba,
Ella respondía…
Era una lejana
Historia de amores
Ya casi borrada,
Una historia turbia
Que tenía clara
La angustia presente,
El interrogaba…
La luna vertía
Su color de lágrima.

Otra vez de luna
La avenida blanca
Estaba desierta.
No turbaba nada
El tedio infinito.
Ni la historia maga
De citas y besos,
Ni aquella lejana
Historia de amores
Ya casi borrada.
Estaba desierta
La avenida blanca.
La luna vertía
Su color de lágrima.

14

PANTOMIMA

Los pobres tontos y Colombina
Que le afligieron el corazón,
Le ven trinando su mandolina
En el Trianón.

Pierrot, que tuvo la distinción
De que le arruine la poesía
Y que una tarde quedó a la luna,
Es hoy el príncipe de la Ilusión
Y va en el cano de la Fortuna
Con sus lacayos y su blasón.

Y así le miran los denigrantes
De su preciosa filosofía,
Con las camelias y los diamantes
De la Princesa Melancolía.

15

RETORNO

Llegó de lejano país
El compañero,
Que vimos partir del país
Un mes de Enero.

Conversa afectuoso y está
Encanecido,
Al lado del piano, que está
Dado al olvido.
¿Por qué su sonrisa infeliz
Al sol que muere?
Nos calla que ha sido infeliz,
¿Ya no nos quiere…?

El viento deshoja el jardín
Hoy mustio y viejo,
Y él ve amarillear el jardín
En el espejo.

16

EL FAUNO

Canta el jilguero. Pasó la racha.
Entre los mirtos resuena el hacha.

La rosa mustia se inclina loca
Sobre su fuente, cristal de roca.

El fauno triste de alma rubia
Tiene en sus ojos gotas de lluvia.

17

De sobremesa

Desdeñais la moral y el alma pública …

Todos sabéis, amigos y poetas,
Platón nos desterró de su República
Con guirnaldas de rosas y violetas.

A la sombra de un arco se le viera
Platicando en amor y poesía,
Y en los banquetes del divino éra
La mejor vianda su filosofía.

Somos hijos del tiempo, para el gusto
De las filosofías y las cosas;
Pero siempre veremos en su busto
La guirnalda recíproca de rosas.

18

Dilucidaciones

Quizás la bondad única que recibí del Orbe
Es la de ver muy claro mi propia pequeñez.
El Ocaso de mi alma ni una mirada absorbe,
Ni una mejilla fresca baña de palidez.

Desvanecióse el ansia de la sabiduría
Desde que me visitan la Noche y el Dolor,
Yo no creo que un sabio pueda con su alegría
Borrar la certidumbre de un simple trovador.

Y todo lo que ahora conozco de la vida
Es que me encuentro triste de ser y de pensar …
Mi Musa es una sombra que guía mi partida
Con la fatal ceguera de una ola de la mar.

¿Qué escrutas, alma mía en esta eterna esfera
Si fuera de ti misma no tienes qué perder?
¿Por qué tornas los ojos, insólita viajera,
Si el llanto que tenías ya no te ha de volver?

Mis viejas ambiciones durmieron incoloras,
Mis sencillos afectos y mis odios también;
Y lejos de la playa de creencias sonoras
No sé mentir consuelos, ni quiero que me den.

Queda entre los recuerdos mi juventud amada
Que no ha de acompañarme con la desilusión,
No quiero buscar glorias ni quiero buscar nada,
¡Porque en cualquiera senda me pesa el corazón!

Me han familiarizado los días de fastidio
Con la idea rosada de tener que morir …
Yo no tengo Pegasos … Voy cansado al Exilio
¡Y no cantaré nunca la dicha de vivir!

19

La náyade

Me creía orgulloso
Y un corazón muy seco,
Viviendo en mis dominios
Como un hidalgo tétrico.
Juzgaba que mi gusto
Fragante a tomilleros,
Era matar la corza
Batida por los perros.
Y al deshojar un día
Las rosas del Deseo,
Bañando las distancias

En luces de oro viejo,
La sorprendí en un claro
Que hacían los enebros
Y entre las rubias frondas
Los céfiros traviesos
Mecían el columpio
De un Fragonard de ensueño…

Yo la llamaba Náyade
Por sus marfiles griegos
Y por su talle lánguido
Como los juncos tiernos.
Me sonrió unas veces
Con un silvestre miedo,
Como la sensitiva
Que va a plegar sus pétalos;
Mas ¡ay! no era un espíritu
De encadenar con besos:
Temía despertarme
Pues sé que siempre sueño.

Y al fin, un dulce día
Se hundió en el lago eterno
Dejando entre mis manos
Los círculos concéntricos…
Y fuimos desgraciados
Y siempre lo seremos.

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